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lunes, 27 de octubre de 2014

La intolerancia de Podemos a la crítica.


(Artículo publicado hoy en el digital Publicoscopia)

Varias voces se han alzado ya señalando la curiosa hipersensibilidad de Podemos a las críticas. Una formación que ha nacido criticando a los demás, no encaja bien trato similar y echa mano de los recursos habituales en los ventajistas de acusar a los críticos de mala fe, feas intenciones, abuso o connivencia con las fuerzas del mal. Muy típico en este país de conversos en donde quien cambió varias veces de fe, doctrina o parecer, se pone hecho una fiera cuando le cuestionan la que ahora profesa.

La crítica general fue el santo y seña del Podemos emergente y la crítica grosera que empezó a recibir de inmediato lo ayudó a crecer. Esos ataques broncos y necios que le llovían en la televisión de boca de los Rojo, los Marhuenda, los Inda eran viento en el velamen de la nave. Se recibían con alegría y se despachaban con deportividad. Por cada insulto o estupidez que vomitaban los opinólogos a sueldo de la derecha, aumentaba la intención de voto de Podemos. Vista la capacidad mental y la fibra moral de aquellos, no era necesario subrayar el fascismo y la carcunda de sus ataques porque quienes los hacían lo llevaban escrito en el rostro.

Cosa distinta cuando la crítica procede de otras jurisdicciones, por ejemplo, de la izquierda. Ahí la intolerancia de Podemos a las observaciones es llamativa e intimidatoria: si, siendo cuatro gatos que aspiran a ganar, ya llaman fascista a quien les reprueba algo, ¿qué no harán en el hipotético caso de que tengan algún poder? Por eso, a la hora de exponer sus reservas y críticas muchos se sienten obligados a precederlas de protestas de lealtad, de afirmaciones de coincidencia y amor eterno.

Hay un curioso contraste con los debates entre ellos mismos, que quieren ser internos pero están accesibles en la red. Las distintas facciones de Podemos reconocen que están despellejándose mutuamente pero, cara a la galería, afirman vivir en concordia celestial a la que no amenaza división alguna y si alguien lo pone en duda es un agente fascista movido por sórdidos designios. ¿Suena? Por supuesto, con el sonido de siempre en todas las organizaciones partidistas en las que unos mandan y otros obedecen; unos ganan y otros pierden.

Dejemos el asunto claro. En mi condición de hombre libre tengo derecho a criticar todo cuanto se expresa en el ámbito público en el que habito y no estoy obligado a hacerme perdonar el ejercicio de ese derecho mediante protestas de simpatías y afinidades. ¿Por qué? Porque no me da la gana. Es lo que tiene la independencia y la libertad, que permite abreviar debates.

La concentración de Vista Alegre fue un fracaso. La convocaron en una plaza de toros con el obvio fin de llenarla. Subrayo: en una plaza de toros porque Podemos quiere capitalizar el fondo carpetovetónico de la raza. Es el mismo motivo por el que sus dirigentes presumen de ser hinchas futboleros, por un cálculo táctico y pragmático patente y que quizá no sea tan cálculo sino profunda coincidencia de aficiones entre los dirigentes y su amado pueblo. Repito: la convocaron en una plaza de toros con el fin de llenarla y, si la hubieran llenado en lugar de quedarse en un triste medio aforo, habrían inundado las redes de fotografías triunfantes.

Como la realidad fue el medio aforo se hizo de necesidad virtud, se mintió sobre el objetivo y se señaló que este no era llenar la plaza sino que los asistentes estuvieran cómodos, con dos o más sillas para cada uno, porque lo esencial era la participación online ya que Podemos es una organización del ciberespacio. En efecto, una organización de clickactivistas, lo cual tiene sus ventajas e inconvenientes, pero aún es pronto para calibrar unas y otros.

Explotando ese sentido de originalidad de comportamiento de una organización que emerge en las redes, la doctrina de Podemos subraya su más importante activo: la novedad. Todo es nuevo, noble, genuino, experimental. Incontaminado con las viejas prácticas y las manidas rutinas. Pablo Iglesias afirma que ellos no copian nada de nadie. Por desgracia, el poder de los medios es grande, desde luego, pero no taumatúrgico. En Podemos casi todo es copia, cuando no todo. Copia es el nombre de su portavoz principal y el de la misma organización; copia la estética de sus líderes, imitada de diversos programas televisivos; copia el contenido de su discurso, que repite una argumentación muy conocida en el sur de Europa, desde la Francia de Olivier Besancenot a la Grecia de Alexis Tsipras; copia las formas de organización extraídas de las movilizaciones al estilo 15M. Algo menos de presunción y bambolla innovadora no estaría de más.

Pero es muy difícil porque la dinámica de hiperliderazgo y culto a la personalidad del movimiento ha quemado etapas a velocidad de vértigo. La ubicuidad de Iglesias en los medios se ha viralizado en las figuras de sus segundos, cuyos méritos para estar permanentemente en el aire se limitan a reproducir el discurso del mando a tal extremo que, si salieran con máscaras con la cara de este, al modo de las caretas de anonymous, no pasaría gran cosa. No uso los medios audiovisuales, pero me entero de su contenido por Twitter y tengo para mí que, de seguir este bombardeo mediático, la gente va a acabar de Podemos hasta el píloro, sobre todo porque cada vez está más claro que la frecuencia del sermón mediático es inversamente proporcional al valor de su contenido, por lo demás, bastante pobre, genérico y ambiguo.

La ambigüedad de Podemos es, quizá, su elemento más llamativo a la par que criticable. Es el inconveniente de tener mil ocasiones de expresarte en público: que se nota mucho aquello que silencias, ocultas o confundes. Son diversos los puntos de ambigüedad del discurso de estos novísimos no tan nuevos y dictados por esa voluntad tacticista, pragmática, reconocida por ellos mismos de salir a ganar cueste lo que cueste. Esa ambigüedad afecta a todos los puntos de un posible programa todavía por formular. Habrá que ver cómo sea cuando se haga y tenga la eficacia movilizadora del Sermón de la Montaña, al que se parece mucho, pero ya voy haciendo tres apuestas: las votarán 1.000, 10.000. 100.000 o un millón de entusiastas de los círculos –esa forma de organización que Podemos también ha copiado esta vez de Google- pero me apuesto algo a que el personal se quedará sin saber exactamente qué quiere hacer Podemos con su idea de Patria/Soberanía, con las relaciones entre la Iglesia y el Estado y con el derecho de autodeterminación de los catalanes.