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viernes, 13 de marzo de 2015

Bárcenas en UGT.

La prueba de que el dinero es poder es que corrompe tanto como él. Ahí está la UGT, defensora de los derechos de los trabajadores, viviendo a costa de estos junto a los demás mangantes, todos dedicados a expoliar los ahorros ajenos y  darse el vidorro padre. La UGT, con sus banderas rojas al viento.
 
La cara que se le está quedando a la gente. Las conversaciones por la calle. El cachondeo de las redes sociales. Este gatuperio que no cesa embota la capacidad crítica. Las tarjetas black del sindicato de los EREs y los cursos de formación y demás chanchullos son ya la alternativa en la importante plaza madrileña de la corrupción.

El ministro de Defensa, Morenés, lleva firmados treinta y tantos contratos con las empresas en las que trabajaba antes de ser ministro, sumamente ventajosos para ellas y a las que a lo mejor vuelve cuando deje el cargo. Y ni se le pasa por la cabeza dimitir. Solo dimiten los débiles, no los hombres de verdad, que trabajan para fábricas de bombas de racimo, un invento sumamente cristiano.
 
La Iglesia podría atacar con su autoridad este grave declive de la moralidad pública. Por ejemplo, monseñor Rouco Varela, desde su ático de 370 metros cuadrados y un millón y pico de coste, auxiliado por un cuerpo de casa compuesto por dos monjas y un cura. Humilde y austero como su tocayo San Antonio, abad del desierto, el de las tentaciones.
 
El gobierno lleva tiempo dedicado a hacer lo que mejor hace: nada. Bárcenas acusa al PP de haberse financiado con cargo a su próvida caja B en las elecciones europeas de 2004. Otro presunto delito. Da igual. Nadie va a responder y mucho menos dimitir. Y es lógico. No pasa nada que no pase todos los días.

No obstante, queda siempre un punto romántico de desengaño: ¿un ministro traficante de armas? ¿Un cura que vive como Dios? ¿Un tesorero apandador? ¿Unos políticos defraudadores? Pues, sí, cosa de todos los días. Pero ¿unos sindicalistas chorizos? Pues también.  En todas partes cuecen bárcenas.