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domingo, 7 de junio de 2015

Enhorabuena al Barça.

Palinuro no es de ningún equipo, ni siquiera aficionado al fútbol, del que no sabe nada. No asiste a partidos ni los mira por la tele. Ignora todo del futbol, como de muchos otros deportes de los que también lo ignoran todo la mayoría de los aficionados al balompié. En realidad, la diferencia entre aquellos y este es cuantitativa: la enorme cantidad de gente y dinero que mueve. Eso sí que es una transnacional y con una cúpula corrupta, según parece, como corresponde. Gente, dinero... y pasiones políticas.

Insignes tratadistas han indagado en las relaciones entre el fútbol y las más diversas aficiones espirituales del ser humano. El fútbol y la literatura, el fútbol y la música, la pintura, la filosofía y, por supuesto, la política. La política se lleva la parte del león. Y aquí hay verdaderos gramáticos capaces de enjaretarte varias teóricas sobre la rivalidad entre el Real Madrid-Barça como trasunto de conflictos nacionales de todos conocidos. Sobre la identificación del nacionalismo catalán con lo blaugrana, especialmente si viene acompañado de la estelada y el español con el merengue o los colchoneros madrileños. Testimonio a base de cantidad: los 70.000 silbatos que pitaron el himno nacional español en el Camp Nou hace unas jornadas, lo que ha puesto a los censores del Reino en busca de los delitos que estos pitadores hayan podido cometer. La cosa se encona y se encona. Hasta que alguien recuerda que el fútbol es un deporte, solo un deporte, nada más que un deporte y no hay sacar las cosas de quicio.

Perfecto. Para hacer deporte es preciso no solo estar en forma sino tener un espíritu deportivo. Ayer, el Barça, según la ideología dominante en España, era un equipo español peleando en Berlín para conseguir lo que consiguió: una hazaña solo al alcance de los mejores: Liga, Copa del Rey (piiiiii) y Champions, por quinta vez. Parece un momento excepcional. El gobierno envió a la vicepresidenta y tanto Rajoy, según él gran amante del fútbol, como el Rey hicieron pellas. A lo mejor no querían que los pitaran en italiano o alemán. Pero el espíritu deportivo debió impulsarlos a ir, sobre todo a ellos, que tanto identifican el fútbol con la política y la nación. Qué digo nación, con la gran nación. Y un equipo catalán de esa Cataluña que Rajoy asegura es tan amada de todo español, se proclama champion de Europa, en ausencia del Rey y del presidente del gobierno.

El Rey estaba celebrando lo que El Mundo considera un Sobrio y discreto primer Día de las Fuerzas Armadas de los nuevos Reyes con desfile militar incluido y cazas sobrevolando el cielo de Madrid. En fin. Pero, por la tarde, pudo coger uno de esos cazas y llevarse a Rajoy de paso, a mostrar un poco de elegancia y deportividad en el Olympiastadion, jaleando a los catalanes a los que tanto quieren. Y, si no es por amor, por educación y táctica. Bueno, pero...

Sí, eso, pero. Los televisiones de bares que visité ayer en Madrid y los pueblitos por los que ando los fines de semana,tenían puesto el partido, pero no lo miraba nadie. Ahí hay una quiebra profunda en el amor que los españoles sienten por los catalanes, según las autoridades que, como se ve, lo predican pero no lo practican. Toda la alegría que se respira en Barcelona por la hazaña del Barça se torna indiferencia en Madrid.

Llámenlo como quieran.

Enhorabuena al Barça y a todos sus seguidores de un español que sí quiere a los catalanes, aunque no sea futbolero y siente sus éxitos como propios.

martes, 2 de junio de 2015

Entre pitos y flautas.

70.000 silbatos pitando a pleno pulmón de los hinchas, que suelen tenerlos poderosos, deben de ser atronadores, sí. Pero algunas reacciones están siéndolo más y, contra todo sentido común, tienden a agravar la cuestión, ahondar el enfrentamiento, reavivar las dos Españas.

El Rey soportó impertérrito la silbatada. No es mucho mérito pues tampoco podía hacer gran cosa. No podía marcharse y tampoco hacer la peineta a 70.000 aficionados como en su día hiciera su padre a los abertzales en una histórica jornada en Gernika. Solo podía aguantar a pie firme, impasible el ademán. Recientemente he leído que la Corona es la única institución del Estado que roza el aprobado si no lo ha alcanzado ya. Con este tipo de gallardías frente a la adversidad ciega, es probable que alcance el notable en España. Otra cosa será en Cataluña, aunque tampoco allí la imperturbabilidad del monarca habrá caído del todo mal. Es función del Rey, según la Constitución, arbitrar y moderar el funcionamiento de las instituciones y poco podrá moderar quien no sea capaz de moderarse a sí mismo.
Distinto es el juicio que en España despierta la sonrisa de Mas. Los nacionalistas españoles ven en ella el taimado rictus del traidor antiespañol que tenía el silbato guardado en el bolsillo. Los nacionalistas catalanes la interpretan como la contenida manifestación del orgullo de un dirigente que, en efecto, por prudencia, guarda el silbato en el bolsillo. De no ser estéticamente desmesurado se diría que es una sonrisa tan interpretable como la de la Gioconda.

Es la sonrisa que esboza (las sonrisas siempre se esbozan) cualquiera que vea cómo este gobierno es tan incompetente que se obstina en meterse en problemas de los que no sabe salir si no es dando manotazos y haciendo más el ridículo. Desde la última pitada ha tenido, creo, doce meses para buscar una solución o cuando menos mitigar una escandalera a la que dan tanta importancia pues lo consideran algo trascendental.
 
No estoy seguro que los ruidos que emiten las gradas digamos "normales" sean mejores que una estruendosa pitada. Es posible que la unidad  le preste cierta concordancia porque los ruidos que se oyen cuando no hay ganas de fastidiar suelen ser aun más desagradables. Solo recordar esas bocinas de no sé dónde pone la piel de gallina.
 
Por lo demás, la indignada reacción de quienes ven atentado a los sagrados símbolos de la patria contrasta con la endeblez de sus fundamentos. Según parece hay jurisprudencia que considera las pitadas al himno y/o bandera formas de la libertad de expresión. Además, los mismos que ahora berrean que aquí hay traición y hasta blasfemia (los nacionalcatólicos no distinguen bien entre ambas) decían hace unos años que pitar a Zapatero era libertad de expresión de gente que estaba harta de él. Otrosí, Zapatero no es el himno ni la bandera, aunque a veces lo parezca. Nada, nada, estas monstruosidades no pueden quedar sin el condigno castigo.
 
Y ¿cuál es el condigno castigo? Pues, según parece, La Comisión Permanente de la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte ha decidido abrir expediente informativo a los reponsables de la silbatina y dar traslado de las pruebas a la Fiscalía para instar acción sancionadora. Por lo que se deduce, será administrativa.
 
Es decir, la traición a la patria, el ultraje a sus sagrados símbolos, se resuelve con una multa de nada. Esto no es serio, señores. No dirá Palinuro que las autoridades deban proceder como esos tuiteros que piden bombardear el Camp Nou para exterminar a los "putos nacionalistas". Parece algo excesivo, aunque no tanto como exterminar a los "putos chinos". Pero ya es extraño que ningún ministro haya propuesto una reforma legal que permita encarcelar a quienes estén en posesión de silbatos calientes en esas ocasiones. Siempre será más humano y magnánimo que pasarlos por las armas.

lunes, 20 de mayo de 2013

La nación por nación interpuesta.


En la final entre el Real Madrid y el Atleti pudo verse en el estadio la pancarta de Kosovo es Serbia. Más de uno se habrá quedado perplejo. Y muchos que probablemente no sabrán qué es Kosovo ni por qué tiene Serbia algo que ver con él. No sé si la mayoría. Dependerá de lo politizados que estén los espectadores de los partidos. De todas formas, el cartel apunta a una especie de metalenguaje. Carece de sentido inmediato proclamar en Madrid algo tan exótico, tan ajeno, es de suponer, a las preocupaciones de la mayoría de la gente. El anuncio debe traducirse como Cataluña es España, pero no se dice porque hacerlo implica el reconocimiento de un problema cuya existencia se niega. A cambio, lo que se hace es internacionalizarlo, cosa que el nacionalismo español trata siempre de evitar en sus conflictivas relaciones con los otros nacionalismos. No es especialmente inteligente, sobre todo por la notoriedad que da a lo que pretende ocultar, lo cual se ve por su recurso a lo subliminal.
En realidad esa pancarta podría estar financiada por la presidencia del gobierno ya que se limita a hacer visibles las contundentes palabras de Rajoy (debe de ser en lo único en que es contundente) en el sentido de que España (o sea, él) no va a reconocer la independencia de Kosovo, porque, según dice, "no reconoce las declaraciones unilaterales de independencia". Así pues, avisados quedan los catalanes.

Horas después circulaba por las redes la contraimagen. En un partido de fútbol en Kosovo entre dos equipos kosovares, la filacteria reza: Catalonia is not Spain. Es un contexto menos impresionante y solemne. Deben de ser equipos de tercera o regionales y en un campo municipal, aunque bastante limpio. No todo el mundo tiene los mismos medios. Pero el fondo del asunto es exactamente el mismo que en el episodio anterior. Muchas de las cosas que se dijeron más arriba, son aquí válidas. Los españoles están tan legitimados para pensar que Kosovo pertenece a Serbia como los kosovares para creer que Cataluña no pertenece a España. 

La verdad es que la marca España no se ha estrenado en la más feliz de las circunstancias. Y lo que le faltaba es equipararse a Serbia.

sábado, 4 de agosto de 2012

El ser y el parecer.

Cuando llegue a tierra, Palinuro piensa hacerse comentarista de portadas. Según él, es una profesión con mucho futuro.
- "Y tanto", dice mi otro yo, "¿no te das cuenta de que la portada es lo primero que capta el ojo, la primera impresión?
- "Y muchas veces la última".
- "Exacto. Por eso las portadas son un arte, una techné, algo que hay que cuidar mucho porque lleva carga de profundidad. Luego, cuando los lectores, o sea, los que sigan leyendo, vayan a los relatos, ya irán predispuestos y distraídos porque se perderán con la publicidad, otras noticias, etc. La batalla se gana o se pierde en la portada".
- "¡Cuanto sabes, Pali!", me rindo a la evidencia."Por eso es preciso interpretarlas."
- "Bien deducido, ojo de águila. A ver, toma esta de El País. ¿Qué ves?"
- "Lo mismo que tú, imagino".
- "¿No te parece que traduce una indecisión del portadista? Hay un juego diabólico entre la imagen y el texto. La imagen que, en principio, domina, exhala fuerza, triunfo, plenitud, belleza. El texto augura flaqueza, derrota, apocamiento, sordidez. ¿Con qué nos quedamos? El portadista nos pasa la patata y que cada cual decida entre:
  • Voz primera: en las más negras horas de la nación esta encuentra bálsamo con la victoria de la hija de la Patria.
  • Voz segunda: el gran triunfo de Belmonte está ensombrecido por la lamentable situación de su país y el negro futuro que espera al deporte.
- "Y tú, Pali, ¿qué dices?"
- "Para mí domina el texto, porque afecta a la nación, pero eso no quiere decir que no valore la hazaña de Belmonte. Tengo mis opiniones".
- "Suéltalas".
- "Pues verás, hombre de Dios, esa foto es una maravilla porque retrata la maravilla de la juventud, la fuerza, el triunfo y sobre todo, la sinceridad. Nada en ese rostro avisa doblez, al contrario, todo en él irradia verdad, realidad. Estoy aquí, soy yo, lo he conseguido; y esta plata es de ley. Por cierto, envío afusiva felicitación a la nadadora catalana".
- "Siempre has sido bien educado, Pali".
- "Vale. Vamos al texto. Pasaré por alto todas las negras connotaciones de más recortes, más ajustes, más reducciones y más mentiras. Pero me quedaré con una que quintaesencia el estilo de Rajoy. Al tanto: ¿cómo otro rescate cuando según el gobierno no ha habido ni uno? No es un asunto menor, pero tampoco esencial en mi razonamiento. Como es una cuestión de nombre y no de hecho, no es un dato; pues todo depende de lo que se llame rescate, carece de mayor interés. Yo lo llamo rescate; usted puede llamarlo filifurcio. Y al revés. Hay algo peor en ese texto, más dañino y, como siempre, acecha en la letra pequeña. Ahí se dice que Rajoy tomará una decisión (si  pedir o no pedir el rescate) cuando conozca las condiciones anejas a este segundo rescate/filifurcio. Razonable, ¿verdad? Sin embargo todo el mundo recuerda a Rajoy en sede parlamentaria, al presentar sus medidas restrictivas, abominando de ellas; no le gustaban, las detestaba, pero no quedaba más remedio, no había alternativa, no tenía otra opción. Pero sí parece tenerla pues, en caso contrario, carece de sentido reservarse el derecho a tomar una u otra decisión según la información de que se disponga, lo cual, por cierto, es una perogrullada. Ese texto es lo contrario de la foto porque no es un ser, sino un parecer, un simular que se está en condiciones de imponer condiciones cuando no es cierto".
- "Está bien la interpretación", dije, "pero tampoco has inventado gran cosa. El ser y el parecer son la realidad y la ficción".
- "Cierto, no pretendo nada más. Es una modesta interpretación pero puede descubrir si la ficción es de buena o de mala fe, si es creación o es mentira, entendiendo por tal simplemente pensar y hacer lo contrario de lo que se dice".

viernes, 27 de julio de 2012

Tres reflexiones melancólicas.

I.- Fuera.
Todo el mundo lo señaló: unas palabras ambiguas de Draghi, una llamada a la fe y a la creencia en él, tuvieron un efecto balsámico rotundo sobre los escocidos lomos hispánicos que llevan más palos recibidos que don Quijote y Sancho Panza juntos. Era algo diabólico pero es de creer que Rajoy no hablaba porque ya sabía que, en cuanto lo hiciera, nos llovería otra mano de estacazos y la prima seguiría escalando. Resultado y conclusión perfectamente visible de este maravilloso triunfo de la etérea palabra: en España manda Draghi y quien a Draghi dé las órdenes. Merkel, por ejemplo. Los mercados no escuchan a Rajoy y, si lo escuchan, hacen lo contrario de lo que él quiere. Pero a Merkel sí la escuchan. ¿Alguna otra duda? Rajoy ha recibido a los dos capi sindicales, no porque se haya convertido de repente a las doctrinas sindicalistas sino porque Méndez y Toxo se han visto con la Führeresa (como diría la lideresa), y quiere saber qué dice la jefa por ahí. A Rajoy no se le caen los anillos de recibir a dos proletas en La Moncloa cuando se trata de salvar a la Patria. Para colaborar al entendimiento, los empresarios (que esos sí se ven mucho con el presidente) piden otra reforma laboral, o sea, despido gratis total y que se eche a todos los funcionarios, incluidos los porteros de La Moncloa. Rajoy puede abrir la puerta a las visitas ya que, de todas formas, no gobierna.

II.- Dentro. 
 La comparecencia de Rato ha sido muy curiosa. Él lo hizo todo bien y si, luego ("luego" es 24 horas después de su comunicado de despedida según el cual dejaba una entidad boyante) ha habido un desastre, la culpa ha de ser de otro, pues él lo hizo de cine. Ese otro es el Banco de España. Bien, es posible, pero la culpa ¿de qué? Aquí los términos se hacen vagarosos y hasta poéticos: de un "desastre", de un "desfase", de un "agujero" gracias al cual Bankia necesitaba 30.000 millones de euros (creo recordar o algo así). Bien de nuevo, pero ¿para qué? ¿Para cubrir riesgos o encubrir delitos? En todo caso, sea cual sea la teoría, se trata de situaciones de quiebra, quizá fraudulenta, que se arrastran desde hace años. ¿Por qué ninguna autoridad de ningún tipo dijo nada? Si los bancos, los gobiernos, las entidades financieras, las comisiones de vigilancia se confabulan en contra del interés general, ¿qué confianza se puede pedir a los ciudadanos para los planes de reconstrucción pergeñados por quienes han ocasionado la gran destrucción?

III.- De ayer a hoy. 
Es un puntazo periodístico la foto del anciano atleta español y la historia que se insinúa de tratarse de un "niño de la guerra" que llegó a competir en natación en representación de España en las olimpiadas de 1948. No acaba de encajarme, aunque la explicación, sin duda, estará en el reportaje completo. Siempre he creído que lo de "niños de la guerra" se refería a los críos que salieron de España como refugiados de guerra o familiares de exiliados. Dudo que alguno de esos compitiera nueve años después en representación de España. A lo mejor es un "niño de la guerra" del bando sublevado, que también los tendría, al menos como refugiados. Sea como sea, debe de ser emocionante ir a contemplar algo en lo que tú participaste hace 64 años.  La melancolía viene de que he ido a consultar el palmarés de esas olimpiadas. España mandó 64 atletas y recogió dos platas en hípica, probablemente dos militares o nobles. No digo más.

Una gran portada la de El País. Agenda setting lo llaman los especialistas, con conclusión lapidaria: los que gobiernan no gobiernan y cuando gobiernan, no dicen la verdad.

Todo es ideología.

Hace unos días Palinuro recibió una invitación a un acto de presentación de la revista Geoeconomía, del Instituto Choiseul sobre el tema de La industria del deporte que el malvado piloto enseguida tradujo en El deporte como industria. Al no interesarle el deporte ni como religión, iba a desechar la amable invitación de cuya procedencia ignoraba todo. Pero por último fue en compañía de un amigo, también hombre de negocios, pero honrado y trabajador, y sus respectivas esposas que eran quienes en el fondo habían urdido el plan por la curiosidad de ir a un lugar mítico para los madridistas: el palco de honor del estadio por excelencia o estadio de los estadios como España es nación de naciones.
El acto, muy concurrido, con amplia presencia de medios, mucha foto, autoridades y personalidades de distintos rangos y canutazos a diestro y siniestro, discurrió por las previsibles sendas de este tipo de eventos. Se trataba de vender la idea de que el deporte es buena oportunidad de negocios y que forma parte de la marca España. Allí estaba Espinosa de los Monteros, actual adalid de la tal marca, cuyo nombre, dice Palinuro, no puede ser más chato. En su opinión falta imaginación para sustituir ese trillado marca España por una Marca Hispánica, más castiza y con más mercados abiertos en los Estados Unidos, objetivo de exportación del máximo interés pero en donde la gente cree que España está en al Asia Menor, cerca de Palestina y eso que no se ha enterado que Juan Carlos I es Rey de Jerusalén.
El tono general, bastante conservador porque el Instituto Choiseul es uno de esos think tanks que tiene la derecha en el mundo entero con la tarea de formular doctrina/ideología para preservar la hegemonía neoliberal y neoconservadora al mismo tiempo. Este es francés. Supongo que los franceses, como los españoles, carecen de versión literal aceptable de Think tanks. Chars d'assaut de la pensée suena cómico, igual que carros de combate del pensamiento y Tanks de la pensée, como tanques del pensamiento carecen de sentido. Así que Think tanks, instituciones generalmente feroces en sus demoledores ataques al pensamiento de izquierda o al meramente centrista y a sus ideologías. Este Instituto parece algo más moderado, quizá por ser francés y ese era el tono del por lo demás bastante aburrido acto.
Hasta que saltó un buen hombre, el actual secretario de Estado de Comercio, García-Legaz, quien ha sido y supongo sigue siendo secretario general de la Fundación FAES el think tank aznarino cuyo extremismo, radicalidad, unilateralidad y agresividad lo legitiman para ascender a la condición de Battleship FAES, más acorde con la noble vena marítima de la raza hispánica. El caso es que el joven García-Legaz derramó su entusiasmo de neófito sobre el auditorio y arremetió contra la Universidad pública (confesando de paso que solía hacerlo en universidades públicas, lo cual lo cualifica como moderadamente sádico) a la que descalificó por mala, por no tener ninguna entre las 150 primeras del mundo. Olvidaba decir que él viene de la privada, de Comillas, que tampoco figuran en la clasificación o ranking, como dice él, en recio castellano. El ataque se coronaba con un triunfo: la Universidad pública es un desastre por ser lo contrario del modelo de gestión de las empresas privadas competitivas, la honra y prez de España y su fuente de ingresos, caramba. La empresa española, sí señor. Leo en la determinación de las exportaciones españolas que lo que más exportamos son coches (un 24 % más o menos del total de exportaciones). Coches con patentes extranjeras. No hay una sola empresa española no ya entre los primeros 150 fabricantes de coches del mundo (si los hay) sino entre todos los fabricantes. No hay un coche español en el mundo, así que la marca España de la octava o novena potencia económica se refiere a eso, a España, al deporte, unos equipos de fútbol de ensueño pero que, por desgracia, no se pueden exportar, un banco y docena y media de empresas de obras públicas en diversas partes del planeta. Suena algo bombástico en un continente en el que países más pequeños que España tienen empresas que cubren continentes enteros.
Pero el secretario de Estado de Comercio iba a sentar doctrina, teoría, ideología, el abc de las fantasías neoliberales de los años ochenta y noventa del siglo pasado, de los furibundos ataques al Estado de la revolución neoconservadora de Reagan y Thatcher, que han traído la mayor crisis del capitalismo desde la de 1929 y quizá esté sobrepasándose ya esta fecha como barrera psicológica. Lo malo de estos fundamentalistas del mercado (en realidad, de todos los fundamentalistas, también los del Estado) es que son incapaces de reconocer sus errores. Siempre son culpa de otros pues ellos están en lo cierto y no se equivocan nunca. La única cuestión abierta es si no los reconocen porque no pueden o porque no quieren, cuestión nada irrelevante, pues tiene un matiz moral. Pero, en todo caso, quien no reconoce sus errores no puede remediarlos.
El público aplaudió a rabiar al doble secretario, orgulloso de exponer aquellas antiguallas y lugares comunes con tanta fuerza de convicción. Pero su intervención agrió el acto. Palinuro andaba muy quejoso. Decía estar interesado en las perspectivas de negocio del deporte, pero de eso, en concreto, nadie habló. Mucha marca España pero poca chicha. Me confió que estaba madurando una idea de negocio consistente en crear un santoral de deportistas, pedir permiso a la iglesia -con correspondiente pago de derechos- y representarlos en la mejor tradición de las estampas religiosas, asociando cada deportista a un santo protector. Por ejemplo: "San Sebastián y Francisco Crujientes, oro en arco, te protejan del reuma" o "San Vicente Ferrer y Pedro Hornillos, bronce en natación, te amparen en la mar". Se lo quité de la cabeza.
Por cierto, el estadio Bernabéu, una pasada y el palco de honor, pasada y media.

martes, 24 de julio de 2012

Sentido del ridículo.

Después de un fin de semana trepidante de conjeturas, con la prima de riesgo en 612, cosa que se apreciaba en el rostro desencajado de los tres ministros a quienes tocó el viernes dar el parte de la derrota para desaparecer como almas en pena acto seguido, amanecía un lunes tormentoso que discurrió luego por la vía de la farsa y terminó en tragedia.
La tormenta arreció cuando la prima llegó a los 630, niveles de rescate. Con todos los actores políticos pidiendo al gobierno que, por el amor de Dios, hable con el Banco Central Europeo para que se frene la sangría. Y todos los medios -excepto La Razón, imagino- hablando de abismo, precipicio, etc.
De la farsa se encargó el presidente del gobierno, que la borda. Hizo caso omiso de los dos incendios que azotan España, el de la prima de riesgo y el de Girona (junto con algunos otros), en el que han fallecido cuatro personas, cientos de animales y se ha destruido cuantioso patrimonio. Igualmente pareció ignorar que tiene un casus belli entre manos a causa de Gibraltar. En lugar de hacer siquiera una mínima declaración sobre estos asuntos, Rajoy se fue a la toma de posesión de los presidentes del Tribunal Supremo y el Constitucional, la de los vocales del Constitucional, en ambos casos junto al Rey. Y terminó el día despidiendo a la selección olímpica española, momento inolvidable que recoge la instantánea, en lugar del Rey. Palinuro sostiene que uno de los motivos del absurdo comportamiento de Rajoy es que el hombre cree que es el Rey, que no le corresponde meterse en los asuntos cotidianos que preocupan a la ciudadanía. Lo suyo son los grandes acontecimientos, las finales de futbol, las tomas solemnes de posesión, la devolución del códice calixtino, las olimpiadas. Imita en esto al maestro de su maestro, Fraga, el que aconsejaba a la gente que no se metiera en política. Rajoy no se mete en política. Él, a inaugurar y a fotografiarse de aquesta guisa.
La tragedia llegó a última hora, cuando el gobierno decidió prohibir las operaciones en corto durante tres meses para frenar la caída de la bolsa. Una medida muy peligrosa porque aumenta la desconfianza ya que es una terrorífica intervención política del mercado de valores. Al mismo tiempo De Guindos sostenía rotundamente que España no necesita rescate alguno, cosa que este antiguo directivo de Lehman Brothers afianzaba al pedir una entrevista de tú a tú con el ministro alemán de Economía, Wolfgang Schäuble con la finalidad de arrancarle 300.000 millones de nada. Un rescate en toda regla preparado por quien con mayor porfía lo niega.
En estas condiciones el país, esa foto ¿no resulta ridícula? Por si no lo fuera, Rajoy hizo suyo el capítulo de ridículos refiriéndose a la crisis en tono festivo, asegurando que se vencen como hacen los deportistas, con trabajo y esfuerzo. 
Olvidó decir: y mintiendo.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el public domain).

lunes, 2 de julio de 2012

Grandeza y miseria.

Del Bosque lo ha dicho como siempre con prudencia y rigor: el triunfo de la Roja es el de todo un país. Es verdad. El fútbol es un deporte enormemente popular. Los jugadores, los equipos, los entrenadores, los seleccionadores, sus vicisitudes, querellas, amoríos y desamoríos, forman parte de la vida cotidiana de millones de personas. Los equipos están encarnados en la gente y es el aliento de esta el que lleva la selección nacional a la gloria, como dice también Del Bosque. Y ahí es donde el nacionalismo español estalla por las costuras y se hace irresistible. En los demás deportes, los deportistas también simbolizan la nación en el extranjero, pero de un modo mucho más distante, meramente simbólico. En el fútbol el símbolo es realidad palpitante porque el personal lo vive como propio. Esa es la grandeza del fútbol que reconocemos hasta quienes no nos interesamos por él. Pero somos capaces de reconocer que conseguir dos Eurocopas seguidas y un mundial en medio es una hazaña.
Según me pareció leer en Twitter, unos neonazis barceloneses aprovecharon el jolgorio nacional para apalear viandantes mientras los mossos miraban como si la cosa no fuera con ellos. De ser cierto (Twitter es una fuente inigualable de información pero también de rumores y falsedades) seguramente hoy sabremos la identidad de los apaleados, probablemente inmigrantes o gays o perroflautas o nacionalistas o gentes de izquierda. La Roja, el fútbol, los aficionados pacíficos no tienen la culpa de estos comportamientos tan detestables. Su grandeza no queda empañada. Como tampoco por el tono general de los comentarios en la red que suelen ser injuriosos, insultantes, groseros y zafios. Lo fueron con Francia, con Portugal y lo eran con Italia ya antes de comenzar el partido. Si algo hace repelente el fútbol es la grosería de muchos de sus seguidores.
La miseria de la situación la pondría el presidente del gobierno quien ha vuelto a dar una muestra no ya solo de sus escasas luces sino de su reducida talla moral, yéndose a Kiev mientras en Valencia el fuego devoraba por tercer día consecutivo una superficie similar a la de Ibiza, miles de personas eran evacuadas y cientos lo perdían todo. Lo acompañaron en su indiferencia los ministros Cañete (Agricultura) y Morenés (Defensa), aunque se quemaba la provincia y ya había unidades militares colaborando en la extinción.
Todo el mundo estableció de inmediato la relación causal entre el incendio valenciano y el recorte de medios materiales y humanos en las tareas de extinción que ha hecho la Generalitat. Han ahorrado tanto que ahora no hay medios para apagar los fuegos con lo que el ahorro resultó ser un dispendio. Y eso sin ponerse a averiguar cómo fue la política de prevención de incendios de la Generalitat en los años recientes pues ahí está la otra razón del carácter devastador de este fuego. Es decir, el gobierno de la Comunidad Autónoma recorta medios de un servicio que tampoco prestaba.
Y ya en el colmo de la miseria, hete aquí que la ministra Báñez parece haber filtrado a la prensa amiga datos secretos del ERE del PSOE con el fin de dañarlo políticamente. Es inconcebible que el PP siga recurriendo al juego sucio incluso habiendo ganado las elecciones y gobernando. Pero sucede. Báñez asegura que ella no filtró nada pero la filtración salió de su correo electrónico. El asunto es tan ruin y tan miserable que solo cabe contemplar dos opciones: la ministra Báñez explica convincentemente lo ocurrido o la ministra Báñez dimite.
Pero no quepa duda. Rajoy no irá a Valencia sino con el incendio bajo control. Sí lo hará, en cambio, hoy mismo Rubalcaba quien tampoco ha estado muy rápido. La diferencia que hay entre actuar de inmediato o esperar a que te empujen las redes es la que hay entre dirigir y que te dirijan. Nadie dimitirá en la Generalitat, como no lo hará la ministra Báñez, quien tampoco dará explicación alguna.
La Roja es grande pero muchos de sus seguidores son pequeños, diminutos.

jueves, 28 de junio de 2012

La ilusión y la realidad.

En los años 80 del siglo pasado, cuando ya empezaba a considerarse en serio la posibilidad de la reunificación de Alemania, dividida primeramente en cuatro y luego en dos durante la guerra fría, circulaba uno de aquellos sarcásticos chistes de los países comunistas. Se decía: Alemania se reunifica todos los días a partir de las 7 de la tarde frente al televisor. Todos los días, a partir de las siete de la tarde los alemanes del Este y los del Oeste sintonizaban los canales de TV del Oeste. Algo parecido podría decirse de España, entroncando con una vieja leyenda: las dos Españas se unifican ante el televisor siempre que juega la selección española de fútbol.
El Kaiser Guillermo arengaba a las tropas alemanas preparadas para ir a los frentes en la Iª Guerra Mundial diciendo: Ya no conozco izquierdas ni derechas. Solo conozco alemanes. Es la fuerza de la nación; al fin y al cabo, una idea. Por las ideas mueren y matan los hombres. Y también hacen otras cosas pues las ideas son proteicas, toman muchas formas, encarnan en figuras distintas. El Rey de España podría igualmente arengar a quienes vayan a competir por la Eurocopa y quienes los apoyan viajando junto a ellos o palpitando con ellos frente al televisor, diciendo: Ya no conozco dos Españas. Solo conozco españoles apoyando la Roja. Es la misma idea nacional pasada de lo militar a lo deportivo/espectacular. Importante aquí es lo nacional.
¿Seguro? Desde luego. El nacionalismo es una idea fortísima y muy absorbente. Los nacionales llevan como un plus de legitimidad en su nombre. Por eso quienes puedan ser considerados no nacionales tratan siempre de mostrar su propensión al nacionalismo y el deporte, en concreto el fútbol, les ofrece una buena oportunidad. El fútbol es el encauzamiento del nacionalismo español porque en todos los demás ha fracasado estrepitosamente y donde más estrepitosamente justo en el fútbol cuando se juega de puertas para adentro, es decir, no compite la selección nacional sino los distintos equipos españoles. Los pitidos a la bandera y al himno hace escasa fechas son la prueba palpable.
El fútbol es quintaesencia del nacionalismo español y los otros nacionalismos no españoles. Pero tampoco son originales en esto. También lo es del resto de Europa y del mundo. El fútbol debe de ser el deporte más seguido del planeta. La razón estará, supongo, en las virtudes intrínsecas del juego que desconozco, porque en todo lo demás, es como otros. Por qué es el fútbol el rey y no el baloncesto, el balón volea o las regatas tendrá muchas respuestas. Para algunos será un deporte que pueden practicar las gentes sin medios; para otros su origen se pierde en la noche de los tiempos, pues ya los mayas, etc. Por lo que sea, es el fútbol.
Pero del fútbol se ha dicho siempre que es un medio de desviar la atención de la gente de los problemas graves, una maniobra de distracción, en definitiva, una evasión. En tiempos de Franco era artículo de fe. La derrota de la Unión Soviética en la final de la Eurocopa frente a España en 1964, justo cuando esta celebraba los 25 años de Paz del Caudillo, se leyó como el colofón de la derrota del comunismo, primero en el campo de batalla en 1939 y luego en el deportivo. Probablemente los comunistas de la época aplaudían a España, aunque no se atrevieran a hacerlo ante sus camaradas ya que la derrotada era la patria de su credo. Hoy, las dos Españas jalean a la Roja.
Y se olvidan de todo lo demás. Se evaden de una situación angustiosa, en mitad de una crisis como no se ha conocido otra en décadas, una crisis de empobrecimiento, de incertidumbre, que tiene el ánimo del país literalmente por los suelos. Uno de los datos incontrovertibles de esa crisis es la responsabilidad que en ella cabe a Alemania, con su negativa cerrada a transferir los préstamos directamente a los bancos españoles, como quiere Rajoy y a autorizar los eurobonos como quieren Hollande y Rajoy a pesar de ser de partidos opuestos. Esa situación plantea un conflicto entre España y Alemania alimentado a base de prejuicios de los unos respecto a los otros. Si los dioses, con esa tendencia suya a burlarse de los humanos, hacen hoy perder las semifinales a Italia, la final del domingo será entre España y Alemania y ahí se oirá de todo. Media hora después de la derrota de Portugal la red rebosaba de insultos a los portugueses (gitanos, vendedores de toallas, mujeres bigotudas). No quiero pensar a la media del posible partido con Alemania. De nazis no baja la cosa.
Pero, además del fútbol, España se la juega hoy en un terreno mucho más importante y de consecuencias infinitamente más graves. Realmente el titular de Público hablando de cita con la historia es hiperbólico en lo deportivo pero no en lo económico. En eso, es realista. Además de la Eurocopa, en estos días se decide el destino de Europa, la conservación del euro, el mantenimiento de España dentro de él, las dimensiones del rescate español que puede hipotecar el país por generaciones. Y no es broma. Cuando el eurogrupo dijo aprestar 130.000 millones de euros, las gentes del común, siempre ingenuas, hablaron de un Plan Marshall europeo, hasta que alguien les explicó que 130.000 millones eran calderilla, la tercera parte del monto total del rescate a la banca española. No volvió a hablarse de Plan Marshall.
Cunde el desánimo porque es opinión compartida que España va a esa cumbre con el eurogrupo a perder de fijo el partido. Por eso es comprensible que las dos Españas se evadan y se concentren en la final del domingo en donde España puede ganar. El fútbol es un ersatz, un sucedáneo, un placebo, reuna ilusión. Pero la izquierda debe saberlo pues el combate de España no es el fútbol sino las escuelas, los hospitales, la igualdad, el empleo, la estabilidad, algo de lo que no es posible evadirse ni distraerse. Porque, mientras uno se distrae, se da una batalla campal en Oviedo por evitar un desahucio, el gobierno nacionaliza Bankia en donde hay un agujero de más de 13.000 millones de € y retira la subvención de 426 medicamentos, lo cual supone un ahorro doble: en medicinas y en años de vida de los pacientes.

sábado, 9 de agosto de 2008

Fuegos artificiales y fuego real.

Menudo espectáculo montaron ayer los chinos en la inauguración de los Juegos. Según Le Monde tuvieron una audiencia de cuatro mil millones de telespectadores. Ni Dios mismo que bajara de los cielos a dar un mensaje a la humanidad despertaría tanta atención. Todos los corresponsales que he leído y he visto estaban literalmente destripados de admiración y se hacían lenguas de lo que veían o habían visto, casi babeando. Desde luego que el espectáculo que el cineasta Zhang Yimou lleva tres años preparando fue grandioso, incluso fascinante en varios sentidos, la sincronización, los fuegos de artficio, las gentes volando, el ritmo de masas, las referencias al pasado milenario. El mundo se quedó con la boca abierta y anheló ser un poco chino. Fue el momento de la afirmación mundial de loa República Popular China. China is back! en la historia y en el escenario mundial, orgullosa, consciente de sí misma.

Y no vengan Vds. tocando los sanfermines con eso de los derechos humanos que ni Vds. mismos respetan ni saben qué son. Nadie puede dar lecciones a la milenaria cultura china que sabe por su larguísima experiencia qué tiene que hacer. El mensaje estaba claro en esos 12.000 participantes, bailarines, tamborileros, atletas, figurantes que ejecutaban sus tablas de forma exacta, milimétrica. De ellos, 9.000 eran soldados del Ejército Popular de Liberación, la columna vertebral del régimen chino. Lo cual explica que las tablas salieran perfectas. Pero también ilustra de cómo ve ese régimen la cuestión de los derechos humanos que es cosa que trata de los individuos y, según pudo verse ayer, el Estado chino lo que quiere son masas, masas disciplinadas. Los individuos aquí cuentan poco y eso de que sean "fines en sí mismos", como dice Kant y el valor máximo sobre la tierra no significa gran cosa en una sociedad que, no siendo igualitaria, es muy colectivista.

El reconocimiento de la grandiosidad y suntuosidad de la apertura no obliga a deponer la actitud crítica en relación con la China. El Estado les dará el valor que quiera pero los derechos humanos lo tienen y muy alto. Que los Estados occidentales, a su vez, los usen para disimular sus tropelías no les resta ni un adarme de ese valor. Junto a Confucio, el filósofo del Estado y el estamento, se encuentra Lao Tsé, el del cosmos y el individuo, no menos chino que el anterior, aunque los que organizan desfiles y paradas (pues desfiles y paradas fueron las de anoche) suelen olvidarlo.

En fin que me hubiese gustado estar allí pero a esa misma hora (local aquí) estaba en el parque de El Retiro, pues llevamos a Ramoncete a ver los guiñoles (post más abajo).

El caso es que, mientras los ojos del mundo estaban pasmados viendo la que habían montado los chinos, los georgianos ocuparon la separatista Osetia del Sur y machacaron su capital, Kinvali, con carros y artillería pesada. Un golpe premeditado con alevosía para aprovechar el momento. La misma milimétrica exactitud que mostraron los chinos en sus fuegos de artificio mostraron los georgianos en los fuegos reales. Los rusos respondieron de inmediato, enviando una columna de blindados y artillería, que entraron en Osetia y ayudaron a repeler a los georgianos. Al final la capital ha quedado muy dañada y no está claro en manos de quién ha caído. Ha habido muchos muertos pero la cifra es insegura. El presidente de Osetia, Eduard Kokoity, habla de 1.800, cantidad sin confirmar.

El caso es que hay guerra entre Rusia y Georgia. Era de ver cómo conferenciaban muy serios los señores Bush y Putin, los dos en Pekin mirando embobados los fuegos artificiales. Los occidentales piden un alto el fuego inmediato y los rusos dicen que están repeliendo un ataque y defendiendo a los suyos tanto a las fuerzas de paz como a sus nacionales en Osetia. No hay que olvidar que Osetia tiene una composición étnica de 65% de osetios y 35% de georgianos pero, de la mayoría osetia muchos tienen nacionalidad rusa. Por supuesto, los osetios o la mayoría de ellos quieren la independencia de Georgia (en realidad ya tienen una independencia de hecho que sólo reconocen ellos) y su integración en Osetia del Norte, dentro de Rusia. Por eso han pedido formalmente la intervención rusa.

Ésta puede darse y está dándose de dos modos: mediante la invasión militar tradicional, ocupando Osetia e incluso Georgia; o mediante la llegada de voluntarios. El ataque georgiano ha levantado las iras de Osetia del Norte que está enviando voluntarios; también se suman los temibles cosacos del Don, que disfrutan de un privilegio especial y colaboran con la milicia y la policía rusa. En el mapa (del International Crisis Group, que autoriza su reproducción libre sin condición alguna) puede verse la difícil situación de la pequeña república de setenta mil habitantes: los georgianos sólo controlan la zona que ocupan las ciudades que administran, un tercio del país, y la capital está bajo control osetio. Por eso han intentado destruirla.

A su vez, el presidente de Georgia, Mijail Saakaschwili ha pedido la intervención de los Estados Unidos (EEUU). Ya tenemos el esquema de la guerra fría: las dos superpotencias frente a frente. Se recordará que en abril de este año, en una cumbre de la OTAN, el señor Bush vino pidiendo que se admitiera a Georgia y Ucrania, cosa a la que los demás miembros se negaron. Si hubieran aceptado, a lo mejor se encontraban los países de la OTAN, entre ellos España, en guerra con Rusia, perspectiva poco halagüeña. Recuérdese que la doctrina OTAN presupone que cada miembro considera como un ataque cualquier ataque que se haga a otro miembro, doctrina de la intervención forzosa.

No hace falta decir que el asunto está mezclado con el de la geopolítica energética mundial. Georgia es punto de paso de importantes oleoductos, Osetia del Sur lo es de los mayores proyectos rusos de oleoductos y gasoductos. Si hay un escenario típico para mostrar una guerra posmoderna o guerra del petróleo es éste. En los próximos días se verá si este conflicto hace palidecer a la olimpiada de Pekín o, al contrario, los juegos se imponen y fuerzan una solución diplomática de un conflicto que, si no se resuelve pronto, puede poner el petróleo todavía más por las nubes.

(La imagen es una foto de anwer 2007, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 7 de agosto de 2008

En Pekín, de política ni mu.

¿Queda claro? Lo dice el Comité Olímpico Internacional; lo dice el Comité Olímpico Nacional; lo dice el Gobierno de España; lo dice la señora vicepresidenta del tal Gobierno. Ciertamente, ¿qué esperaban vuesas mercedes que dijeran tan altas instancias y encumbradas personas? La Carta Olímpica Internacional, en su artículo 51,3, prohíbe toda manifestación política en un recinto olímpico. Curiosamente la versión española lo hace en el artículo 53,3. No me pregunten por qué porque no pienso perder el tiempo averiguándolo. A su vez la señora De la Vega, al recomendar a los atletas que se callen, invoca el art. 50, 3. Da igual, el caso es que hay que callarse.

Posiblemente ese artículo contravenga cientos de constituciones nacionales y decenas de solemnes declaraciones internacionales todas las cuales proclaman a los cuatro vientos la libertad de expresión, incluso en las dictaduras más atroces; posiblemente. La organización olímpica es una organización privada y supongo que puede darse los estatutos que le parezca, aunque si estos coliden con derechos fundamentales a lo mejor alguien plantea algún problema; posiblemente. La pertenencia a esta organización privada es voluntaria y como es lógico presupone la aceptación de las reglas, entre ellas la que excluye el largar de política. En todo caso si alguien está en contra lo que tiene que hacer es impugnarla antes de participar en las competiciones, que a lo mejor algún tribunal le da la razón.

Hasta aquí lo que los gobiernos y las vicepresidentas deben tener en cuenta a la hora de pronunciarse sobre la obligación de callar. Aunque uno piense que tanto el Gobierno de España como su Vicepresidenta quizá hubieran estado mejor a su vez callándose sobre el mandato de callar. Se entiende que no proclamen la necesidad de romper las reglas y protestar pues no les pagan para eso. Pero de ahí a convertirse en fiel correa de transmisión de la censura olímpica media un trecho.

Porque es censura y como toda censura inicua sea cual sea su respaldo legal. Ante la iniquidad que cada cual reaccione como quiera. Habrá quienes acepten el mandato por estar de acuerdo con él; habrá quienes lo acepten aun sin estar de acuerdo con él; y habrá (quiero suponer) quienes no lo acepten y lo quebranten arrostrando las sanciones que estén previstas. En eso consiste la desobediencia civil, actividad a la que siempre hay alguien que se dedica. Pero eso es un asunto de la conciencia de cada cual.

(La imagen es una foto de .ack online.de, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 1 de julio de 2008

Triunfo y fracaso.

Todo Madrid, al menos el más vociferante, se echó ayer a la Castellana a festejar el retorno de la selección nacional como si se tratase de las legiones que volvieran milagrosamente ilesas del bosque de Teotoburgo. Los tropos hiperbólicos y los ditirambos que ya se dispararon en el estadio vienés galoparon por las ondas como heraldos del renacer nacional. Hasta una escuadrilla de cazas surcó un par de veces el paseo histórico, el que vio deambular a Larra y Mesonero Romanos, trazando en el cielo los colores rojigualdas. ¿Qué más cabe pedir? Cientos de miles de ciudadanos envueltos en la bandera nacional o en alguna autonómica, pintado el rostro con los tonos patrios, tocando el bombo, soplando bocinas, revolviendo carracas, dando berridos o fotografiando todo lo anterior con las cámaras de los móviles daban fe, por sí y ante la historia, de la existencia de la nación española, siempre preterida, cuestionada, omitida. Estoy seguro de haber leído en algún lugar que no recuerdo (razón por la que no hay hipervínculo) al señor Rodríguez Zapatero diciendo que la victoria de Viena es la prueba evidente de que en España hay una nación capaz de grandes cosas. Lo de "capaz de grandes cosas" lo he puesto de mi Minerva, pero estoy seguro de que el Presidente dijo algo parecido, si no eso mismo. E si non è vero, è ben trovato.

Son magníficos los nacionalistas españoles. Se pasan el día diciendo que la nación que veneran goza de excelente salud pero se la chequean cada lunes y cada martes porque no se fían. Cada lunes y cada martes aparece alguien poniéndola en cuestión, a veces de muy malos modos. Y no un "alguien" que sea un "don nadie" sino alguien representativo de alguna opción nacionalista que representa a decenas de miles de votantes y hasta tiene o puede tener responsabilidades de gobierno in partibus. Cada señor Puigcercós diciendo que mientras no juegue la selección catalana la victoria española se la trae al pairo, por decirlo con cierto desenfado, equivale a una Castellana llena en Madrid. ¿Y cómo encajar aquí la imagen de los centros de ERC enarbolando la bandera de Alemania (¡quintacolumnistas!) en el encuentro? Sin duda el señor Puigcercós y el señor Urkullu de quien se se asegura que prefería que ganara Rusia o incluso (dice el plumilla del que tomo el relato) Turquía antes que España, actúan dentro de las pautas de una sociedad democrática, nadie puede imponerles el sentir de sentimiento alguno y no parece que la práctica del tambor batiente sea el modo de hacerlo. Antes bien, al contrario: más tambor de un lado, más tambor del otro. Cuando los nacionalistas vascos hablan de "choque de locomotoras" entiendo quieren decir topetazos como los machos cabríos.

Por algo dicen sus aficionados que el futbol es mucho más que un deporte. Es una luz, una empresa, un gobierno, un organismo internacional, una razón de ser. Una razón de ser de tanta ciudadanía celebrante. Igual que "el Barça es más que un club" y el PNV más que una sociedad anónima. El retorno de la selección vincitora coincidió con el desplome estrepitoso de las bolsas europeas. Cuanto más saltaba Luis Aragonés más se hundía el Ibex 35 que está hoy en los doce mil y pico cuando se comenzó el año con más de quince mil. La bolsa ha cedido un 20,9% según El País que aprovecha para titular: La Bolsa española cierra el peor primer semestre en 135 años de historia, un texto sin duda concebido para inyectar confianza en los mercados. Es una crisis (aunque el señor Rodríguez Zapatero diga que es opinable y que su opinión es que no la hay) ya en franca estampida en los mercados bursátiles internacionales. Ayer bajaron todas las bolsas en torno al 20%. Y una crisis de estanflación, de esas en que cualquier medida que se tome es contraproducente y en la que la recomendación más certera que cabe dar es: "no hagas nada, que es peor".

Por supuesto, todos los expertos están al cabo de la calle y saben perfectamente de qué se trata y cuáles son las causas, y por cada explicación que dan se cargan la que dieron hace seis meses. Según la señora Natalia Aguirre, directora de análisis y estrategia de Renta 4, "El año pasado se pensaba que la salida de la crisis crediticia iba a ser más rápida" y se "pensaba" seguramente con la misma seguridad con que hoy se piensa lo contrario. A veces no hace falta ni el paso del tiempo para que los expertos incurran en contradicciones que convierten sus juicios en piezas de frenopático. ¿Qué me dicen de la autorizada opinión de don Antonio López, de Fortis, quien dictamina que el segundo semestre será mejor que el primero porque en el primero se produjo una "importante aceleración de la ralentización económica, que nadie esperaba tan rápida"? ¿A que es genial?

Aparte de cargar con estos expertos en España pechamos con una crisis inmobiliaria propia, no inducida (es decir, además de la inducida) que amenaza con consecuencias catastróficas para los cientos de miles de hipotecados que aguantan un euríbor en el máximo histórico del 5,36%, lo que significa más encarecimiento de unas cuotas que ya los tienen contra las cuerdas. Según el mismo medio, Los expertos creen que el indicador "ha tocado techo," lo que quiere decir cualquier cosa desde que empiece a bajar hasta que siga subiendo, rompiendo el tal techo pues en este caso los expertos observarán que ellos hablaron de "tocar techo", no de no romperlo. Añádase en el hispánico coso una inflación del cinco por ciento, cuyo diferencial con la media europea sigue aumentando. A propósito, entiendo que hay aquí un interesante problema monetario que planteo como digresión: ¿cómo se refleja esa variación de inflación en el valor único de la moneda única? Al fin y al cabo, "moneda" quiere decir "testigo", indicador de algo, en este caso del valor de la moneda española. ¿Es posible que los euros fabricados en España empiecen a valer menos que los fabricados en Alemania? Teóricamente entiendo que no pero en la práctica creo que sí.

Debe de tener razón el señor Rodríguez Zapatero y verse la nación española unida en esa victoria de la Eurocopa. En todo lo demás, la nación española está de almoneda.

(La imagen es una foto de jose_herran, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 30 de junio de 2008

¿Por qué gusta el futbol a todo el mundo?

Porque sí. Porque le ha tocado al futbol como podía haberle tocado al tenis o al balón volea y a la gente nos encanta sentirnos parte de alguna muchedumbre. En los Estados Unidos concita mayor interés el base ball pero el fenómeno es el mismo. Porque de algo hay que hablar, aparte del tiempo. Porque a veces se gana y a veces se pierde en sentido figurado, siempre más cómodo que rascarse el bolsillo. Porque la victoria es de todos y también la derrota y así nos sentimos propietarios de algo de mayor enjundia que nuestro hipotecado piso. Porque interviene la pericia y la suerte en cantidades variables, la primera a nuestro favor, claro es, y la segunda en contra nuestra. Porque es la continuación de la política y la guerra por otros medios, menos mortales para el espíritu o para el cuerpo. Porque se puede sacar la bandera sin parecer tonto y hacer el tonto sin parecer un patriota. Porque te codeas con Reyes y famosos de gustos sencillos, sanamente populares. Porque ocupa el trascurso completo de la vida del individuo, desde que es niño hasta que lo vence la edad. Porque es un espectáculo de no muy exigente comprensión, aunque siempre habrá quien diga que el futbol es una ciencia, como lo son sus antecesoras, la política y la guerra. Porque desinhibe pues se puede dar gritos sin tener que justificarlos como una clase de flamenco. Porque alterna la figura del individuo heroico y el trabajo de equipo. Porque da sentido a la vida en un sofá de Ikea. Porque permite interpretar la historia: España ha reconquistado la Eurocopa 44 años después de la primera y ha vencido a Alemania 63 años después de que lo hicieran los aliados. Porque hay que hacer quinielas.

Por cierto, España mereció ganar a todas luces. Dominó todo el tiempo y marcó el único tanto en un ejemplo de elegancia y sentido del ahorro: si un gol da la victoria, ¿para qué meter otro? Típico ejemplo de lo que llaman los teóricos de juegos el minimax.

viernes, 27 de junio de 2008

¡Rusia culpable!

"Asombro del mundo", "admiración de Europa", "España se hace grande" hasta los periódicos más serios aparecen hoy dando la nota hiperbólica, como si hubieran perdido la Minerva. ¡Qué fácil es contagiarse de patriotismo, chauvinismo, nacionalismo! Como si no se tratara del capricho de una esfera rodando por el cesped sino de la razón misma de la historia cabalgando por debajo de nuestras ventanas como dicen que vio Hegel a Napoleón al regreso victorioso de Jena. Y tanto más orgullosos cuanto menos motivos tenemos para estarlo en otros campos: científico, económico, industrial, musical, cultural, financiero, tecnológico...Somos una potencia futbolística. En la memoria de los más viejos del lugar, el gol de Marcelino que dio la victoria a España frente a la Unión Soviética (que, así, perdió por segunda vez la guerra en el solar hispano) en la Eurocopa de 1964 en el Santiago Bernabéu, ante el Caudillo y como fruto de los veinticinco años de paz que se había inventado en entonces ministro de Infomación y Turismo, señor Fraga Iribarne, sí, sí, el de ahora,

Y mañana o cuando sea, prepárate Alemania que, con todo tu orgullo teutónico, morderás el polvo ante la furia española. Pues si vosotros tuvísteis a Einstein, nosotros tenemos a Villa. Modestia aparte, somos la raza cósmica que José Vasconcelos predicaba de los mexicanos.

¡Que suba el euríbor, que vamos por la Eurocopa!

La imagen es un cuadro de Vasili Vereschagin, El resplandor del fuego de Zamockvorechie durante las guerras napoleónicas (1907)

¡Ay de los vencedores!

De los vencedores del Congreso del PP. Ganaron éste, pero no supieron (o no pudieron) hacer una candidatura integradora. Habitualmente entiéndese por tal un órgano colegiado compuesto por personas que se odian y a la primera ocasión reventarán el órgano en el que están si creen que ganan algo con ello. Sea como sea, con órganos compuestos tan solo por gente del botafumeiro vamos mal. No hace falta decir que se llama gente del botafumeiro a los que alaban al enemigo; quienes nos alaban a nosotros son fríos y distantes analistas que saben ver la verdad allí donde se encuentra: en la casa de mi Padre, decía Cristo, modelo de objetividad.

La señora Aguirre, una de las más botafumeirizadas de la historia, aprovechó la hora de medianoche, que es cuando las hadas convierten carrozas en calabazas y suaves sedas en paño basto para echar de sus chollos a los señores Lamela (el del Cristo del Severo Ochoa) y un tal señor De Prada que no parece haga la pelota a la jefa, cual se la hacen todos lo pelotas que la rodean como rodean a todo gobernante: muy bueno lo tuyo, jefe; qué precioso niño, ¿Qué hay de lo mío?

La señora Aguirre es "la cólera de Dios". No reposa, es rayo que no cesa ni acepta un no como respuesta. Esa permanente sonrisa sobre la que acecha una mirada de águila, fría, exacta, distante, que no soltará su presa. La señora Aguirre vuela alto y quiere que se le reconozca y de lo demás no se preocupa. Es una política audaz estilo Napoleón: primero, los hechos; las explicaciones, justificaciones, ideologías, después.

Una invitación a la lucha que la dirección nacional del PP no puede ignorar. Así que la señora Aguirre mantendrá enhiesta la bandera española en la CA de Madrid y, al final, antes de las elecciones de 2012, presentará su candidatura. De aquí a entonces, el PP será un partido dividido de hecho en dos, con una amenaza de secesión que sólo se mitigará en la medida en que salga elegido el sector de Aguirre, que es el más belicoso, ya que el otro, a fuer de moderado, no es capaz de llevar el conflicto a la escisión.

Difícil presidencia la de los vencedores del congreso.

(La imagen es una foto de Chesi - Fotos CC, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 11 de junio de 2007

¡Qué tío!

¡Qué zurda! Parecía una máquina de colocar bolas en los sitios más inverosímiles. Y los gabachos descaradamente a favor de Federer que había veces que no sabía por donde le soplaba el viento. (Saco la foto de El País).