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lunes, 26 de octubre de 2015

¿Basta con pedir perdón?


Le ha costado ocho años porque el chico no es muy rápido pero, desde que se convirtió al catolicismo en 2007, Blair debe de haber aprendido ya el truco de la casa: no importa lo que hagas, a cuanta gente asesines, cuánto robes, destruyas, cuánto daño hagas, cuánto mientas y cuán canalla seas. Te arrepientes, dices tus pecados a un confesor, cumples la penitencia (que suelen ser unos avemarías) y quedas limpio de polvo y paja, con la conciencia como una patena y listo para empezar una nueva tanda de canalladas.

Blair sostiene que la segunda guerra del Irak fue un "error" producto de unas informaciones "falsas" que Bush y él habían recibido. De ser así, no se entiende por qué pide perdón. No se pide perdón por los errores porque se supone que son involuntarios. Cuando son voluntarios ya no son errores sino faltas, delitos y, en este caso concreto, crímenes y crímenes contra la humanidad. Y no, no basta con pedir perdón cuando se ha sido la causa de la destrucción de ciudades enteras, de la muerte de cientos de miles de personas, de la tortura de prisioneros. No basta con pedir perdón: hay que expiar, pagar por los crímenes cometidos.

Todos cuantos nos manifestamos una y otra vez en contra de aquella guerra ilegal propia de piratas, estábamos seguros de que era cosa decidida entre los dos mandatarios, Bush y Blair, que se llevaron a Aznar de perro faldero para que no pareciera una aventura de una pareja de matones. Era cosa decidida sobre la base de informaciones falsas que los dos sabían que eran falsas. Los veíamos mentir como lo que son, bellacos, y que utilizaban y manipulaban todos los medios para llevar adelante su empresa de delincuentes internacionales de invadir un país, asesinar a sus gentes, robar sus recursos. Ellos también lo sabían. Lo de las armas químicas y otros asuntos eran puras patrañas para disimular aquella agresión que ha traído las catastróficas consecuencias que hoy padecemos.

No basta con pedir perdón, como el que tira un florero al pasar. Bush, Blair y su lacayo español deben comparecer ante un tribunal internacional de justicia para responder por sus crímenes.

El mindundi español que estaba en las Azores de palanganero debe seguir los pasos de su amigo Blair y redoblados. Debe pedir perdón por embarcar al mundo en aquella guerra criminal y pedir perdón a los españoles por haber intentado engañarlos permanentemente.

Todas estas catástrofes actuales del Estado islámico y cosas así caen directamente sobre las espaldas de estos piratas internacionales. En el caso del español, también caen sobre sus espaldas los 200 muertos y casi mil heridos de los atentados de Atocha. Aunque Aznar y su tropa de sicarios en los medios estuvieron años manteniendo la teoría de la responsabilidad de ETA en los atentados, ese mismo inverosímil empeño era la prueba de su responsabilidad directa en los desastres.

Aznar probablemente duerme tranquilo porque los tarugos no tienen conciencia. Pero para el futuro el asunto está ya zanjado: un criminal que participó en una de las mayores barbaridades de la historia causando muerte y miseria a cientos de miles de personas solo para satisfacer su ego y sus ansias de poder y enriquecimiento.

Y si, además de juzgarlo la historia, también lo juzga un tribunal de justicia, miel sobre hojuelas.

martes, 2 de junio de 2015

Últimas noticias del imperio.

Perry Anderson (2015) Imperium et Consilium. La política exterior norteamericana y sus teóricos. Madrid: Akal. (250 págs.)
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Perry Anderson es un historiador y politólogo británico de orientación marxista. Perteneciente a esa brillante escuela de historiadores materialistas que incluye figuras señeras como E. P. Thompson y Eric Hobsbawn, tan prolífico y activo en la política práctica como ellos. Hace años que leí sus dos primeras obras, publicadas en los setentas, Transiciones de la antigüedad al feudalismo y El Estado absolutista y que muchos consideran lo mejor de su producción. Desde luego, a mí me impresionaron por la vastedad de su horizonte, su fuerza explicativa, su capacidad sintética y su perspectiva teórica, aunque, para algunos, esa parece ser su debilidad, pues lo acusan no de escribir historia, sino de teorizarla. Por mi parte, he vuelto sobre estas dos obras en varias ocasiones y siempre las he encontrado muy interesantes y llenas de sugerencias.

Anderson, hermano del politólogo Benedict Anderson, que ha dejado huella en los estudios sobre el nacionalismo por su concepción de las imagined communities, fue durante muchos años el editor, el alma de la New Left Review, siempre en primera línea de los debates doctrinales del marxismo occidental, a veces algo abstrusos. Escribió mucho y participó en todas las polémicas sobre marxismo continental/marxismo inglés, el estructuralismo, el postestructuralismo y el posmodernismo. Mantuvo una célebre controversia con E. P. Thompson y no me considero capacitado para pronunciarme por ninguna de las dos posiciones porque ambas me convencen en parte. Desde entonces he venido leyendo aquí y allá artículos de Anderson y, a veces, algún ensayo iniciado en la NLR. De hecho, las dos mitades de este libro son sendos ensayos publicados en 2013 en un número monográfico de la revista. Está retirado en los Estados Unidos desde los años 80 y da clases en la Universidad de California. Allí ha ampliado su vasto campo de intereses y ha escrito sobre la India y, ahora, sobre la política exterior de los Estados Unidos.

La tesis central de la obra es sencilla: desde el siglo XIX, especialmente a partir de la guerra contra España, los Estados Unidos han pretendido siempre ampliar y consolidar su hegemonía imperial en el mundo. La tendencia se hizo patente a partir de la primera guerra mundial y dominante a partir de la segunda hasta nuestro días. Mientras las armas norteamericanas llevan el poder brusco (p. 178) a los últimos rincones de la tierra (Imperium), una pléyade de ideólogos las justifican con distintas elaboraciones teóricas (Consilium). El autor considera que los intelectuales norteamericanos son, en realidad, "consejeros de príncipes" (p. 165). Y sus consejos tienen generalmente un tinte moralmente sombrío. En general, es un libro sombrío porque levanta constancia de que, por encima de todas las ilusiones e ideologías cosmopolitas, racionales, kantianas, prevalece la vieja razón de Estado. De hecho y de palabra. Sin duda la doctrina de la guerra preventiva, no es una invención de Bush. Es anterior. Y mucho. Es doctrina romana. Pero son los intelectuales los que la han resucitado y opera al día de hoy en los Estados Unidos de Obama que la ha manejado en relación con el Irán (p. 146)

La marcha imperial estadounidense está ya implícita en la doctrina del manifest destiny y todos los presidentes, de Wilson en adelante, la han perseguido. La obra tiene bastante valor desmitificador porque presenta a Wilson y al segundo Roosevelt no como los idealistas, abanderados de la causa de los pueblos y la libertad, sino como dos políticos sin escrúpulos que solo pretendían el triunfo estadounidense. Para Anderson, Roosevelt no llevó a su país a la guerra movido por su antifascismo. Sentía aversión por Hitler, pero admiraba a Mussolini, "aupó" a Franco al poder y se llevaba bien con Pétain (p. 29). Roosevelt no quería un New Deal para el mundo. Lo suyo era política de poder, no el bienestar (p. 33).

Esta visión desmitificadora procede de la llamada "escuela revisionista", que replantea desde una perspectiva crítica la política exterior estadounidense desde la segunda guerra mundial. Hace suyos los puntos de vista de Gabriel Kolko, Gar Alperovitz o William Appleman Williams, todos ellos muy críticos con la política primero de contención y luego de rechazo ("roll back") de Dulles en 1947 (p. 75), en la guerra fría. Kennan no sale bienparado e indirectamente se da la razón a Lippmann quien lo acusaba de fomentar la guera (p. 41).

En la guerra fría, los Estados Unidos vivieron obsesionados con la seguridad. Mediante la ley de Seguridad Nacional de marzo de 1947 se crearon el Departamento de Defensa (antes llamado "de Guerra"), el Estado mayor conjunto, el Consejo de Seguridad Nacional y la Agencia Central de Inteligencia, la célebre CIA (p. 45).

La primera prioridad de la política de contención fue reconstruir Europa occidental y el Japón siguiendo el modelo capitalista a través del Plan Marshall (p. 65). En los decenios siguientes, la expansión alcanzaba el lejano oriente (p. 82) y el Oriente Medio (p. 88). Del Próximo Oriente no hacia falta hablar. América Latina, alejada de Europa,  era un feudo de los Estados Unidos (p. 93).

La descolonización fue un proceso con auxilio estadounidense (p. 107). Los norteamericanos intervinieron decisivamente en el África, como también lo hicieron los cubanos (p. 109). En los  años 70, la conferencia de Helsinki y el tratado de 1975, en realidad señalaban el triunfo fde Occidente. Unos años después, Reagan, con sus gestos de actor (Tear down this wall, Mr. Gorbachev!) y la famosa invención, el bluff de la Iniciativa de Defensa Estratégica rindió a los soviéticos (p.117). Según el autor la guerra fría no fue nunca una Niederwerfungskrieg (guerra de aniquilación) sino una Ermattungskrieg (guerra de desgaste) (p. 118).

Con el fin de la guerra fría, el famoso dividendo de la paz pasó a ser dividendo de la guerra en interés de los Estados Unidos. Con el GATT convertido en OMC, el  Consenso de Washington (p. 125) y la creación de la ALCA o asociación de libre cambio de América, los Estados Unidos han emergido como potencia dominante en un mundo unipolar, con la OTAN  ampliada hasta la spuertas de Rusia (p. 126). Los hechos dan alimento suficiente para el nuevo revisionismo, crítico con la política exterior hegemónica, que se basa en todo tipo de retóricas: bombardeos aéreos como intervención humanitaria, la doctrina de Blair y Clinton  de que la causa de los derechos humanos invalida el principio de soberanía nacional (p. 129) , la lucha contra el terrorismo (p.130).

La actual presidencia, menudo chasco para los liberales que creyeron que la llegada de un negro a la presidencia de los Estados Unidos cambiaría algo la arrogancia del Imperio. Obama es un presidente tan expansionista y obsesionado con la seguridad como los anteriores. Desde la segunda guerra mundial, la criminalidad presidencial ha sido la norma y no la excepción y Obama, sostiene Anderson,  no ha sabido romper con ella (p. 144).  Para él, el asesinato es preferible a la tortura (p. 143). Supongo que a John Yoo, el catedrático de Berkeley que asesoraba a Bush acerca de cómo la tortura podía ser constitucional en tiempo de guerra, esta actitud le parecerá poco refinada. Asesinar es siempre peor que recurrir a técnicas reforzadas de interrogatorio, que es el nombre de lo que algo más al sur se conoce como la bañera. En otro orden de cosas, aunque tampoco muy alejado, la expansión se consigue forzando a los demás, velis nolis, a firmar acuerdos leoninos de libre comercio.  El Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica, trata de vincular al Japón con el imperio estadounidense (p. 154). Y lo mismo pretende hacer el TTIP que, al parecer, los socialistas europeos quieren aprobar si no lo han hecho ya. "La guerra fría había terminado, pero la policía nunca descansa. Tuvieron lugar más expediciones armadas que antes, se crearon más armas avanzadas que nunca; más bases se añadieron a la cadena; se desarrollaron más doctrinas de amplio alcance sobre la intervención. No había vuelta atrás". (pp. 159-160).

Últimas noticias: el Imperio está más fuerte que nunca. Domina los mares, tiene ocupada militarmente una serie de países. Controla los cielos de otros. De casi todos, en realidad. Posee bases militares en docenas de países que se dicen soberanos, entre ellos España. En el libro no se habla de ello, pero el Imperio pretende igualmente el control de internet y el ciberespacio.

La segunda parte del libro es una especie de reseña bibliográfica de la producción norteamericana más reciente, tanto académica como de ensayo divulgativo en sus autores más relevantes, una especie de review article. Partiendo de las tradiciones autóctonas de una interpretación de la hegemonía benigna de Norteamérica en la línea del idealizado Wilson, repasa las obras más significativas en la interpretación de la política exterior estadounidense en la que prevalece la vieja obsesión por la seguridad y la perspectiva realista, si bien con distintas versiones, unas más convincentes que otras. La tesis de Brzezinski de que el fin de la guerra fría, lejos de aportar más seguridad a los Estados Unidos les ha aportado menos es claramente instrumental en el sentido de proseguir la carrera de armamentos y la mayor potencia destructiva del planeta, aunque el efecto intimidatorio de esta es  curiosamente menor que el que tuvieron las dos primitivas bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. No obstante sigue siendo dogma realista que la proliferación de armas atómicas favorece la paz (Kenneth Waltz).

Especial interés tiene la obra de dos internacionalistas, Thomas M. O. Barnett para quien la clave de los Estados Unidos, su secreto. su revolución propia es el capitalismo y este ha triunfado (p. 230). Hay que superar la brecha entre desarrollo y subdesarrollo, pero estamos en camino (p. 231). Aunque quizá no haya que tomarse esto muy en serio viniendo de un realista. Richard Rosencrance, ya en el segundo mandato de Obama, está preocupado por la decadencia relativa de los EEUU en relación con la China y la India (p. 236).
 
Termina Anderson con tres observaciones amargas de distinto orden: 1) los especialistas en relaciones internacionales no se ocupan de la economía y no entienden la crisis. 2) la Zollverein que va de Moldavia a Oregon requiere una articulación política que nadie sabe cómo se hará. 3) La consolidación de la hegemonía del "siglo americano" se lleva a cabo con ampliación y represión: terrorismo, secuestros, asesinatos selectivos desde el aire, etc.

Hace suyas las desengañadas palabras de Christopher Layne, "las hegemonías benignas son como los unicornios: animales imaginarios" (pp. 243/244). Este crítico así lo cree también.

sábado, 31 de agosto de 2013

Vuelve el pasado.


El premio Nobel de la paz, el primer presidente negro (o mulato) de la historia de los EEUU, el que suscitó esperanzas sin cuento en las izquierdas de medio mundo, incluidos los aplausos del bueno de Michael Moore (quien ahora está que echa las muelas y acaudilla una campaña de Hands Off Syria), Barack Obama, se apresta a seguir los pasos de Bush. Es decir, no solamente va a bombardear y quien sabe si invadir un país lejano (pues eso lo hacen los presidentes gringos casi sin excepción) sino a hacerlo sin autorización de la ONU. Quiso ganarse al primo inglés, pero los Comunes se han opuesto al sonrosado y servicial Cameron. Con la ayuda del camarero español ya ni se cuenta, pues está entretenido batallando con los jueces por sobrevivir.

Obama va solo a la guerra. Los franceses andan también buscando una excusa, pero su tradicional antiamericanismo de la herencia gaullista los lleva a intervenir por su lado, poderosamente llamados por el hecho de que Siria estuvo bajo su mandato en fideicomiso de la Sociedad de Naciones. La lealtad de la metrópoli. A lo mejor hay que leer en esta clave también el rechazo de la Cámara de los Comunes: no es nuestra pelea. El Irak era distinto, claro. Así que los franceses irán a la guerra por su lado. Pero mira que si se presentan allí y empiezan a caer como chinches por el fuego "amigo" de los drones gringos...

Y eso de "la guerra" es un decir; como lo es el "combate" a que se apresta El Asad. Ni guerra ni combate: una aplastante máquina de guerra tecnológica va a reducir a escombros un país. Dice la doctrina militar más acrisolada que las guerras solo se ganan ocupando físicamente el territorio. No se ganan desde el aire. Pero esto no es una guerra. Es una masacre anunciada. Hasta la fecha parece haber habido 100.000 bajas. Deben de parecerles pocas y van a redondearlas al alza en una prueba más del exquisito tacto con que Occidente viene tratando al mundo árabe, musulmán, islámico, conceptos que tampoco tienen muy claros. Ni falta que les hace. Para eso está allí su cabeza de puente, Israel, a quien no importa nada provocar el Armageddon porque lo tiene en sus libros santos. Dios lo quiere y el aprovechamiento de las reservas estratégicas de la región lo exige. El objetivo final: el Irán. Los rusos y los chinos se preguntan si no deben intervenir y ya está medio mundo hablando de la tercera guerra mundial.

La izquierda, en general, como siempre, dando un ejemplo de unidad de criterio. Según he oído (es tan asombroso que no lo doy por del todo cierto), los socialistas españoles apoyan la intervención gringa incluso sin mandato de la ONU. Argumentan, al parecer que es urgente detener esta sangría. Parecen olvidar que la sangría se ha producido por la incapacidad de los europeos para buscar alguna solución distinta a la escabechina. Las demás izquierdas andan a tortas sobre si los rebeldes son agentes de la CIA o El Asad un dictador criminal, capaz de gasear a su pueblo. En el fondo parecerse tratarse de la habitual consideración con nuestro hijo de puta. Pero no parecen ponerse de acuerdo sobre quién en concreto sea su hijo de puta frente al hijo de puta real, en el que coinciden todos: la alianza yanquisionista.

¿Y qué me dicen de la casualidad de que esta amenaza de acción/reacción/escalada coincida con el inicio de las enésimas negociaciones palestino-israelíes? Por cierto, si no recuerdo mal, en el último bombardeo masivo de Gaza por Israel, el pueblo elegido usó bombas de fósforo contra la población civil. Y nadie habló de intervenir. Según parece (no estoy seguro) Israel también usó armas químicas en Gaza. Y aquí todo el mundo punto en boca.

En fin, lo de siempre en la época del Imperio. Y España, ocupando su modesto lugar de gran nación. También ella tiene una semiguerrita por un peñón, que es una espina clavada en el orgullo nacional. Y su punto flaco pues sabe que, en el fondo, el problema es militar; es decir, inalcanzable el triunfo. Solo se puede hacer el ridículo. Y esto, el gobierno español lo borda. ¿No ha salido la vicepresidenta a decir que España esperará a que haya una decisión de la ONU para pronunciarse? España no esperó tal decisión para apuntarse a la guerra del Irak. Con el agravante de que se hizo por unas nebulosas "armas de destrucción masiva" que jamás se habían empleado por la sencilla razón de que no existían. Ahora sí parece que el gas Sarin existe y ha causado cientos de muertes. Sin embargo, el gobierno se ha hecho respetuoso con la legalidad internacional.

A la fuerza ahorcan. ¿Alguien imagina a Rajoy del brazo de Obama, bombardeando Damasco? Menudo negocio para la trama Bárcenas-Gürtel, caso de estar operativa. Ya solo de pensar en el catering de las tropas más de algún emprendedor levitaría. ¿Y los hospitales de campaña, convenientemente privatizados?

Pero no ha lugar, ¿verdad? Aquí se trata de averiguar cómo salen los genios del PP del lío en que se han metido con los ordenatas de Bárcenas. Estaban estos bajo custodia de Cospedal, según ella misma declaró al juez, al parecer. Y fueron borrados. Y fueron borrados siendo por entonces el PP acusación popular en el proceso de Bárcenas y teniendo la obligación no de reformatear los discos duros (según dice el inefable Floriano) sino, al contrario, de preservarlos porque son pruebas. O sea, a ver cómo se quitan de encima la acusación de un presunto delito de obstrucción a la justicia y/o encubrimiento. Y de haberlo cometido Cospedal o Rajoy o los dos de acuerdo. Vuelven, en efecto, los viejos tiempos: los gobernantes linces españoles. Hasta me apuesto algo a que los discos duros no contenían nada o nada que no tuviera ya Bárcenas y lo que este quería era que sus antiguos compadres entraran al trapo y cometieran el delito de destrucción de pruebas. Para tapar este nuevo patinazo, ya no basta con reconquistar el Peñón, será preciso reclamar también el Rosellón y la Cerdaña.

Lo cual nos lleva al auténtico drama que está viviendo España, como siempre, sin enterarse: la secesión catalana. Un asunto de extraordinaria importancia que el gobierno ni huele y para el que no tiene nada preparado. Nada distinto de la negativa cerrada al diálogo, pacto o negociación. Santiago y cierra España. Y, en efecto, es asunto de trascendencia. Obsérvese en los estragos que está haciendo en el socialismo español. El PSC está hecho unos zorros. Y el PSOE sin el PSC es como el vizconde demediado. Y, demediado su espíritu, ha puesto Carme Chacón un océano por medio con el guirigay patrio. Es un mutis por foro con promesa de retornar a competir en buena lid por la secretaría general del partido de Pablo Iglesias el viejo. Es una apuesta, aunque, según están las cosas en el país y en su partido, se me hace tan verosímil como el regreso de Arturo de Avalon. 

En el choque de nacionalismos la diferencia es apabullante: el catalán es pujante, lleva la iniciativa, quiere un Estado nuevo, apunta al futuro con una retórica de mucha fuerza moral: derecho a decidir, autonomía, autodeterminación, liberación, independencia. El nacionalismo español (incluso el del PSOE) está mortecino, a la defensiva, pretende mantener el viejo Estado (con el que, sin embargo, muchos no simpatizan y proponen cambiarlo en el curso del conflicto), apunta al pasado con una retórica de una ya cascada voz.

Y así, en este momento en que el país se encuentra a una situación límite, tenemos al frente del gobierno a una persona sospechosa de haber ordenado la destrucción de pruebas en un proceso penal. ¿A que cada vez se parece más a Nixon?

Solo que si Nixon y Rajoy se parecen, España no es los Estados Unidos.

viernes, 29 de julio de 2011

El mundo es ancho y ajeno.

Si Spengler llega a ver el mapa mundi de la izquierda en el que la extensión de los Estados está en proporción directa a su población diría que su previsión de la decadencia de Occidente es hoy un hecho. Lo que tan convencional como imprecisamente se llama Occidente ocupa la mitad del planeta, es decir, aparece arrinconado frente al avance de Asia y, dentro de Asia los dos Estados superpoblados de la China y la India. Acostumbrado hasta hace nada a dominar el planeta entero a Occidente el mundo se le hace ancho y ajeno, como a los comuneros de Rumi en la novela de Ciro Alegría. Lo de que es ancho los occidentales ya lo sabían, pues lo conocen bien ya que disponen de las ciencias adecuadas para ello. También sabían que es ajeno, pero les daba igual porque se lo apropiaban por vía de los imperios.

Al haberse acabado aquella situación, al haberse acabado el imperialismo, al que Lenin llamaba el estadio superior y último del capitalismo, que sería ya sustituido por el socialismo, el mundo ha entrado en una fase nueva para la que no parece haber una teoría explicativa, sino muchas y a veces contradictorias. El nombre con que se la ha bautizado, globalización, aparte de un anglicismo que suena extrañamente, quiere ser un mero término descriptivo, no explicativo. Lo que viene a decir es que en el planeta hoy los problemas nacionales están interconectados, por lo demás, como siempre, desde el momento en que la generalización de la navegación dio lugar a la economía-mundo de los postmarxistas. Pero el término quiere decir más; que no hay un centro único, ni siquiera dos. Con el hundimiento de la URSS se acabó el tiempo del llamado "bipolarismo" y se temió se llegara a un mundo "unipolar" siendo así que lo que ha emergido ha sido uno nuevo bipolar (EEUU y la China) con tendencia a la multipolaridad.

En el contexto de la globalización el único modo de producción que funciona es el capitalista, incluso en una antigua potencia comunista como la China. El capitalismo es un sistema del que se entiende fácilmente su principio motor (se produce por afán de lucro), pero nada más. El resto es caótico, está abierto a lo imprevisto y al azar y de vez en cuando se colapsa. Las crisis económicas son en realidad fallos de las teorías que los teóricos, siempre tan soberbios, sobre todo los economistas con sus cálculos, atribuyen a otros y llaman, por ejemplo, "fallos de los mercados" y, últimamente hasta "fallos de los Estados". Los pobres Estados a los que la globalización había acogotado siguen siendo villanos en la obra. ¿Pues no amenazan los EEUU con una suspensión de pagos del Gobierno? A lo mejor resulta que hay que rescatar a los gringos, como si fueran griegos; y a lo mejor también resulta que la principal interesada en rescatar los Estados Unidos sea la China. No es la política la que hace extraños compañeros de cama sino el capitalismo.

No deja de ser chocante que, habiendo sido capaz el hombre de comprender científicamente el funcionamiento del universo, desde lo más pequeño a lo más grande (sin perjuicio de lo que quede por saber), sea al parecer incapaz de entenderse a sí mismo, sus actos, sus obras, sus propias creaciones. La injusticia clamorosa de la desigual distribución de la riqueza en el mundo (más claro, la tensión entre la abundancia en unos sitios y la hambruna en otros) tritura literalmente toda reflexión moral de la especie. La incapacidad para poner orden en la propia casa en los asuntos de la mera intendencia y de resolver la misma injusticia pero de puertas adentro no solamente desmiente todos los valores morales que se pregonan sino que demuestra también la inutilidad de la acción práctica que carece de todo sustento teórico.

Y pues el mundo es ancho y ajeno y por lo tanto incomprensible, el debate social y político versa sobre asuntos de la parroquia, caudillismos locales y cuestiones estrictamente personales. No quiero ser agorero pero la enésima bronca en IU a cuenta de supuestos hackeos, acosos y peloteras grupales ya va adoptando el aire ordinario de peleas de corrala. Algo similar sucede en el PSOE, si bien éste lo disimula mejor que IU porque dispone de mayores medios materiales para tranquilizar a las clientelas. El hecho es que, al menos las organizaciones de Madrid y Valencia, con el PSOE en la oposición, están comidas de personalismos, intereses creados y trifulcas.

De la derecha nadie espera, como suele hacerse con la izquierda, aunque con escaso resultado, una teoría que justifique algún tipo de alternativa al orden existente en lo internacional o lo nacional. La derecha está conforme con lo que hay y, si algo quiere cambiar, es retrocediendo a una etapa anterior y "más pura" del capitalismo, libre de la ponzoña de lo público y la socialización. La teoría es un batiburrillo de convicciones tradicionales apoyadas en instituciones intocables, como la Monarquía, la Iglesia, la propiedad privada, la familia (una y única), el orden , la autoridad, con la aceptación del más libre mercado que, por supuesto, contradice todos y cada uno de los anteriores valores y principios. Pero nada de esto importa porque lo esencial aquí también son las personas, los líderes carismáticos en sus feudos autonómicos, Álvarez Cascos, Aguirre. Y, por supuesto, Camps, que es la quintaesencia de una forma de entender la política de campanario, el hombre que se hizo aclamar en votación casi plebiscitaria quien, al parecer, se vestía de regalo, quien presidía un gobierno que supuestamente colaboró con una trama de corrupción y saqueo de las arcas públicas es también el mismo que presuntamente empleó la Caja de Ahorros del Mediterráno para financiar sus delirios en detrimento de miles de impositores. Al extremo de que el Banco de España ha ordenado una auditoria de la CAM. Cuestión de personas, de gestión de los bienes públicos, de la atención a los beneficios privados, las contratas, las recalificaciones. Todo eso es la parroquia, la clientela y no tiene nada que ver con el país y mucho menos, desde luego, con el mundo que es ancho y ajeno.

(La imagen es una foto de upyernoz, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 24 de noviembre de 2009

Mentir en Westminster, saquear en Bagdad.

Tony Blair estuvo meses engañando a sus compañeros de gabinete, a los demás diputados del Partido Laborista, a sus votantes y, por extensión, a la opinión pública cuando en los últimos días de 2002 y primeros de 2003 afimaba que no había nada decidido, que estaban acumulando pruebas de la perfidia de Saddam Hussein, que en caso de decidirse la invasión ésta no buscaría derrocar el régimen sino solamente castigar a los culpables de actividades ilegales, que tenía todas las opciones abiertas.

Todo mentira, embeleco, embuste y patraña. Según un memorandum secreto que ya conoce la comisión de investigación que está estudiando la guerra del Irak en el Parlamento de Londres Blair se había comprometido ya en firme con el señor Bush a invadir el país mesopotámico en las condiciones que fuera. Operaba la "special relationship". Luego entre los dos decidieron incorporar al adusto spagnoletto que era el más partidario de los tres de invadir el Irak a sangre y fuego y llevar al dictador Saddam ante un tribunal internacional. Los tres decidieron de común acuerdo invocar dos excusas: que Saddam tenía armas de destrucción masiva -adm- y que el régimen iraquí mantenía relaciones con Al Qaeda. Todo mentira: nada de adm y ningún vínculo con Al Qaeda.

Pero los tres, sabedores de que estaban mintiendo al mundo entero, decidieron lanzar aquella invasión injusta, totalmente desproporcionada, aquel acto de piratería y pillaje por el que invadieron un país, derrotaron a su ejército, masacraron a su población, pillaron sus tesoros y riquezas, robaron sus recurso naturales, torturaron a la gente que se les oponía,violaron a sus mujers, comerciaron con sus niños y trajeron caos, destrucción y muerte. Una guerra que no pueden ganar, en la que han muerto cientos de miles de civiles iraquíes, dejando a los demás buscando a dónde ir en un país destruido y decenas de miles de invasores. El último ejemplo de una guerra de agresión en unas relaciones internacionales entendidas al estilo de las más viejas prácticas del abuso del más fuerte y de la imposición militar.

Y todo, además, para que los invasores hicieran pingües negocios con las adjudicaciones y contratas movidas por el conflicto. Empresas como Haliburton, en la que tiene negocios el exvicepresidente gringo que ordenó la invasión, y otras que han gestionado y administrado fondos sin cuento con lo que se han acumulado grands fortunas al tiempo que los Estados Unidos toman posiciones estratégicas en la región con vistas a las posibles guerras del futuro por el petróleo.

La administración Bush está siendo ya investigada a cuenta de las torturas. Ahora lo está siendo el señor Blair por mentiras reiteradas a la Cámara.

Queda el señor Aznar. Creo que es el momento adecuado de que se presente una moción en el Congreso de los diputados, que se propongan nombres para la comisión cuya función será saber en qué medida mintió el señor Aznar al tomar aquella decisión y en qué medida los otros lo liaron engañándolo, él se dejó engañar o colaboró activamente en la mentira.

Y después de esta necesaria clarificación política de uno de los episodios más siniestros de la historia mundial, la clarificación penal: crímenes contra la humanidad, genocidio, delitos que no prescriben... Y sin olvidar la parte de responsabilidad que cabe al orgulloso y servicial anfitrión portugués de las Azores y que hoy preside la Comisión Europea con tantos méritos morales para hacerlo como mi gato.

La imagen es una foto de Jens Olaf, bajo licencia de Creative Commons).



lunes, 26 de octubre de 2009

El infierno del Irak.

A diez meses de que se retiren definitivamente los gringos del Irak, dos después de que haya comenzado la evacuación de las tropas de las ciudades y a tres meses de las próximas elecciones, la situación en el país empeora por días y vuelve a ser el caos de atentados, destrucción, asesinatos, secuestros, robos, violaciones que ha sido en estos últimos seis años, desde que tres desaprensivos que deberían estar pagando por su culpa, decidieran en las Azores (con la complacencia del untoso señor Barroso, hoy presidente de la resbalosa Comisión europea) que podían invadir y saquear tranquilamente un país a más de diez mil kilómetros de distancia, masacrar a sus ciudadanos, torturar a sus combatientes, violar a su mujeres y demás gratas consecuencias de una guerra de rapiña; que todo eso salía gratis y que se podía presentar al mundo no como la salvajada que era para enriquecer a cuatro sinvergüenzas y para satisfacer el primitivo anhelo de venganza del señor Bush, sino la llegada de la democracia a un soleado país en el que hasta entonces reinaba una odiosa dictadura.

Seis años después el Irak está en ruinas, sus riquezas expoliadas, su patrimonio histórico-artístico esquilmado, su población aniquilada, empobrecida, desplazada, el gobierno no controla el suelo que pisa (como prueban los dos coches bombas de ayer directos contra dos edificios oficiales), han muerto miles de soldados gringos y decenas de miles están heridos, mutilados o destruidos psicológicamente. Una ruina, un desastre, para el Irak, para los Estados Unidos, para el mundo entero.

Entre tanto, los tres sujetos que perpetraron la fechoría no solamente no se arrepienten y no se ocultan debajo de las piedras sino que alguno de ellos, como el señor Aznar, aun gallea por las universidades y gasta chirigotas sobre su mentira de las armas de destrucción masiva para causar este destrozo en los intereses de la humanidad entera.

Los Estados Unidos no pueden ganar esa guerra, como no ganaron la del Vietnam y si el señor Obama ha salido elegido presidente es porque traía un plan para sacar a los chicos de la ratonera desértica. Lo que no está claro es si el plan puede realizarse sin aumentar la catástrofe en que ya está el Irak. Supongo que no y que la retirada de los estadounidenses sumirá al país en un caos al estilo Somalia, con un retorno al estado hobbesiano de naturaleza.

¡Que cara paga la humanidad la codicia, la soberbia, la estupidez de sus gobernantes!

(La imagen es una foto de controlarms, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 15 de diciembre de 2008

Perro.

¡Qué estupendo, qué noble, qué magnífico gesto el de ese periodista iraquí que arrojó el zapato a la cabeza de Mr. Bush! Nunca, desde que el señor Kruschev se valiera del suyo para golpear el pupitre en la Asamblea General de la ONU había sido un zapato tan famoso. Es más, considero que el que aquí nos ocupa fue lanzado por millones de manos anónimas entre las que me cuento a la cabeza de ese mandatario fradulento, soberbio, ignaro, despótico, embustero, criminal y torturador. Millones, cientos de millones nos sentimos representados en la iniciativa del periodista.

El llamarle "perro" se entiende aunque quizá no goce de la misma simpatía universal, sobre todo en los países en que abundan los amantes de los animales. En realidad ninguno está a un nivel moral tan bajo como Mr. Bush; ni las cucarachas. Habría que llamarle ¡hombre! Pero eso tampoco sería justo porque si los señores Bush, Blair y Aznar son hombres, también lo somos los demás, que no hemos invadido, masacrado y esquilmado a pueblo alguno. Así que lo mejor será calificarlos por los suyos propios que ya dicen bastante de la calaña de sus titulares: ¡Bush! ¡Blair! ¡Aznar!

(La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 1 de diciembre de 2008

Guantanamero.

Ahora se entiende mucho mejor por qué el PP cargaba con tanta saña contra el señor Rodríguez Zapatero porque éste no se llevara bien con Mr. Bush; por qué decían que España carecía de peso en el concierto internacional ya que el citado Mr. Bush se negaba a recibir al presidente español y lo hacía de menos: éste no le lamía las botas ni le tiraba de la levita, y ello por quedarme en estas actividades relativas a la indumentaria, sin mencionar otras posibilidades. Sin duda era mucho mejor tener la simpatía y el trato de los gringos. Mejor ¿para quién? ¡Para España unagrandelibre! dirían los guantanameros al unísono. Hay que contar en el concierto internacional; hay que ser algo. Y, para serlo, hay que estar a buenas con el Boss. ¿A qué precio?

Según lo que publica hoy El País Aznar dio vía libre al paso por España de presos hacia Guantánamo y lo ocultó. Y lo seguirá ocultando cuanto pueda y, cuando no pueda más, dirá que él no sabía de qué se trataba, que pasaba por allí de casualidad, como cuando se probó fehacientemente lo que todos conocíamos de sobra: que mentía como un bellaco en el asunto de las armas de destrucción masiva. Este hombre carente de escrúpulos y de un decoro mínimo en su función de correveidile y lacayo de los desmanes del Imperio había puesto a España en "donde le correspondía", en efecto, no hay más que verlo: la había puesto de escupidera. Y cuando el señor Rodríguez Zapatero rompe con esa vergüenza de ser tratados como lacayos, los guantanameros se le echan al cuello. Y cuando, finalmente, el señor Rodríguez Zapatero consigue poner a España de verdad en un lugar internacional aceptable en contra de la voluntad del señor Bush y de su valet Aznar, los guantanameros siguen poniendo el grito en el cielo, tratando de emponzoñar el ambiente, desacreditando los logros exteriores de España porque los dejan con sus (escasas) vergüenzas al aire.

Así que ahora ya se puede hacer un balance de los ocho años de gobierno del señor Aznar, más conocido como Ansar "el guantanamero":

Entró haciendo una oposición de "todo vale", aliado con el señor Anguita.- Cedió más en 14 días a los nacionalistas que los sociatas en 14 años, según dijo el señor Arzallus.- Intentó cercenar la libertad de expresión, cerrar El País y meter en la cárcel a los señores Polanco y Cebrián.- Privatizó todas las empresas públicas que pudo para beneficiar a sus amigos y compadres.- Negoció con ETA a la que llamó Movimiento Vasco de no sé qué.- Intentó imponerse al mundo del trabajo a base de "decretazos".- Metió a España en una guerra criminal, de robo, rapiña y tortura en contra de la opinión general de la ciudadanía.- Mintió descaradamente sobre la justificación de dicha guerra.- Se gastó una pasta de los dineros públicos en comprar una medalla estadounidense que no se le concedió.- Apoyó el golpe de Estado contra Hugo Chávez en Venezuela.- Se opuso con uñas y dientes a que se procesara al genocida Pinochet.- Se gastó otra pasta en casar a su hija en El Escorial, como si fuera de estirpe de reyes.- Dejó que un petrolero llenara de chapapote las costas de Galicia.- Permitió que un incompetente (o algo peor) hiciera una chapuza con la identificación de sesenta y cuatro militares fallecidos en un accidente aéreo causado por más incompetencia, dejadez y marrullería oficial.- Mintió (él personalmente) sobre la autoría del atentado más grave de la historia reciente de España achacándosela a ETA contra toda evidencia.-

Una joya. Añádase ahora la lacayuna aceptación de que los gringos usaran España como base para los vuelos a Guantánamo, en donde se tortura a personas secuestradas contra toda legalidad humana o divina, su complicidad en la tarea de los gringos de violar los derechos humanos de cientos de personas. Menuda ejecutoria. ¿Cómo puede este tipo hablar de libertad, democracia o derechos humanos? Preguntado en cierta ocasión que cómo iba España, respondió que "España va bien". Y eso es lo que dicen sus seguidores del partido guantanamero, que España iba bien porque se codeaba con los grandes que hacen la historia, como se ve, a golpe de delito, y ha dejado de ir bien desde que el señor Rodríguez Zapatero se enfrentó al amo gringo.

Pero la realidad es al revés: España cuenta ahora, cuando su presidente ha sabido aguantar la grosería y falta de educación del gringo y se ha ganado el sitio que corresponde a nuestro país. Cuando no contaba era antes, cuando estaba de guantanamera. Es decir, a España no le iba bien. A quien le iba y le va bien y muy bien es al señor Aznar, a quien han pagado sus servicios con puestos y canonjías de todo tipo, empezando por un salario en la empresa del señor Murdoch, al que ahora está asesorando con su reconocida competencia, esa que le hizo recomendar que para los vuelos delictivos de los aviones de los EEUU se usaran bases "discretas" en España, las que ya había puesto discretamente al servicio de los Estados Unidos su mentor espiritual, Francisco Franco, otro guantanamero.

¿Se entiende por qué llevo más de seis años preguntándome cómo fue posible que un hombre tan deleznable intelectualmente y moralmente detestable llegara a presidente de España? Aún no he sabido qué responderme...

(La imagen es una foto de Brocco Lee, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 25 de marzo de 2008

¿Cuántos muertos?

El domingo de resurrección se llegó a 4.000 muertos estadounidenses en la guerra ilegal, criminal y de pillaje desencadenada por los señores Bush, Blair y Aznar en contra de la opinión aplastante de sus respectivos pueblos. Esta cifra es aproximativa ya que es facilitada por el alto mando estadounidense que, como los políticos en el caso de esta guerra inicua, miente más que habla. Estos 4.000muertos son únicamente los caídos de hecho en el campo de batalla y que, claro, no se pueden ocultar. Pero no incluyen a quienes mueren a consecuencia de la guerra ni a los heridos de distinta consideración y que pueden llegar a los 100.000. De los muertos, heridos, torturados, desplazados civiles y militares iraquíes ya ni hablamos. Pueden ser millones.

Acerca de las mentiras de los políticos estadounidenses, especialmente Dick Cheney, Colin Powell, Condoleeza Rice y George W. Bush, el descaro con el que engañaron y siguen engañando a la opinión pública de su país y otros queda patente en el vídeo siguiente que está en inglés son subtítulos en español:

Podría hacerse otro con las mentiras igualmente descaradas del señor Aznar quien ya debiera estar ante los tribunales por engañar para apoyar una guerra y merced a cuyos engaños él se ha enriquecido.

Gracias, Tania

Acerca de la capacidad de estos políticos criminales de guerra para gobernar a su antojo y despreciar a la opinión pública, rcomiendo una referencia que hay en la página de Michael Moore que remite a otra de Think Progress donde se reproduce el momento esencial de una entrevista con Dick Cheney en la que éste dice claramente que la opinión pública contraria a la guerra del Irak le importa una higa. Traduzco:

CHENEY: En el frente de la seguridad creo que hay consenso general en que hemos hecho pogresos, que nuestra acción ha funcionado. Se trata de un gran éxito.

RADDATZ (entrevistadora): Dos tercios de los estadounidenses dicen que esta guerra no merece la pena.

CHENEY: ¿Y?

RADDATZ ¿Y? ¿No le importa lo que piensen los ciudadanos estadounidenses?

CHENEY: No. Creo que uno no puede dejarse influir por las fluctuaciones de los sondeos de opinión.

Son auténticos sinvergüenzas entre otras cosas porque, como señala la página citada, no hay "fluctuaciones" en la opinión pública estadounidense. Dos tercios de los yanquies estaban contra la guerra en 2003 y dos tercios siguen en contra de la guerra en 2008.


(La imagen es una foto de soundfromwayout, bajo licencia de Creative Commons, cada par de botas representa a un soldado de Illinois (EEUU) muerto en la guerra del Irak).

jueves, 20 de marzo de 2008

El éxito de los criminales.

Acabamos de pasar el quinto aniversario del bombardeo, destrucción y posterior invasión criminal del Irak por un contingente angloamericano en una acción ilegal e inmoral con fines de saqueo a la que prestó su apoyo de lacayo de tercera el entonces presidente del Gobierno español, José María Aznar. En todo el mundo se han celebrado manifestaciones de repulsa contra aquel acto de barbarie que trajo como consecuencia cinco años de sufrimientos al pueblo iraquí, con cientos de torturados, decenas de miles de asesinados, cientos de miles, millones, de desplazados, básicamente población civil. Añádese a ello la destrucción de las infraestructuras del país, la división de éste en territorios y tribus enfrentados en permanente guerra civil, la invasión turca con matanza de decenas de miles de kurdos.

Parece claro ya que dicha guerra ilegal e inmoral, decidida por los señores Bush, Blair y Aznar en contubernio en las Azores en contra de las decisiones de la ONU y de la opinión pública mundial, incluida mayoritariamente la de sus propios países, sólo goza del apoyo de las grandes multinacionales petroleras angloamericanas. De éstas, claro es, y de la opinión de los señores Bush y Aznar. Aún no se ha escuchado al señor Blair pero es seguro que, si habla, lo hará también para mentir como los otros dos, asegurando que la invasión del Irak ha sido un éxito.

En el caso del español, señor Aznar, sí que es claro que la operación fue un éxito, el triunfo de su vida: gracias a su servilismo en las Azores se le han abierto posibilidades que lo han enriquecido. Que cada euro que se mete en el bolsillo este hombre al que muchos consideran un criminal de guerra, esté tinto en sangre de iraquíes no es cosa que parezca preocupar a su conciencia de católico ferviente.

También el señor Bush anda discurseando en su país y diciendo a quien quiere escucharle que la dicha guerra criminal ha sido un triunfo estratégico. El peor Presidente de la historia de los Estados Unidos, con el índice más bajo de aceptación de sus conciudadanos, que ganó las elecciones haciendo trampas, que está llevando a su país y, con él al resto del mundo, a una crisis económica sin precdentes, dice que aquel acto de piratería internacional fue una "victoria estratégica". El asunto no requiere mayor comentario.

Ahora bien, sería bueno que, además de las manifas callejeras en contra de este innoble atropello, otras instancias hicieran oír su voz para que cese esa agresión permanente a un pueblo que ya sólo se justifica por obcecación de un cretino al que el hado ciego ha encumbrado al puesto de mayor poder del mundo.

Estaría bien que se escuchara la opinión del Vaticano al respecto.

Estaría bien que se oyera la voz del Consejo Mundial de las Iglesias.

Estaría bien que se oyera la voz de la Asamblea General de las Naciones Unidas, ya que el Consejo de Seguridad, paralizado por el veto estadounidense, no podrá hablar.

Estaría bien que se oyera la voz del Consejo de Europa.

Estaría bien que se oyera la voz de la Unión Europea, aunque sea con el voto en contra de la Gran Bretaña, si se atreve a formularlo su Primer Ministro laborista.

Estaría bien...

Y que los dioses maldigan a los tres criminales que desataron tan inhumana carnicería.


(La imagen es una foto de soundfromwayout, bajo licencia de Creative Commons, cada par de botas representa a un soldado de Illinois (EEUU) muerto en la guerra del Irak).

domingo, 14 de octubre de 2007

La pesadilla del Irak.

Dice hoy el general Ricardo Sánchez, comandante en jefe de la tropa yankee en Irak en 2003:

"El Gobierno, el Congreso y toda la acción exterior, especialmente el ministerio de Asuntos Exteriores, tienen que asumir plena responsabilidad por este fracaso catastrófico y el pueblo americano debe exigirles dicha responsabilidad."
¡Bravo, mi general, así se habla! Vamos que poco más y pide que procesen y encierren a Bush y el resto de la panda. No es el único, desde luego, pero sí el único militar estadounidense con rango de general que habla de esa manera.

Hace unos meses, el general Petraeus, en una declaración en sede parlamentaria, hacía equilibrios retóricos, decía que la cosa está chunga pero que, con un poco de suerte, todavía se puede ganar. Trataba el hombre de poner su juicio en línea con las visiones del chiflado de Bush que sigue diciendo que hay un camino hacia la victoria en Irak y que llegarán a ella.

By the way, creo que hay que estar agradecido al señor Rodríguez Zapatero por sacar las tropas del Irak, cosa que le ha costado que el chiflado apenas lo haya saludado en cuatro años. Por supuesto, los del PP no lo hubieran hecho jamás y, a estas alturas, a saber qué estaría pasando con los soldados españoles en ese reñidero sin más orden ni concierto que la ley del Colt. Un país en el que hay gente armada por doquiera: soldados, policías, guerrilleros, milicianos, mercenarios, guardaespaldas, terroristas y sectarios, y ninguno es de fiar, claro. En realidad, todo el mundo está deseando largarse. Los italianos lo hacen con sigilo, para que no se enfaden los gringos. Los británicos también se marchan, devolviendo el control de Basora a los iraquíes, como si estos fueran hoy capaces de controlar algo por arte de magia. Podían haberse marchado antes. Hasta podían no haber ido en primer lugar. Pero más vale tarde que nunca.

El general Ricardo Sánchez, comandante en jefe de la tropa yankee en el Irak en el primer año de la ocupación, el que mandaba cuando lo de Abu Ghraib, si bien parece que él no sabía nada, tiene razón. Hasta se queda corto pues la invasión y posterior ocupación militar del Irak no es solamente un "fracaso catastrófico", como un alpinista que no llega a la cumbre y se despeña, sino que también es un crimen, un delito de agresión y genocidio.

Lo interesante ya no es cómo enjuiciar ese acto de piratería en el Irak. Lo interesante es averiguar por qué no tiene arreglo, por qué el general Sánchez habla de stalemate, tablas. Es obvio, porque sabe que no se puede alcanzar la victoria y se niega a admitir la derrota. Pero es que el asunto es más complicado. Todos los planes y medidas que no sean levantar el campo y ahuecar el ala más que a paso carecen de sentido porque los propios términos de "victoria" y "derrota" carecen de sentido. Como carece de él, en consecuencia, el de "tablas". "Victoria" y "derrota" son términos que se refieren a un enemigo y aquí, ¿en dónde está el enemigo? Por no saber, no saben ni en dónde está Ben Laden, si es que existe y los videos que saca de vez en cuando no los fabrica la CIA.

Sin bromas. Esa ocupación criminal que están ejerciendo los EEUU y sus monagos no es una guerra; no hay frentes, no hay enemigos (y sí los hay, pues están en todas partes) localizables. Así que todos los planes para poner fin a una guerra que no existe son pura pérdida de tiempo. ¿Por qué no reconocer que los EEUU, herederos de la misión imperial anglofrancesa en el Oriente Medio, han acabado pillados en una ocupación militar a la antigua usanza? Intentaron la broma de dejar un gobierno títere, salido de unas elecciones que fueron de risa, pero no les ha funcionado y tienen que seguir en el país y hasta incrementar su presencia militar. ¿Para qué? Pues para controlar el negocio del petróleo y el gas natural de la zona. Como siempre: expolio de materias primas de las colonias para desarrollo de la lejana metrópoli.

Lo que sucede es que esto no puede decirse hoy así. Hay que vestir el santo, fabricar alguna causa, echar mano de la ideología con lo que el discurso público para justificar la presencia militar en el Irak es literalmente incomprensible. Y más que se hace cuando se habla de "victoria" y "derrota" y "tablas" en un escenario militar.

Repito: comprendo que hay mucha gente a la que repatea el señor Rodríguez Zapatero. Todos esos que creen que un hombre público debe aparecer siempre como lo hace el señor Rajoy, esto es, jupiterino, amenazador, cuando menos admonitorio, con el índice levantado, augurando catástrofes y faltando al respeto a la peña, todos esos, digo, se ponen de los nervios cuando contemplan al señor Rodríguez Zapatero afable, sonriente, sin gritar, sereno a la par que contundente. Lo comprendo. Por eso lo acusan de "buenismo" pues bien saben ellos que la condición humana es lobuna. También lo comprendo. Pero se estará de acuerdo en que sacar las tropas del Irak fue una decisión sabia y valiente, porque la de meterlas allí fue necia y cobarde.

(Saco la foto del blog The Soapbox and The Bucket que tiene otras estupendas).

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jueves, 13 de septiembre de 2007

Empiezan a irse.

Cualquiera que siga los acontecimientos en el Irak estará perplejo. Hace seis meses, el señor Bush insistía en que no había otra vía que keep course, esto es, mantener el rumbo y el rumbo era quedarse en el Irak hasta garantizar su pacificación y el funcionamiento de las instituciones democráticas. Desde que las últimas elecciones legislativas dieron una mayoría demócrata en la Cámara de Representantes se han venido produciendo rifirrafes entre el Gobierno y la Cámara Baja a propósito del Irak. La Cámara quiere retirar las tropas y acabar con la aventura sin grandes pérdidas. Keep course es lo contrario. Pero esa es la Cámara; el Senado suele ser de otra opinión y en él, la mayoría demócrata de 51 contra 49, con un senador que entra y sale de la UVI, no es tal. De hecho, el último rifirrafe terminó con un triunfo del Gobierno que incrementó la cantidad de soldados en el Irak en más de treinta y cuatro mil, dentro del espíritu del keep course.

La perplejidad se suscita cuando se observa el Comandante en Jefe de los ejércitos, señor Bush, presentarse sin avisar por razones de seguridad en la provincia de Anbar en la que, según dicen, funciona el plan de pacificación y, una vez allí, anunciar un plan de retirada gradual de tropas. Hasta treinta mil soldados volverían a casa antes de julio de 2008. Tiene razón la señora Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes al decir al señor Bush que no está retirando tropas, sino rebajando el incremento que él mismo había puesto en marcha unos meses antes.

La retirada de los invasores del Irak está siendo un hecho, aunque estos aseguren que no hay tal cosa. Hace un par de semanas, los británicos abandonaron la base de Basora para acantonarse en el aeropuerto. El señor Brown dice que no se trata de una derrota. No, claro, se trata de una retirada estratégica para evitar la derrota. Lo mismo que sucede con los Estados Unidos (EEUU).

Repentinamente, el partidario del keep course se ha hecho flexible y acepta que hay que retirar tropas, exactamente las que había enviado antes. A pesar de que el último informe del general Petraeus viene a reconocer el fracaso político de la situación y a recomendar la retirada, el presidente Bush es partidario de mantener la situación, aunque con este simulacro de retirada. En algún momento de 2003, el señor Bush proclamó a los cuatro vientos que la misión estaba cumplida y la guerra ganada. Ni lo uno ni lo otro.

¿De qué se trata, pues? De ganar tiempo para cubrir el último cuarto de la legislatura en paz y sosiego. El señor Bush ya sabe que él no va a ganar la guerra; pero tampoco quiere darla por perdida. ¿Resultado? Dejar la patata caliente al sucesor; dejarle en herencia un embrollo. Porque el Irak es como un segundo Viet Nam. Es curioso que se haga realidad el deseo del Che de que surjan uno, dos, muchos vietnams. Sólo que el que los provoca es el propio imperialismo.

jueves, 23 de agosto de 2007

Los "ideales" de Bush.

Esa obsesión, esa maldita obsesión con la segunda guerra mundial que tienen los truhanes que hace tres años desencadenaron una invasión ilegal y pirata de un país que no les había hecho nada demuestra a contrario de qué estameña están hechos. Al señor Bush le queda ya un telediario en la Casa Blanca, por lo que está loco por dejar esta cruz y largársela a su sucesor. Entre tanto invoca los "ideales" de la segunda guerra mundial para justificar los cuatro años de estúpida y cruel masacre que él y sus dos compinches desencadenaron en el Irak. Están bien invocados esos ideales, pero al revés. Le ocurre como al señor Aznar quien también recurría a ese ejemplo histórico para justificar la criminal invasión del país asiático recordando el "apaciguamiento" de Munich. También bien traído y también al revés. En las Azores los tres piratas eran Hitler porque eran ellos quienes querían guerra a toda costa, mintieron para desencadenarla, no aceptaron mediaciones, recurrieron a los hechos consumados e invadieron un país en contra de la ley, los usos civilizados y la opinión mundial. ¿De qué ideales habla ahora el señor Bush? Es obvio, de los mismos de Hitler: perseverar, insistir, mantenella y no enmendalla, hasta el final. Como éste no tiene siquiera los arrestos del Führer, en lugar de suicidarse, espera poder llegar al fin de su mandato sin tener que aceptar la derrota. Que lo haga su sucesor.

Porque la derrota es obvia y evidente. El presidente Al-Maliki, el títere de Washington, es incapaz de gobernar el país porque el país ya no existe, sino que es un territorio ocupado por fuerzas invasoras, sin orden alguno, con poblaciones enfrentadas y entrematándose a mansalva. Un país sin seguridad para los bienes y las personas, en el que todos los días hay asesinatos a cientos, desplazados a miles, sin infraestructuras y sin servicios mínimos y en el que reina la guerra de todos contra todos. A ese país llama el señor Bush una "democracia". Efectivamente, como dice la ilustración, "como una piedra, pero más estúpido". Y egoísta ya que, obviamente, lo que quiere es salvarse él mismo.

¿Y qué me dicen del don de la oportunidad del pavo? Suelta el discurso de los "ideales" el día que acaba de recibir una carta de sus soldados en línea de combate en la que le dicen que esta guerra no puede ganarse y en que llega la noticia de que ha habido catorce nuevas muertes de soldados estadounidenses. Las de naturales iraquíes ya no se cuentan.

Es verdad que los soldados estadounidenses en el Irak son mayoritariamente negros, hispanos y pobres, o sea, lo que un periódico español de derechas de toda la vida llamaba "muertos de tercera". Pero hasta esas minorías pueden llegar a hartarse de los "ideales" del señor Bush que, por lo que se ha visto hasta la fecha han consistido en:

1º: invadir ilegalmente un país para robarle sus recursos.

2º: mantener la ocupación a base de torturar, reprimir y masacrar a la población para que las empresas en las que él o sus colaboradores tienen interés hagan negocios.

3º: sostener que la guerra, que ya está perdida, puede ganarse y rechazar la retirada de las tropas para salvarse de la quema de la derrota y dejarle el lío al sucesor.

Los ideales de su compinche Aznar son similares y se resumen en llenarse los bolsillos con el dinero que le pagan por haber propiciado ese crimen y esa carnicería, sentado sobre cientos de miles de muertos, 192 de ellos en España.

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jueves, 16 de agosto de 2007

¿Quién es el terrorista?

Los Estados Unidos quieren meter a los "Guardianes de la Revolución" en la lista de organizaciones terroristas. Los EEUU tienen una lista de organizaciones terroristas. Los EEUU. Y ellos no están; en la lista, digo.

Ayer murieron quinientas personas (incontables heridos) en un atentado bestial en Irak perpetrado con camiones cargados de combustible. El gobierno iraquí, un ente insólito incapaz de garantizar la seguridad de sus ministros, dice que atrapará a los culpables. Ni a esos ni a ninguno de los que a diario asesinan, atentan, destruyen en ese infeliz país asiático en el que reina el caos más hobbesiano desde que los estadounidenses, los ingleses y el mozo de los recados decidieran invadirlo back in 2003. Si lo hacen impunemente los invasores, piensan los habitantes, ¿por qué no nosotros también?

Así que los responsables de esa monstruosidad, de esa vergüenza que es el Irak se permiten el lujo de tener una lista de organizaciones terroristas. ¿Y no está la CIA? No, claro. Pues ¿que lista es esa, que no incluye a una organización criminal que secuestra ciudadanos en terceros países y los recluye en cárceles secretas de cuartos países en donde los torturan? Una lista incompleta, me parece. Además, también debería comprender a la Casa Blanca porque, despues de cuatro años de masacres en el Irak, ya se sabe que Sadam Husein no tenía armas de destrucción masiva pero la Casa Blanca, sí. Hasta el momento van unos 700.000 muertos y un par de millones de desplazados. Toma destrucción masiva.

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domingo, 8 de julio de 2007

Hace cuatro, tres, dos, un año(s)...

Hace cuatro años, tres mandatarios (los señores Bush, Blair y Aznar) decidieron en Las Azores desencadenar una invasión criminal y pirata contra un tercer país, tras haberlo sometido a todo tipo de embargos, amenazas y ultimata. Intentaron hacerlo involucrando a las Naciones Unidas en sus planes agresivos, engañando al Consejo de Seguridad (como hizo el ministro estadounidense de AAEE, Mr. Colin Powell), coaccionando y amenazando a su Secretario General (como hicieron numerosos lobbies yankies y el embajador de los EEUU en el organismo), presionando a mandatorios extrajeros (como intentó hacer el señor Aznar con el presidente de México, señor Fox) e intoxicando a la opinión pública mundial con todo tipo de embustes y patrañas sobre el grado de peligrosidad del Irak.

Hace tres años, los islamistas radicales perpetraron el mayor atentado de la historia de España en Madrid como consecuencia directa de la decisión del Gobierno español de acudir y sostener con tropas la invasión criminal del Irak decidida por el trío de Las Azores. Esta es la fecha en que ninguno de quienes participaron en aquellas decisiones delictivas, empezando por el señor Aznar y siguiendo por sus subordinados, alguno de los cuales, como el señor Acebes lleva tres años mintiendo sin parar al respecto, ha hecho una sola autocrítica del crimen que perpetraron ni, por supuesto, ha pedido disculpas o perdón por tantísimo daño como han causado directa e indirectamente.

Hace dos años, los invasores angloamericanos (que, para disimular su crimen, hablan de una fuerza multinacional cuando saben bien que ellos constituyen el 99% de las fuerzas de ocupación) montaron un gobierno títere iraquí tras una farsa electoral, con la misión de entregarle la gobernación de los asuntos cotidianos, mientras ellos siguen saqueando el país con sus tropas de ocupación y sus empresas -Haliburton a la que está vinculado el vicepresidente Mr. Cheney, entre otras- hacen su agosto con contratos fabulosos en medio de la corrupción y el latrocinio organizado en un país donde gobierno indígena y tropas ocupantes recurren de modo sistemático a la tortura, las violaciones, los asesinatos extrajudiciales para mantener su dominio.

Hace un año, el gobierno títere del Irak, luego de una farsa judicial, condenó a muerte y ejecutó al antiguo dictador del Irak, señor Husein, y puso en marcha un dispositivo de seguridad que tendría que traer la paz y el sosiego a este país ocupado, humillado, destrozado y sumido en una guerra sectaria de muchos frentes en la que mueren los civiles a decenas de miles, sin que se haya podido detener la matanza de la que los ocupantes siguen beneficiándose.

Anteayer murieron casi doscientas personas y media docena de soldados estadounidenses en dos ataques terroristas suicidas. Está claro desde hace años que esta aventura criminal, decretada por tres irresponsables que debieran estar procesados por crímenes contra la Humanidad, ha degenerado en un caos de masacres, robos, pillajes y que no hay modo de recomponerlo si los agresores no reconocen su derrota y se marchan del país, dejando paso a una conferencia internacional sobre el Irak en la que todas las partes interesadas en el asunto intervengan para tratar de encontrar una solución a esta barbarie desencadenada por tres delincuentes.

miércoles, 30 de mayo de 2007

¿Por qué no se van de una vez?

Ya nadie cuenta los muertos diarios en los atentados del Irak, los asesinatos cotidianos, los secuestros, las torturas. El desastre es mayúsculo y sin paliativos. No es solamente que hayan fracasado todos los planes de incremento de la seguridad en el país. Es que el gobierno títere que pusieron los ocupantes anglosajones después de unas elecciones que fueron una farsa, no domina ni el terreno que pisa. El lunes, las agencias dieron la noticia de que unos pistoleros, disfrazados de policías iraquíes, habían secuestrado a tres alemanes que trabajaban en el ministerio de Hacienda en un falso puesto de control en el centro de Bagdad. El gobierno iraquí confirmó la noticia, pero el ministerio alemán de Asuntos Exteriores no conocía que hubiera compatriotas trabajando en el ministerio iraquí de finanzas. A lo largo del día, resultará que los secuestrados no son tres alemanes (por lo demás, desde el 6 de febrero pasado hay dos alemanes secuestrados en el Irak, Hannelore Krause y su hijo), sino cinco británicos, esto es, un experto en informática y cuatro guardaespaldas. Y de los pistoleros disfrazados de policía en el centro de Bagdad ¿qué sabemos? Literalmente nada. ¿Y si no fueran pistoleros disfrazados de policías si no policías a secas? ¿Le extrañaría a alguien?

Seguramente no porque en el Irak reina el caos. En el mes de mayo han muerto 114 soldados estadounidenses más y su presidente, ese genio que dice que habla con Dios, avisa de que los meses del verano serán peores. El único consuelo es que, por tratarse de una información del señor Bush puede ser radicalmente falsa.

La señora Cindy Sheehan, la madre de un soldado muerto en el Irak, que se había convertido en el símbolo de la lucha contra esa invasión criminal, tira la toalla y se va a su casa, asqueada del comportamiento de los congresistas demócratas, pues del de los republicanos ya lo estaba antes. La verdad es que los tales congresistas han defraudado a mucha gente. Al final, el señor Bush parece haberse salido con la suya de inyectar más dinero para la canallada que lleva cuatro años cometiendo en el Irak. Es verdad que los congresistas y el presidente parecen haber negociado entre bambalinas para que nadie pierda cara en el asunto, de forma que el Congreso aprueba los créditos suplementarios para el Irak y el Pentágono comienza a retirar la mitad de los efectivos en el verano de 2008. Pero eso no es suficiente ni satisfactorio.

A estas alturas ya nadie niega que la empresa que pusieron en marcha los tres criminales de guerra de las Azores no solamente es un acto ilegal de piratería internacional por el que debieran responder ante los tribunales sino, asimismo, la empresa más estúpida que se ha acometido desde hace muchos años. Desde luego, desde luego. De la estupidez del partícipe hispano tenemos los españoles a estas alturas sobradas muestras en el comportamiento de un sujeto que, lejos de estar oculto por vergüenza va por ahí galleando y provocando con aspecto de macarra.

lunes, 7 de mayo de 2007

La mota negra.

¿Se acuerdan de La isla del tesoro? y de lo que pasaba con la temida "mota negra" que, cuando le caía a un infeliz, significaba su inmediata muerte? Lo mismo parece estar pasando a los tres piratas que en 2003 planearon e iniciaron lo que seguramente pasará a la historia como la invasión ilegal de un tercer país más cruenta, salvaje, expoliadora y estúpida de los últimos doscientos años.

El primero en recibir la mota negra fue el español Aznar, al que le estalló en el rostro en forma de atentado en 2004 dejándolo en un estado de zombie desde entonces, visitador ocasional de acontecimientos deportivos o saraos vinícolas en donde dice unas estupideces que no pueden celebrarle ni los de su partido.

El segundo, el inglés Blair, a punto de abandonar el cargo de Pimer Ministro y, seguramente, la política porque, aunque consiguió ganar las elecciones de 2005, aquella inicua invasión ha dado el finiquito a su carrera política en la que ha tenido que presenciar cómo un partido nacionalista desplazaba al Laborismo en su tradicional bastión escocés.

El tercer agraciado con la mota negra, el estadounidense Bush, que según 20 minutos tiene el índice de popularidad por los suelos, 28%. Cita el periódico como fuente el Newsweek, así que allí me fui y encontré este cuadro comparativo de los momentos más bajos de otros presidentes. Por debajo del 28% del señor Bush sólo cabe encontrar a Nixon, a causa de la guerra del Vietnam y a Harry Truman, a causa de la de Corea.

El señor Bush parece más corrosivo porque, aun teniendo una capacidad intelectual similar a la del señor Aznar, es más fanático puesto que, según afirma, Dios le dice lo que tiene que hacer. Ayer murieron en el Irak otros ocho soldados de su país y una cantidad indeterminada de iraquíes que, como todo el mundo sabe, son muertos de segunda y nadie se molesta ni en contarlos bien. ¿Para qué, si, como sucedía el año de la plaga en la narración de Daniel Defoe, mañana puedes estar tú no entre los contadores sino entre los contados?

Y no es solamente que este agresivo irresponsable siga hablando de victoria en medio de las ruinas de la mayor derrota que ha sufrido su ejército desde Vietnam, es que el enemigo ya le toma directamente el pelo. En un video colgado en la red, Ayman Al Zawahri, el número dos de Al Qaeda, dice que espera haya 200.000 o 300.000 soldados estadounidenses muertos en el Irak, pero que él invita a Bush a tomar un zumo en el bar del Parlamento en el Irak. Espero se aprecie la fina ironía del islamista al hablar de un "zumo" pues a los borrachines no conviene tentarlos, sobre todo si ya oyen a Dios hablarles directamente,

viernes, 27 de abril de 2007

Fuera del Irak, my friend.

Han pasado cuatro años desde que el detentador del poder en Washington se subiera a un portaaviones a decir a voz en grito misión cumplida, sin que eso fuera más cierto que la existencia de las condenadas armas de destrucción masiva o el resto de trolas que los tres granujas de las Azores pretextaron para cometer esta carnicería. Y a los cuatro años tiene sobre su mesa un proyecto de ley del Congreso en el que se aprueban los dineros que ha pedido para seguir cometiendo sus crímenes en el país invadido, pero se le pone un plazo para sacar las tropas, que ya es hora. Es claro que hasta este pillastre entiende que hay que salir de ahí como sea porque, después de la bullshit que ha organizado, el asunto ya no tiene remedio y sus amigos parecen haber robado lo suficiente. Pero entiende que, si consigue prolongar el asunto un poco más, le pasa el mochuelo a su sucesor que habrá que elegir el año que viene y él se va de rositas.

Es decir, este sujeto va a vetar el proyecto de ley y, como los demócratas no tienen los dos tercios en las cámaras que necesitarían para levantarlo, el asunto va hacia un callejón sin salida ya que, si hay veto, no hay millones. Está claro que cuando el presidente haya conseguido un enfrentamiento entre el ejecutivo y el legislativo, que es lo que pretende, la presión política sobre los demócratas se hará insostenible y el país será recorrido por una oleada de patriotismo, de "traición a nuestros soldados" y cosas así. Una vez más se demostrará que como decía Samuel Johnson, el "patriotismo es el último refugio de un canalla". Como en España.

miércoles, 28 de marzo de 2007

El infierno iraquí.

"El infierno existe", parece que ha dictaminado Su Santidad. En efecto, se llama Irak. No vamos a entretenernos mucho con las cuestiones infernales. Dada la naturaleza de todo asunto religioso en todos los órdenes del saber, es claro que, cuanto se afirme de Dios o de su circunstancia, pertenece tanto (o más) al campo del deber ser como del ser. En cuanto objeto científico, Dios deja bastante que desear y parece una entidad desiderativa. En definitiva, cuando Benedicto XVI afirma que el infierno existe, el asunto significa que Benedicto XVI quiere que el infierno exista. La Teología es una forma de la psicopatología. Ya hace falta ser mal bicho para querer que exista algo tan horripilante como un castigo eterno. Hasta Juan Pablo II, que era bastante ultramontano, dejó en las tinieblas de la duda la existencia del infierno. Pero este guardián de la doctrina de la fe, ha restablecido su existencia. Estoy seguro de que, de existir Dios, ya le habrá reservado un lugar en él.

Para mí aquí no hay más que el infierno iraquí, del que los EEUU tendrán que salir por decisión senatorial antes del 1º de marzo de 2008. El Senado ha seguido el ejemplo de la Cámara de Representantes, vinculando la ley de ampliación de crédito con una fecha fija de retirada del Irak y en términos aun más perentorios que los de la Cámara. Por fin, el Congreso de los EEUU empieza a respirar. Ahora el Presidente puede vetar la ley, trazando una línea de conflicto entre la Presidencia y el Congreso. No hay duda de que eso sería lo que haría el primer Bush y sus amigos los halcones "neocons". Pero ahora estamos al final del mandato, los "neocons" ya han mostrado alcanzar las mayores cotas de ineptitud y crimen que cabía imaginar. Cuestión de ver si el Presidente osa vetar la medida. Así lo ha reafirmado, pero es el primero en saber que, si veta, con el proyecto se van los fondos que ha pedido para seguir cometiendo sus fechorías en Mesopotamia. Así que tendrá que elegir entre cometer más crímenes hasta marzo de 2008 o cometer los mismos hasta diciembre del mismo año. Angustiosa elección.

sábado, 24 de marzo de 2007

Y del Irak hay que irse.

Las imágenes que están llegando del Irak mezclan lo cómico y lo trágico. El episodio protagonizado por el nuevo Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon y el manager que tienen los estadounidenses en el país, Al-Mariki, cuando un bombazo interrumpió al primero, que estaba hablando de lo seguro que se va hoy por Bagdad, fue casi como de peli de risa. Hay que ver qué expresivo puede llegar a ser un inexpresivo rostro asiático.

Al mismo tiempo, en el Irak siguen corriendo ríos de sangre, la guerra civil es un hecho, ya no se cuentan los muertos y heridos en atentados, y el país vive en el caos. La zona entera es un polvorín. La detención de los marines británicos por efectivos iraníes ha disparado los precios del crudo en el mercado, típica señal económica de un posible casus belli. Otro más.

Entre tanto, en los EEUU, por fin, la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes se ha decidido a enfrentarse al Gobierno, aprobando la ampliación presupuestaria que éste solicita pero imponiendo un plazo para el fin de la agresión (ellxs lo llaman de otra forma) en el país del golfo en agosto de 2008. Es una decisión muy suave (que, por cierto, ha contado con 14 "noes" demócratas y 2 "síes" republicanos) que deja un margen de 15 meses para que el Gobierno siga haciendo barbaridades en el Irak; una decisión "de mínimos".

Aun así, el irresponsable que gobierna el país y, con él el mundo, se lo ha tomado a la tremenda, al modo Rajoy y, rodeado de veteranos de la Legión Americana, afirma que vetará la ley. Es posible que lo haga, sobre todo si Dios se lo indica, pero se va a encontrar con un problema porque con el plazo de retirada veta también la ampliación presupuestaria. La revolución inglesa del siglo XVII empezó así, con el Parlamento negando al Rey los dineros que necesitaba para sus guerras. El asunto acabó costando la cabeza al Monarca. No llegará la cosa hasta ahí ahora, ni siquiera, probablemente, habrá intento de inhabilitación presidencial, pero si el grifo del dinero sigue cerrado, los gringos tendrán que irse del Irak.

Salvo que el asunto de los primos británicos proporcione un pretexto. Desesperados como están los dos sujetos de las Azores (el hispano no cuenta, como no contó desde el primer momento, excepto para hacer el ridículo) pueden intensificar el disparate para acallar a una opinión pública cada vez más hostil.

Pero antes o después tendrán que irse del Irak. Esa guerra está perdida. Como la de Vietnam. La opinión mundial es claramente contraria. Lo sensato sería llevar a los responsables ante el Tribunal Penal Internacional. Que ya veremos. Pero, de momento, que se vayan.