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martes, 24 de mayo de 2016

Hermana cebra, hermano buitre

La Casa Encendida de Madrid, ese lugar casi mágico de la Ronda de Valencia nº 2 en Madrid, se ha convertido en el centro estratégico de una campaña de Capital Animal entre abril y junio en la que se promoverán debates, se realizarán encuentros, charlas, exposiciones sobre las cuestiones animalistas, especialmente la de los derechos de los animales. Y, además de la Casa Encendida, los actos tendrán lugar en la Calcografía Nacional, el Matadero de Madrid, el Reina Sofía y el Museo Lázaro Galdeano. Una iniciativa espléndida en defensa de los animales y de la cultura vegetariana.

La exposición en la Casa Encendida, comisariada por Rafel Doctor con la ayuda de Ruth Toledano y Ruth Montiel Arias, consta de tres salas con tres temáticas diferentes. En una hay unas 200 reproducciones gráficas de todo tipo de animales en todos los soportes, óleos, grabados, acuarelas, litografías, xerigrafías, fotografías, etc aportados por un montón de artistas, desde los más conocidos como El Roto, Forges, Ouka Lele, El Hortelano, etc, hasta los casi anónimos, pero todos ellos animados por una misma intención: reproducir la belleza del mundo animal. La abigarrada densidad de la representación hace que el espectador se sienta casi abrumado. Las reproduciones no dejan un palmo de pared exento y las hay desde el suelo al techo, lo que trasmite una sensación de plenitud por entrar en contacto con un mundo, aunque sea vicariamente, del que habitualmente ignora todo pero que es fascinante e infinito.

Otro espacio es un terreno de denuncia de las barbaridades que los seres humanos cometemos con los animales. En todo tipo de soportes: fotos, dibujos, objetos y vídeos se historia esta relación de dominación, indiferencia y crueldad entre el homo sapiens y las bestias. Esa barbarie queda especialmente documentada en los vídeos, los que muestran las prácticas de los mataderos industriales actuales, desde el momento en que se abate el animal hasta que su carne es empaquetada en inocentes envases que parece que solo contengan plástico, pasando por los procsos intermedios del despelleje, el descuartizamiento, etc. Son imágenes muy duras, muy impactantes. Es imposible, creo, olvidar las caras de terror de las terneras cuando las abaten o los chilldos desgarradores de los cerdos.

El tercer espacio es uno interactivo. En él se sigue haciendo campaña a favor de los animales y del vegetarianismo, pero las piezas que se muestran, juegos, dibujos, composiciones, reclaman la participación del visitante, lo invitan a actuar, a acercarse a un mundo de preocupación por los animales que a muchos de nosotros nos es desconocido. Es una parte didáctuca y muy bien pensada.

El resumen, la quintaesencia de esta exposición y de todas las actividades de Capital Animal 2016 es el problema de los derechos de los animales, cada vez más presente en los debates filosófico, jurídicos y politológicos. Tenía razón Sir Isaiah Berlin cuando afirmaba que lo característico de la democracia y de nuestra época es la coexistencia de valores inconmensurables. En una misma sociedad pueden coexistir bárbaros como el ex-ministro Wert que considera que las corridas de toros son un bien cultural y hace que las subvencionen con 600 millones de euros (de dinero ajeno, bien entendido) o energúmenos como quienes alancean hasta la muerte al toro de la Vega y gente de sensibilidad y generosidad como Ruth Toledano que fue agredida por uno de esos primates de Tordesillas por oponerse a la tortura del pobre animal. Valores opuestos, contrarios, excluyentes, el respeto y el desprecio por la vida del animal a la par en un mismo orden social. Berlin estaría encantado del ejemplo pero, sin duda, un hormiguillo le haría dudar: si son excluyentes los valores, ¿podemos reputarlos coexistentes por algo más que por la mutua imposibilidad de eliminarse físicamente? Entiendo que alguien para quien la música sea el valor supremo coexista, conviva y hasta haga excelentes migas con algún otro entregado apasionadamente a la exploración submarina. Son valores no coincidentes pero amigables. No veo cómo pueden coexistir partidarios y enemigos de torturar a los animales salvo el tiempo en que lo justicia tarde en dictar un fallo.

La cuestión de fondo es la de los derechos de los animales. Muchos niegan que tal cosa exista argumentando que los animales carecen de razón. Los derechos son nuestros porque nosotros sí la tenemos. Suponen, obviamente, que la única razón que existe es la humana. Quizá sea mucho suponer, pero, además se plantea el problema de por qué reconocemos derechos también a aquellos seres humanos que, por el motivo que sea, carecen de razón, por ejemplo, los locos.

Los animalistas sostienen, además, que la titularidad de los derechos no recae en los animales por la condición racional sino por la de seres sufrientes. Las animales sufren y los seres humanos no debemos hacer sufrir a un ser vivo. Eso es claro. Y convincente. Los animales, como seres vivos (y con independencia de cómo calificar a sus procesos nerviosos superiores) tienen derecho a que no se les haga sufrir. Sigue siendo convincente. Y ¿que podemos decir frente a la objeción de que de nada sirve reconocer derechos a unos seres que no pueden hacerlos valer ni ejercerlos? Que esos derechos encuentran su correlato en nuestros deberes. Son derechos de los animales frente a nosotros, que somos sus principales depredadores, y que se convierten en deberes nuestros: tenemos el deber de no hacer sufrir, de no causar daño a los animales. Tenemos el deber de legislar protegiéndolos como si el legislador fuera San Francisco de Asís.

Confieso que tengo menos claro otro asunto: el de ¿a qué animales nos referimos? Cuando se habla de derechos de los animales, creo, se da por supuesto que nos referimos a las especies superiores, domésticas y domesticables: las mascotas y los animales que utilizamos por razón del provecho que extraemos de ellos como bestias de tiro y carga o para otros menesteres. Pero ¿qué sucede con los animales salvajes? Cuando estos atacan al ser humano, es de suponer, asiste a este el derecho de legítima defensa, como si de dos persons se tratara. Pero ¿qué sucede cuando un animal ataca a otro porque es su fuente de alimentación? Igual que cuando dos animales domésticos se atacan entre sí. Sin duda, los bárbaros que apañan peleas de gallos o de perros deben ir a parar con los huesos en la trena, ¿pero qué decimos cuando, sin intervención humana, dos gallos se entrematan? ¿Hay relato de derechos ahí? Conste que no digo que sí ni que no; simplemente me lo pregunto. Como me pregunto qué sucede con las especies animales inferiores o en qué concepto tenemos a esos jainistas de la india cuyo respeto por la vida animal los hace caminar barriendo el suelo para no pisar las hormigas.

De todas formas, Palinuro defiende el concepto de los derechos de los animales como principio. Quiénes sean los titulares y hasta dónde alcanzan esos derechos es materia controvertida sobre lo que queda mucho por discutir.

Lo que está fuera de discusión es que convertir el sufrimiento y la tortura de un animal en un espectáculo debiera estar radicalmente prohibido.

domingo, 12 de agosto de 2012

Vargas Llosa y los toros.

Hace unos días, Sánchez Ferlosio publicaba un magnífico artículo en El País en contra de las corridas de toros, titulado Patrimonio de la Humanidad, tanto más grato para Palinuro cuanto que este creía, equivocadamente por lo que se ve, que el autor de El Jarama era partidario de este espectáculo absurdo y cruel.
Hoy es el gran Vargas Llosa quien responde con otro en el mismo medio, titulado La "barbarie" taurina en el, además de sobrar las comillas del término barbarie, se critica el de Ferlosio del que se dice que es una de las diatribas más destempladas y feroces que he leído contra este espectáculo. Está en su derecho de errar en esto como en lo que quiera. No me parece que haya destemplanza ni ferocidad en el muy certero artículo de Ferlosio. En cambio sostengo que la pieza del propio Vargas Llosa es uno de los escritos más sofistas, falsos, convencionales y vulgares que he leido sobre la materia.
Sobre los argumentos de fondo está todo dicho y el artículo del Nóbel peruano no aporta nada aunque se empeñe en repetir por enésima vez la manoseada falacia de que, si las corridas desaparecieran, se extinguirían los toros bravos que él dice amar profundamente confundiendo, como muchos aficionados a las corridas, el animal con su muerte, pues no ama el animal sino el placer que encuentra en la tortura y agonía de un ser vivo lo cual solo muestra un espíritu sádico o con la sensibilidad de un guijarro.
Lo interesante del artículo de Vargas Llosa, por lo natural y espontáneo, ya que es respuesta improvisada al de Ferlosio, es el empleo de la retórica embaucadora con que los partidarios de este espectáculo tratan de dignificarlo. Buena parte de la pieza está redactada con ese estilo propio de los aficionados a cualquier tipo de actividad, relatando menudencias técnicas que insinúan esquivamente una especie de estadio superior del conocimiento que excluiría a los no entendidos, pasando de matute de lo técnico a lo moral, y daría una mayor autoridad a quienes carecen de ella en el lenguaje ordinario, como si quisiera aplicar la teoría del cierre categorial de Bueno a la actividad de asesinar reses en público.
No pareciéndole suficiente al escritor este recurso porque, al fin y al cabo, él es eso, un escritor de verdad y no un charlatán del toreo, añade un recurso a la poética de la muerte, vulgarizando al nivel del blablabla la cuestión metafísica esencial del hombre, su ser heideggeriano para la muerte, confundida con la sed de sangre que tiene siempre la parte más baja del ser humano y que llega a la más alta cuando se expresa en muchedumbres.
No falta el sofisma de pedigrí liberal, empleado de forma tan torticera que más parece desprecio a la capacidad analítica de los lectores. Entiende Vargas que no sea admisible obligar a nadie a contemplar un espectáculo que abomina, con lo que pretende señalar que los aficionados a las corridas no obligan a nadie a verlas. Con ese mismo derecho, falsea Vargas el argumento, no se puede prohibir a los aficionados el espectáculo. Aparte de que sí se podría si la sociedad decidiera reconocer -como han hecho muchas- determinados derechos a los animales, está el dato que un liberal de verdad no puede ignorar de que las corridas solo son posibles porque están artificialmente sostenidas y subvencionadas con dineros públicos, incluidos los procedentes de los impuestos que pago yo que considero las corridas de toros un ejemplo acabado de crueldad y barbarie pero estoy obligado a sufragar porque, si no, claro, los Vargas y sus compañeros de tendido, tendrían que pagar el precio íntegro del espectáculo del que gozan que dejaría de producirse en dos o o tres temporadas. A no ser que, por el hecho de que Vargas sostenga la continuidad entre los cultos cretenses y la corridas de hoy queda justificado un intervecionismo estatal que el novelista repudia en todo lo demás.
Los aficionados a las corridas, estilo Vargas, jamás hablan de "corridas" sino que, hábiles prestidigitadores de las palabras, las llaman "fiesta" y ya, embarcados en esa pendiente de la manipulación y, la pura mentira sostienen que los aficionados amamos profundamente a los toros bravos. Es curioso, ninguno de esos líricos amantes de la bravura taurina ha pisado jamás una dehesa para contemplar esos hermosos animales en libertad. Solo se mueven para ir en manada a ver cómo los torturan y asesinan en un medio artificial preparado para la muerte y completamente ajeno al natural y vital del toro. Es decir, a sumergirse en una catarsis colectiva previo pago de unos euros por el espectáculo en el que se los tortura y asesina para regodeo de la chusma, de la que estos escritores son los lamentables adelantados.
(La imagen es una foto de Christian González Verón, bajolicencia Creative Commons).

martes, 17 de abril de 2012

Recuerdos de un elefante.

El primo George era un gran elefante. Culto, íntegro, voluntarioso, sensible y muy hospitalario, fueron estas buenas cualidades las que lo perdieron. En especial su aficion por el trato con los hombres, sí, esos bípedos implumes devastadores a quienes nuestros amigos los houyhnhnms, llaman yahoos, término que los propios yahoos, en su estólida ignorancia, atribuyen a una plataforma de correo electrónico, ignorando que la palabra quiere decir precisamente eso, "hombre". En verdad, hombre tosco, brutal, degenerado. O sea, hombre a secas.
George era sabio a fuer de viajado. Había estado en la India y allí había conocido a Ganesh quien le enseñó la gran habilidad con la que él después se ganó la vida por los caminos del mundo hasta volver a casa. Sabía tenerse de pie sobre un ratón. Me lo presentó una vez. Se llamaba Ercolino y era un gran roedor pues sostenía a George sin fatigarse y eso que mi primo pesaba casi diez toneladas. Ganesha cogió cariño a George y lo nombró Gran Proboscídeo del Africa meridional con jurisdicción sobre todo el Kalahari y obligación de pagarle un tributo anual en un rico forraje, al que el dios era muy aficionado, que crece en la savana africana pero no se conoce en Asia. ¡Y no estaba orgulloso ni nada George de patrullar las ardientes arenas con su gualdrapa de seda hindú en la que se leía en sánscrito "Alguaciles de Ganesha. Satrapía africana"!
Hacía ya tiempo que lo veía poco. Se había casado con una hermosa elefanta de la selva y, siendo un loxodóntido hogareño, apenas salía de casa salvo para ir al trabajo. Sin embargo, un día vino a verme muy excitado: había llegado un grupo de yahoos que parecían civilizados, quería entablar relaciones con ellos y me invitaba a acompañarlo porque creía que podría serle de utilidad dado mi conocimiento del inglés, que adquirí mientras, siendo niño, trabajaba para Walt Disney haciendo Dumbo. Me negué en redondo. No era necesario señalarle el peligro que lleva siempre para nosotros el trato con estas bestias frenéticas cuando van de lo que llaman "caza". Pero él insistía. No había peligro, decía el infeliz; en la expedición venía un yahoo que era Rey de España y, al tiempo, presidente de honor de WWF, es decir, ¡un amante de los animales! Venía, además, acompañado de un grupo de damas y caballeros entre los que destacaba por su belleza, elegancia y cualidades espirituales, una noble alemana, al parecer sentimentalmente relacionada con el yahoo hispano, de nombre Corinna zu Sayn-Wittgenstein. "¡Una Wittgenstein!", exclamaba el bueno de George, "¡Podré hablar con ella del Tractatus Logicus-Philosophicus, que fue lectura obligada en mi época de Brahmín en la India."
Dije que no lo acompañaría y mientras él, algo mohino, emprendía viaje al encuentro de los visitantes, yo me metí en la red en busca de información sobre aquel extraño Yahoo, llamado Juan Carlos de Borbón. La conexión en el Kalahari no es muy veloz pero, cuando accedí a la información, se me encalabrinó la trompa: el yahoo en cuestión era un peligro para cualquier ser vivo a su alcance: empezó sus días matando -diz que accidentalmente- a un su hermano y siguió luego su infausta carrera sembrando la tierra de cadáveres: búfalos, ciervos, urogallos, jabalíes, jaguares, tigres de Bengala y hasta un simpático oso de la estepa. Aquel yahoo, como todos los de su especie, era una máquina de matar; la tal Sayn-Wittgenstein lo azuzaba para hacer negocios con una clientela de nuevos ricos palurdos que pagaban lo que fuera por ir a exterminar fauna africana en compañía, decían, de un auténtico rey que, a su vez, acudía allí atraído no por el encanto filosófico de la dama sino por otro menos elevado y más horizontal.
Cuando me di cuenta del peligro que George corría, salí a toda velocidad en su busca, barritando desesperadamente. Pero George estaba lejos y no podía oírme. De hecho, ya había avistado el safari y hacia él se encaminaba con esa tranquilidad de espiritu que caracteriza los espiritus nobles. Cambié la forma de comunicación y le envié aviso de riesgo por microondas terrenas. Si George estaba todavía en este mundo, tendría que recibirlas por las patas y quedar avisado. Justo cuando acababa de enviarlas, sonó el eco de un disparo y yo supe que había llegado demasiado tarde.
Redoblé la velocidad de la carrera y cuando, por fin, entré en la linde la savana el espectáculo era desolador. A cien metros, George yacía muerto, con la tapa de los sesos levantada mientras el yahoo posaba satisfecho con la escopeta humeante, junto a la malvada princesa y a sus pies, mi infeliz primo George. Verlos y arremeter contra aquella pareja de estúpidos criminales fue todo uno. Ignoré a la mujer pues los elefántidos no atacamos a las mujeres y me fui sobre el reyezuelo de la tribu ibérica. Lo empujé levemente con la trompa y le rompí una cadera. Me disponía a aplastarle la cabeza sentándome sobre ella cuando se me apareció Ganesha y me ordenó perdonarle la vida. Tenía que perdonarlo porque, al y al cabo, nosotros somos dioses e hijos de dioses y tenemos que tener piedad con estas criatura imperfectas que sólo sobreviven matando y destruyendo, sobre todo, si como era el caso con el yahoo a mis pies, no sabían hacer otra cosa de provecho pues habían pasado su vida parasitando a sus semejantes.
No me convenció el discurso de Ganesha porque, al fin y al cabo, a diferencia del pobre George, yo he sido siempre un agnóstico pero entendí el razonamiento de que, si acababa con los días de aquella piltrafa humana, que se retorcía en el suelo de dolor, acabaría siendo tan abyecto, cruel e inmundo como él. "Déjalo ir", me dijo Ganesha, "No lo tiene fácil. Su mujer lo ignora, sus hijos no se lo toman en serio, sus amantes lo tienen como un activo de negocios y alguno de sus parientes políticos, más ladrón que Caco, puede acabar arrastrándolo a la cárcel, que es la jaula en la que los yahoos encierran a los otros yahoos que se pasan de listos o de tontos. Su propio pueblo nunca le ha tenido mucho respeto y, ahora, con sus últimas hazañas muy al estilo de los crápulas de sus antepasados, aumentan los partidarios de darle boleto y cambiarlo por una República.
Lo de la República me sonaba mucho. Recordé que era la forma preferida por mi amigo y anfitrión, Palinuro, en cuya casa, que tenía la forma de una elegante trirreme troyana, me alojaba cuando iba de excursión a Europa. Precisamente, la última vez, cuando fui de librerías a Madrid, a buscar un libro sobre un elefante que acababa de publicar el gran José Saramago, que tanto nos entendia, El viaje del elefante. Comprendí entonces la profundidad del maestro Ganesha: entre los yahoos hay de todo, incluso extremos contrapuestos. Hay Saramagos y hay Juan Carloses.

jueves, 2 de febrero de 2012

La casta y la pasta

Tiene gracia la nueva versión del toro nacional adaptado a los tiempos que corren de predominio de la corrupción y el más puro bandidaje financiero. Tiempos que se redoblan ahora con el gobierno de la derecha cuyo ministro de Educación y Cultura ya ha demostrado la mucha que posee anunciando que vuelven los tiempos de las vacas gordas (y nunca más a cuento) para los toros o, mejor dicho, para los que hacen negocios toreándolos y matándolos para solaz de públicos de gustos refinados y exquisitos, como él mismo.

¿Por qué será que uno tiene la sospecha de que la llamada "fiesta nacional" forma parte de la tradición de una España que quiere ser eterna de insensibilidad, incultura, señoritismo, servidumbre, caciquismo, corrupción y miseria generalizada? Miseria material y miseria moral, que es tan mala como la primera o peor. La idea de que las corridas de toros tienen que ver con la cultura, que predican entre otros los señoritos de derechas, igual que los señoritos de derechas del nacionalismo catalán ensalzan los "correbous" (cuya única ventaja parece ser que no son españoles) parte de un concepto de "cultura" tan pedestre y rudimentario que también permite sostener que el soborno es asimismo una forma de cultura. Los pueblos mediterráneos..., ya se sabe... ¡ah, la picaresca, esencia misma de la cultura hispana! El cacique, el siervo y el toro, trinidad eterna de los páramos de España.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Un gato que es un zorro.

Como quiera que este mes Palinuro ha decidido ilustrar su blog con el simpático gato de Chesire, de Alicia en el País de las Maravillas, juzgué que era un buen momento para poner mi grano de arena a la afición felina y fui a ver El gato con botas, la película de Chris Miller, en compañía de mis hijos. Debe saber el amable lector que el gato con botas es un animal icónico en casa. Tiene una estatua junto al televisor lo que, está claro, quiere decir que se le concede gran importancia, porque el televisor en el hogar moderno es el centro mismo del universo.

Por supuesto, los pequeños disfrutaron tanto de la peli como yo me aburrí. ¡Vaya estafa, ya en el propio nombre! Este gato con botas no tiene nada que ver con el gato con botas de Charles Perrault. Ya me extrañaba que se pudiera hacer una película de un cuento tan breve como el que narra en sencillas palabras la forma en que el inteligentísimo gato consigue que el miserable de su amo, tercer hijo de un labrantín cuya única propiedad es esa, un gato, convertido en Marqués de Carabás gracias a la imaginación del felino, haga su fortuna casándose con la hija del rey.

La película de Chris Miller es algo totalmente distinto. Lo único que tienen en común ambos gatos son las botas y ni eso es cierto porque el gato de Perrault las quiere para caminar por los rastrojos sin herirse mientras que el de Miller las calza por pura presunción. Ni marqués de Carabás, ni rey, ni castillo del ogro, ni nada, esta película no es más que un ejercicio de efectos especiales para verla en 3D, llena de vistosas peripecias para que los espectadores disfruten con sus emociones. Practicamente no tiene guión, salvo una historia elemental de una habichuelas mágicas, vagamente conectadas con una oca de los huevos de oro y un relato de honor, valor, venganza y amistad bastante trivial.

Quizá por casualidad, quizá como sutil homenaje al también maravilloso gato de Cheshire, aparece aquí Humpty Dumpty, que pega tanto en el conjunto como una bomba fétida en un rosal. En fin, que este Gato con Botas, plagiario del título, en realidad está moldeado según el estereotipo del personaje del Zorro, un noble de bien que se ve obligado a vivir al margen de la ley pero es habilísimo espadachín (el gato de Perrault no manejó una espada en su vida; se valía de su inteligencia) y corazón generoso. O sea, un petardo. Que la voz sea la de Antonio Banderas, que simula una dicción apache, igual que la de Salma Hayek, únicamente refuerza esta impresión de que al gato le han metido el espíritu del Zorro.

Conozco tres gatos que hablan en la literatura y los tres son de gran inteligencia, sentido del humor y mucho realismo, el mentado gato de Cheshire que consigue desaparecer dejando tras de sí sólo su sonrisa; el Gato con botas de verdad, quien convence al rey de que su amo es el imaginario Marqués de Carabás; y el Gato Murr, propiedad del Maestro de Capilla Johannes Kreisler, creado por E. T. A. Hoffmann, un gato fabuloso que llega a escribir una especie de memorias en la parte posterior de las hojas en las que escribía su amo y que éste creyó oportuno publicar como Vida y opiniones del gato Murr.

Al lado de estos tres felinos, figuras señeras de la civilización, este otro fanfarrón tiene maldita la gracia.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Los toros no votan.

La barbarie del toro de la Vega en Tordesillas es apabullante porque, en el fondo, nos retrata como especie. Somos una especie cruel. Que nadie se ofenda como individuo. No se habla aquí de individuos. Seguramente, entre los criminales que torturaron y asesinaron a Afligido y los que se divertían con el espectáculo habrá algunos que tendrán mascotas en casa a las que considerarán "casi de la familia", como suelen decir. No se habla de individuos; se habla de la especie. Como individuos somos todos intachables. Como especie somos crueles. Una crueldad que nace de nuestra condición racional. Porque las demás especies de animales no son crueles y dado que lo único que nos distingue de éstas es la razón, la razón es el origen de la crueldad que anida en ella desde su origen. Algunos grabados de William Hogarth, del siglo XVIII, que muestran lo crueles que pueden ser los niños con los gatos y los perros, marcan un camino que nos lleva a reconocer que causar sufrimiento a los animales por diversión es algo frecuente en todos los tiempos, todos los lugares y (casi) todas las culturas. Recuérdese cómo los más tontos a la hora de defender la crueldad con los animales, invocan la tradición. Para qué seguir.

Está bien que se haya armado esa tremolina a cuenta de la ignominia de Tordesillas. Apunta en la buena dirección, en la de que, poco a poco, estas muestras de barbarie irán desapareciendo. Ojalá. Pero no hay que olvidar que la crueldad de la especie no se agota en los animales irracionales sino que tambien se ejerce sobre los racionales, lo que es imposible de entender. Cada vez que se comete un crimen contra la humanidad la especie se detiene aterrada ante la insondable profundidad del Mal que en ella habita. "Después de Auschwitz no es posible escribir poesía", reza el famoso dicho de Adorno, objeto de mil y una interpretaciones. Añadamos "después de Auschwitz y después del Gulag", porque el Gulag vino después de Auschwitz, al menos en la conciencia de los occidentales.

¿De dónde sale la resurrección del sadismo que traduce la obra de Peter Weiss sobre el divino marqués en el asilo de locos de Charenton que llevó al cine el gran Peter Brook? Y eso se hizo después de Auschwitz y el Gulag. En realidad, hay que reconocer que después de Auschwitz y después del Gulag todo es posible. No sólo la poesía sino literalmente todo. No, no, de ningún modo, argumentan gentes sin duda bien intencionadas. Hemos aprendido la lección: nunca más. ¿Nunca más? Y ¿qué es Guantánamo? No quiero poner a nadie en apuros así que mejor planteo otras preguntas: ¿qué pasó en los killing fields de Camboya? ¿Qué en la enésima guerra de los Balcanes hace veinte años? ¿Qué pasa en Somalia, en Libia, en el Irak, el Afganistán, en México, Guatemala? ¿Cuándo han acabado los genocidios? ¿Qué es el feminicido?

Bueno, como no se trata de ocultar un digno debate ético a base de echarle problemas trascendentales encima, volvamos a Tordesillas. Sobre el toro podemos haberlo dicho todo y, si no, tampoco importa gran cosa porque los toros no votan y eso es algo que los políticos miran mucho. Porque de los políticos, a los que se supone una función de liderazgo moral, es ahora la fábula aquí. El Intermedio preguntó por la barbarie tordesillesca a varios políticos del PSOE. Lo cuenta muy bien Félix Población en Políticos del PSOE ante el toro de la Vega. El alcalde de Tordesillas es del PSOE y defiende la crueldad con argumentos típicos de gobernador civil franquista: que los que protestan contra esa monstruosidad "no son de aquí". Serán extraterrestres bolcheviques. Los políticos preguntados condenaron el hecho pero se abstuvieron de enjuiciar el comportamiento del alcalde, lo cual refleja su talla moral y su liderazgo. Excepto la ministra de Cultura que ni siquiera condenó, que no dijo nada. Por lo demás, lo que suele hacer, demostrando una vez más que no dice nada porque no tiene nada que decir, lo que plantea el espinoso asunto de por qué la hicieron ministra.

En el PSOE hay enemigos y partidarios de la lidia. Es razonable pensar que un partido no tiene que ser necesariamente una cofradía de una sola opinión en todo y que es bueno que tenga pluralismo en su interior y lo respete. Vamos a suponer asimismo que, por diversas razones, la lidia aún no permite una decisión colectiva que, de forzarse, podría escindir el partido. Pero ¿tampoco lo permite un espectáculo tan vergonzoso como el de Tordesillas? Todavía la lidia lleva consigo mucha música, pintura, literatura, poesía, folklore, un abigarrado mundo simbólico que se resiste a cambiar y que incluso ha taraceado la lengua con multitud de expresiones hechas. Pero ¿qué tiene el crimen de Tordesillas? ¿En qué ha entrado en la lengua si no es por algún rebuzno? ¿No habrá un porcentaje abrumadoramente mayoritario de militantes socialistas que condene la tortura animal, deje en minoría al alcalde tordesillesco y le haga ver que, si quiere seguir ganando elecciones en su pueblo, lo haga bajo la bandera de otro partido?

No es bueno ni realista que un partido sea una piña en torno a una sola opinión; pero tampoco que no tenga ninguna y que, por prudencia electoral (ya que los toros no votan, pero sus torturadores sí) no pueda pronunciarse sobre asuntos morales tan claros y evidentes. Porque, si no es capaz de conseguir ni esto, ¿qué es lo que lo une como partido? ¿El mero hecho de ganar las eleciones y calzarse un puesto al sol? ¿En nombre de qué? En la tradición de la izquierda, eso es más propio de la derecha.

(La imagen es una foto de Wikimedia Commons,que está en el dominio público).

jueves, 14 de octubre de 2010

A la cultura le ponen los cuernos.

El mundo entero ha contemplado en suspenso esa proeza de Chile de arrancar a una muerte segura a treinta y tres hombres (cosa que muchos seguimos al minuto) en una operación que ha sido un verdadero canto a la vida. En ese mismo momento el ministerio español del Interior anuncia que transfiere las competencias en materia de corridas de toros, ese canto a la muerte (muerte segura del toro y posible del torero), al ministerio de Cultura. De este modo, se dice, se devuelve a las corridas (ellos las llaman "Fiesta Nacional", igual que el doce de octubre, ahí es nada), el trato noble que merecen: son cultura. Nada de cuestión de Interior o de Gobernación al recio estilo de Franco, sino de creatividad, que no es lo mismo.

No sé si la ministra de Cultura está al tanto de lo que se le viene encima y lo defiende por estar convencida de que, en efecto, las corridas son cultura o va de florero y nadie la consulta sobre decisiones que la conciernen, que la empitonan, por ponernos taurinos. Lo que está claro es que el ministro Rubalcaba se ha quitado de encima lo que se llama una "patata caliente", un ascua en realidad, evitándose lidiar (ya que estamos en ello) a un movimiento animalista cada vez más extendido y con mayor resonancia mediática, y que tiene mucho apoyo en su propio partido.

La decisión puede entenderse también como una especie de puñalada trapera al tripartito catalán y hasta a Cataluña en su conjunto al facilitar el camino para que el PP interponga recurso de inconstitucionalidad por la prohibición de las corridas en Cataluña decidida por el Parlament. El Parlament se ha extralimitado, se escandaliza la derecha; ha ido más allá de sus competencias. No sé cómo pueda decirse que se haya extralimitado cuando la cultura es competencia autonómica; pero por decir que no quede. Por lo demás, los catalanes, que tienen sus debilidades, podrían argumentar que, puestos a defender la cultura, ellos más que nadie: expulsan las corridas por oscurantistas pero blindan a los correbous que, como puede verse, consisten en hacer al toro portador del símbolo mismo de la cultura, la civilización y hasta la libertad: la luz. Que no sea luz sino fuego es cuestion de escasa relevancia. Lo importante es que aquí está el feliz astado catalán convertido en soporte de la luz del espíritu frente a las escabechinas de los españoles.

Cultura es la palabra. Si las corridas lo son o no. Si por "cultura" se entiende, como quieren los arqueólogos y los antropólogos, todo aquello que hace el ser humano, no hay duda de que los toros son cultura con el mismo derecho que las palanganas, los chupa-chups y las Matrioschkas. Pero nadie subvenciona las palanganas, los chupa chups o las Matrioschkas. Claro, no es ésta la cultura de que hablan los corridófilos. Es de la otra, de la cultura en sentido filosófico, del arte. La tauromaquia es un arte.

Pero esto no es verdad. Las corridas pueden ser objeto de obras de arte, pero no son arte en sí mismas, si es que esto quiere decir algo. Todas las epopeyas cantan la batalla, la guerra, pero la guerra en sí misma no es arte (el concepto de "arte de la guerra" se refiere más a la "técnica") ni cultura, sino barbarie. Aunque el arte, soberana como es, puede hacer algo sublime de lo más odioso y detestable, ese es el camino que empezó a andar el Marqués de Sade, en el que tampoco llegó muy lejos en comparación con el siglo XX. El arte contemporánea ha sacado mucho partido al Holocausto; el arte, la poesía, el pensamiento filosófico. Considérese tan sólo la kilométrica Shoah, de Claude Lanzman:



Bellísimo, sin duda. Pero el Holocausto no es cultura y, digo yo, estaremos todos de acuerdo en que hubiera sido mejor que no se hubiera producido, aunque nos perdiéramos quintales de obras de arte. Así que dejen en paz a Goya, Picasso y tutti quanti. Por lo demás, si arte ha de ser, necesita una musa y, como no la hay, no se me ocurre nada mejor que adjudicarle a Pasifae, cuya leyenda es la que origina el Minotauro. Bingo.

Todas las manifestaciones artísticas son valiosas en principio, pero ese valor es un activo que se adquiere en función de lo que se aporta a la mejora de la especie, no sólo a la material, que es la más evidente, sino a la espiritual y/o moral. Y bajo ningún punto de vista civilizado es una mejora complacerse en la contemplación del sufrimiento y la muerte de ningún ser vivo, la contemplación de ese misterio que es la esencia de la naturaleza humana. La muerte. Según nos desbastamos vamos siendo más y más pudorosos con la muerte. Ya no exhibimos los cadáveres de nuestros enemigos ni hacemos ejecuciones públicas, salvo las excepciones de todos conocidas y por todos condenadas en países considerados "atrasados" y algunas también en los países considerados "avanzados". Pero la tendencia es clara: hurtamos la presencia de la muerte de la vida cotidiana: ya casi no hay sepelios y los coches fúnebres parecen limousines para clases medias-bajas. Lo primero que se hace con un cadáver es cubrirle el rostro. La humanidad busca la negación de la muerte y todas sus religiones y filosofías llevan a ese punto, incluso aquellas que, como el cristianismo, nacen del culto a la muerte pues solo la muerte de Dios en la cruz es el vínculo que lo liga con los creyentes. No siendo eso, la tendencia general es a ocultar la muerte. El arte, sobre todo el cine, la representa con harta frecuencia; pero eso es lo que hace, representarla, simularla, fingirla. En el ruedo no está representada; está presente. No siempre la relación entre poesía/ficción y verdad es tan alegre y optimista como en la autobiografía de Goethe.

¿Qué tiene de cultura una ceremonia pública cuya esencia es contradecir el sentido de la evolución moral de la humanidad, convertir la muerte en espectáculo invocando para ello la fuerza de la tradición, cómo no, y la creatividad del arte de Cúchares?

(La primera imagen es una foto de C Manuel; la segunda, de mikedangeR; la tercera, de alexisbellido, todas bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 25 de septiembre de 2009

La vergüenza del Parlamento español.

En el breve plazo de cuarenta y ocho horas el Parlamento español, en un caso el Senado y en dos el Congreso de los Diputados, han tomado tres decisiones que avergüenzan a cualquier persona con un mínimo sentido de la libertad y la dignidad. Como un solo hombre, en cerrada formación de falange macedónica, los senadores y diputados de los dos partidos mayoritarios han votado unidos de acuerdo con las órdenes de sus partidos y no según el dictado de sus conciencias, supongo. Supongo porque me niego a creer que 329 hombres y mujeres del Congreso de los Diputados estén de acuerdo en rechazar la moción de Esquerra Republicana-Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds sobre una política integral de la prostitución que, entre otras cosas, dficultaría esa práctica detestable de los anuncios eróticos en los periódicos que los imprimen y con los que se financian; cinco votos a favor y seis abstenciones frente a la marabunta de 329 dispuestos a que las cosas no se toquen y las putas sigan pasándolas putas.

También me niego a creer que, de 263 senadores del Reino, sólo treinta pertenecientes a los grupos políticos minoritarios (¡loor a ellos!) hayan votado a favor de la moción de Entesa Catalana de Progrès por la que se pretendía que las fiestas en las que se maltrata a los animales no puedan ser declaradas de interés turístico nacional o internacional (y, en consecuencia, no reciban subvenciones). Es decir, la inmensa mayoría de senadores conservadores y socialistas ha votado a favor del maltrato animal. "Maltrato animal" suena un poco como las inaprensibles ideas platónicas. Hay que traerlo algo más a casa. "Maltrato animal" significa que sus señorías, que lo son con mi voto, aprueban que se acribille vivo a un becerro, que se alancee a un novillo o toro aterrorizado hasta la muerte, que se arroje a una cabra viva desde lo alto de un campanario, que se claven banderillas de fuego a un toro, que a lo largo y ancho de la península, se apalee, destroce, despelleje, descoyunte, aplaste, desgarre, empale, degüelle a decenas, a cientos de animales indefensos para solaz de unas jaurías salvajes, tan salvajes como las señorías populares y socialistas que condonan y apoyan esta canallada.

Como tampoco doy crédito a que en la Comisión de Cooperación Internacional para el Desarrollo sólo haya obtenido un voto (el de Joan Herrera, presentador de la iniciativa) la moción para que el pleno del Congreso repruebe las provocadoras palabras del Papa en el África cuando dijo que es el preservativo el responsable de la extensión del Sida.Traigo aquí la imagen de Herrera como tributo a su coherencia y decencia intelectual. Por dieciocho votos en contra (PP, PNV y CiU) y dieciocho abstenciones (PSOE) se ha derrotado la petición de que el poder civil democrático pare los pies a una Iglesia invasora de los ámbitos sociales del siglo con sus doctrinas venenosas. Por supuesto, ha faltado tiempo a la Conferencia Episcopal Española para ladrar al Congreso que la representación popular no tiene nada que decir en las decisiones de los órganos eclesiásticos. Los mismos obispos que están todo el día metidos en política, limpia y sucia, con motivo del aborto, la salud sexual, la clonación, los experimentos científicos, la enseñanza, las parejas homosexuales y todo aquello en lo que los ciudadanos pretendan ejercer algún tipo de autonomía personal. Esas dieciocho abstenciones socialistas reflejan la abyección de un partido rendido a la Iglesia, que profesa un laicismo de boquilla mientras garantiza todos los privilegios de la clerigalla y cuyo Secretario General y presidente del Gobierno nombra como presidente del Tribunal Supremo a un fanático que antepone sus convicciones religiosas a su sentido de la justicia propinando de paso una bofetada a las decenas de juristas de categoría que hubieran movido una jurisprudencia más laica, más al servicio de una sociedad civil de ciudadanos.

Y como no puedo creer que sus señorías, al menos los diputados/das de izquierda estén de acuerdo con la esclavitud de la prostitución, el maltrato animal o el oscurantismo del Papa, tendré que atribuir su incomprensible actitud al hecho, verdaderamente de risa, de que las tres mociones progresistas hayan sido presentadas por grupos minoritarios de la izquierda y no estén en el programa legislativo de sus maquinarias burocráticas y que los muy sumisos sólo voten lo que cocina su jefatura. Y aun me parece más grave que en dos de las ocasiones los sociatas hayan cometido el vil atentado al carácter libre y avanzado de nuestra tradición progresista juntando sus votos (o sea, repito, el mío también) al de los reaccionarios neofranquistas de toda la vida.

(Las imágenes son sendas fotos de marcp_dmoz y Saül Gordillo, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 19 de julio de 2009

Los misterios de la caza.

Según parece el señor Fernández Bermejo dice que "la izquierda no entiende la caza". Atónito me quedo. No sospechaba que hubiera algo que entender. Supongo que la transcripción de la entrevista tiene sus exigencias y que el entrevistado matizó su respuesta y dijo algo distinto, más elaborado, que "el poder desconoce la relación del hombre con el bosque" y otras fantasías que insinúan que la caza es como una recuperación de aquella relación feraz, primitiva, brutal del hombre con el medio en los orígenes pero en la época contemporánea lo que, obviamente, es absurdo. Poco hay que entender allí donde a unos pavos armados les sueltan doscientas perdices para que se líen a tiros con ellas. Y conste que por caza no se refiere uno solamente el hecho de andar por los montes escopeta en mano sino también a sus momentos y rituales. Puede saborearse acudiendo a un restaurante de cazadores, de esos de ambiente rústico, con mucha piedra ornamental, chimeneas y cabezas de ciervos y jabalíes por las paredes, algo sólo equiparable en su buen gusto a las cabezas de toros de los locales taurinos. O seguir su rastro por el de los galgos ahorcados en esos bosques de que habla el exministro. Casos aislados, por supuesto.

En fin que tiene razón don Mariano, que la izquierda no entiende la caza, y que siga Vd. por ahí dando tiros a cuanto se mueve pues al parecer lo realiza a Vd. mucho.

(La imagen es una foto de Lisergia, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 30 de noviembre de 2008

Múgica, el listo.

Según el señor Múgica, Defensor del Pueblo (pobre pueblo), quienes somos antitaurinos somos tontos. Añade que hace falta una "sensibilidad especial" para disfrutar de las corridas de toros. Si, una sensibilidad de paquidermo y una inteligencia acorde con las sensibilidad. La que tenían los romanos que asistían a las luchas de gladiadores en el Circo. Nadie defiende hoy aquellos espectáculos inhumanos. En el futuro nadie defenderá las corridas de toros, salvo el señor Múgica de deslumbrante inteligencia. ¿Han visto algún vez a alguien con sensibilidad especial diciendo que tiene sensibilidad especial? ¿Y a alguien inteligente llamando tontos a quienes no coincidan con él en cuestiones de gusto? Pues eso.(La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 4 de abril de 2008

Contra las corridas de toros

Contra las corridas de toros.

Este blog, se ha dicho ya varias veces, es contrario a las corridas de toros, también llamadas "fiesta nacional". La última vez que se tocó el asunto fue el pasado dos de agosto de 2007 con un post titulado Contra los toros que suscitó alguna polémica entre enemigos y partidarios de la fiesta taurina. Es claro que ésta no deja indiferente a casi nadie.

En mi caso parto del principio, nada original por lo demás, de que no me parece de recibo divertirse viendo sufrir a un ser vivo, torturándolo, disfrutando con su terrible agonía. Todo lo demás se me hace secundario: que si los toros son una tradición en España, un folklore, fuente de inspiración para las tauromaquías de genios como Goya, Picasso o Barceló, etc, etc. No tengo nada en contra de todo esto y hasta lo apoyo... siempre que sea sin maltratar a un animal, sin hacerle ni un rasguño.

Hay quien dice también, en el colmo del dislate, que las fiestas sirven para conservar los toros bravos pues, de no ser por ellas, ya habrían desaparecido ya que su cría no sería rentable. Bueno, ¿y qué? También han desaparecido los dinosaurios y no es cosa que parezca atribular a nadie.

En algún sitio tengo leído que las fiestas de toros provienen de los elegantes ejercicios de las bailarinas cretenses en tiempos de la civilización minoica. Si tal fuera el espectáculo, hasta acudiría a verlo. Pero no se trata de eso, no. Se trata de hacer sufrir a un animal, enloquecerlo de dolor; se trata de que el espectáculo sea Sangre y arena. Y, siendo así las cosas, espero que de un modo u otro, se acabe prohibiendo para siempre esta crueldad, este crimen convertido en espectáculo de masas que, a mi modo de ver, las degrada a niveles inferiores al bruto que se complacen en ver morir.

Dejo aquí esta presentación en pwp que documenta la barbarie que hay detrás de la fiestecita de las narices que los dioses confundan.


Gracias, Julio


Y, como siempre, por si hay problemas, ésta en la dirección URL a la que se puede acudir para ver la presentación en Google docs, contra las corridas de toros.

(La imagen es una reproducción de una cartel taurino de José Mongrell Torrent de las fiestas de 1904 en Bilbao.)

viernes, 29 de febrero de 2008

Firmas contra las humanadas.

No son animaladas porque los animales no hacen estas cosas, son solo humanadas. Y, en este caso, vaya por Dios, según parece humanadas de artista. Es tan asombroso lo que hace el sujeto del vídeo, Guillermo Vargas Habacuc, que tiene uno que leerlo varias veces para "realizarlo", en el sentido inglés del término. Resulta, por lo que he colegido, que el tal Vargas Habacuc presenta como obra de arte en un certamen o galería o algo así el hecho de atar a un perro en corto y dejarlo de esta guisa hasta que muere de consunción, de inanición, probablemente de sed. Y el público pasea en torno al animal y no parece prestarle mayor atención. He aquí el vídeo:

Gracias, Marita

No sé si todavía estamos a tiempo o esa exhibición contra la que se pide actuar ya se ha celebrado. Pero dejo la firma de Petitiononline, por si alguien se anima.

viernes, 15 de febrero de 2008

Risas en la blogosfera.

No todo han de ser temas graves y hasta fastidiosos. Mi amigo Tom me envía el video siguiente sobre gatos. No tiene palabras y al principio hay un breve texto en inglés que, traducido al español, dice:

Lanieriloo presenta….
probablemente uno de los montajes legendarios….
más divertidos…
hilarantes y un poco desconcertantes…
de la Sociedad Youtube.

¡Señoras y caballeros…
les presento a…
Gatoz.!
He aquí el vídeo, tremendamente popular en la red. La música es el canon.
:


Gracias, Tom.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Cariño leonino.

Para que luego digan. Si quieren ver una prueba de hasta dónde puede llegar el cariño y la fidelidad de los animales, hasta los más salvajes y fieros, echen una ojeada al video siguiente.

Sorprendente, ¿verdad?

viernes, 2 de noviembre de 2007

De la barbarie humana.

Mi amigo Iñaki Errazkin me envía una de esas circulares del correo electrónico que hay que ayudar a difundir tras haber firmado la correspondiente petición, en este caso en contra de las torturas a los animales. Ya he firmado y difundido el escrito. El video que lo acompaña es tan estremecedor que lo he sacado y lo he puesto aquí. Aviso de que es durísimo y hace falta tener mucho aguante para mirarlo. Pero, si se mira, entra tal indignación que firma uno en donde le digan. Y aunque no se mire también.

La dirección a la que hay que enviar firmas de protesta es PETA2@peta.org

Dirección video: http://www.youtube.com/watch?v=b_hdApaGarI

Enviar este post a Menéame

jueves, 2 de agosto de 2007

Contra los toros.

Esto de los toros tiene los días contados. La cuestión suscita posiciones muy agriamente enfrentadas y con mucha polémica. Los partidarios de la fiesta invocan Numancia y están dispuestos a inmolarse antes que permitir que deje de celebrarse un espectáculo que consideran inherente a la identidad española. Los contrarios señalan que no se puede tolerar un espectáculo basado en hacer sufrir a un animal. Es un argumento poderoso y difícil de rebatir. Véase en el video que ha editado en Francia la Sociedad Protectora de Animales y al que ha prestado su voz el cantante Renaud.

Es díficil encontrar argumentos para defender esa atrocidad. Yo, además, no me siento obligado a hacerlo porque tampoco estoy de acuerdo con las fiestas de toros. Pero acometer este asunto en la opinión pública española va a ser un verdadero trauma porque los toros forman parte de la cultura española. Están hasta lexicalizados. Si se suprime la fiesta, muchas expresiones acabarán siendo incomprensibles, como "dejar para el arrastre", "cortarse la coleta", "una faena de aliño", "el quinto toro", "torear mirando al tendido", "banderillas de fuego", "ir a matar", "pinchar en hueso", "dar la puntilla", etc, etc. No hay problema por la lengua porque ésta se renueva permanentemente. Piénsese en el poco lugar que ocupan en la lengua hablada de hoy las expresiones propias de las sociedades agrícolas. El problema está en la cabeza de los hablantes de la lengua.

En todo caso, si la fiesta desaparece, ello no afectará a las manifestaciones más elaboradas de la cultura. Algo de la obra de Blasco Ibáñez, si acaso, de García Lorca y Carmen de Bizet, claro está. En la cultura plástica, sobre todo pintura, será un desastre, ya no habrá tauromaquias como la última de Miquel Barceló. Y para la cultura popular será una catástrofe. De momento, si no he entendido mal, el video anticorrida está censurado en Francia por razón de su contenido violento. Aunque no estoy muy seguro pues está colgado en You Tube. ¡Qué manía la de los censores de hacer publicidad a lo que quieren que no se haga público! Al escribir esto, el video lleva un día colgado y tiene 1.075 visitas. Ya veremos dentro de una semana.