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lunes, 13 de octubre de 2014

Un día es un día.


El 12 de octubre, festividad de la Virgen del Pilar, es también la fiesta de la nación española. El nombre del día ha cambiado con los años. Anteriormente, en tiempos del franquismo, fue llamado Día de la Hispanidad, ese invento del cura Zacarías de Vizcarra que recogería Ramiro de Maeztu, propagándolo en su Defensa de Hispanidad. Antes, la festividad se llamó "Día de la Raza" en los tiempos de Alfonso XIII, denominación que conservó la República y que todavía hoy se mantiene en algunos países latinoamericanos. El título actual de Fiesta de la Nación Española lleva una clara intencionalidad, situar el origen de la nación española en 1492 con sus dos acontecimientos históricos: de un lado, la toma de Granada, fin oficial de la guerra contra el sarraceno, llamada Reconquista, y perla de la unión de las coronas de Castilla y Aragón. Del otro el descubrimiento de América. Este es la única aportación de España al acervo de la Humanidad. De lo que vino después no hay por qué enorgullecerse y hasta el llamado "descubrimiento" despierta muy duras críticas. Sin embargo, estas no se refieren al descubrimiento en sí, sino a lo que se hizo después con lo "descubierto". Pero, en sí mismo, el hallazgo, el descubrimiento, fue un hecho que cambió la historia del mundo. Si sobre eso y la unión de Castilla y Aragón puede fundarse una idea de nación es asunto siempre discutido. Otros prefieren localizarla en la guerra contra los franceses, llamada "de la independencia".

En todo caso, ya es mala pata que el mismo día se celebre el Pilar y el Día de las Fuerzas Armadas, los dos elementos esenciales del nacionalcatolicismo, concepción de una nación que se ve como la de la espada y la cruz, evangelizadora y aniquiladora de pueblos enteros. Día de la Raza, cómo no, aunque sea un verdadero dislate. Orgullo a raudales. Sostenella y no enmendalla.

La celebración de ayer fue una amarga lección para esa nación española, un baño de realidad en contraste con sus ilusiones, magnificadas por los medios de comunicación a su servicio. Un episodio más de esa fabulosa capacidad de los españoles de no entender el mundo que los rodea. Dado el ascenso del independentismo catalán, las fuerzas políticas y sociales que se oponen a la consulta del 9N, partidarias de una Cataluña española, PP, UPyD, Cs. y una Sociedad Civil Catalana, convocaron un acto de afirmación nacional española en Barcelona, en la Plaza de Catalunya. Lo publicitaron abundantemente en los medios, pusieron autobuses para traer gentes de otras provincias y encima regalaban paraguas con los colores borbónicos. Pero no llenaron la plaza. Las diferencias de cálculo de asistencia son irrelevantes. Da igual que fueran veinte o treinta mil. Nada, comparado con los cientos de miles, millones que arrastran las convocatorias de Diada. No hay ni color. Lo de la Plaza de Catalunya ha sido un bofetón grandioso de la mayoría silenciosa. España tiene poco tirón en Cataluña.

En donde no hubo silencio fue en la concentración/provocación de los grupos fascistas y falangistas en Montjuic, en un acto de bravucones para quemar banderas esteladas, protegidos por los mossos d'esquadra. Ya se sabe que los nacionalistas españoles que se dicen civilizados, por ejemplo, los del PP, no quieren que se identifique su nación con la de estos bestias. Pero algo así es inevitable porque además de hablar un lenguaje parecido, en el PP no son infrecuentes manifestaciones de fascismo, franquismo o falangismo: nuevas generaciones, alcaldes de aquí o allí, concejales, algún diputado muestran esa vinculación sin que el partido haga nada por eliminarla. La presencia de estos energúmenos hizo flaco servicio a la nación por la que dicen estar dispuestos a sacrificar sus vidas y quizá también las ajenas, aunque sin decirlo. Por cada docena de fascistas en Montjuic quemando los colores catalanes y hablando de los "putos catalufos" salen cientos de independentistas.

Pero eso es Cataluña, territorio díscolo. En donde se festeja a modo la nación española es en Madrid, capital del imperio. ¿En dónde, si no? En Barcelona es impensable. Ver el ejército desfilar por la Diagonal seguramente se entendería bastante mal y es muy probable que no fuera nadie a presenciar el desfile. Bien es verdad que ayer tampoco había mucha gente en el paseo de Recoletos y el Prado. Algo más en la plaza de Neptuno que, en realidad, es de Cánovas del Castillo, en feliz coincidencia nacional. Y eso de aguantar a pie firme el marcial desfile de los bravos soldados, la maquinaria de guerra, las armas y hasta la inevitable cabra de la legión, no es algo que encienda en los madrileños el fervor patrio. El propio presidente del gobierno que hoy viste el cargo ante las tropas, consideraba hace unos años que el desfile era un "coñazo".

Un desfile militar en Madrid que, según parece, ha costado 800.000 euros, sin contar los aviones. Registrando en la memoria de Palinuro, encuentro un apunte del 12 de octubre de 2010 titulado El día nacional: la fiesta de la Hispanidad que habla de este asunto de los desfiles militares. Es un modo absurdo, casi estrambótico, de celebrar el día de una nación que no ha ganado una sola guerra internacional de alguna entidad hace más de doscientos años. Franco le daba mucha importancia, pero porque había ganado una guerra civil. Por eso el desfile se llamó siempre "desfile de la Victoria". ¿Cuál es hoy la victoria? ¿Sobre quién? Esta parada militar es un anacronismo absurdo y un dispendio. Propio de un país empeñado en fingir lo que no tiene: una conciencia nacional compartida.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

viernes, 16 de noviembre de 2012

De aquí a Lima

  • Jérez de la Frontera acoge el Foro de la comunicación

  • ¡Ah, la Hispanidad! En este año de gracia de 2012, España ha celebrado sus mayores efémerides, la que le da el ser como nación, el 12 de octubre de 1492, y la que dota de conciencia a ese ser el 19 de marzo de 1812, la Pepa. La primera fiesta ha ido desmejorando con el tiempo. Fue en su momento Día de la Raza, nada menos (aún lo es en alguna nación hermana, tengo entendido), pasó luego a Día de la Hispanidad y ha terminado siendo Día de la Fiesta Nacional de España. El segundo centenario de La Pepa ha encendido mucho los ánimos patrióticos, excepto en las sempiternas zonas irredentas de Vasconia y Cataluña. Aprovechando el fervor nacional español y contra mucho pronóstico en contra, este finde se celebra la XXII Cumbre de la Comunidad Hispanoamericana de Naciones, ese enteco remedo de la Commonwealth británica.Y se celebra en Cádiz. Naturalmente. La cuna de la conciencia nacional española. En un clima de sobresaltos y múltiples desencuentros. Faltan la Argentina, Venezuela, Paraguay, Uruguay por lo menos. Y a los que vienen, prácticamente ha habido que traerlos por la solapa. El Rey comprometió a la brasileña y al chileno; los príncipes anduvieron por Panamá y el Ecuador y hasta la Reina tuvo el tronío de presentarse en Bolivia, of all the places in the world. El País da cumplida y ditirámbica cuenta de ello, El Rey se ha movilizado para intentar garantizar el éxito del cónclave
    Esta Comunidad es un languideciente intento de España de alzarse con un liderazgo hispánico que no puede sustentar en nada sólido. Y tiene un anecdotario a tono con su condición, siendo el momento más célebre el ¿Por qué no te callas? del Borbón al compañero Hugo Chávez. Entre otras melancólicas decisiones que esta XXII Cumbre ha de tomar está la de dotarse de carácter bienal, como el festival de Cannes, pero muchos menos focos. Esa decisión es el RIP del invento.
    Así que, en evitación de este siniestro vaticinio, un Foro de la Comunicación se ha reunido en Jerez de la Frontera ("allí donde te llamas Domeq o eres caballo o no eres nada") para recuperar el nervio español, enarbolar la bandera de la Hispanidad, de la Raza; perdón, de la Lengua. Para decir a los compas de Cádiz lo que hay que hacer. Estaban, entre otros, el presidente de EFE, Vera, el de RTVE, López-Echenique (la misma RTVE anima a incrustrar el vídeo en las webs), el de Prisa, Cebrián y el ministro de Exteriores, García-Margallo un verdadero, potente lobby en favor ¿de qué?
    ¿De la lengua y la cultura españolas? No. De la empresa. El tal foro de la comunicación es un invento empresarial, al menos este. Y su finalidad es hacer negocios o, como dicen los negociantes, estudiar las oportunidades. Lo que sucede es que la materia prima con la que estos prohombres quieren hacer negocios es... la lengua común.
    Llegados aquí, se les enciende el estro patriótico y empiezan a desbarrar. Sobre todo García Margallo, tan aficionado a las teóricas. Hay que ver qué cantidad de disparates puede decir alguien. Según el ministro, el español es la segunda lengua del mundo. No sé qué ni cómo cuenta este hombre pero el chino, el árabe y el inglés van muy, muy por delante. Salvo que quiera decir que es la segunda por sus valores intrínsecos, en cuyo caso no veo por qué no nos pedimos primer. Dice asimismo el ministro que los estudiantes de español son el doble de los de las demás lenguas. Asombroso para dicho por alguien de un país que aspira a tener la enseñanza bilingüe, inglés/español. Asombroso. 
    Pero el que mejor ha estado ha sido Cebrián. Por no quedarse detrás de Margallo y dar un toque empírico, cuantitativo, indubitable a sus propósitos, habla de 650 millones de hispanohablantes que no sé de dónde le salen. Según los últimos censos, la población de la América hispana y España es de casi 424 millones. Aunque sumemos los guineanos, los saharauis, y los hispanos de los EEUU no llegamos a 460. Supongo que Cebrián no contará a los filipinos, que saben tanto español como yo tagalo.
    Pero lo bueno de la intervención de Cebrián ha estado en otros puntos, en una especie de furor declarativo que padece, como si estuviera indignado consigo mismo, su profesión, su vida que lo lleva a vaticinar una y otra vez el hundimiento de la casa Usher de la prensa de papel, cada vez en tonos más mesiánicos, apocalíticos, ridículos. La prensa de papel se hunde como si fuera de plomo y con ella, cómo no, el periódico que estaba y está bajo su responsabilidad. Cada vez que habla Cebrián, el del millón de euros al mes, es como si doblaran las campanas para aquellos periodistas que se han salvado del último ERE. En mi opinión, este hombre ha perdido el oremus, víctima de su codicia.
    En fin, todos han coincidido en lamentar la desidia hispánica a la hora de aprovechar esa mina, esa fuente de riqueza que es la lengua común. Han utilizado el verbo aprovechar. ¿Ven lo que se decía al principio? Estas buenas gentes no tienen una sola idea acerca de la lengua y la cultura españolas/hispánicas que no sea estrictamente mercantil. Pero quieren servir de inspiración y acicate a los asistentes a la XXII Cumbre. Y por eso proponen crear un instituto nuevo, dotarlo de una presidencia y dársela a algún figurón. Una idea tan original como factible. Un Supercervantes. Un ente cuyo primer problema, seguro, sería el nombre.
    Y Cebrián ha ido más allá y, a propósito de no sé qué, ha dejado dicho que, en materia de comunicación, "este Gobierno ha sido más neutral y hay que reconocerlo. Es una nueva posición absolutamente democrática",. Obvio. Quiere decir que no apoya a la competencia porque el ABC, La Razón y El Mundo no son su competencia. Pero ¿puede alguien honradamente llamar "neutral" a un gobierno que ha entrado a saco en los medios audivisuales, ha cambiado la Ley de RTVE para imponer a su hombre en la presidencia, ha purgado todas las redacciones de desafectos, supuestos desafectos y tibios y ha dejado la TVE1 a la altura de Telemadrid?
    Ahora se entiende aquel famoso artículo de Cebrián del 18 de julio de 2011, tratando altivamente de botarate a Zapatero y exigiéndole adelantar las elecciones, cosa que el otro hizo ovinamente, en el mayor de los muchos errores que cometió en su segundo mandato. Las elecciones anticipadas eran el objetivo esencial del PP y, con su artículo, Cebrián venía a demostrar su opción por él. Supongo que es algo que se da de modo natural cuando uno se asigna un pellizco de un millón de euros al mes en una empresa a la que ha conducido prácticamente a la ruina.

    miércoles, 4 de julio de 2012

    El maquinista de La General.

    A pesar de haber insistido hasta la saciedad en que es una persona previsible, el presidente del gobierno es de una imprevisibilidad sorprendente. No habla cuando se supone debe hacerlo y lo hace cuando lo prudente fuera estar callado; va a dónde no se le espera y se hace esperar en donde se le espera; niega cuanto afirma y afirma cuanto niega con una tranquilidad tan desconcertante que ni los mejores analistas consiguen averiguar el sentido de su acción; probablemente ni él.
    El gobierno está obsesionado con la política de comunicación. Tiene ya preparada la artillería audiovisual que viene a incorporarse a la fiel infantería de la prensa no para informar sobre la realidad sino para interpretarla en el único sentido posible, esto es, el triunfo incuestionable de las políticas del gobierno en el interior y en el exterior. El exterior, de todas formas, está crudo porque fuerza es competir con medios independientes que se empeñan en llamar rescate al rescate en lugar de alguno de esos eufemismos tan del agrado del gobierno, como línea de crédito o préstamo en condiciones muy ventajosas.
    La figura de Rajoy en la cumbre de Bruselas era borrosa, más como la de un antihéroe. Presenció el impecable triunfo de la selección española mientras el país era consciente de que en Bruselas se repartían sus pertenencias. Y Rajoy, en el fútbol. Desde luego, un antihéroe. Porque le guste o no le guste a quien habla siempre de la gran nación, España está de hecho intervenida pues su destino se decide en otro sitio, no en Madrid. Pertenece al grupo de los países rescatados, en crisis. Es difícil cohonestar el discurso de la gran nación con el hecho de que este pelotón de rescatados esté provocando una verdadera sublevación de los países ricos de la UE en contra de la ella misma. Y el colofón, como siempre, lo pone Inglaterra en donde se plantea restringir la entrada a naturales de los países en crisis. Originariamente el Mercado Común se había creado para alcanzar la libre circulación de bienes y personas en Europa. Pero ya se ve que no es así. Europa pasa por muy malos momentos.
    La estatura europea de Rajoy aparece muy disminuida, casi podría hablarse de una altura negativa, en imitación de De Guindos. Y a eso conviene poner coto de inmediato, piensan los asesores de comunicación, contraponiéndole una imagen de una talla crecida, grandiosa, de estadista con visión de futuro. En España eso quiere decir normalmente acordarnos de la misión imperial, la hazaña transatlántica para compensar por el mal tratro que habitualmente padecemos de Europa en donde nos resulta tan difícil encajar. La Hispanidad, en una palabra, y sus viejas monsergas. Siempre que hay un desencuentro entre España y Europa, el fascio español vuelve a ponerse en marcha por rutas imperiales" aunque sea a pie y con las suelas rotas.
    Y efectivamente, aquí tienen ustedes a Rajoy con unas declaraciones grandiosas acerca de cómo a Portugal, Iberoamérica y España nos une el futuro. Por supuesto, también nos une el pasado y el presente pero lo esencial es el futuro, según el orador ejerciendo de estadista. Y ¿con qué motivo sale de pronto el imprevisible Rajoy diciendo estas retóricas simplezas? Pues, según reza la explicación de La Moncloa, orgullosamente expuesta en su página web, con motivo de la celebración de la XXII Cumbre Iberoamericana que se celebrará los días 16 y 17 de noviembre en Cádiz. Tal cual, con motivo de la celebración de un hecho que se celebrará dentro de cinco meses. No había nada más importante ni actual en la agenda y no iban a sacar al presidente hablando del fuego en Valencia, sobre el que da la impresión de no haber dicho nada todavía. Es Rajoy en estado puro, pronunciándose engoladamente sobre una nadería para la que faltan cinco meses, con la actitud de estar haciendo historia. Así intentan los dichos asesores de comunicación de vender la imagen de un Rajoy que cuenta en el mundo, no el cero a la izquierda a quien todos ningunean en Europa y que va luego por ahí farfullando cantos de victoria.
    Por lo demás y a la vista del futuro que prepara para los españoles, de ser latinoamericano o portugués, no me haría nada feliz saber que el mío está ligado al de los infelices españoles, gobernadoscomo Dios manda.

    En cambio expedientan a Juan Morano por desobediente en el asunto del carbón. Conozco a Morano hace mucho tiempo y me parece un hombre honrado, condición no muy extendida, y un poco terco. Aunque imagino que la terquedad es una virtud política. El caso Morano pone de relieve el problema de los lìmites de la acción individual en el seno de un partido. Muy estrictos en el caso del PP, mucho más que en el PSOE o la izquierda en sentido amplio. La derecha no tolera desviaciones de la Línea General.Los diputados y senadores representan al pueblo español pero no se supone que actúes según su conciencia, sino según las directrices de su partido que es quien paga sus nóminas. Desde este punto de vista, Morano es un traidor. Justo por actuar de acuerdo con su  conciencia.

    martes, 12 de octubre de 2010

    El día nacional: la fiesta de la Hispanidad.

    Si es que no tenemos arreglo. El espíritu reformista, consensuado, sincrético de la Transición da frutos difíciles de tragar. Había que conservar la tradición franquista del desfile militar para que no se enfadaran la derecha y los "poderes fácticos", pero parecía conveniente separarlo de la vinculación a la Victoria pues la parada militar siguió llamándose "de la Victoria" cuando menos hasta 1973, según se comprueba en el vídeo más abajo. Por ello decidióse trasladarlo de fecha haciéndolo coincidir con el día de la Hispanidad, el 12 de octubre, festividad de la Virgen del Pilar y en otras épocas, día de la Raza. De ese modo, pensaban los impulsores de este cambio, se mataba el segundo pájaro de librar al ejército del secuestro a que lo tuvo sometido el franquismo al servicio de su bandería política durante cuarenta años, devolviéndolo a una efeméride nacional, de todos los españoles. Así que aquí está la Legión, los novios de la muerte, con su proverbial gallardía, al paso de marcha legionario, a celebrar el día de la Hispanidad, reconvertido en fiesta nacional española. La Legión, ese invento de Millán Astray calcado de la Legión Extranjera francesa, compuesta por prófugos, delincuentes, desertores de otras guerras, apátridas, etc, como el Tercio de Extranjeros español.

    Qué tenga que ver esto con la Hispanidad es un misterio. La Hispanidad en sí misma es un misterio, objeto de todo tipo de críticas, contracríticas y desacuerdos no solamente a ambos lados del Atlántico sino en cada uno de los países que la integran. Las diferencias de interpretación son abismales, desde quienes consideran el descubrimiento de América la puerta de entrada del mundo a la Modernidad hasta quienes dicen que, de descubrimiento, nada: el primer genocidio de la historia. La Hispanidad, el concepto del cura Zacarías de Vizcarra, recogido y ensalzado por Ramiro de Maeztu, hizo fortuna singularmente entre los falangistas ilustrados al estilo de Giménez Caballero pero no solamente entre ellos ya que, por ejemplo, es la base del gentilicio gringo de Hispanic, que se usa mucho como elegante intermedio entre el blanco y el negro. La Hispanidad, ese terrain vague en el que se libra el eterno contencioso de España consigo misma.
    Es en la propia Hispanidad en donde vuelan los botellazos. Por ejemplo, no es casual que muchos países latinoamericanos celebren el desfile militar en conmemoración de su independencia de España. La Hispanidad está hecha por pueblos que se separaron de España mediante la guerra. y, unos más que otros, han mantenido relaciones difíciles con la Madre Patria. Sin embargo eso no quiere decir que no haya entre ellos conciencia de comunidad hispánica. El domingo se celebró en Nueva York el desfile del día de la Hispanidad, precisamente presidido por España y con participación de los países latinoamericanos. Pero fue un desfile civil, pacífico, festivo.
    Esa es la gran diferencia. ¿A quién diablos se le ocurre celebrar el día de la Hispanidad con un desfile militar que es siempre algo amenazador, una demostración de fuerza y, encima, inútil? ¿Cómo defender una idea de la Hispanidad en tanto que comunidad de lengua y cultura mandando por delante al Tercio de Extranjeros? Si los españoles queremos constituir algo parecido a la Commonwealth o a la Francophonie, que nos queda un trecho, tendremos que mostrar algo más de tacto.
    Propongo suprimir el desfile militar (ese "coñazo", al decir de un espontáneo y sincero Rajoy) de una vez por todas, el 12 de octubre o cualquier otro día y sustituirlo por una alegre fiesta y parada civil con participación de los países latinoamericanos de los que hay amplia representación en España. Eso contribuirá algo a su integración.
    Por otro lado, si de lo que se trata con el desfile es de disuadir a algún potencial enemigo, bastará con enviarle un pen drive con un estado general de las fuerzas armadas con el detalle que se juzgue estratégicamente conveniente.

    Actualización a las 13:00.
    Suprimiendo el desfile nos ahorraríamos los abucheos que son la forma del rebuzno con que los zangolotinos de Nuevas Generaciones y sus mamás y papás del barrio de Salamanca obsequian todos los años a Zapatero, al Rey y, de paso, a esos caídos que tanto dicen honrar

    (La imagen es una foto de Roberto García Fadón, bajo licencia de Creative Commons).