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martes, 28 de junio de 2016

Mañana, conferencia de Palinuro en Luxemburg

Según los datos que se aportan en la ilustración del post, la conferencia, con el título genérico de La situación política actual en España y Cataluña tendrá lugar en el Centre Català en Luxemburgo, sito en 88, Rue de la Semois, L-2533 Luxemburg. Para mayor información, remito a la página del centro.

Ya imaginan las amables lectoras que el título de la charla es deliberadamente ambiguo para que se pueda hablar de todo. Mi intención es hacer un estado de la cuestión acerca de la República Catalana y analizar luego cómo afecta a las perspectivas de esta el resultado de las pasadas elecciones generales españolas. Si es que al final hay tal resultado porque corre por las redes una petición de Avaaz para que haya una auditoría externa de los resultados electorales que huelen a pucherazo que te matas. Invito a firmarla. Yo lo he hecho.

Nos vemos mañana en la sede del Centre Català de Luxemburg.

sábado, 25 de junio de 2016

El día de reflexión

Ya es mala pata. El día asignado a reflexionar, a repensar todo lo que se ha embaulado en los últimos quince pasan dos cosas tan gordas que sumen en las tinieblas de la ignorancia y el olvido los mítines de cierre de campaña de cada partido. Han sido celebraciones a bombo y platillo en un ambiente de gozo y alegría, repleto de futuros, conquistas, cambios, novedades y otras venturas que tenemos a nuestro alcance siempre que no erremos en el voto. La palma del esfuerzo mitográfico, para mí, se la lleva la vicepresidenta del gobierno, Sáez de Santamaría, pinchando discos en el mitin de cierre de campaña del PP, como si estuviera en una performance antisistema, desmelenada. Y todo ha quedado oscurecido.

Los dos hechos que eclipsaron los cierres, sus pompas y glorias y amenazan con ser motivo de la reflexión de hoy son el "no" británico a la EU y la decisión del ministerio del Interior o quién sabe de quién de enviar la policía judicial a confiscar un material posiblemente incriminatorio sin mandamiento judicial. De lo primero ya hemos hablado en el post sobre la Brexit. Lo interesante es la aventura policial estilo Eliott Ness: lo grave no es que el ministro conspire con un cuate con fines presuntamente ilegales, una operación de guerra sucia de la más baja ralea. Lo grave es que ese complot se haya grabado y hecho público en un medio de comunicación. La autoridad, enfurecida, embiste, en lugar de emplear la cabeza para algo más productivo como pensar. Porque esas conversaciones han sido grabadas, con toda probabilidad, por gente del propio ministerio, seguramente policías con agravios contra el mando político que, la verdad, es como de psiquiátrico. Podían empezar por preguntar en casa.

Y, lo más grande, ¿cómo puede mandarse la policía judicial sin mandamiento del juez? En verdad, yendo tan livianos de acreditación los policías podían presentarse a las tres de la madrugada, como hacían los del anterior Jefe del Estado, a cuya tumba va a rezar de vez en cuando el ministro en busca de inspiración.

Fernández Díaz no piensa dimitir, ni por asomo, por no darle el gusto a Puigdemont y los independentistas. Él concibe su acción ministerial como una guerra contra Cataluña. Por ello emplea tácticas de guerra. Se le acusa de haber amparado la fabricación de informes falsos, difundidos entre la prensa amiga, para destrozar las carreras de Mas y el exalcalde Trías. Ahora mucha gente exige a Colau y a Iglesias que pidan perdón por haber utilizado esas falsedades con fines electorales.

Interviene la baronesa del Sur y lanza una pregunta que es una carga de profundidad: esas prácticas de complot, ¿se limitan a Cataluña o benefician a otros lugares del Estado? Buena pregunta. Conviene saberlo.

Pero lo más grave de este increíble episodio en el que se mezclan el autoritarismo, el juego sucio y la más fabulosa ineptitud es que el principal responsable, ese hombre que parece un característico de Hollywood serie B, no solamente no piensa dimitir sino que será el encargado de velar por la legalidad y transparencia de las elecciones de mañana.

En efecto, es para reflexionar y mucho. Un ministerio de seguridad al servicio de las opciones políticas de un partido es un peligro público del que cabe esperar todo lo malo. Si el ministro no dimite, el presidente del gobierno debe destituirlo fulminantemente. Si no lo hace, todo el proceso electoral olerá a pucherazo.

viernes, 24 de junio de 2016

¿Pucherazo en las elecciones?

La bomba fétida de las conversaciones de Fdez. Díaz con el pájaro de la Oficina Antifraude, Daniel de Alfonso, va a reventar hasta las más firmes resistencias de ese búnker del voto franquista y nacionalcatólico que hasta ahora ha apoyado sin vacilaciones al PP. Los innumerables casos de corrupción entre sus dirigentes y cargos públicos, la evidente incompetencia y falta de todo escrúpulo moral de su presidente, la condición de partido imputado como tal en los procesos penales de la Gürtel no habían dañado apreciablemente esa voluntad del franquismo sociológico de cerrar filas en torno a los suyos por ladrones que fueran. Pero las barbaridades que dice y escucha el ministro en su despacho mientras su propia polícía lo graba sin que él se percate (lo que prueba que es un perfecto inepto); las patadas que da a la seguridad jurídica en un Estado de derecho; el carácter presuntamente delictivo de sus intenciones; su absoluta falta de principios y de moralidad; el hecho de que acepte sin pestañear alto tan odioso, inhumano y repugnante como la afirmación de que han "destrozado el sistema catalán de salud"; todo eso es, quizá, más de lo que los sectores más correosos de la derecha española pueden soportar.

Por eso Palinuro advirtió hace unos días que la limpieza y libertad de las elecciones próximas corrían peligro en manos de este sectario del Opus, capaz de fabricar escándalos con tal de dañar a sus adversarios políticos. Esa preocupación se ha extendido y corre por las redes, con lo que el presidente Sobresueldos ha salido al paso, a afirmar que aquí no hay peligro de trampa, tongo y pucherazo y que esto no es Venezuela.

No. Es peor.

Este ministro, el autor de esa ley represiva propia de un Estado policial por la que se suprimen derechos básicos de la gente y se hostiga a los manifestantes, es el mismo que maltrata y quebranta derechos de los inmigrantes en las fronteras y también el mismo que recibió en su despacho oficial a un presunto delicuente inmerso hoy en un proceso penal que era de su partido, el amigo Rato. ¿Hay alguna duda de que un hombre con esta ejecutoria contraria a la seguridad del Estado de derecho y a las libertades públicas más elementales no es la persona más adecuada para velar por el recuento de los votos el día 26? 

Tampoco es la primera vez que se pone en duda su idoneidad como garante de la limpieza de las elecciones. La adjudicación del escrutinio de las anteriores a una empresa está denunciada y sub iudice, bajo sospecha de cohecho y otras prácticas ilícitas y en esta convocatoria electoral ya media una denuncia de Unidos Podemos contra el PP ante la Junta Electoral central por emplear recursos públicos, institucionales, estatales, en pro de sus intereses. 

Nos quedamos cortos poniendo en duda la integridad de Fdez. Díaz para organizar el recuento de los votos. Es más, muchos creemos que, después de sus repugnantes encuentros con el tal De Alfonso, debiera haber dimitido. Pero como, siguiendo la costumbre de estos gobernantes franquistas de no dimitir jamás por nada, no ha puesto su cargo a disposición de su jefe, estamos obligados a pedir la presencia de observadores internacionales.

La confianza, ya se sabe, es un vidrio muy fino. Cuando se rompe hay que cambiarlo. La confianza en el talante democrático de los miembros del PP no es fina; es inexistente.