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lunes, 16 de febrero de 2015

La Iglesia militante.



Con su pompa y boato habituales, la Iglesia católica escenificó el sábado el nombramiento de veinte nuevos cardenales, veinte príncipes de la Iglesia. Un cuadro solemne. ¡Cuánta púrpura! ¡Cuánto color! Los hay de todos los continentes. La Iglesia es ecuménica. Pero el Papa Bergoglio los ha tratado uno a uno, según sus circunstancias personales; algunos han pasado a presbíteros, otros, además, han conservado la diaconía a título presbiteral  pro hac vice, por así decirlo, "a término". La Iglesia cuida de sus hijos, incluso cuando son príncipes para que asciendan en el espíritu sin perder la seguridad del mundo.  Presente estaba el Papa jubilado Ratzinger. Grandioso consistorio. Una imagen de otro mundo.

El Pontífice pronunció una breve homilía militante, casi combativa, y en un lenguaje con copyright, cuando animó a los nuevos purpurados y al resto del colegio cardenalicio a que “no se aíslen en una casta”. Precisamente. Con razón titula el reportaje el autor, Pablo Ordaz, Un Papa contra "la casta". Va a resultar en efecto que hay una afinidad electiva entre Pablo Iglesias y el Papa. Probablemente cuenta el origen argentino de SS. Y no menos que se trate de uno de origen italiano. El grueso de los argentinos son de origen hispano o italiano (con grandes aportaciones de otros pueblos y razas) pero ignoro si hay algún saber convencional acerca de cuál de los dos grupos sea más chanta. Porque escuchar a un Papa decir a los cardenales que no hay que ser una casta produce cierta perplejidad.

¿Y por qué se atribuyen al Papa esas motivaciones reformistas radicales? ¿Por qué se lo teme en los obispados y sacristías? Pues, según parece, porque invoca el nombre y la autoridad de Cristo. El Papa anterior, más dado a lo contemplativo, sobre Cristo teorizaba. Escribió una biografía suya, llena de celestiales consideraciones que Palinuro reseñó en su día allá por 2007, (El Cristo del Papa). Este Papa Bergoglio parece practicar las enseñanzas de Cristo en vez de teorizar sobre ellas. Es curioso que, cuando esto sucede, se arma considerable revuelo, los capelos se erizan, las sotanas se encrespan. Es justo el momento que suelen gozar los cristianos de base, esos fieles descontentos con una Iglesia jerárquica y burocratizada. Creen que, por fin, el Cristo al que el mínimo Francisco seguía, se enseñoreará de su Iglesia. Porque es suya. Que esto lo inste el Papa, animando a la curia a echarse a esos polvorientos caminos, al rescate de los oprimidos, los marginados, los repudiados, los perseguidos, les parece verosímil y muy esperanzador. Los cristianos de base tienen su hogar en la primera de las bienaventuranzas, bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
 
No obstante, la homilía debió ser incendiaria para los purpurados. El español Blázquez regresa a España, firmemente decidido a luchar contra la pederastia en la Iglesia. Solo con que lo haga con la mitad de denuedo que pone el obispo Reich de Alcalá de Henares en luchar contra la homosexualidad en el mundo, los curas pedófilos van a salir si no escaldados, sí aburridos. Denodadas batallas a las que podrá contribuir monseñor Rouco ahora que, para demostrar que no pertenece a casta alguna, acaba de mudarse a un piso de 370 metros cuadrados en Madrid, procedente del palacio episcopal.
 
Terminó el Papa Bergoglio avisando de que el camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre. Y lo dijo delante de la copiosa delegación española, compuesta por la vicepresidenta del gobierno, los muy píos ministros de Asuntos Exteriores e Interior y otros ocho altos cargos de un gobierno que acaba de establecer la cadena perpetua, o sea, para siempre. Los españoles siempre más papistas que el Papa, hasta cuando es argentino.
 
Y, por cierto, ¿qué hacían estos gobernantes españoles en la vaticana celebración a cuenta del erario? ¿No es España un Estado aconfesional? Si los señores Sáenz de Santamaría, García Margallo, Fernández Díaz y resto del piadoso séquito querían ir a unos rituales y liturgias de la religión que profesan, que se lo paguen de su bolsillo.  Pero no ha lugar. España sigue siendo un país nacionalcatólico.
 
El más directamente interpelado por la afirmación del Papa de que la Iglesia no condena a nadie para siempre era el ministro Fernández Díaz, a quien los espectadores pudieron contemplar ayer en crueles close ups  en la entrevista con Jordi Évole. No es interesante lo que dijo, que fue la sarta habitual de dislates y falsedades, aunque hubo momentos sublimes, como cuando negó tener previstas multas para quienes fotografiaran a los policías haciendo los trabajos que él les encarga. Lo interesante fue cómo lo dijo, con qué acritud, destemplanza, altanería, obcecación, irritación apenas contenida en un mar de gestos, guiños, tics nerviosos que hacen temer seriamente por el equilibrio anímico del personaje. Este hombre necesita asistencia psiquiátrica inmediata. Se ve que sus continuas plegarias no son remedio suficiente.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Sumisos


Una periodista italiana, Constanza Miriano, acaba de publicar el libro de la imagen, éxito de ventas en Italia, cuyo título es tan revelador que, una vez descartada la posible ironía, hace innecesario leerlo. La autora explica en entrevista que su objetivo es dar consejos a las parejas y matrimonios en el más acendrado espíritu cristiano y católico. Muy cierto. Según este espíritu, la misión de la mujer es casarse y convertirse en el sostén espiritual de la familia (el material corresponde al marido, pero esto ya nos interesa menos, pues Dios proveerá) a través de su supeditación, su sumisión a su cónyuge, varón, por descontado. Está en la Epístola de San Pablo a los efesios, de la que tira Miriano, y viene rodada por los siglos de la enseñanza católica. Lo que antes se decía coloquialmente, la mujer en casa y con la pata quebrada. Ahora lo de la pata quebrada no se estila porque hiede a violencia de sexo y contra eso se rebela decididamente -y sin duda con razón- Miriano: ella no incita ni anima ni instiga a la violencia contra las mujeres. Simplemente las aconseja que se sometan a la voluntad del marido porque en esto está la felicidad de todos, los cónyuges y los hijos.


Hasta aquí nada que desentone de la doctrina eclesiástica de siempre, resumida y sublimada en la Carta Apostólica de Juan Pablo II sobre la dignidad de las mujeres (1988) y que este nuevo Papa parece decidido a proclamar por algún otro procedimiento. Y, siendo doctrina católica tradicional, nada distinto de la idea que de la función de la mujer como esposa y madre tenía Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador de la Falange y falangista ella misma, ¿por qué se ha organizado un escándalo público? La propia Miriano se asombra y aporta la razón a su juicio: que el libro haya sido publicado en España por el arzobispado de Granada. Según ella, "se quiere atacar la institución". Pero es que la institución es la primera en atacar con el libro, en cumplimiento asimismo de otra doctrina cristiana y católica jamás abandonada de interferir en los asuntos mundanos.

Allá por los finales del siglo V, en una epístola al emperador bizantino Anastasio, el Papa Gelasio I expuso la teoría de los dos poderes, el espiritual, que residía en el obispo de Roma, y el temporal que lo hacía en el Emperador. Este estaba supeditado a aquel por designio divino. A la doctrina de la supremacía del poder espiritual sobre el temporal se ha atenido siempre el catolicismo, rebautizándola gráficamente como doctrina de las dos espadas a partir de la bula Unam Sanctam del Papa Bonifacio VIII, en 1302. Bonifacio se encontraba en enconado enfrentamiento con los principales poderes de la tierra, especialmente con Felipe el Hermoso de Francia quien, en el colmo de la insolencia, negaba al Papa el derecho a recaudar impuestos de los franceses, cosa que, según Felipe, correspondía a su rey, al rey de los franceses. Suele suceder que, por detrás de los conflictos teológicos, haya desavenencias materiales, cuestiones de dinero y la iglesia católica, en cosas de dinero, saca toda su artillería. 

Blandiendo la espada temporal, como sostiene es su derecho, la iglesia dictamina sumisión para la mitad del género humano, sumisión para las mujeres. Sumisión a la otra mitad. Los de esa otra mitad, los hombres, están sometidos a la espada temporal que ya decreta para ellos a su vez la sumisión, siguiendo inspiración cristiana. No sumisión a la mitad femenina sino sumisión a los designios del poder, por arbitrarios, despóticos, inhumanos o crueles que sean. También tradición cristiana acuñada por San Pablo en la Epístola a los romanos y otros lugares: someteos a los poderes superiores porque todo poder viene de Dios (Rom., 13, 1).

Es como una división del trabajo en el reino de las dos espadas: las mujeres sometidas a los hombres y los hombres sometidos al poder. Y todo en orden. Así le gusta al arzobispo de Granada -defensor de la obra de Miriano- ver su país: un poder temeroso de Dios, que se esfuerza por despojar a sus subditos de sus derechos, por empobrecerlos, explotarlos, estafarlos, expoliarlos, reprimirlos, maltratarlos o matarlos si se ponen pesados. Y unos súbditos que se someten, que se callan, sumisos ante los designios del poder. Y para el caso de que, tentados por el maligno, osen protestar o amotinarse, ese mismo cristiano poder desenfunda su espada, sus decretos, su espionaje continuo, su código penal endurecido, su ley de "seguridad ciudadana", sus intervenciones policiales, sus multas, su represión violenta. Poco importa que ese poder esté deslegitimado por su recurso sistemático a la mentira y su presunta corrupción. La sumisión que la doctrina católica quiere incluye el poder tiránico siempre que este acate la superioridad de la iglesia.


Lo reitero, nítida división del trabajo. La iglesia se encarga de las mujeres -que hoy parecen sucumbir más que los hombres a tentaciones de insubordinación- mientras el poder terrenal da cuenta de los hombres a mayor gloria de Dios, no de ellos mismos. Y así, cuando los hombres estén de nuevo seguros y bien sumisos, la iglesia los premiará con unas mujeres sumisas (pero muy dignas, desde luego) para su placer, solaz, entretenimiento y afirmación. En el fondo, algo no muy distinto a lo de las huríes de nuestros primos los agarenos, pero en la tierra.


Y es que las religiones se parecen mucho.

jueves, 14 de marzo de 2013

Humilde y mínimo.

Después de dos o tres fumate nere, fumata bianca. Habemus Papam. Se ha bautizado en el solio de San Pedro como Francisco. No Francisco I, cual le correspondería al serlo; sin duda por tacto gálico. Hasta ahora el gran Francisco I de la historia es Francisco I Capeto, también conocido como Francisco El narizotas y a quien Carlos I llamaba primo porque pasó media vida combatiéndolo. Así pues Francisco a secas. Por no emular al Rey, prefiere emular al Santo de Asís. El primer jesuita papa se nos hace franciscano. Seguramente esto quiere decir mucho en el inefable lenguaje de la Iglesia. Al parecer en su tierra era conocido como el cardenal de los pobres. Es lógico que, al aumentar su parroquia, aumente su rango.

Los medios, sobre todo internet, ferozmente aferrados al tiempo real, el directo y la hemeroteca, han exprimido una biografía de Jorge Mario Bergoglio en un par de horas. Ya se sabe que es conservador y furibundamente contrario al matrimonio homo. Tampoco es saber mucho. No me parece que se pueda esperar otra cosa de los curas, desde los diáconos a los sumos pontífices. Más vidrioso es el asunto del comportamiento con la dictadura de los espadones. Porque es la dictadura de los desaparecidos, los torturados, los robos de niños, los vuelos de la muerte. Circula por la red una foto en la que parece verse a Bergoglio administrando la comunión a Videla. No es seguro que sea él, aunque se le parece mucho. Tampoco estoy seguro de si este mero hecho convierte al prelado en colaboracionista de la dictadura. También circulan textos en los que, si no como colaborador, aparece como encubridor. La veracidad de estos datos se aquilatará en poco tiempo y será el momento de preguntarse por el alcance de los hechos, si los ha habido. Porque, obviamente, colaborar con la dictadura de Videla (en el robo de niños, por ejemplo) o encubrirla cuando se tienen cuarenta o cincuenta años y se es obispo o cardenal no es lo mismo que haber pertenecido a la Hitlerjugend cuando se tenían dieciséis o diececiocho y no se era nada o se era seminarista.

En fin, el Vaticano, ensimismado en sus turbulencias internas. Coincido sin embargo con la hermana Teresa Forcades, médico, teóloga y benedictina en que lo más urgente para la Iglesia ahora es renovarse y, en concreto, plantearse su actitud hacia las mujeres. Por cuanto sabemos eso será lo último que haga la Iglesia católica, probablemente la organización más misógina del mundo. No es la suya una actitud de ignorancia o aprovechamiento y explotación de las mujeres, como suele darse. Es una actitud de hostilidad o de odio. La mujer es el vaso del diablo. El celibato del clero puede entenderse como una muestra de esa enemistad. La renuncia al trato carnal simboliza el repudio a las mujeres en la única función que la Iglesia les reconoce a regañadientes: la reproductiva.

Hacer justicia a las mujeres es, en efecto, una tarea urgente de la Iglesia. Pero esta hará ver a la hermana Forcades, si no es ya plenamente consciente de ello, que el significado de "urgente" para una organización que se considera eterna carece de perentoriedad. Dios dispone de todo el tiempo. ¿Cómo urgirlo? Y ojo al pecado de soberbia. ¿Quién como Dios?

sábado, 19 de noviembre de 2011

Moretti y el Papa

Nanni Moretti es un hombre peculiar. Tiene genio, ironía, sentido crítico, que empieza ejerciendo consigo mismo, como se ve en su Querido diario. También es un director comprometido políticamente en un sentido progresista como se ve en su burla de la Italia de Berlusconi en El caimán. Igualmente tiene justa fama de inconoclasta. Por eso lo que uno se espera al ir a una peli de Moretti sobre el Vaticano y el Papa sea un ataque, una crítica al estilo de las que tradicionalmente dedican los intelectuales al pontificado. Una continuación del espíritu de André Gide, de Roger Peyrefitte, Rolf Hochhuth o, más recientemente, Leo Bassi.

En efecto, la película es deliciosa por muchos conceptos y rebosa sentido del humor. No sólo respecto al solio de San Pedro, sino también a otros aspectos de la vida, como la actividad y las neurosis de los psicoanalistas, las excentricidades de los actores teatrales o los absurdos de los medios de comunicación. Pero la historia se concentra en una visión irónica, burlesca, del colegio cardenalicio y los protocolos del Vaticano, la elección del Papa, la guardia suiza, el modo en que la Santa Sede, centro de peregrinación de decenas de miles de fieles, administra la información. Y, con todo, no es un ataque a la institución ni un cuestionamiento de ésta en un plano político, religioso, social sino solamente en el plano humano.

Michel Piccoli interpreta magníficamente el papel del cardenal Melville, elegido papa de modo inopinado y contra toda previsión. El propio Moretti da vida a un psicoanalista, primera figura en su profesión, llamado para resolver lo que sin duda es el caso más complicado de su carrera. Algunos críticos comparan a Moretti con Woody Allen porque ambos son directores que interpretan sus películas y con papeles análogos. Ni color. Ya quisiera el de Brooklyn alcanzar la hondura y naturalidad de Moretti.

La película gira en torno a una idea brillantísima del director que no se revelará aquí por no destrozar el interés de la obra pero que es realmente original. Moretti parece haberse preguntado ¿qué pasaría si...? Un supuesto insólito y, además, alcanza lo más íntimo de la mísera condición humana si necesidad de plantear problemas metafísicos o andar a vueltas con la cuestión de la sinceridad de la jerarquía eclesiástica.

Lo que sucede es que la idea se come la película. Es tan curiosa e interesante que el director no ha resistido la tentación de dejarla para el final, como si fuera un thriller, empleando el relato para ir acumulando tensión, cosa en la que Moretti no sobresale, ya que es incapaz de concentrarse en la narración, pues se regodea en los detalles, en los que es maestro. En realidad lo que está diciéndose es que la peli tiene un fallo garrafal de guión. Hubiera sido mejor exponer lo que aquí aparece como desenlace al principio y contar luego el resto en flash back. Incluso, más radicalmente, quizá hacer otra película a partir del supuesto ya que, siendo sin duda interesante ver cómo ha podido llegarse a esa situación, lo es mucho más aventurar cómo pueda resolverse, es decir, como actúa una institución milenaria que lo tiene todo previsto cuando se encuentra con algo que no lo está. La película deja ese interrogante abierto. Con un poco de suerte Moretti se decide a hacer una segunda parte.

En todo caso es una gran película en esa tradición del cine europeo que no solamente no tiene efectos especiales sino que tampoco se somete a las convenciones narrativas del cine estadounidense.

sábado, 20 de agosto de 2011

Límites a la ciencia.

Estas Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) que la iglesia ha escenificado en el agosto madrileño a mayor pompa del Papa de Roma están deparando novedades sin cuento, sorpresas que suspenden el ánimo. Las muchedumbres de sedicentes peregrinos llevan dos días de experiencia religiosa y además viajan en los transportes públicos, se alimentan opíparamente en todo tipo de establecimientos, se alojan en locales que la autoridad ha cedido graciosamente y visitan algunos museos, todo ello gratis total a cuenta de los contribuyentes españoles, en especial los sufridos madrileños. Milton Friedman, gurú de la escuela monetarista y forofo del mercado libre, dio lustre al viejo dicho de "No existe el almuerzo gratis". En efecto, no existe; alguien lo paga siempre. Aquí, está claro.

No tiene nada de extraño que un sector de la población haga civilizadamente público su descontento. Sus adversarios dicen que son muy pocos, grupúsculos. Dejando de lado el hecho de que, aunque fuera un solo ciudadano, tendría igual derecho que la multitud de gratistotales a manifestarse, la apreciación es falsa. Son pocos los que salen a la calle a recibir los seguros porrazos de la policía. Son muchos más los que no quieren que los apaleen pero suscriben la protesta de los apaleados a los que Cospedal considera intolerantes sin límites. Desde luego hay que ser intolerante para no gozar cuando a uno le abren la cabeza. En fin, tómese nota del sin límites porque ayer fue un día de límites.

Aparte de departir de nuevo con el Rey, con el presidente del Gobierno y otros dignatarios y autoridades mundanas, el Papa, a quien Manolo Saco llama el farsante de Roma en un artículo que quita el aliento, tuvo dos momentos espectaculares, en el Escorial y en el Paseo de Recoletos. En el primer lugar reunió a los profesores universitarios católicos y adoctrinó a una multitud de monjas sobre la radicalidad de la fe evangélica. Eso servirá para que corra mucha tinta y ya habrá quien señale el irrisorio hocus pocus en que Ratzinger se enreda cada vez que tiene que hablar a mujeres a las que considera poco más que escobas parlantes. Eso de la radicalidad, por cierto copiado de Marx, sonaba a monólogo de Cantinflas.

Pero lo importante fue lo que dijo en otro terreno general, filosófico: que no podemos permitir una ciencia sin límites. Ahí es donde está la bomba metafísica. Un hombre que administra conceptos como lo ilimitado, lo infinito, lo eterno sin tener la mínima base racional para ello, dice que hay que poner límites a la ciencia. Obviamente no quiere competencia, sobre todo de la ciencia, que no hay revelación que pueda con ella. Pero ¿qué significa poner límites a la ciencia? Es obvio, poner límites al conocimiento humano, límites exteriores al conocimiento mismo provenientes de la moral y del conjunto de supersticiones, milagros y portentos en que este hombre dice creer. La ciencia es el conocimiento riguroso y cierto de los hechos a la luz de la razón y no puede tener límite alguno a priori. Y mucho menos impuesto por una persona que asegura que, cuando se le antoja, es infalible. La idea de que la ciencia pueda tener resultados que aniquilen la especie, por ejemplo, o la degraden, es muy vieja. La utopías Erewhon, de Samuel Butler y The Coming Race, de Bulwer Lytton (las dos hacia 1871), ya hablaban de la posibilidad de que las máquinas se rebelaran contra los hombres. La imaginación es libre. Hasta podría haber cristales soñadores, según soñaba a su vez Sturgeon. Pero nada de eso justifica que alguien sostenga la peligrosa idea de que hay que poner límites a la ciencia. Porque habla de eso, de limitar la ciencia, no el uso político, o social, o económico que pueda hacerse de ella, sino la ciencia en sí misma; limitar el avance del saber, la libre indagación, el unended quest de Popper. Es de comprender que el Papa lo haga porque es su negociado y su especialidad, las relaciones entre la razón científica y la fe (que, como se ve, consisten en que la primera se someta a la segunda) y no va a ir contra las normas de la casa. Pero, francamente, eso es tan absurdo, inhumano, retrógrado e inútil que da un poco de vergüenza ajena.

Por la tarde, el Papa se fue al via crucis de Recoletos. Convertir el Paseo de Recoletos en un recordatorio del camino del Calvario es tan absurdo como lo de los límites y, además, de un nivel cultural bajísimo. ¿No podía haber hecho interpretar el Mesías de Händel en el Campo de las Naciones, por ejemplo? En fin, via crucis fue y a él se sumó el dimitido Francisco Camps, lo que demuestra que la iglesia admite a todo el mundo, pecadores arrepentidos y sin arrepentir.

Al otro lado del escenario, el de las sombras de la noche, los tumultos, las cargas, las carreras, las protestas y vuelta a empezar, la tónica es la de la brutalidad policial. La petición para que dimita la delegada del Gobierno es generalizada. Palinuro no se sumó ayer ni lo hará hoy. Es evidente que la situación se le ha ido de las manos a la delegada (a la que no sé qué caso real hace la policía) y que cada vez va a peor. Se está creando una situación tensa en las calles de Madrid en la que puede haber una desgracia que, guste o no guste a la jerarquía, será como un baldón en este alegre festival de lo que Gallardón llama "la profesión pública de la fe", como si el resto del año los católicos estuvieran en las catacumbas.

Queda un día, creo, y las cosas no van a arreglarse a tiempo con la dimisión de Carrión. Entiende Palinuro que la delegada del Gobierno debiera cambiar de actitud y de criterio, tener el valor de sus supuestas convicciones de izquierda y actuar en consecuencia, esto es, por un lado ayudar a la investigación sobre las supuestas brutalidades policiales y agilizarla y, por otro, defender el derecho a manifestarse de los laicos, que somos pacíficos y no atacamos a nadie y protegerlos de los gratistotales que son los que agreden y hostigan permanentemente a quienes estamos pagando su estancia aquí.

(La imagen es una foto de Beyond Forgetting, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 19 de agosto de 2011

A la luz de las tinieblas.

La iglesia católica se precia de ser portadora de la llama del Evangelio. Con su llegada, el Papa ilumina el suelo que pisa y, desde aquí, irradia su luz sobre todo el orbe, si bien éste parece ignorarlo. La gran mayoría de la prensa occidental no menciona la visita o la reduce a una noticia breve (como Le Monde y La Repubblica). No hace falta hablar de la de Asia en donde mucha gente no sabe quién es el Papa o cree que es un avatar del Dalai Lama.

¿Es el mundo, son los medios o es la luz? Me da que sea la luz porque el mundo es de una curiosidad infinita y los medios viven de eso. Es la luz en sí, que no ilumina; al contrario, entenebrece, obnubila el juicio, desorienta. El catolicismo es una religión con tantos misterios y afirmaciones o negaciones contrarias a la razón que necesita una iglesia que se arrogue la facultad de pensar por los creyentes, infantilizándolos, sometidos por el miedo a un Dios al que hay que temer.

Hasta el portador mismo de la luz trae un mensaje tan oscuro que ni él consigue que no suene amenazador o simplemente incomprensible. ¿Tiene sentido que Ratzinger critique a quienes se creen como Dios por decidir sobre la vida y la muerte de la gente por razones momentáneas? Eso es lo que ha hecho la iglesia durante siglos: ha bendecido la masacre de pueblos enteros en América, ha quemados vivos y enviado al otro mundo entre tormentos y espantosas agonías a miles de infortunados, a los que acusaba de herejes, relapsos, brujas, ateos, hugonotes, falsos conversos o lo que le diera la gana. Siglos. Y si ha dejado de hacerlo no es porque no quiera sino porque no puede. ¿Prueba? Todavía no ha condenado ese temible, tenebroso, siniestro pasado. Probablemente porque lo que condena Benedicto XVI no es el que se mate, sino que se haga por "razones momentáneas." Si se hace por "razones eternas", evidentemente, la cosa cambia.

¿Tiene sentido que el Papa critique el consumismo y el hedonismo contemporáneos cuando, desde que ha llegado a España, sólo ha hablado con reyes, presidentes, cardenales, obispos, nuncios, ministros? Lo más cerca que ha estado de los civiles normales (y convenientemente escogidos por monseñor Rouco) ha sido a 600 metros y a esos los utiliza de auditorio para hablar a través de él, de modo solemne, a las mismas testas coronadas, mandos, jerarquías y autoridades de este reino terrenal con las que comparte anécdotas ligeras en la sobremesas de suculentos banquetes.

Si Benedicto XVI quiere hacer luz de verdad puede, por ejemplo, explicar por qué la iglesia considera a las mujeres seres inferiores. Y que no se refugie en que es lo que dice el Evangelio porque hay cosas de éste que la iglesia no practica (por ejemplo, "vende lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo, ven y sígueme" Marcos, 10, 21) y cosas que practica que no están en el Evangelio, por ejemplo, el celibato del sacerdocio o la prohibición del divorcio. Así que, exactamente ¿por qué no pueden ser sacerdotisas las mujeres? Sólo con que explicara eso con algún argumento compatible con el hecho -que él dice aceptar- de que las mujeres son seres humanos plenos, como los hombres, habría hecho mucho por disipar las tinieblas que ordinariamente administra.

Las tinieblas vaticanas oscurecen el raciocinio de mucha más gente, son contagiosas. Aguirre ha encontrado brillante explicar a la parroquia que la libertad y la igualdad las ha traído el cristianismo, no Karl Marx. Marx, no; pero el cristianismo, tampoco. Al contrario, se ha opuesto siempre a que imperen esos conceptos y lo ha hecho a sangre y fuego. Y aún ahora lo hace con testarudez. La iglesia sigue sin aceptar el divorcio, que es un derecho de libertad. ¿Creen admisible los ciudadanos, católicos incluidos, que se derogue el divorcio? La iglesia que tuvo veintisiete años en las mazmorras de la inquisión a un alma de bien como Tommaso Campanella ¿ha traído la libertad al mundo? La libertad ha venido en contra de la iglesia. Lo de Marx es mejor dejarlo porque está claro que, a su ofuscación habitual, Aguirre añade ahora la obnubilación por las tinieblas importadas en este viaje tan problemático.

Como lo tiene mucha más gente. Por ejemplo, los medios de comunicación españoles. Los comerciales coinciden en decir que la manifa del día 17 se acabó en Sol. La manifa acabó en Tirso de Molina, como estaba previsto, salvando las provocaciones de los papifascistas y los inconvenientes y dificultades de la policía. En Sol quedó mucha gente ocupando la plaza, reconquistada del papifascio; y los policías, cómo no, los que trataron a cuerpo de rey a los provocadores propapa, cargaron contra ella. Y, a día de ayer, seguía cargando.

Obnubilado por las tinieblas vaticanas tiene el juicio la delegada del Gobierno. Muchos piden su dimisión. Palinuro no; Palinuro pide que salga del barullo y vea en dónde se está metiendo. La obstinación en cargar contra los laicos es tan absurda, arbitraria, insolente y virulenta que, en cualquier momento puede ocurrir una desgracia. Y lo que le falta a este Papa es salir de aquí salpicado de sangre. Porque, en contra de lo que le aconsejan al unísono todos los monagos papistas (policías, alcalde, presidenta de la Comunidad, clérigos, etc) la solución al problema es muy sencilla. Lo que la policía debe hacer porque es lo justo es proteger a los laicos en sus manifestaciones pacificas, siempre anunciadas, y mantener a raya a los peregrinos de las tinieblas. Nadie acosa a los católicos, como clama Ratzinger, sino que son los católicos los que, como siempre, acosan a los demás. Los demás sólo quieren saber cuánto nos cuesta este dispendio del millón de peregrinos gratis total, pico al que estuvo a punto de sumarse otro pellizco cuando Aguirre, aún en éxtasis místico, pidió a los hospitales de Madrid que no cobraran a los peregrinos. No a las clínicas privadas, a las que beneficia, sino a la sanidad pública, a la que acogota. Es algo tan desvergonzado que ha tenido que retractarse.

Por cierto, sin ánimo de bronca, en todo este curioso acontecimiento del Papa ¿en dónde está el 15-M? Cuando uno se erige en conciencia moral de la sociedad y critica todo en esta tierra, está uno obligado a hablar cuando el cielo baja a ella. Pero ha sido tiniebla sobre tiniebla y silencio cerrado. Claros, luminosos, racionales, hemos sido los laicos: que cada uno se pague su Papa.

La imagen es una foto de Sergey Gabdurakhmanov, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 18 de agosto de 2011

Tríptico de los peregrinos papifascistas.


UNO.


Con un sol radiante, las calles del Madrid más galano y turístico se llenaron ayer de mal llamados "peregrinos" en estas vacaciones gratis total que les ha organizado la agencia de viajes Vatican Tours en una oferta de ensueño. Por 190 euríviris, los visitantes tienen viaje de ida y vuelta a sus países y una semanita en Madrid a gastos pagos, alojamiento, manutención, transportes gratuitos, museos en entrada libre, una mochila, un gorro, un pañuelo, un rosario, una estampa de SuSan y una lata de cerveza SIN. Un chollo a costa de los contribuyentes españoles, muchos de los cuales este año no han podido pagarse sus vacaciones. Lo raro es que no hayan venido diez millones de aprovechateguis. La iglesia está perdiendo gancho.

Desde la mañana era un hormigueo de grupos de jovenzuelos arracimados en torno a guiones con sus colores nacionales, como los turistas japoneses cuando visitan el Vaticano, bastantes de ellos con pinta de boy-scouts; mucho frufrú de sotanas y hábitos de todos los colores, por supuesto, ellos con ellos y ellas con ellas; vivarachos los curitas, alegres y sumisas las monjitas. El Madrid de los Austrias, desde el palacio real hasta la Plaza Mayor, pasando por lo que fue Capitanía y el obispado, bullía con el gozo del pueblo del señor llegado a la tierra prometida, que mana leche y miel... gratis. Por la tarde tenían la consigna de tomar la Puerta del Sol y cerrar el paso a la manifestación antipapa, una congregación satánica, compuesta por ateos, marxistas, anarquistas, putas, maricones, perroflautas, laicistas, cristianos de base (¡vade retro, Satanás!), herejes, masones y separatistas. O sea, ciudadanos. Acabaron yendo unos cientos a cumplir la consigna. Querían montar una manifestación ilegal, una provocación para reventar la manifestación legal y autorizada de 15.000 personas con ayuda de la policía que, aunque mantuvo separados a los cientos de los miles, los trató por igual (como si su derecho fuera el mismo) y, al final, cargó... contra los legales.


DOS.


Parque del Retiro. En uno de los doscientos confesionarios encomendado a un padre de la cofradía de los Protectores de Niños Desamparados. Se acerca un peregrino papifascista.

Ave María purísima.

Sin pecado concebida.

Padre: he pecado contra Dios y el Santo Padre.

¿Cómo, hijo?

No conseguí reventar la manifestación antipapa.

¿Y eso? ¿No llevabas gas serín?

No, padre. Detuvieron al cuate encargado de traerlo por largar por la red.

Pecado de exhibicionismo. ¿Tampoco fueron los kikos, los neocatecúmenos, los legionarios de Cristo, los grupos de la cruz, aunque sea gamada, la muy liberal presidenta de la Comunidad y la devota concejala de Medio Ambiente, que tanto encienden la grey?

No, padre. Estaban todos con el gratis total. Allí sólo fuimos un grupo de franceses que cantaba la Marsellesa, un puñado de valientes mexicanos, algunos devotos colombianos y unos grupos de gachupines que querían conquistar, decían, el Alcázar, algo que no entendí.

Son cosas nuestras.

Lo que más me molesta, padre, es que con los sin-Dios venían muchísimos cristianos de base, de los que dicen seguir a Cristo.

Son los peores, hijo; a esos había que adelantarles en esta tierra los sufrimientos que padecerán en el infierno. De ahí la importancia de aniquilarlos con el azufre y el gas serín.

Pues tuvimos que retirarnos y allí se quedaron los sodomitas anticatólicos, enemigos de Dios, ocupando la plaza.

No te preocupes, obedeciendo órdenes de este gobierno de impíos templados por el miedo, la policía desalojó luego contundentemente (aunque no lo suficiente) la plaza. Ve con Dios, hijo, ego te absolvo, y no olvides dejar un donativo para los negritos de Somalia.


TRES.


Hoy aterriza en la católica España el sumo pontífice de estos turistas gratis total. Viene a un país en el que 15.000 ciudadanos libres, que nos pagamos nuestro transporte (y nuestros trajes), nuestro alojamiento y nuestras comidas, llevamos nuestras mochilas y no entramos gratis en los museos, le hemos dicho bien claro que no es bienvenido. Creo que esos 15.000 ciudadanos hablamos en nombre de varios millones repartidos por el territorio español que objetan a que en tiempos de escasez y penuria aquí y hambruna en el África, los seguidores de una religión monten un espectáculo de fastos bombásticos con el dinero público y que, encima, traten de darnos lecciones de moral a quienes no creemos en ningún dios, ni en el Jehová en el que ellos dicen creer, ni en el Mamón en el que creen de verdad.

Ignoro si este papa tendrá la gallardía de referirse a la manifestación laica, legal y libre que sus jenízaros de misa y olla trataron de reventar de modo ilegal y en su nombre. También ignoro si se acogerá a la línea repentinamente conciliadora de Rouco o llegará a anatematizar la legislación vigente en España, a encender el odio, el enfrentamiento, la división social que es lo que le gusta a este sofista y ensoberbecido mitómano, obsesionado con el sexo.

En el fondo, ya da igual. Al margen de la que tengan estos peregrinos boy-scouts, la imagen social de Benedicto XVI es bastante mala y este espectáculo lamentable no va a mejorarla. Lo que la gente ve con sus ojos es un antiguo Hitlerjung que, cuando estuvo al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, encubrió delitos de pederastia conocidos, extendidos, reiterados; que luego ha mantenido una actitud ambigua respecto a este crimen al que, en el fondo, sigue sin considerar delito; ve igualmente que es duro, intransigente y despiadado con los pobres del mundo a los que prohíbe el preservativo pero de cuya pobreza no se acuerda, ya sea en el África, en América Latina o en Asia; ve que intenta imponer dogmas sobre comportamientos íntimos y privados sobre los que nadie con una mínima idea de la dignidad y la autonomía de la persona permite que le den órdenes; que pretende restringir los derechos fundamentales de los ciudadanos por razón de su condición de género, su opción sexual o su estado de salud; ve, por último, que la iglesia a la que representa quiere imponer sus criterios al conjunto de la sociedad a la que, además, parasita pues vive de ella.

Con esa imagen ya puede el Papa decir, como Moisés, que viene de hablar con Dios. No estoy seguro de que éste, de existir, le dirigiera la palabra.

domingo, 14 de agosto de 2011

Ya están negociando con las indulgencias.

Martínez Camino, ese clérigo atildado, relamido y petimetre de sonrosadas mejillas y lustroso semblante, dice que quienes nos manifestaremos en contra de esta visita del Papa somos grupúsculos minoritarios que lo que hacen es parasitar. Eso de "grupúsculos" me suena mucho. Es el lenguaje del poder que he escuchado muchas veces probablemente porque he pasado media vida en grupúsculos, alguno tan exiguo que sólo constaba de mi modesta persona. De "grupúsculos" tildaban los franquistas a los estudiantes de izquierda; de "grupúsculos" Carrillo a quienes se oponían a su política en el Partido Comunista de España. El término revela la altanería y prepotencia de quien se arroga la representación de una gran masa y el derecho a hablar en su nombre. Pretende ridiculizar a los que designa simplemente por la escasez de su número, como si la razón, la moral, el valor de las actitudes dependieran de la cantidad de gente que las suscriben. En esto, como en todo lo demás, los curas practican lo contrario de lo que predican. Porque ¿sabe Martínez Camino cuál fue uno de los primeros grupúsculos de la historia? El de los doce apóstoles en el conjunto de Imperio romano. Un grupúsculo que permitió siglos después que pueda existir un Martínez Camino, lo que no es un éxito.

Además, un grupúsculo de parásitos. Y eso lo dice un cura. Parásitos son los animales que viven de otro, como la iglesia española del Estado, por ejemplo. Pero el elegante prelado, que pasaría por un clérigo libertino del XVIII de no ser porque no dice más que insultos y tonterías, en realidad se refiere a que los laicos pretendemos sacar partido o tajada de la visita del Papa. "Parasitar" significa aquí el deseo de adquirir notoriedad y visibilidad públicas aprovechándonos de la luz que irradia el sumo pontífice. Está hablando de un parasitismo mediático que es, en el fondo, lo que le preocupa, que la visita del Papa quede oscurecida por el ejercicio de la libertad de manifestación y expresión que los laicos hemos conquistado en contra de todos los Martínez Caminos. Con la dictadura lo tenían más fácil. No había laicos y si los que había pretendían manifestarse, se los encerraba en la cárcel, en un acto de caridad para defenderlos de sí mismos.

Lo mediático es aquí determinante porque esta visita está concebida desde el principio como un espectáculo y un negocio, al servicio de los cuales estas gentes, oficialmente dedicadas a Dios pero entregadas al becerro de oro, ponen sus creencias y dogmas. Comos buenos mercaderes, entienden que todo se compra y se vende. Parece mentira, pero ya están otra vez comerciando con las indulgencias, como en los tiempos de Martín Lutero. Así, el Papa perdonará los pecados a todos los que vengan a verlo y cumplan ciertos requisitos de confesar y comulgar, es decir, de usar los servicios de la iglesia y de rezar por Benedicto XVI. Se supone que, cuanto mayores sean los pecados que se perdonen, más inflamados serán los rezos. Rezos no por la paz en el mundo o por el hambre y la miseria sino por la salud corporal y espiritual del que les ha perdonado los pecados. En fin, no sabe uno ya qué decir.

Igual que monseñor Rouco Varela permite levantar la excomunion de quienes hayan abortado, siempre que profesen arrepentimiento. De aquí sale por lo menos un reality show. A estos eficaces gestores de la empresa eclesiática no se les ocurre pensar que excomulgar a una mujer por abortar es un acto de violencia, un pecado contra el evangelio y una afrenta a su dios. Mucho menos lo que sin embargo es evidente, que tendrían que ser las que han abortado quienes los perdonasen a ellos, cosa difícil porque son muy soberbios.

Y mentirosos. Gran parte de la crítica a la visita toma pie en el lujo y el boato de que viene rodeada en época de escasez; en los millones de euros que se van a gastar a costa de los contribuyentes. Pues bien, la jerarquía asegura que la visita no costará un euro a las arcas del Estado y que quienes hablan del coste para los contribuyentes son demagogos o ignorantes o paletos, otro insulto muy típico de señoritos. La financiación no es pública, dicen, porque el grueso proviene de donaciones de empresas y comercios. Pero no dicen que esas donaciones están acogidas a una generosa desgravación fiscal que permite trasladar prácticamente la totalidad del gasto al Estado, es decir, a los contribuyentes en forma de un dinero que Hacienda no recauda. De no ser así, de no salir prácticamente gratis las donaciones, seguro que los comercios exigían contraprestaciones materiales, por ejemplo, que la casulla del Papa mostrara el logo de Nokia o Addidas o el Corte Inglés.

Como financiación pública es el uso masivo y sin pagar de medios y personal público, desde los conserjes de los colegios en que se hospedarán los peregrinos hasta las rebajas en los transportes públicos, justo en el momento en que suben para todos los demás. Prácticamente la totalidad del coste de la visita del Papa recae sobre los contribuyentes siendo, además, una visita privada. Quien diga que esto no es así obviamente falta a la verdad. O sea, miente, cosa nada extraña en esta partida de desalmados que basa su negocio en la mentira y el engaño.

La fe, las creencias de la gente, el respeto a los demás, la convivencia ciudadana; todo eso les importa un rábano. Lo único que les importa es el negocio. El becerro de oro.

(La imagen es una foto de Iglesia en Valladolid, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 12 de agosto de 2011

La marcha laica.

Parece que la delegación del gobierno en Madrid entra en razón y está dispuesta a permitir que la llamada marcha laica pueda celebrarse en condiciones que a los organizadores les parecen satisfactorias. Me alegro mucho. No hay motivo para limitar el derecho de manifestación pacífica de los ciudadanos.

¿Y la visita de SS, Benedicto XVI, qué?

Este es uno de esos casos en que quienes sostienen que el PSOE y el PP son lo mismo tendrían que encajar los hechos en sus afirmaciones. ¿Creen quienes esto afirman que con un gobierno del PP se pudiera celebrar una marcha laica en este momento? Aguirre y Gallardón están en contra; el alcalde de Valladolid (el de los "morritos") dice que es "inaceptable". Resumen: no habría marcha. No, el PP y el PSOE no son lo mismo.

La cuestión del nombre no es inocente. De marcha antipapa la tildan los partidarios de suprimirla. Quieren ser contundentes y llamar a las cosas por su nombre, aunque ese "antipapa" a muchos latinoamericanos les sonará a "antipatata". A mí tampoco me gusta el nombre de "marcha laica" y no por lo de laica, sino por lo de "marcha", que suena a militar. No veo por qué no mantener el viejo y acreditado de "manifestación". Porque los laicos también nos manifestamos. No con tanto boato y alharaca como la iglesia católica, sin banquetes de alta cocina, sin agasajos oficiales, sin apoyo alguno de las instituciones, sin subvenciones ni privilegios en el uso de los espacios y servicios públicos, sin traernos autobuses de Polonia. Nos pagamos la entrada en el Reina Sofía. Somos ciudadanos, aunque de segunda.

La marcha laica es un acto de civismo. Sirve para recordar a la iglesia que, en su ceguera, actúa como si España le perteneciera y a la jerarquía, volcada como está en el negocio de las jornadas, que la sociedad es plural y que todos tenemos los mismos derechos. Esa iglesia y esos católicos que se sienten ofendidos por una fotografía de un desnudo con un crucifijo en las partes pudendas, ¿se les ha ocurrido que otros ciudadanos puedan sentirse ofendidos por un via crucis, una ceremonia que conmemora un acto de crueldad, en el Paseo de Recoletos? Se dirá que es cuestión de sensibilidades; precisamente por eso. Que quien no sea partidario del via cricis, que no vaya; lo mismo que se puede hacer con la fotografía de Cristo: no mirarla. No debiera ser difícil de entender que las razones de uno puede que no sean mejores que las de otro. No debiera pero lo es. Y tiene que serlo necesariamente ya que el jefe máximo de esta religión reclama para sí el increíble e irrisorio don de la infalibilidad.

Me parece que en la manifa laica hay cristianos de base o redes cristianas o algo así. Son gentes con gran entereza y valor y merecen público aplauso. No creo que haya asociación atea alguna en los actos públicos de Benedicto XVI. En sí misma la iglesia es la organización totalitaria por excelencia. No sólo por el motivo evidente y de todos conocido de que el Vaticano, como Estado, sea una teocracia y una monarquía absoluta, Monarquía absolutísima pues los tres poderes están concentrados en el Papa.

Es totalitaria porque la jurisdicción que ejerce el Papa sobre los creyentes no es material (por más que esas relaciones tengan mucho de materiales a través de empresas, bancos, inversiones, suculentos beneficios, etc) sino espiritual. Esto es, el Papa gobierna no las personas sino sus conciencias. De ahí que la iglesia, a veces, sostenga que una u otra ley son ilegítimas y no deben obedecerse. Es posible que sea parte del discurso que trae preparado Benedicto XVI. El Papa rige las conciencias de los creyentes y les dice lo que deben hacer y pensar. La iglesia católica es lo más parecido a una asociación de esclavos felices o de los que entonan el discurso de la servidumbre voluntaria.

¿Por qué felices? ¿Por qué servidumbre? ¿Por qué voluntaria?

Porque servirse de la propia conciencia sin recurso a principio de autoridad alguno, ateniéndose solamente al de la recta razón es siempre angustioso. Uno no está nunca seguro de haber acertado. Es mucho más cómodo que venga alguien diciendo que trae la palabra de Dios y que ésta es que los homosexuales son enfermos a los que no debe permitirse el matrimonio; por ejemplo. La razón dice que los seres humanos hacen los dioses a su imagen y semejanza. El de los católicos se pasa el día metido en la alcoba de sus fieles. No piensa en otra cosa.

La marcha laica es un acto de visibilidad; se trata de que la iglesia católica comprenda que España no es de su propiedad y menos la conciencia de todos los españoles. Es razonable que el Papa venga a predicar sus principios, sus dogmas, sus creencias, en fin, a sus fieles y los haga, así, felices. Por lo demás, estos le hacen un caso relativo y, si alguien lo duda, que mire la tasa de natalidad en España. Casi todo el mundo emplea métodos anticonceptivos y a misa van cuatro gatas. Todos seguramente piensan que Dios tendrá algo más importante que hacer que fisgar si la gente usa o no condón. Insistir tanto en este aspecto sobre todo cuando uno viene arrastrando la acusación de pederastia en la iglesia revela la infinita capacidad que tiene este Papa de reducir las cuestiones a sus niveles más bajos y elementales; a niveles de cotilleo enfermizo. Si por la iglesia fuera, no habría matrimonios civiles, ni registros de nacimiento, ni entierros laicos. Esos y otros derechos son los que hay que defender en la calle frente a la oleada de beaterío que se nos viene encima.

Lo que ya es disparatado es querer imponer las creencias de su grupo, iglesia, tribu o lo que sea que esta gente profese, al conjunto de la población porque lo dice un mortal que tiene el rostro de asegurar que es infalible cuando le da la gana.

(La imagen es una foto de lleuger, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 10 de agosto de 2011

Carta de Palinuro al Papa.

Estimado señor Ratzinger, sumo pontífice: es costumbre inmemorial de los pueblos civilizados acoger al peregrino en cumplimiento del deber de hospitalidad que prescribe igualmente su dios de usted cuando recuerda a su pueblo que él también fue peregrino en la tierra de Egipto. Por eso mismo no dude usted de que será bien recibido en esta tierra española, en donde convivieron largos años las tres religiones del libro junto al habitual puñado de descreídos hasta que su religión prohibió las otras, persiguió y expulsó a sus creyentes, se autodeclaró la única verdadera y se constituyó en propia de la nación española para siempre, según reza el artículo 12 de la constitución de 1812, la muy liberal Pepa.

Ahora bien, el deber de hospitalidad no excluye el uso de la razón y el juicio, sobre todo con alguien que, como usted, viene juzgando ya en vuelo; de donde se colige que habrá calibrado la posibilidad de que se le aplique el enunciado evangélico de "no juzguéis y no seréis juzgados". Salvo que se crea usted por encima de los preceptos que, sin embargo, predica. Y no digo esto a humo de pajas. El boato de su llegada, más publicitada que la del hombre a la luna, no casa con el dicho evangelio. Jesucristo lavaba los pies a sus discípulos y, francamente, Herr Ratzinger, entre lavar los pies al prójimo y andar por ahí en papamóvil de banquete en banquete media un trecho.

Es verdad que el coste de la visita es un disparate. ¡Millones para atender la visita apostólica (esto es, privada) a los miembros de una asociación también privada como es la Iglesia! Si de verdad quiere usted evitarse esas acusaciones que debieran sonrojarle, puede usted aceptar el plan de viaje que le ofrezco con un presupuesto de un par de miles de euros y tirando por lo alto: en primer lugar, se paga usted el vuelo (le recomiendo un low cost, los hay fabulosos); luego lo recoge a usted en el aeropuerto el cardenal Rouco con un taxi o incluso con varios si trae usted su habitual séquito. Alojarse puede usted hacerlo cómodamente en la sede del obispado. Las misas y otros actos de su liturgia celébrelos en donde le plazca siempre que su iglesia contrate por su cuenta con una empresa de organización de eventos y catering. Trate de que no sea de la trama Gürtel; da mala imagen. Si el rey y, del rey abajo todos se dan de puñadas por invitarlo a comer, (con cargo a sus personales bolsillos) no se prive usted. Alguna tarde libre que tenga quizá quiera usted recorrer los lugares turísticos y comprar algunos recuerdos de Madrid para repartir entre la curia. Se le hará un precio.

El costo total de su viaje sería, como dicho, unos miles de euros. El resto, hasta los cincuenta y tantos millones de pavos, en efecto, se puede mandar a Somalia, o a Palestina o a cualquier otro lugar donde haga falta. Y creo que podría usted aumentar el importe. No tanto como los panes y los peces de su modelo pero significativamente. Por ejemplo, aconsejando a esos grandes empresarios españoles que defraudan a Hacienda 42.700 millones de euros al año que dediquen parte de esa pastuqui a tan nobles objetivos. No es preciso que lo haga en público, aunque estaría bien, sino que bastará con que sus mandados se lo susurren a los interesados en el secreto de la confesión, sacramento al que, como buenos cristianos, recurrirán con frecuencia.

En estas condiciones, es de esperar tenga usted grata estancia entre nosotros. No sé si es preciso que el cardenal Rouco impetre de las potencias celestiales que no haga calor porque eso recuerda mucho las procesiones en rogativa de lluvia y suena antiguo, como la Iglesia. Claro que la Iglesia también sabe ser nueva. El obispo de León, por ejemplo, no quiere que haya huelga de metro durante su visita; pero no se lo pide a las potencias celestiales, sino a las sindicales.

Los privilegios que la habilidad clerical ha extraído de las autoridades madrileñas (que disparan con pólvora del rey pues los pagamos los demás) no son de recibo y es de esperar que su delicadeza le haga rechazarlos aunque sea pro forma. Como no lo conseguirá, dado que las autoridades creen que así se ganan el cielo, y hasta es posible que sea cierto, esperamos que, en justa correspondencia, cada vez que un madrileño visite el Vaticano, sus tiendas le regalen el agnus dei, el rosario y la estampita del sagrado corazón, privilegio que le sugiero consagre a perpetuidad.

Permítame señalarle repetuosamente que la imagen de esos niños y adolescentes disfrazados de guardia suiza, de lansquenetes (Landsknechte, esto es, siervos de la gleba, con quienes se ejercía el derecho de pernada) para recibirlo al pie del avión no es la más apropiada tratándose de alguien a quien se acusa de haber amparado u ocultado la pederastia crónica en la iglesia. No tienen ustedes el don de la oportunidad o carecen del sentido del ridículo.

No seré yo quien limite su derecho a criticar cuanto quiera la legislación propiciada por el gobierno español pues el argumento según el cual el extranjero no debe inmiscuirse en los asuntos del país que lo acoge me parece ramplón. Ya lo dije al principio: juzgue y critique lo que quiera; y esté preparado a que lo critiquen y juzguen. Por lo demás, en esto de las críticas coincidimos en el objeto, pero no en el sentido. Usted encuentra esa legislación condenable por exagerada, radical y anticristiana. A nosotros nos parece condenable por pacata y moderada; lo de anticristiana no es asunto de nuestra incumbencia

Cuando digo "nosotros", sumo pontífice, me refiero al arriba firmante y a todos los perroflautas a los que no represento, en cuyo nombre no hablo, pero con los que estoy de acuerdo y a los que brindo la idea de invitar formalmente al señor Ratzinger a alguna asamblea con un tema en debate: la afirmación del cardenal Cañizares de que el problema de Europa no es la crisis, es olvidar a Dios.

Ose hacerlo, Joseph R. y no se arrepentirá.

(La imagen es una foto de Sergey Gabdurakhmanov, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 9 de agosto de 2011

Carta del Papa a los españoles.

Me ocurre como a Rousseau, que soñaba despierto. Y en mi sueño de ayer me encontré esta carta:

Amadísimos hijos en Cristo: a punto de emprender ese anhelado viaje, tercero de mi humilde pontificado, a la tierra del apóstol Santiago, mis pensamientos están con vosotros. La emoción me embarga ante la idea de reencontrarme con ese pueblo que ha dado santos sin cuento a la Iglesia y sigue haciéndolo a medida que vamos canonizando a los mártires de vuestra Guerra de Liberación.

Me dice el cardenal Bertone, mi ministro de Asuntos Exteriores, para que me entendáis, que se escuchan críticas en España por el coste de este viaje apostólico y que algunos grupos masones aseguran que mejor estuvieran los millones de euros camino de Somalia en donde, al parecer, reina la hambruna. Pero, según me informa el cardenal Rouco Varela, vuestro pastor, esos millones, en realidad, servirían para comprar preservativos con los que los africanos seguirían en esa vida de promiscuidad contranatura que, en definitiva, los conduce después a las hambrunas. El modo de resolverlas, pues, no es dando dinero sino quitándolo, según reza el evangelio de Mateo.

Ya sé que Rouco Varela es visto en muchas partes como un clérigo ultramontano y hasta nacionalcatólico. Además se le reprocha que la Iglesia española esté expoliando el común en una especie de reamortización de innumerables bienes públicos. El justo milagro se hace a través de una hábil reforma de la Ley Hipotecaria de los tiempos de aquel gran adalid de la fe cristiana, nuestro amadísimo hijo Aznar. Debéis entender que, con el paso de los años, las almas piadosas que tanto han luchado en nombre de Cristo tienden a endurecerse, a hacerse intransigentes y codiciosas. ¿Qué queréis? Cristo eligió sus apóstoles entre hombres del común y los sacerdotes somos también hombres del común. Con la vejez, nos hacemos avariciosos.

Tengo entendido que hay grupos minoritarios de anarquistas, masones, perroflautas, okupas, antisistema, comunistas, homosexuales, relativistas, ecologistas, ateos y cristianos de base que protestan por mi visita y, si pudieran, la boicotearían. Por fortuna, las autoridades de la católica España están en primera fila para garantizar la seguridad, no de mi modesta persona, que presto estoy al martirio, sino de los millones de jóvenes que, procedentes de todo el mundo, traen a Madrid testimonio generoso de Dios vivo. Tendré ocasión de bendecir personalmente al Rey (que lo es de Jerusalén), al presidente del Gobierno, a algunos ministros y dirigentes políticos, probablemente también a nuestro vicario general parlamentario, José Bono y, desde luego, al aspirante al gobierno, Mariano Rajoy a quien no digo que votéis, pues el Reino al que represento no es de este mundo, pero a quien yo votaría si lo fuera.

Las autoridades no sólo celebran con mundano oropel nuestra visita sino que son muy útiles a la hora de garantizar el derecho del rebaño de Dios a ocupar la ciudad de San Isidro labrador y de reprimir los intentos de las minorías sectarias y diabólicas de impedirlo. La delegada del Gobierno en Madrid ha prohibido la manifestación muy justamente llamada antipapa y le ha ofrecido un trayecto alternativo que no se diferencia mucho del que se solicitaba. Un error que seguramente se debe a su condición de mujer, ser imperfecto. Según el cardenal Cañizares, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, hombre de recio juicio, lo suyo hubiera sido que el trayecto alternativo consistiera en dar vueltas a la Plaza de Castilla, en honor al protomártir de vuestra cruzada, Calvo-Sotelo, cuya estatua sigue abriendo el paseo de la Castellana. Desconozco el urbanismo de Madrid pero, si lo dice Cañizares, será justo y cristiano.

Bertone me avisa de que ha negociado con las autoridades su apoyo a cambio de mi silencio en asuntos del mundo en vuestro país. Pero esa es una condición de imposible cumplimiento y, por lo tanto, no me obliga ya que el pastor se debe a su rebaño, a vosotros, amadísimos hijos de España, a quienes estoy obligado a tranquilizar y fortalecer en vuestras convicciones sobre el derecho absoluto a la vida y la condena del aborto y la eutanasia que vuestro gobierno radical y homicida promueve. También sobre el derecho de los cristianos a no compartir el sacramento del matrimonio con los homosexuales que, de acuerdo, quizá no sean delincuentes, pero son unos degenerados. Igualmente sobre el control de la natalidad, el anticlericalismo trasnochado rampante, el relativismo de las costumbres y la falta de respeto al clero, al que amplios sectores de la sociedad mira con repugnancia por considerarlo proclive a la pederastia. Una doctrina ésta directamente inspirada por Satanás.

Sé que la capital del reino lleva casi tres meses en una especie de estado de excepción, con cientos, a veces miles de jóvenes por las calles y plazas en el movimiento que llaman del 15-M. Son almas descarriadas que, habiendo perdido a Dios, lo buscan a tientas en la noche oscura del alma. Plegue al Señor iluminar su camino con mi presencia y que se acerquen a la misa solemne que oficiaré a recibir Su gracia. Si no es así, que Él se apiade de ellos. Nos seguiremos incluyéndolos en nuestras oraciones.

Esta Jornada Mundial de la Juventud, tan necesaria para reorientar al camino de la verdad a la juventud en una época de materialismo y libertinaje, supone una gran esfuerzo para la Iglesia en general y la española en particular y, aunque es cierto que, fieles a los votos franciscanos, todos daríamos todo por la evangelización del mundo, aquella atraviesa momentos de dificultad y estrechez a causa de las políticas laicistas del gobierno socialista. Es urgente que colaboremos en el mantenimiento de estas gloriosas jornadas aportando cada uno lo que pueda. En todas partes tendréis puestos convenientemente señalados en los que podréis depositar vuestro óbolo en cualquier moneda convertible. En breve os haré llegar el número de la cuenta corriente en la que pueden hacerse los ingresos y la página web para tramitarlos por la red.

Recibid, hijos, mi bendición apostólica con un paternal saludo

La imagen es una foto de Catholic Westminster, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 7 de agosto de 2011

El Papa y los indignados.

¡Qué buen artículo el de Ruth Toledano en El País del viernes (¿¿¡¡Perdón!!??)! Uno de esos redondos, logrados, que se lee con tanto agrado como provecho y que lo deja a uno pensando. En efecto si, como dice Toledano, la jerarquía instala doscientos confesionarios en el Retiro de Madrid, el límite es el cielo. Doscientos indignados no pueden acampar en la Puerta del Sol, pero doscientos pecadores pueden ocupar un parque público. Porque sí, porque España es católica y los indignados, unos perroflautas.

Ya nadie duda de que la repentina, sigilosa y contundente actividad de las autoridades para despejar Madrid de indignados está movida por el deseo de que la visita del Papa discurra sin incidentes. Es fácil imaginar a Rouco Varela impartiendo órdenes al teléfono a Gallardón, a Aguirre, a Camacho y quizá a Zapatero. Con los primeros no necesita usar mucha retórica; su acendrada devoción ya los ha empujado a poner las administraciones que gobiernan a los pies del Santo Padre con todo tipo de facilidades, privilegios, subvenciones, rebajas y canonjías que pagarán los contribuyentes, les guste o no, sean o no católicos. En cincuenta millones de euros se calcula el coste total del evento. Y me parecen pocos.

Con los segundos el prelado tiene que utilizar sus armas y la primera de todas, el sutil chantaje: si el gobierno no colabora en los fastos, el Papa podría criticarlo en sus prédicas por homicida, anticristiano, disoluto e infernal. Y el gobierno se echa a temblar. Por nada del mundo quiere que Benedicto XVI hable de España, porque ya sabe lo que va a decir. Así que, presa del terror, se lanza a la tarea de reprimir el 15-M; es decir, pacta en la ingenua creencia de que el Papa cumplirá su compromiso de silenciar las críticas. Es no conocer al Papa, ni la Iglesia, ni prácticamente nada.

La Jornada Mundial de la Juventud es una vergüenza en todos los sentidos. Los medios han aireado esa protesta generalizada porque se gasten cincuenta millones en un momento de hambruna en el llamado "cuerno" del África. En efecto, es difícil encontrar algo más anticristiano que gastar el dinero a manos llenas, pero no dar de comer al hambriento. Me temo, sin embargo, que esa crítica sólo nos afecta a los no cristianos. Los otros, al menos su jerarquía, hace ya mucho tiempo que saben que lo suyo es una empresa, una empresa mercantil cuyo producto es la salvación de las almas. Y ¿dónde se ha visto que una empresa se rija por criterios cristianos del evangelio?

Además, la empresa iglesia vende el producto de la salvación de las almas, no de los cuerpos, a los que tiene en tradicional desprecio y, si se apura, tampoco de todas las almas sino solamente de las de los suyos. Así las cosas están mucho más claras y se entiende mejor ese insólito juicio del Cardenal Cañizares de que el problema de hoy no es económico sino que los ciudadanos "se han olvidado de Dios". Sí señor, por encima de la Economía está la Teología. Lástima que este enunciado tenga el mismo valor que el de un fabricante de coches que dijera que el problema es que la gente no compra coches y prefiere ir andando. El problema para el empresario es siempre su empresa.

La crítica justa a ese festival no es la que se refiere a su coste, con todo y ser ésta importante, sino la de la escasa altura filosófica y moral que revela toda la tramoya, que ha llegado a justificarse sosteniendo que la visita papal supondrá tantos y tantos millones de euros. Nada de experiencias místicas, inefables o de la fe: el beneficio. No os quejéis, que todos salimos ganando. Lo dicho, una vergüenza. Estos no son pastores de almas ni nada parecido; son empresarios con un negocio planteado de modo tan abusivo, donde todo sea beneficio y nada coste, que únicamente puede hacerse en connivencia con la autoridad política a la que tiene sometida. Es la alianza del trono y el altar, como siempre.

En el otro lado del problema, los indignados. Hasta ahora han mostrado una capacidad de resistencia que pocos vaticinaban. El empeño de considerarlos como un puro problema de orden público no solamente no lo resuelve sino que genera otros añadidos. El asunto es objeto de debate público incesante. Los comerciantes de Sol se quejan de pérdidas y urgen contundencia en resolver la situación. Eso da alas a la oposición que, como siempre, dispara con todas las armas a la vez, a ver si consigue tumbar a Zapatero. Por un lado, pide al Gobierno junto a IU, en enésima edición de la pinza, explicaciones por la carga policial del jueves, como si fueran delegados del 15-M y representantes de los indignados. Por otro lado, urge al ministro del Interior y también a Rubalcaba que aclaren si están con los indignados o con la policía nacional. Él mismo, qué duda cabe, apoya sin fisuras a la policía y da a entender que quiere que cargue, en representación de los indignados con los indignados, que son muchos, sobre todo entre la gente bien. Por algo está la derecha a punto de ganar las elecciones, porque dice a cada uno lo que quiere escuchar; aunque sea contradictorio.

Naturalmente que el ministro del Interior y Rubalcaba están con la policía nacional; sólo planteárselo indica mala fe o estulticia. Lo probable es la mala fe porque es lo habitual: el gobierno es incompetente, España no puede pagar sus deudas, va a la ruina, o se rompe, o se hunde, ETA está en las instituciones, todo es un desastre y, claro, el ministro del Interior apoya a los delincuentes. Los socialistas no sólo están con la policía nacional; también tratar de entender el 15-M, buscar una respuesta política y garantizar el orden público con respeto a los derechos de todos, incluidos los indignados. Que es mucho más de lo que cabe esperar del modo en que González Pons, por ejemplo, gestionaría el asunto, al estilo de "teníamos un problema y lo hemos resuelto", también llamado "discurso del haloperidol".

En ese estar con la policía al tiempo que se trata de no enconar los ánimos, a veces el compromiso institucional pesa mucho y eso se nota. Dice Rubalcaba, por ejemplo que 200 personas no pueden poner patas arriba una ciudad. Sin duda quiere decir que no deben porque poder es claro que pueden. El problema del enunciado de Rubalcaba está en el número. Esos 200 son el retén de un movimiento mucho más amplio, capaz de seguir echando a la calle a miles más cuando los necesitan. El 15-M es un problema serio para el Estado

Y, digo yo, ¿por qué no invitan los indignados a una asamblea a S.S. Benedicto XVI? Un ejemplo de oro para que éste demuestre que, como discípulo de Cristo, le interesan más las ovejas descarriadas que las que tiene en el redil. De éstas puede ocuparse Cañizares que se le da bien estar en la majada y tocar el caramillo. Sería fabuloso ver al Papa en Sol.

(La imagen es una foto de FaceMePLS, bajo licencia de Creative Commons).

sábado, 1 de enero de 2011

Los discursos del poder.

Mientras en España el Jefe del Estado se dirige a la ciudadanía en la Noche de Paz, Noche de Amor, al ladito del portal de Belén, en otros lugares de la vieja Europa el momento de la doctrina se reserva para la noche de San Silvestre, que es más laico y menos mojigato. Es verdad que sobre los otros países europeos no pesa la memoria de la costumbre franquista de hablar a los españoles todos en aquesa noche de villancicos. Tampoco está tan mal porque así los partidos pasan luego el día de Navidad, más pagano, tirándose mutuamente a la cabeza las palabras del rey, que tampoco harán mucho daño porque suelen ser bastante hueras.

Hasta el Papa, que tiene su momento estelar también con la Natividad del Niño Dios propiamente dicha, no desaprovecha la ocasión de mostrarse de nuevo a los creyentes al llegar la fiesta de fin de año. Vieja costumbre de la Iglesia de poner una vela al de arriba y otra al de abajo. El pretexto de la aparición de este año ha sido el final del año jacobeo como podía haber sido el centenario de la muerte de un mártir del Japón. Aunque, por ser año jacobeo, la regañina ha vuelto a tocarnos a los hispanos, que tenemos que actuar como portaaviones de la fe para las fortalecer las raíces cristianas de Europa, aparte naturalmente, de tener las propias como saludables boniatos. Sí señor, España en defensa de la Cristiandad de la que es adelantada. No era para menos, cuenta habida de que un día antes, el 30 de diciembre, el mismo Papa, mediante carta apostólica, ordena poner en orden las finanzas vaticanas para sacar a Roma de la sospecha de ser un paraíso fiscal en Europa. Uno más. Como se ve, la Carta del Papa califica de errores los comportamientos bancarios y financieros vaticanos y que están siendo investigados por la justicia italiana. Errores como los pecados de pederastia a lo largo del tiempo. La Iglesia es una institución humana, demasiado humana.

Los otros discursos más notorios, al menos para Palinuro, son los de Merkel y Sarkozy. También son importantes los de Cameron y Berlusconi, pero estos dos hablan de cosas marginales a la cuestión europea: Cameron de lo mal que seguirán pasándolo los britanicos si quieren recuperar el terreno perdido y Berlusconi de sí mismo. Merkel y Sarkozy coinciden en la defensa del euro. Los dos vienen a decir que, si se acaba el euro, se acaba Europa. No el continente, claro, sino la idea de Europa, la Unión Europea, lo cual bien puede ser cierto. Lo que sucede es que la salvación del euro tampoco garantiza la de la Unión, como se está viendo ahora mismo con una moneda que no puede defenderse porque nadie manda en ella salvo unas abstractas reglas del mercado quer son, por definición, ciegas a todo lo que no sea la valoración del capital.

Así que esos discursos, con toda su buena intención, contribuyen a añadir leña al fuego porque lo que más muestra la debilidad del euro es que hayan de salir los gobernantes a defenderlo. ¿Es imaginable que la reina de Inglaterra o el presidente de los Estados Unidos salgan la noche de San Silvestre a señalar la importancia de la solidez del dólar o la libra esterlina? La moneda tiene un gran valor político. Es más, su valor económico depende del político que, en último término, es militar. La guerra mundial hoy es económica y la moneda simboliza el poderío bélico de cada cual. Una de las versiones sobre la guerra del Irak es que ésta se desencadena cuando Sadam decide recomendar al cártel del petróleo que la moneda de referencia deje de ser el dólar y sea el euro. Adiós, Sadam.

El valor político del euro es inexistente por falta de unidad, de mando único, obviamente. De Europa se dice hoy lo que se decía de Alemania cuando la partición, que era un "gigante económico y un enano político".

Son discursos del poder; de un poder impotente.

(La imagen es un cuadro de Mabuse titulado El Consejo Supremo y pintado hacia fines del siglo XVI).

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Un poco de autobombo.

Quizá algún amable y desocupado lector recuerde que cuando un 29 de noviembre del año pasado, con gran dolor de mis entretelas, cerré Palinuro, decía que el blog me llevaba mucho tiempo, que estaba escribiendo dos libros y temía no poder terminarlos. Asimismo decía que "Ello no quiere decir que el cierre sea definitivo sino transitorio y durará el tiempo que tarde en acabar las dos obras en cuestión; pueden ser meses y pueden ser años.". Al final fueron meses; exactamente nueve meses y veintiún días. El cómputo exacto trasluce que, como buen bloguero, siento la lejanía del blog como una enajenación, un exilio de mi reino, de mi doble Palinuro, a quien tanto debo. Alejar a un bloguero de su blog es como separar dos amantes, esa tragedia que tan morbosa como lúcidamente analiza Igor Caruso; en el extremo, motivo de muerte. Por suerte o por desgracia ese rasgo de pasión y genio me ha sido negado así que en lugar de suicidarme aproveché para reflexionar sobre el bloguerío y dentro de poco emborronaré una entrada con mis últimas meditaciones sobre el susodicho.

Se cumplió por fin el propósito de la separación y escribí los dos libros, al tiempo que traduje otros dos. De los dos escritos por mí, uno de ellos está ya en la calle y es el de la imagen. Sus detalles pueden ir a verse en la güeb del editor, Tirant lo Blanch, en donde cabe leer algunas páginas de la edición que se encuentra disponible en papel y como descarga en la red. La obra trata de lo que dice el título y mi propósito ha sido sistemático: la incidencia de internet en las instituciones y actores de la política contemporánea; la relación entre la red y los demás medios de comunicación; y el replanteamiento de las grandes cuestiones políticas (la guerra, el feminismo, el ecologismo, el multiculturalismo y el individualismo) en el ciberespacio, que es un supraespacio público en el que lo colectivo se mezcla con lo particular y privado para dar una mezcla de incalculables consecuencias. Sería estúpido que hablara de la calidad de la obra, de forma que aquí dejo el asunto.

El otro libro, Memoria del franquismo, está en imprenta y tiene prevista salida en la editorial Ramón Akal en febrero de 2011. Ya hablaré más por entonces. Además de éste también se han publicado las dos traducciones, ambas asimismo en Tirant lo Blanch, Introducción a la Teoría Política, de Andrew Heywood y La transformación del Estado, de Georg Sorensen, dos muy apreciables textos de distintas materias que vienen muy bien en la Universidad. El baranda de Tirant, Salvador Vives, es el editor con el que sueña todo escribidor: toma decisiones, corre riesgos, es académico y expeditivo.


EL PAPA EN VALLEKAS

El otro día participé en el debut de un programa político de Tele K llamado La tuerka en formato tertulia. Pero no de esas tertulias de cadenas consagradas y TDTs de lujo en las que corre el vino y el verbo incendiario, sino más de tipo tele marginal con sillas de sky y mejor voluntad que comodidades. Por no tener no tienen ni maquillaje con lo que los cinco que intervinimos estuvimos al crudo natural. Menos mal que, como los focos tampoco eran muy potentes, la cosa no ofende. Aparte del presentador, Pablo Iglesias, un joven profesor de Políticas de fuerte espíritu fáustico, los participantes éramos Leo Bassi, el bufón al que quieren triturar en los



tribunales los sólitos furibundos defensores de Covadonga, Roncesvalles y el 18 de julio; Rosario Segura, representante de Europa laica; Alberto Hidalgo, de la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (FELGTB); y yo, que sólo me represento a mí mismo y no siempre con gran convicción.

El caso es que lo pasé muy bien. Desde que, al ganar las elecciones el PP en 1996, me echaron de todos los medios por abominable felipista, no había vuelto a pisar un plató, de esos desde los que ahora se lanzan procacidades. Y aunque el de Tele K es más plato que plató, fue un interesante reencuentro.

El programa era muy ágil, estaba muy bien cronometrado, Pablo lo llevaba como si no hubiera hecho otra cosa en su vida, hubo vídeos simpatiquísimos, y mis contertulios dijeron cosas muy sensatas y verdaderas, de esas que no se escuchan por las teles al uso. Lástima que Tele K sea tan insignificante ante la gran tanga mediática como Joseph K ante su proceso. El programa debería llegar al Vaticano. El Papa debiera visionarlo. Tendría otra idea de su misión en la tierra. Respetuosa pero crítica.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El Papa, de espaldas al mundo.

L'Osservatore romano de ayer traía una selección del libro que saldrá a la venta el próximo martes, 23 de noviembre, festividad de San Trudón de Sarquinium, presbítero, titulada El Papa, la Iglesia y el signo de los tiempos. El libro recoge una larga conversación con el periodista y escritor alemán Peter Seewald y se titula Luz del mundo, nada menos. Si la antología es representativa del conjunto del intercambio (y son unas 280 páginas), es decir, si se reflejan todos los temas tratados, está claro que el Papa se considera y considera a la Iglesia la conciencia moral del mundo, aunque reconoce que el cristianismo no determina la opinión pública mundial.

Al propio tiempo no deja de ser curioso que se erija en conciencia moral del mundo alguien que sabe tan poco de él, que incluso lo ignora. Como prueba: en toda la antología (habrá que ver si asimismo en el libro, aunque tiene toda la pinta) no hay una sola palabra del Pontífice sobre la crisis general del capitalismo que azota al mundo hace ya tres años, ni sobre el capitalismo o la corrupción, o la especulación, el paro, el hambre, el creciente abismo entre ricos y pobres, etc. El Papa está dedicado a más altos menesteres. La Iglesia ya no tiene doctrina social; sólo moral, filosófica y teológica y por este orden.

Es el orgullo del intelectual quien, tras declararse pobre mendicante ante Dios, que parece una broma, dice fundirse en espíritu con los santos Agustín, Buenaventura y Tomás de Aquino, a su vez los intelectuales. No con Francisco, Martín o Esteban, el protomártir. Y lo que le interesa es combatir la actual fe en el progreso basada en un uso excluyente de la razón con pretensión de totalidad (sic) que va, dice con retorcido argumento y sofisma, en contra de la libertad. Libertad para profesar la sinrazón, la fe, los milagros, las alucinaciones místicas, los conjuros mágicos que tanto bien han hecho a la especie humana.

Este orgullo de intelectual doctrinario alcanza su manifestación más delirante en el tratamiento de los judíos. Está claro, sostiene, que los judíos son nuestros hermanos y que el Nuevo Testamento no puede entenderse sin el Antiguo; está claro asimismo que el comportamiento del Vaticano con el III Reich dejó bastante que desear. Pío XII calló, afirma su sucesor, porque no podía hacer de otro modo pero, añade, salvó muchas vidas judías. Será como Su Santidad dice pero sin duda salvó muchas menos de las que condenó con su silencio. En fin, el asunto adquiere tonalidades sublimes cuando recuerda que Cristo también ha venido a salvar a los judíos, no sólo a los paganos, quieran o no quieran, en el más dulce espíritu católico.

Allí donde el Papa aborda cuestiones del siglo, sus manifestaciones muestran un paladino desconocimiento de la realidad. En materia de pederastia del clero, Benedicto XVI confiesa que ha sido duro de tragar porque ese comportamiento ensucia el sacerdocio. ¿Qué iba a decir? A continuación da a entender que el tratamiento de los medios pretendía poner a la Iglesia en un brete, desprestigiarla. Admite el mal y el daño causado por ese clero pero no parece entender que, si se ha conocido, ha sido gracias a los medios.

Su imagen de las drogas resulta apocalíptica. La droga destruye personas y hasta países enteros. La llama paraíso del diablo que, como metáfora (muy en la línea de los Paraísos artificiales de Baudelaire) empleada por un pontífice católico, no deja de tener su chiste. Pero, fuera de condenar con gesto sombrío, no aporta una sola idea, una sola propuesta de solución.

Pero en donde el Papa muestra su lado más dogmático, ajeno al mundo real y al conocimiento más elemental de los asuntos sobre los que pontifica, y nunca mejor dicho, es en lo referente a cuestiones sexuales y a las mujeres. No sabe nada pero juzga sin apelación posible. El condón es condenable porque banaliza la sexualidad. Atención a ese galicismo de "banalizar" que presupone algún tipo de carga trascendental para la sexualidad. ¿Y qué puede ser ello? Sencillamente, que el condón hace posible separar la sexualidad de la procreación, es decir, libera la sexualidad lo cual horripila al Papa y ese es el verdadero motivo de su enemiga al condón. Como no lo puede decir, probablemente porque le da vergüenza, emplea el término "banalizar" y, añade, además, para cargarse de razón científica, que tampoco sirve para contener el SIDA que es como decir que el agua no apaga el fuego.

En cuanto a las mujeres el Papa oculta su misoginia colgándose de las palabras de su predecesor: La Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal. Es decir: no es que no queramos; es que no podemos, es que la Iglesia fue constituida por Cristo como un androceo al escoger doce discípulos y ninguna discípula. No podemos hacer nada. Y, sin embargo, esto es falso: Cristo otorga a San Pedro la llave del Reino de los cielos y le confiere plenos poderes de modo que todo lo que aquí atare será atado en el cielo y todo lo que desatare, desatado. La iglesia no tiene sacerdotisas porque no quiere, no porque no pueda. Estaría bueno. Es evidente que se trata de una discriminación; tanto que, a renglón seguido, para aliviar su mala conciencia (que pretende sea la del mundo), el Papa se felicita de lo muy importantes que son la mujeres en la Iglesia al día de hoy en las funciones que tienen encomendadas. Todas ellas subalternas, por supuesto.

(La imagen es una foto de Catholic Church (England and Wales), bajo licencia de Creative Commons).