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sábado, 19 de septiembre de 2015

Las incongruencias del poder.


El analista no puede atender a todos los frentes. La realidad es tan confusa, abigarrada y variopinta que se necesitaria un equipo compuesto por un Dickens, un Balzac y un Galdós para dar cuenta de ella. Ayer contraía matrimonio un figura del partido del gobierno y hasta el último instante se mantuvo el suspense sobre si el presidente asistiría a la boda. ¿Motivo? Es una boda de dos hombres y el partido que preside tiene recurrida ante el Tribunal Constitucional la norma que la permite. De triunfar el recurso, la boda sería nula y la presencia de Rajoy también. O sea, como de ordinario, pero más. Hasta cabría decir que Rajoy no estuvo en donde estuvo. Algo que lo caracteriza porque también suele no decir lo que dice ni hacer lo que hace. Y al revés.

Bueno, se consuela el recién casado, en el fondo, el recurso de mi partido es una pura cuestión nominal. El PP no se opone a que los homosexuales se junten, se unan y hasta se fusionen en un solo cuerpo, siempre que a eso no se le llame "matrimonio". Parece una tontería. Y, efectivamente, lo es. Porque se llame como se llame esa unión, por ejemplo, juntazgo, tiene que tener los mismos derechos que el matrimonio. Incluido, lógicamente, el de llamarse matrimonio porque, si no fuera así, no tendría los mismos derechos. No se sabe qué decidirá el alto tribunal en esta pintoresca cuestión de los universales. Sería de desear que no decidiera nada en contra de la recta razón.
 
Mientras Rajoy se personaba en la boda, según algunos por cálculo electoral, las patronales de la banca española daban a luz una declaración institucional. Pretextando la inseguridad jurídica que se generaría en Cataluña en caso de una independencia debido a la presunta salida de esta de la UE y el euro, los banqueros amenazan con marcharse de Cataluña. Algunos empresarios también amagan con la huida. No es algo que parezca muy relacionado con la oposición del PP a los matrimonios homosexuales porque esta pertenece al ámbito ocuro, irracional, de los sentimientos y tendencias sexuales mientras que el comportamiento de la banca y la empresa está guiado por criterios estrictamente lógicos y racionales de análisis de costes-beneficios. Pero algo tiene que ver. En concreto, su incongruencia. 
 
¿Retirarse de la parte del país que produce el 26% de su PIB y representa el 16% de su población? ¿Dejar de hacer negocios con el lugar más próspero y productivo de España por razones políticas? Es poco creíble. Este nuevo frente de millonetis es parte del despliegue estratégico del nacionalismo español para frenar el independentismo. Carente de toda política al respecto, tan privado de ideas como de objetivos, el gobierno anda instando por doquier declaraciones contrarias a la secesión catalana. Al igual que los neuróticos colocan sus obsesiones a todos los que tienen la desgracia de toparse  con ellos, los gobernantes piden una declaración antisecesionista a todos los que van encontrándose por ahí. Los militares, los empresarios, ahora los banqueros, mañana los intelectuales a los que bastará con dar de comer un par de días para que también se descuelguen con otro manifiesto anticatalanista. Esto empieza a ser de risa. Y los banqueros que se van, ¿también van a llevarse los depósitos de los clientes? ¿A dónde? ¿Por qué?  Si Cataluña se queda sin bancos, ¿cuánto creen estos genios que tardarán en instalarse otros extranjeros?

Los gobernantes de de los demás países ya saben que una visita a España incluye algún tipo de manifestación pública sobre un conflicto interno sobre el que ya es fama que los españoles no tienen ni idea de como resolverlo. Merkel y Cameron (el de Gibraltar y su mar territorial) salieron del paso hablando del respeto a los tratados y otras vaguedades. Lo de Obama fue más caro. Su disposición a trabajar con una "España fuerte y unida",  nos costó la base de Morón de la Frontera. Un par de declaraciones más de estas favorables a la soberanía de España y a España no le queda tierra sobre la que ejercerla. 
 
La histórica fanfarronería de los gobernantes españoles se presenta siempre vestida de ridículo. Es difícil imaginar uno mayor que el que protagonizó el Rey en su visita a la Casa Blanca. Muy contento Felipe VI de haber escuchado al gringo lo de "fuerte y unida", fue a hacer una ofrenda floral al monumento a George Washington, padre de la nación estadounidense a través de una declaración unilateral de independencia como la que él quiere evitar en España. El ministro de Asuntos Exteriores de España se merece un ascenso a Gallo de Morón. Le va pintado.

sábado, 27 de junio de 2015

El fin del mundo.


Sí, pecadores, sí, el fin de los tiempos, Armageddon, el exterminio de la especie, la subversión universal del orden constituido. Dios acaba de permitir el matrimonio homosexual. ¿Cómo Dios? Su representante en la tierra, el Papa de Roma, nada ha dicho al respecto. Eso es una locura del Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Pues eso, Dios. El Vaticano puede decir lo que quiera. Si los Estados Unidos, la patria del dinero, que es el dios verdadero, aceptan el matrimonio homosexual, aceptado queda urbi et orbi y mucho más que cuando se pronuncia el sucesor de San Pedro. Es claro que hay enormes extensiones del planeta, el mundo musulmán, por ejemplo, en las que esta forma de matrimonio es inimaginable. Pero eso pasa también con los pronunciamientos del Papa. Aparte de que la cuestión ni siquiera se plantea. En muchos de estos lugares los y las homosexuales son ejecutad@s sin más circunloquios, así que lo de casarse no es plan frecuente.

Sirva el recordatorio para plantear una de las cuestiones más acuciantes de nuestro tiempo: ¿es aceptable que la suerte de un ser humano dependa de algo completamente fuera de su control como es el lugar en el que lo nacen? ¿Es justo que, según en donde se nazca, la esperanza de vida sea de 40 u 80 años? ¿Lo es que, por nacer a un lado u otro de una frontera política, un gay sea linchado o pueda ejercer libremente sus derechos, entre ellos el de ser gay y llegar a presidente? No lo es, pero me temo que no tenemos clara idea de qué hacer. Podríamos discutir durante horas.

La voz del dios real del mundo, Mammón, el dinero, ha aceptado el matrimonio gay. Y el mundo, o una parte importante de él, lo celebra como un hito en el progreso de la sociedad. Lo es. Es un inmenso avance que la gente no padezca discriminación por sus opciones sexuales, que nadie pueda inmiscuirse en los sentimientos entre dos seres humanos en nombre de teologías absurdas. Si Dios, caso de existir, tiene algo que decir al respecto, ya lo hará.

Lo importante aquí es que los creyentes en el mismo dios que los magistrados del Supremo yanqui acepten las consecuencias de su decisión. No la decisión en sí, sino las consecuencias de ella. Doña Sofía de Grecia es muy dueña de advertir que la admisión del emparejamiento homosexual no nos autoriza a llamarlo matrimonio. Igual que el ministro del Interior es muy libre de seguir considerando que, para él, el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer, sin mayores averiguaciones porque es un cristiano neoliberal. Y la exalcaldesa de Madrid, Botella, puede tranquilamente seguir hablando de peras y manzanas y hasta quizá deba seguir haciéndolo. Ellos y quienes como ellos piensen pueden pensar lo que quieran, pero sin interferir ni coartar ni mermar o reducir el derecho de los demás a matrimoniar como les parezca. La crítica según la cual esta decisión acabará legalizando la zoofilia solo puede caber en la cabeza de quien la practique o anhele practicarla.

En resumen, nada autoriza a un ser humano a convertir sus convicciones, por profundas que sean, en normas de obligado cumplimiento para los demás, sino es con su asentimiento. Imponer las propias convicciones como normal legal y moral sin el asentimiento expreso de quienes han de obedecerla no es una muestra de religiosidad o civilización. Es una muestra de barbarie.
 
Así que gracias al Tribunal Supremo de los Estados Unidos por hacer justicia. En España ya la teníamos en ese aspecto por iniciativa del gobierno de Zapatero, al haber superado un recurso de inconstitucionalidad que planteó el PP.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Sumisos


Una periodista italiana, Constanza Miriano, acaba de publicar el libro de la imagen, éxito de ventas en Italia, cuyo título es tan revelador que, una vez descartada la posible ironía, hace innecesario leerlo. La autora explica en entrevista que su objetivo es dar consejos a las parejas y matrimonios en el más acendrado espíritu cristiano y católico. Muy cierto. Según este espíritu, la misión de la mujer es casarse y convertirse en el sostén espiritual de la familia (el material corresponde al marido, pero esto ya nos interesa menos, pues Dios proveerá) a través de su supeditación, su sumisión a su cónyuge, varón, por descontado. Está en la Epístola de San Pablo a los efesios, de la que tira Miriano, y viene rodada por los siglos de la enseñanza católica. Lo que antes se decía coloquialmente, la mujer en casa y con la pata quebrada. Ahora lo de la pata quebrada no se estila porque hiede a violencia de sexo y contra eso se rebela decididamente -y sin duda con razón- Miriano: ella no incita ni anima ni instiga a la violencia contra las mujeres. Simplemente las aconseja que se sometan a la voluntad del marido porque en esto está la felicidad de todos, los cónyuges y los hijos.


Hasta aquí nada que desentone de la doctrina eclesiástica de siempre, resumida y sublimada en la Carta Apostólica de Juan Pablo II sobre la dignidad de las mujeres (1988) y que este nuevo Papa parece decidido a proclamar por algún otro procedimiento. Y, siendo doctrina católica tradicional, nada distinto de la idea que de la función de la mujer como esposa y madre tenía Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador de la Falange y falangista ella misma, ¿por qué se ha organizado un escándalo público? La propia Miriano se asombra y aporta la razón a su juicio: que el libro haya sido publicado en España por el arzobispado de Granada. Según ella, "se quiere atacar la institución". Pero es que la institución es la primera en atacar con el libro, en cumplimiento asimismo de otra doctrina cristiana y católica jamás abandonada de interferir en los asuntos mundanos.

Allá por los finales del siglo V, en una epístola al emperador bizantino Anastasio, el Papa Gelasio I expuso la teoría de los dos poderes, el espiritual, que residía en el obispo de Roma, y el temporal que lo hacía en el Emperador. Este estaba supeditado a aquel por designio divino. A la doctrina de la supremacía del poder espiritual sobre el temporal se ha atenido siempre el catolicismo, rebautizándola gráficamente como doctrina de las dos espadas a partir de la bula Unam Sanctam del Papa Bonifacio VIII, en 1302. Bonifacio se encontraba en enconado enfrentamiento con los principales poderes de la tierra, especialmente con Felipe el Hermoso de Francia quien, en el colmo de la insolencia, negaba al Papa el derecho a recaudar impuestos de los franceses, cosa que, según Felipe, correspondía a su rey, al rey de los franceses. Suele suceder que, por detrás de los conflictos teológicos, haya desavenencias materiales, cuestiones de dinero y la iglesia católica, en cosas de dinero, saca toda su artillería. 

Blandiendo la espada temporal, como sostiene es su derecho, la iglesia dictamina sumisión para la mitad del género humano, sumisión para las mujeres. Sumisión a la otra mitad. Los de esa otra mitad, los hombres, están sometidos a la espada temporal que ya decreta para ellos a su vez la sumisión, siguiendo inspiración cristiana. No sumisión a la mitad femenina sino sumisión a los designios del poder, por arbitrarios, despóticos, inhumanos o crueles que sean. También tradición cristiana acuñada por San Pablo en la Epístola a los romanos y otros lugares: someteos a los poderes superiores porque todo poder viene de Dios (Rom., 13, 1).

Es como una división del trabajo en el reino de las dos espadas: las mujeres sometidas a los hombres y los hombres sometidos al poder. Y todo en orden. Así le gusta al arzobispo de Granada -defensor de la obra de Miriano- ver su país: un poder temeroso de Dios, que se esfuerza por despojar a sus subditos de sus derechos, por empobrecerlos, explotarlos, estafarlos, expoliarlos, reprimirlos, maltratarlos o matarlos si se ponen pesados. Y unos súbditos que se someten, que se callan, sumisos ante los designios del poder. Y para el caso de que, tentados por el maligno, osen protestar o amotinarse, ese mismo cristiano poder desenfunda su espada, sus decretos, su espionaje continuo, su código penal endurecido, su ley de "seguridad ciudadana", sus intervenciones policiales, sus multas, su represión violenta. Poco importa que ese poder esté deslegitimado por su recurso sistemático a la mentira y su presunta corrupción. La sumisión que la doctrina católica quiere incluye el poder tiránico siempre que este acate la superioridad de la iglesia.


Lo reitero, nítida división del trabajo. La iglesia se encarga de las mujeres -que hoy parecen sucumbir más que los hombres a tentaciones de insubordinación- mientras el poder terrenal da cuenta de los hombres a mayor gloria de Dios, no de ellos mismos. Y así, cuando los hombres estén de nuevo seguros y bien sumisos, la iglesia los premiará con unas mujeres sumisas (pero muy dignas, desde luego) para su placer, solaz, entretenimiento y afirmación. En el fondo, algo no muy distinto a lo de las huríes de nuestros primos los agarenos, pero en la tierra.


Y es que las religiones se parecen mucho.

jueves, 27 de junio de 2013

Luces y sombras.


El articulista diario -un bloguero que se precie viene a serlo- espera que las noticias del día le deparen una idea para desarrollarla y exponerla con galanura. Y así suele suceder. Lo de la idea; lo de la galanura ya es cosa distinta. Una idea. Pero, a veces, la realidad se hace más abigarrada y en vez de una surgen dos o más ideas. El articulista no sabe a cuál atender pues las dos, si dos son, resultan atractivas, estimulantes, merecedoras de elaboración. Generalmente se acaba sacrificando una para concentrarse en la otra pero, a veces, decide uno escribir sobre las dos por la razón que sea. En este caso, las dos noticias dignas de comentario son la sentencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos y la decisión de Griñán de no repetir como presidente de Andalucía. Luces y sombras. ¿Cómo dejaremos pasar sin más esa decisión judicial tan importante para el progreso de la humanidad? Y ¿cómo no comentaremos la situación del PSOE cuando de él depende en gran medida el destino de nuestro país? La primera noticia invita al optimismo; la segunda, al pesimismo. El optimismo como el pesimismo van siempre juntos, como el Yin y el Yang o las oscilaciones del péndulo.


La consagración del matrimonio homosexual en la sentencia del TS de los EEUU es la justa coronación de una larga lucha por hacer efectivos los principios de igualdad ante la ley y de no discriminación en este caso por razón de la opción sexual. La humanidad avanza. Hasta en España, aunque a trancas y barrancas. El Foro de la Familia presentó una iniciativa legislativa popular en 2007 contra la ley de estos matrimonios, de 2005, que el Congreso rechazó. Antes, 50 diputados del PP presentaron un recurso de inconstitucionalidad que el Tribunal Constitucional resolvió en contra, consagrando el matrimonio homosexual en 2012. En España, al menos en eso, íbamos por delante. Pero la aceptación del TS estadounidense es decisiva por la influencia que ejerce en el resto del mundo. Todavía hace poco que París ha vivido movilizaciones masivas de ciudadanos contrarios a la aprobación de la ley de matrimonios homosexuales en la Asamblea Nacional. Unas manifestaciones de mucho radicalismo y visceralidad, como las que se produjeron en España a raíz de la aprobación de la ley, en las que iban unos iracundos obispos en primera fila. El argumento era salir en defensa de la familia clásica, amenazada por esta nueva perversión.

La decisión del TS de los EEUU tiene importancia, sobre todo, porque es una decisión de un órgano judicial, no político. Y si los jueces no aprecian que la legalización de las familias homosexuales ponga en peligro la familia tradicional no se ve cómo el Foro de la Familia, la Iglesia católica o la misma Reina de España pueden justificar una posición contraria si no es debido a sus prejuicios.

El derecho de los homosexuales a contraer matrimonio es incontrovertible. La idea de que la familia tiene una función exclusivamente reproductiva es falsa por partida doble. En primer lugar porque no solo tiene una función reproductiva, sino otras varias de orden convivencial. En segundo lugar es también falsa si por reproductiva solo entendemos una forma de reproducción e ignoramos otras, por ejemplo, la adopción. Pongo un ejemplo moral: estoy seguro de que habrá familias argentinas (o españolas) que se hayan hecho con hijos por medios fraudulentos, por ejemplo comprándolos y que, al mismo tiempo, se opondrán al matrimonio homosexual con el argumento de que las familias se han hecho para reproducir la especie.

En el otro lado, el lado de la sombra o la situación del PSOE, de nuevo cuestionada por la despedida de Griñán. Rubalcaba ha corrido a afirmar que esa decisión no altera el calendario del PSOE, no vaya el personal a razonar por analogías. Pero es inútil querer evitar que los razonamientos de Griñán sobre la necesidad de dar paso a gente nueva se apliquen a la actual dirección de los socialistas, prácticamente de una veteranía casi venerable.

En la izquierda nos gusta pensar que la cosa no va de personas sino de ideas, de actitudes. Pero las personas cuentan mucho. Tanto que se imponen a las políticas de los partidos. El PSOE en este momento es una hechura de Rubalcaba quien aplica sin contemplaciones su política de hacer una oposición responsable que, hasta la fecha, se ha resumido en un pacto de Estado con el gobierno y algunas vagarosas afirmaciones de que el pacto no obstaculizará una política de oposición exigente. Pero esta no aparece por parte alguna. Hay una creciente falta de visibilidad del PSOE, al tiempo que el gobierno sigue maltratando a la población, privándola de sus derechos, esquilmándola, empobreciéndola, obligándola a emigrar. Además, quienes están aplicando este duro programa de expolio son unas gentes muchas de las cuales han estado cobrando sobresueldos de dudosa licitud, dando así un ejemplo de cinismo y corrupción difícil de igualar.

Si en esta situación de verdadera indignación social el PSOE no tiene una presencia permanente, al lado de la gente de la calle que está siendo exprimida; si no es capaz de explicar qué sucede, quiénes son los responsables, cómo y por qué, ni de proponer alternativas, en verdad no está haciendo oposición. No creo exagerado pensar que a esta ambigüedad e indefinición deben los socialistas su sistemáticamente baja intención de voto. Cada vez más baja.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Los obispos contra tod@s.

Con la decisión del Tribunal Constitucional (TC) de declarar constitucional el matrimonio homosexual los curas han echado mano a la pluma. Cómo cambian los tiempos. Antes se la hubieran echado a la espada, al hacha o la hoguera. En menos de 48 horas la Conferencia Episcopal ha sacado una nota de prensa tocando a rebato contra el maligno. 48 horas para responder a una decisión que l@s sesud@s magistrad@s llevan siete años rumiando. Los curas lo tienen todo siempre mucho más claro porque aplican la palabra de Dios, que no es moco de pavo.
De todas formas, no sé qué pasa. Está perdiéndose el nervio de la fe. En otro tiempo, la conferencia episcopal, en lugar de emitir notitas de prensa, habría excomulgado a l@s magistrad@s que hayan firmado ese horrible atentado contra la familia. Algunos siglos antes, es@s desgraciad@s estarían ardiendo en la hoguera, que es una forma rápida y segura de eliminar los miasmas de la herejía. Algun@s dicen que esto demuestra que la especie avanza porque ya no se ejecuta a las gentes por sus creencias y tampoco se las excomulga. Basta con mostrarles una nota de prensa, como si fuera una tarjeta roja. Habrá quien diga que eso no es un avance sino un retroceso (los mismos obispos, probablemente), una grave dejación en la voluntad de combatir el mal. La nuestra es una sociedad plural y el personal cree lo que le viene en gana. Conozco una secta de judíos cristianos, y otra de negros estadounidenses que sostienen que los primeros habitantes de América fueron negros, exterminados por una conjura de blancos y cobrizos; o algo así. Las creencias son libres. Es algo que entiende todo el mundo.
Todo el mundo menos los obispos. Estos quieren obligar a que su creencia sobre el matrimonio sea la de todos los demás. Ellos, a su vez, fundamentan su creencia no en la experiencia directa, única madre de la ciencia, ya que la tienen vedada por decisión propia, sino en la palabra de Dios que, en efecto, no es moco de pavo... para quien crea en su dios. Va de suyo que creer en el dios de los obispos también es obligatorio, al menos en cuanto a sus efectos.
Es todo bastante rudimentario y tiene mucho de alucinante. ¿Qué pintan unos señores que no pueden contraer matrimonio diciendo a los demás cómo deben ser los suyos? Y no solamente a quienes siguen sus enseñanzas, que sería lógico, sino a todo el mundo. No pintan nada y ellos lo saben. Por eso la redacción de la nota es confusa, contradictoria, revela un estado de nervios de sus eminencias cercano al histerismo. Dicen los obispos: No es de nuestra competencia hacer juicios sobre la pertinencia jurídica de las sentencias de los tribunales. Pero eso es falso porque un par de párrafos antes han dejado dicho que alzamos nuestra voz en pro del verdadero matrimonio y de su reconocimiento jurídico. Pues claro que su interés -su interés principal- es configurar el orden jurídico de acuerdo con sus dogmas porque no se resignan a regular la vida de sus fieles sino la de tod@s. Lo de a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César les suena a mongol. Que se lo digan al Cardenal Richelieu, a Mazarino, al Cardenal Cisneros, a Tomás Moro, al Papa Pío IX (y demás ocupantes del solio de San Pedro antes y después), al Cardenal Herrera Oria, a Monseñor Escrivá de Balaguer, todos príncipes de la iglesia y todos políticos de intriga y compló.
Al parecer, la indignación dogmática de los obispos cristaliza en su amarga queja de que los matrimoniados pierdan su derecho a ser consignados en la correspondientes registros como "esposo" y "esposa" para ser anotados como "cónyuge A" y "cónyuge B" o "consorte A" y "consorte B". Terrible pérdida, sollozan los obispos, que incide además en la del derecho de l@s hij@s a ser educad@s como futur@s esposos y esposas. No sé lo que prevé la norma al respecto pero, si es cierto lo que dicen los obispos, me parece lamentable. Los registros deben dejar la máxima libertad complatible con la racionalidad burocrática weberiana y no veo en qué afecta a esta reconocer el derecho de cada cual a registrarse como le dé la gana, como esposo/esposa, cónyuge A/cónyuge B, esposo/esposo, esposa/esposa, consorte A/consorte B, como quieran. Pero no es bastante. Los obispos quieren suprimir el derecho de los demás a registrarse de formas que ellos no aprueban. 
Ese es el verdadero problema. No que haya matrimonios homosexuales sino que haya quien pretenda imponer a la comunidad su concepción de matrimonio como pretende imponer el resto de sus dogmas.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Un derecho.

Palinuro no da la enhorabuena a l@s homosexuales porque también se la da a l@s heterosexuales. Estamos tod@s de enhorabuena. Una colectividad de nuestr@s conciudadan@s es más libre, tod@s somos más libres; es más respetada, tod@s lo somos; se libera de un estigma injusto, tod@s lo hacemos; no tiene por qué esconderse, los demás tampoco. Tod@s estamos de enhorabuena porque un tribunal ha reconocido lo que la inmensa mayoría de l@s ciudadn@s encuentra legítimo: que cada cual organice su vida sentimental, sexual como le parezca bien. O para, decirlo en lenguaje llano, que cada cual se lo monte como le dé.
Tiene gracia que los neoliberales, que abominan de la afición del Estado a meter sus narices en los negocios privados, sean quienes insisten en que las meta en las camas ajenas. Así que algo no funciona aquí, bien sea la cama, bien el negocio bien los neoliberales. Y, en efecto, la paladina del neoliberalismo made in Spain, Esperanza Aguirre, ya dijo hace unos días que el Tribunal Constitucional, de tribunal solo tiene el nombre y que es un órgano político. Al margen de que la cosa del nombre tenga su telendengue -véase más abajo- ese TC está en la Constitución que Aguirre dice defender con uñas y dientes. Pero, en fin, eso son cosas suyas.
El TC ha llevado su audacia a permitir la adopción a los matrimonios homo. Y ahí ya ha pisado siete líneas rojas porque esa adopción despierta las iras de los prejuicios más oscuros del patriarcado, del machismo hoy todavía muy extendido en la sociedad. Así están respondiendo con suma virulencia las organizaciones en defensa de la familia (católica) que presentan este reconocimiento de derechos de tercer@s como un ataque a la familia. Eso carece de sentido. A la familia ni le va ni le viene que, en vez de tener una o dos formas tenga diecisiete, salvo si alguien cree que su idea de familia es la familia por antonomasia, como sucede a los católicos.
Pero la familia no es una institución religiosa (y aunque lo fuera) sino civil y no es racional que el poder político pretenda organizar la convivencia civil según las reglas de una religión, confesión o secta. Asi, guste o no guste a los pintorescos neoliberales españoles, lo diga o no el Tribunal Constitucional, sea este un órgano político o químico, el matrimonio es la unión de dos personas con independencia del sexo y quieran serlo libremente. El argumento de los más hipócritas (muy parecido al de los racistas, por cierto) es que no tienen nada contra la unión de personas del mismo sexo pero que no le llamen matrimonio. Al final, véase más arriba, las palabras importan sobre todo cuando de ellas se derivan consecuencias jurídicas. Así parece haberlo dicho la Reina, que será reina, pero no dueña de las palabras.  Nadie tiene el copyright de los términos y nadie puede obligar a l@s demás a llamar a lo que hacen como a él/ella le dé la gana.
El espaldarazo del TC lo es a una ley del vilipendiado Zapatero. A cada cual lo suyo, ¿no? Menudo avance que en este y en otros terrenos sensibles ha dejado el leonés. Lástima que lo que tuvo de acertado y valiente en lo social no lo tuviera también en lo económico, en donde no hizo más que meter la pata, probablemente con buena intención. El PP, en cambio, se tiró siete años torpedeando la ley, yendo del ganchete con los obispos en defensa de las familias que los obispos quieren imponer y llevando a declarar al Parlamento a gentes que, puestas a hablar de la homosexualidad, parecían de otro planeta. Ahora no hay más remedio que reconocer la justicia de unos derechos que jamás debieron reprimirse.
Enhorabuena a tod@s.

domingo, 1 de julio de 2012

La incomprensible homofobia.

El carácter pacífico y poco amigo de pendencias del ser humano hace que, cuanto más violenta e irracional sea una actitud, más en el fondo se la respete, antes por temor que por convicción. Esas ejecuciones públicas de homosexuales en el Irán con grúas no son peculiaridades culturales o religiosas sino simples crímenes inhumanos que debieran mover a las naciones civilizadas de la tierra a romper relaciones con bárbaros de tal calibre.
Pero eso no sucede porque, en realidad, la homofobia es una actitud mucho más extendida de lo que parece. No tan extrema como entre los iraníes, más suave, pero también muy injusta y dañina para la concepción de la dignidad de la persona. Las intervenciones públicas de la jerarquía católica, sus diatribas contra la homosexualidad disfrazadas de paternal congoja por los destinos de los homosexuales como ovejas desviadas carecen de fundamento evangélico.
No obstante, los católicos son muy libres de seguir las enseñanzas de sus obispos y adecuar a ellas su comportamiento. Pero esa forma concreta de proceder respecto de los homosexuales no tiene por qué extenderse más allá de los límites de su religión. Los homosexuales no católicos no tienen por qué tolerar que los traten de desviados, de enfermos o de pecadores. Ese es un problema exclusivo de los homosexuales católicos.
La homofobia, una actitud que considero incomprensible, lo impregna todo. Eso se ve en la cuestión del matrimonio gay. El Tribunal Constitucional parece a punto de darle el visto bueno. Los sectores conservadores, probablemente, presionarán en favor de una nueva ley que lo haga imposible. El discurso justificatorio es siempre el mismo: "no tengo nada contra los gays ni contra que vivan en pareja con iguales derechos que los heterosexuales, pero que no le llamen a eso matrimonio". Luego sí tiene algo contra los gays, pues los limita en sus derechos.
La mentalidad homofóbica no puede admitir una familia gay porque cree estar en posesión de la verdad en lo que a la familia se refiere: una unión de un hombre y una mujer con fines de procreación. Pero la historia registra otras formas de familia y en la actualidad también las hay, como la poligamia entre los musulmanes. Está bien que sea la idea católica de familia, pero los católicos no tienen más derecho a imponer a los demás su idea de familia que los demás a imponer la suya a los católicos. 
La homofobia es incomprensible.

domingo, 25 de septiembre de 2011

¿Qué les han hecho los homosexuales?

Otra vez machacando el hierro en frío. La derecha vuelve al ataque contra los matrimonios homosexuales. En los últimos días Rajoy por un lado y el Papa Benedicto XVI por otro han negado el derecho de los homosexuales masculinos o femeninos a formar familias mediante el matrimonio.

En el caso de Rajoy, como era de esperar, no se aducen cuestiones de fondo o doctrinales. Siendo la igualdad ante la ley un derecho que no admite excepciones negativas (excluyentes) aunque las tenga positivas (incluyentes) y que es reconocido, al menos formalmente, por la derecha, no cabe no respetarlo. La negativa de Rajoy se alimenta sólo de consideraciones electorales. El candidato cree que la mayoría de sus votantes se opone a los matrimonios homo y por eso se opone él. Pero, al no poder invocar razones de fondo, su oposición es confusa, incomprensible y cree rebajarla asegurando que es solo una cuestión de nombre. Es como si Rajoy fuera nominalista en la polémica de los universales: que los homosexuales no se asusten pues el nombre no tiene importancia. Sin embargo sí la tiene y es decisiva, como explica muy bien Beatriz Gimeno en un artículo en El Plural, titulado Rajoy es un antiguo. Y eso lo sabe Rajoy, como sabe que cambiar la ley de matrimonios homosexuales es actuar injustamente con un sector de la sociedad, privarle de un derecho, excluirlo por ley. En el fondo se trata del prejuicio de la derecha contra la homosexualidad que no se mueve en el terreno racional sino en otro pasional, sentimental, arbitrario. La homosexualidad cuestiona el fundamento de una cultura patriarcal y machista y eso no puede consentirse.

La cosa está más clara con el Papa que, como no tiene que ganar más elección que la del colegio cardenalicio y sólo una vez, se pronuncia con contundencia no contra el nombre sino contra la cosa en sí. Por eso, en su visita a Alemania ha recordado lo que sostiene es doctrina divina, esto es que la familia es la unión del hombre y la mujer. Nada de fórmulas híbridas o de terceros géneros. Hombre y mujer y sanseacabó. Es la homofobia cristiana en estado puro.

Esa homofobia viene de lejos, está en el Antiguo Testamento, en el Pentateuco, en la historia de Abraham, como testifican bien las cenizas de Sodoma y Gomorra. Eso explica la dureza con que los pueblos del Libro procedían y proceden contra los homosexuales. El más salvaje en la actualidad el de los islamistas en algunos de cuyos países se los ejecuta en público. En algunos cristianos hasta hace poco se los encarcelaba y, en general, en todos los pueblos de tradición judeo-cristiana la condición de homosexual está socialmente estigmatizada.

La cuestión fundamental es cómo se justifica tanta animadversión, tanta hostilidad y tan nulo espíritu de justicia e igualdad. No cabe aducir la universalidad de la prohibición (al margen de que aunque fuera universal no por ello sería justa) ya que hay culturas en las que la homosexualidad no está mal vista. Sin ir más lejos, la griega clásica, cuya valoración del amor incluía el homosexual aunque, por ser patriarcal, era mayoritariamente (pero no únicamente) masculino. Tampoco el supuesto carácter antinatural de la práctica pues la naturaleza da ejemplos para todo, incluido el hermafroditismo.

Así que la pregunta se mantiene: ¿qué razón hay para la homofobia? Ninguna. Son puros prejuicios, convenciones, topicazos, alimentados desde luego por una tupida red de referencias literarias, artísticas, filosóficas que han acuñado una mentalidad homófoba muy arraigada, como se hace patente en el uso cotidiano de la lengua.

No puede haber argumentos racionales en contra de la homosexualidad, como no puede haberlos en contra de una raza o de un sexo. Pero igual que, a pesar de todo, hay racistas y sexistas, hay homófobos, como Rajoy y el Papa. La mejor prueba de esta imposibilidad es que los homófobos más inteligentes aducen que su oposición a la homosexualidad no se fundamenta en consideraciones racionales sino médicas desde el momento en que la homosexualidad es una enfermedad. Es un caso de manual de la biopolítica de Foucault por cuanto muestra cómo el poder se vale de todo para reprimir y castigar, incluida la Medicina.

Lo malo de esta homofobia es que pretende convertir en ley, esto es, en norma racional y universal (entre otras cosas) un prejuicio que va contra los derechos y la dignidad de un elevado porcentaje de la sociedad y digo elevado porque, aparte de los homosexuales, muchos otros también nos sentimos injustamente tratados por tener que vivir en una sociedad en la que se niegan sus derechos a unos grupos de ciudadanos por razón de su orientación sexual.

(La imagen es una foto de Guillaume Paumier, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 8 de abril de 2011

Los curas y el sexo.

La obsesión de los curas con el sexo sólo es comparable a la que tienen con el dinero, dos cosas que les están prohibidas. Ya se sabe que prohibir es incitar a hacer, decir o pensar lo prohibido, como se sigue de universal y permanente experiencia. La religión judeo-cristiana que aquellos profesan comienza no con el pecado por haber roto una prohibición divina, sino con la misma prohibición. Dios permite todo a la pareja original excepto comer fruto del árbol del bien y del mal. El caso era prohibir algo. Podría haber sido mirar el vuelo de una golondrina o meter el pie en un charco. Pero le tocó al árbol, en concreto al manzano. Hubiera podido ser el peral, la higuera o el naranjo. Pero fue el manzano y ahí se acuñó la interpretación metafórica de los seres humanos, su naturaleza y su destino por los siglos de los siglos.

La mujer no puede contener su insana curiosidad, víctima de su escaso juicio y trae la perdición sobre la especie que, sin embargo, engendra. Así queda fijado el estereotipo femenino que se repite con diferencias en otros lugares y culturas. Pandora por Eva. Hasta la manzana tiene variaciones. Las del paraíso y la que arroja la irritada Eris, también mujer al fin y al cabo, sobre la mesa de los dioses para que se arme Troya. De aquí sale la animadversión de la Iglesia hacia las mujeres. Pero no suele preguntarse cómo se fija el estereotipo masculino porque Adán, ¿qué es? Un pobre diablo que corre a su perdición por no poder resistirse a los encantos de la mujer.

Al llenar el sexo de prohibiciones la Iglesia sigue la tradición. A España ha venido un cardenal italiano a decir que el sexo fuera del matrimonio es un desorden y que el uso del preservativo no es santo. Respecto al sexo extramatrimonial, ignoro si los católicos son más alegres que los no católicos pero sí sé, porque es obvio, que en lo del preservativo (y prácticas contraceptivas en general) prestan tanta atención a las prohibiciones de la jerarquía como los ateos o los apóstatas. Basta con ver la tasa de natalidad en España.

De todos modos, estas prohibiciones, tan fundamentadas como la de la carne de cerdo entre judíos y musulmanes, afectan sólo a los católicos y ellos sabrán lo que hacen. Es una cuestión de creencias privadas. ¿O no se quiere que sean privadas sino públicas, o sea, válidas para todos los matrimonios? Aun así tampoco sería grave mientras se limite a ser un deseo. Lo malo es cuando se quiere imponer a la fuerza, a lo que la Iglesia es muy aficionada. Porque los adultos son tan libres de hacer un contrato como de romperlo, guste o no a la jerarquía, y la justicia sólo intervendrá cuando de la ruptura se derive un perjuicio injusto para alguien.

Este intento de la Iglesia de imponer sus criterios a toda la sociedad civil está siempre presente. El cardenal en cuestión sostiene que la familia es la unión del hombre y la mujer. Las otras uniones, dice Monseñor (o quizá se le haya escapado), son privadas. Es decir unas son públicas y, por lo tanto, más, y otras son privadas y, por lo tanto, menos, son las uniones de hecho de Rajoy. No se trata de demostrar que una forma sea superior a otras sino que éstas son inferiores porque así lo dice la ley. Pero las leyes se cambian porque se han hecho para los hombres y no al revés y su función es ampliar los derechos, ser inclusivas, tratar por igual a quienes son esencialmente iguales, con independencia de sus opciones sexuales.

Pero es que esto del sexo es en verdad obsesión en el clero precisamente porque lo tienen prohibido, con lo cual no dejan de hablar de él, de pensar en él. Esa tan frecuente como extendida, silenciada, consentida y hasta justificada práctica de la pederastia, ¿no proviene de la prohibición de la sexualidad? Si la prohibición se levantara es de suponer que descendería la proporción de paidofilia en la Iglesia.

Y tiene mucha gracia con qué seguridad hablan los curas de aquello que desconocen. Les viene de oficio porque ¿acaso saben más de Dios que de las relaciones sexuales? Lo hacen con verdadero virtuosismo. Los sermones son las piezas más importantes de la liturgia cristiana pues son el ámbito de la publicidad y la propaganda. Ahora bien, el conocimiento de que presumen los clérigos para hablar del sexo, como de Dios, no puede estar basado en la experiencia directa y es, por lo tanto, un conocimiento libresco, formalmente perfecto. Dice el mentado Cardenal con sofistería propia de la cátedra de San Pedro que cuando la sexualidad se integra en el amor verdadero se tiene el gozo completo. Es posible, pero ese amor depende tanto del matrimonio como de la crecida del Nilo. Verdad es: los curas presuponen que el amor verdadero sólo cabe en el matrimonio y en su matrimonio. Pero esa es una tontería demasiado vulgar para tenerla en cuenta.

martes, 23 de diciembre de 2008

¿Quién como Dios?

Vuelve SS Benedicto XVI a la carga contra los matrimonios homosexuales e incrementa el calibre de su artillería. En su alocución a la Curia romana que publicaba ayer L'Osservatore romano propone la adopción de una "ecología humana" (supongo que quiere decir un "ecologismo humano") para salvar al hombre de su autodestrucción. Digo yo que hace falta ser Papa para diferenciar un ecologismo humano del ecologismo a secas, como si la destrucción del planeta no fuera ya "autodestrucción" del ser humano. El agente perverso de esta tarea destructiva es el matrimonio homosexual, dado que éste (el matrimonio) no puede ser otra cosa que "el vínculo vitalicio entre el hombre y la mujer como sacramento de la creación".

La toma el Papa con la adopción del concepto de Gender ("género") que cita en inglés, ignoro por qué. El Pontífice piensa que este término implica "la autoemancipación del hombre frente a lo creado y frente al Creador". Tampoco se entiende por qué. Hay mucha gente a la que molesta que, por influencia del feminismo, cada vez se hable más de "género" que de "sexo" pero lo que no veo es que quienes hablan de "género" traten de emanciparse del Creador. Me da la impresión de que el término es una mera excusa y que lo vituperable desde el punto de vista pontifical y lo que, por lo tanto, le interesa, es esa pretensión de emanciparse del Creador. De algún modo tenía que llevar Benedicto XVI el matrimonio homosexual a ese punto crucial en la visión católica de la sublevación contra Dios porque, al fin y al cabo, querer emanciparse de tan próvido Padre equivale a sublevarse contra él. El hombre homosexual es luciferino. Y el Papa Benedicto XVI le lanza el reto del arcángel San Miguel: "¿quién como Dios?".

Los homosexuales, hombres o mujeres, lo tienen muy crudo. Según informa El País prácticamente todos los países excepto el Brasil y Burkina Faso niegan la adopción de niños a parejas monoparentales u homosexuales. No es de extrañar con tanto anatema papal. En esa pretensión de los matrimonios homosexuales el hombre se comporta con la soberbia del doctor Frankenstein o, como lo expresa el Papa: "quiere hacerse a sí mismo y disponer siempre y de modo exclusivo de todo lo que le concierne." Se me alcanza que esto tiene que sonar muy mal a oídos de los muchos homosexuales creyentes que no querrán emanciparse de su Dios y mucho menos ocupar su lugar. Por otro lado, aun suena peor a oídos de quienes, sin ser homosexuales, creemos que el hombre es y debe ser dueño de sus destinos y de todo cuanto le concierne.

(La imagen es una foto de Sospensorio, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 15 de diciembre de 2008

Dos madres.

El avance de la ciencia no sólo destruye supersticiones y estereotipos sino que da al traste también con joyas antiquísimas de la sabiduría ancestral. Por ejemplo, a la hora de explicar la soberanía parlamentaria Delolme recordaba que los jurisconsultos ingleses siempre sostuvieron que "el Parlamento puede hacer cualquier cosa excepto convertir un hombre en una mujer o una mujer en un hombre". Esa excepción ha caído hace mucho y no ya el Parlamento sino cualquier clínica puede sacar una mujer de un hombre o viceversa.

Del mismo modo cae otro viejo proverbio, el de "madres no hay más que una" porque ahora pueden ser dos. Según noticia de Público ya puede haber dos madres biológicas para el mismo niño.El asunto se consigue en un pispás, inseminando el óvulo de una e insertándolo en el útero de la otra. Y ese niño tendrá dos mamás... ¡qué suerte!

Hay mucha gente que dice que la presencia del padre en la familia es imprescindible y a mí no me lo parece más de lo que es la de los zánganos en la colmena. Así que repito: ¡qué suerte la de ese chaval o chavala!

(La imagen es un pastel de Ernst Ludwig Kirchner titulado Dos desnudos amarillos con jarrón de flores (1914) que se encuentra en el Bündner Kunstmuseum de Coira, Suiza).