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miércoles, 4 de febrero de 2009

El humor es cosa de la inteligencia.

Ya es mal asunto que uno no entienda un chiste. Pero si alguien lo explica y uno sigue sin entenderlo es que la mollera de uno no tiene remedio. En fin, es lo terrible de los chistes, de la ironía, de las burlas, que son muy resbaladizos y para cuando el que ha picado quiere darse cuenta, normalmente es ya demasiado tarde. Todos los que se tomaron en serio el vídeo del Gran Wyoming metieron el remo hasta la empuñadura, sin excusa posible. Luego, cuando ya se explicó todo en el programa de aquel, El intermedio, algunos trataron de disimular, de salvar la cara, diciendo que ya se maliciaban algo, que no le habían dado crédito completo y que tenían sus reservas: blogs, foros, páginas webs y hasta algún diario digital. Por ejemplo, El Imparcial, que tras dar por bueno el vídeo en titulares tuvo que acabar reinterpretando la noticia vergonzantemente en un espacio semioculto en el interior llamado Las trampas de Wyoming donde se viene a afirmar que el vídeo no es auténtico, pero como si lo fuera que es algo así como decir que el mayordomo no asesinó a la duquesa, pero pudo haberlo hecho. Esa fue la defensa de la mayoría de blogs y foros que se tragaron la pieza: minimizar el ridículo y esperar que escampara.

Pero no es el caso de Intereconomía, en donde el señor Xavier Horcajo que tiene un problema evidente a la hora de distinguir entre lo fabulado y lo real, siguió cargando contra Wyoming con tanta saña que uno empezaba a pensar si no se trataría de otro fake, en este caso un contrafake para responder condignamente al pitorreo del programa de Wyoming. El señor Horcajo puso en brevísimo tiempo a bajar de un burro al Gran Wyoming, al que llamó "delincuente", "h.p." (hijo de puta, vamos, para no andarnos con remilgos), de "baja catadura moral", "de baja ralea", "bufón de segunda" etc, etc. Uno podría creer que estaría fuera de sí al ver cómo había caído en una trampa tan elemental, en un engaño tan tosco. Pero en lugar de reconocer que se había columpiado trataba de emborronarlo todo, sepultando a la gente del Intermedio bajo toneladas de denuestos. Como si los demás estuvieran a su altura mental.

Cuéntase de Santo Tomás de Aquino que en cierta ocasión fue víctima de una broma, de un engaño urdido por sus hermanos dominicos que lo convencieron de que saliera a toda prisa del convento para ver un burro volador. Cuando luego hicieron burla de él y le preguntaron cómo había sido tan ingenuo para creer que había burros voladores, el doctor angélico contestó que prefería creer que los burros vuelan antes de aceptar que un hermano pudiera mentir. Desde el momento en que el señor Horcajo tiene al Gran Wyoming por un redomado delincuente está claro que su reacción carece de la elegante y caritativa defensa del aquinatense.

No, su reacción es la del que no se entera y eso se prueba cuando resulta que también acusó a la colaboradora de Wyoming, doña Beatriz Montáñez, de ejercer el oficio más viejo del mundo por el hecho de salir interpretando a una puta. Lo explicó muy brillantemente la señora Montáñez recordando la diferencia entre realidad y ficción y avisando al señor Horcajo de que Leonardo di Caprio no murió en el hundimiento del Titanic. Cierto, ni Liz Taylor en El árbol de la vida. Pero no sé si el señor Horcajo entenderá estas sutilezas.

jueves, 30 de octubre de 2008

Carta a Aznar en el año 2070.

Habiéndose enterado de que el señor Aznar es negacionista, que sostiene que lo del cambio climático es un bulo, cuando no algo peor, un engaño como los que él hacía hablando de las armas de destrucción masiva o de la autoría de ETA en el 11-M, los habitantes del futuro le han enviado la carta que puede verse aquí arriba

También puede verse directamente en Google docs pinchando en Carta.

viernes, 24 de octubre de 2008

Blogorismo de la pelea (II): Aznar contra el planeta.

Es tan retrógrado que, si pudiera, el señor Aznar sería negacionista, negaría el Holocausto. Si no lo hace es porque no se atreve. El lobby judío es muy fuerte y tiene mucho dinero. Pero pregúntenle al pavo por la teoría de Darwin; ya verán, ya. Este, como Bush, es de los que en lugar de la doctrina de la evolución ponen la del "diseño inteligente" con ellos como prueba en contrario. No niega el Holocausto porque puede salirle caro. Pero negar el cambio climático sale gratis y se obtienen notoriedad y unas palmadas del jefe en el cogote. Es como su émula, la señora Aguirre, que da la razón a su ídolo con el argumento de que los seres humanos son más importantes que el planeta en lo que probablemente sea el razonamiento más estúpido que haya oído en mi vida, que ya es larga. ¿O es que puede haber seres humanos fuera del planeta? Obviamente sí: la señora Aguirre y el señor Aznar que habitan en el limbo. Tendría que haber puesto otro blogorismo de la pelea (IV) que fuera Esperanza Aguirre contra el sentido común, pero me ha dado pereza. Y es que cansa mucho escuchar que la crisis financiera se ha producido por un exceso de intervencionismo estatal. Igualita que su exjefe: busque, doña, busque intervencionismo en los EEUU; a lo mejor lo encuentra junto a las armas de destrucción masiva que el tigre de las Azores juraba solemnemente que había en el Irak.


(La imagen es una foto de Jaume d'Urgell, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 29 de agosto de 2008

Problemas de hoy.

El último número de Sistema (Fundación Sistema, nº 205, julio de 2008, Madrid, 143 págs.) aborda algunas de las cuestiones más importantes de nuestro tiempo como la globalización, el cambio climático y la sociedad de la información desde perspectivas distintas y con un nivel razonable de rigor y documentación. El primer trabajo, de Josep Borrell, ¿Hay otras alternativas a la globalización liberal? tiene un arranque prometedor al sostener que la "globalización no es un proceso ideológicamente neutro sino el resultado de una forma de entender las relaciones sociales y económicas" (p. 3) y al enumerar las críticas que pueden hacerse a la globalización liberal: a) no hay tal globalización sino una integración regional; b) es dudoso que se haya reducido la pobreza; c) hay un aumento significativo de la desigualdad en todos los niveles (entre regiones, entre países y dentro de los países mismos); d) hay señales de que aumenta la economía informal y el tráfico de personas; e) no se están tomando suficientes medidas para atajar el cambio climático (pp. 4/5). Tras este acertado diagnóstico Borrell sostiene que la izquierda tiene que buscar sus propuestas propias cuenta habida de que las "terceras vías" no han sido más que adaptaciones al modelo neoliberal dominante (p. 11). Por desgracia ya no está tan claro qué es lo que el autor propone en concreto para dar satisfacción a esa necesidad. Afirma que hay que tender a una cohesión social a nivel mundial pero no cómo pueda lograrse fuera de partir de la Agenda del Trabajo Decente propuesta por la Organización Internacional del Trabajo y que tiene ya sus añitos pues es de 2000. Del mismo modo cabe suscribir que sea necesario regular y hacer más transparente la liberalización financiera así como conseguir que la liberalización del comercio internacional lleve a un comercio más justo. El problema es cómo.

Rafael Caparrós Valderrama, en La esterilidad de la 'soft-governance' neoliberal en las políticas económica y de I+D+i europeo-comunitarias parte de que Europa presenta un retraso de veinte años en relación con los EEUU y el Japón en innovación tecnológica (p. 20). Sostiene que la globalización neoliberal (o "el golpe de Estado neoliberal", como la llama Bauman) en los términos en que la defienden sus partidarios (por ejemplo Guillermo de la Dehesa) no es satisfactoria y que en cambio las políticas socialdemócratas clásicas siguen siendo válidas como sostienen entre otros Gough, Turner, Navarro o Castells (p. 29), igual que es válido el "principio de la diferencia" de Rawls. Si no se avanza en ese sentido en la Unión Europea se debe, a su juicio, a la sistemática negativa de los Estados miembros de aumentar la integración política del continente (p. 31). Únicamente una mayor integración política (que es altamente problemática a mi modesto entender) permitirá una política más dinámica de I+D+i en el continente (p.45). En el caso específico de España que el autor considera singularizadamente cree que, aunque ha habido avances notables con la más reciente normativa, en especial la creación de la Agencia Estatal de Evaluación de las Políticas Públicas y la Calidad de los Servicios en 2006 (p. 48), todavía queda mucho por hacer. Uno de los puntos que propone es difundir la práctica de lo que Román del Río llama zaraísmo (del éxito de la empresa Zara) (p. 47) que en lo esencial consiste en adaptarse al concepto de Castells de la "sociedad red" y operar en consecuencia (p. 52). Se me ocurre que estas recomendaciones son una prueba más de la dificultad intrínseca de pensar los problemas de políticas públicas (o cualesquiera otros) en términos comunitarios ya que se hacen siempre en la escala nacional.

Eguzki Urteaga publica un interesante trabajo sobre Los electorados políticos en Francia que es una especie de balance de la situación del mapa electoral francés desde las ultimas elecciones presidenciales de mayo de 2007. Singulariza los seis bloques distintivos: 1) extrema izquierda; 2) comunistas; 3) socialistas; 4) verdes; 5) derecha; 6) extrema derecha y hace unas breves y generalmente atinadas observaciones sobre su situación actual y perspectivas, bien basadas en los datos electorales y no sólo los de las elecciones presidenciales. Contiene acertadas observaciones sobre la consolidación de la extrema izquierda, la irremediable decadencia del voto comunista, la inconstancia del socialista, la veleidosidad del verde, la congruencia ideológica de la derecha y el derrumbe de la extrema derecha. Todo ello en un panorama de alta participación y voto concentrado (pp. 66/67).

Óscar Diego Bautista en Los valores en el servicio público hace un Estudio comparativo sobre los códigos de Gobierno de Estados Unidos, Reino Unido, España y México que en realidad tiene poco de comparativo ya que es un análisis de los distintos códigos de normas éticas de las diferentes administraciones públicas pero consecutivo. El de los EEUU fue una respuesta al escándalo de Watergate y el del Reino Unido, resultado de los trabajos de la famosa comisión Nolan contiene un código ético basado en siete principios: desinterés, integridad, objetividad, responsabilidad, transparencia, humildad y liderazgo (p. 78). En el caso de España el Código de Buen Gobierno de los miembros del Gobierno y Altos Cargos de la Administración General del Estado, de 2005 y el Estatuto Básico del Empleado Público (2007) recogen los postulados que en su día presentara la filósofa Victoria Camps en unas Jornadas sobre Ética Pública de 1997: 1) servicio al interés general; 2) imparcialidad y transparencia; 3) uso adecuado de los bienes públicos; 4) responsabilidad profesional; 5) lealtad a la Administarción (p. 83). México a su vez dispone también de un Código de Ética de los Servidores Públicos de la Administración Pública Federal (p. 87). Uno tiene la sospecha de que tan abigarrada profusión de normas, dictadas al rebufo de los escándalos de corrupción detectados en la década anterior estén en relación inversamente proporcional a su eficacia real. No es disparatado pensar así. El propio autor reconoce que los países en los que menor es la incidencia de la corrupción, los países escandinavos, carecen de estos códigos de ética (p. 91).

Rosario Solà, Christian Oltra, Roser Sala y Nuria Gamero, en Cambio climático y opinión pública en España: percepción del problema y política energética, presentan una encuesta dentro de un proyecto del Massachussets Institute of Technology administrada en España mediante quinientos cuestionarios telefónicos de la que se deduce que el cambio climático es el primer problema medioambiental para los españoles si bien estos consideran que hay otros problemas sociales y personales más graves. Hay un grado alto de desconocimiento sobre las causas y consecuencias del cambio climático y cierta confusión con otros problemas medioambientales, como la capa de ozono. Los jóvenes aparecen con mayor conciencia que los adultos y todos en general piensan que los gobiernos debieran hacer más por contrarrestarlo, si bien la predisposición a implicarse personalmente en la lucha contra el problema es reducida. Por último no hay acuerdo respecto a las distintas alternativas para hacer frente al cambio climático: un 26% cree que "se desarrollarán nuevas tecnologías", otro 26% piensa que "cambiaremos nuestro estilo de vida para reducir el consumo energético", un 20% sostiene que "nos adaptaremos a un clima más cálido" y un 21% piensa que"el cambio climático es un problema pero España no hará nada" (que no está mal como índice de fatalismo del personal); únicamente un 1% sostiene que no hay que hacer nada ya que "el cambio climático no es un problema" (p. 102), lo que da una idea del apoyo electoral que pueden tener los neocons enfrentados a las políticas de lucha contra este problema.

Por último, casi como fuera de programa, Gaetano Pecora, en Las virtudes del laicismo que es una especie de nota con motivo de la traducción al italiano del libro de Henri Pena-Ruiz Qu'est-ce que la laicité? hace una interesantísima síntesis de las objeciones de los laicistas al punto de vista de los Papas sobre la libertad de conciencia y los derechos de los individuos. Tras coincidir con Gaetano Salvemini en su sólido dictamen de que "una democracia que anula la igualdad de derechos y deberes entre los ciudadanos y reconoce jurídicamente a una parte de ellos el deber de obedecer a una autoridad extraña (se refiere a los casos de Concordatos entre los Estados y el Vaticano) y el privilegio de ser representados y estar protegidos por una autoridad extraña, ya no es democracia" (p. 109) que suscribo de la cruz a la fecha, aborda el problema en su línea filosófica más clara. El Papa Ratzinger se hace lenguas del respeto a la libertad de conciencia y el valor fundamental de los derechoas del individuo. Sigue en ello la doctrina de Juan Pablo II que también exalta la libertad, aunque la vincula "a la aceptación de la verdad". En Centesimus annus, Juan Pablo II decía que "la obediencia a la verdad sobre Dios y sobre el hombre es la condición previa a la libertad" (p. 114). Celebraba así el Papa polaco, maestro del actual, el centenario del Papa León XIII quien en su encíclica Libertas praestantissimum decía que: "la cosas verdaderas y honestas tienen derecho (...) Los errores, peste de la mente, los vicios, contagio de los corazones y de las costumbres, es justo que sean reprimidos diligentemente por la autoridad pública para impedir que se extiendan como daño común" (p. 116). ¿Se ve cuánta razón tenía el gran Salvemini? Un Estado que tiene un Concordato con quien cree que los que no comulguen con sus ideas y se aferren a la "peste de la mente" deben ser reprimidos jurídicamente por la "autoridad pública" no es una democracia porque o incumple este mandato o persigue a los ciudadanos cuyas creencias no coincidan con las de los católicos.

jueves, 26 de junio de 2008

Activismo en la blogosfera.

MUGABWE

Ayer surgieron dos o tres causas de esas por las que uno cree que merece la pena hacer algo, que normalmente bien poco es: firmar alguna petición, hacer circular una protesta, indignarse, comentarlo con alguien, patalear. Algo, por no estar de brazos cruzados sintiéndose un poco cómplice por inacción. Doy cuenta de los más significativos por si alguien quiere sumarse al derecho al pataleo.

En primer lugar, los de Avaaz quieren que firmemos una petición para "liberar a Zimbabwe de Robert Mugabe", o sea, para echar a ese viejo carcamal que lleva veintiocho años machacando a su país, robando a sus ciudadanos, encarcelando, torturando y matando a quien le place. Y hacerlo para pedir que se aplacen las elecciones previstas para hoy, que serán una farsa. Si alguien quiere firmar, que pinche aquí.


PRECARIOS

Juan Dorado Romero me manda un texto que resume y denuncia muy bien la condición de los becarios de los programas universitarios de formación de personal investigador. A la incertidumbre y escasez de sus medios económicos, añaden estos becarios demoras y dilaciones de meses y meses de la administración a la hora de convocar los concursos, resolverlos y comenzar a hacer efectivas las dotaciones. Quien quiera hacerse una idea de las condiciones inadmisibles en que se encuentra este personal investigador de la "octava potencia economica del mundo" y a las cuatro años de un gobierno socialista que ya podía haber hecho algo por ellos, que pinche en Precarios.

(La imagen es una foto de aipexa, bajo licencia de Creative Commons).


CAMBIO CLIMÁTICO.

Elsa Pensamiento me manda esta presentación sobre el cambio climático. Es una carta que se supone escrita en el año 2070, con la biosfera en estado irrecuperable y la humanidad en trance de extinción, aquejada de los más diversos, previsibles y devastadores males.

En realidad, este tipo de productos (recuerdo haber visto una historia espeluznante al respecto en los años setenta, Soylent Green, una peli de Richard Fleischer, con Charlton Heston, que acaba de morir; luego han venido otros, Blade Runner es uno de ellos) son narraciones distópicas. Esto es, continúan la tradición utópica que inventó Platón y bautizó Tomás Moro pero con la carga valorativa cambiada. Hace mucho tiempo que la Humanidad ha dejado de ver el futuro con confianza y alegría, incluso con la alegría rabelaisiana de reírse de lo que hay y contraponerlo a lo que pudo ser. Ha dejado de confundirlo con el progreso. Hoy, la idea del futuro es apocalíptica; de una u otra forma, pero apocalíptica. Lo que refleja esta presentación es un Apocalpsis producido por el agotamiento del agua. Se aborda esta situación carencial desde perspectivas prácticas e inmediatas, de cuanta agua hay que beber al día o para qué se usa en relación con el cuerpo humano o la producción alimenticia. Con mi optimismo existencial pienso en lo que será una situación en que haya no escasez sino carencia de aquello de lo que estamos hechos, ya que más de tres cuartas partes del cuerpo humano son agua.

jueves, 8 de mayo de 2008

El reto del agua.

Mi amigo Andrés Eduardo me envía una presentación sobre el problema del agua y la necesidad de su ahorro que está muy bien, razón por lo que la reproduzco. Huyendo de retóricas catastrofistas y sentimentalismos pegajosos la presentación es una serie de consejos prácticos y sencillos que todos podemos poner en práctica sin gran esfuerzo y con considerable ahorro de ese recurso que, desde los tiempos del diluvio universal, nunca había sido tan escaso.

Gracias, Andrés Eduardo.


También puede accederse a la presentación en Google docs. pinchando aquí.

martes, 23 de octubre de 2007

El primo del primo.

Dice el avispado primo científico del señor Rajoy, que dado que sus colegas científicos no pueden prever el tiempo que hará mañana, ¿cómo van a prever lo que sucederá dentro de trescientos años? Es sorprendente. Al parecer nadie ha explicado al señor Rajoy ni a su primo el científico la diferencia entre "tiempo atmosférico" o "tiempo" a secas y "clima". ¿Y el señor Rajoy quiere gobernar España? Porque estas cosas son elementales.

Es patente que estamos en un proceso de cambio climático, cosa bastante clara dado que la tierra está siempre en proceso de cambio climático. La cuestión es el período que quiera aplicarse. El proceso es de calentamiento del planeta y las consecuencias, vaya Vd. a saber de momento. Lo que se discute es si ese proceso de calentamiento es debido a la acción del hombre (antropogénico lo llaman) o no y en qué medida.

El señor Rajoy cree que los temores del cambio climático son una pamema. Y todavía no ha llegado a revelar el fondo de su pensamiento, que es el de los medios de la derecha, esto es que el alarmismo sobre el calentamiento global es una campaña de la izquierda intervencionista, de los bolcheviques, deseosos de dinamitar las sociedades de libre mercado a las órdenes de Al Gore. Pero lo hará porque al señor Rajoy le pasa como al príncipe Hippolyte Kuragin en Guerra y paz quien, según Tolstoy, "sólo entendía el alcance de sus palabras tras haberlas pronunciado".

Esa actitud de restar importancia al cambio climático y de tomárselo a guasa, muy propia de la derecha, revela atolondramiento e irreflexión. Y, además, es bastante estúpida porque, aunque no quiera verse la necesidad de adoptar medidas para reducir la contribución de nuestro país al cambio climático, no hay más remedio -y así lo hacen todos, derechas, izquierdas y centros- que actuar en defensa del medio ambiente y de la calidad de vida de los ciudadanos, tratando de controlar el impacto de la actividad humana en la biosfera. Es tan absurdo como decir que porque se está en un calvero y sólo se ve media docena de árboles, no hay bosque.

(La imagen es un mapamundi con el cálculo de las muertes que se producirían en el año dos mil a causa del cambio climático del Centro para la Sostenibilidad y el Medio Global de la Universidad de Madison-Wisconsin).

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