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jueves, 29 de septiembre de 2016

El golpe de mano ya ha fracasado

Estas cosas son así: unos conjurados urden un golpe y fían su éxito a la rapidez. La maniobra triunfa si hay una rendición inmediata, en este caso, la dimisión ipso facto del Secretario General. Si no la hay, las cosas se ponen chungas para los golpistas, que no suelen ser personas de principios, ni capaces de resistir. Y no la ha habido, sino todo lo contrario: un rápido contraataque, una reacción fulminante que ha dejado a los dimisionarios boqueando de asombro.

El País, o lo que queda de él, no da crédito. ¡Qué desfachatez! Sánchez no claudica ni se doblega a la insolencia y la arrogancia de esta gente de la derecha moderada, convencida de que todo el mundo la obedece y nadie le rechista. Todavía menos entiende que la dirección del PSOE ignore el nuevo truculento editorial, Salvar al PSOE en el que, so capa de ir en auxilio del partido, se insulta a Sanchez de modo grosero y se le amenaza en el más puro estilo pedante de Cebrián. El editorial sin duda es suyo, con algún añadido de Rubalcaba, ese hombre del PP dispuesto a destruir su partido desde las páginas de un periódico de la derecha. Ninguno entiende de dónde ha sacado Sánchez la fuerza y la entereza para hacer frente a esta maniobra de intrigas, pasillos, traiciones y alevosías propias de gentes que solo sirven para ejecutar (y mal) las órdenes que les dan.

Tampoco entiende Felipe González que alguien en el PSOE se atreva a no seguir sus mandatos, generalmente disfrazados de consejos de estadista de alto nivel. No contento con haber cometido la villanía de revelar una conversación privada con un compañero con la intención de hacerle daño, ahora le exige, furioso, que actúe de acuerdo con sus responsabilidades. No veo las responsabilidades de Sánchez por lado alguno. Pero sí veo las de los 17 ejecutores del plan de zapa que ha urdido el cogollo de Prisa y los barones del PSOE. Y, sobre todo, veo las de los dos principales responsables de la lamentable artimaña, Susana Díaz y Felipe González. Los dos debieran pedir perdón por su deslealtad y retirarse de la vida pública.

Tendrán que hacerlo porque, al no producirse la dimisión inmediata ni un cese fulminante (pues los conjurados no tienen fuerza para provocarlo) el golpe prácticamente ha fracasado.

Ya se sabe que los dimisionarios tratarán de enredar el asunto con sutilezas interpretativas, estatutarias y hasta es posible que hayan preparado algún truco de leguleyo para embarrancarlo en los tribunales porque ya están viendo que han fracasado y que se han dado la castaña de su vida. Porque el asunto es muy sencillo: frente a los golpes de efecto de los covachuelistas, sus marrullerías de filisteos, hay un hecho que ni ellos ni nadie puede soslaya: a Sánchez lo eligieron las bases en primarias y en votación democrática. Por supuesto, siempre hay quien cuestiona la limpieza de esas elecciones pero se estará de acuerdo en que, al lado de los tejemanejes de estos burócratas, fueron transparentes. A Sánchez lo eligió la militancia, ¿quienes son estos 17 de la infamia para destituirlo? Y, mejor aun, ¿quiénes se han creído que son? Está claro, los trujamanes de unos cabalistas que tratan de torcer la voluntad y el criterio del único secretario general del PSOE que ha tenido el valor de enfrentarse a la derecha.

Entre los 17 firmantes a golpe de silbato y los que han escurrido el bulto pero inspiran la operación -los González, Díaz, Rubalcaba- hay dos acuerdos que pasan por encima de cualquier consideración, por encima de la voluntad popular o los deseos de los militantes: a) a Podemos y a los indepes catalanes, ni agua. Sobre todo a los indepes; b) hay que permitir que gobierne el PP con Rajoy a la cabeza. Esto último es lo que produce mayor repugnancia: que se pretenda dar un cheque en blanco a un partido corrupto que lleva veinte años robando al erario, mandado por un tipo sin escrúpulos, embustero, franquista y responsable del mayor índice de corrupción que ha vivido el país; que se quiera que continúe el máximo responsable del enfrentamiento con Cataluña y, por tanto, de la fractura de España merced a su concepción franquista del Estado. Es inexplicable.

Por descontado los 17 ocultan el fondo real de la cuestión y la reducen a la necesidad de cambiar la dirección del PSOE ante su sucesión de derrotas electorales en los últimos dos años. Sin duda se les alcanza que no es justo cargar sobre los hombros de Sánchez las consecuencias de una herencia catastrófica, la que le dejó Rubalcaba, al convertir el PSOE en una comparsa del PP. Pero prefieren no verlo. Y no es lo único que no ven. 

Ciegos de poder, embriagados por las continuas lisonjas, adormecidos en los lujos de los despachos, engañados por las más elementales apariencias, estos conjurados llevan años alejados de la realidad miserable y sórdida de un país sometido a saqueo por una asociación de presuntos malhechores. Tampoco ven a los millones de parados, ni a los jóvenes emigrando, ni a los dependientes abandonados. No ven nada más que sus sueldos, sus coches oficiales y sus privilegios de todo tipo. No ven a los militantes ni a los votantes.

Pero estos se alzan y resisten. No van a permitir que 17 individuos, por muy importantes que crean ser, destituyan a su secretario general y obliguen al partido a hacer lo que los militantes no quieren hacer. Y con los militantes, una parte muy importante de la opinión pública. Resistiendo a los golpistas, Sánchez está haciendo más por regenerar al PSOE que todos los demás secretarios generales, incluido González, quien tuvo su momento, también padeció innoble persecución, pero ya tomó partido hace tiempo por todo lo que en teoría decía haber combatido de joven.

Lo dicho. El golpe ha fracasado. El Comité federal del sábado decidirá y allí habrá una batalla campal. Justo la que querían evitar los 17 con su triquiñuela de la dimisión en grupo. Y si la militancia se alza en defensa de su secretario general, el fracaso será rotundo, el PSOE saldrá muy fortalecido, NO seguirá siendo NO, quizá haya gobierno de progreso y los golpista tendrán que encajar su derrota, los 17, Díaz, González, Cebrián y Rajoy, en cuyo beneficio se ha montado este espectáculo.

Por cierto, la portada de El País trae otra noticia aun más trascendental para España. En su discurso en el debate sobre la cuestión de confianza en Cataluña, Puigdemont ha reafirmado su propósito de convocar un referéndum de autodeterminación en septiembre de 2017. A finales de junio, estará preparada la maquinaria del nuevo Estado Catalán. Como siempre, los españoles no quieren enterarse y, claro, no se enteran. Lo convertirán en objeto de alguna de esas tertulias a base de alaridos. Y nada más. No quieren enterarse de que Puigdemont ofrece la posibilidad de negociar el referéndum prácticamente en todos sus términos, excluido, supongo, su carácter vinculante. Entretenidos como están en la no formación del gobierno, dejarán escapar la última oportunidad de negociar un referéndum más favorable a sus posiciones y, al final, tendrán que habérselas con el menos favorable.

Pero no importa. Aquí lo único que importa es que sigan gobernando Rajoy y el PP que, como puede verse, lo han hecho de cine.

viernes, 8 de abril de 2016

El pito del sereno

Estos del Parlament tienen dos cosas que faltan en el orgulloso cogollo mesetario: ideas claras y sentido del humor. No crean que son tan dispares. Las ideas están claras: el Parlament se reafirma en la declaración independentista del 9 de noviembre pasado. Quiere la independencia. Pero no aturulladamente, así que la cámara ha votado afirmativamente la propuesta de la CUP, pero quitándole dos astas peligrosas que podían dar pie a que las autoridades españolas empurasen a los votantes por incitacióna la desobediencia, o sedición. Una, el propósito de no obedecer las decisiones de las autoridades legales españolas y otra el de inducir a los funcionarios armados de la Generalitat a no realizar las funciones que esas autoridades les encarguen. Supongo que desde el exaltado punto de vista de la CUP, esta prudencia demuestra el carácter burgués y timorato de los otros independentistas de ERC y CDC. Es posible. Todos tienen sus puntos de vista y el miedo guarda la viña.

Además, la decisión parlamentaria muestra sentido del humor. El Tribunl Constitucional había anulado la primera declaración independentista del 9 de noviembre y ahora tendrá que anular está también y por los mismos motivos, porque el Parlamento ha decidido ignorar la presencia del dicho Tribunal. Puede parecer un poco estrafalario que un Parlamento ignore un Tribunal Constitucional. La verdad es que ese Tribunal Constitucional en concreto no goza de especial simpatía ni autoridad o prestigio en Cataluña. Su actividad se ha limitado a cumplir diligentemente los deseos del gobierno que, careciendo de iniciativa política frente al nacionalismo catalán ha preferido hacer como que judicializaba el conflicto, lo cual es falso porque el Tribunal Constitucional no es un órgano judicial, sino político.

El sentido del humor de los parlamentarios catalanes que, al parecer, se toman las decisiones del dicho tribunal por el pito del sereno, adquiere su auténtica dimensión cuando se observa que, a diferencia del catalán, el Parlamento español ve con gran respeto el Tribunal Constitucional y acude a él en un conflicto de competencias con el gobierno central que, a su vez, se toma el Parlamento por el pito del sereno y sabe que ese conflicto no va a parte ninguna porque el Tribunal Constitucional imparte la justicia que place al príncipe.

Porque, en el fondo, el Parlamento y el Tribunal Constitucional españoles son dos pitos del sereno.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Esa sensación de ridículo...

Tarde Piache. En un alarde de hidalguía castellana, Sánchez va a Cataluña a amansar a los díscolos catalanes mientras Rivera se ríe de ellos en el Congreso de Madrid para demostrar lo catalán que es. Lejos de Sánchez la estólida soberbia del okupa de La Moncloa que lleva años sin dirigir la palabra a nadie en Cataluña que, en el fondo, es "tierra conquistada", como decía su padrone Fraga. Sánchez no es así. Es de la escuela de Salamanca y cree que los catalanes, como los indios de América, tienen alma. Por eso les lleva unos abalorios en forma de trenes, alguna infraestructura y mucho monólogo que él llama diálogo. Su ignorancia de Cataluña es tan enciclopédica que no se ha enterado de que allí solo se puede ir ya a hablar de igual a igual y no de arriba abajo. Ese es el verdadero diálogo. Aeque principaliter lo llama la Iglesia, vieja zorra llena de astucias. Cataluña tiene una hoja de ruta hacia la independencia y, al cabo de ella veremos quién es más independiente, si Cataluña  o España. Por cierto, será interesante saber si Sánchez informará al presidente de los sobresueldos de sus conversaciones con Puigdemont, como manda la corrección democrática. Mientras lo decide, una unidad de vehículos blindados del ejército español ha entrado en Cataluña, sin duda para contribuir al diálogo sanchesco.

Por la gracia de Dios. El gobierno del okupa se declara en rebeldía frente al Parlamento que lo ha nombrado en su legislatura anterior y el Parlamento corre a chivarse al Tribunal Constitucional cuyo presidente fue nombrado por el gobierno. Todo queda en casa, si es de buena familia.  Patxi López, nuevo en el cargo, no se ha leído los papeles todavía y no ha llegado a la parte en que se regula la moción de censura para que el Parlamento, que es un órgano soberano por encima de todos los demás, mande a escardar cebollinos a ese gobierno de pedantes ergotistas. Hace falta ser fascista para decir que en un régimen parlamentario pueda haber un gobierno no sometido a control del Parlamento. Es verdad que este gobierno no es otra cosa que una presunta banda de ladrones. Pero, caramba, no hacía falta quitarle el "presunta" pensando que estaba diciéndose algo jurídicamente sublime. O quizá no sea ignorancia lo de López sino puro pavor, miedo de que si el Parlamento se atreve a interponer la moción de censura (a lo que está obligado, en realidad), la ratita hacendosa de la vicepresidencia muy enojada, le envíe a un charlista (así se definía a sí mismo el periodista García Sanchiz)  de la llamada "gloriosa" a soltarle sofisma tras sofisma. Que no hay nada más cobarde que los representantes populares de izquierda frente a los de la buena estirpe de la derecha.

El motorista de Podemos. A este Sergio Pascual lo han destituido al modo en que el Caudillo desnombraba a sus ministros. Para que no se sulfure la bancada de auténticos creyentes, diremos que el motorista era como los de Jean Cocteau en Orfeo, aunque no haya mucho parecido entre Pascual y Jean Marais. Con este cese fulminante se quiere dar imagen de unidad, armonía y concordia. Podemos no padece el síndrome de IU, aunque esté lleno de gente de IU. Y no padece crisis, pues eso son infundios de los perversos socialistas. Y si la padece, es de crecimiento. Falta estro entre los fieles. Más que de crecimiento podían hablar de metamorfosis. La crisálida ha dado paso a la imago, típico objeto de culto. El partido funciona como un engranaje perfecto. Y la prueba es que, a dos semanas de la fallida investidura de Sánchez, nadie sabe qué pretende hacer, si volver a negociar con el PSOE, apoyar un gobierno de Sánchez o jugársela a una carta, yendo a nuevas elecciones. Resulta simplemente onírico que fulminar a un dirigente del "núcleo duro" y amenazar con exigir "responsabilidades", como si fuera la purga de Benito, sea acercarnos a la palingenesia prometida. Aquí alguien sigue confundiendo la teoría (o sea, la doctrina) con la práctica (o sea, el oportunismo) y, claro, así de lucidas van las cosas.

Blanco es el color. Doña Rita Barberá, todo un carácter así como de sainete, regidora casi perpetua de Valencia, asegura que jamás vio o supo o intuyó o sospechó o se malició, o se coscó, o percibió, o se percató de que en torno suyo todo el mundo pringaba. Nueve de diez concejales investigados o procesados dan para mucho pringe, tanto que al no pringado, si es un ser humano y no el oso Yogui, habría que canonizarlo. Y si es el oso Yogui, también, pues ya le toca.  Pero ella pasó por allí impoluta, sin alterar ese peinado al estilo de la permanent de Victoria Kent. Y llega a Madrid, al Senado, a su trabajo, en definitiva. Pero, cuando va se acreditan docenas de medios para reportear sobre tan insólito evento. Porque ella es una "profesional", dice, pero no dice de qué. Viene encantada porque Rajoy le ha abierto los brazos y la ha blindado a efectos judiciales, prueba de la gran confianza que tiene en su honradez. Pero alguien en el partido le clava un puñal por la espalda, típica traición aleve, envidia carroñera. Le han abierto un expediente informativo y los expedientes, ya se sabe, los carga el diablo. Es pena que la señora no pueda decir eso de "usted no sabe con quién está hablando" porque lo sabe todo el mundo.

¿Se puede ser más cobarde?

El rebaño de mansas ovejas baladoras llamadas diputados acaba de descubrir lo que todos sabíamos hace días: que el gobierno se ha declarado en rebeldía frente al Parlamento. Bien, que un gobierno de presuntos ladrones, franquistas y meapilas ignore al Parlamento no es nada nuevo. Lleva cuatro años haciéndolo con su mayoría absoluta. Está en la naturaleza de las cosas que los fascistas desprecien la representación popular.

Lo asombroso es la reacción de los diputados. Aterrorizado, el presidente de la Cámara escribe un abyecto ruego a la ratita hacendosa que funge de vicepresidenta del gobierno pidiéndole que "reconsidere" su actitud. Sobra decir que esta vicepresidenta, que lo que tiene de soberbia lo tiene de ignorante, contestará con un par de estúpidas leguleyerías.

En previsión de ello, el portavoz de los socialistas, Antonio Hernando, otro pusilánime, como su secretario general, que ha aprovechado para esconderse, amenaza con un conflicto de competencias ante... el Tribunal Constitucional. Sí, ese órgano sin prestigio ni autoridad, poblado de individuos complacientes con el príncipe y presidido por un antiguo militante del partido del gobierno.

Esto es una pura vergüenza y una humillación al conjunto del electorado. Si no tenéis coraje para poner a los fascistas en su sitio, idos a vuestras casas y no pidáis nunca jamás el voto a quienes os hemos puesto ahí creyendo que érais personas rectas y valerosas. Sánchez, Iglesias, Rivera, por si no lo sabéis, detrás de vosotros hay millones de personas esperando que cumpláis con vuestro deber y hagáis frente a esta provocación de franquistas, que no os arrodilléis ante este golpe de Estado perpetrado por un puñado de granujas, dirigido por un presunto mangante y que han decidido romper el Estado de derecho.

Presentad ya una moción de censura. Demostrad que tenéis el valor que se os supone y merecéis el salario que os pagamos.

Si no lo hacéis seréis cómplices de esta última ignominia.

viernes, 5 de febrero de 2016

Además de ladrones, fascistas

Dice la vicepresidenta, tratando de salvar a su jefe, el de los sobresueldos, que el gobierno no tiene por qué responder ante el Parlamento porque cuenta con la confianza del anterior y este es nuevo. Hace lo que acostumbra ya que, como no tiene ni idea de política ni sabe lo que es una democracia, recurre a una triquiñuela de rábula, tratando de enredar las cosas. Cualquier contencioso entre el gobierno y el Parlamento, dice, ha de ir por la vía de lo contencioso. Es decir, hay que sentarse y esperar.

¡Qué mal perder tienen los tramposos y sinvergüenzas! Todavía veremos espectáculos más lamentables que mostrarán la calaña de la tropa que ha estado cuatro años destruyendo este país.

A lo que vamos. Diga lo que diga la ratita hacendosa, la Constitución vigente, en su título V sobre las relaciones entre el gobierno y las Cortes generales es taxativa y en su artículo 108 lo dice con toda claridad: "El Gobierno responde solidariamente en su gestión política ante el Congreso de los diputados". Sin excepción ni salvedad alguna. No dice si el gobierno es el de antes, el de ahora o el del valle de Josaphat y tampoco si el Congreso de los Diputados es el de ahora, el de ayer o el de mañana. Es el Gobierno. Es el Congreso de los Diputados.

Y que todos sepamos, el propio Sobresueldos lo dijo hace un par de días: que el gobierno estará en funciones y tendrá competencias limitadas, pero la Constitución está en pleno vigor y el ordenamiento jurídico también. Lo dijo, como siempre, para amenazar a los catalanes y, el muy ruiz se calló que eso con él no rezaba.

Es decir, el gobierno se ha puesto fuera de la Constitución y se ha declarado en rebeldía. Es más, lo que está haciendo es un intento de golpe de Estado con el fin de establecer una dictadura.

Vamos a ver si ahora el Parlamento tiene la decencia y el coraje que faltaron al anterior, convoca un pleno extraordinario y retira su confianza al gobierno o lo censura o lo destituye sin más. Vías puede encontrar las que quiera. El Parlamento es depositario de la soberanía popular y máximo órgano de poder del Estado. No puede tolerar un gobierno sin control parlamentario, un gobierno fascista.

Y si lo hace, sus señorías solo serán merecedoras del desprecio de la ciudadanía y deben dimitir de una responsabilidad a cuya altura no están.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Los desastres de la guerra.

En el Conde Duque de Madrid, una exposición de imágenes de fotorreporteros españoles en una serie de guerras y conflictos a lo largo y ancho del mundo al día de hoy. Son 74 fotos solemnente expuestas en una gran sala bastante oscura con la iluminación concentrada en las imágenes para que resalten más. Las matanzas, las guerras, los conflictos, la miseria, las situaciones de injusticia. Yemen, Siria, Palestina, el Congo, Libia,  varias ciudades mexicanas, Haiti, Ucrania, Turquía, Afganistán. Civiles muertos, mujeres violadas, combatientes mutilados, niños asesinados, paisajes de ruina y desolación. Casas demolidas, maquinaria de guerra despanzurrada en el desierto, basureros, calles destrozadas, lugares arrasados, destruidos, minados.La rutina del día a día entre la vida y la muerte.

Son imágenes que nos hemos acostumbrado a ver en los medios, en los periódicos, en los telediarios, hoy en un país, mañana en otro, o vídeos de You Tube en los que previamente se nos advierte que lo que vamos a ver "puede herir nuestra sensibilidad", una advertencia morbosa que suscita mayor curiosidad porque nuestra sensibilidad es ya la de los paquidermos a fuerza de ponerla a prueba. Esta exposición acumula en un solo espacio, de una sola vez, lo que la realidad nos administra por entregas. Y realmente satura y asquea. Todas las fotos están documentadas y explicadas (por cierto, no muy cómodamente, pues hay que dar la vuelta para ver las leyendas) con referencia a situaciones, problemas, conflictos que, a veces, nos suenan, nos son familiares y otras nos resultan desconocidos o son incomprensibles. Pero, en realidad, acaba por darnos igual. Esos rostros, las miradas, los gestos, hablan por sí mismos y son como piezas desarticuladas de una composición general de barbarie, brutalidad, muerte y desolación.

Mientras miraba no podía dejar de pensar en los Desastres de la guerra, de Goya, en cómo el artista dejó un legado del horror con intención de golpear nuestra conciencia poniéndola delante de nuestra capacidad para la crueldad. Hoy los escenarios de esas bestialidades se han multiplicado y los Goyas contemporáneos, armados con sus cámaras, dejan tras de sí ese testimonio de la interminable tendencia del ser humano a dejar de serlo cuando se enfrenta a sus semejantes.

Un último homenaje de agradecimiento a los fotorreporteros que arrostran dificultades, privaciones y riesgo para sus vidas al hacer un trabajo impagable: fijar para siempre y acumular los testimonios de la parte más oscura del alto grado de civilización a que hemos llegado.

Era Heráclito quien decía que la guerra "es el padre de todas las cosas". A lo mejor va siendo hora de que la humanidad mate a su padre.

martes, 3 de diciembre de 2013

La gresca en los partidos.

¿Lo imagino o los dos partidos dinásticos están a la greña? Pero no a la greña entre ellos, cual acostumbran, sino dentro de sí mismos. Hay gresca en los dos. Y gresca en las alturas. Los pobrísimos datos de las encuestas siembran el nerviosismo entre dirigentes, militantes de alcurnia, barones, cargos públicos, asesores, políticos profesionales que, si no son una clase ni una casta, algo tienen en común. Datos que auguran catástrofe a corto y medio plazo. Donde no hay harina, etc., etc. La señora alcaldesa, que debe de haberse leído el libro de Miriano y ya está ejercitándolo, pregona los torvos designios de su marido, el único que, junto a Aguirre, según los mentideros de la Villa, puede encabezar una escisión del PP por la derecha. Hay bronca, en efecto, y mucha, en el cuarto de banderas, en especial con las excarcelaciones de etarras que han sacado de sus por lo demás estrechas casillas al ministro del Interior. El gobierno es flojo, blando, pastelero, todo lo hace mal. Y hasta es complaciente con el desafío del separatismo catalán. Vuelven las escuadras, cuando la vieja guardia, al estilo Armada, se retira para siempre.

En el otro partido la bronca es por el presente y por el reciente pasado. El presente está diferido, aplazado a unas primarias que cuesta más convocar que un parto de quintillizos. Porque todos las quieren y todos las temen. Interesante se ha puesto también el pasado, a golpe de memorias. Resulta que la balsa de aceite zapateril era un corral de gallos que ahora sacan los espolones. A Solbes le ha pasado como a Rato, se vio como un milagro y se ve como una plaga. A juicio sale la gestión del gobierno socialista en la crisis. Solbes acusa a Zapatero y sale acusado a su vez por el gran paladín de Zapatero, el entonces ministro y antes pintoresco candidato a alcalde de Madrid, Sebastián.

Pero ese juicio ya lo ha dejado listo el propio Zapatero con una revelación y un gesto. Ha dado a luz la fatídica carta que lo forzó a reformar la Constitución por ordeno y mando de la UE, pues, dice, era eso o el gobierno de técnicos. Fuera lo que fuera, él ocultó la carta que ahora revela en su libro. Cuando menos, no es elegante. El gesto es el de traer a la presentación a Tony Blair, que ya es viejo amigo de la casa. Estuvo en la boda de la hija de Aznar y debe de pensar que los primeros ministros españoles se parecen mucho, al menos en su manía de tirar de él.

Está bien eso de traerse a Blair a la presentación de libro.  Blair le ha dado el espaldarazo de leader, más o menos el que tiene una visión. Puede empezar a actuar como una jarrón chino. En realidad, ya ha empezado con esas memorias que apenas han tenido tiempo de asentarse y ordenarse y reflexionarse. La prueba, la revelación.

martes, 6 de noviembre de 2012

Solidaridad con El País

Es decir, solidaridad con los trabajadores de El País, que son quienes personifican hoy los valores e ideales que el periódico representó durante años, en lucha con una dirección, tanto empresarial como periodística, que ha demostrado un comportamiento detestable no ya solamente en lo social y económico sino también en lo moral.
Las consideraciones empresariales y de cuenta de resultados están teñidas por los efectos de la crisis conjuntamente con las decisiones aparentemente erróneas que se han tomado en los últimos años y han llevado a la empresa Prisa a una situación límite. Pero es muy dificil desentrañarlas a causa de la actitud intransigente de la dirección que, probablememente por presiones de sus socios extranjeros, no admite alternativa alguna a su drástico plan de ajuste, hecho en las condiciones leoninas que permite la última reforma laboral del PP.
No obstante, lo más escandaloso de toda la peripecia quizá sea la actitud adoptada por la dirección y, en especial, su máximo responsable, Juan Luis Cebrián. Ninguna persona con un mínimo de decencia puede admitir las consideraciones que Cebrián, que tiene autoasignados unos ingresos de un millón de euros al mes, hace a la redacción. Afirmaciones como que los mayores de 50 años están viejos y sobran (cuando él tiene 64) o de que no podemos seguir viviendo tan bien, verdaderamente indican una sensibilidad moral similar a la de un guijarro, cuando no una prepotencia y un desprecio por la gente que supera lo decible.
La dirección actual de El País país, su cargos directivos (que, por cierto, parecen ser tantos como los trabajadores), unas gentes que no se atreven a declarar en público sus ingresos, han destrozado su espíritu originario y han hecho añicos la ilusion de una tradición. Entre los lectores esto caerá como un terremoto y en el suelo quedará la antorcha de un periódico democrático, liberal, progresista y de calidad. Salvo que los trabajadores consigan con su lucha que el diario enderece su rumbo. Ojalá.
El haberse planteado el conflicto en esos términos morales en los que la plantilla lucha contra la injusticia más obvia alimentada por la codicia, ha llamado a la conciencia de sus más ilustres colaboradores que han formado una especie de frente del "no", situándose del lado de los trabajadores, cosa que los honra y merece el aplauso de la gente de principios.
Y para aplauso, el que se merece Santos Juliá, quien ha causado baja como columnista en el diario con toda dignidad y gallardía. Hay cosas por las que una persona cabal no puede pasar. Y Santos ha demostrado ser una persona cabal.
Por último, en apoyo a la huelga de los trabajadores del periódico, se nos pide que tampoco visitemos su web. Palinuro no la visitará.

domingo, 11 de marzo de 2012

Hoy, manifestación; el 29, huelga general.

Las manifestaciones convocadas por los sindicatos para hoy en contra de los recortes sirven en sí mismas como reacción de protesta contra las decisiones de un gobierno que, sobre incumplir todas sus promesas electorales, descarga la totalidad de los sacrificios sobre los sectores más desfavorecidos de la sociedad que ya llevan mucho sufrido desde el comienzo de la crisis. Pero también servirán para calibrar las posibilidades de éxito de la ya convocada huelga general del próximo 29 de marzo.

La manifa y la huelga son dos formas de oposición a una política del gobierno que puede calificarse de ataque en toda línea a los restos de lo que durante años ha venido constituyéndose como un bloque de garantías jurídicas de los trabajadores. De un plumazo, mediante un decreto-ley que en realidad es un trágala, se pretenden aniquilar todas las conquistas laborales y sociales de los últimos cien años. Es un intento de depojar de sus derechos a los trabajadores, dejándolos a merced de los empresarios. Un intento también de anular los sindicatos que, con sus insuficiencias y errores, son la última linea de defensa de los asalariados. Cosa importante porque estos, los asalariados, estarán o no sindicados, pero siguen siendo la inmensa mayoría de la población activa y únicamente cuentan con los sindicatos para su defensa.

El gobierno finge una displicencia que está muy lejos de sentir (pues, si la sintiera, no se afanaría en deslegitimar la movilización), como se demuestra por lo reiterado de la declaración oficial de que "una huelga no arregla nada", que no servirá para nada porque no hay posibilidad de negociar nada de importancia sino, si acaso, lo accesorio. Pero eso es algo que no se puede decir de antemano. Habrá que estar a los hechos.

Hay nervios, y muchos. Los empresarios quienes, desde que gobiernan los suyos, casi hablan tanto como los obispos, insisten en que la huelga no hará bien alguno a España, o sea, a la Patria, que es como la madre de todos. Una expresión de cómo las declaraciones de los patronos son siempre, en el fondo, políticas.

Y más nervios muestran los medios de comunicación de la derecha, en realidad casi todos, al arremeter mancomunadamente contra la convocatoria de huelga con una virulencia y una beligerancia fuera de toda proporción. Es exagerado, por no decir ridículamente histérico, afirmar que se trata de una huelga contra España. Solo la derecha puede confundir una protesta contra un gobierno de partido con otra hipotética contra España... convocada y seguida por españoles. Eso no es crítica ni oposición; eso es dividir y enfrentar a unos españoles con otros, valiéndose de un uso partidista de España.

Los españoles tienen reconocido el derecho de huelga y es perfectamente legítimo que lo ejerciten cuando piensen llegada la situación. Se les puede acusar de imprudentes, de temerarios, de insolidarios, de lo que se quiera, pero no de delincuentes ni de ir contra España, de ser la anti-España. Ese es el lenguaje del fascismo español.

(La imagen es una foto de Liftarm en el dominio público).

sábado, 22 de octubre de 2011

La vida sigue.


Entrevista de Josep Cuní a Eulàlia Lluch,
filla d'Ernest Lluch
.




Hace unos días un analista político cuyo nombre no he retenido afirmaba en un buen artículo que un eventual fin de ETA no incidiría en el cantado resultado electoral del 20-N porque la gente ya lo daba por descontado y no le preocupaba. Lo decía con conocimiento de causa y basado en buenas razones. Según el último barómetro del CIS, de septiembre, el terrorismo preocupaba al 3,7 por ciento de la población y era la octava causa de inquietud siendo la primera el paro (80 por ciento), la segunda los problemas económicos (49, 6 por ciento), etc. El terrorismo no alcanza el 10 por ciento desde abril de 2010. Hace diez años podía llegar al 70 por ciento y ser la primera causa de preocupación. Son otras hoy las congojas de los ciudadanos. Era pues razonable concluir que el fin del terrorismo no tendría impacto.

Sin embargo, ayer fue el asunto por excelencia. Opinaron todos los políticos nacionales y algunos extranjeros (Obama, Sarkozy, Cameron, Santos, etc). En los medios fue la única noticia. No la deuda, ni la crisis, ni los empresarios: ETA. En la prensa, la radio y la TV y no digamos las redes. En noticiarios y tertulias. Sólo se habló de ETA. Los patronos vascos se felicitaron y la Conferencia Episcopal Española aprovechó la ocasión para pedir el voto al PP y, de paso, dijo una de esas solemnes perogrulladas que dicen los del capelo : que el terrorismo es intrínsecamente perverso. Un descubrimiento.

Y todo este ruido, esta cacofonía, esta batahola por un comunicado de la banda que muchos consideran poca cosa, business as usual; otros un dulce empozoñado ; otros un regalo electoral a los cómplices del PSOE; otros un ejercicio de retórica socarrona; otros un señuelo para distraer la atención mientras la banda se rearma e così via. Y todo con la poco digna intención de rebajar las expectivas electorales del PSOE reduciendo la importancia del hecho, de anular el impacto que decía el analista que no iba a producirse y sí está produciéndose. Como se prueba precisamente en el zafarrancho general para evitarlo.

¿Qué pasaba entonces? Que en efecto, la gente ya sabía hace meses que ETA estaba derrotada y se había preparado para su final sin armar grandes alharacas. Pero es que en el terrorismo la gente llevamos más de treinta años reprimiendo alharacas, sofocando sentimientos, aguantando situaciones terribles, bárbaros asesinatos en masa como el de Hipercor, sin perder los nervios, controlándonos, apoyando siempre a los gobiernos. Pero eso no quiere decir que los sentimientos sofocados no existieran. Han existido y siguen existiendo. Pero van por dentro. La alegría del fin de ETA también ha ido por dentro. La hemos exteriorizado los plumillas, los opinantes en público, los parlanchines, tertulianos y predicadores en general. Pero la gente la sentía en su fuero interno y está todo el mundo muy interesado en lo que suceda ahora porque ahora, el contencioso, el llamado conflicto, se traslada a los tribunales de justicia y las crónicas judiciales apasionan a la opinión.

Y vamos a eso del conflicto. Dice la izquierda abertzale que el comunicado de ETA no cierra el conflicto político. Tan profundo como lo de los obispos. Claro que no cierra el conflicto político ni ningún otro conflicto. Lo que cierra es el asesinato. Todos los conflictos siguen vivos. Alguien debe enseñar a los hasta ayer amigos de los pistoleros cosas elementales como que la sociedad no es otra cosa que cientos de conflictos cruzados, de todo tipo y condición: religiosos, económicos, sociales, de género, nacionales, etc. Si partimos de la idea de que un conflicto es aquella situación en que alguien quiere algo que otro no quiere darle, la vida social es conflicto. Y la democracia es el mejor sistema político porque garantiza que los conflcitos se canalizan civilizadamente; no que se resuelvan porque ese es otro asunto que depende de mayorías y minorías. Para entender esto es necesario a su vez aceptar que el conflicto que a uno le parece esencial, prioritario, único en realidad, puede que no se lo parezca así al resto de la sociedad que tiene otros conflictos. Si uno renuncia a imponer la solución de su conflicto preferido a tiros tiene uno que aceptar que a la gente el conflicto de uno le parezca irrelevante. Que se haya defendido por medios criminales no lo hace más urgente ni más real.

Porque, cuando callan las armas, la vida sigue. Y parte de este seguimiento es que, mientras ETA no se disuelva, las autoridades también seguirán deteniendo etarras y poniéndolos a disposición del juez por pertenencia a banda armada, posesión de armas y los demás delitos en que continúen incurriendo. Y eso no forma parte del "conflicto político", no es político. Es criminal.

(La imagen es un cuadro de Thomas Hart Benton, abuelo de la pintura estadounidense actual, escuela neoyorquina, titulado América hoy. Actividades ciudadanas con suburbano, pintado en los últimos años veinte).

martes, 8 de febrero de 2011

Batasuna, basta una.

Entre las peores experiencias de la humanidad se cuenta comprobar cómo, llegados los momentos finales de los conflictos más prolongados, enconados y crueles, se hace patente que no sirvieron para nada; que todo el sufrimiento y la muerte que ocasionaron se hubieran evitado si la obcecación y la soberbia hubieran dado paso a actitudes más dialogantes y civilizadas.

Reza lo anterior con la presentación pública de los estatutos del nuevo partido de la izquierda abertzale, Sortu, con el que aquella entierra el espíritu cómplice con el terrorismo de Batasuna y pasa por el aro de aceptar la legalidad democrática. Dicho aro se impuso a raíz de la Ley Orgánica de Partidos Políticos de 27 de junio de 2002. Casi diez años ha necesitado Batasuna para plegarse a lo inevitable. Y quizá no lo hubiera hecho de no haberse producido en 2009 la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que consideraba ajustada a derecho su ilegalización. Ese pronunciamiento plasmaba la derrota jurídica de sus pretensiones. La política se había producido mucho antes, cuando la existencia de partidos independentistas en otros lugares de España demostró que era posible defender todos los programas políticos de modo pacífico.

Pasar por el aro significa acatar y cumplir la Ley de Partidos Políticos y la jurisprudencia del Tribunal Supremo que la interpreta, como hacen estos estatutos; significa incorporar a su texto al pie de la letra el famoso artículo 9 de dicha ley, cosa que también hacen. Un criterio picajoso podría decir que el texto que se presenta al registro de partidos políticos no "condena" taxativamente la violencia de ETA. En efecto, los estatutos la "rechazan". Pero es que la Ley de Partidos, si no estoy equivocado, no habla de condenar y la jurisprudencia del Supremo considera sinónimos el rechazo y la condena. Lo importante es que se rechace específicamente a ETA, que se rompa con ella; y así se hace.

En principio las condiciones impuestas por legisladores y jueces se cumplen y debiera proceder la inscripción del nuevo partido. Es cierto que éste ha escogido la opción más débil de la alternativa que planteaba Rubalcaba con el último comunicado de ETA: o ETA desaparece o Batasuna condena la violencia etarra. Rechaza, más que condena, pero eso forma parte de la retórica al uso para consumo de fieles. Igual que oponerse a toda clase de violencia, acordarse de todas las víctimas de todas las violencias sufridas en el País Vasco, aceptar los principios de Mitchell o decir con desfachatez que ese pasar por el aro se hace dentro de la reflexión estratégica de la izquierda abertzale. Música celestial de tiempos pasados.

El Gobierno parece no fiarse y hace bien cuenta habida de la larga historia de chanchullos de unas gentes empeñadas en incumplir la ley que ampara las instituciones en las que pretenden estar presentes. Por tanto anuncia que remitirá el expediente del registro a la sala especial del Tribunal Supremo. Normalmente no es bueno endilgar a los jueces los conflictos políticos pero es que, en este caso, el conflicto político está ya resuelto y Sortu plantea la cuestión en un terreno puramente jurídico y judicial. Ahí debe tener la respuesta: que decidan los jueces.

Está claro que la izquierda abertzale ha hecho más que nunca por conseguir un pronunciamiento favorable pues le va en ella la supervivencia. Eso es bueno, pero no justificaría que se le diera ventaja alguna. La ley debe aplicarse y los jueces deben decidir sin favoritismos y sin inquinas.

Sin inquinas. La derecha está ya encrespada y en pie de guerra contra la posibilidad de ver a la izquierda abertzale en las instituciones y ya ha tronado el habitual cañón giratorio de González Pons sosteniendo que legalizar Batasuna sería como si los aliados pactaran con los nazis al entrar en Berlín, lo que demuestra en qué términos bélicos ve el asunto el PP. El ejemplo hubiera estado más propio si hablara de un pacto de Franco con los republicanos al entrar en Madrid fusilando a mansalva. Mismo espíritu, misma saña. Pero esa actitud no puede llevar a las fuerzas democráticas a estrechar el aro e imponer condiciones antes inexistentes a Sortu porque eso es contrario a derecho y, además, rompería la unidad de esas fuerzas democráticas.

La democracia es un régimen de respeto a la ley que no puede ser retroactiva, ni confusa, ni moldeable a capricho de intereses políticos. Por supuesto cabe la posibilidad de que la izquierda abertzale, como ha hecho otras veces, juegue sucio con las instituciones. Pero para eso ha arbitrado ya respuesta el Tribunal Supremo al especificar las causas de incompatibilidad sobrevenida de los cargos electos. Supongamos que hubiera un atentado de ETA dentro de unos meses, cosa improbable pero no imposible. Los diputados de Sortu tendrían que condenarlo/rechazarlo expresamente o perderían sus actas.

La cuestión política está clara; si también lo está la jurídica, a reserva de lo que dictaminen los jueces, el nuevo partido podrá registrarse y presentarse a las elecciones. Para entonces serán muy de oír las imprecaciones de la derecha contra el Gobierno; pero también puede ser el momento en que ETA, falta de espacio vital, decida disolverse y entregar las armas.

(La imagen es una foto de Diotime, que se encuentra en el dominio público, vía Wikimedia commons).

sábado, 14 de noviembre de 2009

La legalidad de De la Vega.

Ya sé que es una de las miembras mejor valoradas del Gobierno; pero no será con mi voto. Puede que esté equivocado y que, en el fondo, la señora De la Vega tenga un talante respetuoso, afable y abierto pero a mí me parece una persona desabrida, engreída, escasamente dialogante y con cierta dosis de arrogancia. Ciertamente es la cara del Gobierno y quizá ello explique en parte la baja valoración que éste está teniendo. Insisto en que es posible que me equivoque porque a veces veo que tiene rasgos de espontaneidad y afabilidad de trato y me entra la duda. En fin, lo más probable es que haya varias Marías Teresas Fernández de la Vega, como, según creía Pirandello, cada uno de nosotros somos siempre varios.

En algo, sin embargo, reproduce la señora De la Vega los viejos tics marrulleros y de maula de la derecha más tradicional. En concreto las interpretaciones oficiales sobre el atunero. Dice la señora De la Vega que el Gobierno actuó aplicando la legislación comunitaria que prevé la detención de los piratas cuando éstos actúan en aguas internacionales en contra de un barco de una nación europea y que como lo hiceron en contra de un barco español, estan detenidos. Pero ¿cómo sabe la señora De la Vega que el barco era español? ¿Qué pabellón enarbolaba cuando fue asaltado? Lo ha preguntado el juez y aún no le han contestado y probablemente no lo hagan porque es muy posible que el Alakrana no llevara la bandera española sino la ikurriña, como suelen hacer los pesqueros que salen de Ondarroa, Bermeo y otros puertos del País Vasco: apenas llegan a alta mar, cambian la bandera española por la que diseñó Sabin Arana para el PNV. Y, si esto fue así, tan pirata era el barco español como el somalí. No tiene mayor importancia pero supongo que será difícil justificar ante la opinión pública que haya que dedicar recursos de todos a sacar del atolladero a estos defensores del terruño que reniegan de lo español excepto cuando les interesa, pero la avinagrada señora De la Vega debiera dar las correspondients explicaciones. Que lo sepa el juez; que lo sepamos todos.

N.B: lo de "miembras" no es un lapsus. Estoy de acuerdo con la señora Aído en que si hay miembros, puede haber miembras y el uso del espíritu de la lengua para defender el patriarcado me parece tan digno como escupir en el suelo.

(La imagen es una foto de Machacón, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 23 de julio de 2009

La patronal quiere la guerra.

¡Qué diálogo social ni diálogo social! ¿Cuál es la necesidad de contemporizar? En situación de crisis, con cuatro millones de parados y más que pueden venir, con un porcentaje apreciable de trabajadores en régimen precario, temblando por sus puestos de trabajo, los empresarios piensan que tienen la sartén por el mango y que pueden imponer sus condiciones. Por ello tensan la cuerda en las conversaciones para un acuerdo en el diálogo social. En las condiciones actuales no les interesa que haya acuerdo. Tampoco le interesa al PP, que prefiere enfrentarse a un gobierno acosado, descabalgado y con problemas para cuadrar sus presupuestos. Y lo que está fuera de dudas es la sintonía perfecta entre los políticos de la derecha, por ejemplo, la señora Aguirre y los empresarios, por ejemplo, el señor Díaz Ferrán que piensa que la señora Aguirre es "cojonuda". Bastará una indicación, un leve guiño de la "cojonuda" para que Díaz Ferrán plantee lo que haya de plantear en interés del PP.

En el tira y afloja laboral, en el fondo, en la tradicional lucha de clases, cada parte adapta su posición a sus posibilidades en la correlación de fuerzas en cada momento. En épocas de pleno empleo, crecimiento sostenido y políticas socialdemócratas, la patronal pactaba siempre porque no estaba en posición dominante. Apenas atisba que pueda llegar a estarlo cuando maximiza sus exigencias y sólo admite como resultado de la negociación el triunfo incuestionado de sus peticiones. En definitiva, lo que busca esta actitud no es salir bien parado de una negociación especialmente difícil sino la aniquilación del adversario. Los empresarios no quieren acomodarse con la clase obrera sino fraccionar a ésta en sus partes individuales componentes para tenerlas a su disposición y eliminar todas las formas de organización de voluntades y de defensa colectiva e institucional de los intereses.

Los patronos está eufóricos parque creen llegado el momento de conseguir su programa máximo: rebajas de las cotizaciones a la seguridad social y despido gratis. Y esto lo plantea el mismo empresario, Díaz Ferrán, representante de patronos que hace unos meses pedía la intervención del Estado en la economía, como si fuera Lenin redivivo, para sacar las castañas del fuego a las empresas. Unas empresas que han contado siempre con el Estado para que éste, con el dinero de los contribuyentes, acuda en su auxilio, abarate su funcionamiento o facilite líneas de crédito y otros incentivos para las PYMES y empresas en general. Una prieba más de que no es buena política contemporizar con los depredadores, los que quieren socializar las pérdidas (cosa que ya han hecho) mientras privatizan los beneficios, los que quieren mantener alta su tasa de beneficio a base de aumentar la de explotación de los trabajadores.

Es el estilo de la casa: una vez exprimidos los recursos públicos, se boicotea el diálogo social tratando de imponer sus posiciones maximalistas que dejarían al Estado a la luna de Valencia. De seguir las cosas así, el diálogo social se convertirá en confrontación social. Y tendrá que ser entre las centrales sindicales y la patronal pues el Gobierno, que ya ha demostrado ser débil con una patronal dialogante aun lo será más con una beligerante.

domingo, 28 de junio de 2009

Los católicos y el aborto.

El señor José Bono dice con mucho tino que la Iglesia católica en España tiene derecho a decir lo que piensa, pero no a imponerlo y ello en relación con la furibunda oposición eclesiástica a la ampliación de los supuestos del aborto en la reforma de la correspondiente ley. Matiza el señor Bono que él distingue entre su voto y su conciencia, lo que no es una expresión muy afortunada porque viene a decir que puede no votar en conciencia, pero se entiende que debe de querer explicar que el asunto del aborto pertenece a su fuero íntimo y los obispos no tienen nada que decir en él porque le corresponde "vivir su fe" a su manera.

Por otro lado, sin embargo, el secretario general de la Conferencia Episcopal Española, el atildado petimetre Monseñor Martínez Camino, habla de excomunión automática para quienes aborten y, supongo, todos aquellos que los encubran o amparen. Y no sé yo si el señor Bono o cualquier otro puede "vivir su fe" en el catolicismo estando incursos en causa de excomunión.

En verdad, el catolicismo tiene un problema con el aborto que hasta ahora se ha venido resolviendo mal que bien haciendo la vista gorda: a pesar de las severas y apocalípticas condenas de la Santa Sede los católicos controlan su natalidad y, cuando les es preciso, abortan. Son sepulcros blanqueados; pero no por culpa suya sino por la incompetencia y la intolerancia de su jerarquía.

(La imagen es una foto de Chesi - Fotos CC, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 21 de junio de 2009

El "conflicto".

¿Hay alguna sociedad sin conflicto? Si por conflicto entendemos cualquier situación en la que alguien pretende obtener algo que otro no quiere darle o alguien no quiere algo que otro pretende imponerle, la experiencia demuestra que el conflicto aparece con la humanidad misma y que hasta puede considerarse inherente al humano existir. Conflictiva es incluso la propia condición individual pues ¿acaso no estamos los seres humanos perpetuamente en pugna con nosotros mismos? ¿No somos el territorio en el que libramos nuestras más denodadas luchas para mejorar o empeorar, en definitiva, para ser distintos o perseverar en nuestro ser contra fuerzas adversas?

Hace unos días que falleció Ralph Dahrendorf, uno de los principales representantes de la teoría del conflicto como clave explicativa de la Sociología. Entre nosotros, el más destacado es Salvador Giner. Los teóricos del conflicto (Marx, Coser, Lipset, amén de los citados) sostienen que el conflicto es el rasgo característico de la sociedad. Y una simple ojeada en torno nuestro prueba que, cuanto más avanzada y compleja es ésta, más y más complejos son los conflictos que la dividen y enfrentan internamente. Decir sociedad es decir conflicto; decir vida misma es decir conflicto. Sólo la perspectiva de la entropía máxima permite visualizar la ausencia del conflicto, que es la muerte. Las sociedades sobreviven a base de administrar los conflictos en su seno. A veces, estos pueden resolverse; a veces, no. En tal caso, las sociedades avanzadas establecen mecanismos que los canalizan civilizadamente, de forma que mitigan o anulan su potencial destructor.

Siendo así lo anterior, ¿qué sentido tiene que haya gente que pretexte la existencia de un conflicto (añaden "político", como si esto explicara algo) para aclarar si no justificar los atentados y asesinatos perpetrados por unos delincuentes en el País Vasco? ¿Acaso es la única sociedad en la que se da un conflicto? ¿Acaso la sociedad vasca no tiene más conflicto que éste? La obvia respuesta en ambos casos es "no". Ya se ha dicho, todas las sociedades tienen conflictos y varios, generalmente solapados: conflictos de clase, de género, de hábitat (rural/urbano), confesionales, de edad, de etnias, etc. Y, por supuesto, en la sociedad vasca también hay varios conflictos, uno de los cuales es el que se da entre vascos partidarios de la independencia y vascos que no lo son.

A título de breve digresión diré que la frecuente calificación del conflicto vasco como "conflicto entre Euskadi y España" es un intento de falsear los datos; el "problema vasco" no es única ni siquiera principalmente un "problema español" sino ante todo y sobre todo un "problema vasco" o un "problema entre vascos".

En Euskadi, por tanto, como en todas partes, hay varios conflictos y todos se resuelven o se institucionalizan con bastante éxito. ¿Por qué no el conflicto nacional? Cabría pensar que porque éste, por su naturaleza, no es susceptible de institucionalización ni de solución pacíficas sino que sólo puede solventarse a tiros y mediante la imposición absoluta de una parte sobre la otra. Pero esto no es cierto porque, aunque haya sociedades en que se da tal forma de encarar el conflicto nacional, como Irlanda (y aun aquí el asunto es muy dudoso ya que se mezcla un elemento religioso que todo lo confunde), hay otras, y son más, en las que estos conflictos se canalizan pacíficamente, como en el Canadá, en Italia, en Inglaterra, en Bélgica, y, más cerca todavía, en la misma España, en Cataluña.

Afirman los pistoleros de ETA y quienes los "comprenden" en la izquierda abertzale, que el problema en Euskadi es que una de las partes se niega a reconocer la existencia del famoso conflicto, lo cual vendría a explicar por qué es preciso demostrárselo a bombazos. Aunque fuera verdad este aserto -que no lo es- ¿son precisos los bombazos para hacerse notar? ¿No basta con hablar? Pero es que, además, ese punto de vista es falso. Nadie en su sano juicio puede negar la existencia de un conflicto allí donde por su causa hay muertos, presos, secuestrados, extorsionados, amenazados y afectados de mil formas. Lo que sucede es que, por mor de la simplificación, algunas personas dicen que "no hay conflicto alguno" cuando quieren decir que no están dispuestas a admitir que pueda encararse bajo la amenaza del terror. Lo cual no solamente es comprensible sino encomiable. Quienes aseguran que (por la razón que sea) un conflicto sólo puede resolverse a tiros muestran una forma de razonar típicamente totalitaria ya que al arrogarse la razón última, absoluta, tratan de imponerse por entero a la otra parte (así como a los intermedios, indiferentes, dubitativos, etc) estableciendo un orden social sin conflicto, es decir, muerto.

(La imagen es un cuadro de Vasily Vereschagin, titulado La apoteosis de la guerra (1871) que se encuentra en el Museo Tretiakov, en Moscú.)