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viernes, 5 de agosto de 2016

Un fragmento de la memoria

La Casa Encendida, en Madrid, tiene un concurso llamado Inéditos orientado a descubrir jóvenes talentos para comisariar exposiciones de arte. Estupenda idea. Una de las tres propuestas ganadoras este año tiene por título Madrid Activismos (1968-1982) y recoge documentación escrita, gráfica y audiovisual sobre la resistencia democrática del tardofranquismo y la transición. La exposición está comisariada con mucha pericia por Alberto Berzosa y contiene material de muy diversas fuentes, en especial del archivo del Partido Comunista de España (que fue el más activo en la lucha en aquellos años), pero también de otras entidades y de particulares. En este último caso se encuentran los prestados por mi amigo Ramon Adell, que tiene una de las mejores, si no la mejor, colección de documentos de la acción colectiva política en España contemporánea, desde la guerra civil.

La muestra aparece agrupada en cuatro categorías en que se estructuró la lucha antifranquista y la posterior de izquierda: el movimiento vecinal, las fábricas, las cárceles, las universidades y la calle. Para quienes hemos vivido aquellos años, la visita refresca experiencias, revive recuerdos, completa informaciones, esclarece dudas. Es muy útil. Para quienes no lo hayan hecho, puede servir como fuente de información bastante detallada que les permita hacerse una idea de aquellos años de forma directa, inmediata, plástica, no a través de meras lecturas.

Lo primero que destaca es la pobreza de medios. La movilización a partir del mítico 68 fue muy amplia, sobre todo entre estudiantes y obreros. Pero la represión seguía siendo asfixiante y muy eficaz. Casi toda la documentación es en blanco y negro; apenas se atisba el color. Las fotos son instantáneas de escasa calidad. Los periódicos, panfletos, octavillas, impresos por medios precarios, ciclostilados, multicopiados. Nada comparado con el lujo, el brillo, la abundancia de los medios actuales en la comunicación política.

Y, por supuesto, nada de televisión. Todos los medios de comunicación, impresos o audiovisuales eran uno solo sometido a la más rígida censura eclesial y franquista. Los grupos de la oposición, especialmente los comunistas y sus muy numerosas escisiones y grupos análogos, vivían en la clandestinidad. Llama la atención un manual del Partido Comunista de España (marxista-leninista) dedicado a exponer las normas del trabajo en la clandestinidad y cómo llevar a cabo la lucha ilegal. Impacta el término que hoy no se atreve a invocar ninguna de estas fuerzas políticas más o menos herederas de aquellas y por radicales que sean. Hoy nadie propone actuar ilegalmente. Quizá sea esta una medida de qué mayor grado de legitimidad tiene el régimen de la transición -por imperfecto que sea- en relación con la dictadura.

Los movimientos vecinales, los comienzos de un urbanismo democrático, las huelgas fabriles, la agitación sindical, las manifestaciones estudiantiles, los plantes de los presos políticos, hay una sucesión de noticias e imágenes de aquellos años que permiten ver su evolución desde la perspectiva de las luchas populares, desde abajo. Incluso se asiste al alborar de la conciencia ecológica y también de un feminismo radical y la lucha por los derechos de las minorías sexuales.

Lo que esta exposición documenta es la primera expansión de la conciencia democráticas en el último franquismo, la transición y los primeros años de la Monarquía, heredera de aquel. Está circunscrita a Madrid. En el resto de España la agitación democrática fue similar y en algunos puntos se añadían reivindicaciones nacionalistas que han tenido un largo recorrido.

Todo esto da que pensar y apuntala la hipótesis de que el franquismo fue el último (y fracasado) intento de mantener el Estado español en hibernación, animado por una idea de España que no comparte la mayoría de la población. El franquismo es el responsable último de la actual crisis constitucional española. Y sin posible arreglo. Un tercio de la población se niega a condenarlo. Y la lucha democrática sigue siendo muy precaria.

sábado, 14 de mayo de 2016

Luchas de papel

En la Imprenta Municipal de Madrid, en la castiza calle de la Concepción Jerónima, hay una exposición muy interesante sobre los medios de que disponían los antifranquistas para oponerse a la Dictadura durante los cuarenta años que esta duró. Para comunicarse entre sí y en el interior de sus respectivas organizaciones, para informar, para difundir consignas o llamamientos entre la población. Es un paseo muy interesante por un tiempo pasado oscuro, clandestino. Hay varios tipos de productos impresos, muchos de los cuales se producían en la veintena o treintena (no me he quedado con la cantidad) de imprentas clandestinas que hubo en Madrid entre 1940 y 1976, disimuladas, en trastiendas, en habitaciones con dobles tabiques y entradas falsas. Imprentas además manuales, muy simples, las vietnamitas y ciclostiles. De esos lugares, u otros más milagrosos, salieron los miles de octavillas y panfletos que se tiraron en las universidades o en los barrios obreros en los años sesenta y setenta.

También salieron las publicaciones periódicas de los partidos, El socialista, Mundo Obrero y otras. Eran impresiones de baja calidad y sobre papel casi biblia, para que ocuparan menos espacio. El mismo criterio para textos teóricos que se difundían con las cubiertas de otro de contenido más binenquisto por la censura del Régimen o de carácter anodino. Se muestra un ensayo de Dolores Iabrruri encuadernado como un libro de recetas de cocina. Libros de literatura, ejercicios espirituales, servían para hacer circular textos de agitación de todo tipo. Esto de las cubiertas falsas, servía también para libros de cierta envergadura. Así se nutrían las lecturas de los presos políticos durante sus largas condenas. Salario, precio y ganancia, de Carlos Marx podía entrar disfrazado como una biografía de San Ignacio de Loyola, igualmente algún texto de Bertrand Russel o un informe sobre cómo fabricar explosivos. .

Las máquinas utilizadas y los aparejos que se empleaban para falsificar documentación tienen mucho interés. Pueden verse dos pasaportes falsos de Santiago Carrillo y Dolores Ibarruri con nombres supuestos, perfectamente contrahechos. Esto lleva a la consideración de que, aunque la exposición reúne materiales de muy diversas procedencias, la parte mayoritaria es comunista. El PCE fue el partido más claramente implicado en la oposición al régimen de Franco, en buena medida su protagonista. Ello suscitó la esperanza de que también fuera el protagonista en la transición y, al no serlo y verse muy rebasado por el socialismo, se produjo una reacción de rechazo y también resignación.

Puede verse una amplia colección de libros de editoriales, generalmente latinoamericanas, pero también francesas y la rusa, que abastecían a un público lector en los circuitos de la oposición. Algunos titulos circularon durante años y tuvieron frecuentes reediciones, El mito de la cruzada de Franco, de H. R. Southworth, E l laberinto español, de Gerald Brennan, El reñidero español, de Fraz Borkenau,  todos ellos de Ruedo Ibérico, la editorial que montó y animó José Martínez durante todos aquellos años en París, o La historia de España, de Pierre Vilar. Estos y muchos otros demuestran que la oposición antifranquista había organizado una especie de red de literatura e información clandestina.

A esta especie de biblioteca de la resistencia empiezan a sumarse poco a poco libros, novelas, ensayos, escritos y publicados dentro de España en editoriales comerciales normales que sólo tenían que sortear la censura, especialmente la que se mantuvo a partir de la nueva Ley de Prensa de Fraga Iribarne, entonces (1966), ministro de Información de la Dictadura y posteriormente fundador del PP. Una vida que resume el sentido de la transición. Resulta ejemplar que uno de esos libros fuera Estado de derecho y sociedad democrática, de Elías Díaz, en la editorial Cuadermos para el diálogo, fundada por el exministro franquista Ruis Giménez, que se había pasado a la oposición democristiana más o menos tolerada. En aquellos años, siempre que alguien hablaba de "diálogo" en vez de andar a palizas y tiros, era de la oposición. Estos, antiguos franquistas, reconvertidos en demócratas durante la dictadura, como Ridruejo, Tovar, etc., eran los "arrepentidos" y también dejaron huellaLibros que habíamos leído una generación entera: La geografía del hambre, Teoría de la revolución y La demagogia de los hechos, Tiempo de silencio, El Jarama, La crisis española del sigloXX, La juventud europea y otros ensayos, Nuestros primeros veinticinco años,  etc.

Un lugar de honor corresponde a la canción de Raimon Al vent. Hay algunas fotos de la impresionante asistencia al recital de Raimon en la Facultad de Políticas y Económicas y está también reproducido el texto en catalán con traducción de Gabriel Celaya. "Al vent/la cara al vent/el cor al vent/les mans al vent/ els ulls al vent/al vent del món" era como el canto del instante y traducía el espíritu colectivo que después fijó en el plano individual aquella otra genialidad de Joan Manuel Serrat, "Ara que tinc vint anys". Dos cantantes catalanohablantes habían conseguido enardecer a la juventud española. Cómo han cambiado los tiempos.

Se pasa asimismo un vídeo con exposiciones en primera persona de gentes que vivieron aquellos años y narran sus experiencias de los recursos empleados por mantener viva la llama de la resistencia contra la Dictadura. Hablan sobre todo miembros de la Asociación de expresos de la Dictadura, como Marcos Ana o Víctor Díaz Cardiel, predominantemente comunistas, aunque también de otras tendencias. Por ejemplo, se recoge el testimonio de Óscar Alzaga, por entonces de la oposición democristiana. La experiencias que cuentan, con el distanciamiento de los años, emocionan.