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miércoles, 25 de noviembre de 2015

Los desastres de la guerra.

En el Conde Duque de Madrid, una exposición de imágenes de fotorreporteros españoles en una serie de guerras y conflictos a lo largo y ancho del mundo al día de hoy. Son 74 fotos solemnente expuestas en una gran sala bastante oscura con la iluminación concentrada en las imágenes para que resalten más. Las matanzas, las guerras, los conflictos, la miseria, las situaciones de injusticia. Yemen, Siria, Palestina, el Congo, Libia,  varias ciudades mexicanas, Haiti, Ucrania, Turquía, Afganistán. Civiles muertos, mujeres violadas, combatientes mutilados, niños asesinados, paisajes de ruina y desolación. Casas demolidas, maquinaria de guerra despanzurrada en el desierto, basureros, calles destrozadas, lugares arrasados, destruidos, minados.La rutina del día a día entre la vida y la muerte.

Son imágenes que nos hemos acostumbrado a ver en los medios, en los periódicos, en los telediarios, hoy en un país, mañana en otro, o vídeos de You Tube en los que previamente se nos advierte que lo que vamos a ver "puede herir nuestra sensibilidad", una advertencia morbosa que suscita mayor curiosidad porque nuestra sensibilidad es ya la de los paquidermos a fuerza de ponerla a prueba. Esta exposición acumula en un solo espacio, de una sola vez, lo que la realidad nos administra por entregas. Y realmente satura y asquea. Todas las fotos están documentadas y explicadas (por cierto, no muy cómodamente, pues hay que dar la vuelta para ver las leyendas) con referencia a situaciones, problemas, conflictos que, a veces, nos suenan, nos son familiares y otras nos resultan desconocidos o son incomprensibles. Pero, en realidad, acaba por darnos igual. Esos rostros, las miradas, los gestos, hablan por sí mismos y son como piezas desarticuladas de una composición general de barbarie, brutalidad, muerte y desolación.

Mientras miraba no podía dejar de pensar en los Desastres de la guerra, de Goya, en cómo el artista dejó un legado del horror con intención de golpear nuestra conciencia poniéndola delante de nuestra capacidad para la crueldad. Hoy los escenarios de esas bestialidades se han multiplicado y los Goyas contemporáneos, armados con sus cámaras, dejan tras de sí ese testimonio de la interminable tendencia del ser humano a dejar de serlo cuando se enfrenta a sus semejantes.

Un último homenaje de agradecimiento a los fotorreporteros que arrostran dificultades, privaciones y riesgo para sus vidas al hacer un trabajo impagable: fijar para siempre y acumular los testimonios de la parte más oscura del alto grado de civilización a que hemos llegado.

Era Heráclito quien decía que la guerra "es el padre de todas las cosas". A lo mejor va siendo hora de que la humanidad mate a su padre.

viernes, 20 de noviembre de 2015

La Gran Nación de Gila.

Hace dos días, Palinuro anunciaba que el gobierno español iba a la guerra de Gila en un post titulado Vamos a la guerra, pero poco. Se quedó corto. El asunto va haciéndose más cómico según pasan las horas. Da igual lo que suceda en el mundo. Rajoy solo piensa en las elecciones. Cuando ganó las de noviembre de 2011, retrasó cuatro meses la aprobación de unos presupuestos muy restrictivos para no afectar a sus expectativas en las elecciones andaluzas que, de todas formas, perdió. Los presupuestos del año que viene se aprobaron, en cambio, a toda velocidad antes de que se disolvieran las cámaras precisamente para todo lo contrario, para condicionar en su ejecución al gobierno que salga de las próximas elecciones del 20 de diciembre. Es lo único que cuenta para él: ganar las elecciones, o sea, mantenerse en el poder a toda costa. A ese objetivo sacrifica todo: los presupuestos, los ritmos parlamentarios, los usos democráticos y, como se ve ahora, hasta el papel internacional de España y sus compromisos con sus aliados. Lo que sea.

Siendo vicepresidente del gobierno, Rajoy aplaudió en 2003 la decisión de Aznar de meternos en una guerra ilegal, injusta, de rapiña y basada en patrañas fabuladas con sus compinches de las Azores. Aplaudió y redobló tambores de guerra en contra de la voluntad casi unánime de los españoles. Y cuando, como resultado de ese crimen, España padeció el peor atentado de su historia en represalia, el mismo Rajoy se sumó a la mentira orquestada por el gobierno de atribuírselo a ETA y hasta la intensificó publicando un artículo periodístico en la jornada de reflexión en el que afirmaba que "tenía la convicción moral" de que había sido ETA. Pero de sobra sabía él que era mentira y que el atentado de Atocha fue obra de terroristas musulmanes en venganza porque España participó en aquella guerra.

Nadie creyó las mentiras del gobierno y, en consecuencia, el PP perdió las elecciones. Las perdió él, que era el candidato.

Y ahora, a un mes de las de 20 de diciembre se le plantea la exigencia de repetir la historia de 2003 y de mandar tropas a una guerra probablemente tan impopular como la del Irak. Unas elecciones que creía ya ganadas y que ahora ve peligrar si España entra en el conflicto. Ni hablar. Antes se deja afeitar la barba. Si por él es, el Estado Islámico puede conquistar el Asia entera que él no moverá un dedo.

Uno de sus complacientes ministros apunta la posibilidad de que el gobierno no tome una decisión antes del 20 de diciembre. No es muy gallardo, pero permite engañar a la gente, llevarla a votar y, al día siguiente, meterse en otro lío bélico. Solo tiene un inconveniente: es poco probable que Francia, la cabecilla de una alianza internacional que pretende laminar en caliente el Estado Islámico a bombazos y que exige la aportación de efectivos de sus aliados, tenga paciencia para aguantar treinta días a que Rajoy gane las elecciones.

Como quiera que los franceses van a presionar, el presidente de los sobresueldos ha dado con una fórmula que lo retrata en su miseria moral, al tiempo que pone en su lugar a la Gran nación, de la que no para de hablar cuando va a su pueblo. Quiere llegar a un acuerdo de chalanes con el presidente francés: no enviará efectivos militares a Oriente medio (entre otras cosas porque, probablemente, no los tenemos) pero está dispuesto a sustituir a los franceses en sus misiones más bien policiales en el África y quiere vendérselo a Hollande con el astuto argumento de que así él dispone de más tropas para castigar al Estado islmámico militarmente.

Por no ir a la guerra (con el peligro de perder las elecciones), Rajoy/Gila está dispuesto a que el ejército español vaya de criado del francés, a hacer de mucamo, a limpiar el patio, dirigir la circulación y barrer las calles. 

La derecha no ha tenido jamás el menor atisbo de heroísmo y, siempre que habla de la Patria, es para engañar porque piensa en el dinero que tiene en Suiza, pero esta vileza del presidente de los sobresueldos es ya deprimente. 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Vamos a la guerra, pero poco.

Es como de Gila, para morirse de la risa sino fuera porque el triste destino de un país gobernado por un  incompetente invita más al llanto. No hace mucho que este buen hombre decía y repetía que España es una gran nación. Ahora, acongojado, recomienda a sus ministros que tengan perfil bajo y eviten opinar sobre el asunto. O sea, que se callen, que disimulen, que se hagan humo, se confundan con la cretona de las cortinas o, como dice el poeta, se disfracen "de noviembre para no infundir sospechas".

Caramba con la gran nación del Sobresueldos que se esconde como los conejos cuando empiezan los tiros.

Mientras la cosa fue de llamar por teléfono -intérprete incluido, claro- a dar el pésame, iluminar con la tricolor los edificios o hablar de solidarité face à la barbarie, todo sobre ruedas. En cuanto Hollande pide activar el protocolo de defensa común de los Tratados a los que España está obligada, el asunto vira a chungo y al genio de La Moncloa se le pone el inefable gesto de ¿y la europea? La petición de ayuda, además, es legal, según los franceses, y quiere cobertura de la ONU, pero el preclaro dirigente de la gran nación reza a alguna de las vírgenes a las que condecora su ministro Fernández Díaz para que no se le pida intervención militar directa en el asunto, soldados, aviones, bombas. La guerra, en fin. Espera que la participación de España se reduzca encender y apagar las luces y limpiar el local después de la función, que bastante tiene en Cataluña si la algarabía no cesa. Que no cesará.

¡Cómo cambian los tiempos! En 2003 Aznar metió al país en una guerra absurda, ilegal y delictiva en contra de la opinión de todo el mundo excepto de este mismo Rajoy. En terrible respuesta nos costó el atentado de Atocha que estos cuates siguen atribuyendo a ETA. Nadie quería guerras entonces y nadie las quiere ahora, así que el de los sobresueldos da orden en La Moncloa de que, si llama Hollande, le digan que no está, que ha salido a comprar unos chuches. Porque, si se ve obligado a participar en la contienda, le puede costar un disgusto en las próximas elecciones que es lo único que le importa.

Es mejor que Gila: "Oiga, ¿es el enemigo? Que no se ponga."

lunes, 26 de octubre de 2015

¿Basta con pedir perdón?


Le ha costado ocho años porque el chico no es muy rápido pero, desde que se convirtió al catolicismo en 2007, Blair debe de haber aprendido ya el truco de la casa: no importa lo que hagas, a cuanta gente asesines, cuánto robes, destruyas, cuánto daño hagas, cuánto mientas y cuán canalla seas. Te arrepientes, dices tus pecados a un confesor, cumples la penitencia (que suelen ser unos avemarías) y quedas limpio de polvo y paja, con la conciencia como una patena y listo para empezar una nueva tanda de canalladas.

Blair sostiene que la segunda guerra del Irak fue un "error" producto de unas informaciones "falsas" que Bush y él habían recibido. De ser así, no se entiende por qué pide perdón. No se pide perdón por los errores porque se supone que son involuntarios. Cuando son voluntarios ya no son errores sino faltas, delitos y, en este caso concreto, crímenes y crímenes contra la humanidad. Y no, no basta con pedir perdón cuando se ha sido la causa de la destrucción de ciudades enteras, de la muerte de cientos de miles de personas, de la tortura de prisioneros. No basta con pedir perdón: hay que expiar, pagar por los crímenes cometidos.

Todos cuantos nos manifestamos una y otra vez en contra de aquella guerra ilegal propia de piratas, estábamos seguros de que era cosa decidida entre los dos mandatarios, Bush y Blair, que se llevaron a Aznar de perro faldero para que no pareciera una aventura de una pareja de matones. Era cosa decidida sobre la base de informaciones falsas que los dos sabían que eran falsas. Los veíamos mentir como lo que son, bellacos, y que utilizaban y manipulaban todos los medios para llevar adelante su empresa de delincuentes internacionales de invadir un país, asesinar a sus gentes, robar sus recursos. Ellos también lo sabían. Lo de las armas químicas y otros asuntos eran puras patrañas para disimular aquella agresión que ha traído las catastróficas consecuencias que hoy padecemos.

No basta con pedir perdón, como el que tira un florero al pasar. Bush, Blair y su lacayo español deben comparecer ante un tribunal internacional de justicia para responder por sus crímenes.

El mindundi español que estaba en las Azores de palanganero debe seguir los pasos de su amigo Blair y redoblados. Debe pedir perdón por embarcar al mundo en aquella guerra criminal y pedir perdón a los españoles por haber intentado engañarlos permanentemente.

Todas estas catástrofes actuales del Estado islámico y cosas así caen directamente sobre las espaldas de estos piratas internacionales. En el caso del español, también caen sobre sus espaldas los 200 muertos y casi mil heridos de los atentados de Atocha. Aunque Aznar y su tropa de sicarios en los medios estuvieron años manteniendo la teoría de la responsabilidad de ETA en los atentados, ese mismo inverosímil empeño era la prueba de su responsabilidad directa en los desastres.

Aznar probablemente duerme tranquilo porque los tarugos no tienen conciencia. Pero para el futuro el asunto está ya zanjado: un criminal que participó en una de las mayores barbaridades de la historia causando muerte y miseria a cientos de miles de personas solo para satisfacer su ego y sus ansias de poder y enriquecimiento.

Y si, además de juzgarlo la historia, también lo juzga un tribunal de justicia, miel sobre hojuelas.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Contra las guerras.


En las magníficas naves del Español, Madre Coraje y sus hijos, de Bertolt Brecht, de la compañía Atalaya, y bajo dirección de Ricardo Iniesta. Es un montaje brechtiano, teatro de acción, con mucho número musical, según los venerables criterios del Berliner Ensemble. Comienza la representación con un ballet mudo que no recuerdo esté en la obra, interrumpido de corrido por esa horrible costumbre del público madrileño de llegar tarde y entrar con las puertas cerradas. Y no uno o dos, sino por docenas, familias o peñas de amigos.

En todo lo demás encontré la versión estupenda y la interpretación, en general, de primera. La madre Coraje, sensacional. Hora y media al ritmo trepidante típico de las mejores obras de Brecht, las Mahagonny, Opera de tres centavos, Arturo Ui, etc. Doce cuadros tremendamente movidos, a toda velocidad que van puntuando diez agitados años en medio de un acontecimiento todavía más duradero, la guerra de los Treinta Años (1618-1648). Los ingredientes típicos del mundo brechtiano: personajes reales que luchan por la supervivencia en tiempos tumultuosos en los que se dan luchas sociales que los trascienden. Acontecimientos con significados históricos a su vez interpretados con criterios crudamente materialistas pero formulados con elegancia poética y toques filosóficos.

Sobre Madre Coraje se ha escrito muchísimo, como ejemplo principal de su "teatro épico". Se ha desmenuzado la simbología de sus personajes: la propia Coraje, sacada de una obra de Hans Jakob von Grimmelshausen (el de Simplicissimus), ambientada en la guerra de los Treinta Años. Sus hijos, Eilif, Schweizerkas y Kattrin, el predicador de campaña, la puta del regimiento, etc. La cuestión es que estos personajes, que representan determinadas actitudes o ideologías, deben servir para aleccionar al público. Brecht siempre tuvo una última intencionalidad educadora, reveladora, muy crítica y relativamente pesimista. En definitiva, lo que ha sido siempre el teatro y, por eso, a veces, lo prohíben. Madre Coraje, por ejemplo, estuvo prohibida en algunos estados de los EEUU durante la guerra fría. La función educativa se manifiesta en las canciones, que son como condensaciones líricas de experiencias vitales. Escúchese la canción de la gran capitulación de la madre Coraje.

Brecht escribió la pieza en el exilio entre 1938 y 1939 y, según parece, se estrenó en Zürich en 1941, ya en plena guerra mundial, frente a la que la obra quería prevenir. Se interpreta siempre como un alegato antibelicista y con razón. La guerra es un negocio, proclama Coraje, que lo hace con ella, negocio de compraventa, siguiendo a los ejércitos. La paz es una desgracia. No se gana dinero. La guerra es incierta, insegura, pero da oportunidades. Claro que también puedes quedarte sin hijos. La guerra es un gran negocio pero a la gente del pueblo la machaca.

Hay en la obra frecuentes alusiones a la guerra en curso en 1941, sobre todo a propósito de Polonia. Se habla mucho de ellas. De lo que no se habla tanto es de que el fondo histórico sea la guerra de los Treinta Años y no como referencia lejana o meramente simbólica sino como realidad palpable. Prácticamente nos tragamos el periodo llamado "danés" y la mitad del "sueco", con la muerte de Tilly y la de Gustavo Adolfo. Con cierto lujo de detalles. Frecuente referencia se hace a su carácter de "guerra de religión" entre protestantes y católicos y el predominio de unos y otros tiene dramáticos resultados.

La guerra de los Treinta Años terminó con los acuerdos de la Paz de Westfalia y la Paz de París en 1648 y ambos han configurado el mundo europeo. Hasta hoy.

Y Madre Coraje sigue viva.

jueves, 3 de septiembre de 2015

El golpe de Estado y la madre que la parió.


Detrás de Felipe González tenía que producirse su otrora inseparable, Alfonso Guerra. La carta de aquel ha tenido docenas de respuestas, críticas y elogiosas. Las elogiosas, como la de Duran Lleida, proceden del espíritu equidistante entre los unos y los otros. Es la virtud del "justo medio" de que presumía Montesquieu y de la que se reía Ayn Rand cuando preguntaba, con cierta trampa lógica,  cuál era el "justo medio" entre la injusticia y la justicia o entre la libertad y el despotismo. Los equidistantes entre el Estado español, que cuenta con el monopolio de la violencia y demás instrumentos del poder, los medios, la Iglesia, los otros Estados, etc. y la Generalitat que no tiene más que unas urnas y algunos servicios y facultades delegados, transferidos y generalmente vigilados. Dicho en otros términos, los equidistantes entre los opresores y los oprimidos. 

Los críticos son muy previsibles y tienen poco interés o no tanto como los elogiosos que, sin embargo, se han visto ahora repentinamente coartados por ese descarnado juicio de colgar a Mas la acusación de golpista. "Un golpe de Estado", dice Guerra político que lidera Mas y "a cámara lenta", complementa el Guerra antiguo aficionado al teatro.

No crean que la imagen sea muy disparatada. Recuérdese cómo el coronel Francesc Maciá intentó una insurrección armada en 1926 en Cataluña, contra la dictadura de Primo y la monarquía borbónica que los franceses abortaron. No puede olvidarse que la dictadura de Primo fue producto de otro golpe de Estado. Maciá murió siendo presidente de la Generalitat. No obstante es curiosa la expresión en boca de un dirigente histórico del PSOE, de los que iban de mitin en mitin con el puño alzado. Un golpe de Estado.

"Si quiere hablar conmigo", insistía Voltaire, "defina sus términos", check your premises, decía Ayn Rand. Revise sus supuestos, como el que revisa la presión de los neumáticos. En efecto, ¿qué es un golpe de Estado? Pues eso que otros llaman una revolución. ¿Con qué nombre pasará a la historia este episodio del independentismo catalán? Con el del que gane. Guerra ve "golpe de Estado" y, con él, todas las fuerzas vivas y muertas y moribundas del país. "Revolución" vemos cuatro gatos y mal contados porque estamos siempre bajo presión de no emplear el término para no dar carnaza a la propaganda nacionalista española de derechas, de izquierdas y de ni de izquierdas ni de derechas. Y a la gente le interesa esta variante.

El golpe lo da Mas, por supuesto, por su incontrolable afición a saltarse la ley que tanto preocupa a González o al amagar con una DUI. No el gobierno del PP que legisla mediante decreto-ley, manipula y controla los medios, esto es, el cuarto poder y tiene interferida la justicia por una dependencia directa o indirecta de jueces y magistrados. No hablemos de empresarios. El propósito del presidente de los sobresueldos de modificar el ámbito competencial del Tribunal Constitucional  pretende emplear la justicia como la prolongación del brazo del príncipe.

Es un juicio tan injusto que irrita. Acusa de golpista a un presidente democráticamente electo, que se empeña en saber qué opina la gente mediante referéndums que el Estado no le permite y que, por último, tiene convocadas unas elecciones libres en condiciones de acoso mediático, económico, político, institucional, judicial asombrosas. Si al final sale la independencia por mayoría frente a los aparatos ideológicos y coercitivos del Estado y sus seguidores y teóricos, no se ve cómo se podrá seguir hablando de "golpe de Estado", aunque nunca se sabe. 

En mi modesta opinión, la intransigencia española del PSOE frente a Cataluña deja al descubierto un complejo de culpabilidad. A los socialistas les irrita profundamente que los catalanes puedan llegar más lejos del objetivo que ellos también hubieran anhelado conseguir caso de ponerse de acuerdo: una república española y estatutos de regiones especiales para Cataluña, Euskadi y Galicia. Ahora ya no son regiones sino "naciones", y ese será el reto de la IIª Restauración borbónica y con el que el nacionalismo no se integró del todo.

Claro está que este lenguaje de "golpe de Estado" corre paralelo con el de "revolución". La elección no es inocente. Quien alguna vez, si acaso, soñó con la revolución, ahora que la ve, la llama "golpe de Estado". Probablemente con ello dice más sobre él que sobre el fenómeno que designa.

Aunque quizá podamos ahorrarnos este análisis y ver en la carta de González y la apostilla de Guerra la insinuación de que, como ya proponía el primero hace unos meses, se forme una gran coalición o coalición de PP y PSOE, esa posibilidad que descarta siempre rotundamente Pedro Sánchez, quien se manifiesta dispuesto a gobernar con quien sea, excepto con el PP. Llegado el caso habría que saber qué haría la dirección actual del PSOE aunque, a juzgar por lo que hay hasta la fecha, haría lo que le ordenasen, como lleva haciendo la actual dirección desde su inauguración entre las felicitaciones de Rubalcaba. El mensaje está claro: llegado el caso, el PSOE se sacrificará por la Patria y se declarará partido sufragáneo del PP. Es eso que llaman muy ufanos "cuestiones de Estado" y se refieren a la Monarquía y la organización territorial del Estado, básicamente. Una gran coalición puede considerarse sin más como un golpe de Estado puesto que desnaturaliza la función legislativa, que es de la que depende todo.

No está mal preparar un golpe de Estado justificándolo porque es para prevenir otro. Es lo que suele hacerse. Lo que verdaderamente intriga es hasta qué punto no reconocerá hoy a España la madre que la parió si la encuentra hablando de golpes de Estado.

jueves, 27 de agosto de 2015

Las ruinas de las ruinas de Palmira.

Los del Estado islámico siguen con la piqueta en la mano demoliendo lo que pillan en Siria. Acaban de cargarse un templo bimilenario en donde, al parecer, se guardaba prueba en piedra de la visita del emperador Adriano. Tanta barbarie indigna en Occidente, que llama a acabar con los fanáticos antes de que los fanáticos acaben con la historia de la civilización. Palmira es famosa por la obra del Conde de Volney sobre sus ruinas en el sentido de la meditación sobre el ir y venir de la historia, el auge y caída de los imperios, muy típica del Siglo de las luces. Palmira es prueba y muy bella prueba de lo cierto de la nostálgica reflexión. Aunque nunca fue un imperio en el sentido de grandes extensiones de tierra, incluso mares, bajo su dominio, siempre tuvo una destacada presencia en la historia por vigor comercial y cultura. Incluso conoció un momento de esplendor militar, cuando la reina Zenobia se alzó frente al Imperio romano y dominó sobre buena parte de él hasta que Aureliano conquistó la ciudad y la saqueó en el 273. O sea, Palmira ha visto muchas destrucciones en su historia. El tiempo dirá si la que ocasionen estos islamistas es o no superior a la que ocasionó Tamerlán en el siglo XV.

Esto lleva a una reflexión sobre las ruinas de las ruinas de Palmira. Un debate complicado. Pesa sobre el friso del Partenón y, en general los llamados "mármoles de Lord Elgin", que están en el museo británico, la reclamación del gobierno griego de que sean devueltos a Atenas, a la Acrópolis, de donde fueron sustraidos con mejores o peores artes. Es una reclamación según la cual los monumentos arqueológicos, las obras de arte de la antigüedad deben estar en donde se erigieron y no en museos quizá a miles de kilómetros. Afecta a piezas de muchas antigüedades en muchos museos del mundo: la dama de Elche en Madrid, los leones alados de Nínive en Londres, los sarcófagos egipcios también en Londres, la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia en París, los frescos de Pompeya en Nápoles, el penacho de Moctezuma en Viena, el paseo de las procesiones de Babilonia, en Berlín, las mastabas egipcias en Nueva York, etc., etc. Gran parte del patrimonio artístico-arqueológico de la humanidad está en museos occidentales, producto de incontables rapiñas, y lo que no está a veces es porque resultaría muy difícil o imposible su traslado, como la pirámide de Keops.

La cuestión, hasta cierto punto moral, sigue siendo: ¿no deberían estas piezas quedarse en donde fueron halladas? Es dudoso que civilizaciones y culturas posteriores, ajenas al pasado de un territorio que, a veces llegaron allí como invasores con lenguas y religiones distintas, tengan lazos espirituales con estas obras y monumentos. Aun así, suele argumentarse el derecho del Estado a recibir de vuelta estas riquezas por su propiedad de todas las del territorio que domina en el presente y en el pasado.

Tal cosa, sin embargo, no es evidente en sí misma. Y sí lo es, en cambio un argumento práctico, probabilístico, modesto, pero que todo el mundo entiende muy bien. Y al decir todo el mundo se quiere decir eso exactamente, todo el mundo, incluido el Estado perjudicado. El argumento se sigue de una pregunta muy sencilla y fácil de contestar: ¿en dónde estarían más seguras las ruinas de Palmira? ¿En Palmira o en el museo británico? ¿En dónde los frisos del Partenón, en Londres o en Atenas? Es probabilístico, ya que seguros no estarán en parte alguna en el mundo. Al fin y al cabo, los frisos estaban por el suelo en la Acrópolis porque los turcos usaban el Partenón como  polvorín y, en las guerras del siglo XVII, un buque de la Signoria veneciana lo reventó de un cañonazo.

Naturalmente esto no es un argumento  favor de que el emplazamiento de las obras históricas y artísticas se decida exclusivamente por razones de seguridad porque entonces estarían todas en Fort Knox, pero sí para que, a la hora de adoptar decisiones en el mundo práctico, inmediato esas consideraciones cuenten. Al fin y el cabo el patrimonio es de la humanidad.

Y para que no desaparezca Palmira.

martes, 4 de agosto de 2015

El nazismo y la poesía.


Thomas Harding (2015) Hanns y Rudolf. El judío alemán y la caza del Kommandant de Auschwitz. Barcelona: Galaxia Gutenberg.
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Es célebre la rotunda reflexión de Adorno escrita en 1949, a su regreso del exilio en los Estados Unidos: "Después de Auschwitz, escribir poesía es cosa de bárbaros". Sobre esta agónica conclusión se han vertido ríos de tinta. Bien es cierto, casi toda en prosa. De pocos acontecimientos y acaeceres se ha escrito más que sobre los campos de exterminio, la "solución final", el holocausto. Quizá sólo la guerra civil española sea comparable y es temática indirectamente relacionada. Toneladas de ensayos, recuerdos, memorias, investigaciones, testimonios, piezas teatrales, películas y, por supuesto, novelas. Ignoro si se ha escrito mucha poesía sobre Auschwitz, pero es obvio que se ha escrito mucha, muchísima, después de Auschwitz. Es más, por extraños vericuetos que llevan a lo más profundo del alma humana, la poesía se ha infiltrado en muchos textos en prosa, transfigurándolos. Todas las obras de Primo Levi, escritas en prosa, son poemas, se leen como poemas porque ponen en contacto a un ser humano, la víctima, con otro, el lector, de modo inmediato, directo, inefable. Y esto pasa con muchos relatos de protagonistas, supervivientes, personas que sobrevivieron quizá por un error administrativo de una maquinaria asesina, por el fracaso de un plan, por una obstinación sobrehumana o por un golpe de suerte. Cualquiera sabe que el azar es pura poesía y, si es a vida o muerte, poesía trágica.

La barbarie nazi ha sido incuestionablemente documentada por cientos de especialistas que han llegado a formar una cofradía empeñada en que el olvido no sepulte su recuerdo. Me honro con la amistad de uno de ellos, Joaquim Pisa, que ha hecho un trabajo impagable sobre las deportaciones de españoles al campo de Mauthausen y sobre el campo en sí. Algún otro ha dejado verdaderos monumentos a esa facultad tan preciosa de la humanidad que es la memoria, la primera que todos los tiranos del mundo pretenden anular. La inmensa película, Shoah, de Claude Lanzmann, con sus nueve horas y media de duración es, ante todo, eso, un monumento a una memoria que no puede borrarse.

 En qué medida la realidad haya desmentido la conclusión adorniana es algo que depende del sentido que le demos, pero no seguiremos este sendero porque estamos a otra cosa. Auschwitz, Dachau, Mauthausen, Treblinka, Belsen, Buchenwald, etc aparecen una y otra vez en el gran relato humano de la segunda mitad del siglo XX, hasta formar una amalgama con nuestras experiencias, nuestras vivencias, ambiciones y temores. Quienes han  visitado alguno o todos los campos de exterminio, han tratado con supervivientes de ellos o sus familiares, han comprobado los números tatuados en los brazos, han leído libros, visto películas, escuchado composiciones que los han aproximado a la agonía, la experiencia límite de unos seres humanos deshumanizados y tratados como reses en los mataderos. Y lo han interiorizado, convertido en algo suyo. El holocausto late hoy en la conciencia de los vivos.

Entre otras cosas porque cuando alguien presenta un relato sobre algún aspecto de esta monstruosidad, suele tener elementos personales, íntimos, que todos nos apropiamos de modo empático. Es el caso de este libro en comentario.

Hace unos años, con motivo del fallecimiento del ciudadano británico Howard Harvey Alexander, nacido alemán y judío como Hanns Alexander, el autor de esta obra, sobrino-nieto del fallecido, supo que su tío abuelo fue quien capturó al Kommandant del campo de Auschwitz, Rudolf Höss y lo entregó a las autoridades británicas, quienes se lo pasaron a las polacas. Fueron estas quienes lo juzgaron, lo condenaron a muerte y ahorcaron en el mismo campo en el que había cometido sus atrocidades. Este es el elemento personal, íntimo, privado que hay en esta historia y que la hace tan fascinante: pues, como en muchos otros relatos sobre el holocausto, lo personal se mezcla siempre con lo colectivo y le da un especial interés.
 
En este caso, el autor traza una especie de vidas paralelas entre dos ciudadanos alemanes, contemporáneos, aunque no exactamente coetáneos, dado que uno es más de 15 años más joven que el otro. El joven, el judío berlinés, Hanns Alexander, hijo de un reconocido médico de la capital, acostumbrado a una vida de altos vuelos si no directamente de lujo, ante el ascenso del nazismo en los últimos años veinte y primeros treinta, se ve obligado a huir de su país, así como el resto de su familia y a refugiarse en Inglaterra. Allí se presentará voluntario para combatir contra Alemania en el ejército inglés, en donde llegó a teniente, siendo destinado al final de la contienda a la primera comisión de investigaciones sobre crímenes  de guerra de los jefes nazis, aprovechando su bilingüismo alemán/inglés.
 
El protagonista de la otra vida es el oficial alemán Rudolf Höss, de origen mucho más modesto, trabajador del campo, teóricamente ario puro que sirve en el ejército de su país durante la primera guerra mundial, es herido varias veces en acciones arriesgadas en las que muestra gran valor, condecorado y devuelto luego a la vida civil en los tumultuosos años veinte en la República de Weimar, cuando crece la peste nazi tan bien retratada por Christoher Iserwood. Höss ingresa en las SS, hace carrera y mantiene una relación de proximidad con Heinrich Himmler quien lo manda al frente del campo de Auschwitz con el encargo de poner en práctica la solución final. Höss fue  directamente responsable de la matanza de millones de personas y, cuando el III Reich se hundió, se despojó del uniforme, vistió un traje de paisano y huyó a refugiarse en secreto a una aldea al norte de Alemania, ya cerca de la frontera con Dinamarca, con ánimo de escapar del país como hacían entonces muchos responsables nazis, para llegar a Latinoamérica y empezar allí una nueva vida bajo identidad falsa.
 
El conjunto del relato de Harding contiene abundantes episodios de brutalidad, crueldad y barbarie de las que eran responsables los nazis y también muchos otros ejemplos de eso que, desde la descripción de Hannah Arendt se conoce como la banalidad del mal. Höss no era solo una bestia inhumana. El autor subraya otros aspectos contradictorios: era un buen esposo y padre de familia y tenía algunas convicciones ideológicas, la primera de las cuales era, claro, la ciega obediencia al mando y la lealtad incuestionable al Führer. Si Himmler (quien recibía las órdenes directamente de Hitler) le encomendaba poner en práctica la solución final con escasísimos medios materiales, él cumpliría las órdenes velando por realizar la tarea con sentido burocrático e industrial y la mayor eficiencia posible. Quiso el destino que fuera él quien, por indicación de un subordinado, pusiera en marcha el procedimiento de gasear a los internos a cientos con el gas Zyklon B y hacer desaparecer luego los cadáveres en los hornos crematorios o quemados en fosas comunes. Es decir, la importancia de Höss para la historia es que fue el primero en acometer el exterminio de los judíos con eficacia industrial.
 
A su vez recae sobre el otro hombre, Hanns Alexander, el singular honor de haber sido también uno de los primeros, sino el primero, en cazar nazis, el primer caza-nazis de la historia. El antecesor de Simon Wiesenthal. Y, en efecto, después de haber localizado y arrestado a algunos mandos intermedios, sus jefes le encomendaron la caza y captura, a ser posible vivo, del Kommandant Höss. Y Hanns cumplió. Acabó encontrándolo, obligando a su esposa a revelar su escondite, aunque fuera por el no muy noble procedimiento de amenazarla con enviar a Siberia a su hijo menor, entonces un niño. Es muy de agradecer que, así como Harding busca facetas no enteramente repulsivas del oficial de las SS, tampoco intente embellecer la figura de su tío abuelo. En la guerra, en la inmediata postguerra, las pasiones volaban muy alto y los valores más sagrados crujían. Que cada cual juzgue ese dato del chantaje a la madre como crea justo, el autor cumple escrupulosamente con su deber de darnos los datos para el juicio.
 
El hecho, pue, es que Hanns cazó a Höss, el responsable material del desencadenamiento de la solución final. Solo faltaba que confesase, cuestión necesaria porque, aunque no había escasez de testigos, faltaban casi todas las pruebas materiales ya que los nazis, al verse perdidos, pasaron a destruir sistemáticamente documentación, archivos, laboratorios, instalaciones, todo. Con lo cual se daba pie a las teorías negacionistas. Por fortuna, durante el tiempo en que Höss estuvo en prisión preventiva, aguardando su proceso, un psicólogo le proporcionó papel y pluma para que escribiera lo que quisiera. De vez en cuando, pasaba a recoger lo escrito y animaba al preso a seguir. Al final, movido por una mezcla de despecho, arrepentimiento, desconcierto, desesperanza y quizá odio, quien sabe incluso si contra sí mismo, el hombre acabó confesándolo todo por escrito.
 
La solución final había sido un hecho y de tal envergadura que se le llegó a atribuir la muerte de la poesía.

viernes, 20 de marzo de 2015

¿En dónde está el enemigo?


Uno de los más famosos adagios del maestro de la guerra, Sun Tzu, es el referido a la necesidad de conocer al enemigo y a nosotros mismos. Si nos conocemos a nosotros mas no al enemigo, o conocemos al enemigo mas no a nosotros, o conocemos a los dos o a ninguno de los dos, los resultados serán muy distintos. Sin duda, pero, para conocer al enemigo, primero hay que saber quién es y en donde está.


Como la política tiene bastante de guerra, es recomendable aplicar los apotegmas de Sun Tzu, aunque aquí, por las buenas formas, se habla más de "adversarios". Adversarios o enemigos, lo esencial es identificarlos, saber en dónde están.

Anguita cree que el enemigo es el PSOE. Muchos se indignan. En realidad no hay sino reconocer que el Califa es de piñón fijo. Del PP y de Ciudadanos ni habla. Y quiere tender la mano a Podemos, aunque sin mencionarlos. Cuando son sus verdaderos enemigos. Quizá no subjetivamente porque vienen diciendo lo mismo, pero sí objetivamente desde el momento en que Podemos ha absorbido prácticamente el voto de IU y la ha dejado de subalterna. Mírese al señor Valiente, candidato a alcalde por IU que pudo ser, y a quien ahora Podemos exige prescindir de su militancia si quiere converger con su proyecto.

Podemos, que no habla de IU para no crear más drama en la familia  ni aparecer más involucrado en los cainismos de la "izquierda transformadora", identifica un enemigo mediático, el PP, a cuyo presidente reta Pablo Iglesias a un debate en TV. Contra el que se pertrecha, sin embargo, es el PSOE. Al identificarlo con el régimen del 78, el bipartidismo, la casta, la corrupción y otras lacras, cree hacerle más daño que al PP porque llamar corrupto al PP hoy es redundante, pero decirlo del PSOE, hace mella en un caladero de votos próximo. Sin embargo, su peor enemigo es sobrevenido, uno inesperado y frente al que no tiene discurso, Ciudadanos. Al parecer, la ventana de oportunidad de Podemos era un balcón. Y los nuevos tienen un tirón electoral que los otros han perdido precisamente porque ahora han dejado de ser eso, nuevos, y la gente tiene más en donde elegir, lo cual es bueno. ¿O no?

Para Ciudadanos, los enemigos son a la par PP y PSOE porque configuran esa especie de fresco ya no tan fresco de la Restauración, en el que conviene ir haciendo modificaciones tanto en un lado como en el otro, con pericia, sin ideología, con innovación y responsabilidad. Se presenta así como alternativa a los dos grandes (aunque, de serlo lo es sobre todo del PP) sin necesidad de comprometerse en nada y, de paso, se pone a su nivel. Hábil jugada. Aunque los dos lo atacan, el que más le teme es el que no lo ataca, su verdadero enemigo, Podemos, cuya táctica con Ciudadanos es ignorarlos y ningunearlos. Una táctica errónea en cualquier caso porque, si, en efecto, son unos don nadies, superarlos no tendrá mérito y si no lo son, solo con evidenciarse habrán triunfado.

En el PSOE, el enemigo retórico, oficial y hasta obligado es el PP por tratarse de los dos partidos dinásticos con importantes coincidencias y no menos importantes discrepancias. Es una oposición institucional que el PSOE edulcora cuando puede con pactos de Estado y otras extravagancias. Su enemigo ideológico, el que le riñe la hegemonía en la izquierda a base de empujarlo a la derecha, es Podemos. Su problema es conservar su electorado más izquierdista ahora que el panorama se radicaliza sin perder el del centro izquierda. No es fácil pero, dada la ambigüedad y confusión doctrinal de Podemos, tampoco difícil. Basta con ser claro y creíble; aunque no se sea muy radical.En realidad, el peor enemigo del PSOE es él mismo. Los tres puntos calientes del momento, Cataluña, Madrid y Andalucía, por distintas razones, no invitan al optimismo. Y los tres apuntan a una carencia mayor, que presenta mala cara: el PSOE no tiene un proyecto para España. Cierto, los otros, tampoco, pero eso no reduce un ápice la gravedad de esa ausencia.

De UPyD es poco lo que cabe decirse. No tiene enemigos porque ninguno la considera una amenaza. El amor de Díez a la nación y el Estado, como el de Cordelia a su padre el Rey Lear engañado por sus otras dos hijas, Regan/PP y Goneril/PSOE, no la salva de un triste fin.

Saber quién es el enemigo, en dónde está, no equivocarse, es el primer paso para conocerlo. Pero no cabe olvidar que, como también decía el maestro Sun Tzu, para conocer a tu enemigo tienes que ser tu enemigo. Y eso es bastante difícil. Sobre todo para quienes son incapaces no ya de entender al otro sino incluso de escucharlo.

miércoles, 11 de marzo de 2015

La paz de Franco.

Pues sí, parece que la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre ha sacado dos monedas conmemorativas, una de plata (de 10 €) y otra de oro (de 200 €) con la efigie de Felipe VI y la leyenda 70 años de paz que ha puesto las redes en ebullición. Señalan el innegable eco del lema franquista, tan lejano que muchos lo recuerdan mal. Unos como "35 años de paz"; otros como "25 años de paz española". No no. Fue en 1964 y se llamó XXV Años de Paz, con numeros romanos y sin añadir el "española". No hacía falta. Aquí era española hasta el hambre.

¡Qué mal pensadas las redes! ¡Qué ignorantes! Claro, están infestadas de rojos. Lo que se conmemora son los 70 años de paz en Europa. De 1945, fin de la contienda, hasta hoy. ¿Comprendido, beocios?

No saben ni mentir. España no pertenecía a esa Europa de 1945 que hoy se conmemora. Al contrario, era su enemiga. Aquella, esta Europa, se edificó sobre las ruinas de sus aliados. España estuvo fuera hasta 1986 y siendo generosos. La FNMT no tiene 70 años de paz europea que conmemorar sino, todo lo más, 39. Los otros 41 fueron la paz de Franco. Pero como esta en 1945 contaba ya seis años triunfales, los 70 que conmemora la FNMT debieran ser 76. No solo no saben mentir. Tampoco saben sumar ni restar, como ha demostrado palmariamente el candidato andaluz, Moreno Bonilla, en la tele.

En todo estos años, una de las disciplinas políticas que más se han desarrollado es la Polemología o estudio científico de las guerras. Los nórdicos han hecho grandes avances y también los franceses y los alemanes. No es cosa de entretenerse, pero parece haber acuerdo en una definición de paz que supera la vieja mentalidad mecanicista que la considera ausencia de guerra, cese de hostilidades, de conflicto armado. No basta. La paz requiere determinadas condiciones sociales, económicas, políticas: justicia, desarrollo equilibrado, democracia. Una dictadura no es paz, sino un estado de guerra latente, permanente, hasta el final. El muy católico dictador español murió fusilando. En medio de su paz, que es la de estos.

La paz solo es posible en democracia. Y aun así, si es una democracia vigilante.

viernes, 6 de marzo de 2015

El valor y la cobardía en política.


Todo el mundo está familiarizado con el apotegma del pesado prusiano von Clausewitz, de que "la guerra es la continuación de la política por otros medios". Menos gente conoce el retrúecano del efervescente poitevino Foucault de que "la política es la continuación de la guerra por otros medios", conclusión que Palinuro tiene por tan cierta como la del teutón.
La política es guerra de otra forma ¿Qué cualidades debe tener un líder, un caudillo, un dirigente? Clarividencia, desde luego, y carisma, mucho carisma, esto es, encanto personal, crédito y atractivo de masas. ¿Y qué más? Valor. Sobre todo valor. El valor es lo esencial porque, siendo la única virtud que, como dice Napoleón, no se puede fingir, debe estar presente en el líder militar y el civil, en el general y el político. ¿Y qué es el valor? La capacidad de enfrentarte a lo difícil, quizá lo desconocido, lo que puede vencerte y poner en peligro tu supervivencia, tanto en el orden físico como en el intelectual. La capacidad de jugártela con quien puede vencerte. Quien puede demostrar que eres peor estratega en el campo de batalla, que no tienes ideas militares ni civiles, que no tienes recursos, que defiendes teorías inferiores o falsas. O mentiras.
Por eso no es infrecuente que los líderes escurran el bulto, se nieguen a los enfrentamientos o debates, o solo los quieran amañados, con diálogos preconvenidos o debatientes de segunda o tercera.
¿Es valor enfrentarse a enemigos inferiores o que no pueden defenderse? No; es cobardía y, si el valor no puede fingirse, la cobardía no puede ocultarse.
¿De quién se habla aquí?
Juzgue el lector.
De tod@s los dirigentes que se den por aludid@s. Ell@s saben quiénes son.  

domingo, 1 de marzo de 2015

Enigmas y secretos.



Buena película sobre la peripecia de Alan Turing, el matemático inglés que descifró la clave de las comunicaciones secretas nazis y consiguió así acortar la guerra, según cálculos, entre dos y cuatro años y, lo que es más importante, ganarla. Es una curiosa historia porque está concebida como eso que se llama un thriller, que consigue mantener el suspense sobre si el equipo inglés conseguirá o no su propósito, a pesar de que el espectador conoce de antemano que sí lo hará. Es cómodo para el crítico pues no corre peligro de destripar la intriga; mejor dicho, las intrigas, pues hay alguna más, incluso de mayor interés, si cabe.

Los nazis, la guerra, son el contexto de la trama del desciframiento, la condicionan, pero no están presentes y nos ahorran esas temibles escenas de batallas hechas de efectos especiales que aburren ya a las ovejas. Así tenemos más tiempo para empaparnos de los complejos problemas morales y humanos aquí tratados. La historia presenta una especie de duelo de titanes entre la potente máquina alemana de encriptación Enigma y Turing. Es una estilización para dar mayor dramatismo al relato. En realidad, el primer descifrado de claves secretas de máquinas enigma alemanas (inventadas al final de la primera guerra) lo hizo el Estado Mayor polaco en los años treinta. Los polacos eran los primeros interesados en conocer la información secreta alemana por razones obvias. Los británicos continuaron estos y otros trabajos y consiguieron descifrar bastantes códigos enigma, sobre todo de la aviación; pero no de la marina de guerra nazi. El triunfo final correspondió a Turing con su máquina de desencriptar todos los mensajes encriptados en Enigma. Con ello ayudó decisivamente a ganar la guerra y adelantó en su trabajo de diseño de máquinas de inteligencia artificial.

La película está ambientada con acierto. Recoge los tipos, paisajes urbanos, interiores ingleses muy bien. Quizá demasiado bien. Hay un exceso de celo en britishness, puede que por la condición de noruego del director. Los diálogos están muy cuidados, son ágiles y sutiles y, combinados con unas interpretaciones contenidas y una cámara que saca partido a los primeros planos -la peli son puros intercambios con dobles flash-backs-, mantiene el sentido de una acción que solo pasa por las cabezas de los protagonistas y los espectadores.

Se trata de hechos verídicos, pero también interpretables. No es invención y, por tanto, no es pretenciosa al estilo Matrix, aunque de su desenlace dependió el fin de la guerra. La interpretación incluye el inevitable elemento del espionaje, dado que el trabajo de Turing y su equipo es alto secreto. Me falta competencia para saber si ese espía soviético que consigue infiltrarse en el equipo de descifradores de enigma es real o no. Tira de la famosa historia de los cinco de Cambridge, los ingleses al servicio de la Unión Soviética y es verosímil, pero no sé si verídico. Y no creo que pueda saberse porque, una vez se entra en el espionaje, puede que nada sea lo que parezca ser. Ese mundo de doble y triple moral se impone sobre el puro hecho de descifrar el código al tomarse la decisión de mantenerlo oculto, lo cual significa que es preciso encajar derrotas, perder recursos, sacrificar vidas humanas para impedir que el enemigo cambie el encriptado por entrar en sospecha.

En la vida de Turing había, además, un secreto. Era homosexual y, en Inglaterra, en aquellos años, la homosexualidad, un delito desde la Ley de 1885. El de gross indecency, que llevó a la cárcel de Reading a Oscar Wilde y llevaría a decenas de miles de personas durante buena parte del siglo XX. El "delito" de que se acusó en los años cincuenta a Turing y por el que se le condenó a dos años de prisión, dándole a elegir entre esta y el tratamiento hormonal, más conocido como "castración química". Turing murió en 1954, con 41 años de edad, según parecer muy extendido por suicidio, aunque hay quien sostiene que fue una muerte accidental y otros hablan de asesinato perpetrado por los servicios secretos británicos.

El Reino Unido derogó la Ley de 1885 en 1967. Desde entonces, la fama de Turing es inmensa: tiene calles, plazas, placas, premios, estatuas y todo tipo de reconocimientos, entre ellos el de padre de la informática. En 2011 hubo una petición masiva de rehabilitación que el ministro de Justicia rechazó. Se recurrió entonces a la prerrogativa de gracia y la Reina indultó a Turing a título póstumo en agosto de 2014, hace menos de un año. La película no puede ser más oportuna.

Lo curioso es indagar en las razones que llevaron a Lord McNally a rechazar la rehabilitación, una práctica a la que se recurrió mucho durante los años de la Perestroika en la URSS. Esta sería equivalente a un reconocimiento  de miscarriage of justice en los años cincuenta cosa, que, según McNally, no se había dado: la ley era clara, estaba en vigor, Turing sabía a lo que se exponía, se declaró culpable, el proceso fue justo, según el derecho positivo. No ha lugar a rehabilitación. Otra cosa, razonaba el ministro, es que se haga lo posible por impedir que volvamos a aquellos tiempos. A Turing, un indulto.

No es que sea muy convincente porque, entre otras cosas, habría que indultar también a los miles de homosexuales británicos injustamente encarcelados durante casi un siglo. Pero hay más: lo importante es eso de no volver a aquellos tiempos pues para la conciencia moral de hoy, considerar delito la orientación sexual es una aberración. Por eso es importante señalar la vociferante actividad en contra de la homosexualidad del obispo de Alcalá, Reich, para quien los homosexuales son enfermos. No los llama delincuentes porque no puede. Ya su consideración de la homosexualidad como una patología es aberrante. Y no hablemos de otros lugares del planeta en donde se los ejecuta con saña.

Turing resolvió el problema de Enigma, pero no el de su secreto.

jueves, 16 de enero de 2014

La ladrona de libros. El mal y la ñoñería.

Las películas hechas sobre novelas (muchísimas; la literatura es un filón inagotable de guiones de cine) tienen siempre un problema de hasta qué punto respetan el original. A veces lo mejoran; a veces lo empeoran. También cabe preguntar por qué han de respetarlo y, ya puestos, qué significa "respetar" en las historias de ficción. Pero ese es otro tema.

Quienes conocen las novelas suelen quejarse de sus adaptaciones cinematográficas. Quienes no las conocen, por lo general, son más indulgentes en su juicio. Esta película está basada en una novela del australiano Markus Zusak. Publicada en 2005, tuvo un gran éxito, se llevó un montón de premios y conservó una posición muy alta en las listas de éxitos de ventas durante algunos años. Era de suponer que se convertiría en película y así ha sido.

No he leído la novela y mi juicio alcanza exclusivamente a la peli. Pero como esta tiene un espíritu tan literario, mis cavilaciones me llevan a preguntarme por la novela y a desear que, por los medios narrativos propios, dé mayor densidad a las situaciones y más profundidad a los personajes. Y seguramente será así pues el mismo título de la obra apunta a un recurso literario muy típico, esto es, meter otros libros en el libro que se está escribiendo, otras historias en la historia, otras novelas en la novela. Muchos clásicos han recurrido a él. Gran parte de la Odisea no la cuenta Homero sino que Homero se la hace contar a Ulises. El ejemplo canónico, el Quijote, que es un libro sobre libros y de historias dentro de historias. El cine tiene menos facilidad para estas construcciones porque su lenguaje es icónico, visual y lo narrativo queda reducido al esqueleto de los diálogos. Sus posibilidades de metarrelato son casi nulas. Es más dado al trompe l'oeil y por eso se abre camino el 3D

La película mantiene la voz en off del narrador, cuya personalidad se revela al final, pero su presencia es prácticamente imperceptible y queda anegada en la concentración del guión en una sola dimensión de lo que se adivina es una historia más compleja; la dimensión más sensiblera y hasta un poco ñoña.  La idea de contraponer dos extremos mutuamente excluyentes y, por tanto, destructivos, es muy atractiva. Las vidas humanas son siempre conflictos, luchas, antagonismos. En el caso del desvarío nazi lo es más. Es la oposición entre el bien absoluto bajo la forma de la inocencia de la niñez y la adolescencia y el mal absoluto bajo la forma del nazismo. 

Hace pocos años otra película, basada asimismo en una novela, El niño del pijama de rayas, planteaba la misma situación. ¿Cómo ve un espíritu infantil, casi rousseauniano, la acción del odio, del mal absoluto, de la crueldad y la muerte? En verdad, esa situación, como casi todas las que maneja el arte, procede de la realidad. Si no me equivoco, el primer relato que aborda el nazismo desde el punto de vista de una niña y adolescente es El diario de Ana Frank. La fuerza de este relato es que es real. Los otros, sus derivaciones, son obras de imaginación y, como toda obra de imaginación pueden descompensar el fino equilibrio con que la realidad teje sus hilos, a favor de unos factores u otros. A estas desviaciones llamamos estilos. Según el prevaleciente, los relatos son más sentimentales, más naturalistas, más optimista, más introspectivos. Estilos. 

El riesgo de los relatos con protagonistas infantiles (en primera o tercera persona) es la sensiblería. Y de esta hay bastante en la película. Por supuesto, es preciso ser justos, hay bastantes más cosas, incluso demasiadas, quizá por el prurito del director, precisamente, de evitar la ñoñería. La historia rehuye los aspectos más socorridos y teatrales del nazismo, para concentrarse en el impacto de este en la vida cotidiana de la gente modesta en barrios de trabajadores. No hay campos de exterminio, ni escenas de guerra ni locuras estilo congresos de Nurenberg, si bien no nos libramos de una quema de libros, un discurso radiado de Hitler y unas escenas de S.A. destrozando comercios y apaleando judíos. Y son tantos los detalles que muestran que no hay tiempo a explicarlos y aunque los personajes los narran (la esposa del alcalde y el padre adoptivo de la protagonista) no quedan del todo claros. Son muchas las relaciones que aparecen desdibujadas, entre los vecinos del barrio, como lo está el sucederse de los acontecimientos, según avanza la guerra. Afortunadamente sabemos tanto de los nazis que no es difícil suplir lo que la peli no se detiene a describir: las leyes contra los judíos, la eliminación de la oposición, el estallido de la guerra, la Hitlerjugend, las deportaciones masivas, el frente del Este, el hundimiento.

Ya lo hemos visto casi todo. Pero hay que volver a verlo para no olvidarlo. Por cierto, muy bien rodada. Un poco angustiosa. Casi todo son interiores y decorados de una o dos calles. A veces, pocas, hay excursiones al resto de la ciudad, al río, panorámicas de bosques y montes en distintas estaciones del año. Fotografía muy cuidada, que se agradece entre tanto agobio de la vida en un sótano sin luz natural.

sábado, 31 de agosto de 2013

Vuelve el pasado.


El premio Nobel de la paz, el primer presidente negro (o mulato) de la historia de los EEUU, el que suscitó esperanzas sin cuento en las izquierdas de medio mundo, incluidos los aplausos del bueno de Michael Moore (quien ahora está que echa las muelas y acaudilla una campaña de Hands Off Syria), Barack Obama, se apresta a seguir los pasos de Bush. Es decir, no solamente va a bombardear y quien sabe si invadir un país lejano (pues eso lo hacen los presidentes gringos casi sin excepción) sino a hacerlo sin autorización de la ONU. Quiso ganarse al primo inglés, pero los Comunes se han opuesto al sonrosado y servicial Cameron. Con la ayuda del camarero español ya ni se cuenta, pues está entretenido batallando con los jueces por sobrevivir.

Obama va solo a la guerra. Los franceses andan también buscando una excusa, pero su tradicional antiamericanismo de la herencia gaullista los lleva a intervenir por su lado, poderosamente llamados por el hecho de que Siria estuvo bajo su mandato en fideicomiso de la Sociedad de Naciones. La lealtad de la metrópoli. A lo mejor hay que leer en esta clave también el rechazo de la Cámara de los Comunes: no es nuestra pelea. El Irak era distinto, claro. Así que los franceses irán a la guerra por su lado. Pero mira que si se presentan allí y empiezan a caer como chinches por el fuego "amigo" de los drones gringos...

Y eso de "la guerra" es un decir; como lo es el "combate" a que se apresta El Asad. Ni guerra ni combate: una aplastante máquina de guerra tecnológica va a reducir a escombros un país. Dice la doctrina militar más acrisolada que las guerras solo se ganan ocupando físicamente el territorio. No se ganan desde el aire. Pero esto no es una guerra. Es una masacre anunciada. Hasta la fecha parece haber habido 100.000 bajas. Deben de parecerles pocas y van a redondearlas al alza en una prueba más del exquisito tacto con que Occidente viene tratando al mundo árabe, musulmán, islámico, conceptos que tampoco tienen muy claros. Ni falta que les hace. Para eso está allí su cabeza de puente, Israel, a quien no importa nada provocar el Armageddon porque lo tiene en sus libros santos. Dios lo quiere y el aprovechamiento de las reservas estratégicas de la región lo exige. El objetivo final: el Irán. Los rusos y los chinos se preguntan si no deben intervenir y ya está medio mundo hablando de la tercera guerra mundial.

La izquierda, en general, como siempre, dando un ejemplo de unidad de criterio. Según he oído (es tan asombroso que no lo doy por del todo cierto), los socialistas españoles apoyan la intervención gringa incluso sin mandato de la ONU. Argumentan, al parecer que es urgente detener esta sangría. Parecen olvidar que la sangría se ha producido por la incapacidad de los europeos para buscar alguna solución distinta a la escabechina. Las demás izquierdas andan a tortas sobre si los rebeldes son agentes de la CIA o El Asad un dictador criminal, capaz de gasear a su pueblo. En el fondo parecerse tratarse de la habitual consideración con nuestro hijo de puta. Pero no parecen ponerse de acuerdo sobre quién en concreto sea su hijo de puta frente al hijo de puta real, en el que coinciden todos: la alianza yanquisionista.

¿Y qué me dicen de la casualidad de que esta amenaza de acción/reacción/escalada coincida con el inicio de las enésimas negociaciones palestino-israelíes? Por cierto, si no recuerdo mal, en el último bombardeo masivo de Gaza por Israel, el pueblo elegido usó bombas de fósforo contra la población civil. Y nadie habló de intervenir. Según parece (no estoy seguro) Israel también usó armas químicas en Gaza. Y aquí todo el mundo punto en boca.

En fin, lo de siempre en la época del Imperio. Y España, ocupando su modesto lugar de gran nación. También ella tiene una semiguerrita por un peñón, que es una espina clavada en el orgullo nacional. Y su punto flaco pues sabe que, en el fondo, el problema es militar; es decir, inalcanzable el triunfo. Solo se puede hacer el ridículo. Y esto, el gobierno español lo borda. ¿No ha salido la vicepresidenta a decir que España esperará a que haya una decisión de la ONU para pronunciarse? España no esperó tal decisión para apuntarse a la guerra del Irak. Con el agravante de que se hizo por unas nebulosas "armas de destrucción masiva" que jamás se habían empleado por la sencilla razón de que no existían. Ahora sí parece que el gas Sarin existe y ha causado cientos de muertes. Sin embargo, el gobierno se ha hecho respetuoso con la legalidad internacional.

A la fuerza ahorcan. ¿Alguien imagina a Rajoy del brazo de Obama, bombardeando Damasco? Menudo negocio para la trama Bárcenas-Gürtel, caso de estar operativa. Ya solo de pensar en el catering de las tropas más de algún emprendedor levitaría. ¿Y los hospitales de campaña, convenientemente privatizados?

Pero no ha lugar, ¿verdad? Aquí se trata de averiguar cómo salen los genios del PP del lío en que se han metido con los ordenatas de Bárcenas. Estaban estos bajo custodia de Cospedal, según ella misma declaró al juez, al parecer. Y fueron borrados. Y fueron borrados siendo por entonces el PP acusación popular en el proceso de Bárcenas y teniendo la obligación no de reformatear los discos duros (según dice el inefable Floriano) sino, al contrario, de preservarlos porque son pruebas. O sea, a ver cómo se quitan de encima la acusación de un presunto delito de obstrucción a la justicia y/o encubrimiento. Y de haberlo cometido Cospedal o Rajoy o los dos de acuerdo. Vuelven, en efecto, los viejos tiempos: los gobernantes linces españoles. Hasta me apuesto algo a que los discos duros no contenían nada o nada que no tuviera ya Bárcenas y lo que este quería era que sus antiguos compadres entraran al trapo y cometieran el delito de destrucción de pruebas. Para tapar este nuevo patinazo, ya no basta con reconquistar el Peñón, será preciso reclamar también el Rosellón y la Cerdaña.

Lo cual nos lleva al auténtico drama que está viviendo España, como siempre, sin enterarse: la secesión catalana. Un asunto de extraordinaria importancia que el gobierno ni huele y para el que no tiene nada preparado. Nada distinto de la negativa cerrada al diálogo, pacto o negociación. Santiago y cierra España. Y, en efecto, es asunto de trascendencia. Obsérvese en los estragos que está haciendo en el socialismo español. El PSC está hecho unos zorros. Y el PSOE sin el PSC es como el vizconde demediado. Y, demediado su espíritu, ha puesto Carme Chacón un océano por medio con el guirigay patrio. Es un mutis por foro con promesa de retornar a competir en buena lid por la secretaría general del partido de Pablo Iglesias el viejo. Es una apuesta, aunque, según están las cosas en el país y en su partido, se me hace tan verosímil como el regreso de Arturo de Avalon. 

En el choque de nacionalismos la diferencia es apabullante: el catalán es pujante, lleva la iniciativa, quiere un Estado nuevo, apunta al futuro con una retórica de mucha fuerza moral: derecho a decidir, autonomía, autodeterminación, liberación, independencia. El nacionalismo español (incluso el del PSOE) está mortecino, a la defensiva, pretende mantener el viejo Estado (con el que, sin embargo, muchos no simpatizan y proponen cambiarlo en el curso del conflicto), apunta al pasado con una retórica de una ya cascada voz.

Y así, en este momento en que el país se encuentra a una situación límite, tenemos al frente del gobierno a una persona sospechosa de haber ordenado la destrucción de pruebas en un proceso penal. ¿A que cada vez se parece más a Nixon?

Solo que si Nixon y Rajoy se parecen, España no es los Estados Unidos.

sábado, 30 de marzo de 2013

El Yin y el Yang.

La noticia comenzó a revolotear por Twitter por la noche. Corea del Norte declaraba la guerra a Corea del Sur. Ahora las noticias las traen los pájaros. Busqué en la prensa de Madrid; no hallé nada. Debían de estar todos de vuelta de las procesiones. Así que fui a parar a la CNN en donde se daban dos noticias en portada opuestas en contenido, como el bien y el mal o cualquier otra dualidad antagónica y complementaria, como el Yin y el Yang. En este caso, el Yang es el camarada Kim Jong-Un o Kim III, pues el país es una dinastía comunista, declarando la guerra a la otra Corea y apuntando sus misiles a bases estadounidenses en la región. El Yin es la reaparición de la sábana de Turín, un paño medieval en el que está impreso el semblante de un hombre muy parecido a la imagen convencional de Cristo coronado de espinas y que la devoción popular reputa el Santo Sudario, de forma que el rostro impreso es la vera efigie del Salvador.

Está bien que las dos noticias vengan en pareja pues tienen un elemento en común, su inverosimilitud. Es difícil tomarse ninguna de ellas en serio. La sábana de Turín que se expondrá en los próximos días es de origen medieval, según la datación por Carbono 14 y el Papa Juan Pablo II, que tenía un pico de descreído, dijo que era un insulto a la inteligencia.

Algo de eso se da en la declaración de guerra en Corea. No obstante, los resultados pueden ser temibles. Ya hay quien habla de la tercera guerra mundial. Alguien dirá que un muchacho de veintinueve años no puede lanzar el mundo a un holocausto. ¿Por qué no? A lo largo de la historia los motivos de las guerras han sido muy variados. Una de las más famosas comenzó con un adulterio.

Sin menospreciar la vieja máxima de que no hay enemigo pequeño, lo preocupante no es la declaración en sí. Corea del Norte tiene un ejército muy bien pertrechado de carros, de lanzacohetes, de baterías de todo tipo, amasados el borde de la zona desmilitarizada. Pero su logística es muy pobre. Apenas si tiene reservas de combustible para un mes y la parafernalia bélica está en la frontera para que tenga menos trayecto que recorrer. Lo preocupante es lo que hagan los vecinos y aliados, los que estaban presentes cuando el armisticio de 1953, que puso fin a la guerra de Corea, los chinos, los rusos y los estadounidenses, por no hablar de los japoneses. Ahí sí que puede haber un lío porque, de los cuatro países, tres son potencias nucleares con capacidad entre las tres para destruir el planeta una docena de veces. 

Es un consuelo a la hora de calibrar las consecuencias de una guerra hoy.

En lo que a España se refiere está por ver si una guerra en el extremo Oriente sirve como cortina de humo  del caso Bárcenas.

sábado, 4 de febrero de 2012

La crítica nueva.


Judith Butler (2011) Violencia de Estado, guerra, resistencia. Por una nueva política de la izquierda. Barcelona: Katz/CCCB, 81 págs.



Judith Butler es una interesante filósofa contemporánea norteamericana que escribe sobre una amplia gama de temas, filosofía, teoría política, crítica literaria, historia, feminismo, guerra, etc. Algunas de sus obras han conocido una gran difusión en muchos idiomas y es muy valorada por su alto espíritu crítico, su afán de renovación de aquello que toca y el indudable impacto que produce, por ejemplo en el feminismo o en su visión de la identidad.

Esta de la identidad es una reflexión particularmente rica en ella, que la vive a la vez como sujeto y objeto pues su propia constitución cultural es un verdadero crisol: estadounidense nacida en Cleveland de padres judíos practicantes (la madre, húngara; el padre, ruso), que fue a la escuela hebrea y ha dedicado sus trabajos intelectuales a la teoría feminista, la teoría queer, la teoría de la identidad y el cuerpo, en una especie de estela de la biopolítica foucaultiana que, a su vez, también es vivida en primera persona pues, si no ando equivocado, su defensa de la transexualidad y hasta la no identidad sexual, empieza por serlo de sí misma.

Su obra, en verdad, es un torbellino y está llena de complejidades no siendo la menor la densidad de su lenguaje, con continuas referencias implícitas a conceptos, teorías, sistemas, que se presuponen. La misma conferencia que da cuerpo a este opúsculo es una muestra de lo anterior. La violencia de Estado, etc pasa de ser una reflexión sobre la guerra o, mejor dicho, sobre la visión de la guerra a una consideración minuciosa del conflicto palestino-israelí, dejando por el camino muchas sugerencias o consideraciones colaterales muy dignas de reflexión. En cuanto a la guerra no vamos muy allá. Se refiere a su teoría de la guerra como "marco" (se entiende, como frame de visión) y a ella se atiene. Saca mucho partido de los misiles drone, y recuerda un poco los comienzos de la cibernética, siempre tan fascinante para quienes se mueven en el campo de las humanidades, pero que tampoco es tan nueva. Una ojeada a los sistemas autopoiéticos de Luhmann da una buena idea de las posibilidades y limitaciones de esta reflexión.

En el análisis del conflicto palestino-israelí el punto de partida es el habitual en la izquierda, el propalestino; pero en el curso de la disertación se perfila notable comprensión por la causa israelí. Hasta tal punto que, en algún momento, afirma Butler lo paradójico que es que dos comunidades condenadas a convivir sean mutuamente tan hostiles. Puede ser paradójico pero es también lo habitual en todo el mundo cuando dos comunidades luchan por el dominio de un territorio. No hay nada específico, nada único, en este conflicto del Próximo Oriente e ir a buscarlo en territorios confusos como la etnia, la religión o la cultura solo sirve para embellecerlo. En la lucha por el dominio del territorio lo habitual es la política de exterminio y esta puede adoptar muchas formas y disfrazarse de mil maneras. Pero es exterminio.

La entrevista que forma la otra parte de este breve texto, hecha por Daniel Gamper oralmente y por escrito, es muy ilustrativa de la personalidad y los intereses de Butler. Pero, como se pretende abarcar en ella la totalidad de una obra tan amplia y compleja, hay muchas cosas que no quedan enteramente claras. En todo caso es como una especie de mosaico del pensamiento de la filósofa, pero un mosaico sin un motivo central, sin un plan, ni siquiera un fractal, que reproduce en serie una unidad primigenia. Resulta curioso que la actitud crítica de Butler hacia la postmodernidad sea compatible con un pensamiento típicamente postmoderno en cuanto a la ausencia de sistema y su carácter fracturado.

Por si cupiera alguna duda, considérese la respuesta que da a la pregunta que ella misma plantea sobre una nueva política de la izquierda: "No estoy segura de que todas las luchas sociales que forman parte de la izquierda tengan una cosa en común y no estoy segura de que la necesiten." Palinuro está de acuerdo pero, teniendo esto en cuenta, ¿en qué puede consistir exactamente una nueva política de la izquierda?

sábado, 14 de enero de 2012

El filo de la navaja.

El funcionamiento del capitalismo es un misterio sobre todo cuando muestra su cara caníbal, cuando vive de devorarse a sí mismo. El gran descubrimiento keynesiano consistió en garantizar que el hombre pudiera explotar al hombre procurando que hubiera algo que explotar. Si esa precaución se pierde y al final no queda nada por explotar, el sistema, sostenido en una lógica autodestructiva, colapsa. los medios por los que que hasta ahora se ha contenido el colapso consisten en entregarse a él a través de la revolución o de la guerra, formas del reino de la violencia y ambas difíciles de pensar, si bien en diferente grado.

La revolución es improbable, aunque hubiera gente que, además de invocarla como se invoca el santo advenimiento, la preparara concienzudamente. La guerra es más probable incluso aunque nadie reconozca estar preparándola.

Nada está escrito y habrá quien diga que esta crisis puede hacerse crónica pues, como si fuera una guerra con un arma "inteligente" que aniquilara valores pero respetara a las personas, éstas permanecen. Sin duda pero, llevadas a la desesperación, pueden hacer cualquier cosa.

miércoles, 4 de mayo de 2011

La muerte de Ben Laden.

Operación Gerónimo. En un audaz golpe de mano un comando de fuerzas especiales (quizá parte de la Delta Force) de los EEUU asaltó el refugio de Ben Laden en el Paquistán el domingo, mató al sumo dirigente de Al-Qaeda y una cantidad indeterminada de personas y arrojó sus cuerpos a la mar. Todo en cuarenta minutos. De ser ella es la Delta Force que ya intentó lo mismo en diciembre de 2001, a dos meses del 11-S, y sólo consiguió que se desencadenara la cruenta batalla de Tora Bora, al comienzo de la guerra del Afganistán.

La misión ha sido un éxito al estilo Rambo, muy familiar en el mundo y una prueba más del carácter espectacular de nuestra sociedad. Aún me pregunto si en la Casa Blanca estaban asistiendo al asalto en directo. En todo caso un Obama radiante podía llamar a Bush a decirle que ahora sí estaba la misión cumplida.

El hecho ha provocado una oleada de vehemente patriotismo en los EEUU y reacciones encontradas en Europa en donde unos baten palmas y otros critican la ilegalidad y la inmoralidad de la acción. Como era de esperar. La eficacia militar del asalto está fuera de dudas. Su justificación política es más difícil. Pero la crítica no puede ser una condena rotunda, sin matices, que trate de explotar el antiamericanismo tosco de una parte de la opinión.

Un poco de memoria no viene mal. El 20 de junio de 1944, en el curso de la Operación Walkiria, el coronel Conde von Stauffenberg colocó una bomba a un par de metros de Hitler en su Guarida del lobo, en Prusia oriental. La bomba estalló y Hitler salió ileso. Si hubiera muerto seguramente nadie hubiera objetado nada. El fracaso lo pagaron con la vida más de doscientas personas.

El 24 de abril de 1980 se abortó la operación Garra de Águila (uno de sus nombres) por la que una escuadrilla de ocho helicópteros gringos rescataría a 52 ciudadanos estadunidenses que las autoridades revolucionarias iraníes tenían rehenes contra todo derecho en la embajada de los EEUU en Teherán. El resultado fue un desastre, se destruyeron varios helicópteros y aviones, murió un buen puñado de soldados, los iraníes diseminaron los rehenes por todo el país para impedir otra operación de rescate, el prestigio de los EEUU cayó en picado y Reagan ganó a Carter las siguientes elecciones con las consecuencias que a la vista están.

Viene lo anterior a cuento de que las operaciones de rescate en territorio enemigo o de captura de algún reconocido asesino (porque supongo que no hay duda de que Ben Laden, como Hitler o Franco, era un asesino dispuesto a hacer cien veces lo que le han hecho a él) son muy arriesgadas y pueden tener altos costes en vidas humanas o bienes materiales y un grado elevado de riesgo. De hecho ahora se sabe que el comando de la Operación Gerónimo sólo tenía un 60 por ciento de certidumbre de acertar.

Si hubo posibilidad de detener a Ben Laden a los efectos de que tuviera un juicio justo debió actuarse así. Pero no se puede olvidar que hay una guerra contra el terrorismo y en la guerra los enemigos tienden a parecerse. No hace falta ser muy exquisito para calificar Guantánamo de terrorismo. Y, en esa situación de guerra, la rapidez con que los gringos se han deshecho de Osama Ben Laden hace sospechar que temían lo que pudiera declarar en un proceso público acerca de sus presuntas actividades de colaboración con los estadounidenses en Afganistán.

Los Estados de derecho deben actuar de acuerdo con ciertos principios, so pena de perder su legitimidad y, cuando vayan contra ellos, es preciso criticarlos, denunciarlos y exigir responsabilidades. De siempre hemos sabido que el peor enemigo de la libertad es el Estado cuya razón de ser consiste en protegerla. Pero la crítica no puede llevarnos a negar las diferencias entre el imperio de la ley y la ley del crimen y a ignorar la superioridad del primero, pese a sus errores o crímenes, sobre la segunda y que, entre otras cosas, descansa en el hecho de que esa crítica puede formularse libremente.

(La imagen es una foto de David Armano, bajo licencia de Creative Commons).



martes, 3 de mayo de 2011

Entre la mendacidad y la ignominia.

En mitad del jolgorio mundial por la muerte de Bin Laden a manos de los hombres de Barack, Esperanza Aguirre se apresuró a recordar que Bin Laden nunca ha reconocido el atentado de Madrid, una observación tan fuera de lugar y de sentido que sólo puede explicarse por un ataque agudo de conspiranoia, aunque calculada con la precisión de un pellizco de monja.

Es el caso, sin embargo, que el tal Bin Laden tuvo a bien declarar el 17 de abril de 2004 que El 11-M es la respuesta a las acciones de España en Irak, Afganistán y Palestina. Resumiendo, la declaración de Esperanza Aguirre es mendaz.

Y no sólo mendaz. Además es ignominiosa en comparación con la de Hillary Clinton en la que ésta recuerda los inocentes que murieron por culpa de Bin Laden en Atocha el 11-M, víctimas para las que Aguirre no ha tenido ni un recuerdo, ocupada como está siempre, sin parar, en todo momento y circunstancia, venga o no a cuento, en atacar al adversario y rebañar unos votos.

(La imagen es una foto de PP Madrid, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 2 de mayo de 2011

Eppur si muore.

Actualización a las 11:30.

Obama contra Osama o cómo el orgullo herido de una poderosa nación se toma la revancha. "Los Estados Unidos" -dice Obama- "han matado a Ben Laden". EEUU, no un comando de 40 personas al estilo de Misión imposible. Hollywood estará ya preparando la correspondiente peli pues nada puede darse por real hoy si no pasa al cine. Y hay que reconocer que, despues de casi tres años de crisis económica, con el agua al cuello, la sufrida población planetaria se merecía algún espectáculo enardecedor.

¿Y es real? Este tipo de acontecimientos son el suelo en que crecen las más salvajes teorías conspirativas. Todavía hay gente que cree que a John Kennedy lo mató el FBI, que las torres gemelas las reventaron los Bush, que el 11-M lo hizo ETA y que el Rey Arthur descansa en Avalon en espera de su vuelta. No ayuda nada que los gringos hayan arrojado el cuerpo en el mar, al estilo rioplatense. Si no han conservado pruebas irrefutables se encenderán mil hipótesis conspirativas. Dicen los estadounidenses que no querían enterrarlo por evitar que se creara un santuario de peregrinación, pero ahora cualquier orate con un Kalashnikov puede ir por el mundo diciendo que es Osama Ben Laden y alguno será peligroso.

La muerte del capo deja cojo el esquema maniqueo del mundo contemporáneo: hundido el comunismo y muerto Osama, el polo del Bien (los EEUU y sus aliados/vasallos) ya no tiene nada enfrente; el polo del Mal se ha extinguido. Habrá que crear otro cuanto antes y será difícil que dé tanto juego mediático como dio le feu Ben Laden, que Alá conserve junto a sí por los siglos de los siglos.

(La imagen es una foto de POPOEVER, bajo licencia de Creative Commons).