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jueves, 19 de febrero de 2009

Una fábula de amor.

Estupenda película esta de Danny Boyle, el de Trainspotting. Es fascinante. Está basada en una novela india y tiene que ser así porque juzgo imposible que a un occidental se le ocurra una historia de este tipo con unas características tan acusadamente no occidentales. Esto sí que es alianza (o choque) de civilizaciones.

Se trata de una historia de amor, fórmula de éxito asegurado eterno mientras la humanidad sea lo que es, entre dos niños (niño y niña) que crecen en la miseria de los arrabales de Bombay, una historia de amor que se ve obstaculizado e impedido a lo largo de su infancia y adolescencia hasta que ya en su juventud se impone porque, como le dice él (Jamal) a ella (Latika) es su destino. Mientras esta historia de amor llega a su sorprendente final en unos diez años el relato nos muestra a un ritmo trepidante, sin descanso, con abundancia de efectos especiales y escenas sorprendentes en un alarde de dirección como he visto pocos, la realidad de la India contemporánea en su abigarrada complejidad: la vida de miseria de los barrios de chabolas, las más diversas formas de la picaresca y los extremos a que han de llegar los chiquillos solos, abandonados, para sobrevivir, cayendo a veces en manos de delincuentes que los usan para sus fines, el tumultuoso desarrollo de Bombay, convertida en Mumbai, a través de la gigantesca especulación del suelo, las luchas de bandas de delincuentes, gangsters y pistoleros, la explotación de los trabajadores precarios, los conflictos religiosos entre hindúes y musulmanes y, por supuesto todo ello sobre algunas de las constantes de la vieja India de las historias clásicas: las ciudades superpobladas, los dédalos de callejuelas de barrios pobres, los largos trenes en los que se apiña todo tipo de pasajeros, las muchedumbres, los hacinamientos, las jerarquías sociales, los ricos y los pobres y los turistas occidentales.

Desesperado por no poder reunirse con su amada, secuestrada por una banda de pistoleros, Jamal, que es analfabeto, decide participar en el famoso programa-concurso de televisión "¿Quién quiere ser millonario?" en la esperanza de que como la tele la ve el país entero, sobre todo ese programa, Latika lo haga también y sepa en dónde encontrarlo. El programa es de preguntas y respuestas que, si son acertadas, van aumentando la cantidad de dinero a un ritmo veloz de doble o nada. Las preguntas son complicadas pero Jamal va contestándolas todas lo cual levanta las sospechas del presentador que no entiende cómo un chaval al que, obviamente, el dinero no importa nada (ya que siempre dobla y no se retira) consigue acertar siempre por lo que piensa que quizá esté haciendo trampas. Así hace que lo detenga la policía la noche anterior al último programa en el que, si acierta la pregunta, se llevará veinte millones de rupias y será rico, para interrogarlo, cosa que hace la policía con torturas incluidas. Pero Jamal no hace trampas. Quiere el destino que sepa la respuesta a las preguntas que se le van haciendo porque cada una de ellas está relacionada con un episodio violento o trágico de su existencia de niño y adolescente en el que estaba cada respuesta concreta, lo que proporciona el medio para que la peli nos cuente todo lo mencionado antes, como una especie de cuadro sociológico de la India, a base de flash-backs. Es el destino del que él está tan seguro que va actuando por su cuenta. Hasta llegar a la última pregunta, la de los veinte millones de rupias, cuando todo el país está literalmente paralizado ante el televisor para ver el resultado y que también remite a un episodio concreto de su infancia pero cuya respuesta ignora esta vez.

Definitivamente la peli merece la pena. Es tan distinta de lo que vemos normalmente en las pantallas que constituye una experiencia.