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miércoles, 1 de febrero de 2017

La dimisión de Vidal y las consecuencias

Mi artículo de hoy en elMón.cat, titulado "las personas y el proyecto", trata de las desafortunadas afirmaciones públicas del juez Santiago Vidal y sus consecuencias, tanto para él como para la causa que representa. Personalmente, su comportamiento ha sido correcto: la dimisión como senador de ERC. Eso es lo que se espera de un político democrático en Europa. No lo es en España, claro, país en el que, hagan lo que hagan, los políticos (especialmente los de la derecha) no dimiten jamás. Un guasón diría que es una prueba más de que Cataluña no es España porque en Cataluña se dimite. Y poco importa si esa dimisión ha sido a propia iniciativa del interesado o por presión de su organización. Eso es indiferente. El hecho objetivo, claro, incuestionable es que, si alguien actúa inadecuadamente, debe asumir su responsabilidad.

Tiempo ha faltado a la oposición para exigir responsabilidades a todos los demás niveles: explicaciones, comparecencias, hasta una comisión parlamentaria de investigación. Produce cierta irritación ver que quienes no dimiten ni cuando los pillan con la mano en la caja sean ahora tan estrictos con los demás. Comportamiento típico de escribas y fariseos. Y, no obstante, el juez Vidal, ni ERC, ni el gobierno de la Generalitat pueden negarse o responder con un "y tú más". Esas explicaciones deben darse; esas comparecencias, producirse. Para que quede claro que el proyecto independentista no recurre a los mismos procedimientos de guerra sucia del Estado que quiere ahogarlo. Y si, de esas explicaciones se siguieran otras responsabilidades personales, también deben asumirse sin rodeos.

Las faltas, los errores, los cometen las personas, no los proyectos. Son las personas quienes deben arrostrar las consecuencias de sus actos y no los proyectos colectivos. Poco futuro cabe augurar a la hoja de ruta si recurre a los procedimientos del adversario. No solamente porque ello sería una inmoralidad sino también porque sería un error estratégico.

A continuación, la versión castellana del artículo:

Las personas y el proyecto

Se entiende por qué los políticos del PP no dimiten nunca, hagan lo que hagan, tanto si abusan de su poder como si impiden el ejercicio de derechos ciudadanos o cometen delitos. Saben que la dimisión no es nunca el fin de una aventura, sino su comienzo. A continuación vienen las exigencias de que se pida perdón, las peticiones de comparecencia o las comisiones de investigación. Es mucho mejor no dimitir y dejar que escampe.

Por eso no dimitió Trillo después de la catástrofe del Yak42 de la que es políticamente responsable. Por eso tampoco Rajoy pide perdón a los familiares de las víctimas 14 años después de aquel desastre acaecido cuando él era vicepresidente del gobierno y, por tanto, también responsable. Por eso igualmente tampoco dimitió Fernández Diaz aunque esté bajo vehemente sospecha de haber hecho todo tipo de juego sucio contra el independentismo catalán, incluida la presunta “hazaña” de intentar destruir la sanidad catalana. Dimitir es reconocer responsabilidad, quizá culpabilidad y eso no es práctica común de la derecha.

La dimisión de Santiago Vidal se aleja de la práctica hispana y se acerca a la europea. Se hacen declaraciones inoportunas o injustas o falsas y, en consecuencia, se dimite. Esta dimisión ha provocado la consabida avalancha de peticiones de la oposición, tratando de acorralar tanto al dimisionario como al gobierno catalán, principal afectado por las declaraciones del juez. Al margen de la torcida intención que tienen muchas de estas peticiones, es importante que el bloque independentista y especialmente ERC, organización a la que pertenece Vidal, continúen en el espíritu europeo iniciado por el juez, den todas las explicaciones que razonablemente quepa esperar y disipen la sombra de la duda en los procedimientos aplicados en la hoja de ruta.

Es irritante ver cómo quienes actúan de modo prepotente y a veces supuestamente ilegal, quienes recurren a las cloacas del Estado para conseguir fines ilegales e inmorales, quienes censuran y abusan, se erijan en paladines de la democracia y el Estado de derecho. Pero eso no justifica el recurso al “y tú más” por la muy sencilla y poderosa razón de que ambas partes no son iguales. Nunca serán iguales quienes luchan por la libertad y quienes lo hacen contra ella, quienes quieren emanciparse y quienes sojuzgar a los demás. Quienes aspiran al pleno uso de los derechos nacionales no pueden recurrir a los mismos procedimientos que quienes quieren suprimirlos
Las desafortunadas declaraciones de Vidal comprometen a ERC, a JxS y al conjunto del bloque independentista porque afectan al comportamiento de las instituciones. Los responsables no deben ser reticentes a la hora de disipar dudas, evidenciar la falsedad de las sospechas, mostrar la limpieza del gobierno y sus departamentos. La oposición, incluida la más reaccionaria y xenófoba, está en su derecho de exigir cumplidas explicaciones y el gobierno catalán está en el deber de proporcionarlas. Las comparecencias de las autoridades en sede parlamentaria no deben ser obligadas, sino voluntarias. Y si llegara a demostrarse, que incurrieron en ilegalidades o actitudes reprobables, deben asumir su responsabilidad ipso facto y actuar en consecuencia. Son las personas responsables quienes deben pagar por ello so pena de que lo haga el proyecto.

La Constitución de la República Catalana, de la que el juez Vidal es uno de los corredactores, como el proyecto de emancipación nacional a que aspira no puede fundamentarse en comportamientos dudosos y actividades que no puedan hacerse públicas sin suscitar la suspicacia y el temor de la ciudadanía.

Vidal-Quadras explica en twitter que, cuando se abandona la protección del Estado de derecho, cuando se va contra la ley, la única solución es la fuerza. Es una amenaza obvia. Aunque cabe discrepar de la idea de la ley y el Estado de derecho que profesa el exeurodiputado del PP, en un sentido realista solo cabe darle la razón. Ir contra ley, por inicua que esta sea, es arriesgarse a sufrir el uso de la fuerza, que a nadie agrada.

Por eso es muy importante que todas las actuaciones del gobierno catalán sean escrupulosamente legales, para ajustarse al enunciado de Puigdemont “de la ley a la ley”. Es esencial que, al llegar el momento crucial de la confrontación política del referéndum, el Estado no haya recurrido al uso de la fuerza, amparado en una supuesta ilegalidad previa. Que se atreva a declarar ilegal el referéndum, a su vez amparado en una legitimidad que tiene un amplio reconocimiento interior y exterior.

martes, 5 de enero de 2016

Psicodrama catalán

Al lado de Cataluña la política del Estado español es un muermo, una rutina. La misma media docena de personajes diciendo siempre lo mismo, repitiéndose sin parar, colocando las mismas mentiras y tratando de engañarse unos a otros y todos al amable y sufrido pueblo siempre con las mismas marrullerías y las mismas patrañas. Ya quisieran estos tener peripecias como las de Cataluña, tierra tan extraña y exótica que, cuando un político fracasa, dimite ipso facto. Ya quisieran vivir en ese frenesí permanente de asambleas, votaciones, comparecencias, vigilias, ayunos, declaraciones e intercambios prácticos y teóricos sin parar en un hervidero de partidos, asociaciones de la sociedad civil, movimientos, coaliciones, etc.

"Nunca digais de alguien que fue feliz hasta que haya muerto", decían los griegos. Habiéndose producido la votación de la CUP contraria a Mas y teniendo todo el mundo claro que eso significa nuevas elecciones en marzo, Mas hizo unas declaraciones diciendo que está ansioso por seguir con la batalla independentista. Cuando las redes echaban humo con conjuros, cálculos, insultos y quejas por los insultos, a última hora apareció Junqueras a pedir que nadie se levante de la mesa y sigan las negociaciones hasta el final, hasta el sábado, antes de tirar la toalla e ir a unas elecciones nuevas que no le gustan nada.

Claro que no. Habría que volver a definir todas las estrategias, saber si se reedita el JxS y otros asuntos. Pero, sobre todo, habría que enfrentarse con En Comú Podem, un factor que no augura nada bueno para el independentismo. Porque C's, con sus 25 diputados en el Parlamento catalán, en el fondo, no pinta nada pues sus votos son básicamente del PP. El problema es Colau/Podem, con la idea del referéndum, que puede arrastrar muchos electores independentistas

Junqueras pide a CDC y la CUP que traten de encontrar un acuerdo a toda costa antes de repetir las elecciones. Casi parecería que ERC no forma parte de la plataforma de Junts pel Sí y que no fuera esta la que ha negociado hasta ahora. En su momento se aclarará, pero ya es evidente que si, por fin, se llega a un acuerdo -el que sea- y se evitan las elecciones, Baños se habrá precipitado al renunciar a su acta de diputado.

Pero ¿es posible un acuerdo? Dado el complejo psicodrama que está dándose en Cataluña, es preciso analizar las posibilidades y posiciones no solo de los partidos, sino de las personas, porque tiene un elemento psicológico muy fuerte.

La primera figura es Mas, en torno a quien se ha librado esta agitada batalla. Tiene anunciada para hoy una rueda de prensa que habrá que escuchar. De momento, sabemos que no cede. Su cálculo es sencillo: si cede lo pierde todo ya que se ha quedado sin partido prácticamente para postularse como un político nacional, por encima de partidos y banderías. Está en su derecho, todo el mundo le reconoce el mérito de haber llegado hasta aquí, pero la intransigencia de la CUP lo ha convertido en una obstáculo que, como se apreció ayer en la comparecencia de Junqueras, incomoda a sus socios, atados a él por algún tipo de compromiso más o menos secreto. Salvo que Mas, en estas condiciones límites, haga alguna maniobra espectacular que lo salve, será muy difícil que resista la presión para retirarse. No es justo, ni siquiera elegante, pues tenía acordado un mandato de solos 18 meses, pero quizá no haya otra salida si se quieren evitar elecciones nuevas. Será un ejemplo más del viejo adagio de que la revolución empieza por devorar a sus protagonistas.

La segunda es la de Junqueras, hasta ahora en la semipenumbra. Hace días abandonó la alcaldía de San Viçenc dels Horts y desató algunas conjeturas y ahora se manifiesta en público como lo hace.  La pregunta es obvia: ¿por qué lo hace? En primer lugar, sin duda, por ver si, a pesar de todo, en los cuatro días que restan puede componerse algún acuerdo de gobierno. En segundo lugar porque quiere desmarcarse -y con él a ERC- de un fracaso negociador si se produce y por eso señala -y, por cierto, la experiencia lo avala- que ERC y él están dispuestos a hacer lo que sea para garantizar que haya gobierno. Lo que sea, evidentemente, incluye aceptar la presidencia si se tercia con la promesa de la CUP de darle sus diez votos en la investidura. Un sacrificio grande, desde luego, pero el propio Junqueras debería explicar qué alcance exacto tienen los acuerdos con CDC. En tercer lugar, desmarcarse asimismo por si hay elecciones en marzo en donde es muy posible que cada cual vaya con sus siglas. 

Muchos son aquí presas de sus palabras. Mas está prisionero de su afirmación de que nunca sería un obstáculo a la independencia; unas declaraciones que sus adversarios le pasan por las narices con frecuencia para señalar que es un obstáculo y falta a su palabra. A su vez, la CUP, con su compromiso de negociar el cómo y el qué y no tanto el quién, al final ha dado la impresión (el sector del "no") de que todo fue una ficción y que lo importante sí era el quién y Mas no pasaría en ningún caso. Y, si esto era así, ¿cuál era el sentido de negociar durante tres meses? ¿Por qué no decir desde el principio que lo importante era el quién y condicionar todo lo demás a resolver este punto, en lugar de llenar papeles y papeles de planes de choque que no iban a servir para nada?

Tanto si Junqueras -a quien tengo por una persona sincera y leal, aunque con un punto de retorcimiento eclesiástico- habla con alguna base como si lo hace a humo de pajas, lo que dice es muy sensato: intentar un acuerdo a toda costa, no rendirse por nada y, si hay que ir a nuevas elecciones, váyase, pero porque no haya materialmente otro remedio.

lunes, 8 de diciembre de 2008

¿Muerte al Borbón?

Seguro, segurísimo que ese chicarrón catalán un poco brutote no tenía intenciones aviesas cuando gritó lo de "¡Muerte al Borbón!" Por una vez en la vida estoy de acuerdo con el señor Bono cuando exculpa al político de ERC diciendo que no quería decir verdaderamente lo que dijo y que es una persona muy emotiva, muy primaria. Ciertamente, se vio rodeado de los suyos en un ambiente de entusiasmo contagioso y se le fue el estro.

No puedo en cambio coincidir con el colega del señor Bono, don Javier Rojo, presidente del Senado cuando se toma el ex-abrupto de Tardá por la tremenda y, para contestar, enhebra, él sí, una serie de desatinos que deja el del señor Tardá convertido en una jaculatoria de beato. Dice el señor Rojo que, al pedir la muerte para el Borbón, el señor Tardá "ha insultado a todos los españoles". A mí no y no soy menos español ni menos rojo que el señor Rojo. Lo de Tardá me parecerá mejor o peor, más o menos educado pero ¿ofenderme? ¿Por qué? ¿Puede el señor Rojo explicar qué tiene la exclamación de marras de ofensiva para nadie, incluido el mismísimo interesado para quien será irritante, amenazadora, temible, pero no ofensiva? Eso de darse por ofendido por un quítame allá esas pajas es más propio del calderoniano señor Rajoy.

Añade el señor Rojo que los diputados deben tener un "poquito más de responsabilidad" que el resto de los ciudadanos porque les pagan por ello. Eso sí que es ofensivo para todo el mundo y el señor Rojo debiera darse cuenta de que su razonamiento es detestable. En primer lugar los diputados no tienen por qué ser más responsables que los ciudadanos que no son menores de edad, y en segundo lugar ello no puede depender de que les paguen o no. Ese punto de vista retrata al señor Rojo como un mercenario. Finalmente el presidente del Senado se ha lucido asegurando que las declaraciones del señorTardá hacen un "flaco servicio a ERC y sus electores". Espero que se sirva explicar por qué sea flaco el tal servicio. A mí me parece muy a tono con la condición republicana de la organización.

Lo que sucede es que es ahí también en donde se pilla el embuste del señor Tardá según el cual el grito de "¡Muerte al Borbón!" no quiere decir que haya que presentarse en el Palacio de la Zarzuela con una guillotina en la baca del coche, sino que se inscribe en el contexto de la Guerra de Sucesión en España, de la toma de Barcelona por Felipe V en 1714 y de la tradición republicana de Esquerra. Pero esto no es más que un conjunto de patrañas para salir vergonzosamente del paso. En primer lugar, los de Esquerra no son todos los catalanes, gracias a los dioses y, en segundo, los catalanes en 1714 no combatían por la República sino por otro Rey, tan malo como el Borbón: el archiduque de Austria a quien ya habían proclamado Conde de Barcelona. Eran pues tan siervos de un Rey como los borbónicos y al "¡Muera el Borbón!" correspondía un "¡Viva el Austria!", tan repugnante el uno como el otro. El señor Tardá ha perdido el oremus y ha sacado el trasfondo servil que lleva.

Los republicanos no necesitamos pedir la muerte de nadie, Borbón o no Borbón, para reclamar el fin de la Monarquía en España al grito, si es necesario de ¡Abajo el Borbón! ¡Fuera la Corona! ¡Abajo todos los Reyes! ¡Que se vayan! Y ahora que venga el también servil señor Rojo a decir que lo ofendo.

(La imagen es una foto de Fundació Pere Ardiaca, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 8 de junio de 2008

El discurso de ERC.

ERC es un partido necesario en España. Además eso de que sea abiertamente republicano y esté recordándolo todo el día me lo hace especialmente simpático. Pero no es por su republicanismo sólo por lo que es necesario en España, sino por su independentismo activo y... pacífico. ERC es la mayor fuerza de deslegitimación del terrorismo etarra puesto que deja bien a las claras que en España se puede ser independentista y gobernar. Y no solamente gobernar, sino gobernar tratando de conseguir la independencia, no nominalmente sino de hecho. Porque uno de los puntos de la propaganda etarra y su entorno mediático es que España no es una verdadera democracia y que en ella no se puede defender el independentismo pacíficamente. Justo la existencia de ERC prueba lo contrario.

Lo que sucede es que lo que quiere decirse es que España no es una democracia porque no cabe obtener la independencia por medios pacíficos. Y eso es otra cosa. Desde luego, está por ver que España (o el Estado espñol) acepte la voluntad de independencia de una mayoría de vascos o de catalanes pacíficamente expresada; pero es que antes hay que ser eso, mayoría. Cosa que sólo puede averiguarse de verdad en estado pacífico, no de guerra. Esa idea de que hay que conseguir a tiros lo que no se ha probado que no pueda conseguirse pacíficamente es el punto negro de ETA, lo que demuestra su falta de legitimidad. Lo que empezó para luchar contra Franco no puede servir después para luchar contra la democracia, salvo que se sostenga, contra toda lógica, que la democracia y el franquismo son lo mismo, que es lo que pregona ETA y muchos apoyan pues, dicen, la democracia procede del franquismo, pero es una procedencia cronológica, genética, no conceptual. Y ya se sabe que los hijos no heredan los pecados de los padres.

Así que es estupendo que haya ERC y que se recupere del batacazo que se dio en las elecciones de nueve de marzo pasado cuando perdió cinco de ocho diputados que tenía en la legislatura anterior en el Congreso. Para hacerlo ha ido por la vía asamblearia, cual es su carácter y ha celebrado elecciones a Presidente y Secretario General, una estructura presidencialista similar a la del PP. Los ganadores son los del continuismo más o menos aggiornato, señores Puigcercós y Ridao. El tripartito, en principio, continuará, pero la nueva dirección de ERC quiere una renegociación, lo que puede ponerlo en peligro o, lo que es más seguro, permitirá a ERC hacer lo que más le gusta: estar en el Gobierno y en la oposición al mismo tiempo. Es un partido de gente inteligente que sabe que lo importante es tener opciones abiertas. Nada que ver con ETA que ha llevado a su equivalente vasca al trullo, por bruta.