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miércoles, 1 de abril de 2009

Pintura antropófaga.

La Fundación Juan March de Madrid tiene una exposición de la pintora brasileña Tarsila do Amaral (1886-1973) que está muy bien y me parece que es la primera de ella que puede verse en España. D o Amaral fue una persona doblemente interesante, por su pintura y por su vida, algo muy frecuente en los artistas, especialmente en los que florecieron en el primer tercio del siglo XX entre el estruendo de la guerra, la fascinación por las vanguardias, el inconformismo, el afán de novedad y experimentación, la ruptura con los valores recibidos. Tarsila pertenece además (no sé bien si por origen familiar o por el matrimonio que hizo con el escritor y potentado Oswald de Andrade) a esos sectores de la burguesía latinoamericana adinerada, brillante, cosmopolita, que se encuentra más a gusto en París o Londres que en Río o en Bahía.

Inmersa en los círculos del modernismo artístico brasileño y en contacto permanente con algunos de los más destacados surrealistas franceses, Do Amaral recibe el pleno impacto de esa vanguardia revolucionaria, cosa que se aprecia de inmediato en sus obras más características y conocidas a la vista en esta exposición. La mezcla de colores puros, el surrealismo, el ornamentalismo modernista, el dadaísmo, el espíritu naïf muy en la onda del aduanero Rousseau (y que, salvando todas las distancias, hermana a Do Amaral con Frida Kahlo, Remedios Varo o Maruja Mallo) está en principio al servicio de un programa iconográfico consistente en captar el alma profunda del Brasil, su lujuriante realidad, la tremenda, coloridad feracidad de su paisaje y su vegetación. Sin duda. Pero en mi opinión sus cuadros son siempre fríos, casi tanto como algunas composiciones de De Chirico. Los colores cálidos no remedian la situación y su interpretación de la abrumadora naturaleza tropical brasileña se reduce a unas composiciones bastante hieráticas en las que parece predominar el factor onírico del surrealismo sobre la peculiar realidad autóctona.

Es el hecho, además, que lo más importante de la obra de Do Amaral es ese intento que acometió de consuno con su marido, Oswald de Andrade, por dar con una formulación de una vanguardia genuinamente brasileña, con su típico manifiesto, al estilo de Marinetti. Encuentran la fórmula en lo que llaman la antropofagia, que se plasma en un primer Manifiesto antropófago, de 1928, obra de ambos, ilustrado precisamente con el más famoso cuadro de Do Amaral (el de la negra que ilustra el folleto de la exposición) y que tenía que ser la clave que explicara la vertiente brasileña del arte contemporáneo de entonces. A pesar de que la idea tiene las habituales raíces e influencias literarias, la más obvia el Manifeste canibale, de Francis Picabia, el hecho es que la pareja tomó pie y desarrolló un truculento episodio de la crónica negra brasileña, acaecido en 1919 cuando un joven camarero negro de un hotel, Juliano Paixaroli, asesinó y devoró en parte a la bailarina rusa Kristina Seligman-Vogdanovskaia, suicidándose luego de un disparo. Oswald y Do Amaral publicaron un Relatorio de Juliano Paixaroli y desarrollaron la idea antropófaga. El amable lector encontrará más noticia de estas circunstancias y otras no menos apasionantes en la reseña que hizo Palinuro sobre el número 3 de la Revista Vacaciones en Polonia, dedicada a las Literaturas antropófagas y titulada Literatura y canibalismo. Canibalismo y antropofagia están tomados aquí en sentido figurado, claro es. Al decir de Andrade se trataba de que el Brasil y América Latina en general encontrara su alma propia a base de volverse hacia sí mismo al tiempo que devoraba todo lo que venía de europa en punto a teorías, estilos, conceptos, etc. Hay en el Manifiesto antropófago, como en la pintura de Do Amaral una especie de deliberado primitivismo, un antiintelectualismo muy propio de las vanguardias de la época acoplado a una especie de indigenismo que todavía no se confiesa abiertamente.

La otra parte del arte de Do Amaral, como del de muchos vanguardistas de la época apunta a su faceta política, agitadora y revolucionaria de izquierda que ya había cultivado con su marido De Andrade (hacendado y comunista) y que proseguiría después con sus sucesivas parejas. Es interesante contemplar esta pintura social, también muy cuidada, equilibrada y... fría. Tiene su interés. Como lo tiene la exposición en su conjunto.

La pintura se complementa con bastante dibujo, algunos volúmenes y cuadros de contemporáneos que ayudan a contextualizar una obra que se presenta como muy exótica y, sin embargo, resulta insólitamente cercana.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Literatura y canibalismo.

Ya está en la calle el número cuatro de Vacaciones en Polonia (una publicación en cuarto mayor de 167 páginas) dedicada más que a lo que reza su título, a la cuestión del canibalismo antropófago en términos fundamentalmente (pero no sólo) literarios. Como siempre trae un diseño, impresión, maquetado, montaje, ilustración muy cuidados y provocativos y obliga a una lectura cuidadosa para no perderse en una ordenación de los textos más dictada por razones estéticas que de comodidad del lector.

El tema escogido es tan provocativo como el formato de la publicación y está tratado normalmente sin convencionalismo alguno, con tal acumulación de material, riqueza gráfica, multiplicidad de planos, noticias de todo tipo que resulta apabullante y uno sale de la lectura como si estuviera uno digiriendo al vecino o planeando comerse al cobrador del gas. En lo esencial, el número tiene tres tipos de trabajos (tiene más y, en el fondo, es inclasificable, pero si no se hace así, no hay modo de hablar de él): unos en forma de ensayos o dossieres monográficos (como la cuestión del canibalismo en la conquista de América, el movimiento antropófago en el modernismo en Brasil y la primera parte de un interesante trabajo sobre el misterioso escritor B. Traven), otros trabajos literarios originales de diversos autores actuales con el canibalismo como tema central y otros por fin textos clásicos, selecciones y/o antologías de autores célebres.

De los dossieres, el del canibalismo en la conquista de América, de Davamesk de Zakopane, es una investigación apoyada básicamente en textos muy críticos del comportamiento de los españoles en las Indias de Rafael Sánchez Ferlosio, Alberto Cardín, Roger Bartra, etc que sostienen que la acusación de canibalismo hecha por los españoles, Colón, Cortés, Díaz del Castillo, Pizarro, era una forma de legitimar sus actos de depredación, saqueo y crimen. Creo haber entendido que no se niega que los aztecas hicieran sacrificios humanos pero sí que fueran caníbales en tanto que hay testimonios suficientes de los propios conquistadores (Alvar Núñez Cabeza de Vaca, por ejemplo) acerca de cómo los españoles sí practicaban el canibalismo en condiciones de necesidad. Paralelamente a este trabajo hay otro también sobre América aunque con relatos posteriores que da la impresión de ser del mismo autor (a veces es difícil identificar la autoría de los trabajos), dando cuenta de dos relatos de viajes al Brasil, en las tierras de los indios Tupinambá, en concreto los de los viajes del alemán Hans Staden y del francés Jean de Léry en el sglo XVI en los que ambos autores testifican de la existencia del canibalismo entre los citados indios, si bien en el caso del alemán éste salva el pellejo porque, a diferencia de un valeroso prelado portugués que vio devorar él muestra tales signos de miedo que los indios deciden no comérselo para no acobardarse a su vez. El autor enlaza estos relatos con el testimonio de Léry sobre la noche de San Bartolomé, que le permite dar a entender que esas prácticas caníbales también se dieron en las guerras de religión en Francia y con la reflexión de Montaigne en su ensayo De los caníbales en el que muestra un relativismo similar. Inserto en este trabajo general se encuentra también una interesante reseña bibliográfica de la obra de Roberto Fernández Retamar que recoge la tradición de la etimología de caníbal, derivado del nombre "caribe" que los indios se daban a sí mismos al llegar allí Colón y su interesante derivación en el Caliban de la Tempestad de Shakespeare.

El dossier sobre el movimiento antropófago en el modernismo brasileño es obra de Juan María Sánchez Arteaga y se organiza fundamentalmente en torno a una noticia biográfica del soprendente escritor, hacendado, aristócrata y agitador político Oswald de Andrade que, inspirado en un cuadro (célebre por lo demás si no por su calidad estética sí por su simbología) de una de sus mujeres Tarsila do Amaral, lanza una Revista de Antropofagia a seguidas de un Manifiesto antropófago (hacia 1928) en el que se conjugan varias influencias, el psicoanálisis, el marxismo, el Manifeste Canibale de Francis Picabia en 1920 y el conjunto del surrealismo. La antropofagia sería el descubrimiento del alma filosófica del Brasil que atiende a las raíces aborígenes al tiempo que devora todas las influencias venidas de Europa, del exterior en general. Es interesante que este modernista antropófago de Andrade siguiera luego los pasos de muchos otros surrealistas europeos, se integrara en el Partido Comunista y pusiera su talento al servicio de la agitación revolucionaria. Acompañan al estudio una serie de textos de gran interés, como la declaración Tupí or not Tupí o la explicitación que del llamado "relatorio de Juliano Paixaroli" hicieron Tarsila do Amaral y Oswald de Andrade. Este Paixaroli era un camarero negro que en 1919 asesinó y en parte devoró a la bailariana rusa Kristina Seligman-Vogdanovskaia suicidándose después de un disparo en la cabeza en la misma habitación donde estaba el cadáver semidevorado y en la que la policía encontró los dos cuerpos entre excrementos y vómitos, así como una especie de confesión en diez sucintos puntos que luego ampliaron y explicitaron nuestros revolucionarios modernistas Tarsila y Oswald. También se reproduce el muy original Manifiesto antropófago de De Andrade (pp. 92/93).

El tercer ensayo monográfico es una minuciosa y documentada investigación sobre el escritor B. Traven que me ha interesado especialmente dado que siempre he sido lector de su obra, El tesoro de Sierra Madre, El barco de la muerte, Gobierno, etc y, como a todo el mundo, siempre también me ha intrigado que se tratara de un hombre tan misterioso, al extremo de que seguimos sin saber prácticamente nada sobre él, ni siquiera en qué idioma escribía, si en inglés o en alemán, aunque es casi seguro que era en alemán. Sabemos que se refugió en México probablemente a comienzos los años veinte y tengo idea de que gozaba de protección oficial porque, si no recuerdo mal, su primera traductora al español fue Esperanza López Mateos, la esposa del que fue presidente de la República. Había llegado allí tras vagar por diferentes latitudes y tener numerosas aventuras escapando de la represión después del fin de la República consejista bávara en 1919, en la que tuvo un participación destacada como Ret Marut que parece ser uno de sus numerosos seudónimos. El autor del trabajo, Raj Kuter, da por buena la identidad de Marut, siguiendo un criterio que tiende a extenderse, y relata sus andanzas en un verdadero "barco de la muerte", al tiempo que expone las convicciones anarquistas del autor y en otros trabajos complementarios, como añadidos al principal, traza un cuadro de los principales personajes y hechos de la revolución alemana de 1918/1919, Georg Grosz, Otto Gross, Franz Jung, el dadaísmo, etc que permiten hacerse una idea del contexto histórico y literario en que se gestaron las primeras obras de ¿Bruno? ¿Bernhard? Traven.

Entre los trabajos más livianos y de creación directa destaco El día que Robinson se comió a Viernes, de Guillermo el Viejo, una ingeniosa idea bien escrita que no requiere comentario. Caca y metamorfosis, de Jan Zapiekanka es una especie de agria crítica de la contemporaneidad con toques apocalípticos que arranca del hundimiento del comunismo y el triunfo del "capitalismo caníbal" (caca), con el domino del Fondo Mafioso Internacional (FMI), los abusos de las ONGs, las privatización de todo, incluida la tortura y, en definitiva, la generalización de la ubuesca mierdra: "El mundo entero tiene ahora sabor y olor a mierdra" (p. 30), a lo que se añadirá la prevalencia del sida, las fechorías del lobby nuclear, los treinta millones de estadounidenses que, víctimas de la neurosis de la seguridad, viven en ciudades privadas. Termina con una especie de metáfora parabólica: Gregorio Samsa trasmutado en Gregario Samsa, un "borrego que se cree lobo" (p. 34), que vive descerebrado y manipulado entre Google y Yahoo, cuyo epítome artístico es la negación del arte por su infame mercadeo en la obra de Andy Warhol y que se constituye en una especie de lamentable individualismo gregario. Uuuuufff. Siempre que leo estas cosas tan extremas me pregunto qué piensan de sí mismos sus autores. Francisco Socas escribe una noticia condensada sobre canibalismo en la mitología griega y la tradición clásica que titula con una expresión de Agamemnon del Tiestes de Séneca y arranca de la misma Teogonía, cuando Cronos devoraba a sus hijos, pasando por la leyenda de Procne y Filomela hasta la maldición de los tantálidas y en especial de las relaciones entre Tiestes y Atreo, que tendrán su repercusión, andando el tiempo en el nostoi de la guerra de Troya.

Por último, el número cuatro de VP trae una gran cantidad de referencias textuales, citas, noticias concretas, antologías y textos de numerosos autores, desde la famosísima y macabra recomendación del clérigo Jonathan Swift de comerse a los niños pobres de Irlanda para aliviar el problema de la miseria y reducir la cantidad de papistas en el país hasta la obra de Jardiel Poncela en 1947 Como mejor están las rubias es con patatas, pasando por el Marqués de Sade, Herman Melville, H. P. Lovecraft, Alfred Jarry (dios lar de la revista), Giovanni Papini y Witold Gombrowicz sin olvidar un interesante e incisivo trabajo sobre Georges Perec de R. Vetusto titulado Crêpe de Perec que es en realidad una especie de minucioso análisis, casi una autopsia de la obra completa del autor de La vida instrucciones de uso con referencia a la larga lista de autores por él canibalizados y a la escuela del Oulipo (el Taller de Literatura Potencial) en cuyo espíritu Perec llenó el panorama de pangramas, heterogramas, crucigramas, palíndromos y lipogramas.

Por supuesto, el número tiene más aportaciones puesto que debe de ser el ensayo más completo de que se disponga por ahora de las relaciones entre la literatura y la antropofagia, pero no puedo reseñarlas todas no porque sean de menor valor sino por no prolongar demasiado la entrada. Quien quiera completarla hará bien en procurarse la revista. Haciendo honor a su espíritu no integrado en los circuitos mercantiles, ésta es difícil de encontrar. Me consta no obstante (porque me lo dijeron los autores) que está en la librería El bandido doblemente armado que regenta mi amigo Diego Pita en la madrileña calle de Apodaca, 3 que, además, tiene güebpeich: El bandido doblemente armado. Por quince urillos merece la pena. De nada.