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lunes, 9 de febrero de 2015

Contraataque.

En un post anterior, titulado La honorable orden de la parrilla Palinuro anunciaba su intención de no perderse el Salvados de esta semana, que estaba consagrado a Esperanza Aguirre. Efectivamente se corrobora la noticia: no pondría la mano en el fuego por Rajoy. En cambio sí la pondría por ella misma. Lo dice. Palinuro no atinó. Aguirre se considera por encima de toda sospecha.
 
Este es el aspecto más característico de la entrevista. La expresidenta de la Comunidad de Madrid tiene un dominio y unas tablas que dejaron a Évole descolocado en más de alguna ocasión. Su objetivo era triple: exculparse de toda acusación de corruptelas en su gestión, atacar a Podemos y postularse como candidata a la alcaldía de Madrid. Y los tres los coronó pasando por encima de las interrupciones de Évole y, salvas dos o tres excepciones, dominando la conversación.
 
En cuanto a la corrupción, respondió rotundamente a las preguntas directas sobre su posible implicación personal (cuentas en Suiza, comisiones, etc), negó tener relación alguna sobre las prácticas corruptas de las que su gobierno estuvo plagado y afirmó que las personas encausadas por aquellas la habían defraudado y decepcionado. La habían engañado. Por supuesto, mientras ellas fue presidenta de la Comunidad de Madrid, no hubo financiación ilegal del PP, lo cual contradice directamente lo que afirma el juez y hay que creerla bajo palabra. Évole no cuestiónó -o se me pasó- el turbio asunto del Tamayazo y el balance general de esta cuenta fue positivo para Aguirre, aun  reconociendo que la corrupción es un problema y que en su partido la hay abundante.
 
El segundo objetivo era atacar a Podemos. Aguirre volvió una y otra  vez sobre el asunto, viniera o no a  cuento. Cuestionó la integridad moral de los principales dirigentes de la organización con referencia a las cuestiones de sus ingresos y criticó en el plano teórico sus postulados, un terreno este, el ideológico, en el que la expresidenta se considera con capacidad y claridad de ideas para medirse con cualquiera. Inclusó retó personalmente a Iglesias a través de la cámara a renunciar a su aforamiento a los efectos de que ella también pudiera querellarse contra él por llamarla corrupta. Acusó a los de Podemos varias veces de comunistas, castristas y chavistas, los presentó como radicales y repitió, sin duda por considerarlo un hallazgo, que Podemos no propone cambiar el gobierno, sino el sistema.
 
Tocaba la tecla del miedo y, en cierto, venía de justificarse como candidata a la alcaldía mostrando su capacidad dialéctica, como si estuviera diciendo a Rajoy, a quien mencionó un par de veces, que la suya sería la opción más prometedora para el PP. Este era su tercer objetivo y también lo abordó sin vacilar. Se considera la mejor candidata a la Alcaldía madrileña y dio a entender cuál sería su línea esencial de campaña: atacar directamente a Podemos sin darle tregua y ningunear al PSOE, al que no sé si llegó a mencionar alguna vez en el programa. El candidato Carmona, como si no existiera.
 
Ignoro cuál habrá sido la audiencia de la entrevista, pero está claro que, como cabía esperar, Aguirre salió muy bien parada de ella.