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lunes, 17 de octubre de 2016

La República Catalana y Palinuro en TV3

Aquí está el vídeo del programa de TV3, Divendres, dirigido por Helena García Melero. Participaban Jaume Barberà, Àstrid Alemany, Vicent Sanchis, Tian Riba y Palinuro, además de la presentadora, claro. En él se habló de la República Catalana  y también de muchas otras cosas de rabiosa actualidad y de actualidad no tan rabiosa en un clima sosegado y afable. Todos los participantes se expresaban en catalán, excepto el invitado mesetario, Palinuro, que lo hizo en castellano sin que nadie se enfadara ni desde luego lo multara. Se expusieron interpretaciones y puntos de vista de interés, de los que Palinuro aprendió mucho. Fue un privilegio participar.

Merece la pena verlo para convencerse de que este tipo de programas de debate tienen una altura distinta en las televisiones españolas o estatales y la TV catalana. Son estilos diferentes, mundos diferentes, países diferentes. 

jueves, 28 de abril de 2016

Hoy, Palinuro en PuntCat TV3 por la noche

A Palinuro no lo llaman jamás a ninguna tele ni radio de España, de las que hay a patadas en Madrid. De esas tan liberales, plurales, democráticas y tolerantes. Nunca. Jamás. Y todavía menos a las de "izquierda". Veto absoluto y total. Lista negra, azabache. Hacen bien. Es un criterio muy profesional. Al fin y al cabo, en el Estado sobran las gentes españolas que defiendan el derecho de autodeterminación de los catalanes. Las hay a porrillo. Y, como salen tanto, aburren ya a todos. Es mucho mejor y de más interés sacar a los de Podemos hablando de Podemos en relación con Podemos y quejándose de cuánto se persigue e ignora en los medios a los de Podemos.

A Palinuro solo lo llaman de vez en cuando en algún medio catalán. Por ejemplo, ahora, en TV3PuntCat. Claro, es comprensible. Siendo medios catalanes, son separatistas, secesionistas, insolidarios y, cómo no, nazis, racistas, excluyentes, fascistas, con un punto genocida. Y por eso llaman a Palinuro, cuyo talante franquista es bien conocido. Así todo queda en casa.

¡Qué duro es mi aprendizaje! Tendré que contenerme y escuchar a gente civilizada y demócrata sin poder denunciarla al señor Bernard, de Manos Limpias, que está de excedencia carcelaria.  En fin, un saludo de antemano a Neus Tomàs, Gabriel Rufián,  José Zaragoza, Gemma Ubasart y Vicent Sanchís, personas a las que respeto y aprecio en sumo grado.

Este programa se puede ver en toda España y por internet, desde luego. Recomiendo a mis compatriotas que lo vean. Van a encontrar otro país, otras formas, otro talante, otras gentes y, sin duda, van a entender algo más de lo que está pasando sin que se lo cuente ningún españolazo de derechas, de izquierdas o de centros.

jueves, 18 de febrero de 2016

Tiburones y pirañas

Con el gobierno de esta presunta banda de ladrones, presidida por el Sobresueldos, se han roto los últimos diques de la escasa moral social de España y estamos viendo uno tras otro, los grandes escándalos financieros, las enormes estafas, el robo organizado que han perpetrado empresarios, políticos, cargos públicos, todos ellos aleccionados por las tramas mafiosas que aquí se llama "partido político". Al descubierto está quedando un país de tiburones con estafas de cientos de millones de euros.

De tiburones y de pirañas. Por el responsable del comité de empresa de Telemadrid en su testimonio ante la comisión de la Comunidad que investiga la corrupción en la tele de Aguirre, nos hemos enterado de que, desde el minuto uno del gobierno del partido popular se puso en marcha una operación de colonización del medio por periodistas, tertulianos afines al PP y pagados con cantidades estratosféricas a cambio de su propaganda a favor del gobierno de Aguirre. Con dineros públicos, con nuestros dineros como contribuyentes. Y eso mientras la empresa, en la ruina al haberla esquilmado, despedía a ochocientos trabajadores en un ERE.

La pauta es siempre la misma: pájaros que se prestan a cantar las excelencias de un gobierno de sinvergüenzas a cambio de jugosa paga. Pirañas que saquean el erario a base de soltar soflamas contra todo lo público y a favor de la privatización, pero cobran dinero público.

Todo lo que tiene que ver con esta banda de ladrones es repugnante. Y lo de estos mercenarios con mayor motivo.

martes, 15 de diciembre de 2015

El debate, bien. La escenificación, repugnante

Por razones empresariales y moralmente dudosas, la Sexta es una cadena antisocialista dedicada a favorecer e impulsar a Podemos. Los medios son muy poderosos, cierto, y este más,  pero ni con su apoyo es probable que los de los círculos ganen, aunque siempre se puede echar una mano al PP, que es lo que, en el fondo, importa a los empresarios.

El debate fue concebido minuciosamente desde el comienzo en contra de Sánchez. Aparentemente no, porque, por ejemplo, el título, que estaba sesgado, rezaba "El último debate del bipartidismo". Ese era el inicio del empeño de la cadena en seguir las consignas de Podemos (y Ciudadanos) de igualar a los dos partidos, vieja táctica de la amalgama de los contrarios que trae muy siniestros recuerdos.

Luego se dio paso a Jorge Verstrynge, presentado como politólogo y analista, quien reiteró lo de la "vieja política" y la amalgama. El PP y el PSOE son lo mismo. Júzguese el valor de esta afirmación de alguien que fue secretario general del PP y que no llegó a ingresar en el PSOE, a pesar de haberlo solicitado, porque los socialistas no lo admitieron. Un buen momento para sacarse una espinita sin que se note, ¿verdad?.

A continuación, apareció Pablo Iglesias, a remachar la cantinela del bipartidismo, el PP = PSOE, lo antiguos que son los dos y lo moderno que es él. Después del debate, siguió largando cuanto quiso sin nadie que le contradijera y tuve ocasión de oírle hablar de que la política necesita de fair play. Ni él ni Rivera saben qué sea eso. Prestarse a comentar y apostillar un debate entre dos candidatos que, al no estar ya presentes, no pueden defenderse, como si él fuera un observador neutral, un experto objetivo o un periodista, cuando es otro candidato en liza directa con los dos debatientes ausentes debe de ser el juego más sucio que he visto en mi vida. Porque de lo que se trataba era de descalificar en caliente para manipular la opinión del auditorio. Y Rivera, cuando menos, mostró ciertos reparos al hablar de su evidente falta de objetividad. Iglesias, ni mencionó el asunto porque, y no es la primera vez que lo demuestra, carece de escrúpulos. Él va a ganar, como se ve, cueste lo que cueste. Esos reiterados y compungidos "creo humildemente", etc., mientras se hace trizas a quien no puede contestarte, abusando de tu enchufe en un medio que tiene a su vez su finalidad, son puro fariseísmo. Es posible que gane, quién sabe, pero ya no será con mi voto porque yo sí creo en el juego limpio. Es en lo que más creo. Quien recurre al juego sucio merece desprecio y no votos.

En este contexto, aplausos a la pareja García Ferreras-Ana Pastor que consiguieron montar un espectáculo para linchar a Pedro Sánchez pero que pareciera algo imparcial, objetivo, muy moderno e incisivo. La conclusión que los espectadores teníamos que sacar era que los dos partidos son iguales, la vieja política y blablabla. Terminado el debate se dedicaron a manipular los datos de opiniones de ganadores/perdedores, asegurando que las redes decían que no había ganado ninguno, cuando ya El País reconocía que en la red, las webs y Twitter los internautas daban ganador por gran mayoría a Sánchez, es parte del esfuerzo de anoche de montar un espectáculo orwelliano. Apoyaría Público, el digital de Roures, vocero de Podemos, titulando a toda página enfrentamiento a navajazos, incidiendo en la amalgama que reiterarían los dos cómicos comentaristas. (Por cierto, también entró Alberto Garzón quien, aun presentándose igualmente como equidistante, tuvo, como es habitual en su caso, mucho más nivel que los otros dos sumados).

El debate, en sí, por supuesto, una bronca permanente. Era lo esperable; lo lógico. Rajoy fue a él porque no tuvo otro remedio sabiendo que no tiene nada que decir ni nada que debatir porque su posición en todos los aspectos es insostenible. Así que su guion tenía dos líneas maestras y a ellas se atuvo: mentir sistemáticamente sobre todos los asuntos, absolutamente todos, y montar la gresca en cuanto pudiera, no dejando hablar al otro, interrumpiéndole sistemáticamente. Sánchez estuvo mucho mejor, dadas las circunstancias de inferioridad en que se mueve y, en el aspecto formal es criticable su machacón "mire señor Rajoy" que no había quien lo aguantara. Pero, efectivamente, estuvo mejor porque mezcló una crítica muy dura al PP y a Rajoy personalmente con baterías de propuestas de futuro. Que los analistas Iglesias y Rivera nieguen este aspecto porque les interesa para seguir con la melopea de la amalgama es otra cosa. Pero basta con visionar de nuevo el debate y escuchar. Son medidas claras, concretas, diversas y algunas originales, como la ley de igualdad salarial y con un grado de especifidad propio del medio televisivo y muy superior a lo que yo he oído a los dos en la larga serie de apariciones con que nos llevan obsequiando desde hace meses. Porque quien sí que no hizo propuesta concreta alguna fuera de repetir que tiene intención de crear dos millones de puestos de trabajo en los próximos años fue Rajoy. Pero, no importa, los dos partidos de la vieja política son iguales porque lo dice un especialista en juego sucio contra el PSOE. Por cierto que Ciudadanos, que lleva diez años en el Parlament de Cataluña diga que ellos también son "nueva política" prueba hasta qué punto importa a estas gentes decir la verdad.

Rajoy, en efecto, no hizo otra cosa que mentir, interrumpir, montar gresca y hacer gestos, muecas, guiños a cada cual más divertido. Los momentos memorables (unos para bien y otros para mal) estuvieron a cargo de Sánchez. Por eso la gente le da por ganador, aunque Ferreras se invente lo contrario. Cosa comprensible porque algunos de esos momentos (en concreto el de llamar "indecente" a Rajoy) no solo noqueó al presidente de los sobresueldos sino al propio periodista que, luego, en la continuación del programa no paraba de reponer las imágenes, como si algo en su adormecido espíritu intentara decirle que ahí hay una verdadera bomba.

Sánchez no se retractó en el plató cuando Rajoy, fuera de sí, le dijo que era una observación ruiz, o sea ruin y tanto en ese momento como luego, en su camino de salida, interpelado por una periodista, reiteró que no se retractaba porque eso, es decir, que Rajoy no es una persona decente, es lo que pensamos millones de españoles. Por supuesto. Y también los dos "analistas", para quienes, al parecer, una persona decente y una indecente son lo mismo. Por cierto, siendo la corrupción lo que más define la legislatura de Rajoy, debe señalarse que el único que lo ha dicho con todas sus letras, ha mencionado personalmente al responsable y ha citado algunas de sus trapacerías más sonadas, (aunque no todas), como los viajes a cuenta de la Gürtel o los sobresueldos ha sido Sánchez. Nunca nadie ha escuchado nada parecido a los de la nueva política. La envidia es muy mala consejera, pero eso ya no tiene vuelta atrás: los llamados emergentes no han atacado de ese modo la corrupción nunca y, sin embargo, tienen la desvergüenza de decir que fue un debate entre dos iguales (aunque estuvieran a punto de llegar a las manos), basado en el y tú más, como si no hubiera quedado claro que Rajoy estaba desarbolado frente a quien le recordaba que su partido, el PP, más parece una asociación de delincuentes que "ha fulminado todos los artículos del código penal".

Incidentalmente, en otro alarde de fariseísmo, Iglesias lamentó que los dos candidatos se insultaran de aquel modo y que eso en Podemos es impensable. Es decir, llamar criminales cada dos por tres a los socialistas no es un insulto, probablemente porque lo dicen entre sonrisa y sonrisa, de esas que han plagiado a Otegi.

Sánchez metió la pata con el aborto al acusar a Rajoy de haber atacado el derecho de las mujeres a decidir sobre la maternidad y Rajoy exprimió la ocasión media docena de veces. No estuvo ágil el socialista quien hubiera debido mencionar que, sin duda alguna, el gobierno, el ministro de Justicia de entonces y el propio Rajoy cocinaron una ley represiva en contra de las mujeres al dictado de los curas, pero no pudieron terminarla porque no se atrevieron a la vista del rechazo social que provocó.

Por último, Palinuro también tiene una espina que sacarse. Ante la insistencia de Sánchez en decir que el presunto corrupto Rajoy tuvo que haber dimitido hacía dos años, el interpelado se creció y le preguntó por qué no le había presentado una moción de censura ni pedido su dimisión en sede parlamentaria. Le está bien empleado. Palinuro lleva años invitando a la oposición a que presente una moción de censura. Años. No cito los posts porque son legión. Pero años. Y recomendando igualmente que exija la dimisión de esta vergüenza de presidente y hasta animando a la oposición a que hiciera una retirada al Aventino. Pero nadie prestó la menor atención. Alguno me recordó que la oposición no podría ganarla, como si eso importara. No es rápido el amigo Sánchez que empieza a hacer oposición en serio cuando el Parlamento está ya disuelto. Merecido se lo ha ahora que le pasa lo que a todos los cobardes: no se atreve a actuar cuando es obligado y, luego, se le ríen en la cara cuando ya no puede enmendar el yerro.

Digan lo que digan los francotiradores de la Sexta y su gran equipo de manipulación, el debate fue vivo, apasionado, suscitó mucho interés, dejó a Rajoy desorientado y mostró el temple de un político nuevo, con decisión y empuje. No sé si esto le servirá para remontar en la intención de voto. Queda poco tiempo y él ha perdido mucho haciendo el ganso. Pero se lo merece mientras que los emergentes de pacotilla se quedan disfrazando su envidia de moderación, petulancia y superioridad.

Sé que esta crónica no me va a hacer especialmente simpático a los ojos de un potente conglomerado de medios que manipula cuanto toca y es la plataforma de lanzamiento de estos nuevos más viejos que la radiogalena, así que terminaré de arreglarlo: ninguno de ellos observó las más clamorosas carencias de un debate que pretendía ser sobre España en su conjunto, a saber: la cuestión de la República/monarquía, la de la separación de la Iglesia y el Estado y Cataluña. Sobre esta última algunas lamentables afirmaciones de Sánchez y Rajoy, dos sólidos nacionalistas españoles dispuestos a no dejar a los catalanes decidir en libertad. Ninguno de los "objetivos" comentaristas dijo nada al respecto obviamente porque ellos están de acuerdo con los dos debatientes en todo: República/monarquía "no toca"; Iglesia y Estado, "aparta la bicha"; y, sobre Cataluña "sin novedad en el frente".

Y estos son los que llaman a los otros "vieja política".

A ver qué opina mañana el personal sobre este intento de linchamiento de Sánchez quien, por cierto, no tiene una cadena de televisión a su servicio, como los de Podemos, ni un periódico. No tiene nada.

viernes, 11 de diciembre de 2015

La televisión manda.

La americanización de la política ha llegado por fin también a España. Lo que los teóricos como Sartori, Manin, etc., vienen anunciando desde hace años, la "videodemocracia", "la democracia de audiencias" está haciéndose realidad en esta apartada región del mundo. Ya lo era antes, con el antiguo formato de campañas a base de mítines, cuando se reservaba la frase contundente del candidato para el momento en que las cámaras grababan a fin de estar en los telediarios. Pero ahora ha cambiado: los líderes no esperan la llegada de las cámaras sino que ocupan los platós de televisión y se prodigan en todo tipo de programas, sea cual sea su contenido con tal de que tengan audiencia.

Los llamados "partidos emergentes" han nacido en los programas de televisión, en las tertulias, las entrevistas, los espacios de locutores con mucho seguimiento. Y ahora, por un efecto de retroalimentación, se ha cerrado el círculo y si antes eran los políticos quienes buscaban las cámaras,  son las cámaras las que buscan a los políticos y estos se han convertido en verdaderos héroes de shows de más o menos repercusión. Aparentemente, la dinámica de la acción política está cambiando y es frecuente encontrar análisis que tratan de dar cuenta de esta evolución según la cual la sociedad mediática hace honor a su nombre.

Porque este amoroso diálogo entre los políticos y los platós forma parte de lo que se ha bautizado ya como infotainment (o infoentretenimiento) pero no se agota en él, ha convertido la política en un espectáculo y un simulacro. Los políticos son actores y las cuestiones, los issues que se debaten están guionizados de forma que, cuando alguno se sale del guión lo despellejan, como ha pasado con el machismo de Rivera (a) Falangito. El despelleje no tiene por qué ser en el propio plató sino que suele producirse luego en las redes sociales, especialmente Twitter, la dominante. Ahí es donde un patinazo, un lapsus, un error, se viraliza y da de nuevo la vuelta al ruedo porque, al viralizarse, los medios convencionales recogen la noticia que retorna a las redes ya con el marchamo de las cabeceras. Un Merry go round permanente.

En principio, no hay nada en contra de esta forma de hacer política y batirse el cobre en las campañas electorales. Estas elecciones del 20 de diciembre son también una buena ocasión para comprobar qué efectos tendrán los cambios. A primera vista se me ocurren cuatro cuestiones que pueden tener interés:

La primera es obvia: el medio determina el mensaje y la asistencia a los programas de mucha audiencia trivializa el discurso y vacía de autoridad la figura de los candidatos que aparecen como gente superficial, cuando no verdaderos botarates. Puede decirse que tanto da siempre que los voten. La cuestión es si la gente vota a  cantamañanas. También parecía que Beppe Grillo en Italia iba a comerse el mundo y luego resultó que no lo votan.

La segunda es el peligro de que los medios, que son empresas privadas con intereses específicos, manipulen el impacto que los políticos y los candidatos tengan obligándolos a adaptar sus discursos a los parámetros ideológicos que alimentan aquellos. Los medios audiovisuales no solo determinan la agenda sino que obligan a ajustar los postulados programáticos al mainstream que ellos mismos han creado y alimentado.

La tercera es la relación entre medios y redes sociales. Estas últimas son verdaderos zocos de militancia política pero, aunque su gran abullición pareciera anunciar otra cosa, su impacto sigue siendo minoritario, como saben todos los que convocan actos a través de las redes a los que habitualmente acude menos del uno por ciento de quienes han comunicado que lo harán mediante un click en el correspondiente botón de "iré".

La última es que la audiencia televisiva no diferencia entre votantes y abstencionistas. El 25 por ciento que habitualmente se abstiene en las elecciones españolas, también mira la televisión. Incluso es posible que sea lo único que haga, mirar la televisión. Ir luego a votar es otro asunto.

jueves, 10 de diciembre de 2015

El debate a nueve.

Entre sondeos y debates, los analistas políticos tenemos sobrecarga de trabajo y no damos abasto. El debate de TV1 fue despreciado por los dirigentes de los grandes partidos y ninguneado por la propia cadena, que quiso ponerlo a las 12:00, sin duda para que nadie lo viera, dando precedencia a esa cosa inenarrable de B. Osborne. Por fortuna, la JEC obligó a la tele a enmendar y emitir a las 10.00. Moderaba Julio Somoano, el agente del PP en RTVE que ha conseguido hundir el canal público por su sectarismo y su fanatismo. Y en dos horas tuvo que escuchar lo que lleva cuatro años censurando y silenciando. Llevaba la mala follá en el rostro. Sin embargo, el debate estuvo bastante bien y a ratos, mejor que el de Atres media. Y, aun tratándose del apparatchiki pepero Somoano, este estuvo más correcto que la insoportable diva Ana Pastor en la cadena privada.

Al grano. Anoche se pudo visualizar, para solaz de Palinuro, que, a pesar de los pesares, hay una sintonía de base entre las tres fuerzas de izquierda, PSOE, Podemos y Unidad Popular (IU) con discursos bastante buenos, claros, constructivos y progresistas. Quien más me gustó fue Garzón. Se entiende por qué no quieren invitarlo en otras partes: no se altera, no divaga, no hace demagogia, va directo a los problemas y aporta soluciones de izquierda. Hernando (PSOE) y Errejón (Podemos) también bastante bien, aunque, a mi juicio, no tanto como Garzón. Cada uno en lo suyo. Hernando  muy contundente en la denuncia de la corrupción del PP (por cierto, le quitaron la voz en mitad de su parlamento y no dudo de que fue a propósito) y Errejón también estuvo acertado a mi juicio en el asunto catalán. Propone un referéndum de autodeterminación. Ya sé que Garzón también, pero en esto no es tan claro ni muestra tanta comprensión del problema como Errejón. La castaña que se dio Podemos en las catalanas pasadas le ha servido para reflexionar.

Pero hay algo aun más importante: las izquierdas ganan mucho cuando, en lugar de pelearse entre ellas, concentran su fuego sobre el verdadero adversario, que es el PP. Aquí todavía Errejón arrastra fantasmas del pasado, como Iglesias, inercias doctrinarias de esas de repartir culpas por igual entre PP y PSOE con lo cual lo único que consiguen es tirar piedras contra su propio tejado (pues la alianza tripartita PSOE-Podemos-IU a la portuguesa es, de momento, la única opción posible de gobierno de izquierda) y, sobre todo, legitimar y embellecer al PP. Algo ridículo. Cesen ya en sus ataques y concentren sus críticas en su adversario común y el del pueblo español al que dicen defender. Solo un pacto postelectoral de la izquierda puede salvar a este desgraciado país. No jueguen más a la equidistancia; dejen esa demagogia para UPyD y Ciudadanos, cuya única posibilidad es abrirse un hueco entre los dos polos de la izquierda y la derecha que, en el fondo, no existe y los llevará a una alianza con el PP.

La derecha estaba representada por ese joven de catequesis con pinta de tuno sin bandurria, que se pasó todo el programa mintiendo, soltando embustes con ayuda de unos ridículos cuadros que cualquiera pueda hacer en excel, como si el hecho de mostrar gráficos de barras inventados diera mayor verosimilitud a las trolas que intentas colocar al respetable. Júzguese: España crea empleo; empleo de calidad; las pensiones no han bajado, sino que se han revalorizado; el gobierno persigue con contundencia la corrupción; hay más becas, más estudiantes estudiando, más trasparencia, menos desahucios; crecemos el doble que Alemania. No sigo pues no merece la pena: el PP no tenía otro majadero más a mano para enviar a la tele a colocar sus rollos y hubo de recurrir a este caradura que enjareta las mentiras como si fueran churros.

Los demás contertulios, cada cual en su papel. El catalán, representante de Democràcia y Llibertat, Miguel Puig, y el vasco, del PNV, Aitor Esteban, casi parecían de otro planeta, diciendo cosas de puro sentido común, como que Cataluña y Euskadi son dos naciones (no sé por qué no había ningún nacionalista gallego que hablara en nombre de la tierra de mis mayores, otra nación) y que, guste o no guste, España tendrá que acabar reconociéndolo, aunque esto ya le daba un poco igual al catalán que se había pronunciado por la independencia. En contra, el señor Andrés Herzog, de UPyD y la señora Marta Rivera (no es pariente de su jefe) que en esto de negar la plurinacionalidad de España y la posibilidad del referéndum formaban una piña y era lo único que los animaba. En realidad UPyD no ha sido nunca otra cosa que un intento de revertir el Estado autonómico al más puro centralismo y C's ha nacido casi exclusivamente para hacer realidad el lema joseantoniano de la "unidad de destino en lo universal" con unas gotas de despido libre y anarcocapitalismo sacado de algún ejemplar de Reader's Digest.

En la organización territorial del Estado es en donde Hernando, del PSOE, se sale del consenso de la izquierda. No contento con haber destruido prácticamente su partido, poniéndolo a pactar todo (incluidos sus principios) con la derecha, Rubalcaba dejó en su lugar a otro reaccionario jacobino como él, Sánchez. En su ceguera españolista este, no advierte que su seudopatriotismo de la legión, lleva a su partido al desastre en Cataluña y, por extensión en España.

Había una novena contertulia, representante de Unió, Montse Surroca, pero no me quedé con nada de lo que dijo, y sospecho que los demás tampoco, porque apenas se la entendía.


martes, 8 de diciembre de 2015

Un mal debate.

Antes de entrar en harina, un juicio sumario sobre las dos ausencias del debate de anoche. Rajoy volvió a demostrar que es un cobarde. No se atrevió a dar la cara, aunque esa fue una de las numerosas promesas (todas incumplidas) que hizo para ganar las elecciones de 2011. Se escondió en Doñana, a comer una paella, mientras la ratita hacendosa que tiene en la vicepresidencia le sacaba las castañas del fuego. Lo normal con este acomplejado gandul, verdadero bochorno del país que dura ya cuatro largos años. La ratita trató de disculparlo con una de las habituales mendacidades con que esta asociación de presuntos malhechores coloca sus trolas: Rajoy no ha ido porque no hacía falta ya que el gobierno es un equipo. Podía haber dicho que Rajoy no iba porque está salvando almas en el Congo y la mentira hubiera sido menos insultante.

La segunda ausencia es la de Alberto Garzón. Sigue sin haber motivo alguno para excluir al cabeza de lista de Ahora en común, esto es IU, como no sea impedir que su discurso llegue a la gente. Su exclusión es una vergonzosa muestra del viejo espíritu censor español y carece de toda justificación, como la de UPyD. Como persona de izquierda, Palinuro no puede admitir que ni Pablo Iglesias ni Pedro Sánchez defiendan el derecho de Garzón a debatir con ellos. No entiendo cómo alguien de izquierda acepta beneficiarse de una injusticia ajena y sin formular aunque sea una mera queja.

En cuanto al juicio sobre el debate, nado contra corriente. Todo el mundo se felicita por este acierto de Atresmedia, considera que se ha roto un tabú, que ha ganado la democracia , etc., etc. Yo también creo todo eso. Efectivamente, en este país de ventajistas y tramposos hemos dado un paso muy importante hacia la normalidad y la transparencia democráticas al haber abierto y hecho más naturales las comparecencias televisivas y no sometidas a minuciosos preacuerdos que esterilizan todo intercambio. Con razón el amigo de los sobresueldos se ha escaqueado pues en un ambiente de libres interpelaciones, hubiera quedado como un ecce homo.

Pero eso habla sobre la oportunidad y la conveniencia del debate. No sobre el debate en sí. En sí mismo, este ha sido muy malo. Malísimo. Y no por culpa de los cuatro políticos, sino por la de los periodistas que lo han planeado mal, quizá por falta de pericia con el formato, quizá por pedantería. Cuatro políticos todos ellos candidatos a la presidencia del gobierno (los tres hombres manifiestamente y la mujer tapándolo de momento) se enzarzarán con alusiones con lo cual es casi seguro que, si se pretende que cubran todos, absolutamente todos los temas de la agenda política, solo se conseguirá embrollar más los asuntos. Es un error garrafal de planificación. La obsesión por agotar la temática forzó un ritmo trepidante, con frecuentes interrupciones mutuas, réplicas, contrarréplicas, sin tiempo para reflexionar sobre las propuestas o que se sedimenten o puedan calibrarse. Una planificación más competente hubiera aligerado la agenda temática porque el interés por tocar todos los puntos, aunque fuera a la carrera, no permitió discernir exactamente qué dijo cada quién. Obviamente, de haber sido más realistas y haber reducido los temas para que los intervinientes no tuvieran que largar a la carrera, hubiera sido posible incorporar a Garzón como es de justicia. Pero no fue así y por eso todo el mundo se lanza a determinar quién "ganó" el debate pero a base de recuerdos visuales sobre la actuación de cada candidato, su modo de moverse, de mirar, de accionar con las manos etc., lo que venía favorecido por el formato de todos de pie, de cuerpo entero, y no de análisis de sus propuestas.

Palinuro también dará respuesta a la pregunta de ¿quién ganó el debate? según su leal saber y entender, pero antes quiere hacer un pequeño repaso a algunos temas tratados en el intercambio porque, al fin y al cabo, no se pedía nuestra atención para decidir quién da mejor ante las cámaras, sino quién hace las propuestas más inteligentes, razonables, de futuro.

El bloque de economía y Estado del bienestar lo despachó Sáez de Santamaría según costumbre en su partido: echando la culpa de todo a Rodríguez Zapatero y mintiendo descaradamente en todos los datos. Y cuando digo "descaradamente" lo sostengo porque está claro que estos gobernantes corruptos saben que mienten y saben que sabemos que mienten. Pero les da igual porque vienen directamente de la tradición franquista, cuando nadie era responsable de nada que saliera mal y ellos repiten ese comportamiento. Que le digan que España está en la ruina, que la deuda pública es del 100% del PIB, que nunca se han cumplido los objetivos de déficit, que el paro es inasumible, que han recortado las prestaciones de los más débiles y que han esquilmado la caja de la seguridad le da igual. Ella seguirá repitiendo los embustes que forman el argumentario del gobierno porque, como buenos franquistas, solo sienten desprecio por las convenciones democráticas de que los gobernantes deben rendir cuentas de sus actos y decir siempre la verdad. En materia de contratación laboral ninguno parece tener las ideas muy claras pero el discurso más convincente, al menos para Palinuro, es el de Podemos. En cuanto a los impuestos, algo parecido: el gobierno sigue mintiendo y Rivera no le va en zaga. Las propuestas más atractivas, las de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

En materia de educación, Sáez de Santamaría trató de defender la LOMCE, la necia ley de un necio ministro que ni los de su partido quieren aplicar. Pero luego todos se fueron por los cerros de Úbeda hablando del respaldo grande o pequeño a una ley general de educación. Ninguno cuestionó el sistema de colegios concertados, la verdadera estafa con la que se privilegia la educación privada, sobre todo la de los curas y se desmantela la pública. Ninguno, tampoco, habló de la enseñanza de la religión católica como materia curricular ni se atrevió a topar con los privilegios de la Iglesia. Todos callados como monaguillos. Este (y el de la República, por supuesto) es uno de los argumentos por los que Palinuro sostiene que los tres aspirantes a presidente no dan la talla. Hablar de educación en España y no hablar de la Iglesia católica (en general, no hablar de los curas y sus privilegios en absoluto) es engañar a la gente.

En cuanto a la corrupción, sin duda, hubo algo más de acrimonia en el intercambio, pero nada en comparación con la que tendría que haber habido. Iglesias fue quien estuvo más contundente, seguido de Sánchez. Pero se dejaron muchas cosas en el tintero. La principal de todas, extenderse en el cobro de sobresueldos (solo se mencionaron una vez y como de pasada) y en quiénes lo habían efectuado. Según Bárcenas, Rajoy recibió unos 400.000 euros en negro y Soraya Sáez de Santamaría unos 600.000. ¿Qué sentido tiene callar estas responsabilidades personales, fuera de un miramiento pacato con quienes no han tenido reparos en trincar todo lo que han podido?

Igual que la financiación de los partidos políticos. No está mal hacer propuestas constructivas, aunque no se oyeron muchas, fuera de la de Iglesias, muy puesta en razón, de que los partidos no sean financiados por los bancos. Pero hay que ir más al fondo de las cosas. El PP está acusado en sede judicial por financiación ilegal y es obligación de todo demócrata denunciar a esta organización como más parecida a una asociación de malhechores que a un partido político.

En el tema catalán, llamativo cierre de filas del nacionalismo español (PP, PSOE, C's) frente a Podemos, el único con el sentido democrático y la valentía de pedir un referéndum de autodeterminación en Cataluña, ya. El federalismo de Sánchez suena a un ejercicio poco interesante de hacer de necesidad virtud y la actitud de C's y PP, está mucho más cerca del "una, grande, libre" del franquismo que de la democracia. Pero esto tampoco es una novedad. Tanto los del PP como los de Rivera son franquistas más o menos declarados y, entre otras delicias, no consideran que en España haya más nación que la suya. Los del PP la quieren para expoliarla; los de C's está por ver.

El debate sobre violencia machista no es obviamente un asunto que quite mucho el sueño a los intervinientes, ni siquiera a la vicepresidenta que, siendo mujer, podría tener algo más que decir al respecto al margen de recomendar a las chicas que no se dejen fisgar el móvil, como si estuviera revelando un factor crucial. Nadie, en cambio, le recordó que su gobierno empezó negando hasta la denominación de violencia de género por boca de aquella analfabeta que tenían de ministra de Sanidad, Ana Mato, y siguieron recortando en todos los servicios relacionados con esta lacra, tanto en formas de intervención social como en protección o medidas remediales. Y, en efecto, todos estaban de acuerdo porque, en el fondo, esto del feminismo ninguno lo siente como algo propio; ni Sáez de Santamaría.

En materia de guerra de Siria y terrorismo, el único que destacó por su relativa coherencia fue Iglesias de nuevo. Su negativa a firmar el Pacto antiterrorista y a enviar tropas a Siria le valió los ataques concentrados de sus contertulios que, como en el caso del nacionalismo español también cerraron filas, con Sánchez y Rivera dispuestos a mandar tropas bajo el paraguas de la legalidad de la ONU y la vicepresidenta dando largas a todo porque sabe de sobra que el atentado del 11M en Atocha fue la consecuencia de la canallada de Aznar de meternos en la guerra del Irak y no quiere que les pase ahora algo parecido.

Por último, la cuestión de los pactos postelectorales fue un juego de dobleces. Sáenz de Santamaría, aferrada a la consigna de que gobierne la lista más votada reconocía implícitamente que su partido no repetirá la mayoría absoluta y, con su talante autoritario y mentalidad franquista, exige el gobierno para la lista más votada al margen de la dinámica parlamentaria. Es tal su carencia de sentido democrático que no se da cuenta de que, de imponerse este criterio habría que reformar la constitución para eliminar la figura de la moción de censura porque, mientras esta figura exista, todo gobierno que no cuente con apoyo parlamentario superior a la mayoría absoluta estará en precario. Y legítimamente. Los tres candidatos dijeron que ellos "salían a ganar", como si alguien saliese a perder y, de este modo, se escabulleron de compromisos respecto a los pactos postelectorales. Hicieron bien porque, como están los sondeos, puede pasar cualquier cosa.

Por último, lo prometido es deuda y Palinuro expone su criterio de ganadores y perdedores, no sin reiterar que tiene un valor muy escaso en un debate de cuyo contenido, probablemente, no guarde memoria mucha gente a horas de haberse producido.

Doy ganador a Pablo Iglesias porque es el mejor comunicador, quien aguantó más fuego concentrado de los otros, es flexible, respetuoso con los demás y es más convincente. En segundo lugar, a cierta distancia, Pedro Sánchez que estuvo brillante a ratos, pero es menos convincente, fía demasiado al pasado y no es muy respetuoso con los tiempos ajenos. En tercer lugar, Albert Rivera que dio impresión de estar nervioso y, aunque apenas interrumpió a los otros, su discurso, siempre hablando de la necesidad de innovar pero aportando pocas innovaciones, acabó, como siempre, siendo muy confuso. En último lugar, la vicepresidenta del gobierno, una fábrica de mentiras descaradas una detrás de otra (basta con escucharla acerca de la lucha que dice que han librado en su gobierno en contra de la corrupción de la que son responsables), con su talante autoritario, la vulgaridad de sus ademanes y su falta de respeto a los tiempos de las intervenciones ajenas. Y es que los franquistas jamás podrán ser demócratas.

martes, 1 de diciembre de 2015

Un debate interesante.

"EL País" se apuntó ayer un tantazo transmitiendo el primer debate a tres por TV en internet. Estilo gringo. Minimalismo en el escenario, turnos rápidos y moderación bastante eficaz, aunque sin perder de vista que los espectadores quieren escuchar a los debatientes y no al moderador.

El señor de los sobresueldos, presidente del gobierno se escabulló como siempre pretextando una reunión en París sobre el cambio climático. Como todo cuanto tiene que ver con él, era mentira porque a la misma hora del debate de El País estaba en Telecinco, en una entrevista con Pedro Piqueras, soltando sus habituales trolas y melonadas. Es decir, no se atrevió a ir al debate general porque sabe que lo laminan, pero contraprogramó para fastidiar un poco. Con escaso resultado pues hubo más seguimiento del debate a tres en internet que de su entrevista. Había propuesto enviar en su lugar a la ratita hacendosa de la vicepresidenta (con lo que, de paso, infería un desprecio a los otros debatientes) pero, con buen tino, El País se negó. Y no solo eso, además dejó vació el estrado que había de ocupar el presidente para que se notara su ausencia. Le faltó algo de ingenio, a juicio de Palinuro. Hubiera estado mejor una pantalla de plasma sobre el dicho estrado.

Faltaron IU y UPyD en el debate. La ausencia de la primera es verdaderamente escandalosa y Palinuro lo hizo notar en el post de ayer El debate viciado. Es injusto silenciar una voz que está presente en el Parlamento con 1.600.000 votos (UPyD, 1.150.000) y tiene solera en España. No hay ninguna razón válida en democracia para esta censura. Entiendo, no obstante, que está muy en el espíritu conservador y de derechas de El País, que no traga nada comunista. Pero no lo está y es muy vituperable en el de Sánchez e Iglesias, los dos candidatos de la izquierda. Una izquierda que transige con la censura y la negación de la libertad de expresión ajena. Que Alberto Garzón traiga los efluvios del viejo comunismo no es razón para silenciarlo. Quizá creen que, con ello, aumentan sus posibilidades. Una izquierda que ve sus posibilidades en acallar a otras izquierdas, en realidad, ni las tiene ni es izquierda. Dicho en plata: es una vergüenza que Sánchez e Iglesias se avinieran a censurar a Garzón.

En cuanto al debate en sí, pretendía ser útil para que el personal pudiera informarse y hacerse un juicio sobre las propuestas de cada uno, pero, al hacerlas a toda velocidad y ser muy dispares incluso dentro de los mismos bloques, era imposible detenerse en ellas, rumiarlas un poco, sopesarlas. Será preciso verlas sobre el papel para hacerse una idea del alcance de lo que defiende cada uno. Venían también entreveradas de alusiones personales cruzadas, pullas y algún calificativo mayor, con lo cual, la reflexión serena sobre los contenidos fue imposible.

Importancia también tuvo el lenguaje no oral, la actitud y hasta el atuendo de los tres. Sánchez, en el centro, con Iglesias a su izquierda y Rivera a su derecha, recibía los ataques de ambos pero esto solo quiere decir que los dos lo necesitan. Rivera, trajeado con corbata, Sánchez trajeado sin corbata e Iglesias sin traje ni corbata. Los tres tienen dominio del plató pero les faltan ideas, originalidad, innovación. Repitieron siempre que pudieron los topicazos que manejan sus respectivos partidos, pero no se les ocurrió nada original o de creación propia. Les faltó confianza en sí mismos.

Apenas terminado el debate varios periódicos incluían ya valoraciones sobre quién lo había ganado. Los que vi en Publico y El País, daban ganador indubitable a Pablo Iglesias, con Rivera y Sánchez por detrás y a una distancia considerable. Ignoro qué criterios utilizan los calificadores al puntuar fuera de su fidelidad a su respectivo líder. A mi juicio Sánchez fue quien estuvo mejor seguido, de no tan cerca por Iglesias y a distancia considerable Rivera a quien ni se le entiende lo que dice.

Por mi parte sigo en mis trece de votar a Podemos porque es la formación que más se aproxima al reconocimiento del derecho de autodeterminación de las naciones que hay en el Estado, aunque eso mismo muy probablemente le va a costar lo suyo en votos. Los otros candidatos desbarrando en este asunto. El discurso de Rivera no se distingue del de Aznar. El de Sánchez tampoco y es aun más absurdo e infantil si cabe. Dijo haber hablado con constitucionalistas que le informaron de que ese derecho no se recoge en ninguna Constitución del mundo. Iglesias le apuntó el caso de Escocia, pero le faltó capacidad de articulación teórica de la cuestión: es verdad que ninguna Constitución recoge el derecho de autodeterminación de una parte de su población y territorio. Pero aun así, se ejerce porque es un derecho originario que no precisa reconocimiento. La Constitución del Canadá tampoco lo recoge y, sin embargo, los quebequenses votaron dos veces en referéndum de autodeterminación sin que se hundiera el mundo. El Tribunal Supremo Federal lo admitió en su día con el argumento impecable de que el tal derecho no existe en la Constitución del Canadá, pero si una porción apreciable de los quebequeses lo reclama, no hay más remedio que permitir su ejercicio. Tome nota Sánchez porque en Cataluña, más del setenta por ciento de la población quiere ejercerlo.

Por lo demás, no tengo una imagen ideal de la situación el 21 de diciembre, de forma que la previsión de resultado que menos me molesta es un triunfo de PSOE y Podemos y la formación de un gobierno de izquierdas.

lunes, 30 de noviembre de 2015

El debate viciado.

Hoy se dará el debate organizado por El País y retrasmitido por la televisión.

Es una idea excelente por la que debemos felicitar al periódico que no solamente favorece la democracia y el debate, sino que también deja en evidencia la vergonzosa política de manipulación de este desgobierno que padece el país y la cobardía de su presidente, el de los sobresueldos. Cobardía muy razonable, desde luego. A ver quién se atrevería a ir a que, en presencia de todos los españoles, le pidan explicaciones por la corrupción que ha amparado y de la que presuntamente se ha beneficiado a base de sobresueldos, o por el hecho de que esté costeando con dineros públicos los cuidados a su padre dependiente, él que ha suprimido la subvención a las dependencias ajenas.

Efectivamente, un debate imprescindible que debiera ser obligatorio y en el que los votantes podrán comparar los talantes y los programas de los candidatos.

Pero ese mismo debate presenta una tacha innoble, un defecto de origen que lo invalida. Falta el cabeza de lista de la quinta opción de ámbito estatal, Alberto Garzón, líder de Ahora en común, esto es, en realidad de IU. No se le ha invitado. Es verdad que el debate se produce en el ámbito privado de un periódico, que no está obligado a aplicar un criterio de proporcionalidad que le obligaría a incluir a Garzón, pues IU tiene representación parlamentaria. Y lo mismo pasa con UPyD.

Exactamente, ¿qué razones hay para impedir el acceso de Garzón al plató? Ninguna. Si acaso que IU es una organización pantalla del Partido Comunista de España y las fuerzas políticas conservadoras o vagamente liberales, como El País, nunca han visto con simpatía a los comunistas. Palinuro tampoco y no tiene la menor intención de votarlos. Pero, al mismo tiempo, considera que censurar, acallar, silenciar una fuerza política legal y parlamentaria por el hecho de que no se simpatiza con ella no tiene nada de democrático. Es una decisión arbitraria, injusta y censora que resta todo mérito al debate.

Al comienzo de la transición, el gobierno de Suárez acarició la idea de celebrar las primeras elecciones democráticas de 1977 con el Partido Comunista en la ilegalidad. Los socialistas de entonces amenazaron con no presentarse si no se permitía que los comunistas lo hicieran y eso garantizó la presencia del PCE en esas elecciones. Esta actitud no alcanzó también a otras fuerzas políticas a la izquierda del comunismo, lo cual fue un baldón para el carácter democrático de aquellas elecciones. Pero los comunistas pudieron concurrir.

Entiendo que el PSOE y Podemos están moralmente obligados a exigir la presencia de Garzón en ese debate y a renunciar a su participación si no se produce. Por mi parte, jamás votaré a una opción política que no muestre respeto por el juego limpio ni defienda los derechos democráticos de los adversarios como si fueran los suyos.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Los debates y la degeneración democrática.

(Quien quiera firmar la petición de Change.org puede hacerlo aquí).

La democracia es un régimen de opinión y la opinión nace del intercambio, la discusión, el debate. La democracia es un sistema político deliberativo. Las decisiones colectivas se adoptan por mayoría de unos ciudadanos que previamente se han informado y debatido. Lo sabían los griegos de la época clásica y por eso desarrollaron la sofística en cuanto capacidad de argumentar en público y triunfar, si bien luego el término cayó en desprestigio hasta que Hegel lo rescató. Cicerón era neto partidario de la retórica, el arte de bien hablar y bien razonar como puntal básico de la vida republicana. La expresión democracia deliberativa es redundante porque, si no es deliberativa, la democracia no es democracia.

Por si fuera poco, nuestra época se caracteriza por ser la del reinado incuestionable de los medios de comunicación (últimamente coronados por internet) que viven de fomentar el intercambio de información, los debates, los discusiones, las intervenciones asamblearias. La capacidad de los medios de consumir estos productos es infinita. De ahí que los políticos y también sus asesores, los comentaristas y analistas estén atentos para aprovechar cualquier ocasión, cualquier debate o discusión para difundir sus puntos de vista, para hacer propaganda.Y que se vuelvan locos por aparecer en pantalla o colocar sus mensajes en todo tipo de programas de radio, televisión de lo que sea.

En principio, los políticos (y algunos comunicadores) se apuntan a todos los debates y no solo los debates. En España, en época electoral, están dispuestos a aparecer en cualquier programa basura, en los que van a hacer el ridículo frente a interlocutores que habitualmente son de derechas cerriles o están de vuelta porque todos los políticos, dicen son iguales. En estos programas de ínfima calidad, presentados por gentes fiel reflejo de la chabacanería y el mal gusto del gentío, los políticos van a hacer de bufones, a freír un huevo o sacar a pasear al perro. Pedro Sánchez diciendo en el programa de Bertín Osborne que "a las mujeres hay que trabajárselas" da la medida de su falta de educación y su estupidez machista.

Además de los programas basura, los políticos acuden a todo tipo de debates. Exceptuado, como se sabe, Rajoy, cuya capacidad para debatir nada sin decir necedades es inversamente proporcional al miedo que le da que le obliguen a aclarar el asunto de los sobresueldos o los dineros públicos que pilla para pagar los gastos de salud de su padre.

Los debates pueden verse en dos facetas: a) la forma y el b) el fondo.

En cuanto a la forma, pueden ser tipo tertulia, entrevista o intercambio en pareja. En la tertulia, a su vez, pueden predominar los políticos o los periodistas o un modelo intermedio, con participantes estratégicamente escogidos según la ideología del medio. En ellas lo habitual es organizar un griterío con un nivel intelectual bajísimo. El tipo entrevista (también con mucha variedad) deja más posibilidades. De lo que suele tratarse es de que el político se luzca ante un entrevistador que funciona como un felpudo o, caso de que no lo sea, de que no lo pille en algún renuncio que lo ponga en ridículo. Todo el mundo recordará el momento en que Carlos Alsina pilló a Rajoy balbuceando incongruencias porque no se sabía el derecho de nacionalidad del país que desgobierna. En cuanto al intercambio en pareja, suele ser un formato en que dos políticos, como dos gallos en un corral, se buscan las vueltas y tratan de clavarse los espolones. Al final, los medios suelen declarar vencedor y perdedor y el asunto tiene, en efecto, el valor de una pelea de gallos.

Lo definitivo en los debates no es la forma sino el fondo. Importa el cómo se dicen las cosas, cierto; pero mucho más las cosas que se dicen. Al respecto se dan tres tipos de contenidos que retratan el nivel intelectual de los políticos. El primer nivel es de barra libre a las tonterías de todo tipo porque suelen tratarse cuestiones de esas de rabiosa actualidad que solo sirven para insultar al adversario o decir vulgaridades sin sentido. También en esto Rajoy es un puntal. Hace poco, en un programa de radio sobre fútbol, que es el objeto principal de su actividad mental, dictaminó que la "mejor defensa es contar con una buena defensa" o algo así de inteligente. Tampoco los demás políticos se desempeñan con mayor ingenio.

El segundo nivel es el de alcance medio. Este el terreno en que los políticos, los comunicadores, los expertos y demás tropa se sienten a gusto. Son debates sobre políticas públicas concretas que no por ser concretas son más ciertas o verosímiles. Se trata de debates interminables sobre si conviene bajar o subir los impuestos, respetar o no el sistema público de pensiones, privatizar o no la salud pública. La contundencia con que los interlocutores se expresan en este terreno jamás consigue disipar la convicción general de que no saben de lo que hablan, que lo hacen por no estar callados, ya que el silencio no vende electoralmente.

El tercer nivel es el más complicado porque es el que ya requiere cierta capacidad teórica. Se trata de debatir qué se puede hacer por (o contra) el Estado el bienestar, cómo entender la economía del común, que sucede con tesis reformistas radicales como las del decrecimiento. En este terreno, el silencio de los dirigentes es clamoroso. Su capacidad reflexiva, especulativa queda patente en estos contenidos. Rajoy es un analfabeto funcional y, cuando habla, dice disparates. Sánchez no le anda en zaga. Nadie le ha escuchado jamás una sola reflexión propia que tenga el menor interés. Y los dos rivales emergentes ya dejaron claro de una tacada que no saben nada de Kant, cuya lectura recomiendan.

Cabe maliciarse que el sistema español de selección está invertido.

martes, 24 de noviembre de 2015

Lemas y debates.

Las campañas electorales son reyertas de truhanes, pero se preparan como si fueran justas de caballeros. Pablo Casado, el portavoz del PP que hace bueno a Carlos Floriano, ha presentado el lema y la imagen con que concurrirá el PP, esto es, el emblema del partido. La parte iconográfica es la silueta de una cabeza azul sobre fondo rojo, como si fuera un anuncio de los años cincuenta de Okal, lenitivo del dolor. La cabeza añil lleva sobreescrita una leyenda algo más celeste pero que ocupa todo el espacio: cerebro, rostro, cuello. 

La leyenda es una orden. Usa el imperativo "piensa", muy típico de la mentalidad autoritaria. Pero son autoritarios de hoy, o sea, medio anarquistas, porque dicen que pensemos pero "sin prejuicios". También es una orden, pero se atenúa porque se nos pide que nos liberemos de algo generalmente tenido por malo, los "prejuicios". O sea, "piensa", a secas, sin prejuicios, sin nada, libremente. Bueno, no serán tan autoritarios. Un momento: a continuación señalan que la mente nos puede jugar una mala pasada. O sea: "piensa", sí, y hazlo sin prejuicios, pero, ojo, que el órgano pensante ("tu mente") puede ir contra ti, perjudicarte. Y es que, caramba, nada hay más peligroso que una mente abierta, libre. Por eso es preciso orientarla, encauzarla. No adoctrinarla, claro es, nada de eso, sino simplemente iluminarla, hacerle ver el recto camino. A continuación, el PP especifica una lista de veinte (20) cuestiones sobre su gestión que suelen plantearse falsamente y aporta veinte (20) respuestas correctas, para que las mentes libres las aprendan, las incorporen, las hagan suyas y las repitan por doquier.

Como el catecismo del padre Astete.

El PP no se limita a presentar su emblema con el orgullo y la satisfacción que rebosa el señor Casado, supongo que por la Iglesia. Viene luego la política de comunicación en cuanto a su participación en los debates. Campo de minas.

Todo el mundo sabe que los debates, los directos, las ruedas de prensa, las intervenciones públicas, el mero llamar a un taxi en la calle es un reto para Rajoy. No sabe llamar un taxi, ni hablar en público, no sabe leer ni entiende su letra y, cuando no tiene un guion claro y ha de improvisar dice auténticos dislates del tipo de "un plato es un plato y un vaso, un vaso", "en España hay españoles que son mucho españoles" o "van a subir el IVA de los chuches".

Un debate de más de uno (él mismo y nada más) ya le resulta problemático, así que uno de cuatro debe de parecerle la noche de Walpurgis. ¿Cómo supone El País que el presidente de los sobresueldos va a aceptar sentarse en un debate a cuatro en su redacción para que pueda ser emitido en directo a todas partes? Es como pedirle al Papa que oficie una misa satánica.

Es verdad que los tres aspirantes, que se dan traza de ser canes de raza, con algún viso de lobo solitario, no son más que gozquecillos atolondrados. Ladran en falsete por las calles pero, en el fondo, comparten con Mariano Rajoy la impostura en que él se mueve, como si España fuera un Estado de derecho y una democracia, como si hubiera división de poderes, garantía de los derechos de los ciudadanos, independencia de la justicia, actividad parlamentaria legislativa y de control y un gobierno responsable y no la arbitrariedad reinante de una mayoría absoluta parlamentaria que ha destrozado el Estado de derecho y la democracia.

Por supuesto, mientras los partidos de la oposición compartan este simulacro y no replanteen todo negándose a reconocer legitimidad alguna en un gobierno de un partido corrupto con un presidente bajo sospecha que se niega a dimitir, los debates seguirán siendo falsos, acartonados e inútiles.

Y aun así, Rajoy no los quiere.

lunes, 19 de octubre de 2015

Tiempo de ataques.


Palmira Chavero (2015) Prensa y política en tiempos de crisis: estudio de la legislatura 2008-2011. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas. (263 págs.)

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La clave para entender el desastre de esta legislatura con mayoría absoluta del PP dirigido por un prodigio de incompetencia y mala fe como Rajoy se encuentra en la segunda de Rodríguez Zapatero. Por este motivo se agradecen obras que, como esta, aborden aquel tiempo con distanciamiento y perspectiva científica. El propio Palinuro y su colega César Colino publicaron un reader en 2012 con otros colegas tituladoEspaña en crisis. Balance de la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero. Valencia: Tirant Lo Blanch, subrayando lo que entendían entonces y este libro en comentario viene a confirmar: lo decisivo del segundo gobierno socialista de Rodríguez Zapatero fue el hecho de que tuviera que bregar con la crisis que, en mi modesta opinión, acabó con él. La diferencia entre nuestro trabajo y este no reside en las conclusiones, sino en el enfoque. Nosotros dimos una perspectiva panorámica del conjunto de la legislatura, mientras que Chavero se concentra en el aspecto de la comunicación política.

La obra de la joven profesora es el resultado de una magnífica tesis doctoral, debidamente aligerada de aparataje científico y metodológico sin merma del rigor, para hacerla de más fácil y grata lectura, cosa que consigue cumplidamente. Chavero se mueve como pez en el agua en el vasto campo de la comunicación política y más específicamente en las principales teorías explicativas del impacto de los medios en la vida pública, las teorías del agenda setting, del framingy de la tematización (pp. 20/26). Su hipótesis de partida es que, además de vigilar a los poderes públicos, los medios de comunicación mantienen una relación de interacción con los actores políticos que se desglosa en dos direcciones a su vez interrelacionadas: los medios desempeñan un papel activo en el proceso de comunicación política y, en los contextos de crisis toman parte activa en la resolución de los asuntos de relevancia pública (p. 33)

Chavero aborda su investigación con una doble perspectiva, cuantitativa y cualitativa por razones tan obvias como bien y convincentemente expuestas por la autora. Su objetivo es un análisis de contenido de la prensa de papel de referencia centrado en su visión de la gestión del sistema político, tanto en el gobierno como en la oposición. Para el análisis cuantitativo somete el estudio de las variables a tablas de frecuencia y contingencia y, en el caso de las dicotómicas, a la regresión logística y para los aspectos cualitativos, al análisis crítico del discurso (pp., 35/40).  La prensa escrita de papel que considera de referencia es El País, El Mundo, ABC (Sevilla), La Vanguardia, El Periódico de Cataluña, La Voz de Galicia, Levante EMV, El Correo (Euskadi) (p. 38). El criterio de selección de los diarios obedece a territorialidad, difusión y posicionamiento ideológico (p. 45). Sin duda es un buen procedimiento y está avalado por una larga tradición de estudios de este tipo que toman como objeto los viejos y grandes periódicos. Su objetivo, obviamente, es estudiar qué actitud tomaron estos medios respecto al gobierno de Rodríguez Zapatero y la oposición de Rajoy. No va más allá, ni puede en una época en la que, como la misma autora señala más abajo, la difusión de la prensa escrita de papel es cada vez más baja, la influencia de esta cede ante el predominio apabullante de la televisión y, asunto cada vez más interesante, los medios digitales (escritos como los otros, pero no en papel) cada vez ganan más audiencia, por no hablar de la revolución que están suponiendo las redes sociales

Con referencia a los clásicos y venerables periódicos de kiosco, Chavero recurre a la clasificación de Hallin y Mancini para aceptar que el sistema mediático español es de un pluralismo polarizado (p. 56). Pero esta tipología admite variantes que la autora subraya. No todos los políticos ni partidos tienen el mismo comportamiento frente a los medios. Zapatero cuenta en su haber con la despolitización de la radiotelevisión pública (p. 61) mientras que la llegada del PP en noviembre de 2011 puso punto final a la etapa de independencia de la RTVE (p. 63). La autora se abstiene de hacer juicios de valor en este caso, pero el crítico no se siente constreñido por el mismo corsé de rigor metodológico y aprovecha para subrayar que ya solo esta diferencia radical de actitud frente al derecho a la información demuestra que quienes afirman que el PP y el PSOE son lo mismo no saben lo que dicen o lo saben y saben que mienten. Por cierto, quien quiera un sucinto e ilustrativo resumen de la audiencia de los medios en España y a qué banderías y escuderías pertenece cada uno, hará bien en consultar esta obra, muy puesta al día en un panorama cambiante (p. 73).

En la parte de análisis empírico, la autora hace una caracterización del contexto político, afirmando, como hicimos nosotros en la nuestra, que la crisis fue la protagonista de la legislatura (p. 92) y realmente dio al traste con ella. Su segundo y último tramo estuvo caracterizado por el movimiento de los indignados y un  fin de legislatura con convocatoria de elecciones anticipadas en noviembre de 2011 bajo presión generalizada. Lo más llamativo, un artículo de Juan Luis Cebrián, de 18 de julio de 2011, conminando al infeliz de Zapatero a que convocara elecciones, cosa que este hizo (p. 96). No cabe olvidar que, a diferencia de lo que sucedía con Felipe González, las relaciones del grupo PRISA y el gobierno de Rodríguez Zapatero eran muy malas porque este había intentado poner en pie un conglomerado mediático rival del otro. Así que, cuando Cebrián carga contra la "insoportable levedad" de Zapatero, suelta el rencor y la rabia contenidos hasta entonces por la osadía del socialista de liberarse de su tutela. Ignoro si, al ver cómo Zapatero cedía como un cordero, Cebrián acabó creyendo que su opinión tenía un peso decisivo en la conducta de los gobernantes. Es una neurosis muy frecuente entre pseudointelectuales. Pero, si lo creyó, habrá abandonado la idea. Ante la situación de catástrofe nacional en que Rajoy ha sumido el país, ahogado en el fracaso, la corrupción y la amenaza de fragmentación territorial, el mismo Cebrián ha escrito otra de sus insoportables conminaciones pidiendo igualmente elecciones anticipadas con el resultado de que Rajoy las ha convocado habiendo rebasado el plazo estricto que tenía. Es duro para alguien tan soberbio pero a Cebrián los poderes públicos no le hacen el menor caso. 

Chavero estudia la comunicación de la crisis a través de la evolución de los encuadres. Desde el principio, el encuadre dominante es el que propone el gobierno: salida de la crisis con un programa social (p. 102) y este es el enfoque que las duras circunstancias se encargarán de alterar y que se verá obligado a dejar paso a otros temas como el terrorismo, la corrupción y los partidos políticos (pp. 117/123). La autora concede igualmente una gran atención al proceso de diálogo social porque, a diferencia del campo devastado en que el dominio del PP dejaría después las relaciones laborales, estas interrelaciones entre los agentes económico-sociales con otra correlación de fuerzas era entonces importante. De aquí nace una "coalición negativa" contra zapatero (p. 147) y la imposición de la reforma laboral por decreto en junio de 2010, (p. 160), cuando ya podía verse que lo duro todavía estaba por llegar. Habida cuenta de que, al triunfar el PP en noviembre de 2011, se apresuraría a sustituir el normal procedimiento legislativo por el uso y el abuso del Decreto-Ley, no hay más remedio que coincidir con la autora en que la legislatura terminó con un triunfo de la derecha mediática (p. 168).

Un epígrafe especial dedica Chavero a la presión de la UE y la reforma de la Constitución en el verano de 2011. En ella se selló el destino del segundo gobierno de Rodríguez Zapatero. De no ser porque esa reforma fue un atropello neoliberal imperdonable que ya veremos si se deroga con un hipotético triunfo electoral del PSOE, sería cosa de subrayar el aspecto cómico de que, probablemente, la reforma fue posible por la pura ignorancia de Zapatero sobre la materia que, se supone, enseñó alguna vez en la Universidad, el Derecho Constitucional. De haber sabido el español que los alemanes reforman su constitución con frecuencia, que llevan unas sesenta reformas desde 1949, a lo mejor se le hubiera ocurrido la conveniencia de explicar a Merkel que la reforma constitucional no tiene el mismo impacto en Alemania que en España con lo que quizá hubieran podido buscar otra vía que fuera menos devastadora para el PSOE, partido que perdió luego las elecciones con el porcentaje de voto más bajo desde la transición, lo cual dio alas e ilusiones a los bisoños de Podemos.

Chavero dedica un muy interesante capítulo a la campaña electoral y a su precampaña de cuatro meses y concentra su atención en el momento culminante, que fue el debate televisado Rajoy-Rubalcaba, en donde este terminó de perder las escasísimas esperanzas que pudieran quedarle de ganar a elecciones (pp. 212/213). 

La investigación llega a su conclusión satisfactoria validando sus hipótesis. Los medios en España son beligerantes y, en el caso de la segunda legislatura de zapatero, impusieron un estilo de campaña y una estrategia dominante caracterizada por la conflictividad en todos los órdenes (p. 234). Su resultado es la catástrofe que llevamos viviendo desde 2011 y el riesgo cierto de ruptura del país.

jueves, 24 de septiembre de 2015

El debate.


Es imposible debatir con tramposos.

Casi todo el mundo, incluida la prensa más retrógrada, dio por ganador ayer a Junqueras sobre García Margallo. No era difícil y sí muy de esperar. Ignoro quién impuso que el programa se grabara en diferido pero lo más probable -corríjaseme si yerro- es que fuera el gobierno en una muestra más del miedo que tiene a todo lo público y directo. Presentar como vivo un debate enlatado es una burla a los espectadores. Una más.

Subrayo de entrada cuatro discrepancias significativas entre los dos debatientes:

a) García Margallo iba bien provisto de documentos. La mitad de ellos, falsos. Junqueras, con las manos en los bolsillos.
b) García Margallo, de corbata, traje y rígido ademán. Junqueras, descorbatado y más suelto.
c) García Margallo recurrió a las amenazas y malos augurios. Junqueras fue siempre positivo.
d) García Margallo no dejaba hablar al otro y lo interrumpía continuamente. Junqueras respetaba más los turnos de palabra.

Con todo eso, el debate estaba ganado por forma y estilo. Pero también por contenido. Hasta tres veces esgrimió Margallo un supuesto texto de Juncker, el presidente de la Comisión europea, en el que se decía que una Cataluña independiente quedaría fuera de la UE. Sin embargo, la traducción española de ese texto parece haber sido manipulada a favor de la posición española y ha sido retirada por la Comisión, con lo cual, lo más suave que puede decirse de Margallo es que ha patinado y, algo más serio, que es un tramposo, como el resto de sus colegas de gobierno y partido. Por cierto, a favor de Junqueras es que, aunque cuando se grabó el programa, aún no se sabía de la manipulación, tuvo olfato lingüístico cuando reparó en el adjetivo autonómico en lugar de regional y cuestionó el documento.

A partir de este dato, con un ministro de Asuntos Exteriores haciendo trampas en un debate televisado, este estaba ya sentenciado. Es lo que tiene el juego sucio: te desautoriza aunque en lo demás tu comportamiento sea ejemplar.

Que no lo fue porque, a pesar de la altanería, la impertinencia, la gesticulación, la intemperancia y petulancia de este descendiente de militares africanistas, el gobierno español no tiene argumentos de peso en contra de la independencia de Cataluña. Tiene amenazas, malos augurios y profecías siniestras que suenan a "duérmete niño que viene el coco" y que, probablemente tendrán mucha fuerza en su parroquia pero no impresionan a la gente medianamente informada y normal. La parte grata del encuentro, sin embargo, quizá por la ocupación diplomática del ministro, es que las amenazas no fueron las habituales de hacer-cumplir-la-ley y emplear-todos-los-medios-necesarios-para-ello.  Aunque sea imposible olvidar que, al tiempo, está cocinándose esa reforma de la Ley del Tribunal Constitucional que ha de permitir inhabilitar o algo peor a Mas.

El problema de la nacionalidad española y la ciudadanía europea en el que el presidente de los sobresueldos ya expuso paladinamente su ignorancia, sirvió también para que su ministro de Exteriores mostrara que sus argumentos carecen de consistencia. Tras sacar a relucir normas, leyes, artículos, tratados y todo tipo de impedimentos jurídicos, al final su opinión es que los más de siete millones de catalanes no podrán conservar la nacionalidad española (y, por ende, la ciudadanía europea) porque eso no es realista, como si el "realismo", signifique lo que signifique, tuviera un peso jurídico específico.

Los vaticinios sobre una Cataluña fuera de la UE, hechos con ese aire de pretendida superioridad cuartelera, como todos los futuribles enunciados por partes directamente interesadas en ellos ("si te vas de casa tropezarás en la escalera y te romperás los piños" o algo así de ingenioso) carecen de todo valor y escucharlos aburre más que el bolero de Ravel. Invito a quienes tengan que aguantarlos a que repitan la famosa cita de Voltaire en el siglo de Luis XIV y que, más o menos dice: Cataluña, en fin, puede prescindir del universo entero y sus vecinos no pueden prescindir de ella.

Y a escardar cebollinos, hombre, con el corralito. Suena verdaderamente necio justo cuando el correveidile del gobierno en el Banco de España, el señor Linde, acaba de desdecirse de su ominosa previsión, admitiendo que el corralito "es imposible" en Cataluña. En mi modesta opinión quizá sea más probable en España, sobre todo si sigue gobernada por este partido, presunta manga de malhechores dedicada al saqueo del país y presidida por un supuesto cobrador de sobresueldos, dotado de una capacidad mental que a la vista de todos quedó en la entrevista de Onda Cero.

Reitero mi impresión: Junqueras vapuleó de lo lindo al engolado Margallo, pero la entrevista, con las continuas interrupciones del ministro, fue bastante insufrible y, en todo caso, carece de interés debatir con tramposos.

martes, 12 de mayo de 2015

Los debates.


Lo interesante de los debates son los preparativos. Las invitaciones, los rechazos, los retos, los acuerdos, las estipulaciones, los tiempos pactados, todo lo que agita las aguas de la opinión unos días antes y mantiene ocupados a analistas, comunicadores y asesores. Finalmente, tras haberse puesto de acuerdo hasta en los turnos para toser, los debatientes se exhiben en la pequeña pantalla para la realización de ese trámite que los teóricos contemporáneos llaman espectáculo y los más radicales, estilo Baudrillard, simulacro. Los candidatos simulan un debate espontáneo sobre asuntos de palpitante actualidad e interés de la ciudadanía.

Y el interés cae en picado. El debate es una sucesión de minimítines en tiempo tasado en los que los candidatos tienen instrucción de colocar el meollo de su mensaje. Apenas hay intercambio y el que hay es de una calidad insultante. Tómese como ejemplo ese acuerdo al que llegaron ayer Cifuentes y Ciudadanos para acabar con los corruptos en Madrid . Una pica en Flandes, ¿no? Anunciado a banderas desplegadas en prime time. Y ¿cómo piensan estas buenas gentes cumplir tan noble propósito? Pues comprometiéndose a firmar un pacto anticorrupción para echar de las instituciones a cualquier político manchado por la corrupción. Como suena. Estas gentes en verdad toman al auditorio por una manga de alelados. Anuncian por la televisión que piensan cumplir la ley. Porque echar a los corruptos es obligado. Es lo que manda la ley. Acabar con la corrupción no es comprometerse a castigar a los culpables, sino impedir que aquella se dé mediante medidas preventivas, de vigilancia y responsabilidad.

Pero nadie dice nada porque en los debates cada cual va a colocar su mercancía. Por cierto, en términos de mercadotecnia, Gabilondo tiene que mejorar, ser más conciso y claro y acuñar expresiones menos lejanas y más afortunadas. En eso falta a todos bastante práctica. Enuncian males, sí, pero sus propuestas son confusas. A todos menos a Cifuentes, que trae el argumentario bien elaborado en el partido. Son propuestas muy contundentes, destiladas al extremo, muy probadas en ocasiones anteriores y con mucha fuerza de convicción. Su contenido parte de un núcleo ideológico-programático neoliberal que parece irrefutable: libertad de elección. En las distancias cortas, en cosas como la corrupción, es posible poner en un brete a Cifuentes. Pero, llegando a los otros dos asuntos básicos, impuestos y educación, se yerguen dos expresiones que son baluartes conservadores frente a los que la izquierda fracasa: primera (para la promesa de bajar los impuestos) en donde mejor está el dinero es en el bolsillo de la gente. Segunda (para seguir con la educación concertada) garantizamos la libertad de elección de los padres. La candidata colocó las dos píldoras sin que sus contrincantes pudieran hacer nada.

La incapacidad de la izquierda de desmentir estas falacias es alarmante. La libertad tiene que ir acompañada de igualdad o no es tal. Tratar de forma igual a los desiguales es privarlos de libertad. Nadie quiere subir los impuestos indiscriminadamente sino tratarlos de forma diferenciada por criterios de igualdad y justicia social. Hay mucha gente que no tiene dinero. Ni bolsillos tiene. El único dinero de que puede disponer es el que pone el Estado vía justicia fiscal. Y lo mismo con la libertad de elección de centros educativos. Hay muchas familias que no pueden pagar los sobrecostes que normalmente cargan los colegios privados concertados. Resulta así que quienes disponen de ingresos superiores se benefician de un servicio público del que quedan excluidos quienes menos tienen pero que, sin embargo, sufragan vía impuestos. Eso es la libertad de elección de unos padres a costa de la de otros.
 
De aquí al 24 habrá otros debates tan apasionantes como este. Los de ayuntamiento prometen ser con espíritu zarzuelero para el que Aguirre se pinta sola. Por cierto que, estando en ferias de San Isidro, seguro que aprovechará la ocasión de ir a alguna corrida. Una idea sería la del día 21, la corrida de la prensa. Ahí se matarían dos pájaros de un tiro: se mostraría a la prensa quién representa el auténtico Ser de España y quién el sórdido espíritu de la anti-España.

Los debates cuyos preparativos más prometen son los de las generales de noviembre. Aunque no descartaría alguno con motivo de las catalanas de septiembre. Para mucha gente, el éxito repentino de Ciudadanos es su supuesta catalanofobia. Un debate sobre el derecho a decidir de los catalanes en la televisión española estaría muy bien. Y Ciudadanos haría su agosto. ¡Qué más quieren los españoles que catalanes que quieran ser españoles! Ahí, Ciutadans arrasa.

En cuanto a las generales, los debates se perfilan complicados. Siguen rituales como de torneos. El interés de Iglesias por debatir en televisión primero con Rajoy y luego con Sánchez y su negativa a hacerlo con Rivera indica una aceptación implícita del código de la caballería. El guerrero quiere justar con el de arriba; no con un zangolotino recién llegado como Rivera. Pero, precisamente ese es el código que se le aplica. Ni Podemos ni Ciudadanos tienen diputados y, por tanto, no son caballeros. Los caballeros no cruzan armas con los villanos. Y si resulta algo "casta" llamar villanos a Iglesias y Rivera, llamar caballero a Rajoy es rondar lo escatológico.
 
Se perfilan uno o más debates singulares de los dos candidatos del PP y del PSOE, sean quienes sean y parece inevitable que haya alguno de Iglesias con Rivera. La manera más clara de romper el bipartidismo es actuar como si ya estuviera roto. Un debate de Iglesias y Rivera no necesita permiso de nadie. Lo compra cualquier cadena privada porque tendrá mucha audiencia. Y así se escenifica el tetrapartidismo. Claro que entonces los de IU y UPyD, o lo que quede de ambas, pedirán participar. Pero si los caballeros no justan con villanos, los villanos no justan con mendigos.

martes, 5 de mayo de 2015

Adiós, Jesús.

"Comunicador único" y "maestro de la televisión en España" lo llama Natalia Marcos en su crónica en El País. Pues sí, es verdad. Y, además, inteligente, brillante, tolerante, un hombre cabal. Creo que se benefició y mucho de su larga estancia en Nueva York como corresponsal de TVE entre 1967 y 1978, para que le florecieran esas y otras buenas cualidades. Porque la España en la que hizo su primera andadura profesional no daba para tanto. Vamos, que parecía de otro planeta.
 
Tengo particular respeto y admiración por Hermida, como los tengo por Luis del Olmo, los dos periodistas de más categoría con los que me fue dado colaborar con diversa intensidad en los años 90 del siglo pasado. Los dos tuvieron la osadía de dar cancha a un infame felipista. Eso puede parecer hoy una fruslería, pero basta recordar el clima de crispación de entonces para ver que no era así.
 
Luis parecía siempre un terremoto, todo vehemencia latina. Jesús era más distanciado, relativista y con un toque de ironía anglosajona. Y yo me sentía muy a gusto con ambos. Está claro que no es nada en el curso de sus muy productivas y espléndidas biografías. Pero para mí fue muy importante. Estar cerca de los grandes es un privilegio.
 
Gracias, Jesús, y que la tierra te sea leve.

viernes, 10 de abril de 2015

De nada demasiado.


Eso decían los antiguos griegos. De nada demasiado. Los griegos modernos no necesitan el consejo. No pueden tener demasiado de nada.

Pasmado tiene el PP a la audiencia y la concurrencia con su forma de perpetrar primero y justificar después su ataque al derecho a la información y la libertad de expresión. La primera medida del gobierno de Rajoy fue modificar la Ley de RTVE de Zapatero con el fin de nombrar director sin necesidad de consenso con otras fuerzas parlamentarias. Es decir, de valerse de sus solos votos para poner al mando del ente a un correveidile fiel a las doctrinas e intereses del partido. En cosa de días no quedaba nada de la imparcialidad y el muy decoroso nivel informativo de la televisión heredados de Zapatero. Y no solo en la televisión madrileña, sino en todas las teles controladas por el PP y pagadas con dineros públicos.

Según el código mediático del gobierno y su partido la información es formación, o sea, adoctrinamiento. La realidad debe ser "editada", es decir, interpretada según los intereses del gobierno. La televisión es un medio de comunicación y, por tanto, de propaganda y manipulación. Continuamente, sin parar, en todos los programas, singularmente en los llamados "informativos", extraños espacios de experiencias místicas en las que el ser y el no ser se confunden. Una noticia pasa a ser no noticia y una no noticia, noticia, según decisiones a golpe de argumentario político. Y, si no se confunden, se transmutan filosofalmente. Por ejemplo, unos abucheos con que es recibida Cospedal en sus frecuentes expediciones inauguratorias se transforman en fervorosos aplausos.

Para acometer esta ardua tarea de adaptar la realidad a los deseos de los gobernantes, los gobernantes no pueden confiar en los trabajadores de los propios entes que tienen la competencia técnica, pero no son de probada lealtad al ideario de los mandos. Por eso hacen outsourcing ideológico y contratan, al parecer, equipos enteros en los predios afines de la derecha mediática. Y constituyen redacciones paralelas. Lógico: para crear una realidad paralela se necesita una redacción paralela.

La realidad es televisada por el gobierno central y sus sucursales autonómicas. El dominio de los audiovisuales es absoluto. Como lo son la censura y la manipulación. Es lo que los políticos del PP, por ejemplo, Aguirre, llaman "imparcialidad y pluralismo" en la tele. Y no, no es un problema de disonancia cognitiva. Es un problema de mendacidad. Una persona que pone en la calle a un periodista de Tele Madrid acusándolo de haber comprado el discurso del enemigo obviamente llama pluralismo a cualquier cosa excepto al pluralismo.

El resultado de la conversión de los medios públicos en aparatos de agit-prop es un descenso pavoroso en las audiencias cuyos shares se aproximan al cero. Estas televisiones son una ruina desde el punto de vista económico, aunque ello no importa gran cosa al gobierno que las financia con dineros públicos mientras deplora el despilfarro y busca una excusa para privatizarlas. Pero también son una ruina desde el punto de vista político, aunque es difícil que los genios del PP entiendan esto. Su afán es saturar literalmente la sociedad con su propaganda, sin permitir resquicio alguno por el que puedan colarse voces distintas, ideas discrepantes, otras opiniones. Ni las suyas, que ya es el colmo. La Junta Directiva Nacional, con sus 400 miembros ha dado un ejemplo sublime del silencio de las esferas y el amigo Rajoy ha vuelto al plasma para aparecerse al mundo.

Desconocen la sabiduría de la máxima griega, de nada demasiado. Sin embargo es bien clara. El exceso produce hartazgo y acabará consiguiendo lo contrario de lo que pretende. Como esto puede resultar difícil de entender para algunas entendederas, lo ilustraremos con un ejemplo. La caída de las sociedades comunistas en los años ochenta y noventa del siglo XX comenzó en todos los casos con las primeras elecciones parcialmente democráticas. Se hicieron bajo el orden político y jurídico del comunismo, con todas las televisiones bajo férreo y absoluto control del partido comunista y este perdió las elecciones en todas partes, excepto en Bulgaria.

Si no se controlan los medios audiovisuales pueden perderse las elecciones y si se controlan, también.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Palinuro en Imagine TV.

Para el desocupado lector que quiera entretener sus ocios escuchando a Palinuro hablar sobre casi todo en este país, va una entrevista que me hicieron hace unos días en Imagine TV, a cargo de Salva González. El entevistador está muy bien. Al entrevistado ya lo tengo muy visto y no voy a juzgar su actuación. Pero no debe de ser mala del todo porque la verdad es que Salva hace que uno se sienta como en casa o como paseando por una senda umbría para quien no se encuentra en casa y eso ayuda a conectar lo que se piensa con lo que se dice con el único hilo que merece la pena, el de la verdad.

Y la verdad es que dimos un repaso a todo.


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A todo significa exactamente eso, a todo: a España ayer y hoy, a la Iglesia , a los curas, la oligarquía, los partidos, las instituciones, la gente... a todo. Y también a mi último libro, que lució gallardo sobre la mesa durante toda la entrevista: La desnacionalización de España. De la nación posible al Estado fallido. (2015) Valencia: Tirant Lo Blanch.
 


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El programa se llama La verdad escondida, The Hidden Truth. Buen título y dinámico. Es mi esperanza que, al final de él, la verdad, lejos de seguir oculta, relumbrara a la luz que ella misma irradia.