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jueves, 14 de noviembre de 2013

El desprestigio del Prestige.


Ignoro todo sobre los aspectos jurídicos de la sentencia de la Audiencia Provincial de A Coruña, primero porque no puede uno ir leyendo todos los documentos de trescientas páginas con que los tribunales riegan la vida pública y porque además no soy especialista en asuntos jurídicos. La ley tiene doctores y a su juicio me remito. Por todo cuanto sé, esa sentencia está escrupulosamente ajustada a derecho; es justa porque se atiene a la ley. Y, si no lo es, ya nos enteraremos prestamente.

Pero que sea justa según la ley no quiere decir que sea equitativa, que sea justa según otro principio de justicia, que algunos llaman "natural", un territorio en el que interviene la moral y hasta la política. Palinuro entiende que, lo primero de todo, aquí hay un problema político y en ese terreno cifra su discurso. De lo que se trata es de ver la situación política en la que esta sentencia se produce. El ámbito de la opinión, del juicio de la ciudadanía.

Dejamos de lado el hecho de que sea difícil explicar a esa ciudadanía que una catástrofe de estas dimensiones no tenga culpables ni responsables y deba entenderse como una catástrofe natural. Y ello en un tiempo que tiende a negar la existencia de esas catástrofes al dar por supuesto que todas tienen un elemento humano. Pero difícil no quiere decir imposible. Es tarea de los exégetas aclarársela al común en términos que este entienda.

También dejamos de lado que la decisión judicial recae en un tiempo en que no es infrecuente ver cómo presuntos delincuentes de todo jaez (pero mucho monto) se libran del procesamiento con las más diversas triquiñuelas o se benefician de la prescripción de sus delitos o simplemente son indultados. Y lo dejamos de lado porque los tribunales no tienen que actuar mirando las contingencias en su entorno.

Pero no podemos dejar de lado que el aspecto de las responsabilidades políticas está pendiente, que no se substanció en su momento y que, además, no prescribe. La catástrofe del petrolero tuvo unas dimensiones y consecuencias medioambientales enormes, desastrosas, ha cambiado los ecosistemas de kilómetros y kilómetros de costa gallega y alterado radicalmente la forma de vida de cientos de personas. Y eso no puede quedar sin explicación.

Un breve repaso a la memoria y la hemeroteca nos muestra una situación de crisis y catástrofe que fue gestionada de un modo irresponsable por los políticos encargados de ella, directamente el ministro de Fomento, Álvarez Cascos, e indirectamente el entonces protavoz del gobierno, Mariano Rajoy. No debe de haber español que no recuerde aquella comparencia para dar cuenta de la peor catástrofe ecológica de la historia del país que le ganó el sobrenombre de señor de los hilillos.

El no depurar las responsabilidades políticas en su momento y no tener la menor intención de hacerlo retroactivamente es lo que de verdad daña el prestigio de las instituciones. La idea generalizada, convertida en amarga experiencia, de que el poder político en nuestro país, especialmente el de la derecha, goza de impunidad en todos los órdenes. Sus cargos pueden provocar las mayores catástrofes por su incompetencia; o meter al país en aventuras militares absolutamente temerarias; o estar hasta las cejas en las más turbias corrupciones; o aparecer involucrados en la presunta comisión de delitos; o no tener ni idea de lo que hablan. No dimite ni uno. Nunca. Su idea, al parecer, es que la política es así.

Como lo del Prestige.

sábado, 27 de julio de 2013

Sangre, sudor y rabia.


Finales de Julio en un Madrid achicharrado y nunca mejor dicho pues las chicharras no paran en los jardines. Se les une la algarabía de las cotorras; por eso lo de algarabía, que es el ruido de los árabes cuando invadían en algarada tierras de cristianos; que estas cotorras vienen en son de guerra, como plaga temible de depredadoras. Tanto que el Ayuntamiento ha decidido salir a cazarlas, como los tramperos iban a cazar osos. Y quizá con medios parecidos. La nota melodiosa la ponen las urracas, mientras los madrileños van a sus cosas con la lengua fuera y sudando la gota gorda. Muchos estaban de vacaciones y regresan sudando y sudando salen los que las comienzan hoy. De siempre ha sido julio el mes más sudoroso del año en Madrid. Agosto lleva la fama pero el bochorno, el aire tan caliente que sofoca, la luz cegadora de las calles con unas acacias raquíticas, eso es de julio; cuando el foro echa el bofe es en julio. El "poblachón manchego" de Ortega se manifiesta en su cegadora crudeza. Madrid, el rompeolas de las Españas, no ha visto jamás más olas que las que hagan los bañistas en la llamada "playa de Madrid", por otro nombre la charca del obrero, y las de los patos en el apacible discurrir del Manzanares, regato con ínfulas de riachuelo. Lo primero que llama la atención (luego hay muchas otras cosas, algunas enojosas) al comparar otras capitales europeas con la española, París, Londres, Roma, Viena, es la importancia que tienen sus respectivos ríos en la vida de la ciudad. Sin el Sena, no habría bateaux-mouches, ni gabarras que van y vienen, faltaría alguna película de Renoir y quizá no hubiera ni impresionismo. Sin el Támesis y su actividad portuaria, no habría East End, cockneys, ni Shaw habría escrito Pygmalion ni Wilde El retrato de Dorian Gray, ni hubiera existido Jack el destripador, ni las novelas de Sax Rohmer, llenas de chinos misteriosos y opio. Sin el Tíber, nada de puerto de Ostia, ni Testaccio, nada de romagnolo ni isola Tiberina, ni la mole adrianea. Y ya no se hable del Danubio, ese que solo ven azul los enamorados porque todos los demás lo vemos de un sospechoso marrón. Así que los madrileños viven de espaldas a su río. Que en verdad no es tal. Hay más agua -y salada- en el sudor de los madrileños en el mes de Julio que en el Manzanares.

Y de pronto la sangre ha estallado en un punto del noroeste y ha salpicado a un país en modorra. Con tanta violencia que, en los primeros momentos, se habló de atentado. Es mucho el destrozo, la mortandad, el desastre de vidas; mucho el golpe. Casi ochenta víctimas nos han caído encima, apenas cubiertos los cadáveres con mantas apresuradas y nos han dejado de piedra. Ha habido varios tipos de reacciones destacadas. Lo primero de todo, la laureada de honores, para esos bomberos que han interrumpido su huelga y se han puesto al tajo de salvar vidas humanas. La población en bloque a socorrer a las víctimas, a ayudar a los policías, los sanitarios, los médicos y a donar sangre. Tanta que hubo que organizarlo todo vía twitter para que los hospitales no se colapsaran. La sociedad es rápida, solidaria, eficaz. Las autoridades han respondido. Feijóo llegó en minutos, luego fue Rajoy, que parece ir aprendiendo. Los medios, en general, no tuvieron su mejor día. El 24h de RTVE ni se enteró de lo que estaba pasando y las cadenas privadas fueron incapaces de interrumpir la programación. Mucha prensa escrita derivó hacia lo morboso y sensacionalista, levantando la indignación de las redes. Son las redes las que han difundido la noticia, han colaborado en las medidas de socorro y han comentado la cobertura de los medios. Las redes son más rápidas, más flexibles a fuer de interactivas, están más capilarizadas y, por supuesto, son inteligentes.  También han albergado el debate de interpretaciones. ¿Cómo entender la catastrofe? Hay quien busca el lado politico: es el capitalismo, las privatizaciones, el afán de lucro, los recortes, la presión a la que están sometidos los trabajadores. Y hay quien reduce el asunto al factor humano puramente individual: el maquinista. Las dos empresas, RENFE y Adif, lo culpan directamente. Sospechoso. Pero precisamente circulan historias de comentarios suyos en su TL en Facebook que ponen los pelos de punta. Lo más probable es que haya de todo, incluida la negligencia culpable de alguien más y, como siempre, la indignante comprobación de que las empresas no invierten en seguridad por codicia. Como sea, la sangre ha estallado en Santiago y se ha mezclado con el sudor de julio.

Y todo lleva no a las lágrimas sino a la rabia. Esa tragedia de la gente normal se da en una sociedad gobernada por unos políticos consistentemente acusados de haber cometido todo tipo de delitos, faltas, trapacerías, arbitrariedades y corruptelas. Un presidente del gobierno de quien dice el ex-tesorero de su partido, al que él nombró y con quien estaba a partir un piñón hasta hace muy poco, que incumplía la ley de partidos. A quien el mismo personaje acusa de de haber cobrado sobresueldos hasta el ultimo momento en sobres . Un presidente que según el mismo Bárcenas, (a) el Innombrable, le había garantizado que cobraría su salario sine die. La rabia surge al ver que es todo así de sórdido, de ruin, de miserable. Y que están todos en ello: Arenas protegiendo a Bárcenas, Cospedal despidiéndolo en diferido antes de lanzarle demandas como quien tira venablos, Aznar, Álvarez Cascos, Mayor Oreja, Trillo, callados como difuntos. Y a este cortjo principal acompañan chirigotas, mojigangas y comparsas de lo más variado, Urdangarines, Matas, Lópeces Viejos, Albondiguillas, Sepúlvedas, Bigotes, Fabras, Baltares y me dejo docena y media del tablado de la pillería. Un cuadro de Gutiérrez Solana, una fiesta como el auge y caída de la ciudad de Mahagonny, en donde el robo estaba institucionalizado..

Está claro que la estrategia de Rajoy de no hablar, mandar callar, silenciar al extremo patológico de no nombrar a Bárcenas, ha fracasado. Gürtel y Bárcenas, Bárcenas y Gürtel son la ruidosa agenda española, tienen al gobierno contra las cuerdas, dedicado exclusivamente a escurrir el bulto e idear estrategias de salvación ante una convición cada vez más extendida: no hay otra salida que la dimisión. Total, el gobierno no gobierna; se defiende. Gobernar, gobierna Bárcenas, el delincuente, "ese señor", cuyo cuñado sigue siendo el jefe de algo importante en la sede de Génova. Gobiernan las cabeceras de los periódicos, con El Mundo por delante y los otros diarios de la derecha defendiendo trincheras. Gobierna Europa. Todos los barandas europeos tienen la nariz metida en España. Incluida su prensa que, por cierto, pone a Rajoy cual no digan dueñas. Ni siquiera la Dueña dolorida que, evidentemente, no lee The Economist. Gobiernan todos menos el gobierno.

A lo que no renuncia Rajoy es a la marrullería. Tiene que comparecer, según dice con su habitual sinceridad, "a petición propia" y tiene que hablar, tiene que explicar. Pero explicar ¿qué? ¿Nadie le ha leído sus derechos? ¿Nadie le ha dicho que todo cuanto diga podrá usarse contra él por la vía judicial? No hace falta. Ya lo sabe él muy bien. Por eso se propone desactivar la comparecencia. La ha puesto el 1º de agosto, quiere rellenarla de información no pedida sobre Europa, la crisis y las consabidas reformas y pretende obscurecerla anunciando la bajada de algún impuesto. Esto ultimo es llamativo: quiere mitigar la rabia y la indignación comprando a la gente. Es una forma de ver el mundo. No precisamente noble.

Bien. Y producida la comparecencia, dadas las no-explicaciones y ofrecida la no-dimisión, ¿qué más cabe hacer? Hay quien dice que basta con sentarse a esperar los desarrollos procesales del caso Bárcenas quien ya ha anunciado que tiene dinamita para volar el gobierno. Puede ser cierto, puede ser un farol pero, si el juez no se toma vacaciones, este agosto promete ser el más amargo de la vida de Rajoy. Y el de más rabia del reino.
 
También cabe ir adelante con la moción de censura. No cabe; se debe plantear. El presidente podrá asistir o no (doble contra sencillo a que no), pero el líder de la oposición mayoritaria podrá explicarse en la cámara y, a través de la cámara a todo el país. La opinion está deseosa de escuchar a un politico sobre el que no pese la acusación de ser un rufián.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

miércoles, 1 de mayo de 2013

El hotel al borde del abismo.


El gráfico de la izquierda pone los pelos de punta. Lo reproduce gurusblog que da como fuente una publicación digital estadounidense, The Atlantic la cual la trae, en efecto, y trae, además, dos todavía peores referidos a Andalucia a la que el autor del artículo, Matthew O'Brien, llama la España de España (Spain's Spain por lo que se refiere al paro, especialmente el juvenil. The Atlantic, a su vez, cita como fuente el Instituto Nacional de Estadística español en su página en inglés. Es de suponer que hay suficientes garantías. Lo dramático del gráfico de España es que el paro de larga duración experimenta un crecimiento exponencial; algo que permite al articulista hablar de generación perdida.


La pregunta es: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? A continuación, algunas breves respuestas con la pretensión de indagar en las claves de nuestro predicamento actual, con una conciencia de catastrofismo que recuerda la del 98.

Atado y bien atado. A lo mejor hay que dar otra vuelta a la transición. Franco nombró a Juan Carlos sucesor a título de Rey. Y ahí sigue el nombrado. Franco unció el Estado a la Iglesia con el Concordato de 1953 y ahí sigue uncido gracias a los Acuerdos con la Santa Sede de 1979 que expresamente declaran vigente el Concordato. Franco organizó una administración territorial politizada (pues coincidía con la organización del Movimiento) una policía política para su seguridad y un poder judicial también politizado (y cristianizado) y ahí siguen todos ellos en mayor o menor medida, como lo prueba el hecho de que el único condenado por el caso Gürtel hasta la fecha sea el juez que quiso investigar los crímenes del franquismo. Por último, Franco creó lo que se llamó el "franquismo sociológico", lo dotó de una partido-movimiento que era una organización clientelar y ahí sigue, el partido fundado por un ministro de Franco.

La organización clientelar del franquismo sociológico. Si algo dejan en claro las investigaciones judiciales es que ser del PP es un chollo, sobre todo, en estos tiempos de penuria. En los niveles más bajos proliferan las corruptelas por las que innumerables cargos públicos locales y autonómicos y sus clientes y amigos se han enriquecido a lo largo de los años. En los niveles más altos y hasta los altísimos, proliferan los sobres, los sueldo, sobresueldos, gastos de representación, compensaciones, contrataciones diferidas y demás embellecimientos para hablar de cobros de dudosa legalidad e indubitable inmoralidad. ¿Ser del PP? Lo dicho, un chollo. Ser "patriotas", para estos, es un negocio, como prueba Juan Torres López en un gran artículo. Probablemente por eso tiene unos 800.000 afiliados al panal de rica miel mientras que los sociatas, menos opulentos, se han de conformar con unos 200.000. Para los militantes del PP, sus allegados, familiares, amigos y clientes, no hay crisis. Se nombran entre sí y sus deudos asesores a cientos con sueldos astronómicos a costa de los contribuyentes. Sobresueldos, enchufes, financiación irregular a tope. Todos estos fastos parecen sostenerlos empresarios sin escrúpulos que luego reciben fabulosos contratos públicos ilegales. Una financiación por todo lo alto que pone al PP muy por encima del PSOE por la misma razón por la que Armstrong se imponía siempre a sus rivales: porque hacía trampas. Como el PP al que, por lo demás, no parece importarle que estas prácticas destruyan la democracia que descansa sobre el juego limpio.

El expolio continúa. Además de financiarse irregularmente, esquilmando los recursos públicos, llegado al poder el PP intensifica el expolio. A la primera oleada de recortes, restricciones, privaciones y privatizaciones que ha levantado una indignación general en España, sigue de inmediato otra a la que Rajoy se ha comprometido en Bruselas: otro recorte de 3.000 millones que saldrán de eliminar (casi) las políticas activas y pasivas de empleo, al tiempo que se prorrogan subidas de impuestos que eran transitorias, como el del IRPF o el IBI, un nuevo atraco directo al bolsillo de los ciudadanos que se encuentran en un estado de creciente insurrección cívica a la que el gobierno reponde intensificando la represión policial.

La secesión catalana. Después de haber hecho todo tipo de demagogia contra el gobierno de Zapatero a quien Rajoy acusaba de romper España, viene a resultar que a quien se le rompe es a él. Y aquí sí que no es cosa de invocar la herencia recibida. La incapacidad del nacionalismo español (el de derecha y buena parte del de izquierda) de entender el carácter plurinacional de España y la habilidad del nacionalismo catalán de aprovechar la postración del Estado, permiten augurar un futuro poco apacible.

Frente a todo lo cual la cuestión es: ¿qué hace la oposición?

El PSOE vuelve a ofrecer "grandes pactos de Estado". No está mal. Es correcto mostrarse responsable. También debe reconocerse que parece recobrar fuerzas y llevar a los tribunales todas las medidas de la derecha que están haciendo tabla rasa de derechos de la ciudadanía de carácter social y económico, pero también cívico y político que creíamos firmemente consolidados en nuestra sociedad. Todo eso está muy bien. Pero no basta. El PSOE debe exigir responsabilidades políticas por la corrupción generalizada, la política de mentira sistemática y el paladino fracaso de la política económica. Responsabilidades políticas que lleven, de entrada, a la dimisión de Rajoy.

IU va más allá. Pide dimisión del gobierno y elecciones anticipadas. Palinuro tiende a coincidir con esta reclamación. Pero no le parece bastante. A su juicio, esta IU, presa de la esperanza de un "sorpasso" en España, una Syriza o algo parecido, desconoce la urgencia del momento. La solución no es dar de nuevo la victoria a la derecha frente a dos (o más) minorías de izquierda que, en conjunto, sigan siendo irrelevantes como lo son ahora. La solución es forjar una unión de la izquierda lo más amplia posible con un programa común de mínimos, alternativo al neoliberalismo salvaje, factible y con un compromiso jurídico, contractual, de llevarlo a la práctica. Un programa que lleve a la izquierda al poder. Ese es el reto, amig@s.

Entre tanto, sigue la movilización popular con tintes cada vez más insurreccionales y conviene no perderla de vista en primer lugar porque es un producto popular genuino y hay que protegerlo de los desmanes del poder y, en segundo, porque de él emanan las inspiraciones concretas, prácticas que, les guste o no, cada vez influyen más en los partidos tradicionales y los obligan a cambiar.

Continuaremos...

jueves, 8 de noviembre de 2012

¿Dimitir? ¡Por favor, alcaldesa, ni se te ocurra!

¿Dimitir tú? ¿Tú,la alcaldesa de Madrid por voluntad de tu marido y de tu amigo Gallardón? ¡Por favor! Y ¿qué tienes tú que ver con lo sucedido en esa noche de Halloween en donde un puñado de inconscientes se empeñó en organizar un quilombo? Tú estabas en Portugal, con tu marido, dedicada a tu vida privada y atendiendo a importantes asuntos de alcance planetario. Solo los enemigos de España pueden hallar relación alguna entre tus responsabilidades de alcaldesa y lo que pasa en las macrofiestas de los jóvenes.
Además, ¿dimitió alguien en el Prestige? Nadie. ¿Alguien en el Yak-42? Nadie, y hubo 62 muertos, o sea, 58 más que en Madrid Arena. ¿Alguien en el metro de Valencia? Nadie, y hubo 42 muertos, 38 más que ahora. ¿Dimitió tu marido cuando puso en marcha una guerra criminal en la que han muerto cientos de miles de personas? Así que ¿por qué tú, precisamente tú, cuando solo ha habido 4 fallecidas? ¿No será porque eres mujer? Claro que sí: quienes piden tu dimisión son machistas descarados que te la tienen jurada por tus grandes méritos como mujer, madre, esposa, política, recopiladora de cuentos, filósofa de andar por casa y alcaldesa; son envidiosos y potenciales delincuentes a quienes Cifuentes deberá incluir en alguna de sus listas de sospechosos habituales.
Ni se te pase por la cabeza, Alcaldesa. Como dices muy bien, tú has cumplido con tu obligación en todo momento, consistente en venir del hotel de lujo en que te encontrabas a decir que, de ahora en adelante, quedará prohibido hacer macrofiestas en donde la gente pueda morir. Solo los rojos, los masones y los mahometanos pueden pensar que sea obligación tuya asegurar que el Ayuntamiento que presides no permita hacer fiestas en locales sin licencia ni autorización o que, ¡habráse visto! lo sea garantizar que los locales no doblen el aforo permitido, que tengan seguridad o que no permitan la entrada a menores. Y menos para que alguien se forre. Ni tú ni nadie a tus órdenes tiene por qué dimitir por asuntos que escapan a vuestras competencias porque son designios del señor y responsabilidad de quienes participan ellos.
¿Dimitir porque, mientras tú cultivabas tu vida privada, hubiera una tragedia en ámbitos de tu responsabilidad? ¿Es que para salvar la vida a la gente vas a tener que renunciar a tu derecho a tener vida privada junto a tu marido en lujosos lugares que este frecuenta para inspirarse en su lucha por salvar la civilización occidental? ¡Por favor, por favor, que cada palo aguante su vela!
Además, ¿no has dicho ya con esa clarividencia y profundidad de concepto que te caracteriza, que ni un instante has dejado de pensar en la tragedia de Madrid-Arena a pesar de que estabas a cientos de kilómetros de ella! ¡Les parecerá poco a los impenitentes regelios y demás chusma que tuvieras que pensar! ¡Pensar! Como si eso fuera cosa que cualquiera pudiera hacer.
¿Dimitir? Ni de broma. Al contrario: alguien debe proponerte para recibir la medalla al trabajo y el premio Príncipe de Asturias a la Solidaridad.

lunes, 5 de noviembre de 2012

¿No hay responsables?

La piel de las autoridades es de paquidermo. Y su moral, de mármol de Carrara. No recuerdo que nadie haya dimitido, nadie haya asumido responsabilidad alguna por casos tan graves como el Prestige, el Yak 42 o el metro de Valencia. Nadie. Y nadie parece que va ahora a sentirse aludido con esta desgracia de Madrid-Arena. Un "nadie" como el de Ulises. Un nadie que es alguien.
Porque hay cosas que claman al cielo. Han muerto cuatro personas, una de ellas, una menor. Está prohibida la presencia de menores en esos eventos. La organización dice que era la única menor, afirmación merecedora de un crédito regulín; sobre todo por cuanto parece que la empresa no tenía las necesarias licencias. Ya solo este hecho debiera dejar encarrilado el caso en la vía penal y en la política. Sin embargo, el asunto cada vez se lía más porque no se sabe qué licencias son o cómo se concedieron o a quién o por parte de quién. Esa fabulosa capacidad que tienen las empresas y la administración para liarlo todo y hacerlo incomprensible.
Como si fuera Alejandro Magno, Ana Botella ha cortado el nudo gordiano: prohibidas las macrofiestas, incluidas las que ya están autorizadas para las próximas fechas navideñas. Eso es algo tan absurdo y arbitrario que no se puede consentir. Que prohíba las corridas de toros cuando uno de estos empitone a un diestro, o las autopistas cuando haya un choque. El temperamento autoritario es así y resulta muy difícil hacer comprender a la alcaldesa que, antes de prohibir, el Ayuntamiento debe vigilar la seguridad de las instalaciones cuyo uso autoriza y debe proceder contra quienes atenten contra ella, incluido él mismo si ha sido negligente o, incluso algo peor, cómplice en alguna ilegalidad.
En lugar de prohibir, Botella debe colaborar activamente en el esclarecimiento de los hechos, pedir responsabilidades a quien las tenga, empezando por ella misma que es la responsable última de que el Ayuntamiento cumpla su propia normativa.
La fiesta continuó unas dos horas más después de que se produjera el desgraciado hecho. A primera vista parece una decisión muy reprobable por indicar falta de sensibilidad. Quizá pueda admitirse el argumento de que fue una decisión tomada de buena fe, en el intento de evitar una catástrofe mayor que podría haberse producido en el caso de interrumpir la fiesta abruptamente. Es algo que nunca se sabrá pues las cosas solo pasan una vez. A la hora, sin embargo, de pronunciar un juicio moral, conviene recordar que, al parecer, la inmensa mayoría de l@s asistentes (una cantidad, por lo demás, que tampoco está clara pues oscila entre l@s 10.000 y l@s 20.000) no se enteró de nada. Solo lo sabían la empresa, los que estaban presentes en los hechos y los servicios de evacuación, empezando por la policía. Estos tomaron la decisión de no interrumpir y es posible que no haya sido mala.
Pero la decisión de autorizar una macrofiesta en un lugar sin las correspondientes licencias es del Ayuntamiento, con la alcaldesa Botella al frente.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Los hilillos, los 300 y Fu Man-Chu.


Hilillos
Acaba de arrancar el juicio por el desastre del Prestige que hace diez años inundó de chapapote las costas gallegas. Como en una moviola han pasado ante nuestros ojos de nuevo las imágenes escalofriantes de unas gentes desamparadas, unos voluntarios sin medios recogiendo aquella masa viscosa poco más que con las manos. Entre tanto los políticos supuestamente responsables en Madrid daban un espectáculo incalificable. Unos andaban cazando, otros en sus asuntos y ninguno quería afrontar la situación ni adoptar decisiones. Y así siguieron varios días; en realidad, hasta hoy. Casi da la impresión de que en el banquillo del juicio no se sientan los verdaderos responsables sino unos segundones y alguno de ellos, en el fondo, víctimas. Lo dice Xurxo Souto, el portavoz de la valerosa asociación Nunca Mais, "Aznar, Cascos y Rajoy no van a ser encausados por el 'Prestige', pero políticamente ya fueron condenados". ¿Alguna duda? Quien se ganó el apelativo de Señor de los hilillos es hoy el presidente del gobierno de España; como condena, no puede ser más curiosa. Por supuesto que, como sigue diciendo Souto, "la gestión del Prestige fue un ejercicio de incompentencia y de prepotencia". Exactamente igual que la gestión de la crisis. Pero ahora no se hunde un barco. Se hunde un país.

300.

Es el número legendario del paso de las Termópilas en donde Leónidas y sus trescientos espartanos (con algunos otros cientos de tebanos y tespianos) hicieron frente y detuvieron el ejército persa que quizá no llegara al millón de hombres como dice Herodoto pero, desde luego era infinítamente más numeroso que el de los griegos. 300 fueron los negroafricanos que ayer tomaron al asalto la valla de Melilla, habiendo conseguido su objetivo, según parece, cien de ellos, que ahora irán a parar a un CIE, un Centro de Internamiento de Extranjeros, lugares que no atraviesan por su mejor momento. Melilla (de Ceuta no se oye hablar) es las Termópilas de España, de Europa, pero con los actores y sentidos algo cambiados. Los invasores, que ahora también son cientos de miles, quizá millones, no vienen empujados por la codicia a conquistar, ocupar y saquear sino empujados por el hambre, a tratar de sobrevivir como sea porque en el vasto continente que quieren dejar atrás también como sea no tienen futuro. Esta situación nos pone a los españoles y a los europeos en general ante un dilema moral sumamente incómodo: no podemos enarbolar el discurso de los derechos humanos y negar a la gente uno fundamental, el de libertad de circulación. ¿Por qué lo hacemos? Según parece porque creemos que, si lo reconocemos, tampoco nosotros sobreviviremos. Quizá sea así. Pero quizá también lo sea porque nos hemos dotado de un sistema político y económico que solo quiere a la gente para explotarla pero no es capaz de garantizar su subsistencia. Y lo hemos notado porque ahora está empezando a pasarnos a nosotros. Más de cien mil españoles salieron del país el año pasado. ¿Y si se hubiesen encontrado vallas de seis metros en todos los pasos de los Pirineos?

Fu Man-Chu.

La mafia china. Algo sorprendente tiene esa expresión. ¿Por qué resulta tan familiar mafia china cuando me parece que es la primera vez que asoma en la prensa? Hasta ahora la mafia era napolitana, siciliana, rusa, pero no china. No obstante encaja como el dedo en el dedal por los abundantes prejuicios sobre los chinos. Por fin nos hemos enterado de la causa eficiente de la miriada de tiendas de abarrote que ha invadido el país como una especie de sarpullido: las grandes naves de venta al por mayor de la chinoiserie contemporánea; y también de la causa final: lavar dinero a espuertas que se obtenía estafando a la Hacienda pública española con la connivencia de unos funcionarios a los que, al parecer, se sobornaba a modo. Y no debían de ser pocos. No es concebible que un barco cargado con toneladas de espantosas imitaciones de espantosas figuras de Lladró, pase por la aduana como por el seno de María sin romperla ni mancharla, con la ayuda de un factor de tercera del puerto. Además la banda estaba dirigida por un refinado empresario, Gao Ping, residente en Somosaguas, Madrid y ¡marchante de arte! como en una película de Hitchcock. De 800 a 1.200 millones de euros han lavado estos misteriosos orientales que están arruinando la industria española de ferretería con sus todo a 100 y cuya mayor parte se remite a la China. Ahí está la base de la prosperidad del Imperio del Centro: en la piratería. Y, si de competencia e incompetencia se habla, esta mafia llevaba cuatro años operando a todo rendimiento.

domingo, 14 de octubre de 2012

El catastrofismo y la mano invisible.

La hora de Europa, en la foto se ve, son las tres menos cuarto. Hora de sobremesa en España y de comparecencia de dos de los miembros de la temible Troika en rueda de prensa en el Japón, a donde han ido a decir que la unión bancaria que anhelan Hollande y Rajoy, un curioso binomio en lo ideológico, no llegará hasta 2014. Estas comparecencias oraculares de importantes personajes de borroso perfil cuya función parece ser contradecirse cada dos meses deben de estar calculadas para hacer de acompañamiento al clima de catastrofismo que reina hoy en el mundo y, por supuesto, en la prensa.
No obstante, ese tremebundo titular hablando de derrumbe global más parece traducir el estado de ánimo de los redactores del diario a cuenta del ERE que la situación del planeta. Al menos, en la parte de texto que hay en portada, puede verse que el FMI -el otro integrante de la Troika- prevé un crecimiento del PIB mundial del 3%, lo que no está mal en los tiempos que corren aunque, asimismo, considera "alarmantemente altos los riesgos de una grave desaceleración mundial". La frase suena lúgubre, pero traducirla como derrumbe global es echar algo de guindilla al guiso. Es verdad que los políticos, los economistas y demás augures tienden a ser no solo oscuros sino perifrásticos. De desaceleración hablaba Zapatero cuando ya se había tragado el manillar de la bici en el frenazo.
Pero el recurso a los eufemismos tampoco es una ley cierta. Si lo fuera ya tendríamos algo a que agarrarnos cuando se usan determinadas fórmulas en el barullo cotidiano de declaraciones, contradeclaraciones, desmentidos, reafirmados y corregidos, a veces en boca del mismo personaje. Y no es así. También puede haber un derrumbe global que, por lo demás, nadie sabe cómo sería por falta de experiencia. Derrumbe global es lo que se llama hoy, por contagio informático, lenguaje intuitivo. Muy propio de la conciencia de catastrofismo. Va directo a una confusa memoria de la raza que busca ejemplos para hacerse  una idea: el derrumbe del templo fenicio a manos de Sansón, el del Imperio romano de Occidente ante los bárbaros, el del Imperio Romano de Oriente ante los turcos, el del III Reich de los mil años ante los aliados, el del comunismo soviético ante el mercado. Los alemanes tienen uno añadido, el hundimiento de su amado Marco en la hiperinflación de los años veinte, que ha dejado un recuerdo imborrable al que debe achacarse su insistencia en la cura prusiana de régimen que está llevando a otros países, entre ellos España, a una situación agónica.
El catastrofismo en lo político, económico y social tiene cada vez más complicados lazos con lo ecológico y se contagia de él. Seguramente no estamos haciendo ni la centésima parte de lo que debiéramos para garantizar la subsistencia de la biosfera pero no será por falta de clara conciencia, basada no solo en pruebas científicas sino en el más evidente sentido común de que, de seguir como hasta la fecha, la biosfera no tiene garantizada la supervivencia.
¿Qué impide que se adopten las medidas necesarias? El imperio del mercado. ¿En qué confía este para evitar eso justamente, un derrumbe global? En la mano invisible. En lo que hace a la conservación de la especie, la mano invisible se convierte claramente en la mano que acogota. Pero en el ámbito político y económico continúa manteniendo alto su prestigio de panacea. Todos los sermones neoliberales sobre el excesivo intervencionismo (pleonasmo) del Estado, sobre la preminencia de la sociedad civil, sobre la necesidad de liberalizar, desregular, flexibilizar, privatizar se remiten a la fe en una diosa excelsa e invisible, llamada justamente mano invisible y de cuya existencia hay tantas pruebas como del Santo Grial. Se basa en el supuesto de que, siendo la motivación de todos los seres humanos el egoísmo, el sumatorio final compensará contradicciones y dará un resultado final globalmente positivo. Pero no hay certidumbre de que lo haga; también puede darlo negativo; incluso catastrófico. Ya lo ha hecho otras veces. Puede volver a hacerlo. Y la prueba más obvia es que no hay acuerdo general acerca de cómo evitarlo y se sospecha que las medidas que se tomen al final serán dictadas por la fuerza, por el poder más que por la razón.
¡La fuerza! ¡El poder! Ya está. La culpa es de los políticos, de la política que, como siempre, anda metiendo sus sucias narices en la libertad de la gente.
Grave error. Hace tiempo que los políticos, la política, son solamente los ejecutores de las decisiones de los mercados.  El Estado está sometido al mercado, que es señor absoluto puesto que es legibus solutus, hace y deshace la ley a su capricho o al del Señor de Eurovegas.

martes, 28 de agosto de 2012

Estampas del verano. Esperanza, en donde el fuego no la alcanza.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, como el ministro del Medio Ambiente, Arias Cañete, es alérgica al humo de los incendios y jamás se ha acercado a menos de diez kilómetros de alguno de ellos porque le salen pecas. Por eso, con el peor incendio en décadas en Robledo de Chavela, con más de 2.000 desplazados, el monte ardiendo fuera de control, 600 brigadistas peleando contra las llamas sin los medios necesarios, esta locuaz pizpireta está callada como botijo, escondida en algún lugar del planeta y esperando que nadie se acuerde de ella.
No es un comportamiento gallardo, propio de una noble y mucho menos de una responsable política democrática que se supone visita los lugares de su jurisdicción afligidos por la desgracia. Pero, cuando menos, es más discreto, no tan necio y chillón como el del lustroso y regordete ministro haciendo el lila al lado del otro gandul del Reino en una tarde inolvidable de toros mientras media España se achicharraba.
Pero, desde otro punto de vista, sin ser tan chabacana e insultante como la de su colega el ministro, la conducta de Aguirre es más grave e indignante porque, si bien aquel gestionó los incendios con su habitual incompetencia, los fuegos no le eran directamente achacables como en cambio si lo son en parte a Esperanza Aguirre. Los fuegos de Valencia, Cataluña, León, La Gomera no estuvieron causados directa ni indirectamente por la actividad de Arias pero el de Robledo de Chavela sí le es imputable en buena medida a la política de Aguirre quien, en su frenesí por recortar gasto público, privatizar y desmantelar la administración pública, suprimió en junio el retén de bomberos de Robledo de Chavela, derivando la posible intervención en caso de urgencia al de otro pueblo a más de 20 km. Resultado: cuando el fuego se declaró no fue posible atajarlo en su inicio, como se hubiera hecho, si hubiera habido bomberos en Robledo.
La historia del enfrentamiento entre Aguirre y los bomberos viene de antiguo. En su condición de servicio público gratuito y útil a la ciudadanía, el cuerpo concentra el odio de la política del PP, como la educación y la sanidad. Estos tres servicios han sufrido no solo desmesurados recortes presupuestarios, despidos y empeoramiento de condiciones laborales sino también campañas de desprestigio, insultos y agresiones ideológicas encabezados por la propia Aguirre que necesita el dinero de todos para subvencionar los colegios privados de curas y entregárselo a las empresas privadas de sanidad para que hagan negocio con la salud de los madrileños. Ese odio se ha agudizado desde el momento en que los trabajadores de los tres servicios mostraron especial combatividad y se enfrentaron a la política de desmantelamiento de la presidenta. Recientemente, Aguirre unió sus fuerzas a las de la alcaldesa digital de Madrid, la de las peras y las manzanas, para insultar más a los bomberos que, según ellas, disfrutan de condiciones laborables envidiables.
Es razonable ver en los recortes de Aguirre y el fuego de Robledo una relación de causa-efecto. O sea que cuando, como buena política reaccionaria, Aguirre exige mayor dureza penal contra los pirómanos, habría que empezar por ella misma, que es la primera pirómana intelectual de la Comunidad. Es posible, aunque ojalá no se dé, que haya alguna desgracia personal que lamentar. Si tal cosa sucede, no tengo duda de que Aguirre, como Cañete en su momento, no perderá un minuto en ir a fotografiarse junto al posible héroe fallecido por la incompetencia de sus gobernantes y a imponerle una medalla a título póstumo.
Solo le sugiero que se cerciore antes de que su equipo ha dejado alguna medalla en los cajones porque da la impresión de haber arramblado con todo, medallas incluidas.
(La imagen es una foto de PP de Madrid, bajo licencia Creative Commons).

martes, 14 de agosto de 2012

Catástrofes humanas.

Palinuro sostiene que no hay "catástrofes naturales" sino que todas son humanas. Cuando no tienen repercusiones negativas para los hombres tampoco son catástrofes sino fenómenos de la naturaleza. Cuando las tienen, siempre es por causas humanas, por falta de prevención, lentitud en la respuesta, errores de evaluación, descoordinación, ineficacia y grandes desigualdades sociales. En efecto, el mismo terremoto no causa los mismos daños en toda la ciudad; lo más probable es que los barrios pobres salgan peor parados porque los materiales de construcción son de peor calidad. ¿Por qué las casas de los ricos están en zonas seguras mientras los pobres se hacinan en el cauce de una torrentera, por donde un buen día puede venir una riada?
Las catástrofes son humanas. Ese incendio de Alicante en el que han muerto dos brigadistas parece haberse producido de un modo fortuito, al abrir un conductor el capó del coche y salir de este una llamarada que prendió de inmediato en la vegetación. Supongo que podría haberle pasado a cualquiera, aunque siempre se podrá argumentar que hubo negligencia en el mantenimiento del vehículo. Si algún culpable hay que buscar, probablemente el responsable de la vegetación en la zona aunque en este secarral de España, con 44º, arden hasta las fuentes.
Estos incendios descomunales tienen algo de bíblico. Me extraña no haber leído hasta la fecha ninguna interpretación en el modelo de Sodoma y Gomorra o arrepentíos, pecadores. Todo se andará, supongo. El incendio de La Gomera es otro desastre que, aun sin víctimas mortales, es ya una tragedia para miles de personas, muchas de ellas evacuadas de sus casas y habiéndolo perdido todo. Hay en La Gomera un factor añadido, el carácter insular, y de ínsula pequeña, pues su diámetro es de unos 22 km, algo así como la distancia de Madrid a Alcalá de Henares. Tiene unos 20.000 habitantes. El fuego ha arrasado ya el 11% de la isla y obligado a evacuar el 10% de la población. Una investigación determinará los daños y los fallos humanos que parece haberlos habido, el primero de todos, la insuficiencia de medios técnicos contra incendios en la isla. Pero eso lo dirá el informe de la investigación.
Lo que no está libre de reproche ya mismo es el insultante comportamiento del ministro de Medio Ambiente. Verlo en los toros mientras el país ardía y sus hombres morían abrasados subleva el ánimo de cualquier persona de bien. Parece que Arias Cañete proyecta acudir al funeral de los dos brigadistas, a imponerles no sé qué medalla. Que vaya protegido porque los ánimos están más quemados que los cuerpos de las dos víctimas y alguien puede partirle la cara por figura. Palinuro iría a la imposición de medallas como ministro dimisionario, pero no todo el mundo piensa y actúa igual.
Tratando de justificarse, Arias Cañete achaca su presencia en el tendido real del coso al cumplimiento de una orden emanada de la vicepresidencia del gobierno. Al margen de que las órdenes deben desobedecerse por razones de conciencia cuando sean injustas, cabe preguntarse por las consideraciones en función de las cuales se impartió esta. ¿Advirtió Arias Cañete a la vicepresidenta de la situación en La Gomera? ¿La conocía él mismo? La vicepresidenta, ¿estaba informada de antemano? ¿Por qué se decidió por la corrida de toros, sabiendo además lo controvertido de este espectáculo? Si esto es así, si la vicepresidenta decidió dar prioridad a los toros (por razones ideológicas, me malicio) por delante del destrozo de la vida de miles de ciudadanos, podría aquella acompañar al ministro en dirección a la puerta de salida a la calle.
Pero, claro, los dos mencionados son meros alfiles de su jefe, el estratega Rajoy, que ayer envió un telegrama de condolencia por el fallecimiento de los dos brigadistas. Tienen que morir dos hombres para que el veraneante Rajoy envíe ¡un telegrama! Un texto probablemente a la altura de su categoría humana; algo así como: "Profundamente conmovido pérdida dos valiosas vidas humanas. Envío a Cañete con medalla".
La otra catástrofe humana de la portada de El País atañe al aborto. Que sea Ollero, exdiputado del PP, miembro de la prelatura personal del Opus Dei (según Palinuro, una secta) quien haya de redactar el fallo del Tribunal Constitucional en el recurso del PP contra la Ley del aborto hace temer lo peor. Ollero es antiabortista militante hace ya más de veinticinco años. Pero eso no lo lleva a inhibirse de la tarea, sino al contrario, lo cual demuestra el alto grado de militancia del ponente.
El ataque al concepto del aborto como un derecho de la mujer no ceja ni un instante, pues es fundamental en la dogmática católica. Que sea esta la que rija para el conjunto de la sociedad es un disparate propio de sectarios. El antiabortismo de la iglesia es absoluto: las mujeres no pueden abortar ni en caso de violación. Y ese es el espíritu del ponente. Así que la catástrofe que se cierne sobre las mujeres es humana, muy humana, demasiado humana.
Queda por preguntar el porqué de esa cerrada oposición eclesiástica al aborto. No se me ocurre otra respuesta que la misoginia. La mujer, la descendiente de Eva, es un ser inferior, dependiente, no enteramente racional, nada de fiar, proclive al yerro, al que hay que tutelar, sin dejarle adoptar decisión importante alguna ni siquiera la que afecte más directamente a su vida. Las logomaquias para cohonestar esta visión profundamente misógina con la moda contemporánea de la igualdad de géneros carecen de interés; son puro cuento cuya falsedad se descubre comparando dichos y hechos. Y por si alguien cree que de verdad la iglesia considera intocable el derecho a la vida del feto, piense en cuál sería su criterio sobre el aborto si fueran los hombres quienes parieran.
No obstante, esta actitud retrógrada se reviste de todo tipo de consideraciones metafísicas y pretendidamente científicas al mismo tiempo, para responder en todos los frentes. Y, sin embargo, el asunto es muy sencillo: se trata de saber qué prevalece en nuestra decisión, si el beneficio del aún nonacido en detrimento de la madre o el de la madre en detrimento del aún nonacido. La derecha argumenta que el feto tiene derechos y que estos prevalecen sobre los de la madre. En la izquierda argumentamos que, en efecto, el feto tiene derechos (por ejemplo, a que se le atienda correctamente a través de la gestante y se le cuide), pero no prevalecen sobre los de la madre. La derecha quiere proteger un bien futurible y, por tanto, hipotético. La izquierda quiere proteger un bien presente, real, supremo para su poseedora. Para la derecha todos los seres humanos tienen que acatar los designios de su dios. Para la izquierda los seres humanos son autónomos y ninguno tiene el derecho de imponer a los demás su fe y sus dogmas.
Añádase a esto que los partidarios del aborto no interfieren en la vida de los antiabortistas, no los obligan a abortar, mientras que la derecha sí interfiere en la vida privada de la gente, impidéndole el ejercicio de lo que para Palinuro es un derecho de la mujer: el de gestar o no.
En definitiva, ganas de perder el tiempo pues, en lo tocante al aborto, está todo dicho. 

domingo, 1 de julio de 2012

El fuego y la moral.

Enésima prueba de que no existen las catástrofes naturales. Son catástrofes producidas por la injusticia y mala gestión humanas a causa de algún fenómeno natural. El incendio de Valencia no habría alcanzado las proporciones que tiene si la Generalitat -en prosecución de su política de esquilmar los bienes públicos y expoliar a la población en beneficio de los corruptos- no hubiera reducido estúpidamente los recursos de lucha contra los incendios. Igualmente tampoco lo hubiera hecho si el gobierno de España, en lugar de dedicarse a empobrecer a la población y enriquecer a la iglesia y los bancos, reaccionara con mayor rapidez a estas circunstancias excepcionales en lugar de tardar veinticuatro horas en moverse. No, no hay catástrofes naturales. Hay fenómenos naturales convertidos en catástrofes por la crueldad, la codicia o la imbecilidad del ser humano.
En Valencia la situación es de llorar: decenas de miles de hactáreas calcinadas, miles de personas evacuadas, riquezas naturales y humanas abrasadas, vidas rotas, ruina, desolación. Coincide este drama con la final de la Eurocopa en Kiev. Supuesto que Rajoy -o alguien en su entorno- tenga una capacidad mínima de discernimiento moral, la pregunta es, ¿en dónde debe estar el presidente del gobierno de España?
Y la respuesta es fulminante: en Valencia.
Pero no será lo que suceda. Ya cuando el otro desastre que vivió Rajoy, el del Prestige, agravado al máximo por la fabulosa incompetencia del ministro Cascos, a quien el asunto pilló cazando, en emulación de su modelo Franco, ningún gobernante creyó necesario alterar sus planes (generalmente de jolgorio) por el hundimiento del barco.
Y ahora pasa lo mismo. Un incendio, último broche por ahora de casi veinte años de gobierno del PP en la Comunidad Valenciana caracterizados por la corrupción, el saqueo de los fondos públicos, el empobrecimiento masivo de la población, el fraude, la malversación, el expolio, no conseguirá que el presidente del gobierno altere su propósito de pasar un rato agradable y muy patriótico mientras cientos, miles de sus conciudadanos se abrasan las cejas tratando de atajar un incendio que está devorando el sustento vital de una parte antaño próspera del país.
¿Puede haber alguna duda respecto al deber moral perentorio del gobernante de estar con los que padecen y no con los que se divierten? ¿Puede haberla respecto al de todos los demás ciudadanos? ¿Tan hondo ha calado la enajenación y el encanallamiento moral que la gente haga caso omiso del sufrimiento de sus compatriotas para evadirse con el futbol?
Efectivamente, así es. A la derecha y a la izquierda. Es la condición hispánica.
(La imagen es una foto de Velo Steve, bajo licencia Creative Commons).

viernes, 13 de mayo de 2011

Aprovechándose de un terremoto.

Ni en la desgracia de un seísmo que ha ocasionado nueve muertos y casi trescientos de heridos así como una catástrofe material enorme se ve libre la gente del ansia de la derecha por rebañar votos y ganar las elecciones. El "juego limpio" no es concepto que tenga cabida en la forma de actuar del PP.

Habiendo acordado todos la suspensión de la campaña electoral por un día y con una declaración de duelo de dos, ha faltado tiempo a la derecha para saltarse su compromiso. Aguirre, en rueda de prensa posterior a un consejo de gobierno, ha hecho declaraciones típicamente electorales, llamando "trolero" a su contrincante. Ha explicado luego que se ha limitado a responder a las preguntas de los periodistas, lo que implica que el compromiso a que llegan los políticos tienen que seguirlo todos y, si no es así, los políticos tampoco. Hay además un elemento cínico en esta falta de juego limpio: al ser juego sucio, tiene mayor audiencia. En la jornada de silencio todo el mundo se ha enterado de que, según Aguirre, Gómez es un "trolero".

El PP como tal ha subido asimismo un vídeo electoral a Youtube lo que, al parecer, no es una práctica electoral. O a lo mejor es que la derecha piensa que los compromisos rigen en la realidad "real" pero no en la virtual.

Y en el colmo de la desvergüenza, Rajoy ha acudido a Lorca, se ha hecho unas fotos y las ha colgado en su muro de Facebook. No es de extrañar tratándose del mismo personaje que decía en una entrevista publicada en El Mundo en el día de reflexión de las elecciones de 2004 que tenía "la convicción moral" de que el atentado de Atocha había sido obra de ETA. Lo extraño es que en España estas cosas parezcan no tener consecuencias electorales negativas.

jueves, 17 de marzo de 2011

Japón : EL zen y el apocalipsis.

Apocalipsis, esa fue la palabra más usada ayer por los medios sin duda para tranquilizar a la gente que, como era de suponer, está más nerviosa en California que en Tokio. Muchos comentaristas señalaban asombrados que no se vieran escenas de pánico, de histerismo, de pillaje, de muertos recogidos por los vivos y se preguntaban cómo puede la población tener esa serenidad, esa presencia de ánimo. Ya han comenzado a aparecer los expertos explicando las profundidades insondables del espíritu nipón. Un terremoto altísimo en la escala Richter, un tsunami con olas de 10 metros y una catástrofe nuclear con cuatro reactores a punto de reventar y ahí están los japoneses haciendo cola en el supermercado o evacuando disciplinadamente las zonas de peligro.

Los japoneses no tienen religión en el sentido en que se entiende en Occidente como una relación de los mortales con un dios todopoderoso, irascible, celoso, terrible, con guerras santas, infiernos, castigos espantosos, amenazas sin cuento, fines cataclísmicos del mundo, terrores del milenio y el séptimo sello. No hay dios y, por tanto, tampoco hay temor de dios. En la medida en que el sincretismo japonés es un conjunto de creencias se compone por un lado de una liturgia cívica de honra a los antepasados, relaciones armónicas con los coetáneos en sistemas formales de castas en el que se ha generalizado el código del bushido, la vía del guerrero, cuyo principio fundamental es que hay que vivir sin miedo a la muerte. Tiene gracia que esa sea la conclusión a que llega la filosofía occidental cuando por boca de Heidegger dice que el hombre es un ser para la muerte porque, por otro lado, en el aspecto metafísico, la creencia japonesa no es religiosa sino filosófica. Precisamente en la idea de la muerte está la diferencia: en el existencialismo heideggeriano esa lucidez conduce a la desesperación y el absurdo de la existencia mientras que en el mundo mental altamente moralizado del Japón a través del budismo y de su versión Zen lleva a la búsqueda de la sabiduría y el logro de la perfección. O sea, nada que ver.

Los japoneses, como los chinos y otros orientales, son un arcano para los occidentales. Suele decirse a título de consolación que lo peculiar de los occidentales es la ciencia. Pero eso es falso primero porque la ciencia no reconoce divisiones políticas y/o nacionales y segundo porque los orientales han demostrado tener un espíritu científico igual si no superior al occidental. Es decir, que la consolación es breve. Viene luego el aspecto melodramático, nuestras creencias religiosas repletas de supersticiones, desvaríos, terrores y claudicaciones de forma que, como han señalado muchos filósofos de Schelling en adelante: la educación científica de los occidentales no ha ido al paso de la moral. Occidente es un gigante científico y un pigmeo moral, a pesar de que vaya por el mundo impartiendo unas doctrinas que empieza por no aplicar en casa.

Añádase a la deficiencia ética la miseria estética, el amor al melodrama, la hipérbole sentimental, la afición por lo truculento, esa visión teatral y catastrofista de la vida que hace que los occidentales anden temiendo el apocalipsis a cada vuelta del camino. Veníamos del temido apocalipsis del sida y caímos en los terrores del año 2000, cuando toda la red informática del planeta iba a reventar; no pasó nada pero enseguida se suscitaron los terrores colectivos de la gripe aviar y luego la porcina. Ver a la gente por la calle con máscaras de cuando el tatarabuelo combatió en Verdun era como un inútil aviso al retorno al sentido común.

Ahora amenaza el apocalipsis nuclear y los japoneses parecen no enterarse de que, si las cosas van mal, este será el mundo de Mad Max y eso en el mejor de los casos. ¿O sí lo saben pero también saben, como podrían saberlo los occidentales si leyeran más a Epicuro y admitieran que, como este enseña, el miedo a la muerte -lo único real que hay bajo los terrores apocalíptios- es absurdo por aquello tan célebre de que cuando yo estoy, ella no está y cuando ella está, yo no estoy?

Los dioses libren a Palinuro de frivolizar, trivializar o minimizar la gravedad del momento que vive la humanidad. Pero está claro que de nada sirve desesperarse ante las posibles consecuencias de un fenómeno cuyo alcance se ignora y seguirá ignorándose si no se es capaz de refrenar los nervios y mantener el ánimo. Incluso en los términos científicos que los occidentales decimos emplear: es imposible encontrar una solución a un problema que no se comprende. Puede ser que el riesgo nuclear japonés acabe en una catástrofe irreversible; pero vamos a esperar a ver si es así sin perder la cabeza. Cosa muy difícil de conseguir cuando una copiosa vía de negocios de los medios, sobre todo la prensa escrita, es alimentar la fiera de la truculencia a base de hablar del Apocalipsis, de Armaggedon, de Ragnarok. De aquí a las procesiones de flagelantes que, como es sabido jamás sirvieron para nada, no hay gran trecho.

Lo que sí hemos sacado de momento en limpio es que el inaguantable debate sobre la energía nuclear se ha cerrado ya: no, gracias.

(La imagen es una foto de Pinboke_planet, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 14 de marzo de 2011

El Imperio del sol poniente.

A la vista de lo que está pasando en el Japón los otros asuntos del mundo quedan en segundo plano. Y eso que en muchos casos son situaciones de vida o muerte, de matar o morir, como en Libia en este instante. O todavía peores, de indignidad y vileza, como en esa resurrección de las fábulas del 11-M en España con motivo del aniversario. Son cosas que sublevan el ánimo, pero no es posible parar mientes en ellas porque la lucha de los japoneses por sobrevivir tiene caracteres de gesta; de gesta silenciosa e impresionante.

En la lluvia de imágenes que muestran el Japón hora a hora, minuto a minuto, no suelen verse escenas de histerismo, desconcierto o desesperación. El ejército está encargándose de organizar las tareas de desescombro, búsqueda y rescate de víctimas, intendencia de los refugiados y desplazados y evacuación de los amenazados. Han puesto a salvo a 600.000 personas (la cantidad de habitantes de Luxemburgo) en 48 horas por todos los medios posibles ya que los trenes de alta velocidad no funcionan. Y todo lo que vemos son gentes serias, cariacontecidas, lógicamente, pero serenas y cumpliendo los planes de socorro y evacuación.

Creo haber leído que el terremoto del Japón ha sido mil veces más fuerte que el de Haiti (no estoy seguro de la cantidad) y, además, ha tenido muchas réplicas muy intensas acompañadas de un tsunami con olas de diez metros. Si eso pasa en Haití, el país desaparece mientras que en el Japón el impacto, con ser considerable, es reducido. Lo cual prueba otra vez, por si hiciera falta, que no hay catástrofes naturales sino fenómenos naturales que producen catástrofes sociales. Que un terremoto en Haití, siendo menor, destruya diez veces más que en el Japón siendo mayor no se debe a la distinta filosofía de la vida o herencias culturales que puedan tener las sociedades haitiana y japonesa con ser las tales importantes. Se debe a la diferencia de desarrollo económico, a la diferencia de riqueza. Los pobres pagan más. Llama la atención cómo aún no se ha oido voz alguna ofreciendo ayuda humanitaria al Japón ni este la ha solicitado. El Japon tiene de todo y se organiza muy bien. Inspira confianza como lo prueba que el índice de la bolsa de Tokio haya experimentado bajadas moderadas hasta la fecha, mientras ha habido que hacer frente solo al terremoto y al tsunami.

Luego, es cierto que esa peculiar sociedad japonesa en la que se aúnan los factores modernos y los tradicionales, esa democracia sobre una estructura social clientelar resulta muy eficaz en las movilizaciones sociales. Y ello sin contar con que se trata de un país acostumbrado a que la tierra tiemble, por lo que está bien preparado tanto material como anímicamente. Pero lo que viene ahora, el peligro de desastre nuclear, es distinto y, aunque el país sabe algo de eso, la experiencia es mínima.

La cuestión estriba en la diferencia de desarrollo económico; o sea, como siempre, en la injusticia. Para librarse de ella la fórmula que la humanidad ha escogido es la de imitar todos al Japón, un Estado superdesarrollado con un alto grado de robotización. Pero ese desarrollo produce a su vez amenazas nuevas y mucho más pavorosas que los sismos: la fusión de los núcleos de los reactores en las centrales nucleares, la formación de una nube radiactiva, la liberación en la atmósfera de una energía radiactiva que provocará desgracias y sufrimientos durante generaciones. Está claro que el camino no puede ser la proliferación de centrales nucleares.

Si el Japón no consigue detener el deterioro de sus centrales nucleares estará ante la crisis más grave de su historia y no desde la segunda guerra mundial, como ha dicho un ministro. Y con el Japón, el mundo entero porque la radiactividad se extiende de formas diversas, por ejemplo, por la cadena trófica. Parar el inminente desastre del Japón es una prioridad global. Y luego hay que pensar si la solución es seguir todos el ejemplo del Japón.

(La imagen es una foto de NASA Goddard Photo and Video, bajo licencia de Creative Commons).