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lunes, 6 de marzo de 2017

Spy vs Spy

El título es un homenaje a una serie muy graciosa de espías que se publicaba el magazine MAD allá por los sesenta, obra de un exiliado cubano. Y tiene que ver con la nueva historia de espías en la Casa Blanca. 

Trump acusa a Obama de haberle pinchado los teléfonos de la torre Trump y dice que es un nuevo Watergate. Por razones obvias, Obama desmiente tajantemente aseverando que "nunca se vigiló a un ciudadano estadounidense". ¿Qué va a decir? Seguramente no haya estado en el ánimo del presidente, pero afirmar que en ocho años de mandato el FBI no ha pinchado el teléfono de ningún ciudadano en los EEUU, con la obsesiones de seguridad que hay por ahí es difícil  de tragar. El hecho es, sin embargo, que el director del FBI pide al gobierno que desmienta a Trump. Eso suena algo más razonable. Es poco creíble que alguien se haya empeñado en pinchar los teléfonos de este personaje que ya dice en público y a gritos lo que otros callan ladinamente.

Por razones que no hacen al caso ando estos días enfrascado en el asunto Watergate. Y lo gordo de aquello no fue el pinchazo de las oficinas del partido demócrata, con el que arrancó el escándalo, sino lo que a raíz de ello se descubrió: toda la administración Nixon estaba corrompida de arriba abajo, las instituciones, los ministerios, el FBI, todo se empleaba para vigilar y espiar a los adversarios, chantajearlos, amenazarlos. Es poco probable que haya sido el caso de la administración demócrata de Obama. 

De cualquier forma, la acusación de Trump ya está lanzada. Ahora tiene que probarla. O irán por él. Y harán bien.

jueves, 9 de febrero de 2017

Lost in translation

El profundo ridículo de la conversación telefónica entre Trump y Rajoy se reduce con la crudeza de los números a esa diferencia en cantidad de palabras que cada parte emplea en su comunicado de prensa: 70 en el caso de los EEUU y 375 en el de España. El inglés es un idioma más conciso que el castellano y todos los traductores saben que cualquier texto en la lengua de Shakespeare vertido al español tiene aproximadamente un veinte por ciento más de palabras.  Los hispanos suelen ser verbosos, sobre todo cuando no tienen nada que decir, como es habitualmente el caso de Rajoy, pero no tanto como para pasar de un veinte por ciento a un 500 por ciento. No han entendido lo mismo de la conversa o no han dicho lo que dicen que han dicho, lo cual no es de extrañar pues las carencias del inglés de Rajoy son chirigota nacional, o todo ha quedado perdido en la traducción. Y no solo perdido, sino confundido. Una sucinta ojeada al contenido de ambos comunicados demuestra que, si hablaron, no se escucharon o no se entendieron porque las dos notas mencionan temas distintos.

La Moncloa dice que Rajoy se ofreció como interlocutor con América Latina y con Europa. Así, sin más, sin complejos. En el comunicado yanqui, ni sombra de la interlocución. En las redes circulaba la célebre foto de un consejo europeo allá por 2014 en la que se ve a Rajoy solo en una mesa mientras todos los demás asistentes, detrás de él, están en animadas conversaciones. Un hombre que solo conversa consigo mismo es difícil mediador. Pero ayer mismo Evo Morales, presidente de Bolivia, le respondía en un educado tuit que América Latina no requiere de interlocutores. Apañado va el oferente Rajoy: en un sitio no puede y en el otro no le dejan. Habrá empleado muchas palabras para explicar por qué ofrece algo que no tiene.

Pero eso da igual. En la nota gringa, Trump se interesa por la situación económica española y esta desgracia que tenemos de presidente sale fanfarrón afirmando muy orondo que este año crecemos un tres por ciento. En lugar de echar un llorada, asegurando que estamos en números rojos y más pobres que las ratas. Porque lo que hizo acto seguido el estadounidense al ver que nos va tan bien, fue pedir que los Europeos y España en concreto aportemos más a los gastos de la OTAN. Nosotros, hasta un dos por ciento del PIB. Una burrada. Eso no aparece en la nota española, pero hay quien dice que el gobierno estaba preparando el terreno para obedecer las órdenes del jefe transatlántico aprobando un incremento considerable en el presupuesto de Defensa.

El diálogo sobre los dineros se daba al tiempo que, según los papeles hechos públicos también ayer mismo en el proceso de Rodrigo Rato, este debe de manejar sumas considerables. Entre otras presuntas aventuras que desafiarían la sagacidad de Rouletabille y Sherlock-Holmes juntos, parece ser que, según juraba el cargo como vicepresidente del gobierno, fundaba una sociedad con sus hermanos, llamada COR que prosperó a través de las más complicadas y alambicadas relaciones entre políticos y empresarios que, en el caso de Rato se incorporaban en una sola persona con dos naturalezas, como Cristo aunque seguramente al revés. No son la naturaleza humana y la divina, sino la del buen y la del mal ladrón entendidas en sentido literal: el ladrón que roba bien y el que roba mal. Pero ladrones los dos. Podían ambos dar algún consejo al atribulado Rajoy en esta hora de necesidad; al fin y al cabo fue él quien nombró a la esposa de Rato directora de los Paradores Nacionales, con un sueldo estratosférico, de esos de 150.000 o 170.000. Y eso que hay crisis y no queda dinero para los dependientes.

No encontró momento Rajoy en su inglés para empezar a interlocutar mencionando a Trump el caso de México. Deja el asunto para mejor momento, la próxima vez que se vean a tomar unas cañas. Coincide este olvido con los que debieron aquejar al ex-número dos de la Policía, Eugenio Pino, llamado a declarar por el juez que instruye el caso Pujol a causa e un misterioso pen drive que acaba de aparecer con información nueva que podría derivar en la anulación de aquella causa. Todo en relación con este pen drive cuyo origen parece ser el propio Pino, aunque este ha intentado encasquetárselo a todos los demás. Lo está investigando Público con unas crónicas impresionantes de Carlos Enrique Bayo, de esas que te enganchan.

En el fondo, la conversación telefónica estaba patente y patéticamente desequilibrada. Para Trump, un asunto de puro trámite en el que probablemente leyó al teléfono las cuestiones que le mostraban en cartulinas los ayudantes. Para Rajoy fue un paso más en el sendero a la gloria del estadista. Nada menos que mediador entre los EEUU y América Latina y Europa y eso pesar de darse ese notorio problema con el idioma, como dice la prensa yanqui. Es una pena que la conferencia fuera solo telefónica cuando podía haber sido una vídeoconferencia en que ambos interlocutores pudieran verse. Y Rajoy podría tomar clases de desenfadada gesticulación cuando se padece dificultades con la lengua de la celebérrima intervención de Ana Botella en la candidatura de los Juegos Olimpicos.

domingo, 22 de enero de 2017

Quedan las mujeres

Cuánto ha avanzado la causa del feminismo se ve considerando el siglo de 1917 a 2017, desde la lucha por el sufragio, pues las mujeres no podían votar, hasta organizar un acto de protesta mundial contra el presidente de los Estados Unidos al día siguiente de su toma de posesión. Es una noticia de la mayor importancia. Y lo es porque estas manifestaciones de cientos de miles en diversas ciudades de los EEUU y otros países han sido organizadas por mujeres a través de una plataforma de coordinación, Women's March con voluntad de permanencia, pues ya advierten que esta marcha no es un sprint, sino una maratón. Efectivamente, la lucha por la igualdad ha avanzado mucho, desde el derecho de sufragio hasta organizarse en sujeto político mundial con voluntad de permanencia.

Por eso debe darse a la noticia el valor que tiene. Son las mujeres quienes se han organizado y coordinado contra Trump. Lo han hecho en representación de todas las demás minorías amenazadas por el actual presidente: gays, inmigrantes, lgtbs, etc. La importancia de esto es que las mujeres no son una minoría sino, al contrario, una mayoría. Y su activismo político a nivel planetario, un fenómeno que promete mucho. El intento de El País de dar la noticia ocultando su fuerte contenido de género ("Centenares de miles de personas claman contra Trump por todo EEUU", dice en portada) no es de recibo. Lo gracioso es que el reportaje, "Una inmensa multitud clama contra TRumpo en los Estados Unidos" lo firma una mujer que solo en el subtítulo reconoce que se trata de una "marcha de las mujeres". El patriarcado es omnipresente. Han sido las mujeres las primeras en preparar la resistencia frente a lo que se avecina.

Que no es poco. A las palabras gruesas, insultantes, amenazadoras del candidato han sucedido ya sus primeros actos. Ha silenciado la cuenta de Twitter del departamento de Interior porque había informado de una escasa asistencia del público a la ceremonia de toma de posesión. El portavoz de la Casa Blanca, en su primera comparecencia, ha anunciado que van contra los medios por informar falsamente de la asistencia al acto. La asistencia fue inmensa, según el gobierno, aunque las fotografías muestren otra cosa, y eso es lo que los medios tienen que reportar. O sea, se acaba la libertad de prensa. La prensa es el gobierno. Es el momento de recordar la famosa cita de Jefferson, uno de los "padres fundadores", de que, entre una situación de un gobierno sin periódicos y otra de periódicos sin gobierno, prefería la segunda. Como cualquier demócrata.

sábado, 21 de enero de 2017

La voz del poder

La toma de posesión del presidente de los Estados Unidos es un espectáculo mundial. Son los espectáculos unidos. El mundo entero pendiente de las palabras, los gestos del nuevo mandatario. En España puede cambiar el rey y, si acaso, se enteran en Francia y algún país de América Latina. La distancia entre uno y otro caso es la del poder. Los EEUU son el país más poderoso. Tiene tropas y bases en todo el mundo, sus flotas patrullan todos los mares, sus aviones y radares dominan los cielos y, además de controlar la realidad material, controla la digital, a través de sus corporaciones y empresas que administran dominios, etc.

En los estudios de liderazgo suele manejarse la distinción entre liderazgo continuista y rupturista, haciendo, por supuesto, muchas advertencias acerca de que a veces, las diferencias entre uno y otro no están muy claras. El de Obama se presentaba como rupturista por el hecho de tratarse de una persona de color, pero era continuista en el estilo de presidencia y su orientación liberal. Lo de Trump promete ser distinto, promete ser realmente rupturista. Por el estilo y el fondo. Desde los tiempos de la Great Society de Johnson, los presidentes han sido neoliberales o liberales. Este es el primero populista, que mezcla elementos de todos los demás discursos para fabricar una melopea estilo predicador de la tv que va mucho con el personaje.

Se percibe desconcierto en Europa por las hipotéticas consecuencias de una presidencia errática. Y lo que más cuesta entender es la alegría que por el triunfo de Trump muestran los políticos de la derecha y la extrema derecha. El nuevo presidente piensa hacer en los Estados Unidos lo que muchos de estos líderes de derechas harían en sus países europeos si pudieran: cerrarlos, atrincherarlos, prepararlos para la defensa y el ataque en un mundo inseguro. Claro que, si lo vieran correctamente, empezarían por no alegrarse ni de su propio triunfo en sus Estados.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Querencia por la dictadura

La relativa ventaja de los tontos es que no saben que son tontos. Cuanto más tonto es alguien, menos se da cuenta de lo tonto que es. Es el caso de la vicepresidenta del gobierno. La cantidad de tonterías que lleva dichas y hechas esta ratita hacendosa en su interminable mandato daría para llenar bibliotecas enteras. Y ahí sigue, tan ufana, pensando que asombra al mundo con sus profundas ocurrencias. La última, anunciada ayer, es la intención de "regular" (léase suprimir) la libertad de expresión en la red porque, afirma esta lumbrera de la ciencia jurídica, "estamos absolutamente desprotegidos en digital".

Ni en digital ni en femoral o intestinal. No estamos "absolutamente" desprotegidos. Ni siquiera "relativamente". Si lo que esta pedante quiere decir es que en el ámbito digital hay más libertad para difamar, calumniar, atentar contra el honor, el buen nombre, etc, es falso de toda falsedad. Para eso está el Código Penal, tan vigente en lo digital como en lo no digital. Si esta señora cree que se mancilla su buen nombre (a la hora de reprimir y censurar los franquistas siempre están a vueltas con el honor y el buen nombre) solo tiene que acudir a los tribunales.

La desprotección frente al infundio, la calumnia, etc en relación al derecho al honor es mentira. Lo que estos franquistas quieren -como siempre- es censurar la esfera pública, impedir la libertad de expresión, criminalizar las opiniones políticas que no les gustan y que son todas excepto la de "Una, grande, libre", "Arriba España" y "Viva Franco", lo que llevan en el corazón. Quieren suprimir la libertad de expresión no en asuntos privados y particulares sino en el ámbito general: que nadie pueda criticar el gobierno o al rey o disentir de sus habituales monsergas. Quieren eliminar la discrepancia, la objeción, la crítica.

Quieren legislar el silencio.

Dice la enmienda 1ª de la Constitución de los Estados Unidos (ese país que los carcundas del PP tanto dicen admirar) que "El Congreso no aprobará ley alguna que establezca una religión, ni prohibirá la libre práctica de la misma; ni limitará la libertad de expresión, ni de prensa; ni el derecho a la asamblea pacífica de las personas, ni el de solicitar al gobierno una compensación de agravios". Si los tribunales españoles aplicaran esta sabia doctrina, todos los gobernantes del PP estarían en la cárcel, empezando por la ratita hacendosa, siguiendo por la señora Cifuentes y terminando en ese prodigio de veneranda tiranía callejera que es Fernández Díaz.

"Ninguna ley que limite la libertad de expresión y de prensa" quiere decir exactamente eso: ninguna ley que limite la libertad de expresión y de prensa. Ninguna. Y esa Constitución lleva casi dos siglos y medio en vigor sin necesidad de otra, sin que el país, "absolutamente desprotegido",  haya padecido jamás dictadura alguna como las que han soportado repetidas veces los "protegidos" españoles y la última, si Prometeo no lo evita, la que quiere implantar el PP, considerado por algún juez como una asociación de delincuentes.

De ahí se sigue que, como tantas veces se ha dicho, la mejor ley de prensa es la que no existe.

Ni en lo virtual, en lo digital o en lo celestial. La libertad de expresión no se puede limitar bajo ningún concepto salvo en los casos de conflictos de derechos entre personas privadas. Pero no es esto lo que estos franquistas quieren, sino que pretenden reprimir la libre expresión de las ideas, como han hecho siempre, como hicieron sus antecesores desde la Inquisición, organismo por el que sienten verdadera pasión.

No se conforman con la protección jurídica ordinaria que con tino y eficacia brinda el Código Penal. Quieren que se prohiban todas las manifestaciones públicas no solo los infundios, injurias y calumnias a los particulares, sino aquellas otras que los "ofendan" en sus convicciones políticas y religiosas. Quieren volver a condenar a la gente por faltar al "respeto a la autoridad" o por "blasfemar" o por burlarse de los sacrosantos símbolos de la Patria, la bandera o el chundarata ese que llaman himno nacional.  

Es decir, como siempre, quieren restablecer la dictadura que es lo que les mola.

Porque la cabra tira siempre al monte. Sobre todo, la de la legión.

viernes, 11 de noviembre de 2016

La derecha

A juzgar por la consternación que reina en Europa y América Latina, la elección de Trump es el asunto interno más importante en los distintos Estados. Y lo es. Incontables los artículos que llevo leídos con un final similar, cargado de temor: ¿qué pasará? Ayer Palinuro recordaba que los gringos tienen el privilegio de elegir al presidente de un imperio, prácticamente del mundo. Desde el punto de vista de la Realpolitik (el único que cuenta) es absurdo pedir el derecho de voto en las elecciones estadounidenses para todos los habitantes del imperio. Pero no lo es desde un punto de vista político y moral: si todos los demás hemos de padecer las consecuencias de lo que decida el presidente de los EEUU, justo es participar en su elección. Somos Estados soberanos, caramba; no colonias. Hasta Caracalla extendió la ciudadanía romana a todos los hombres libres del imperio. Se dice que por pura codicia, para que pagaran impuestos. Pero lo hizo. Ahora pagamos impuestos, pero no somos ciudadanos del país en donde en última instancia se deciden. Si Trump baja  los impuestos a sus paisanos, la factura la pagaremos los demás. Y no taxation without representation.

Los virreyes de todos los territorios se han apresurado a felicitar al vencedor. Uno de los primeros, Rajoy. Está encantado. Ve cómo Trump aplica su programa: cargarse la sanidad pública, parar la inmigración como sea y bajar los impuestos. Cuando De Gaulle llegó a la presidencia de la Vª República (1958), Franco sostuvo que por fin los franceses aprendían del ejemplo español. Seguimos siendo referentes, esta vez en America. En realidad, Rajoy se siente co-elegido con Trump.

Es la derecha española y con eso está dicho todo. La derecha europea ve las cosas de otro modo, esto es, con preocupación. Y es lógico. Leí en Twitter un tuit muy bueno de Principia Marsupia (@pmarsupia) n el que se comparaban los telegramas de Rajoy y Merkel. Dos mundos. En Europa se distingue entre derecha y extrema derecha y algo que entusiasma a la segunda pone sobre aviso a la primera. Con harta razón. Es obvio que un triunfo general de la política aislacionista, que renuncia a la multilateralidad en todos los órdenes y es contraria a las zonas de libre cambio es un peligro para todos. Si la extrema derecha no ve que, de triunfar su programa, el mundo se sume en la inseguridad, la derecha, sí. Y de ahí la consternación y la inquietud. Y de ahí también que la derecha española no las sufra. En España la derecha es extrema derecha porque España es siempre más papista que el Papa..

jueves, 10 de noviembre de 2016

Amerika

Es el título que Max Brod, curioso albacea literario de Kafka, puso a un relato inédito e inacabado que este había titulado de otros modos. Brod supo ver que la enjundia estaba en América, país que Kafka jamás pisó. La Amerika de Kafka es, desde luego, América. Como lo son todas las demás Américas. Tantas que, en realidad, no existe. Como se decía en un cuento de Peter Bichsel, "America no existe". Cada cual se hace la suya. Y todas son posibles.

La América de Trump existía ya antes de su victoria electoral. El propio Trump ya era Trump mucho antes. Un ariete contra el establishment, dicen los medios. No solo ha vencido a los medios y las encuestas. También ha vencido a su propio partido. Y ha dejado a los europeos occidentales (los rusos son otra cosa) absolutamente perplejos. Clinton era su opción. Los europeos miran a América como una Europa más grande, más ruidosa e infantil, pero Europa. Hace decenios que los europeos tienen presidentas de gobierno y jefas de Estado. Apoyan y entienden una primera mujer presidenta de los EEUU. Pero América no es Europa. El presidente anterior fue un negro, cosa que en el viejo continente ni se sueña, si bien es verdad que hay a veces ministros de etnias no europeas y el actual alcalde de Londres, Sadiq Khan, es un musulmán, quien, por cierto, ya ha pedido a Trump que trabaje por el entendimiento multicultural. El Trump que ha dicho en campaña que prohibirá la entrada en los EEUU a los musulmanes. El musulmán Kahn, a su vez, sucede en el cargo de alcalde a Boris Johnson, otro maverick hoy ministro con muchos puntos en común con Trump.

Trump es la voz de una América profunda que ahora están demógrafos y sociólogos analizando en su composición. Además de profunda es una América antigua, la de las leyendas del self made man y el go west young man, la tierra de la libertad y las oportunidades. Tiene puntos de contacto con el Tea Party pero le separa la mojigatería del último que se pasa el día rezando allí donde Trump suelta procacidades sin cuento y habla de las mujeres como dicen hacen los camioneros. Asimismo puntos en común con Reagan.Trump también ha sido actor. Entre otras cosas. Y candidato por otro partido sin éxito. Pero le separa que ya no hay guerra fría. Trump es Trump. Amerika. America at its best. Los europeos de izquierda, tan atónitos como los de derecha, le llaman "fascista". La verdad es que el hombre es tremendamente verbenero, pero le separa del fascismo su falta de respeto por el orden y la disciplina. Si no me equivoco, alardea de no haber pagado impuestos federales en su vida. Toda la imagen de seriedad fiscal de los EEUU se ha venido abajo. Trump es también un show de un hombre solo, puro caudillismo, como los fascistas; pero le faltan las masas disciplinadas. Incluso las desprecia: alardea de liarse a tiros en la 5ª avenida y, no perder un voto por ello. Así que con razón están los de la Asociación de Amigos del Rifle encantados de la vida. América vuelve a los orígenes, Make America Great Again, MAGA. Los viejos valores de progresivos y populistas del XIX ("los olvidados ya no serán olvidados") vivos de nuevo y el poderoso aislamiento: fuera tratados globales, internacionales, fuera compromisos mundiales como el del cambio climático. Ya veremos qué pasa con la ONU y demás ámbitos de coordinación internacional. Y la OTAN. Amerika.

Europa, contrita, lamenta el amargo desengaño de Hillary Clinton y lo hace suyo. Sin embargo, es una derrota personal. El voto colegiado ha sido abrumadoramente para Trump, pero el voto popular está dividido por la mitad, con ligera mayoría del campo demócrata. Muchos descubren que Clinton no era la candidata más adecuada. Claro que no, pero eso no es lo esencial, sino el hecho palmario de que el país está partido en dos, que hay dos Américas. Ahora Europa ha visto la cara oculta por los ocho años de Obama, Amerika. Pero como, después de todo, Amerika es América (y por eso, seguramente, Kafka no pudo terminar su relato, convirtiéndose así en su primer antihéroe), nadie sabe qué cabe esperar. Pero todos auguran que el escenario mundial va a cambiar y mucho.

Al fin y al cabo, cada cuatro años, los americanos tienen el privilegio de elegir al presidente de un imperio. El mayor de la historia. 

martes, 12 de julio de 2016

A taste of power

Con motivo del paso por España de Obama, a la vista de los preparativos, en seguida se vio que se trataba de una reedición del Bienvenido Mr. Marshall berlanguiano. El mismo sábado, 9 de julio, Palinuro publicaba un post titulado Berlanga y el Emperador, del que no tiene que tocar ni una coma.

El episodio fue puro Berlanga, pero más humillante porque si en la peli de 1953 los defraudados, burlados y meados eran un alcalde de pacotilla y cuatro garrulos, aquí lo son los máximos mandatarios del reino, con sus mesnadas de periodistas, publicistas e intelectuales y sus legiones de altos funcionarios afanosos, las instituciones, los símbolos, en definitiva, el orgullo nacional, o patrio, según corrige esta izquierda estilo Pepe Isbert.

¿Vieron ustedes al Rey Preparao correr como un conejo a recibir a Obama al pie del avión en Torrejón para estar cuatro minutos con él? Sí, bien leído: cuatro minutos. Los que tardaron los yanquis en sacar la flota de treinta coches, entre ellos, el mítico Beast, presidencial y empaquetar en él al Presidente camino de su hotel.

¿Vieron de nuevo al Borbón tembloroso al día siguiente en el Palacio Real, leyendo un papelito para no equivocarse en presencia del mandatario estadounidense?

¿Vieron que Obama interrumpió el protocolo para largarse a almorzar con su gente de la embajada, dejando a los españoles tomando el aperitivo y sin saber qué hacer?

¿Vieron después al más tembloroso Sobresueldos, tras la correspondiente espera, leyendo otro papelito en su medio lengua, mientras Obama hacía gala de paciencia?

A continuación, black out, cierre de imágenes. No más fotos de Obama. El presidente de los Estados Unidos tuvo a los tres líderes de la oposición esperando una hora en el aeropuerto de Torrejón como si fueran perritos falderos, para dedicarles luego diez minutos. Han vuelto a leer bien: diez minutos a los tres. Y los tres, tan ufanos, subieron luego tuits dándose pote de haber hablado de esto y aquello con el presidente de los EEUU. Hacen bien para que los creamos bajo palabra porque fotos, no hay ninguna de estos encuentros tan decisivos para la historia del mundo.

¡La chingada! Ni una foto. Con lo que les gusta a estos mindundis eso de la imagen que la cultivan hasta el extremo de estar dispuestos a salir por la tele aunque sea potando. Por cierto, eso quiere decir que, para dejarlos acercarse a Obama, los gringos les requisaron hasta los móviles. Si no, a ver quién impide al valiente Iglesias hacerse una selfie con un paisano de los brigadistas del batallón Lincoln.

Al grano: ninguno tuvo arrestos para negarse a esa humillación de sala de espera de dentista de barrio. Ni el bravo de Podemos a quien, en teoría, no importan los protocolos oficiales y que, además llevaba un encargo expreso de su media naranja de IU de decirle al yankee, ¡Yankee go home! Que, justamente, era lo que el yankee estaba deseando. Había venido a ver a los suyos en Madrid y Rota y estos indígenas temblorosos que se le cruzaban por el camino eran un fastidio.

Bueno, eso es el poder. Ustedes, comparsas de la nueva berlangada del siglo XXI son políticos y su vida consiste en luchar por el poder o por lo que les dejan de él. Alguno, como Iglesias, hasta sienta plaza de teórico del tema. Pero del poder no tienen ustedes ni remota idea.

Poder es esto. Es lo que el yankee ha hecho con ustedes, su reyezuelo, su presidentín el de los sobresueldos, sus líderes, sus instituciones, banderas, convenciones y usos: una pedorreta. Porque puede permitírselo y ustedes no. Porque tiene poder y ustedes son unos impotentes que bailan al son que otro les toca y solo ejercen su miserable poder delegado con los que tienen la desgracia de padecerlos a ustedes como conciudadanos.

¿No han visto ustedes ninguna película de yankees, de esas que simulan un atentado presidencial en los EEUU? El presidente de los EEUU se desplaza en una formidable máquina aérea, el Air Force One, con la que ustedes no se atreven ni a soñar. Circula en otra máquina tremenda, una limusine con una fórmula de blindaje secreta, capaz de resistir misiles y va escoltado por otros treinta coches. Muchos más de los que han visto ustedes en sus pueblos.

Cuando hay una visita de este tipo a otro país, normalmente se forman dos comisiones interministeriales, una yankee y otra del país anfitrión, que se juntan y colaboran en los preprativos. Es decir, se forma una comisión bilateral en la que ambas partes negocian sus criterios, excepto, según parece, si la parte anfitriona es de quinta regional en todos los aspectos, en cuyo caso, los receptores se quedan de calientasillas, no abren la boca y las decisiones, todas las decisiones, desde lo que se dice a lo que se bebe y se mira, las toman los yankees.

Porque son ellos los que mandan. No solo en su casa, sino en la ajena. Entre otras cosas porque también en la ajena están en su casa ya que Rota, por ejemplo, es yanquilandia.

Eso es poder, señorías. Lo suyo, lo de los cinco políticos y sus periodistas a sueldo, sus curas, sus audaces emprendedores, sus toreros e intelectuales y sus comensales con la servilleta anudada al gaznate, pura impotencia de cantamañanas.

Eso es poder, señorías: los yankees apenas han pisado suelo de la "gran nación" ni falta que les hace. Han venido a visitar a los suyos, han soportado a los nativos lo menos posible y se han largado, dejando a los comités de recepción en Madrid y Sevilla con las mesas puestas y un palmo de narices.

Eso es poder. Lo suyo, caballeros, impotencia engolada.

domingo, 10 de julio de 2016

La alta diplomacia de la gran nación

Todos, todos, políticos, periodistas, dirigentes, personalidades, profesores, expertos, pierden el trasero por presentar la llegada de Obama como una visita oficial, aunque no se sabe qué caracter tenga, si es de Estado o no porque, a la hora de decidir algo en relación con el hecho, España no pinta nada. Lo cual molesta mucho al chusquero africanista que tenemos de ministro de Exteriores porque no sabe a qué carta quedarse. Como siempre, por lo demás. Hay unidad en la tropa al presentarlo como un asunto de relaciones internacionales entre dos países que mantienen estrechas relaciones (la expresión es obligada) y no como una visita que el emperador gira a sus guarniciones en una de sus colonias. No como lo que es: una humillación, tanto más lacerante cuanto el país ni siquiera puede permitirse lo único digno, esto es, vistas las circunstancias, cancelar la visita tout court.

Porque Obama no viene a España y prácticamente no pisa suelo español. Viene a Torrejón, se aloja en la embajada de su país, que es territorio de los EEUU, hace un par de escapadas al palacio de Oriente y a La Moncloa, como el que va al zoo y luego se larga a Rota, territorio norteamericano, a arengar a los soldados gringos que es su verdadero objetivo y para lo que sí tiene tiempo. Entre medias y si ha lugar, recibirá a los tres mindundis de la oposición en Torrejón a las tres de la tarde (es decir, los dejará sin almorzar) y les dedicará el tiempo que cabe imaginar teniendo en cuenta que a las cinco ha de estar en Rota. Por supuesto, los tres mindundis tendrán que estar en permanente posición de alerta desde la mañanita por si hay cambio de planes. Y ninguno de los tres se atreverá a plantarse y negarse a ir de comparsa a donde le digan.

Desde luego, las comidas, los banquetes, los festejos, los engolados discursos, los regalos, los abrazos, las revistas de tropas, los himnos, todo eso a hacer gárgaras. Un encuentro de 50 minutos con el Sobresueldos, una declaración conjunta... y si te he visto, no me acuerdo. Todo lo que los españoles van a conocer del pensamiento de Obama pueden leerlo en una entrevista que, muy ufano, trae hoy El País, que, en realidad es un cuestionario escrito que el equipo del presidente respondió también por escrito con las vaguedades y simplezas de rigor y sin decir prácticamente nada de España.

Porque España no existe en el concierto de las naciones. Es como un apeadero al que acude la vicepresidenta del Gobierno, la ratita hacendosa, a aligerar el calor de Obama con un abanico más grande que ella quien, a su vez, recuerda mucho a Pepe Isbert en Bienvenido Mr. Marshall.

domingo, 7 de junio de 2015

Strand: la conciencia de clase en fotografía.

La Fundación Mapfre acaba de inaugurar una exposición monográfica sobre Paul Strand que durará hasta agosto. Son más de 200 obras procedentes de la colección propia y otras, presumo, del Museo de Arte de Filadelfia, bajo patrocinio de la Terra Foundation for American Art. Es una ocasión única. Hace años, la Fundación Barrié de la Maza trajo a España otra muy completa del fotógrafo, aunque sospecho que esta lo sea más. Palinuro le dedicó un extenso comentario, en su momento: Paul Strand: el ojo del siglo XX, así que ahora se permite el lujo de remitir al lector al dicho post en todo lo que tiene que ver con la fotografía yanqui de primeros del siglo XX, el pictorialismo, la sociedad norteamericana, el New Deal y los aspectos políticos de su trabajo. Aquí nos limitaremos a alguna observación concreta, sugerida por las piezas de esta exposición que no estaban en la de Barrié de la Maza.

En primer lugar, Strand era un hombre de camino único. Hijo de inmigrantes judíos bohemios, se hizo de izquierda radical ya en su primera juventud y en esa actitud vivió el resto de sus días, que fueron muchos y lo llevaron a viajar por muchos países, excepto el suyo, que abandonó en 1949, en plena época macartista y al que no retornó, salvo en un par de ocasiones, transitoriamente. Nunca cambió su orientación fundamental que se afirmó con el tiempo hasta aproximarlo al Partido Comunista de los Estados Unidos. Ciertamente, no creo sea válido calificar a Strand de hombre de partido, pero parte importante de su obra, films y libros de fotografías está hecha dentro de los ambientes comunistas. La voz en off que narra Native Land (1942) y de la cual pueden verse unas escenas en la exposición es de Paul Robeson y el libro que publicó sobre Italia en los años 50, que tiene fotos decisivas en el neorrealismo italiano, como la que ilustra este post, que tanto recuerda Los santos inocentes, lleva textos de Cesare Zavattini. Basil Davidson hizo el texto de su libro sobre el África, a partir de la Ghana de Kwme Krumah. La idea era fotografiar el nacimiento de sociedades socialistas (también tiene un libro sobre el Egipto de Nasser). La intentó también en Europa, en Rumania, pero eso ya no le salió.

Strand estudió fotografía en la Ethical Culture Fieldston School, que era un centro privado lejanamente basado en la filosofía y la ética de Dewey y con tolerancia hacia todas las confesiones, por lo que lo frecuentaban los hijos de judíos, discriminados en otros lugares. Allí tuvo como profesor a Lewis Hine, otro prominente fotografo clásico estadounidense, deweyano por formación quien debió de enseñar Strand algo más que fotografía. Hine era un hombre duro, también de convicciones y, a diferencia de otros grandes maestros, Stieglitz y, por supuesto, Steichen, no consiguió ningún reconocimiento en vida, solo publicó un libro y murió en la miseria. Pero nunca abandonó su actitud social y ética. Y eso le pasó a su discípulo, aunque a este le fue mejor en la vida.

Quizá sea lo que pueda llamarse "conciencia de clase" en la fotografía: la de un hombre que empezó rodando el fabuloso corto Manhatta, con textos de Walt Whitman en Hojas de hierba y terminó haciendo exquisitas fotos a las hierbas de su jardín en Orgeval, Francia, en donde se retiró, rodeado de reconocimiento. Precisamente por su recta trayectoria política. Algo que, según se ve, los artistas pueden hacer mejor que los políticos.

jueves, 16 de enero de 2014

La confesión. Un bochorno histórico.

El País se ha convertido en el vocero de La Moncloa. Su editorial de ayer, celebrando Un éxito de Rajoy, habrá hecho palidecer de envidia a más de uno en la prensa adicta. Obama da el espaldarazo a la recuperación española y al liderazgo de Rajoy; la salida de la crisis es un hecho. Reina un prudente optimismo. Ni mención al torrente de disparates, meteduras de pata y momentos ridículos que protagonizó nuestro representante. Y todo eso so capa de periodismo serio, objetivo, equilibrado.

La visita de Estado de una hora de Rajoy a Obama ha escenificado la verdadera naturaleza de las relaciones entre España y los Estados Unidos, la respectiva consideración en que se tienen el uno al otro. No lo ha hecho a ojos del mundo, ni siquiera de los mismos Estados Unidos, porque no fue noticia en ningún medio y nadie estaba mirado. Fue mucho más noticia en los medios internacionales el estallido del Gamonal y su proliferación a cuarenta ciudades más en España, asunto de muchísimo mayor interés que los balbuceos de Rajoy en presencia del emperador. Ni siquiera tuvo el eco que buscaba en el interior: los catalanes, a lo suyo; los vascos, a lo suyo; la izquierda, moviéndose; la gente, en la calle; hasta sus propias huestes se agitan. Se va dos días al extranjero y le montan un partido más a la derecha que se presenta hoy.

Una hora para escenificar una relación de absoluta sumisión española, en condiciones francamente ridículas. A los dos años de llegado a La Moncloa, el presidente sigue sin ser capaz de pronunciar dos frases en inglés, una por año cuando menos. ¿Y qué decir del esperpento de los regalos? Fue Rajoy con las manos llenas poco menos que de incunables, verdaderos tesoros, y recibió a cambio una caja de conguitos o algo así, firmada por Obama. Es lo de los abalorios y el oro de las Indias, pero al revés. Lógico. Para Rajoy era el pináculo de su carrera, el espaldarazo imperial, la consagración de su liderazgo; para Obama era una visita rutinaria, sin interés, obligada probablemente por cortesía diplomática, lo que le producía una obvia desidia que no se molestó en ocultar a lo largo de la entrevista. En la foto, que recuerda mucho una confesion católica (a Rajoy solo le falta arrodillarse), Obama simular cavilar sobre lo que el otro está diciéndole, aunque sin entender nada, mientras mira disimuladamente el reloj. Eso si no estaba dormitando esperando que el traductor vertiese a inglés la perorata de su huesped.

(Por cierto, al analizar hace unos días esta visita de Rajoy (La Foto) me equivoqué al suponer que, siendo demócrata, la Casa Blanca no situaría a España entre México y Panamá. Falso. El vicesecretario de Estado (el secretario de Estado estaba de viaje) confundió España con México y lo "arregló" mencionándolos juntos.)

Huesped fugaz. Una hora raspada. Sin invitación a almorzar, como sí hizo con Rodríguez Zapatero; ni un aperitivo. Una hora y a casa. Cruce usted el charco a miles de kilómetros con un formidable séquito de políticos, altos cargos, empresarios, etc para un hora. Y ni siquiera hablaron de Eurovegas. La oposición puede preguntar cuánto ha costado este viaje de oropel y ridículo. Pregunte también si se ha hecho algún desembolso adicional. No sería extraño si se recuerda que Aznar gastó dos millones de euros de dineros públicos para contratar un lobby que le consiguiera una medalla del Congreso de los Estados Unidos. ¿Por qué no va a haber habido aquí algún intermediario interesado? En román paladino, ¿nos ha costado mucho la foto de Obama con este embustero compulsivo, obsequioso con los de arriba y despótico con los de abajo?

El asunto es tan irrisorio y nos deja en tan mal lugar que no es responsable no plantearlo, analizarlo y sacar las conclusiones obvias respecto al liderazgo de Rajoy. El único capaz de hacerlo fue Wyoming quien ayer dedicó medio programa a reírse de las gansadas del presidente y poner en solfa el desgraciado guiño nervioso del ojo izquierdo, al que ya llaman el polígrafo de Rajoy.

Decir que este viaje ha sido un Éxito de Rajoy es confundir un editorial con un panegírico.

La realidad de España no está en las trolas de Rajoy, aunque las propale El País que, por cierto, va camino del desastre. La realidad está en el Gamonal y en las calles de decenas de ciudades españolas.

lunes, 13 de enero de 2014

La foto.


Dos años tardó el emperador en  recibir el líder de la "gran nación" al norte de Gibraltar. España es un aliado fiel, sumiso. Con los de casa, ya se sabe, hay confianza. Y ¿qué va a contar Rajoy en Washington? Que estamos saliendo de la crisis; la luz al final del túnel ya nos deslumbra; es el momento de invertir en el país; salarios "moderados", beneficios seguros.

¿Qué información tiene Obama sobre España y la persolidad de su interlocutor? El tópico de que los presidentes de los EEUU sitúan a España en algún impreciso lugar entre México y Panamá no es cierto o solo lo es de los republicanos. Lo normal es que el Presidente tenga una información estupenda, de primera mano, al día, bien ponderada y relevante. Es decir, sabrá que recibe al presidente del gobierno de un país con la mayor tasa de paro de Europa, si no del mundo; con unos signos de corrupción que afectan directamente al gobierno, su presidente y su partido; con unos datos macroeconómicos que no avalan los discursos de su huesped; con una Monarquía no de derecho divino sino de derecho penal; con una sociedad en abierta insurrección a cuenta de una ley del aborto totalitaria; con dos de sus comunidades autónomas en franco proceso hacia la independencia; y con una capacidad de defensa (en definitiva, el dato que cuenta en el Imperio) similar a la de Sylvania en Sopa de ganso, de los hermanos Marx.

Frente a ello, la información que lleve Rajoy sobre los Estados Unidos será, sin duda, aproximativa. Pero no importa. Él no va a preguntar sino a ser preguntado, responder y colocar el relato habitual de sus muchos logros y éxitos que aquí no le cree nadie, como se demuestra en los sondeos. Pero ¿qué puede preguntar el emperador que no roce algún punto sensible de Rajoy? Puede interesarse por el tiempo en España, por la liga de fútbol, por el Museo del Prado y por la sangría. Da lo mismo. Lo que Rajoy quiere es la foto.

(Tengo entendido que la secretaría de Estado contactó con nuestro ministerio de Exteriores con la oferta de ahorrarnos todos dinero en viajes y zarandajas, substituyéndolo por una foto firmada de Obama. Incluso ofreció hacer un fotomontaje como el de Palinuro, pero con photoshop, que no se nota nada. Pero los españoles lo rechazaron, indignados. Hay que tener cuidado con estos españoles; se mosquean rápidamente).

Lo lógico será que, bien informado como está, Obama se interese educadamente por cuestiones españolas:

Obama. Mr. Rajoy, ¿cómo va ese asunto del referéndum de Cataluña?
Rajoy. Mr. Obama, Spain es a great nation.
Obama. Por supuesto. No lo olvido. ¿Y el proceso de paz en el País Vasco?
Rajoy. Mr. President, la segunda ya tal.
Obama. Really? How interesting! Y dígame, ¿qué tal va mi viejo amigo Juan Carlos?
Rajoy. Al pie del cañón, cumpliendo con su deber, como siempre. Y le manda saludos.
Obama. Oiga, Mr. R., entre nosotros, tiene unos líos con la familia, ¿no?
Rajoy. Mr. President, todo falso, salvo alguna cosa...
Obama. Yes, I know. ¡La maledicencia de la gente! Usted mismo, Mr. R, es objeto de habladurías.
Rajoy. De eso ya he dicho todo cuanto tenía que decir.
Obama. Es verdad. Los políticos nos perdemos por la boca, ¿verdad?
Rajoy. Yes. Hablamos demasiado. Yo, no paro. End of quote.
Obama. Y con juicio torero han dictado ustedes una Ley Mordaza. To shut up a los gobernantes.
Rajoy. No exactamente. Para callar a los gobernados.
Obama. Protestan por todo, right? Ahora no les gusta su ley del aborto.
Rajoy. Bueno; a la mayoría silenciosa, sí.
Obama. ¿Y cómo lo sabe, Mr. Rajoy?
Rajoy. Porque gobierno como Dios manda.

Seguramente será un mal trago para Rajoy, pero no le importará gran cosa. Él va por la foto. Lo demás es irrelevante. Obama ocupa aquí el lugar del elefante abatido por el Rey o el hipopótamo cazado por Blesa. Son trofeos de caza. Recibido por el emperador, Rajoy sienta plaza de estadista. Y, aunque no haya puesto los pies sobre la mesa de su anfitrión, volverá diciendo que ha dado un par de consejos a Obama sobre cómo salir de la crisis. Recuérdese: "A mí nadie me ha presionado; soy yo quien ha presionado a los demás".

Y así todo.

(La imagen es un fotomontaje a partir de una foto de Steve Juvertson, con licencia Creative Commons).

jueves, 31 de octubre de 2013

El espía universal.


El general Keith Alexander, jefe de la Agencia Nacional de Seguridad de los EEUU, es lector de Palinuro. Ayer, en comparecencia ante la Cámara de Representantes dio por buena la afirmación palinuresca de que aquí todo el mundo espía, especialmente quienes más han protestado por el fisgoneo gringo, los franceses y también los españoles. Alexander explica que se trata de espionaje necesario para la defensa pero que se practica en el seno de la OTAN y todos tienen algo que rascar. España y Francia colaboraron con la NSA y le remitieron millones de datos en "zonas de guerra" y otros lugares del planeta. A la vista de la reacción de Rajoy de hacer que comparezca el director de la inteligencia española muy probablemente haya sucedido con él como con Obama: que no se enteró de la frenética actividad de espionaje en torno suyo.

Se non è vero, è ben trovato. Es una buena solución: todos a una, Fuenteovejuna. Si Francia y España no aceptan este recurso para salvar la cara, tendrán que admitir que los EEUU han estado espiándolas y no pueden hacer nada. Ahora andan los políticos españoles debatiendo si cabe firmar un tratado con nuestros aliados puesto que, como dice De Guindos, "se ha roto la confianza". La confianza, es posible, si alguna vez la hubo; lo que no se romperá serán los tratados. Europa depende de los EEUU, especialmente España. Una dependencia casi total. Hasta los alemanes, que se enfurecieron al enterarse de que los gringos los espiaban, han puesto sordina a su enfado y se niegan a blindar los datos de sus ciudadanos frente al espionaje. Probablemente con razón porque ese blindaje quizá sea imposible.

Aquí espía todo el mundo a todo el mundo, según su capacidad tecnológica de acopiar datos. El ciberespacio está lleno de vulnerabilidades. Un jovenzuelo falangista ha conseguido tumbar la web de Infolibre y si eso lo hace un informático autodidacta con dos computadoras portátiles en su casa, ¿qué no conseguirá la potente máquina de la NSA? Cómo será que cuenta con la colaboración voluntaria de gigantes como Yahoo, Google, Facebook, etc a través del programa PRISM, una refinada versión del "Gran Hermano". Y no acaba ahí la cosa. No fiándose de las grandes plataformas, la NSA se introdujo en sus servidores para hacerse con millones de datos de los usuarios. Es decir, espía a los espías.

Este asunto del espionaje pone el patio europeo ante el espejo de sus propias miserias: se indigna de que lo espíen, pero colabora directamente en el hurto y reparto de la información. Entre sí los paises se vigilan mutuamente y, en el caso de España, hay familiaridad con la práctica. Las aventuras de Alicia Sánchez Camacho con esa agencia de detectives, Método 3, que recuerdan algo las de Philip Marlowe, son la última manifestación de una tendencia que había apuntado con la famosa gestapillo madrileña. Espionaje en escala cutre, pero espionaje.



Leo que Guerra pide crear la marca blanca del PSOE en Cataluña y romper con el PSC. Suena a puñetazo sobre la mesa. Quienes no se preocuparon mucho por la S de socialista en las siglas, ni por la O de obrero, saltan muy preocupados por la E de España. El PSOE quiere ser un partido nacional y por eso mismo, dar la batalla al nacionalismo en su propio campo. Pero la exclusión, la expulsión, la escisión no es nunca una buena idea y no está en la tradición del socialismo democrático. Además, los socialistas catalanes no quieren romper, a pesar de su defensa del dret a decidir porque se consideran un partido español. Un partido español que defiende el derecho de autodeterminación. Me temo que es un discurso demasiado complejo para unas actitudes cada vez más maniqueas en la derecha y también en la izquierda. La Patria está en peligro; no ha lugar a medias tintas; o con nosotros o contra nosotros. 

El PSOE debe dos relatos a la ciudadanía: el relato sobre la crisis y el relato sobre España. De momento no los tiene. Pero ambos son esenciales para calibrar las posibilidades electorales de la izquierda en un momento especialmente difícil.

(La imagen es una foto de Terry Robinson, bajo licencia Creative Commons).

domingo, 27 de octubre de 2013

Una de espías.


Obama tiene hoy una valoración en la opinión pública mundial inferior a la de Rajoy y Rubalcaba en España. Ya en su primer mandato la esperanza negra del progresismo dio pruebas de su escasa talla y nos defraudó a todos. El comité noruego, seducido por el color de su piel, le otorgó el Nóbel de la Paz de 2009 y, para celebrarlo, el presidente ordenó que asesinaran al leader de Al-Qaeda y se metió en los habituales conflictos bélicos, en los cuales, además, se está ahora ensayando esa nueva modalidad de matar gente a distancia por medio de drones. Sobre todo, dejó intacta la vergüenza del campo de secuestro internacional de Guantánamo, en donde se pisotean desde hace años todos los derechos humanos.

No le queda ni un ápice de prestigio. Sobre todo cuando sale defendiendo el derecho de los EEUU a meter sus narices en las intimidades de sus "aliados" quienes, por supuesto, están indignados, como si fueran perroflautas que, en cierto modo, lo son. Su razonamiento se le antoja impecable: los imperios se mantienen precaviéndose frente a los ataques y, para eso, hay que espiar todo lo que se mueve y lo que no se mueve. Es un pretexto para ocultar que, muy probablemente, el buen hombre se ha enterado del espionaje por los periódicos o por Twitter, pues es un mandatario moderno. Los centros de espionaje son maquinarias que tienden a independizarse de todos los controles, a independizarse porque, piensan, si rinden cuenta de sus operaciones secretas a las autoridades legales, repletas de bocazas, dejan de ser secretas en cosa de minutos. Obama no sabía nada, es lo más seguro. Y no solamente eso sino que ahora, probablemente, está preguntándose si el CSN no lo habrá espiado a él también.

En cualquier tienda de artilugios de tecnologías de la información y la comunicación se pueden comprar aparatos y sistemas capaces de registrar lo que se dice, interferir, escuchar, desviar cualesquiera conversaciones o intercambios en cualquier lugar del planeta o de robar, copiar o substituir archivos informáticos de la más remota y mejor guardada base de datos. Hoy, lo difícil es no espiar. Los espías no tienen horario. Trabajan las 24 horas del día. ¿Por qué no van a espiar también al presidente que les ordena espiar a los aliados de la patria? Los espías tienden a escindirse y no son extraños los agentes dobles y hasta triples.

La doblez es tan consubstancial al espionaje como el pecado a la humana naturaleza. Mucha doblez hay en ese arrebato de las dos potencias europeas con ínfulas de líderes en el corral europeo: Alemania y Francia. Inglaterra, por eso de la special relationship o no sufre el espionaje del gringo o lo sufre y se lo calla como cosas de familia. Y así parece que los cinco english speaking peoples, EEUU, RU, Canadá, Australia y Neuva Zelandia, han pactado no espiarse. Ignoro si alguno de ellos respeta el pacto, aunque me malicio que no. En cuanto a España, su condición de chica de los recados no le permite hacerse ver protestando. Y así, Rajoy, en una muestra más de su portentosa inteligencia, empezó diciendo que no le consta el espionaje de los EEUU. Por supuesto, hombre. ¡Menudo espionaje si le constara a Mariano Rajoy! Como para jubilar a todos los espías gringos y con una pensión calculada por el propio Rajoy. Finalmente no ha quedado más remedio al gobierno que convocar al embajador estadounidense. Pero será para jugar al poker.

Y esos que protestan a voz en grito, Alemania, Francia, Brasil (sobre todos los primeros), a su vez, ¿no se espían entre sí y todos a los EEUU? La protesta ofendida ("eso no se le hace a los amigos") oculta una doblez. Los mandatarios tampoco se enteran, cosa poco creíble, al menos en el caso de la señora Merkel, quien vivió la experiencia de la República Democrática Alemana en donde espiarse unos a otros era tan frecuente como hacer la compra; o bien son todos una manga de troleros.

El mundo, el mercado mundial, es un bullir de todo tipo de espionajes, a su vez interrelacionados: espionaje industrial, comercial, científico, militar, tecnológico. Hay fortunas enteras en las carreras por las patentes, en el conocimiento de la estrategia de lanzamiento del competidor, millones en una estrategia para desprestigiar a quien no se puede batir.

El espionaje reina asimismo en los mercados interiores. Y no solo entre las empresas sino entre órganos o agencias de la administración pública. No son infrecuentes los casos de torpedeo de actividades entre fuerzas de seguridad distintas (como policía federal/estatal o policía naciona/autonómica/guardia civil), casos en que suele recurrirse a la ayuda de confidentes, otro subgénero del espionaje de rica trayectoria.  Y de los partidos políticos no hace falta hablar. En el PP se pasan media vida fisgando los unos en las vidas y conversas de los otros. ¡Hasta Alicia Sánchez Camacho anda entre micrófonos.

A veces un espía o funcionario al servicio de los espías, sale a la luz, revela secretos de su conocimiento y pone el servicio secreto de su país patas arriba. Parece ser lo que ha hecho Edward Snowden al revelar el programa PRISM por el que los EEUU han estado espiando a Dios Padre en sus charlas con San Pedro. Snowden es hoy, o está a punto de serlo, reo de alta traición en su país. No debe de ser agradable que la maquinaria más poderosa de matar que hay sobre la tierra esté detrás de ti. Tiene mucho valor ese Snowden. Los dirigentes europeos tan indignados con la doblez gringa, podían tener un gesto y ofrecer todos a Snowden asilo político. Probablemente no lo harán porque su indignación termina en donde empieza su miedo ante el gran amigo y aliado.

(La imagen es una foto de Richard Davie, bajo licencia Creative Commons y es una viñeta de la serie Spy vs. Spy que publicó Antonio Prohias en la revista Mad desde 1961).

sábado, 28 de septiembre de 2013

Deep South


Al entrar ayer en la exposición de Mapfre en Azca, lo único que sabía de William Christenberry era que es un clásico de la foto en color, el que rompió la soberanía del blanco y negro y dio paso al pastel. Claro, en realidad, él es pintor. Ni siquiera sabía bien el apellido. Me sonaba más Christenfield o Christenbury. Pues, nada, es un tipo estupendo. Casi todas las fotos expuestas son irritantemente pequeñas (obtenidas con una Kodak Brownie que le regalaron cuando era niño), con un color desvaído y como vacilante de las primeras técnicas, hasta que ya en los años 70 se pasa a una cámara más potable que da mayor detalle. Pero tanto la primera como la segunda serie reflejan el sur profundo, Alabama, que el hombre retrataba una vez al año en un viaje que hacía sin faltar desde el Norte, en donde trabajaba, a los lugares de su infancia. Las mismas casas, los galpones, las iglesias, los almacenes, los graneros, los pajares, los coches abandonados, Chryslers, Buicks, de los años 50 pintados de rosa o de azul celeste (¿cómo no iba a ser necesario el color?), paisajes, cultivos, caminos de tierra roja, anuncios, publicidad, fotografiados año tras año y ni una persona. Como si el mundo de su niñez estuviera despoblado. Desde los sesenta a los noventa. La exposición trae las series completas, agrupadas por temas. Cómo van decayendo los graneros, las casas, su misma casa, la de su abuela en veinte, treinta años.


La historia de este prodigio nace cuando, en los sesenta, Christenberry encuentra un libro de la época de la gran depresión, hacia 1931, contando el impacto de esta entre los colonos y los aparceros de los campos de Alabama y del condado de Hale, del que era oriundo. Estaba escrito por James Agee con fotos de Walker Evans. Evans, el rey, junto a Dorothea Lange, había fotografiado gente que él había conocido treinta años atrás. ¿Por qué no fotografiarlas de nuevo? De hecho la única imagen humana (o casi la única) que aparece en la obra de reconstrucción de la memoria, es un retrato de Elisabeth Tingle en su casa en 1962, exactamente como la había fotografiado Evans 31 años antes. Pero le dio más por las casas y el resto del paisaje de su infancia sin personas y eso es lo que se expone y eso lo que cuenta el propio Christenberry en largos extractos de una especie de diario en los que nos informa de sus intenciones, sus pensamientos, sus interpretaciones de lo que iba fotografiando en sus vacaciones anuales. En algún momento se pregunta si está fotografiando el paso del tiempo. De ningún modo, responde modestamente, solo la degradación de las cosas, de las casas desvencijadas año tras años, los vivos letreros de Coca-Cola decolorándose, y concluye que la belleza es eso. Eso y muchas otras cosas. Pero eso también y él lo hace de perlas.

Tanto que allá por 1973, según parece, Evans lo acompañó en su viaje anual al Deep South, al que no había vuelto desde los años treinta, y le dijo que se tomara en serio lo de la fotografía que era lo suyo. Lo suyo siguió siendo muy variado. En algún momento decidió pasar las imágenes a las tres dimensiones y fue creando esculturas de los edificios que fotografiaba. No son maquetas sino esculturas con materiales propios de los originales e, incluso en el suelo de los originales. Hay bastantes en la exposición. Son curiosísimas.

Bien. Un mundo muy, muy propio, magníficamente retratado, nostálgico y algo idílico. Hasta que irrumpe en el relato un elemento siniestro que lo acompaña y ya no lo abandona, el Ku-Klux-Klan. Y aquí ya sí hay personas. Estas, precisamente, son las determinantes en la historia de la foto The Klub que cuenta el mismo Christenberry con una prosa muy en la línea de On the road. Y de ahí nace la obsesión por el KKK que lo lleva no solamente a acumular objetos relacionados con él en The Klan Room, sino también a fotografiar sus reuniones de modo clandestino, con evidente peligro para su integridad física. En la foto de la reunión, se observa la imagen clavada en el árbol. Es el símbolo del KKK, el jinete encapuchado a caballo negro con gualdrapa blanca y la cruz del Sur, portando una antorcha en la derecha sin duda para iluminar el camino quemando vivos a los negros e incendiando sus casas.

Es la misma imagen, se recordará, que sirvió para publicitar la peli de David W. Griffith El nacimiento de una nación, una simbología que los del sur profundo llevan clavada en el alma para bien o para mal pero que liga el nacimiento de la nación con el racismo. Con esto cortan mucha tela los críticos del nacionalismo, de cualquier nacionalismo, dicen.

Son los años de la lucha por los derechos civiles pero aquí no hay fotos de las marchas de Washington, ni de las manifestaciones ni los mítines. Aquí está el sur de siempre, decayendo en silencio, como el mundo de la niñez se va desdibujando en la memoria de un artista que quiso ser pintor, pero era y es, porque vive, un fotógrafo con ojo de poeta o un poeta con alma de fotógrafo.

sábado, 31 de agosto de 2013

Vuelve el pasado.


El premio Nobel de la paz, el primer presidente negro (o mulato) de la historia de los EEUU, el que suscitó esperanzas sin cuento en las izquierdas de medio mundo, incluidos los aplausos del bueno de Michael Moore (quien ahora está que echa las muelas y acaudilla una campaña de Hands Off Syria), Barack Obama, se apresta a seguir los pasos de Bush. Es decir, no solamente va a bombardear y quien sabe si invadir un país lejano (pues eso lo hacen los presidentes gringos casi sin excepción) sino a hacerlo sin autorización de la ONU. Quiso ganarse al primo inglés, pero los Comunes se han opuesto al sonrosado y servicial Cameron. Con la ayuda del camarero español ya ni se cuenta, pues está entretenido batallando con los jueces por sobrevivir.

Obama va solo a la guerra. Los franceses andan también buscando una excusa, pero su tradicional antiamericanismo de la herencia gaullista los lleva a intervenir por su lado, poderosamente llamados por el hecho de que Siria estuvo bajo su mandato en fideicomiso de la Sociedad de Naciones. La lealtad de la metrópoli. A lo mejor hay que leer en esta clave también el rechazo de la Cámara de los Comunes: no es nuestra pelea. El Irak era distinto, claro. Así que los franceses irán a la guerra por su lado. Pero mira que si se presentan allí y empiezan a caer como chinches por el fuego "amigo" de los drones gringos...

Y eso de "la guerra" es un decir; como lo es el "combate" a que se apresta El Asad. Ni guerra ni combate: una aplastante máquina de guerra tecnológica va a reducir a escombros un país. Dice la doctrina militar más acrisolada que las guerras solo se ganan ocupando físicamente el territorio. No se ganan desde el aire. Pero esto no es una guerra. Es una masacre anunciada. Hasta la fecha parece haber habido 100.000 bajas. Deben de parecerles pocas y van a redondearlas al alza en una prueba más del exquisito tacto con que Occidente viene tratando al mundo árabe, musulmán, islámico, conceptos que tampoco tienen muy claros. Ni falta que les hace. Para eso está allí su cabeza de puente, Israel, a quien no importa nada provocar el Armageddon porque lo tiene en sus libros santos. Dios lo quiere y el aprovechamiento de las reservas estratégicas de la región lo exige. El objetivo final: el Irán. Los rusos y los chinos se preguntan si no deben intervenir y ya está medio mundo hablando de la tercera guerra mundial.

La izquierda, en general, como siempre, dando un ejemplo de unidad de criterio. Según he oído (es tan asombroso que no lo doy por del todo cierto), los socialistas españoles apoyan la intervención gringa incluso sin mandato de la ONU. Argumentan, al parecer que es urgente detener esta sangría. Parecen olvidar que la sangría se ha producido por la incapacidad de los europeos para buscar alguna solución distinta a la escabechina. Las demás izquierdas andan a tortas sobre si los rebeldes son agentes de la CIA o El Asad un dictador criminal, capaz de gasear a su pueblo. En el fondo parecerse tratarse de la habitual consideración con nuestro hijo de puta. Pero no parecen ponerse de acuerdo sobre quién en concreto sea su hijo de puta frente al hijo de puta real, en el que coinciden todos: la alianza yanquisionista.

¿Y qué me dicen de la casualidad de que esta amenaza de acción/reacción/escalada coincida con el inicio de las enésimas negociaciones palestino-israelíes? Por cierto, si no recuerdo mal, en el último bombardeo masivo de Gaza por Israel, el pueblo elegido usó bombas de fósforo contra la población civil. Y nadie habló de intervenir. Según parece (no estoy seguro) Israel también usó armas químicas en Gaza. Y aquí todo el mundo punto en boca.

En fin, lo de siempre en la época del Imperio. Y España, ocupando su modesto lugar de gran nación. También ella tiene una semiguerrita por un peñón, que es una espina clavada en el orgullo nacional. Y su punto flaco pues sabe que, en el fondo, el problema es militar; es decir, inalcanzable el triunfo. Solo se puede hacer el ridículo. Y esto, el gobierno español lo borda. ¿No ha salido la vicepresidenta a decir que España esperará a que haya una decisión de la ONU para pronunciarse? España no esperó tal decisión para apuntarse a la guerra del Irak. Con el agravante de que se hizo por unas nebulosas "armas de destrucción masiva" que jamás se habían empleado por la sencilla razón de que no existían. Ahora sí parece que el gas Sarin existe y ha causado cientos de muertes. Sin embargo, el gobierno se ha hecho respetuoso con la legalidad internacional.

A la fuerza ahorcan. ¿Alguien imagina a Rajoy del brazo de Obama, bombardeando Damasco? Menudo negocio para la trama Bárcenas-Gürtel, caso de estar operativa. Ya solo de pensar en el catering de las tropas más de algún emprendedor levitaría. ¿Y los hospitales de campaña, convenientemente privatizados?

Pero no ha lugar, ¿verdad? Aquí se trata de averiguar cómo salen los genios del PP del lío en que se han metido con los ordenatas de Bárcenas. Estaban estos bajo custodia de Cospedal, según ella misma declaró al juez, al parecer. Y fueron borrados. Y fueron borrados siendo por entonces el PP acusación popular en el proceso de Bárcenas y teniendo la obligación no de reformatear los discos duros (según dice el inefable Floriano) sino, al contrario, de preservarlos porque son pruebas. O sea, a ver cómo se quitan de encima la acusación de un presunto delito de obstrucción a la justicia y/o encubrimiento. Y de haberlo cometido Cospedal o Rajoy o los dos de acuerdo. Vuelven, en efecto, los viejos tiempos: los gobernantes linces españoles. Hasta me apuesto algo a que los discos duros no contenían nada o nada que no tuviera ya Bárcenas y lo que este quería era que sus antiguos compadres entraran al trapo y cometieran el delito de destrucción de pruebas. Para tapar este nuevo patinazo, ya no basta con reconquistar el Peñón, será preciso reclamar también el Rosellón y la Cerdaña.

Lo cual nos lleva al auténtico drama que está viviendo España, como siempre, sin enterarse: la secesión catalana. Un asunto de extraordinaria importancia que el gobierno ni huele y para el que no tiene nada preparado. Nada distinto de la negativa cerrada al diálogo, pacto o negociación. Santiago y cierra España. Y, en efecto, es asunto de trascendencia. Obsérvese en los estragos que está haciendo en el socialismo español. El PSC está hecho unos zorros. Y el PSOE sin el PSC es como el vizconde demediado. Y, demediado su espíritu, ha puesto Carme Chacón un océano por medio con el guirigay patrio. Es un mutis por foro con promesa de retornar a competir en buena lid por la secretaría general del partido de Pablo Iglesias el viejo. Es una apuesta, aunque, según están las cosas en el país y en su partido, se me hace tan verosímil como el regreso de Arturo de Avalon. 

En el choque de nacionalismos la diferencia es apabullante: el catalán es pujante, lleva la iniciativa, quiere un Estado nuevo, apunta al futuro con una retórica de mucha fuerza moral: derecho a decidir, autonomía, autodeterminación, liberación, independencia. El nacionalismo español (incluso el del PSOE) está mortecino, a la defensiva, pretende mantener el viejo Estado (con el que, sin embargo, muchos no simpatizan y proponen cambiarlo en el curso del conflicto), apunta al pasado con una retórica de una ya cascada voz.

Y así, en este momento en que el país se encuentra a una situación límite, tenemos al frente del gobierno a una persona sospechosa de haber ordenado la destrucción de pruebas en un proceso penal. ¿A que cada vez se parece más a Nixon?

Solo que si Nixon y Rajoy se parecen, España no es los Estados Unidos.

viernes, 17 de mayo de 2013

El encanto del Apocalipsis.


Morris Berman (2012) Las raíces del fracaso americano. México: Sexto piso (258 págs).


En nuestro tiempo los Estados Unidos prácticamente acaparan la producción de bibliografía profética, pesimista, distópica, apocalíptica. Hay dos razones principales -entre varias- para ello: en primer lugar, el país es la última manifestación de una forma imperial. Casi todo el siglo XX aparece dominado por el abrumador poderío económico, político y militar de la república al norte del Río Grande. La experiencia histórica quiere que todos los imperios muestren una evolución similar: surgimiento, auge, decadencia y hundimiento. Los ejemplos más conocidos e investigados son el del Imperio romano y el español del siglo XVI. Pero también gozan de su cuota de atención el inglés y el francés del siglo XIX. Es natural que haya cierta preocupación por averiguar cómo se manifestará ese periplo -que se considera inevitable- en el caso de los Estados Unidos, de forma que rara es la temporada en que no se publica algún estudio pronosticando el fin de la hegemonía estadounidense.

En segundo lugar -y en conexión con lo anterior-, al ser los EEUU el país más poderoso del mundo, es también el que más recursos naturales consume (aunque pueda estar ganándole ya la China) lo que, a su vez, incide en una de las causas que suelen invocarse para prever la catástrofe inminente no ya de la propia Norteamérica, sino del mundo entero a causa del cambio climático, la contaminación, el agotamiento de tales recursos o la suma de todas ellas. El libro de Berman es el último en hacer hincapié en este aspecto. El modelo de crecimiento ilimitado (La búsqueda de la abundancia lo llama el autor en el primer capítulo), del capitalismo basado en el consumo sin freno, es insostenible, a plazo cada vez más corto.

Pero el libro de Berman no se limita a una proyección agorera en términos prácticos, materiales, objetivos. No es un estudio técnico sobre previsiones demográficas o energéticas. Está en la línea, pero no prolonga o reproduce (aunque sí las menciona y valora) obras ya clásicas como La bomba demográfica, de Paul y Anne Ehrlich (1968) o Los límites del crecimiento, del Club de Roma (1972). Su visión es más amplia, más profunda y de otra índole. El autor tiene un enfoque que por aquí llamamos de historia cultural (sus obras anteriores, todas de gran impacto, se mueven en ese campo), más interesado en el movimiento de las ideas que en el de las personas o las cosas. El citado primer capítulo es un bosquejo del capitalismo estadounidense como una civilización única que, falta de toda referencia ajena a sí misma (por ejemplo, falta de tradición medieval, como hay en Europa), carente de toda meta trascendental, se ha fijado su propia expansión como tal. Es decir, se ha hecho autorreferencial y, con ello, se piensa legitimado par imponerse por la fuerza en el resto del mundo. Como tal discurso identificativo y legitimatorio (la sociedad de la frontera, de Frederic Jackson Turner), la tierra de las oportunidades, el Manifest Destiny, es hegemónico y carece de relato alternativo, cosa que el autor ejemplifica muy gráficamente mostrando cómo las tempranas advertencias de Thorstein Veblen sobre el consumo ostentoso apenas tienen audiencia mientras que los libros de Dale Carnegie  siguen siendo éxitos de ventas decenios después de su publicación (p. 37).

Una advertencia sobre la traducción. Esta es pulcra y, en general, irreprochable. Pero el traductor hubiera debido poner algunas notas a pie de página, explicativas de peculiaridades yanquies. Muy especialmente una. El autor considera que el capitalismo estadounidense es oportunista y así, al pie de la letra lo vierte el traductor. Pero aquí "oportunista" tiene un sentido más ecónomico y social, un poco en el estilo de las oportunidades vitales, de Ralf Dahrendorf, mientras que en español lo tiene más político y moral, en el sentido un poco peyorativo del "posibilismo". Es preciso aclararlo porque la lectura chirría.

Desde luego, hay autores muy señalados que han tratado de formular el discurso alternativo, singularmente Lewis Mumford, probablemente el pensador que más haya influido en Berman en toda la vastedad de su producción. Berman analiza el discurso ideológico de ese capitalismo como una lucha entre las tradiciones republicana y la liberal con sus ambigüedades y dificultades, muy en la línea de otro clásico de obligado respeto como es La tradición política americana, de Richard Hofstadter, en 1947. Y, por supuesto, el padre de todos ellos, el marxista Charles A. Beard, que está muy presente en las consideraciones de nuestro autor sobre la acumulación de capital, los robber barons, los orígenes del capitalismo y, claro es, la esclavitud.

De la mitología justificativa del capitalismo estadounidense (el valor de la propiedad, la movilidad social, las oportunidades, el hombre que se hace a sí mismo, la meritocracia, etc) se encarga esa tradición alternativa que no consigue imponerse, pero a la que Berman presta la debida atención: Fromm, Wright Mills, Vance Packard, Galbraith, Goodman, Riesman (p. 47). En concreto, el análisis de un autor tan peculiar como Packard es muy brillante. Sobre todo su conclusión, que disipa la inmediata objeción de que se trata de un autor de superventas mantenidas, casi al estilo de Carnegie. Sí, viene a decir nuestro autor, las gentes siguen leyendo The Hidden Persuaders a cientos de miles pero, cuando lo terminan, se van a Wal-Mart a ponerse ciegas de electrodomésticos. Disonancia cognitiva se llama eso, y Leon Festinger lo ha explicado muy bien. 

Berman dedica un segundo capítulo (El reinado de Wall Street) al análisis de la actual crisis financiera (p. 74) en un relato básicamente correcto pero que no aporta casi nada nuevo. Sí lo es, sin embargo, la insistencia del autor en el comportamiento inmoral de los protagonistas de la gran estafa de especulación y derivados y en el hecho de que hayan dominado y sigan dominando las sucesivas administraciones norteamericanas, sean republicanas o demócratas. Es muy convincente su crítica a Obama, entregado a una gestión neoliberal de la crisis provocada por el neoliberalismo y produce cierta sorpresa su empeño en presentar al presidente Carter como cumplido ejemplo del discurso alternativo y, por lo tanto, fracasado.

El tercer capítulo, el de mayor interés a juicio de este crítico, retoma una perspectiva más filosófica. Contiene algunas afirmaciones felizmente formuladas, con fuerza de metáfora: el estilo de vida estadounidense recuerda una rata girando en su rueda (p. 95). Se trata de "una nación de gente que tira su vida a la basura a cambio de juguetes" (p. 96). Los EEUU identifican el progreso de la nación con el progreso tecnológico. La tecnología es la verdadera religión (p. 100), una escatología cristiana con nuevos términos (p. 102).

Es el núcleo esencial de la filosofía de Berman. No es muy nuevo, aunque sí claramente expuesto. La equiparación tecnología-religión no va muy allá, pues entronca con la baqueteada ilustración. Más interés tiene que el autor reviva un viejo tema de contraposición que, si no me engaño, aparece ya en las Cartas sobre la educación estética del hombre, de Friedrich Schiller (1795) y se repite luego como un leitmotiv del romanticismo: el progreso material no va acompañado del correspondiente progreso moral de la especie (p. 103). Un tema romántico por excelencia, que lleva a la idealización del pasado, el antiindustralismo, la oposición al positivismo progresista que se hallan en Emerson y Thoreau, Ruskin y Morris. Weber y Tönnies aparecen también a la hora de sistematizar conocimientos y, desde luego, la contraposición Gemeinschaft-Gesellschaft tiene un lugar privilegiado (p. 109). Pero, ya detrás de ellos, se valora y mucho el esfuerzo de algunos críticos de la tecnología, relacionados o no con la Teoría Crítica, como Marcuse, Koestler, Ellul (p. 112). El Nacimiento de la contracultura, de Theodore Roszak (1969) y Lo pequeño es hermoso, de Ernst Friedrich Schumacher (1973), terminan de reproducir el cuadro de una corriente de pensamiento muy interesante pero de escaso impacto. Al respecto es muy brillante y sitúa al autor en esta honrosa tradición de defensores de causas perdidas el  argumento de que la pretendida neutralidad instrumental de la tecnología es falsa (p. 115). Un hallazgo que convierte a Berman en seguidor de la crítica a la razón instrumental, pero lo obliga a demostrar por qué la tecnología es perversa.

Y ahí es donde la obra muestra cierto flanco débil. Su rechazo a la tecnología lo pone a las puertas de defender la causa del decrecimiento. Pero no llega a pasar esa raya o, cuando menos, no lo he visto. Y, sin dar ese paso, el negativismo de la crítica la esteriliza y la convierte en amargo pesimismo. Máxime cuando se menciona la sombría trinidad de Neil Postman  (culturas que usan herramientas-tecnocracias-tecnópolis) (p. 117). Él mismo tiene que reconocer que ninguna teoría llegó ni de lejos a alcanzar el impacto y la extensión de las de Ford y Taylor, que dieron al capitalismo estadounidense su carácter originario, depredador, que conserva (p. 118). Especial simpatía suscita la resignada conclusión del autor citando a Steiner: la tecnología es la supresión sistemática del silencio (p. 133). En la apología del silencio, base de la reflexión, Berman se gana la simpatía del lector.

Los dos últimos capítulos son más livianos pero también muy interesantes. El cuarto, el reproche de la historia es una especie de estudio revisionista de la guerra civil. Tan revisionista que el propio autor viene a equipararse en su afán con el patriarca del revisionismo contemporáneo, William Appleman Williams. Su revisionismo, sin embargo, es especial. Echa mano de Turner de nuevo y, claro, de Beard, para dar a la guerra civil un tinte geopolítico y de lucha de clases. En su oposición al capitalismo "oportunista" del Norte, idealiza la sociedad del Sur, que aparece embellecida con un velo de moral caballeresca e integración al estilo Gemeisnchaft, cuando no de Lo que el viento se llevó. ¿La esclavitud? Eso no fue decisivo. Él mismo se da cuenta de la ambigüedad moral de su posición y se siente obligado a advertir que detesta la institución (p. 153 y ss.), pero se mantiene en sus trece de que, tanto en la vivencia de los protagonistas, como en el sentido general del fenómeno, la lucha contra la esclavitud fue una motivación legitimatoria introducida post festum. Lo importante era la unión, el mercado.

El último capítulo, el futuro del pasado contiene una comparación entre los Estados Unidos y Europa que no me parece enteramente atinada. En síntesis, su idea es que el capitalismo europeo es más justo, equitativo y humano que el estadounidense, egoísta, inhumano, depredador (p. 193). Algo de esto hay y, sin duda, resulta grato a los europeos que, en lugar de leernos la cartilla desde el otro lado del charco, se nos reconozcan algunos méritos. Es grato, sí, pero empieza a no ser verdad. Precisamente la expansión ideológica, la hegemonía neoliberal estadounidense ha  conquistado el viejo continente en donde, como siempre, los europeos rivalizan a ver quién es más papista que el papa a la hora de destruir las instituciones de la economía social de mercado que constituían la ventaja europea sobre los yanquis. Su síntesis de los rasgos esenciales del Estado del bienestar europeo, con su sentido de la seguridad de las personas, el respeto a los derechos sociales y económicos, etc (p. 195) pertenece al pasado. Europa está desmantelando el Estado del bienestar y el ejemplo más palpable es España.

El último capítulo se cierra con otra buena metáfora. El capitalismo estadounidense es el Pequod y, como el Pequod, se irá a pique detrás de la ballena blanca del crecimiento ilimitado.

Un libro muy interesante, muy actual, de lectura muy recomendable. ¡Ah! Y en él no hay un solo párrafo dedicado a internet.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

A better place to live

Al final de la larga y tensa noche en que se comete la injusticia de que solo 314 millones de estadounidenses elijan al presidente del mundo, cuando en esas elecciones debiéramos tener derecho de voto todos los habitantes del planeta, el claro ganador ha sido Obama.
O sea ha ganado el candidato de la mayoría aplastante del mundo (desde luego, de Europa), esto es el mulato demócrata, progre, de izquierda moderada, el candidato de la gente sencilla que quiere un orden político abierto, democrático, multicultural, de igualdad, justicia social y Estado del bienestar, lo más equivalente que hay en el mundo a la baqueteada socialdemocracia europea, la corriente política que supo traer a Europa largos años de estabilidad, progreso y democracia antes de que comenzaran la crisis y las estridencias del más obtuso e inhumano neoliberalismo.
Y ha ganado precisamente frente a eso, frente a las posiciones políticas radicales, extremistas de una derecha oligárquica, oscurantista, ignorante, orgullosa de sus estúpidos prejuicios religiosos y maestra en arte de la demagogia para inducir a engaño a masas enteras de votantes. Frente al capitalismo desaforado, la lucha por la existencia, el abandono y olvido de los más débiles, es decir, el inspirador de la derecha española, cuya brutalidad solo es comparable a su falta de escrúpulos a la hora de expoliar el común de España mediante una forma de gobierno en la que mezcla la corrupción, el caciquismo, el latrocinio y el autoritarismo.
De nada ha servido a la derecha yankee -como sí en cambio a la española- esa abrumadora mayoría de medios de comunicación con la que aquella trata de inducir a error a la mayoría a base de falsificar la realidad, insultar, calumniar al adversario y mentir sistemáticamente para favorecer su causa al precio que sea valiéndose para ello de una tropa de mercenarios de la palabra dispuesta a hacer y decir lo que haga falta para mantener los privilegios de quienes les dan (suntuosamente) de comer. Como en España, verdaderos esbirros del poder, prestos a justificar lo que haga falta con tal de que se  mantenga un orden en que los ricos puedan seguir enriqueciéndose (así, siempre pueden dar unas propinas a estos lacayos del ditirambo) a base explotar a la mayoría, dejarla sin derechos, sometida a salarios de hambre. Como sucede en España. Y con la bendición de unos curas de misa, olla y barragana (o efebo) que traen el consuelo a los humillados y ofendidos de esta tierra en la promesa de un más allá de consolación.
Ha ganado el candidato de los trabajadores, las mujeres, los negros, los latinos, los homosexuales, los inmigrantes, de la gente del común. ¡Ah! Por cierto, esos listos que dicen que, con la crisis, todos los gobiernos pierden las elecciones frente a la oposición ya pueden ir guardándose esta tontería para mejores momentos. Ganará o perderá según como lo haya hecho.
Así que, desde esta noche y por cuatro años más, el mundo será un lugar mejor para vivir