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miércoles, 1 de marzo de 2017

La prensa y el poder

Una relación conflictiva, como debe ser. Cuando no lo es, algo falla. Es justamente célebre la contundente afirmación de Thomas Jefferson, "padre fundador" y redactor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos hacia 1786 de que "si tuviera que elegir entre un gobierno sin prensa o una prensa sin gobierno, elegiría lo último sin dudarlo por un momento". El que llegara a tercer presidente de los EEUU tenía la peor opinión de los gobiernos (incluido el suyo), a los que consideraba compuestos por lobos prestos a devorar a los pueblos que eran como ovejas. Si alguien o algo podía evitarlo era una prensa libre. 216 años más tarde, el 45º presidente, Donald Trump, ha invertido los términos, pues considera que la prensa es la enemiga del pueblo. La "canallesca", que decían los franquistas. El sucesor de Jefferson, en su animadversión a los medios, se identifica a sí mismo con el pueblo. O al revés: al pueblo consigo mismo. Él es el pueblo y la prensa su enemiga y de ahí la siniestra expresión de "enemigo del pueblo", utilizada en todos los tiempos por las más diversas formas políticas revolucionarias con vocación de tiranías.

Pero eso es en los Estados Unidos. En España, la relación entre el poder político y los medios es, por lo general, idílica. Los medios públicos están íntegramente al servicio del partido gobernante en su ámbito territorial y lo mismo sucede con los privados, especialmente los periódicos de papel (y sus versiones digitales) que dependen en gran medida de la publicidad institucional y un régimen de subvenciones generoso que las autoridades políticas interpretan según criterios del más estricto clientelismo. Las televisiones privadas se salvan algo más porque diversifican sus fuentes de financiación, dado que su consumo es muy alto. 

Así resulta que en el mes en que nos enteramos de que El País sigue perdiendo lectores a granel (26,4% menos que en enero de 2016) y que está a punto de descender de la barrera de los 100.000 lectores, la Junta de Andalucía le otorga un galardón, la medalla de Andalucía 2017. No hay duda: cuando el poder político alaba, halaga, premia, condecora a un periódico es porque le interesa, porque le es cómodo, le canta las alabanzas o, cuando menos, no le saca a relucir sus vicios. El País ha tomado partido desde el principio en el conflicto del PSOE en contra de Sánchez como SG y en contra de Sánchez candidato a SG y a favor de la junta gestora y la candidatura de Díaz. Cuenta en su consejo editorial con Felipe González y Pérez Rubalcaba, lo cual explica algunos de los editoriales más venenosos contra Sánchez. El País se ha puesto al servicio de la junta gestora y de la candidatura de Díaz a la SG.

Esa decisión merece un premio: la medalla de Andalucía que va a costar más lectores de El País y más votantes de Díaz.  Para nada porque, por mucho que el diario editorialice, Díaz sigue saliendo la tercera en prácticamente todas las encuestas, sondeos y vaticinios.

jueves, 20 de octubre de 2016

La caída de los dioses

En los lejanos años 80 del siglo pasado, los socialistas llamaban a Felipe González "Dios", prueba a la vez de su educación religiosa y su irreverencia. Ese "Dios" descendió del Olimpo y se autoatribuyó la condición de "jarrón chino", costoso, delicado, pero de mucho estorbo. Y, en efecto, al cabo de un tiempo, el jarrón, a fuerza de estorbar, ha acabado hecho añicos. En la sede socialista de Torrent, figura el retrato de González junto al de Pablo Iglesias, solo que él está cabeza abajo El "Dios" se hunde en el descrédito. En la Autónoma le han releído su propio pasado en clave negativa en un virulento escrache de anticapitalistas.

El boicot iba dirigido asimismo contra el otro conferenciante, Juan Luis Cebrián, otro "Dios" y este mayor que el socialista porque lo es de los medios. Cebrián es el símbolo vivo de El País, periódico que atesora un pasado de prestigio como vehículo de la democracia en España, pero en los últimos años ha ido perdiéndolo, hasta caer en el estigma de prensa del gobierno. De hecho, la reacción del diario al escrache ha sido de subida militancia, acusando a Podemos -como lo hace el PSOE- de instigar a la violencia. Dice El Plural que "sin pruebas". Depende de lo que se consideren tales. Dada la mutua animadversión entre Podemos por un lado y el PSOE institucional y El País por el otro, lo sucedido era muy de prever.

Lo cual no quiere decir que sea justificable. En absoluto. Impedir la libre exposición de las ideas no es aceptable y menos cuando se hace tumultuaria y violentamente. De ningún modo. Toda censura del tipo que sea implica una presunción de infalibilidad de la parte del censor. Téngase en cuenta que, dado el contexto del acontecimiento -unas jornadas a base de conferencias- lo que los exaltados boicoteadores gritaron y exhibieron podían haberlo dicho tranquilamente en el curso del coloquio. Todo. No hacerlo y recurrir a la violencia, la coacción y el boicot es una muestra de inseguridad y debilidad. Solo quien desconfía de sus ideas se niega a contrastarlas en público.

Los dioses del pasado han perdido su aura y son hoy objeto de ludibrio. Tanto que es preciso encontrar alguna razón. Algo que explique esa encendida animadversión que suscitan ambos. Y no se me ocurre otra que recordar cómo los dos personajes, González y Cebrián, han actuado siempre en sintonía, habiéndose esta reforzado con la entrada de Rubalcaba en el consejo editorial del diario. Este aparece así como el puente que une el gobierno de la derecha (de cuyo beneplácito depende económicamente al parecer) con el PSOE. Dado que, a su vez, algunos bancos han invertido en la empresa, es difícil encontrar un símbolo más acabado del poder en la España de la Restauración. Un bloque de poder que influye decisivamente sobre la opinión pública en pro de una política de partido, favoreciendo a unos, atacando y desprestigiando a otros y manipulando la información a extremos grotescos. Esta actividad no es un escrache más o menos tumultuoso y efímero, sino una política deliberada, aplicada día a día, desde poderosos centros de influencia para manipular la opinión pública al servicio de los intereses de la estúpida, corrupta y sempiterna oligarquía española; la maldición de este país.

No es violento, no es tumultuario, pero es igualmente agresivo, si no más. Y es igualmente condenable.

viernes, 2 de septiembre de 2016

NO sigue siendo NO

Cualquiera que haya visto la primera sesión de la segunda guerra de la investidura habrá llegado a la conclusión de que el presidente de los sobresueldos ha cosechado lo que lleva casi cinco años sembrando: oposición, desconfianza,  animadversión, movidos por su talante embustero, abusivo y fascistoide. Él, a su vez, ¿qué ha hecho en los últimos ocho meses? Nada o menos que nada. Hurtó el cuerpo en la primera ronda y ha venido a la segunda a rastras, tras dilatarla dos meses. No ha tomado ninguna medida, ni propuesto cambio alguno en sus políticas ultrarreaccionarias ni en las personas que las llevan a cabo. Y juega con insoportable ramplonería a chantajear a la gente con la fecha de las terceras elecciones si no se le elige.

Se niega a aceptar la evidencia misma: que él es la causa principal del bloqueo. El bloqueo es su responsabilidad, igual que la corrupción que caracteriza su partido y su gobierno. Pero así como la corrupción no lo ha llevado a dimitir por pura decencia personal, tampoco el bloqueo le motiva a quitarse del medio. Es el absurdo empecinamiento del hombre en conservar la poltrona y, con ella, el aforamiento, el que tiene bloqueada la política y paralizado el país.

Bien, pues miren ustedes las portadas de la prensa de papel de ayer. Parecen los periódicos del Movimiento Nacional. Todos dicen lo mismo con mala o con peor intención. Pero lo mismo: el culpable del bloqueo es Pedro Sánchez. Añadan las tertulias, las radios, las televisiones. Todas cargan contra él y piden la abstención del PSOE en la segunda vuelta. Sumen las voces en todos los tonos de diversos prohombres y alguna promujer, reclamando sentido del Estado a Sánchez para que se abstenga y permita que gobierne Rajoy, aunque, en frase muy significativa de González, no lo merezca. Un argumento cuya pretensión de altura de mira política y moral no puede ocultar su fullería pues, si no se gobierna por merecimiento, ¿por qué se gobierna? ¿Por la fuerza? ¿Por la intriga? ¿Por el dinero? Para eso no hacen falta elecciones. Ni democracia.

En fin, un agobio para Sánchez que, afortunadamente, no se reiterará hoy porque hasta los más cerriles "moderados" de todas las tonalidades han asimilado ya el segundo NO. Por cierto el único ámbito en el que parece predominar una actitud favorable a Sánchez es en las redes. Espero que esto no impulse a los trolls de los otros partidos a inundar twitter de ataques a su persona.

La refriega retornará mañana. Pero a ella se incorporan un Rajoy derrotado dos veces, sin crédito, desprestigiado y  embadurnado de corrupción y un Sánchez que ha demostrado la tenacidad y la fuerza de mantenerse frente al aluvión de presiones. Como suele suceder, sus adversarios minusvaloraron sus cualidades de liderazgo y resistencia. Un respeto para este hombre que se hizo con la Secretaría General casi de carambola, llevó al partido al peor desastre electoral de la historia reciente y acabó unificándolo tras su negativa a facilitar el gobierno de una derecha corrupta.  Negativa con derrota que le ha dado el aura del vencedor. 

Palinuro no tiene confianza en las capacidades especulativas de Sánchez, no comparte su actitud  dinástica, olvidada la República,  ni está de acuerdo con su nacionalismo español ortodoxo. Un nacionalismo secularmente fracasado que solo se impone por la fuerza y que lo asimila al de la derecha con una sola diferencia cuantitativa respecto a la dureza o flexibilidad de los tratos con ls independentistas. Este desacuerdo no solo se refiere a cuestiones de principio, a las que es reacio Sánchez por sus aristas teóricas y, eso, especulativas, sino que afecta a intereses del mismo PSOE. El nacionalismo español ortodoxo (variante federal) ha reducido notablemente el voto socialista en Cataluña pero, justamente, la aportación de diputados catalanes era esencial para que el PSOE aspirara a la mayoría en San Jerónimo. Tanto por razones de principio como de conveniencia, el PSOE haría bien en revisar su actitud frente al independentismo, empezando, desde luego, por la cuestión del referéndum. 

Esta repentina resistencia opositora del PSOE ha dejado a Podemos aferrado a una vana ilusión: la de ser el referente obligado de la izquierda y la oposición a Rajoy. El NO de Sánchez sitúa a los morados en la precariedad de entrar en una alianza con el PSOE que sería como las horcas caudinas o ir a unas terceras elecciones que pintan muy sombrías. No obstante, la jefatura, a la que cuesta ver la realidad, sigue soltando bravatas. El partido cuyo grupo parlamentario tiene cuatro portavoces, señala que "desgraciadameente" hay una guerra interna en el PSOE, pero que ojalá salga íntegro y dispuesto a entregarse a Podemos.

Pero estos asuntos de la izquierda son ya lo de menos. Tampoco lo es lo de los independentistas catalanes que, como es lógico, van a su bola. Ahora lo importante es si en este agitado mes de septiembre se produce algún acontecimiento que obligue a unos u otros a cambiar de actitud y, quizá forzar la formación de algún tipo de gobierno o si es mejor ir ya a las terceras elecciones.

lunes, 19 de octubre de 2015

Tiempo de ataques.


Palmira Chavero (2015) Prensa y política en tiempos de crisis: estudio de la legislatura 2008-2011. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas. (263 págs.)

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La clave para entender el desastre de esta legislatura con mayoría absoluta del PP dirigido por un prodigio de incompetencia y mala fe como Rajoy se encuentra en la segunda de Rodríguez Zapatero. Por este motivo se agradecen obras que, como esta, aborden aquel tiempo con distanciamiento y perspectiva científica. El propio Palinuro y su colega César Colino publicaron un reader en 2012 con otros colegas tituladoEspaña en crisis. Balance de la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero. Valencia: Tirant Lo Blanch, subrayando lo que entendían entonces y este libro en comentario viene a confirmar: lo decisivo del segundo gobierno socialista de Rodríguez Zapatero fue el hecho de que tuviera que bregar con la crisis que, en mi modesta opinión, acabó con él. La diferencia entre nuestro trabajo y este no reside en las conclusiones, sino en el enfoque. Nosotros dimos una perspectiva panorámica del conjunto de la legislatura, mientras que Chavero se concentra en el aspecto de la comunicación política.

La obra de la joven profesora es el resultado de una magnífica tesis doctoral, debidamente aligerada de aparataje científico y metodológico sin merma del rigor, para hacerla de más fácil y grata lectura, cosa que consigue cumplidamente. Chavero se mueve como pez en el agua en el vasto campo de la comunicación política y más específicamente en las principales teorías explicativas del impacto de los medios en la vida pública, las teorías del agenda setting, del framingy de la tematización (pp. 20/26). Su hipótesis de partida es que, además de vigilar a los poderes públicos, los medios de comunicación mantienen una relación de interacción con los actores políticos que se desglosa en dos direcciones a su vez interrelacionadas: los medios desempeñan un papel activo en el proceso de comunicación política y, en los contextos de crisis toman parte activa en la resolución de los asuntos de relevancia pública (p. 33)

Chavero aborda su investigación con una doble perspectiva, cuantitativa y cualitativa por razones tan obvias como bien y convincentemente expuestas por la autora. Su objetivo es un análisis de contenido de la prensa de papel de referencia centrado en su visión de la gestión del sistema político, tanto en el gobierno como en la oposición. Para el análisis cuantitativo somete el estudio de las variables a tablas de frecuencia y contingencia y, en el caso de las dicotómicas, a la regresión logística y para los aspectos cualitativos, al análisis crítico del discurso (pp., 35/40).  La prensa escrita de papel que considera de referencia es El País, El Mundo, ABC (Sevilla), La Vanguardia, El Periódico de Cataluña, La Voz de Galicia, Levante EMV, El Correo (Euskadi) (p. 38). El criterio de selección de los diarios obedece a territorialidad, difusión y posicionamiento ideológico (p. 45). Sin duda es un buen procedimiento y está avalado por una larga tradición de estudios de este tipo que toman como objeto los viejos y grandes periódicos. Su objetivo, obviamente, es estudiar qué actitud tomaron estos medios respecto al gobierno de Rodríguez Zapatero y la oposición de Rajoy. No va más allá, ni puede en una época en la que, como la misma autora señala más abajo, la difusión de la prensa escrita de papel es cada vez más baja, la influencia de esta cede ante el predominio apabullante de la televisión y, asunto cada vez más interesante, los medios digitales (escritos como los otros, pero no en papel) cada vez ganan más audiencia, por no hablar de la revolución que están suponiendo las redes sociales

Con referencia a los clásicos y venerables periódicos de kiosco, Chavero recurre a la clasificación de Hallin y Mancini para aceptar que el sistema mediático español es de un pluralismo polarizado (p. 56). Pero esta tipología admite variantes que la autora subraya. No todos los políticos ni partidos tienen el mismo comportamiento frente a los medios. Zapatero cuenta en su haber con la despolitización de la radiotelevisión pública (p. 61) mientras que la llegada del PP en noviembre de 2011 puso punto final a la etapa de independencia de la RTVE (p. 63). La autora se abstiene de hacer juicios de valor en este caso, pero el crítico no se siente constreñido por el mismo corsé de rigor metodológico y aprovecha para subrayar que ya solo esta diferencia radical de actitud frente al derecho a la información demuestra que quienes afirman que el PP y el PSOE son lo mismo no saben lo que dicen o lo saben y saben que mienten. Por cierto, quien quiera un sucinto e ilustrativo resumen de la audiencia de los medios en España y a qué banderías y escuderías pertenece cada uno, hará bien en consultar esta obra, muy puesta al día en un panorama cambiante (p. 73).

En la parte de análisis empírico, la autora hace una caracterización del contexto político, afirmando, como hicimos nosotros en la nuestra, que la crisis fue la protagonista de la legislatura (p. 92) y realmente dio al traste con ella. Su segundo y último tramo estuvo caracterizado por el movimiento de los indignados y un  fin de legislatura con convocatoria de elecciones anticipadas en noviembre de 2011 bajo presión generalizada. Lo más llamativo, un artículo de Juan Luis Cebrián, de 18 de julio de 2011, conminando al infeliz de Zapatero a que convocara elecciones, cosa que este hizo (p. 96). No cabe olvidar que, a diferencia de lo que sucedía con Felipe González, las relaciones del grupo PRISA y el gobierno de Rodríguez Zapatero eran muy malas porque este había intentado poner en pie un conglomerado mediático rival del otro. Así que, cuando Cebrián carga contra la "insoportable levedad" de Zapatero, suelta el rencor y la rabia contenidos hasta entonces por la osadía del socialista de liberarse de su tutela. Ignoro si, al ver cómo Zapatero cedía como un cordero, Cebrián acabó creyendo que su opinión tenía un peso decisivo en la conducta de los gobernantes. Es una neurosis muy frecuente entre pseudointelectuales. Pero, si lo creyó, habrá abandonado la idea. Ante la situación de catástrofe nacional en que Rajoy ha sumido el país, ahogado en el fracaso, la corrupción y la amenaza de fragmentación territorial, el mismo Cebrián ha escrito otra de sus insoportables conminaciones pidiendo igualmente elecciones anticipadas con el resultado de que Rajoy las ha convocado habiendo rebasado el plazo estricto que tenía. Es duro para alguien tan soberbio pero a Cebrián los poderes públicos no le hacen el menor caso. 

Chavero estudia la comunicación de la crisis a través de la evolución de los encuadres. Desde el principio, el encuadre dominante es el que propone el gobierno: salida de la crisis con un programa social (p. 102) y este es el enfoque que las duras circunstancias se encargarán de alterar y que se verá obligado a dejar paso a otros temas como el terrorismo, la corrupción y los partidos políticos (pp. 117/123). La autora concede igualmente una gran atención al proceso de diálogo social porque, a diferencia del campo devastado en que el dominio del PP dejaría después las relaciones laborales, estas interrelaciones entre los agentes económico-sociales con otra correlación de fuerzas era entonces importante. De aquí nace una "coalición negativa" contra zapatero (p. 147) y la imposición de la reforma laboral por decreto en junio de 2010, (p. 160), cuando ya podía verse que lo duro todavía estaba por llegar. Habida cuenta de que, al triunfar el PP en noviembre de 2011, se apresuraría a sustituir el normal procedimiento legislativo por el uso y el abuso del Decreto-Ley, no hay más remedio que coincidir con la autora en que la legislatura terminó con un triunfo de la derecha mediática (p. 168).

Un epígrafe especial dedica Chavero a la presión de la UE y la reforma de la Constitución en el verano de 2011. En ella se selló el destino del segundo gobierno de Rodríguez Zapatero. De no ser porque esa reforma fue un atropello neoliberal imperdonable que ya veremos si se deroga con un hipotético triunfo electoral del PSOE, sería cosa de subrayar el aspecto cómico de que, probablemente, la reforma fue posible por la pura ignorancia de Zapatero sobre la materia que, se supone, enseñó alguna vez en la Universidad, el Derecho Constitucional. De haber sabido el español que los alemanes reforman su constitución con frecuencia, que llevan unas sesenta reformas desde 1949, a lo mejor se le hubiera ocurrido la conveniencia de explicar a Merkel que la reforma constitucional no tiene el mismo impacto en Alemania que en España con lo que quizá hubieran podido buscar otra vía que fuera menos devastadora para el PSOE, partido que perdió luego las elecciones con el porcentaje de voto más bajo desde la transición, lo cual dio alas e ilusiones a los bisoños de Podemos.

Chavero dedica un muy interesante capítulo a la campaña electoral y a su precampaña de cuatro meses y concentra su atención en el momento culminante, que fue el debate televisado Rajoy-Rubalcaba, en donde este terminó de perder las escasísimas esperanzas que pudieran quedarle de ganar a elecciones (pp. 212/213). 

La investigación llega a su conclusión satisfactoria validando sus hipótesis. Los medios en España son beligerantes y, en el caso de la segunda legislatura de zapatero, impusieron un estilo de campaña y una estrategia dominante caracterizada por la conflictividad en todos los órdenes (p. 234). Su resultado es la catástrofe que llevamos viviendo desde 2011 y el riesgo cierto de ruptura del país.

viernes, 19 de junio de 2015

Cinco desprecios en uno.

La cuenta de twitter de Santiago Romero Ruiz trae la foto que acompaña con una pregunta: ¿Ningún periodista en la sala tenía un reloj de esos que sirven para apagar la tele?

Cuesta creerlo, pero la legislatura que comenzó con la vergüenza de una rueda de prensa de plasma termina como empezó,  en plasma y en vergüenza. Rajoy ha reunido al Comité Ejecutivo Nacional del PP para espetarle un discurso y comunicarle unas decisiones que traía tras intensa consulta con su almohada. Para lo que pintan los miembros del Comité Ejecutivo, pudieron asistir a la comunicación de la Jefatura en compañía de los periodistas. Una comunicación a un órgano silente y una rueda de prensa sin preguntas, todo en uno. Es la sociedad de la transparencia y la comunicación 2.0.

Lo de menos es el contenido de esta  ridícula performance. "El País" se queja en amargo editorial de que Rajoy trae pocas nueces y está tan noqueado que hasta le falla el refranero porque si las nueces son pocas, el ruido es menos. Silencio denso, solo roto por por el monólogo del autócrata con su peculiar estilo. Y a callar. Pedir que hubiera algo distinto, a la vista de la situación, es desconocer el carácter del presidente, consistente, como es sabido, en dejar que las cosas se pudran. Máxime cuando vienen podridas de casa.

Es tanta la corrupción que ya no hay en dónde escoger gente sin líos. El recién nombrado número tres está imputado en la investigación judicial por el hundimiento de Caja España. La corrupción alcanza dimensiones patafísicas pues el problema ya no es qué hacer cuando se imputa a un cargo público, sino qué hacer cuando se da un cargo público a un imputado.

Lo que importa son las formas y, sobre todo, las intenciones. Ambas contienen cinco desprecios de Rajoy:
  • al partido y sus dirigentes y militantes. Quienes sostenían por orden de la superioridad que habían ganado las elecciones porque eran el partido más transparente de España, se enteran ahora de que han perdido los votos del centro a causa de la corrupción que, a pesar de no existir, ha hecho mucho daño.  ¿Conclusiones de un debate? ¡Quite allá! ¡Ni que el PP fuera un partido asambleario! Verdades axiomáticas comunicadas desde las alturas. Consecuencias: unos cambios en los destinos del personal decididos también en las alturas. Se quita a unos, se pone a otros y nadie rechista antes ni después. Los criterios, absolutamente personales. Explicaciones, ni una. Cambia el partido. El gobierno no toca. Punto.
  • a los periodistas. Una rueda de prensa en plasma, sin preguntas, es una humillación profesional. Y algo insólito en las democracias occidentales, inficionadas de liberalismo y libre examen. Aquí, las decisiones y opiniones del poder no se discuten ni se cuestionan. Rajoy dice, por ejemplo, que las elecciones catalanas del 27 de septiembre, si se convocan, serán elecciones autonómicas y nada más. Si se quiere que sean algo más, el gobierno hará valer la soberanía nacional. Y no se admiten preguntas. Los periodistas pueden escuchar y comentar entre ellos. Es de suponer que esta pintoresca ceremonia está ya en You Tube. Aprovecho para sugerir al gobierno que haga todas las ruedas de prensa en ese canal. Quizá no lleguemos al soldado universal, pero sí quizá al periodista universal.
  • a sus votantes. Todo es un problema de comunicación. Recuérdese que para Rajoy lo dañino era el martilleo de las televisiones y la incapacidad para engañar a la gente con una historia de recuperación que nadie cree por más noticias halagüeñas relativas a macromagnitudes que compran en los zocos internacionales. Los votantes fieles están seguros y es preciso concentrarse en los volanderos mejorando la comunicación y propaganda y no poniendo coto a los desastres y desmanes que todo el mundo ve. La gente no debe ver lo que ve sino lo que el gobierno quiere que vea. 
  • a los ciudadanos. La información es un derecho. Los ciudadanos lo ejercen mayormente a través de los periodistas. Silenciar a estos es negar a aquellos el ejercicio efectivo de un derecho. Aparecer en forma de plasma, como un remedo cutre del Gran Hermano orwelliano, sustituyendo los minutos de odio por los de intoxicación y estupidez es un insulto al conjunto de la ciudadanía. Esta carece de todo acceso a la información dado que quien comparece en plasma ante los periodistas, no aparece ni en plasma en el Parlamento en donde acepta tantas peticiones de comparecencia de la oposición como preguntas de los periodistas.
  • a la oposición. Da un poco de corte llamarla así porque apenas se opone. Aplastada y asfixiada por el rodillo de la mayoría absoluta, está reducida a la irrelevancia o a ser el muñeco que recibe las bofetadas en los escasos y breves intercambios dialécticos semanales en los que la bancada del gobierno ovaciona los desplantes del presidente al lider de la oposición mayoritaria. La oposición no hace otra cosa que legitimar una práctica autoritaria de gobierno que prescinde del Parlamento e interfiere en el Poder Judicial. Está legitimando algo muy peligroso sin recurrir a las armas que tiene. Y, sin embargo, no le queda más remedio porque los cambios anunciados por Rajoy (Cospedal en la secretaría general y Moragas a la campaña) tienen  una clara intencionalidad: ganar las elecciones como sea. Y, si es preciso, cambiando a su favor la ley electoral. Es lo que hizo la dueña castellano-manchega. Y, a pesar del ello, perdió. Lo mismo, probablemente, pasaría en las generales. Pero, en principio, es absolutamente intolerable que se quiera cambiar la ley electoral a cinco meses de la consulta. Es una evidente muestra del juego sucio en el que se ha especializado esta asociación de presuntos malhechores.
  • Lo siento, pero la moción de censura es inexcusble.

jueves, 8 de enero de 2015

Notas mínimas sobre la blasfemia.


Los responsables de la matanza de Charlie Hebdo son quienes la han perpetrado.

El Islam no es culpable. Lo es el fanatismo. Hace cuatro años otro fanático de extrema derecha, Anders Behring Breivik, asesinó en Noruega a tiro limpio a 77 personas. Y no es musulmán, sino cristiano; seguidor de los templarios, por más señas.

Las religiones son caldo de cultivo del fanatismo. Sobre todo, las tres del Libro, mosaísmo, islamismo y cristianismo. Las tres son muy crueles.

El islamismo parece la más bárbara. También es la más perseguida. Hace años que las otras dos, lo que llamamos Occidente, hacen una guerra de exterminio contra la otra. Persiguen a los islamistas, los encarcelan,  los asesinan, les roban sus tierras, les destruyen sus casas, matan a sus hijos, sus familias, todo lo cual obviamente, exacerba los fanatismos y los lleva al terrorismo, a los atentados suicidas, a la barbarie contra inocentes.

Un par de tuits de Willy Toledo ha levantado polvareda. Dice uno:  El Pentágono y la OTAN bombardean y destruyen países enteros, asesinan a millones, cada día. D verdad esperamos q no hagan nada? El propio Toledo no está justificando los atentados, los repudia, pero nos obliga a reflexionar sobre nuestro comportamiento. Lo que pasa hace años en Palestina, en Irak, en Afganistán, en Siria, también es terrorismo. Decapitar rehenes es abominable. Y Guantánamo ¿qué es?

Toledo tiene el don de la impertinencia. Está en la línea de San Mateo; "quien a hierro mata, a hierro muere" (Mat., 25: 52), sin hacer distingos sobre las manos que manejan los hierros.

Dos acontecimientos podrían ayudar a que el Islam se modernizara y entrara en la edad de la tolerancia: un cambio de actitud de Occidente y una reforma interna en la religión similar a la luterana en el cristianismo, que tanto hizo por civilizarlo. Lo primero depende de nosotros, de nuestros gobiernos, a los que hemos de presionar, cosa que no hacemos. Lo segundo depende del propio Islam, pero debiera hacerse lo posible por fomentarlo.

La lucha contra el fanatismo y el terrorismo, en defensa de la tolerancia y las libertades, empezando por la de expresión, es la lucha por la supervivencia de la civilización y la dignidad del individuo. Y debemos hacerla sin ambigüedad ni desfallecimiento.
 
Pero también debemos barrer nuestra casa y revisar nuestro comportamiento. Solo así tendremos la autoridad moral que invocamos en muchas ocasiones con harta hipocresía.
 
La Iglesia católica sigue siendo intolerante. Se ha apropiado -indebidamente a jucio de Palinuro- de la mezquita de Córdoba y la está llenando de simbología y parafernalia católica. Eso es intolerancia. El obispo de Alcalá niega sus derechos a los homosexuales y, si pudiera, seguramente haría algo peor con ellos. El ministro del Interior es fervoroso miembro del Opus, una secta que considera "pecado grave" la llamada blasfemia. No lo ha convertido en delito del código penal porque no ha podido, pero no por falta de deseos y porque, además, el delito de escarnio del Código Penal  (art. 525, 1) ya se le acerca bastante. Blasfemia es lo que los asesinos islamistas ha ido a castigar en Charlie Hebdo. La diferencia, nada desdeñable por cierto, está en la cantidad y el tiempo. Pero el parecido reside en el contenido.
 
La  blasfemia puede ser un pecado, según las convicciones morales de cada cual, pero no un comportamiento socialmente punible y mucho menos un delito. Es más, es un derecho. Mientras esto no esté definitivamente asentado, las tres religiones del Libro serán un peligro para la tolerancia y la libertad. Según la época de que se hable, unas más que otras.
 
Palinuro tributa profundo reconocimiento a todas las víctimas de ayer, mártires en la lucha por la libertad de expresión.

jueves, 30 de enero de 2014

Del Watergate al Firegate.

La ambición de siempre de Pedro J. fue destapar un Watergate en España. Más que una ambición, una obsesión. Sus héroes juveniles eran Woodward y Bernstein, igual que para otros espíritus inflamados puedan ser Indíbil y Mandonio, Daoíz y Velarde o Aquiles y Patroclo. En un par de ocasiones los emuló en tesón, constancia y contumacia, creyendo haber encontrado la prueba de cargo definitiva, la época del infame Felipato (los GAL) y el 11-M. (ETA). Qué digo emuló: superó pues, según parece, aún no conocemos la verdad del 11-M. Y quizá no la conozcamos nunca porque el Watergate ha resultado ser un Firegate. Las presiones del gobierno, según se dice, han dado con nuestro hombre en la lona. Con una indemnización millonaria y un periodo de carencia de dos años que semeja unas horcas caudinas: te privamos de la niña de tus ojos y no podrás poner tus pecadoras manos en otro periódico durante una temporadita.Hace muchos años, en su lucha contra el felipismo, alguien lo comparó con David contra Goliat. Ahora, el mismo hagiógrafo podía compararlo con Galileo Galilei: en arresto domiciliario por orden de la Inquisición.

Al margen de las consideraciones -las habrá en abundancia- sobre el relieve del personaje, hay dos consecuencias inmediatas de la defenestración: a) la escuadra de columnistas y opinantes se moverá; b) la opción aguirrista en el PP pierde una posición importante.

Eso nos lleva al terreno en que parece estar jugándose esta partida. La lucha por el PP. Que Rajoy -según parece- acelere la caída de Pedro J. puede significar que entabla el combate final por el control del partido frente a la vieja guardia en torno al combativo Aznar.  La rebelión del delfín.  El farol del presidente: el terror de la derecha a la escisión, supone él, consolidará su posición y Aznar, ya es hora, pasará a la historia. En este momento tiene en sus manos  tres bazas: la lista al Parlamento europeo y las candidaturas a la comunidad y la alcaldía de Madrid. Muchas carreras, muchas expectativas para que nadie se mueva. 

La primera víctima en este conflicto interno del PP es Pedro J., un afuereño. Pero un afuereño que ha sido más importante que muchos ministros y compartió los momentos de gloria desde el balcón de Carabaña. 

lunes, 23 de diciembre de 2013

Más europeos contra el fascismo del gobierno español.

No es solamente la ministra francesa de Derechos de la mujer, al fin y al cabo, socialista, de origen árabe y ¡mujer! la que protesta por ese proyecto de ley contra las mujeres que acaba de perpetrar el monaguillo Gallardón por orden de los curas, que son quienes mandan en España. También el viejo, respetado y muy influyente "The Times" británico critica con dureza ese engendro nacionalcatólico en un editorial titulado "abuso de poder".

Como los fascistas del gobierno ignoran el inglés (entre otras muchas cosas), Palinuro les traduce dos párrafos (uno al comienzo y otro al final) del editorial en cuestión al tiempo que se felicita por esta nítida posición de dos grandes países de esa avanzada Europa de la que estos carcundas cada vez nos alejan más. Ojalá Europa entera alce su voz en contra de este gobierno franquista. Es una esperanza de los demócratas españoles.

"El proyecto solo lo apoya una pequeña minoría. Rompe un principio de política democrática al substituir el juicio privado de los ciudadanos individuales por las órdenes del Estado. Socava el pluralismo, restringe la libertad, hace retroceder a las mujeres en la sociedad española, daña la vida de familia e inflige daños psíquicos y físicos a las mujeres que a veces se encuentran en situaciones desesperadas. Es una mala ley que tendrá consecuencias previsibles lamentable".

El último párrafo:

"Meter del derecho penal en los asuntos de la salud de la mujer y la reflexión en conciencia es un abuso de poder del gobierno. Un gobierno constitucional no invade zonas de juicio personal que la mayoría de los ciudadanos considera que pertenece al ámbito de la familia. La ingeniería social es propia de los gobiernos autocráticos. Los amigos y aliados de España deben pedir al señor Rajoy que se lo piense dos veces".

Si yo fuera ministro de Justicia y un periódico tan serio y conservador (o, sea, de mi partido) publicara un editorial de ese calibre sobre una ley mía, se me caería la cara de vergüenza. Pero yo no soy ministro de Justicia y el ministro de Justicia "conservador" español, como todos los nacionalcatólicos fascistas, carece de vergüenza. Los señores de "The Times" no saben de quién están hablando: auténticos truhanes sin principios ni dignidad, al servicio de los curas.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Las imposturas de Cebrián.

Impresionado por el naufragio de El País, ese símbolo de la prensa libre de calidad durante la transición y de la transición misma, la entrada de Palinuro de hoy iba dedicada a este asunto. Pero, según iban pasando las horas, seguía pensando en esta cuestión e iba calentándoseme la sangre cuando consideraba el comportamiento de Cebrián a lo largo del proceso. ¡Un millón de euros mensuales por hundir una de las empresas más emblemáticas del país! Un acto de saqueo y pillaje desvergonzado, mucho más desvergonzado que las granujerías de las cajas de ahorros porque se ha hecho en nombre de los ideales de convivencia democrática y regeneración ética de nuestro país, de lucha contra la corrupción y otras lacras crónicas en España.
Y según iba indignándome con el recuerdo de las veces que este pavo, Cebrián, se ha manifestado en público, siempre el más listo, el más brillante, el más honrado, luchador y decidido, mientras ocultaba este comportamiento ruin, miserable, de apandador, se me venía a la cabeza la persona de Polanco. Menos mal que tanto este como Javier Pradera se han muerto antes de que la realidad haya puesto en su sitio a quien, finalmente, ha resultado ser un impostor. Porque, mientras Polanco vivió, Cebrián se limitó a medrar a su sombra, ser su alter ego, imitarlo en todo con tanto éxito que parecía que estuviera animado por un espíritu parecido al del león de Santillana. 
Pero no era así: fue morirse Polanco y desplegarse un plan de saqueo de PRISA en beneficio de Cebrián y los cebrianes de turno que ha acabado arruinando una empresa un día puntal del buen hacer periodístico, con consistencia intelectual, para convertirlo en una aventura ruinosa, mero hacinamiento de mediocres apesebrados que han tejido una tupida red clientelar y de enchufismo de la que, por cierto, no queda enteramente libre el PSOE que siempre ha mantenido una relación subrepticia de amistad con este diario muy conveniente para influir en él, en su línea y hasta vetar a autores y personas no gratos a los burócratas al frente del partido. Y todo esto gracias a que, pendientes de sus intereses personales, los mediocres (que forman la mayor parte de esos increíbles 450 altos cargos de una empresa que tiene 450 trabajadores ordinarios, un alto cargo con su alta paga por cada trabajador), le han seguido la corriente y han mantenido la superchería y la impostura de que Cebrián, cuando menos, fuera un buen administrador. Bien claro se ve ahora que su gestión ha hundido el grupo PRISA, lo ha descapitalizado, arruinado y ha enviado a mucha gente al paro. Si lo ha hecho por mera incompetencia o con aprovechamiento y malicia, como supone Palinuro, se averiguará si, como puede pasar, acaban interviniendo los tribunales. En todo caso lo que está claro es que no se trata de la única impostura de este hombre que ha vivido de ellas.
Siendo director de El País, es decir un hombre poderoso, en cuya mano estaba publicar (y remunerar) colaboraciones escritas de los académicos que, en la mayoría de los casos, se morían de ganas de verse en los periódicos, maquinó un proyecto con Luis María Anson, entonces director del ABC para hacerse miembro de la Academia, gracias a su común influencia. Anson es un hombre insoportablemente pretencioso y cursi pero, cuando menos, es culto; tanto como bastantes académicos o, incluso más. Pero Cebrián, no. No es culto (al contrario, es bastante ignaro), ni escribe bien, ni tiene virtud alguna para ser académico salvo su poder para publicar o no a sus colegas. Es un académico sin méritos. Una de sus imposturas.
La otra hace referencia a su condición de ensayista y literato. Cualquiera que haya leido algún texto de nuestro hombre sabe que, como ensayista, es vulgar, sin método ni chispa y, como literato, lo mejor es que se olviden sus intentos. Y eso que ha gozado de unos medios de difusión y publicidad como no los ha tenido nadie nunca en España. En el colmo del peloteo institucional, alguien rodó una película (subvencionada, claro) sobre su novela La rusa, casi tan mala como el libro. Otra impostura.
Por último, la gran relevancia social que obtuvo mientras actuó a la sombra de Polanco y que consolidó luego cuando, libre del protectorado del jefe, pudo dar rienda suelta a sus desatentadas ideas, lo han configurado como hombre público influyente e importante en los círculos internacionales. La última impostura. No tiene absolutamente nada que decir de su cosecha personal sobre ninguno de los problemas que aquejan al mundo actual. Ni posee influencia ni poder alguno como no sea el de abrir o cerrar las páginas de El País a unos u otros autores, según sus preferencias personales, ideológicas, estilísticas y de pura presencia.
La ruina de El País es obra exclusiva de Cebrián, cuyas imposturas que muchos veníamos exponiendo desde hace tiempo, quedan hoy a la vista de todos.
(La imagen es una captura de dilmarousseff, bajo licencia Creative Commons).

jueves, 3 de mayo de 2012

Por la libertad de expresion.

Hoy, 3 de mayo, se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa, estatuido por la UNESCO en 1993 y al que Palinuro se suma de todo corazón. Cree el autor de este blog que la libertad de prensa es una de las formas que toma el derecho sumo, el derecho de todos los derechos, el fundamento mismo de la democracia y el Estado de derecho, la libertad de expresión. Y digo una de las formas porque hay otras en que esta libertad se manifiesta sin que intervenga la de prensa. Por ejemplo, la libertad de creación artística es libertad de expresión. La de hablar en público es también libertad de expresión. O la de culto. Pero, sin duda, la libertad de prensa, al abarcar la de todos los medios de comunicación, es casi coincidente con la de expresión. Si los medios no son libres, la expresión tampoco.
Los más interesados en defender la libertad de prensa, lógicamente, son los periodistas, puesto que incide en su actividad profesional y en su propia vida. Allí donde no hay libertad de prensa (y, a veces, también en donde la hay) la actividad periodística implica riesgos, ocasionalmente mortales. La lista de periodistas asesinados, secuestrados, apaleados, es interminable y merece una reflexión agradecida y solidaria de toda la ciudadanía que se beneficia accediendo a una información que puede haber costado vidas humanas.
Los periodistas, sin embargo, no son los únicos en defender la libertad de prensa. Por la cuenta que nos trae lo hacemos todos los ciudadanos. Y tanto lo hacemos que estamos preparados para defenderla contra los mismos periodistas. Esto no es una paradoja. El máximo garante de la libertad es el Estado de derecho, pero la experiencia muestra que, muchas veces, los peores ataques a la libertad proceden del propio Estado. Lo que está sucediendo en España es una ilustración. Resulta entonces que es preciso defender la libertad frente al Estado, confiando en él mismo, por cuanto es Estado de derecho y porque no queda más remedio ya que no existe contestación satisfactoria a la clásica pregunta de ¿quién vigila a los vigilantes? Pasa siempre. Los mayores ataques a una idea, una institución, proceden siempre de su interior. Los peores ataques a la política vienen de los políticos y los peores ataques a la libertad de prensa vienen de los periodistas.
Y conste que no se trata aquí de los casos muy evidentes de periodistas que son ideólogos y manifiestamente partidistas con un grado de agresividad hacia los demás que hace sospechar de su creencia en la libertad de prensa que no sea estrictamente la suya; periodistas que son sicarios y, a veces, hasta cruzan la línea de la ley y se dejan sobornar con fondos públicos para escribir los discursos a los políticos y alabarlos luego en sus columnas en otros medios (por las que también cobran) y que firman como periodistas. Algo parecido, pero más rotundo cabe decir de aquel periodismo directamente delictivo, como ha resultado ser el de News of the World, perteneciente al grupo News Corporation, del magnate Rupert Murdoch para el que trabaja (o del que, cuando menos, cobra) el expresidente Aznar. A Murdoch acaba de declararlo el Parlamento británico no apto para dirigir su empresa. De Aznar no se ha dicho nada.
Son, en efecto, casos evidentes en los que el ejercicio de la profesión periodística, por su condición sensacionalista, amarilla, difamadora o simplemente delictiva, es una amenaza a la libertad de prensa y, por ende, de expresión. Y no son casos aislados. La cantidad de medios que recurren a prácticas inmorales o ilegales y, por tanto, son un peligro para la libertad de prensa es grande. Es obvio que no se puede encomendar a este periodismo la garantía de la libertad de prensa y que confiar en los códigos deontológicos revela una ingenuidad rayana en lo infantil. Siendo así, los vigilantes deberán ser vigilados por alguien ajeno a ellos y ese será el único garante de aquellas libertades: la opinión pública y los tribunales de justicia.
No obstante, el ataque a la libertad de prensa y expresión más grave proviene del conjunto sano de la profesión periodística que lo hace de buena fe. La Asociación de la Prensa de Madrid publicó anteayer un decálogo de reivindicaciones para el Día Mundial de la Libertad de Prensa que Palinuro comentó en la entrada del día siguiente (Periodismo y democracia), haciendo especial hincapié en la reivindicación de la lucha contra el intrusismo en la profesión y en el evidente tufo a corporativismo que ese planteamiento despide. El concepto de intrusismo, hablando del periodismo, carece de sentido y solo puede emplearse para excluir la libre competitividad (es decir, atentar contra la libertad de prensa y expresión), pretextando una competencia técnica o una protección normativa que, o no son ciertas o no existen. La competencia técnica puede afectar a la práctica y la rutina, pero no garantiza la creatividad, ni la originalidad, ni la profundidad, ni el ingenio, ni muchísimas otras dotes propias del escritor o el creador y que se encuentran repartidas por igual entre los periodistas, los médicos, los abogados, los profesores, los curas, ls militares, los banqueros y hasta los zagales de la majada. Carece de sentido reservar para los primeros el acceso a los medios (que, además, no son suyos, sino de empresarios privados o públicos, cuyo interés es el éxito, la rentabilidad), excluyendo a los demás.
Los argumentos están en la entrada citada como lo está también la crítica al evidente corporativismo de la profesión que, no pudiendo ejercerse legalmente, como sucede con las de abogado, arquitecto, médico, etc., solo podrá darse alegalmente, por la vía de la práctica, por la vía del hecho consumado. Pero se da con claridad. Considérese a título de ejemplo el panorama de las tertulias y debates en los medios audiovisuales. Están literalmente copados por periodistas que también trabajan en la prensa escrita. Es decir, el personal que nutre estos elencos y que suele participar en varios de ellos, prácticamente monopoliza el acceso a los medios audiovisuales por un sistema que, de seguro, solo puede mantenerse mediante una red corporativa y clientelar de intercambio de favores.
El perjuicio para la audiencia es manifiesto: de un lado se le restringe variedad ya que los periodistas que multiplican sus colaboraciones dicen siempre lo mismo, como es lógico y, de otro, se le priva de escuchar las interpretaciones de los hechos procedentes de otros puntos de vista no periodísticos, de los escritores, por ejemplo, o los artistas, o los comerciantes. Los únicos que gozan de cierto acceso privilegiado a los medios son los políticos. Pero esta es una prueba más de corporativismo en la colaboración estrecha entre periodistas y políticos que, a veces, intercambian profesiones. Hay políticos que se encastillan en los medios y periodistas que ejercen de políticos y pueden ser diputados o directores generales con uno u otro partido.
Está en el interés de todos que estos debates tengan un rigor, una calidad que de ningún modo puede dar una visión tan cerradamente corporativista de la actividad. Esto es, garantizar la libertad de expresión que algunos periodistas quieren reservar a su profesión, monopolizar, en suma. Y en esto no se aprecia gran diferencia entre los de derecha y los de izquierda. Lo cual es lógico por cuanto los intereses corporativos son superiores a las afinidades ideológicas.

sábado, 25 de febrero de 2012

Adiós a Público en papel.

Lo que casi todo el mundo temía se ha producido: la edición en papel de Público deja de aparecer. Queda la digital y tampoco con muchas garantías. Cuando a primeros de enero de este año se anunció el concurso voluntario de acreedores, Palinuro escribió una entrada con el título Sobre Público en la que daba su opinión acerca del problema del periódico. Con la independencia de criterio y la buena fe con que procura siempre decir lo que piensa, apuntaba las razones del fracaso y aportaba alguna crítica (y autocrítica) que faltaba en la carta con la que el tercer director del diario, Jesús Maraña, daba cuenta de la situación. Tras haberlo releído considero válido el post del 4 de enero y creo ocioso reproducirlo aquí. Si alguien quiere conocer su contenido, que pinche sobre el enlace más arriba.

Ahora cumple hablar sobre algunas de las reacciones que el cierre ha suscitado. La mayoría de los medios lamenta la desaparición de una cabecera y no solo por espíritu corporativo sino en virtud de la muy generalizada convicción de que disminuye el pluralismo informativo y eso es una lástima. Así es en verdad. Pero no es decir mucho. Disminuye la oferta de pluralismo informativo. Y, como esto es un mercado libre, disminuye porque era una oferta que no tenía demanda, o no la tenía en la forma en que se presentaba la oferta (me permito remitir de nuevo al lector al post citado, en donde se explica esto un poco mejor) que es como no tenerla. Solo así puede explicarse esa perplejidad casi universal de que, habiendo una demanda de un periódico de izquierda, el periódico de izquierda cierre por falta de compradores. Esto se puede matizar, pero no es el momento de hacerlo; tiempo habrá si de verdad queremos reflexionar sobre qué sucede con la llamada "prensa progresista". El hecho es que no había esa supuesta demanda o no la había para la oferta que se presentaba.

Lo anterior es casi una perogrullada; pero es. Podría servir quizá para abordar un debate sobre qué exactamente piden los lectores de izquierda a la prensa. Incluso los lectores en general. Sería interesante. Podría hacerse un par de encuestas preguntando a la gente, algo siempre más avisado que empeñarse en que la gente hace, no lo que cree, sino lo que queremos que crea. Es un típico error de factura ideológica, asesino de toda decisión empresarial con sentido. Estoy seguro de que se entiende pero, por si alguien necesita tocar con los dedos, como Santo Tomás, recuérdese el fiasco relativamente reciente del intento de otro periódico en papel más a la izquierda de Público, La voz de la calle. Cuatro meses escasos duró el proyecto del millonario izquierdista, simpatizante o militante comunista y amigo de Santiago Carrillo, Teodulfo Lagunero. Alguien le dijo que había sitio en el mercado para un diario más a la izquierda de Público o sea, ya abiertamente de IU, es decir, del Partido Comunista de España. Y alguien también le dijo a tiempo que eso era falso. A tiempo hasta cierto punto porque el blog de Antonio Arce, el del anterior enlace, termina con la siguiente amarga reflexión: "La próxima vez casi mejor si se lo piensan, grandes nombres de la izquierda, antes de joder una vez más a los de siempre". Es muy fuerte. ¿Puede decirse algo parecido de Público? Hasta cierto punto, sí.

Pero solo hasta cierto punto. Las consecuencias, sin duda, han sido las mismas o peores. La intención, sin embargo, era buena; aunque seguramente falló la competencia para realizarla. De esto se hablará mucho en los próximos días. Pero, insisto, una cosa son los resultados y otra las intenciones. ¿Alguien no entiende esto o hace como que no lo entiende? Sí, también, en concreto Luis Solana que en su entrada en el blog que tiene alojado en El Plural, titulada Público, el último error progresista, simulando analizar desapasionadamente la situación, hace una espantosa leña del árbol caído que desautoriza de cuajo toda la columna. Culpa a la empresa de Público de haber hecho un grosero error de cálculo mercantil pero no por no ser capaz de realizar el producto necesario, sino por haber intentado hacerlo en competencia con El País y el grupo PRISA a los que Solana atribuye una especie de derecho indiscutible a apacentar la grey progresista. Si esto es un error práctico, la crítica es aceptable; pero si se presenta como un error político, incluso moral, el autor debe mostrar haber estado a la altura de lo que predica. Y para ello habría de empezar por explicar en primer lugar porqué aloja su blog en un periódico en lugar de mantenerlo por libre para saber cuánta gente lo lee por ser él mismo; y en segundo, porqué empezó alojándolo en Libertad digital antes de pasarse a El Plural. ¿Es indiferente el soporte? Y, si es indiferente para él, ¿por qué no para Público?.

Público se equivocó. Pero lo hizo de buena fe.

Saldrá otro Público. Quizá un Repúblico. ¿Por qué no? La demanda existe; pero hay que satisfacerla como es (sin renunciar a un prudente espíritu formativo) y no como queremos que sea.