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sábado, 21 de febrero de 2015

Rajoy y Mas no se muerden.

Insólita noticia: Rajoy y Mas coinciden en un acto y no se lían a mamporros sino que, al contrario, hasta son capaces de sentarse contiguos sin escupirse. Una noticia digna de un reportaje entero en el que se da cuenta de una reunión de ambos con el primer ministro francés, Valls; pero no de su contenido que, al parecer, es irrelevante, sino de sus formas. Se sabe que han almorzado juntos, notable proeza, en la selecta compañía de 300 comensales (o sea, una pasta) sin darse codazos ni collejas. No consta que se saludaran a la entrada pues nadie los vio llegar, pero la situación era obviamente tensa. Toda una noticia.

Sin duda. En medio de una crisis sin precedentes, Rajoy y Mas llevan siete meses sin verse y sin hablarse. No se mandan ni whatsaps, con lo aficionado que es Rajoy a los SMSs. Y vaya usted a saber si se siguen mutuamente en Twitter. Valls, que tiene mucho de español, debía de sentirse en casa: un lugar en el que nadie se habla. ¡Hablar! ¿De qué tiene que hablar Rajoy con quien niega la unidad de la Gran Nación española, vamos a ver? De nada, señor mío, de nada. La soberanía del pueblo español no se negocia. Mientras yo sea presidente, España no se romperá. Ahora ataque usted las endivias o como las llamen aquí.

En Madrid, en IU, están a dentelladas, llamándose cosas de peleas callejeras y amenazándose con los tribunales. Izquierda Unida, una historia de fraccionalismo legendario que acaba en una explosión final con una parte que pide entrada en el baluarte de Podemos al frente de unas mesnadas ideológicas variopintas y otra que se ha quedado extramuros y corre el riesgo de ser masacrada. El patriarca interior, Cayo Lara, parece fuera de combate y el exterior, Anguita, quiere estar dentro, pero no sabe cómo. El Partido Comunista de España parece en estado catatónico.

Versallescos, en cambio, están los socialistas. Detrás del guerrero Sánchez, victorioso en la batalla de Madrid, viene el intelectual Gabilondo a legitimar la conquista. Es el equivalente al Rey filósofo platónico. Frente a este peso pesado poca cosa era Zerolo, que parecía más candidato de un Madrid alegre y algo grafitero. De todas formas, la ciudad tiene sus peculiaridades. Presentar de candidato a un catedrático de Metafísica para un puesto actualmente desempeñado por un político bastante chisgarabís que nadie ha elegido, con evidentes carencias de todo tipo y abundantes sospechas de irregularidades, es desproporcionado.

Y a saber si Gabilondo ha de vérselas con González o con algún otro pues también la derecha anda a mordiscos en la capital del Reino. Alguien ha desempolvado la divertida historia de la gestapillo, un asunto de espionaje en el PP en el que está implicado el presidente de la autonomía, que ya carga con la mala fama de un ático de fórmula registral cuando menos confusa.
 
La confusión es la culpable de todos los males. La confusión en que viven los gobernantes y las clases dominantes. La carencia de valores, el relativismo moral, bestia parda del Cardenal Rouco. Ha tenido que recordarlo una vez más este Papa medio rojo:  que la limosna no basta para encubrir a quien paga en negro. Digo yo que tampoco a quien cobra en negro, sobre todo, sobresueldos. Y ya estamos en casa en donde, al parecer, cobra en B hasta el presidente del gobierno.

No obstante, Rajoy dispondrá de los correspondientes asesores neoliberales que le explicarán qué respuesta debe darse a las palabras de Bergoglio. Veamos: el PP es una autoridad política o teológico-política y las autoridades no tienen por qué meterse en las relaciones entre particulares. Si el Papa asegura al corrupto que dar limosna para conseguir el perdón de los pecados no sirve para nada, la respuesta racional del corrupto será suprimir la limosna.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Moretti y el Papa

Nanni Moretti es un hombre peculiar. Tiene genio, ironía, sentido crítico, que empieza ejerciendo consigo mismo, como se ve en su Querido diario. También es un director comprometido políticamente en un sentido progresista como se ve en su burla de la Italia de Berlusconi en El caimán. Igualmente tiene justa fama de inconoclasta. Por eso lo que uno se espera al ir a una peli de Moretti sobre el Vaticano y el Papa sea un ataque, una crítica al estilo de las que tradicionalmente dedican los intelectuales al pontificado. Una continuación del espíritu de André Gide, de Roger Peyrefitte, Rolf Hochhuth o, más recientemente, Leo Bassi.

En efecto, la película es deliciosa por muchos conceptos y rebosa sentido del humor. No sólo respecto al solio de San Pedro, sino también a otros aspectos de la vida, como la actividad y las neurosis de los psicoanalistas, las excentricidades de los actores teatrales o los absurdos de los medios de comunicación. Pero la historia se concentra en una visión irónica, burlesca, del colegio cardenalicio y los protocolos del Vaticano, la elección del Papa, la guardia suiza, el modo en que la Santa Sede, centro de peregrinación de decenas de miles de fieles, administra la información. Y, con todo, no es un ataque a la institución ni un cuestionamiento de ésta en un plano político, religioso, social sino solamente en el plano humano.

Michel Piccoli interpreta magníficamente el papel del cardenal Melville, elegido papa de modo inopinado y contra toda previsión. El propio Moretti da vida a un psicoanalista, primera figura en su profesión, llamado para resolver lo que sin duda es el caso más complicado de su carrera. Algunos críticos comparan a Moretti con Woody Allen porque ambos son directores que interpretan sus películas y con papeles análogos. Ni color. Ya quisiera el de Brooklyn alcanzar la hondura y naturalidad de Moretti.

La película gira en torno a una idea brillantísima del director que no se revelará aquí por no destrozar el interés de la obra pero que es realmente original. Moretti parece haberse preguntado ¿qué pasaría si...? Un supuesto insólito y, además, alcanza lo más íntimo de la mísera condición humana si necesidad de plantear problemas metafísicos o andar a vueltas con la cuestión de la sinceridad de la jerarquía eclesiástica.

Lo que sucede es que la idea se come la película. Es tan curiosa e interesante que el director no ha resistido la tentación de dejarla para el final, como si fuera un thriller, empleando el relato para ir acumulando tensión, cosa en la que Moretti no sobresale, ya que es incapaz de concentrarse en la narración, pues se regodea en los detalles, en los que es maestro. En realidad lo que está diciéndose es que la peli tiene un fallo garrafal de guión. Hubiera sido mejor exponer lo que aquí aparece como desenlace al principio y contar luego el resto en flash back. Incluso, más radicalmente, quizá hacer otra película a partir del supuesto ya que, siendo sin duda interesante ver cómo ha podido llegarse a esa situación, lo es mucho más aventurar cómo pueda resolverse, es decir, como actúa una institución milenaria que lo tiene todo previsto cuando se encuentra con algo que no lo está. La película deja ese interrogante abierto. Con un poco de suerte Moretti se decide a hacer una segunda parte.

En todo caso es una gran película en esa tradición del cine europeo que no solamente no tiene efectos especiales sino que tampoco se somete a las convenciones narrativas del cine estadounidense.

lunes, 22 de agosto de 2011

Balance del espectáculo peregrino.

I. Intendencia.

Nadie niega ya que el coste de la JMJ haya recaído íntegro sobre las espaldas de los contribuyentes españoles y madrileños en concreto. Al principio, la jerarquía y sus monagos y correveidiles intentaron engañar como suelen. Pero está claro que los millones donados por las empresas llevan una desgravación del ochenta por ciento y que el gratis total del millón de jóvenes en alojamientos, comidas, transportes (veinte por ciento del precio) y museos lo pagamos los madrileños. Ahora recurren a la especie de que ese millón de gratistotales habrá dejado buena pastuqui en la capital. Otra mentira. Habrán dejado algo, poco, a los comerciantes de licores (como se aprecia en la foto), a los chinos del centro y a los vendedores de postales. ¿Qué consumo van a hacer unos mendas que vienen a gastos pagos? Y todo por 190 euros la mochila milagrosa. El negocio es para la iglesia católica, como siempre, proyección española de ese paraíso fiscal que es el Vaticano, gran inversor en una multinacional que fabrica viagra y preservativos. Ya se sabe que el dinero non olet y la empresa está boyante. El negocio, que es lo que aquí importa, fue un éxito. 190 millones de ingresos y veinte por ciento de costes, unos 150 millones: beneficio fabuloso. Y los madrileños, a aguantar la patulea.


II. Doctrina.

Las elaboraciones teóricas de Benedicto han sido endebles porque este Papa presume de filósofo pero no pasa de sofista. Palinuro las ha comentado a lo largo de la semana y se resumen en una breve palabra: no. No al consumismo; no al relativismo; no al hedonismo; no a las ciencia; no a los matrimonios gay; no al divorcio; no al control de la natalidad; no al aborto. Este papa será conocido como Herr Nein. Hasta lo que afirma como sí, el celibato, por ejemplo, es un no encubierto: no a la vida sexual del clero. Es de agradecer, sin embargo, que este pastor que viene en viaje privado y come y departe con todas las autoridades del siglo, no haya tronado contra el gobierno y las leyes vigentes en España, como un Bautista, ni incitado al pueblo a la desobediencia. Ha habido entendimiento con las autoridades. ¿A qué precio?


III. Política.



Las autoridades, con el rey a la cabeza, le han rendido humillante pleitesía. Lo del rey es menos grave; al fin y al cabo lo puso Franco, cuyos peregrinos (véase la segunda foto) también fueron a Sol a dar su merecido a los rojos. Pero ver al presidente y ministros de un gobierno democrático de hinojos ante un teócrata, señor del último Estado absoluto y misógino en Europa, que lleva años amparando la pederastia del clero, da vergüenza. La visita de Zapatero a la nunciatura es, guardando las debidas proporciones, como la humillación de Enrique IV ante Gregorio VII en Canossa. ¿La condición? Zapatero ha declarado públicamente que los ignominiosos acuerdos de 1979 con la Santa Sede deben seguir en vigor. Victoria del clero, abyección del poder civil. A cambio, no ha caído a éste un chorreo de anatemas. ¿Valía la pena? Me parece que no porque, aunque los pusilánimes del gobierno no lo crean, los rayos y centellas del sumo sacerdote no impresionan a nadie ni con el aparato del mago de Oz. Este ogro ya no muerde. Los jóvenes van a verlo como podrían ir a ver al gran Mufti a La Meca si costara también 190 euros.


IV. Gratistotales.


Son lo mejor de la JMJ, la sal de la fiesta. ¿Qué joven no se hubiera apuntado a la tournée de dios gratis total? Incluido soponcio en Cuatro Vientos, especie de Woodstock de beatos. Palinuro está pensado apuntarse a la siguiente JM en Río, siempre que salga tan apañada de precio. No es que sea muy joven, pero sí más que el Papa. Entre estos gratistotales ha habido de todo: botellones, gamberradas, ocupaciones de espacios públicos y un punto de kale borroka, cuando unos cuantos, siguiendo la paz del Señor y las consignas de los curas, intentaron reventar la manifa legal de los laicos, cosa que al final tuvo que hacer la policía por incompetencia manifiesta de los papistas. No creo que de este festival salgan los 500.000 matrimonios católicos con que soñaba Rouco Varela convertido en casamentero el día de su cumpleaños, pero muchos habrán ligado y menos da una piedra.


V. Brutalidad policial.


La delegada del Gobierno ha demostrado no ser enteramente incompetente sino sólo medio incompetente. Supo negociar con los laicos, pero no supo impartir órdenes precisas a la policía o ésta no le hace caso. Desde el principio, las fuerzas de seguridad se han puesto a las órdenes de la jerarquía y los gratistotales entre los que, como se ve en la foto, estaban ellas mismas. Con los laicos su actitud ha sido discriminatoria, arbitraria, insultante y muy agresiva. Entendiendo por laicos todos los que no llevaban mochila de gratistotal. Han apaleado a niñas y ciudadanos inermes y pacíficos. Y eso no puede quedar así. Los agentes que hayan agredido e insultado sin motivo a ciudadanos pacíficos que los mantienen con sus impuestos deben ser castigados.


VI. El 15-M


Con su silencio se ha cubierto de gloria. Hace dos meses que Palinuro viene advirtiendo del sospechoso y ambiguo callar del 15-M sobre la iglesia. Esa asamblea de confraternización entre gratistotales y 15-M en Sol, en la que los del 15-M se fundieron en abrazos con los que un día antes querían partirles la cara, despeja la ambigüedad: entre los perroflautas hay abundancia de meapilas. Si el Estado se ha postrado de hinojos ante el teócrata, ¿por qué no la revolución ante sus gratistotales? Al parecer, la lucha por la democracia es compatible con la pleitesía a la organización más antidemocrática que hay en Europa. Antidemocrática y misógina.


VII. Las mujeres.


La iglesia puede predicar lo que quiera. Siempre que se lo pague ella (y no es el caso) no hay nada que objetar. Sus fieles pueden creer lo que les apetezca, faltaba más; también de su bolsillo. Pero lo que no pueden hacer la una ni los otros es incumplir la ley, y en España es ley la igualdad entre hombres y mujeres. La teoría y sobre todo la práctica de la iglesia en relación con las mujeres, a las que discrimina abiertamente por considerarlas inferiores es un delito según los artículos 314 y 510 del Código Penal. Este mismo Código (art. 515, 5º) considera ilícita toda asociación que "promueva la discriminación, el odio o la violencia contra personas, grupos o asociaciones por razón de su ideología, religión o creencias, la pertenencia de sus miembros o de alguno de ellos a una etnia, raza o nación, su sexo, orientación sexual, situación familiar, enfermedad o minusvalía, o inciten a ello." Es decir, la iglesia católica es una asociación ilícita. En esa discriminación está la base de la violencia de género.

(Las imágenes se pueden ver en Twitter, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 19 de agosto de 2011

A la luz de las tinieblas.

La iglesia católica se precia de ser portadora de la llama del Evangelio. Con su llegada, el Papa ilumina el suelo que pisa y, desde aquí, irradia su luz sobre todo el orbe, si bien éste parece ignorarlo. La gran mayoría de la prensa occidental no menciona la visita o la reduce a una noticia breve (como Le Monde y La Repubblica). No hace falta hablar de la de Asia en donde mucha gente no sabe quién es el Papa o cree que es un avatar del Dalai Lama.

¿Es el mundo, son los medios o es la luz? Me da que sea la luz porque el mundo es de una curiosidad infinita y los medios viven de eso. Es la luz en sí, que no ilumina; al contrario, entenebrece, obnubila el juicio, desorienta. El catolicismo es una religión con tantos misterios y afirmaciones o negaciones contrarias a la razón que necesita una iglesia que se arrogue la facultad de pensar por los creyentes, infantilizándolos, sometidos por el miedo a un Dios al que hay que temer.

Hasta el portador mismo de la luz trae un mensaje tan oscuro que ni él consigue que no suene amenazador o simplemente incomprensible. ¿Tiene sentido que Ratzinger critique a quienes se creen como Dios por decidir sobre la vida y la muerte de la gente por razones momentáneas? Eso es lo que ha hecho la iglesia durante siglos: ha bendecido la masacre de pueblos enteros en América, ha quemados vivos y enviado al otro mundo entre tormentos y espantosas agonías a miles de infortunados, a los que acusaba de herejes, relapsos, brujas, ateos, hugonotes, falsos conversos o lo que le diera la gana. Siglos. Y si ha dejado de hacerlo no es porque no quiera sino porque no puede. ¿Prueba? Todavía no ha condenado ese temible, tenebroso, siniestro pasado. Probablemente porque lo que condena Benedicto XVI no es el que se mate, sino que se haga por "razones momentáneas." Si se hace por "razones eternas", evidentemente, la cosa cambia.

¿Tiene sentido que el Papa critique el consumismo y el hedonismo contemporáneos cuando, desde que ha llegado a España, sólo ha hablado con reyes, presidentes, cardenales, obispos, nuncios, ministros? Lo más cerca que ha estado de los civiles normales (y convenientemente escogidos por monseñor Rouco) ha sido a 600 metros y a esos los utiliza de auditorio para hablar a través de él, de modo solemne, a las mismas testas coronadas, mandos, jerarquías y autoridades de este reino terrenal con las que comparte anécdotas ligeras en la sobremesas de suculentos banquetes.

Si Benedicto XVI quiere hacer luz de verdad puede, por ejemplo, explicar por qué la iglesia considera a las mujeres seres inferiores. Y que no se refugie en que es lo que dice el Evangelio porque hay cosas de éste que la iglesia no practica (por ejemplo, "vende lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo, ven y sígueme" Marcos, 10, 21) y cosas que practica que no están en el Evangelio, por ejemplo, el celibato del sacerdocio o la prohibición del divorcio. Así que, exactamente ¿por qué no pueden ser sacerdotisas las mujeres? Sólo con que explicara eso con algún argumento compatible con el hecho -que él dice aceptar- de que las mujeres son seres humanos plenos, como los hombres, habría hecho mucho por disipar las tinieblas que ordinariamente administra.

Las tinieblas vaticanas oscurecen el raciocinio de mucha más gente, son contagiosas. Aguirre ha encontrado brillante explicar a la parroquia que la libertad y la igualdad las ha traído el cristianismo, no Karl Marx. Marx, no; pero el cristianismo, tampoco. Al contrario, se ha opuesto siempre a que imperen esos conceptos y lo ha hecho a sangre y fuego. Y aún ahora lo hace con testarudez. La iglesia sigue sin aceptar el divorcio, que es un derecho de libertad. ¿Creen admisible los ciudadanos, católicos incluidos, que se derogue el divorcio? La iglesia que tuvo veintisiete años en las mazmorras de la inquisión a un alma de bien como Tommaso Campanella ¿ha traído la libertad al mundo? La libertad ha venido en contra de la iglesia. Lo de Marx es mejor dejarlo porque está claro que, a su ofuscación habitual, Aguirre añade ahora la obnubilación por las tinieblas importadas en este viaje tan problemático.

Como lo tiene mucha más gente. Por ejemplo, los medios de comunicación españoles. Los comerciales coinciden en decir que la manifa del día 17 se acabó en Sol. La manifa acabó en Tirso de Molina, como estaba previsto, salvando las provocaciones de los papifascistas y los inconvenientes y dificultades de la policía. En Sol quedó mucha gente ocupando la plaza, reconquistada del papifascio; y los policías, cómo no, los que trataron a cuerpo de rey a los provocadores propapa, cargaron contra ella. Y, a día de ayer, seguía cargando.

Obnubilado por las tinieblas vaticanas tiene el juicio la delegada del Gobierno. Muchos piden su dimisión. Palinuro no; Palinuro pide que salga del barullo y vea en dónde se está metiendo. La obstinación en cargar contra los laicos es tan absurda, arbitraria, insolente y virulenta que, en cualquier momento puede ocurrir una desgracia. Y lo que le falta a este Papa es salir de aquí salpicado de sangre. Porque, en contra de lo que le aconsejan al unísono todos los monagos papistas (policías, alcalde, presidenta de la Comunidad, clérigos, etc) la solución al problema es muy sencilla. Lo que la policía debe hacer porque es lo justo es proteger a los laicos en sus manifestaciones pacificas, siempre anunciadas, y mantener a raya a los peregrinos de las tinieblas. Nadie acosa a los católicos, como clama Ratzinger, sino que son los católicos los que, como siempre, acosan a los demás. Los demás sólo quieren saber cuánto nos cuesta este dispendio del millón de peregrinos gratis total, pico al que estuvo a punto de sumarse otro pellizco cuando Aguirre, aún en éxtasis místico, pidió a los hospitales de Madrid que no cobraran a los peregrinos. No a las clínicas privadas, a las que beneficia, sino a la sanidad pública, a la que acogota. Es algo tan desvergonzado que ha tenido que retractarse.

Por cierto, sin ánimo de bronca, en todo este curioso acontecimiento del Papa ¿en dónde está el 15-M? Cuando uno se erige en conciencia moral de la sociedad y critica todo en esta tierra, está uno obligado a hablar cuando el cielo baja a ella. Pero ha sido tiniebla sobre tiniebla y silencio cerrado. Claros, luminosos, racionales, hemos sido los laicos: que cada uno se pague su Papa.

La imagen es una foto de Sergey Gabdurakhmanov, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 18 de agosto de 2011

Tríptico de los peregrinos papifascistas.


UNO.


Con un sol radiante, las calles del Madrid más galano y turístico se llenaron ayer de mal llamados "peregrinos" en estas vacaciones gratis total que les ha organizado la agencia de viajes Vatican Tours en una oferta de ensueño. Por 190 euríviris, los visitantes tienen viaje de ida y vuelta a sus países y una semanita en Madrid a gastos pagos, alojamiento, manutención, transportes gratuitos, museos en entrada libre, una mochila, un gorro, un pañuelo, un rosario, una estampa de SuSan y una lata de cerveza SIN. Un chollo a costa de los contribuyentes españoles, muchos de los cuales este año no han podido pagarse sus vacaciones. Lo raro es que no hayan venido diez millones de aprovechateguis. La iglesia está perdiendo gancho.

Desde la mañana era un hormigueo de grupos de jovenzuelos arracimados en torno a guiones con sus colores nacionales, como los turistas japoneses cuando visitan el Vaticano, bastantes de ellos con pinta de boy-scouts; mucho frufrú de sotanas y hábitos de todos los colores, por supuesto, ellos con ellos y ellas con ellas; vivarachos los curitas, alegres y sumisas las monjitas. El Madrid de los Austrias, desde el palacio real hasta la Plaza Mayor, pasando por lo que fue Capitanía y el obispado, bullía con el gozo del pueblo del señor llegado a la tierra prometida, que mana leche y miel... gratis. Por la tarde tenían la consigna de tomar la Puerta del Sol y cerrar el paso a la manifestación antipapa, una congregación satánica, compuesta por ateos, marxistas, anarquistas, putas, maricones, perroflautas, laicistas, cristianos de base (¡vade retro, Satanás!), herejes, masones y separatistas. O sea, ciudadanos. Acabaron yendo unos cientos a cumplir la consigna. Querían montar una manifestación ilegal, una provocación para reventar la manifestación legal y autorizada de 15.000 personas con ayuda de la policía que, aunque mantuvo separados a los cientos de los miles, los trató por igual (como si su derecho fuera el mismo) y, al final, cargó... contra los legales.


DOS.


Parque del Retiro. En uno de los doscientos confesionarios encomendado a un padre de la cofradía de los Protectores de Niños Desamparados. Se acerca un peregrino papifascista.

Ave María purísima.

Sin pecado concebida.

Padre: he pecado contra Dios y el Santo Padre.

¿Cómo, hijo?

No conseguí reventar la manifestación antipapa.

¿Y eso? ¿No llevabas gas serín?

No, padre. Detuvieron al cuate encargado de traerlo por largar por la red.

Pecado de exhibicionismo. ¿Tampoco fueron los kikos, los neocatecúmenos, los legionarios de Cristo, los grupos de la cruz, aunque sea gamada, la muy liberal presidenta de la Comunidad y la devota concejala de Medio Ambiente, que tanto encienden la grey?

No, padre. Estaban todos con el gratis total. Allí sólo fuimos un grupo de franceses que cantaba la Marsellesa, un puñado de valientes mexicanos, algunos devotos colombianos y unos grupos de gachupines que querían conquistar, decían, el Alcázar, algo que no entendí.

Son cosas nuestras.

Lo que más me molesta, padre, es que con los sin-Dios venían muchísimos cristianos de base, de los que dicen seguir a Cristo.

Son los peores, hijo; a esos había que adelantarles en esta tierra los sufrimientos que padecerán en el infierno. De ahí la importancia de aniquilarlos con el azufre y el gas serín.

Pues tuvimos que retirarnos y allí se quedaron los sodomitas anticatólicos, enemigos de Dios, ocupando la plaza.

No te preocupes, obedeciendo órdenes de este gobierno de impíos templados por el miedo, la policía desalojó luego contundentemente (aunque no lo suficiente) la plaza. Ve con Dios, hijo, ego te absolvo, y no olvides dejar un donativo para los negritos de Somalia.


TRES.


Hoy aterriza en la católica España el sumo pontífice de estos turistas gratis total. Viene a un país en el que 15.000 ciudadanos libres, que nos pagamos nuestro transporte (y nuestros trajes), nuestro alojamiento y nuestras comidas, llevamos nuestras mochilas y no entramos gratis en los museos, le hemos dicho bien claro que no es bienvenido. Creo que esos 15.000 ciudadanos hablamos en nombre de varios millones repartidos por el territorio español que objetan a que en tiempos de escasez y penuria aquí y hambruna en el África, los seguidores de una religión monten un espectáculo de fastos bombásticos con el dinero público y que, encima, traten de darnos lecciones de moral a quienes no creemos en ningún dios, ni en el Jehová en el que ellos dicen creer, ni en el Mamón en el que creen de verdad.

Ignoro si este papa tendrá la gallardía de referirse a la manifestación laica, legal y libre que sus jenízaros de misa y olla trataron de reventar de modo ilegal y en su nombre. También ignoro si se acogerá a la línea repentinamente conciliadora de Rouco o llegará a anatematizar la legislación vigente en España, a encender el odio, el enfrentamiento, la división social que es lo que le gusta a este sofista y ensoberbecido mitómano, obsesionado con el sexo.

En el fondo, ya da igual. Al margen de la que tengan estos peregrinos boy-scouts, la imagen social de Benedicto XVI es bastante mala y este espectáculo lamentable no va a mejorarla. Lo que la gente ve con sus ojos es un antiguo Hitlerjung que, cuando estuvo al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, encubrió delitos de pederastia conocidos, extendidos, reiterados; que luego ha mantenido una actitud ambigua respecto a este crimen al que, en el fondo, sigue sin considerar delito; ve igualmente que es duro, intransigente y despiadado con los pobres del mundo a los que prohíbe el preservativo pero de cuya pobreza no se acuerda, ya sea en el África, en América Latina o en Asia; ve que intenta imponer dogmas sobre comportamientos íntimos y privados sobre los que nadie con una mínima idea de la dignidad y la autonomía de la persona permite que le den órdenes; que pretende restringir los derechos fundamentales de los ciudadanos por razón de su condición de género, su opción sexual o su estado de salud; ve, por último, que la iglesia a la que representa quiere imponer sus criterios al conjunto de la sociedad a la que, además, parasita pues vive de ella.

Con esa imagen ya puede el Papa decir, como Moisés, que viene de hablar con Dios. No estoy seguro de que éste, de existir, le dirigiera la palabra.

viernes, 12 de agosto de 2011

La marcha laica.

Parece que la delegación del gobierno en Madrid entra en razón y está dispuesta a permitir que la llamada marcha laica pueda celebrarse en condiciones que a los organizadores les parecen satisfactorias. Me alegro mucho. No hay motivo para limitar el derecho de manifestación pacífica de los ciudadanos.

¿Y la visita de SS, Benedicto XVI, qué?

Este es uno de esos casos en que quienes sostienen que el PSOE y el PP son lo mismo tendrían que encajar los hechos en sus afirmaciones. ¿Creen quienes esto afirman que con un gobierno del PP se pudiera celebrar una marcha laica en este momento? Aguirre y Gallardón están en contra; el alcalde de Valladolid (el de los "morritos") dice que es "inaceptable". Resumen: no habría marcha. No, el PP y el PSOE no son lo mismo.

La cuestión del nombre no es inocente. De marcha antipapa la tildan los partidarios de suprimirla. Quieren ser contundentes y llamar a las cosas por su nombre, aunque ese "antipapa" a muchos latinoamericanos les sonará a "antipatata". A mí tampoco me gusta el nombre de "marcha laica" y no por lo de laica, sino por lo de "marcha", que suena a militar. No veo por qué no mantener el viejo y acreditado de "manifestación". Porque los laicos también nos manifestamos. No con tanto boato y alharaca como la iglesia católica, sin banquetes de alta cocina, sin agasajos oficiales, sin apoyo alguno de las instituciones, sin subvenciones ni privilegios en el uso de los espacios y servicios públicos, sin traernos autobuses de Polonia. Nos pagamos la entrada en el Reina Sofía. Somos ciudadanos, aunque de segunda.

La marcha laica es un acto de civismo. Sirve para recordar a la iglesia que, en su ceguera, actúa como si España le perteneciera y a la jerarquía, volcada como está en el negocio de las jornadas, que la sociedad es plural y que todos tenemos los mismos derechos. Esa iglesia y esos católicos que se sienten ofendidos por una fotografía de un desnudo con un crucifijo en las partes pudendas, ¿se les ha ocurrido que otros ciudadanos puedan sentirse ofendidos por un via crucis, una ceremonia que conmemora un acto de crueldad, en el Paseo de Recoletos? Se dirá que es cuestión de sensibilidades; precisamente por eso. Que quien no sea partidario del via cricis, que no vaya; lo mismo que se puede hacer con la fotografía de Cristo: no mirarla. No debiera ser difícil de entender que las razones de uno puede que no sean mejores que las de otro. No debiera pero lo es. Y tiene que serlo necesariamente ya que el jefe máximo de esta religión reclama para sí el increíble e irrisorio don de la infalibilidad.

Me parece que en la manifa laica hay cristianos de base o redes cristianas o algo así. Son gentes con gran entereza y valor y merecen público aplauso. No creo que haya asociación atea alguna en los actos públicos de Benedicto XVI. En sí misma la iglesia es la organización totalitaria por excelencia. No sólo por el motivo evidente y de todos conocido de que el Vaticano, como Estado, sea una teocracia y una monarquía absoluta, Monarquía absolutísima pues los tres poderes están concentrados en el Papa.

Es totalitaria porque la jurisdicción que ejerce el Papa sobre los creyentes no es material (por más que esas relaciones tengan mucho de materiales a través de empresas, bancos, inversiones, suculentos beneficios, etc) sino espiritual. Esto es, el Papa gobierna no las personas sino sus conciencias. De ahí que la iglesia, a veces, sostenga que una u otra ley son ilegítimas y no deben obedecerse. Es posible que sea parte del discurso que trae preparado Benedicto XVI. El Papa rige las conciencias de los creyentes y les dice lo que deben hacer y pensar. La iglesia católica es lo más parecido a una asociación de esclavos felices o de los que entonan el discurso de la servidumbre voluntaria.

¿Por qué felices? ¿Por qué servidumbre? ¿Por qué voluntaria?

Porque servirse de la propia conciencia sin recurso a principio de autoridad alguno, ateniéndose solamente al de la recta razón es siempre angustioso. Uno no está nunca seguro de haber acertado. Es mucho más cómodo que venga alguien diciendo que trae la palabra de Dios y que ésta es que los homosexuales son enfermos a los que no debe permitirse el matrimonio; por ejemplo. La razón dice que los seres humanos hacen los dioses a su imagen y semejanza. El de los católicos se pasa el día metido en la alcoba de sus fieles. No piensa en otra cosa.

La marcha laica es un acto de visibilidad; se trata de que la iglesia católica comprenda que España no es de su propiedad y menos la conciencia de todos los españoles. Es razonable que el Papa venga a predicar sus principios, sus dogmas, sus creencias, en fin, a sus fieles y los haga, así, felices. Por lo demás, estos le hacen un caso relativo y, si alguien lo duda, que mire la tasa de natalidad en España. Casi todo el mundo emplea métodos anticonceptivos y a misa van cuatro gatas. Todos seguramente piensan que Dios tendrá algo más importante que hacer que fisgar si la gente usa o no condón. Insistir tanto en este aspecto sobre todo cuando uno viene arrastrando la acusación de pederastia en la iglesia revela la infinita capacidad que tiene este Papa de reducir las cuestiones a sus niveles más bajos y elementales; a niveles de cotilleo enfermizo. Si por la iglesia fuera, no habría matrimonios civiles, ni registros de nacimiento, ni entierros laicos. Esos y otros derechos son los que hay que defender en la calle frente a la oleada de beaterío que se nos viene encima.

Lo que ya es disparatado es querer imponer las creencias de su grupo, iglesia, tribu o lo que sea que esta gente profese, al conjunto de la población porque lo dice un mortal que tiene el rostro de asegurar que es infalible cuando le da la gana.

(La imagen es una foto de lleuger, bajo licencia de Creative Commons).

lunes, 2 de mayo de 2011

...beatificar.

Juan Pablo II ya es beato en medio del entusiasmo delirante de un millón y medio de personas (cálculo de la policía) llegadas de todo el mundo. La fe mueve montañas. Y les pone alas porque el papa polaco ha alcanzado la beatificación en un suspiro, con más celeridad que la madre Teresa de Calcuta. Ha sido una beatificación relámpago y la santidad está ya, según se dice, a la vuelta de la esquina.

El proceso de cononización es el modo que tiene la Iglesia de satisfacer un anhelo viejo como la humanidad misma: la divinización de los mortales. Lo que sucede es que preserva la tradición y la democratiza a su modo. Porque los hombres siempre han buscado formas de divinizarse, pero ese destino estaba reservado a contadísimos afortunados: los faraones en Egipto, algunos héroes, como Hércules, en Grecia y algunos emperadores en Roma. La Iglesia lo pone ahora al alcance del común de los creyentes, zagales de la majada y Papas. Y además hace una interpretación laxa de los requisitos que son virtudes heroicas o martirio.

Ha sido una beatificación de armas tomar porque Ratzinger ha dicho que Juan Pablo II venció al marxismo. La prensa ha traducido que venció al comunismo pero él, filósofo al fin, habló del marxismo. La conclusión es que ha quedado vencido el materialismo. Es posible. El materialismo es en efecto, una doctrina muy tosca y no hay mucho mérito en derrotarlo. Otra cosa es el racionalismo, que suele ir de la mano del materialismo pero no es idéntico a él. El racionalismo no prejuzga nada sobre la existencia o inexistencia de los querubines, por ejemplo; sólo exige que se le presenten pruebas a la luz de la razón, no de la fe. Y aquí es donde la beatificación se fundamenta en un hecho que repugna a la razón, esto es, en un milagro.

Se ha puesto en duda la validez de la beatificación argumentando que el tal milagro no está debidamente comprobado. Pero esto es un contrasentido porque implica la creencia de que, debidamente comprobados, hay milagros, esto es, hechos que no pueden explicarse racionalmente y eso es algo que la razón no puede aceptar porque no puede saber nada allí donde ella no es.

A los ojos de la razón la beatificación de Juan Pablo II es un rito de esa curiosa mezcla de magia y superstición que es el catolicismo con sus hechizos y su antigua y polícroma liturgia.

(La imagen es una foto de Roberto Luna, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 21 de octubre de 2009

Golpe de mano vaticano.

Mediante una Constitución apostólica, la norma más alta dentro de la panoplia de decretos de que dipone el Papa, la Iglesia católica establece la vía para integrar en su seno colectivamente a todos aquellos sacerdotes anglicanos que acepten los postulados católicos en materia de ordenación del clero. No uno a uno, como hasta ahora sino en masa, colectivamente. En el fondo es una maniobra táctica para asimilar a los curas anglicanos más reaccionarios, contrarios a la decisión de su iglesia de ordenar a la mujeres y a los homosexuales. O sea, una medida para fortalecer las posiciones ultras, el predominio patriarcal en la iglesia católica, su proverbial misoginia y, de paso, debilitar a la iglesia anglicana, una prueba más del espíritu integrista que informa el papado de Benedicto XVI así como de su célebre falta de tacto y de sentido diplomático. Porque la Constitución se ha anunciado sin haber prevenido a la confesión "hermana" del intento de arrebatarle a su clero más reaccionario. Al contrario, el órgano de prensa del Vaticano la presenta como Una risposta ragionevole e necessaria per una comunione piena e visibile.

Al revés de lo que parece pensar el Papa, aunque el descontento de los sectores conservadores anglicanos con la decisión comentada es grande, no se prevé que haya movimientos en masa hacia la obediencia de Roma y eso que ésta se ha cuidado de facilitárselo a los interesados: los curas anglicanos casados que se pasen seguirán casados y, si lo quieren, se atendrán a su propia liturgia. El único límite que se impone a los casados es el acceso al obispado. Los obispos continuarán siendo célibes.

La Constitución puede tener algún efecto visible en la Iglesia de Inglaterra y es de suponer que mucho menos en la rama estadounidense, la Iglesia episcopaliana, cuyos miembros contrarios a la ordenación de mujeres ya se han segregado y mantenido, sin embargo en la obediencia a la Reforma pero, en cualquier caso, plantea un curioso problema de conciencia que hace revivir la famosa cuestión del cuius regio, eius religio, aunque atenida al gobierno espiritual de las almas. En otras palabras: ¿a qué iglesia irán los fieles de las parroquias de los curas anglicanos "tránsfugas"? Algunos observadores religiosos, siempre mostrando su verdadero rostro, sostienen que el problema se planteará con la propiedad de los edificios mismos de dichas parroquias. En cualquiera de los dos casos, el espiritual y el temporal, la medida es una clara injerencia en los asuntos de una confesión con la que se dice que se quieren estrechar lazos que, como bien se ve, son de los que ahogan.

Hay curas anglicanos contrarios a la ordenación de las mujeres que se niegan a dar el paso de la obediencia a Roma poniendo de relieve que para algo se hizo la Reforma del siglo XVI. Todavía no se ha escuchado a ninguno advertir que el paso a la obediencia romana los lleva a un lugar frecuentado por la pederastia. Pero, a la vista de cómo las gasta el Vaticano, no merece nada mejor.

(La imagen es una foto de sam herd, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 5 de febrero de 2009

Y con la Iglesia, ni te cuento.

El Vaticano, esa vieja, sabia y cínica diplomacia, nos ha mandado al cardenal Tarcisio Bertone, secretario de estado y camarlengo. Es un hombre poderoso en la jerarquía de la Santa Sede: equivalente a ministro de Asuntos Exteriores y, como camarlengo, sustituto del Papa en sede vacante, así que podemos dar su visita como de muy alto nivel; y viene a España, entre otras cosas, a gestionar una invitación al Pontífice a visitar nuestro país en 2010, lo que demuestra la importancia que la Santa Sede concede a sus relaciones con su católica hija España.

Y la que concede el Gobierno a las buenas relaciones con el Vaticano. La vicepresidenta del Gobierno, señora Fernández de la Vega, que se lleva de cine con el clero siempre que sea extranjero, ha explicado al Cardenal Bertone la reforma de la ley del aborto, la ley de libertad religiosa y el espinoso asunto de Educación para la Ciudadanía, ahora que el Tribunal Supremo ya ha dejado zanjada la cuestión. El señor zapatero recibió al Cardenal y el Rey lo invitó a comer. No es que lo traten a cuerpo de rey; es que lo tratan a cuerpo de papa.

Han tenido tiempo más que de sobra para hablar y para llegar a algunos acuerdos a base de lo que Monsignore Bertone sin duda llamará "mutuas concesiones" y que en lo sustantivo, correrán todas a cargo del Estado. El Camarlengo se comprometerá, seguramente, a embridar a la montaraz clerigalla carpetovetónica pues calcula el Gobierno que conchabándose con el Vaticano y aplazando sine die los otros asuntos peliagudos del avance de la laicidad se habrá evitado, cuando menos, la feroz agresividad de los medios de la derecha y de la jerarquía católica española.

Ahora bien, si un gobierno de izquierda gobierna tratando de conseguir el apoyo o, cuando menos, la neutralidad de los banqueros y los curas, y sólo se mueve en lo social y laboral acordando las medidas con los sindicatos y con la patronal ¿qué le queda de izquierda? Sería bueno enterarse para actuar en consecuencia en las próximas elecciones.


(La imagen es una foto de R. Duran, con licencia de Creative Commons).