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domingo, 12 de marzo de 2017

Disonancias

Quien pretenda extraer conclusiones del sondeo de Metroscopia sobre las perspectivas de la situación política española lo tiene crudo por la cantidad de disonancias y hasta contradicciones que muestra. Y no debido al trabajo técnico, sino a las respuestas en sí que correctamente registra. Por eso los autores se apresuran a aclarar que el sondeo es foto fija aquí y ahora. Sobre el futuro, los dioses dirán, incluido el futuro de mañana mismo.

La primera conclusión de un examen detallado de la encuesta es que los encuestados no estamos en nuestros cabales. ¿Cómo puede ser que tenga la mayor expectativa de voto un partido cuyo líder es el peor valorado, a excepción del inefable Iglesias? Podemos es segunda fuerza. Casi parece que los españoles prefieren votar por líderes a los que no valoran. Prueba a contrario: el líder más valorado, a estratosférica distancia de los dos mencionados, Rivera, es el del partido con menor o cuasi menor intención de voto. La mayor expectativa de voto para un partido cuya gestión de gobierno desaprueba el 70%. No solamente votan por partidos cuyos líderes no valoran, sino también por aquellos cuya gestión de gobierno rechazan. Y no acaba ahí. Yendo a dianas concretas, el 89% dice que el gobierno no está sabiendo gestionar la corrupción. Es una forma elegante, barométrica, de decir que la gente cree que el gobierno es corrupto. Y lo vota. Como lo vota aunque abrumadoras mayorías del 78 y el 71% rechazan su forma de gestionar la situación laboral y la de Cataluña. En el caso catalán los que rechazan son más que los que aprueban incluso entre los votantes del PP. Cosas todas ellas, estaremos de acuerdo, asombrosas.

Está bien la foto fija. Es lo que se ve a simple vista en la vida cotidiana. Inclúyanse los datos sobre la corrala del PSOE. Descalabro en intención general y hundimiento total, por debajo de C's, en intención directa. Justo lo que necesita la pelea para reanimarse. Los dos bandos (golpistas y antigolpistas) se echarán mutuamente en cara estos desastrosos resultados. Pero hay un dato que deja a los golpistas en evidencia: el grado de rechazo general a la gestión parlamentaria del PSOE (monopolio de la junta gestora y campo de Díaz) es el mayor de todos, con un 74%. Ese rechazo es también más alto que la aprobación entre los propios votantes socialistas. Es decir, bien a las claras, el discurso justificativo de Jiménez, Hernando, Madina, Díaz, etc., acerca del valor de la oposición parlamentaria del PSOE no cuela ni entre sus propios seguidores. Yo me preocuparía.

Aunque tampoco es para tanto. El mensaje del sondeo es claro y sí, estamos en nuestros cabales. Hay una mayoría relativa muy escasa que apoya a un partido al que considera corrupto e incompetente y cuyo líder no le merece confianza, sin duda porque los otros atraen menos. Como partidos y como líderes. Y, la verdad, hace falta ser inútil para no dar mejor imagen que Rajoy y no tener una oferta mejor que la del PP, consistente únicamente en seguir con el pillaje de caudales públicos. Dado que el PSOE está de sabático hasta que se dilucide el enfrentamiento, el electorado parece decidido a no tomarse muy en serio la situación.

Lo cual es grave porque la situación es seria. Este gobierno no puede gobernar, pero tampoco convocar elecciones anticipadas por razones obvias. 

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Desamordazando

La infausta X Legislatura con mayoría absoluta del PP entre 2011 y 2015 consagró una involución democrática en el país de tales dimensiones que muchos empezaron a hablar de la "ruptura de los consensos básicos de la transición". Arrullados por los años de bonanza y la legislación esclarecida y generosa del primer gobierno de Zapatero y su problemática continuación en el segundo, los españoles se despertaron de repente ante un intento de retrotraerlos al franquismo. El mandato de Rajoy, con sus 186 diputados le permitió ignorar de hecho al Parlamento y gobernar por decreto ley con un autoritarismo que no solo se evidenciaba en las formas sinbo también en los contenidos. Los cuatro años en cuestión abundaron en normas arbitrarias, reaccionarias y nacionalcatólicas, pero cuatro de ellas tenían una importancia especial porque respondían al sentimiento más profundo de la derecha tradicional española, hoy maridada con una corriente neoliberal de procedencia anglosajona. Los cuatro puntos eran: la reforma laboral (que permitiera aumentar la tasa de explotación de los trabajadores activos o en el paro); la reforma educativa (que aumentara los privilegios de la enseñanza concertada y diera a la Iglesia de nuevo el poder en el sistema educativo); la reforma del aborto (que devolviera a las mujeres a la situación de subalternidad en la sociedad patriarcal); y el orden público (que estableciera un régimen de "seguridad ciudadana" represivo). Se añade a esto la actitud de hostilidad cerrada hacia Cataluña y el carácter estructural y generalizado de la corrupción y ya tenemos un régimen que cabe calificar tranquilamente de neofranquista. El que el PSOE ha permitido seguir en el poder merced a su abstención.

Pero hasta el granito escurialense que compone la mentalidad de la derecha española acusa el paso del tiempo. No fue necesario que el PP perdiera su mayoría absoluta en 2015 y 2016 para que alguno de sus ataques a las libertades y derechos de los ciudadanos se estrellaran contra la realidad. Tal el proyecto de Ley que el ex-ministro de Justicia, Ruiz Gallardón perpetró en contra de los derechos de la mujeres so pretexto de "emanciparlas" prácticamente prohibiendo la interrupción voluntaria del embarazo. Era tan retrógado, tan misógino, tan clerical el proyecto que hasta los compañeros de Gallardón se lo boicotearon y lo echaron para atrás. Así, de paso, nos quitamos de encima a quien, por otro lado, estaba dispuesto a poner la administración de justicia fuera del alcance de los justiciables que no fueran millonarios.

La situación actual del gobierno en minoría parlamentaria ya ha tocado los otros puntales del régimen involucionista de 2011: la reforma laboral, la educación y la seguridad ciudadana. Sobre la reforma laboral tenemos dos opiniones de dos empresarios radicalmente opuestas. Una, un catalán del gremio de hostelería que pide que se derogue y otra del dueño de las pipas "Facundo" que pide que se quede como está. El tal Facundo, según parece, está o ha estado en deuda con la Hacienda Pública. Juzguen ustedes quién tiene más autoridad moral al pronunciarse.

Las barbaridades de la LOMCE están siendo ya atendidas en una comisión tripartita del PP, el PSOE y C's. Las reválidas han quedado sin efecto. En realidad, toda la LOMCE ha quedado en el basurero de la historia y la legislatura apenas ha empezado. El gobierno ha hecho algún amago de defenderla, pero sin auténtica convicción.

Ahora le toca el turno a la desgraciada Ley Mordaza que probablemente sea la más simbólica de esta derecha neofranquista. La cúpula del ministerio del Interior, que la alumbró, especialmente el ministro Fernández Díaz, no solamente no era competente para el cargo sino que su conducta, su incapacidad para distinguir entre sus deberes públicos y sus alucinaciones privadas, lo hacía más idóneo para pasar una consulta psiquiátrica. Es una norma que muestra un espíritu cerrado, autoritario, arbitrario, reacio a la misma idea de derechos y libertades públicas y un desprecio por la dignidad del ciudadano. Otorga todo tipo de facultades discrecionales a los policías y despoja de sus derechos y libertades a lo ciudadanos, a los que apenas deja margen de recurso y a los que multa por comportamientos prohibidos con cantidades inverosímiles. Ese espíritu es el que compartían por aquellos años el ministro en cuestión y la delegada del gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, hoy presidenta de la Comunidad. La gestión de esta en orden público estaba a tono con lo dispuesto luego en la ley: la policía podía hostigar a los ciudadanos pacíficos en la calle, se reprimía a voleo, poniendo multas a los viandantes a ojo de los agentes a los que no se podía ni fotografiar.

En fin esa norma abusiva, dictatorial (y eso que ha sido muy dulcificada al pasar por el Parlamento) es la que se pretende ahora derogar con el muy encomiable fin de devolver a las personas que vamos por la calle la condición de ciudadanos titulares de derechos, entre ellos, el de no ser hostigados a capricho por los agentes de la autoridad. Hay quien dice que no se puede derogar por completo porque se generarían vacíos legales. No tiene por qué. Si se deroga la Ley Mordaza puede volver a entrar en vigor la anterior Ley Orgánica 1/1992, de 21 de febrero, sobre Protección de la Seguridad Ciudadana que esta mordaza había sustituido. En todo caso, tampoco es imprescindible derogar. Bastará con que la comisión la reforme a fondo y elimine de ella todos los ataques a la seguridad jurídica de los ciudadanos, todas las posibles arbitrariedades de la policía y los poderes públicos y todo ataque a los derechos y libertades públicas de los ciudadanos.

Los otros dos asuntos fuera de programa, la cuestión catalana por un lado y la de la corrupción por otro, siguen su curso y no está claro que el Parlamento español vaya a hacer algo al respecto. La cuestión catalana depende casi exclusivamente de la iniciativa política del independentismo. La de la corrupción, de la acción judicial. En los dos casos, el gobierno tiene poco que hacer.

Las tornas han cambiado mucho entre la X y la XII legislaturas. Lo que esta augura es una derrota tras otra del gobierno en todos los asuntos excepto, probablemente, en la cuestión catalana en la que la oposición presumiblemente votará con el ejecutivo. Y no está claro que con su estilo soberbio y arrogante, Rajoy sea capaz de aguantar mucho la labor de deconstrucción de un parlamento con mayoría absoluta de la oposición. Acabará convencido de que, si no convoca elecciones, no podrá gobernar.

Pero la convocatoria de elecciones es arma de dos filos. La presunción de que, de convocarse, favorecerían al PP no se basa en nada y, en consecuencia, se tratará de estirar algo el tiempo, hasta tener más seguridad. Ese interés dilatorio es el que comparte el gobierno del PP con la junta golpista del PSOE que, saltándose una vez más su deber a la torera, ha aplazado la reunión del Comité Federal prevista para diciembre a enero de 2017. Es difícil hacer oposición a un gobierno con el que se tienen tantos intereses comunes.

Pero el mayor de todo y el que permite suponer que, aunque el cuerpo le pida otra cosa, Rajoy no convocará elecciones, vuelve a ser Cataluña. El nacionalismo español no puede permitirse el lujo de andar sin gobierno en 2017, mientras la hoja de ruta del independentismo va avanzando.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Derogar las leyes inicuas

La oposición comienza a tumbar una tras otra las leyes tiránicas que la mayoría absoluta del PP impuso sin diálogo alguno en la pasada legislatura. Normas arbitrarias, autoritarias, represivas, profundamente reaccionarias, producto de mentes enfermas, bien por su fanatismo religioso (Fernández Díaz), bien por su repulsivo cinismo jesuítico (Wert), que fueron el puntal de aquel gobierno compuesto básicamente por franquistas nacionalcatólicos y ultrarreaccionarios. Cualquiera pensaría que, así las cosas, si la oposición prosigue su excelente tarea de derogar todas las barbaridades del gobierno anterior, Rajoy podría hartarse, disolver las Cortes y convocar elecciones nuevas (dice, en tono amenazador, que no le faltan ganas). Pero no se dará el caso. Este hombre carece de principio alguno que no sea amparar corruptos y ampararse a sí mismo de paso y, con tal de seguir en el poder, le da igual que le deroguen todo lo legislado. Protestará pro forma, pero nada más. Su falta de conciencia y escrúpulos morales -bien patentes en el ejercicio de hipocresía en la muerte de Barberá- le permite gobernar con una ley de educación favorable a los curas o contraria a ellos. Le es indiferente porque, en realidad, tampoco sabe qué sea eso de la educación.

Con Wert bien enchufado a costa de los contribuyentes en París, a Rajoy  no le importa lo que pase con su ley. Méndez de Vigo, el ministro de turno, con tanta idea de educación como del sistema nervioso de la anguila, tampoco está dispuesto a dejarse la piel por los intereses de los curas porque, a fuer de católico, sabe de sobra que estos, los curas, tampoco son de fiar y pueden dejarte tirado en un momento de apuro.

El mismo destino aguarda a la Ley Mordaza, criatura de los dos desequilibrados que dominaron Interior durante cuatro años, Fernández Díaz y Cosidó.  Una norma monstruosa que daba impunidad a la policía en la calle y criminalizaba y castigaba con penas enormes el ejercicio de los derechos ciudadanos, una ley que avergüenza a quien la lea. Queda así claro que, al menos de momento, los partidos de la oposición podrán impedir que se consolide este revival del franquismo, algo digno de encomio. No hemos podido quitarnos de encima al Sobresueldos debido a la impericia de la izquierda pero, con un poco de suerte, no tendremos que padecer las consecuencias de su insoportable neofranquismo.

Por lo demás, esta práctica derogatoria parece que imprimirá carácter a la legislatura. No en el sentido en que prometían los golpistas del PSOE cuando echaron a Sánchez, sino de forma muy distinta. Con la LOMCE en el punto de mira de una especie de triple entente entre PP, PSCE y C's, parece configurarse una especie de frente derogatorio que aislará a Podemos, dejándolo en la irrelevancia. Este podrá presumir de ser la única oposición real a la derecha y acusará al PSOE de subalternidad frente al PP. Y se quedará corto. El PSOE, descabezado, desnortado y a punto de caer en manos de una mujer cuya inteligencia es inversamente proporcional a su ambición, en realidad el PSOE es un rehén del PP. Por eso tampoco cree el Sobresueldos que le convenga convocar elecciones. La amenaza de estas ya tiene a los socialistas paralizados, dispuestos a aceptar y apoyar todas las barbaridades que haga la derecha en el asunto catalán que, en realidad, es lo único importante en este momento. Mientras el PSOE siga siendo, antes que nada, profundamente español en sentido centralista y reaccionario, el PP le permitirá derogar sus leyes más tiránicas y absurdas. Y el PSOE venderá esas derogaciones que, en todo caso, lo serán "controladas" como prueba de su valiente y decidida oposición al Gobierno frente a Podemos, a quien acusará de demagogo e irrelevante. Y también con acierto.

Es lo malo de la división de la izquierda: que todos los bandos aciertan en las críticas que se hacen mutuamente. Razón por la cual seguirán divididos. Razón por la cual seguirá gobernando la derecha. Razón por la cual los catalanes se largarán. Y harán bien.

martes, 15 de noviembre de 2016

El hundimiento del PSOE

Desde el humillante paso por las horcas caudinas de la abstención, el PSOE se ha sumergido en un desbarajuste sin ningún sentido que puede acabar con su desaparición a medio, quizá corto plazo. Hay una junta provisional (que no es lícito llamar "gestora" porque no gestiona nada ni cumple su mandato), pero nadie sabe quién toma las decisiones; ni siquiera si se toman decisiones. Los distintos integrantes de este órgano de tan pintoresca acción, así como su principal valedora y líder in pectore, andan por los medios, cada uno a su bola, dando por supuesto que tienen meses por delante para caer simpáticos a una díscola militancia.

El señor Hernando se prodiga en balbuceantes explicaciones sobre su reciente decisión de cambiar de chaqueta táctica. En este país de conversos, de reconversos o relapsos y hasta de falsos conversos, como los llamados marranos, eso de chaquetear es moneda corriente. Dice el de la nueva chaqueta que ha perdido crédito. Sí, todo. Juzgue él mismo qué crédito puede merecer su "no es no" a los presupuestos después de que su anterior "no es no" se trocara en un servil "no es sí".

Lady Macbeth del Sur ha entrado en Madrid a través de un par de programas de la TV de máxima audiencia. Ha venido a coser el partido y a presentarse como la fuente última de autoridad en el PSOE, la real, la oculta, pero auténtica. Y con los medios de la oligarquía  (que son todas las televisiones, pues no hay que engañarse) batiendo palmas a la sarta de necedades prepotentes que esta señora ensarta. Ahora queda a la espera de que se le pida la candidatura por aclamación. Su discurso es patriotismo de partido sin una sola referencia clara a alguno de los problemas reales del país y de su propia organización.

Javier Fernández, el auriga de esta increíble operación, pacta con Iceta el nombramiento de una comisión, esto es, lo que hay que nombrar para dejar que un problema se pudra, y se da también unos meses para intercambiar opiniones. Esta gente no sabe en dónde está. ¿Cree Fernández que él y sus amigos pueden decidir sobre el destino de un protocolo que lleva cuarenta años funcionando y se aprobó en un congreso? La política emborracha y es capaz de convertir en mitómanos y megalómanos a gentes que, en su vida normal, no se harían notar en su abrumadora vulgaridad.

Llama la atención la pasividad con que la militancia está aceptando esta situación. Es verdad que hay una rebeldía generalizada; lo reconocen todos. Se ve en las redes: cartas, grupos, plataformas, decisiones de agrupaciones, firmas. Es una efervescencia. Pero si la junta se obstina en seguir su hoja de ruta de aplazar sine die el congreso, ¿qué puede hacer esta movilización? ¿Apagarse lentamente? La alternativa, esto es, formar otra comisión gestora que se oponga a esta y sirva para coordinar el movimiento en pro del congreso extraordinario parece muy difícil por falta de vías orgánicas.

Ese es el angosto paso que se ofrece a la candidatura posible de Pedro Sánchez, cuyo silencio vuelve a ser extraño: el de erigirse en el centro de referencia del movimiento de las bases para recuperar el partido. Les guste o no a los militantes esta es una pugna decisiva entre la izquierda y la derecha en el PSOE, algo que puede acabar en escisión. En la derecha están los miembros de la junta y sus asesores, su inspiradora, Susana Díaz y quienes están detrás de ella, Felipe González y, muy especialmente, Rubalcaba. Es la escisión en la que el filo de la navaja es Cataluña y, va de suyo, la unidad de España. Cuando se juega la unidad de España, Rubalcaba no lo duda, no distingue entre buenos y malos solo está la Patria que, como dice muy bien su discípula Díaz, al igual que el PSOE, no es de izquierda ni de derecha. O sea, es de derecha y de derecha rancia, carpetovetónica, taurina, católica y por lo que hace a Rubalcaba, ladina y siniestra. El PSOE es un partido patriótico llamado a desplazar al PP por el bien de España. Todo esto es cuestión de Estado.

Efectivamente, es el discurso de la derecha, nítido, y el PSOE puede caminar por ahí. Ya lo hace, desde el momento en que, al abstenerse, se sometió al PP. La promesa de que eso era a cambio de estabilidad y tener una oposición dura es falsa. Un PSOE en el estado en que se encuentra no puede articular oposición alguna pues unas elecciones anticipadas lo dejarían en los huesos y cargado de deudas, sin lugar en dónde colocar a tanto paniaguado como ha ido sumándose a lo largo de los años de una complaciente seudoposición. Es un problema de desmovilización de una clase política que lleva diez o veinte años ocupando cargos. Un problema de "cesantes", al estilo de Pérez Galdós.

El discurso de la iquierda, a fuer de complejo, es más difícil de articular. Pero no imposible. La visión de izquierda del PSOE comienza por rescatar el valor de la socialdemocracia de izquierda, la única que ha funcionado y sigue funcionando en los países nórdicos y otros de Europa central. Y es socialdemocracia de mercado, algo posible si todos hacen juego limpio. Junto a ello es iquierda asimismo plantear la cuestión de la forma de Estado, si monarquía o república. Y, por supuesto, proponer la clara y rotunda separación de la Iglesia y el Estado. La Iglesia debe someterse al régimen jurídico ordinario de las asociaciones privadas. La cuestión territorial española solo puede empezar a resolverse negociando un referéndum en Cataluña, como solicita entre un 70 y un 80 por ciento de la población catalana, espera la opinión internacional y los nacionalistas españoles saben que no tienen otro remedio que permitir. 

La cuestión es averiguar cuál es el contenido del giro a la izquierda de Sánchez, que él propone para recuperar el electorado perdido hacia esa orientación. Hasta dónde llega. Hasta dónde a atreve a llegar en un partido con un arraigado nacionalismo español. Sin embargo, esa es la clave sobre la que puede apoyarse un programa de izquierda democrática, un programa socialdemócrata. De no intentarse siquiera, ya sabemos cuál es el inmediato futuro del PSOE: legitimar los disparates que la derecha seguirá haciendo en Cataluña, colaborar en el intento de involución de España. 

Esa es la cuestión en último término: el gobierno considera que el conflicto catalán es un asunto de orden público. Y obviamente no calibra a dónde puede llevarle su decisión. A generalizar la desobediencia y enconar las cosas. Rajoy invita a Puigdemont a la conferencia de presidentes de las CCAA (organismo que, si no yerro, instituyó Zapatero) con el feble, casi irrisorio argumento de que "no se pierde nada". En el caso de Puigdemont, sin embargo, sí se pierde; se pierde el honor pues el catalán ya había anunciado que no acudiría a esa conferencia. Si lo hiciera, incumpliría su palabra. Claro que, para Rajoy, eso es irrelevante. Él carece de ella. Como Hernando.

Tanto huir de la "gran coalición" para encontrarse al final en un miserable contubernio de mediocres y embusteros.

lunes, 24 de octubre de 2016

¿Qué hacer?

Perder una votación es percance frecuente en las democracias. Cuando sucede, lo peor que puede hacer la perdedora es hundirse en la amargura, cuestionar los móviles del ganador, deslegitimar las reglas del juego y vaticinar desgracias sin cuento a la colectividad porque no ganó la parte que, a su juicio, debiera haber ganado.

La abstención del PSOE abre el camino al gobierno de Rajoy (a) Sobresueldos y su partido, esa asociación de presuntos delincuentes que andan de juzgado en juzgado. En esa situación cabe barruntar qué pueda suceder en el futuro a corto y medio plazo. Lo miraremos con respecto al país, al PSOE y a la izquierda en general.

Respecto al país, afirman los socialistas que ahora, desbloqueado el gobierno, el PP, en minoría parlamentaria, tendrá una legislatura muy difícil porque habrá una oposición intransigente del PSOE que no pasará ni una. Pero eso es una quimera. Habiéndose abstenido pretextando "razones de Estado", el PSOE se convierte en rehén de la derecha. Si desbloquear el gobierno era asunto de Estado, también lo será aprobar los presupuestos e igualmente cualquier decisión que tome el gobierno respecto a Cataluña, asunto en el que PSOE está unido al PP como dos hermanas siamesas. ¿Y qué queda? Para los otros aspectos, políticos, económicos, sociales, el gobierno se valdrá del Senado y el Tribunal Constitucional a fin de yugular cualquier propuesta que venga de la izquierda. En realidad, al abstenerse, el PSOE se ha convertido en el rehén de su adversario.

Porque este dispone de una amenaza que es un verdadero chantaje: o seguís apoyando en nombre del interés de Estado o hay elecciones anticipadas en enero, en marzo, en mayo, cuando Rajoy quiera. Así que, de oposición intransigente, nada. La bancada socialista no será de estricto aplauso a la derecha, pero le faltará poco. Tendrá que avalar la política del PP en su agresividad a Cataluña y secundarlo por el camino que lleva al conflicto institucional, la hostilidad más aguda y la ruptura del país por su incapacidad (la de ambos, a fuer de nacionalistas españoles) de encontrar una solución acordada con los independentistas catalanes.

En cuanto al PSOE como partido, los perdedores de la votación de hoy ya debieran estar trabajando para dar la vuelta a la actitud de la organización y reconstruir esta, poniéndola de nuevo en marcha, si quieren tener alguna perspectiva de recuperación. Eso significa que habrán de convocar un congreso extraordinario cuanto antes y dirimir la cuestión que aquí ha quedado en cierto modo aplazada y que tiene algo que ver con la ideología. No mucho, pues de fondo ideológico le queda al PSOE tanto como dinero a la hucha de las pensiones luego del paso por ella de estos buitres peperos. Y, sobre todo, tendrá que convocar primarias y dotarse de un líder y candidato. Si quiere recuperar algo de la centralidad perdida con este desastre provocado por sus dirigentes más reaccionarios, tendrá que encontrar un candidato o candidata de consenso, cosa nada fácil, como están las cosas. Pero sin nadie capaz de reunificar su partido, es poco probable que este consiga mantener la delantera frente a Podemos y no se produzca el famoso Sorpasso.

Y eso lleva a la consideración de la izquierda en general. Podemos tiene ahora el campo expedito para constituirse en oposición real al PP (aunque tampoco lo tengo claro respecto a Cataluña) y aspira a materializar el dicho Sorpasso. Está en su derecho. Palinuro siempre ha dicho que en la política, como en el mercado, si quieres conservar tu puesto, debes defenderlo frente a quienes, muy legítimamente, aspiran a desplazarte. Nadie tiene derecho a nada por providencia divina, sino a ganárselo defendiéndolo.

Pero la situación de la izquierda es más complicada y grave de lo que augura una visión superficial del Sorpasso, según la cual Podemos adelanta y, con eso, substituye al PSOE. Quizá suceda, pero seguirá sin ser suficiente. Podemos puede ganar al PSOE, pero no porque él mismo suba mucho en votos, sino porque el PSOE pierda mucho más. Es poco avisado presumir que las decenas de miles de votos que van a dejar de ir al PSOE vayan sin más a Podemos. El voto de la izquierda no es tan elástico. Los electores de ambos son muy distintos, como lo son ellos mismos, los dos partidos. 

Podemos es un trasunto de IU con elementos florales y mediáticos muy efímeros. El PSOE, un partido socialdemócrata clásico. Sus electores pueden abandonarlo y probablemente lo harán en masa. Pero no será para ir a Podemos. Este representa la mentalidad radical, con sus puntos de demagogia populista y espectacularidad mediática que lo confina a una franja reducida del electorado, cosa que ya está comprobándose y se comprobará más en las próximas elecciones. Cabría que en su seno se impusiera una actitud menos bizarra y una mayor capacidad de diálogo y pacto; cabría que su discurso fuera más realista en una sociedad compleja. Pero el problema es que, para que este discurso sea creíble es necesario, no que el PSOE esté en minoría, sino que haya quedado destruido. Mientras eso no suceda, los votantes del centro izquierda y la izquierda moderada, cuando se les dé a elegir, seguirán prefieriendo al PSOE.

Resumen: hay derecha para mucho tiempo.

miércoles, 12 de octubre de 2016

El vacío de poder en España

Dicen los medios imperiales que las autoridades, la clase política en su conjunto en Madrid hizo el vacío a Puigdemont cuando este llegó a la Villa y Corte a exponer su punto de vista y pedir una negociación sobre el referéndum catalán. No es del todo exacto. En Madrid hay un gobierno en funciones que no gobierna y una oposición provisional, a cargo de una Comisión gestora que no se opone. O sea, no hay gobierno ni oposición. Hay un vacío. La ausencia de miembros del gobierno y personalidades políticas simplemente intentaba trasladar al lugar de la conferencia de Puigdemont la situación en que vive el país desde diciembre de 2015. Y como ya se sabe que la naturaleza tiene horror al vacío, el lugar se llenó en cambio de una nutrida representación del cuerpo diplomático europeo (y no solo europeo) acreditado en Madrid. Según los nacionalistas españoles (del gobierno y de la oposición) a nadie interesa lo que venga a decir a la capital el independentismo catalán. Según los embajadores presentes sí interesa en Francia, Inglaterra, Holanda, Suecia, etc. A cualquiera se le alcanza que es una táctica verdaderamente inepta. De eso va mi artículo de hoy en elMón.cat, cuya versión castellana incluyo aquí:

La mejor defensa es una buena huida


La visita de Puigdemont a Madrid, nuevo episodio del desencuentro entre el gobierno español y el de la Generalitat. Más que con el gobierno, el desencuentro es con el sistema político español en su conjunto. En el auditorio, en la sala, ni un miembro del gobierno, ni dirigente de su partido, ni del PSOE, salvo Gabilondo, nadie de C’s y nadie de Podemos, aunque luego almorzaran juntos los jefes, a modo de desagravio culinario. Es como si, en lugar de llegar a la capital y corte un presidente de una Autonomía en la que hay un proceso independentista en marcha, fuera un leproso llamando a las puertas de una ciudad. Nada de recibirlo, nada de tocarlo, ni escucharlo.

Pero Puigdemont no fue a Madrid a predicar en el desierto. Aunque a las autoridades no parezca interesarles qué tenga que decir el presidente de la Generalitat sobre el contencioso territorial más grave a que ha enfrentado España en mucho tiempo, había una nutrida representación del cuerpo diplomático, tanto de la UE como de fuera de ella. Le habrá costado un berrinche al ministro de Exteriores, pero allí estaban los embajadores de Gran Bretaña, Francia, Irlanda, Holanda, Bélgica Dinamarca y Suecia y otros. Con ello se envía un delicado aviso a los gobernantes y a la clase política española, muy nacionalista: los países europeos están ojo avizor con lo que suceda en Cataluña. Será difícil que pretexten asuntos internos si el conflicto toma aires poco tranquilizadores. No estamos jugando al parchís; estamos jugando con la estabilidad y la seguridad de la gente. Ningún gobernante despreciaría la ocasión de informarse de primera mano de los planes de su adversario o de medirse dialécticamente con él en público. Bueno, si es español, quizá sí.

Esta estridente disonancia, esta falta de cortesía y de talante democrático es patente. La tradición en Madrid es que el poder no transige, no negocia, no pacta. Se impone y ya está. Para ello se invoca la ley que, aparte de ser interpretable, es un puro juguete en manos del poder político orientado en contra del independentismo catalán. El mensaje que envía esta ausencia, mezcla de desplante y huida es de inseguridad, desconcierto y soberbia herida. ¿Cómo vienen estos catalanes en el siglo XXI a agitar espantajos del XIX?

Justamente, esa deserción colectiva invita a la consabida comparación con el avestruz que esconde la cabeza bajo tierra ante el peligro, una historia muy injusta con las avestruces pues en modo alguno hacen esa tontería, como no la hace ningún animal, sabedores de que no interesa perder de vista al enemigo. Los animales, no, pero la derecha, sí. ¿Qué Puigdemont va a Madrid como Moisés bajaba del Sinaí con las tablas del referéndum de la época? Con no estar allí, ojos que no ven y oídos que no escuchan no tienen por qué darse por enterados de lo que aborrecen y temen o temen y aborrecen al tiempo.

Pero los diplomáticos tomaron buena nota y ya habrán informado a sus cancillerías de que el líder independentista catalán se ha presentado en Madrid con ánimo conciliador y una propuesta de negociarlo todo. Excepto la celebración del referéndum en sí misma. Es referéndum sí o sí y dentro de uno de los síes está negociar todos los aspectos de pregunta, cómputo de votos, requisitos de participación, plazo para la celebración de un referéndum subsiguiente, etc. Si no hay nadie del gobierno español, ni siquiera de la oposición para darse por enterado, está claro que la contestación a las propuestas de Puigdemont solo puede entenderse como un “no”. “No” por ausencia, por deserción, por huida, pero “no” al fin y al cabo. Y ese “no” quedará apuntado en el haber del independentismo y en el debe español a la hora de sopesar los argumentos de una y otra parte ante alguna instancia neutral.

En el proceso de internacionalización del conflicto, que los independentistas llevan muy adelantado, han ganado importantes bazas a la hora de suscitar opinión popular e institucional en los países europeos. Los independentistas catalanes suman; los nacionalistas españoles restan.

Al no haber asistido ningún miembro del gobierno, este no se sentirá obligado a hacer siquiera mención de la presencia del Presidente de la Generalitat en Madrid y menos una declaración. Puigdemont se ha presentado en el palenque, pero el adversario no ha comparecido. Es un misterio cómo piensa el PP y el gobierno de Rajoy si, por fin, los socialistas lo hacen presidente, que se recoge la información, se intercambian las opiniones y los criterios si no es dialogando siempre que se tenga oportunidad.
Ya se ve: no hay interés por saber, informarse, discutir, negociar, llegar a un acuerdo. Lo hay por vigilar estrechamente, reprimir, procesar, quizá encarcelar. Y así hasta el fin de los tiempos. Es obvio que ningún país puede sobrevivir a la larga con un enfrentamiento de este calibre en su interior. Es obvio para todo el mundo excepto para el nacionalismo español que hay se alimenta de sus dos fuentes principales, la derecha y la izquierda.


lunes, 4 de julio de 2016

El Mediterráneo

Es tranquilizador saber que el Mediterráneo lleva muchos siglos descubierto. De no ser así viviríamos en continua zozobra cada vez que alguno de estos estrategas de la ciencia del poder, pensara que lo ha descubierto él solo. Las continuas invocaciones a la calma dentro de Podemos atemperan el nervioso análisis de las causas de su derrota. El caso es hacer todo tipo de equilibrios para no dar con la más obvia de que quienes no te han votado es porque no te quieren. Todavía quedan Mediterráneos cuyo descubrimiento sembrará de luz el camino del futuro.

En la cresta de la más reciente ola de negar que el resultado del 26J haya sido una derrota para la formación morada cuando, en verdad, ha sido un triunfo resplandeciente, Iglesias sostiene que, en definitia, no pasa nada, que ahora toca estar en la oposición pero, dentro de poco habrá otra cita electoral que esperan ganar. Ganar, perder; perder, ganar. Eso es lo único que importa a estos teóricos políticos de Juego de Tronos cuya elemental cháchara pone al desnudo sus más ocultos deseos. Iglesias se ve en la oposición y, para aliviar su disgusto, descubre el Mediterráneo asegurando que eso es lo normal en un sistema parlamentario: hoy en la oposición y mañana en el gobierno. Estupendo. Eso quiere decir que no piensa formar gobierno en modo alguno, es decir que no quiere un gobierno de progreso o de izquierda a favor de los que va cantando por las esquinas. ¿O debemos decir que no quiere que el PSOE puede formar gobierno bajo ningún concepto?

Mediterráneo: hoy en la oposición, mañana en el gobierno. Pero ese mañana son cuatro años. Cuatro años de gobierno de esta derecha corrupta, ladrona, neofranquista y ultrarreaccionaria. Bueno, eso a él no le afecta. Afecta a la gente, sí, que las pasará canutas otros cuatro años cuando esto se pudo evitar simplemente formando un gobierno de izquierda después de las elecciones de diciembre y aun se puede evitar formándolo ahora. Algo sin interés. Es verdad que cuatro años más de esta ignominia, de esta vergüenza de inútiles apandadores que pasan más tiempo en sus cuestiones procesales que en las políticas, a los jefes de Podemos no les afecta gran cosa y solo afectan a la gente. Pero ¿quién es la gente? Obvio, la materia prima de que está hecho el populismo redentor. Pero solo cada cuatro años. Ahora toca disolverse y prepararse para la victoria en cuatro años más manteniendo sobre todo firme la unidad del partido.

Que eso sea una quimera no se le alcanza a quienes han sustituido la experiencia de la que carecen por la voluntad bolchevique de asaltar los cielos en segundas o terceras instancias o nupcias. Ya hay un inevitable enfrentamiento entre Garzón y Errejón que, además, tiene toques de inquina personal muy fuerte. En IU, mar de fondo (que no tardará en convertirse en tormenta) al ver que la función de comparsa en Unidos Podemos no da mayor visibilidad a la organización sino que la sumerge en el olvido y la irrelevancia. Para animarla, este enfrentamiento dialéctico entre los dos números doses de UP: el genuino, fábrica de la casa, Errejón, con su culteranismo gongorista y gramsciano que cada vez es más cómico, y el adoptado o asimilado, Garzón, con su habla aparentemente ingenua, pero henchida de soberbia intelectual, alimentada en la convicción de la infalibilidad de las doctrinas marxistas.

Todavía se descubrirán más Mediterráneos, pero Podemos es ya una jaula de grillos. Y todos bastante pedantes.

lunes, 13 de junio de 2016

Ayer en Nou Barris

Lo que más me gusta de Palinuro es su prudencia y moderación. Limitarse a llamar "estúpida" a una derecha franquista gobernante que ha conseguido multiplicar por dos y medio la cantidad de independentistas y poner a Cataluña a las puertas de la independencia es un acto de caridad. "Estúpidas" es lo menos que puede llamarse a unas gentes que tenían el mandato expreso de su caudillo de preservar la unidad de España y han conseguido deshacerla. Al menos así se lo sollozó el moribundo Franco, sobando la mano del posterior Rey Juan Carlos, a quien él mismo había proclamado monarca con la innegable autoridad que le daba haber asesinado a cientos de miles de sus compatriotas.

Porque esta derecha, heredera ideológica y biológica de Franco, además de su irresistible tendencia a trincar todo lo que pueda de los fondos públicos y de corromper el conjunto del funcionamiento de las instituciones, no tiene nada más en la cabeza que mantener la "unidad de España" y rezar una tanda de rosarios a algún santo de su devoción.

Gracias a ella el país no se mueve desde hace trescientos, cuatrocientos años porque, como el loco del chiste que va en sentido contrario por la autopista, cree que los que están equivocados son todos los demás. El mundo no camina hacia el progreso, la ciencia, la tecnología, la igualdad de las personas, la ilustración, la emancipación y el autogobierno sino que camina en el sentido siniestro de Trento, que es el que le gusta, hacia atrás, hacia la superstición, el primitivismo, la desigualdad y el privilegio, el oscurantismo, la supeditación, el vasallaje. 

Esta derecha es la esencia misma de España. Por eso gana elecciones. 

Por eso España no tiene arreglo y, si los republicanos queremos la República que nos fue arrebatada por la sinrazón y el crimen, tenemos que hacernos catalanes. Porque Cataluña es la única oposición real al neofranquismo español actual mansamente aceptado por todos los partidos españoles.

miércoles, 25 de mayo de 2016

El Estado franquista

Mi artículo de hoy en elMón.cat, titulado Esto no tiene arreglo. Brevemente dicho: "esto" es España. España no tiene arreglo. Creíamos que con la transición, buena, mala o regular, se había terminado el franquismo. Ilusos. El franquismo sigue tan sólido, ladrón y criminal como siempre. Y está aquí, ahora mismo. Llenándose la boca de ley, Constitución, democracia y Estado de derecho mientras sus esbirros se llenan los bolsillos de euros que roban de todas las arcas públicas y largan sus habituales memeces sobre el peligro de lo público y la necesidad de privatizarlo, por supuesto en interés de los capitalistas, los empresarios, los financieros, los banqueros y, como estamos en España, de los curas. La gente se deja engañar por la cháchara del Estado de derecho. Los franquistas bordan estas mentiras: allá por los años sesenta del siglo XX, los sectarios del Opus, fieles servidores de la dictadura, estilo López Rodó, lanzaron la menguada idea de un "Estado de derecho administrativo", una quimera, un vertebrado gaseoso, una mentira más... que no prosperó porque al delincuente que entonces gobernaba el país, cualquier Estado de derecho le sobraba. Él confiaba en los militares, los policías, la guardia civil, los curas y los plumíferos a sueldo.

A aquel "Estado de derecho" del Opus le faltaba una Constitución. En 1978 consiguieron una. Hubieron de aguantar unas legislaturas socialistas en las que fue más el ruido que las nueces y, por fin, en 2011, tras una campaña de abusos, demagogia anticatalana y mentiras, consiguieron el poder por mayoría absoluta. Los cuatro años posteriores, las que acaban de pasar, fueron cuatro años de franquismo. Dicen los especialistas que hoy, más de 65% de la población nació después del franquismo y no saben cómo fue. Claro que lo saben: así. Un Rey puesto por Franco, un presidente del gobierno que es un inepto y un presunto corrupto cobrador de sobresueldos al que ni le interesa la política ni entiende de ella. Un partido, el PP, que es una banda de ladrones, unas instituciones -legslativo y judicial- sometidas a la voluntad omnímoda del mangante de La Moncloa, una legislación represiva y feroz, una Iglesia omnipresente que vive a costa de los fieles a todo lujo y la gente en el paro, explotada, empobrecida o emigrada. El franquismo.

¿Tiene arreglo? No, porque la oposición (PSOE, Podemos, IU, etc) ya ha dado muestra de ser otra manga de incompetentes a quienes no importa tanto librar a la gente de esta pesadilla de ladrones, como conservar sus sueldos, puestos y canonjías personales. Como saben que, pase lo que pase, tanto si perden como si ganan, ellos, los cogollos oligárquicos de los partidos, los enchufados y paniaguados, amigos, parientes o deudos de los jefes, tendrán sus asientos -y sueldos- garantizados, no hacen nada por ganar. Y a la gente que le den. Si estos cinco inútiles que se presentan -Rajoy, Sánchez, Iglesias, Rivera, Garzón-, incapaces de acordar un gobierno de coalición hace dos meses supieran que, si perdían las elecciones perderían también sus salarios, seguro que actuarían de otra forma, se unirían y ganarían. Como están las cosas, eso es imposible.

Así que "esto" no tiene arreglo. Los franquistas saben que ganarán y las "oposición" sabe que perderá pero todos tendrán sus sueldos cuatro años más. Aquí no se mueve nada. Así que, no me extraña que los catalanes quieran irse de una vez y que aprovechen el vacío de poder de esta pavorosa confluencia de incompetentes en España para constituir su República Catalana. Yo haría lo mismo. Es más, espero poder hacerlo.

Aquí la versión en castellano del artículo:

Esto no tiene arreglo

El episodio de la prohibición de la estelada en la final de la copa del rey tiene dos interpretaciones; una anecdótica y la otra estructural. La anecdótica está ya agotada. El ridículo de la falangista delegada del gobierno en Madrid ha sido épico, imperial.

Vayamos a la interpretación estructural. Que la delegada del gobierno en Madrid sea una franquista, hija de un falangista patrono de la Fundación Francisco Franco evidencia una vez más que todo el personal político de la Dictadura sigue activo, a través del PP. Este no es un partido de centro-derecha, sino de extrema derecha, así como una presunta asociación de malhechores hoy conminada por la justicia a pagar una fianza so pena de embargo. Los franquistas siguen en todos los puestos de la administración pública, en el gobierno, en los tribunales, en la policía, en las embajadas, en el Tribunal Constitucional, el Consejo de Estado, la Iglesia católica. Basta con escuchar a obispos como Cañizares.

El estado español se ha democratizado formalmente, pero estructuralmente sigue siendo franquista, sus administradores son franquistas y sus, publicistas e intelectuales en los medios de comunicación, franquistas de distintas obediencias: monárquicos, falangistas, opusdeístas, militaristas y simples logreros y ladrones. Ha habido unos lapsos en que se han tolerado administraciones socialdemócratas siempre que estas no pasaran de cambios cosméticos y superestructurales y no se atrevieran a tocar las raíces del poder de la oligarquía franquista.

En consecuencia, en España todo está politizado al servicio y por imperativo del franquismo. Cuando los publicistas al servicio del franquismo dicen que “no se politice la copa del rey” ocultan que esa copa se llamaba antes “del Generalísimo” y que ese generalísimo puso en el trono despótica y arbitrariamente al padre del actual rey . En consecuencia, este debe su puesto a un dictador. Por lo tanto, todo lo que este rey toca o lo que le afecte está politizado y con la peor de las politizaciones: la de una dictadura que aún no ha respondido ni pedido perdón por sus crímenes, empezando por el asesinato de Lluís Companys.

Nadie ha dimitido por el ridículo bochornoso de la falangista Dancausa. Los franquistas no dimiten porque en su mentalidad los políticos no están al servicio del pueblo ni tienen por qué rendirle cuentas ni son responsables ante una opinión pública. Son como los camaleone: cambian de color según la apariencia del régimen de turno; se adaptan a las formas de la democracia, pero las corrompen y destruyen desde su interior. Se presentan a las elecciones, pero las compran mediante la corrupción. Hablan de la opinión pública, pero la censuran y solo toleran sus gabinetes de agitación y propaganda, con esbirros a sueldo. Ocupan los cargos de la administración pública, pero solo para expoliar el erario. Jamás dimiten porque, como el caudillo antaño y el actual de La Moncloa, solo son responsables ante Dios y la historia.

Se dirá que este cuadro ignora que en España hay elecciones democráticas periódicas y que la mayoría puede cambiar esta bochornosa situación que, así, dejaría de ser estructural. Esto ignora que el personal franquista, el franquismo sociológico, los herederos biológicos e ideológicos del franquismo así como sus beneficiados, siguen siendo mayoría en los sondeos; mayoría relativa, pero mayoría.

Pero, aunque la mayoría cambiara de bando alguna vez, está claro que un país no puede vivir en la incertidumbre de si unas nuevas elecciones no volverán a traer una mayoría de franquistas, contraria a los principios democráticos más elementales, compuesta por censores, autoritarios, provocadores. Una democracia en la que no todas las alternativas posibles (y probables) sean escrupulosamente democráticas, aunque de signos ideológicos distintos, será una democracia enferma, como le sucedió a la República de Weimar.

Y hay más, en el caso de los catalanes, una minoría a su vez estructural en el Estado español, la probabilidad de que, sea cual sea la mayoría que gane en España, será más o menos anticatalana no es una probabilidad; es una certidumbre. Los catalanes no pueden aspirar a blindar una situación real, efectiva y justa de autogobierno dentro del Estado español porque, como los españoles, están sometidos al albur de las cambiantes mayorías entre franquistas y no franquistas pero con consecuencias mucho más desastrosas para ellos.

Eso solo pueden conseguirlo con un Estado propio, cosa que ya nadie discute. Lo que se discute es cómo y cuándo.

jueves, 22 de octubre de 2015

Final de la farsa.


Despedida y cierre de este esperpento. Lo que empezó con un plasma, termina en divertida bronca parlamentaria. Entre medias ríos de mentiras en todas sus manifestaciones, en las políticas adoptadas o no adoptadas, en las estadísticas de todo tipo y condición, en las declaraciones formales e informales y en las respuestas escritas y orales. Todo embuste y embeleco en mitad de un clima de corrupción que supera lo imaginable hasta en una novela que fuera compendio de la picaresca nacional. Empezando por el hecho, absolutamente vergonzoso, de que el presidente cargue los costes de la dependencia de su padre al erario mientras se los niega a la ciudadanía. Cuatro años festoneados de una serie de ridículos internacionales de Rajoy verdaderamente hilarante: aislado en las reuniones internacionales como si tuviera la peste, intentando pescar algo en inglés, paseando con Merkel haciendo como que habla en play back, balbuceando incongruencias en las ruedas de prensa.

Rajoy ha comparecido a cerrar de hecho la legislatura recordando la herencia recibida hace cuatro años y contraponiéndole una España actual recuperada, rozagante y locomotora del mundo desarrollado. Por supuesto, mentira. Como siempre. Mentira que ha tratado de colocar en Bruselas con unos presupuestos no a medida de las necesidades del país sino de las suyas electorales, que es lo único que le importa. Las mentiras ya ni escandalizan. Solo despiertan curiosidad sobre cómo se puede mentir tanto y tan alegremente. Muy sencillo, porque a este gobierno y su presidente la opinión pública no les importa nada.

¿Y a la oposición? Sánchez ha contestado a Rajoy acusándole de mentir y de amparar la corrupción. Pero no de una u otra mentira sino de la mentira sistemática, del embuste como forma de gobierno. Pues sí, efectivamente. Pero no parece que el socialista entienda el alcance de lo que dice. Un gobierno basado en el embuste sistemático es un gobierno que ha degradado el sistema democrático y constitucional español (sea este cierto o fingido) y lo ha convertido en una farsa. Farsas las ruedas de prensa sin preguntas, las apariciones plasmáticas y las asnales doctrinas del presidente mundo adelante de esas de que un plato es un plato y un vaso, un vaso. Farsas las comparecencias posteriores a los consejos de ministros que utilizan estos y la vicepresidenta para atacar a sus adversarios que, por supuesto, no pueden defenderse. Farsas los programas de debates televisados en los que todos vociferan en el mismo sentido. Farsas las relaciones del gobierno con el Poder Judicial en el que interfiere continuamente.

Y, sobre todo, lo que más debiera interesar a Sánchez, farsas las sesiones parlamentarias en las que la oposición no puede hacer literalmente nada salvo aplaudir. Y la oposición ha aplaudido,  transigido, ha tragado durante cuatro años desprecios, ninguneos y humillaciones. Ha claudicado. Ni siquiera ha sido capaz de presentar una moción de censura a un gobierno absolutamente desacreditado e incompetente, sumido en la corrupción.

domingo, 6 de septiembre de 2015

La desgracia de España.


Es un triste sino que en el momento probablemente más grave de su historia reciente, a las puertas de un crisis que puede acabar con su existencia, España esté gobernada por un tipo suma de todos los vicios y defectos personales de los seres humanos y de los gobernantes españoles de la peor especie; un tipo mendaz, intelectualmente nulo, desconfiado, sin escrúpulos, corrupto, fanfarrón, embustero, falso, ignorante y rencoroso.


Su tarea ha sido destrozar el país que recibió, aniquilar su Estado del bienestar, destrozar la sanidad y la educación pública, desmantelar los derechos de los trabajadores para que aumente la tasa de beneficio del capital, paralizar la administración, descapitalizar y destruir los servicios públicos para privatizarlos después, dejar desasistida a la población dependiente, enviar a los jóvenes a la emigración, saquear la hucha de las pensiones y dejar a los jubilados actuales o próximos sin futuro.

Y todo ello mientras tanto él como sus compadres de partido se han enriquecido cobrando sobresueldos o saqueando las arcas públicas durante años a través de una serie de delitos, desde la apropiación indebida a la malversación de caudales públicos, falsedades y todo tipo de latrocinios en el reinado de la corrupción. Un gobierno y un partido repletos de enchufados, corruptos y presuntos delincuentes, muchos de los cuales, pero no todos ni como debieran, están desfilando por los juzgados. 

En numerosas ocasiones de su triste historia España ha estado gobernada por estúpidos, incompetentes y ladrones. Pero no me parece que jamás se haya dado una confluencia como la actual, con una asociación de presuntos malhechores dotados de un poder ilimitado, producto de su mayoría parlamentaria absoluta. Un gobierno protegido además por una batería de medios públicos y privados, todos ellos a su incondicional servicio y repletos de comunicadores pagados con dineros públicos para mentir, provocar, falsear y distorsionar sistemáticamente la realidad.

La esperanza de estos sinvergüenzas, heredada de la época dorada de la dictadura, que es el régimen que añoran, es que, al haber controlado todos los medios de comunicación y no tener reparos a la hora de adoptar leyes represivas y autoritarias que impidan la crítica, la protesta, la libertad de expresión cuenten con impunidad y puedan salirse con la suya. La idea es presentar una realidad falsa y como recuperación del país lo que no es otra cosa que su hundimiento.

Cuentan con la inestimable ayuda de una oposición mayoritaria, socialista que, más que oponerse, coadyuva al desastre porque por omisión, dejadez o incompetencia, no es capaz no ya de controlar los desmanes de este gobierno franquista sino de elevar la voz crítica. Una oposición que, en el fondo, es cómplice, que lo fue con Rubalcaba y lo es en mucha mayor medida con este Sánchez, incapaz de presentar una moción de censura a un gobierno que ha destruido el país y que, en el colmo del dislate, se apresta a aprobar los presupuestos del Estado prácticamente sin debate para que le dé tiempo a convocar elecciones en las vacaciones de Navidad y eso si las convoca. 

Porque si el gobierno es una vergüenza según todas los usos del Estado democrático de derecho, la oposición del PSOE no le va en zaga.

Y justo en el instante en que un movimiento independentista fuerte como jamás ha cuajado en Cataluña, bajo la dirección de unos partidos y grupos que han tenido la sabiduría y la decisión de aunar esfuerzos para desvincularse de este Estado español, incapaz de modernizarse, hacer frente a la crisis y sobrevivir por estar administrado, como siempre, por una banda de incompetentes y presuntos ladrones.

El movimiento independentista catalán es la única manifestación libre de sentir popular que este gobierno inenarrable no puede controlar. Es la opción democrática viva en el Estado español, la única que la banda de presuntos chorizos con el sobresueldos a la cabeza no puede sofocar ni ocultar. La única que se mantiene digna frente a las maniobras y engañifas no solo de las fuerzas del gobierno y su partido sino también del conjunto de la oposición, socialistas, comunistas y neocomunistas, que forman vergonzante causa común con aquel para mantener el país en un estado de sojuzgamiento que no tiene perdón.

Por eso merece ganar.

martes, 1 de septiembre de 2015

La contrarrevolución en marcha.


Empezaron enviando a la Guardia Civil, a ver si podían hundir a Convèrgencia y, con Convergència, la lista conjunta y con la lista conjunta, el movimiento independentista catalán acusándolos de corrupción, algo en lo que el gobierno, su partido y el sobresueldos que los dirige tienen máxima nota y muchos trienios.

Muy mal han de venir los sondeos que el PP encarga en secreto con nuestro dinero para que no se haya "filtrado" en agosto ninguno de esos que augura la derrota del Sí. El paso siguiente fue encargar a Felipe González una carta comparando a los independentistas con los nazis y los fascistas. No con los franquistas, claro, pues se podría descubrir el sucio truco de condenar a las víctimas llamándolas victimarias. Una carta vergonzosa que El País, otro pecio de indignidad de lo que antaño fue un periódico decente, trompeteó a los cuatro vientos, ganándose de paso la subvención de la cuadrilla de facinerosos y más desprecio (si cabe) de la gente libre de este país.

La vicepresidenta del gobierno gorgojeó a continuación su gran aprecio por la carta de González. En otro tiempo, el espaldarazo de esta ratita hacendosa, cobradora presunta de sobresueldos dudosos, hubiera sido un desdoro. En otro tiempo. No tardó en salir Aznar, símbolo del encanallamiento político español más hondo, a dar unas palmaditas satisfechas en el lomo de González por la carta y, de paso, una colleja, al recordarle que con la epístola se limitaba a enmendar yerros pasados. Y Felipe González, el gran líder de la renovación española, depositario de una tradición de la izquierda, callado y con los ojos bajos. Una humillación mucho mayor de la que puedan haber sentido los independentistas catalanes a quienes el presidente de honor del PP trata con el desprecio y la chulería de cuarto de banderas que acostumbra. Mucho mayor porque estos independentistas se han enfrentado a este rancio franquista amenazador con una gallardía de la que González carece.

A su vez, el presidente de los sobresueldos decidió, con su perspicacia habitual, internacionalizar la cuestión catalana, metiendo la pata, como acostumbra, según señaló ayer Palinuro en su post sobre la revolución catalana. Para arreglarlo ha convencido hoy a Frau Merkel para que le eche una teutónica mano, advirtiendo al personal de la perogrullada de que los tratados y la ley han de cumplirse. Lo que no le ha dicho a su amiga (y, por tanto, la ha engañado, como siempre que habla con alguien) es que esa ley que hay que cumplir, el primero que no la cumple es él. Y no solo que no la cumple sino que, cuando le molesta, simplemente la cambia de un plumazo por medio del rodillo parlamentario de que dispone compuesto por diputad@s ovin@s a l@s que basta con despertar de un codazo para que voten lo que se les diga. Que para eso se les paga. Y se les repaga. Y se les sobrepaga. Y se les deja hacer asesorías verbales cuando los pagos, repagos y sobrepagos no les parecen suficientes.

El atropello viene ahora por vía de una reforma exprés del Tribunal Constitucional, apañado por los miembros más franquistas y catalanófobos del PP con el fin de proceder contra Mas y yugular el proceso catalán con una apariencia de legalidad. En realidad, un berrido de jayanes de taberna, lo que son los Albioles y Hernandos y otros finos juristas, perfectamente inútil por tres razones: 1ª) porque, por motivo de forma y contenido, la propuesta es inconstitucional; 2ª) porque es ociosa pues el ordenamiento jurídico ya pone a disposición del gobierno -incluso uno tan incompetente y corrupto como este- los medios precisos para conservar la legalidad; y 3ª) porque nada puede conseguir que un Tribunal Constitucional, presidido por un militante del PP y enchufado directo del presidente, adquiera una autoridad y prestigio de los que carece y menos que nada este último atropello.

Pero, claro, el atropello no pretende justificarse jurídicamente, sino que es una argucia política. Al presidente de los sobresueldos le importa una higa lo que pase en Cataluña en donde ya sabe que nadie va a votarlo. Lo que le importa es ganar votos en España a base de mostrarse duro, recio, íntegro, español, con los catalanes. Eso, calcula él, paga en votos y, al tiempo, deja hecha unos zorros a la oposición de izquierda, que ya no sabe que hacer.

Y no le falta razón. ¿De qué le sirvieron sus jeremiadas a González? ¿De qué el españolismo impostado de Iceta en Cataluña? ¿De qué las patochadas e inmoralidades de Sánchez gritando "¡más España!", como si fuera Millán Astray, o envolviéndose en la rojigualda o, vergüenza inmunda, yendo a manchar el monumento a Lázaro Cárdenas con la bandera contra la que el expresidente mexicano luchó toda su vida? De nada. Enésima lección de que el acobardamiento, el apaciguamiento, la miseria moral frente a la oligarquía española y otras especies de chulos mesetarios no paga.

Ya es tarde. En medio del griterío bravucón de estos franquistas neoliberales o nacionalcatólicos, el PSOE no tiene tiempo (ni su gente categoría intelectual) para tratar de explicar al electorado español las posibilidades de un enfoque distinto, dialogante, negociador que, con buena voluntad y respeto a los derechos de los pueblos, apunte a una posibilidad de solución que no sea un trágala perro. Y para su bochorno tendrá que uncirse al carro de la derecha más bestial y beber todas las cicutas de lo que vaya a pasar porque, como es de suponer, los independentistas no cederán (ni tienen por qué) y la confrontación entrará en una vía de "fuera terceros".

Y a la llamada izquierda transformadora, en su versión tradicionalmente anguitesca o en la nueva de los rollos podémicos, ya ni merece la pena referirse. Muda de terror y espanto ante un conflicto que ha demostrado su vacío estratégico y su perfecta inutilidad, solo aspira a que el viento de la historia pase y no le desmantele el chiringuito seudo-radical.

El duende del proceso seguirá informando.

miércoles, 26 de agosto de 2015

El esperpento sigue.

"Es un fin de ciclo y mandato de esperpento hispánico", decía Palinuro hace unos días en un post titulado Final del esperpento. A la vista del debate de ayer sobre los presupuestos generales del Estado para 2016, tiene uno la impresión de que Palinuro se quedó corto. Este final de legislatura es sencillamente inenarrable, tanto por lo que sucede en el escenario del Congreso como por lo que pasa fuera de él, en la calle, en los medios. El epitafio lo puso el diputado de ICV, Joan Coscubiela, haciendo honor a su fama de orador contundente: "Esta legislatura termina como empezó: con un gobierno mintiendo a los ciudadanos". Y riéndose de ellos, añadimos.

El responsable último de esos presupuestos no ocupó la tribuna para defenderlos. La oposición lo acusó de cobardía por no hacerlo. Cobardía o cerrazón y desprecio enconado por la obligación de los gobernantes de informar de sus decisiones; o simple gandulería. Tales son los datos del personaje y cualquiera puede ser válido. Desde el punto de vista de la cortesía parlamentaria es inadmisible que alguien se empeñe en aprobar unos presupuestos con unas elecciones a escasos meses en las que es muy posible que no revalide el cargo. Resulta así que, quien ocupe su puesto ahora tendrá que perder el tiempo cambiando las cuentas que, entre otras cosas, son un desastre y no sirven para nada porque se han redactado pensando en ganar las elecciones a toda costa. Más que unos presupuestos, son un programa electoral, cosa reconocida por el ministro Montoro, que ofreció ayer uno de esos espectáculos de soberbia, arrogancia y matonismo parlamentario que tan bien se le dan.

Sánchez que fijó como único interlocutor al presidente del gobierno, sentado en su escaño y no al ministro interviniente, a quien ninguneó, dictaminó que Rajoy solo busca adherirse al cargo. Eso es obvio: prolonga las elecciones al máximo y pretende ganarlas haciendo y diciendo lo que sea y mintiendo, como siempre. Porque no habló en la cámara pero sí se despachó largando a gusto en lo pasillos, para la prensa y despejando ya de una vez la incógnita sobre la reforma de la Constitución. La propuesta del PP para esta cuestión esencial es "no". No habrá reformas. Las propuestas esgrimidas por los otros partidos que tratan de contener la secesión catalana quedan así temblequeantes por cerrada falta de quórum.

Es lógico que se aferre al cargo. A la vista tiene en el caso de Esperanza Aguirre los malos tragos que pueden pasarse cuando ya no te ampara el manto de armiño. Ahí anda la buena señora tratando de organizar otro tamayazo en el Ayuntamiento de Madrid para desviar la atención de su responsabilidad (toda) en el expolio de 105 millones de euros a cuenta de un proyecto megalómano, la Ciudad de la Justicia, en el que parecen haberse cometido todo tipo de atropellos y puede que hasta delitos. 105 millones de los contribuyentes empleados en sostener una cohorte de enchufados, en pagar por informes ficticios o en edificar para abandonar acto seguido. 105 millones en una comunidad que recorta en educación, sanidad, investigacion. Y, detrás de este, todos los dislates que hizo la señora durante su mandato en donde intervenía la Gürtel, la Púnica o los especialistas freelancer en esquilmar el erario. Su pasado persigue a Aguirre y acabará por aplastarla. Ese es el ejemplo en el que se mira Rajoy: tiene que ganar porque, si no lo hace, todos los dispendios y desastres de Aguirre parecerán un comportamiento franciscano en comparación con lo que han hcho él y su partido en cuatro años de gobierno con mayoría absoluta

Porque la cuestión es, ¿cómo se atreve un gobierno fracasado en todos los órdenes, con un partido comido hasta el tuétano por la corrupción, a presentar presupuestos algunos? Queda claro, además que, como le acusó la oposición, deja España hecha unos zorros. Quienes se pasaron toda la legislatura hablando de la "herencia de Zapatero", dejan ahora otra peor. Y en todos los campos. Sánchez acusó a Rajoy de haber roto el pacto de Toledo para las pensiones, de haber dividido socialmente el país, de haber esquilmado la seguidad social y de haber provocado un fraccionamiento territorial cuya dimensión se verá el próximo 27 de septiembre y que incluye la posibilidad de una declaración unilateral de independencia en Cataluña.

En resumen, un desastre absoluto que no pueden maquillar la mentiras del gobierno, las fábulas del ministro de Hacienda, los trémolos de la legión de esbirros en los medios. Nadie cree el discurso de la recuperación porque todo el mundo tiene la experiencia directa contraria: el paro no remite, la deuda es agobiante, la productividad no remonta ni ninguna de las magnitudes favorables. Solo aumentan las desfavorables. Y eso lo han conseguido los artífices de "deja que caiga España, que ya la levantaremos nosotros" por su absoluta incompetencia. Del valor de sus ideas testimonia la propuesta insinuada por Montoro de resolver el problema de las pensiones financiándolas por la vía de los impuestos. Dicho por el mismo que promete bajarlos. A esta pavorosa incongruencia mental debe añadirse su cerrada ideología neoliberal, corrompida por las prácticas del capitalismo de amiguetes, su naconalcatolicismo obtuso y su más ajado nacionalismo español basado en la catalanofobia.

Todo eso se ya por descontado. La cuestión es si Sánchez y el PSOE serán capaces de enmendar tanto yerro y tanto destrozo. La izquierda concurre a las elecciones dividida y, por tanto, como ya se ha dicho hasta la saciedad, cortejando la derrota. Un asunto este que tampoco estará claro hasta ver qué sucede en las elecciones catalanas que obligarán a reacomodarse a todo el sistema político español, entre otras cosas porque se comprobará probablemente que Cataluña está libre de él y tiene el suyo propio.

A partir del 28 de septiembre, si la derecha gana de nuevo las elecciones en España toda la izquierda española, la socialdemócrata, la "verdadera" o "transformadora", la innovadora, toda ella, debiera pedir el finiquito.

martes, 11 de agosto de 2015

Una cuestión personal.




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Según el ministro del Interior, el santero Fernández, su reunión con el presunto delincuente Rato fue una cuestión personal. Uno de los hallazgos que el mundo ha de agradecer al movimiento feminista es la afirmación de que "todo lo personal es siempre político".

Más en el caso de estos dos políticos profesionales del mismo partido, el supuesto delincuente y el supuesto inocente; el ministro encargado de que la ley se cumpla y el presunto ladrón tratando de saltársela. Por mucho menos dimitió un ministro de Justicia del PSOE, Mariano Bermejo, por haberse ido de caza con el juez Garzón. Estos, en cambio, tratan de disimular sus maquinaciones, primero armando un patriótico lío con Gibraltar español, para entretener a la gente y, luego, contando trolas, habilidad que se les da de perlas.

Ayuda mucho, como siempre, esta oposición parlamentaria que, muy adusta, pide que el ministro explique con pelos y señales su conchabe con el indeseable de Bankia y otras tropelías. Ahí se las den todas al ministro. Puede decir lo que le venga en gana, pues la reunión fue secreta. ¿Qué explicaciones creíbles va a dar? Obviamente las que fabule y la oposición se dará por satisfecha cuando es obvio que aquí no hay explicación posible sino que este beato de cachiporra en mano y comunión diaria se vaya a su casa ipso facto por su vergonzosa reunión, como pide un sindicato de la Guardia Civil.

Dice el ministro en dos comunicados dos que no se trataron asuntos procesales. Y eso, ¿cómo se prueba? ¿Con su palabra de embustero compulsivo, capaz de mentir en sede parlamentaria como hizo con el asunto de Melilla?

También dice que Rajoy no sabía nada del asunto. Otra trola, Rajoy lo sabía todo, como sabía lo de la Gürtel, Bárcenas, Camps, Matas, la Púnica y Aguirre. Otra cosa es que lo reconozca. Para eso hace falta sinceridad y valentía, dos cualidades de las que carece. España tiene el presidente de gobierno más corrupto de Occidente. Y el más incompetente, pero eso es otro asunto.

Nadie cree nada de lo que esta banda dice, pero a la banda le da igual porque, al tener la mayoría absoluta asegurada, bloquea todas las comparecencias parlamentarias y sus perros de prensa se encargan de desviar la atención a otros asuntos. Como se ha dicho muchas veces: no son un partido ni un gobierno sino una asociación de supuestos malhechores encabezada por un sinvergüenza sin escrúpulos al que resbala todo con tal de seguir presumiendo en la plaza de su pueblo de que es el presidente del gobierno.

Somos el hazmerreír de Europa y seguiremos siéndolo mientras estos franquistas jurásicos continúen detentando el poder.

domingo, 26 de julio de 2015

Una banda de ladrones y su comparsa.

El caso Púnica viene a cerrar el círculo y probar lo que Palinuro lleva tiempo diciendo: que el PP no es un partido político en sentido estricto, sino una presunta asociación de malhechores para expoliar el erario, esquilmar el país, robar hasta las cucharillas, enchufar a todos los amigos, parientes y allegados y vivir a cuerpo de rey (véanse los casos escandalosos de Blesa y Rato) a costa de la gente a la que estafan y a la que aplican sus políticas de recortes, sacrificios, sisas y trampas.

Una supuesta asociación de delincuentes organizada empresarialmente. En Valencia y Madrid, en donde las tramas Gürtel y Púnica han robado a mansalva, lo han hecho de modo sistemático, con contabilidades dobles y triples, cuentas en Suiza, sociedades pantalla. En otras partes, como Castilla y León, Galicia, Baleares, etc., lo han hecho con menos oficio mercantil, pero idénticos fines de latrocinio voraz. Han corrompido las instituciones por doquier, expoliado los bienes públicos, manipulado datos y estadísticas y comprado y puesto a su servicio hasta la judicatura .

Lo del programa, los incumplimientos, las medidas, las políticas públicas, etc., pura palabrería para engañar a la gente con ayuda de unos sicarios a sueldo a quienes llaman periodistas. Estos mangantes no han gobernado ni el gobierno les importa un pepino y por supuesto, mucho menos la opinión pública. Su único interés es llegar al poder como sea, mintiendo, engañando, financiando ilegalmente sus campañas electorales para robar lo que puedan. Y, mientras roban, con la seguridad que da el saberse impune por el régimen neofranquista que han impuesto, se expresan en los términos que los retratan. Según un exdiputado del PP, los políticos de este partido están a chupar la polla del que manda para pillar pastuqui. Lo dicen ellos, no Palinuro. Así que cabe conceptuar el PP como un partido de presuntos ladrones chupapollas. Son los que marcan el nivel cultural de la gran nación. Efectivamente, no hay solución de continuidad entre un diputado chupapollas y un presidente que solo lee el Marca. Son el mismo tipo humano. El españolazo de derechas de toda la vida.

Este carácter sistemático, organizado, empresarial del trinque, el robo, la mordida, la comisión, los sobresueldos, abarca todos los órdenes del partido, en todas las esferas y niveles del gobierno. No hay decisión de estas autoridades que no lleve un (o varios) beneficiarios bajo cuerda. El ministro De Guindos chanchulleaba con el infame Granados hasta días antes de que a este pájaro lo metieran en el trullo. Un primo de Rajoy, el de los sobresueldos y otras bicocas de la Gürtel, aparece involucrado en la Púnica. Al final se va a realizar un barrunto de Palinuro de hace unos meses: que bien pudiera ser que un juez pidiera un suplicatorio para imputar a Rajoy, cuya responsabilidad en la corrupción de su partido es total. Políticamente por supuesto, ya que ha sido todo en él, tesorero y presidente. Si también hay responsabilidad penal está por ver.

Lo evidente aquí es que este país está gobernado por una manga de sinvergüenzas, dedicados a llenarse los bolsillos, insultar a la gente, dejarla sin recursos, expulsarla al extrajero, acallarla mediante medidas represivas, manipular los medios y amenazar a los soberanistas catalanes.

Eso a la gente. A la oposición, pedorretas, mofas y burlas. Con su mayoría absoluta en el Congreso, la presunta asociacion de delincuentes se permite el lujo de ignorarla y despreciarla. Rajoy no comparece en el Parlamento nunca, ni da explicaciones, ni se admiten comisiones de investigación sobre los casos de saqueo que protagoniza la banda de sinvergüenzas que parasitan la administración pública y los negocios privados hechos a base de enchufes y corrupción.

Mientras la banda campa a sus anchas, deja a los pensionistas sin el fondo de reserva de las pensiones, cierra hospitales tras haberlos esquilmado, privatiza servicios públicos con el fin de quedarse con ellos, la oposición es incapaz de adoptar una actitud clara en defensa de los intereses de la gente que la ha votado y que paga sus impuestos. Pedro Sánchez saca un hilillo de voz en Asturias para pedir tímidamente a Rajoy que acuda al Congreso a dar explicaciones sobre la Púnica. Sabe de sobra -y está resignado a ello- que Rajoy no le hará caso alguno, que no dará explicación ninguna y, si se pone tonto, es posible que le haga una pedorreta y lo mande a freír vientos porque la actitud de estos franquistas, crecidos en el expolio y la impunidad, es la del desprecio cuartelario hacia la oposición.

Y la oposición, en concreto en PSOE, a tragar. Sabe de sobra que pedir talante democrático a quien está educado en el fascismo es ridículo. Pero lo pide para disimular delante de sus votantes y simular que hace algo. Mas no lo único que tendría que hacer si fuera un líder y no un don nadie sonriente, tratando de caer bien a todo el mundo: presentar una moción de censura a esta supuesta banda de ladrones.

Ahórrense los maestrillos la advertencia de que esa moción no se ganaría. Es obvio. No se presenta para ganarla. Si en el Congreso, hoy, hubiera una posibilidad real de ganar una moción de censura, no estaríamos llamado cobarde a la oposición, sino algo mucho peor: cómplice del latrocinio pepero.

No, la moción no se va a ganar en la Cámara. Se ganará en la calle, en los medios, en la opinión pública que, por fin podría ver que hay alguien en el Parlamento dispuesto a devolver la dignidad a una población humillada por tantos golfos y ladrones generalmente muy devotos, chupacirios y meapilas. Como esa Lucía Figar, consejera de Educación de la Comunidad de Madrid (Gürtel/Púnica), que destruyó la enseñanza pública en beneficio de la privada de curas a los que regalaba terrenos públicos, mientras ella se aprovechaba de unas becas que no necesitaba y estaba en tratos con la Púnica cuyo alcance determinarán los tribunales. Si lo hacen porque, siendo la señora del Opus, pertenece a la misma secta que un tercio de los jueces de España y es posible que se vaya de rositas.

La moción de censura pararía lo pies al gobierno en su último intento de pucherazo con la reforma de la ley electoral, lo obligaría a moderar sus abusos y, sobre todo, daría visibilidad a la oposición democrática y permitiría a la gente no solo recuperar su dignidad ciudadana, sino, además, conocer el programa político alternativo que puede sacarnos de este basurero en el que el país lleva cuatro años gracias a la presunta banda de ladrones.

Pero no lo hará. La oposición socialista no se atreve a cumplir con su deber por razones que, no siendo públicas, probablemente sean inconfesables. O sea, una vergüenza de país.

jueves, 16 de julio de 2015

Moción de censura y al Aventino de una vez.

Realmente la oposición ¿no se da cuenta de que este hombre está riéndose del Parlamento y usándolo para sus marrullerías? ¿O es cómplice de esta farsa y, por tanto corresponsable de tomar el pelo a los españoles?

Porque tomadura de pelo es que el mismo tipo que lleva cuatro años negándose a comparecer ante el Congreso, el mismo que se negó a que el Parlamento debatiera sobre el "rescate" a Bankia, que ha costado 24.000 millones de euros, quiera ahora que sus señorías se pronuncien sobre el  de Grecia. En esta operación España no pinta absolutamente nada, como tampoco lo hace en ningún otro asunto de cierta enjundia en Europa gracias a la proverbial ineptitud del presidente español. La convocatoria es tan ridícula como pretenciosa e inútil.

Imaginemos que, por un azar del destino o una broma de Mefistófeles, el Congreso español rechazara el plan de rescate de Grecia. ¿Qué pasaría a continuación? Lo sabemos todos: nada, absolutamente nada. El plan de rescate seguiría adelante porque a nadie en Europa importa lo que piensen los españoles y menos los de esta presunta asociación de malhechores que gobierna.

Siendo esto así, ¿por qué se quieren tirar los dineros públicos fingiendo un debate parlamentario que carece de sentido? Fundamentalmente porque a este político de quinta municipal lo que le importa es lo que se diga en el casino y publique el ABC sobre sus preclara visión de caudillo invicto. Porque, teniendo en cuenta que dispone de una holgada mayoría absoluta de paniaguados de su partido que jamás se opondrían al menor de sus caprichos, ese debate parlamentario es una farsa al cuadrado. Él mismo podría ahorrarse la presencia y mandar su intervención pregrabada en plasma.

Lo sorprendente es que la oposición mayoritaria, el PSOE, simule dar crédito a esta burla, como si el gobierno de España fuera un gobierno y no un grupo de amigos personales del presidente que, en lo fundamental, van a sus negocios o sus alucinaciones místicas, cual es el caso del ministro del Interior. Como si el Parlamento fuera un Parlamento de verdad y no un remedo de las cortes de Franco, dedicado a aplaudir las genialidades del Jefe, como esta de pronunciarse sobre algo en lo que no pinta nada. Como si el partido del gobierno fuera un partido y no una supuesta asociación para delinquir.

Y, más que sorprendente, empieza a ser sospechosa esta complacencia con la pantomima parlamentaria en la que la oposición tiene reservado el papel de payaso que recibe las bofetadas. No es ya solamente que, en esa situación, no pueda realizar sus funciones de control del gobierno y mucho menos influir en algún sentido en la legislación. Es que, en realidad, hay barruntos razonables de que no se atreve a oponerse de verdad porque tiene algo que ocultar, porque tiene miedo.

De no ser así no se entiende por qué en lugar de criticar tímidamente los desmanes de estos autoritarios de decreto y tente tieso, cuyo desprecio por la democracia, el pluralismo y el debate es claramente franquista, no les presenta una moción de censura que clarifique el ambiente y pare los pies a estos depredadores de lo público.

¿Un debate sobre Grecia en un parlamento falseado y maniatado por el rodillo de la mayoría de la derecha? ¿Va la oposición a seguir legitimando esta burla permanente del poder democrático por excelencia que es el Parlamento?
 
Los diputados del PP no representan a los españoles porque no quieren; los del PSOE, porque no pueden, igual que los demás grupos de la oposición. ¿Por qué no se retiran al Aventino y dejan de legitimar con su presencia estos desafueros despóticos de una banda de tunantes?

lunes, 8 de junio de 2015

"De momento, todo va bien".

En Los siete magníficos, (John Sturges, 1960) la estupenda adaptación de Los siete samuráis (Akira Kurosawa, 1954), hay una escena memorable cuando los dos héroes, Chris (Yul Brinner) y Vin (Steve McQueen) se entrevistan con el sabio anciano del lugar y Vin le cuenta la historia de un tipo que se precipitó al vacío desde un 10º piso y, según iba cayendo, los vecinos le oían decir al pasar ante sus ventanas: "de momento, todo va bien" (so far, so good). Algo así parecen estar pensando algunas formaciones políticas en caída libre.

Hemos pasado el ecuador de este largo año de elecciones. Hemos dejado dos atrás. Tres, si se acepta el cálculo, también razonable, de que las del 24 de mayo de mayo fueron dos, municipales y autonómicas. Nos quedan otras dos con la fecha por fijar, unas catalanas en septiembre y otras generales en noviembre, y con todas las opciones abiertas, incluida la de que las de noviembre se adelanten a septiembre o se retrasen a enero.

En las dos habidas, el resultado ya está bastante claro: descalabro del PP, víctima de la incompetencia fabulosa de su gobierno y del pantano de corrupción en el que chapotea. Lo de la incompetencia es de dominio publico nacional e internacional. Jueces para la democracia considera que la legislatura del PP es la peor de la historia. Lo de la corrupción empieza a tomar caracteres de cine negro. Ese incendio del Ayuntamiento de Brunete, con mayoría absoluta del PP e investigado en la Púnica huele a chamusquina por partida doble, la suya propia y la de los hipotéticos documentos triturados. Si se confirmasen las peores sospechas de los sempiternos malpensados, de que se haya pretendido destruir pruebas por el sistema de Fahrenheit 451, quedaría claro que en estas tramas hay gente dispuesta a todo. Y todo quiere decir todo. La corrupción de los gobiernos del PP ha mostrado ya sus facetas más ruines, delictivas e hipócritas. Ahora empieza a enseñar sus armas. El rechazo al PP va a convertirse en un clamor popular en pro de la seguridad jurídica. Y tampoco llegados a este punto osará el PSOE plantear la moción de censura. Van a necesitar que los atraquen a la puerta del Parlamento y les sustraigan hasta los bolígrafos.

"De momento, todo va bien".

El PSOE ha resistido la competencia de Podemos, perfectamente legítima por lo demás, mantiene tendencia ascendente continuada, sin altibajos, y su líder es el más valorado después de Rivera lo que quiere decir que es el más valorado. Su discurso de centralidad, reformismo, moderación, tiene acogida y, además, ya no ha de luchar con el fantasma de Zapatero. Se verá qué sucede en las primarias pero, de momento, su candidatura parece ser la única con posibilidades dentro de su partido en donde reinan los parabienes pues va a recuperarse poder, van a formarse gobiernos. De coalición interna o externa y, por lo tanto, vigilados, pero gobiernos al fin y al cabo y gobiernos que apoyarán en bloque a Sánchez, lo cual da mucha fuerza. Compárese con la situación de Rajoy: menos de la mitad de sus votantes quiere verlo de candidato a la presidencia. Tiene el partido hecho unos zorros y el PSOE se ha dado un barniz de modernidad, unidad y acuerdo interno. En el PP, a guantazo limpio, casi como en IU.

Podemos no ha afectado grandemente al PSOE. A IU, sí. Ha quedado desarbolada y en camino de ser extraparlamentaria en noviembre. La proyección a las generales de Metroscopia dan a los de los círculos un  21,5%, siete puntos menos que en enero pasado y otros siete por encima de los resultados reales de estas elecciones. Mientras que al PSOE le pronostica un 23%, dos puntos por debajo del 25% que parece haber obtenido de media. O sea, el panorama es de mejora del PSOE y descenso de Podemos. Algo parecido ocurre con Ciudadanos al que se vaticina un magro 13%, habiendo estado en un 20%, pero aun así el doble de lo que realmente ha sacado en las autonómicas (6,55%). Casi parece que los de Metroscopia ven con buenos ojos a los emergentes en función de esa curiosa creencia de que todo lo nuevo es bueno. Parecida a esa otra de que todo bipartidismo es malo.

El bipartidismo... Los sistemas de partidos no cambian de la noche a la mañana. Se resisten. Están imbricados en los sistemas políticos. Son productos de las leyes electorales. La gente no muda tan fácilmente de voto. La elasticidad de este es limitada. Un equilibrio complicado. Ya veremos lo que llega a noviembre y cómo llega.

Pero antes habrá que hacer escala en las catalanas de 27 de septiembre a las que los españoles parecen prestar tan poca atención como a la final de la Champions. Se observa en la diferente reacción frente a las elecciones andaluzas y catalanas. Las andaluzas eran españolas y Rajoy regaló varias veces con su presencia las tierras de la antigua Bética. Ya veremos si va a las catalanas, a cuya convocatoria se opone frontalmente, si bien sin posibilidades de triunfo por cuanto son potestivas de la Generalitat. Y esta, para amargar las vacaciones del presidente, ha lanzado uno de su habituales órdagos políticos: si el gobierno hace una propuesta de arreglo de la situación, la Generalitat la someterá a referéndum.

¿No quisiste un referéndum? Toma otro. Parece claro que la oferta no será aceptada y seguramente ni lo pretende. Está más hecha cara a la galería exterior: que todos vean cómo, desoída la reiterada petición de negociaciones, no ha quedado más remedio que acudir a la Declaración Unilateral de Independencia. La DUI. Mas podría enseñar política a Maquiavelo.

No sé si el gobierno calibra el impacto de una DUI catalana en Europa o si la confunde con un DIU. Si calcula el alcance del movimiento catalán. Solo la actitud de rebeldía de la monja Forcades, que quiere encabezar una lista soberanista debiera hacerle pensar que hay algo raro en Cataluña. Una monja católica con el discurso más radical y anticatólico que he oído en muchos años y que, por supuesto, suscribo. Pero yo no soy monja ni católico. Que la Iglesia católica es una organización patriarcal y misógina es la evidencia misma; que el capitalismo, dejado a su ley sin ley, no funciona pues genera corrupción y miseria, también. Que sean las opiniones que el gobierno espera escuchar en una monja católica ya es otra cosa.
 
"De momento, todo va bien".
 
 Rajoy deja entrever que proyecta cambiar las portavocías del PP en varios sitios. Parece que no en Castilla La Mancha. O quizá sí. Son marrullerías de ramplones que están en política para ocupar cargos. Los que sean. Lo importante, insiste Rajoy, es mejorar la comunicación. Sigue empeñado en que lo suyo no es un problema de incompetencia radical y corrupción generalizada que ve todo el mundo sino uno de incapacidad de comunicar la buena nueva de la recuperación porque nadie cree en ella. Ni él.
 
Pero no se trata de mejorar la comunicación, sino de perfeccionar la propaganda. Y en eso, el futuro es aciago. Se pierde el control de centros esenciales de agitprop, como Telemadrid, Castilla La Mancha y lo que haya por ahí. Fiel, fiel, solo va a quedar TVE, el TDT Party y la prensa subvencionada adicta. En esas circunstancias y con el carisma de Rajoy, que cosecha un 75% de desaprobación y solo supera a Cospedal en aprobación no se ganan elecciones.
 
De aquí a noviembre, cualquier cosa.