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viernes, 4 de marzo de 2016

¿Quién nombró a Blesa presidente de Caja Madrid?

Ayer, las gentes de Podemos, muchas de ellas, empezando por sus líderes, procedentes de IU, respondían a las críticas que se les dirigían por haber relacionado a Felipe González personalmente con la cal viva afirmando que la verdad es la verdad y no tiene por qué molestar.

Pero esa relación personal entre González y la cal viva no es verdad, pues no está demostrada ni documentada en modo alguno. Y, mientras no lo esté, no pasará de ser un infundio o, incluso, una calumnia. Los rumores, los infundios, las calumnias, no se convierten en verdades porque se digan muchas veces y a gritos y, como decía ayer González, retratan a quienes recurren a ellas. Porque, quien acusa sin pruebas es un difamador o un calumniador. 

Verdad, en cambio, probada y demostrada y documentada para quien quiera comprobarlo en las hemerotecas es que a Blesa (el de las preferentes y las tarjetas black) lo nombró Aznar en 1996 gracias a los votos de CC.OO e IU, dirigida entonces por Julio Anguita. Eso no es un infundio; es una verdad.

Los votos de IU fueron decisivos para descabalgar al presidente anterior, Jaime Terceiro, un hombre honrado y poner en su lugar a Miguel Blesa. Sin los votos de IU, Miguel Blesa, el amigo de Aznar, no hubiera podido ser presidente de Caja Madrid y la caja no hubiera sido expoliada ni hubiera sido necesario rescatarla con el dinero de todos, ni se hubiera podido estafar a decenas de miles de personas. Eso es una verdad. No un infundio.

Inmediatamente de ser nombrado presidente, Blesa concedió el 87% de los créditos a partidos, a IU dirigida por entonces por Anguita. Eso es otra verdad. No un infundio.

¿Por qué CC.OO. e IU apoyaron la política de Blesa en Caja Madrid? Pues compruébenlo ustedes porque no es un infundio sino una verdad.

Y eso que no había pinza. Como ahora, que tampoco la hay.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Las incongruencias del poder.


El analista no puede atender a todos los frentes. La realidad es tan confusa, abigarrada y variopinta que se necesitaria un equipo compuesto por un Dickens, un Balzac y un Galdós para dar cuenta de ella. Ayer contraía matrimonio un figura del partido del gobierno y hasta el último instante se mantuvo el suspense sobre si el presidente asistiría a la boda. ¿Motivo? Es una boda de dos hombres y el partido que preside tiene recurrida ante el Tribunal Constitucional la norma que la permite. De triunfar el recurso, la boda sería nula y la presencia de Rajoy también. O sea, como de ordinario, pero más. Hasta cabría decir que Rajoy no estuvo en donde estuvo. Algo que lo caracteriza porque también suele no decir lo que dice ni hacer lo que hace. Y al revés.

Bueno, se consuela el recién casado, en el fondo, el recurso de mi partido es una pura cuestión nominal. El PP no se opone a que los homosexuales se junten, se unan y hasta se fusionen en un solo cuerpo, siempre que a eso no se le llame "matrimonio". Parece una tontería. Y, efectivamente, lo es. Porque se llame como se llame esa unión, por ejemplo, juntazgo, tiene que tener los mismos derechos que el matrimonio. Incluido, lógicamente, el de llamarse matrimonio porque, si no fuera así, no tendría los mismos derechos. No se sabe qué decidirá el alto tribunal en esta pintoresca cuestión de los universales. Sería de desear que no decidiera nada en contra de la recta razón.
 
Mientras Rajoy se personaba en la boda, según algunos por cálculo electoral, las patronales de la banca española daban a luz una declaración institucional. Pretextando la inseguridad jurídica que se generaría en Cataluña en caso de una independencia debido a la presunta salida de esta de la UE y el euro, los banqueros amenazan con marcharse de Cataluña. Algunos empresarios también amagan con la huida. No es algo que parezca muy relacionado con la oposición del PP a los matrimonios homosexuales porque esta pertenece al ámbito ocuro, irracional, de los sentimientos y tendencias sexuales mientras que el comportamiento de la banca y la empresa está guiado por criterios estrictamente lógicos y racionales de análisis de costes-beneficios. Pero algo tiene que ver. En concreto, su incongruencia. 
 
¿Retirarse de la parte del país que produce el 26% de su PIB y representa el 16% de su población? ¿Dejar de hacer negocios con el lugar más próspero y productivo de España por razones políticas? Es poco creíble. Este nuevo frente de millonetis es parte del despliegue estratégico del nacionalismo español para frenar el independentismo. Carente de toda política al respecto, tan privado de ideas como de objetivos, el gobierno anda instando por doquier declaraciones contrarias a la secesión catalana. Al igual que los neuróticos colocan sus obsesiones a todos los que tienen la desgracia de toparse  con ellos, los gobernantes piden una declaración antisecesionista a todos los que van encontrándose por ahí. Los militares, los empresarios, ahora los banqueros, mañana los intelectuales a los que bastará con dar de comer un par de días para que también se descuelguen con otro manifiesto anticatalanista. Esto empieza a ser de risa. Y los banqueros que se van, ¿también van a llevarse los depósitos de los clientes? ¿A dónde? ¿Por qué?  Si Cataluña se queda sin bancos, ¿cuánto creen estos genios que tardarán en instalarse otros extranjeros?

Los gobernantes de de los demás países ya saben que una visita a España incluye algún tipo de manifestación pública sobre un conflicto interno sobre el que ya es fama que los españoles no tienen ni idea de como resolverlo. Merkel y Cameron (el de Gibraltar y su mar territorial) salieron del paso hablando del respeto a los tratados y otras vaguedades. Lo de Obama fue más caro. Su disposición a trabajar con una "España fuerte y unida",  nos costó la base de Morón de la Frontera. Un par de declaraciones más de estas favorables a la soberanía de España y a España no le queda tierra sobre la que ejercerla. 
 
La histórica fanfarronería de los gobernantes españoles se presenta siempre vestida de ridículo. Es difícil imaginar uno mayor que el que protagonizó el Rey en su visita a la Casa Blanca. Muy contento Felipe VI de haber escuchado al gringo lo de "fuerte y unida", fue a hacer una ofrenda floral al monumento a George Washington, padre de la nación estadounidense a través de una declaración unilateral de independencia como la que él quiere evitar en España. El ministro de Asuntos Exteriores de España se merece un ascenso a Gallo de Morón. Le va pintado.

lunes, 6 de julio de 2015

NO.

La crisis griega es la crisis europea. El 61º% del "no" frente al 38% del "sí", hace sonar lo que El País llama la hora de la verdad en Europa. Es la expresión que suele emplearse para liquidar una tanda de mentiras y´quizá para iniciar otra. Durante muchos años se ha criticado la Europa de los bancos y se ha propugnado la de los pueblos. Pues ha llegado la hora de la verdad: un pueblo ha dicho "no" a los bancos. "No" a los bancos, pero sí a Europa como ha señalado Tsipras al decir que interpreta el "no" como una autorización a negociar de nuevo, no como una orden de ruptura. Negociar con Europa, negociar en Europa, sin salir del euro.

Pero la UE lo tiene ahora mucho más difícil. Nadie sabe nada de las consecuencias. El intento de imposición de un plan económico venía apoyado por los razonamientos incontrovertibles de toda clase de expertos que, a su vez, se enfrentaban a otros no menos expertos a favor del "no". Porque, en el fondo, ninguno de ellos tenía la menor idea de lo que iba a pasar o pueda pasar ahora. No era cuestión de cuentas y economías, sino de voluntad política. Y así sigue, después del referéndum pero con los griegos fortalecidos. Porque hoy hay tanta incertidumbre como ayer, pero ya sabemos cómo piensa el pueblo soberano. Por eso, en realidad, nunca quisieron referéndum (el poder nunca quiere referéndums, excepto cuando los organiza él para perpetuarse), como no lo quiso y a él renunció cobardemente Papandreu.

Los banqueros y los bancarios sonreirán con escepticismo reconociendo que se trata de una victoria de la dignidad pero que la dignidad no se come y habrá que sentarse a hacer números. Cierto. Pero habrá que sentarse de nuevo, con nueva voluntad, nuevas propuestas, porque la situación así lo exige. La Troika llevó al máximo la presión para chantajear por el sí en la esperanza de sentar de nuevo a la mesa a Grecia pero aun más debilitada. Se ha encontrado con una Grecia fortalecida, pero sin que ella haya aumentado su capacidad de acción. Al contrario.

La UE no puede permitir la salida de Grecia del euro porque ignora qué consecuencias pueda tener para toda la zona y, por extensión, la UE. Pero tampoco puede dejarla en dónde está porque carece de planes para ella, al haber fracasado el propuesto. Parece una mala posición pero, si se mira bien, todavía puede encontrarse en otras peores. Por ejemplo, la situación de contagio. No se podía acceder a las peticiones griegas de quita y reestructuración por el temor al posible contagio de otros países, España, Portugal. Y ahora resulta que el temor es a que se contagie el "no" de los pueblos a los esquemas de la troika. Aparte de la mala imagen que el episodio ofrece de la UE, club de banqueros codiciosos, políticos serviles, extorsionadores financieros, tampoco el resultado trasluce habilidad o inteligencia aceptables.

A ver cómo estos banqueros y financieros, cuya voluntad europea es nula, según se ve en los secreteos del TTIP, pueden salvar su negocio ante la amenaza de que el ejemplo griego, que es como el 15M de Europa, encienda un movimiento de reconsideración de la misma UE que se obstina en hacer pagar a los pueblos las consecuencias de sus colusiones a espaldas de ellos.

Paradójicamente, España recogerá consecuencias beneficiosas del zaska heleno a la banca, a pesar de que tres de los cuatro políticos cabezas partidos españoles, propugnaron el "sí". "Grecia no es España", decía hace unos años el bueno de Sánchez. No lo será, pero el ganador del referéndum griego de ayer fue Iglesias y no él, Podemos y no el PSOE. De los otros dos poco cabe decir. Rajoy, en su cabal función de furriel del capital, pedía el "sí" con su habitual fuerza de convicción y Rivera, más dado, si cabe, a marear la perdiz que el señor de La Moncloa, también pedía el sí para que los griegos pudieran seguir siendo "compatriotas".

La competencia está entre Podemos y el PSOE. Podemos ha pedido el "no", como se esperaba y ha ganado muchos puntos, no solo por aparecer del lado triunfador sino porque ese triunfo consolida su imagen interna en España. Manteniendo las "nombres paralelos", Podemos/Syriza, toma cuerpo y verosimilitud una opción de izquierda radical no comunista. La lectura es obvia: "sí se puede plantar cara a la troika".

El patinazo lo ha dado el PSOE. Sánchez se arrancó al comienzo reconociendo el derecho de los griegos a hacer un referéndum que, recuérdese, fue rechazado en todas partes. Pero pidió el "sí" sin necesidad alguna y aunque, posteriormente, matizó dejando el asunto en que los griegos actuaran "con responsabilidad", sobre todo Tsipras era evidente que su idea seguía siendo el "sí", una metedura de pata considerable. Encontrarte entre los perdedores cuando, por tu tradición y espíritu, debieras estar entre los vencedores quiere decir que algo no te funciona.

Me atrevo a hacer una conjetura de esas llamadas contrafácticas: si Zapatero, en su día, se hubiera atrevido a hacer lo que ha hecho Tsipras en lugar de conchabarse con el PP para una vergonzante reforma constitucional, a lo mejor la crisis sí que era ya historia. En qué medida aprende el PSOE de los errores del pasado se ve en que ha vuelto a equivocarse de bando. 

viernes, 26 de junio de 2015

La cleptocracia.

Ya están en el aire los miles de emails de Blesa, esos que no se sabe si están bajo secreto de sumario, prohibidos por una u otra autoridad, ocultos bajo alguna querella del propio Blesa contra quienes los aireen, o amenazados de volatilización en aplicación de la ley mordaza, esa que tipifica como delito la denuncia de delitos cometidos por las autoridades. Los ha subido a la red la página de xnet, que tiene un buzón para recibir denuncias anónimas. Y, de la red, han pasado a todos los diarios digitales.

Son miles de mensajes de Blesa y otros directivos de Cajamadrid entre ellos y con terceros de gobiernos, empresas, partidos, etc. Dado su carácter presuntamente delictivo en muchos casos, la batalla será sobre la legalidad de la publicación/revelación de correspondencia, etc., etc. A nuestros efectos, procederemos como si ya estuviera resuelta a favor del derecho de la ciudadanía a saber quién ha estado robándole, desde cuándo, cómo, para qué, en qué cuantía. Todo presuntamente, por supuesto. Un derecho que deriva no solamente de haber sido expoliada y arruinada, sino, además, forzada a pagar un rescate estratosférico de la entidad quebrada.

Las cajas eran lo más parecido a una banca pública. Los partidos pasaron a administrarlas a través de su control de las instituciones con ánimo de saqueo sin límite y sin ningún sentido de la responsabilidad. Y, a fuerza de dispendios, desfalcos, apropiaciones indebidas, derroches suntuarios, estafas, consiguieron quebrar el conjunto, dejando decenas de miles en la ruina y produciendo una catástrofe en el sistema bancario. Lo llamaron crisis y los mismos que nombraron y mantuvieron a los presuntos apandadores, tipo Blesa o Rato, se autoasignaron la tarea de remediar el desaguisado con dineros públicos, o sea, con fondos de los estafados y expoliados. Insisto, lo llamaron crisis.

El panorama es estremecedor. Aznar, Rajoy, todos los gobiernos del PP, el PP en su conjunto y parte de la clase política de otros partidos así como sindical están pringados. Y, en verdad, no se entiende cómo el gobierno sigue sin dimitir y el PSOE sin presentar una enmienda a la totalidad de este desaguisado en forma de moción de censura. Salvo que los intereses creados en el desorden cleptocrático español los haga a todos cómplices en la tarea de ocultar o mitigar sus aspectos más indignos. Es posible que el asunto de los ERE, que es una verdadera vergüenza para el PSOE, le reste ánimos para confrontarse con el partido del gobierno en sede parlamentaria, en donde sin duda le sacarán los trapos sucios. Sin embargo, la respuesta, como el deber, es clara: hay que denunciar la corrupción, aunque parte de la denuncia te caiga sobre la cabeza. Más vale ponerse colorado una vez, etc., etc. Esta exposición coram populo de los tejemanejes de una pandilla de sinvergüenzas que durante años (mandato de Blesa: 1996-2009; mandato de Rato: 2010-2012) parecen haber estado viviendo a cuerpo de rey, ellos y sus allegados, a base de estafar a la colectividad no puede ocultarse en los vericuetos procesales, lentos y confusos. Deben constar de forma clara, sintética, fácil de consultar -como lo están esos emails que parecen un prontuario para granujas- y de comprobar. Porque cuentan la historia de cómo se ha gobernado este país en los últimos veinte años. Como una cleptocracia.

Las tarjetas black, los créditos a fondo perdido, los chanchullos a favor de los amigos, correligionarios o adversarios favorables, las subvenciones sin justificar, los gastos suntuarios, las trampas, las comisiones, los latrocinios, las mediaciones ilegales, los perjuicios conscientes causados a los patrimonios de impositores y clientes, la desvergüenza, son algunas de las pinceladas de un panorama de saqueo público por medios institucionales. A Blesa lo nombró y mantuvo Aznar, que aparece con tintes sombríos en muchos mails; a Rato, Rajoy, el de los sobresueldos. Aguirre acosaba a la Caja para ponerla más a su servicio. Los consejeros, con alguna excepción (supongo), una partida de pillastres que se pulían los dineros públicos en jolgorios y consumo ostentoso. Blesa tenía tratos, todos del mismo color, con Díaz Ferrán (un beneficiado que hoy duerme en Soto del real), Cerezo, Villar Mir, Gallardón, Barrionuevo y un sin fin de relevantes personalidades de integérrima virtud, aparte de constituirse en benefactor de los partidos políticos, a los que repartía millones en créditos como si fuera la pedrea. Y eso en sus ratos libres, entre cacería y cacería con unas fotos ante cadáveres de hermosas fieras de la selva que son un bochorno para el género humano, aunque quizá no para él que de humano parece tener poco.

Esos correos electrónicos deberían servir para retirar de la vida pública a todos los que aparecen en ellos, remitentes, destinatarios y sujetos en ellos mencionados. Son la manifestación de la picaresca tradicional adaptada a las nuevas tecnologías.
 
Son la marca España.

sábado, 14 de febrero de 2015

El gobierno de los hombres y la administración de las cosas.


O sea, el ejercicio del Poder. Jesús del Gran Poder llamaban a Jesús Polanco. La muerte, el tiempo, la vida, convirtieron aquel Gran Poder en la impotencia de un querubín del Barroco. Ahí está El País dispuesto sacar adelante al PSOE a golpe de encuesta, horrorizado ante la alternativa, con un éxito menos que mediano. El Poder no se crea ni se destruye. Pero, ¡oh dioses! cambia de mano, o sea de brazo. Los medios han perdido su poder en una sociedad absolutamente permeada de información en tiempo real. Se acabó el sueño de los medios independientes, basados en el éxito económico.


Todos los periódicos de papel son una ruina y tienen que sobrevivir como pueden. Sometiéndose al Poder que se ha desplazado hacia el dinero. Es decir, tampoco ha ido tan lejos porque siempre ha estado ahí. El poder del dinero. 800 millones de € de fianzas a Rato y otros. Podrán depositarlos, supongo, porque los tienen. Los han obtenido presuntamente de forma fraudulenta. Y hay un escándalo. Bastante hipócrita, por cierto. ¿De dónde proceden las demás fortunas? Seguramente habrá ejemplos de muy meritorios empresarios que, empezando de la nada, gracias a su trabajo, tesón y sentido del ahorro, levantaron un emporio. Pero en la mayoría de los casos, las grandes fortunas proceden de saqueos, expolios, robos, estafas, fraudes, engaños. En definitiva, vienen de la explotación del trabajo ajeno.

Muchos se escandalizan no porque Caja Madrid estuviera gestionada por un presunto chorizo, sino porque lo han pillado. Pero, hombre, eso se hace sin que te pillen porque, entre otras cosas, pones en peligro la seguridad del latrocinio organizado. Y ¿qué se sigue de esto? Que la administración de las cosas, ese aspecto esencial del ejercicio del poder, ha estado en manos, al parecer, de un absoluto incompetente o un ladrón o de un ladrón incompetente.

No se dirá que el capitalismo no es un sistema magnífico en el que cabe nombrar al frente de una de las mayores entidades de crédito a quien pudiera ser un ladrón incompetente. El problema no es el capitalismo, dicen los capitalistas, sino el control político de las cajas. Pero el control político de las cajas es cosa del capitalismo. Prueba: tan contentos estaban los empresarios y los sindicatos participando en el unto.

Claro parece quedar que, como administrador de las cosas, Rato es tan malo que no solo ha arruinado a miles de personas sino que se ha buscado su propia ruina. 

¿Y qué pasó con el gobierno de los hombres? El mismo que presuntamente ha arruinado a su empresa y a un montón de gente más, el que abandonó el FMI haciendo mutis por el foro y en sentido estricto, pues ni una explicación dio, venía de ser Ministro de Economía y Hacienda y vicepresidente de los gobiernos de Aznar. Según las leyendas, el autor del milagro español. Eso tampoco era mucho decir porque, cuando los del Wall Street Journal, siempre unos impertinentes empiricistas de la tradición anglosajona, vinieron a enterarse de eso del "milagro español", en 1997, Aznar los sacó de dudas como Jehová a Moisés: yo soy el milagro. A Rato, ni las migajas. Además, ¿no estaba destinado a pillar la pasta de Caja Madrid?

¿Por qué hay que creer que, quien fue un incompetente y un supuesto estafador en la administración de las cosas, no lo fue antes en el gobierno de los hombres solo que no lo han pillado? Por un acto de fe. Nada más. Años después, declarando ante el juez por el latrocinio de Caja Madrid, Rato dijo que no sabía contabilidad ni conocía la normativa legal sobre la materia. Es decir, puedes llegar a ministro de Economía y Hacienda de tu país sin saber cómo funciona tu territorio. 

Pues sí, parece que, en efecto, fue un milagro.

jueves, 29 de enero de 2015

España en B.

Acababa de afirmar el señor Rajoy en la televisión que él o sus colaboradores inmediatos no sabían nada de una caja B en el PP. Año y medio antes, en sede parlamentaria no dijo desconocerla sino que negó su existencia misma. Entre tanto, después de minuciosas indagaciones, el juez, la fiscalía y la abogacía del Estado la dan por cierta. El presidente ya no se atreve a negarla. Admite que puede haber existido, pero era de propiedad y exclusivo conocimiento del señor Bárcenas, como su nombre indica. Él y sus colaboradores no sabían nada ni habían visto nada.

Los españoles somos un pueblo místico. Absortos en la contemplación de lo más alto, no vemos la realidad inmediata. Es el misticismo de Mato, la Infanta, Aguirre, Rajoy, el partido en pleno que no solamente no es una asociación de malhechores, como sostiene la Antiespaña, sino que es una orden de guerreros y monjes.

Negada, refutada la caja B, aparecen ahora 78 caballeros, tarjeta B en ristre, a las órdenes del señor Blesa, prior de la cofradía de la Santa B, hasta su relevo en 2008 por el señor Rato a quien se propone elevar a la condición de señor Bato. Ambos habían sido nombrados en su día por el señor Aznar, gran maestre de la orden. A Blesa lo hizo presidente de Caja Madrid en 1996 y a Rato o Bato, ministro de Economía y Hacienda, puesto que le sirvió para pasar al Fondo Monetario Internacional y, de ahí, a la presidencia de Caja Madrid.

Qué relaciones tuvieran Aznar y Blesa es algo que acabará saliendo en el proceso y los indicios tienen mala pinta. Por lo demás, Blesa y Rato, ayudados por casi todos los 78 directivos (hubo algunos que no usaron las tarjetas B) se dedicaron al parecer a saquear sistemáticamente la cuarta entidad de crédito del país hasta llevarla a la quiebra con una presunta estafa a cientos de miles de impositores en forma de preferentes. Luego fue preciso rescatar la entidad con dineros públicos y en ese pozo negro se insuflaron decenas de miles de millones de dinero público. Una historia de hampones de cuello blanco.

Este órgano de dirección y, es de suponer, control de la Caja tenía condigna representación de todos los estamentos políticamente relevantes: partidos políticos (gobierno y oposición), sindicatos, patronal y diversas administraciones públicas. Gentes de alta consideración social: conocidos empresarios, profesores de Universidad, dirigentes diversos, periodistas, economistas, abogados. Muchos de los cuales predicaban a la sociedad las virtudes morales del ahorro, el sacrificio y el esfuerzo mientras tiraban de tarjetas B, fraudulentas, para pagarse excursiones a la Transilvania o cacerías en Swazilandia. "Hay que trabajar más y ganar menos", decía el consejero de la Caja Díaz Ferrán, quien lleva una temporada descansando en la cárcel de Soto del Real de lo mucho que trabajó zampándose lo que compraba con la tarjeta B. El señor Recarte, también imputado, cantaba las excelencias de libre mercado mientras ordeñaba su tarjeta B por 139.000 euros para pagar clubs deportivos, entre otras actividades de esfuerzo.

El hecho de tener a todas las fuerzas vivas representadas e interesadas garantizó dos cosas: 1ª) los gastos de estas gentes son tan típicos y pintorescos que van a suministrar mucho material para la creación literaria; 2ª) se mantendría el secreto de las prácticas. En efecto: nadie vio nada en catorce años. Nadie supo nada. A nadie le extrañó nada. ¡Oh misticismo del pueblo español!

El señor Aznar nombró a Blesa, pero no supo nunca lo que hacía. Llegaron los socialistas, tampoco se enteraron de nada y, en mitad de su mandato, tras un revelador forcejeo político entre las administraciones de Madrid, con cruce de palabras fuertes, se produce el relevo de Blesa por Rato, lo que equivale ya a la explosión definitiva de la entidad.

Huele a chamusquina. A más que chamusquina. Y, sin embargo, puede que ese no saber nada de los implicados no sea disparatado. Ignoro los conocimientos del señor Blesa para dirigir algo tan complejo como Caja Madrid, aunque profundos no deben de ser, pero ¿qué decir del señor Rato, quien ha confesado al juez que no sabe contabilidad y que ignora la Ley de Cajas, a pesar de haber sido presidente de una de ellas? O sea, la Caja no solo se hundió por el latrocinio sistemático de sus directivos sino también por su absoluta incompetencia. No sabían lo que hacían. Eso no los exime de responsabilidad, pero da una idea de las manos en las que está el país.

Porque la responsabilidad por nombrar a un incompetente recae también sobre el nombrador. Aznar nombró ministro de Economía y Hacienda a uno que no sabe gran cosa de la materia y al señor Blesa presidente de Caja Madrid porque fue compañero suyo de pupitre en el colegio.

La historia mete miedo pero se resume así: la corrupción del país llega al extremo de que un órgano en el que están representadas todas las fuerzas políticas institucionales interesadas, se dedica a saquear la cuarta entidad de crédito del país (y, por extensión, todas las cajas), incluso mediante prácticas presuntamente delictivas hasta que, a causa de eso y de su fabulosa incompetencia, el sistema se hunde con un perjuicio enorme para la población pero sin que los responsables políticos de esta catástrofe asuman un ápice de responsabilidad. Ahí está el señor Rajoy, responsable del nombramiento de su compañero de gabinete, Rato, pero al que hoy niega haber conocido jamás. Ahí también el señor Aznar, responsable de los nombramientos de estos dos presuntos sinvergüenzas, impartiendo lecciones de recto y honrado proceder.

España es un país en B.

martes, 21 de octubre de 2014

No se vaya, señor Aznar.


Quédese. Quédese a contemplar lo que todos los españoles contemplan estupefactos. Blesa y Rato, Rato y Blesa, dos hombres de su máxima confianza, han resultado ser dos pillastres consumados. A Blesa lo aupó usted a la presidencia de Caja Madrid y a Rato lo hizo ministro de Economía, vicepresidente del gobierno y a punto estuvo de ungirlo como su sucesor de no ser porque el propio interesado se desinteresó. Si por usted fuera, Rato sería hoy presidente del gobierno. Quizá no fuera peor que el que hay, dado que el que hay deja poco margen al empeoramiento, pero no se dirá que no sería un puntazo. Blesa y Rato, los dos hombres que hicieron y deshicieron, sobre todo deshicieron, en una de las más poderosas entidades financieras del país durante quince años hasta dejarla en harapos, mientras el infeliz de Zapatero presumía a los cuatro vientos de la solidez de las cajas españolas. Rato fue el autor del "milagro español" y por eso ascendió a vicepresidente. Blesa el del "milagro madrileño" y, por eso, cuando su presidencia se tambaleó por las maniobras y las codicias de los gobernantes autonómicos, salió usted en su defensa. Toda una vida juntos. Nobleza obliga.

El caso Blesa ha empequeñecido el caso Gürtel como Júpiter achica a Marte o un San Bernardo empequeñece a un chihuahua. Al lado de este príncipe del alegre dispendio a costa de los demás, Correa es un mayoral porcino y Bárcenas un contable dinámico con algunas externalidades. Es curioso cómo los 15,5 millones de euros que estos pintas se han fundido en restaurantes, joyerías, spas y hoteles indignan más a la gente que los 22.000 millones que nos ha costado a todos rescatar la Caja. Son cifras tan disparatadas que apenas se visualizan. ¿Cómo pueden volatilizarse 22.000 millones sin dejar rastro, al parecer? ¿En qué se han perdido? ¿Cómo? ¿Quién se los ha llevado? ¿En dónde están? El dinero no se esfuma y siempre deja rastro. Sin embargo, el pararrayos de las iras son los 15,5 milloncejos de marras. Probablemente porque el pillaje es más comprensible para la gente normal. Que estos pájaros de vuelo en preferente cargaran billetes de metro a la tarjeta negra es algo que solivianta por la cutrez que revela, incluso aunque resultara que enviaban al perro a comprar el pan.

Los chóferes de esta crema de la sociedad también disponían de las dichas tarjetas negro total. Y no me ha quedado claro si eran de uso tasado al servicio de los barandas o tenían ellos un margen también para mandar unos polvorones a casa. Ya solo lo primero pone al personal a cien. El personal, que no entiende cómo la gente exquisita desdeña ensuciarse las manos con el dinero y prefieren que otros lo hagan en su lugar. De un antepasado mío, que tenía dinero, cosa que no se ha repetido luego en la familia, cuentan las crónicas de esta que, a la hora de pagar en las librerías, ofrecía su cartera y monedero al librero para que se sirviera él mismo. A lo mejor les sucede algo parecido a estos originales gestores públicos y a quienes tenían como función vigilarlos: que les da asco el dinero.

Aunque, a primera vista, no lo parece. Blesa pretende que sea la aseguradora de Caja Madrid la que pague la fianza de 16 millones que el juez le ha impuesto. Ignoro en qué doctrina jurídica se basa esta pretensión a la que el juez se ha negado. Supongo que podría sostenerse en el caso de que la póliza de Blesa, si la tiene, cubra expresamente los costes que siempre acarrea la comisión de delitos, cosa improbable. Improbable debiera antojársele a Blesa y, si no es así, es porque, en efecto, este buen hombre es un daltónico moral, incapaz de distinguir los colores respectivos de lo público y lo privado.

Gracias a ese daltonismo, sin embargo, Blesa montó un imperio de presuntas fechorías de todo tipo, con el dinero de los impositores y lo blindó a base de comprar la voluntad de todos, todos, los representantes políticos, sindicales, empresariales en los órganos de la Caja. Ese apartado que apunta a la financiación ilegal de los partidos, también de todos, a través de unos donativos desorbitados a Fundaciones fantasma a cambio de nada, que canalizaban los fondos a sus organizaciones, o se lo quedaban por el camino o vaya usted a saber qué, revela un grado de corrupción sistémica que ninguna organización puede soportar mucho tiempo.

Su "España va bien" era el ambientador de ozonopino de un país tan corrupto que hedía y hiede a día de hoy por las tropelías que quienes usted nombró parecen haber cometido. No debe usted irse, como cuando ordenaba usted a Felipe González tan desabrida como contundentemente que se fuera. No lo haga usted y quédese. Quédese a explicar porqué pedía usted que la Caja pagara 54 millones de euros por una colección de las obras de un artista, Rueda, de sus preferencias pero cuyo nombre no suena como un Donatello. Quédese a explicar de una vez qué tienen ustedes que ver con los pájaros de la Gürtel, que estaban todos invitados a aquel bodorrio inenarrable de El Escorial y, de paso, a aclarar que fue de aquellos dos millones de dinero público que con los que pretendió usted comprar una medalla del Congreso de los EEUU que, al final, no le dieron.  Quédese por si al señor Rato le pica el rencor y le da por decir cosas sobre sus años de gobierno que a usted no le gusten, sobre todo en materia de privatizaciones. Cuando la gente entra en vías penales tiene reacciones muy extrañas. Y, por lo que vamos viendo, esas vías forman una densa red que cubre ya casi el país entero como un entramado de corrupción general.

Quédese a contemplar cómo resuelve el gobierno y su partido el penoso asunto de la expulsión de Rodrigo Rato, un hombre que pudo ser todo y a punto está de ser menos que nada. Aun así, también él aplica los esquemas de su boato pasado, cuando pide al juez que descuente de su fianza de tres millones de euros los 200.000 que devolvió en su día de la tarjetita de marras. Como economista, Rato no puede ignorar que el mismo abono no puede servir a dos conceptos distintos, tan distintos como depositar una fianza y pagar una deuda. Por la misma razón podía pedir que se le descontaran las cantidades que haya tributado a Hacienda por sus actividades, si es que ha tributado. Misma confusión, mismo daltonismo blesiano frente a lo público y lo privado. Tal es el hombre en el que el providencial Aznar depositó todas sus complacencias, hasta que se le escaqueó pues estos plebeyos no saben de nobles lealtades. ¡Que cambios trae la vida! Rato, que compartió balcón de Carabaña con un Aznar radiante, que acababa de ganar las elecciones de 1996, a lo mejor se ve forzado a pedirle una entrevista en un locutorio de Soto del Real.

Quédese a escuchar al presidente del gobierno en su inimitable estilo explicando cómo los feos asuntos presunta responsabilidad de esa persona de la que usted habla fueron descubiertos por el ministerio de Hacienda o los organismos supervisores y diligentemente puestos en conocimiento de la Fiscalía. Es el estilo de la casa. Aguirre destapó la Gürtel y Rajoy el caso Blesa/Rato. Es un desparpajo de cine. Todo el mundo sabe que el escándalo de las tarjetas salta en uno de los miles de mails de y a Blesa, que esta ha tratado siempre de ocultar, al extremo de conseguir apartar de la carrera judicial a un juez que quiso revelarlos. Si el asunto no salta en el mail no hay duda de que la colaboración del partido de Rajoy hubiera estado más en la línea de la que prestó en el caso Gürtel, sospechosamente parecida a la destrucción de pruebas.

sábado, 11 de octubre de 2014

La banda.

Desde el comienzo de la legislatura Palinuro viene insistiendo en que el PP no es propiamente un partido político sino que, por la cantidad de procesos penales que encaran muchos de sus miembros y principales dirigentes, más parece una asociación de malhechores. Presidentes de Comunidad Autónoma, de diputaciones, alcaldes, concejales condenados en firme por delitos de prevaricación, apropiación indebida, cohecho, contra la Hacienda pública; docenas de otros cargos imputados, procesados por delitos similares, siempre en la línea del saqueo; hasta ministr@s y el propio presidente del gobierno acusad@s de cobrar sobresueldos en B. El caso Gürtel ha evidenciado que durante años se ha tejido una tupida red de corrupción en las instituciones gobernadas por el PP que ha convertido la política en un lodazal en donde también chapotean otras instancias de calado, como la Casa Real en el asunto de Urdangarin y su esposa. Este frenético expolio de las arcas públicas, planeado y ejecutado sistemáticamente, tiene poco que ver con la política.

Tal es el error de la mayoría de los analistas: creer que porque formalmente sea un partido político y de gobierno, al PP le interesa la política, entiende de ella o actúa políticamente. Falso. No hace política y sospecho que ni la entiende. Solo le interesan los negocios, los pelotazos, el enriquecimiento de los suyos y el mangoneo. Por dos vías, la colectiva y la personal. La colectiva es lo que se entiende aquí como neoliberalismo, consistente en privatizar todo lo público, tenga la forma que tenga y vendérselo a las amigos en forma de empresas privadas seguras porque son privadas pero viven de contratar con la administración pública en régimen de suculentas concesiones otorgadas por los mismos que las privatizaron y luego ocuparán cargos muy bien remuneradas en ellas. Se crea así una red de compradazgo entre políticos corruptos, funcionarios venales, empresarios inmorales que parasita la administración pública e impide la recuperación del país.

En el orden personal, la acumulación de fechorías, algunas pintorescas, como los aeropuertos sin aviones, los museos vacíos, los circuitos de fórmulas desiertos, prueban que el famoso dicho de yo estoy en política para forrarme, lo dijera quien lo dijera, es lema, consigna, promesa, anhelo del conjunto de la tropa. La lluvia de dietas, sobresueldos, comisiones, cohechos, fraudes, malversaciones, subvenciones, donativos, he hecho crecer un florido vergel de sinvergüenzas, casi todos ellos enriquecidos de la noche a la mañana con intereses y depósitos en numerosos paraísos fiscales. Y en ese vergel lucen también especies de otros partidos, tanto colectiva como personalmente: el PSOE en Andalucía y en Caja Madrid; según parece, también CiU se lleva su tajada; y en menor, pero significativa medida, IU. Todos.

Llamar a eso partido; llamarlo gobierno, Parlamento, oposición, sistema político, es un ejercicio de retórica absurda. Esto es un patio de Monipodio. El gobierno lleva tres años escaqueándose, pendiente de lo que sale en los medios por si lo incrimina, soltando un discurso triunfalista que los hechos desmienten y perdiendo el tiempo en controlar los medios, censurar la información y  confundir a la opinión pública. Las instituciones están todas intervenidas de hecho por el partido, con la parcial excepción del poder judicial en el cual un puñado de jueces y fiscales que hacen honor a su condición se atreve a investigar y procesar los casos de corrupción a un precio altísimo. Basta recordar que los dos únicos condenados hasta la fecha en los casos Gürtel y Blesa son dos jueces.

Si las instituciones están así es fácil imaginar cómo estarán quienes por ellas pululan. Ayer mismo traían todos los medios las andanzas y mangoneos durante años de 86 galopines de Caja Madrid con sus tarjetas opacas.  Empresarios, sindicalistas, funcionarios, políticos y expolíticos, comunistas, socialistas, conservadores llevaban una vida de lujo desenfrenado a cuenta de los impositores y de todos los ciudadanos pues finalmente esa Caja fue rescatada con miles de millones dinero público. Han dejado rastro por todas partes de sus gustos y aficiones y cabe hacerse una idea de qué tipo de gente estaba al mando de la cuarta entidad financiera del país: comilonas, hoteles de lujo, joyas, cash a cientos de miles, mucho alcohol, clubs, pubs, puts (acabo de inventarme el término, pero encaja), safaris, viajes de placer, golf. 15,5 millones de euros del dinero de todos en seis o siete años. Ni uno ha comprado un incunable, una edición príncipe, un libro raro, o un grabado, una estatua, algo de cerámica. Ninguno ha dado prueba alguna de que no se trata de un puñado de patanes enriquecidos. Y muy solidarios, como buenos mafiosos. Díaz Ferrán, actualmente en Soto del Real, se pulió una pasta en papear en el restaurante de su amigo Arturo Fernández que hizo lo propio en su propio pesebre; él se lo guisó, él se lo comió, él se lo pagó y él se lo cobró. Un puñado de miles de euros. El tipo que lleva tres meses sin pagar la nómina de sus empleados.

El anecdotario es suculento y morboso. Compraban lencería y quién sabe qué más cosas picaronas. Pero eso no es lo importante, como no lo era que Roldán se corriera las juergas en gayumbos. Lo importante es lo que significa el fenómeno en su conjunto. El saqueo de Caja Madrid fue una operación diseñada desde arriba. Blesa, presidente del Consejo de Administración desde 1996 a 2009, fue nombrado por su amigo íntimo Aznar. Las relaciones entre ambos irán saliendo de esos miles de emails que el imitador de Hemingway en el África ha intentado bloquear y, al parecer, Bankia ha entregado ya al juez. La mínima parte que se sabe ya pone los pelos de punta. Y queda tela por cortar. Como de la red de corrupción que Blesa tejió, pringando a todos los miembros de los órganos de supervisión, consejo, vigilancia y lo que fuera. Como la política de concesión de subvenciones y créditos, regida por el favoritismo más evidente, partidos, fundaciones, empresas, amigos. Como los desatinos que condujeron finalmente a la quiebra de la Caja que, según parece, se trató de frenar a base de idear la indignante estafa de las preferentes. Así los jubilados de Madrid se quedaron sin sus ahorros para que estos granujas se doraran la panza al sol del Caribe.

Del principio al final una operación política para "privatizar" las cajas y, de paso, esquilmarlas. Una operación del PP con la complicidad si no de los otros partidos, al menos de sus representantes en ellas, que guardaban silencio mientras se fundían la pasta pública en pitanzas.

¿Y qué decir de Zapatero quien, en 2007/2008 al comienzo de una crisis que se obstinó en negar más que Rajoy el nombre de Bárcenas, andaba presumiendo de la fortaleza del sistema financiero español, que había pasado todas las pruebas de stress y, en especial, las cajas de ahorros piezas rozagantes de ese sistema sabiamente reformado por no sé qué ministro socialista de Economía. ¡Caja Madrid, ejemplo de sano sistema financiero! Supongo que Blesa y sus amigos de francachelas reirían a mandíbula batiente mientras brindaban con Dom Perignon.

jueves, 19 de diciembre de 2013

La fábula de la realidad

Pongan ustedes en relación los discursos de esta gente en los años pasados con lo que hacía en realidad, según testimonian con todo lujo de detalle  (nunca mejor dicho) los correos de Miguel Blesa entre 2007 y 2009. Dos miserables años y ocho mil mails que están dejando los papeles de Bárcenas en una colección de estampas de la adoración nocturna. De un lado las palabras altisonantes, las grandes declaraciones, "España va bien", "tenemos un lugar en el mundo", "España es una gran nación", "estamos entre los primeros", "hemos levantado el país con el esfuerzo, el ahorro, la buena administración"; de otro, unas vidas de molicie, lujos asiáticos, holganza, despilfarro y consumo ostentoso; la boda de El Escorial es el epítome de todo ello. De un lado, las elecciones, los programas políticos, los debates y las votaciones parlamentarias; del otro los chanchullos, los enchufes, los navajeos, la corrupción más desaforada, el saqueo de los caudales públicos, la patrimonialización de las instituciones, el cortijeo de España.

O sea, a un lado la fábula y al otro la realidad. La fábula que oculta la realidad y la realidad que alimenta la fábula. Caja Madrid donó 1,7 millones de euros a FAES. Lógico. FAES es un centro de fabricación de ideología, o sea, de fábulas. De aquí salen los planes para acabar con todo lo público en España, la sanidad, la educación, las pensiones y, por supuesto, las cajas de ahorros. Y no solo teoría; también praxis. El mejor modo de acabar con la banca popular, pública, es saqueándola. Y eso es lo que han hecho: enchufar a sus amigos y clientes y no solo en la Caja, en la Telefónica, en todas partes y con el fin de robar, de desvalijarlo todo. Los muy liberales. Los liberales ladrones asaltacaminos.

Desde un punto de vista estrictamente bancario es absurdo financiar una fundación que trata de destruir la fuente de financiación. Pero Caja Madrid no estaba gestionada con criterios bancarios sino como un coto particular de los dirigentes del PP, muy especialmente de Aznar que para eso había puesto en el cargo al fiel Blesa. Y, como es amigo, le hizo un precio de amigo: 1,7 millones de euros para pagar a sus ideólogos, plumillas y sicarios intelectuales, estilo Wert o Lasquetty. Calderilla, comparada con los 54 millones que pretendía se pagasen por 20 obras de ese Rueda que, al parecer, le fascina. ¿Que son 50 millones de sobreprecio para lucir el exquisito gusto pictórico de este majadero? Los correos muestran cómo "el hombre normal", el "milagro español" se valía de la caja , de los ahorros de los impositores, como de la hucha cerdito para satisfacer sus caprichos. Y no hemos hecho más que empezar. Ya veremos qué cantidades alcanzaron los de su esposa, otra alma sensible e inteligencia privilegiada.

La fábula era de risa, formulada teóricamente. Contrastada con la realidad es ya para partirse los ijares. Quienes desprestigian lo público, lo empobrecen, lo malvenden o suprimen viven invariablemente (y muy bien) de ello y siempre que pueden, se lucran por vías aceleradas e ilegales. Quienes dicen que el Estado debe desaparecer recurren a él para financiar aventuras privadas dudosas o para rescatarlas cuando fracasan. Quienes quieren acabar con las cajas de ahorros por razones ideológicas y, en consecuencia, las esquilman, son quienes las refinancian después con dineros públicos quizá con ánimo de seguir robando posteriormente, cuando vuelva a haber algo que robar. Todo esto ya no tiene nada que ver con cuestiones de economía, de finanzas, de política económica, sino que es un puro desbarajuste, un latrocinio sin igual.

¿Y qué decir de las estafas, de los pufos más increíbles, los aeropuertos peatonales, las ciudades de esto y lo otro, los palacios de más allá, las competiciones olímpicas imaginarias, las preferentes, los Gürteles, los Bárcenas, los áticos, las subvenciones a las corridas de toros, la mordida anual de la iglesia, los sobresueldos de los barandas, los sueldos y privilegios de los políticos, las colocaciones de la clientela a cientos, el despilfarro de la propaganda a través de los medios públicos de comunicación, los suculentos pagos a periodistas lameculos? Todo ello sobrepasa con mucho el terreno del análisis, del reportaje, del ensayo. Hay que recurrir de nuevo a la fábula, pero no al pábulo ideológico para mentecatos de la FAES, sino a la fábula literaria. 

Esto no puede reflejarse en la sobria redacción de una crónica. Ha de recurrirse a formas más imaginativas. Es la corte de los milagros, el patio de Monipodio, Chicago años treinta, la Camorra napolitana, un nido de bucaneros, la ópera de dos centavos y el ambiente de Mackie el navaja: "el tiburón tiene dientes, pero los muestra en la boca; Mackie, en cambio, tiene un cuchillo, pero nadie lo ve."

Me juego algo a que, entre los mails de Blesa, los habrá que hablen de operaciones con la iglesia. De no ser así, sería la primera vez que los curas no sacaran partido de la corrupción generalizada.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El cortijo.

En uno de sus inenarrables correos Miguel Blesa comunica a un hijo de Aznar, mediador en pro de una operación casi seguro lesiva para los intereses generales pero muy lucrativa para algún amigo suyo o quizá él mismo, que Caja Madrid no era su cortijo. Según la prensa filtra emails cada uno más escandaloso que el anterior, va quedando claro que no solamente era su cortijo sino también su patio trasero, su bodega, su escudería y los placeres de Capua. La entidad sirvió a este enchufado por Aznar para vivir una vida de lujo, boato y molicie, cuyos detalles dejan estupefacto al personal de un país hundido en el paro, la precariedad, la pobreza y la emigración. Coches de medio millón de euros, vinos exquisitos, caviar a cientos de miles de pesetas el kilo, cacerías en lugares exóticos, cruceros de ensueño. Un tren de vida de locura del que el cortijero hacía generosamente partícipes a sus colaboradores (por llamarlos de algún modo), consejeros de la entidad en nombre del PP pero también del PSOE, de IU, de CCOO o UGT, garantizándose así su vergonzante lealtad. Y aun sobraba para repartir con verdadera prodigalidad en forma de créditos a los amigos, alguno de los cuales está en la cárcel, sin garantías suficientes, operaciones financieras de riesgo como favores, reparto de prebendas, enchufes, mediaciones. ¿Cómo no iba a quebrar una empresa gestionada con estos criterios durante trece años?

Recuérdese aquella imagen tradicional del banquero de espíritu calvinista, dedicado a su quehacer con la seriedad, la entrega, de un sacerdocio, bajo el lema de Benjamin Franklin de el tiempo es oro, sobre el que Max Weber construyó su aguda interpretación de la ética protestante y el espíritu del capitalismo. Recuérdese y olvídese al mismo tiempo. Aquí no somos protestantes, somos de la Contrarreforma. Aquí reina el catolicismo, el amor por la ostentación, el lujo, el consumo y el odio al trabajo, a la austeridad y el ahorro. Allí, los banqueros; aquí, los ladrones. Allí, la probidad; aquí, la picaresca.

Y no es solo la Caja, sino todo el país. El país entero es administrado como un cortijo por un partido convertido en una asociación al servicio del enriquecimiento de la casta por los procedimientos que sean, incluso los supuestamente ilegales y hasta delictivos. La señora Aguirre declaraba ayer ante el juez (es un decir, pues lo hacía por escrito desde su despacho en el PP) sobre su conocimiento de la Gürtel y muy ufana afirmaba ser la primera interesada en aclarar el asunto. Encomiable actitud de fondo que encaja poco con la forma. Además, la declarante debiera estar igualmente presta a aclarar cuanto tiene que ver con el tamayazo, con la FUNDESCAM, la gestapillo y la presunta financiación ilegal de todos los actos de relumbrón e infinitas inauguraciones que protagonizó en su mandato. Si, además, se quiere investigar en el menudeo de las inauguraciones, esto es, los aspectos económicos de las adjudicaciones, contratas, etc., se verá que lo del cortijo se queda corto.

Por si el chorreo de los Fabra, Baltar, Matas, Bárcenas, Crespo, Urdangarin, la infanta, Barberá, Pons y los meritorios de segunda fila, acusados de llevárselo crudo de mil formas distintas fuera poco, ayer la jueza imputó a la esposa del presidente de la Comunidad de Madrid por blanqueo de capitales. Es el cortijo en sus más pintorescas estilos: un baile de millones en forma de apropiaciones indebidas, cohechos, malversaciones, mordidas. Jauja. Es la apoteosis del capitalismo nacional-católico con un ropaje neoliberal. Vive de lo que siempre ha vivido el capitalismo español: el favoritismo, el compadreo, los enchufes, la corrupción, el trasvase de la empresa al poder político (eso que se llama la puerta giratoria), la información privilegiada y el chanchullo. Pero predica el dogma liberal del individualismo, el libre mercado, el emprendimiento, la competencia, la superioridad y mayor eficiencia de lo privado sobre lo público. Lo público no debe intervenir en lo privado, salvo si se trata de cuestiones morales como el derecho al aborto, a la educación, o las libertades como la de manifestación, reunión, expresión o creencias religiosas. Aquí, sí; aquí intervención a tope, a ver qué se ha creido el personal, aficionado a la promiscuidad; contundencia y cañones de agua para enfriar lo ánimos algo exaltados por la obscena exhibición de los cortijeros.

Pero en todo lo demás, exquisita abstención y respeto por las libertades. Las del libre mercado, se entiende. A quien Dios se la dé..., etc. Bueno, en el discurso. La práctica es otra cosa. Exactamente la contraria. Utilización de las instituciones públicas para beneficios privados de todo tipo. Elaboración de políticas públicas en interés de empresas que privatizan los beneficios y socializan las pérdidas. Expolio de los dineros de todos. Injerencias inadmisibles en el funcionamiento del mercado, como el de la venta de Iberia a British Airways. Inversiones millonarias en proyectos para beneficio privado con dineros públicos y asegurando que son en interés de la colectividad.

Añádase el agravante, típicamente español, de que, en los casos más notorios, los proyectos han fracasado. La costosísima enésima candidatura olímpica de Madrid, ahogada en un ridículo planetario a base de una clase de pichinglish hispánico. Y el inmundo plan de Eurovegas en un fiasco de las autoridades, dispuestas a cambiar hasta el código civil si el andoba gringo de los millones se dignaba sentar sus posaderas en Alcorcón.

Es el capitalismo, sin duda, pero a la española. Con sus peculiaridades, que son temibles. Porque a esta caterva de ineptos, incapaz de administrar el cortijo con un mínimo de eficiencia, justicia y decoro, se le está sublevando parte del país. Ha conseguido crear una crisis para la que no tiene respuesta ni prácticamente margen de maniobra porque Europa entera está pendiente del cortijo español.

sábado, 14 de diciembre de 2013

La gran estafa.

Según una ley física de universal vigencia, por muy revueltas que estén las aguas, hay algunas substancias o materias que siempre flotan. Por muy enrevesado que aparezca algún asunto de finanzas, de chanchullos, de ingentes cantidades de dinero que van y vienen, de oscuros compadreos, al final, siempre sale el nombre de Aznar.

Las relaciones del expresidente con los chorros del oro desbordan con mucho lo meramente económico para entrar en el campo de lo psicoanalítico, lo sociopolítico, lo onírico y -no lo quieran los dioses- lo judicial. Los ejemplos abundan. Mencionaré dos. Siendo presidente del gobierno, según parece, intentó comprarse una medalla del Congreso de los Estados Unidos por 2,3 millones de euros que se pagaron a un lobby estadounidense. La medalla -que había de adornar el pecho del héroe de las Azores- no se consiguió; pero los cuartos no retornaron, cosa que tampoco debía preocuparle mucho dado que no procedían de su bolsillo, sino del de todos los españoles.

Cuando en 2002 el milagro español decidió casar a su hija en El Escorial, en el acto probablemente más pretencioso y ridículo de la historia contemporánea, adornado con la presencia de la plana mayor de los presuntos delincuentes de la Gürtel, tampoco se hicieron ascos a las generosas aportaciones de capital externo que mostraban su cariño a la familia rascándose los millones del bolsillo. Como es habitual en el personaje, Aznar (y también su yerno) salió bravo amenazando con acciones judiciales a quienes hicieran insinuaciones maliciosas sobre tan generosas dádivas que, por lo demás, ya ves tú, se limitaron a sufragar los gastos de iluminación de seudorregio evento. Luego ha resultado que la Gürtel no solo pagó las luminarias, sino muchas otras cosas, hasta la pernocta del personal de servicio. Esos son amigos. Pero las amenazas ya no se reprodujeron.

Es el estilillo de la casa: furia al inicio, al estilo del Capitán Fracasa, y mansedumbre después, cuando las acusaciones se prueban ciertas. Aznar interpuso querella contra El País por vincularlo con los pagos (por llamarlos de algún modo) de Bárcenas. La querella no ha ido a ningún sitio y los pagos se dan ya por ciertos. Esto es, Aznar estuvo cobrando sobresueldos o cantidades "extra" un montón de años, incluso siendo presidente, lo cual es algo verdaderamente bochornoso. Pero nada que no hayan hecho otros pájaros de su nidada, algunos de los cuales (Rajoy, si no ando errado) pretendieron justificarlos como si fueran complementos de productividad de una empresa de productos electrónicos, por ejemplo. Así, con todo el papo.

Ahora aparece de nuevo Aznar vinculado a su amigo Blesa, el cerebro de las preferentes, en una operación de intriga e influencia por otra pila de millones. Tampoco es extraño: Blesa era amigo suyo desde los tiempos de las oposiciones a inspectores de Hacienda y fue él quien lo aupó a la presidencia del consejo de administración de Cajamadrid en 1996, cargo que ocupó con el apoyo del PP, desde luego, pero también con el de IU, CCOO y el voto en blanco (o sea, anuencia) del PSOE.

Breve observación al paso: todos estos liberales, furibundos enemigos del Estado, de lo público, de la Hacienda, partidarios de desmantelarlo y vendérselo a sus amigos, son funcionarios felones que, con toda evidencia, faltan a su deber jurídico y moral de defender el servicio público al que pertenecen. No obstante, es probable que los escrúpulos que quizá se produzcan, se palíen porque, en poco tiempo, los amigos, agradecidos, los contratan con sueldos fabulosos por no hacer nada. No es invención. La lista de exministros y altos cargos públicos de todos los partidos que están forrándose en consejos de administración de empresas antes privatizadas por ellos es larga. Una prueba más del enorme desbarajuste e inmoralidad que reina en España hace ya años, del grado de podredumbre que impregna la política, la empresa, las finanzas de este desgraciado país. ¡Ah, por supuesto! Todos estos funcionarios antifuncionarios son grandísimos patriotas.

Blesa estuvo en el cargo de 1996 hasta 2009, en que cayó víctima de un intriga palaciega interna al PP en que distintos sectores querían el puesto para algún acólito suyo a fin de seguir mangoneando en la muy apetitosa Caja. Gallardón apoyaba a Blesa; Aguirre, a su fiel escudero Ignacio González. Al final, Rajoy impuso a un tercero que venía de hacer las Américas, Rodrigo Rato, dando prueba con ello una vez más de su clarividencia. Rato causaría baja en la entidad al modo en que los gobernadores imperiales abandonaron el castillo de Hradcany en Praga en cierta memorable ocasión: defenestrado. Y, cayendo, como ellos, en un montón de estiércol. Quizá por eso haya sido contratado por el banquero Botín porque, ya se sabe, pecunia non olet.

En aquellos trece años, más los tres del interregno de Rato, Cajamadrid, convertida por este en Bankia, se hundió. La primera caja de España, cabeza visible de un vigoroso sistema financiero público, repartido por todo el país, básico en su estructura social y tejido empresarial, un pilar de un complejo financiero, necesitaba 40.000 millones de euros para evitar la quiebra, 40.000 millones nuestros. En el ínterín, el bueno de Zapatero que, como de costumbre, no sabía de lo que hablaba, ensalzaba las cajas como inmunes por su gran solidez frente a los contagios de la temible crisis financiera internacional,

Las causas de esta catástrofe y sus recovecos internos las dilucidarán los tribunales -ante los cuales se encuentran, de momento, los dos principales responsables, Blesa y Rato y probablemente acabarán muchos más- y en el futuro los historiadores. Porque se trata de líos muy enrevesados en los que, a la complejidad de estos asuntos financieros se unen las actividades de oscurecimiento, engaño, mentiras y presuntas destrucciones de pruebas de los implicados, todo lo cual provoca una impresión lamentable de tejemanejes y líos.

Algunas cosas están claras. La cajas, Cajamadrid en concreto, se vinieron abajo cuando los políticos -mezcla de oportunistas, aprovechados e ignorantes- vieron que eran reservas estupendas para mangonear, fuentes de crédito fácil y hasta gratuito, lugares en donde enchufar a los amigos aunque no tuvieran ni idea de aquello sobre lo que decidían porque no decidían nada sino que se limitaban a forrarse y decidir lo que les dictaran sus partidos. Todos. Los consejeros del PP, los del PSOE, los de IU. Todos. Eran también las cajas manantiales inagotables de fondos para hacer favores a los allegados o construir los jardines colgantes de Babilonia para que cualquier imbécil de campanario ganara unas elecciones en su predio. Es decir, en lo esencial, las cajas las ha hundido una clase política corrupta e inepta. Pero no solo ella.

Cuenta el factor humano individual. Esa es la enseñanza de este caso de Miguel Blesa. Procesado y encarcelado dos veces por créditos supuestamente irregulares al grupo Marsans -el de Díaz Ferrán, hoy en el trullo- y la compra del City National Bank de Florida, se ha revuelto como el oso en la madriguera y ha conseguido empurar al juez que lo encarceló, José Elpidio Silva. Sin duda este asunto recuerda el del juez Garzón: un presunto pero muy poderoso delincuente carga contra el juez y se lo carga. De hecho este anda diciendo que si tira de la manta y revela la extensión de la corrupción, el sistema no lo soportaría. El juez debiera saber que este comportamiento no es encomiable. Esas cosas se hacen, pero no se dicen y menos como amenaza, pues hacen pensar que se está buscando algún apaño, algún trato vergonzoso. El juez tiene la obligación ciudadana, moral, de decir lo que sabe; no ocultarlo, ya que es de interés público.

Pero, en todo caso, da igual, la imputación de Blesa se mantiene y será investigado por las preferentes por orden de la Audiencia Nacional. A estas alturas es innecesario decir que eso de las preferentes debe de ser una de las estafas más generalizadas y repugnantes que se hayan realizado en los últimos siglos porque, al parecer, han consistido en despojar fraudulentamente de sus ahorros a decenas de miles de viejos, pensionistas, gentes sin formación, sin conocimientos, abusando de su buena fe a extremos increíbles, algo que indigna a cualquiera que no sea un criminal. Y en esa supuesta estafa aparece como maestro consumado y plenamente consciente el tal Blesa, como demuestran los emails que han venido publicando infolibre y el diario.es, en los que se ve la premeditación y el designio conscientemente delictivo. Textos vergonzosos.

Pero que no solo prueban los chanchullos de las preferentes sino más, mucho más. Son como el relato de unos años frenéticos en los que tanto Blesa como los otros consejeros han estado haciendo mangas capirotes con los fondos de los impositores y cuando se los pulieron, salieron a la caza de incautos a sacarles literalmente el dinero de los bolsillos; favores a amigos, a políticos de otros partidos, dádivas, regalos, inversiones ruinosas por obligaciones políticas. No debe de haber delito societario que estos individuos puedan no haber cometido.

Y al final, cómo no, cual se decía al principio, emerge el nombre de Aznar como mediador en una operación a través de su fiel Blesa por la que la Fundación de la Caja habría de pagar 54 millones de euros en 2008 (ya metidos en la crisis, con una Caja haciendo aguas) por una veintena de obras del pintor y escultor Gerardo Rueda cuyo principal mérito a los efectos es que su hijo -y beneficiario de la operación, pues el artista falleció en 2006- es amigo de Aznar. Sin duda Rueda es un notable pintor abstracto español pero, como el arte es pura subjetividad, a Palinuro le parece más del montón y, desde luego, luego, de 54 millones, nada. Comprendo que 2,3 millones de euros por una medalla que no merece y no le dieron parezca una fruslería a quien dio orden de pagarlos no siendo suyos, pero a lo mejor hasta él entiende que con 54 millones de euros quizá se pueda conseguir que los escolares españoles hagan tres comidas al día.

Por eso hiede esta historia y es tan significativa. Con razón han tratado de impedir a toda costa que esos emails vean la luz pública. Porque en ellos se contiene buena parte del relato más negro, más bochornoso y delictivo de la corrupción estructural de este país.

Bien. Esa es la gente que nos ha estado gobernando y nos gobierna hoy. Esa su catadura moral.

Mañana hablamos del PIE. Una sugerencia: cambien el nombre. Suena a "pastel" en inglés y, tratándose de un ente de veintisiete partidos, no sé yo...


(La imagen es una foto de Mongider, con licencia Creative Commons). El añadido del emblema de Cajamadrid es de Palinuro.

domingo, 24 de marzo de 2013

En el cielo y en la tierra.

El abrazo de Castel Gandolfo. Esos dos angelicales ancianos en sus albas vestiduras son quizá lo más cercano que podamos imaginarnos al reino de los cielos,  a donde ahora se llega en helicóptero..

Entre tanto, aquí en la tierra, el caso de Chipre pone a prueba el sistema político europeo. Es una muestra más del proteico carácter del capitalismo, capaz de convertirse en su contrario para sobrevivir. Esa quita del 20% de todas las imposiciones superiores a 100.000 euros es una medida que cualquier partido de izquierda aplaudirá incluso con mala conciencia por no haberse atrevido a tomarla él. Pero el gobierno chipriota es muy de derecha. Y ¿qué hace un gobierno de derecha adoptando medidas de izquierda? Obviamente, refundar el capitalismo.

No podemos saber en qué pensaban en concreto aquellos líderes, como Sarkozy, que prometían la refundación del capitalismo en los primeros momentos de la crisis actual. Pero sí podemos ver que los gobiernos aplican a la crisis como soluciones las medidas que la provocaron. Hasta que dejan de hacerlo y aplican las de la oposición, como esa quita del veinte por ciento. Una medida claramente confiscatoria y que afecta a los más pudientes, una medida de izquierda pero adoptada por un gobierno de derecha, prueba evidente de su validez.

Desde el comienzo de la crisis las autoridades han venido advirtiendo de que España no es Irlanda, ni Grecia, ni Portugal, ni, ahora, Chipre. Claro, España es España, desde luego pero ¿por qué no habría de adoptar una decisión de tipo chipriota, una tasa sobre los depósitos bancarios? Al fin y al cabo eso es lo que es la política de austeridad impuesta por el gobierno. No se tocan los depósitos bancarios pero se reducen los sueldos, se aumentan los impuestos, se establece todo tipo de tasas y exacciones a la población del común que equivalen a una quita pero en donde quienes pagan más son los que tienen menos. Por eso el gobierno no impone tasas a los depósitos bancarios. Prefiere sacarle a la gente el dinero literalmente del bolsillo.

Hay quien dice, para encontrar una lógica insider, que la mayor parte de los depósitos superiores a 100.000 euros en Chipre son rusos. O sea, Chipre nacionaliza recursos rusos. Antaño un caso como este podía ser un casus belli. Hoy, la guerra no es pensable, al menos de momento. Pero esa es consideración anecdótica. La cuestión principal es que un gobierno de derecha adopta una medida típicamente de izquierda porque es buena para salvar el capìtalismo. La pregunta inmediata es: ¿por qué Rajoy no aplica en España lo que ve hacer en Chipre y no lo que vio hacer en Baleares y Valencia?

sábado, 23 de marzo de 2013

Últimas noticias de la crisis-estafa.

Mete miedo el último tajo del FROB a los ahorros del pueblo llano. 400.000 compradores de preferentes tienen que tragar una quita media del 50%. El espectáculo de los accionistas de Bankia, aun más desolador. Lo perderán todo pues las acciones que compraron a 3,25€ cotizan hoy a 0,07 céntimos o algo así. Es el resultado de la gestión de ese genio de las finanzas de Rodrigo Rato a quien, al parecer, esto de haber arruinado, estafado, a decenas de miles de personas no parece quitar el sueño. Ahora debe explicarse ante el juez. Podía aprovechar para explicar asimismo cómo se justifican los astronómicos emolumentos que percibieron tanto él como Miguel Blesa, el antecesor, de unas entidades que estaban llevando a la quiebra.

Téngase en cuenta que esos cientos de miles de personas sometidas a tanto quebranto son las que, a su vez, soportan aumentos de impuestos, mermas de salarios, tasas o pagos y repagos arbitrariamente decididos por las administraciones y todo tipo de exacciones. La convicción de que la crisis están pagándola los desfavorecidos responde a una cruda, una violenta realidad. Hay un ataque del capital contra las clases trabajadora y media para despojarlas de sus ahorros, de su nivel de vida, incluso de su patrimonio. Especialmente el de carácter público. La privatización de los servicios, impuesta a la fuerza, en contra de la voluntad de los afectados, es un expolio de lo público en favor de intereses privados.

Este empobrecimiento general de la sociedad, eso que se llama la devaluación interna, es también una táctica aplicada como fórmula para salir de la crisis. Es preciso aumentar la productividad para ser competitivos en los mercados internacionales, única forma de generar recursos. Tenemos que ser competitivos con los chinos y eso solo se consigue pagando aquí sueldos chinos y sin ninguna redistribución interna de la renta. Se apunta una clara división internacional del trabajo consistente en convertir España en un país de mano de obra barata y especializado en servicios turísticos.

El desarrollo del Estado del bienestar en el siglo pasado fue posible gracias al excedente generado en la explotación del Tercer Mundo merced a unos términos muy favorables de intercambio. Pero ahora las tornas se han invertido y parte importante del Tercer Mundo ha pasado de ser compradora neta de nuestros productos, a vendedora neta de los suyos. En el pasado, esta situación se resolvía mediante una guerra, expediente al que ya no es posible recurrir, salvo en los casos de conflictos muy localizados y asimétricos.

Aunque de otro tipo, la tercera guerra mundial está ya aquí. Viene a añadirse a aquella otra, también nueva, proclamada a principios de siglo, la guerra al terrorismo internacional. La de ahora es la de los ricos contra los pobres. Como la del terrorismo, no tiene fronteras, ni líneas de batalla y se libra tanto en el interior como en el exterior de cada sociedad. Es la guerra del capital contra el trabajo, como siempre. Pero hoy del capital financiero, del puramente especulativo cuya hostilidad padece no solamente el trabajo sino el conjunto de la sociedad en cuanto productora o consumidora.

(La imagen es una foto de dulhunk, bajo licencia Creative Commons).

martes, 19 de marzo de 2013

La reacción se hace revolucionaria.

El episodio del corralito chipriota bien podría pasar a los anales de la ciencia política como caso sorprendente que contradice el saber convencional sobre gestión de crisis; o por lo menos de la comunicación política, que es el nombre que adopta aquella cuando decide tomar partido en los conflictos. También la Diplomacia tiene que estar santiguándose ante lo peregrino de los hechos. Veamos su secuencia:

I.- Se anuncia el corralito chipriota como un acuerdo in extremis entre la Troika y el gobierno de Chipre.

II.- Anastasiadis comparece en el parlamento y, como héroe de tragedia, anuncia que era el corralito o la quiebra total. Solución TINA (There Is No Alternative/No hay alternativa), cara a la derecha desde los tiempos de Thatcher, quien la acuñó.

IV.- Frau Merkel asegura que la decisión de gravar todos los depósitos fue absolutamente chipriota.

V.- El Eurogrupo, que forma parte de la Troika junto con el BCE y el FMI, pide expresamente, casi ordena, a Nicosia que garantice los depósitos inferiores a 100.000€ y grave los superiores en las proporciones que estime pertinentes, siempre que se consigan los 5.800 millones de euros para pagar el rescate. No sé qué hará Nicosia, pues, como voraz lector de Salgari en mi infancia, siempre me ha fascinado más el esplendor y la tragedia de Famagusta, teniendo a la ahora capital como un lugar de poca monta.

Conclusiones

1ª.- Quizá no se sepa nunca qué sucedió en este fin de semana delirante, desde que se decidió atracar a la ciudadanía en viernes, en aplicación del modelo argentino, hasta el giro de 180º del lunes. Si se trató de una imposición europea (¡hay que ver cómo cargaron las plumas contra los alemanes!) o si -y me inclino por ello- fue una propuesta de parte chipriota. La derecha -recientemente triunfante en unas elecciones en que ha derrotado a los comunistas- decide salir de la crisis a su modo, al modo griego, portugués, español, haciéndosela pagar a las rentas más bajas.

2ª.- La reacción social inmediata, la lluvia de críticas, obliga a los responsables a dar marcha atrás ante dos peligros inminentes: a) un pánico bancario en otros países del Sur; b) una insurrección popular. Los alemanes se desmarcan, al gobierno de Anastasiadis le sale la vena fenicia y empieza a regatear: rebaja el tipo de gravamen de los depósitos inferiores a 100.000€, promete devolver el 50% de lo ahora confiscado en dos años si los expoliados son buenos chicos. El Eurogrupo zanja la cuestión: la mordida será en los depósitos superiores a 100.000€. Adiós al proyecto conservador de salida de la crisis perjudicando a los más y beneficiando a los menos, como sucede en España.

3ª.- Sigue siendo una confiscación. Desde el punto de vista del constitucionalismo contemporáneo, una medida contraria al Estado de derecho pues atenta de lleno contra el principio de seguridad jurídica y, dentro de este, el de la intangibilidad de la propiedad privada. Pero una medida anticonstitucional que empezó siendo reaccionaria y ha resultado revolucionaria. Pues, ¿en qué se diferencia un corralito de los depósitos superiores a 100.000€ de un impuesto excepcional sobre las grandes fortunas como insistentemente propone la izquierda? Si hay alguna diferencia es a favor del corralito por más eficaz a la hora de prevenir fuga de capitales.

4ª.- O sea, la solución neoliberal a la crisis chipriota, avalada por la Europa de los mercados, coincide con el programa de la izquierda. Y hasta de una izquierda radical. Desde luego, la diferencia aparecerá de inmediato. La derecha recurre a este medio revolucionario para salvar la banca. La izquierda para salvar a la gente y, es de suponer, a los pequeños impositores en el caso de que los bancos quiebren. Pues la solución para la izquierda, al menos la radical, es dejar caer los bancos en quiebra.

5ª.- Curioso que la solución de la izquierda radical coincida con el postulado esencial del neoliberalismo (que, luego, este no aplica) de abandonar a su suerte las empresas y bancos en un mercado libre no intervenido. Curioso, en verdad, y digno de atención porque plantea problemas interesantes. ¿Cómo comunicar que uno es un neoliberal escrupuloso pero apoya una medida confiscatoria de los más pudientes? ¿Cómo explicar que uno es un socialista de verdad pero aboga por el funcionamiento del libre mercado?

6ª.- Ambas partes del conflicto tienen un punto de razón. La dificultad se hace patente cuando las dos creen que ese punto es todo el plano y excluyen cualquier posibilidad de transacción. A favor del neoliberalismo habla el sentido común de enfrenar el déficit, pero no al coste que sea. A favor de la izquierda la obvia conclusión de que de las crisis solo se sale con políticas que fomenten el crecimiento, pero no únicamente a base de estas. La realidad -esa que, según Rajoy, le obliga a incumplir todas sus promesas- fuerza soluciones híbridas, mestizas. Hay que cohonestar reducción del déficit con políticas de crecimiento. ¿Cómo? Ahí, amigos, ahí está el meollo de la cuestión.

7ª.- Mientras lo averiguamos, podemos ponernos de acuerdo en quién haya de sufragar esas políticas. A estas alturas está ya claro que cargar el peso de la crisis sobre los desfavorecidos en la esperanza de que los favorecidos, siéndolo aun más, colaborarían por su iniciativa a salir de la crisis, no conduce a nada. La codicia de los ricos no resuelve sino que agrava la crisis. La cuestión, por tanto, consiste en hacer lo contrario: que paguen por fuerza los ricos lo que no quieren pagar de grado y emplear los fondos en mejorar la capacidad adquisitiva de los asalariados, los parados, los jubilados, etc. Lo que obviamente separa la continuidad y la salida de la crisis es una medida de izquierda.

8ª.- La Unión Europea parece haberlo entendido así. Queda por saber si también lo entenderá Rajoy o irá, como el doctrino Anastasiadis, a ofrecer a la Troika los ahorros de los españoles.

sábado, 1 de septiembre de 2012

El banco malo o la locura de las palabras.

Con independencia del alcance que cada cual dé al adjetivo "malo", la curiosa expresión banco malo parece una redundancia. Ya, ya sé que es expresión coloquial, siempre muy gráfica, aunque no sea precisa técnicamente. Lo coloquial es inevitablemente abigarrado y hasta contradictorio. Se puede ser "malo" éticamente o desde el punto de vista de la eficacia práctica; incluso se puede estar "malo" El nombre oficial es mucho más ajustado y explicativo: Sociedad de gestión de activos.
J. L. Austin, con su teoría de los "actos de habla", ya dejó claro que con los enunciados no solo se afirma o se niega algo sino que realmente se hace algo, que se hacen cosas con las palabras, sobre todo cuando estas incluyen promesas, órdenes, sugerencias, prohibiciones; es decir, la materia de que está hecha la política, en donde llueven las promesas, las órdenes, las prohibiciones. De lo que se trata aquí es de un juego de prestidigitación para fabricar una realidad engañosa, una forma sutil de estafa, vaya.
El acto locutivo propiamente dicho que habría que analizar, el que tendría que formular De Guindos, quien habitualmente se pierde entre las palabras, es: (prometo que) la creación de la sociedad de gestión de activos nos sacará de la crisis. Pero es un acto de habla que viene edulcorado porque no se dice que esos activos, en realidad, son pasivo, son activos también llamados popularmente tóxicos. Es decir, se pone al banco malo a gestionar deudas ajenas; es un banco de hombres de negro.
A continuación viene una extraña ceremonia de la confusión financiera con lo cual no es de extrañar que el efecto ilocutivo del acto quede borroso, confuso. El surgimiento de esta extraña criatura del banco malo es un intento de resolver el antagonismo entre las interpretaciones europeas y las españolas acerca de ¿quién responde en último término de los 100.000 millones del ala que lloverán sobre España como el maná sobre el Sinaí? "La banca", dice el Estado español. "El Estado español", dice la banca alemana. "El banco malo", dice la banca española que está más avezada en las artes del Lazarillo de Tormes.
El banco malo es una ficción típica porque se trata de una dependencia del Estado. Este participa con el 50 % y el resto viene del FROB (que también es el Estado) y de las hipotéticas aportaciones privadas fuertemente incentivadas. No me parece aceptable que el gobierno trate de engañar una vez más a los ciudadanos, presentando como privada una financiación pública pues bien claro está que todo el dinero es público, como gasto o como lucro cesante y, si la sociedad de gestión falla, pagará el Estado, es decir, todos los contribuyentes.
De ahí que el resultado perlocutivo de este acto de habla pueda medirse y de hecho se mida en puntos de la prima de riesgo. La respuesta a la creación del banco malo ha sido que la prima de riesgo ha escalado por encima de los 550 puntos básicos en donde se mantiene en suspenso sobre la cabeza del banco malo, como la espada sobre la de Damocles.
Y dice el ministro De Guindos, ya liado en las palabras, que el banco malo no tendrá coste alguno para el erario público. Como muestra, larga 4.500 millones de euros más a Bankia que salen ¿de dónde? De donde siempre, ¿no? No van a salir de Cáritas. Bankia, que ha sufrido una retirada catastrófica de depósitos en los últimos meses.
Hay un prejuicio rondando los mentideros según el cual los conservadores gestionan mejor la economía. A la vista está: este puñado de competentísimos gestores ha conseguido provocar un pánico bancario de los del siglo XIX, de manual, que tratan de mantener oculto pero que de vez en cuando aflora con cantidades pasmosas: 220.000 millones de euros se retiraron de los bancos entre enero y julio. Una gestión brillante que, por desgracia, ya no cabe achacar a la herencia de Zapatero. Empiezo a sospechar por qué se fue Rato tan inopinadamente del Fondo Monetario Internacional. No se fue; lo echaron. Como luego de Bankia. El terror es que, incomprensiblemente, siga al frente de Cajamadrid.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

viernes, 27 de julio de 2012

Tres reflexiones melancólicas.

I.- Fuera.
Todo el mundo lo señaló: unas palabras ambiguas de Draghi, una llamada a la fe y a la creencia en él, tuvieron un efecto balsámico rotundo sobre los escocidos lomos hispánicos que llevan más palos recibidos que don Quijote y Sancho Panza juntos. Era algo diabólico pero es de creer que Rajoy no hablaba porque ya sabía que, en cuanto lo hiciera, nos llovería otra mano de estacazos y la prima seguiría escalando. Resultado y conclusión perfectamente visible de este maravilloso triunfo de la etérea palabra: en España manda Draghi y quien a Draghi dé las órdenes. Merkel, por ejemplo. Los mercados no escuchan a Rajoy y, si lo escuchan, hacen lo contrario de lo que él quiere. Pero a Merkel sí la escuchan. ¿Alguna otra duda? Rajoy ha recibido a los dos capi sindicales, no porque se haya convertido de repente a las doctrinas sindicalistas sino porque Méndez y Toxo se han visto con la Führeresa (como diría la lideresa), y quiere saber qué dice la jefa por ahí. A Rajoy no se le caen los anillos de recibir a dos proletas en La Moncloa cuando se trata de salvar a la Patria. Para colaborar al entendimiento, los empresarios (que esos sí se ven mucho con el presidente) piden otra reforma laboral, o sea, despido gratis total y que se eche a todos los funcionarios, incluidos los porteros de La Moncloa. Rajoy puede abrir la puerta a las visitas ya que, de todas formas, no gobierna.

II.- Dentro. 
 La comparecencia de Rato ha sido muy curiosa. Él lo hizo todo bien y si, luego ("luego" es 24 horas después de su comunicado de despedida según el cual dejaba una entidad boyante) ha habido un desastre, la culpa ha de ser de otro, pues él lo hizo de cine. Ese otro es el Banco de España. Bien, es posible, pero la culpa ¿de qué? Aquí los términos se hacen vagarosos y hasta poéticos: de un "desastre", de un "desfase", de un "agujero" gracias al cual Bankia necesitaba 30.000 millones de euros (creo recordar o algo así). Bien de nuevo, pero ¿para qué? ¿Para cubrir riesgos o encubrir delitos? En todo caso, sea cual sea la teoría, se trata de situaciones de quiebra, quizá fraudulenta, que se arrastran desde hace años. ¿Por qué ninguna autoridad de ningún tipo dijo nada? Si los bancos, los gobiernos, las entidades financieras, las comisiones de vigilancia se confabulan en contra del interés general, ¿qué confianza se puede pedir a los ciudadanos para los planes de reconstrucción pergeñados por quienes han ocasionado la gran destrucción?

III.- De ayer a hoy. 
Es un puntazo periodístico la foto del anciano atleta español y la historia que se insinúa de tratarse de un "niño de la guerra" que llegó a competir en natación en representación de España en las olimpiadas de 1948. No acaba de encajarme, aunque la explicación, sin duda, estará en el reportaje completo. Siempre he creído que lo de "niños de la guerra" se refería a los críos que salieron de España como refugiados de guerra o familiares de exiliados. Dudo que alguno de esos compitiera nueve años después en representación de España. A lo mejor es un "niño de la guerra" del bando sublevado, que también los tendría, al menos como refugiados. Sea como sea, debe de ser emocionante ir a contemplar algo en lo que tú participaste hace 64 años.  La melancolía viene de que he ido a consultar el palmarés de esas olimpiadas. España mandó 64 atletas y recogió dos platas en hípica, probablemente dos militares o nobles. No digo más.

Una gran portada la de El País. Agenda setting lo llaman los especialistas, con conclusión lapidaria: los que gobiernan no gobiernan y cuando gobiernan, no dicen la verdad.