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jueves, 9 de febrero de 2017

Lost in translation

El profundo ridículo de la conversación telefónica entre Trump y Rajoy se reduce con la crudeza de los números a esa diferencia en cantidad de palabras que cada parte emplea en su comunicado de prensa: 70 en el caso de los EEUU y 375 en el de España. El inglés es un idioma más conciso que el castellano y todos los traductores saben que cualquier texto en la lengua de Shakespeare vertido al español tiene aproximadamente un veinte por ciento más de palabras.  Los hispanos suelen ser verbosos, sobre todo cuando no tienen nada que decir, como es habitualmente el caso de Rajoy, pero no tanto como para pasar de un veinte por ciento a un 500 por ciento. No han entendido lo mismo de la conversa o no han dicho lo que dicen que han dicho, lo cual no es de extrañar pues las carencias del inglés de Rajoy son chirigota nacional, o todo ha quedado perdido en la traducción. Y no solo perdido, sino confundido. Una sucinta ojeada al contenido de ambos comunicados demuestra que, si hablaron, no se escucharon o no se entendieron porque las dos notas mencionan temas distintos.

La Moncloa dice que Rajoy se ofreció como interlocutor con América Latina y con Europa. Así, sin más, sin complejos. En el comunicado yanqui, ni sombra de la interlocución. En las redes circulaba la célebre foto de un consejo europeo allá por 2014 en la que se ve a Rajoy solo en una mesa mientras todos los demás asistentes, detrás de él, están en animadas conversaciones. Un hombre que solo conversa consigo mismo es difícil mediador. Pero ayer mismo Evo Morales, presidente de Bolivia, le respondía en un educado tuit que América Latina no requiere de interlocutores. Apañado va el oferente Rajoy: en un sitio no puede y en el otro no le dejan. Habrá empleado muchas palabras para explicar por qué ofrece algo que no tiene.

Pero eso da igual. En la nota gringa, Trump se interesa por la situación económica española y esta desgracia que tenemos de presidente sale fanfarrón afirmando muy orondo que este año crecemos un tres por ciento. En lugar de echar un llorada, asegurando que estamos en números rojos y más pobres que las ratas. Porque lo que hizo acto seguido el estadounidense al ver que nos va tan bien, fue pedir que los Europeos y España en concreto aportemos más a los gastos de la OTAN. Nosotros, hasta un dos por ciento del PIB. Una burrada. Eso no aparece en la nota española, pero hay quien dice que el gobierno estaba preparando el terreno para obedecer las órdenes del jefe transatlántico aprobando un incremento considerable en el presupuesto de Defensa.

El diálogo sobre los dineros se daba al tiempo que, según los papeles hechos públicos también ayer mismo en el proceso de Rodrigo Rato, este debe de manejar sumas considerables. Entre otras presuntas aventuras que desafiarían la sagacidad de Rouletabille y Sherlock-Holmes juntos, parece ser que, según juraba el cargo como vicepresidente del gobierno, fundaba una sociedad con sus hermanos, llamada COR que prosperó a través de las más complicadas y alambicadas relaciones entre políticos y empresarios que, en el caso de Rato se incorporaban en una sola persona con dos naturalezas, como Cristo aunque seguramente al revés. No son la naturaleza humana y la divina, sino la del buen y la del mal ladrón entendidas en sentido literal: el ladrón que roba bien y el que roba mal. Pero ladrones los dos. Podían ambos dar algún consejo al atribulado Rajoy en esta hora de necesidad; al fin y al cabo fue él quien nombró a la esposa de Rato directora de los Paradores Nacionales, con un sueldo estratosférico, de esos de 150.000 o 170.000. Y eso que hay crisis y no queda dinero para los dependientes.

No encontró momento Rajoy en su inglés para empezar a interlocutar mencionando a Trump el caso de México. Deja el asunto para mejor momento, la próxima vez que se vean a tomar unas cañas. Coincide este olvido con los que debieron aquejar al ex-número dos de la Policía, Eugenio Pino, llamado a declarar por el juez que instruye el caso Pujol a causa e un misterioso pen drive que acaba de aparecer con información nueva que podría derivar en la anulación de aquella causa. Todo en relación con este pen drive cuyo origen parece ser el propio Pino, aunque este ha intentado encasquetárselo a todos los demás. Lo está investigando Público con unas crónicas impresionantes de Carlos Enrique Bayo, de esas que te enganchan.

En el fondo, la conversación telefónica estaba patente y patéticamente desequilibrada. Para Trump, un asunto de puro trámite en el que probablemente leyó al teléfono las cuestiones que le mostraban en cartulinas los ayudantes. Para Rajoy fue un paso más en el sendero a la gloria del estadista. Nada menos que mediador entre los EEUU y América Latina y Europa y eso pesar de darse ese notorio problema con el idioma, como dice la prensa yanqui. Es una pena que la conferencia fuera solo telefónica cuando podía haber sido una vídeoconferencia en que ambos interlocutores pudieran verse. Y Rajoy podría tomar clases de desenfadada gesticulación cuando se padece dificultades con la lengua de la celebérrima intervención de Ana Botella en la candidatura de los Juegos Olimpicos.

domingo, 22 de enero de 2017

Quedan las mujeres

Cuánto ha avanzado la causa del feminismo se ve considerando el siglo de 1917 a 2017, desde la lucha por el sufragio, pues las mujeres no podían votar, hasta organizar un acto de protesta mundial contra el presidente de los Estados Unidos al día siguiente de su toma de posesión. Es una noticia de la mayor importancia. Y lo es porque estas manifestaciones de cientos de miles en diversas ciudades de los EEUU y otros países han sido organizadas por mujeres a través de una plataforma de coordinación, Women's March con voluntad de permanencia, pues ya advierten que esta marcha no es un sprint, sino una maratón. Efectivamente, la lucha por la igualdad ha avanzado mucho, desde el derecho de sufragio hasta organizarse en sujeto político mundial con voluntad de permanencia.

Por eso debe darse a la noticia el valor que tiene. Son las mujeres quienes se han organizado y coordinado contra Trump. Lo han hecho en representación de todas las demás minorías amenazadas por el actual presidente: gays, inmigrantes, lgtbs, etc. La importancia de esto es que las mujeres no son una minoría sino, al contrario, una mayoría. Y su activismo político a nivel planetario, un fenómeno que promete mucho. El intento de El País de dar la noticia ocultando su fuerte contenido de género ("Centenares de miles de personas claman contra Trump por todo EEUU", dice en portada) no es de recibo. Lo gracioso es que el reportaje, "Una inmensa multitud clama contra TRumpo en los Estados Unidos" lo firma una mujer que solo en el subtítulo reconoce que se trata de una "marcha de las mujeres". El patriarcado es omnipresente. Han sido las mujeres las primeras en preparar la resistencia frente a lo que se avecina.

Que no es poco. A las palabras gruesas, insultantes, amenazadoras del candidato han sucedido ya sus primeros actos. Ha silenciado la cuenta de Twitter del departamento de Interior porque había informado de una escasa asistencia del público a la ceremonia de toma de posesión. El portavoz de la Casa Blanca, en su primera comparecencia, ha anunciado que van contra los medios por informar falsamente de la asistencia al acto. La asistencia fue inmensa, según el gobierno, aunque las fotografías muestren otra cosa, y eso es lo que los medios tienen que reportar. O sea, se acaba la libertad de prensa. La prensa es el gobierno. Es el momento de recordar la famosa cita de Jefferson, uno de los "padres fundadores", de que, entre una situación de un gobierno sin periódicos y otra de periódicos sin gobierno, prefería la segunda. Como cualquier demócrata.

sábado, 21 de enero de 2017

La voz del poder

La toma de posesión del presidente de los Estados Unidos es un espectáculo mundial. Son los espectáculos unidos. El mundo entero pendiente de las palabras, los gestos del nuevo mandatario. En España puede cambiar el rey y, si acaso, se enteran en Francia y algún país de América Latina. La distancia entre uno y otro caso es la del poder. Los EEUU son el país más poderoso. Tiene tropas y bases en todo el mundo, sus flotas patrullan todos los mares, sus aviones y radares dominan los cielos y, además de controlar la realidad material, controla la digital, a través de sus corporaciones y empresas que administran dominios, etc.

En los estudios de liderazgo suele manejarse la distinción entre liderazgo continuista y rupturista, haciendo, por supuesto, muchas advertencias acerca de que a veces, las diferencias entre uno y otro no están muy claras. El de Obama se presentaba como rupturista por el hecho de tratarse de una persona de color, pero era continuista en el estilo de presidencia y su orientación liberal. Lo de Trump promete ser distinto, promete ser realmente rupturista. Por el estilo y el fondo. Desde los tiempos de la Great Society de Johnson, los presidentes han sido neoliberales o liberales. Este es el primero populista, que mezcla elementos de todos los demás discursos para fabricar una melopea estilo predicador de la tv que va mucho con el personaje.

Se percibe desconcierto en Europa por las hipotéticas consecuencias de una presidencia errática. Y lo que más cuesta entender es la alegría que por el triunfo de Trump muestran los políticos de la derecha y la extrema derecha. El nuevo presidente piensa hacer en los Estados Unidos lo que muchos de estos líderes de derechas harían en sus países europeos si pudieran: cerrarlos, atrincherarlos, prepararlos para la defensa y el ataque en un mundo inseguro. Claro que, si lo vieran correctamente, empezarían por no alegrarse ni de su propio triunfo en sus Estados.

jueves, 5 de enero de 2017

Fulminado, por fin, pero en diferido

Para los tiempos que marca La Moncloa, la destitución de Trillo ha sido fulminante. Y eso que el Consejo se demoró unos diez años en llegar a su conclusión. La lentitud de antaño es la celeridad de hogaño. Dictaminar el Consejo de Estado su responsabilidad en la tragedia del Yak 42 y declarar el gobierno zafarrancho de limpieza en 72 embajadas (entre ellas, claro, Londres) fue todo uno. Es estilo de la casa: disfrazan una destitución multiplicándola por 72. Trillo debe de sentirse como Sansón en Gaza: le han sacado los ojos, pero él muere derribando el templo sobre los filisteos o el conjunto del servicio exterior sobre el gobierno.

La exigencia de responsabilidad política ya la había excluido Rajoy, al decir que se trataba de un asunto sustanciado en sede judicial y que, además, había sucedido hacía muchísimo tiempo. Exonerado judicialmente en su día por los tribunales y ahora políticamente por quien podía exigirle la responsabilidad aparte de su conciencia, de la que parece andar escaso, Trillo se suma a una operación burocrática general sin aceptar ningún tipo de responsabilidad y en la esperanza de incorporarse a otro puesto público de relumbrón. La asociación de víctimas del Yak 42 reclaman el ostracismo para el exministro, su indignidad para ningún puesto representativo. Pero está por ver que el gobierno no lo nombre en algún destino que el interesado quizá ambicione. Con Rajoy llegó a La Moncloa un espíritu político caciquil, clientelar, corrupto, impuesto a caballo de una mayoría absoluta que lo libraba del control parlamentario. En esa especie de asociación con ánimo de delinquir (según algunos jueces) nadie dimitía, hiciera lo que hiciera. No había dimitido su jefe cuando se descubrió la Gürtel y se supo de los sobresueldos en B, ¿por qué habrían de dimitir sus subordinados? La dimisión estaba excluida por definición y, si no quedaba más remedio que aceptarla, se compensaba de inmediato a la "víctima" con un cargo en Bruselas (Mato), París (Wert), Londres (Trillo), el partido (Sepúlveda). Nadie quedará desamparado si mantiene silencio. Esa es la clave de las ambiguas relaciones entre el PP y Bárcenas al albur de algún tipo de negociación.

Está claro que a Trillo lo ha echado una opinión pública realmente harta de la arbitrariedad y la connivencia del gobierno con la corrupción. Buscar el pretexto del relevo planificado y en diferido no excusa el hecho de que el gobierno ha cedido a las reclamaciones de la opinión. La posición de Trillo era insostenible incluso para alguien tan coriáceo como él. Por cierto, es de averiguar si en el relevo general está también comprendido el embajador en la OCDE, el señor Wert, quien vive a todo lujo con cargo al contribuyente en Paris, nombrado para un puesto para el que está tan capacitado como lo estaba para el de ministro de Educación.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Amerika

Es el título que Max Brod, curioso albacea literario de Kafka, puso a un relato inédito e inacabado que este había titulado de otros modos. Brod supo ver que la enjundia estaba en América, país que Kafka jamás pisó. La Amerika de Kafka es, desde luego, América. Como lo son todas las demás Américas. Tantas que, en realidad, no existe. Como se decía en un cuento de Peter Bichsel, "America no existe". Cada cual se hace la suya. Y todas son posibles.

La América de Trump existía ya antes de su victoria electoral. El propio Trump ya era Trump mucho antes. Un ariete contra el establishment, dicen los medios. No solo ha vencido a los medios y las encuestas. También ha vencido a su propio partido. Y ha dejado a los europeos occidentales (los rusos son otra cosa) absolutamente perplejos. Clinton era su opción. Los europeos miran a América como una Europa más grande, más ruidosa e infantil, pero Europa. Hace decenios que los europeos tienen presidentas de gobierno y jefas de Estado. Apoyan y entienden una primera mujer presidenta de los EEUU. Pero América no es Europa. El presidente anterior fue un negro, cosa que en el viejo continente ni se sueña, si bien es verdad que hay a veces ministros de etnias no europeas y el actual alcalde de Londres, Sadiq Khan, es un musulmán, quien, por cierto, ya ha pedido a Trump que trabaje por el entendimiento multicultural. El Trump que ha dicho en campaña que prohibirá la entrada en los EEUU a los musulmanes. El musulmán Kahn, a su vez, sucede en el cargo de alcalde a Boris Johnson, otro maverick hoy ministro con muchos puntos en común con Trump.

Trump es la voz de una América profunda que ahora están demógrafos y sociólogos analizando en su composición. Además de profunda es una América antigua, la de las leyendas del self made man y el go west young man, la tierra de la libertad y las oportunidades. Tiene puntos de contacto con el Tea Party pero le separa la mojigatería del último que se pasa el día rezando allí donde Trump suelta procacidades sin cuento y habla de las mujeres como dicen hacen los camioneros. Asimismo puntos en común con Reagan.Trump también ha sido actor. Entre otras cosas. Y candidato por otro partido sin éxito. Pero le separa que ya no hay guerra fría. Trump es Trump. Amerika. America at its best. Los europeos de izquierda, tan atónitos como los de derecha, le llaman "fascista". La verdad es que el hombre es tremendamente verbenero, pero le separa del fascismo su falta de respeto por el orden y la disciplina. Si no me equivoco, alardea de no haber pagado impuestos federales en su vida. Toda la imagen de seriedad fiscal de los EEUU se ha venido abajo. Trump es también un show de un hombre solo, puro caudillismo, como los fascistas; pero le faltan las masas disciplinadas. Incluso las desprecia: alardea de liarse a tiros en la 5ª avenida y, no perder un voto por ello. Así que con razón están los de la Asociación de Amigos del Rifle encantados de la vida. América vuelve a los orígenes, Make America Great Again, MAGA. Los viejos valores de progresivos y populistas del XIX ("los olvidados ya no serán olvidados") vivos de nuevo y el poderoso aislamiento: fuera tratados globales, internacionales, fuera compromisos mundiales como el del cambio climático. Ya veremos qué pasa con la ONU y demás ámbitos de coordinación internacional. Y la OTAN. Amerika.

Europa, contrita, lamenta el amargo desengaño de Hillary Clinton y lo hace suyo. Sin embargo, es una derrota personal. El voto colegiado ha sido abrumadoramente para Trump, pero el voto popular está dividido por la mitad, con ligera mayoría del campo demócrata. Muchos descubren que Clinton no era la candidata más adecuada. Claro que no, pero eso no es lo esencial, sino el hecho palmario de que el país está partido en dos, que hay dos Américas. Ahora Europa ha visto la cara oculta por los ocho años de Obama, Amerika. Pero como, después de todo, Amerika es América (y por eso, seguramente, Kafka no pudo terminar su relato, convirtiéndose así en su primer antihéroe), nadie sabe qué cabe esperar. Pero todos auguran que el escenario mundial va a cambiar y mucho.

Al fin y al cabo, cada cuatro años, los americanos tienen el privilegio de elegir al presidente de un imperio. El mayor de la historia. 

martes, 12 de julio de 2016

A taste of power

Con motivo del paso por España de Obama, a la vista de los preparativos, en seguida se vio que se trataba de una reedición del Bienvenido Mr. Marshall berlanguiano. El mismo sábado, 9 de julio, Palinuro publicaba un post titulado Berlanga y el Emperador, del que no tiene que tocar ni una coma.

El episodio fue puro Berlanga, pero más humillante porque si en la peli de 1953 los defraudados, burlados y meados eran un alcalde de pacotilla y cuatro garrulos, aquí lo son los máximos mandatarios del reino, con sus mesnadas de periodistas, publicistas e intelectuales y sus legiones de altos funcionarios afanosos, las instituciones, los símbolos, en definitiva, el orgullo nacional, o patrio, según corrige esta izquierda estilo Pepe Isbert.

¿Vieron ustedes al Rey Preparao correr como un conejo a recibir a Obama al pie del avión en Torrejón para estar cuatro minutos con él? Sí, bien leído: cuatro minutos. Los que tardaron los yanquis en sacar la flota de treinta coches, entre ellos, el mítico Beast, presidencial y empaquetar en él al Presidente camino de su hotel.

¿Vieron de nuevo al Borbón tembloroso al día siguiente en el Palacio Real, leyendo un papelito para no equivocarse en presencia del mandatario estadounidense?

¿Vieron que Obama interrumpió el protocolo para largarse a almorzar con su gente de la embajada, dejando a los españoles tomando el aperitivo y sin saber qué hacer?

¿Vieron después al más tembloroso Sobresueldos, tras la correspondiente espera, leyendo otro papelito en su medio lengua, mientras Obama hacía gala de paciencia?

A continuación, black out, cierre de imágenes. No más fotos de Obama. El presidente de los Estados Unidos tuvo a los tres líderes de la oposición esperando una hora en el aeropuerto de Torrejón como si fueran perritos falderos, para dedicarles luego diez minutos. Han vuelto a leer bien: diez minutos a los tres. Y los tres, tan ufanos, subieron luego tuits dándose pote de haber hablado de esto y aquello con el presidente de los EEUU. Hacen bien para que los creamos bajo palabra porque fotos, no hay ninguna de estos encuentros tan decisivos para la historia del mundo.

¡La chingada! Ni una foto. Con lo que les gusta a estos mindundis eso de la imagen que la cultivan hasta el extremo de estar dispuestos a salir por la tele aunque sea potando. Por cierto, eso quiere decir que, para dejarlos acercarse a Obama, los gringos les requisaron hasta los móviles. Si no, a ver quién impide al valiente Iglesias hacerse una selfie con un paisano de los brigadistas del batallón Lincoln.

Al grano: ninguno tuvo arrestos para negarse a esa humillación de sala de espera de dentista de barrio. Ni el bravo de Podemos a quien, en teoría, no importan los protocolos oficiales y que, además llevaba un encargo expreso de su media naranja de IU de decirle al yankee, ¡Yankee go home! Que, justamente, era lo que el yankee estaba deseando. Había venido a ver a los suyos en Madrid y Rota y estos indígenas temblorosos que se le cruzaban por el camino eran un fastidio.

Bueno, eso es el poder. Ustedes, comparsas de la nueva berlangada del siglo XXI son políticos y su vida consiste en luchar por el poder o por lo que les dejan de él. Alguno, como Iglesias, hasta sienta plaza de teórico del tema. Pero del poder no tienen ustedes ni remota idea.

Poder es esto. Es lo que el yankee ha hecho con ustedes, su reyezuelo, su presidentín el de los sobresueldos, sus líderes, sus instituciones, banderas, convenciones y usos: una pedorreta. Porque puede permitírselo y ustedes no. Porque tiene poder y ustedes son unos impotentes que bailan al son que otro les toca y solo ejercen su miserable poder delegado con los que tienen la desgracia de padecerlos a ustedes como conciudadanos.

¿No han visto ustedes ninguna película de yankees, de esas que simulan un atentado presidencial en los EEUU? El presidente de los EEUU se desplaza en una formidable máquina aérea, el Air Force One, con la que ustedes no se atreven ni a soñar. Circula en otra máquina tremenda, una limusine con una fórmula de blindaje secreta, capaz de resistir misiles y va escoltado por otros treinta coches. Muchos más de los que han visto ustedes en sus pueblos.

Cuando hay una visita de este tipo a otro país, normalmente se forman dos comisiones interministeriales, una yankee y otra del país anfitrión, que se juntan y colaboran en los preprativos. Es decir, se forma una comisión bilateral en la que ambas partes negocian sus criterios, excepto, según parece, si la parte anfitriona es de quinta regional en todos los aspectos, en cuyo caso, los receptores se quedan de calientasillas, no abren la boca y las decisiones, todas las decisiones, desde lo que se dice a lo que se bebe y se mira, las toman los yankees.

Porque son ellos los que mandan. No solo en su casa, sino en la ajena. Entre otras cosas porque también en la ajena están en su casa ya que Rota, por ejemplo, es yanquilandia.

Eso es poder, señorías. Lo suyo, lo de los cinco políticos y sus periodistas a sueldo, sus curas, sus audaces emprendedores, sus toreros e intelectuales y sus comensales con la servilleta anudada al gaznate, pura impotencia de cantamañanas.

Eso es poder, señorías: los yankees apenas han pisado suelo de la "gran nación" ni falta que les hace. Han venido a visitar a los suyos, han soportado a los nativos lo menos posible y se han largado, dejando a los comités de recepción en Madrid y Sevilla con las mesas puestas y un palmo de narices.

Eso es poder. Lo suyo, caballeros, impotencia engolada.

sábado, 9 de julio de 2016

Berlanga y el Emperador

El tajo a la programada visita de Obama pone broche de plomo al éxito de las relaciones exteriores de la gran nación. Una diplomacia de excelencia. La única vez que el presidente visita España en su doble mandato, la  reduce a lo que las sufridas gentes llamaban antaño "la visita del médico", un visto y no visto de circunstancias para no quedar del todo mal y get me outtahere fast, que para luego es tarde.

Vaya por delante que Palinuro no banaliza en absoluto la gravedad de los hechos de Dallas. Precisamente esa gravedad y esa trascendencia que muchos invocan para justificar la irritación que les produce haberse quedado con un palmo de narices al estilo berlanguiano es lo que prueba las diferencias abismales. No será la primera vez que algún gobernante español no haya alterado su protocolo cuando acaece una desgracia de este alcance. Aquí la gente se muere o la matan y los gobernantes se van de vacaciones o a un spa porque, en el fondo, son unos irresponsables. Allí se lo toman en serio y, si hay que cortar un proyecto por necesidad, se hace y, entre estar en Dallas y estar en Madrid, el gringo lo tiene claro.

Dicho lo cual, acompañemos en el sentimiento a los más de cien invitados que iban a compartir mesa y mantel con el Emperador y van a quedarse sin la foto de sus vidas. Ya es mala pata, desde luego. Y, al margen de la gravedad de los hechos, el presidente de los sobresueldos ha vuelto a quedar como un pichichi. Ya no hablemos de los líderes de la oposición, que estaban planchándose las camisas, mientras recitaban ante el espejo las mordaces observaciones que le harían al emperador en los diez segundos que los dejarían hablar. ¿Y qué decir de los noventa restantes zánganos y cortesanos, la patulea de logreros que merodea por la capital del Reino dándose pisto para salir por la tele y arreándose  codazos entre ellos?

Hagamos algo más que acompañarlos en el sentimiento. Indaguemos por ellos. Vamos a ver: Obama cercena el plan de la visita por fuerza mayor. Pero solo cercena la parte con las autoridades (algún nombre hay que darles) españolas, madrileñas y sevillanas. El desplazamiento a la base militar de Rota se mantiene. Y las deliberaciones con la máquina estadounidense al mando del cónsul Costos, también. El Emperador viene a visitar a los suyos en sus posesiones, y se larga.Si acaso saluda de refilón al jefe de la tribu y eso si no lo confunde con el mayordomo del cortijo.

Todo lo que los políticos españoles querían decir en presencia de Obama para entrar así en la historia podrán contárselo por whatsapp. Del trance se han liberado los catalanes y vascos porque no fueron invitados al ágape. Siempre es de agradecer que el peculiar sentido de la convivencia de la monarquía española te ahorre hacer el ridículo.

Creo asimismo que la izquierda indómita sevillana, la del No a la OTAN, o sea, IU (porque Podemos cuenta con un general otanista entre su brillante elenco) estaba preparando una manifa en Sevilla contra la presencia del gringo al grito de Yankee go home. Mira por dónde, el manifestado ha hecho caso de antemano.

Fastos de la gran nación y sus andrajos. Ceremonías de guardarropía con actores y actrices de tercera pero todos muy ceremoniosos.

sábado, 2 de abril de 2016

Obama no viene

Sala del Consejo de Ministros en La Moncloa. Todos los titulares sentados a la mesa, cariacontecidos, en silencio. se les ve asustados. Entra Rajoy braceando, rojo de ira, echando humo, y se sienta. Tamborilea muy nervioso. Los mira uno a uno. Por último estalla:

Rajoy. ¿Qué? ¿Nadie tiene nada que decirme?

Sáenz de Santamaría. (Mirándolo, inquieta, con una sonrisa) ¿A qué te refieres presidente?

Rajoy. ¡Obama no viene!

García Margallo. (Acojonado) ¿Cómo lo sabes?

Rajoy. Me la ha dicho Punchdemún. Los americanos lo han llamado porque dicen que es el único que sabe inglésh.

García Margallo. Bueno, inglés, inglés... Habla un pichinglish. Voy a meterle un conflicto de competencias.

Rajoy. Cállate, García. El último conflicto casi nos metes en una guerra por Gibraltar.

Sáenz de Santamaría. Tengo un amigo abogado del Estado que tiene un amigo en Washington que conoce al ujier de la Casa Blanca y dice que con dos millones de € arregla esa visita.

Montoro. ¿Y de dónde sacamos dos millones de pavos, mi niña? Como no se lo digas a tus amigos de la lista Falciani...

Sáenz de Santamaría. Oye, Nosferatu, esos serán amigos tuyos.

Catalá. Obama tiene relaciones con la ETA.

Rajoy. ¿Qué dice este? ¿Le ha dado un avenate?

Morenés. No te lo tomes a la ligera, presidente. Tengo informes de que tiene sus puntos de tráfico de armas. En mi empresa, sin ir más lejos...

Montoro. ¡Cállate ya con tu empresa, tío! Voy a tener que empurarte.

Catalá. Obama es primo segundo de Errejón y tiene un contacto con ETA que le pasa la dinamita que no usa Trehorras.

Fernández Díaz. Además, como es negro, no cree en dios ni en santa Teresita de la ingle marchita.

Rajoy. Vale, pero ¿quién me trae a mí a Obama antes de que sea de noche, que luego, como es negro, no lo distingo?

Guindos. ¡Bah! ¿Para qué lo quieres, presidente? A Obama lo ve cualquiera: Merkel, Hollande, Cameron, el Papa... mindundis, presidente. Tú, a quien tienes que recibir aquí es a Teodoro Obiang.

Sáenz de Santamaría. ¡Claro! Negro por negro, más vale uno nuestro.

Catalá. Obama tiene vínculos con la ETA.

Guindos. A ver, Fernández, aplica a este pesado la Ley Mordaza.

Morenés. Oye, me malicio... ¿Y si el tipo no viene aquí pero hace como Renzi y se va ver Puigdemont a Reus?

Montoro. No fotis!

Catalá. Un altre de la ETA. Que parlas català, noi? No seras de Terra Lliure?

Rajoy.Fernández ¿que diantresh dicen eshtosh?

Fernández Díaz. Que mañana comienza un novenario a la virgen del santo cortijo con indulgencia plenaria por año jacobeo por orden de SS si se combina con un cilicio del siete una peregrinación a Santiago a la pata coja.

García Margallo. Mañana mismo llamo a nuestro embajador Trillo y lo pongo firmes para que haga respetar la bandera nacional.

Morenés. Que estamos hablando del embajador en Washington, tío...

García Margallo. Ya lo sé tronco; pero al de Londres lo tenemos agarrado por el manda güevos.

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(Nota: todo parecido entre este autillo y una reunión del consejo de ministros es pura, pura, pura coincidencia).

sábado, 21 de noviembre de 2015

La guerra de ida y vuelta.


Cuando uno cree que es imposible hacer más el ridículo en el exterior, llega el de los sobresueldos y demuestra que sí, se puede. A efectos de no verse obligado a entrar en la guerra de Oriente Medio que, supone él, le hará perder las elecciones, como la guerra del Irak le hizo perder las de 2004, Rajoy ofrecía sustituir a Francia en el África, en Malí, en la República Centrofricana, como si España fuera una antigua metrópoli colonial y no la nada que es gracias a él. El ministro Margallo, un sietemachos aficanista, lo daba ya por hecho: los soldados españoles garantizarían el orden público en las antiguas colonias francesas para que los franceses pudieran bombardear a su sabor el Oriente Medio. El ejército español no sirve para combatir pero sí puede ordenar el tráfico en Bamako si no es muy complicado.

Gran astucia la del presidente del plasma. Así no tendría que enviar soldados a un lugar endemoniado y no correría peligro de volver a perder las elecciones en España, que es lo único que le importa.

Eso fue el jueves. El viernes, sobre las 9:30 de la mañana unos terroristas ocuparon un hotel en Bamako, capital de Malí, tomaron 140 rehenes y, en la liberación por la policía, murieron 20 personas. A las 10:00 el gobierno desautorizaba a Margallo: jamás había hablado de enviar tropas a Malí ni a Maló. A ver, mireusté... La vicepresidenta ignoraba en dónde está el África y el amigo de Bárcenas, ese, ya tal. ¿Tropas a Mali? Pero, hombre, si el Sahel está repleto de yihadistas, obsesionados con que Rajoy pierda las próximas elecciones.

Esto es mucho peor que lo de Gila. Esto es literalmente un contubernio de auténticos imbéciles e irresponsables, coreados por otros tales que dicen ser la oposición. Esponjados en sus egos infinitos con las frecuentes llamadas telefónicas del presidente sobresueldos, los jefecillos de la oposición, Sánchez, Rivera, Iglesias, se sienten alguien en este remedo de política exterior tipo Bienvenido Mr. Marshall. Y ninguno de ellos tiene la decencia de preguntar al de La Moncloa exactamente por qué motivo no llama también a Garzón, al de la UPyD, a Urkullu y a Mas.

Bueno, lo de Mas está superclaro: el de los sobresueldos se malicia que los indepes catalanes tendrán pactos vergonzantes con los yihadistas. Que le pregunten a Albiol, que lo sabrá muy bien. Pero ¿y los demás? ¿Por qué no llama a Garzón y los otros? Todos ellos tienen representación parlamentaria, que es más de lo que Rivera e Iglesias pueden decir. ¿Por qué no, pues? Y ¿por qué Garzón no protesta?

El gran Gila se quedó muy corto.

viernes, 20 de noviembre de 2015

La Gran Nación de Gila.

Hace dos días, Palinuro anunciaba que el gobierno español iba a la guerra de Gila en un post titulado Vamos a la guerra, pero poco. Se quedó corto. El asunto va haciéndose más cómico según pasan las horas. Da igual lo que suceda en el mundo. Rajoy solo piensa en las elecciones. Cuando ganó las de noviembre de 2011, retrasó cuatro meses la aprobación de unos presupuestos muy restrictivos para no afectar a sus expectativas en las elecciones andaluzas que, de todas formas, perdió. Los presupuestos del año que viene se aprobaron, en cambio, a toda velocidad antes de que se disolvieran las cámaras precisamente para todo lo contrario, para condicionar en su ejecución al gobierno que salga de las próximas elecciones del 20 de diciembre. Es lo único que cuenta para él: ganar las elecciones, o sea, mantenerse en el poder a toda costa. A ese objetivo sacrifica todo: los presupuestos, los ritmos parlamentarios, los usos democráticos y, como se ve ahora, hasta el papel internacional de España y sus compromisos con sus aliados. Lo que sea.

Siendo vicepresidente del gobierno, Rajoy aplaudió en 2003 la decisión de Aznar de meternos en una guerra ilegal, injusta, de rapiña y basada en patrañas fabuladas con sus compinches de las Azores. Aplaudió y redobló tambores de guerra en contra de la voluntad casi unánime de los españoles. Y cuando, como resultado de ese crimen, España padeció el peor atentado de su historia en represalia, el mismo Rajoy se sumó a la mentira orquestada por el gobierno de atribuírselo a ETA y hasta la intensificó publicando un artículo periodístico en la jornada de reflexión en el que afirmaba que "tenía la convicción moral" de que había sido ETA. Pero de sobra sabía él que era mentira y que el atentado de Atocha fue obra de terroristas musulmanes en venganza porque España participó en aquella guerra.

Nadie creyó las mentiras del gobierno y, en consecuencia, el PP perdió las elecciones. Las perdió él, que era el candidato.

Y ahora, a un mes de las de 20 de diciembre se le plantea la exigencia de repetir la historia de 2003 y de mandar tropas a una guerra probablemente tan impopular como la del Irak. Unas elecciones que creía ya ganadas y que ahora ve peligrar si España entra en el conflicto. Ni hablar. Antes se deja afeitar la barba. Si por él es, el Estado Islámico puede conquistar el Asia entera que él no moverá un dedo.

Uno de sus complacientes ministros apunta la posibilidad de que el gobierno no tome una decisión antes del 20 de diciembre. No es muy gallardo, pero permite engañar a la gente, llevarla a votar y, al día siguiente, meterse en otro lío bélico. Solo tiene un inconveniente: es poco probable que Francia, la cabecilla de una alianza internacional que pretende laminar en caliente el Estado Islámico a bombazos y que exige la aportación de efectivos de sus aliados, tenga paciencia para aguantar treinta días a que Rajoy gane las elecciones.

Como quiera que los franceses van a presionar, el presidente de los sobresueldos ha dado con una fórmula que lo retrata en su miseria moral, al tiempo que pone en su lugar a la Gran nación, de la que no para de hablar cuando va a su pueblo. Quiere llegar a un acuerdo de chalanes con el presidente francés: no enviará efectivos militares a Oriente medio (entre otras cosas porque, probablemente, no los tenemos) pero está dispuesto a sustituir a los franceses en sus misiones más bien policiales en el África y quiere vendérselo a Hollande con el astuto argumento de que así él dispone de más tropas para castigar al Estado islmámico militarmente.

Por no ir a la guerra (con el peligro de perder las elecciones), Rajoy/Gila está dispuesto a que el ejército español vaya de criado del francés, a hacer de mucamo, a limpiar el patio, dirigir la circulación y barrer las calles. 

La derecha no ha tenido jamás el menor atisbo de heroísmo y, siempre que habla de la Patria, es para engañar porque piensa en el dinero que tiene en Suiza, pero esta vileza del presidente de los sobresueldos es ya deprimente. 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Vamos a la guerra, pero poco.

Es como de Gila, para morirse de la risa sino fuera porque el triste destino de un país gobernado por un  incompetente invita más al llanto. No hace mucho que este buen hombre decía y repetía que España es una gran nación. Ahora, acongojado, recomienda a sus ministros que tengan perfil bajo y eviten opinar sobre el asunto. O sea, que se callen, que disimulen, que se hagan humo, se confundan con la cretona de las cortinas o, como dice el poeta, se disfracen "de noviembre para no infundir sospechas".

Caramba con la gran nación del Sobresueldos que se esconde como los conejos cuando empiezan los tiros.

Mientras la cosa fue de llamar por teléfono -intérprete incluido, claro- a dar el pésame, iluminar con la tricolor los edificios o hablar de solidarité face à la barbarie, todo sobre ruedas. En cuanto Hollande pide activar el protocolo de defensa común de los Tratados a los que España está obligada, el asunto vira a chungo y al genio de La Moncloa se le pone el inefable gesto de ¿y la europea? La petición de ayuda, además, es legal, según los franceses, y quiere cobertura de la ONU, pero el preclaro dirigente de la gran nación reza a alguna de las vírgenes a las que condecora su ministro Fernández Díaz para que no se le pida intervención militar directa en el asunto, soldados, aviones, bombas. La guerra, en fin. Espera que la participación de España se reduzca encender y apagar las luces y limpiar el local después de la función, que bastante tiene en Cataluña si la algarabía no cesa. Que no cesará.

¡Cómo cambian los tiempos! En 2003 Aznar metió al país en una guerra absurda, ilegal y delictiva en contra de la opinión de todo el mundo excepto de este mismo Rajoy. En terrible respuesta nos costó el atentado de Atocha que estos cuates siguen atribuyendo a ETA. Nadie quería guerras entonces y nadie las quiere ahora, así que el de los sobresueldos da orden en La Moncloa de que, si llama Hollande, le digan que no está, que ha salido a comprar unos chuches. Porque, si se ve obligado a participar en la contienda, le puede costar un disgusto en las próximas elecciones que es lo único que le importa.

Es mejor que Gila: "Oiga, ¿es el enemigo? Que no se ponga."

lunes, 26 de octubre de 2015

¿Basta con pedir perdón?


Le ha costado ocho años porque el chico no es muy rápido pero, desde que se convirtió al catolicismo en 2007, Blair debe de haber aprendido ya el truco de la casa: no importa lo que hagas, a cuanta gente asesines, cuánto robes, destruyas, cuánto daño hagas, cuánto mientas y cuán canalla seas. Te arrepientes, dices tus pecados a un confesor, cumples la penitencia (que suelen ser unos avemarías) y quedas limpio de polvo y paja, con la conciencia como una patena y listo para empezar una nueva tanda de canalladas.

Blair sostiene que la segunda guerra del Irak fue un "error" producto de unas informaciones "falsas" que Bush y él habían recibido. De ser así, no se entiende por qué pide perdón. No se pide perdón por los errores porque se supone que son involuntarios. Cuando son voluntarios ya no son errores sino faltas, delitos y, en este caso concreto, crímenes y crímenes contra la humanidad. Y no, no basta con pedir perdón cuando se ha sido la causa de la destrucción de ciudades enteras, de la muerte de cientos de miles de personas, de la tortura de prisioneros. No basta con pedir perdón: hay que expiar, pagar por los crímenes cometidos.

Todos cuantos nos manifestamos una y otra vez en contra de aquella guerra ilegal propia de piratas, estábamos seguros de que era cosa decidida entre los dos mandatarios, Bush y Blair, que se llevaron a Aznar de perro faldero para que no pareciera una aventura de una pareja de matones. Era cosa decidida sobre la base de informaciones falsas que los dos sabían que eran falsas. Los veíamos mentir como lo que son, bellacos, y que utilizaban y manipulaban todos los medios para llevar adelante su empresa de delincuentes internacionales de invadir un país, asesinar a sus gentes, robar sus recursos. Ellos también lo sabían. Lo de las armas químicas y otros asuntos eran puras patrañas para disimular aquella agresión que ha traído las catastróficas consecuencias que hoy padecemos.

No basta con pedir perdón, como el que tira un florero al pasar. Bush, Blair y su lacayo español deben comparecer ante un tribunal internacional de justicia para responder por sus crímenes.

El mindundi español que estaba en las Azores de palanganero debe seguir los pasos de su amigo Blair y redoblados. Debe pedir perdón por embarcar al mundo en aquella guerra criminal y pedir perdón a los españoles por haber intentado engañarlos permanentemente.

Todas estas catástrofes actuales del Estado islámico y cosas así caen directamente sobre las espaldas de estos piratas internacionales. En el caso del español, también caen sobre sus espaldas los 200 muertos y casi mil heridos de los atentados de Atocha. Aunque Aznar y su tropa de sicarios en los medios estuvieron años manteniendo la teoría de la responsabilidad de ETA en los atentados, ese mismo inverosímil empeño era la prueba de su responsabilidad directa en los desastres.

Aznar probablemente duerme tranquilo porque los tarugos no tienen conciencia. Pero para el futuro el asunto está ya zanjado: un criminal que participó en una de las mayores barbaridades de la historia causando muerte y miseria a cientos de miles de personas solo para satisfacer su ego y sus ansias de poder y enriquecimiento.

Y si, además de juzgarlo la historia, también lo juzga un tribunal de justicia, miel sobre hojuelas.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

"Fuerte y unida". Sigue el ridículo.

De todos los terrenos en los que este gobierno hace aquello que mejor sabe hacer, esto es, el ridículo, el de los asuntos exteriores se lleva la palma. Para calibrar la importancia internacional de España, su peso en Europa y en el mundo y la altura de su diplomacia echemos unos números. En los siete años de mandato de Obama, este ha hecho, según mis noticias, 89 viajes al exterior, de ellos 17 a países europeos. ¿Cuántos a España? Ninguno. Ha estado cinco veces en Francia, cuatro en Alemania y cuatro en el Reino Unido, dos en la República Checa, en Rusia, en Italia, el Vaticano, Dinamarca, Bélgica y Polonia. ¿Y en España? Jamás. El presidente de los Estados Unidos, el país más poderoso, no ha venido al nuestro nunca en todo su mandato porque no pinta nada en el extranjero. Sí lo ha hecho un vez al menos a Turquía, Noruega, Suecia, Países Bajos y Bélgica y muchos otros países en todos los continentes porque la de los EEUU es una política imperial. Pero España no la ha pisado. Lo cual da una idea del peso de la gran nación en el mundo. También ha estado Obama en Irlanda, Estonia y Portugal. Pero no en España, a pesar de encontrarse a tiro de piedra de Lisboa. Como consolación, vino en algún momento su señora a pasar un par de días en la Costa del Sol y Obama afirma que su intención es visitar nuestro país antes de tomar las de Villadiego en 2017, cosa que no cree nadie.
En relación con los EEUU la diplomacia española es la de Bienvenido Mr. Marshall. Nuestros mandatarios, Rajoy y Felipe VI, han ido cada uno de ellos una vez en visita oficial. De la de Rajoy es mejor no hablar por sentido del ridículo y de la del Rey será mejor no hacerlo por caridad cristiana. Palinuro concluía su post de ayer, Perfilando el voto, con la afirmación de que el monarca va a los Estados Unidos a recibir órdenes, y en ello está este buen señor.
El País, como si fuera El berrido de Villar del Río, trae la noticia en portada a cuatro columnas con la cita que más le interesa literalmente hozando en el mundo de Ubú Rey: "Obama defiende ante el Rey una España fuerte y unida'". Como fórmula gramatical no puede ser más inepta. No es ante el Monarca ante quien debe Obama defender ese deseo que es fervoroso anhelo del Borbón, sino ante el díscolo Artur Mas. Pero como resultado de las gestiones de la diplomacia española, la fórmula es de verdadera risa. Es imposible que el deseo formulado por Obama, como los que el ministerio de Exteriores arrancó con fórceps hace unos días a Merkel y Cameron, sea más escueto y reticente por cuanto España puede ser fuerte y estar unida con o sin Cataluña. La conclusión de que esa fórmula va dirigida contra el independentismo catalán pertenece a la mentalidad delirante del director del periódico, ese demócrata que no deja que la redacción pueda votar sobre su gestión. Lógico, pues, que si no permite votar a los trabajadores de su empresa, menos se lo admitirá a los catalanes.
¿Merece la pena intrigar frenéticamente en las cancillerías para conseguir declaraciones tan sosas, pobres y a regañadientes cuando el precio que se paga es la internacionalización del conflicto? ¿No es la internacionalización de este un objetivo del independentismo catalán? ¿No es ridículo que también lo haga el gobierno central? Ir por los países extrajeros mendigando pronunciamientos de sus mandatarios en contra de ese independentismo es absurdo, miserable y humillante. ¿No ve la diplomacia española que estas fórmulas de cortesía apenas disimulan la convicción de los países extranjeros de que la cuestión catalana es un asunto interno de los españoles? ¿No ve que eso atenta contra la dignidad y soberanía de España que dice salvaguardar ante todo, aunque es evidente que no se le alcanza lo que son?
Es obvio que no, y por eso el berrido de Villar del Río lo trae en portada, cosa que, aunque su director no lo crea, no impresiona a nadie salvo, quizá, a él. Marca España.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Entrevista sobre la cuestión catalana


Vaya, hombre, para una vez que salgo medio aceptable en la foto es una entrevista en un idioma que casi nadie entiende: neerlandés. El periódico, Het Financieele Dagblad es una publicación holandesa de temas financieros y, por tanto, grave, seria y muy conservadora. Ha sido un puntazo que el corresponsal, Lex Rietman, haya colocado una entrevista con un peligroso radical que apoya a los acratazos de la CUP. 


A mí no me hace falta traducción porque sé (o creo saber) lo que dije y, con ayuda de mi alemán e inglés, algo me entero del contenido. A quien le haga falta, que le pase el Google traductor. No es que dé un resultado en castellano cervantino, pero es bastante mejor que los prospectos de los medicamentos y las instrucciones de motosierras y se entiende bastante bien.

En la entrevista tratamos la cuestión histórica, que nos ha traído hasta aquí, pero las exigencias de la redacción han obligado a concentrarnos en los aspectos de la llamada "rabiosa actualidad". 

sábado, 5 de septiembre de 2015

De ridículo a ridículo pasando por el abalorio.


La revolución catalana provoca delirios en los líderes políticos españoles.

Rajoy, cuyo sentido del ridículo es tan hondo como su moralidad y su inteligencia, ha internacionalizado el conflicto catalán en tres días mucho más de lo que lo han conseguido los independentistas y llevan años, lustros, intentándolo. Esta técnica de hacer lo que interesa al enemigo es un descubrimiento del presidente de los sobresueldos. No tiene precedentes y seguramente tampoco consecuentes. El martes trajo a Frau Merkel y ayer, viernes, a Mr. Cameron, ambos a opinar sobre la cuestión catalana en unos términos pactados de antemano con La Moncloa. La señora Merkel tuvo que hablar del principio de integridad territorial de los Estados y Cameron recordó que el ente territorial que se independice de su Estado, saldrá asimismo de la UE. En su sumisión a todo el que hable una lengua que él no entiende, o sea, en su sumisión a todo el mundo, Rajoy oía las palabras de Cameron no como una opinión más o menos cierta, sino como una verdad incuestionable, como una orden que es cosa más afín a su espíritu. Pero no pasa de ser una opinión. Si Cataluña se independiza, ya veremos qué sucede. La situación no tiene precedentes y no se sabe qué sucederá porque ello depende también de cómo se independice.

La punta ridícula comienza a aparecer cuando se recuerda que Cameron está preparando un referéndum sobre la eventual salida de su país de la Unión Europea. Eso de vestir de amenaza una opción específica que uno mismo puede estar escogiendo resulta difícil de entender, cuando menos sin echarse a reír.

El aspecto más ridículo de esta internacionalización del conflicto, tan ridículo que hasta los estrategas de La Moncloa han pretendido desactivarlo es de otro tipo. Consiste en la intención original de Rajoy de pedir a Cameron una declaración en favor de la integridad territoral de España, como había hecho con Frau Merkel. Alguien en La Moncloa, alguno de esos más de sesenta asesores que carecen de graduado escolar, pero nos cuestan un dineral, debió de advertir el ridículo en que se incurría pidiendo al inglés suscribir la integridad territorial de España, siendo así que es el primero en romperla con Gibraltar.

A Felipe González le zumban los oídos hace ya cinco días, desde la publicación de su Carta a los catalanes, en El País, en el estilo de la epístola a los corintios, pero en la era de las tecnologías. El escrito ha provocado un alud de críticas y de muy crueles (y generalmente injustas y falsas) acusaciones. Al margen de los insultos, muchos argumentos de diferentes puntos de vista refutaron la epístola de González. La carta procedía a comparar el proceso independentista con los nazis y/o los fascistas, cosa que saca de quicio con razón a los independentistas.

Para librarse del ruido mediático levantado por sus juicios sobre los catalanes, el expresidente concedió luego una entrevista a La Vanguardia en la que decía que es partidario de resolver el problema mediante negociación y pacto y que debe comenzarse por reconocer que Cataluña es una nación. Es muy difícil no dar a este reconocimiento el valor que los conquistadores españoles daban a los abalorios y cuentas de cristal que llevaban a la Indias para engañar a los aborígenes y cambiárselas por riquezas en metales preciosos. ¿Que quieren llamarse "nación"? Que lo hagan, pero nada más. Es la doctrina del TC: son nación si quieren ser nación y se pronuncian por su derecho a serlo, pero eso carece de efectos jurídicos. Es decir se trata de contentar a los aborígenes con un mero nombre, "nación" , a modo de abalorio: brilla mucho, pero no sirve para nada. Esa condescendencia con los aborígenes también es absurda. La nación catalana no depende de que España la reconozca. Han coexistido a lo largo de los siglos pero la mayor debilidad bélica y material de aquella no la ha dejado brillar con luz propia hasta ahora. Y, desde luego, no va a dejarse seducir con abalorios. Esto es, como suele suceder, tratando González de enmendar su yerro, lo agravó. 

El ridículo no se limita a la derecha, aunque sea el terreno en que más se cultiva. También afecta a la izquierda, sobre todo si el objeto es el independentismo catalán que, repito, parece movilizar las peores y más estólidas prácticas de la dirigencia española. Ayer Errejón o el community manager que le maneje la cuenta, subía un tuit a Twitter en el que decía que Artur Mas no había conseguido llenar una plaza de Casteldefells, y pidiendo ser ellos quienes la llenaran el próximo domingo. Y eso en catalán porque es propaganda de Catalunya si que es pot".


Esta imagen permite visualizar el núcleo conceptual de la campaña de Podemos en las elecciones de 27 de septiembre, esas que no podían ser plebiscitarias y que, por lo tanto, no iban a serlo con el mismo grado de seguridad con que las elecciones de 9N del año pasado tampoco se iban a dar.  La idea fundamental de la campaña es que esta es una dicotomía entre dos grupos, los dos con posibilidades reales de llegar a La Moncloa. Grupos y personas. Se trata de contraponer al pérfido Mas, representante de todos los recortes y políticas neoliberales con el amable pueblo catalán, que no se dejará engatusar con los cantos de sirena de los independentistas, esos que inducen a la gente a pensar que lo importante no son la habichuelas sino una Patria intangible, etérea. Así que lógico es que la asistencia a los mítines de Mas flaquee, pues el político convergente no es el rostro del pueblo, sino el de su enemigo. El nacionalismo, el independentismo, son disfraces para ocultar la verdadera finalidad explotadora de la burguesía, de "los de arriba". En cuanto la gente se dé cuenta del todo,  los mítines de Mas no va ya ni él.

Una hora más tarde, otro tuitero subía un tuit en el que se veía muchísima mayor asistencia al mitin de Mas, pues la foto se hizo cuando el mitin estaba en marcha y la gente escuchando; no como en el tuit de Errejón, que se hizo antes de comenzar el espectáculo.

Y traía un comentario burlón: "Hola, Errejón: no sé quién te habrá pasado la foto pero igual el domingo haces el ridículo". Lo que la imagen revelaba es que Errejón o alguien en su nombre había pretendido engañar a la gente dando una cifra de asistentes a un mitin de Mas de muy escasa concurrencia. No está mal para quien inició su carrera política criticando las formas de organización de los poderes constituidos como una política antipopular, como la censura, la manipulación y la concentración de los medios en manos de unos cuantos banqueros que son los dueños de la información. Alguien que se revelaba contra el engaño, la censura y la mentira. Resulta, sin embargo, que, apenas tiene ocasión, recurre exactamente a los mismos medios que critica y consigue, como ellos, hacer el ridículo y entre la rechifla general.

Otro tuitero no se esperaba a ver hacer el ridículo a nuestro hombre el domingo y decidía añadirle una gota más de ácido y burla: "Si le das zoom al núcleo irradiador de tu cámara verás esta foto. La seducción de los no aliados. Saludos." El asunto está claro: como decíamos al comienzo de este post tratándose de Rajoy, no se puede recurrir a los medios de los enemigos.

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Sobre todo si te presentas con un discurso algo pedante pero que pretende manifestar una distancia abismal entre la realidad injusta que denuncias y tus propias propuestas que, en principio, vienen a regenerar la vida pública, a desterrar el engaño, el fraude y la manipulación. Mañana, domingo, ya tiene Podemos una tarea clara en Casteldefells: reunir más gente que en el mitin del presidente Mas, so pena de quedar no solamente como unos manipuladores sino como unos fracasados. 

miércoles, 15 de julio de 2015

El peso de España en Europa.


Dicen que la foto de Rajoy en Bruselas se ha hecho viral. No me extraña. Es una imagen impactante a fuer de simbólica. Ahí está solo, a la mesa, hurgando las tripas de su cartera pero mirando enfurruñado a los demás, como si sospechara que se reían de él, cosa que no podía saber porque ignora todas las lenguas vivas excepto la propia y aun en esa tiene dificultades. Las redes, tumultuosos campos de batalla, ponen verde al presidente.
 
Pero eso no es lo peor porque lo mismo le pasaba a Zapatero aunque este, de natural más afable, se quedaba en un rincón, sonriendo beatíficamente. Y antes a Aznar quien, no habiendo aprendido el Queen's English que, según parece, hoy se gasta, para disimular su aislamiento, iba y venía rodeado de hombres con gafas ahumadas y pinganillo, dando a entender que el problema de acceso era de los demás. El único que se salvaba era Felipe González, que hablaba un francés de Lovaina, o sea, medio belga; pero hablaba, se relacionaba, no estaba como uno de sus adorados bonsais, clavado en una maceta. A Suárez no le dio tiempo a viajar allende los Pirineos y al Caudillo se lo había prohibido el médico. Franco debe de ser el único estadista del siglo XX en Europa que jamás visitó otro país del continente, como no fueran las dos reuniones de Hendaya y Bordighera. Ni a Portugal llegó a ir, si no recuerdo mal. De su inglés, en efecto, da prueba el vídeo en el que explica al mundo el glorioso movimiento nacional con la fluidez de Ana Botella en Sao Paulo hablando del relaxing cup of coffee.

En este caso, el problema no es de Rajoy, sino de todos los gobernantes españoles desde tiempos inmemoriales. A Rajoy puede achacársele especial ineptitud, al no haber conseguido para De Guindos la presidencia del Eurogrupo. Que su contrincante obtuviera todos los votos menos uno muestra un error de cálculo tan garrafal que parece delictivo. ¿No había sondeado la diplomacia española los estados de ánimo antes de lanzarse en plancha a ese ridículo? El único voto restante, el español, claro, fue para De Guindos. Y con un canto en los dientes pues, siendo español, pudo haber ido a parar a su adversario Dijsselbloem.

¿Y qué esperaban? El peso de España en Europa es casi nulo. Nunca ha sido considerable, pero hoy es peso pluma; pluma de ganso. Y su manifestación más evidente, esa ridícula incomunicación en que se encuentran siempre en Europa nuestros mandatarios a quien todo el mundo sabe que es inútil dirigirse pues no entienden. La cuestión de las lenguas, además, no es solo simbólica, con serlo mucho, es un handicap material tremendo.

Hubo un tiempo, en los siglos XVI/XVII en que toda persona culta en Europa hablaba español; los autores, dramaturgos, componían en español; se traducían las obras españolas; se dominaban los temas españoles y se entreveraban las creaciones literarias, como se prueba por el Gil Blas de Santillana de Lesage o El Cid de Corneille. Luego en los siglos XVIII y XIX, lo español desaparece por entero de Europa porque España desaparece. Los extranjeros que viajan a la Península en el XIX vienen a la frontera, a tierras exóticas, a una especia de adelantada del Oriente misterioso. Y no consideraban necesario aprender la lengua. Si no yerro mucho el último el dominarla fue Victor Hugo, que estaba aquí por lo que estaba. Y en el siglo XX, black out. España no existe. Los españoles se encuentran con que nadie habla su lengua en el continente y ellos no hablan ninguna otra pues, como todo imperio, se habían acostumbrado a ser entendidos en la suya en todas latitudes. Como los anglohablantes hoy.

Así que los mandatarios españoles en las reuniones europeas no hablan con nadie y andan siempre agarrados al móvil, como despachando asuntos urgentes para disimular. En espera de que den comienzo las reuniones, los protocolos, las intervenciones. Entonces, pillan los auriculares, a ver si se enteran. Para ellos, en su tradición autoritaria, esto es la política: uno habla, los demás se callan; de arriba abajo; o desde un plasma y a distancia. Nada de diálogos y menos en lenguas bárbaras. Para el resto de los europeos, esos momentos formales, de las intervenciones, enmiendas, votaciones, etc no son sino una parte de la política, la de exteriorizar y materializar los acuerdos; la otra parte, la de negociar, debatir los acuerdos, formular propuestas y contrapropuestas, se hace previamente, hablando en torno a unos cafés, de modo cordial, en unas reuniones informales de las que los españoles están autoexcluidos por su ignorancia. Y la consecuencia no es solamente que hagan el ridículo sino que nunca consiguen imponer sus criterios, que pierden siempre en cuestiones de reparto de poder.

El peso de España en la UE es nulo. Todos los países votan en contra de ella en el momento decisivo. De Guindos, probablemente el peor ministro de Economía de la UE, se queda colgado de un solo voto, el de su país. Y lo peor es que no lo supiera de antemano, a tiempo de luchar por sus opciones o de retirar su candidatura para no hacer el ridículo. El país no tiene peso en la UE y no va a ganarlo porque Rajoy asegure en la TV que todos cuentan con él ya que, en realidad, Rajoy no pinta nada fuera de España y dentro, tampoco.

martes, 2 de junio de 2015

Últimas noticias del imperio.

Perry Anderson (2015) Imperium et Consilium. La política exterior norteamericana y sus teóricos. Madrid: Akal. (250 págs.)
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Perry Anderson es un historiador y politólogo británico de orientación marxista. Perteneciente a esa brillante escuela de historiadores materialistas que incluye figuras señeras como E. P. Thompson y Eric Hobsbawn, tan prolífico y activo en la política práctica como ellos. Hace años que leí sus dos primeras obras, publicadas en los setentas, Transiciones de la antigüedad al feudalismo y El Estado absolutista y que muchos consideran lo mejor de su producción. Desde luego, a mí me impresionaron por la vastedad de su horizonte, su fuerza explicativa, su capacidad sintética y su perspectiva teórica, aunque, para algunos, esa parece ser su debilidad, pues lo acusan no de escribir historia, sino de teorizarla. Por mi parte, he vuelto sobre estas dos obras en varias ocasiones y siempre las he encontrado muy interesantes y llenas de sugerencias.

Anderson, hermano del politólogo Benedict Anderson, que ha dejado huella en los estudios sobre el nacionalismo por su concepción de las imagined communities, fue durante muchos años el editor, el alma de la New Left Review, siempre en primera línea de los debates doctrinales del marxismo occidental, a veces algo abstrusos. Escribió mucho y participó en todas las polémicas sobre marxismo continental/marxismo inglés, el estructuralismo, el postestructuralismo y el posmodernismo. Mantuvo una célebre controversia con E. P. Thompson y no me considero capacitado para pronunciarme por ninguna de las dos posiciones porque ambas me convencen en parte. Desde entonces he venido leyendo aquí y allá artículos de Anderson y, a veces, algún ensayo iniciado en la NLR. De hecho, las dos mitades de este libro son sendos ensayos publicados en 2013 en un número monográfico de la revista. Está retirado en los Estados Unidos desde los años 80 y da clases en la Universidad de California. Allí ha ampliado su vasto campo de intereses y ha escrito sobre la India y, ahora, sobre la política exterior de los Estados Unidos.

La tesis central de la obra es sencilla: desde el siglo XIX, especialmente a partir de la guerra contra España, los Estados Unidos han pretendido siempre ampliar y consolidar su hegemonía imperial en el mundo. La tendencia se hizo patente a partir de la primera guerra mundial y dominante a partir de la segunda hasta nuestro días. Mientras las armas norteamericanas llevan el poder brusco (p. 178) a los últimos rincones de la tierra (Imperium), una pléyade de ideólogos las justifican con distintas elaboraciones teóricas (Consilium). El autor considera que los intelectuales norteamericanos son, en realidad, "consejeros de príncipes" (p. 165). Y sus consejos tienen generalmente un tinte moralmente sombrío. En general, es un libro sombrío porque levanta constancia de que, por encima de todas las ilusiones e ideologías cosmopolitas, racionales, kantianas, prevalece la vieja razón de Estado. De hecho y de palabra. Sin duda la doctrina de la guerra preventiva, no es una invención de Bush. Es anterior. Y mucho. Es doctrina romana. Pero son los intelectuales los que la han resucitado y opera al día de hoy en los Estados Unidos de Obama que la ha manejado en relación con el Irán (p. 146)

La marcha imperial estadounidense está ya implícita en la doctrina del manifest destiny y todos los presidentes, de Wilson en adelante, la han perseguido. La obra tiene bastante valor desmitificador porque presenta a Wilson y al segundo Roosevelt no como los idealistas, abanderados de la causa de los pueblos y la libertad, sino como dos políticos sin escrúpulos que solo pretendían el triunfo estadounidense. Para Anderson, Roosevelt no llevó a su país a la guerra movido por su antifascismo. Sentía aversión por Hitler, pero admiraba a Mussolini, "aupó" a Franco al poder y se llevaba bien con Pétain (p. 29). Roosevelt no quería un New Deal para el mundo. Lo suyo era política de poder, no el bienestar (p. 33).

Esta visión desmitificadora procede de la llamada "escuela revisionista", que replantea desde una perspectiva crítica la política exterior estadounidense desde la segunda guerra mundial. Hace suyos los puntos de vista de Gabriel Kolko, Gar Alperovitz o William Appleman Williams, todos ellos muy críticos con la política primero de contención y luego de rechazo ("roll back") de Dulles en 1947 (p. 75), en la guerra fría. Kennan no sale bienparado e indirectamente se da la razón a Lippmann quien lo acusaba de fomentar la guera (p. 41).

En la guerra fría, los Estados Unidos vivieron obsesionados con la seguridad. Mediante la ley de Seguridad Nacional de marzo de 1947 se crearon el Departamento de Defensa (antes llamado "de Guerra"), el Estado mayor conjunto, el Consejo de Seguridad Nacional y la Agencia Central de Inteligencia, la célebre CIA (p. 45).

La primera prioridad de la política de contención fue reconstruir Europa occidental y el Japón siguiendo el modelo capitalista a través del Plan Marshall (p. 65). En los decenios siguientes, la expansión alcanzaba el lejano oriente (p. 82) y el Oriente Medio (p. 88). Del Próximo Oriente no hacia falta hablar. América Latina, alejada de Europa,  era un feudo de los Estados Unidos (p. 93).

La descolonización fue un proceso con auxilio estadounidense (p. 107). Los norteamericanos intervinieron decisivamente en el África, como también lo hicieron los cubanos (p. 109). En los  años 70, la conferencia de Helsinki y el tratado de 1975, en realidad señalaban el triunfo fde Occidente. Unos años después, Reagan, con sus gestos de actor (Tear down this wall, Mr. Gorbachev!) y la famosa invención, el bluff de la Iniciativa de Defensa Estratégica rindió a los soviéticos (p.117). Según el autor la guerra fría no fue nunca una Niederwerfungskrieg (guerra de aniquilación) sino una Ermattungskrieg (guerra de desgaste) (p. 118).

Con el fin de la guerra fría, el famoso dividendo de la paz pasó a ser dividendo de la guerra en interés de los Estados Unidos. Con el GATT convertido en OMC, el  Consenso de Washington (p. 125) y la creación de la ALCA o asociación de libre cambio de América, los Estados Unidos han emergido como potencia dominante en un mundo unipolar, con la OTAN  ampliada hasta la spuertas de Rusia (p. 126). Los hechos dan alimento suficiente para el nuevo revisionismo, crítico con la política exterior hegemónica, que se basa en todo tipo de retóricas: bombardeos aéreos como intervención humanitaria, la doctrina de Blair y Clinton  de que la causa de los derechos humanos invalida el principio de soberanía nacional (p. 129) , la lucha contra el terrorismo (p.130).

La actual presidencia, menudo chasco para los liberales que creyeron que la llegada de un negro a la presidencia de los Estados Unidos cambiaría algo la arrogancia del Imperio. Obama es un presidente tan expansionista y obsesionado con la seguridad como los anteriores. Desde la segunda guerra mundial, la criminalidad presidencial ha sido la norma y no la excepción y Obama, sostiene Anderson,  no ha sabido romper con ella (p. 144).  Para él, el asesinato es preferible a la tortura (p. 143). Supongo que a John Yoo, el catedrático de Berkeley que asesoraba a Bush acerca de cómo la tortura podía ser constitucional en tiempo de guerra, esta actitud le parecerá poco refinada. Asesinar es siempre peor que recurrir a técnicas reforzadas de interrogatorio, que es el nombre de lo que algo más al sur se conoce como la bañera. En otro orden de cosas, aunque tampoco muy alejado, la expansión se consigue forzando a los demás, velis nolis, a firmar acuerdos leoninos de libre comercio.  El Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica, trata de vincular al Japón con el imperio estadounidense (p. 154). Y lo mismo pretende hacer el TTIP que, al parecer, los socialistas europeos quieren aprobar si no lo han hecho ya. "La guerra fría había terminado, pero la policía nunca descansa. Tuvieron lugar más expediciones armadas que antes, se crearon más armas avanzadas que nunca; más bases se añadieron a la cadena; se desarrollaron más doctrinas de amplio alcance sobre la intervención. No había vuelta atrás". (pp. 159-160).

Últimas noticias: el Imperio está más fuerte que nunca. Domina los mares, tiene ocupada militarmente una serie de países. Controla los cielos de otros. De casi todos, en realidad. Posee bases militares en docenas de países que se dicen soberanos, entre ellos España. En el libro no se habla de ello, pero el Imperio pretende igualmente el control de internet y el ciberespacio.

La segunda parte del libro es una especie de reseña bibliográfica de la producción norteamericana más reciente, tanto académica como de ensayo divulgativo en sus autores más relevantes, una especie de review article. Partiendo de las tradiciones autóctonas de una interpretación de la hegemonía benigna de Norteamérica en la línea del idealizado Wilson, repasa las obras más significativas en la interpretación de la política exterior estadounidense en la que prevalece la vieja obsesión por la seguridad y la perspectiva realista, si bien con distintas versiones, unas más convincentes que otras. La tesis de Brzezinski de que el fin de la guerra fría, lejos de aportar más seguridad a los Estados Unidos les ha aportado menos es claramente instrumental en el sentido de proseguir la carrera de armamentos y la mayor potencia destructiva del planeta, aunque el efecto intimidatorio de esta es  curiosamente menor que el que tuvieron las dos primitivas bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. No obstante sigue siendo dogma realista que la proliferación de armas atómicas favorece la paz (Kenneth Waltz).

Especial interés tiene la obra de dos internacionalistas, Thomas M. O. Barnett para quien la clave de los Estados Unidos, su secreto. su revolución propia es el capitalismo y este ha triunfado (p. 230). Hay que superar la brecha entre desarrollo y subdesarrollo, pero estamos en camino (p. 231). Aunque quizá no haya que tomarse esto muy en serio viniendo de un realista. Richard Rosencrance, ya en el segundo mandato de Obama, está preocupado por la decadencia relativa de los EEUU en relación con la China y la India (p. 236).
 
Termina Anderson con tres observaciones amargas de distinto orden: 1) los especialistas en relaciones internacionales no se ocupan de la economía y no entienden la crisis. 2) la Zollverein que va de Moldavia a Oregon requiere una articulación política que nadie sabe cómo se hará. 3) La consolidación de la hegemonía del "siglo americano" se lleva a cabo con ampliación y represión: terrorismo, secuestros, asesinatos selectivos desde el aire, etc.

Hace suyas las desengañadas palabras de Christopher Layne, "las hegemonías benignas son como los unicornios: animales imaginarios" (pp. 243/244). Este crítico así lo cree también.

sábado, 28 de marzo de 2015

S'ha acabat el bróquil.

Tomo prestado el título del libro de Jaume Barberà, éxito de ventas, aunque con una intencionalidad distinta. El bróquil que aquí s'ha acabat es de otra naturaleza. Se ha acabado la broma, vaya. Eso de tener a un rojeras descorbatado batiendo marcas de audiencia, dando voz a los adanes, dejando en evidencia a este gobierno, cuyo talante democrático raya en cero, no es justificable. Presión de la autoridad sobre la cadena privada y puntapié al presentador incómodo. El programa seguirá pero es de presuponer que con una orientación distinta, más respetuosa con los poderes constituidos.

La empresa justifica la medida en la falta de objetividad de Cintora. Lo hace de modo ritual pues la nota no explica nada, sino que comunica una decisión adoptada. Es un poco cómico porque, según convicción universal, la objetividad no existe. Lo cual no implica que no sea necesario tratar de conseguirla. Pero, además, comparado con lo que se ve por ahí, el espacio de Cintora era bastante objetivo. En ello sin contar con que el señor también censuraba, porque este es un país de censores. En la izquierda, también. Y este en concreto, a lo que no fueran sus amigos de Podemos, alguno bastante tonto, por cierto.

En el fondo, estos asuntos son irrelevantes. La cuestión esencial es que la derecha considera esencial la lucha en el campo ideológico en donde de lo que se trata es de imponer nuestro discurso y silenciar el contrario o disidente. Lo demás, sobra. La imbricación entre elementos ideológicos y el espíritu del mercado es evidente: ninguna empresa en su sano juicio prescindiría de un empleado que incrementara el beneficio. Salvo que la empresa comercie con la ideología. Como es el caso. Un buen ejemplo de las falacias del neoliberalismo, que llama "libre mercado" a unas relaciones privilegiadas entre las empresas y el poder político, cuyo coste acaba pagando siempre el ciudadano, en este caso, el televidente.

Tiene razón Íñigo Ramírez de Haro, tan fulminantemente destituido de embajador como Cintora de presentador, cuando dice que "la marca España es la Inquisición". Tal cual. Él la ha sufrido en sus carnes. El ministro Margallo lo ha destituido de la embajada de Serbia por unas declaraciones que, según el ministerio, dañan la imagen de España en el extranjero. Es una excusa como la de la falta de objetividad de Cintora. ¿La imagen de España en el extranjero? Vaya el ministro y pregunte. Coincide más con la que bosqueja Ramírez de Haro que con la oficial, por lo demás, inexistente.

Ramírez de Haro ha estrenado en El Español una pieza bufa al parecer, titulada Trágala, trágala. Habrá que ir a verla pues todo en ella promete. Según mis noticias, arranca en Fernando VII y termina hoy, con Pablo Iglesias y la reina Letizia. Palinuro coincide con la interpretación del autor por lo que le lleva leído: España sigue siendo un país nacionalcatólico, gobernado por el clero, bien directamente, bien mediante devoto ministro interpuesto, como Ruiz Gallardón, Fernández Díaz y otros. En el caso de Margallo es más lo nacional que lo católico, S'ha acabat el bróquil de que un representante de España vaya por ahí difundiendo la leyenda negra.

Cintora e Íñigo Ramírez de Haro, la antiespaña. Según mis noticias El País ha mandado de corresponsal en Buenos Aires al hasta ahora encargado de las crónicas parlamentarias, Carlos E. Cué porque era crítico con el gobierno, según el gobierno. Consta, al parecer, una estrecha amistad entre el periodista mandarín Cebrián y la gobernante de hecho, Sáenz de Santamaría. Prensa y gobierno al unísono, el atajo hacia la tiranía.

El panorama de los medios convencionales es aterrador por lo monótono, unilateral, repetitivo. S'h acabat el bróquil de simular respeto al pluralismo y a la democracia. Vuelven los Principios Fundamentales del Movimiento, que eran imprescriptibles y fueron jurados por el monarca anterior quien ha trasmitido el vínculo de ese juramento a su hijo, si bien este ya ha jurado la Constitución.

Es una preparación en toda regla con vistas a lás próximas confrontaciones en dos tiempos: las elecciones catalanas de septiembre, cuyo resultado se abre a un futuro de incertidumbre política y las generales de noviembre, en las que la ciudadanía va a votar en favor o en contra del gobierno. Lo curioso de la situación es que si bien el voto a favor tiene un único polo, el voto en contra tiene varios. Digan lo que quieran, que estos varios polos no hayan sabido fundirse en uno es un fracaso histórico.

domingo, 22 de febrero de 2015

La alfombra roja.


El Partido de los Socialistas Europeos (PSE) ha escenificado un acto de unidad por encima de las diferencias de sus miembros con una clara función propagandística. Esa alfombra roja en el espíritu de los Oscars traiciona el subconsciente de los organizadores. Una ceremonia. Pero una ceremonia que tiene su alcance y significado. En primer lugar, según se dice, respaldar a Pedro Sánchez. Los miembros de la tabla redonda socialista arman caballero al hidalgo Pedro Sánchez. Y no son unos cualesquiera quienes han velado las armas con él. En primera fila gentes que son, han sido o serán presidentes de sus países. González, Ogórek, Sánchez, Stanishev, Valls, Schultz y Gabriel. Notable presencia alemana o germanófila. Podían haber incorporado a Zapatero para equilibrar por el lado latino. Es de esperar que su ausencia no sea motivo de pelea. Porque, en todo caso, este espectáculo de familia socialista a quien deja fuera de juego es a Susana Díaz que ha ido a reforzar su faceta internacional al vecino reino de Marruecos.

Lectura interna del PSOE, trasmitida a los medios: somos un partido serio, en una organización seria, tenemos responsabilidades de gobierno y gestionamos instituciones europeas; no somos inmovilistas ni demagógicos, se puede contar con nosotros porque, además, tenemos un proyecto común para salir de la crisis. Suena bien y, observando las agitadas relaciones de Grecia con la UE, especialmente Alemania, se pretende que la gente valore la ventaja de elegir gobernantes que se entiendan con quienes mandan en Europa. Es lectura interna y es lógico que sea así, pues es un discurso que llega a una parte del electorado. Sobre todo, si se acompaña con hechos. El PSOE es el único que tiene candidatos conocidos a las elecciones de mayo. Un catedrático de Metafísica y un conocido economista, profesor universitario y tertuliano. Mensaje: somos gente de fiar. Llegado el momento, tendremos el mejor candidato a la presidencia del gobierno.

La lectura externa es otra. Sobre todo en la izquierda. Este acto de la alfombra roja es una oferta de gran coalición con el PP. Gabriel es vicecanciller en un gobierno con la CDU y Schultz presidente del Parlamento por el intercambio de votos con Juncker. Todo pura gran coalición. Se llevan además a Felipe González que anda de muñidor de un pacto de esta naturaleza, justificado en la necesidad de salvar el sistema. La izquierda tiene que aglutinarse en una candidatura única (al menos en Madrid) que haga frente al PP/PSOE. Sistema contra antisistema. Típica polarización política.

Al margen de la objeción obvia de que la polarización propuesta sea una reedición del bipartidismo, se da la circunstancia de que pudiera ser imposible aritméticamente. La idea es un enfrentamiento entre la izquierda y el PP/PSOE. Pero la aparición de Ciudadanos podría complicar el panorama. Aunque solo sea por puro sentido de la congruencia. Cuando se tiene tanto interés en acabar con el bipartidismo, culpable de infinitos males, hay que estar dispuesto a admitir el multipartidismo. Pero quien dice multipartidismo, dice gobiernos de coalición. En realidad, en Europa, lo normal son los gobiernos de coalición, si se exceptúa Inglaterra (que también tiene ahora una alianza) y algún otro como Francia. Gobiernos de coalición de dos o más partidos. Entre los cuales, por supuesto, están las llamadas "Grandes coaliciones" (en el sentido de derecha/socialdemocracia) relativamente frecuentes en Alemania y Austria.

En España, a pesar de su sistema electoral, los gobiernos de coalición no existen. Todos los gobiernos españoles desde 1979 han sido monopartidistas (en la medida en que cabía considerar la UCD un solo partido) con mayorías abolutas o con apoyo parlamentario variable cuando la mayoría era relativa. Pero los gobiernos, todos monocolor. No hay, pues, eso que llaman la cultura de la coalición, o sea, el espíritu de transacción, pacto o acuerdo. No es estilo de la casa. Para uno vez que dice que lo consiguieron, con la Constitución de 1978, la han embalsamado como la momia de Tutankamon. Y esto de la cultura de la coalición, ¿se aprende? Es posible, sí, pero no sé si da ya tiempo.

De resultar, como es verosímil, un parlamento con cuatro partidos de ámbito estatal de cierta relevancia y varios otros de ámbito autonómico, en principio, todas las combinaciones son posibles, aunque unas más probables que otras. De lo que se trata es de no hacerlas todas improbables.