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sábado, 5 de octubre de 2013

Como Dios manda.


Está la Patria enhorabuena. Ayer, en un acto de magnanimidad, Cospedal perdonó a los funcionarios hora y media de laburo a cambio de que fueran a no sé qué iglesia, a participar en los ritos por la festividad de San Francisco de Asís. Algo muy oportuno. Corre por ahí la desatentada idea de que el Estado no es confesional y estas cosas no deben hacerse. Los izquierdistas siguen siendo azañistas. No quieren reconocer que España es católica con la misma necesidad con que el sol calienta y la lluvia moja. España es naturalmente católica, igual que otros pueblos son naturalmente negros o tienen los ojos naturalmente rasgados. No hay que dejarse amilanar por el trasnochado anticlericalismo de la izquierda. Los funcionarios, a misa; los cargos, a las procesiones y curas por todas partes. Como Dios manda.

Los curas están especialmente contentos. Les han quitado de encima el íncubo diabólico de la educación para la ciudadanía, un catón ideológico radical que trata de apartar a los chavales del recto camino de la fe. Y la religión se impone en la educación como asignatura evaluable. Ahora solo queda eliminar las alternativas, cosa que se hace ya colegio por colegio. Con un poco de suerte, la iglesia acaba consiguiendo la vuelta de la religión a los universidades, a todas las facultades. Como Dios manda.

Dios manda igualmente celebrar las nostalgias de la dictadura, recordar las glorias de la guerra de liberación o cruzada. Así que ayer se concentraron también los fachas para conmemorar la batalla de Belchite. Pendones falangistas y del requeté. Se reúnen, supongo, en el Belchite nuevo, el que construyeron los presos republicanos, como represalia por el hecho de que su ejército destruyó el otro durante la batalla y destruido sigue. Luego de la misa, al parecer, profanaron una tumba común republicana. No vayan los rojos a creer que, pues ganaron la batalla de Belchite, ganaron la guerra. Como Dios manda.

Ganas tenían los patriotas (cada vez mejor organizados) de ir a aplaudir al general Rodríguez Galindo que ayer accedió asimismo a la libertad condicional. Pero las autoridades les aconsejaron no hacerlo, víctimas de esa pacatería gazmoña que les hace pretextar la sensibilidad de la chusma roja a la hora de celebrar los fastos nacionales.  Tuvieron que limitarse a cantar en las redes las excelencias del mártir de Inchaurrondo, sin poder ir a vitorearlo, como merece y  Dios manda.

Pero este año, habrá un 12 de octubre  como Dios manda. Los camaradas van a fletar una columna de autocares para ir a Barcelona, a celebrar el día de la Raza, la unidad de España y, si se tercia, abrir algunas cabezas de separatistas. Se han creído estos catalufos que la España conquistada un 18 de julio por nuestros abuelos se puede trocear como si fuera butifarra. Allí estará lo mejor de la estirpe, cantando el Cara al sol.Siempre como Dios manda.



Unos intelectuales piden pasar a la acción para combatir la hegemonía neoliberal. Vale. El neoliberalismo es un enemigo del pueblo. Pero el fascismo no lo es menos. Van juntos. Y, por lo demás, ¿qué significa "pasar a la acción"? 

lunes, 3 de junio de 2013

El dret a decidir.


Xavier Vidal-Folch (2013) ¿Cataluña independiente?. Madrid: La catarata (142 págs.)



Xavier Vidal-Folch es un reconocido periodista, abogado y licenciado en Historia Contemporánea que ha desarrollado su labor publicística en distintos puestos de El País, edición catalana. Todas ellas condiciones idóneas para tratar con conocimiento de causa esta "cuestión catalana" cuya repentina recrudescencia actual muestra que, como siempre, es un problema irresuelto y acaso hoy más acuciante que nunca. El autor lo hace con competencia, mesura, objetividad y con cariño para ambas partes de este sempiterno contencioso.

Se abre el libro con una introducción magnífica, probablemente lo mejor de la obra, en la que se sintetizan los momentos claves del siempre problemático encaje de Cataluña en España en los últimos doscientos años. Tiene una prosa excelente y hace acopio de referencias a fuentes clásicas y modernas, demostración de que se trata de algo que el autor viene estudiando cuidadosamente hace bastante tiempo con sensibilidad para los aspectos jurídicos e historiográficos. De este modo Vidal-Folch nos sitúa ante los antecedentes y en el marco general del problema en cuyas aristas de actualidad entrará luego en su condición de periodista. El meollo de su exposición parte del supuesto indudable de que el contencioso catalán no es flor de un día, ni capricho de nacionalistas o de populistas delirantes, ni mera pantalla para escamotear otras cuestiones como las políticas de derecha, la corrupción, etc.

La introducción contiene ya la formulación de la hipótesis de Vidal-Folch, muy bien expuesta por él mismo: "de forma que ni España ha logrado domar (o seducir) a Cataluña, ni Cataluña ha tenido suficiente fuerza (ni deseo) para marcharse de España. Ni España ha podido convertir el hecho diferencial catalán en elemento político puramente residual, ni Cataluña ha logrado, pese a distintos intentos, federalizar España" (p. 9). El resto del libro es una demostración más al detalle de esta mutua impotencia, este callejón sin salida, este laberinto que condiciona la historia de España decisivamente desde fines del siglo XIX. Y lo hace examinando los acontecimientos que han venido dándose, sobre todo, a partir de la famosa Diada de 2011, que se entendió como un giro copernicano del nacionalismo burgués tradicional hacia el soberanismo a raíz del disgusto producido por la sentencia del Tribunal Constitucional del 28 de junio de 2010, por la que este órgano -entonces en horas bajas de prestigio por diferentes motivos- desactivaba los elementos políticos más importantes del proyecto de nuevo Estatuto que había sido aprobado por el Parlamento catalán, el español y el pueblo de Cataluña en referéndum (pp. 32, 85). Esa Diada llevó a un Mas entusiasmado a adelantar las elecciones autonómicas a 2012 y a cosechar un resultado bastante frustrante para él porque, si bien dieron como resultado un ascenso notable del independentismo (ERC y CU), también trajeron una merma sensible del nacionalismo moderado (pp. 21-27). La opción soberanista perdía puestos pero se radicalizaba.

Si alguien cree que esa radicalización es injustificada y solo refleja la obsesiva (e injustificada) queja de los catalanes por lo que consideran el maltrato español, que reflexione sobre el hecho, debidamente subrayado por el autor en varias ocasiones de que algunos de los artículos del Estatuto anulados por el Tribunal Constitucional, están sin embargo en vigor en otros textos fundamentales autonómicos (en Andalucía y Valencia, por ejemplo) que los habían tomado casi al pie de la letra del catalán. 

Para Vidal-Folch, la sentencia fue el detonante de un aumento de la desafección catalana hacia España que se agudizó merced a lsas "operaciones recentralizadoras del PP" (p. 41) que el autor enumera una a una: descenso de las inversiones, corredor del Mediterráneo, normativa sobre aeropuertos, hospitales, impuestos, tasas y cajas de ahorros (pp. 50-56). La culminación de estas operaciones fue el infausto propósito del ministro Wert de "españolizar a los niños catalanes" (p. 56). Ciertamente, una intención inepta en grado sumo para formulada por alguien que dice partir del principio incontestable de que los catalanes son españoles y, por lo tanto, también los niños catalanes. Querer españolizar a los españoles se me antoja algo absurdo, pero no insólito en nuestro país en donde, en tiempos de la última dictadura la España que "españolizaba" era la nacional-católica. La que ahora vuelve a querer "españolizar".

Contiene el libro un par de capítulos aclaratorios sobre la situación económica actual de Cataluña, la crisis y la petición de rescate (p. 60), así como un examen desapasionado de la muy enconada cuestión de la balanza fiscal y el supuesto "expolio" de Cataluña por España (p. 75) a raíz del fracaso del encuentro entre Mas y Rajoy en el que el primero no obtuvo del segundo su objetivo de un "pacto fiscal" al estilo vasco-navarro (p. 87). No hubieran estado de más aquí mayores datos y estadísticas que ilustraran sobre lo cierto o incierto de la petición del nacionalismo catalán.

Vidal-Folch estudia con mucho acierto los argumentos que se debaten en torno a la posible independencia de Cataluña, la situación en la Unión Europea, los distintos aspectos jurídicos y políticos del hipotético referéndum, del dret a decidir, etc (p. 96). Presta asimismo atención a los argumentos del nacionalismo español, el renacimiento del "síndrome centralista" (p. 113) con sus concomitantes rumores de reacciones violentas y más o menos soterradas amenazas de intervención militar. Su inteligente examen de las propuestas de reforma constitucional en sentido federalista, tanto de dentro como de fuera de Cataluña, muestra una vez más que la del federalismo (una de las opciones que el mismo autor considera) es una solución muy difícil de implantar por razones de todo tipo, empezando por la de que, en el mejor de los casos, los nacionalistas solo aceptarían un federalismo asimétrico, generador, sin duda, de nuevos agravios.

En definitiva, un libro sucinto, claro, bien argumentado, en el que no hay nada nuevo, salvo un intento de exponer en sus justos términos un problema que afecta como ningún otro al futuro de España. Al respecto no es de echar en saco roto que el autor, de quien cabe colegir que en la famosa matriz identitaria se considera a sí mismo "tan catalán como español",  dé a entender resignadamente, aunque lo formule entre interrogantes que, según van las cosas, un choque de trenes pueda ser inevitable.

sábado, 29 de septiembre de 2012

El Alcázar no se rinde.

Muchos españoles, es de suponer, estarán frotándose los ojos, preguntándose si si sueñan o no, si es realidad esta enésima erupción de la vieja querella territorial española o alguien anda en una remake virtual.
Los catalanistas, a quienes siempre se ha atribuido en la Meseta sentido común, o sea, seny, que viene a ser como la marrullería de un payés socarrón, han enarbolado de pronto la bandera de la independencia y están ya construyendo barricadas, ideológicas, políticas, legales, pero más resistentes que las de adoquines. Esa declaración del Parlament en pro de la consulta de autodeterminación, aprobada por gran mayoría de diputados que representa una gran mayoría de la población catalana no se puede ignorar así como así ni mucho menos condenar como un acto sedicioso de un órgano que actúa ultra vires, más allá de su competencia.
A su vez, aunque muchos señalan que Mas se envuelve en la estelada para no dar cuenta de su nefasta gestión, ello no impide que el pronunciamiento patriótico catalán obedezca a un sentimiento colectivo profundo. Si se piensa bien, se verá que difícilmente podía Mas hacer otra cosa después de obtener la enésima bofetada en Madrid y que a esta respondiera un millón y medio de catalanes en la Diada. El Parlament ha hecho lo que el pueblo pedía. La ruta hacia la independencia está marcada. Será cosa de ver hasta dónde llega.
Y no está aún todo el pescado vendido, como se dice en castizo, ya que, antes de las elecciones anticipadas por Mas al 25 de noviembre, el 21 de octubre se celebran las de Galicia y el País Vasco, dos territorios de alto voltaje político, sobre todo el País Vasco, en donde puede salir una mayoría nacionalista que gobierne según una u otra fórmula.
¡Ah, esa nefanda coyunda inter-nacionalismos la han ilustrado perfectamente Urkullu y Mas almorzando juntos en la Ciudad Condal! ¡Un contubernio antiespañol! ¿Se sabe en qué restaurante han compartido la pitanza? Si fuera Els quatre gats podría hablarse del "Pacto dels 4 gats", incluso "Pacto D4G" que suena más política 2.0
Los dos políticos nacionalistas se han sentado a la mesa para hablar en español, única lengua en la que los dos se entienden. Es curioso que el español solo sirva para que se entiendan en él los que quieren verlo desaparecer y no quienes quieren verlo florecer. Pero ha sido celebrar el almuerzo y la vieja esencia hispánica se ha revuelto como picada por un áspid, con una reacción visceral y virulenta que deja ver cómo la huera retórica tradicional de la "gran nación española" es eso, retórica huera. Una "gran nación" no está permanentemente cuestionada desde dentro; no desde fuera por un enemigo extranjero sino desde su propio interior por sectores de la población en territorios determinados que no son leales al proyecto nacional oficial unitario. Las partes de una "gran nación" le son leales y jamás cuestionan la razón de ser de la nación. Donde esto no se da, de gran nación, nada porque ninguna nación puede ser grande si obliga a otra a someterse a ella. La lealtad no se puede imponer. Imponer se puede el silencio.
Y esto es lo que el exacerbado nacionalismo español pretende hacer con el reto catalán: acallarlo. Bono quiere morirse antes que ver España rota. Otros, en vez de morirse ellos, prefieren matar a los demás o por lo menos, abrir tan contundente posibilidad. Ya ha salido un espadón retirado a decir que el Ejército cumplirá la sagrada misión de garantizar la unidad de la Patria. Y el eurodiputado Vidal Quadras, mucho más inteligente, prefiere que eso lo haga un teniente general de la Guardia Civil. Más inteligente porque, si van los militares, la cosa toma un cariz feo y difícil de defender en la Europa no africanista. En cambio, la Guardia Civil es un cuerpo de orden público pero con la ventaja de estar militarizado y disponer de armamento de campaña ligero, con el cual podrían hacer frente a una eventual insurrección armada de los catalanes.
Pero ¿nos hemos vuelto locos?
Pues sí, bastante. En cuanto el nacionalismo "periférico" se agita, la fiera dormida del nacionalismo español se despierta y lanza un zarpazo, bombardeando Barcelona, por ejemplo. "¡La independencia de Cataluña es imposible, ni por la buenas ni por las malas!", brama otro milico ya retirado, recordando glorias pasadas en la batalla del Ebro.
Tratando de apaciguar los ánimos Sáez de Santamaría avisa de que el gobierno recurrirá al Constitucional la consulta soberanista. No es hacerle un favor al Tribunal, cada vez más deslegitimado en las cuestiones territoriales. Y esto sin contar con el peligro de que, para resguardar su dignidad de tribunal, el Constitucional abra una vía legal para aplicar el derecho de autodeterminación en España.
La autodeterminación es como un conjuro que desconcierta y paraliza al PSOE. La actual dirección es contraria a toda autodeterminación y firme partidaria de la unidad de España si bien con un impreciso horizonte federalista que esgrime como señuelo de vez en cuando aunque sin trabajárselo mucho. Pero dudo de que esa sea la actitud de todo el partido. Desde luego, en el caso del PSC, decididamente, no y en el resto, no estoy seguro.
La negativa a la autodeterminación une a los dos partidos dinásticos, PP y PSOE y alguna otra formación minoritaria, como UPyD. No se puede reconocer ese derecho porque tendría que pronunciarse el conjunto del pueblo español.
Muy bien. Hagámoslo así. Por algún sitio hay que empezar, en lugar de enviar tenientes generales de la Guardia Civil. Convoquemos un referéndum para preguntar al pueblo español si reconoce el derecho de autodeterminación de algunas partes que lo componen y se consideran a sí mismas naciones.
A lo mejor nos encontrábamos alguna sorpresa.
Pero, por favor, otro repaso a El Alcázar no se rinde, no.
Ya tenemos bastante con monseñor Reig y Pla,, azote de degenerados y pecadores.
A todo esto, un columnista de The Telegraph sostiene que Rajoy es un "cadáver viviente" y que España tiene que salir del euro
¿A que nos dejan solos otra vez con estos?
(La imagen es una foto de Dan Vaquerizo Molina, bajo licencia Creative Commons).

lunes, 24 de agosto de 2009

Palinuro entrevista a Rodríguez Zapatero.

En esta época del año, con toda España veraneando, el Parlamento de vacaciones, los tribunales de descanso, las fuentes de las noticias dormitan en plácida siesta y, si no quieren tener que publicar algo sobre el monstruo del lago Ness, los periodistas han de hacerse a la carretera en busca de la información. De ahí que sea la época de las entrevistas. Los políticos están relajados, sonrientes y echan de menos sus ajetreadas jornadas, repletas de declaraciones y contradeclaraciones, razón por la cual acceden siempre a una petición de entrevista. Este finde se han publicado varias, las más conocidas con los señores Patxi López y Mariano Rajoy. No está mal, pero no dejan de ser ambos dos políticos secundarios; el uno sin mando en plaza y el otro, con mando en una plaza menor. Palinuro, a quien no duelen prendas decidió apuntar a lo más alto, a una entrevista con el que reparte el juego, el propio Primer Ministro que, finalmente, accedió a ella, rompiendo una costumbre de larga data de no hacer declaraciones en tiempos de audiencias escasas. Me recibe en bermudas en una especie de porche neomudéjar que hay en la casa que lo acoje.

Palinuro: muchas gracias, Presidente, por acceder a la entrevista interrumpiendo sus vacaciones...

Rodríguez Zapatero: no hay de qué. En realidad se las debes a Sonsoles que es quien me ha convencido.

P: está Vd. cercano al ecuador de su mandato. ¿Qué juicio hace de sí mismo?

RZ: francamente, muy favorable. Había mucho por hacer cuando llegamos e inmediatamente nos pusimos manos a la obra.

P: estábamos hablando de su segundo mandato, ¿había mucho que hacer después del primero?

RZ: no, claro, jajaja, cómo sois los periodistas. Quería decir que estoy razonablemente satisfecho con lo que hemos conseguido hasta la fecha.

P: su segundo tiempo se ha visto sorprendido por la crisis, la más destructiva en años. ¿Cree que es causa de la atonía de los nuevos tiempos?

RZ: no todo tenía que salir tan a pedir de boca como en el primer mandato. En cuanto a la atonía, no percibo ninguna, sinceramente

P: tampoco previó la crisis.

RZ: la crisis no la previó nadie.

P: ya. Pero es que Vd. la negaba. Dijo que no había crisis, que era un frenazo momentáneo en la época de crecimiento a que estaba acostumbrado, como cuando quería...

RZ: ya te dije que no la previó nadie.

P: y ¿cree que, aun no habiéndola previsto, ha tomado las medidas adecuadas?

RZ: mi Gobierno ha hecho lo que tenía que hacer, sin precipitación ni abandono. El juego de medidas que pusimos en marcha está dando ya brotes verdes por doquiera. ¿No los ves?

P: francamente, no. Al contrario, creo que las cosas van a peor. Además está claro que la crisis está siendo más destructiva con España que con otros países.

RZ: no creas. Es un dato que se repite mucho pero no es cierto.

P: bueno nuestro crecimiento del PIB igue siendo negativo, mientras que Francia y Alemania...

RZ: ya, ya. Pero el impacto no es el mismo. España etá en peor posición estructural, herencia de tiempos inmemoriales; por eso el crecimiento sale negativo.

P: no suena a respuesta muy convincente.

RZ: porque no quieres que lo sea. Estás movido por el mismo ánimo destructivo que Mariano Rajoy.

P: ¿que tiene que ver Rajoy con todo esto?

RZ: mucho. Se obstina en atacar al Gobierno siempre que puede y no solamente no reconoce la más que evidente recuperación ni arrima el hombro sino que ahonda en la crisis y tú muestras el mismo talante antipatriótico que él.

P: pero, ¿por qué quiere Vd. que Rajoy arrime siempre el hombro? Su estado es el de oposición y la función de la oposición es oponerse.

RZ: pero hay estilos, formas...

P: talantes....

RZ: eso es, talantes. Muy distintos.

P: pues hay quien lo acusa de haber perdido el suyo.

RZ: la oposición me merece el máximo respeto, pero no sabe lo que dice. Si se tienen en cuenta otros factores, el barco puede hacerse a la mar.

P: pero la flota sigue amarrada a puerto.

RZ: otra insigne españolada de ataque que no se tiene de pie. El que quiera puede salir a faenar.

P: eso suena a neoliberalismo.Como en general el conjunto de medidas que se ha tomado contra la crisis, una mezcla de tímido keynesianismo con una aceptación ciega de las recetas neoliberales para salvarnos a todos a base de resolver los problemas de los responsables de la situación, esto es, los bancos.

RZ: para hablar de estas cosas hace falta tener algo más de idea. Ya no hay fórmulas mágicas frente a los problemas globalizados. Lo keynesiano de nuestras medidas se da en que hay intervención directa del Estado; lo que tú llamas recetas neoliberales es el hecho de que la intervención se haga para asegurar la estabilidad del sistema financiero. ¿Has oído hablar de Lehman Brothers?

P: por supuesto, ¿quién no?

RZ: ese es el quid de la cuestión. Abandonar Lehman Brothers fue lo que convirtió una crisis cíclica en una megacrisis como la que vivimos.

P: o sea, debemos rendirnos al chantaje y aceptar que el sistema consiste en lo que tantas veces se ha dicho: privatizar los beneficios y socializar las pérdidas.

RZ: ponlo de otra manera y resultará menos crudo: para que haya reparto es preciso que haya beneficios y para que haya beneficios todos debemos contribuir a volver a la senda del crecimiento.

P: volver. Nada de cambiar.

RZ: ¿cambiar? Cambiar ¿qué? No está el horno global para bollos.

P: admirable doctrina. Por cierto, Vd. fundió el superávit con medidas llamadas "sociales" que eran como transferencias que hacía Vd. a favor de unos u otros sectores (los 400 euros, los 2.500 del cheque-bebé). Ahora el superávit se ha convertido en un déficit galopante y no solamente no hace Vd. honor a su sobrenombre de José Luis "el de las mercedes" sino que anda pensando en suprimir aquellas medidas y en subir los impuestos.

RZ: la doctrina será admirable, pero no parece que la entiendas. Cuando hay se reparte según criterios socialdemócratas. Cuando no hay, hay que procurar que haya y restaurar la política también socialdemócrata de la fiscalidad redistributiva.

P: o sea que bajar los impuestos es de izquierdas, según Vd. mismo; pero subirlos, también.

RZ: naturalmente. Depende de la conveniencia.

P: ¿de qué conveniencia? ¿De la suya?

RZ: no, no, de la posibilidad de financiar las políticas sociales de nuestro programa.

P: cambiando de tercio. España se rompe. ¿Qué me dice?

RZ: pues eso: ¿qué me dices? Quienes dicen eso son lo que les gustaría que estuviese rota, para justificar sus medidas excepcionales de siempre. Ya sabes, "el estado de excepción permanente" de Agamben. Recuerda lo de "antes roja que rota". ¿O era al revés? Con estos fachas nunca se sabe, jejeje. Siempre están de rupturas.

P: tiene Vd. buenos asesores pero el "España se rompe" de ahora es algo más que palabras. La sentencia del Tribunal Constitucional en el recurso contra el Estatuto puede ser determinante en la continuidad de su Gobierno.

RZ: no veo por qué. Si el alto Tribunal anula aspectos esenciales del Estatut, algunos partidos nacionalistas se sentirán agredidos y reaccionarán en consecuencia. Pero no creo que llegue la sangre al río. Eso es el catastofismo propio de la derecha.

P: pero esta vez el peligro de ruptura es mayor. Si el Tribunal mantiene el Estatuto, se le sublevan a Vd. las derechas del "España se rompe" y si lo rechaza se le movilizan los independentistas.

RZ: ¿nunca oíste eso de que "los extremos se tocan"?Hay mucho batasuno de derechas en el PP.

P: en resumen. No pasa nada. Todo bajo control. Y la vuelta de vacaciones será también tranquila.

RZ: ese es mi deseo. Lo demás, depende del comportamiento de los veraneantes en la carretera al volver de las vacaciones.

(La imagen es una foto de Guillaumepaumier, bajo licencia de Creative Commons)