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lunes, 4 de enero de 2016

Repensar ¿qué izquierda?

Ignoro cuántos de esos izquierdistas convocados aparecerán finalmente en la reunión garzoniana del día 9 para "repensar la izquierda", aunque barrunto que pocos. Como están las cosas Garzón podrá darse con un canto en los dientes si acuden militantes y simpatizantes de IU y del PCE y no todos porque algunos están muy enfadados con él, pues lo acusan de liquidacionista. 

Aparte del galicismo bastante insoportable del "repensar" (en español decimos "volver a pensar") la convocatoria respira esa vieja manía comunista de constituir "la izquierda" en un monopolio, siendo el dueño el convocante. Eso y una evidente falta de respeto a las otras formaciones de izquierda, singularmente el PSOE y Podemos. La desconexión con la realidad es tan notoria que quien ha obtenido menos de un millón de votos, considerándose representativo de una fantasmagórica mayoría social o cívica, niega el carácter izquierdista de otras formaciones a quiene han votado más de diez millones de personas pensando que votaban a la izquierda. En verdad, Garzón no debe esforzarse por "repensar la izquierda". Basta con que se esfuerce en pensar él. Simplemente.

Dedicado a esta tarea, nuestro hombre ha publicado un artículo, la izquierda en la que yo creo, especie de manifiesto personal que no es desdeñable, aunque, a fuerza de que no se le note bandería o afición alguna, resulta tan etéreo y general que probablemente podría suscribirlo todo el que lo lea, incluidos, por supuesto, los que votan al PSOE y a Podemos y sus confluencias de taifas. Como buen marxista, Garzón reitera la misión de la 11ª tesis sobre Feuerbach, del autor de El Capital, pero se queda en la primera mitad: "hasta ahora, los filósofos han interpretado de formas distintas el mundo." Garzón parece creer que todavía queda mundo por interpretar y de ahí su artículo. "De lo que se trata", añadía Marx, "es de cambiarlo." Eso falta en el escrito del joven diputado pero no le importa porque él es de IU y, aunque pretende "repensarla", solo es para aumentar su peso como izquierda "transformadora". 

Y aquí es donde está el problema. IU lleva decenios llamándose transformadora, pero no ha transformado nada. Y ahora, con menos de un millón de votos y dos diputados, todavía podrá transformar menos. Para ser más exactos, nada. 

En otras ocasiones hemos señalado que el problema de IU (y el de Garzón ahora) no es IU, sino el PCE. Por mucho que Garzón quiera "repensar" la izquierda, mientras el intento tenga detrás al PCE del que él es militante, no irá a ningún sitio. Parece mentira que gente que parece lúcida, como este Garzón, no sea capaz de ver lo que ven todos: que el comunismo ha sido un fracaso estrepitoso en el mundo entero y que los partidos comunistas no ganan jamás elecciones en parte alguna si se presentan como tales, razón por la cual lo hacen disfrazados y, aun así, obtienen unos resultados patéticos. 

¿Por qué sigue habiendo comunistas? Y no comunistas como los de las utopías al estilo de Moro o de Campanella, sino de esos positivistas que declaran estar en posesión de una doctrina, el marxismo, a la que consideran pura ciencia. Pertrechados con ella o un vademécum para andar por casa, se consideran capaces de explicar el mundo a pedir de boca y orientar la acción hacia la revolución, como puede verse por su clamoroso triunfo universal. ¿Por qué sigue habiendo comunistas? Pues por la misma razón por la que sigue habiendo mitraístas, templarios o rosacruces; porque el espíritu humano es insondable. 

El momento del comunismo pasó hace ya muchos años y cuanto antes se percate Garzón de ello, mejor para él. Dejó, por cierto, un rastro abigarrado y confuso, hecho de crímenes y heroísmo, de barbarie y generosidad, de torturadores y torturados porque, como toda manifestación humana, fue un híbrido de gloria e infierno. No hay posibilidad alguna de revivir esa momia por mucho y muy concentradamente que lo "repiense" Garzón.

Una última consideración: los núcleos irredentos del comunismo suelen calificarnos de "anticomunistas" a quienes sostenemos que su doctrina es una antigualla que no se tiene de pie y lo mejor que pueden hacer es olvidarse de ella. No es ilógico. También hay anticapitalistas, antifascistas, anticlericales y varios "antis" más. Todos entendemos que cualquier doctrina tendrá adversarios, con el mismo derecho a vivir y expresarse que los partidarios, a veces, más: hay machistas y antimachistas, esclavistas y antiesclavistas. ¿Por qué no comunistas y anticomunistas? Porque los comunistas utilizan el término "anticomunista" como una descalificación en sí misma. Basta con llamar a alguien "anticomunista" para que se entienda que no es de fiar, que tendrá intereses inconfesables o será un vendido o un criminal en potencia. Suele completarse el término con el adjetivo "visceral". Un anticomunista visceral es un ser problemático, escasamente humano y probablemente irracional. El otro día, uno de estos administradores de la verdad eterna me llamaba anticomunista de taberna lo cual, obviamente, roza el delirio. Esta terminología y semántica absurdas son reliquias de los tiempos ya lejanos en los que el comunismo todavía pintaba algo y gozaba del escaso prestigio que le daba su gigantesco aparato de propaganda. Porque eso es lo único que el comunismo ha hecho a mansalva: propaganda. Y en sus ecos alucinados viven hoy sus prosélitos.

sábado, 2 de enero de 2016

Morir muriendo

Ayer sucedió algo insólito. "El País" traía una crónica de soponcio titulada Alberto Garzón pone fin a Izquierda Unida y creará un nuevo partido. La firmaba Elsa García de Blas, que es periodista competente y sabe normalmente de lo que habla. No cita fuentes concretas, sino que se refiere vagarosamente al "entorno" de Garzón. Como quien tira una piedra a un estanque, saltaron todas las ranas en Twitter y el propio Garzón tuiteaba un signo de interrogación, como diciendo que no sabía de dónde había salido la noticia. Inmediatamente subía un curioso desmentido en su cuenta de Facebook, titulado ENÉSIMA NOTICIA DEL "FIN DE IU", en el que se queja de que a IU la han dado ya por muerta media docena de veces, que eso no es casual y que IU resiste porque la izquierda nueva y transformadora se aglutina en su seno.

Cualquiera esperaría a su vez una explicación de García de Blas. Pero esta no se produjo porque todo el mundo vio que la aclaración de Garzón no era un desmentido sino una especie de confirmación subrepticia y vergonzante de que IU tiene los días contados, como informa la periodista de "El País". El mismo Garzón lo confirma: cree que hay que sacar conclusiones de los malos resultados electorales y que en la próxima asamblea IU reflexionará sobre IU. Cuando, en política, alguien "reflexiona" sobre sí mismo es para hacerse el hara-kiri.

Así lo entendieron luego los medios al decir que Garzón confirma que IU debate cómo conformar una nueva “herramienta organizativa” para la izquierda. O sea, en definitiva, que IU, en efecto va directa al desguace. El propósito es aprovechar ese casi millón de votos de las pasadas elecciones para poner en pie algo distinto (desde luego, algo que no se llame IU) que pueda confluir con Podemos y, si tal cosa sigue sin ser posible por la intransigencia del partido morado, pueda presentarse a las siguientes elecciones generales. 

En principio la idea no es mala. Es lo que haría cualquiera con los resultados de IU, cambiar de nombre, de discurso y, al menos formalmente, de producto. Pero no está claro que salga. Cambiar el nombre de IU por otro no será difícil. Aunque se le hayan cantado ditirambos sin cuento como la izquierda "verdadera", "transformadora", "radical", etc., en el fondo nunca consiguió tener una imagen definida ni obtuvo un apoyo en el electorado que le permitiera algo más que hablar de vez en cuando en el Parlamento mientras sus señorías se iban al bar. Así que poca gente derramará lágrima alguna cuando las heroicas siglas pasen al museo de la historia, junto a la rueca y el uso, como decía Engels que pasaría el Estado tras la revolución proletaria. 

Pero el problema no está ahí. El problema está en el Partido Comunista de España (PCE), del que IU no es más que un disfraz. La cuestión que se plantea ahora es si hay que cambiar de disfraz o también de disfrazado. Poner en marcha otra organización-paraguas como IU, aunque se llame CUP (ganas no le faltan a Garzón, que habla de "unidad popular") no servirá de nada si su núcleo irradiador es el PCE de siempre. El problema es el PCE, del que parece que Garzón es militante. O sea, el problema lo tiene él consigo mismo, pues le costará admitir algo que es una evidencia prácticamente en todo el planeta: el comunismo no prospera en parte alguna y, o no existe o es irrelevante. Si Garzón quiere mejorar sus resultados electorales no solo tiene que acabar con IU; tiene que acabar con el PCE. Tiene que matar al padre, lo que siempre es complicado.

A su vez ya puede esperarse una reacción contraria a sus planes en IU pero, sobre todo, en el PCE. Habrá una vieja guardia de temple leninista que se negará a desaparecer tan tristemente (y, sobre todo, se negará a perder sus puestos y cargos) y, según como ande de memoria, condenará el intento de Garzón como un ejemplo de liquidacionismo, una de aquellas desviaciones de la línea bolchevique correcta que condenaban a sus culpables al anatema, ostracismo y quizá algo peor. 

El resultado promete ser la enésima trifulca en IU y PCE en la que, al final, un núcleo duro leninista, quedará de guardián integérrimo del espíritu revolucionario marxista-leninista mientras que otros, seguramente con Garzón a la cabeza, constituirán una nueva organización que, ya libre del estigma comunista, podrá confluir con Podemos, la organización que corta el bacalao en la izquierda. 

El problema puede ser que, al desaparecer prácticamente el PCE, Podemos quede ocupando su lugar y el de IU y acabe obteniendo los mismos resultados electorales de estos. De momento, no ha habido sorpasso del PSOE y los 69 diputados de que Podemos alardea, seguros, seguros, solo están los 42 suyos.

Con todo, a pesar del interés de Podemos por venderse como ganador de unas elecciones que no ha ganado, está claro que no ha habido sorpasso del PSOE. Pero eso no quiere decir que no pueda haberlo, según la cantidad de disparates que sigan haciendo sus dirigentes que parecen haberse embarcado todos en la nave de los locos. Sus resultados electorales han sido malos pero ahora, tanto su secretario general como lo barones, singularmte la señora Díaz, los dirigentes y los jubilados de oro están tratando de empeorarlos.

sábado, 9 de julio de 2011

La izquierda.


El que lo hace no lo dice y el que lo dice no lo hace.


Se atisban elecciones en un horizonte impreciso que, incluso cuando es lejano, es cercano porque el más largo plazo ya no llega a ocho meses y cuando es cercano, es inmediato porque pueden convocarse a la vuelta de las vacaciones. Esto hace que cunda el nerviosismo en los partidos que se preparan para la campaña y la votación. No es el caso de la derecha cuyo partido lleva preparado para las elecciones desde 2006 y desde entonces no ha dejado de pedirlas. Pero sí lo es para la izquierda que se encuentra en este momento en una situación calamitosa. El PSOE acaba de perder unas elecciones estrepitosamente y su expectativa de voto es mucho más baja de lo acostumbrado. IU, aunque ha mantenido el tipo el 22 de mayo, aparece sumida en la acostumbrada crisis interna y de identidad que merma mucho sus posibilidades electorales. Y, en torno a IU, un puñado de partidos sin representación parlamentaria que aspiran a tenerla manteniendo sus respectivas posiciones cuyas diferencias resultan muy difíciles de entender para amplios sectores de la sociedad. Por ejemplo, ¿cuánta gente, cuántos votantes, serán capaces de explicar las diferencias que haya entre Izquierda Anticapitalista e IU?

En estas condiciones la izquierda parece invadida de nuevo por la fiebre de la refundación, la necesidad de una revisión a fondo de sus postulados, sus programas, sus formas de acción y organización. Y ello por la de presentarse a esas elecciones con una oferta atractiva para un electorado que, pese a sufrir mucho por la crisis económica, parece inclinado a votar a la derecha. Pero no proceden del mismo modo. Unos, los socialistas, van a una refundación sin decirlo y los otros, los de IU dicen que van a la refundación pero no lo hacen. Y en ambos casos no creo exagerado afirmar que el movimiento del 15-M actúa como catalizador.

Empezamos por los socialistas con un recordatorio, el de que Palinuro no acepta el argumento frecuentemente esgrimido de que el PSOE no sea un partido de izquierda. Si la expresión izquierda plural quiere decir algo, será que no hay una izquierda única y que nadie puede arrogarse el derecho a decir qué sea y qué no sea la izquierda. La izquierda reformista es tan izquierda como la revolucionaria que, por no asustar, se llama "transformadora" y si ésta sostiene que aquella no es verdadera izquierda porque reforma pero no transforma, aquella puede decir que quien no lo es es ésta porque no reforma ni transforma.

La izquierda socialista va escenificar hoy esa refundación de la que no habla pero quiere hacer a través del muy esperado discurso de Rubalcaba. Ayer Palinuro ya señalaba que anunciar este discurso como si fuera un hito en la historia del país es un error. Ya tiene el discurso que ser innovador, creativo, verosímil, audaz factible y razonable, cosa difícil en las actuales circunstancias. Si no lo es, el batacazo puede ser mayúsculo. Ayer se decía que la repentina salida de Rubalcaba del Gobierno se debe a la necesidad que tiene el saliente de concentrarse en la campaña electoral. Es cierto, pero aun me parece más cierto que su permanencia en el Gobierno haría inverosímil su discurso porque, ¿cómo va a resultar verosímil que el portavoz, vicepresidente y ministro del Interior del actual gobierno diga que la política del gobierno que él presida será distinta de la del actual que, sin embargo, es muy correcta porque para eso habla el portavoz, vicepresidente y ministro del Interior?

Aun fuera del gobierno, el margen de maniobra de Rubalcaba es muy estrecho. No parece vaya a anunciarse una política económica diferente de la de ahora, de carácter neoliberal. De haber cambios habrá de ser en la decisión de quién haya de pagar los costes y aquí el margen también es angosto. El capital está protegido por la globalización que le da una capacidad de presión sobre los gobiernos inmensa y estos, los gobiernos, están maniatados por la obligación de jugar con las reglas de los ricos en el selecto club de la Unión Europea. El mayor campo para explayarse lo tendrá Rubalcaba en la política social y la de ampliación y consolidación de los derechos. Pero eso se da ya por descontado y hay una impresión muy extendida de que, antes que seguir por ese sendero, hay que salir de la crisis. Lo que vuelve el discurso al fastidioso campo de la política económica.

Por otro lado, IU se abre ahora a la constitución de frente con las otras izquierdas, la enésima refundación o intento de dar con una forma viable o, cuando menos, reconocible, por los votantes. Pero ya en el momento mismo del anuncio de la disposición a una especie de frente amplio de la izquierda han surgido las discrepancias en torno a lo de siempre: ¿quién lidera el frente? IU no tiene duda: el liderazgo le corresponde porque es la fuerza mayoritaria. En realidad esto equivale a decir que corresponde el liderazgo al Partido Comunista, que es la columna vertebral de IU. Pero ya hay otros partidos, necesarios en esa alianza o convergencia, como Equo, que cuestionan el liderazgo de la coalición.

Si a esto añadimos que, además de aglutinar a otras fuerzas políticas, el proyecto de IU incluye también variadas iniciativas en torno a manifiestos, declaraciones, mesas de convergencia así como el parecer del movimiento 15-M, no es difícil concluir que este esfuerzo no se verá coronado por el éxito. Las elecciones son procesos de simplificación; el voto se concentra en las opciones más nítidas, unitarias, y huye despavorido de las confusas, montadas sobre alianzas de todo tipo y género, con un perfil impreciso que aboga, por ejemplo, "por dar una salida de izquierda a la crisis" pero es incapaz de ponerse de acuerdo acerca de qué sea la izquierda. Y eso sin contar con el resultado catastrófico que puede IU esperarse a raíz del incomprensible asunto de Extremadura.

(La imagen es una foto de HowardLake, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 6 de noviembre de 2009

Crepúsculo rojo.

Público trae cumplida información sobre el XVIII congreso del Partido Comunista de España que arranca hoy en Madrid. El País en cambio, parece no haberse enterado del acontecimiento de la organización en la que antaño militaron bastantes de los que lo hacen.

El Congreso se abre en un momento cuajado de buenos propósitos, resoluciones firmísimas extraídas de pasadas (y amargas) experiencias, redoblados ánimos, confianza en que los aires de refundación funcionarán. En definitiva, buena cara al mal tiempo y deseo de que haya un nuevo florecer del depositario de la vieja tradición de lucha del proletariado combativo.

Hay dos o tres factores que parecen apuntar en la dirección de estas expectativas algo desbocadas a mi parecer. Son estos: el debate interno en Izquierda Unida ha concluido con el propósito de mantener la organizacion y darle un nuevo impulso para lo cual Cayo Lara, comunista, ha sucedido a Gaspar Llamazares, también comunista, como coordinador general de la organización de la izquierda autollamada "transformadora"; se han pacificado, de momento, los conflictos faccionalistas internos tanto en IU como en el PCE, aunque si se escudriña un poco aquí y allá, por ejemplo en Madrid, refulgen las navajas; en el PCE se producirá el relevo del señor Francisco Frutos, considerado "vieja guardia", por el señor José Luis Centella, considerado "nueva guardia", en la Secretaría General; cambio generacional.

Sin embargo tengo para mí que, aunque los comunistas y sus aliados de la izquierda "transformadora" parezcan haber entendido que sus permanentes rencillas, broncas y escisiones que tanto los absorben importan una higa a los ciudadanos, la recuperación no va a darse ni las fortunas electorales de la coalición mejorarán porque el problema al que ésta se enfrenta es estructural. Expuesto en pocas palabras: el debate sobre la "autonomía" de IU es absurdo y engañoso porque ninguna organización que esté dirigida (llamarlo "coordinación" no pasa de ser un pobre subterfugio lingüístico) por un militante que obedece órdenes de otro partido puede prosperar. Si el coordinador general de IU es un militante fiel del Partido Comunista, IU no pasa de ser un apéndice de aquel; si el citado coordinador general va por libre, IU no puede funcionar.

Para un partido basado en una concepción filosófica que hace de la solución acertada de las contradicciones la vía del progreso, resulta irónico que deba la inviabilidad de su proyecto precisamente a una contradicción palmaria que no es capaz de resolver porque, a lo que parece, ni siquiera la ve. Y sin embargo es patente. Consíderese lo que dice el señor Felipe Alcaraz, presidente ejecutivo del PCE sobre la tarea de este XVIII Congreso que es “salir de la segunda clandestinidad”, apostar por la “visibilidad del PCE”. Y para apostar por la visibilidad del PCE no participan en las elecciones bajo sus siglas y sus emblemas sino que lo hacen arropados en las de Izquierda Unida. Se ocultan pero dicen que quieren ser vistos. ¿Está claro?

domingo, 24 de agosto de 2008

El viejo galápago.

El País de ayer traía una entrevista con Santiago Carrillo que no es que esté mal (al contrario, la periodista es incisiva y lo foguea a preguntas) pero deja escapar un montón de cuestiones, probablemente por desconocimiento de la entrevistadora. Escuchar al señor Carrillo equivale a escuchar a un protagonista de momentos históricos de los que ya sólo quedan escasísimos supervivientes y, como quiera que a sus noventa y tres años probablemente ha perdido todos los respetos humanos y muchas de sus inhibiciones (o quizá no, vaya uno a saber), cabría tratar de sonsacarle algo más que el manido episodio de Paracuellos del que ya está claro que no va a decir nada.

El señor Carrillo no sólo vivió la guerra. También vivió la postguerra, el exilio, los líos del Partido Comunista de España, del que fue Secretario General desde 1960 a 1982 y la transición. Es un superviviente del estalinismo, lo que no es moco de pavo. Se me ocurren muchos asuntos para preguntarle pero los reduciría a cuatro para que cupieran en una entrevista cómo ésta y para que diera su versión ahora: qué pasó exactamente con Francisco Antón, el joven amante de Pasionaria y cuál fue su actitud en los tiempos más duros del estalinismo; qué sabía él de las actividades de Julián Grimau contra el POUM en Barcelona en 1937 y si, de paso, tiene algo que decir sobre la muerte de Nin; qué opina ahora también de la versión que dan Claudín y Semprún de su expulsión del PCE en 1964 según la cual los expulsaron por defender lo que luego pasó a defender el partido que los había expulsado; a qué acuerdos llegó con Suárez para conseguir la legalización del PCE en 1977 y cuál fue la intervención del Rey.

Asuntos que son historia; han pasado más de veinticinco años del más reciente. Nadie tiene por qué sentirse ofendido o herido si sale a la luz algo que antes no se supiera.

(La imagen es una foto de My Web Page, bajo licencia de Creative Commons).