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jueves, 1 de enero de 2015

Voces y deseos.


Decía Gramsci, un hombre bueno y generoso (por eso terminó como terminó), que todos somos filósofos, aunque lo seamos "a nuestro modo", inconscientemente, porque solo en la mínima manifestación de alguna actividad intelectual, el "lenguaje", se contiene una concepción del mundo determinada. Luego ya es cosa de cada cual conformarse con una concepción impuesta desde fuera o buscarse una propia.

Así que todos filósofos, especialmente en ese día del año al que hemos adjudicado la tarea de simbolizar el misterio de los otros 364; el misterio del paso del tiempo, de cuya naturaleza ignorábamos todo cuando vinimos al mundo y seguiremos ignorándolo cuando nos vayamos de él, unos antes y otras después ya que ni de eso sabemos nada. Y como todos somos filósofos, aprovechamos la noche de San Silvestre (¡ánimo,Vallekas!) para rumiar nuestras preocupaciones, formular nuestros deseos y mostrarnos como somos.

Palinuro ha hecho un repaso de los dichos y hechos de sus habituales personajes de la escena pública y tiene una idea de cómo encaran algunos de ellos el Nuevo año.

Pedro Sánchez publica un artículo en El País titulado Un balance mirando al futuro, una palinodia contrita algo exagerada. Formalmente no está mal aunque, como a todos los artículos de quienes están más acostumbrados a hablar que a escribir, le sobra un párrafo: el primero. No es preciso justificarse por escribir. Esa es tarea del lector. Como tarea del elector es juzgar el comportamiento de los elegibles y estos tampoco necesitan justificarse por lo que hacen. El PSOE no tiene por qué justificarse por estar en la oposición ya que, con este gobierno, lo único que se puede hacer es estar en la oposición. Es la sutil diferencia entre colocarse en el pasado o en el futuro y que el rimbombante título quiere transmitir sin conseguirlo. El término "balance" tiene un deje contable; es un cierre ordenado de ejercicio y apertura de otro. Sánchez se jacta de ser "previsible", justo la misma jactancia de Rajoy quien siempre presume de su previsibilidad frente a las "ocurrencias" de... Sánchez. Este tendrá que encontrar un lenguaje más novedoso y menos apegado al de su contrincante si quiere despegar.

Rajoy no ha escrito nada. No teniendo que hablar en público, no le fue necesario escribir. Pero se despachó a gusto en una tertulia con amigos y conmilitones en su pueblo, que es lo que le va. Allí explicó su teoría sobre el peligro de los adanes que se creen que el mundo empieza con ellos. Son los de Podemos, claro. Hay algo extraño en ese plural de Adán, el prototipo del hombre solo. No puede haber adanes, entre otras cosas porque, aunque Rajoy no lo crea, Adán no estaba solo. Estaba con Eva. Pero eso es igual. De lo que se trata es de proclamar la continuidad y la estabilidad frente a la ruptura, siempre llena de peligros. Si la idea de la continuidad de Rajoy no hace felices a los cristianos, se les recuerda que los adanes significan inseguridad y, sobre todo, retroceso. Algo temible, ciertamente, que hable de retroceso quien ha hecho retroceder los derechos y libertades, el Estado del bienestar, la democracia parlamentaria, el Estado de derecho y la cuestión nacional/territorial a los primeros años de la transición y, en algunos casos, los últimos del franquismo.

Y todo en ambos casos, Sánchez escribiendo y Rajoy hablando, por no mencionar la bicha, que es Podemos, uno de los dos acontecimientos más importantes en 2014. Curiosa manía la de no llamar a las cosas por su nombre. Uno lo soslaya y el otro lo metamorfosea en adanes. Zapatero tardó meses en pronunciar la palabra "crisis" y de Rajoy no me consta que haya pronunciado la de "Bárcenas" desde que ambos hicieron la primera comunion. Al no nombre se añade ahora el de Rato. Es como si ambos creyeran con ancestral creencia que los problemas, las desgracias, las dificultades, desaparecieran con no nombrarlas o con inventarse una fábula. Si Palinuro fuera un poderoso empresario no pondría a ninguno de estos dos politicos al frente del departamento de tratos con la competencia.

No me consta que los de Podemos hayan hecho acto de presencia en el hostal del filósofo gramsciano de la noche de San Silvestre. Debe de ser la falta de costumbre. Pero tampoco es necesario. Ya hablan los demás y, sin querer, hablan de ellos. Y mal. En el doble sentido de con mala intención y mal estilo. Lo que es un exitazo de comunicación. Podemos no necesita hacer balance. Ese sí que tiene delante todo el futuro, lo cual implica una tremenda responsabilidad. Recuérdese al bueno de Marx: "El arma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas. La violencia material debe derrocar a violencia material y la teoría solo se convertirá en violencia material cuando encarne en las masas. La teoría es capaz de encarnar en las masas cuando razona ad hominem y razona ad hominem cuando se radicaliza.Radicalizarse es ir a la raíz de las cosas. Y la raíz para el hombre es el hombre mismo". Y no digo más.

El otro nombre que falta en los dos discursos, el escrito y el hablado, es el de Cataluña. Ojos que no ven y oídos que no oyen, corazón que no sufre; ese corazón con el que tanto aman ambos a los catalanes. Estos siguen a su bola, erre que erre, hacia la indepedencia. Mas ha dejado claro que habrá elecciones y que serán plebiscitarias, lo que quiere decir que solo los catalanes decidirán el futuro de Cataluña. "Otro Adán", murmurará Rajoy para su coleto. En todo caso, ya solo queda por decidir cómo se harán esas elecciones, si con lista soberanista única o por separado. Se entiende el empecinamiento de las dos partes, Mas y Junqueras, en sus posiciones; pero, a la vista de los últimos sondeos, que los dan equiparados, el asunto no parece ser tan relevante. Así que buena suerte.

Porque si alguna esperanza queda de que el país retorne a la historia y salga de ese marasmo de idiocia y sentido de impotencia en que lo han sumido los genios de los últimos gobiernos, sobre todo el último, el de los sobresueldos, reside en estos dos empeños ausentes en los discursos de las autoridades y tan diferentes entre sí, Podemos y Cataluña.

Y feliz año a tod@s.

martes, 23 de diciembre de 2014

Mensaje de Nochebuena de S.M. el Rey.


El pequeño Nikolaus, también conocido como Tiny Claus, íntimo amigo de Palinuro, le ha pasado el vídeo del mensaje que dará mañana el Jefe del Estado. Al parecer, lo ha obtenido mediante sus contactos en el CIO o Centro de Inteligencia Obtusa, aunque no ha debido de verlo entero. Esta es la transcripción en primicia para los lectores del clan McPalinuro.

Buenas noches: en este momento solemne, cuando por primera vez me dirijo a vosotros como vuestro Rey en el tradicional mensaje de la Nochebuena, quiero dedicar un emocionado recuerdo a mis antecesores. En primer lugar a mi padre quien llevado por su amor a España, abdicó en mi persona. En segundo por orden cronológico inverso y no de importancia, al general Francisco Franco, mi abuelo putativo, a cuyos Principios juró lealtad mi progenitor; lealtad que me corresponde renovar por cuanto la idea dinástica está basada en el respeto a la tradición.

Fue mi padre quien, hace dos años, aseguró aquí mismo que la Justicia en España es igual para todos. Con matices. Él, por ejemplo, goza de aforamiento vitalicio ante el Tribunal Supremo por sabia decisión del legislador. Cualquier causa en su contra, como las demadas de paternidad, el asunto de la ingente fortuna que la revista Forbes le atribuye, las acusaciones de haber cobrado mordidas por el petróleo importado del Golfo Pérsico o las hipotéticas reclamaciones tras la reciente ruptura con la señora Zu Sayn-Wittgenstein se verán en el Supremo, un tribunal animado de un excelso sentido de la Justicia y el Patriotismo al mismo tiempo.

Igual será para mi hermana, enfrentada a la cruel situación de dar cuenta de unos actos de los que, me consta, no recuerda nada; nada de nada. Como si no los hubiera realizado, pues quizá fueran obra de su cónyuge, el jugador de balonmano. La fidelidad conyugal, por la que los Borbones somos mundialmente famosos, tiene estos momentos amargos que sufrimos por nuestro amor a la familia, institución perenne de la sociedad cristiana, compuesta por un hombre, una mujer y los hijos que Dios sea servido enviarles.

El año que dejamos atrás ha sido complicado y difícil para todos. Lo sé. Pero Rajoy me ha dicho que somos una gran nación. Gracias a él y sus duras pero necesarias medidas, estamos saliendo de esta crisis tan prolongada y tan profunda y que tanto nos ha hecho sufrir. Por fortuna España es ya un jardín de brotes verdes en el que los ciudadanos empiezan a recoger los frutos de sus sacrificios y miran con confianza el año en que entramos. Los baremos del CIS dicen lo contrario, pero Arriola me asegura que los hace un gabinete de republicanos y masones y, en lugar de consultarlos, debemos leer diariamente La Razón.

La Gran Nación es una, pero plural y libre de forma que, como dije en mi discurso de entronización, hoy cada español es libre de sentirse español como mejor le venga en gana, incluso en Cataluña. Faltaba más.  Esa libre unidad plural deriva su fortaleza de la Constitución de 1978, a la que pusimos de largo como señorita de 18 años en 1996 y hoy es ya una augusta matrona que ha conservado su virginidad exceptuados dos achuchones sin importancia en 1992 y 2011. Aquí sigue ella, garante de la soberanía de los españoles y su igualdad a la hora de sentirse españoles y de la unidad de la Patria, supremo fin de las fuerzas armadas, si llega el caso. Que no llegará pues la función moderadora de la Corona asegurará el respeto a la gobernanza civil del Reino.

Ciertamente la corrupción, esa lacra de nuestro tiempo es vuestra segunda preocupación. Pero, la verdad, no se entiende bien esa reacción cuando, según la señora Cospedal, la corrupción es hoy endémica en España. Muchos políticos son corruptos; muchos funcionarios, venales; muchos empresarios, delincuentes, pero eso pasa con todos, según afirma la dicha señora entre procesión del Corpus y novenario de Santa Casilda. No me agrada la idea pero quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Nuestra fe católica, administrada por los curas, nos protege de la desesperación y nos permite mirar con confianza el futuro. Almas perversas sostienen que la Iglesia es un Estado dentro del Estado, un enorme parásito que succiona la riqueza material e intelectual del país desde hace siglos, que su régimen de privilegios es muy superior al que tenía el clero en al antiguo régimen y contrario a la aconfesionalidad del Estado. Pero, aunque esta  Iglesia muestre algunos defectillos, ¿qué son estos y los costes que se atribuyen a este cuerpo místico en comparación con la bienaventuranza de tener una sociedad tan obediente y sumisa, que solo se manifiesta en forma de mayorías silenciosas?

El gobierno, inspirado en el espíritu de la monja fundadora, verdadera santa y guerrera, llevará al Parlamento en los próximos días unas medidas de purificación y regeneración democráticas que, sin perder su ánimo católico, dejaran chiquita la moral calvinista, demostrando cómo el puritanismo es un disfraz del más codicioso afán de lucro. Aquí, en España se impondrá la regla de San Benito. Para dar ejemplo, el presidente del gobierno, acusado de haber cobrado sobresueldos, en expiación, renunciará en público a los sobres y a los sueldos y lavará todos los días los pies a un sintecho.

Mi esposa, la Reina que, como sabéis, es periodista suele prevenirme contra los de su profesión pues dice que son chismosos, malévolos, a todo le sacan punta y capaces de vender a su progenitor por una exclusiva que los haga famosos. Pero yo soy abierto y accesible y respondo a las preguntas con la campechanía que caracterizaba a mi padre y mi mayor preparación. No ignoro que me llaman Felipe VI Preparao. El pueblo español es ingenioso y sus periodistas, su más digna representación. Un verdadero baluarte de la Corona. Admiro el espíritu con el que muchos de ellos van de tertulia en tertulia, como haciendo las estaciones de una vía áurea, batiéndose el cobre en pro de la verdad, la familia, la Corona, el orden. Dicen que cobran mucho por ello, que no son caballeros desfaciendo entuertos sino mercenarios. Pero en todo hemos de ser relativistas. ¿Cuánto puede costar una buena defensa de la familia cristiana, bien de valor incalculable?

A pesar de los brotes verdes, hemos de reconocer compungidos que, al salir de la crisis, partimos de una situación lamentable: tenemos la mayor cantidad de parados, los salarios son los más bajos, los impuestos los más altos, los peores servicios públicos, las pensiones más cutres, no nos cuidamos de los dependientes y el Estado del bienestar lleva camino de ir a parar al museo de antigüedades, junto a la rueca y el huso. Es una cita culta de Federico Engels, que me ha pasado un joven asesor recién contratado en La Zarzuela que pertenece a un círculo de Podemos.

Eso me lleva a hablaros con el corazón abierto de esa otra preocupación de nuestros conciudadanos, los políticos y los partidos. Nadie respeta más la libertad de partidos, pivote de la democracia, que la Corona. Los partidos son la garantía de la alternancia en el buen gobierno del Reino y, lógicamente, en un sistema binario o, como dicen los analistas, bipartidista. Pero los partidos son también instrumentos que canalizan las preocupaciones y los deseos de innovación y cambio del pueblo. Y la Corona, os lo aseguro, está atenta a esos anhelos. Por eso me fijé en cómo el lema de la última convocatoria de Podemos en Barcelona fue comença el canvi. Y, en efecto, cuando Felipe González prometió el "cambio", ganó las elecciones. Cuando lo prometió Rajoy, también las ganó. Ahora se promete el "canvi" porque los tiempos traen aires catalanes, pero es y será siempre el "cambio". Se ve cuánta razón tuve al contratar el asesor de Podemos que ahora tiene un Círculo Podemos La Zarzuela. Los de los otros partidos no saben por donde se andan. Estos están en la longitud de onda de la gente y, como la gente no sabe lo que quiere, de estos a veces no se sabe lo que dicen.

Pero otras, sí. Por eso os comunicaré hoy, en la intimidad de vuestros hogares una decisión que he tomado por mi cuenta, una sorpresa, algo que no os esperais. Habéis visto cómo los de Podemos no quieren ver banderas republicanas, ni oír hablar de la República, cual si fuera la tiranía de los Pisistrátidas. Eso los hace cercanos a mi corazón. Tampoco hablan mucho del aborto, ni de la separación de la Iglesia y el Estado. Se concentran en cambio en la soberanía, el amor a la Patria y la honradez de la vida pública. La verdad, no entiendo por qué salen personas avisadas, como Esperanza Aguirre, Condesa de Bornos, Grande de España y Dama Comendadora Honorífica de la Orden del Imperio Británico, diciendo que son un partido antisistema. Dentro de ese espíritu constructivo, Pablo Iglesias dijo en cierta oacsión que si el señor Felipe de Borbón quiere ser Jefe de Estado, que se presente a unas elecciones. Y aquí es donde viene mi revelación y la sorpresa que quiero daros: estos de Podemos son de mi generación, me entiendo con ellos, me fío de ellos, hablamos el mismo lenguaje.

Sí señor: he decidido presentarme a unas elecciones. Me gustaría contar con el voto de Podemos, pero no ando muy seguro con gente tan escurridiza. Si no lo consigo, tendré que fundar mi propio partido que podría llamarse, lo tengo pensado, RRR o Reagrupación Republicana Real. Este partido...
 
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La emision se interrumpe; hay un fundido en negro y luego aparece un comunicado del ministerio del Interior que reza: "En aplicación de la Ley de Seguridad Ciudadana, también llamada "Ley Mordaza", aún no promulgada pero ya en vigor, esta emisión ha sido censurada al comprobarse que se hace desde una IP sita en La Zarzuela y desde la que se efectúan continuas visitas a redes yihadistas. En breve se restablecerá la comunicación con el Palacio de La Moncloa, desde donde se impartirán las órdenes oportunas.

(La imagen es una foto de Wikimedia Commons, con licencia Creative Commons).


lunes, 22 de septiembre de 2014

Podemos: ojo a los consejos.


Circula por las redes un prontuario o argumentario confusamente relacionado con Podemos que ha ocasionado más de un soponcio. Confusamente porque aparece sin enlace a fuente alguna. Hay que rastrear en Google; y Google remite a Rebelión donde se han publicado los nueve puntos que velahí con la correspondiente explicación y otros tantos artículos justificando punto por punto. O sea, una aportación de unas buenas gentes en el proceso asambleario iniciado por Podemos en busca de algo así como una manifestación de la inteligencia colectiva. Una aportación entre miles, supongo, al debate. Pues santas y buenas.

Pero estos nueve puntos llaman la atención de Palinuro, piloto avezado en interrogar a la noche para descubrir sus mil secretos. Le llaman la atención por su contenido esencialmente retórico, esto es, orientado a sancionar formas de hablar, discursos preparados. Se recordará cómo, a propósito de la gran entrevista de Orencio Osuna a Iglesias, comentada en el post Podemos y el Golem. Apostillas a una entrevista a Pablo Iglesias, Palinuro insistía en que el discurso de Iglesias era pragmático, táctico, apropiándose de parte del marco conceptual de los partidos institucionales, delegados de la casta, con un ojo puesto en la muy celebrada teoría del encuadre. Ese enálogo parece orientado al mismo fin pero ya en el terreno práctico. Y aquí es donde Palinuro, que no pertenece a círculo alguno y, si acaso, sería al de Escipión o al de Bloomsbury, deja escritas dos o tres impresiones sobre el asunto. A vuelapluma.

Los nueve puntos suscitan reservas de diversa índole pero hay un interrogante que afecta a todos, el de la sinceridad. Se dice que se diga lo que se dice con independencia de lo que se piense ¿o también que se piense? Si es lo primero, el discurso es falso, aquejado de hipocresía jesuitica; si lo segundo, es totalitario. En ambos casos, típico proceder de la vieja política, un riesgo permanente. La nueva política no puede venir de la mano del viejo discurso legitimatorio. ¿O sí? Depende del grado de pragmatismo que se tenga. La ética y la eficacia, las dos éticas weberianas, conviven en la misma alma, territorio desgarrado por la duda entre el bien y el mal como lo estuvo Hércules entre el vicio y la virtud.

Repito; todos los "consejos", linda palabra, con mucha historia, tienen su intríngulis. El primero de todos, y es el primero y es muy significativo que lo sea, es (véase). Hasta su redacción es portentosa: "acabar"; extirpar, vamos, como un cáncer "todo tic anticlerical". ¡Tic! El problema esencial de España desde la Contrarreforma hasta ahorita mismo, esto es, la dominación parasitaria de la iglesia católica, el nacionalcatolicismo, se reduce a un "tic". Eso se llama minimalismo, sí señor. Fuera tics y a no decir ni pío sobre la iglesia en España ni sobre los 11.000.000 millones de € que se lleva la organización de bóbilis bóbilis, sin contar los demás privilegios, cononjías, exenciones y favores de que disfrutan los curas. No es prudente hablar de esto porque no da votos ya que la mayoría de los españoles se confiesa católica aunque escasamente prácticante. Criterio, pues: no incomodar al votante por nada de este mundo ni del otro.

Con este criterio, en realidad, sobra leer los otros ocho consejos que son puro oportunismo. Pero hacerlo tiene su miga. Los números 2) y 3) son poca cosa, meros recursos tácticos. El 4) ya pega más. El adjetivo "tajante" es muy fuerte, pero es el oportuno para acabar con el nudo gordiano del problema de la violencia. Violencia, cero. ¿Incluida la violencia en legítima defensa? Es de suponer que no, con lo que ya estamos otra vez en terreno peligroso. O quizá sí, quién sabe, y ello obligaría a preparar el martirologio.

El número 5 es muy gracioso. Nada de ceremonial retro de la izquierda que ya no emociona más que a los abuelos. Música de hoy. Que ensalce la democracia, la libertad, etc. O que no ensalce nada. L'art pour l'art. Cierto, cierto. No recuerdo quién decía que la música es siempre políticamente sospechosa. Así que fuera con la política que, en el fondo, es el mensaje que late en estos consejos, pero que no se formula porque resultaría ridículo: somos apolíticos. Hacemos como Franco, que no se metía en política. ¡Ah, la música, arte apolíneo y dionisiaco al mismo tiempo!

El presunto apoliticismo casa como el zapatito de cristal al pie de Cenicienta con el rollo de que Podemos no es un movimiento de izquierda. Aquí ya el lío es de campeonato. El consejo invoca un verbo fuerte y reforzado, "reafirmar". Solo puede reafirmarse lo que ya se ha afirmado. Así que viene de antes este no ser de izquierda. Como, al mismo tiempo, resulta que tampoco es de derecha, ya estamos en el típico enunciado falangista de "ni de derechas ni de izquierdas", que tiene muy mala fama. Se entiende que el mensaje es más bien el de no ser de izquierda a la vieja usanza y se generaliza para no ofender. Pero choca con el sentido común: nadie se define por lo que no es. Necesita explicar qué es.

A eso dedica Debate Constituyente (no pongo el link porque no lo da; solo una dirección de e-mail, que se encuentra en la página de Rebelión) los tres últimos puntos del enálogo, 7, 8 y 9, a decir más o menos lo que es y lo que es está muy relacionado con Cataluña, si bien se las ingenia para no mencionarla ni una vez. Sí, en cambio, España. En el 7) se nos informa de que el nombre de España es España y conviene dejarse de circunloquios nacionalistas, como "Estado español" y otras mandangas. Podemos es una organización fieramente española. El 8 es el consejo más liberal del grupo pues nos deja en libertad para llevar la bandera que queramos, aunque en su explicación se da por cierto que lo sensato, razonable, de izquierda no lunática, con vocación de mayoría, es echarse al hombro la rojigualda, como hacen los hinchas de "la Roja" y hasta los números de la guardía civil en las muñequeras.

Todo culmina en el punto 9, que es como la novena plaga de Egipto. A ver ¿quién decide en lo de Cataluña? Todos los españoles, hombre, y hasta los muertos si se nos apura que, por lo demás, ya votan a través de muchos vivos. Todos los españoles, catalanes incluidos, cómo no. Es verdad que el consejo 9, considerado en su desnudez no dice eso, pero eso es condición imprescindible para que se dé lo que propone: reforma constitucional con implicación de todas las partes interesadas. Correcto; lo firma cualquiera. Pero, entre tanto, ¿qué hacemos con la consulta del 9 de noviembre? Porque este es el momento del Hic Rodhus, hic salta, que recuerda Marx en alguna parte. El PP pone cara de póker y pregunta: ¿qué consulta? El PSOE se parte en dos: el partido en su conjunto no quiere saber nada de la consulta y la vertiente catalana del PSC ha votado a favor de ella. Jeckyll en España, Hyde en cataluña. ¿Y Podemos? A tenor de los consejos 7, 8 y 9 tampoco esta segura de qué decir. 

Pasa mucho con los consejos. Los consejeros los tienen claros. Los aconsejados, no tanto. Ya se verá lo que piensan estos al final.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Ética y política.

Las relaciones entre estos dos conceptos llenan bibliotecas. Aristóteles los dejó unidos para siempre. La ética busca la felicidad y el hombre la encuentra cuando se ocupa de los demás, se hace político, polites, y no cuando se aparta de ellos, se dedica a sus cosas y se hace un idiotes. El político es más ético y mejor. De ahí que al hombre educado y ejemplar se llame poli en francés, a ordenar la colectividad se le diga "policiarla" y quienes se ocupen de ello sean los policías.

Pero esa unidad aristotélica que acogió el cristianismo bajo la forma del tomismo hasta hoy, no ha sido nunca cierta. De entrada hubo éticas centradas en el individuo no solo separado de la colectividad sino opuesto a ella, v. gr. los cirenaicos o los cínicos, con algún caso intermedio como los epicúreos, colectivistas pero más por el placer de la tertulia y los amigos. E igualmente hubo políticas -un cínico diría todas- ajenas a la ética y por si la buena conciencia no quisiera reconocerlas, Maquiavelo se las mostró. Y por eso se ganó la injusta fama de maquiavélico que arrastraba cuando el pobre florentino era un fervoroso patriota republicano. Si de algo se le puede acusar es de haber sido complaciente con los poderes que mostraba en toda su desnudez. Pero esa es una debilidad típica de los intelectuales.

La Reforma protestante dio fuerte sacudida al saber convencional de la relación entre ética y política, llegando a postular el tiranicidio por razones morales. En ello lo siguió algún jesuita, como el padre Mariana. La Reforma tuvo el efecto de un terremoto sobre la doctrina cristiana acerca de las relaciones entre los dos conceptos. Que se lo digan a Pascal, los de Port Royal y a esos cristianos a los que costó siglos aceptar el Edicto de Nantes (que revocaron) y la tolerancia...hasta que se les puso delante un Dreyfus.

La Revolución francesa dio otra sacudida al tablero y su asentador teórico oficial, Constant, formuló la disyuntiva que latió durante toda la Ilustración entre la libertad de los antiguos y la de los modernos. La vieja diferenciación aristotélica rejuvenecida y ennoblecida porque ahora los modernos son los que se ocupan de sus asuntos, los individuos considerados como fines en sí mismos, como dictaminaba Kant que, como buen alemán, tenía la revolución en la cabeza. Una diferenciación que aparece una y otra vez en el liberalismo del siglo XX en los conceptos de libertad positiva y negativa al estilo de Isaiah Berlin.

El tercer zafarrancho lo organizó la Revolución bolchevique que se veia a sí misma como heredera y superadora de la burguesa. De nuevo la divisoria se esfuma: la única ética es la que funde al individuo con algún tipo de colectividad, como la clase, el partido, el sindicato, el koljós, el kibutz, la comuna, el Estado. Lógicamente como esas colectividades orgánicas son reales (hasta tienen "conciencia"), también son puras y éticas en sí mismas. Pero esta última revolución ha fracasado y los órdenes sociales que estableció han revertido al estadio anterior a la revolución.

Las sociedades capitalistas se han configurado por útimo como democracias liberales en las que impera la ética individualista más radical, en parte como respuesta a la orgía de éticas colectivistas del siglo XX. En este territorio, la única ética que la tradición marxista parece mantener es la del discurso, la ética comunicativa habermasiana. Esta hispostasia el acto de la comunicación dialógica al extremo de convertirla en demiurgo de órdenes sociales más justos, más libres, emancipados, más humanos. Lo que antes se prometía a través de la revolución se espera hoy de la comunicación.

Pero, para alcanzar tan nobles fines, la comunicación ha de darse en tales contextos y cumplir tales requisitos que no resulta verosímil y no porque no sean razonables, justos y hasta santos, sino porque han de regir en el contexto de sociedades conflictivas en las que los hombres tienen intereses antagónicos y, por defenderlos, están dispuestos a lo que sea, hasta mentir, cosa que rara vez hacen los animales. Y la mentira, la falsedad, el engaño dinamitan los supuestos de cualquier comunicación emancipadora. Como saben muy bien quienes se dedican a esa actividad de caracter tan maquiaveliano (no necesariamente maquiavélico) que se llama comunicación política. ¿No son en cierto modo los comunicadores políticos los sofistas de nuestro tiempo, en el sentido bueno del término sofista?

Pero el peligro no está en la sofística que, al fin y al cabo, es un recurso retórico para una finalidad más o menos aceptable, sino en la actitud de aquellos sectores sociales dedicados a romper los fundamentos de la acción comunicativa misma, a traspasar todos los límites convencionales de los debates democráticos llegando a delinquir (generalmente por injurias y calumnias) porque su compromiso con esos órdenes democráticos no es estratégico sino táctico. Esa derecha extrema de la prensa amarilla, sensacionalista, agresiva, de los tabloides no tiene límites porque si la democracia hiciera crisis, convertida en una dictadura, ella no sería perseguida y sobreviviría de lujo. Algo similar puede decirse de los medios de la extrema izquierda, cuyo respeto por el fair play comunicativo es idéntico al de la extrema derecha, tan convencida como ella misma de que el fin justifica los medios; su fin. Pero su alcance es mucho menor, casi marginal, no existente. No tienen el respaldo de poderosas empresas que, en cambio, sí financian la prensa de la derecha cerril porque los beneficios de todo orden que obtienen de su acción, contraria a todos los principios éticos imaginables, compensa por las pérdidas que reflejan sus cuentas de resultados.

(La imagen es una foto de Robotclaw666, bajo licencia de Creative Commons).