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martes, 7 de junio de 2016

Santuario

El otro día, al ir a ver la exposición sobre Carmen en el Matadero, nos pasamos a ver otra de muy distinto carácter: se llama Sin filtros, está organizada por Médicos Sin Fronteras y es una serie de cincuenta fotos de la autores más variados así como algunos vídeos también correspondientes al drama humano que, desde la invasión del Irak y muy especialmente, el de la guerra de Siria, se desarrollan en nuestras fronteras. Las riadas humanas que tratan de llegar a Europa procedentes de esas imprecisas regiones en las que, en la mayoría de las veces, las intervenciones europeas han desatado conflictos armados, guerra civiles de las que aquellas tratan de escapar. Columnas interminables de niños, viejos, mujeres, hombres que, más que nuestros territorios, atraviesan nuestras conciencias en busca de un refugio, un lugar en donde asentarse y reconstruir sus casas, sus vidas pues, con la guerra, lo han perdido todo.

Hay fotos impresionantes: primeros planos de gentes de gran belleza sumidas en la desesperación, campamentos en tierras de nadie, solanas, tiendas entre barrizales, camiones, carreteras interminables, fronteras, alambre de espino, patrullas, perros abozalados, letreros en lenguas extrañas. O es la inmensa vastedad de la mar por la que vagan pateras cargadas de multitudes, muy por encima de la línea de flotación y que probablemente naufragarán en algún punto, quizá a la vista de la costa, o sea, rocas sobre las que se deshacen las olas entre espumas. Chalecos salvavidas, mantas térmicas, voluntarios, primeros auxilios.

Rostros asustados, atemorizados, miradas cansadas, angustiosas, niños que lloran, viejos con la mirada ida, hombres desolados. ¿A dónde va toda esta gente, miles y decenas de miles con sus ropas de vivos colores compradas en algún almacen de Alepo que quizá ya no exista? ¿De dónde vienen? ¿Qué quieren? ¿Qué hacemos con ellos?

Hemos visto las fotos docenas de veces con el rabillo del ojo, y hemos pasado página o pantalla porque no es un problema nuestro y no podemos hacer nada. Bueno, quizá sí sea un  problema nuestro o de nuestros gobiernos, pero no podemos hacer nada. Es  verdad que a nuestros gobiernos los elegimos nosotros, pero seguimos sin poder hacer nada. En fin, quizá sea verdad que podamos hacer algo. Pero, ¿por dónde empezar? Y ¿no será más sensato empezar por nuestra casa? Estos acaban de llegar mientras que los nuestros llevan años aquí, durmiento en cartones en los parques o en los cajeros automáticos. Pero no son lo mismo: los de aquí son infraclases, muchas veces verdaderos detritus de esta civilización high-tech, wi-fi y top manta que nos hemos fabricado. Los que vienen son gentes trasversales, como quieren ser hoy todos los partidos políticos, de todas las edades y condiciones: abuelos, nietos, jóvenes, estudiantes, peritos, oficinistas, maestros, enfermeros... Y ¿qué hacemos con todos ellos?

Exactamente, eso, ¿qué hacemos? Nada, no podemos hacer nada, que se vayan, aquí no pueden quedarse, somos demasiados, consumen nuestros servicios y recursos. Al rebufo de estas situaciones, van ascendiendo electoralmente los nuevos caudillos. La experiencia nos dice que, para luego, es tarde. Nadie quiso reconocer que las banlieus, los barrios de inmigrantes eran bombas de relojería. Pero lo de ahora es mucho peor; la angustia que todo lo invade, la frustación, el fracaso. Y sobre este trasfondo de humillación, ¿vienes tú ahora de no se sabe dónde?

Antes lo veíamos con menos sobresalto: eran desplazamientos y expulsiones en lugares remotos que había que localizar fuera, en Biafra, el Congo... Y ahora llegan a Europa, a la vieja Europa. 

A la entrada de la exposición hay un cartel explicándonos muchas de las cosas que se dicen. Y se nos recuerda, a efectos de abrir nuestro corazones, que empecemos por abrir la cartera porque esto "podría pasarnos a nosotros". Es la base del intento pascaliano de tranquilizar nuestras conciencias.

A nosotros nos ha tocado muchas veces, aunque no queramos reconocerlo: con el fin de la guerra civil, más de 500.000 personas cruzaron la frontera con Francia y feron internadas en campos de concentración  vigiladas por soldados senegaleses que robaban a los reclusos. También pasó en Alemania, con el asunto de los Sudetes.

Si no hacemos más no es por ignorancia; es por egoísmo.

viernes, 28 de agosto de 2015

Acogedlos.

"No maltratarás ni afligirás al extranjero, porque tú tambien fuiste extranjero en la tierra de Egipto" (Ex.: 22, 21).

Europa es tierra de asilo. Y debe seguir siéndolo. La crisis de la inmigración no puede desnaturalizarla, hacerle olvidar sus valores y principios, dar la espalda a estas oleadas de gente que llegan a nuestras playas, nuestras tierras (que, en el fondo tampoco son "nuestras") huyendo del hambre, la injusticia, la tiranía, la persecución, la muerte. 

Mucho menos puede Europa permitir que, al amparo y cobijo de miedos egoístas, prejuicios, falta de solidaridad, indiferencia, esta crisis dé alas a los partidos xenófobos, racistas, inhumanos, fascistas; los Farage, Le Pen, Albiol.  Debemos acoger a los huidos, acomodarlos, ver qué podemos hacer por ellos sin merma de nuestros sistemas democráticos y nuestros catálogos de derechos y libertades que tocan a los inmigrantes y refugiados como a los autóctonos.

Es obvio que el problema ha tomado unas proporciones fuera de lo común. Deben buscarse soluciones a escala de la UE también fuera de lo común. Hay que revivir las políticas de inmigración y adoptar otras nuevas que permitan intervenciones humanitarias rápidas y flexibles. Y, sobre todo, hay que allegar muchos más recursos. La situación exige estar a su altura, olvidar rencillas pequeñas y entender que, como en las comunidades de vecinos, hay que hacer una derrama extraordinaria en vista de lo excepcional de la situación. Y hacerla ya, con el añadido de tres consideraciones:

1ª) hay que ayudar en especial a aquellos que, por diversas razones, están soportando las oleadas de entrada. En primerísimo lugar Grecia. Es tremendamente injusto seguir apretando las clavijas a este pequeño país y hacer como que no vemos que tiene que habérselas en primera línea con un problema al que materialmente no puede hacer frente.

2ª) hay que recordar que los europeos somos los directos responsables de esta catástrofe humanitaria. De la que viene del Sur, del África y trata de cruzar el Mediterráneo, por el desastre que el colonialismo ocasionó en el continente y sus secuelas; de la que viene del Este, de Siria, Jordania, el Irak, por la política agresiva o contemporizadora con las agresiones que hemos llevado a cabo en esta parte del mundo.

3ª) porque, con el paso del tiempo, cuando todo vaya calmándose y volviendo a su cauce, estas decenas, cientos de miles, de gentes de todas partes, serán fuente de rejuvenecimiento y prosperidad del continente que, en el futuro, debe poder mirar hacia atrás y no avergonzarse del trato que hayamos dado a estos extranjeros, peregrinos, refugiados.

sábado, 22 de febrero de 2014

Carta abierta a Rubalcaba.


Señor mío: cuando su partido lo eligió secretario general muchos nos alegramos por considerar que era una buena, una seria opción, para acabar con el desastre en que se había convertido la segunda legislatura de Zapatero, sin tomar muy en cuenta que usted era el vicepresidente de aquel gobierno desastroso, desprestigiado que, al reformar la Constitución con trampas, falló clamorosamente a su electorado.

Tuvimos en cambio en cuenta que había sido el mejor ministro del Interior de la democracia, que había acabado con ETA y eso merecía un voto de confianza, aunque lo hiciera apoyado en doctrinas que eran en parte dudosas y, en parte, claramente arbitrarias e injustas.

Cierto que consiguió usted la secretaría por tan escaso margen de votos frente a su competidora, Carme Chacón, que era razonable pensar que hubiera usted recurrido a intrigas y medios poco leales para ganar. Pero, como la victoria es la victoria, aunque sea raspada, todos los votantes nos aprestamos a respaldar su gestión con nuestros sufragios.

Perdidas las elecciones en el peor desastre electoral del PSOE en democracia (cosa que debió actuar como un mecanismo de aviso, pero no lo hizo), embarcó a su partido en una tarea de recuperación del terreno perdido basada en una estategia que no solamente es errónea sino, en buena medida, reaccionaria y colaboracionista con el peor, más corrupto y fascista gobierno de la derecha que ha habido en España después de Franco.

Empezó usted ofreciendo "pactos de Estado" a un partido que los ignoró todos y aplicó medidas antipopulares, injustas, retrógradas y agresivas para el bienestar de la población y sus derechos y libertades. Pretendía pasar por estadista y se quedó usted en miserable pedigüeño, solicitante de una legitimidad que este gobierno de presuntos mangantes se permitió el lujo de no concederle. Respondió al ninguneo con alguna tímida iniciativa parlamentaria para guardar las formas, sabiendo que todas serían derrotadas y se abstuvo de plantear la única que hubiera tenido alguna repercusión política, una moción de censura.

Cerró filas con lo más sórdido y nacionalcatólico del nacionalismo español en contra del soberanismo catalán, no solamente negando el derecho a la autodeterminación de los catalanes, sino propugnando una especie de hocus pocus federalista que se sacó de la manga en el último momento, que no engaña ni a los más tontos y culminó el regreso al redil centralista haciendo causa común con los de "antes roja que rota" que, para usted, es "antes azul que rota".

Hizo algunos tímidos y balbuceantes intentos de apuntar al laicismo y la separación de la Iglesia y el Estado pero enseguida recogió velas y del asunto no se ha vuelto a hablar de forma que, conociendo a los curas, es casi seguro que ya tiene usted pactada alguna vergonzosa concesión como las que hicieron los meapilas de la segunda legislatura "socialista" de Zapatero.

Salió en defensa de la que a estas alturas es ya la monarquía más corrupta y presuntamente delictiva de todo Occidente y, riéndose de la tradición republicana de su partido, convirtió usted a este en uno dinástico de cortesanos y tiralevitas al servicio del Rey y de la ocultación de sus supuestas fechorías y las de sus impresantables parientes.

En definitiva, en sus dos años de secretario general ha conseguido usted el raro mérito de ser sistemáticamente peor valorado por la opinión pública que el señor Rajoy, epítome de gobernante corrupto, incompetente, embustero y autoritario, y lo ha coronado consiguiendo para el PSOE las intenciones más bajas de voto de la historia. Y eso porque la gente ya se ha dado cuenta de que siendo ustedes dos, Rajoy y usted, dos políticos profesionales, hay menos distancia entre los dos que entre usted y cualquier socialista que mantenga algún principio de izquierda.

Pero con la orden dada a sus obedientes y ovinos diputados de abstenerse en la votación parlamentaria en la que se pedía la dimisión del ministro del Interior, responsable político de las muertes (por negligencia o por acción criminal de las fuerzas a sus órdenes) de quince seres humanos indefensos en situación de necesidad, ha cruzado usted todos los límites aceptables para un político no ya de izquierda (cosa que no ha sido usted jamás) sino simplemente demócrata y decente. Que en ese momento haya pesado más en su ánimo su solidaridad de polizonte (de exministro del Interior a ministro de lo mismo) que su deber de defender los derechos fundamentales de las personas, en concreto el de la vida, frente a la agresión fascista; que lo hayan seguido ciegamente sus diputados sin una fisura, absteniéndose como auténticos truhanes, más atentos a sus bolsillos y carreras que a la dignidad de las personas, rebasa ya todo lo que cualquier persona con un espíritu libre y respeto a los derechos fundamentales puede aguantar.

Usted no es un secretario general del PSOE. Ha secuestrado ese partido, lo ha llevado al desastre electoral, al desprestigio, a la colaboración con la España más reaccionaria y, últimamente, a la indignidad y la vergüenza.

No sé cómo reaccionarán los demás electores que todavía votan al PSOE. De mí sé decirle que, si este no lo echa a usted cuanto antes y retorna a su espíritu socialdemócrata no volveré a votarlo.

(La imagen es una foto de Rubalcaba 38, bajo licencia Creative Commons).

martes, 18 de febrero de 2014

¿No son personas los negros?

Bueno, quizá sí lo sean. Pero no tanto como un óvulo fecundado, por otro nombre, un no nacido, a quien la autoridad secular -inspirada en esto por la espiritual- está dispuesta a defender con uñas y dientes frente a la fiebre asesina de unas falsas mujeres emperradas (nunca mejor dicho; de perras) en propalar doctrinas demoníacas como la del derecho al propio cuerpo. Obviamente, no son lo mismo, el óvulo fecundado está mucho más desprotegido que unos mozarrones que trataban de llegar a nado a España sin saber nadar.

En fin, admitido, son personas. Pero conste que no murieron en España sino que lo hicieron, según el ministro, formalmente en Marruecos. ¿Formalmente? Sí, razona este devoto señor, porque no cruzaron la frontera española ya que esta, lejos de ser una línea fija y determinada, es oscilante, se encuentra en donde esté la guardia civil en ese momento. Si la guardia civil está en el casino, la frontera pasa por el casino. Es el concepto de frontera retráctil. Tan retráctil como su conciencia. ¿Que hay quince cadáveres? La conciencia se repliega, como la guardia civil. No son míos. No son producto de mi incompetencia, quizá de mi negligencia criminal. Son de otro. Formalmente, de Marruecos.

¿Denegación de auxilio? ¿Falta al deber de socorro? ¿Pelotas de goma? ¿Cartuchos de fogueo? Cháchara intrascendente de quienes solo buscan sacar réditos políticos de todo, pidiendo la dimisión de un ministro, cristiano ejerciente, en permanente contacto con la divinidad. Con sobrada razón el gobierno se niega a entregar todos los vídeos que tomaron 37 cámaras de lo sucedido aquella jornada. Está más interesado en encubrir el presunto desaguisado de las fuerzas de seguridad que en explicar lo sucedido y permitir que se haga justicia. Un derecho elemental, básico, de toda persona del color que sea. Un derecho que nos obliga a todos, cristianos y no cristianos.

Porque si los negros no son personas, los blancos tampoco.

(La imagen es una foto del Twitter de Javier @jdacazas

jueves, 5 de diciembre de 2013

La España peregrina.

En mis tiempos de estudiante en Alemania, allá por los años setenta, además de mis amistades de la Universidad, alemanes y españoles, tenía contacto con la emigración de nuestro país, la económica y la política. Esta estaba hegemonizada por el Partido Comunista, pero también había un grupo del PSOE que se lanzó a imprimir una revista en español con financiación del sindicato alemán del metal. Era una publicación mensual con la portada en color (siempre un naranja socialdemócrata) y un interior más modesto, en blanco y negro. Iba dirigida a los trabajadores españoles, los Gastarbeiter de nuestro país, para hablarles de las cuestiones que les interesaban (la integración, los trabajos, los permisos, los subsidios, la educación de los hijos) y que eran muy variadas porque había inmigrantes recién llegados y otros que llevaban diez o doce años. La revista se editó entre 1970 y 1977 y ahora, la Fundación Anastasio-FITEL, bajo la dirección de Manuel Fernández, Lito, ha digitalizado todos los números que pueden consultarse en la red y lo presentan el próximo día 9 en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, a las 18:00h. Será muy interesante.

Colaboré un par de años (los dos primeros, en 1970 y 1971) en la publicación con unos tostonazos doctrinarios que no leía nadie. El Express Español tenía, además de ese espíritu de guía útil y práctica, una fuerte carga antifranquista, si bien esta se hacía más visible en chistes, noticias, comentarios breves. Muy prudentemente, firmábamos con seudónimo. Y no era exceso de precaución. En un viaje que hizo a Madrid el entonces director, Carlos Pardo, la policía estaba esperándolo en el aeropuerto y se lo llevó detenido. Se armó un lío, hubo una interpelación en el Bundestag y el diputado socialdemócrata Hans Matthöffer, hace poco fallecido y muy versado en los asuntos españoles, llegó a amenazar con represalias al régimen de Franco; y el régimen de Franco dejó en libertad a Pardo.

Con estas dos almas, la politizada y la práctica, convivía una tercera, más folklórica y popular, que tenía muy buena acogida entre los lectores. Vivía en ella el llorado Manolo Fernández Montesinos, sobrino de García Lorca, granadino y gran aficionado al flamenco. Aprovechaba las giras de los artistas españoles e hispanoamericanos para hacer unas entrevistas que, releídas casi 45 años después, retratan unas gentes, una época y... un lugar, el exilio, el lugar de la España peregrina, que vuelve a ser. He reproducido la portada de la entrevista a La Singla en el nº de febrero de 1971, centenario de la Comuna de París. Ahora, Antoñita La Singla, bailaora gitana nacida en Cataluña (y catalana, según ella misma decía), tendrá 65 años y quizá esté retirada. En aquellos años, ella con veintitrés, era un torbellino en el escenario. Poco imaginable si se tiene en cuenta que nació sordomuda en una familia con 18 hijos y no arrancó a hablar y con dificultad, hasta los siete u ocho años. Su triunfo (llegó a interpretar el papel de hija de Carmen Amaya en Los Tarantos) fue el resultado de su espíritu y su fuerza de voluntad.

viernes, 4 de octubre de 2013

La política de la muerte.


Los muertos nos acechan, nos asaltan, llegan a cientos a nuestras playas. Los muertos que hemos matado con nuestra indiferencia, nuestro egoísmo, nuestra insolidaridad. Los muertos llueven. Caen en Siria, en Afganistán, en México, en Palestina, en los colegios de los Estados Unidos, los balnearios noruegos o los trenes españoles. Y sus muertes son siempre un escándalo. Pero estos doscientos africanos que se han ahogado ante Lampedusa, mujeres, hombres, niños, tienen algo especial. Se nos echan encima, nos amargan la existencia. Hasta el Papa dice sentirse avergonzado. Un sentimiento que compartimos muchos. Un sentimiento noble engastado en otro menos noble, en otro de perversa autocomplacencia: somos unos privilegiados. La gente se juega la vida por entrar en nuestra casa. Y la pierde a puñados. Es, desde luego, escandaloso, una vergüenza. Hay que arreglarlo pero, por favor, no podemos abrir nuestras fronteras. Pereceríamos todos. Definitivamente, menos noble.

Porque la vergüenza nos la inspiramos nosotros mismos. Nosotros somos la vergüenza. Y parece como si, al sentirla, y confesarla en público, cuando los africanos perecen a puñados ante nuestras costas víctimas de la codicia de los traficantes y de la incompetencia o la indiferencia de las autoridades, pudiéramos olvidarnos de nuestros propios muertos, de los que matamos en esa casa por entrar en la cual pierden la vida tantos desgraciados de fuera.

La muerte no es cosa de cantidades. Ese indigente muerto de inanición en Sevilla vale por todos los africanos del mundo. Por todo el mundo en realidad. Plantea una cuestión bien terrible: ¿cómo hemos llegado a esta situación en la que, en mitad de la abundancia, la gente pasa hambre y alguna, a la vista está, muere de ella?

Pero también puede ser de cantidad. ¿Cuántos suicidios por desahucio llevamos? Formalmente son suicidios. Materialmente son asesinatos. Ninguna madre de cinco críos se suicida así porque sí.

Son asesinatos. Todos. Los de fuera y los de dentro. Asesinatos perpetrados por un orden basado en la violencia estructural más extrema, esa de la que no tiene ni idea el ministro de Justicia, pero la usa para sus torcidos fines. Porque él, tan creyente, es parte de una política de partido que, profesando de boquilla el individualismo cristiano, carece de toda consideración por la dignidad de la persona. Más aun: considera a las personas mercancías. Rajoy sigue su periplo vendiendo la Marca España. Ahora, en el Japón, ha expuesto claramente esa visión mercantilizada de los seres humanos propia de estos neoliberales. Quiere convencer a los inversores japoneses de que es una buena ocasión para meter dinero  porque él ha bajado los salarios en España.

La política de la derecha neoliberal es política de muerte. Los seres humanos son mercancías; las mercancías se deterioran, se echan a perder, se hacen obsoletas, envejecen; hay que deshacerse de ellas y, las que resten, ponerlas a buen precio. Lo dijo hace unos meses una de esas responsables de sanidad del PP (madrileño, creo) con aire de experta en master de administración de la salud o cosa parecida ¿Tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema? Ándele, pregunte al cargo qué entiende por sentido. Las bocas inútiles. La política de la muerte. Es ya más que la biopolítica foucaultiana. Es directamente la tanatopolítica.

Rajoy considera la Marca España como una especie de empresa. España es una empresa; los españoles somos los trabajadores y la empresa siempre quiere rebajar los salarios para aumentar los beneficios. Siempre. Y como, según el catón económico que alguien ha metido en la cabeza al presidente, son los empresarios los que generan empleo, hay que garantizarles los beneficios. Si para ello es necesario despojar a los compatriotas de sus derechos y entregarlos en condiciones de servidumbre, se hace. Y, además, se dice. Rebajar los salarios, reducir las pensiones, eliminar subvenciones, subsidios, prestaciones, becas, ayudas. La política de la muerte va precedida del expolio.

Aun así, no pasa nada y todo el mundo se pregunta por qué. ¿Por qué? Miren Lampedusa. Miren los restos de quienes han muerto por llegar aquí a que los exploten, los maltraten, los prostituyan, los encarcelen o los maten. ¿Lo ven? Es una vergüenza, sí, pero son ustedes unos privilegiados. Y estar peor es solo cuestión de proponérselo.

lunes, 17 de diciembre de 2012

La aventura de la emigración.

Excelente imagen encontrada al azar en la red de Rajoy y su niña, empujados a comer el amargo pan del exilio. Todo un acierto de montaje. Es el contrapunto imaginario a la estupidez proferida hace unos días por un@ de es@s descerebrad@s a l@s que el PP ha situado en los lugares del mando del país. La secretaria general de Inmigración y Emigración, Marina del Corral, afirma que los jóvenes españoles emigran "por afán de aventura". No por necesidad. Esta majadería recuerda la reflexión de un gallego genial, Julio Camba, hace ya muchos, muchos años, lo que demuestra que la desvergüenza de l@s señorit@s es de prosapia. En La rana viajera o Las aventuras de una peseta, no recuerdo bien, se enfrentaba el gran periodista al prejuicio según el cual los irlandeses y los gallegos emigran mucho porque son celtas inquietos con espíritu aventurero. Concluía Camba lo obvio: no es el afán de aventura lo que empuja a irlandeses y gallegos a marchar de su tierra, sino el hambre.
¿Ha oído, Corral? El hambre que, gracias a la muy católica gestión de ustedes, ya se deja sentir por toda España, con lo que un@s asaltan supermercados, otr@s buscan en los cubos de la basura y otr@s, por fin, tienen que emigrar.
Eso y la creciente tasa de suicidios gracias a su magnífica labor es lo que los españoles tienen que agradecer a ustedes.
(La imagen es una foto encontrada al azar en la red, sin atribución de autoría. En caso de que estuviera protegida, un aviso a Palinuro y este la retirará ipso facto.)

miércoles, 17 de octubre de 2012

Los hilillos, los 300 y Fu Man-Chu.


Hilillos
Acaba de arrancar el juicio por el desastre del Prestige que hace diez años inundó de chapapote las costas gallegas. Como en una moviola han pasado ante nuestros ojos de nuevo las imágenes escalofriantes de unas gentes desamparadas, unos voluntarios sin medios recogiendo aquella masa viscosa poco más que con las manos. Entre tanto los políticos supuestamente responsables en Madrid daban un espectáculo incalificable. Unos andaban cazando, otros en sus asuntos y ninguno quería afrontar la situación ni adoptar decisiones. Y así siguieron varios días; en realidad, hasta hoy. Casi da la impresión de que en el banquillo del juicio no se sientan los verdaderos responsables sino unos segundones y alguno de ellos, en el fondo, víctimas. Lo dice Xurxo Souto, el portavoz de la valerosa asociación Nunca Mais, "Aznar, Cascos y Rajoy no van a ser encausados por el 'Prestige', pero políticamente ya fueron condenados". ¿Alguna duda? Quien se ganó el apelativo de Señor de los hilillos es hoy el presidente del gobierno de España; como condena, no puede ser más curiosa. Por supuesto que, como sigue diciendo Souto, "la gestión del Prestige fue un ejercicio de incompentencia y de prepotencia". Exactamente igual que la gestión de la crisis. Pero ahora no se hunde un barco. Se hunde un país.

300.

Es el número legendario del paso de las Termópilas en donde Leónidas y sus trescientos espartanos (con algunos otros cientos de tebanos y tespianos) hicieron frente y detuvieron el ejército persa que quizá no llegara al millón de hombres como dice Herodoto pero, desde luego era infinítamente más numeroso que el de los griegos. 300 fueron los negroafricanos que ayer tomaron al asalto la valla de Melilla, habiendo conseguido su objetivo, según parece, cien de ellos, que ahora irán a parar a un CIE, un Centro de Internamiento de Extranjeros, lugares que no atraviesan por su mejor momento. Melilla (de Ceuta no se oye hablar) es las Termópilas de España, de Europa, pero con los actores y sentidos algo cambiados. Los invasores, que ahora también son cientos de miles, quizá millones, no vienen empujados por la codicia a conquistar, ocupar y saquear sino empujados por el hambre, a tratar de sobrevivir como sea porque en el vasto continente que quieren dejar atrás también como sea no tienen futuro. Esta situación nos pone a los españoles y a los europeos en general ante un dilema moral sumamente incómodo: no podemos enarbolar el discurso de los derechos humanos y negar a la gente uno fundamental, el de libertad de circulación. ¿Por qué lo hacemos? Según parece porque creemos que, si lo reconocemos, tampoco nosotros sobreviviremos. Quizá sea así. Pero quizá también lo sea porque nos hemos dotado de un sistema político y económico que solo quiere a la gente para explotarla pero no es capaz de garantizar su subsistencia. Y lo hemos notado porque ahora está empezando a pasarnos a nosotros. Más de cien mil españoles salieron del país el año pasado. ¿Y si se hubiesen encontrado vallas de seis metros en todos los pasos de los Pirineos?

Fu Man-Chu.

La mafia china. Algo sorprendente tiene esa expresión. ¿Por qué resulta tan familiar mafia china cuando me parece que es la primera vez que asoma en la prensa? Hasta ahora la mafia era napolitana, siciliana, rusa, pero no china. No obstante encaja como el dedo en el dedal por los abundantes prejuicios sobre los chinos. Por fin nos hemos enterado de la causa eficiente de la miriada de tiendas de abarrote que ha invadido el país como una especie de sarpullido: las grandes naves de venta al por mayor de la chinoiserie contemporánea; y también de la causa final: lavar dinero a espuertas que se obtenía estafando a la Hacienda pública española con la connivencia de unos funcionarios a los que, al parecer, se sobornaba a modo. Y no debían de ser pocos. No es concebible que un barco cargado con toneladas de espantosas imitaciones de espantosas figuras de Lladró, pase por la aduana como por el seno de María sin romperla ni mancharla, con la ayuda de un factor de tercera del puerto. Además la banda estaba dirigida por un refinado empresario, Gao Ping, residente en Somosaguas, Madrid y ¡marchante de arte! como en una película de Hitchcock. De 800 a 1.200 millones de euros han lavado estos misteriosos orientales que están arruinando la industria española de ferretería con sus todo a 100 y cuya mayor parte se remite a la China. Ahí está la base de la prosperidad del Imperio del Centro: en la piratería. Y, si de competencia e incompetencia se habla, esta mafia llevaba cuatro años operando a todo rendimiento.