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jueves, 6 de febrero de 2014

Sí, se puede, pero ¿qué?

El “sí se puede” ya no es un eslogan sino un credo, dice Vanesa Navarro en un interesante artículo en El diario de Huelva, titulado El compromiso insultante de Gallardón. Tiene razón en el fondo, aunque la palabra elegida, "credo", no sea la más afín a la tradición racionalista de la izquierda, que es el auditorio de la fórmula. Sigo objetando a esa costumbre de copiar las iniciativas políticas del extranjero, ese yes, we can de Obama, que responde a un contexto muy distinto.

En el fondo, cierto, el "se puede" es hoy expresión de uso común. De él ha surgido esa opción o plataforma Podemos que ha provocado un verdadero seísmo en la izquierda y tiene al auditorio perplejo con algunos asomos de envidia. Es audaz ese rechazo del impersonal se puede por el más personalizado podemos. La política requiere implicación personal y aquí la hay. Para algunos, demasiada. Ya se verá. Otra objeción frecuente apunta a su carácter mediático. No solo mediático, también digital, viralizada en las redes sociales. Viene siendo como el mecanismo de articulación de dos sectores que hasta ahora no se entendían, el de los partidos institucionalizados de la izquierda y el de los movimientos de autoorganización social tipo 15-M. Por eso su naturaleza es ambigua, no es un movimiento social espontáneo y tampoco un partido político; es un puente que participa de ambas naturalezas; justo lo que todos los análisis recomendaban al 15-M, algún tipo de vínculo institucional. Cualquier negociación que se establezca habrá de tener en cuenta este hecho.

No obstante, a Palinuro sigue sonándole el eco del término credo, pues apunta al fondo del problema: yo también puedo creer, ciertamente, que se puede. Pero depende de qué. Es el momento de exponer las propuestas que han de ser concretas y viables para saber si cabe realizarlas. Las cuestiones abstractas, el modo de producción, las formas de dominación, la hegemonía y la lucha ideológica, siendo muy importantes, deben dejar paso a las más específicas, las que hagan frente en términos prácticos a la involución que ha significado el gobierno de la derecha en los aspectos económicos, sociales, culturales y de derechos y libertades. 

Hay una tendencia de la izquierda a perderse en debates teóricos muchas veces incomprensibles para los votantes de quienes se depende para realizar ese poder que, de momento, es solo potencia. Y un paralelo desprecio por las cuestiones prácticas, cotidianas. Pongo un ejemplo: ¿no es sorprendente que en el caso de la Infanta Cristina únicamente se personara como acusación popular el sindicato Manos limpias? Solo hace unos días se ha incorporado asimismo el Frente Cívico. Somos mayoría de Julio Anguita. ¿En dónde estaban los partidos de la izquierda? Sin duda ocupándose de cuestiones teóricas o de problemas orgánicos.

La proximidad de las elecciones europeas ha puesto a todo el mundo a hacer elecciones primarias y hablar de la participación y la movilización. Suena a melodía familiar. Movilizarse y participar ¿para qué? El PSOE parece ensimismado en la preparación y relativo control de sus primarias. Pero eso no lo eximirá de su deber de presentar propuestas en este contexto del sí se puede unitario. Para qué pide el voto. Y, de paso, habrá de aclararse respecto a qué tipo de oposición pretende mantener. En la actual situación de deterioro de la vida pública, hablar de un gran pacto contra la corrupción con el partido del gobierno justo cuando arrecia el caso Gürtel/Bárcenas carece de sentido y afecta seriamente al crédito del PSOE.

IU sí sale con una batería de propuestas para una revolución democrática y social, presentada por Alberto Garzón, otro con un pie en los movimientos sociales, aunque en su caso sea mayor el peso institucional por ser diputado. No estoy muy seguro de la oportunidad del término revolución. No porque sea contrario por principio sino porque puede resultar contraproducente para los propósitos enunciados que tienen un grado de viabilidad muy dispar debido sobre todo a que se especifican las propuestas de gasto, pero apenas se mencionan las fuentes de financiación. Y ahí es donde el término revolución puede resultar ominoso. Por eso Palinuro sigue recomendando el de "regeneración"; casa igual con "democrática y social" pero responde a una necesidad ampliamente sentida, como demuestran los barómetros. Se trata de sumar voluntades, no de recurrir a la frase revolucionaria.

La prueba de que el espíritu regeneracionista está muy extendido es que el propio Garzón o IU singulariza y subraya unas medidas de Control efectivo del representante por parte del representado, es decir, de regeneración de la vida pública. El país no puede seguir soportando a unos diputados que ponen a escurrir a los jueces cuando sentencian en contra de sus deseos y que tienen el privilegio de fijar sus propios salarios, ni unos alcaldes que se saltan la ley cuando les place y también se autoasignan retribuciones fastuosas, ni unos presidentes de diputaciones que funcionan como agencias de colocación de su extensa clientela, ni unos presidentes de autonomías que despilfarran los recursos públicos hasta arruinarlas.  La regeneración de la vida pública puede y debe hacerse.

martes, 14 de mayo de 2013

El miedo.

El miedo no es categoría que abunde en los análisis políticos, en los que se echa mano de cosas menos molestas como la ideología, la lealtad partidista, el abstencionismo, la disciplina, etc. Sin embargo el miedo está decisivamente presente en muchas ocasiones y contribuye a explicar abundantes fenómenos políticos. Lo sabemos muy bien desde el famoso "que me odien mientras me teman" de Calígula. En un plano más teórico, Hobbes situaba el pacto social y la legitimidad del poder político en el éxito de este de eliminar el miedo que nos tenemos unos a los otros. El Estado absorbe todo el miedo del que la sociedad se libera. Si lo consigue o no es ya otra cuestión. Pero el miedo es universal y de esa nesesidad se hace virtud -ramplona, como muchas virtudes- cuando se dice que "el miedo guarda la viña". En El miedo a la libertad, que dejó mucha huella, Fromm achacaba al miedo (a ese miedo al que atacaba Kant cuando nos exigía que nos atreviéramos a saber) el origen de la personalidad autoritaria y la servidumbre. Y con Miedo a volar, Erika Jong tocaba un tabú que aún no está muy claro en el moviminto feminista.

El miedo, inspirar miedo, en mayor o menor medida, es el objetivo de todo poder político. El miedo garantiza la obediencia acrítica. Sembrar el miedo, hacérselo padecer a la población fue la finalidad esencial del régimen nacionalcatólico de Franco. Había que hacer un escarmiento que la población no olvidara, como decía a las claras el general Mola. Había que llevar a los impíos de nuevo al temor de Dios por los medios que fuera, aplaudía la Iglesia católica. Ambos empeños, muy bien recogidos en el último libro de Julián Casanova, España partida en dos que Palinuro comentará en breve. El miedo presidió la transición española y explica bastante su carácter contradictorio. Miedo -aunque con distinta intensidad- en los dos bandos: la derecha temerosa de perder sus privilegios y de que se le exigieran cuentas por los 40 años; la izquierda, asustada ante la posibilidad de volver a la persecución, la clandestinidad, el exilio. El miedo tiró al suelo a los diputados del Congreso aquella aciaga jornada del 23-F, con las tres excepciones de todos conocidas y el miedo mantuvo a la población paralizada en las primeras horas del golpe.

Uno de los rasgos más característicos de la nueva forma de insurrección social que vivimos a través del M15M, a punto de celebrar su segundo aniversario es la idea de que el miedo está cambiando de bando. El mensaje es muy claro: estaba instalado en los de abajo y se está desplazando hacia los de arriba. En sí misma, la idea es atractiva y suena verosímil cuando se contempla qué impacto y alcance tiene este movimiento que empezó siendo algo desdeñado por todos los analistas y expertos a causa de su carácter horizontal, asambleario, no jerárquico, sin estructura orgánica y, por ello,  se presumía, sin efectos prácticos. Resulta sin embargo que, a través de su naturaleza imprevisible, no institucionalizada, proteica, el movimiento ha acabado determinando parte importante del debate y la acción públicas.

Quizá sea cierto que el miedo esté cambiando de bando. Sería revolucionario. No obstante, conviene ser precavidos y recordar que las clases dominantes enseguida tienen miedo, que el capital es muy asustadizo. Y no perder de vista que, para liberarse de ese miedo, las clases dominantes cuentan con las fuerzas de seguridad de cuyo empleo sistemático, con fines crecientemente autoritarios y represivos es un buen ejemplo este gobierno.

Inspirar miedo es lo que persigue esta crisis económica, hacer vivir a la población en condiciones de inseguridad e incertidumbre que susciten el miedo. Su función es propagar el miedo. Miedo igualmente lo que hay detrás del repentino monarquismo del PSOE y, por supuesto, miedo detrás de la cerrada negativa de ese partido (o quizá de su dirección) a reconocer derecho alguno de autodeterminación. Pero de eso hablará Palinuro mañana, que tiene una imagen que mola mazo.

(La imagen es una foto de robinsoncaruso, bajo licencia Creative Commons).

lunes, 13 de mayo de 2013

La tradición revolucionaria

Casi todos los análisis por ahí danzando sobre el M15M suenan a anticuados. Están hechos a partir de categorías políticas anteriores a internet, en el contexto de venerandas instituciones que vieron la luz cuando ni existía la máquina de vapor. La mayoría de ellos concluye que, si el M15M quiere ser eficaz, debe dotarse de algún estatuto orgánico y entrar en el funcionamiento de las instituciones. O, cuando menos, ha de encontrar formas de acción llamémoslas "simbióticas" con unos u otros partidos políticos, que son los que tienen la sartén por el mango. Alguno se lo plantea como reto. "Hágase partido político", le recomendaba hace días Cospedal. En resumen: si quieren ustedes conseguir algo, pasen por el aro.

Estos análisis ignoran la realidad de la forma más crasa. Desde el primer aniversario, el M15M está demostrando una eficacia rotunda. 1.400.000 firmas metieron a Ada Colau y la PAH directamente en el Congreso y las llevaron luego al Parlamento Europeo. 929.903 ciudadanos madrileños han firmado en contra de la almoneda de la sanidad pública por cabezonería e interés del neoliberalismo rampante. La marea verde ha paralizado la Ley Wert con su ataque al derecho universal a la educación y las movilizaciones cudadanas lo han hecho con el asalto eclesiástico a los derechos de las mujeres a través del piadoso ministro de Justicia. Ahora el M15M pide un escrache al sistema.  Está clarísimo: en su proteica manifestación (ajena a toda estructura orgánica) el M15M es muy eficaz y se retroalimenta a sí mismo. Nadie hablaba de escraches en la Acampadasol del año pasado.

Claro que el M15M sigue vivo y tiene un gran impacto social. De hecho, el panorama político está cambiando. Desde el punto de vista conservador, rige un principio formal: la legitimidad se obtiene habiendo ganado unas elecciones y esa legitimidad ampara toda acción del gobierno, incluso la contraria al programa con el que se ganaron esa elecciones (en el caso de Rajoy) o la que no estaba prevista en tal programa (caso Fernández-Lasquetty en Madrid).

Pero esta es una concepción de la democracia como régimen de opinión tan anticuada como los análisis antes mencionados. El triunfo electoral  ya no puede ser un cheque en blanco hasta las próximas elecciones. Estas garantizan el gobierno por consentimiento de las mayorías. Pero, por un lado, las mayorías cambian a lo largo del tiempo y, por otro, rara vez serán homogéneas. Antes no era posible detectar estas variaciones con seguridad y por eso se ignoraban. Pero ahora es posible hacerlo a través de las TICs y en tiempo real. Si hay una mayoría, habrá siempre una o varias minorías y la calidad de la democracia se mide por el trato que esas minorías reciben.

Lo que posibilita esta movilización masiva es internet. Y, si lo puede hacer la gente con sus escasos medios, más podrá hacerlo el Estado con los suyos, siempre poderosos. Lo que le falta al Estado es voluntad; justo lo que le sobra a la gente. Y por eso esta puede con todo. Se dirá que el 1.400.000 firmas de Colau o las más de novecientas mil firmas de la sanidad proceden de la difusión a través de los medios. Sin duda. Pero esa difusión mediática (política 1.0) viene ahora replicada al infinito en la red, en donde la información circula prácticamente a la velocidad de la luz, se universaliza en tiempo real y, sobre todo, permite ser administrada libremente por todos los individuos que no son solo receptores de la información sino también emisores y, desde luego, replicantes (polítca 2.0) en el ciberespacio y haciendo ciberpolítica.

El predominio de las redes y la difusión fulminante de la información permiten, a cambio, una acción real más pausada, más elaborada en los procesos asamblearios, con mayor alcance y más posibilidades de eficacia. Lo decían al comienzo, hace dos años: vamos despacio porque vamos lejos.   

miércoles, 9 de enero de 2013

El partido X.

Se presentó ayer formal y solemnemente en las redes sociales. Está en Facebook y en Twitter. En Facebook tiene 1.200 "me gusta" pero solo cuatro amigos. En Twitter se define como Partido del Futuro y cuenta con 12.176 seguidores. Está empezando. Se trata de un ciberpartido, de un partido en el ciberespacio que, con la política 2.0, se ha convertido en el ámbito del debate demócratico contemporáneo. Trae un espíritu antipolítico y antisistema, aunque proclama no ser brazo del 15-M. No lo será pero presenta el mismo relato. Quizá haya detrás una de esas peleas internas en las organizaciones en las cuales suele darse una división entre un sector "puro" y otro "posibilista". Vienen terminando en escisiones y expulsiones. Pero no es algo de nuestro interés aquí. Damos la bienvenida al Partido X, venga como venga.
Trae mucho porte de web. Empezando por la letra X, símbolo de la incógnita. Somos el partido incógnita. Muy típico de la red. La incógnita es el anonimato y l@s promotor@s tienen a gala mantenerse incógnito, hasta que sea llegado el momento de revelar identidades. Podía llamarse Partido Anónimo, como si fuera el de los Anonymous de España, quienes, aunque dicen ser legión, solo cuentan 36.754 "me gusta" y 107 amigos. No llegan ni a la Legión Tebana. El Partido X, definitivamente, es un partido web. Los demás están en la red; este es la red.
De todas formas, le falta un asesor de imagen. El recurso a la incógnita, al anonimato, es chupar demasiada rueda de Anonymous. Lo bueno de estos es la originalidad. Las copias no suelen ir muy allá. Además, el símbolo de la incógnita, en España, los va a hacer víctimas de pullas mil a cuenta de "Mr. X". El partido de Mr. X. Peor es la definición en Twitter como Partido del Futuro. ¿Hay algún partido político que no se considere del futuro? En España, hasta los tradicionalistas. Pero los del Partido X matizan: "Un método del futuro, aplicado al presente, para resetear el espacio electoral". El futuro está en el método. Y, de paso, se perfila el objetivo: "resetear el espacio electoral." Reconocido. Es difícil encontrar un nombre para este partido.
Porque quizá lo malsonante, lo inapropiado, sea la palabra "partido", cuya mala fama es patente. Y, en el caso, pretende aplicarse a un relato muy contrario a estas organizaciones. Habría de ser el partido de los contrarios a los partidos. Algo difícil de imaginar. Así que, ¿por qué ese empeño en llamarse "partido"? Sencillamente porque, además del detestado nombre, los del incógnito quieren ser la cosa. La cosa "partido", la única con la cual se puede cambiar la realidad, por ejemplo, el "espacio electoral". Es algo que analistas y críticos han sermoneado a los indignados: "eso está muy bien, chicos, pero, si queréis hacer algo, tendréis que ser partido político." Que sí, que no y, al final, siempre hay un grupo decidido a probar suerte. ¿Y cómo actúa un partido antipartido? Ahí tiene un problema con el que ya tropezaron los verdes en los años ochenta y siguen haciéndolo. Normalmente, el partido se integra en el sistema o desaparece. No hay vida fuera del Parlamento. Extra Ecclesiam nulla salus. Sí, la llamada vida testimonial.
Porque el asunto no es fácil. Para ser reconocido como partido, el X deberá inscribirse en el registro correspondiente y cumplir los requisitos de la ley, como tener una sede social e identificar a sus promotores y con un nombre "real", no con un nick. Y ya no digamos si pretende presentarse a elecciones. Hecha esa claudicación, vienen las demás en tromba: actos, protocolos, juramentos, banderas, himnos, pactos, reglamentos. La contradicción insalvable de cómo ser antisistema dentro del sistema . Está resuelta, dicen algunos. Solo cabe luchar contra el sistema desde sus entrañas y, por si acaso, mantenemos nuestra acción en las redes. Pero ya es otra acción, pues el anonimato ha desaparecido y la X empieza a parecer un poquitín ridícula. Imagínese a la diputada doña Fulana de Tal hablando en nombre del Partido X. Ya hay a quién imputar los desmanes que puedan darse en la redes.
¿Son capaces estas de plantear una acción política real, en la calle, legítima y que fuerce al sistema a cambiar en aspectos esenciales como ese "espacio electoral"? Obviamente el Estado está tomando sus precauciones y el ministro de Justicia enfila el Código Penal como si fuera un nido de ametralladoras sobre el vasto campo del ciberespacio, sobre las redes sociales, la blogosfera, los ámbitos hasta ahora exentos en los que se articula la resistencia actual de la sociedad frente al poder.
La batalla está en el ciberespacio. Tanto en lo interior como en lo exterior. Prueba, la reciente y fracasada conferencia en Dubai de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, en la cual se pretendía establecer un código internacional de censura de la red. Son los Estados los más interesados en ello y el español parece haberlo entendido: criminalización de la red. Una reacción autoritaria absurda que revela el gran desconocimiento en la materia; porque en la red está hoy todo el mundo, incluido el partido del ministro.
Bienvenido el Partido X. Tiene un curro por delante 

domingo, 28 de octubre de 2012

La revolución cotidiana.

El 27O fue un exitazo. Con lluvia, con frío, hubo manifestación. Miles de personas otra vez en la calle a decir "No" al gobierno. Y afirman que volverán las veces que haga falta hasta que aquel dimita. No es desagradable perspectiva, aunque se me antoja difícil de conseguir de una gente enrocada en su mayoría absoluta, casi ensimismada al modo orteguiano. Se consolida esta movilización social permanente que ya va para su segundo año y ha destrozado todas las agorerías de pronta crisis, escasa duración, falta de visibilidad. Y, no señor, el movimiento horizontal, espontáneo, organizado en red, sobrevive, se consolida, es una realidad con la que hay que contar y con un notable eco mediático, tanto que, a fuer de conocido, el movimiento empieza a no ser noticia. Es algo tan cotidiano que los periódicos ya no lo dan en portada. Lo darían si hubiera habido violencia.
Pero precisamente ahí está el triunfo incontestable de ayer. La multitud inteligente no se deja arrastrar por los agentes provocadores y su acción sigue siendo muy contundente pero pacífica. Es la victoria sobre la táctica intimidatoria y represiva de la gobernadora Cifuentes. Al comienzo de la jornada la policía reanudó sus tácticas de hostigamiento de parar autobuses con destino a Madrid a fastidiar un poco al pasaje y de molestar a la gente por la calle obligándola a identificarse arbitrariamente. Pero, al poco, cejó en ello y se limitó a estar muy visible en todo el trayecto y presta a cargar si se le daba la orden. La orden no se dio y, por tanto, no hubo violencia. Está bien que la autoridad desista de su actitud de bronca permanente, demuestra sentido común, aunque equivale a una derrota política..
A la par de la manifa de Madrid se dio otra de los yayoflautas en Barcelona. Los abuelos que, por cierto, iban en son de bastante guerra, a la toma de la Generalitat, como el que toma la Bastilla, dan a estas acciones un extraordinario valor simbólico, mucho más allá de lo meramente noticiable de que la tercera edad sea políticamente activa. La confluencia en la calle, además, no se debe solo a un móvil de solidaridad de los viejos con los jóvenes, sino que revela también movilización en interés propio. Los viejos son el segundo sector social, detrás de los jóvenes, en punto a vulnerabilidad ante los ataques del gobierno. El copago, el IVA, las pensiones, todo cae sobre ellos y ahora, tener que compartir su pensión con los nietos. El tercer sector víctima preferente de la vesania represora de la derecha es el de las mujeres, a las que se quisiera ver de  regreso a casa y con la pata quebrada. Acabará habiendo manifas específicas por las agresiones a las mujeres, acabará habiendo feminiflautas.
Al habernos acostumbrado tanto a la presencia cotidiana de este movimiento sin nombre concreto, se nos olvida que tiene una enorme importancia porque supone la irrupción de un actor hasta ahora ausente en un panorama dominado por los partidos políticos y los grupos de presión, las  patronales, la iglesia, la delincuencia organizada. Un actor que insiste en ser apartidista al tiempo que no apolítico, lo cual está cargado de sentido. Es un movimiento político pero no es partidista porque no pretende representar al pueblo ya que sostiene ser ese mismo pueblo. Ese nuevo actor, por tanto, tiene una enorme potencialidad cuanto que se presenta como el pueblo soberano, en cuyo nombre actúan, en teoría, los demás.
Y el pueblo soberano pide claramente la dimisión del gobierno (entiendo que también la del Parlamento) y la convocatoria de un proceso constituyente. El poder responde señalando impertérrito la ley. Eso de la ley es socorrido. Rajoy y el príncipe Felipe la blanden frente al irredentismo catalán. Y la ley no contempla proceso constituyente alguno. Claro. Porque este nunca puede ser un proceso legal sino político, de hecho, en definitiva, ilegal. Es ahí en donde está el punto de conflicto entre el poder y el movimiento. El primero blande la ley; el segundo, la desobediencia civil
A su vez, todo esto también pilla al PSOE ensimismado como, por otro motivo, lo está el PP. El PSOE tampoco escucha la calle, ni siquiera la sigue ni la comprende. Sacudido por su impresionante declive en votos y decisiones de votos, parece haber comenzado un periodo de agitación interna. Será poco probable que haya algún tipo de claridad antes de las elecciones catalanas. Pero si, como anuncian las encuestas, el PSOE obtiene otro revés en Cataluña, la agitación se convertirá en tumulto.  Será muy difícil que la actual dirección se mantenga en los cargos. Tendrá que abrir ese periodo dfe reflexión programática que le pide todo el mundo. 
Si lo hace, lo primero debe ser mirar el movimiento indignado, entenderlo, estudiar sus peticiones y adoptar aquellas que el partido considere compatibles con su ideario o programa, la dación en pago, la reforma del sistema electoral, etc.

domingo, 30 de septiembre de 2012

La noche no es suave.

Entre 11 y 12 de la noche la salida de la calle de Cedaceros a la Plaza de Neptuno que, por cierto, se llama de Cánovas del Castillo, presentaba este tenso aspecto. La coordinadora del 29S había dado por terminada la manifa cantando victoria y, dado que los antidisturbios (más conocidos como "prodisturbios"), venían por todas partes arreando estopa, recomendaba marcharse por la calle de Huertas, aún transitable, para reunirse mañana, domingo, en los jardines del Retiro. Pero ciento y pico manifestantes se negaron a irse y en un acto típico de desobediencia civil, un sit out, se sentaron con la espalda contra la valla metálica de la policía y quedaron encerrados entre los antidisturbios detrás de ellos y los que venían en las lecheras delante de ellos. La policía no debía de tener órdenes y no cargó, en espera de tenerlas. Después de una hora hubo unos parlamentos y los manifestantes abandonaron el lugar sin ser hostigados ni identificados.
Este hecho encierra la clave de la victoria del movimiento. Si la policía no identificó a estos ciento y pico con la que habían montado, ¿qué valor tienen todas las demás identificaciones a gentes que pasan por las calles? Así que, para resarcirse, más tarde los prodisturbios invadieron Lavapiés, entrando en los locales, sacando a la gente y apaleándola entre las lecheras. Puro terror urbano a cargo de unos funcionarios públicos que, según parece, cobran 200€ por cada noche que salen a aporrear a los ciudadanos. Si esto es cierto -y el ministro debe aclararlo en las Cortes- cabe decir que nuestra policía está compuesta por mercenarios, lo cual explica su saña y hace inútil razonar con ella.
Pero esa victoria vino al final de una jornada muy dura que comenzó en tonos bélicos, pidiendo la autoridad desde el principio a los periodistas que acudieran con cascos. La señora Cifuentes, cada vez más ciega en su furia represiva, declaró que la manifestación era absolutamente ilegal. No debe de tener asesores que la ilustren de que no es ella quien determina la legalidad o ilegalidad de los actos. A las cuatro de la tarde, la policía impidió que se instalaran estructuras para las cámaras de TV. El Ayuntamiento, o sea, Ana Botella, lo había prohibido sin que conste razón alguna para ello. No querían cámaras. No querían periodistas. No querían testigos que recogieran las marranadas del ¡que soy compañero, coño! y otras provocaciones. Querían la oscuridad y el silencio.
Pero justamente eso encendió las redes, en donde brilló de inmediato la inteligencia de las multitudes. Se empezó a pedir a los vecinos que fotografiaran y grabaran desde los balcones y terrazas aledaños y muchos de ellos los abrieron a que lo hicieran los manifestantes. Los periodistas aguantaron las amenazas de multas y se mantuvieron a pie firme, con lo que todos los periódicos trajern cumplida información de lo que estaba pasando en streaming, en directo, en tiempo real. Además, debidamente avisados, los medios extranjeros comenzaron a difundir la información y la autoridad, básicamente la delegación del gobierno, porque el ministro del Interior está escondido, se pensó dos veces su proyecto originario de disolver la manifestación por la violencia. Simplemente, no se atrevió.
La incompetencia de la delegada Cifuentes es fabulosa. Plantea el conflicto exclusivamente como una cuestión de orden público e intensifica el antagonismo hasta ponerlo en términos de guerra, que ya se sabe que es la continuación de la política por otros medios, como se echa de ver en sus amenazas, sus medidas preventivas, la difusión de mentiras e informaciones falsas para desmoralizar al enemigo, la última de las cuales fue cifrar la asistencia entre 2.000 y 4.500 personas cuando la BBC ya hablaba de 100.000. Y 100.000 entusiasmados porque había otros 100.000 en Lisboa exigiendo lo mismo: la dimisión de los parlamentarios, del gobierno, la apertura de un proceso constituyente.
El fracaso de Cifuentes es colosal. Es injusto que cargue ella sola con la monumental pifia que es de todo el gobierno. Porque resulta evidente que no pueden parar el movimiento. Y no pueden por su incapacidad para entender la política en la época del ciberespacio.
Por poner un ejemplo que entiende todo el mundo: hoy hay convocada una asamblea en el Retiro para decidir las próximas acciones en octubre. Empeñada como estaba anoche la policía en impedir que esta asamblea se produzca, ¿a quién o quiénes iría a detener esta madrugada a sus casas? ¿Quién dirige el movimiento? ¿Cuál es su estructura? ¿A quién se puede acusar?
¿Y lo de Mas, tanto como decían que el asunto del independentismo interesaba tanto al PP como a CiU para que así no se hablara de los problemas reales? Pues lo de Mas se ha quedado en una baladronada. Quería el mandato para sentirse como Sir Galahad en su empeño, pero no convocará el referéndum hasta estar seguro de ganarlo. O sea, nunca.
Un columnista del Telegraph dice que España debe abandonar el euro y ve a Rajoy como un muerto viviente. A mí me pasa lo mismo con Rubalcaba. Lo veo un poco zombie. Y, en general a la dirección del PSOE. Tan descolocada en el asunto de la resistencia popular extraparlamentaria como en el rebrote de la autodeterminación. Preguntado respecto a la primera convocatoria de ocupa el congreso, Rubalcaba dijo que le parecía mal. En esa respuesta laten al unísono el apoltronamiento del político profesional y el miedo a dar al PP una baza patriótica estilo don Pelayo. Las bases del PSOE están mayoritariamente, creo, con el movimiento (como lo está el conjunto de la sociedad, la mayoría silenciosa que pretende usurpar Rajoy entre caladas al Cohíba) y la dirección parece lamentablemente desorientada. No se atreve a repudiar un movimiento cívico popular pacífico tan obviamente cargado de razón y de moral pero, por otro lado, tampoco osa respaldarlo por dos razones: porque tiene demasiados intereses creados en el juego institucional que el movimiento cuestiona por inútil, corrupto y antipopular y, porque teme ser aniquilada electoralmente ante un potente discurso de la derecha centrado en el mantenimiento del orden público, la seguridad jurídica, el crédito exterior de España y ¡el respeto a la Constitución!.
Así que, en definitiva, nadie sabe qué hacer, excepto los de un movimiento que, por no tener, no tiene ni nombre.
(La imagen es una foto del streaming publico.es, bajo licencia Creative Commons).

sábado, 29 de septiembre de 2012

El momento decisivo

En este momento, Neptuno está así y todavía falta por llegar mucha más gente que está en Sol. Es una foto aérea de El diario.es. Los fascistas del gobierno y, en especial, Cifuentes, están fracasando en su intento de silenciar lo que está sucediendo. Hay miles y miles y miles de gentes rodeando el congreso en Madrid. Y no solo en Madrid; también en otros puntos de España. Es un amanecer de la conciencia democrática de un pueblo que está harto de que lo expolien, lo apaleen y lo detengan.
El fracaso de Cifuentes es obvio: todos los periódicos están dando en streaming lo que pasa. Las televisiones están mudas pero esto solo es la prueba definitiva de que las televisiones son y han sido siempre meros tigres de papel o, para decirlo en recio castellano, una mierda. Lo que vale es la prensa (sobre todo la digital) y la radio.
También los medios extranjeros están dando la noticia de que el gobierno español impide que la cobertura de lo que está pasando. Ya lo he visto en Francia, Alemania e Inglaterra- El asunto es del dominio público.
Aunque Botella ha colaborado como corresponde a su fascismo también intenso, prohibiendo que se instalen medios para dar cuenta de lo que sucede, los fascistas están perplejos y no saben qué hacer. Si estuvieran seguros ya habrían dado la orden de cargar, en el entendimiento de que, antes, habrán dicho a los policías que sean especialmente brutales. Pero no lo están. Son miles, cientos de miles los ojos mirando. El secreto al garete. Y cada minuto que pasa hay más gentío y es más imposible despejar el patio.
Si, por fin, la orden llega, ¿qué pasará? Lo más fácil es que sea un espectáculo dantesco y que haya heridos quizá algún muerto.
¿Y luego? ¿Y mañana?
La revolución está en marcha y no serán las porras de unos gorilas a las órdenes de unos imbéciles fascistas los que la detengan.

Preparando la masacre
.

Desde las 16:00 del día de hoy, 29 de septiembre, la policía de Cifuentes está impidiendo que se instalen televisiones en la plaza de Neptuno y en Sol. Además, están echando a la prensa del lugar. La conclusión es obvia: no quieren testigos de sus brutalidades y delitos en contra de la población pacífica. No quieren que los graben agrediendo a gente indefensa, arrastrando ancianos, apaleando niñas. No quieren que sus delincuentes a sueldo, a los que llaman infiltrados, aparezcan grabados mientras cometen sus infamias.
Es obvio que están preparando una masacre como escarmiento.
Cualquier gobierno que impida la libertad de expresión e información y oculte las ilegalidades de su policía deja de ser un gobierno democrático y se convierte en un puñado de fascistas y forajidos. Es por tanto imprescindible que la oposición exija cuentas en el Parlamento y pida la dimisión de esta peña de fascistas, la dimisión ipso facto del ministro, Fernández Díaz, del director general de la policía, Ignacio Cosidó y de la delegada del gobierno Cristina Cifuentes. Y que lo haga toda la oposición de izquierda, clara y rotundamente. Que el PSOE abandone ya esta oscura ambigüedad de la actual dirección rubalcabiana y se sitúe por fin del lado del pueblo. Si no lo hace ahora, con la que se avecina, habrá firmado su sentencia de muerte. Todos entendemos que la izquierda debe ser moderada y pactista y procurar el entendimiento y la estabilidad... cuando se puede. Cuando no se puede, estos términos se convierten en uno solo: complicidad y el PSOE no va arrastrarnos a la complicidad con los fascistas porque, para decirlo con suavidad, no nos da la gana.
Además de protestar enérgicamente en Parlamento, la oposición y todos los ciudadanos debemos pedir la presencia de observadores internacionales, prensa extranjera, que puedan contar lo que está pasando aquí.
Muchos ciudadanos con viviendas en los lugares de las protestas están ofreciendo sus balcones y terrazas para que se pueda fotografiar y grabar desde ellos. Hay que aprovecharlos. El destino de mucha gente depende de que se pueda dar cuenta de lo que la policía está tramando.
El fascismo no quiere publicidad, quiere secreto y silencio para perpetrar sus crímenes y solo luego de perpetrados quiere que se sepan para aterrorizar a la gente. Es todo tan repugnante que da asco solo de escribirlo.
Pero hay que hacerlo. Cuando un gobierno, además de estafar y robar a los ciudadanos quiere reprimirlos, no dejarlos expresarse y masacrarlos, ya no es un gobierno legítimo sino una cuadrilla de delincuentes.
Una última consideración: es imposible que la policía se deje manipular al extremo de apalear al pueblo sistemáticamente en defensa de los intereses de los señoritos, los curas, los ricos, los banqueros. Tiene que haber algo más. ¿No estarán los los gobernantes dando pagas extras a los antidisturbios a cuenta como siempre del dinero público? Es importante que la oposición exija ver el sistema retributivo de los antidisturbios, que son funcionarios como los demás.
Y ¿qué nos apostamos a que, además de impedir las cámaras de TV y las fotos y los periodistas, estos fascistas intentan bloquear internet y las redes sociales?
Ya lo sabían los griegos: a quien los dioses quieren perder, primero lo vuelven ciego o loco. ¿No ven los fascistas que están alimentando un movimiento que no podrán parar?
(La imagen es una foto de Popicinio_01, bajo licencia Creative Commons).

martes, 25 de septiembre de 2012

El estado de excepción no declarado de la delegada Cifuentes.

Aviso.- Esta entrada la escribí hoy sobre las 16:00, antes de ir a la concentración en torno al Congreso. A la vuelta, no veo razón alguna para cambiar una sola coma. Al contrario, tendría que añadir algo sobre la actitud chulesca y provocativa de la policía en todo momento, obviamente, ordenada por esa delegada del gobierno de talante fascista.

Hoy, 25 de septiembre, desde primera hora de la mañana y cumpliendo órdenes de la delegación del gobierno de la capital, la policía ha rodeado y acordonado el Congreso de los Diputados, impidiendo el normal desarrollo de sus actividades, causando quebradederos de cabeza a todo el mundo y afectando gravemente la actividad de los comercios de la zona. Responsable: Cristina Cifuentes.
Asimismo, como grupos de incontrolados, los policías merodean por las calles aledañas a la Carrera de San Jerónimo, hostigando a los transeúntes pacíficos, acordonando y cercando a grupos que le parecen sospechosos, actuando con total arbitrariedad, identificando sin causa alguna a los ciudadanos y tratando de amedrentar a la población. Responsable: Cristina Cifuentes.
Igualmente, como si de bandas de asaltacaminos se tratara, hay retenes en las entradas a Madrid deteniendo a su capricho los autocares que les parecen, obligando al pasaje a bajar, registrándolo y cacheándolo sin justificación alguna y levantando atestados por delitos imaginarios, como el hecho de llevar una careta de la V de Vendetta. Responsable: Cristina Cifuentes.
Todo lo anterior es, en realidad, equivalente a un estado de excepción encubierto (Cifuentes sabe mucho de encubrimientos. Ya dijo que el proyecto de rodear el Congreso era un "golpe de Estrado encubierto"), ilegal por no estar declarado y en el que la policía actúa con total discrecionalidad y arbitrariedad reprimiendo a los ciudadanos y conculcando sus derechos. Esto es, se trata de la actuación descarada de un Estado policial y represivo. Responsable: Cristina Cifuentes.
Ignoro en qué medida esta barbarie represiva que huele a fascismo a distancia y puede llegar a provocar alguna desgracia está instigada desde instancias más altas, como el ministro del Interior o el presidente del Gobierno. Lo que está claro es que el rostro visible de esta desmesura represiva en contra de los derechos y libertades de los ciudadanos es el de Cristina Cifuentes, quien ha salido en todos los medios a propagar sus embustes; a saber:
a) que la acción popular es ilegal. Mentira: es legal. Lo único ilegal es lo que hace ella.
b) que es un "golpe de Estado encubierto". Lo único encubierto aquí es el estado de excepción aplicado por la doña pero no declarado.
c) que el movimiento está infiltrado de neonazis. Los únicos neonazis que puede haber son los agentes provocadores que ella misma haya enviado.
d) que el movimiento trata de conseguir una "involución" cuando la única involución es la que han impuesto Cifuentes y sus amigos.
Lo que corresponde es dar la condigna respuesta al régimen de amedrentamiento que esta señora está imponiendo de forma pacífica pero resuelta, rodeando hoy el Congreso.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Democracia, derechos, tiranía, fascismo.

La iniciativa de rodear el Congreso de los Diputados viene fraguándose hace un par de meses. Ha ido cambiando de nombre prudentemente para no dar pie a los aparatos de represión a yugular el movimiento antes de ponerse en marcha. Y ha hecho bien porque la maquinaria represiva a las órdenes de la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, no desdeña ocasión alguna de perseguir a la gente, amenazarla, hostigarla, intimidarla y detenerla con el fin obvio de sembrar el miedo y conseguir que los ciudadanos no protesten en contra de un gobierno que los esquilma, los expolia y, encima, los detiene.
Con el paso de las asambleas en la Puerta del Sol y otros lugares a la Carrera de San Jerónimo, el movimiento 15M ha conseguido un avance espectacular en la articulación de su lucha por un sistema democrático y justo en lugar de esta pantomima injusta. Ha sido un salto cualitativo y demuestra que la indignación ciudadana por esta estafa generalizada de la casta política con el pretexto de la crisis está tan viva como siempre y, poco a poco va encontrando sus formas propias de acción. Para el movimiento indignado, que es la forma más genuina, espontánea y viva que ha tomado la protesta social contra el atropello capitalista, esta acción es de una gran importancia y por eso la está preparando meticulosamente, manteniéndola dentro de una legalidad escrupulosa e insistiendo en su actitud pacífica, radicalmente no violenta, de estricta desobediencia civil.
Pero igual que los demócratas y los resistentes inician mañana una jornada decisiva en su destino, las fuerzas represoras de la derecha neofranquista y nacionalcatólica que se alzaron con el triunfo electoral hace diez meses mediante una sarta de mentiras, tratan de hacerla fracasar. Para ello se emplea a fondo la citada Cifuentes, un caso patente de actitud autoritaria, protofascista, que fía su éxito en las maniobras de intoxicación, mentiras, amenazas, calumnias y todo tipo de juego sucio más propio de la delincuencia que de las fuerzas del orden.
En lugar de encontrar a su marido, prófugo de la justicia por una presunta estafa, cómo no, la señora Cifuentes dedica las fuerzas de policia a sus órdenes a hostigar e intimidar por calles y jardines a los ciudadanos pacíficos, procediendo a identificaciones abusivas e inmotivadas y amenazando a los identificados con posteriores represalias si se les vuelve a ver en una manifestación. Entre estos métodos y los de los gángsteres de Chicago no hay gran diferencia.
Igualmente se procede a detenciones preventivas, probablemente basadas en unas listas ilegales de ciudadanos "peligrosos" que Cifuentes ha hecho compilar sin mandato judicial y por las cuales, si esto fuera una democracia, la citada señora debiera estar respondiendo ante los tribunales. Pero no solamente no es así sino que, en una muestra patente de justicia política, un juez de la Audiencia Nacional, la heredera del Tribunal de Orden Público franquista, se ha prestado a abrir diligencias contra varias personas detenidas por los policías cifuentescos, a las que acusa -se ignora con qué fundamento- de intentar atentar contra los altos organismos del Estado o algún otro cuento similar. Esta actividad indigna da a su vez cobertura para que los policías de Cifuentes sigan sembrando el miedo por las calles justificando sus identificaciones intimidatorias en que hay un procedimiento abierto en la Audiencia. Procedimiento que se abrió a petición de la policía. Es el círculo vicioso de la tiranía.
Pero no le basta con la represión física, directa, violenta, con las cargas, los palos, los gases, los tiros: todo eso lo tiene ya preparado y previsto Cifuentes y está deseando tener una excusa para desatarla. Por eso, quienes vayamos mañana al Congreso debemos mantener la calma a toda costa, no responder a las provocaciones de los agentes cristinos y filmar y grabar todas las actuaciones de la policía. Insisto: no le basta. Por eso, ademàs de los aparatos represivos con que cuenta, Cifuentes ha echado mano de la propaganda, la mentira, el engaño, la difamación. Aparte de la condigna ración de todo esto que cabe a los plumillas que tiene a sueldo en periódicos, revistas, radios y televisiones, dedicados a mentir las veinticuatro horas del día, demostrando su maestría en las tareas de propaganda, la propia Cifuentes ha añadido un buen puñado de infundios de su Minerva particular: que si rodear el congreso es ilegal y se impedirá por la fuerza; que si coaccionar a los diputados es un delito y actuará la policía; que si la manifestación de mañana es un "golpe de Estado encubierto" y se tomarán medidas. La técnica es siempre la misma: una mentira y una amenaza, a ver si consigue descabezar el movimiento porque, de ese modo, probablemente sus jefes la recompensarán con alguna bicoca. A lo mejor le prometen que, si entrega a su marido el prófugo, lo indultan. Y eso cuando no le da por rememorar su formación política de juventud e insinúa, por si cuela, que entre los convocantes del acto de mañana hay neonazis y gente de extrema derecha. Debiera reconocerlos mejor ya que los trata y les autoriza manifestaciones con ánimo de reventar las de izquierda; pero eso es igual porque lo que pretende es encizañar y boicotear los actos legales por ella misma permitidos porque no le ha quedado más remedio.
La derecha nacionalcatólica y neofranquista tiene miedo y, por eso, el flanco más reaccionario ha acudido en apoyo de Cifuentes. Cospedal, la presidenta de Castilla La Mancha, que cobra dos sueldos públicos indebidamente por unos 20.000 euros al mes, vive en una mansión de lujo custodiada por policías a cargo del erario público, sube los sueldos de sus asesores mientras despide a los trabajadores a miles y bebe agua embotellada a cinco euros la botella, Cospedal, digo, equipara el 25S con el 23F tratando de criminalizarlo. Pero ni yo ni nadie hemos visto, leído o escuchado en ninguna parte condena alguna de Cospedal y los cospedales a la intentona fascista de Tejero y sus compinches. Es más, dada la cercanía ideológica de los golpìstas al credo tradicional de la derecha "sin complejos" que los cospedales representan, más parece que, si lo hubieran condenado quizá habría sido por no triunfar, antes que otra cosa.
Así que ni caso a estas sayonas y mañana acudamos todos a demostrar que somos conscientes de nuestros derechos, vamos a defenderlos y no toleraremos que sigan despojándonos de ellos.
(La imagen es una foto de Popicinio_01, bajo licencia Creative Commons).

miércoles, 11 de julio de 2012

Buscando la salida

Uno de los rasgos de las épocas convulsas o turbulentas es la proliferación de escritos de agitación, de polémica y debate directo, panfletos, opúsculos, manifiestos, muchos redactados a vuelapluma, al calor de los acontecimientos, otros más reposados, defendiendo puntos de vista muchas veces antagónicos. Son el reflejo escrito de las polémicas, las controversias, quizá los sobresaltos y las revoluciones que están teniendo lugar en las calles y a los cuales, algunos de ellos, también contribuyen por constituirse en proclamas, orientaciones para la acción; un anhelo que esta literatura comparte pero rara vez consigue. Casos como el escrito del Abate Siéyès, ¿Qué es el Tercer Estado? son excepcionales. Según parece, en los veinte años de la revolución inglesa del siglo XVII, que van desde la disolución real del "Parlamento corto" en 1640 hasta la restauración monárquica de 1660, se editaron más de veinte mil títulos de panfletos y manifiestos dando vueltas a los temas del momento: el derecho divino de los reyes, la supremacía del Parlamento, la iglesia de Inglaterra, los derechos individuales, las prerrogativas regias, la hacienda pública, el ejército permanente, el deber de obediencia/desobediencia, etc, etc. Algo parecido está pasando en España aunque en mucha menor medida pero no porque las aportaciones sean más escasas sino porque hay muchos medios para articularlas y el libro, el panfleto, el manifiesto solo es uno de ellos cuando antaño era el único. Es un poco tardía pues la avalancha ha llegado a raíz del ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel, pero es como si el término hubiera resultado un conjuro. Hay ahora bastantes libros sobre los indignados y la indignación. Este mismo de Alberto Garzón ((2012) Esto tiene arreglo. Un economista indignado en el Congreso. Barcelona: Destino, 107 pp.) lo incorpora en el subtítulo.
Es el segundo texto que leo de Garzón pues antes había leído el libro sobre la crisis que publicó conjuntamente con Juan Torres López, su maestro, y Vicenç Navarro. También lo sigo bastante en Twitter, en donde tiene una presencia permanente. Aunque no lo conozco personalmente ya me suena muy familiar, casi como de casa. El libro está hecho, según él mismo avisa, a base de entradas de su blog Pijus Economicus porque, además de tuitero, el autor es un animoso bloguero, un ejemplo de ciberpolítico porque es diputado en el Congreso por Málaga. Este origen presta a la obra dos caracteres típicos de la blogosfera: es muy rápida, muy directa, muy clara, pero escasamente estructurada. El autor trata de darle una cohesión interna que no tiene, porque la única que podría darse es la que no se formula, aunque se mantiene latente en toda la obra: la visión marxista clásica y la propuesta de la socialización completa de los medios de producción. Sin duda se hace referencia a que existe una teoría económica marxista (de hecho es una de las tres corrientes que señala, la clásica, la keynesiana y la marxista), pero en ningún momento se afirma que sea la correcta o más acertada. 
Igualmente, al abordar la cuestión de cómo conseguiremos llegar a donde queremos ir, distingue tres posibilidades en la relación del Estado y el mercado que es la médula misma de la economía política y la política económica: el socialismo estatal, la socialdemocracria estatal y la economía social (pp. 84-86). Reconoce que la segunda cuenta con mayoría pero, si no he leído del todo mal, en cuanto a la primera, el socialismo estatal insinúa que, merced sobre todo a las nuevas tecnologías quizá podría ensayarse de nuevo. No me lo parece en absoluto; pero esta es quizá la nota más peculiar del libro, que está escrito desde una perspectiva no explícita. Hay dos modelos fracasados, el neoliberal (que provoca la crisis) y el socialdemócrata (que no puede contrarrestarla), pero no se formula claramente la tercera y solo se juega con ella como una hipótesis utópica.
El resto de la obra tiene momentos muy acertados y resulta premonitorio en otros. A veces es un poco prolija en lo pedagógico, como cuando se lanza a explicar la crisis de la deuda; pero eso probablemente sea de agradecer para un público lector más amplio. Coincido especialmente con esa idea de que lo que buscan las "soluciones" neoliberales de la crisis es la chinarización de España (p. 75). Efectivamente es como si la Unión Europea estuviera dibujando una nueva división internacional del trabajo, de forma que España debe ser país de servicios y de exportaciones baratas competitivas con las chinas.
El propósito final del autor de superar el capitalismo suena bien, hasta razonable, pero no se atisba cómo, ni el libro, a pesar de su título, propone algo específico. Se evidencia al final un intento de recomposición de un sujeto, una base social que, me da la impresión, el autor localiza en la clase, aunque admite que haya  quienes la residencien en la multitud o en la muchedumbre. En todo caso aquí no sobra nadie, hay que hacer una amalgama de todos los recursos, los sindicatos, los partidos, el 15-M. Sobre la compatibilidad entre los partidos y el 15-M queda algo por debatir pero no es el momento ahora. El hecho es que Garzón termina su alegato reconociendo la importancia de los factores de formación y comunicación (la hegemonía está ahí) y singularizando especialmente la función decisiva de la red. Así es. La revolución será digital o no será.

lunes, 9 de julio de 2012

Ciberrevolución

El movimiento del 15-M cuenta ya con una pequeña biblioteca para algo más de un año de abigarrada, profusa y a veces confusa existencia. No está mal. El fuerte impacto que ha obtenido en la opinión pública en España y fuera de España, los problemas que plantea, las cuestiones que suscita, han actuado como un revulsivo de la hasta ahora complaciente conciencia colectiva incluso en sus márgenes más críticos. Y como siempre, son los intelectuales los primeros en sentirse interpelados por el nuevo fenómeno; sobre todo los intelectuales más críticos, los más incómodos, los que no suelen coincidir con ninguna corriente dominante ni pertenecen a circuitos corporativos del tipo que sea. Se acercan estos al 15-M en la esperanza de encontrar en él el reflejo de sus propias inquietudes, sus discrepancias, un espíritu gemelo, en definitiva. Y confraternizan. Luego los intelectuales escriben, pues esa es su función, opinan, interpretan, explican y ahí es donde se animan los debates teóricos, muchas veces muy entretenidos.
Es el caso de Marcos Roitmann en este ensayo (Marcos Roitman Rosenmann (2012) Los indignados. El rescate de la política. Madrid: Akal. 139 pp.) cuyo título trae causa de ese movimiento tan mediático. Son los agnados de Stéphane Hessel. El autor, cuyo pedigrí izquierdista es notorio, parte de una visión sumamente negativa de la última evolución del capitalismo, la generalización de la incertidumbre y el malestar en una situación en la que se da una circunstancia de alta violencia estructural, con una guerra abierta de las clases dominantes contra los movimientos populares como el del 15-M al que criminalizan de modo sistemático. Es la consecuencia de la operación del totalitarismo invertido, de Sheldon Wolin al que Roitman se remite expresamente.
Añadase en el terreno de los hechos desnudos que el fracaso del Estado del bienestar es uno de ellos, sustituido por la hegemonía del neoliberalismo en todos los ámbitos, especialmente el político y económico, amalgamado todo en una especie de melaza bajo control absoluto de los poderes financieros y de los mercados, es decir, en el fondo, en el más absoluto de los descontroles. Es en este contexto en el que se producen las insurgencias ciudadanas que hemos podido ver en los últimos años y que, a juicio de Roitman deben entenderse al modo en que Hegel entendía la astucia de la razón pues gracias a ellas, gracias al 15-M, se produce el rescate de la política. El autor considera emocionado el fenómeno porque le atribuye la realización de sus más preciados ideales: la insurgencia colectiva en ejercicio de la autonomía de la persona en lucha contra las fuerzas del mal, básicamente el capital.
Roitman concluye con dos interesantes reflexiones que dicen tanto sobre el 15-M como sobre su modo de observarlo. De un lado previene contra la tentación de aplicar al 15-M las teorías de la conspiración, propósito encomiable pero poco realista pues el conspirativismo es una constante de la condición humana. De otro, levanta acta de las luchas y polémicas internas del 15-M pero lo considera un arma eficaz en la lucha contra el dominio absoluto de los mercados en la sociedad.
El autor apenas presta atención al aspecto ciberpolítico del 15-M o yo no la he visto. Sin embargo tiene mucha importancia. El 15-M es un movimiento que se da en el ciberespacio y se manifiesta en el espacio material y ese carácter ciberpolítico tiene consecuencias interesantes. A lo mejor asistimos a una revolución en el ciberespacio, a una ciberrevolución, cuyas reglas iremos descubriendo sobre la marcha.
En un orden de cosas más próximo, la mayoría de los estudios sobre el 15-M lo entienden como una manifestación democrática. Pero casi ninguno aborda la espinosa cuestión de cómo hacer compatible el 15-M, de cuyo triunfo muchos nos alegraríamos, con el modus operandi de la democracia, consistente en el respeto absoluto a la regla de la mayoría. Las sociedades no se cambian solo con decisiones en asambleas de barrio o de plaza sino mediante elecciones en las que se manifieste la voluntad de la mayoría. Si algo puede ayudar a resolver este problema es precisamente el hecho de que el movimiento se dé también en el ciberespacio.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Las cacerolas del 15-M.

Cuando hablan las cacerolas
Hoy, en "Público"

La cacerolada de ayer en la Puerta del Sol, ante la presidencia de la Comunidad de Madrid tiene un valor simbólico no estrictamente discursivo, pero muy audible. El simbolismo se prolonga en el hecho de que la cacerolada se haya producido ante esa presidencia que se ubica en el caserón de lo que fue el siniestro ministerio de la Gobernación en tiempos de Franco, un lugar en donde se ha apaleado y torturado a mucha gente durante mucho tiempo. Los tiempos han cambiado.

Cuando hablan las cacerolas es porque quienes las esgrimen protestan porque no los dejan hablar o bien, como es el caso ahora, porque ya han hablado lo que tenían que hablar y ahora piden atención sobre lo dicho con un notorio estrépito. Supongo que muchos vecinos, sobre todo si lo son de Sol, estarán que echan las muelas con las cacerolas y, en efecto, el escándalo es bastante desagradable. Como pueda serlo el trompeteo y los tambores de las procesiones de semana santa o esas misas de campaña que celebra el episcopado a altavoz batiente en la Castellana cuando tiene a bien. Es lo que tiene la privatización de los espacios públicos cuando quien los privatiza quiere hacerse oír.

¿Y qué dicen los de las cacerolas? Han reiterado su plataforma reivindicativa del año pasado, esto es, regeneración del sistema político, fin de los privilegios, lucha contra la corrupción, reforma de la ley electoral, dación en pago, etc. Y, esta vez, para celebrar el primer aniversario, traen un propósito nuevo: indagar en las responsabilidades personales de la crisis en los ámbitos político, económico y financiero, determinarlas y exigirlas ante los tribunales de justicia. Es un propósito por ahora que perfilará mejor en las asambleas a corto y medio plazo.

Sigue faltando al 15-M una cobertura mediática propia y un canal para proponer la aplicación práctica de sus propuestas. El más típico es el partido pero el 15-M es radicalmente "apartidista" y carecería de sentido que creara uno. A su vez, los partidos existentes, los de la izquierda, no pueden interrelacionar como tales con el 15-M. Esta situación de parálisis podría resolverse si alguien creara un partido nuevo al que podría llamar como quisiera, comprometido en llevar al parlamento las propuestas del 15-M. El 15-M podría no simpatizar con él, pero no oponérsele porque tampoco pretendería ser el partido del 15-M sino simplemente algo así como un partido por afinidad electiva.

La cobertura mediática es más sencilla. El 15-M es un movimiento que existe en la red, es digital. Estoy seguro que los muchos periódicos digitales de izquierda que hay darán amplia cuenta del 15-M. Pero alguno, por ejemplo este, podía consagrarle un espacio propio que el movimiento podría aprovechar para dar a conocer sus propuestas más en profundidad y como foro de debate. De este modo el 15-M cumpliría también con su clara vocación de revolución permanente.

*Ramón Cotarelo es Catedrático de Ciencias Políticas

domingo, 13 de mayo de 2012

Cómo se impone la realidad.


Hace un año casi nadie creía que el movimiento del 15-M y similares, cuyos protagonistas se autodajudicaban el nombre más bien pulgoso de perroflautas, tuviera futuro. Cuatro gritos en las calles, dos noches de acampadas, unas cargas de la policía y asunto resuelto, pensaban muchos, de esos que siempre están al loro de la verdad oculta y saben lo que el tiempo nos depara. Y, por supuesto, casi nadie admitiría que un año después, el movimiento mostrara el vigor, la extensión y el prestigio que tiene y luciera un seguimiento tan masivo y cerrado. De calificarlo de "revolución", como hace Palinuro, malgastando un sacrosanto nombre que los mediocres que pasan por oráculos de la ciencia tienen reservado para la francesa, la rusa y un par más de episodios históricos incuestionables, de esos que tranquilizan porque va uno sobre seguro; de calificarlo de "revolución, digo, nada de nada.
Hoy puede estar pasando lo mismo. Probablemente pocos crean que el 15-M sea capaz de enjuiciar a los ladrones de alto copete que han causado esta crisis y se han aprovechado de ella, a los especuladores, los banqueros bandoleros, los financieros sin escrúpulos, los gobernantes venales y corruptos y los periodistas e intelectuales, esbirros del poder por una magra paga. Pocos creían también que los islandeses pudieran hacerlo. Y lo hicieron.
Aquí lo mismo. Si el 15-M persevera y sus partidarios apoyamos, si cada uno lo exige desde su puesto de trabajo (o de paro), si lo pedimos en los medios, si presentamos denuncias, si nos coordinamos a través de las redes, si aunamos esfuerzos, podremos ver a los responsables de la crisis, los Botín, Díaz Ferrán, Zapatero, Solbes, Salgado, Montoro, Rato, Rajoy, Guindos, Rosell, etc, teniendo que responder de sus actos, no ante un tribunal de jueces corruptos, sino ante una opinión pública bien informada. Unos serán absueltos y otros serán condenados. Pero se hará justicia.
Depende de nosotros.
(La imagen es una foto de Martin Pulaski, bajo licencia de Creative Commons).


La recuperación de la soberanía.


El artículo de hoy en Público se escribió ayer, antes de la concentración en Sol, como se ve por su texto. De hecho lo publicó ayer Palinuro. No obstante, mantiene su vigencia, de lo que me felicito.

Hace unas fechas, en una de sus habituales muestras de ignorancia, la ministra Báñez aseguraba que la soberanía reside en el Congreso con lo que, de un plumazo, contradecía la Constitución que la residencia en el pueblo y despojaba a este de tan preciado atributo. Probablemente no lo hacía con mala intención sino que se limitaba a reflejar sus conocimientos y su mentalidad conservadora para la cual la soberanía, esto es, la capacidad última de tomar decisiones reside en cualquier parte menos en el pueblo. Sobre todo si esa parte está controlada por mayoría absoluta por la derecha. En resumen lo que la ministra Báñez enunciaba era lo que los freudianos llaman un “acto reprimido”: lo que quería era que la soberanía residiera en su partido que controla el Congreso. Quería una dictadura de partido. El suyo.
Pero las cosas son de otro modo. La soberanía reside en el pueblo y no porque la Constitución lo diga, sino porque es así, diga la Constitución lo que diga. Lo mejor, desde luego, es que reconozca, como lo hace, esta competencia del pueblo. Pero, si no lo hiciera, no por ello iba la soberanía a ser atributo de alguien o algo distinto del pueblo, como tampoco lo será por más que Báñez quisiera adjudicársela a su partido o, incluso, a su presidente, Rajoy.
El pueblo, titular de la soberanía, puede delegarla en la institución representativa o bien, si estima que esta no cumple su función, que no representa a nadie, puede recuperar su ejercicio e iniciar su propia acción, como está sucediendo con los espontáneos movimientos ciudadanos como DRY o el 15-M entre otros, que coinciden en el objetivo de replantear el orden político, económico y social en su totalidad, de redactar de nuevo el contrato social, de abrir una nueva etapa constituyente que alumbre un orden nuevo, más humano, democrático y justo a través de la acción pacífica de la población que, como está ya muy claro, niega de hecho la ficción básica sobre la que estaba montado el gobierno liberal, esto es, el gobierno por consentimiento de los gobernados. Tenía que llegar el momento en que la gente no consintiera en seguir estando gobernada de esta manera y recabara su derecho a configurar una nueva forma de gobierno. El derecho del soberano a constituir una forma de gobierno distinta. Un derecho constituyente.
Todos los políticos del sistema, administradores u opositores de los poderes constituidos padecen una enfermedad profesional: creen que lo que administran es permanente, definitivo, eterno y que solo puede transformarse mediante las normas estatuidas a estos efectos. Ignoran en su soberbia que el soberano no puede estar obligado a aceptar normas previas ni siquiera acerca de las normas de reforma porque, si lo hiciera, no sería soberano, no sería un poder constituyente sino constituido.
Tampoco es de recibo la objeción de que el poder constituyente solo puede actuar cuando lo hace invocándose como tal con anterioridad porque es un poder originario y no depende que alguien ajeno certifique su actuación. Y menos aun lo es la habitual triquiñuela de la derecha de asegurar que el movimiento del pueblo soberano no es tal sino resultado de la acción subversiva de unos grupos organizados (y normalmente minoritarios) que agitan a las masas y se hacen pasar por el pueblo soberano. Aunque esto fuera cierto sería legítimo en la medida en que el pueblo voluntariamente siguiera las indicaciones de unos grupos que le mostraran el camino del ejercicio de la soberanía.
Pero es que, en el caso concreto del 15-M aquella afirmación/justificación es falsa. La jornada de hoy, del 12-M no es el resultado de la labor de agitación y propaganda de una minoría entre la masas sino que es el de un movimiento espontáneo de esas masas, esa multitud de ciudadanos conectados horizontalmente a través de las redes sociales, sin jerarquía, sin organización, sin estructuras y a los que, en consecuencia, es imposible reprimir preventivamente porque la acción es democrática y no depende de una cadena de mando, como sí es el caso de los aparatos de represión.
El poder político –especialmente el de la derecha- no entiende el fenómeno al que ha de hacer frente y quiere simplificarlo reduciéndolo a uno de orden público para así aplicar la única política que el espíritu conservador entiende: la de la represión. Solo la evidencia de un pueblo ocupando pacíficamente la calle en todo el país le obligará a recapacitar si bien, siendo realistas, tampoco es mucho lo que, a tenor de las manifestaciones de Báñez, Mato, Wert y otras lumbreras del gobierno, quepa esperar de esa recapacitación.
Por eso lo importante es que el pueblo soberano recupere su soberanía y, sin dejarse manipular por las provocaciones del gobierno, plantee la vía de la renovación del contrato social, de una nueva Constitución que debe pasar inexorablemente por el enjuiciamiento político y penal de los responsables de esta crisis, los políticos y los financieros de los últimos 15 años.
(La imagen es una foto de edans, bajo licencia de Creative Commons).


Esto es una revolución.

Y lo es porque no se parece a ninguna otra. No es una reproducción de alguna anterior. El movimiento 15-M rompe todos los esquemas y es obligado mirarlo con ojos nuevos y el espíritu libre de preconceptos. Víctimas de estos, muchos lo daban por muerto con muy sabias razones. Y los muertos son ellos y el mundo que representan.
En primer lugar la política parlamentaria que ya no es ni un remedo de lo que fue en tiempos. El Parlamento es un lugar en el que se impone la voluntad de un partido (o dos o tres) que están en el gobierno y lo apoyan pero que no necesariamente tiene que coincidir con el bien común ol el interés general. No es solamente que el parlamento no sea soberano (esto solo se le ocurre a la ministra Báñez) sino que carece de independencia frente al gobierno. El es el que de verdad legisla ya que el parlamento se limita a dar forma jurídica legal a la voluntad del gobierno, no a la suya propia como parlamento, que no existe.
Dar forma legal a las decisiones de un gobierno que generalmente no sabe qué hacer no es tarea fácil pero sin duda será peor tener que tomar medidas sin saber qué se quiera conseguir, sin un criterio o un plan previo. Pues tal es la situación en que se encuentran los gobiernos de la zona euro, que no pueden tomar decisiones autónomas sino que han de gestionar un programa que se les impone desde Bruselas, especialmente en aquellos países que ya han entrado en territorio de quiebra, como Grecia, Irlanda, Portugal y España, aunque la lista pueda alargarse.
Los partidos son testigos elocuentes de esta situación y a ella añaden su falta de entendimiento de un fenómeno como el 15-M que se proclama, sabido es, apartidista. Esto es algo que por pura lógica lo partidos no conseguirán comprender jamás. El PP, que no comulga con las reivindicaciones de los indignados, tampoco entiende la dinámica de sus movilizaciones salvo en la triste comprobación de que estas son manifestaciones y no las semiprocesiones que él organiza de vez en cuando con curas y gente bien en defensa de instituciones que nadie ataca, por ejemplo, la familia. No hay modo de conciliarlas. La derecha no se manifiesta por las instituciones sino por la idea que tiene de estas y pretende imponer a los demás como sea.
A su vez el PSOE que, por razones históricas debiera estar más cerca del 15-M ya que comparte muchas de sus reivindicaciones, ha optado por desaparecer. Si no es él el protagonista de la fiesta, no acude a ella. Ayer las redes estaban vacías de los habituales socialistas. Es verdad que muchos de ellos estarían en las manifas a título personal, pero el partido como institución no dijo nada, no se pronunció sobre un hecho que tiene una enorme importancia en España y fuera de España. Esta vergonzante inhibición revela la mala conciencia de haber sido su gobierno el que suscitó el origen del 15-M como protesta y la todavía peor de no haber conseguido erigirse en una oposición clara y distinta al de la derecha actual que le permitiera tender puentes con el 15-M. Puesto a elegir entre el estatu quo y una incierta renovación que no se puede controlar, prefiere el primero. Quizá no pueda hacer otra cosa habiéndose convertido en un partido dinástico y manteniendo su apoyo, no ya a la Constitución de 1978, sino a la interpretación más rácana y conservadora de ella, por ejemplo en lo referente a la relación entre la iglesia y el Estado.
Es difícil entender la razón del moderantismo del PSOE si no es porque sus dirigentes parten de la idea errónea de que la gente (esto es, para entendernos, el electorado) es conservadora en estos asuntos de principios sobre la Monarquía y la iglesia. Y no es así, como demuestra la explosión cívica del 15-M. O el PSOE recupera su tradición socialdemócrata y tiende puentes con el 15-M o seguirá perdiendo apoyos electorales en favor de otras fuerzas de izquierda.
Estas otras, especialmente Izquierda Unida, han mostrado una sensibilidad y una capacidad de acción común loables, sobre todo porque no intenta capitalizar el movimiento, ni dirigirlo, ni hacerlo suyo. Sus militantes y simpatizantes que están en el 15-M tambien a título personal, presentan sus propuestas como hacen todos los demás en el conjunto de un movimiento espontáneo y libre en el que todas las propuestas valen lo mismo. Pero la coalición como tal, al igual que el PCE ha sabido manifestar simpatía por el 15-M por boca de sus principales dirigentes.
Tampoco los medios de comunicación han comprendido el movimiento. La mayoría de derecha porque está casi genéticamente imposibilitada para entender la legitimidad de un movimiento político de protesta en su contra. Tan solo El País garantiza una información medianamente objetiva por razones de calidad del producto periodístico porque el diario no tiene la menor simpatía por el 15-M. Para encontrar algo de esto hay que ir MásPúblico. Estoy arrimando claramente el ascua a mi sardina. Por el momento en que nace, por lo que es y por quienes lo hacen, MásPúblico quizá puede configurarse como el medio del 15-M, que este precisa como agua de mayo.

Una nueva era.

Todos los analistas, expertos, profundos conocedores de la sociedad, la política y hasta el alma humana que anunciaban la decadencia del 15-M, su desmadejamiento, su desaparición, estarán ahora explicando sabiamente a quienes quieran escucharlos que "ya lo dijeron ellos", que el movimiento tenía vida propia y que no sería fácil terminar con él.
Por el contrario, quienes no queremos terminar con él sino que, al contrario, avance, crezca, demuestre su fuerza y haga valer sus razones, estamos de enhorabuena. Esta jornada del 12-M en conmemoración del aniversario del 15-M ha superado todas las expectativas y ha sido, en realidad, una moción de censura al conjunto de la clase política y una enmienda a la totalidad a sus planes y prácticas, cada vez más anquilosados, reaccionarios y antipopulares.
Con la Puerta del Sol privatizada para desconsuelo de esa carcunda demagoga de Aguirre y el resto de España prácticamente ocupado por el 15-M con la delegada del gobierno, Cifuentes, y el ministro del Interior, Fernández Díaz, teniendo que comerse sus amenazas, sus advertencias, sus palabras, el triunfo del movimiento es incuestionable.
En los partidos políticos la situación es muy diversa. En el PP están que rabian y se oyen voces pidiendo la misma contundencia policial que se exigía en tiempos del PSOE y que este no quiso emplear. A su vez el PSOE, aunque no frontalmente contrario al movimiento, no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Le falta empuje, decisión, claridad de ideas y lealtad a unos principios que se dan por supuestos pero nunca se reexaminan en serio. Por eso ha sido barrido del escenario por la riada del 12-M. Es verdad que hay muchos militantes que se han sumado a la jornada y que muchos otros ven el movimiento con muy buenos ojos; pero el mando, la cúpula, cree estar a otras cosas de la alta política, no quiere comprometerse demasiado con unos perroflautas y es incapaz de formular no ya propuestas que lo acerquen a este movimiento, lo más sano que ha dado nuestra sociedad en treinta años, sino ideas alternativas de izquierda a la dominación irrestricta de esta derecha carcunda, reaccionaria y neofranquista. Por último, IU ha estado muy visible en la jornada y se implica en el proceso, pero no controla el movimiento (aunque no le faltan deseos, pues es su costumbre) y cualquier sospecha de que pretenda hacerlo resultará contraproducente. El movimiento no es comunista ni por aproximación, como tampoco socialista ni de ninguna otra tendencia. Es un movimiento espontáneo, radical, masivo, de base, es el movimiento de la multitud que recupera su autonomía, ahora que la información es universal y gratuita para abrirse camino en un mundo que está cambiando grancias a él y solo gracias a él.
Desde mañana, atención a las propuestas del 15-M que son más importantes, están más vivas y tienen mayor alcance que las injusticias que cometen los poderes públicos todos los días contra su pueblo.

sábado, 12 de mayo de 2012

Victoria

Los fascistas no se han atrevido a cumplir sus amenazas. Cristina Cifuentes, de la que sigue sin saberse si cobraba en negro sus valiosas aportaciones a Intereconomía, esta callada como una col. Esperanza Aguirre contempla con desesperación de marquesa venida a menos cómo 50.000 desalmados privatizan la Puerta del Sol. Rajoy en La Moncloa medita sobre cómo echar la culpa de este desmán a la herencia recibida. El PSOE trata de disimular que esta protesta que hoy apoya con la boca chica se inició en contra de él, de su gobierno y sus políticas y trata de escabullirse de la obligación de repasar su actitud de colaboración con las salvajadas de la crisis.
Hemos pasado a una situación nueva. La protesta es toda España y es de la gente, de toda la gente, de la ciudadanía, de la multitud que no se puede encasillar en una clase, grupo, tendencia o partido. Por eso es un triunfo tan arrollador y tan difícil de encajar en ningún plan preconcebido.
A partir de mañana, jurados populares para encausar a los sinvergüenzas y delincuentes que, bajo la forma de políticos, banqueros y financieros, han provocado esta ruina general.

La protesta es mundial

Londres, Nueva York, Roma, Bruselas son algunas de las ciudades en las que los indignados se han echado a la calle para protestar contra los gobiernos y los poderes económicos y financieros. La consigna es ahora una: pasar de las protestas a las propuestas. Lo mismo que está pasando en España, en donde, a partir de mañana, se abrirán procesos populares espontáneos para enjuiciar a los responsables políticos, económicos y financieros de la gestión de la crisis. ¿Función de los partidos de la izquierda? Llevar esas iniciativas a las instituciones y forzar que se abran los correspondientes procesos políticos y (en su caso) penales contra los responsables de esta catástrofe. Y aquí es donde va a verse para qué sirven los partidos, sobre todo el PSOE, que anda arrastrando los pies con muy mala conciencia respecto a esta crisis.

Compás de espera.

Ayer, volviendo a casa, puse Radio Clásica. En algún programa habían decidido transmitir el Alexander Nevski, de Prokofiev y sonaban los patrióticos sones folklóricos que llamaban al buen pueblo ruso a alzarse en contrapunto con el sombrío galimatías latino, especie de seudogregoriano, que viene entonando la invasora Orden Teutónica. Tuve que apagarla porque se oía fatal ya que no sé en dónde diablos tengo la antena. Pero seguí oyendo la cantata entera en la memoria, pareciéndome que narra sublimándolo un momento parecido al actual en España, en el día de hoy, 12-M en que la ciudadanía está convocada a tomar las calles y plazas en protesta contra el poder político en su conjunto y su maridaje con el económico y financiero. No se nos convoca en cuanto obreros, mujeres, jóvenes, estudiantes, jubilados, inmigrantes, homosexuales, víctimas o agricultores sino en función de nuestra común condición de ciudadanos en defensa de unos derechos básicos de todos, una sanidad y una educación públicas, viviendas dignas, empleo decentemente remunerado, en fin, una vida de ser humano y no de esclavo. Se nos convoca en cuanto pueblo, en cuanto multitud.
Enfrente se encuentra ese poder político (irónicamente visto como pretoriano del teutón) contra el que se protesta, pertrechado con el máximo título de legitimidad que hay, esto es, la mayoría absoluta en elecciones libres; y armado hasta los dientes, por si el argumento de la legitimidad no se impone. A su lado, el establecimiento económico-empresarial y financiero en pleno, encargados de vaticinar desgracias sin cuento si la gente se empeña en significarse socialmente. Por detrás, los fabricantes de ideología, sobre todo los medios afines, la iglesia católica, las fundaciones de la derecha y algunas universidades, especialmente privadas, todos demostrando que la sumisión a los dictados del capital a través de sus gobiernos es lo más racional que se puede hacer. Con tanta embriaguez de razón y fuerza, el poder político se enfrenta a la jornada de hoy en una actitud tensa, hostil, que hace temer lo peor y lo peor es que algo falle y se encienda la violencia.
Cosa que puede pasar en cualquier punto del país que, contra lo que piensan los gobernantes, no se reduce a Madrid, ciudad en la que han concentrado una cantidad considerable de agentes del orden. Hoy habrá manifas de perroflautas y no tan perros ni tan flautas en muchos puntos de España. Todas conectadas entre sí en tiempo real, a la velocidad de twitter. Cualquier cosa que pase en Barcelona se sabrá en Sevilla al instante. Así que hay que tener cuidado con Felip Puig. La policía también está preparada. Llevará cámaras en los cascos. Curiosa iniciativa que hay que calibrar porque ¿qué sucederá con esas cámaras y sus contenidos? ¿Se los llevarán luego los policias a sus comisarías para manipularlos y ocultar pruebas incriminatorias? En mi opinión todo ese material debe pasar ipso facto de terminada la manifa a disposición de juez, quien lo custiodará por si fuera necesario recurrir a él. Nada de dejar a los policías la base del relato.
Los dos bandos están preparados para entrar en acción. Es un momento tenso, la noche antes de la batalla en Alexander Nevski, la irrupción de los teutones al amanecer del 5 de abril y la batalla sobre el hielo. Vencerá el buen pueblo ruso. Vencerán los ciudadanos españoles. Pero hay por medio una batalla y no sabemos cuánto durará. Lo que es cierto es que, a partir de mañana, las cosas habrán cambiado en el sentido en que vienen haciéndolo desde el comienzo de la contestación del 15-M, al que muchos, impacientes, daban ya por muerto. En el sentido de la recuperación práctica de la soberanía de la ciudadanía. Ahora esta comenzará un proceso de indagación de las responsabilidades incurridas por políticos y financieros en la gestión de la crisis. Cada vez amplía más el marco de su acción.
La dificultad reside en hacer eficaces esas decisiones a través de las instituciones. En tanto se encuentra la forma de conseguirlo, una vía puede ser fomentar la unidad de acción del 15-M con la prensa crítica, de forma que esta sirva como punto de referencia para los partidos de la izquierda que pueden así articular su acción con la del 15-M, prestándose a ser sus portavoces.
Lo anterior va por el éxito de MasPúblico, mi periódico.
(La imagen es un grabado de Gert Arntz, de 1928, titulado La guerra civil. Merece la pena observarlo con atención).