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sábado, 25 de abril de 2015

Un ministro posmoderno.

Es lo que las redes, ese nuevo laboratorio de la vida con un lenguaje propio, llaman un zaska en toda la boca. Pues sí, el tercer zaska al ya exministro Ruiz-Gallardón, quien había llegado al gobierno con ínfulas de gran reformador y restaurador de las esencias católicas del ser español. Venía con fama de moderado y centrista que se había granjeado en alguna tertulia en la que no dominaban los trogloditas. Daba gloria oírlo defender en el Parlamento la prohibición del aborto, incluso en casos de malformación del feto, con argumentos progres, que llamaban a la emancipación de la mujer. La facundia de don Alberto no conocía límites. Ni los del ridículo. El primer zaska fue cuando el gobierno decidió hacer con su proyecto de ley sobre el aborto lo que los abortistas con los fetos, según la truculenta fantasia de los llamados provida: triturarlo.

Triste y amargado por tanta alevosía, el ministro causó baja, convencido de haber sido un chivo expiatorio en el altar de Moloch: la venta de los principios sagrados a la conveniencia del momento y los intereses electorales. Casi revienta de indignación. Imposible razonar o hablar con él. Tiene un concepto tan alto de sí mismo que solo escucha las arpas celestiales.

Por si le sirve de algo, el error fundamental de Ruiz-Gallardón es no haber entendido la posmodernidad que a Rajoy se le da de maravilla. El exministro no es posmoderno. Es moderno, es decir, un antiguo y, siendo su modernidad nacionalcatólica, no solo antiguo, de Recaredo. Obviamente, no entiende el mundo en el que vive.

Su reforma del Código Penal era plenamente moderna. Aunque algunos críticos la acusaban de retrotraernos a momentos preconstitucionales (obviamente, querían decir "franquistas", pero les daba un poco de reparo) en realidad, iba mucho más atrás; iba hasta el Panopticón de Bentham, resucitado por Foucault para describir la función de vigilancia del poder. El ministro complementaba el feliz y modernísimo invento convirtiendo la vigilancia no solo en panorámica sino también en permanente, cosa que consiguió que le firmaran los socialistas con una mano reservándose la otra para firmar el recurso al Tribunal Contitucional contra su propia firma. A lo mejor hubiera sido más sensata una firma con reserva expresa de constitucionalidad. Y, si la figura no existe, se crea.

Así que, en efecto, un moderno nacionalcatólico. Sí, en España el metarrelato de la modernidad, que diría Lyotard,  es el nacionalcatolicismo. En otros lugares es el librepensamiento, la reforma, la tolerancia, las libertades públicas, el avance de las ciencias, la ilustración y otras aberraciones. En España, la modernidad es el nacionalcatolicismo.

El segundo zaska afecta a una reforma tan moderna como las anteriores, aunque un alma superficial pueda pensar que se trata de un disparate, incluso desde el punto de vista técnico. En efecto ¿hay algo más moderno que hacer respetar la Justicia a base de introducir racionalidad en el conocimiento de qué sean y qué no sean los derechos? Por ejemplo, con la ley de tasas judiciales que el nuevo ministro, el posmoderno Catalá, ha mandado a una lista de espera de la seguridad social de Castilla La Mancha, algo quedaba clarísimo: ¿eres pobre? No tienes derecho a la Justicia.

El tercer zaska es el de la renuncia a la privatización del registro civil. ¿Hay algo más moderno que privatizar? ¿Algo más ultramoderno que privatizar en beneficio de los amigos y del jefe de uno? Pero no es la modernidad lo que mola, sino la posmodernidad. Y esta tiene un vínculo fuerte con la estética a través de su origen en el posmodernismo artístico y, la verdad, dada la condición de registrador de Rajoy y de varios parientes suyos, los principales beneficiarios de esta medida absolutamente arbitraria, resultaba tan fea que daba hasta vergüenza plantearla. Hasta Rajoy ha hecho como si no fuera con él, arte en el que es consumado maestro.

Ruiz-Gallardón no era un moderno y un gobierno posmoderno necesitaba un ministro tan posmoderno como el señor Catalá. Como buen posmoderno, Catalá no cree en la existencia de una verdad objetiva sino que está convencido de todo lo construimos gracias al giro lingüístico (cosa que Ruiz-Gallardón ni huele) y gracias a él lo deconstruimos. Y ¿cuándo construimos o deconstruimos? Cuando nos interese, naturalmente. Por ejemplo, el ministro deconstruye el relato de la verdad judicial opinando sobre las declaraciones subiúdice de dos imputados.

Pero construye con igual pericia cuando afirma que los crímenes de la dictadura estaban amparados por la legislación franquista. Hay que construir la verdad histórica. Es exactamente el mismo argumento que empleaban los abogados de los nazis juzgados en Nürnberg. Es el sempiterno argumento positivista. La ley vigente. Para el espíritu posmoderno, en Nürnberg se hizo la justicia del vencedor. Los aliados juzgaron a los nazis vencidos. El franquismo también fue justicia del vencedor. Los franquistas juzgaron a los republicanos vencidos. ¿Tiene sentido juzgar hoy a los juzgadores de ayer? ¿Lo tendría juzgar a los jueces de Nürnberg? Ciertamente, es una hipótesis como de política-ficción. Pero es el supuesto que late en la invocación a la legalidad del franquismo. Es completamente posmoderno: bajo aquella legalidad estaban amparados los crímenes políticos, incluso los que se cometían al margen de la legalidad, a veces por cuerpos bajo dependencia administrativa de las autoridades y a veces también hasta se asentaban en los correspondientes registros o libros con las más pintorescas causas de muerte.
 
Lo que el posmodernista ministro está explicándonos, como buen positivista, es que aquella legalidad del franquismo amparaba y legalizaba los delitos según fueran descubriéndose, algo así como la cuadratura del círculo o el perpetuum mobile. Porque ¿cómo puede ampararse y legalizarse un asesinato extrajudicial?

Conociendo la aversión de los posmodernistas a los textos, habría que sugerir al ministro que la venciera, echando mano de la Ley de Amnistía, concebida como ley de punto final, y por el tiempo que pueda aguantarle. No es muy elegante, él mismo se dará cuenta pues tiene aspecto de dandy, pero le ofrece mayor seguridad que ese lío de la legalidad vigente en el pasado.

domingo, 12 de abril de 2015

El aborto como pretexto.


El aborto ha sido un Leitmotiv de esta zarzuela de la Xª legislatura, su tema central, la obsesión de un gobierno a las órdenes de la Iglesia católica. Esta creyó llegado el momento de hacer realidad su sueño: meterse en los asuntos íntimos de los demás, especialmente de las mujeres, con las que mantiene una secular y enfermiza relación de odio y lascivia, propia de almas enfermas.
 
Prácticamente toda la legislatura  transcurrió en una denodada batalla del ministro de Justicia por despojar a las mujeres del derecho al aborto y  retrotraerlas al siglo XIX. No bastándole con su mayoría absoluta el hombre se cubrió de ridículo en sede parlamentaria, tratando de argumentar que el engendro represivo que estaba cocinando por orden de los curas era la última prueba del feminismo militante y la emancipación de la mujer. Debía de pensar que los demás diputados y el resto del país son tan cerriles y estúpidos como él. Claro que ese ridículo era nada comparado con el que hacían las diputadas de la derecha puestas de pie, aplaudiendo que un integrista católico les dejara sin derechos y las tratara como menores de edad.
 
En su ceguera nacionalcatólica el ministro ni se había leído el programa de su partido en el que se pasaba por el asunto del aborto como sobre ascuas y en absoluto se decía que la intención fuera suprimirlo. O lo había leído y no lo había entendido, cosa bastante probable. O, vista su simpleza mental, sus jefes lo habían engañado, cosa todavía más probable. Durante su etapa de oposición, el PP había utilizado el aborto como arma contra el gobierno, como había utilizado a las víctimas del terrorismo, sin escrúpulos. Apoyó las manifas de los curas en contra de la legislación abortista y la recurrió ente el Tribunal Constitucional. Mucho gesto. Lo suficiente para engañar a un bobo como Ruiz-Gallardón. Pero, en el fondo, solo gesto. Ninguna intención de suprimir el derecho del aborto porque se trata de una reclamación generalizada en la sociedad. Ponerse en contra haría perder votos y en el PP tienen muy claro que primero son lo votos y luego los principios y si, para ganar elecciones hace falta declarar obligatoria la interrupción voluntaria del embarazo, se hace. Lo primero es llegar al poder para robar; lo de los principios es secundario.
 
Así que, cuando ya no fue posible calmar el furor ultracatólico del ministro, Rajoy lo dejó caer y estrellarse contra la realidad de un país en el que la mayoría, incluida la mayoría de católicos, quiere el aborto. La Iglesia, como siempre, se adaptó sabiamente a la situación, no intentó siquiera defender a su monaguillo, y se conformó con una reforma casi simbólica de la ley del aborto socialista (cuestión del permiso paterno), a cambio, claro, de una sustancial mejora de sus privilegios económicos porque si el PP sabe que primero son los votos y luego la moral, la iglesia sabe que primero son los cuartos y luego la fe.
 
Esta "traición" ha soliviantado a los sectores ultras del partido, dispuestos a dar la batalla contra este horrible asesinato de no nacidos, cuyos "derechos" quería proteger aquel ministro tan engolado como majadero. Los furibundos antiabortistas arman mucho más ruido del que les corresponde por su importancia cuantitativa y cualitativa y amenazan con votar en contra el proyecto de ley de reforma de la del aborto. Cuando calculen el importe de las multas que les impondrán aun serán menos. Como siempre, los principios supeditados al bolsillo. En realidad, la única persona de relevancia que agita el fantasma del aborto en la derecha es Aguirre. Y también en este caso es un puro pretexto. Al ser la candidata a la Alcaldía de Madrid que más tiene que ver con la corrupción del PP en la Comunidad, toda ella responsabilidad suya, está claro que no le interesa que se hable de la corrupción. Al contrario, cuanto más se hable del aborto (que le importa una higa), mejor.
 
Amenazan los del PP con incluir un artículo en la ley negando explícitamente que el aborto sea un derecho. Lo dice el ministro Alonso y lo reitera el ministro de Justicia, Catalá, quien, además, aporta una prueba contundente al decir que en la vigente Ley del aborto socialista ( Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo) no se dice que el aborto sea un derecho. Otro que tampoco ha leído aquello de que habla. La ley no dice, obviamente, que el aborto sea un derecho, porque lo da por supuesto tanto en el Preámbulo como en el artículado. La Ley es una ley de derechos reproductivos. Ignoro qué entenderá este ministro tan pizpireto por "derechos reproductivos" pero, por si no lo sabe, incluyen el derecho a no reproducirse.
 
Pero da igual. Como da igual esa idea tan absurda de que una ley proclame que aquello que regula no sea un derecho. En el fondo son puros pretextos para no perder votos, que es lo único que importa a esta gente. Considérese la no-respuesta de Sáenz de Santamaría, mujer, a la pregunta explícita de si cree que el aborto sea un derecho de las mujeres. No responde. No es algo tan vergonzoso como esas lacayas compañeras suyas de partido que aplauden el machismo que las deja sin derechos pero es mucho más lamentable porque, si su partido afirma que el aborto no es derecho, al negar la respuesta, lo que la vicepresidenta está diciendo es que ella cree que sí es un derecho, pero no se atreve a reconocerlo. Es hipócrita, cobarde y miserable.
 
Es típico de la derecha, acostumbrada a comerciar con los principios como con las acciones en bolsa. La interrupción voluntaria del embarazo es un crimen, salvo que, si luchamos contra él, perdamos las elecciones. En ese caso, entérese, señor Ruiz-Gallardón, que es usted un poco adoquín, en ese caso, no es un crimen sino que está protegido por la ley aunque, para disimular, se diga que no es un derecho.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Las dos espadas.


El inevitable obispo soltó ayer una bomba pastoral. Indignado por la claudicación del gobierno en el aborto, lanzó una tremebunda marianítica, llamando "desleal", "insensato" y falto de "rigor intelectual" al presidente del gobierno. Como suena; lo comentaré más abajo. Utiliza el prelado una terminología casi apocalíptica, curiosa mezcla de retórica bíblica ("diabólica síntesis", "estructuras de pecado", "excomunión") y lenguaje ilustrado y tecnocrático ("feminismo radical", "imperialismo transnacional neocapitalista" (sic), el "lobby LGTBQ"), en un batiburrillo confuso que muestra tanto desconocimiento sobre la edad contemporánea como prepotencia en la imposición general de un dogma religioso tan opinable, problemático e incierto como cualquier otro, el musulmán o el judaico, por ejemplo.

Lo que delata el exabrupto obispal, en realidad, es una indignación mucho más profunda. Muy alarmado, monseñor llama ya a la acción política para imponer la doctrina social de la iglesia. Incluso lleva su audacia a proponer por enésima vez la posibilidad de regenerar los partidos políticos mayoritarios, aunque hasta ahora estos intentos han sido siempre improductivos. Es un lenguaje altanero. Invocar la regeneración de los partidos no por la corrupción, la falta de representatividad, sus estructuras no democráticas, sino porque ha habido un choque de carácter dogmático revela soberbia eclesiástica hasta en España, país sumiso a los desvaríos de la religión, y ha irritado a los políticos. Pedro Sánchez, convertido en una especie de cañón giratorio con encargo de disparar a todo lo que se mueva, respondía horas más tarde con una carta abierta de la que también diremos algo. Pero ese sobresalto de los políticos, yerra el punto central de la indignación clerical, que está oculto en la combativa epístola obispal.

Ciertamente, el aborto es cosa de la que la iglesia ha hecho causa mayor, cosa de principios irreductibles, valores, fundamentos. Pero, en el fondo, la trinchera es una avanzadilla de un frente más profundo en que hay dos elementos decisivos: la perpetuación de la supeditación de la mujer negándole un derecho esencial a su vida, y el núcleo de la teología política católica basada en la teoría de las dos espadas del Papa Gelasio. Las dos espadas, forjadas por Dios, son autónomas. En uso de esa autonomía, el gobierno comunicó a la jerarquía la retirada de la ley contra el aborto antes que al pais y al parlamento. Quizá antes que al ministro de Justicia.

Ya solo este hecho obliga a cualquiera con alguna conciencia cívica a preguntarse quién gobierna en España, si el poder civil o la iglesia. Es obvio que los proyectos legislativos más ideológicos de este gobierno, la reforma del aborto y la de la educación, vinieron dictados por los curas. Lógico, creen los gobernantes, acudir a ellos a comunicarles antes que a nadie las dificultades para realizarlas. Sí, cierto, piensa el obispo; pero no es bastante. La teoría de las dos espadas afirma la superioridad de la espiritual sobre la terrenal; esta es autónoma excepto en aquellos casos que afectan a cuestiones espìrituales, privativas de la iglesia. En ese caso el poder espiritual prevalece sobre el temporal. ¡Justo lo que no ha pasado! El gobierno, aleve, ruin, cobarde, traidor, ha faltado a su obligación. La segunda espada se ha alzado sacrílegamente contra la primera. Procede la excomunión, gruñe el obispo y no cualquiera sino latae sententiae, en el momento del pecado/delito, porque el aborto es, sobre todo, un pecado.

Esa es la razón de la furia obispal, expresada con muchas protestas de respeto a las autoridades, pero tanto más enconada cuanto no puede hacerse pública: si cedéis en el aborto, acabaréis practicando el regalismo, el laicismo, el relativismo, relajando el control sobre esas enemigas del cuerpo místico que son las mujeres y hasta aceptando que la iglesia deje de financiarse con cargo al erario público y la sostengan los fieles. Y eso ya son palabras mayores.

Así que el obispo entra a saco. Rajoy, el desleal, ha inclumplido su promesa electoral en relación con el aborto. O no se ha enterado de que el hombre lleva tres años incumpliendo sus promesas electorales, lo que sería grave, o eso le importa una higa, lo que sería peor viendo los parados, los jóvenes, la violencia de género, los desahucios, la pobreza infantil. Da igual. Rajoy es un "insensato" y carece de "rigor intelectual". Esto último es obvio; basta con oírlo hablar. Pero quizá el obispo debiera vigilar el suyo. Al igual que Ruiz-Gallardón, por darse aires de enterados en las líneas actuales de pensamiento social, político, filosófico, utilizan conceptos que no entienden o que instrumentalizan de forma lamentable, ridículo. No es exagerado decir que el párrafo siguiente muestra la necesidad de que el prelado se informe algo más porque, en verdad, es que no tiene ni idea de lo que dice, o vaya al psiquiatra: el Partido Popular es liberal, informado ideológicamente por el feminismo radical y la ideología de género, e “infectado” como el resto de los partidos políticos y sindicatos mayoritarios, por el lobby LGBTQ; siervos todos, a su vez, de instituciones internacionales (públicas y privadas) para la promoción de la llamada “gobernanza global” al servicio del imperialismo transnacional neocapitalista. Substitúyase el lobby LGBTQ por los protocolos de los sabios de Sión, el Partido Popular por el Liberalismo, el feminismo radical y la ideología de género por la masonería y el judaísmo internacional, la gobernanza global por la tiranía de Satanás y el imperialismo transnacional neocapitalista por el Anticristo y el discurso es el de siempre.

Pedro Sánchez se ha sentido obligado a pergeñar una carta abierta que ha publicado en Twitter, con buena intención, pero con falta de enjundia. Una carta de protesta, sí, pero también sumisa, redactada en esos términos conciliatorios que luego impulsan al PSOE cuando tiene el poder a confraternizar con la iglesia, no en todos los aspectos, pero sí en algunos cruciales en los que el socialismo, típico producto del enteco nacionalismo español de raíz liberal, se pliega a las exigencias del nacionalcatolicismo, verdadera maldición de los españoles. La carta contiene protesta, pero rezuma respeto. El PSOE ha pedido a la jerarquía que releve al obispo de Alcalá, seguramente en la creencia de que su sustituto sea menos brutal. Pero no es esta la actitud que un partido heredero de la ilustración europea (ya que la española ha dejado escasa herencia) deba adoptar ante un episodio de esta naturaleza en el que se juega un asunto fundamental para la sociedad española y su convivencia, de la que habla Sánchez, pero sin referirse a nada específico.

Y lo específico está al alcance de todos: acometer de una vez por todas la separación de la iglesia y el Estado en España; denunciar los Acuerdos con la Santa Sede de 1979 y el Concordato de 1953; suprimir el presupuesto de culto y clero y hacer que la iglesia se financie por sus propios medios y cumpla sus obligaciones fiscales como todos los ciudadanos. Solo así conseguirá alguna autoridad moral para hablar de las cosas del común. En caso contrario, el que se da ahora mismo, la iglesia actúa con evidente falta de legitimidad y de autoridad, puesto que arremete contra las decisiones de un Estado del que vive. Y, por cierto, opíparamente.
 
De eso, en la carta de Pedro Sánchez no hay ni palabra. El obispo montaraz, al oír que se le critica tan respetuosa como sumisamente pensará en recia tradición española: ahí me las den todas.

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La segunda imagen es una ilustración de Frantisek Kupka titulada el dinero para la revista anarquista L'assiette au beurre, del 02/11/1901.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

El sabor de la derrota.


La dimisión del ministro de justicia por el aborto tiene su parte de anécdota y su parte de categoría. La anécdota es que la dimisión es una y trina, como corresponde a la profunda religiosidad de Ruiz-Gallardón. Dimite de ministro, de diputado y de cargo del PP; ignoro si del mismo PP. Se va a su casa y abandona la política; es de esperar que no como la abandonó su enemiga Aguirre cuando dimitió a su vez hace un par de años. En absoluto, dicen los suyos, Alberto se va para siempre, muy dolido.


Y muy despechado. Un carácter tan altanero, tan soberbio como el suyo, convencido de llevar treinta años siendo infravalorado cuando está llamado a mucho más altos destinos que la política local, jamás podrá perdonar el trato recibido. Se siente utilizado y luego abandonado a los pies de las leonas feministas. Frustrado en su esperanza de reintegrar la política española al seno de la Iglesia, siguiendo al pie de la letra los deseos de la jerarquía nacionalcatólica a las órdenes del hoy jubilado forzoso Rouco Varela. Además de aparecer ante este como un débil, un inútil para la causa de la reevangelización de España, proyecto dorado del cardenal.

Ha dimitido en un acto de rebeldía, en nombre de unos principios que no pueden sacrificarse a meros intereses electorales. Y, por cierto, ha dejado muy mal a sus compañeros del gobierno todos los cuales dieron su aprobación entusiasta al anteproyecto de ley que les presentó el ministro en contra del derecho a decidir de las mujeres; por supuesto con otro nombre. En esto de pretender un objetivo pero llamarlo de otro modo es maestro Ruiz Gallardón, que lleva su desparpajo al extremo de defender su agresión a esos derechos con terminología progre, hablando de la emancipación de las mujeres y de la protección de los más débiles.

Es poca la base moral del ya exministro para invocar los principios ante los chaqueteros del gobierno. Él mismo venía precedido de una aureola de tertuliano de derecha liberal, cultivada en los medios de PRISA, en donde pasaba por ser un hombre de centro que llegó a repartir como alcalde la píldora del día después. Aureola que se desvaneció para dar paso a la dura realidad de uno de los gobernantes más reaccionarios, arbitrarios, clasistas y misóginos de la historia de España, incluida la parte de Franco, durante la cual su suegro fue ministro. Alguien que disimula sus principios y los impone cuando puede por la fuerza no está en situación de acusar a los demás de relativismo u oportunismo.

En cuanto a la categoría, la retirada del proyecto de ley contra el aborto ha sido un triunfo de la sociedad civil española e internacional, que también se ha implicado. Sobre todo, un triunfo de la lucha del feminismo contra la agresión desde el poder. Los partidos han tenido actitudes distintas: el PSOE e IU han sido activos en su oposición al plan del ministro. El PSOE, además, esgrimiendo ufano que la ley que pretendía derogarse con la nueva, la ley de plazos, una de las más avanzadas del mundo, es suya. Los de Podemos han aprovechado para patinar, sosteniendo hace escasas fechas que el aborto no es una prioridad porque no genera potencial político, o algo así. Estos jóvenes caen simpáticos y tienen ideas, aunque a veces, desvarían.

La retirada del proyecto es la confesión del fracaso de un plan deliberado, el de volver atrás, volver a someter a las mujeres. Si se ha hecho por motivos electorales o no es irrelevante. Se ha hecho. Y es un triunfo de todos. Es un error presentarlo como un triunfo de las mujeres. Demuestra que las raíces patriarcales son más profundas de lo que se admite. No es un triunfo de las mujeres; es un triunfo de todos. Incluso de quienes están en contra. Hasta de aquella decena de diputadas del PP, puestas de pie y aplaudiendo a un ministro que acababa de anunciar su intención de reducirlas a la condición de menores de edad de hecho. Hasta de ellas es un triunfo. El feminismo no es un atributo de género. Solo siendo feministas atienden los hombres a sus intereses.

La retirada del proyecto de ley contra el aborto es otro trozo del viejo mundo que cae. Las mujeres recuperan su amenazado derecho a decidir, aunque ahora pretenden recortárselo por otro lado. El meollo de la cuestión es siempre el mismo: el derecho a decidir. A que otros no decidan por ti; que no decidan en contra de ti y encima quieran convencerte de que es por tu bien. 

miércoles, 12 de febrero de 2014

Las tres eses negras.

La desafección, la hostilidad de la ciudadanía hacia los políticos se extiende, según los expertos, a la política en su conjunto. Y también a la misma democracia, avisan los más agoreros entre ellos. Es el caldo de cultivo en el que engordan las tendencias extremistas, sobre todo de derechas, los populismos, la xenofobia, el fascismo siempre latente en Europa. La causa de esta actitud suele ir a buscarse a la mezcla de corrupción e incompetencia que caracteriza a los gobernantes. "Son todos iguales". "Van a lo suyo". "Dan la espalda a la sociedad". "Son incapaces de resolver los problemas." "Pero aprovechan para enriquecerse." Son expresiones habituales, generalizadas. Solo con esto, el asunto es ya muy grave.

Pero hay más, mucho más. No se trata solo del rechazo que provocan las actitudes de los gobernantes respecto a los asuntos prácticos y cotidianos de la vida: las corruptelas, las arbitrariedades, las insensateces, la incompetencia en la gestión. La irritación ciudadana viene movida por escándalos de mayor calado, que afectan a cuestiones de principios, de valores, de convicciones que se predican y se desprecian en el mismo acto. De estas cuestiones se habla, sí, pero en tono menor, como si diera miedo tratarlas abiertamente. Y, sin embargo, son las verdaderamente graves, las que deslegitiman el sistema político e incluso el orden de convivencia. Son las tres eses negras de esta crisis.

Silencio.

Se dice que somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras. La sabiduría manda callar. ¿Siempre? A lo mejor es prudente moderar esa afición a los principios con unas gotas de desprestigiada casuística. Callar puede no ser siempre lo mejor. La insólita declaración de la Infanta es un monumento al silencio. Siendo toda palabra potencialmente incriminatoria, de sus labios solo salió una monodia de no sé-no recuerdo-no me consta-no-no-no. Es dudoso que ese inverosímil y cerrado silencio vaya a ir en su beneficio. Al contrario, hace su posición más insostenible. ¿Por qué, pues, lo mantuvo? No mejora su circunstancia personal  y empeora la de su marido. Lo verdaderamente grave es que apunta a su padre. El silencio de la Infanta -ya lo han señalado muy reputados analistas- sirve de cortafuegos al Rey, pretende protegerlo. Lo que el silencio quiere callar es el grado de conocimiento del monarca de unos presuntos delitos cometidos durante años por sus más directos y cercanos parientes. Un grado de conocimiento que necesariamente tiene que haber sido elevado. Los cortafuegos sirven si paran los incendios pero, a veces, cuando hay viento, estos los saltan y prenden en el otro lado del monte. Ahora es la fortuna del Rey la que aparece en el punto de mira de las peticiones de información de la ciudadanía. La Casa Real ha querido adelantarse tomando algunas tímidas medidas de transparencia que resultan insuficientes. El Monarca debe hacer lo que los ingleses llaman una full disclosure una full monty de su fortuna personal, de su origen y ubicación. Algo sobre lo que había caído un manto de espeso silencio acordado por los medios, los grandes partidos dinástico y los sectores poderosos de la sociedad, la banca, la Iglesia, la patronal. Silencio sobre la honorabilidad de la más alta magistratura del Reino. Primera ese negra.


Secreto.
Una de las garantías de la libertad de voto es el secreto. No hay elección popular legítima si el secreto no está garantizado. Excepto, curiosamente, en el Parlamento. El debate sobre si el voto de los diputados debe ser público o no es larguísimo y está lleno de matices. No seremos nosotros quienes lo resolvamos. Pero sí advertimos que suele pasar por alto la disciplina de voto, porque es algo molesto. La evidencia de que, en el noventa y nueve por ciento de los casos, los diputados no votan en conciencia sino según las directrices partidistas, destruye la teoría de la democracia representativa, según la cual los parlamentarios representan a toda la nación. Los partidos se saben tan alguaciles de la situación que tienen establecidas penas pecuniarias (¡ahí les duele!) para los diputados díscolos. La disciplina de voto es una causa del desprestigio de la institución parlamentaria entre la ciudadanía. Cosa que se agrava cuando, como ayer, se impone una votación secreta porque se trata de dirimir un asunto en el que las convicciones profundas están en juego. ¿Resultado? Sus señorías, pudiendo votar según su conciencia y no según su conveniencia, descubren que su conveniencia es su sola conciencia. Todos. Como un solo hombre. Lo expresó con característico desparpajo la diputada Villalobos: no iba a traicionar a su partido pues lo que a ella le gusta es dar la cara. Y, para dar la cara, la oculta. Con ese voto secreto, voto en libertad, voto en conciencia, sus señorías han demostrado ser los esclavos felices. Teniendo en cuenta que el ochenta por ciento de la ciudadanía y hasta el sesenta por ciento de los votantes de la derecha rechazan la ley contra las mujeres a cuyo favor han votado libremente y en conciencia sus representantes, ¿cómo quieren que los representados los respeten? Secreto. Segunda ese negra.

Sumisión.
El gobierno se ha cargado de un plumazo, por el procedimiento de urgencia, valiéndose de su guardia pretoriana parlamentaria -con la simbólica ayuda de sus píos socios de Unió Democràtica de Catalunya- el principio de la jurisdicción universal, la justicia penal internacional que los tribunales españoles, adelantados en esto, venían practicando. Otra vez una cuestión de principios. Y uno muy tocado porque, si ya la fe en el de la justicia nacional es casi inexistente a la vista de los sonados casos como la Gürtel, Bárcenas y, sobre todo, la Infanta, la que se depositaba en la jurisdicción universal ha recibido un golpe de muerte. Los jueces españoles tenían de los nervios a una decena de tiranos distribuidos por medio mundo. Pero la cuestión se plantea -y a toda pastilla, literalmente perdiendo el trasero- cuando afecta a los poderosos. Ya los Estados Unidos respondieron hace unos años con una típica chulería del Far West ante la petición española de que compareciera ante la justicia el oficial gringo que dio la orden de disparar contra el cámara español Couso en la guerra del Irak. "Helará en el infierno", dijo un mandamás estadounidense, "antes de que un militar nortamericano comparezca ante un juez español." Y colorín, colorado.

Pero la Justicia no sabe de infiernos ni amenazas. Solo sabe de principios, así que sigue pidiendo la comparecencia de los militares y, acelerándose, también la detención de unos ex-gobernantes chinos, a cuenta del presunto genocidio del Tibet. Los chinos, en lugar de responder a lo gringo, muy irritados, amenazan en serio y recuerdan que tienen el veinte por ciento de la deuda española. Así que el gobierno, en efecto, ha dado un bote y ha rendido completa pleitesía a los barandas del momento. Este mismo gobierno se niega a extraditar a presuntos torturadores de la dictadura para su procesamiento en la Argentina. Menos mal que los chinos parecen darse por contentos con que España se olvide para siempre de la jurisdicción penal universal y no pide que le extraditen a los juececillos que han osado acusar a sus geniales timoneles. Porque, dados el terror y la sumisión de nuestro gobierno, no sé lo que haría. Sumisión, tercera ese negra de este sistema que hace aguas.

sábado, 1 de febrero de 2014

El aborto será vuestra tumba.

La asociación de presuntos mangantes, cobradores de sobresueldos, mamandurrios, carromeros, enchufados,  chupacirios y franquistas sigue con su cónclave vallisoletano, soltándose trolas unos a otros, como si alguien más en el país estuviera escuchando o tuviera el menor interés en saber con qué nuevas mentiras pretende el  sobresueldos volver a engañar a la ciudadanía. Dicen que promete bajadas "escalonadas" de impuestos a partir de 2015. Lo de "escalonadas" es terminología técnica, por si cuela el aplazado embuste. Montoro, ya identificado con su figura de Nosferatu el chupasangres, promete congelar el IVA. ¿Tienen alguna duda? Lo congelará después de subirlo de nuevo y tras haberlo bajado para sus amigos. Creen estos pillastres, todos chupones de los presupuestos públicos, todos en política para forrarse, que los demás españoles son tan mangantes como ellos y por eso hacen promesas típicas de trileros.

Pero su crédito es nulo. ¿Quién, háganme el favor, quién cree en España en la palabra de Rajoy, de Soraya Sáez, de Cospedal? Ni sus mascotas. Han abusado tanto de la mentira sistemática como forma de gobierno que nadie les presta no ya crédito sino atención. La atención al día de hoy se la lleva el plante masivo de la población frente a esa ley contra las mujeres que el monago Gallardón ha expectorado de consuno con clero más reaccionario. Miles y miles y miles de personas en España y fuera de España hemos dicho hoy a este hipócrita que retire ese propósito inmoral, fascista, feminófobo. Y de eso es de lo que se habla, de lo que se informa, porque mientras la asociación de presuntos chorizos sigue empeñada en prometer dineros, vacas gordas, brotes verdes, sobornos, la gente hemos salido a la calle en nombre de la dignidad, para que cuatro malnacidos sectarios, con o sin sotana, no impongan a la inmensa mayoría de la población sus "convicciones". Y pongo "convicciones" entre comillas porque, tratándose de las de estos trileros, son tan falsas como el dinero del monopoly. Prohíben comportamientos que ellos tienen; impiden abortos que ellos practican; igual que condenan la pederastia a la que se entregan a cientos.

Y, en efecto, aparte de que, en nuestro caso, las convicciones son genuinas y no falsas, como las de ellos, somos mayoría. Somos mayoría incluso entre sus propios votantes, como se ve en la portada de El Periódico de Cataluña. Ni quienes votan a esta derecha fascista quieren que esta derecha fascista les arrebate sus derechos.

Si mantenemos fuerte la protesta, Madrid y el aborto serán la tumba de estos franquistas. Lo decía Llach:

Si jo l'estiro fort per aquí
i tu l'estires fort per allà,
segur que tomba, tomba, tomba,
i ens podrem alliberar.

sábado, 25 de enero de 2014

El verbo de Dios.

Animada por el edificante ejemplo del ministro Gallardón en defensa de la fe cristiana, la jerarquía se ha lanzado al combate dialéctico por la misma causa, pero no solo en defensa de la ley contra las mujeres, sino de todos los valores que representa: la homofobia, el estigma de las relaciones sexuales no matrimoniales, la sumisión de la mujer al hombre, la lucha contra el horrendo feminismo. Cumple así el pío deseo de su hasta ahora cabeza visible, Rouco Varela, de reevangelizar España, dejada de la mano de Dios. Son la legión tebana en apoyo de su capitán, San Mauricio Gallardón, batiéndose solo contra los asesinos de seres concebidos pero no nacidos. Arman un gran barullo y esperan que no los sometan al martirio.

Suelen argumentar los católicos, cuando alguien protesta por tener que escuchar en público una sarta de disparates y granujadas, que los curas tienen perfecto derecho a expresarse, que hay libertad de expresión y mucha gente está encantada de escucharlos. No lo dudo. Pero sus gustos no son necesariamente los de los demás y estos monseñores imparten sus doctrinas a través de medios públicos de comunicación que pagamos todos, incluidos quienes no tenemos ningún interés en escucharlos. Es más, cualquier cosa que expresen los curas en público, aunque sea subidos a una farola en una plaza, lo hacen con el dinero que todos los españoles estamos obligados a pagar a la iglesia y con el que esta se mantiene. Es lógica nuestra petición de que, cuando los católicos quieran escuchar a sus pastores, lo hagan en locales apropiados, privados, aparte, en donde no den la murga a los demás, que bastante tienen para pararse encima a escuchar (si, por ejemplo, son gays) cómo los insultan unos señores tocados con un cucurucho.

Una vez corregido este abuso de sobrevoz de la iglesia católica en España, ya decidirán los ciudadanos si les merece la pena acercarse a escuchar la doctrina de los clérigos sobre asuntos acerca de los cuales no suelen saber nada. Siempre hay, además, gente con sentido del humor. Mientras esto no suceda y la jerarquía se empeñe en ocupar los espacios públicos para sus monsergas, en lo que los economistas llamarían una típica externalidad, o sea una especie de contaminación acústica, tendrán que tragar con el correspondiente derecho de réplica de quienes están obligados a escuchar sus sermones y... pagarlos.

Y es que el clero dice cosas que producen verdadero pasmo. El nuevo cardenal, Fernando Sebastián, uno que en 2007 pedía el voto para Falange de las JONS, siete años más tarde ha progresado en su espíritu cristiano y ahora solo pide que se se trate a los homosexuales como enfermos, razón por la cual ya lo han llevado a los tribunales. No sé cómo acabará el asunto pero es difícil que este clérigo entienda lo inhumano y perverso de su razonamiento. Ningún fanático admitirá jamás que quienes no compartan a pies juntilla sus creencias y valores sean personas normales; son delincuentes o enfermos. Es el abc del totalitarismo. Pero está claro que, si hay un enfermo en esta fábula, es el fanático.

El obispo de Granada, editor del libro Cásate y sé sumisa, también está bajo la lupa de la fiscalía que investiga si el ensayo merece algún tipo de reproche penal. Pero Palinuro confiesa que su obispo preferido es el de Alcalá, Juan Antonio Reig Pla, que tiene un discurso más filosófico y carga contra el feminismo radical porque deconstruye la persona. Ahí es nada. Entra a saco en el terreno de la izquierda, igual que Gallardón pero, a diferencia de este, en lugar de enarbolar la bandera roja y ponerse al frente de la revolución, enarbola el lábaro con la cruz y desbarata a los heréticos e infieles con la espada.

Reconozco idealizar un poco pero es que uno espera que Dios envíe sus mejores soldados a la defensa de su causa. Un hermoso San Miguel con su espada flamígera o un aguerrido San Jorge de brillante armadura, por ejemplo. En su lugar hemos de vérnoslas con estos atildados burócratas, repeinados, de sonrosados mofletes, poco dados a la rudeza de la lucha en campo abierto y más a los placeres de la buena mesa. Pero lo que nos niegan en la estética nos lo dan en la dialéctica, en los alambicados conceptos que manejan. Este viene hablando de que el feminismo conduce a la deconstrucción de la persona. Ignoro lo que monseñor entiende por este concepto derridano. Según parece lo tiene por algo abominable. Porque gran parte del feminismo se vale de él para su objetivo, esto es, contraponer la ausencia en que ha consistido su condición desde tiempo inmemorial a la presencia masculina, hacer aquella visible mediante un proceso de différance, hacer visibles a las mujeres. Y eso es más de lo que el obispo puede tolerar.

Carga asimismo monseñor contra las teorías queer y cyborg. Está a la última. Se ve que conoce el manifiesto de Donna Haraway, al menos tanto como Gallardón el Manifiesto Comunista. No sé por dónde puede tener el clérigo cuita con lo cyborg. Una metáfora antes que un teoría. Le hace ilusión, imagino, soltar el término con sus resonancias cavernosas. Alguien que anda con cyborgs está al servicio del maligno. Y de inmediato encuentra Reig el tono pastoral para adoctrinar el rebaño: el feminismo que (ya ven ustedes) empezó pidiendo el sufragio para las mujeres, se ha radicalizado, se ha convertido en un instrumento político a favor del aborto, contra el matrimonio monógamo y la maternidad. ¿Pruebas? Bueno, ¿no está al servicio de los cyborgs? Es el vituperable "feminismo de cuota", el del "empoderamiento", el feminismo ginocéntrico. Le gustará más o menos al obispo (no lo tengo claro) pero este discurso justifica indirectamente la violencia de género.

¿Violencia la iglesia? Por el amor de Dios, si esta ofrece amparo al verdadero feminismo, el cristiano que, sin seguir modelos machistas, sabe reconocer y expresar el verdadero espíritu femenino. El suyo. El ánimo del prelado no solamente no es violento sino que anima a sus seguidoras a rezar por sus hermanas descarriadas, las del feminismo ginocéntrico.

Palinuro, un descreído, también invoca a los dioses, a todos, por si acaso, pues nunca se sabe (aunque sin rezarles) para que nos protejan a tod@s, mujeres y hombres, feministas y no feministas, frente a la ley que Gallardón pretende imponer, con ayuda de estos clérigos bocazas que no saben lo que dicen, pero no paran de anatematizar.

viernes, 24 de enero de 2014

Marxardón.

Palinuro me ha confesado muy compungido que ayer se quedó cortísimo al hablar del delirio del ministro. Parece que vio una comparecencia parlamentaria de Gallardón en el Intermedio del Gran Wyoming, el único programa de TV que mira porque, dice, es la única oposición real del país.

"Pero, hombre", le dije, "si era el Intermedio sería de coña".

"Efectivamente, fue de coña. Pero de coña real. El propio Wyoming no daba crédito. Me quedé cortísimo. Lo del ministro no es un delirio más o menos pasajero sino una verdadera patología, un problema de identidad múltiple. Padece el síndrome de Sarah Bernhardt: allí donde va tiene que interpretar un personaje. Y si a eso le añades una soberbia sin disimulo y una petulancia sin límites, propia de un verdadero necio, te quedas con un espectáculo como el de ayer".

"Pero ¿qué hizo?"

"Interpretó a Karl Marx. Recitó los primeros párrafos del Manifiesto del Partido Comunista como si los hubiera escrito él: habló de patricios y plebeyos, de siervos y señores, de burgueses y proletarios. Era el filósofo de Tréveris recordando a la izquierda en dónde había estado siempre, en la defensa del débil, en donde está su proyecto de ley que, por eso mismo, es progresista, una verdadera ley de izquierda. Es decir, leyó a los socialistas su propia cartilla. 

"Toda esta absurda palabrería para ocultar un sofisma: que no hay un conflicto entre un ser débil y otro fuerte puesto que el llamado débil no es ser en el sentido del llamado fuerte.  Que no es un conflicto entre dos personas sino, en todo caso, de una persona consigo misma y en donde este ministro con sus trilerías dialécticas de monaguillo no tiene nada que decir. Pasar por encima de esta consideración, que es definitiva, lleva en efecto a que un típico representante de la derecha, miembro de un gobierno carcunda, reaccionario de funcionarios del Estado, empleados del partido, empresarios, financieros y aristócratas recite el Manifiesto Comunista en sede parlamentaria. 

"De un modo intuitivo y bastante más tosco lo había dicho Cospedal: "el Partido Popular es el partido de los trabajadores".

Con tal de seguir en  el gobierno, desmantelando el Estado del bienestar, eliminando los derechos de la gente y llevándoselo crudo, estos están dispuestos a decir lo que sea.

(La imagen es una foto del Gobierno de España en el dominio público).

jueves, 23 de enero de 2014

El delirio del ministro

La afirmación del ministro en el Congreso de que nada le dice que, pues no respetan los derechos del no nacido, los socialistas no vayan a legislar en el futuro en contra de los derechos del nacido es delirante. Porque es exactamente lo que está haciendo él en el presente: legislar en contra de los derechos de las nacidas. Es la famosa proyección de la derecha.

En efecto, el hombre debe de estar sometido a una presión muy fuerte; tanto que quizá no sea totalmente responsable de sus actos o dichos. Reconocer que has pretendido imponer por ley tus convicciones personales y ver que no te sigue nadie, ni los tuyos, que en el extranjero te miran con horror y que la opinión pública está mayoritariamente en contra de tu pretensión es un fastidio. Parecen todos contra ti, como en el famoso chiste del loco en dirección contraria en la autopista. Sostener que tu ley contra las mujeres (otro es el nombre oficial) es un avance en el proceso de su emancipación y que solo la aplauda Monseñor Rouco Varela no puede interpretarse a tu favor ni ante tu familia.

Es tal el delirio que quizá no sea delirio sino cálculo político de forzar un enfrentamiento extremo para imposibilitar todo acuerdo. Se insulta al adversario y hay pelea segura. Asesino. Genocida. Fascista. Y ya está liada. Estos católicos son muy de andar con las vísceras en la boca.

¿No es el ministro de hoy el alcalde de ayer, condenado por los tribunales por no pagar a la casera el alquiler del piso donde vívía durante dos años? ¿El mismo alcalde que, en cambio, pagó 120.000 euros de fondos públicos a Urdangarin por unos informes inexistentes? ¿El mismo que estaba dispuesto a regalar al Obispado de Madrid un terreno céntrico en las Vistillas, para hacer un Minivaticano en la capital? Todo esto dibuja un carácter: agarrado con los dineros propios, pero rumboso con los ajenos, los del común que entrega a manos llenas a los mangantes y parásitos que viven de engañar a la gente. Y, en lo tocante a la iglesia, raya en la generosidad celestial, próximo ya a la indulgencia plena, y siempre con los dineros del común. Esta su ley supone entregar de nuevo a los curas y atadas de pies y manos a las mujeres que se les habían escapado con la abominable e impía normativa de los socialistas. Es una ley en contra de las mujeres, para corregirles esa descarada tendencia a creer que, cuando se habla de la libertady dignidad de las personas, se habla de ellas.

Está claro que el ministro es practicante fiel del principio jesuítico de que el fin justifica los medios. Métaselo en la cabeza la oposición. No se enfrenta a un ministro, sino a un enviado de Dios. 

lunes, 13 de enero de 2014

La foto.


Dos años tardó el emperador en  recibir el líder de la "gran nación" al norte de Gibraltar. España es un aliado fiel, sumiso. Con los de casa, ya se sabe, hay confianza. Y ¿qué va a contar Rajoy en Washington? Que estamos saliendo de la crisis; la luz al final del túnel ya nos deslumbra; es el momento de invertir en el país; salarios "moderados", beneficios seguros.

¿Qué información tiene Obama sobre España y la persolidad de su interlocutor? El tópico de que los presidentes de los EEUU sitúan a España en algún impreciso lugar entre México y Panamá no es cierto o solo lo es de los republicanos. Lo normal es que el Presidente tenga una información estupenda, de primera mano, al día, bien ponderada y relevante. Es decir, sabrá que recibe al presidente del gobierno de un país con la mayor tasa de paro de Europa, si no del mundo; con unos signos de corrupción que afectan directamente al gobierno, su presidente y su partido; con unos datos macroeconómicos que no avalan los discursos de su huesped; con una Monarquía no de derecho divino sino de derecho penal; con una sociedad en abierta insurrección a cuenta de una ley del aborto totalitaria; con dos de sus comunidades autónomas en franco proceso hacia la independencia; y con una capacidad de defensa (en definitiva, el dato que cuenta en el Imperio) similar a la de Sylvania en Sopa de ganso, de los hermanos Marx.

Frente a ello, la información que lleve Rajoy sobre los Estados Unidos será, sin duda, aproximativa. Pero no importa. Él no va a preguntar sino a ser preguntado, responder y colocar el relato habitual de sus muchos logros y éxitos que aquí no le cree nadie, como se demuestra en los sondeos. Pero ¿qué puede preguntar el emperador que no roce algún punto sensible de Rajoy? Puede interesarse por el tiempo en España, por la liga de fútbol, por el Museo del Prado y por la sangría. Da lo mismo. Lo que Rajoy quiere es la foto.

(Tengo entendido que la secretaría de Estado contactó con nuestro ministerio de Exteriores con la oferta de ahorrarnos todos dinero en viajes y zarandajas, substituyéndolo por una foto firmada de Obama. Incluso ofreció hacer un fotomontaje como el de Palinuro, pero con photoshop, que no se nota nada. Pero los españoles lo rechazaron, indignados. Hay que tener cuidado con estos españoles; se mosquean rápidamente).

Lo lógico será que, bien informado como está, Obama se interese educadamente por cuestiones españolas:

Obama. Mr. Rajoy, ¿cómo va ese asunto del referéndum de Cataluña?
Rajoy. Mr. Obama, Spain es a great nation.
Obama. Por supuesto. No lo olvido. ¿Y el proceso de paz en el País Vasco?
Rajoy. Mr. President, la segunda ya tal.
Obama. Really? How interesting! Y dígame, ¿qué tal va mi viejo amigo Juan Carlos?
Rajoy. Al pie del cañón, cumpliendo con su deber, como siempre. Y le manda saludos.
Obama. Oiga, Mr. R., entre nosotros, tiene unos líos con la familia, ¿no?
Rajoy. Mr. President, todo falso, salvo alguna cosa...
Obama. Yes, I know. ¡La maledicencia de la gente! Usted mismo, Mr. R, es objeto de habladurías.
Rajoy. De eso ya he dicho todo cuanto tenía que decir.
Obama. Es verdad. Los políticos nos perdemos por la boca, ¿verdad?
Rajoy. Yes. Hablamos demasiado. Yo, no paro. End of quote.
Obama. Y con juicio torero han dictado ustedes una Ley Mordaza. To shut up a los gobernantes.
Rajoy. No exactamente. Para callar a los gobernados.
Obama. Protestan por todo, right? Ahora no les gusta su ley del aborto.
Rajoy. Bueno; a la mayoría silenciosa, sí.
Obama. ¿Y cómo lo sabe, Mr. Rajoy?
Rajoy. Porque gobierno como Dios manda.

Seguramente será un mal trago para Rajoy, pero no le importará gran cosa. Él va por la foto. Lo demás es irrelevante. Obama ocupa aquí el lugar del elefante abatido por el Rey o el hipopótamo cazado por Blesa. Son trofeos de caza. Recibido por el emperador, Rajoy sienta plaza de estadista. Y, aunque no haya puesto los pies sobre la mesa de su anfitrión, volverá diciendo que ha dado un par de consejos a Obama sobre cómo salir de la crisis. Recuérdese: "A mí nadie me ha presionado; soy yo quien ha presionado a los demás".

Y así todo.

(La imagen es un fotomontaje a partir de una foto de Steve Juvertson, con licencia Creative Commons).

jueves, 9 de enero de 2014

El aborto y la disciplina de voto.

Innecesario decirlo: el aborto es un problema moral, de conflicto de valores, de lucha entre principios y creencias. Es un problema que afecta a las personas en lo más profundo de su intimidad, no solo conceptual sino también física, y no se puede resolver de modo tajante, imponiendo sin más por ley, esto es, coactivamente, las convicciones de un sector de la población sobre otro.

El proyecto de ley sobre el aborto, como cabía suponer, fractura la sociedad española de modo agresivo e innecesario. Una minoría sectaria y radical pretende legislar en contra de la opinión y los deseos de la mayoría. Es una minoría tiránica. Su pretensión cuenta con la resistencia de la oposición y con el rechazo de una parte importante de sus propios votantes, militantes y hasta dirigentes. Rajoy ha decretado toque de silencio en su partido, como hace siempre, como hizo con Bárcenas: a callar. Y probablemente tendrá el mismo éxito que con aquel.

De hecho, ya se ha planteado el tema de la disciplina de voto asunto que jamás se menciona, excepto cuando surge un problema que cruza las lindes entre partidos, entre ideologías, entre concepciones del mundo. Entonces alguien suscita la cuestión: los diputados deben votar en conciencia y no según las directrices del partido. La disciplina de voto (también llamada en algunos países "disciplina de partido", aunque esta tiene otras connotaciones) aparece como algo negativo, vergonzoso, aborrecible, que solo puede defenderse desde el cinismo. Como decía el genial William Gilbert, allá por el siglo XVI: siempre he votado según las directrices de mi partido y nunca pensando por mí mismo.

Por supuesto, la práctica tiene también muchos partidarios. El argumento que reputan más fuerte es que la disciplina de voto permite el cálculo del electorado y hace previsible la política parlamentaria. Es un argumento práctico, distinto del que esgrime el voto en conciencia pero no por ello desdeñable. Es decir, hay una discoincidencia entre la teoría y la práctica. En la teoría, los diputados representan en conciencia a todo el electorado, a la Nación y por eso la Constitución Española prohíbe taxativamente el mandato imperativo (art, 67, 2). Pero en la práctica los diputados están sometidos al mandato imperativo del partido. La disciplina de voto, además tiene poco que ver con el sistema electoral. Los sistemas proporcionales suelen mostrarla, pero también los mayoritarios. Gran Bretaña es precisamente el modelo de ambos, disciplina de voto (esta se encarga a un diputado que se llama "látigo", whip) y sistema mayoritario simple. Y como Gran Bretaña, muchos países de la Commonwealth. Solo se apartan de la tradición los Estados Unidos, en donde no hay diciplina de voto o es muy laxa. En realidad, la discplina de voto depende de la voluntad de los partidos que son quienes mandan (formalmente) en el Estado contemporáneo, considerado por un ilustre publicista alemán de la postguerra como un "Estado de partidos de masas", definición que quizá haya que reconsiderar.

Volviendo a España y el aborto, la cosa tiene el habitual cariz algo pintoresco. El PSOE plantea como reto al partido mayoritario el voto en conciencia, la ruptura de la disciplina de voto. Loable propósito. Pero, como las manzanas, tiene gusano. Y no crean que está en el hecho obvio de que ese mismo partido impusiera sendas multas hace unos meses a sus diputados catalanes díscolos que rompieron la disciplina de voto con motivo de la consulta, incluida la infeliz Chacón. Eso es la habitual chapuza que se hace cuando se invocan principios con fines instrumentales. El gusano está en otra parte y afecta a los dos partidos mayoritarios. Veamos.

Según la prensa, la diputada del PP Villalobos pide libertad de voto, o sea, poder votar en conciencia. Hermosas palabras, gratas a los oídos de cualquier espíritu libre. Pero ambiguas y hasta quizá aviesas. Tanto la petición socialista de romper la disciplina de voto como la de poder votar libremente tienen trampa. No hay que pedir la ruptura de la disciplina. No hay que pedir libertad de voto. Hay que pedir voto secreto.

Solo el voto secreto es libre. Solo él rompe la disciplina de voto y, de admitirse, habría diputado@s del PP que votaran contra la ley, pero tambien l@s habría del PSOE que votarían a favor. Es forma de voto prevista en el reglamento del Congreso, si bien este lo excluye en los casos de "procedimiento legislativo."  Ahí está el gusano.

(La imagen es un dibujo de Jacques-Louis David, titulado El juramento del juego de la pelota, de 1791, en el Musée National du Château, Versailles)

viernes, 3 de enero de 2014

Defensa frente a la Ley contra las mujeres.


Sobre el aborto está ya todo dicho. Seguir machacando los argumentos carece de sentido, vista la nula voluntad de escuchar del ministro, dispuesto a imponer sus convicciones personales (así calificadas por él mismo) como ley de obligado cumplimiento para todos los demás. Ese firme propósito de proceder al trágala nacionalcatólico se reafirma cuando el mismo ministro asegura que el texto no se modificará en la tramitación parlamentaria. En otros términos, el Parlamento está para aplaudir al ministro y para nada más. Es exactamente la idea que tenía Franco de las Cortes. Si gobernar consiste en convertir en ley las convicciones personales del ministro por decisión exclusiva del mismo ministro podíamos ahorrarnos los salarios, pluses, complementos y otras bicocas de los diputados. Con la vuelta a la dictadura del adorado caudillo de su suegro bastaría.

Lo que demuestra un grado de alucinación rayano en la demencia es el intento del ministro de colocar su ley contra las mujeres como un hito en el camino de estas hacia la emancipación. Sublime asimismo el de degradar a las mujeres a seres no responsables de sus actos y presentarlo como una conquista. Semejante majadería solo puede entenderse en el supuesto de que este genio legiferante crea que los españoles somos todos imbéciles incurables. Convertir a mujeres adultas, responsables de sus actos, sin distinción, en víctimas y coronar la operación declarándolas penalmente irresponsables solo es posible si uno es un fascista sin fisuras y, además, un imbécil integral.
 
Detrás del ministro está la jerarquía eclesiástica, especialmente ese Rouco Varela, otro fascista esta vez purpurado, y todo el aparato de la derecha española eterna, la de los cortijos, los señoritos, los toros, las caenas, la sumisión, el nacionalcatolicismo, la chulería, la ignorancia, la zafiedad, el machismo, el militarismo, la picaresca, el centralismo, el abuso, la mentira, en fin, la España eterna. La de siempre.
 
O las mujeres -en cuya contra va dirigida esta ley- se defienden, o se verán arrastradas a la condición de ciudadanas de segunda, perseguidas, de nuevo sometidas. Y, con ellas, todos los hombres que sabemos que la justicia y la libertad solo son posibles si las mujeres son libres.
 
Con todos mis respetos a la urgencia y necesidad de las demás reivindicaciones democráticas y populares frente a este gobierno de mangantes, corruptos y fachas, las plataformas antidesahucios, las distintas mareas, la defensa de la justicia, de las pensiones, de los salarios, etc., considero que la lucha contra esta monstruosidad de ley tiene absoluta prioridad: nos afecta a todos y lo hace en aquello que es innegociable: nuestra dignidad y nuestra autonomía como individuos. Eso quiere decir que la lucha debe estar dirigida a que este hipócrita monaguillo de los curas retire el proyecto y, a ser posible, se vaya a su casa.
 
Dadas las circunstancias en España, con un gobierno pertrechado hasta los dientes con policías convertidos en mercenarios, con un aparato de propaganda incondicional -también pagado con los dineros de todos-, corrupto, sin escrúpulos, me parece que la correlación de fuerzas no nos es favorable.
 
Por ello sugiero internacionalizar, cuando menos europeizar el conflicto. Denunciar este atropello clerical y fascista en todos los rincones de Europa y pedir a todas las feministas del continente que monten campañas de información para hacer fracasar este ataque.
 
Ignoro si existe una internacional feminista. Me parece que no. Sería una ocasión óptima para intentar crear una. Podría convocarse una conferencia urgente de organizaciones feministas europeas en contra de esta ley feminicida.
 
Si la teoría no ilumina la práctica, no sirve de nada.
 
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

lunes, 30 de diciembre de 2013

La vanguardia del siglo XXI.


Ahí, dice el ministro de Justicia,estará España una vez entre en vigor esa ley contra las mujeres que ha perpetrado bajo la esclarecida guía de Rouco Varela quien, por cierto, es medio bolchevique, pues admite el crimen del aborto en los casos de violación. En la vanguardia del siglo XXI, nada menos, muy por delante de la mayoría de los países europeos aún en un estadio de barbarie precristiana, pendientes de reevangelización.

La vanguardia del siglo XXI tiene un extraño parecido con la del siglo XIX, y el XVIII, y el XVII y así hasta el IV, fecha del Edicto de Milán. El espectáculo montado por ese genio de la puesta en escena de masas, ese Cecil B. de Mille teologal, ese mago de los efectos especiales espirituales, esa lumbrera de la comunicación divina, Rouco Varela, ha sido una apoteosis nacionalcatólica. Junto a la banderaza que Aznar copió a los mexicanos de la plaza del Zócalo, el arzobispo ha instalado una cruz gigantesca, para simbolizar el binomio de la raza: la cruz y la espada. España quiere ser de nuevo la cruzada contra los flagelos de la época, el relativismo, el hedonismo, la homosexualidad, el separatismo, y el anticlericalismo trasnochado.  Y así amanece un nuevo día en Europa, invocado por este hechicero y sus adláteres.

La vanguardia del siglo XXI lleva mitra. Pero no suelte el lector la carcajada. Espere. ¿Acaso no hay en el país sectores que conserven no ya el sentido laico de la existencia colectiva sino simplemente el del ridículo? Alguien habrá para observar que estas ceremonias ostentosas, casi tribales, de una confesión religiosa, debieran celebrarse en lugares privados, no públicos. Por ejemplo, en una plaza de toros, en donde también cabe mucha gente y, además, se siente la presencia del patrimonio espiritual español, el de las corridas. Se alquila la monumental de Las Ventas y así no se interrumpe la circulación urbana ni se da la murga a los vecinos.

Tiene que haber alguien capaz de razonar de esta forma, ¿O no? ¿Qué me dicen de ese alcalde de Trebujena, provincia de Cádiz, militante de IU y del Partido Comunista de Andalucía, nada menos? El hombre, muy atento al sentir de los vecinos se suma al cura del lugar y al teniente general de la Guardia Civil para imponer a la Virgen de Palomares Coronada el fajín de general de la Guardia Civil Tal cual. En la plaza de Colón, bandera y cruz de la mano de la derecha; en Trebujena, fajín y virgen de la mano de la izquierda. Y siempre espada y cruz. Mientras este alcalde comunista se entera de que pertenece a la vanguardia del siglo XXI y no a la del proletariado, como él creía, en lugar de leer a Marx y a Lenin, debe sumergirse en las novelas de Giovanni Guareschi, las del ciclo de don Camillo, un cura italiano de la postguerra, muy de derechas, cabezota, pero bondadoso, en lucha perpetua con el alcalde comunista Peppone, muy de izquierdas, más bruto que un arado pero que manda a su hijo a la catequesis, porque, en el fondo, don Camillo se lleva siempre el gato al agua. A ver si aprende el de Trebujena y deja de hacer el ridículo.

¡Vanguardia del siglo XXI! Este ministro se ha deconstruido a sí mismo sin darse cuenta. Ya no es aquel adalid de la síntesis entre conservadurismo y progresismo; el que encandilaba a los auditorios exquisitos, centristas votantes del PSOE que anhelaban una razón para votar al PP; el que repartía la píldora postcoital a cuenta del Ayuntamiento; el que toleraba y alentaba manifestaciones culturales libres. Se ha caído a pedazos, deconstruido por él mismo y, en su lugar ha aparecido este extraño ser, especie de autómata inquietante de historia de Hoffmann. La iglesia, me consta, equipara esta repentina conversión del ministro a la caída paulina del caballo camino de Damasco. Viene a ser lo mismo. El apóstol de los gentiles es otro autómata, un ser dirigido desde fuera, heterodirigido.

Así, el autómata Gallardón, dirigido desde la jerarquía católica, toma medidas autoritarias, represivas, injustas, arbitrarias y contrarias a los derechos de las personas, especialmente las mujeres por las que siente particular inquina, como buen devoto. Pero las explica con un lenguaje de progresista, de izquierda, que suena como un gori gori de misa de difuntos. ¿Desde cuándo es aficionado el conservadurismo a las vanguardias? Eso es cosa de artistas y/o revolucionarios. No de gente de orden, hombre por Dios. Lo nuestro, en todo caso, será la retaguardia, en donde solemos estar haciendo negocios. Por eso la usa tan mal y habla de "vanguardia del siglo XXI" Vanguardia ¿de qué? ¿De negación de derechos?

"No, no", clama el autómata, "al contrario". En la entrevista que se ha autoconcedido en La Razón, sostiene que su ley es de protección de los derechos del concebido y de las mujeres. ¿Y de las mujeres? Como suena: de las mujeres. ¡Pero si no se les permite decidir por su cuenta sobre su vida misma! Es que las mujeres de verdad, la mujer-mujer del señor Aznar-Aznar, no pretenden decidir sobre su vida. Para eso ya está el marido y, subsidiariamente, el cura, la policía, el juez y el carcelero. Pero es que quizá no todas las mujeres quieran o puedan ser mujer-mujer. ¿Y qué? Ya decimos que para eso están la policía, el juez y el carcelero. Descarriadas y furcias las habrá siempre.

"Así que", concluye el autómata, "esta ley es de la que me siento más orgulloso porque es la ley más progresista de este gobierno". ¿Lo ven? Puro autómata. En este gobierno nadie se da de tortas por parecer progresista. En fin, el autómata tiene un problema de crédito (como su presidente) pues lo que hace sí se da de tortas con lo que dice y lo que dice suena como las hueras amenazas del Mago de Oz. Claro que, si insiste, a lo mejor consigue convencer de nuevo a los genios a quienes encandiló la performance del Gallardón progre, el nieto de Albéniz, el amante de las Variaciones Goldberg, el alma sensible que quería estar en la vanguardia del siglo y se ha quedado en sórdido brazo secular ejecutor de los designios de la Inquisición.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Mi última pastoral.

Sí, hermanos, os esperamos hoy a todos en la eucaristía de la Plaza de Colón, en la misa de las familias. Me dicen hay medio millón de almas en camino, procedentes de todos los puntos de España. Y yo os bendigo y os digo: ¡sois la legión cristiana! ¡Los reevangelizadores del país! ¡Los apóstoles del retorno de España a su prístino ser nacional, la Iglesia católica, apostólica y romana! Mi corazón se conmueve. Ya puedo retirarme a una vida contemplativa, más acorde con mi ser.

Efectivamente, el sucesor de San Pedro, nuestro amantísimo padre Francisco, ha tenido a bien jubilarme, dando satisfacción a mis repetidas rogativas de nunc dimittis, Domine. Otro cualquiera quizá hubiese pedido más tiempo para llevar a cabo su labor. La mía está hecha, viéndoos hoy venir a cientos de miles, a recibir el espaldarazo de la misión divina.

El momento no puede ser más propicio. Como si quisiera hacerme un regalo de despedida, mi amado hijo, José María Ruiz-Gallardón, ha presentado ya el proyecto de ley de protección de los derechos del concebido. Nada podía serme más grato. Por fin se han escuchado nuestras plegarias y el poderoso brazo de la justicia secular ampara las inocentes vidas de los concebidos en cualesquiera circunstancias. Solo empaña el gozo que se tolere el aborto en los casos de violación, como si el hecho de que la madre sufriera un agravio fuera responsabilidad de esa alma inocente que lleva en su pecador seno.

No obstante, es un comienzo glorioso para la recuperación de esta sociedad materialista y consumista, solo dedicada al disfrute y el relativismo de los valores. Hoy acudís, amadísima grey, a participar en la comunión de los cristianos en pro de la familia y mañana saldréis a cumplir vuestra misión de llevar este mensaje a todos los rincones de España.

Familia solo hay una y solo puede haber una, la instituida por Dios como la unión de un hombre y una mujer con fines no concupiscentes sino reproductivos. Ella, sumisa; él, dispuesto a dar la vida por ella. Así camina la familia a los ojos del Señor. No os dejeís engañar por falsas tolerancias que son artimañas del maligno. Las demás uniones son contra natura, pecado, y deben volver a ser delito. Porque, por su mera existencia, atentan contra la familia de verdad.

El matrimonio homosexual no es matrimonio a los ojos de la Iglesia. Además, la homosexualidad quizá no sea una prueba de posesión demoniaca o una muestra de degeneración, pero sí de un comportamiento desviado que puede tener cura si se apela a la fe con la fuerza suficiente. Y, por supuesto, a menor homosexualidad, menor riesgo de pederastia, ese nefando crimen consistente en abusar de la inocencia de unos pequeñuelos que Cristo siempre quiso que se le acercaran.

Y, por supuesto, queridos hermanos, portad la espada flamígera de San Miguel en contra de todo atisbo de aborto. España vuelve a ser tierra de refugio para las hipotéticas víctimas de esa forma moderna de genocidio de la interrupción del embarazo. El ministro de Justicia, el hermano Ruiz-Gallardón, a quien esperamos ver hoy en la Santa Misa, dice que su ley es la más progresista del gobierno, que nos pone en vanguardia del siglo XXI. Desde luego, es una ley tan a favor de la persona que protege sus derechos incluso antes de serlo.

No os dejéis engañar por los sofismas del adversario, cuyo solo interés es la condenación de las almas. Vendrán a hablaros de los derechos de las mujeres, en especial del de la libre disposición del propio cuerpo. ¡El derecho a eliminar otra vida, concebida por decisión libre de la madre! ¡El derecho de borrar a capricho las consecuencias de nuestros actos! No existe ese derecho y, de existir, cedería ante el superior del inocente por nacer . Una vez concebida la nueva vida, el cuerpo de la mujer ya no le pertenece sino que pertenece por entero al concebido y, subsidiariamente a quienes lo representan, la Iglesia y los poderes públicos cuando están regidos por principios católicos como sucede con el Estado español que dice no profesar religión alguna, pero es fiel hijo de la Iglesia. La maternidad es un acto trascendental. Los derechos de las mujeres no lo alcanzan. Y sobre eso de los derechos de las mujeres habría mucho que hablar, pero no es el momento.

También os atacarán en vuestra fe por el lado práctico, el material, el de los hechos y no los principios. Os dirán que la ley no frenará los abortos. Unas -quienes puedan permitírselo- irán a abortar a Inglaterra o Francia y otras habrán de hacerlo en condiciones de ilegalidad y clandestinidad y, dicen, riesgo de muerte. Es posible, aunque las cifras están por ver. En todo caso, posible y muy lamentable; pero menos que aceptar que el mal se generalice y corrompa la sociedad. Recuérdese que, cuando la colectividad está corrupta por entero, Dios no se molesta en hacer leyes, sino que la destruye por el fuego, como hizo con Sodoma y Gomorra. Allí tambén había promiscuidad, homosexualidad, sodomía, prostitución y muchos abortos. Y su destino fue terrible.

La imagen es una ilustración de Frantisek Kupka titulada El dinero, para la revista satírica anarquista francesa L'assiette au beurre, de dos de noviembre de 1901.

viernes, 27 de diciembre de 2013

La mendacidad de los corruptos.


El leader más incompetente de Europa, según feliz definición del eurodiputado británico Nigel Farage, el dirigente más mendaz, falso, desacreditado y tramposo del continente comparece ante los medios y porque no le queda otro recurso. Si por él fuera, reduciría los medios a uno solo y fiel a su dictado, como hacia su modelo e inspirador ideológico, Franco. Eso ya no es posible (al menos de momento) y, al no haber otra salida, acepta la rueda de prensa pero solo para colocar la acostumbrada sarta de mentiras, responder -si le place- las preguntas cómodas e ignorar la otras con su característica chulería de cacique de provincias, su verdadera naturaleza. Los periodistas y, a través de ellos, los ciudadanos, experimentan la impotencia de quien es ignorado, burlado en sus derechos por un individuo sin autoridad, dignidad, ni categoría, sospechoso de corrupción, amparador y cómplice de corruptos y hasta delincuentes, embustero, cínico e inmoral; un individuo al que sus lacayos en la prensa celebran con alharacas y que se vale de una autoridad ilegítimamente conseguida para violar todas las normas de la moral pública.

El balance del jefe de esta asociación de presuntos mangantes que se hace pasar por partido político por lo de las subvenciones, corona un año de arbitrariedades, latrocinios, mendacidades, ridículos, estulticias y abusos con una intervención que podrá pasar a los anales de la de indecencia discursiva de no ser porque es igual a todas las suyas.

El año 2014, dice el mendaz, será el de la recuperación. Dicho 24 horas después de que el gobierno "congele" el salario mínimo en 645 euros mensuales. Otra mentira de estos embusteros empedernidos porque no es una congelación sino una bajada o reducción, ya que si el dicho salario se mantiene pero todos los precios suben (transportes, luz, etc), no es una congelación sino una bajada, una reducción, un recorte, otro latrocinio de quienes permiten que los banqueros supuestamente delincuentes se lo lleven crudo.

El PP, prosigue el mendaz, seguirá "colaborando con la justicia". Eso cuando la policía ha entrado a registrar la sede central por orden del juez. No se le ocurre -o se le ocurre, pero no lo dice- que lo lógico cuando la policía registra la sede de tu partido en busca de pruebas de tus fechorías es dimitir y convocar nuevas elecciones. Ni hablar, añade el mendaz, continuaremos colaborando con la justicia como hemos hecho hasta ahora: destruyendo discos duros, suprimiendo registros de entrada, borrando los correos de los imputados, o sea, ocultando pruebas. Seguiremos colaborando con la justicia obstruyéndola, amenazando y persiguiendo a los jueces independientes.

La ley Rouco/Gallardón contra las mujeres que el untoso ministro de Justicia ha bautizado con un nombre tan falso como cursi (fiel trasunto de su personalidad) es, dice el embustero compulsivo, "equilibrada". Una expresión cuya estolidez pretende señalar que la ley no suprime todos los derechos de las mujeres sino solamente los que molestan a los curas y su monaguillo Gallardón.

El mendaz compareciente corona su sarta de engaños y embustes asegurando que él esta siempre dispuesto al diálogo excepto sobre aquello sobre lo que no le da la gana. Y eso es lo más infumable de esta historia: que a la mendacidad del sujeto se una siempre la arrogancia, la prepotencia, la chulería de quien, en el fondo, no se considera representante o delegado de los ciudadanos sino su amo y señor.

Solo hay otro pájaro en esta manga de presuntos mangantes empeñados en hablar de política cuando lo suyo es el trinque, que se iguale al primer mendaz: el engreído que ha perpetrado ese proyecto de ley contra las mujeres. Dice este necio con ínfulas de intelectual que él tendría un niño con graves malformaciones por convicción personal. Es tan estúpido, tan fascista y totalitario, que no le parece repugnante imponer por ley a los demás sus convicciones personales. Tenga usted todos los hijos que quiera y como quiera pero, ¿de dónde saca que tiene derecho a obligar a los demás a hacer lo que usted hace por "convicción personal"? ¿No ve que eso es de bárbaros? Bueno no solamente este bárbaro no se considera bárbaro sino que mostrando la raíz misma de su muy justificado complejo de inferioridad, sostiene que su bárbara ley feminicida acaba con la "superioridad moral de la izquierda". Esta pandilla de mangantes lleva casi quince años acabando con la "superioridad moral de la izquierda". Empezó hace decenio y medio Esperanza Aguirre y en ello siguen con lo que demuestran ser en esto tan buenos como en todo lo demás.

¿Merece respeto este mendaz y la banda de presuntos que encabeza? No, en absoluto, en la medida en que un presidente de un gobierno supuestamente corrupto y tan supuestamente corrupto como ese mismo gobierno, comparece ante la prensa a mentir descaradamente a toda la ciudadanía -como ya lo hizo en el parlamento- y a despreciarla con altanería y soberbia cuando ni siquiera se digna contestar las preguntas que le hacen los periodistas y que son las que le plantean los ciudadanos. ¿Respeto un embustero patológico, presunto cogedor de sobres en negro, amigo de delincuentes, amparador de corruptos que lleva dos años escurriendo el bulto por los pasillos, ocultándose de la prensa, falseando las comparecencias, mintiendo en sede parlamentaria, censurando, engañando y abusando de la autoridad que detenta? Ninguno.

Y él lo sabe de sobra. Por eso ha encomendado a ese amigo suyo, sectario del Opus, neurótico del orden público con fantasías de omnipotencia infantil, una ley mordaza monstruosa para reprimir a la población cuando sus embustes y mendacidades provoquen indignación y protestas. En contra de lo que dice Milton, la mentira se impondrá siempre a la verdad a base de abrir la cabeza a la gente a palos.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Más europeos contra el fascismo del gobierno español.

No es solamente la ministra francesa de Derechos de la mujer, al fin y al cabo, socialista, de origen árabe y ¡mujer! la que protesta por ese proyecto de ley contra las mujeres que acaba de perpetrar el monaguillo Gallardón por orden de los curas, que son quienes mandan en España. También el viejo, respetado y muy influyente "The Times" británico critica con dureza ese engendro nacionalcatólico en un editorial titulado "abuso de poder".

Como los fascistas del gobierno ignoran el inglés (entre otras muchas cosas), Palinuro les traduce dos párrafos (uno al comienzo y otro al final) del editorial en cuestión al tiempo que se felicita por esta nítida posición de dos grandes países de esa avanzada Europa de la que estos carcundas cada vez nos alejan más. Ojalá Europa entera alce su voz en contra de este gobierno franquista. Es una esperanza de los demócratas españoles.

"El proyecto solo lo apoya una pequeña minoría. Rompe un principio de política democrática al substituir el juicio privado de los ciudadanos individuales por las órdenes del Estado. Socava el pluralismo, restringe la libertad, hace retroceder a las mujeres en la sociedad española, daña la vida de familia e inflige daños psíquicos y físicos a las mujeres que a veces se encuentran en situaciones desesperadas. Es una mala ley que tendrá consecuencias previsibles lamentable".

El último párrafo:

"Meter del derecho penal en los asuntos de la salud de la mujer y la reflexión en conciencia es un abuso de poder del gobierno. Un gobierno constitucional no invade zonas de juicio personal que la mayoría de los ciudadanos considera que pertenece al ámbito de la familia. La ingeniería social es propia de los gobiernos autocráticos. Los amigos y aliados de España deben pedir al señor Rajoy que se lo piense dos veces".

Si yo fuera ministro de Justicia y un periódico tan serio y conservador (o, sea, de mi partido) publicara un editorial de ese calibre sobre una ley mía, se me caería la cara de vergüenza. Pero yo no soy ministro de Justicia y el ministro de Justicia "conservador" español, como todos los nacionalcatólicos fascistas, carece de vergüenza. Los señores de "The Times" no saben de quién están hablando: auténticos truhanes sin principios ni dignidad, al servicio de los curas.

Una ley retrógrada y misógina. O sea, española.

A algunos patriotas de la banda de presuntos la carta de la ministra francesa de Derechos de las mujeres (ya quisiéramos en España un ministerio así) les parecerá una injerencia inaceptable. Muchos otros -no menos patriotas que esos bocazas- estamos muy agradecidos. Se comprueba de nuevo que la única garantía de la democracia y las libertades en España frente al nunca desaparecido y hoy reavivado nacionalcatolicismo fascista es Europa. Y un poco más, incluso. Si queremos tomarnos en serio a nosotros mismos tenemos que ir suprimiendo ya esa excusa de los "asuntos internos" de cada Estado. En una Europa vía a la unión política no puede haber "asuntos internos", sobre todo cuando se trata de ataques de los gobiernos contra sus poblaciones, como el que lleva dos años perpetrando el del PP, escudándose en una mayoría absoluta que obtuvo con engaños e ilegalidades ahora bajo escrutinio de los tribunales. Al extremo de que la policía judicial ha registrado la sede del partido del gobierno como si fuera una cueva de ladrones. Y no muy lejos se halla.

Al margen de las medidas de política económica injustas, que se ensañan con los más débiles y amparan y privilegian a los más ricos, la labor legislativa del gobierno hasta la fecha está inspirada en un propósito tan antipopular y liberticida que parece como si se dictara para un pueblo conquistado por la fuerza de las armas y al que fuera necesario sojuzgar, reprimir y, si se tercia, aniquilar. Por si la ley liquidadora de la enseñanza pública del monaguillo Wert y la ley mordaza de palo y tentetieso del sectario santurrón Fernández Díaz fueran poco, el otro chupacirios del gobierno, Gallardón, acaba de presentar un proyecto de ley en contra de las mujeres que entronca a la perfección con lo más inicuo, lo más oscurantista, misógino y bestial de la tradición española. Una ley bestialmente española.

Ha faltado tiempo al principal representante de la superstición nacionalcatólica, Rouco,  para relamerse de gusto en los medios en defensa de este proyecto feminicida que las sumisas cipayas del PP aplauden a rabiar. A este respecto, tiene interés la carta abierta que Elena Valenciano ha dirigido a las diputadas del PP pidiéndoles que no voten el proyecto de su partido. Tengo curiosidad por saber qué saldrá de la iniciativa y cuantas mujeres del PP tendrán el coraje y la dignidad de votar contra un proyecto de ley que las degrada a la condición de máquinas de parir y sin derechos. No prejuzgo. Veremos. Es como un experimento para ver si hay diferencia entre lo que se llamaba el "socialismo científico" y el "utópico".

A estas alturas, ese impresentable proyecto de ley está más que visto y destinado al cubo de la basura en cuanto en España vuelva a haber un gobierno democrático, respetuoso con los ciudadanos. Como la ley contra la educación pública y la ley mordaza. Toda esa basura, a la basura. Además del carácter reaccionario e inhumano del proyecto de ley contra las mujeres, Palinuro ya ha puesto de relieve sus dos falacias más llamativas que este repelente niño Vicente pretendía colar al modo jesuítico: la legalidad del aborto para los casos de violación y la consideración de la mujer siempre como "víctima", esto es, como irresponsable penal. Declarar irresponsables de sus actos a las mujeres y sostener que eso es un avance no solo demuestra estulticia y cinismo sino también -y especialmente- la degradación moral de unas mujeres capaces de aplaudir este insulto a su dignidad, su particular vivan las caenas.

Hace muy bien la ministra francesa criticando el atentado. Europa no puede permitir que el gobierno de la derecha siga legislando a la española gracias a los oficios de quien se las da de comprensivo y no es sino un zote cegado por todos los fanatismos que ya señalaba Francis Bacon en el siglo XVII al enumerar los "ídolos" que obnubilan el juicio de los seres humanos. Este proyecto, contrario al sentir mayoritario de la población española -incluidos los votantes del PP- y que solo satisface a la iglesia, empeñada en sentar cátedra discursiva sobre lo que ignora y/u odia, los incorpora todos:
  • Ídolos de la tribu. Los habituales en todo ser humano, especialmente agudos en el caso de los de inspiración fascista, como es el caso de este ministro, capaz de renovar un marquesado de Queipo de Llano, otorgado en primer lugar a un militar faccioso y delincuente que animaba a sus tropas por radio a violar a las mujeres de los milicianos. Palinuro lo señaló hace unos días y lo repite ahora: ¿cómo se atreve alguien que premia la violación de mujeres a legislar nada sobre ellas?
  • Ídolos de la caverna. Las convicciones nacionalcatólicas del sujeto, que lo llevan a creer -o hacer como si creyera- que sus fantasías son la realidad más acrisolada para el resto de los seres humanos. Y, si no actúan en consecuencia, se les encarcela.
  • Ídolos del foro. Su frecuente trato y comercio con los clérigos y otras criaturas deficitarias en condición humana lo llevan a suponer (o, de nuevo, hacer como como si lo supusiera) que el significado de las palabras, respeto, libertad, emancipación, solo puede ser el que él les da, normalmente retorcido.
  • Ídolos del teatro. Los nacionalcatólicos, herederos del espíritu de Trento, escenifican esa idea de España y lo español a la que ya queda poco para destruir lo que resta de esta nación, otrora grande. Porque ese catolicismo burro -que los curas al estilo Rouco identifican con el ser nacional español- es el principal responsable de que, como cada vez es más manifiesto, España sea un Estado fallido. Un Estado que camina hacia su desintegración porque la casta dominante sigue obstinada en imponer a la fuerza sus convicciones de secta al conjunto de la población. O sea, es incapaz de entender que una sociedad moderna y abierta implica pluralismo de valores en feliz expresión de sir Isaiah Berlin hace cien años pero que aún no ha llegado a estas feroces tierras.

Dice mi pareja con toda razón que, en este asunto de los asuntos internos hay consecuencias prácticas, de influencia inmediata sobre la vida de las gentes. Si yo soy una ciudadana francesa y, en uso de los derechos que me conceden los tratados europeos y la libertad de residencia en los países de Schengen, decido trasladarme a España (por ejemplo, una estudiante Erasmus) solo puedo hacerlo aceptando una pérdida de derechos, admitiendo que se me trate como una ciudadana de segunda y que se me obligue a ir adelante con un embarazo no deseado. No, no hay "asuntos internos" en materia de derechos de los ciudadanos. Europa no puede tolerar que los franquistas españoles legislen contra la gente de su país porque la gente de su país es ya la de los otros.