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sábado, 22 de agosto de 2009

Hermenéutica de una rabieta.

La aprobación reciente en Consejo de Ministros del Decreto-Ley que permite la televisión de pago en TDT favorece claramente a Mediapro, la empresa propietaria del canal La Sexta en televisión y del diario Público, de cuyo consejo editorial formo parte. Eso es habitual. En una sociedad compleja y conflictiva toda norma favorece a alguien y/o perjudica a alguien. En este caso, pues la norma regula un terreno en el que participan muy pocos pero son muy poderosos, los perjudicados se hacen oír por potentes medios.

En concreto el grupo PRISA, propietario de Canal +, de pago, y "la Cuatro", en abierto, se siente perjudicado por el mencionado Decreto-Ley, razón por la cual El País ya editorializaba sobre el asunto el 14 de agosto pasado con una andanada llamada Precipitada e innecesaria en la que argumenta contra la norma por razones formales, procedimentales y aparentemente no materiales y se sube a la engolada declaración de principios en un cintillo que reza: La aprobación de la TDT de pago por trámite de urgencia es un ejemplo del más rancio clientelismo. Por si alguien lo dudaba. Buscad al beneficiario.

Ayer el grupo PRISA lanzó otro torpedo desde la nave capitana El País con un artículo de su consejero delegado, Juan Luis Cebrián, titulado Un desatino, lo que viene a ser como un editorial firmado, una especie de artículo de fondo de la autoridad gerencial del conjunto y en el que se reitera la línea del editorial citado atacando por la vía procedimental, pero se extiende algo más en la explicación no de lo que critica sino de lo que apoya. Tampoco mucho pero suficiente para el análisis. El ataque procedimental se lleva dos tercios del discurso en el que se reitera la doctrina de que el recurso abusivo a la técnica del decreto-ley es antidemocrático por atentar directamente contra la de división de poderes, cosa en la que hay general acuerdo. A su vez, es difícil que, existiendo la posibilidad, no haya un uso que algunos interpretarán como abusivo aunque quizá otros, no. El señor Cebrián se erige en defensor de la libertad y la seguridad jurídica de las empresas en un marco mercantil previsible y se encuentra con un Gobierno arbitrista y por tanto arbitrario y muy poderoso pues el Tribunal Constitucional le reconoce facultad para determinar por su cuenta cuándo se dan las razones de "urgencia y necesidad" que se exigen al decreto-ley. Sale a relucir Montesquieu y su inadvertido sepulturero, señor Alfonso Guerra.

Asegura el señor Cebrián que "éste es el verdadero meollo de la cuestión, y no la TDT de pago con la que, insisto, mi empresa y yo estamos absolutamente de acuerdo, lo mismo que con la apertura a la competencia, de la que somos fervientes partidarios siempre y cuando se haga de manera transparente y leal. De lo que se trata no es de nada de eso, sino de la utilización arbitraria e inmoral de procedimientos legislativos de urgencia para satisfacer los deseos, las manías y las ensoñaciones del mando. Es la calidad del impulso democrático de nuestros gobernantes lo que está en entredicho, su respeto a la división de poderes. En contra de lo que declarara en su día Alfonso Guerra, Montesquieu no ha muerto, como no sea en los predios de la actual Venezuela." Desplante con tronío y, de paso, una colleja al señor Chávez.

Ciertamente, es lo que tiene la política: cuando la norma te beneficia es justa; si te perjudica, es injusta, inicua, debe derogarse. Otra cosa es que eso suceda o no. Y es lo que tiene también andar en tratos mercantiles con un ojo puesto en el BOE, que hace a las empresas beneficiarias o perjudicadas por los cambios inherentes a lo político. Hace unos años, gobernando Felipe González, PRISA resultó claramente beneficiada por una norma aprobada igualmente con agostidad que permitía televisión privada de pago. Años después, el señor Rodríguez Zapatero benefició de nuevo a PRISA permitiendo que Canal + emitiera también en abierto (La Cuatro). En ambos casos había ganado la justicia, desde la perspectiva de PRISA. En la reciente concesión ha ganado la injusticia, el favoritismo, el clientelismo, el enchufismo, por lo demás bastante hispánico. PRISA anuncia su intención de agotar todas las vías para impugnar ese Decreto-Ley y está en su derecho. Otra cosa es que consiga su pretensión que es que la norma no entre en vigor y si lo hace, sea declarada nula y todo retrotraído a cuando no había TDT de pago. Es decir, el objetivo, la oposición material al mencionado Decreto-Ley, es impedir que aumente la competencia aunque, por supuesto, el señor Cebrián asegura que no, que PRISA está encantada con la nueva competencia de Roures pues así se anima el cotarro.

El señor Consejero Delegado respira por la herida de la TDT de pago y, aunque dice lo contrario, le fastidia encontrarse a un competidor en el mercado y un competidor tan duro. Por eso, entre otras cosas, apunta también a supuestas dificultades técnicas que provocarían inconvenientes en la comercialización del producto de la competencia. El artículo rebosa indignación y cierto resentimiento. Es lo que sucede con los intelectuales aúlicos, que a veces tienen, como se decía, el oído del Príncipe y a veces, no. Y cuando es no, el intelectual se siente agraviado y quizá se levante en bandería insurreccional, acusando de tiránico al poder que, simplemente, ha cambiado de simpatías. (La imagen es una foto de Infamecless, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 20 de mayo de 2009

El héroe de Perejil.

Aferrado a su escaño, este pavo matasiete que reconquistó el peñón de Perejil para la soberanía española igual que los ingleses recuperaron las Malvinas para la Corona británica, protagonizó ayer una rueda de prensa en la que la única rueda que había era la de molino con la que pretendió que el mundo creyera que los militares condenados por la Audiencia Nacional actuaron por su cuenta, como si fueran piratas aunque, eso sí, procurando siempre no atropellar a mujeres y niños y de buena fe, faltaría más. En la rueda de prensa no se aceptaron preguntas, una práctica que está extendiéndose mucho aunque es inmoral porque equivale a un tendencia al monólogo, un intento de orientar la información y una pretensión de infalibilidad. Trillo el matachín se limitó a leer unos folios en tono desabrido que, al tiempo que encomiaban las figuras de los militares ahora condenados, lo exoneraban a él ladinamente. Que es de lo que se trata. De salvar el gaznate.

Y de responsabilidades políticas, por supuesto, ni media palabra. En otras ocasiones, al tratarse este asunto el señor Trillo se ha manifestado respecto a esta cuestión, sosteniendo que su partido ya asumió su responsabilidad perdiendo las elecciones y si, alguna individual quedaba, había sido eliminada al ganar el señor Trillo las elecciones a diputados de Cortes. Ambas cosas son falsas y, en todo caso, queda claro que no piensa ni de lejos en la dimisión del escaño del Congreso de los Diputados por razones claras: la atención a las víctimas del Yak 42 es un hecho único e irrepetible; el cargo es una nómina al mes doce o catorce veces al año.

Dado que las personas condenadas estaban a sus órdenes es obvio que, si el señor Trillo tuviera lo que hay que tener como hombre y como soldado, ya habría dimitido de su condición de diputado y dejado a otro su lugar en la política.


(La imagen es una foto de 20 Minutos, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 5 de marzo de 2009

La dimisión es cultura de la izquierda.

Los malos resultados electorales del pasado domingo se han llevado por delante a los señores Emilio Pérez Touriño y Javier Madrazo y probablemente hagan lo propio con el señor Anxo Quintana, del BNGa. Los malos resultados electorales, igualmente, se llevaron por delante en 2008 a los señores Josep Lluís Carod Rovira y Gaspar Llamazares. Todos de izquierda. En algún caso también dimiten políticos nacionalistas, como el señor Unai Ziarreta de Eusko Alkartasuna este domingo pasado. Pero ya se sabe que los nacionalistas, sólo por el hecho de querer separarse de España, tienen algo de rojos aunque sean más meapilas que los del PNV.

¿Alguien ha visto alguna vez dimitir a algún dirigente de la derecha por cosechar un fracaso y hasta dos fracasos electorales consecutivos? El señor Aznar ganó por los pelos a la tercera vez, habiendo perdido en dos ocasiones antes sin que se le pasara por la cabeza la dimisión. El señor Rajoy parece querer imitarle: ya lleva cumplida la primera parte del reto, dos elecciones generales perdidas; le queda la segunda parte y la más difícil, esto es, ganar la tercera. Pero si no lo hace tengo para mí que tampoco dimitirá; serán los suyos quienes lo echen... y trabajosamente. En la derecha no se dimite porque toda dimisión tiene siempre algo de elegancia caballeresca, la que manda respetar al enemigo caído, no abalanzarse sobre él a dentelladas y de esa la derecha sabe poco.

Tampoco se dimite por otros motivos. En los gobiernos de Felipe González dimitieron, que yo recuerde, los ministros y vicepresidentes siguientes: Alfonso Guerra, José Luis Corcuera, Narcís Serra, Julián García Vargas, Julián García Valverde, Antoni Asunción y Vicente Albero. En algunos casos dimitieron por escándalos de corrupción propia o ajena (Guerra, García Valverde, Albero) y en otros por escándalos políticos de diverso tipo (Corcuera, Serra, García Vargas, Asunción); igual que acaba de hacerlo el señor Mariano Fernández Bermejo en el gobierno actual. ¿Cuántos ministros de los gobiernos de Aznar presentaron su dimisión? Que yo sepa, únicamente el señor Manuel Pimentel y por razones tan confusas que probablemente la mayoría del país le hubiera pedido que se quedara. De los demás, ni uno y no será por falta de escándalos de uno u otro tipo. Por menos de lo que habían hecho los señores Piqué con sus declaraciones de la renta o Zaplana con sus tejemanejes valencianos, los ministros socialistas hubieran dimitido. Y ¿qué decir de los señores Álvarez Cascos y Mariano Rajoy que continuaron en sus puestos literalmente cubiertos de chapapote por su directa (caso del Álvarez Cascos) e indirecta (caso de Rajoy) responsabilidad en el desastre? ¿Qué de Fraga que, aunque no era ministro, era Fraga, toda una institución, cazando, como el señor Bermejo, con las costas a su cuidado repletas de chapapote? Alguno de aquellos ministros aznarinos que hubiera tenido que dimitir si sus puntos de honor se asemejasen a los de los socialistas, que ni de lejos, como el señor Trillo, con sus militares muertos y mal identificados a su espalda, todavía está tiempo de hacerlo pues es tal su inverecundia que, lejos de dimitir, sigue enganchado en el cargo y tratando de aleccionar a los demás... en materia de dimisiones. Y termínese transitoriamente la nómina recordando que cualquier ministro del interior europeo al que le organizan un atentado como el del once de marzo de 2004 en Madrid hubiera tardado menos de media hora en dimitir y todavía hubiera llegado el segundo, siendo precedido por el presidente del Gobierno, señor Aznar López. Sin embargo el señor Acebes siguió en su puesto, perdió las elecciones y continuó en política, tratando de enredar lo que pudo las investigaciones sobre un atentado terrorista del que era él políticamente responsable.

Pero no, la derecha no dimite. Eso no está en su modo de ser. Como no dimite el señor Fabra, ese "ciudadano ejemplar" según el señor Rajoy que acabará siendo el icono por antonomasia de la corrupción y el caquismo. Como no dimitirá el recientemente electo señor Núñez Feijóo a quien el diario Público ha pillado en una situación moralmente peor que aquella en la que él puso demagógicamente al señor Touriño.

La dimisión es cosa de la izquierda. La derecha no dimite jamás. ¿Acaso no está en política para hacer lo que hace?

Y decía la señora Aguirre, la presidenta de una Comunidad cuyos consejeros espían y están involucrados en casos patentes de presunta corrupción, que nada avala la idea de la superioridad moral de la izquierda.

De aquí a Lima, señora, de aquí a Lima. Y deje de hacer trampas con la comisión de investigación y de encubrir a la trama corrupta y espía de su Comunidad.

(La imagen es una foto de 20 Minutos, con licencia de Creative Commons).