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domingo, 24 de abril de 2016

La prostitución

En el marco del Seminario sobre cuestiones de género de nuestra Facultad en la UNED, la semana que viene vamos a tratar el tema de la prostitución. Participarán en él Beatriz Gimeno, Lucía Etxebarria, Paz Moreno Feliú y lo moderará nuestra decana, Consuelo del Val Cid. Abordaremos la cuestión desde una perspectiva pluridisciplinar, básicamente jurídica, sociológica, psicológica y antropológica pero siempre con una nítida impronta feminista. De lo que se trata es de reflexionar sobre una cuestión compleja de forma que el resultado de las reflexiones coadyuve a resolver un problema que es un lacra social que afecta sobre todo y principalísimamente a las mujeres. Partimos además del supuesto de que nadie, sea hombre, mujer o de un tercer género, puede sustraerse a una cuestión que nos interpela a tod@s directa o indirectamente.

A partir de hoy, dejaré el anuncio fijo en la columna de la derecha de Palinuro para darle mayor publicidad.

El seminario tendrá lugar el próximo jueves, 28 de abril, en el salón de actos del Rctorado de la UNED, calle Bravo Murillo, 38, a las 18:00. Entrada libre.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Los abalorios de Las Vegas y los gobernantes palurdos.

El largo tira y afloja entre el multillonario de extrema derecha Adelson y los paletos españoles de todos los niveles de la administración toca a su fin. Parece que gana Madrid frente a Barcelona, probablemente porque habrá ofrecido condiciones más suculentas que los catalanes, habrá hecho más concesiones, se habrá arrastrado más o habrá prometido más oro y más moro.
Porque ese es el negocio de Adelson: llegar a un sitio, ofreciendo instalar su basura de neón y que las autoridades del lugar, emocionadas con el maná que el gran dios gringo promete, le entreguen las llaves del reino y se pongan a su disposición para lo que guste mandar. Ya ven sus eriales convertidos en jardines colgantes artificiales en donde nadan cocodrilos amarillos en aguas color rubí y Landrú se columpia de una reproducción de la Torre Eiffel a tamaño natural.
Serán palurdos...
Alderson viene a hacer negocios él; a sacar dinero él en un país en el que los aborígenes, es decir, nosotros, no sabemos hacerlo. Sus condiciones son leoninas: 1) Diez años de vacaciones fiscales (que pagaremos los españoles); 2) participación propia del 35 por ciento; el resto lo ponen españoles; 3) construcción de infraestructuras a cargo de los españoles; 4) todo tipo de ventajas laborales para el patrón; 5) derogación de cuantas leyes nacionales le molesten: de momento es la ley antitabaquismo, pero puede ser tambien la legislación contra el blanqueo de dinero o lo que sea; 6) prohibición de los sindicatos. Y eso en cuanto a las estipulaciones públicas, que se conocen. Luego están las secretas, que no se conocen, en lo esencial, el compromiso de devolverle su dinero si las cosas van mal.
¿Es que somos imbéciles?
Pues sí, lo somos. Sobre todo, el gobierno, encantado de que venga un pollo con una estafa muy preparada para colaborar con él expoliando (más) al pueblo español.
Porque ¿qué tiene este proyecto que unos empresarios españoles -si hubiera alguno capaz de pensar a un nivel superior al de las gallináceas- no pudieran ofrecer por su cuenta? Los adefesios de Las Vegas, las imitaciones de las pirámides, el Taj Mahal, o el Kremlin, no pagan derechos de autor y cualquiera puede erigirlas. De las ruletas y máquinas tragaperras no hace falta hablar y los clientes los vamos a poner todos nosotros, españoles y europeos; la demanda es nuestra. ¿por qué echarse en brazos de un extranjero que apenas arriesga el 35% del total invertido y en condiciones de absoluta seguridad?
Pues porque somos unos palurdos y nos merecemos que vengan estos avispados a explotar nuestros recursos y quitarnos los cuartos poco más o menos como, hace 500 años, los conquistadores quitaban el oro a los aborígenes de América con abalorios. La dirección de la estafa ha cambiado, pero la estafa es la misma y los mismos los estafadores y los estafados con los roles invertidos.
Palinuro no tiene nada en contra de un Las Vegas en Alcorcón, Paracuellos o donde sea en Madrid o en otra parte de España. Nada. Al contrario, es una buena idea, mueve mucho dinero, dará mucho trabajo y aumentará la riqueza general. Tiene en contra de que se haga bajo patrocinio y administracion extranjeras en lugar de poner en marcha un proyecto exclusivamente español si acaso con participación de capital europeo, pero con iniciativa española y europea. No por patriotismo sino por interés. Exactamente como lo hace Adelson.
Pero convencer de esto a unas autoridades absolutamente paletas, que no hablan idiomas, no han viajado más allá de Alpedrete y creen que God bless America significa "hazte de oro en diez segundos", es imposible.
Y no se crea que la oposición tiene mejor papel. Allí en donde las derechas en el gobierno babean tras los dólares del toco mocho de Adelson, la oposición todavía hace más el ridículo articulando su crítica en un terreno absurdamente moral: la prostitución, el juego, la trata, el blanqueo... ¡Sodoma y Gomorra a un paso de San Francisco el Grande! Este juicio tan convencional sobre el real Las Vegas me hace sospechar que quienes lo formulan con gazmoñerías de beata de adoración de María no han estado jamás en Las Vegas ni la han visto por el forro. Lo que dicen parecen las tonterías del Ejército de Salvación y no es más aplicable a Las Vegas que a Chicago o El Paso. Y ello sin contar con que Madrid tiene más putas, putos, ludópatas, proxenetas, pederastas (cuenten los curas), blanqueadores de pastuqui, corruptos y ladrones, sin contar políticos sinvergüenzas, que diez Las Vegas juntas.
(La imagen es una foto de stevendepolo, bajo licencia Creative Commons).

martes, 29 de septiembre de 2009

El lío de la prostitución.

El debate sobre la prostitución arrecia. Ayer traía Público un interesante reportaje acerca de cómo este fenómeno fractura el movimiento feminista, dividido entre abolicionistas y partidarios de su regulación, y lo hacía en paralelo a una información según la cual el señor Cebrián cree que hay exceso de puritanismo en lo relacionado con los anuncios de "contactos" con los que algunos medios, entre ellos el suyo, tienen suculentos beneficios. No veo qué tenga de "exceso de puritanismo" prohibir estos anuncios. Es más, hacerlo es muy conveniente si bien es claro que esa prohibición no acabará con la práctica. Casi todos estamos de acuerdo en prohibir la publicidad del tabaco aunque ello no impedirá su consumo.

Soy partidario de la prohibición como mal menor pero sin llegar a la de la actividad misma que es lo que propone el abolicionismo radical. Es decir, entiendo que deben prohibirse todas las actividades ilícitas ligadas a la prostitución que prosperan gracias a la situación de alegalidad de aquella: proxenetismo, trata de blancas, explotación... Lo que sucede es que estos comportamientos ya están penados por sí mismos. Pero nada impide penarlos con doble intensidad.

Y si se prohíbe todo lo que tiene que ver con la práctica, ¿por qué no ésta misma? Por la sencilla razón de que hay prostitución voluntaria. Los abolicionistas dicen, sin embargo, que no hay que permitir ni la voluntaria por la misma razón por la que no se tolera la esclavitud voluntaria. Pero son dos cosas distintas: la esclavitud es la pérdida de la condición humana mientras que la prostitución (la compraventa de relaciones sexuales) no es sino una forma de prestación de servicios; peculiar si se quiere, pero que, si es libre, en nada compromete a la condición humana, salvo que se tenga una concepción sublimada de las relaciones sexuales que, al igual que las mediadas por creencias religiosas, no es obligatorio compartir. Habrá gente que diga: "Mire, déjeme de historias; yo no quiero tomarme el trabajo de "conquistarlas", como Il Cavaliere, sino que, como no tengo mucho tiempo, prefiero hacerlo con una profesional que cobra por ello, sabe lo que quiero, lo hace bien y va a lo suyo como yo voy a lo mío, y todo con garantías.

Este es el punto nodal de la complicada cuestión: el de la prostitución voluntaria. No soy partidario de prohibirla y no porque, como suele decirse, prohibir no sirva de nada ya que seguirá habiendo putas, pues ésta es una objeción absurda. Prohibir la comisión de cualquier delito no garantiza que deje de cometerse pero es evidente que hay que prohibirlos. El problema no está en la prohibición sino en si la prostitucion voluntaria es un delito, cosa que no alcanzo a ver por lado alguno. Puede que resulte objetable desde cierto punto de vista (estético o ético) , pero no veo qué bien jurídicamente protegido se ataca con su ejercicio.

La negativa a reconocer la existencia de la prostitución voluntaria denota cierta insuficiencia argumental no difícil de remediar. En primer lugar está la cuestión de hecho de si de verdad hay gente que ejerce la prostitución voluntariamente. Salvo que se adopte una actitud rousseauniana de esas de querer saber mejor que el individuo mismo las motivaciones reales del individuo, se estará de acuerdo en que ésta es una cuestión que se arregla con una encuesta, saliendo a la calle y preguntando a las profesionales. Aunque, bien pensado, podíamos ahorrárnoslo si recordamos que hasta tienen una asociación, es de suponer que voluntaria, un "colectivo en defensa de los derechos de las prostitutas" con página web: Colectivo Hetaira.

En segundo lugar no debe olvidarse que el nuestro es un sistema capitalista, un lugar en el que los salarios los fija el mercado de forma que si una mujer cree que gana más de puta que de limpiadora de unos grandes almacenes no se ve con qué autoridad cabe decirle que haga el favor de no abandonar la fregona. Se dirá que entonces hay que abolir el capitalismo y sustituirlo por una orden social en el que estos asuntos no sean ya posibles por desinterés directo de sus protagonistas. No me niego pero recuerdo que la última vez en que tal cosa se intentó, resultó una cagada.

En tercer y último lugar, pero de la máxima complejidad, no deja de ser una hipocresía fenomenal penar un comportamiento que la sociedad ha impuesto por otro lado incluso en forma de institución. ¿O no es cierto que, en buena medida, el matrimonio ha sido y sigue siendo una forma de prostitución más o menos encubierta? La expresión de "puta en casa y ropa limpia" no la he inventado yo. Pero, vamos, que muchas de esas escandalizadas mujeres casadas que quieren abolir la prostitución son tan putas como las que quieren prohibir sólo que lo son, digamos, con contrato indefinido, a diferencia de las del servicio temporal.

En resumen, soy partidario de prohibir todo lo relacionado con la prostitución (publicidad, proxenetismo, etc) pero no la actividad misma que creo debiera estar oficialmente reconocida y regulada y las prostitutas restablecidas en sus derechos.

(La imagen es una foto de lourdesmunozsantamaria, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 25 de septiembre de 2009

La vergüenza del Parlamento español.

En el breve plazo de cuarenta y ocho horas el Parlamento español, en un caso el Senado y en dos el Congreso de los Diputados, han tomado tres decisiones que avergüenzan a cualquier persona con un mínimo sentido de la libertad y la dignidad. Como un solo hombre, en cerrada formación de falange macedónica, los senadores y diputados de los dos partidos mayoritarios han votado unidos de acuerdo con las órdenes de sus partidos y no según el dictado de sus conciencias, supongo. Supongo porque me niego a creer que 329 hombres y mujeres del Congreso de los Diputados estén de acuerdo en rechazar la moción de Esquerra Republicana-Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds sobre una política integral de la prostitución que, entre otras cosas, dficultaría esa práctica detestable de los anuncios eróticos en los periódicos que los imprimen y con los que se financian; cinco votos a favor y seis abstenciones frente a la marabunta de 329 dispuestos a que las cosas no se toquen y las putas sigan pasándolas putas.

También me niego a creer que, de 263 senadores del Reino, sólo treinta pertenecientes a los grupos políticos minoritarios (¡loor a ellos!) hayan votado a favor de la moción de Entesa Catalana de Progrès por la que se pretendía que las fiestas en las que se maltrata a los animales no puedan ser declaradas de interés turístico nacional o internacional (y, en consecuencia, no reciban subvenciones). Es decir, la inmensa mayoría de senadores conservadores y socialistas ha votado a favor del maltrato animal. "Maltrato animal" suena un poco como las inaprensibles ideas platónicas. Hay que traerlo algo más a casa. "Maltrato animal" significa que sus señorías, que lo son con mi voto, aprueban que se acribille vivo a un becerro, que se alancee a un novillo o toro aterrorizado hasta la muerte, que se arroje a una cabra viva desde lo alto de un campanario, que se claven banderillas de fuego a un toro, que a lo largo y ancho de la península, se apalee, destroce, despelleje, descoyunte, aplaste, desgarre, empale, degüelle a decenas, a cientos de animales indefensos para solaz de unas jaurías salvajes, tan salvajes como las señorías populares y socialistas que condonan y apoyan esta canallada.

Como tampoco doy crédito a que en la Comisión de Cooperación Internacional para el Desarrollo sólo haya obtenido un voto (el de Joan Herrera, presentador de la iniciativa) la moción para que el pleno del Congreso repruebe las provocadoras palabras del Papa en el África cuando dijo que es el preservativo el responsable de la extensión del Sida.Traigo aquí la imagen de Herrera como tributo a su coherencia y decencia intelectual. Por dieciocho votos en contra (PP, PNV y CiU) y dieciocho abstenciones (PSOE) se ha derrotado la petición de que el poder civil democrático pare los pies a una Iglesia invasora de los ámbitos sociales del siglo con sus doctrinas venenosas. Por supuesto, ha faltado tiempo a la Conferencia Episcopal Española para ladrar al Congreso que la representación popular no tiene nada que decir en las decisiones de los órganos eclesiásticos. Los mismos obispos que están todo el día metidos en política, limpia y sucia, con motivo del aborto, la salud sexual, la clonación, los experimentos científicos, la enseñanza, las parejas homosexuales y todo aquello en lo que los ciudadanos pretendan ejercer algún tipo de autonomía personal. Esas dieciocho abstenciones socialistas reflejan la abyección de un partido rendido a la Iglesia, que profesa un laicismo de boquilla mientras garantiza todos los privilegios de la clerigalla y cuyo Secretario General y presidente del Gobierno nombra como presidente del Tribunal Supremo a un fanático que antepone sus convicciones religiosas a su sentido de la justicia propinando de paso una bofetada a las decenas de juristas de categoría que hubieran movido una jurisprudencia más laica, más al servicio de una sociedad civil de ciudadanos.

Y como no puedo creer que sus señorías, al menos los diputados/das de izquierda estén de acuerdo con la esclavitud de la prostitución, el maltrato animal o el oscurantismo del Papa, tendré que atribuir su incomprensible actitud al hecho, verdaderamente de risa, de que las tres mociones progresistas hayan sido presentadas por grupos minoritarios de la izquierda y no estén en el programa legislativo de sus maquinarias burocráticas y que los muy sumisos sólo voten lo que cocina su jefatura. Y aun me parece más grave que en dos de las ocasiones los sociatas hayan cometido el vil atentado al carácter libre y avanzado de nuestra tradición progresista juntando sus votos (o sea, repito, el mío también) al de los reaccionarios neofranquistas de toda la vida.

(Las imágenes son sendas fotos de marcp_dmoz y Saül Gordillo, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 14 de septiembre de 2009

Prostitución

Visto lo visto, las dudas, vacilaciones, cacaos mentales, mentiras, sofismas y simple hipocresía como el de esos diarios nacionales que tuercen el gesto gazmoño cuando se habla de putas y putos pero hacen negocios imprimiendo anuncios por palabras, va a tener razón el señor Blanco cuando pide "alguna decisión" sobre la prostitución porque el asunto urge.

Está visto que el legislador y sus cientos de asesores oficiales y oficiosos son incapaces de alcanzar un acuerdo mínimo para tratar de un asunto de tan complicados entreveros morales y en el que, por activa o por pasiva, estamos todos pringados, pero conviene ir dándose cuenta de que, mientras decidimos si son galgos o podencos, los proxenetas, los chulos, las mafias, las madamas sin escrúpulos están sometiendo a terrible y humillante explotación a una cantidad considerable de personas que, en cuanto a derechos y su protección por los tribunales son ciudadanas/os no de segunda sino de últimísima categoría.

La decisión debe partir del reconocimiento de un hecho social con claros ribetes delictivos no tanto en el ejercicio como en el consumo, debe ser lo más protectora posible de los derechos de las prostitutas y prostitutos como trabajadores, debe castigar a quienes trafican ilícitamente con seres humanos y/o se lucran con ello y a quienes frecuentan el negocio en la situación actual y debe gozar del mayor consenso parlamentario posible. Y si nos equivocamos en la regulación, hemos de estar dispuestos a reformarla. Quizá erremos y quizá demos en el blanco pero ambas cosas sólo son posibles si lanzamos la flecha.

(La imagen es una foto de LEETS, bajo licencia de Creative Commons).