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domingo, 10 de octubre de 2010

La clave humana.

Es emocionante el rescate de los 33 mineros atrapados a más de seiscientos metros bajo tierra. Es un prodigio de ingeniería. Una máquina capaz de perforar a tanta profundidad hasta dar con el habitáculo en que se encuentran los 33 hombres es algo difícil de imaginar. Y mantenerlos con vida durante los más de sesenta días que llevan sepultados, enviándoles alimentos y objetos e imágenes así como recibiendo las de ellos por medio de una sonda ha sido casi un milagro y ha permitido que los más de dos meses pasen más rápidos. La tecnología es decisiva en la vida del hombre. Lo lleva a la luna y lo arranca con vida de las entrañas de la tierra, el reino de los muertos. Es Zeus que ordena a Hades que devuelva a Perséfone, secuestrada y sepultada en los infiernos, a la faz de la tierra y la presencia de su madre.

Pero lo más emocionante ha sido el factor humano. El buen ánimo de los sepultados, la solidaridad de las familias que han acampado en la explanada a la entrada de la mina, han mancomunado sus esfuerzos y han evitado vivir el drama en el aislamiento y soledad de sus hogares. Todo ello ha sido el principal impulso en las tareas de rescate. La existencia de un mundo virtual compuesto de imágenes, voces, sonidos entre las dos orillas ha sido un elemento decisivo en la conservación de la esperanza y el espíritu. He aquí una situación en que lo virtual demuestra su extraordinaria aportación a la mejora de la vida, que no todo ha de ser esa crítica tan frecuente mezclada de queja de que vivimos en un mundo virtual y perdemos la noción del contacto con el mundo verdadero. En realidad el virtual es más verdadero que el verdadero porque sin el, ¿qué sabríamos de éste? ¿Cómo imaginaríamos que estarían los hombres atrapados? ¿Qué pensarían ellos que habría pasado con los de arriba?

Es siempre la clave humana la que tiene la explicación de las cosas, pero no se recurre a ella porque se considera muy subjetiva, poco científica. Además lo humano suele ser cambiante y engañoso y no cabe acercarse a ello por medio del raciocinio sino de forma empática, cosa que se presta a todo tipo de confusiones. Pero es que la realidad es muy confusa; casi parece fantasía.

En los últimos días ha habido sus más y sus menos en el PSOE acerca del liderazgo de Rodríguez Zapatero. Ha sido una de las consecuencias de la derrota del Presidente en las primarias de OK Corral. El cuestionamiento del liderazgo del líder, procedente de algún llamado barón territorial (los de Extremadura y Castilla-La Mancha) ha tropezado con una especie de toque a rebato en el campo socialista de forma que todos han cerrado filas en torno al jefe asegurando además que es el más adecuado para sucederse a sí mismo, que es la forma más simple de sucesión que se conoce. Hasta el presidente castellano-manchego, Barreda, que insistía en la idea de limitar a dos los mandatos en la Presidencia del gobierno, acabó dando marcha atrás y reconociendo haber metido la pata, aunque en términos más comedidos. La reacción adversa, encabezada por la vicepresidenta del Gobierno para quien no hay más líder que Zapatero y ella, su sibila, dejó a Barreda tambaleante haciendo protestas de lealtad canina al lider cuyos mandatos pretendía limitar.

El aparato del partido, sus dirigentes intermedios, aquellos militantes destacados que aspiran a más altos designios tienen prisa por aclarar las condiciones del juego para plantear su estrategia. Las carreras políticas no llevan todas el mismo ritmo. Ni el tiempo es el mismo para todas. Los más jóvenes tienen prisa; los más longevos van al ralentí. Y en algún caso la clave humana, la gran olvidada, reaparece exigiendo antención.

Desde aquel Zapatero exultante que en 2004 prometía no fallar y en 2008 alcanzar el pleno empleo hasta el de hoy ha pasado la más profunda crisis del capitalismo desde la de 1929, como si fuera el carro de Moloch por el huerto. El impulsivo gobernante de la primera legislatura, referencia europea de la socialdemocracia de izquierda, se ha convertido en una figura abrumada, casi noqueada que se obstina sólo por fuerza de voluntad en mantenerse en el cuadrilátero. Se ha empeñado en domeñar una crisis que no previó, no predijo y se negó a admitir hasta que el cielo le cayó en la cabeza. Trabajar, trabaja probablemente hasta la extenuación y vive entregado a esta tarea como se delata por su apariencia taciturna y expresión ausente, pero el caso es que nadie y, menos que nadie, él sabe si tendrá éxito o no. Esperar a averiguarlo puede ser mortal para un partido que va catorce puntos por debajo en intención de voto respecto a la derecha y cuyo líder tiene un grado de desprestigio ya similar al de la oposición. Plantarse ahora puede ser peor porque se atisban signos de recuperación y, de todos modos, no hay tiempo de fabricar un líder a no ser que se repita el fenómeno de las primarias madrileñas. Es el dilema al que se enfrentan todos los jugadores: pasar o apostar.

Da la impresión de que Rodríguez Zapatero pide tiempo hasta 2011 para comunicar si se presenta o no precisamente porque está haciendo ese muy humano cálculo. Ahora las perspectivas son malas; según como sean en enero/febrero, el hombre tomará una decisión. Pedirle que haga otra cosa es pedir lo excusado, en primer lugar porque no suele hacer caso a lo que le piden y, en segundo, porque la que ha tomado seguramente es la decisión más acertada: aplazarla. Wait and see.

(La primera imagen es una foto de Globovision, bajo licencia de Creative Commons).

(La segunda es una foto de Downing Street, bajo licencia de Creative Commons).