Mostrando entradas con la etiqueta Alemania.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alemania.. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de enero de 2016

Europa y el ascenso de Alemania

Matthias von Hellfeld (2015) Das lange 19. Jahrhundert. Zwischen Revolution und Krieg 1776 bis 1914Bonn: J. H. W. Dietz Nachf. (285 págs).
_________________________

De vez en cuando conviene dar un repaso a la historia para mejorar nuestro conocimiento del presente. Así se sigue de la inteligente observación de Karl Marx sobre el presente histórico. Somos el resultado de la acumulación de aciertos y errores de nuestros antepasados y nuestra época, al igual que las demás, hunde sus raíces en los siglos anteriores. Asimismo conviene refrescar nuestras ideas al respecto pues la historiografía es una ciencia y, como todas las ciencias, no se está quieta, sino que avanza, cambia de perspectivas, acumula nuevos hallazgos y nos obliga a rehacer nuestras convicciones. La obra en comentario de Matthias von Hellfeld, obra de un competente historiador con vision periodística, cumple estos requisitos y nos aporta una visión renovada del siglo XIX europeo, concebido como una unidad.

Una unidad... europea. El mundo, apenas cuenta más que como comparsa u objeto de colonialismo y explotación. Y, dentro de Europa... Alemania. El resto del continente aparece, sí, algo más, pero tampoco mucho y siempre en sus relaciones con Alemania. En realidad, la obra, muy interesante, desde luego, es una historia de Alemania en el siglo XIX. Pero como Alemania en el siglo XIX no existía como Estado unitario sino que estaba troceada entre las dos grandes unidades de Prusia y Austria y un par de centenares de pequeños entes políticos de todo tipo, las abigarradas relaciones de ese mundo germánico, verdadero corazón de Europa, con sus vecinos más característicos, Francia, Inglaterra, Rusia, Italia y, algo más lejos, Turquía, opera como una historia del continente con una clara delimitación de los términos a quo  (la revolución francesa) y ad quem  (la primera guerra mundial) y una conclusión territorial dolorosa para los españoles: en todo ese tiempo, España está ausente de Europa, no existe, nadie la tiene en cuenta sino es como un territorio con el que las potencias juegan en sus relaciones.

Von Hellfeld entiende el siglo XIX como época de sentido, caracterizada por la aparición de los derechos fundamentales universales, la separación de la iglesia y el Estado, el gobierno constitucional, y la primacía del individuo frente al Estado. Sus dos elementos esenciales fueron la industrializacion y la formación de Estados nacionales. Y el siglo fue un siglo liberal (p. 13). Coincido con el juicio, que es una buena síntesis..

El rasgo esencial, el detonante de esta evolución fue la Revolución francesa. Como buen europeo, Hellfeld reconoce que esta vino importada de los EEUU, pero se olvida pronto de este pecadillo de juventud. Le interesan sus efectos en toda Europa.  El terror. El Imperio. El fin del Sacro Imperio Romano Germánico de la nación alemana. De la revolución vienen las reformas de Prusia con Federico Guillermo III a iniciativa de los ilustrados Heinrich von Stein y August von Hardenberg: ejército popular permanente (frente a soldados pagos); supresión del Estado estamental y la servidumbre; administración estatal; reforma de la justicia; emancipación de los judíos, libre comercio y gobierno de gabinete (p. 43). Derrotada por Francia, la influencia francesa, unida a la Leistungsfähigkeit germánica, haría de Prusia una potencia. En la lucha contra Napoleón surgieron los nacionalismos europeos. Johann Gottlieb Fichte, en su Discurso a la nación alemana (p. 47), es ejemplo señero de ello.

El Congreso de Viena y la restauración de 1815 echan el péndulo hacia la derecha. Inglaterra, Francia, Rusia, Austria, Prusia son el quinteto encargado de restaurar el viejo orden de alianza del trono y el altar. Es significativo que Francia, derrotada definitivamente en Waterloo, se siente en la mesa de los vencedores con Talleyrand (p. 54), mientras que España, una de las vencedoras, no está en Viena, aunque sí padecerá luego sus  consecuencias, con los 100.000 hijos de San Luis. Hellfeld considera con tino que, después de la paz de Westfalia (1648), Viena fue la segunda conferencia de seguridad en Europa (p. 57). Insisto, con España fuera. Allí se creó la Federación Alemana (Der deutsche Bund) junto a Prusia y Austria, para poner algún concierto en el abigarrado mundo de la Deutschtum. El orden en Europa no lo decidirían los Estados ni las naciones, sino los tronos y las coronas (p. 59). De Viena sale como punta de lanza de la reacción la Santa Alianza (Rusia, Prusia, Austria, Francia), de la que la liberal Inglaterra se mantiene avisadamente al margen (p. 64). Primeros vagidos del nacionalismo alemán (que luego tendrá tan mala fama): la  reunión de Burschenschaften (esto es, asociaciones de estudiantes) en 1817 en Karlsbad en recuerdo de 300 aniversario de Martin Luther, padre de la patria alemana, y la consolidación de los colores nacionales:  negro-rojo-oro (p. 68).

La época de la restauración es el reinado del orden conservador: la esfera pública alemana reprimida y retirada a la intimidad que caracteriza el famoso estilo artístico Biedermeier  (p. 73). El centro de la vida es ahora la familia. Una de sus más felices consecuencias será la fundación del primer Kindergarten en 1841 (p. 78). En paralelo al Biedermeier, el romanticismo que Hellfeld, con escasa originalidad, pero correctamente, simboliza en la búsqueda de la "flor azul"  en el Heinrich von Ofterdingen del gran Novalis (p. 80).

En el orden material, pobreza e industrialización en típica relación causal de la época de la acumulación de capital. La mayor parte del siglo ve una epidemia de pobreza y emigración. La vida en las ciudades se compone de slums, miseria, trabajo femenino e infantil, jornadas interminables y salarios de hambre. Es la pauta de la industrialización europea. Su elemento simbólico, los ferrocarriles. Inglaterra : 1840 (1.348 km de trazado) y 1880 (29.000 kms). Alemania : 1840 (549 kms), 1880 (34.000 kms) (p. 97). Un desarrollo explosivo en todas ramas de la industria, empezando por la textil.  En 1834 se funda la  Zollverein alemana (p. 100) que, en el fondo, es el primer intento de unificación nacional. Conjuntamente con el desarrollo industrial y comercial y la acumulación de capital, como su antítesis, la organización del movimiento obrero en el que son decisivas dos figuras alemanas,  Marx y Engels.

En el ámbito ideológico, el siglo XIX es el del nacionalismo y el liberalismo. Resulta interesante que en la citada fiesta de Karlsbad (Wartburg) (1817), los estudiantes quemaran varias docenas de libros "reaccionarios", entre ellos, el Code Napolèon (esto de quemar libros no es solo cosa de la Inquisición y los nazis) y redactaran un programa nacionalista, considerado el "primer programa de partido alemán" (Huber, 1991) (p. 109). Este tiempo fue el de surgimiento del sentimiento nacional alemán. Hellfeld profundiza con delectación teutónica en el desarrollo de ese espíritu germánico: Friedrich Carl von Moser redactó en 1765 un estudio según el cual los alemanes tenían "conciencia nacional" sin ser una nación (p. 112).  Como siempre, el nacionalismo se estimula con el enfrentamiento: a raíz del conflicto con Francia, cuando Thiers quiso anexionarse la orilla izquierda del Rin,  Max Schneckerburger escribe el famoso poema Die Wacht am Rhein, (1840) y Heinrich Hoffmann von Fallersleben, en visita a Helgoland (1841), la Lied der Deutschen, cuya 3ª estrofa (Deutschland, Deutschland über alles) es hoy parte del himno nacional (p. 120). Desde la revolución francesa de 1830 hasta la de 1848/49, en Alemania hay una agitación nacionalista permanente. Se suceden la fundación de La joven Alemania, el movimiento democrático, decenas de constituciones en los pequeños estados de la Federación alemana, hasta desembocar en el espíritu del Vormärz (p. 129). 

La revolución europea de 1848/49 pone fin al período de la restauración. Luego de la revolución de Viena de 1848, se convoca la Asamblea Nacional alemana de Frankfurt el 18 de mayo de 1848 (p. 138). Por primera vez se promulga una declaración de derechos fundamentales y se plantea la "cuestión alemana" (gran-pequeña Alemania) que atenazará al país hasta la guerra austro-prusiana de 1866. Por fin, el 3 de abril de 1849, más de 30 parlamentarios de Frankfurt viajaron a Berlín, a ofrecer la corona constitucional a Federico Guillermo IV (147). Este no la reconoció y la revolución acabó por represión, con muchos alemanes prisioneros o exiliados sobre todo en los EEUU (p. 152). Un desarrollo parecido al de España en 1814-1820-1823.

Llega el tiempo de la Nation-building, en Europa, del que, como siempre, España está ausente. Es la época de Otto von Bismarck. La guerra de Crimea rompe el equilibrio de Viena. La "nueva era" con la fundación de la Deutsche Nationalverein y el trabajo conjunto de Bismarck y Guillermo I (p. 160). El Deutsches Reich nacerá en tres sobresaltos: 1º) la cuestión del ducado de Schleswig-Holstein (30 octubre 1864) en que Prusia y Austria fueron juntas contra toda previsión y se quedaron con la posesión en administración común. 2º) Guerra austro-prusiana, terminada con la batalla de Königgratz, 3 de julio de 1866. Por primera vez se usó el ferrocarril para traslado de grandes cantidades de tropas (p. 164). De esa guerra salió la Liga de Alemania del Norte y el comienzo de la emancipación de Italia. El conde Camillo Cavour fundó el periódico Il Risorgimento, que dio nombre al movimiento, con el cual avanzó mucho la unidad de Italia gracias a la ayuda de Napoleón III (p. 168). Es imposible dejar de lamentar que en España no hubiera estadista alguno con la misma conciencia nacional que Cavour en Italia. 3º) Guerra franco-prusiana de 1870 a raíz del "telegrama de Ems". De nuevo aparece España en las relaciones entre las potencias europeas como una mera presa, un territorio sin voluntad propia con el que los Estados europeos juegan en sus juegos de poder. La guerra acaba con la victoria de Sedan en la que tiene enorme importancia el uso militar de la telegrafía y los ferrocarriles y la fundación del Imperio alemán en Versalles. La contrapartida para la historia será la Comuna de París de 1871 (p. 172), considerada por Marx como el primer gobierno obrero de la historia.

La política del siglo con sus partidos, movimientos y asociaciones es muy complicada. El mundo bismarckiano está muy bien expuesto. El ascenso de los católicos provoca la Kulturkampf, que lleva a la separación Iglesia-Estado, auspiciada por Bismarck. El resultado, el Zentrum, fue contraproducente a corto plazo, pues los diputados católicos en el Reichstag aumentaron, como sucedería luego con los socialistas, si bien el asunto no quitaba el sueño al Canciller de Hierro, dado que la cámara apenas tenía competencias. Pero es muy significativa y esencial en el proceso de construcción del Estado alemán la lucha de Bismarck y Pio Nono (el del Syllabus) (p. 183). El conservadurismo estilo Junckertum de Bismarck lo lleva a promulgar la ley contra los socialistas del 21 de octubre de 1878 (p. 186). Lo pintoresco es que de ahí vino asimismo la primera formulación del Estado povidencial en su forma de Obrigkeitstaat, pionero del Estado del bienestar, con la legislación social prusiana de 1883-1889, la más avanzada del mundo: invalidez, pensiones, enfermedad, pagadas por igual por empresarios y trabajadores (p. 188). En esta época se generaliza también en Alemania (en paralelo con la Inglaterra victoriana), el movimiento feminista: (la primera mujer doctora, Ricarda Huch, se graduó en 1896) (p. 193), el movimiento juvenil, la nueva pedagogía de la mano del pedagogo checo Johann Amos Comenius (p. 198) y, a primeros de siglo, con la recepción de la  influencia de Maria Montessori (p. 200). Al final de la era bismarckiana, Alemania es un Estado autoritario pero tan avanzado como Francia o Inglaterra. La comparación con España es deprimente.

Convertida en potencia europa, Alemania ejerce. Es la época del imperialismo y el reparto del África se decide en los dos congresos de Berlín (1º, 1778, 2º, 1884), así como el trabajoso tejer y destejer de las alianzas europeas (p. 208). Después  de 1888, el "año de los tres emperadores (Guillermo I, Federico III y Guillermo II), se produce el despido de Bismarck (p. 212) quien ve cómo el joven emperador revierte toda su delicada política exterior. Avanza la industrialización y el nacionalismo agresivo alemán. Alemania no solo quiere "un lugar al sol" como en tiempos del Canciller de Hierro, sino mucho más: quiere dominar Europa; quizá el mundo. La "Asociación Pangermánica", surge con el fin de crear el III Reich. Significativo del tiempo y lo que vendría después, este espíritu es el programa de los medios de comunicación. Uno de los fundadores de la Asociación Pangermánica, Alfred Hugenberg, un magnate de los medios al estilo de William R. Hearst en los EEUU, fue el vocero del expansionismo europeo y africano de Alemania (p. 219). La conciencia de la verspätete Nation se acuñaba en un espíritu imperialista y antisemita.

El milagro alemán llevaría al país a la rivalidad industrial y marítima con Inglaterra y, en definitiva, a la guerra. Todo el sistema de alianzas en Europa, la triple entente y las potencias centrales, apuntaban a la inevitabilidad del conflicto. Los antecedentes fueron la guerra de Crimea, ("primera guerra total") (237) y los conflictos de los balkanes. El Imperio alemán se basaba en un nacionalismo agresivo que había "germanizado" sus orígenes en una lucha nietzscheana entre la Kultur y la Zivilisation (p. 246). El resto, camino del desastre, fueron puras contengencias: el atentado de Sarajevo y la crisis de julio de 1914.

Un gran resumen de la historia europea del siglo XIX desde una perspectiva germánica. escrito con una distanciada empatía hacia el surgimiento de la Alemania contemporánea.

jueves, 30 de enero de 2014

La unidad o suspiros de la izquierda.

La democracia se mueve a base de elecciones, está en permanente campaña electoral. El año 2012, primero de la actual legislatura del PP, vio cuatro elecciones en cuatro comunidades especialmente relevantes: Andalucía, Cataluña, Galicia y el País Vasco. 2013 fue insólitamente átono en lo electoral pero 2014 trae las europeas y 2015 autonómicas, municipales y generales. Como estamos ya en campaña electoral, cabe decir que, para ciertos asuntos, la legislatura se ha terminado. Los movimientos en los partidos y en los medios así lo indican. Todo el mundo preparando las europeas y, pasadas estas, las siguientes.

La izquierda también. El PSOE está volcado pero solo a medias. Tiene pendiente su problema catalán y las primarias. Sigue siendo el partido con mayor intención de voto, diez puntos por delante de IU, la fuerza siguiente. De las otras posibles opciones de la izquierda solo hay conjeturas, pero no datos, al menos a escala estatal. Hablar de unidad de la izquierda e ignorar al PSOE no es una actitud tácticamente muy avispada, aunque se justifique por fidelidad a los principios si se consigue averiguar cuáles sean estos. El PSOE es una izquierda socialdemócrata de corte europeo. Como el SPD alemán, que forma coalición con la derecha en su país. ¿Lo veis? ¿Qué izquierda ni izquierda? Son lo mismo. Sí y no. La decisión del gobierno alemán de rebajar la edad de jubilación a los 63 años es un resultado concreto, práctico, beneficioso para los trabajadores, una transformación real, o sea, de izquierda. ¿O no? Es, además, una medida de extraordinario calado que deja a los demás europeos que han prolongado la edad de retiro con la retambufa a la intemperie. Lo menos que puede hacer Rajoy es telefonear a Merkel y preguntarle si ese beneficio es solo para los alemanes, por ser un Herrenvolk, o vale también para las tribus de la periferia.

Esté como esté, la UE es muy importante. Es de esperar que el PSOE haga una campaña hablando de Europa, para variar. Aunque muchos analistas tienen las elecciones europeas por una especie de romería de pueblo, la gente sabe que las decisiones importantes para nosotros se toman en Bruselas. Los sondeos delatan una falta de confianza e interés en Europa; pero puede deberse a la ausencia total de pedagogia de los partidos al respecto. Existe un Partido Socialista Europeo y el PSOE debe hacerlo valer y formular propuestas programáticas socialistas en el marco de la Unión, que para algo está.

IU y el resto de opciones de izquierda siguen presentando un panorama poco alentador. Es cierto que hay mucho debate, efervescencia y movimiento. Pero es muy fragmentario. Los intelectuales, más abundantes y visibles que en la derecha, tienen un discurso coincidente, casi un coro, en pro de la unidad con todo tipo de argumentos. Pero no es infrecuente que estén adscritos a opciones, plataformas, foros o grupos muy distintos, en complejas relaciones entre sí. Y a veces dan la impresión de que los obstáculos a la unidad anhelada son cuestiones personalistas. Por lo demás, nada desdeñables. Esta izquierda tiene una intención de voto moderada y las expectativas de cantidad de escaños son reducidas. Es muy difícil acomodar a tanto solicitante. 

Palinuro es tozudo. Lo ideal sería un programa mínimo común de la izquierda. Eso que la derecha pretende demonizar de inmediato llamándolo Frente Popular, en donde lo demoníaco debe ser lo de "frente" porque el partido de la derecha se llama "popular". ¿No suscribiría toda la izquierda (y hasta una parte del centro y el centro derecha) una rebaja de la edad de jubilación a la alemana? Y, como esa, perfectamente factible, cuatro o cinco más: salario mínimo a un nivel digno, garantía de servicios públicos de sanidad y educación, protección a los derechos de las mujeres, políticas activas de empleo y lucha contra el paro, especialmente el juvenil,  y blindaje de las pensiones. 

Ese es un programa de mínimos que la izquierda toda podría suscribir con independencia de quién vaya en las listas. Al margen de ello, que cada cual pida después lo que quiera. Esto es lo mínimo pero, como están las cosas, parece un máximo.

(La imagen es una foto de Izquierda Unida, con licencia Creative Commons).

lunes, 23 de septiembre de 2013

Frau Eisenmerkel.


Angela Merkel, triunfadora indiscutible de las elecciones, primera presidenta de gobierno que sobrevive a una votación hace ya años en Europa, desde que comenzó la crisis. Y no solo sobrevive sino que, con 41,5% del voto, supera en 7,7 puntos el que logró en 2009, a su vez el peor para la CDU/CSU desde 1949. De lo hondo, a la cúspide. Mayoría indiscutible con 296 diputados. Pero no mayoría absoluta (300). Los socios liberales de FDP han sucumbido a la cuchilla del 5% por primera vez también desde 1949. El partido que más tiempo ha estado en el gobierno alemán desaparece del gobierno y del Parlamento. Se veía venir. De hecho, la cúpula de la CDU/CSU debatió hace unas fechas la posibilidad de pedir a sus votantes que votaran por el FDP. La decisión fue negativa y los liberales se han quedado de extraparlamentarios. También se ha quedado fuera el partido euroescéptico de reciente creación, Alternative für Deutschland (AfD) que, por cierto, se presenta como el heredero del FDP aunque más parece su sepulturero.

¿Y qué más hay en el Bundestag? Pues, sencillo: tres partidos, el SPD (25,7% del voto), los verdes (8,4%) y La Izquierda (8,6%). La izquierda que suma 302 escaños. Es decir, la izquierda sí alcanza la mayoría absoluta que se niega a la CDU/CSU. Esto tiene yerba para rumiar. Nadie piensa que sea posible una coalición SPD-Verdes-Izquierda (que podría rebautizarse como naranja-verde-roja) y entre las coaliciones posibles de la CDU/CSU, la Izquierda no cuenta. Sin embargo, el líder de esta, Gysi, cuyo contacto con la realidad parece problemático, exultante, dice que, con el 8,6% del voto y 60 diputados son el tercer partido del Parlamento (con 8,4% del voto, los verdes también tienen 60 diputados) y le corresponde dirigir la oposición. Está a 122 diputados del SPD y dos décimas de los Verdes, pero piensa dirigir la oposición antes de saber en dónde estará el SPD.

La intriga es ahora qué coalición se formará. Queda excluida la posibilidad del gobierno en minoría pues Merkel corre peligro de no salir elegida a tenor del artículo 63 de la Constitución; e incluso de ser causa de unas elecciones anticipadas. La coalición es obligada. Pero ¿cuál? Hay tres posibles, según la antigua interpretación de colores: 1ª) negro-rojo; 2ª) negro-verde; 3ª)negro-rojo-verde. Si no puede haber una coalición de las izquierdas por razones que no cabe examinar aquí, Palinuro considera la 3ª opción la menos mala. El predominio alemán se mantendrá. Frau Eisenmerkel recordó en el momento de depositar el voto que los países del Sur de Europa habrán de seguir con la austeridad que tan bien les sienta. Queda la esperanza de si la socialdemocracia alemana y los verdes mitigarán algo la disciplina neoliberal del consenso de Berlín.

La gran preocupación de Palinuro, con todo, es el aprovechamiento que el PP hará de la victoria de la derecha alemana para sus propios fines. Los españoles deben ser tan inteligentes como los alemanes y votar el correlato ibérico de la CDU/CSU alemana. Ya veo los titulares: Votar a Rajoy es votar a Merkel. Éxito seguro.

martes, 11 de diciembre de 2012

Berlin, Pariserplatz.

¿Qué se siente cuando, siendo presidente de una Gran Nación te ponen en segunda fila, quizá por humillante orden alfabético y te llevan de claque? Imagino que una gran frustración. Estos pícaros tiempos de universal cotilleo no permiten construirse la imagen. A ver cómo va el hombre a decir, al volver a España, que quien sostenía la mano de la invencible Merkel era él.
Aunque no está claro si Hollande sostiene caballerosamente la mano de la dama o se aferra a ella como el náufrago a la tabla. El caso es que ahí estamos, como hace sesenta y tantos años, observando las zalamerías de los dos viejos contrincantes. El Mercado Común, la llamada Europa de los Seis -Benelux, Alemania, Francia e Italia-, más o menos el Imperio carolingio, se creó para acabar con la guerra permanente en el corazón de Europa. Empezaron poniendo en común el carbón y el acero, dos elementos estratégicos en las guerras de entonces, que hoy han perdido gran parte de su importancia. Lo esencial era que Alemania y Francia no volvieran a meter a Europa en otra contienda, que se amigaran. Y se han amigado, puede que hasta demasiado. Al comienzo, mientras Alemania dividida fue lo que se llamaba un gigante económico y un enano político, la relación fue apacible. Pero, a partir de la reunificación, el peso político de Alemania ha aumentado hasta ponerse a la par con el económico, avasallando a Francia. Sobra decir a la periferia meridional.
Que se trate del Nobel de la Paz es irrelevante. Este premio está tan devaluado que más vale que no te lo den. Y, si te lo dan, no lo propales por ahí. Aparte del eje franco-alemán posando para el aplauso, han recogido el premio Van Rompuy, Durao Barroso y Martin Schulz (Consejo, Comisión y Parlamento). Tres honrados y grises eurócratas, el segundo de los cuales actuó de anfitrión en las Azores cuando el trío belicoso (Bush, Blair y Aznar) desencadenó la ilegal y sangrienta invasión del Irak. Algo sorprendente, como el hecho de que el premio se haya otorgado en Oslo y que el jurado noruego destaque la contribución de la UE a lo largo de seis décadas en los "avances de la paz, la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa, razón por la cual Noruega no es miembro de la UE. 
Esa carolingia celebración coincide con nuevas turbulencias en los mercados que han reaccionado como una jaula de grillos al conocer la noticia del retorno del Cavaliere, sí el del Bunga-bunga. Y, como siempre que se acatarra alguien al sur del Europa, España estornuda. Ya está la prima de riesgo dando disgustos a Rajoy quien, después del editorial de El País, se ve obligado a pedir el rescate de modo análogo a cómo después de pedírselo Cebrián, el del millón de euros al mes, en un  artículo de julio de 2011, Zapatero adelantó las elecciones. 
Cunde la desazón en La Moncloa. De Guindos se cae de su apellido y empieza a calcular las consecuencias de pedir el rescate. Nadie se explica qué ha pasado. Se hicieron todos los deberes, incluso por exceso; se aceptaron todas las condiciones; se tragaron todos los reveses, desplantes y humillaciones. Y estamos como al principio. Mucho peor, por más endeudados. Acaban de meterse solitos en la trampa griega. Y no será porque no se les advirtiera. 
Así que, según se dice, Rajoy está pensando en dimitir. No parece propio del personaje, pero cosas más raras se han visto. Al fin y al cabo, el propio Rajoy admitirá que si presenta su dimisión al Rey  no hará sino dar forma en derecho a lo que es un hecho: es un presidente dimitido casi desde el origen. De los ministros, hablamos otro día.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Tú miente, que algo siempre cuela.

Cada cual verá el espectáculo de hoy en La Moncloa con los cristales del color que le apetezca. Los patriotas de la "gran nación", el Imperio, la España imperecedera, cuna de civilizaciones y rojos en las cunetas, verá un exitazo de la política clarividente de Mariano Rajoy, de su habilidad negociadora, su dominio de la situación. Él solo ha doblegado con un único gesto a Alemania y Bruselas, ha hecho morder el polvo a los enemigos de España, ha salvado a esta de la ruina y ha garantizado su estabilidad y su futuro.
Para Palinuro, siempre más realista, el país ha visto al presidente de la gran nación puesto de hinojos, implorando dinero de la alemana que ha desembarcado hoy en su Estado-cliente mientras su agente en Bruselas, Mario Draghi, hacía sonar la bolsa y negaba cualquier ayuda que no fuera en los términos de un rescate, palabra que Rajoy se niega a emplear pero que define muy bien una situación expresa en las de Angela Merkel en sentido invertido: "yo no he venido aquí a decirle lo que tiene que hacer". Es decir, es exactamente a lo que ha venido: a dar las órdenes. Y estos neofranquistas del gobierno, acostumbrados a pasar como muestras de fiera independencia sus reverencias lacayunas, encantados de la vida de que les digan lo que tienen que hacer porque, si no es así, no lo saben.
El propio Rajoy ha hecho su habitual papel de mentiroso compulsivo a la perfección. Al final de la mañana estaba todo meridianamente claro: Merkel autoriza a que Draghi afloje la bolsa y entregue dinero siempre que España pida el rescate oficialmente. Con esto ya solo quedaba una pregunta y sólo quedaba alguien que pudiera contestarla: "Señor Rajoy, ¿pedirá usted el rescate?" La pregunta se hizo, pero el presidente, mirabile dictu, no la contestó. ¡A él lo van a atrapar contestando a cuestiones difíciles en las que te puedes pillar los dedos!
Dejó sin contestar la pregunta, como hace siempre que algo es de importancia, y se puso a decir incongruencias y mentiras, como acostumbra y que le salen mucho mejor que las respuestas concretas, si bien solo contribuyen a consolidar la opinión general de que este hombre no tiene categoría ni para conserje de casino. Ni siquiera el de Eurovegas. Aunque parezca mentira, su declaración formal y la que la página web de La Moncloa destaca en portada es: Hoy queremos disipar de forma categórica cualquier duda sobre la continuidad del euro. Es un enunciado tan fantástico, absurdo y estúpido que no solo retrata al que lo profiere como lo que es, un cantamañanas, sino también a su auditorio como borregos, si no protestan ante la desmesura.
Queremos, dice este hombre, como si él pintara algo en un momento en que está pidiendo que lo saquen a flote y le permitan llegar a fin de mes.
De forma categórica. Él. Él hablando de forma categórica.
Sobre la continuidad del euro,  que depende tanto de él como el anochecer cuando de lo que se discute es de si se echa a patadas a España del euro y no de la continuidad del euro. Esta de confundir la continuidad del euro con la presencia de España en él es la mentira más lamentable de la catarata de embustes con que este neofranquista fuera de su tiempo se engaña a sí mismo y pretende engañar a los demás.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

El oro del Rin.

Tanto se ha escondido Rajoy en su madriguera que baja la nibelunga a sacarlo de ella. Este es el momento de la verdad para el español que, según manifiesta, espera que el rescate que nos espera sea "suave" y no haya condiciones leoninas. Igualmente confía en alguna vaga promesa de Draghi, el gobernador del BCE de que saldrá a la lonja a comprar deuda. Y esas son todas sus armas frente a la Geldmacht. O sea, ninguna. Es el vencido que pide condiciones, fiado en la merced del vencedor.
El que decía al principio de su mandato que andaba presionando por Europa está ahora desasistido, casi tan desahuciado como él tiene al país y sin poder respirar bajo la losa de la prima de riesgo. Vae victis. Condiciones las habrá y supondrán más retrocesos y sacrificios para los españoles, el género que Rajoy tiene que vender en el interior del país. Y en un momento de elecciones autonómicas, que son las que más le importan porque sigue viendo el mundo con los ojos de presidente de la Diputación de Pontevedra.
Después de tantos cabildeos, cumbres y consejos, de tantos ditirambos a la unión europea, de tanta proclama europeísta y de amor por el euro, de lo que se trata es de ver quién pone el dinero del rescate español y el dinero en Europa lo ponen los alemanes que controlan el Banco Central Europeo. Así que, con la bendición del Banco Federal alemán, aquí están nuestros amigos alemanes a hacer negocios. No me extrañaría nada que a cambio del oro del Rin nos pidieran una prenda. Por ejemplo, Mallorca. Prácticamente ya es suya.
Pero Rajoy no está para estas pequeñeces sino para los asuntos trascendentales, como las elecciones gallegas o la suerte de Uribetxberria. En verdad, este último episodio no se paga con todo el oro del Rin, pero dudo de que una alemana lo entienda. Ni el resto de los europeos. Al margen de los factores humanos, de si la enfermedad y la muerte, lo llamativo del caso es la intransigencia de la derecha. Es tanta que amenaza con provocar una crisis en el PP. Justo lo que le faltaba al gobierno.
(La imagen es una foto de Aleph, bajo licencia Creative Commons).

miércoles, 5 de septiembre de 2012

La visita de la dama y los tiempos muertos.

Mañana viene Merkel a pasar revista a la tropa de la Marca Hispánica. El santo se viste hablando de no sé qué comisión conjunta hispano-germana a la que habitualmente acuden ministros y burócratas. Lo decisivo es la visita de la Canciller, que corona el desfile previo de sus dos alabarderos, Van Rompuy y Hollande, y que viene a impartir órdenes y tomar la decisión definitiva o a decir que va a tomarla, en un problema que se arrastra desde el año pasado por estas fechas.
El margen de maniobra de Rajoy es inexistente y por eso el hombre repite que a su vez adoptará una decisión el día en que se le comuniquen las condiciones que se aparejan con las distintas alternativas. La sola mención de la palabra enfurece a los teutones para quienes solo hay dos opciones: el rescate o la quiebra, tercero excluido. O sea, Rajoy excluido.
De hecho, ya se excluye él solo. Como buen político parroquiano, se pierde en Europa, cuyas lenguas ignora, y se centra más en los asuntos internos, sobre todo, los del terruño. Un gobernante enfrentado a la peor crisis económica da la historia del país no tiene nada mejor que hacer los fines de semana que pasear por Galicia animando al voto para ganar allí las elecciones. No es exactamente lo mismo que cuando Felipe IV se pasaba el día de caza mientras ardía el Imperio pero se da un aire.
Europa es cada vez más un hinterland, un territorio, un "patio trasero" alemán. Esta vez no por las armas, en donde los alemanes han tropezado dos veces, sino por el dinero. En Europa se hace lo que Alemania dice. Y cuando Alemania calla, los demás pueden decir misa porque están en tiempo muerto, algo que los propios que lo viven, cuando son lo bastante inteligentes para darse cuenta, llevan con callada resignación.
Hollande y Monti estaban de cháchara de tiempo muerto en Roma y hablaban sobre la necesidad de que el euro siga su marcha triunfal y que la idea de Europa se expanda por el universo, como el Challenger. De pronto, uno de ellos mencionó que convenía dar un toque al Banco Central Europeo para que compre deuda de los países atribulados y Hollande dijo que de eso convenía no hablar. Tiempo muerto. De eso, quien habla es Frau Merkel. Los demás escuchan y obedecen. Hasta Rajoy a quien a lo mejor pilla el mensaje de Berlín en un mitin en Redondela.
Y no es de ahora, aunque ahora se haga más visible. Esta práctica de los tiempos muertos viene del comienzo de la crisis. Dice Hollande que en el Consejo Europeo de octubre se propondrá una fórmular para solucionar el problema de Grecia y España. Ya solo que los dos países aparezcan juntos hace temer lo pero. Pero, además, ¿acaso no se trata del enésimo aplazamiento? Ahora es a octubre. Desde agosto de 2011 son ya incontables los Consejos, Cumbres, reuniones, conferencias, que se han ido produciendo según se iba aplazando una y otra vez la decisión sobre España que hoy sigue siendo materia de especulación tan confusa como siempre en los tiempos muertos.
(La imagen es una foto de Abode of Chaos, bajo licencia Creative Commons).

domingo, 3 de junio de 2012

Soliloquio del vencedor.

Gane usted elecciones para esto. Pásese usted cuatro años a cara de perro, diciendo a todo que no con gesto avinagrado, insultando al adversario, pisoteándole las iniciativas, saboteándolo y hasta traicionando el país (con lo que eso duele en el corazón de todo patriota) para que luego no le dejen a usted hacer lo que quiera. Pero nada de nada. En principio, si fuera no hacer nada, no me es enteramente desconocido ni desagradable. Pero ¡qué va!; es hacer lo contrario de lo que prometiste. Y eso es muy desagradable porque la gente te lo echa en cara continuamente. Lo cual es absurdo: parece olvidarse que en las elecciones se dice cualquier cosa, aunque sea contraria a la anterior, si así se ganan votos. Luego, ¿qué más dará que se cumpla lo prometido o lo contrario? Las elecciones son un juego de azar. Podía haber salido yo o Rubalcaba. Y, antes, a punto estuvo la cosa de que el frente neoliberal, con Esperanza a la cabeza, me descabalgara de la candidatura. Es igual. El asunto es más duro de lo que parece: haces lo contrario de lo que dijiste por orden del (en este caso, de la) que manda en la Unión y, a continuación te dicen que no mereces crédito por hacer lo contrario de lo que prometiste. Entras pidiendo que el Banco Central Europeo (BCE) vaya en rescate de la banca española y Merkel te dice que no. Pasas a decir que, en realidad España no necesita rescate bancario y aparece Merkel en el telediario de la tarde diciendo que España debe acogerse al fondo de rescate. Así no se puede vivir. Yo tranquilizo lo que puedo a mis conciudadanos pero estos están percatándose de que tengo tanta idea de lo que sucede como ellos.Y así no vamos a ningún sitio. El principio de autoridad debe mantenerse. La policía está para algo. El orden público ante todo. Esa pasta gansa que se llevan los consejeros y directivos de cajas como premio por haberlas hundido tiene al personal encendido. ¡14 millones de euros quería levantarse un pájaro! Además no puedo perder el tiempo con cuestiones interiores cuando el exterior está plagado de bestias y monstruos dispuestos a acabar con España. Tiene razón mi paisano Rouco, hay que reevangelizar esta tierra. Pero ¿por qué me toca a mí? Hay lucha para rato. Hoy he leído un artículo en el que se afirma que usamos la crisis como pretexto para imponer nuestras convicciones religiosas, ultramontanas, ideológicas, machistas, misóginas, clasistas, Pues es posible pero cualquiera dice a los beatos en mi gobierno que hay que abrir un poco la mano en estas cosas de la religión. Se ponen frenéticos. Da apuro que un país lo gobierne el frenesí. Por eso es mejor que lo hagan los alemanes, que entienden más.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

jueves, 24 de mayo de 2012

La Gran Nación y su lugar en el mundo.

Últimamente las portadas de El País son editoriales en sí mismas. La forma de redactar los titulares, sus respectivos tamaños y ubicaciones y la foto principal están cuidadosamente escogidas y deben costar tiempo y debates. Es la tendencia que inauguró hace más de un siglo el ABC; el verdadero editorial está en la portada. Hay mucho gente que solo ve del periódico la portada y conviene se entere a primera vista de la consigna del día. Esta técnica se ha generalizado a toda la prensa merced a la televisión. Los programas de noche revisan los diarios del día siguiente y por tales, entienden las portadas que llegan así a muchísima más gente que los diarios en su conjunto.
El secreto del titular de El País está en el adverbio más, que transmite una sensación de gravedad, urgencia, inminente peligro. No sabíamos que Europa estuviera dividida; ahora sabemos que lo está más. La lengua hace maravillas; por ejemplo, reinventa el pasado. Y no solamente la neolengua porque, en realidad, toda lengua es neolengua. El otro titular que acompaña es igualmente revelador: "París y Berlín ahondan sus diferencias en la cita sobre el crecimiento". De nuevo, el truco está en ese ahondan. Nadie había reconocido aún diferencia alguna pero ahora se ahondan. Misión cumplida: Europa está al borde de la ruptura.
Junto al titular, la foto es soberbia. Los dos mandatarios antagonistas principales se saludan sin mirarse. Hollande alza la vista hacia Monti como si estuviera hablando con él y saludara distraídamente a la dama. A su vez esta da cabezazo al estilo germánico pero tiene una sonrisa de retranca teutona que hace temer lo peor. En el fondo, desenfocado, pues la cámara enfoca a Hollande, se encuentra Rajoy como una especie de convidado de piedra. Hablen en lo que hablen el italiano Monti, el francés Hollande y la alemana Merkel, incluso si lo hacen en inglés, cosa que dudo pues los franceses insisten mucho en que se emplee su lengua en los foros internacionales, Rajoy se quedará fuera pues no habla ninguna. La proverbial incompetencia lingüística de los gobernantes españoles es uno de los signos distintivos de la Gran Nación de Rajoy.
La cuestión en debate son los dichosos eurobonos y la función del Banco Central Europeo (BCE). En ambos casos domina la posición alemana: el BCE es prácticamente alemán y de los eurobonos ni se habla. Hay una posibilidad de negociación, consistente en hacer ver a los alemanes que siguen guardando todas sus garantías si ambas instituciones se separan: los alemanes pueden conservar el BCE y permitir los eurobonos o cerrar el paso a los eurobonos pero dejar que el BCE sea más "europeo". Sería una base razonable de acuerdo. Porque es claro que hay que llegar a un acuerdo y un acuerdo político, esto es, uno en el que todos cedan algo.
Además del inconveniente mayúsculo de no entender ninguna otra lengua europea, Rajoy viene  muy tocado por la situación del país que representa. La noticia que aparece dentro de la estrella pone los pelos de punta porque da a entender una situación de práctica intervención. Si el FMI y otros órganos (¿cuáles?) fiscalizan la fiscalización que Rajoy ha encargado a no se sabe cuántas empresas de auditorías y agencias de raking, de esas que fallan siempre, es que nadie en el ancho mundo confía en España, en la Gran Nación. A pesar de que Rubalcaba, casualmente en Bruselas, ha hecho unas declaraciones apoyando al gobierno en aplicación de su teoría de hablar con una sola voz en Europa. Espero que el gobierno no piense que se trata de una "monodia trampa".

lunes, 7 de mayo de 2012

¿El renacer de Europa?

Artículo publicado hoy en el diario publico.es

Jornada memorable la del domingo. Desde el mar del Norte al Egeo, los europeos han dicho “no” a las políticas neoliberales de recortes, ajustes, mermas en ingresos, salarios y servicios; han dicho “no” a sacrificarlo todo ciegamente a una estabilidad presupuestaria imposible de alcanzar porque se alimenta de devorar el mismo presupuesto que pretende estabilizar. Se han sublevado contra las imposiciones de los llamados “mercados”, perífrasis con la que se designa hoy el dominio absoluto del capital a través de sus trujamanes de la derecha en todo el mundo; se han sublevado contra la imposición de un pensamiento único que, en virtud de una falsa ortodoxia económica, pasa por encima de la soberanía popular, destroza el espíritu democrático y trata de destruir el Estado del bienestar. Todo lo sual, por cierto, comenzó en marzo en Andalucía.
La clara victoria de François Hollande fue el momento estelar de la jornada. Nicolas Sarkozy es el primer presidente que no repite mandato en treinta años. Pero no se trata solamente de que este fuera ya insoportable sino de que el programa de Hollande es lo suficientemente atractivo para asegurarse la mayoría. Tanto que se dice que es muy difícil, si no imposible, articular una política socialdemócrata. Quien quiera saber cómo se hace, que lea el texto del triunfador en las elecciones franceses. El PSOE, por ejemplo, que nada en la ambigüedad, a punto quizá de cometer su último error de imitar el silencio del PP a fin de ganar elecciones, podía traducirlo al castellano y firmarlo, ya que no es capaz de redactar uno propio. Y defenderlo con la seguridad que da el respaldo popular. Empezando por la República y cerrando el paso a ese subrepticio monarquismo que está abriéndose paso en el partido de Pablo Iglesias.
Menos vistosos, pero no menos significativos, son los resultados en el Land de Schleswig-Holstein, en Alemania: 30% del voto para la CDU y el SPD respectivamente; 13% para los Verdes, 4% para la minoría danesa (para la que no reza la barrera del 5%); 8% para los liberales y el Partido Pirata respectivamente, mientras que el Partido “Die Linke” (“la izquierda”, heredero de los comunistas) queda fuera del parlamento de Kiel al no superar la barrera del 5%. Lo previsible es un gobierno “semáforo”-danés, esto es, una coalición de los socialdemócratas con los verdes y la minoría danesa. La que queda expresamente desechada es la Gran Coalición (negro/rojo) al tiempo que es imposible la repetición de la coalición negra/amarilla (esto es, democristianos y liberales) que gobierna el conjunto de Alemania y no alcanza la mayoría necesaria. Conviene recordar que es la décima derrota electoral que encaja la derecha germana, lo cual permite augurar una victoria socialdemócrata el año que viene si las circunstancias no obligan a una elección anticipada.
A su vez, todo el mundo ha estado pendiente de los resultados en Grecia, el país más castigado de la Unión por las políticas de la derecha neoliberal en contra de la crisis que lo único que hacen es agravarla, profundizarla, prolongarla con la finalidad de desmantelar el Estado del bienestar y aumentar la tasa de explotación de los trabajadores. Las convulsiones callejeras pasadas de Grecia se han trasladado al Parlamento. Es probable que los dos partidos del sistema, Nueva Democracia y los socialistas del PASOK, no consigan mayoría para formar un gobierno de coalición que acate mansamente el “Diktat” de los organismos financieros internacionales y de Berlín en concreto. La coalición de izquierda, Syriza, queda en segundo lugar y algún otro grupo comunista, como el Partido Comunista, consigue más del 8% del voto, algo tan insólito como el casi 7% del partido neonazi. El FMI ya se ha apresurado a amenazar a los griegos con retener los fondos del rescate si el país adopta una actitud que no sea sumisa a las imposiciones del capital. Al margen de la inmoralidad y la ruindad de esta amenaza, es claro que Grecia ha votado más o menos como Francia y como el Schleswig- Holstein: no a la política neoliberal de hundir a los países con el fin de restablecer la tasa de beneficio del capital.
Paradójicamente, España queda una vez más al margen de la corriente que apunta en Europa y, como siempre, yendo en sentido contrario. Así como, al acabar la segunda guerra mundial, los aliados permitieron que el fascismo, derrotado en el continente, prosiguiera en España durante 40 años, es posible que volvamos a tener la mala suerte de quedar en manos de esta derecha neoliberal y nacionalcatólica, heredera de la de los 40 años, y obsesionada por expoliar a los españoles, mientras el resto del continente, acabada la pesadilla de la crisis-estafa de la derecha, reemprende el camino de la estabilidad y el crecimiento.
(La imagen es una foto de jmayrault, bajo licencia de Creative Commons).

Estos sí son brotes verdes.

Millones de europeos votaron ayer en contra de la política económica del trágala del "consenso de Bruselas" que, bajo pretexto de imponer la disciplina presupuestaria y garantizar la estabilidad, pretende desmantelar el Estado del bienestar, consolidar la dominacion irrestricta del capital, aumentar la tasa de explotación de los trabajadores e impedir el avance hacia una organización política europea de igualdad entre las personas y los Estados. Lo hicieron los franceses, los griegos y hasta los alemanes, incluido un buen puñado de daneses que viven en el Schleswig-Holstein.
Circula la muy simplificadora idea de que la crisis ciega de tal modo a los electorados que estos se limitan a votar en contra de los gobiernos, con independencia de las políticas que apliquen, lo cual bien pudiera ser falso, como casi todas las simplificaciones. Los votantes retiran su confianza a los partidos y gobiernos que aplican las draconianas recetas de la derecha y de los organismos financieros internacionales. Cuando eso no sucede, los gobiernos no pierden las elecciones, como se ha visto en Andalucía.
Una comparación de las tres elecciones habidas (la presidencial francesa, la parlamentaria griega y la del Land del Schleswig-Holstein) quizá nos permita una visión más ajustada. Pierden votos los partidos que apoyan y practican el "consenso" de Bruselas; los ganan los que se oponen a él. El candidato socialista francés gana la presidencia con un programa claro, rotundo y factible, alternativo al canon neoliberal. El SPD alemán, también en la oposición a la política de solo ajustes, sube cinco puntos porcentuales. Se da un batacazo, sin embargo, el tercer partido socialista, el PASOK griego que, aunque con contradicciones, también ha practicado la política neoliberal. Socialistas, sin embargo, son los tres. El electorado sabe distinguir perfectamente. Por supuesto, en todas partes pierde la derecha neoliberal: en Francia, la presidencia (ya veremos qué sucede en un par de meses, en las elecciones legislativas), en Grecia, cae en un tercio de sus votos y en el Schleswig-Holstein pierde un punto, lo que, junto al descalabro de sus aliados liberales, la expulsa del gobierno.
Son "brotes verdes" políticos que permiten barruntar un cambio en la orientación política y la forma de gestionar la crisis en Europa. Junto a ellos hay otros de otros colores, indicativos de que la situación está bastante crispada por doquier. Es decir, que el recetario neoliberal está arruinando los países europeos y llevándolos a la quiebra y, además, está suscitando un clima político crispado y polarizado que no augura nada bueno. Significativa aquí es la primera vuelta de las presidenciales francesas: un aumento del voto de la izquierda "anticapitalista" (o sea, radical) y uno más espectacular de la extrema derecha, con sus tintes xenófobos, chovinistas, autoritarios y fascistas. Igualmente el resultado en Grecia en donde la coalición de izquierda radical está en segunda posición, con más del 16% del votos y el Partido Comunista ha obtenido un alto resultado, con el 8% teniendo que contar también con otros partidos comunistas menores y los verdes cuya representación está por determinar en este momento. Los neonazis, a su vez, con más de un 6% del voto, entran en un parlamento que promete ser muy movido. La izquierda radical en Alemania, representada por Die Linke, unión de socialdemócratas de izquierda y antiguos comunistas, no ha llegado al 5% y se ha quedado fuera del parlamento de Kiel, y la extrema derecha ni existe. Los verdes repiten su porcentaje en torno al 13% y si algún tipo de voto antisistema cabe señalar quizá sea el del Partido Pirata, con un 8%, igual que el partido liberal, socio de la derecha en el gobierno hasta ahora.
Es decir, hay un vuelco en la conciencia del electorado, una convicción de que ya está bien de políticas de ajustes, recortes y restricciones del gasto y que es preciso formular otra de estímulo que saque a los países de la recesión en la que poco a poco está volviendo a entrar Europa. Todo lo cual ya se puso en evidencia en Andalucía.
La cuestión ahora es ver cómo lucen esos "brotes verdes" en el conjunto de España con un gobierno más papista que el papa en materia neoliberal, a quien los brutales recortes que ha realizado hasta la fecha que no amenazan ya solo con la recesión sino con una depresión, le parecen insuficientes. De no tratarse de un asunto tan trágico sería para reír (sardónicamente) la mala suerte de los españoles, siempre a contracorriente de Europa.
Pero no es cosa de reír, sino de actuar. Resulta iluso pedir al gobierno español la flexibilidad necesaria para adaptarse al cambio de orientación en Europa o, incluso, incitarlo. La política económica neoliberal no es una respuesta técnica a una situación de hecho sino ideológica, indiferente a unos resultados que no sean los que la satisfagan. De forma que la tarea de luchar por un retorno de España al mainstream europeo tendrá que recaer sobre la oposición, la oposición de izquierda. Para esto encontramos dos factores, uno favorable y otro desfavorable. El primero es el gobierno de unión de la izquierda en Andalucía, que se constituye en referente de las políticas económicas alternativas al neoliberalismo. El segundo, el estado del PSOE a escala nacional que no parece haber encontrado todavía la plataforma clara desde la que hacer oposición sino que oscila entre apoyar al gobierno en asuntos que juzga "de Estado" y quejarse de lo radicalmente erróneo de sus medidas.
Si el PSOE no es capaz de definir una programa claro, propositivo, que pueda servir como plataforma de un gobierno de unión de la izquierda a escala estatal, que traduzca el de Hollande, que lleva el voto de la izquierda francesa. Y, por cierto, que le añada un par de claros pronunciamientos respecto a los dos asuntos en los que prefiere la marrullería: la separación de la iglesia y el Estado (y circunstancias concomitantes) y la cuestión de la República.

sábado, 10 de diciembre de 2011

La sombra de De Gaulle y el euro.

El general De Gaulle fue siempre enemigo del ingreso del Reino Unido en la Unión Europea, por aquel entonces llamada Comunidad Económica Europea (CEE). Entendía el francés que Inglaterra sería un factor disgregador de la unión dada su relación especial con los Estados Unidos que nunca se han entusiasmado con la unidad de sus aliados por su cuenta. Y tenía razón. Gran Bretaña trató en su día de socavar la CEE poniendo en marcha una especie de zona de libre cambio con los países europeos que no habían firmado el tratado de Roma, Irlanda, Noruega, Dinamarca, Suecia, Suiza, etc., la EFTA o AELC (Asociación Europea de Libre Cambio); una organización condenada al fracaso, cosa que vieron rápidamente los británicos por lo cual, tomando en consideración sus intereses antes que la elegancia, abandonaron su criatura a la intemperie y pidieron el ingreso en la CEE en 1961.

Hubieron de esperar diez años y sólo lo consiguieron al siguiente a la muerte del general francés, en 1971. Desde entonces Gran Bretaña ha sido un constante lastre para el avance de la unidad de Europa. Ha estado sistemáticamente en contra de todos los intentos de fortalecer la unión política del continente y ha favorecido la ampliación indiscriminada de la unión en la esperanza de delibilitarla. Asimismo se ha desmarcado de casi todas las decisiones colectivas que iban en ese camino: en 1984 hubo que renegociar los términos de su entrada, en 1985 quedó fuera del acuerdo de Schengen (aunque participa de algunos de sus aspectos), en 1989 rechazó sumarse a la Carta Social Europea y en 1999 no aceptó formar parte de la zona euro. Ahora se queda fuera del nuevo tratado que establece una mayor unidad fiscal de Europa y avanza en el camino de la unidad, y es el único país que queda fuera. Mucha razón tenía De Gaulle. Sólo que, en este momento, Gran Bretaña corre el peligro de encontrarse demasiado fuera de la Unión, casi en la situación de dos entidades independientes, Gran Bretaña de un lado y el resto de los países apiñados en una mayor unidad política.

Porque ese es el resultado de la Conferencia de Bruselas, un notable avance en la unión continental que se ha conseguido por la muy eficaz vía de la chapuza. Lo que los sucesivos proyectos de Constitución de la UE no han logrado lo ha conseguido el llamado pacto del euro, un acuerdo de carácter económico y fiscal que trata de paliar la crisis y fortalecer la UE para hacer frente a aquella. Una chapuza in extremis, acordada cuando los mandatarios ya auguraban la catástrofe si no se alcanzaba, que es lo que llevan cuarenta años augurando cada vez que hay que adoptar alguna decisión salvífica, normalmente al margen de los procedimientos ordinarios; esto es una feliz chapuza que dará un magnífico juego, como en otras ocasiones.

El asunto es fácil de entender, aunque no enteramente agradable de aceptar; sobre todo si se opera con categorías de soberanía nacional que, siendo obsoletas, siguen muy presentes en el ánimo de quienes dicen haberlas superado. Es una típica disonancia cognitiva de muchos políticos europeos, especialmente los conservadores, que son hostiles a toda merma de sus soberanías nacionales y las usan como banderas electorales, al tiempo que apoyan el fortalecimiento de la unidad supranacional europea. Una disonancia cognitiva de campanario. Como la inglesa.

La crisis actual, agravada por la existencia de un euro al que falta el apoyo de una unidad de decisión política ha puesto de relieve las insuficiencias actuales y obligado a remediarlas un poco a la brava. En efecto, la pretensión de los países más afectados por la deuda (Grecia, Irlanda, Portugal, España, Italia) y de quienes razonan como ellos es que la Unión en su conjunto salga garante y avalista de sus deudas (eso es lo que pretenden quienes postulan los eurobonos) pero sin tener los instrumentos necesarios para controlar ahora y en el futuro el modo en que los países contraen y gestionan sus obligacioness. Ninguna organización del tipo que sea sobrevivirá si da a sus miembros libertad para endeudarse pero sale luego garante de unas deudas que no puede controlar.

Así que, para poner remedio a esta situación en el futuro los países europeos han dado el paso decisivo de aceptar la coordinación de sus políticas fiscales, la supervisión de sus presupuestos por los órganos comunitarios y otras medidas que significan simplemente cesiones de soberanía. Eso que los europeos predicamos continuamente pero no aceptamos sino a regañadientes, como se ve en ese fracasado intento de Rajoy de conseguir para España un poder de veto de las decisiones comunitarias. Es lo de siempre: más unidad, pero mi país por encima. Sin embargo, el pacto es vital para la consolidación de la Unión Europea como una unidad política con una moneda única fuerte que no actúe como una vía de agua en el navío común.

Hay una crítica frecuente al pacto que debe considerarse y es la de que esa unidad política hacia la que se avanza se presenta bajo la hegemonía alemana y, en parte francesa, lo que atenta contra la pretensión de una igualdad de los miembros de la Unión. Ciertamente. No hay una Europa de dos velocidades pero unos países son más importantes que otros. La susodicha igualdad es una quimera, más propia de un organismo internacional (como la Asamblea General de la ONU) que de un único Estado en términos reales. Prácticamente ningún Estado del planeta es igualitario en su composición interna. En todos hay partes más importantes y decisivas que otras; regiones, provincias, estados, comunidades de mayor productividad y renta que otros; entes territoriales a los que afluye la inmigración interna y otros de los que parte la emigración. En todos los Estados hay desigualdades territoriales que se aceptan mejor o peor pero son inevitables y eso mismo pasa con la Unión Europea como unidad política. Resulta absurdo decir que Alemania es la locomotora europea y, al mismo tiempo, sostener que sus derechos y obligaciones son los de los vagones de los que tiene que tirar.

Alemania tiene la responsabilidad de consolidar la Unión Europea con la ayuda de Francia y de otros países sólidos. Su voto no puede valer lo mismo que el de Grecia. Y no lo vale. Otra cosa es que se tenga la elegancia de mantener la ficción jurídica de que todos somos iguales y no se haga patente en ningún instrumento político. Pero esa desigualdad es un hecho y, mediando la conciencia común europea, no tiene que ser necesariamente un desdoro.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Achtung! Europa, chapuza.

La teoría de Palinuro de que la Unión Europea se hace mediante chapuzas se confirma. El acuerdo a que están llegando Merkel y Sarkozy es otra de éstas. Pero seguramente funcionará como lo han hecho las anteriores. Y es lógico. La unión europea es algo nuevo, carece de precedentes, no hay modelo y va construyéndose a medida que se resuelven los problemas que la ponen en peligro como buenamente se puede. Si procediéramos con modelos y protocolos fijos la tal unión ya se hubiera deshecho. Esta nueva chapuza nominalmente francoalemana pero en realidad germanofrancesa prosperará porque media Europa está con el agua al cuello y no tiene más remedio que aceptar las píldoras de caballo.

Los periódicos, que aman los términos fuertes, ya han caracterizado la situación cuando, como hace Público, utilizan el verbo acatar, cuyo significado, según el DRAE, deja bien clara la posición en Europa de esta gran nación que es España, al reiterado decir de Rajoy. El acuerdo en cuestión es una especie de Diktat a los países en dificultades y a todos los demás para que acepten un derecho de supervisión (y veto, ya veremos en qué términos) sobre sus presupuestos. Además quiere fijar castigos automáticos a los países que no respeten el techo del déficit. Eso ya estaba previsto pero no funcionó cuando fueron Alemania y Francia quienes rompieron el techo del tres por ciento de déficit y no les pasó nada. Los demás pensaron entonces que ancha es Castilla pero descubrieron sobre sus lomos que sólo para unos y no para todos.

La prevista reforma de los Tratados se hará previsiblemente por acuerdo entre los Estados y no se convocará referéndum alguno. La chapuza es completa pero, al mismo tiempo, muy racional, con la irritante racionalidad de la Realpolitik. La UE ya está actuando de hecho como una unidad política. Otra cosa es que lo haga mejor o peor o a gusto de unos pero no de otros. Y una unidad política no puede depender del resultado de un hipotétiuco referéndum en alguna de sus partes. Una consideración para quienes creen que el referéndum en una parte de un conjunto y que puede invalidar la acción de éste, es ya de por sí una prueba de democracia: si, por ejemplo, se convocaran sendos referéndums sobre la reforma de los Tratados en España y Alemania es posible que ambos fueran negativos pero por motivos diametralmente opuestos; para los alemanes la reforma sería demasiado; para los españoles, demasiado poco.

La conclusión a que llegan los dos mandatarios españoles, el que viene y el que se va, Rajoy y Zapatero es coincidente, lo cual tranquiliza. España hablará por fin con una sola voz en Bruselas; un voz para acatar, pero una sola. Antes, cuando gobernaba Zapatero, España hablaba con dos voces, la del gobierno adquiriendo compromisos y la de la oposición de Rajoy saboteando y diciendo que no los cumpliría. Ahora el mismo Rajoy sabe que tiene y tendrá el apoyo de la oposición en sus negociaciones con la UE. Eso quiere decir algo y la gente debe entender qué significa. Simplemente que la izquierda sabe hacer una oposición constructiva.

Produce un poco de inquina la injusticia de la situación. Pero todavía queda por pasar a través de las toneladas de basura que el gobierno del PP verterá en sus primeros meses sobre la acción del anterior, especialidad de la casa que la batería de medios de la derecha utilizará sin descanso para seguir castigando las posiciones de la izquierda. Es ley de vida. La derecha no es mayoría en el país, pero la respalda un sólido treinta por ciento del electorado. Franco tenía un respaldo mucho menor. Esta derecha, que es su heredera ideológica, llega hasta el treinta por ciento y con eso le basta para imponerse sin miramientos o "sin complejos", como suele decir. La izquierda tiene similar apoyo, incluso algo mayor, pero es más fácil de desmovilizar.

Así las cosas Rajoy no tiene empacho en presumir de que España y Alemania son las únicas que han cumplido el requisito de la reforma constitucional, siendo así que fue una iniciativa de Zapatero a la que él se sumó con todo género de reticencias. Es también estilo de la casa. Cuando Zapatero, entonces en la oposición, propuso el Pacto antiterrorista, Rajoy, entonces en el Gobierno, lo calificó de "conejo sacado de la chistera". Un par de años más tarde él era el principal defensor del conejo y Zapatero, en cambio, quería despellejarlo o algo así.

Lo mismo va a pasarle con todo lo que dijo en la campaña electoral que se convertirá ahora en la fiesta del lindo don Digo Diego. Lo más llamativo viene con los impuestos. No iba a subirlos pero sí, sí que va a hacerlo y mucho. Él no querría pero es Europa la que lo obligará a hacerlo, es Alemania, la misma Alemania que protestaba cuando Aznar pedía fondos de cohesión para España y, al mismo tiempo, bajaba los impuestos. Ese tipo de pillerías ya no podrá hacerse. En definitiva las chapuzas acaban siendo productivas.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Una interpretación de Europa

Europa es un lugar asombroso. En algo más de la mitad de Rusia conviven 49 Estados, esto es, sin contar la propia Rusia. Sus formas políticas van desde la teocracia vaticana al cantonalismo suizo, pasando por monarquías y todo tipo de repúblicas y, hasta hace poco tiempo, también dictaduras. Hay una enorme variedad de lenguas, fundamentalmente germánicas, eslavas y romances y algunas de imposible clasificación como el vascuence y las lenguas ugro-finesas que tampoco son indoeuropeas; tres religiones mayoritarias, la católica, la ortodoxa y las protestantes, y otras minoritarias como el islam o la religión mosaica, sin contar un buen puñado de ateos; tres alfabetos, el griego, el cirílico y el latino y varias unidades de pesos y medidas; y no hablo de equipos de fútbol y festivales de cine. Lo característico de Europa es su inmensa diversidad que convive alegremente con una clara conciencia de unidad. Europa no es sólo el mito de la mujer de ese nombre, sino que se siente a sí misma como una unidad civilizatoria; unidad que ha pretendido institucionalizar políticamente a lo largo de los siglos con escaso resultado hasta la fecha.

Esa conciencia unitaria (que no es nacional pues Europa no es un Estado/nación pero sí tiene algo de nacional/continental) va aparejada con cierto complejo de superioridad. Europa se piensa el centro del mundo. ¿No pasa el meridiano cero por Greenwich y Castellón, entre otros lugares? Esa seguridad de los europeos en sí mismos, esa conciencia de su superioridad los lleva a convencer a los demás de que hasta sus errores son certidumbres. ¿Hay algo más absurdo que el hecho de que Europa se vea a sí misma como un continente y haya convencido a todo el mundo de que lo es cuando no lo es a tenor de la definición más general de la palabra? En términos de estricto realismo geográfico Europa es una península de Asia. Grande, pero península.

Ha habido sucesivos intentos de conseguir la unidad política de Europa. Siempre por las armas y siempre frustrados. Lo pretendieron los romanos hasta cierto punto ya que a ellos les interesó siempre más el Mediterraneo en todas sus orillas. Los árabes lo hubieran intentado también de no haber sido rechazados por Carlos Martel. Luego, los españoles, aunque con escaso empeño. La casa de Austria fue más europea que española y, cuando se hispanizó, se volcó en América. La siguiente acometida fue la de Napoleón y la ultima, por ahora, la de los alemanes, que desembocó en la segunda guerra mundial.

El desastre de la guerra llevó a algunos europeos en los años cincuenta del siglo XX a intentar la unidad por la vía económica, comercial, mercantil, o sea, pacífica. Y así surgió el Mercado Común que, de seis miembros originarios llegaría a veintisiete hoy y que parecía ser capaz de llevar a cabo lo que los militares de unas u otras naciones no habían conseguido en veinte siglos. El proyecto se adornaba trayendo a colación todos los sueños europeístas que los pensadores, clérigos, filósofos y filántropos han venido formulando, desde Pierre Dubois en el siglo XIV hasta el conde Coudenhove-Kalergi, un mestizo de europeo y japonesa, en el siglo XX. Una larga historia.

Que jamás había cristalizado hasta la creación de la Unión Europea. Esta traía la renuncia al uso de las armas (para eso se creó en primer lugar la CECA, que ponía en común el carbón y el acero, los dos pilares de las guerras hasta entonces) y el propósito de cimentar la unidad en el estrechamientos de lazos comerciales, económicos, financieros. ¿No son los mercaderes los que siempre han relacionado a los pueblos entre sí y los han acercado?

Pero. entretenidos con la creación del mercado único y, luego, la aventura de la moneda única, Europa pareció olvidar que no hay más unidad que la que se constituye políticamente, lo que quiere decir que erige un poder político a ser posible legítimo, esto es asentado sobre el consentimiento de los gobernados. Pero unos mercados en los que rige la ley del más fuerte, que a fuerza de no conocer Estado se encuentran en uno de naturaleza, hicieron recordar de pronto aquella verdad elemental: sólo el poder político garantiza la armonía y la unidad.

Esa convicción es la que late bajo las palabras de Angela Merkel de avanzar hacia una mayor unidad fiscal de Europa. Es un modo esquinado y disimulado de hablar de una mayor unidad política. Lo que sucede es que ésta amanece bajo el imperio alemán que, como toda concesión sólo parece dispuesto a compartir su hegemonía con Francia y algunos países de su influencia como Austria o Dinamarca. No deja de ser interesante que el país que perdió la segunda guerra mundial, que quedó arrasado, que vivió durante treinta y cinco años dividido y parcialmente ocupado, sea el que dicta las condiciones de la paz sesenta años después. No es el poder militar (Alemania no es potencia nuclear; Francia y el Reino Unido, sí) sino el poder económico, el financiero el que puede imponer la unidad política del continente.

Qué forma política adopte la UE si consigue sobrevivir a esta enésima amenaza a su misma existencia es imposible predecirlo. Probablemente será una chapuza, por recordar la teoría de Palinuro de que la unión de Europa avanza a golpe de parches, de improvisaciones, de soluciones in extremis y no mediante la aplicación de sesudos planes racionalistas que jamás prenden. Pero eso tampoco tiene nada de extraño. Por un lado Europa ha sido la inventora de todas las formas políticas. ¿Por qué no una más? Algo que no es un Estado, ni una federación, ni una confederación, ni una organización internacional. Algo distinto.

Por otro lado los alemanes, cuya conciencia europea es patente, son especialistas en esto de organizar institucionalmente la diversidad. Durante casi nueve décimas partes de su historia, Alemania ha sido una unidad cultural pero no política. De hecho sigue sin serlo desde el momento en que Austria es independiente. Hasta el Imperio no fue otra cosa que una aglomeración de entes políticos autónomos, desde ciudades libres hasta monarquías extensas. Al final es posible que la unidad política de Europa sea una especie de aggiornamiento del Sacro Imperio Romano-Germánico.

sábado, 5 de febrero de 2011

La productividad

Hasta la revolución egipcia pasa a segundo plano cuando nos tocan el bolsillo. La atención se centra ahora en ese plan germano-francés para fomentar la unidad económica en la UE presentado en Bruselas que trae pinta de mayores sacrificios y más cinturones apretados.

Francia y Alemania, sobre todo Alemania, insisten en controlar los déficit. No es que tengan mucha autoridad moral para hacerlo dado que fueron las primeras en saltarse los controles cuando les interesó y, aunque había sanciones previstas para estos casos, no se les aplicaron. Pero no les hace falta autoridad moral ya que tienen el poder económico. Además, su exigencia no es disparatada. Aumentar la productividad general de la UE es el primer paso para ganar la batalla de la competitividad que es en donde está el problema de la recuperación. Dicho en cinco letras: China. Y desde luego es un avance que la UE entienda que ha de verse como una unidad económica en un mercado altamente competitivo en el que juegan también los EEUU y la China.

La imagen muestra la situación de la competitividad de la UE, la eurozona y la OCDE comparativamente en 2007. La situación no estaba mal pero, desde entonces, ha habido una recesión muy fuerte y el cuadro seguramente es hoy muy otro. Basta pensar en ese tercer lugar de Irlanda. La marca España no era deslumbrante pero tampoco era catastrófica: por debajo de la media de la eurozona pero por encima de la de la OCDE y por delante de Italia.

Mas las cosas han cambiado y hay que adaptarse aumentando la productividad y la competitividad. Lo que no está tan claro es que el aumento de la primera haya de hacerse a costa de los salarios. Desvincularlos de la inflación y ligarlos a la productividad puede sonar razonable en un principio hasta que nos damos cuenta de que una de las formas de aumentar la productividad (que, al fin y al cabo, es la relación entre cantidad de recursos empleados y producto obtenido) es precisamente bajar los salarios. Esto me parece una aporía: bajando los salarios aumenta la productividad y, al aumentar la productividad, hay que subir los salarios. Y no hablo de los beneficios porque esos son tema tabú que jamás se menciona en esta fiebre de planes de recuperación. La productividad ¿no aumentará también incrementando la eficiencia de la mano de obra invirtiendo en formación e I + D? Cierto que sí. Y no menos cierto que esos aumentos de productividad tienden a generar paro y el paro, ya se sabe, presiona los salarios a la baja. Y es que la situación es muy complicada.

La posición de Alemania es muy sólida porque es la que paga. Pero esto no quiere decir que pueda sin más imponer sus condiciones sin escuchar alternativas. Al fin y al cabo, la primera interesada en la prosperidad de la eurozona y de la UE en su conjunto es Alemania que tiene en ellas su principal mercado.

Hay dos tipos de medidas que también están directamente racionadas con la productividad y de las que nunca se habla: una lucha decidida contra la economía sumergida y el fraude fiscal y una revisión de los abanicos y diferencias retributivas. En un país en el que el salario mínimo es de 640 euros al mes no es de recibo que haya gentes que ganen como retribución, un millón de euros, también al mes. Como tampoco lo es que en un país con una tasa de paro altísima haya empresarios que emplean mano de obra ilegal probablemente en condiciones de semiesclavitud. De lo cual nos enteramos con casos como el de ese trabajador sin papeles abandonado en un hospital tras perder una mano en el trabajo. Eso sin duda es muy productivo (hasta que pasan estas desgracias) pero profundamente inmoral. Así que ojo con la productividad que puede llevarnos a admitir la esclavitud.


EGIPTO

Hay un momento en la revolución egipcia en que se ha alcanzado el nivel de lo sublime y es cuando Barack Obama pide a Mubarak que escuche la voz de su pueblo, es decir, que se vaya, dicho en los términos un poco bíblicos en que suelen hablar los presidentes gringos. Porque la voz del pueblo dice que Mubarak se vaya. Más diplomáticos, los europeos que, por supuesto, condenan la violencia en Egipto, es decir, condenan a Mubarak porque son sus matones quienes han recurrido a ella, al mismo tiempo piden a la oposición que negocie con Mubarak. ¿Está claro? Muy diplomático: que se vaya pero que se quede.

sábado, 1 de enero de 2011

Los discursos del poder.

Mientras en España el Jefe del Estado se dirige a la ciudadanía en la Noche de Paz, Noche de Amor, al ladito del portal de Belén, en otros lugares de la vieja Europa el momento de la doctrina se reserva para la noche de San Silvestre, que es más laico y menos mojigato. Es verdad que sobre los otros países europeos no pesa la memoria de la costumbre franquista de hablar a los españoles todos en aquesa noche de villancicos. Tampoco está tan mal porque así los partidos pasan luego el día de Navidad, más pagano, tirándose mutuamente a la cabeza las palabras del rey, que tampoco harán mucho daño porque suelen ser bastante hueras.

Hasta el Papa, que tiene su momento estelar también con la Natividad del Niño Dios propiamente dicha, no desaprovecha la ocasión de mostrarse de nuevo a los creyentes al llegar la fiesta de fin de año. Vieja costumbre de la Iglesia de poner una vela al de arriba y otra al de abajo. El pretexto de la aparición de este año ha sido el final del año jacobeo como podía haber sido el centenario de la muerte de un mártir del Japón. Aunque, por ser año jacobeo, la regañina ha vuelto a tocarnos a los hispanos, que tenemos que actuar como portaaviones de la fe para las fortalecer las raíces cristianas de Europa, aparte naturalmente, de tener las propias como saludables boniatos. Sí señor, España en defensa de la Cristiandad de la que es adelantada. No era para menos, cuenta habida de que un día antes, el 30 de diciembre, el mismo Papa, mediante carta apostólica, ordena poner en orden las finanzas vaticanas para sacar a Roma de la sospecha de ser un paraíso fiscal en Europa. Uno más. Como se ve, la Carta del Papa califica de errores los comportamientos bancarios y financieros vaticanos y que están siendo investigados por la justicia italiana. Errores como los pecados de pederastia a lo largo del tiempo. La Iglesia es una institución humana, demasiado humana.

Los otros discursos más notorios, al menos para Palinuro, son los de Merkel y Sarkozy. También son importantes los de Cameron y Berlusconi, pero estos dos hablan de cosas marginales a la cuestión europea: Cameron de lo mal que seguirán pasándolo los britanicos si quieren recuperar el terreno perdido y Berlusconi de sí mismo. Merkel y Sarkozy coinciden en la defensa del euro. Los dos vienen a decir que, si se acaba el euro, se acaba Europa. No el continente, claro, sino la idea de Europa, la Unión Europea, lo cual bien puede ser cierto. Lo que sucede es que la salvación del euro tampoco garantiza la de la Unión, como se está viendo ahora mismo con una moneda que no puede defenderse porque nadie manda en ella salvo unas abstractas reglas del mercado quer son, por definición, ciegas a todo lo que no sea la valoración del capital.

Así que esos discursos, con toda su buena intención, contribuyen a añadir leña al fuego porque lo que más muestra la debilidad del euro es que hayan de salir los gobernantes a defenderlo. ¿Es imaginable que la reina de Inglaterra o el presidente de los Estados Unidos salgan la noche de San Silvestre a señalar la importancia de la solidez del dólar o la libra esterlina? La moneda tiene un gran valor político. Es más, su valor económico depende del político que, en último término, es militar. La guerra mundial hoy es económica y la moneda simboliza el poderío bélico de cada cual. Una de las versiones sobre la guerra del Irak es que ésta se desencadena cuando Sadam decide recomendar al cártel del petróleo que la moneda de referencia deje de ser el dólar y sea el euro. Adiós, Sadam.

El valor político del euro es inexistente por falta de unidad, de mando único, obviamente. De Europa se dice hoy lo que se decía de Alemania cuando la partición, que era un "gigante económico y un enano político".

Son discursos del poder; de un poder impotente.

(La imagen es un cuadro de Mabuse titulado El Consejo Supremo y pintado hacia fines del siglo XVI).

lunes, 28 de septiembre de 2009

Alemania y Portugal.

Como puede verse en el gráfico que tomo del Frankfurter Allgemeine Zeitung. El gran ganador de las elecciones de ayer en Alemania es la Democracia Cristiana de la señora Merkel. Centrar en ella la campaña, en su inexpresividad y su "poquita cosa" fue un acierto. Tras ella, el Partido Liberal, FDP, ha conseguido sus mejores resultados desde el fin de la guerra, mientras que el SPD, socio hasta ahora de Frau Mekel en la Gran Coalición, apenas llega al 23 por ciento, el más bajo suyo de la historia de la República Federal de Alemania.

El otro dato que hay que retener de estas elecciones es el ascenso de la Izquierda, esto es, el partido resultado de la unión del anterior Partido del Socialismo Democrático, antiguo Partido Comunista y los socialistas de izquierda, seguidores de Oskar Lafontaine cuando éste dejó el SPD. También suben los Verdes. En realidad, bajar sólo lo hacen los dos grandes partidos (CDU/CSU y SPD) del sistema de la posguerra. La CDU/CSU muy poco, 1,4 puntos porcentuales respecto a 2004 y de hecho, aumenta sus diputados. El batacazo se lo pega el SPD que pierde once puntos porcentuales y 75 diputados. Todos los demás "pequeños" partidos, que ya no son tan pequeños, aumentan a costa del SPD. Tanto que hay quien habla ya de nuevo sistema de partidos en Alemania, con el comienzo del fin de los grandes Volksparteien ("partidos nacionales" o "partidos atrapalotodo") y la inauguración de un sistema más auténticamente multipartidista. Pero eso sólo podrá saberse si este resultado se confirma en las siguients legislativas de 2013.

De momento lo que está claro es que el bloque de derechas (CDU/CSU-FDP), con 48,5 por ciento del voto popular, que será mayoría absoluta en el Bundestag se ha impuesto al hipotético bloque de izquierdas (SPD, La Izquierda, Los Verdes) en el caso de que sus discrepancias ideológicas lo dejaran articularse, pues sólo alcanza 45,5 por ciento. El nuevo gobierno alemán será una coalición negro/amarillo y aplicará un programa de reducción del Estado del bienestar.

Justo a la inversa de lo que ha pasado en Portugal también en las elecciones de ayer, limpiamente ganadas por el Partido Socialista del primer ministro José Socrates pero sin mayoría absoluta. En el gráfico, que tomo de Público que permite comparar estas elecciones con las anteriores puede verse cómo la volatilidad del voto se da dentro del bloque de la izquierda: los votos que pierde el Partido Socialista son más o menos los que ganan el Bloque de Izquierda (trostkistas y extrema izquierda) y la Coalición Democrática Unitaria (comunistas y aliados), mientras que el bloque de la derecha se mantiene inalterado. En conjunto, a diferencia de Alemania, las elecciones las ha ganado la izquierda con un 56 por ciento del voto popular frente al 37,6 por ciento del centro derecha. El Partido Socialista propone aplicar una política keynesiana de salida de la crisis, cuyo capítulo más relevante para los españoles es la inversión en el proyecto conjunto del AVE a Lisboa, cosa que planteará -ya lo ha hecho en campaña- la enésima polémica acerca del iberismo.

martes, 22 de septiembre de 2009

Cosa rara: en Alemania puede pasar algo.

A menos de una semana de las elecciones legislativas en Alemania las cosas no están tan claras como trasmite mayoritariamente la prensa. Las simpatías que entre periodistas y comunicadores en general despierta Frau Merkel con ese aspecto sobrio, discreto, unasuming, que dicen los ingleses; la forma de plantear la campaña de la CDU/CSU que lleva dos años machacando una idea: "Die Mitte" (el centro) y un rostro: Frau Merkel; el carácter un poco surrealista de una campaña electoral que enfrenta a dos aliados de gobierno actual, Frau Merkel y su ministro de Exteriores, Herr Frank-Walter Steinmeier; todo conspira para que los medios den por segura la victoria de la derecha, máxime si, como acaba de suceder, el Partido Liberal (FDP) se compromete a una alianza sin condiciones con la CDU, lo que aumenta, según se dice, el atractivo electoral de la posible coalición Negro (Democracia Cristiana)-Amarillo (Partido Liberal), una vez descartada la llamada "coalición semáforo", esto es rojo (Partido Socialdemócrata)-amarillo-verde (Partido Verde) y también la llamada "coalición Jamaica: negro, amarillo, verde". Esta imaginación cromática debe de ser manifestación de esa condición poética alemana que diagnosticaba Heine cuando decía que "los alemanes sueñan con las revoluciones que los franceses hacen".

El caso es que, si nos atenemos a los resultados de los sondeos, las posibilidades de un triunfo de la derecha y de la izquierda están muy equilibradas. Viendo el de marzo de este año a la derecha (fuente: wahlumfrage) se ve que la derecha (coalición negro/amarillo) tenía una intención de voto del 50 por ciento y la izquierda (coalición rojo/verde/rojo, esto es, socialdemócratas, verdes e izquierda de Bisky y Lafontaine) del 45 por ciento. Cinco puntos porcentuales de diferencia. Mucho y poco, según se mire.

Seis meses después, en el último sondeo antes de las elecciones (fuente: Frankfurter Allgemeine Zeitung), las posibilidades son: negro/amarillo: 49 por ciento; rojo/verde/rojo: 46 por ciento. Diferencia, tres puntos porcentuales. Dos menos que en marzo. Claro que está por ver que los verdes firmen sin más con la izquierda (repetición de la experiencia Schröder/Fischer) en lugar de inclinarse por una más atractiva coalición Jamaica en el caso de que se planteara. Igualmente está por ver que pueda darse una alianza entre los socialdemócratas y la Izquierda de Die Linke, de Bisky y Lafontaine, de relativamente reciente creación en parte desgajado del SPD, en parte antiguos comunistas, radical y sin experiencia de coalición.

Por último, las cosas pueden también quedarse como están cual se aprecia en el gráfico de más arriba, también del FAZ en el que se ve que las fortunas electorales de los partidos entre mayo y septiembre de 2009 apenas han variado. (Por cierto, será interesante ver si el partido de los Piratas consigue representación).