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martes, 16 de febrero de 2016

Entendámonos

Los amigos de Trasversales, buena gente, organizaron ayer un encuentro de izquierdistas de toda condición y convicción en el Centro Cultural de la calle Galileo de Madrid. Palinuro lo había publicitado en el post del domingo pasado y ayer se dejó caer por allí. Había pleno de asistencia, como 150 personas, coordinaba José María Roca y en el escenario se sentaban cuatro militantes de diversas izquierdas más o menos conocid@s. Después de sus intervenciones, dieron la palabra al público y la gente, la sal de la vida, fue pasándose el micro y soltando sus reflexiones en voz alta, más o menos en el espíritu abierto y medio asambleario que se puso en marcha un ya lejano 25M.

El encuentro era una especie de recapitulación y llamada al entendimiento de las distintas fuerzas de la izquierda que están en este momento negociando alianzas en un clima de incertidumbre e inseguridad que contrasta mucho -como señalaron algunos intervinientes- con el hecho de que las izquierdas hayan ganado las elecciones del 20D con casi doce millones de votos. El ánimo general fue que era preciso aprovechar esta ocasión para echar a esta derecha de carcundas y robaperas presidida por el Sobresueldos y constituir un gobierno de progreso. La tónica general era de cierta urgencia y temor de que, por unos u otros motivos, esto pudiera no pasar.

La reunión aprobó el manifiesto que reproduzco y, por supuesto, comparto. Comparto no solo la solicitud de entendimiento sino también las prudentes consideraciones acerca de la pluralidad y divergencias de las fuerzas cuyo mutuo entendimiento pedimos. En el ambiente revoloteaba el fétido ángel de las tradicionales peleas cainitas de la izquierda. Nadie le dio pábulo pero, en algunas intervenciones saltaron chispas de hogueras no enteramente apagadas, de las viejas rencillas de las que, con el permiso de l@s lector@s, Palinuro está hasta más arriba de la coronilla. ¡Que hasta en momentos como este haya quienes sigan chinchorreando es descorazonador! Pero, en fin, para lo que está uno acostumbrado a escuchar por ahí, prevaleció la importancia del momento y la conciencia de la necesidad de unidad de acción de la izquierda.

Unidad de acción, que no quiere decir que nadie tenga que arrepentirse de supuestas maldades pasadas o deba comulgar con los preceptos de quienes pretenden forjar la unidad a base de insultar a aquellos con quienes quieren unirse. Algo obvio, ¿no?

Aplaudo la reunión. Fue un buen ejercicio de entendimiento y hago mío el escrito. 

Solamente una observación que puede parecer trivial y no lo es. Yo no hubiera titulado el escrito Entendeos sino Entendámonos

Por razones evidentes. 

domingo, 19 de octubre de 2014

Asaltar los cielos.


Vaya la que ha liado Iglesias con su intención de asaltar los cielos. El País reproduce el cartel de la película de López-Linares y Javier Rioyo de ese título y, rastreando el origen de la expresión en Marx, muestra luego su uso en la retórica comunista, pero recuerda que la figura procede de la mitología griega, vía romanticismo alemán. Si no yerro, está al menos en Schiller, y es una referencia colateral a la titanomaquia o guerra de los titanes contra los olímpicos. Pero los titanes perdieron y volvieron al averno mientras los olímpicos, la casta de la época, se alzaron con la victoria. Menos conocida es otra derrota. Al parecer, Hitler llegó a decir que, con el 6º ejército, quería tomar el cielo al asalto, lo lanzó contra Stalingrado y se quedó sin él. Mi ilustración, el famoso cuadro con autorretrato de Delacroix, la libertad guiando al pueblo no es de la revolución de 1871 sino de la de 1830, otra en donde también se iba al asalto del cielo.

Antiguo anhelo de la humanidad, nunca realizado, siempre renovado, época tras época, generación tras generación, hay que entender la expresión como broche de oro de la retórica de Podemos. Es una licencia poética y no hay que tomársela al pie de la letra cual si fuera un apunte contable, como hace un enfurruñado editorial de El País de hoy titulado Podemos se organiza en el que se arremete contra los dirigentes de la reciente formación, acusándolos de populismo, personalismo y manipulación, ignoro si a fuer de manipuladores o de manipulados o quizá de ambas tristes condiciones.

Tiene Podemos algo de populismo, sin duda, y de populismo patriótico, pero es nada comparado con el populismo que se gastan los demás partidos. Populista hasta dar grima es UPyD; populistas innumerables políticos del PP; populista Susana Díaz y hasta algunos ribetes populistas muestra Pedro Sánchez. Y populismos, además, la verdad, bastante vistos. Parece mentira que El País ni lo mencione. Y ya del populismo de la subclase delictiva y corrupta del sistema político no hace falta hablar. Toros, fiestas, jolgorios, procesiones, congregaciones y fútbol, mucho fútbol.

¿El personalismo? Igualmente inevitable. Diré más, como Hernández y Fernández, con su punto de narcisismo. Sin duda. Estoy tentado de añadir que a quien Dios se la da, san Pedro se la bendiga, porque no veo qué valor ni mérito tiene una crítica que no se dirige a las ideas sino a las personas. Argumenten en buena hora sobre las propuestas y dejen en paz a quienes las hacen.

En cuanto a la acusación de manipulación, si uno consigue superar el pasmo que produce escucharla en boca de El País, preciso es solicitar alguna explicación complementaria. ¿Exactamente en qué consiste la manipulación? ¿Cómo se prueba? ¿En qué distorsiona Podemos la verdad, la veracidad, la realidad o la sinceridad? ¿En qué miente? Claro que quizá El País no quiera decir que Podemos manipula sino que está manipulado. El desván conspiranoico guarda una teoría según la cual Podemos es una invención del PP para fastidiar al PSOE. Más o menos.

Cierto, con algo más de razón se pide a Podemos que haga el favor de precisar sus propuestas en términos inteligibles, verosímiles y que puedan compararse con otras. Pero la petición es prematura. Precisamente esta Asamblea tiene ese cometido. Así que habrá que esperar a ver qué dicen antes de ponerse nervioso y presumir que no van a decir más que disparates.

Más importante me parece una cuestión que anduve rastreando todo el día; en concreto, cuál fue la asistencia al acto de Vista Alegre. No había fotos en las redes, lo cual era sospechoso. Finalmente fueron filtrándose algunas, que mostraban vacíos muy considerables. Ninguna panorámica. Por último, salieron los datos: unos siete mil asistentes. A los socialistas les faltó tiempo para colgar en Twitter y FB fotos de Vista Alegre en sus mítines con lleno hasta la bandera y la de ayer con mucho espacio vacío. Tampoco he visto referencias a este dato en las crónicas y noticias, como si no fuera relevante. Y lo es. Los socialistas, a quienes los de Podemos quieren derrotar en las elecciones, llenaban Vista Alegre y los de Podemos, no. Se quiera o no, es algo significativo, porque contradice la tendencia ascendente que reflejan las encuestas y permite augurar la masiva presencia mediática de los líderes, e ignorarlo no conduce a nada. Conozco tres razonamientos de consolación:

Primero: los sociatas llenaban Vista Alegre en otros tiempos. La cuestión es si lo llenarían ahora. Seguramente tampoco, pero eso no borra los vacíos de ayer.

Segundo: en realidad, este es el precio que se paga por no fletar autobuses de todos los puntos y pagar el bocata al pasaje. Quizá. Pero Podemos, que es una fuerza predominantemente madrileña, obtuvo en Madrid casi 250.000 votos. La asistencia a Vista Alegre es el 2,8 por ciento de esa cantidad y suponiendo que los 7.000 asistentes sean madrileños. Un porcentaje muy bajo, demasiado bajo para una opción nueva, dinámica, muy abierta, con mucha proyección pública y que levanta tantas expectativas. ¿Es posible que la ubicuidad mediática de Podemos y sus dirigentes actúe en contra de su faceta presencial? Lo es, desde luego, y no está claro si es bueno o malo. Por si acaso, convendría pensar sobre ello e interpretarlo.

Tercero: lo presencial en un partido fuertemente implantado en las redes y que tiene un funcionamiento telemático no es tan relevante como antaño. También es argumento digno de consideración. Pero no hace mucho al caso. Sin duda Podemos tiene la más alta proporción de internautas entre los partidos. Pero, justamente por eso, la asistencia debió haber sido mucho mayor  pues los internautas ya no están amarrados a los sobremesa y pueden seguir navegando mientras se desplazan a interaccionar con los otros presencial y virtualmente al mismo tiempo. Entre otras cosas, hoy habrá otra interesante comparación: la que permita ver a cuánta gente movilizan los soberanistas en la Plaza de Catalunya en Barcelona.
 
Definitivamente, siete mil para asaltar los cielos son pocos. Las legiones angélicas, al mando de San Miguel y a las órdenes de la casta de hoy, son mucho más poderosas.

sábado, 18 de octubre de 2014

Los dos Pablos.


Comienza la asamblea estructuradora de Podemos, la reunión que decidirá qué forma ha de tener la fuerza Podemos, a la que sus mismos militantes se resisten a llamar partido. Y lo hace en un clima de controversia u oposición entre varias concepciones orgánicas de las que dos tienen por ahora mayor respaldo colectivo: las de los Pablos, Echenique e Iglesias. No han conseguido, aunque lo han intentado, consensuar una única que lógicamente sería ganadora. Y se mantienen opuestas ambas opciones. Los medios, siempre tremendistas, hablan de conflicto, buscan el toque dramático. Así abre hoy El Plural: Fin de semana clave para Podemos: el liderazgo de Pablo Iglesias y su presencia en las municipales, en entredicho. ¡En entredicho! Vieja institución de la Guerra de las investiduras y de antes. Grave advertencia. Al reconocer la divergencia de criterios, los de Podemos ya avisan de que muchos medios están muy interesados en informar de disensiones, conflictos, enfrentamientos. Por diversas razones. Sin embargo, aseguran, son discrepancias lógicas, democráticamente ventiladas y que desembocarán en una unidad fortalecida. Claro; no van a decir que piensan liarse a mojicones.

La divergencia u oposición de criterios es de fondo, de mucho fondo, un fondo con ecos de viejas polémicas del movimiento obrero, de la izquierda. Los medios que, además de tremendistas, son muy iconográficos, le dan los dos nombres y les ponen los rostros de Echenique e Iglesias, aunque son decisiones colectivas, porque la política, hoy, la vieja y la nueva, es mediática y está personalizada. Y, en este caso, personalizada en estos dos dirigentes que toman sobre sí una especie de tarea de paladines en combate singular, método tradicional de decidir muchas veces batallas en guerras antiguas. Las tesis de los dos Pablos se enfrentan en la arena y los demás jalean.

Desde luego, el ejemplo es una metáfora. Pero toda metáfora define a su modo una realidad. La divergencia de criterios no es una batalla, por supuesto, pero es un conflicto en el sentido más aséptico y sencillo posible. Y los conflictos, todos, solo pueden resolverse de dos modos: vence una de las partes o llegan a un acuerdo que, por supuesto, incluye el de tablas o empate. Todo acuerdo, todo pacto implica concesiones. Las diferencias entre pactos radican en la cantidad y calidad de las concesiones de unos y otros. De eso viven los asesores.

¿Qué cabe esperar en el combate singular entre los dos Pablos? La Asamblea decidirá. Las tesis del uno y el otro, de Claro que Podemos, CP, (Iglesias) y Sumando Podemos (SP) (Echenique) sobre todo en el aspecto orgánico son muy dispares y difíciles de casar. CP es más jerárquico, tiene una estructura de partido de liderazgo y, aunque los nombres tratan de apelar a la tradición consejista, viene a reproducir la de un partido bolchevique: secretariado, con un secretario general y unos secretarios sectoriales que aquí se llaman portavoces; una especie de comité central, llamado consejo ciudadano y un comité ejecutivo o politburó, llamado consejo de coordinación. Por su parte, el plan de SP es una concepción más asamblearia y genuinamente consejista. No hay secretario general sino una troika, la Asamblea se reúne cada dos años, los círculos son autónomos y muy importantes y el consejo ciudadano se provee en parte por sorteo. Pues sí, dos modelos.

El primero, el del liderazgo, cuenta con la gran sinergia del de Iglesias, que es apabullante. Y si, al fin y al cabo, aquí de lo que se trata es de ganar las elecciones y gobernar como repiten los de Podemos a quienes quieren escucharlos con tan descarnado cuanto ingenuo pragmatismo, resulta estúpido prescindir de esa vis atractiva poderosa que se desprende del carisma, mediáticamente multiplicado, de Iglesias. El segundo, el modelo más colectivista, horizontal, asambleario, desconfía del culto a la personalidad del liderazgo y espera el triunfo electoral de una movilización y participación ciudadanas crecientes porque esa es la base misma de la democracia.

Me temo que, por muchas concesiones que se hagan las partes con afán de conservar la unidad, los dos modelos no sean compatibles y que prevalecerá uno u otro. Que el lector barrunte.

Las demás propuestas orgánicas ofrecen elementos de acuerdo porque tienen muchas coincidencias: limitación temporal de los mandatos, revocabilidad de cargos, transparencia financiera. La dificultad sin duda no radica aquí en el acuerdo sino en su posterior factibilidad. La bondad del principio de limitación de mandatos no es evidente por sí misma. Se basa en la natural desconfianza hacia la esencia corruptora del ejercicio del poder. Y, sí, algo de eso hay en la historia. Pero también es cierto que, si alguien, por la razón que sea, no se corrompe y la gente lo elige una y otra vez democráticamente, no hay razón para frustrar ese deseo de los electores. Recuérdese, a Robespierre lo llamaban el "incorruptible" y hubo que desalojarlo a tiros. De hecho, la práctica moderna, que se implantó en tiempos de F. D. Roosevelt en los EEUU, obedeció al deseo de los republicanos de quitarse de encima un presidente demócrata al que no ganaban en las elecciones. A lo mejor lo más razonable no es limitar mecánicamente los mandatos sino impedir que los mandatarios se corrompan y tomar medidas cuando eso suceda, y no porque sí. Recuérdese que algunos presidentes latinoamericanos precisamente de izquierda tuvieron que reformar las constituciones para prolongar la cantidad de mandatos. Así que, en efecto, a lo mejor es más prudente aplicar la revocación a todos los casos y nos ahorramos limitar nada.

Pero la revocación tampoco es cosa tan sencilla como parece. Si se establece, ¿cómo se garantiza que no la van a usar unas facciones para derribar a los cargos de otra con motivaciones poco confesables? Fiar todo a un infalible olfato del electorado para detectar fraudes quizá sea ingenuo. No cabe olvidar que, como regla general, es más fácil conseguir que la gente vote en contra de alguien o algo que a favor.

Aplaudo a rabiar que haya una coincidencia, casi unanimidad, en imponer un criterio de igualdad completo, movido por un colectivo feminista de Podemos. Pero quizá quepa añadirle algo. A lo mejor ya está propuesto pero, por si acaso, consiste en aplicar siempre, de modo obligatorio, una perspectiva de género en todos los debates, todas las discusiones, todas las decisiones y propuestas. Es inadmisible, pero muy frecuente, sostener que, como se está animado del más noble y radical espíritu feminista igualitario y no se concibe un futuro en que esa igualdad no sea tan natural que ni se mencione, cabe ahorrarse preocuparse por ella ahora. Incluso se puede transigir con ciertas desigualdades tan inevitables como transitorias y en las que no cabe invertir energías y recursos, siempre escasos, porque de lo que se trata es de conquistar el futuro.
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Es muy interesante y decisivo para la izquierda y el conjunto del sistema político español lo que está discutiéndose en esa Asamblea. La visión convencional y tópica de los medios, sobre todos los que quieren meter cizaña, que son muchos, no vale para nada. Y los ataques y críticas procedentes de los otros partidos, algunos de los cuales se sienten amenazados por la existencia de Podemos, aun valen menos. Eso sin contar con que ocuparse de ellos significa, en realidad, ocuparse de asuntos cuyos vuelos teóricos y conceptuales suelen ser gallináceos. Cito tres. El primero, la pelea entre Sosa Wagner y la dirección de UPyD o, mejor dicho, Rosa Díez, con la rabieta del primero que dice abandonar la organización para recuperar su libertad. Ahora nos enteramos de que militar en un partido y representar a los ciudadanos en un órgano como el Europarlamento es no tener libertad.

El segundo, la recuperación que ha hecho Pedro Sánchez del espíritu de Suresnes en el cuadragésimo aniversario. No está mal en la medida en que es parte de la campaña del neófito líder por adquirir relevancia pública. Reunir en torno suyo a glorias decrépitas como González y Guerra tiene un aroma camp pero no parece muy eficaz para su propósito. El tándem González-Guerra fue a revitalizar un partido moribundo, apagado, mortecino, vencido, sin más ilusión que sobrevivir en los asilos del exilio. Sánchez, hoy, tiene que impulsar, vigorizar una maquinaria apelmazada, burocratizada, corroída por los intereses creados, las rutinas, las banderías y lealtades y acostumbrada a vivir bien.

El tercero, en el PP vuelve a reinar la amnesia. Aznar no ha dicho nada respecto a Blesa y Rato, dos de sus hombres de máxima confianza; no se acuerda de ellos. Y Rajoy ha olvidado el nombre de Rato como en su día olvidó el de Bárcenas. Pero, sea por lo verbal o lo gestual, por lo explícito o lo implícito, la crónica del PP es tangencial siempre a la de los tribunales.

Así que los dos lugares de España en los que el debate político tiene mayor altura, aunque por razones distintas, son la Asamblea de Podemos y Cataluña. Es una pena que no se crucen.

(La foto de Pablo Iglesias es de un artículo de Antonio Álvarez Solís en Insurgente, con el permiso de mi amigo Iñaki Errazkin. La de Pablo Echenique es de Wikimedia Commons, bajo licencia Creative Commons).