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jueves, 30 de junio de 2016

El bucle del marxismo

Ayer fuimos a visitar la casa-museo de Karl Marx en Treveris, que está casi a tiro de piedra de Luxemburgo, en donde nos encontramos. Se llama casa-museo por llamarse de alguna forma porque de museo tiene poco; nada. Se trata de la casa natal del autor de El Capital sin nada dentro, sin muebles ni pertenencias, solo la paredes desnudas cubiertas por una densa infografía de la vida y obra de Marx, desde su nacimiento hasta el fallecimiento de Engels y algún tiempo después con explicaciones sobre Eduard Bernstein, la polémica del revisionismo y los debates de la Segunda Internacional, con August Bebel, Karl Kautsky, etc. Más que un museo es una detallada información sobre la vida y obra del genio de Tréveris y la obra que dejó detrás.

La casa es propiedad del SPD y está administrada por este a través de la Fundación Friedrich Ebert. Es decir, se trata de una exposición concebida con espíritu socialdemócrata. Lo cual es lógico. Si hubiera sido propiedad del Partido Comunista de Alemania que, como todos los partidos comunistas, siempre ha sostenido tener una relación más sincera con Karl Marx, el tratamiento hubiera sido muy distinto. Al serlo de la socialdemocracia, su visión de la historia tiene sus peculiaridades. La primera de todas, que hace hincapié en la aportación engelsiana, muy en el espíritu socialdemócrata. Marx se nos aparece a lo largo de la exposición casi como un elemento más de una muestra que se refiere en realidad a la configuración de una doctrina marxista claramente del lado Engelsiano, esto es, centrada en la llamada "concepción materialista de la historia". Mucha menos referencia a otros aspectos teóricos de la doctrina, como pudieran ser la dialéctica, la crítica de la economía política, la plusvalía. el fetichismo de la mercancía, la alienación, etc. La concepción materialista de la historia, el materialismo histórico, que se llama, acuñado por Engels y sistematizado por Karl Kautsky, es el elemento decisivo.

El contenido del materialismo histórico reside en sostener que no son las ideas las que cambian el mundo sino que son las condiciones materiales de vida las que infuyen definitivamente sobre las ideas. Esa es la conclusión profundamente errónea del idealismo, singularmente el de Hegel. Por eso era necesario de acuerdo con la pareja de amigos al escribir La ideología alemana, "poner a Hegel al derecho", con los pies hacia abajo y la cabeza hacia arriba pues él solo había invertido la posición.

Esta visión tan conservadora, en cierto modo casi Biedermeier del marxismo de pronto me suscitó una posible respuesta a la pregunta que siempre me he planteado, en concreto: ¿Cómo es posible que una doctrina que ha fracasado en todas sus predicciones, como el marxismo, conserve tanta fuerza y actualidad? Parece bastante claro que hoy día no se puede ser marxista pero, al mismo tiempo, tampoco antimarxista. ¿De qué modo cabe salir de esta paradoja? La respuesta he ido a encontrarla en la casa de Karl Marx y la teoría del materialismo histórico, según la cual, reiterémoslo, no son las ideas las que mueven el mundo y lo trasforman, sino que son las condiciones materiales de existencia las que determinan las ideas. Las ideas no crean la realidad sino que explican o interpretan las condiciones materiales de existencia. Ahora bien, ¿que es la concepción materialista de la historia y el materialismo hitórico sino una idea? Es la pescadilla que se muerde la cola. El marxismo se mantiene contra toda evidencia en contrario porque es irrefutable, ya que forma un bucle: la idea que más poderosamente ha cambiado el mundo en los últimos ciento cincuenta años, el marxismo, consiste en sostener que las ideas no cambian el mundo. En el fondo, se trata de una paradoja similar a la de Epiménides el cretense.

viernes, 6 de mayo de 2016

De la mentira en política

Dicen los críticos que la política mediática -producto sin duda de la sociedad del espéctáculo- es mala. Es un error. La política es comunicación, y la comunicación depende en gran medida de los medios que la administran. Los políticos deben estar en los medios de comunicación, entre otras cosas, porque, si no están, otros estarán en su lugar, colocarán su mensaje y dejarán el suyo a los pies de los caballos. Si Sánchez y Garzón, que ganan en valoración ciudadana a Pablo Iglesias, estuvieran más en los medios, salieran en tertulias y programas de esos de presentadoras endiosadas, seguramente tendrían mejores fortunas electorales.

Lo que no debe hacerse en política es mentir. Ciertamente si, como piensa Palinuro en la estela de Foucault, la política es la continuación de la guerra por otros medios y en la guerra vale todo, también valdrá mentir. Sin duda. Mintiendo se puede ir muy lejos; se ganan elecciones. Recuérdese cómo ganó el Sobresueldos las de 2011: mintiendo como un bellaco. Pero eso no vale para la izquierda. La izquierda no puede mentir porque se rige por un código ético exigente, se ponga como se ponga doña Esperanza Aguirre que de esto, como de casi todo, no entiende nada. La izquierda no puede mentir porque hacerlo es tratar a los demás como medios o instrumentos para conseguir tus fines y eso no es de recibo pues, para nosotros, los individuos son fines en sí mismos y lo más importante que hay. El mentiroso, como los jesuitas, cree que el fin justifica los medios y está dispuesto a engañar con tal de alcanzar el poder. Y, si lo alcanza, será un tirano.

Viene esto a cuento porque en una entrevista en Radio Nacional, Pablo Iglesias ha reconocido que hablar de la cal viva en el congreso fue un error y no querría repetirlo. Fue más que un error; fue un infundio, una mentira. Y reconocerlo ahora forma parte de otra mentira. La de añadir que le parece un error atacar a los socialistas, cuando es obvio que no ha hecho y sigue sin hacer otra cosa. Del mismo modo corona esta entrevista con otra mentira desvergonzada, la de decir que el sorpasso no trata de superar a los socialistas, sino al PP y que el PSOE es ahora, según los nuevos embustes, un "aliado". El sorpasso fue un intento de los comunistas italianos de ganar las elecciones a la democracia cristiana. Su empleo en España corrió a cargo de Julia Anguita quien expresamente lo configuró como la tarea de que IU ganara al PSOE y le arrebatara la hegemonía. Y Julio Anguita es el gran muñidor de esta operación de "unidad" de la izquierda dejando al margen al PSOE; es decir, una unidad de la izquierda en contra del PSOE.

En sí mismo, este propósito no es condenable. Ya hemos dicho que en la guerre comme en la guerre y si la confluencia IU/PCE y Podemos arrebata la hegemonía al PSOE será porque este se lo ha ganado a pulso por su inoperancia. Carece de sentido reprochar a los comunistas y sus aliados que pretendan alcanzar lo que llevan cien años intentando sin conseguirlo. Hacen bien. El PSOE se ha derechizado tanto que esto es lo menos que puede pasarle. Lo reprochable es que, para conseguirlo, aquellos mientan de forma tan descarada. No, el PSOE no es aliado de Podemos e Iglesias miente cínicamente y con absoluto descaro. Si el PSOE fuera el aliado de Podemos (desde el punto de vista de Podemos) no habrían boicoteado el posible gobierno. Que el PSOE también haya saboteado el intento de ese gobierno es aquí indiferente. Lo que estamos enjuiciando es el recurso de Podemos a la mentira y el engaño. Si el PSOE fuera su aliado, la unión de la izquierda lo habría incluido. No lo hace porque lo que quiere Iglesias, a las órdenes de Anguita, es destruirlo.

En esto de la mentira la izquierda debiera ser más vigilante. Ayer salió IU celebrando por todo lo alto que el 85% de las bases hubiera aceptado el plan de unidad con Podemos propugnado por la dirección. Hasta El País picó en el engaño. Afortunadamente, Infolibre precisó luego que el 85 % había votado a favor pero que era el 85% del 28% del censo, que fue la participación que hubo. Es decir, IU mentía en el porcentaje porque la unión la aprobaba el 24% del censo. Por supuesto, los "verdaderos creyentes" que hay siempre en estas formaciones se apresuraron a señalar que por el "no" había votado el 4%, mucho menos y que el que calla otorga, etc. Posiblemente, pero la mentira es la mentira.

Y no se queda ahí. Aún hay una mentira mayor, al decir que ha votado el 85% del 28% del censo, IU oculta (o sea, miente) cuántos de estos votantes del censo son afiliados-militantes y cuántos simpatizantes. De momento, ese dato sigue sin saberse; o sea, está oculto. Lo que es cierto es que en Madrid votaron 1802 personas, militantes y simpatizantes juntos, lo cual es una cifra ridículamente baja.

No, la mentira no es de izquierda y la izquierda que miente estará muy unida, pero no es izquierda.

jueves, 28 de enero de 2016

El garrapata

La primera línea del famoso libro de Jean François Revel, El conocimiento inútil, publicado en 1988 reza: La mentira es la primera fuerza que dirige el mundo. Una verdad como un castillo que, en el caso del Sobresueldos se convierte en una montaña. La mentira rige la vida de Rajoy las veinticuatro horas del día. Vive mintiendo. Vive para mentir. No hace otra cosa que mentir. Ganó las elecciones de 2011 mintiendo como un bellaco y mintiendo ha seguido hasta el día de hoy. Es tan obvio y evidente y hasta tal punto del conocimiento general que nadie da crédito jamás a lo que dice y por eso su calificación es la más baja de todos los presidentes democráticos.

Un mentiroso compulsivo que miente incluso cuando no sería necesario, que es bien pocas veces, quizá cuando le pregunten por el tiempo. De este modo, las entrevistas que se le hacen -y en las que ahora se prodiga, tras haber pasado cuatro años sin darlas, sin contestar a las preguntas de los periodistas e, incluso, sin dejar que las hicieran- no son otra cosa que retahílas de mentiras, de mentiras desvergonzadas, mentiras patentes. Miente. La gente sabe que miente. El sabe que la gente sabe que miente. Pero le da igual. Lo suyo es mentir y mentir a ver si consigue continuar al frente del gobierno para seguir destruyendo y esquilmando el país al frente de un partido que no es otra cosa que una banda de ladrones. Para seguir empobreciendo a la gente, desahuciándola, dejándola sin trabajo, sin ingresos, sin pensiones, en beneficio del 1% de la población, en pro del que gobierna.

La entrevista de la TV de ayer, una pura antología de la mentira: el PP no está imputado (dice), cuando sí lo está; todas las empresas borran los discos duros de los ordenadores (dice), cuando es mentira y muy probable que ni siquiera sepa qué quiera decir "disco duro"; Barberá y Camps están "limpios" (dice) cuando están de lodo de corrupción hasta las cejas; no sabe nada de Rato (dice) y era su amigo del alma y lo puso él en Caja Madrid.

Podríamos seguir. No merece la pena. Un tipo indigno y despreciable que, viéndose ya en la puerta de la calle, se arrastra implorando una investidura que ni el país puede permitirse ni los españoles tolerar. Después de cuatro años de autoritarismo, chulería, trágala e imposición de leyes retrógradas como la Ley Mordaza, la reforma laboral o la LOMCE que hace una semana no estaba dispuesto tocar, ahora ofrece modificarlas en lo que sea a cambio de pacto. Está dispuesto a ofrecer un riñón para seguir desgobernando España y no ser el único presidente que no ha repetido mandato.

Y está también dispuesto a instrumentalizar las instituciones al servicio de sus indignos fines, bloqueando el sistema democrático, como ha hecho siempre que le ha convenido, como tuvo bloqueado el Tribunal Constitucional durante años, como retrasó la aprobación del presupuesto de 2012 para no perder las elecciones de Andalucía. Un caradura que de todo se aprovecha para mantenerse en el poder como las garrapatas se aferran a los perros.

Hay que decir que le ayuda mucho una parte de los socialistas. Imbuidos estos de un falso sentido de Estado, sostienen que, debiendo haber un gobierno en España, el PSOE ha de posibilitar a la banda de mangantes seguir con sus latrocinios. Ese grupo de viejos dirigentes, todos correosos reaccionarios, solo miran por sus intereses personales e ignoran -o simulan ignorar- que este gobierno que quieren perpetuar ha sido un ataque sistemático a los derechos y el bienestar de la gente, una agresión franquista y nacionalcatólica a las libertades públicas, un indignante atropello de la dignidad de las personas, un insulto constante a los catalanes y un saqueo universal del erario, en provecho de auténticos truhanes militantes y dirigentes del partido del gobierno, empezando por su presidente.

Ignoran que este, el mentiroso compulsivo presidente de los sobresueldos suscita no ya rechazo general sino auténtico odio.

Pero ellos no lo ven porque no saben cómo lo está pasando la gente en la calle. Si no están en las puertas giratorias, cobran saneados emolumentos por cargos públicos y desconocen la situación real del país. Solo cuenta su egoísmo. Y por eso pueden hacerse propuestas moralmente tan repugnantes como la de que el PSOE (que, de todas formas, no ha sido capaz de oponerse a los atropellos de los últimos años) permita con su abstención un gobierno del PP, el partido de la corrupción, en alianza con C's, el partido del programa últraliberal para terminar de arrebatar a los trabajadores sus últimos derechos.

Si tanto preocupa a estos padres de la patria, empezando por Felipe González, la gobernación de España, les propongo otra fórmula: un gobierno de PSOE y Podemos con la abstención de C's. Para garantizar esta basta con que los magnates que pagan a los Gonzáleces llamen a Rivera y le den la orden. Fácil, ¿verdad?

No querrán, claro, porque, en el fondo, prefieren a los franquistas. Pero, por si acaso se impusiera esta opción, un último ruego a Podemos: estaría bien una cura de humildad, después de llevar meses haciendo el ridículo, el pedante y el prepotente. Si quieren sobrevivir, tienen que aliarse con el PSOE, bajar sus estúpidos humos y garantizar un gobierno serio y responsable a la par que radical en las medidas en favor de la regeneración democrática y la recuperación de los derechos arrebatas por esta derecha a las gentes del común.

Y si no lo hacen y siguen tratando de destruir al PSOE con tácticas de catón de tercera, nuevas elecciones, en las que desaparecerán porque no podrán reproducir sus franquicias ni siquiera en Andalucía. No darse cuenta de esto ahora que están a tiempo y esperar a hacerlo tardíamente será dar la razón al Revel con el que empezaba este post cuando, en el libro citado, señalaba que comprender las cosas tarde equivale a no comprenderlas.

jueves, 21 de enero de 2016

El trilero de Dios

El Plural de ayer traía esta noticia: Pablo Iglesias marca la casilla de la Iglesia en su declaración de Hacienda. Puede parecer algo trivial, pero no lo es. Tiene una importancia inmensa. Tanta que requiere una explicación inmediata. Mientras llega, que ha de llegar porque, si no lo hace, quedará clara una superchería y estafa mayores que las que se han practicado con los de las franquicias para los grupos, enumeremos las posibilidades:

1ª.- Es una noticia falsa, una superchería, un bulo, un fake. Desde luego, El Plural es un digital muy favorable al PSOE igual que otros lo son al PP, a Podemos, etc. En España no existen los medios independientes. Pero el diario tiene cierto nivel de seriedad. Es improbable que recurra a procedimientos tipo La Razón. Pero pudieran haberles colado una patraña. Si es así, que lo aclaren cuanto antes.

2ª.- La noticia es cierta, pero Iglesias no tiene nada que ver con ella. Un gestor, que le hace la declaración, ha tachado la casilla de la Iglesia sin saberlo el declarante. Es poco verosímil, aunque podría darse. Que también lo aclare cuanto antes.

3ª.- La noticia es cierta. Si es así, aquí hay una estafa de proporciones bolivarianas. Podría decirse que estamos exagerando y que tachar la casilla de la Iglesia católica es una tontería sin importancia ninguna. Mentira. Hacerlo es contribuir a la hipocresía y el expolio de la gente perpetrado sistemáticamente por los curas. Cualquiera sabe que tachar la casilla es voluntario, pero lo que no es voluntario es que, todos los que tachan la casilla obligan a los demás a financiar a los clérigos y su empresa de acumulación de dinero, la Iglesia, porque lo que ellos no aportan a la caja común del Estado, tenemos que pagarlo los demás, seamos católicos o no. O sea, un robo y un robo hipócrita. Obviamente, Iglesias tiene derecho a ser católico, por supuesto, pero no con el dinero ajeno, sino con el suyo.

Pero hay más, Iglesias está ahora obligado a aclarar si es o no católico para que no se le pueda acusar de trilero, a él, que empezó acusando de trileros a los de izquierdas. Y aclararlo de forma tajante, puesto que esto no es un asunto privado. Y no basta con salir diciendo que él fue comunista. Con todos mis respetos, la similitud entre católicos y comunistas, es innegable, sobre todo el comunismo leninista. Tampoco vale que se diga que, en el fondo, a pesar de todas las tonterías sobre el "ni de derechas ni de izquierdas", es de izquierdas. América Latina está llena de "izquierdistas" (estilo Correa del Ecuador), que tanto gustan a los de Podemos y son auténticos meapilas en cuyos países el aborto está prohibido.

De darse esta circunstancia, ahora sí estaría claro por qué en Podemos no hablan del aborto (excepto aquella vez en que Bescansa dijo que "no era una prioridad" para callarse a continuación seguramente cuando comprendió que no convenía levantar la liebre); por qué no hablan de potenciar la educación pública y suprimir la concertada, que es una estafa por la que los curas drenan recursos públicos a favor de las clases privilegiadas mientras se destruye la educación pública; y por qué no hablan de la separación entre la Iglesia y el Estado en una país nacionalcatólico, gobernado por los clérigos.

Hay que aclarar esto porque tiene toda la pinta de ser la mayor estafa de los últimos años a la ya muy castigada y baqueteada izquierda española. Dado el aportunismo ilimitado de los de Podemos, probablemente este silencio es un cálculo táctico, de esos de no hablar de cosas que hagan perder votos. Pueden encubrirlo con la habitual mentira de la derecha de hablar de las cosas "que verdaderamente interesan a los españoles". 

Que hagan lo que quieran. En menos de un mes ya han demostrado que lo que querían era participar de la vieja política (aunque todavía sean tan inexpertos que les cuelan todos los goles), pero que dejen claro si el líder máximo es o no católico, y qué piensan respecto al aborto, la enseñanza concertada y la separación de la Iglesia y el Estado. 

Porque lo que ya no pueden hacer es seguir engañando a la gente.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Que el Sobresueldos rinda cuentas

La campaña que inició Infolibre el 5 de diciembre exigiendo que Rajoy haga público su expediente como registrador de la propiedad lleva ya más de 95.000 firmas.Lo que se quiere saber -y es un derecho de la ciudadanía- es si Rajoy vulneró o no la Ley de Incompatibilidades, si simultaneó sus sueldos de cargo público electo con sus ingresos de registrador de la propiedad. El gobierno de Aznar decretó el secreto de este expediente en un "archivo de seguridad", pero el mantenimiento de ese secreto es un ataque directo al derecho a la información de los ciudadanos, quienes están legitimados para saber si sus representantes públicos se han atenido siempre al cumplimiento de la ley.

Es una campaña de firmas. Sería estupendo que, al llegar el día 20 hubiera 150.000 o 200.000 y que los demás partidos se hicieran eco de esta exigencia y, a su vez, demandaran el levantamiento de ese secreto. Quien quiera firmar puede hacerlo pinchando sobre la imagen o aquí.

sábado, 15 de agosto de 2015

La desfachatez de la banda.


El ministro del Interior compareció ayer en el Congreso a hacer lo que su admirado amigo, guía y maestro Rajoy hace con total desparpajo: mentir. Cualquiera pensará que ese trato frecuente con el embuste ha de ser desagradable; que estar siempre mintiendo, faltando a la verdad cada vez que habla no será plato de gusto. Al menos lo pensarán las personas ordinarias, las que, no teniendo cargos públicos, pueden permitirse el lujo de mentir poco y hasta de decir casi siempre la verdad. 


Pero eso es un error. Están acostumbrados a mentir. En la secta del Opus Dei de la que es miembro Fernández Díaz, no se hace otra cosa. La mentira es la forma de expresión ordinaria del sectario del Opus que, si no tiene mentira que decir, se la inventa. Con absoluto desparpajo, con desfachatez. Fernández Díaz deja de mentiroso a su propio ministerio, al no reproducir el contenido de su comunicado de prensa. Además se contradice a sí mismo. Pero le da igual. Según él y su ministerio: solo se trataron asuntos estrictamente personales. El propio Rato desmontaba esta patraña un par de horas después reconociendo que se habían tratado sus temas. Nada estrictamente procesal decía Fernández Díaz, pero es obvio que en la vida de un multi-imputado como Rato, todo es procesal. 

Le da igual que lo pillen mintiendo a mansalva, como le da igual a su jefe, Rajoy. Si alguien cuestiona sus afirmaciones con hechos, niega los hechos. Si el alguien insiste, Mariano el Sobresueldos, ignora la pregunta, no la contesta y pasa turno de palabra. No hay hechos, no hay interpretaciones solventes, ni debates, ni intervenciones públicas orientadoras tanto en en el gobierno como fuera de él. El ambiente en el que las mentiras del ministro dejan boquiabierto a más de uno no se rige por un espíritu de debate, controversia y tolerancia, sino por uno de abuso, mentira y desprecio. No les molesta tener que mentir. Si acaso hacerlo a la chusma, cosa imprescindible para ganar elecciones. Tener que echar mentiras a los puercos.

Con la mayoría absoluta a su disposición Rajoy y los suyos se consideran libres de toda sospecha de aquello que precisamente fabrican: la arbitrariedad. Saben que pueden mentir tan desvergonzadamente como quieran y que nadie podrá tomárselo en cuenta. Si acaso al contrario. Si no mienten, no entretienen a los suyos. De hecho, todo el mandato de Rajoy ha estado caracterizado por la mentira, el engaño, el embuste y el fraude. El programa electoral era un fraude, como reconoce él mismo. Sus seudoexplicaciones sobre Bárcenas, mentiras en sede parlamentaria. 

Rajoy es el líder peor valorado de la democracia española. Nadie confía en él, dentro o fuera del país. Carece de todo crédito porque no ha hecho otra cosa que engañar y falsificar. Los datos que maneja para justificar la recuperación económica suelen estar amañados y son falsos. Ni a él ni a su gente importa gran cosa desnaturalizar las instituciones para hacer pasar la mentira y el engaño por verdad. 

La derecha ha destruido toda posibilidad de diálogo con otras orientaciones, de ámbito estatal o no estatal. Solo puede gobernar si obtiene mayoría absoluta, que interpreta como un cheque en blanco para mentir siempre e imponer sus criterios, aunque sean rechazados a su vez por mayorías superiores a la absoluta en los ámbitos en que hayan de aplicarse, por ejemplo, entre las mujeres, la comunidad educativa o la ciudadanía en uso de sus derechos. 

Además de recurrir sistemáticamente a la mentira como forma de gobierno y a sus connotaciones de manipulación, falta de información, negativa a dar explicaciones o rendir cuentas, el gobierno solo ha cosechado fracasos en sus grandes proyectos legislativos: la ley de reforma del aborto ha quedado en agua de borrajas y le ha costado el cargo a Ruiz Gallardón, que tampoco consiguió implantar sus retrógradas medidas en punto a la privatización de los registros. La Ley Orgánica de Mejora de la Calidad de la Enseñanza, la famosa LOMCE del ministro más reaccionario y agresivo de la democracia española, no se puede aplicar y la Ley de Seguridad Ciudadana, más apropiadamente conocida como Ley Mordaza está recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Cualquier directivo de cualquier empresa privada (el sacrosanto referente para la asociación de presuntos malhechores) que presentara esta hoja de servicios, estaría en la calle, despedido. Aquí no; aquí se recurre a la mentira sin paliativos para sostener que un gobierno que ha fracasado en todo está sacando a España de la crisis. Todo a base de mentiras y embustes.

¿Cómo se espera que Fernández Díaz haga algo distinto de lo que ha visto siempre hacer, esto es, mentir? 

Y si miente como hace su modelo, el presidente de los sobresueldos, ¿por qué tiene que dimitir? Eso solo lo hacen los socialistas que son unos pusilánimes.

jueves, 6 de agosto de 2015

El CIS pepero.

Algunas consideraciones breves sobre el barómetro del CIS en vídeo. El texto, más abajo.
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El barómetro del CIS de julio coincide como un guante con los deseos del gobierno del PP. ¿Casualidad? No puede descartarse, desde luego. También es posible que haya burros voladores, aunque escasamente probable. En todo caso, conociendo el percal que aquí se vende, la casualidad puede descartarse con la conciencia tranquila. Digámoslo con claridad: un país gobernado por un partido que hasta los jueces presumen pueda ser una asociación de malechores (y ¡qué malhechores!), que se inmiscuye en todo, que todo lo manipula, desnaturaliza e instrumentaliza, que controla los medios de comunicación, los tribunales de justicia, que falsifica todos los datos, los utiliza torticeramente o se los inventa, ¿iba a permitir un organismo demoscópico independiente? Un partido que contrataba delincuentes para mejorar la reputación de sus dirigentes en las redes, ¿va a pararse en barras a la hora de respetar la independencia del CIS y no imponerle lo que tiene que decir?

Eso no se lo cree nadie. Hoy todos los periódicos especulan sobre los datos de ese baremo, dándolos por buenos no solo contra lo que muestra la experiencia sino contra el mero sentido común. Los resultados del CIS me merecen tanto crédito como las afirmaciones y promesas de Mariano Rajoy, el de los sobresueldos, de cuyo gobierno depende el Instituto en cuestión. Y no se trata solamente de que la famosa cocina realmente apeste que, por supuesto, es hedionda. Se trata también de los datos brutos, de su acopio,  procesamiento, hasta de los números de los folios, de todo. Todo lo qe estee gobierno toca lo falsea, como suele pasar con esta gente carente de escrúpulos y de frenos morales de ningún tipo a la hora de mentir en su provecho para seguir saqueando el país como reconoció la señora Cospedal, la única vez que ha dicho la verdad por equivocación.  Y si el gobierno del PP no ha hecho otra cosa que mentir en cuatro años, ¿por qué iba a decir la verdad un organismo de él dependiente? Sobre todo tratándose de la verdad en un terreno muy sensible: las expectativas de voto.

Todavía con mayor claridad: el PP no se vale del CIS para pronosticar tendencias de voto sino para fabricarlas en su provecho. Que el partido de la corrupción, la Gürtel, la Púnica, etc., etc., el que nadie quiere ver gobernando, el que presenta mayor índice de rechazo, dirigido por un político desprestigiado, con la más baja puntuación popular, del que nadie se fía, vaya a ganar las elecciones con casi un tercio de los votos es tan verosimil como  la serpiente del lago Ness. Así que ahórrense las cavilaciones. Ese barómetro no sirve para nada, salvo para saber qué resultado le gustaría al PP que dieran las próximas elecciones.

Puestos a fabular no solamente resulta que el PP ganará las elecciones según sus doctrinos demoscópicos sino que el apoyo al independentismo catalán está de capa caída. Vamos que si las elecciones fueran el año que viene en lugar del mes que viene, la opción ganadora en Cataluña sería la del Estado centralizado que es el que más gusta en La Moncloa. 

Solo hay algo más necio que tomarse en serio a unos sinvergüenzas: votarlos.

sábado, 1 de agosto de 2015

Apoteosis de la mentira.

Fin de curso. Comienzo de las vacaciones. Mariano Rajoy, el de los sobresueldos, comparece en rueda de prensa por recomendación de sus asesores en materia de comunicación para colocar al sufrido público su habitual sarta de mentiras. El presidente peor valorado de la segunda restauración carece de todo crédito en la opinión, pero eso no obsta para que él siga mintiendo porque le va en ello la supervivencia. Gobernar es manipular y mentir sin descomponerse, como le enseñó su maestro, Fraga quien, a su vez, lo aprendió del suyo, Franco.

Esas comparecencias son un prodigio de psicología política del género pachorra, caradura y falta del sentido de ridículo, cuyos mandatos son los siguientes: 1ª) miente; la verdad es siempre mejorable. 2ª) alábate sin descanso, sin temor a resultar más ridículo de lo que ya eres; 3) de lo incómodo, de lo fasdioso, no se habla y, si se pregunta, no se responde.

La rueda de prensa de ayer tuvo abundantes muestras de esta retórica hecha de pachorra, caradura y falta de sentido del ridículo que no son términos clínicos, pero sí muy descriptivos de este insólito personaje.

La mentira viene de la mano de esa recuperación trompeteada sin parar que se limita a los porcentajes del PIB que el propio Rajoy y los organismos de su complacencia dictaminan a su libre capricho. Crecemos. La tasa de variación del PIB es positiva. Cierto que mucha gente no la ve. Desde luego que no. En concreto, quienes hacen colas en los comedores de Cáritas o buscan el condumio en los cubos de la basura. Esos no notan nada. Ni los parados, ni los contratados en precario, ni los pensionistas ni los dependendientes, ni los jóvenes con una tasa de paro de más del 50%. Nadie. Pero le da igual. Ya se verán los efectos de esa recuperación que solo anida en su angosta mente.

Asegura que se reduce el déficit, lo cual es decisivo para garantizar las inversiones, pero no dice nada de la deuda que, superando ya el ciento por ciento del PIB, es una losa que pesará sobre los hombros de las generaciones futuras. Una típica media verdad, en el fondo, una doble mentira, consistente en llamar "recuperacion" a aplazar los pagos para que los hagan otros.

El salario de los funcionarios sube un 1%. Al margen de que esto sea nada cuando los salarios de estos trabajadores llevan tres años congelados, lo interesante es la mentalidad que revela: la derecha neoliberal y nacionalcatólica (términos sinónimos en este predio de originalidad hispánica) considera que el Estado es su cortijo y los dineros públicos algo que le pertenece y otorga según su capricho. En este caso, el asunto está así: los funcionarios reciben un 1% más en sus salarios y el gobierno concede una subvención de 150 millones de euros a sus amigos, los concesionarios de la autopista de peaje Madrid-Toledo, en quiebra desde sus comienzos, con un sistema de capitalismo de enchufe y corrupción que no puede mantenerse, pero es el que pusieron en marcha con sus concesiones de corruptos y aprovechados en las legislaturas de Aznar.

Hay que cambiar. Por eso, el PP, anuncia que se aumentan las pensiones un 0,25%, lo cual es como decir nada cuando los pensionistas tienen que pagarse los medicamentos y el gobierno piensa abonar la paga extraordinaria esquilmando el fondo de reserva, que ya ha consumido en muy buena medida. No hay dinero para subir las jubilaciones, pero sí lo hay para que, en un acto de enchufismo y amiguismo asombroso hasta para España, el peor ministro de Educación de la historia se retire de embajador ante la OCDE a efectos de coincidir con su mujer y todo ello a cuenta de los contribuyentes. Dos auténticas nulidades que han destrozado el sistema educativo español en todos sus niveles son premiados con una estancia en París como recompensa por los servicios prestados a la Iglesia católica y pagada por la colectividad. Por supuesto, es indiferente que ninguno de ellos tenga  competencia específica para el trabajo que ha de desempeñar, si es que han de desempeñar alguno y no se dedican a pasear por el Sena. El erario pecha con estas sinvergonzadas porque, en el fondo, nadie espera que un español (uno de verdad que, como los toros, se crece "con el castigo") vaya a aportar nada a ningún sitio por concepto alguno.

El 53'5% de los presupuestos generales del Estado va destinado a fines sociales. Una advertencia que de nuevo delata la mentalidad clasista, elitista, de la derecha que considera que los dineros públicos son suyos y los administran en forma de nóminas, sobres, mordidas, comisiones, caridades, pagos no registrados. Lo habitual en la picaresca. Hablan de la "cuestion social" como el que podría hablar de las limosnas de los domingos, a cuenta de las familias más respetadas del lugar. Es su mentalidad. Los pobres no tienen derechos, solo el deber de pagar impuestos para que los ricos, que no los pagan, se gasten lo recaudado en juergas y otorguen las migajas ("la cuestión social") a los que lo necesiten.

Sobre la corrupción es muy poco lo que pueda decir un presidente sospechoso de haber sido quien la ha amparado y hasta se ha beneficiado de ella.  Sus divertidos circunloquios lo delatan: eso es el pasado y el pasado debe dejarse  atrás para edificar un buen futuro a costa de la recuperación que ya se ve. Vive en el pringue más actual de la corrupción, él, sus colaboradores y sus parentes, pero dice que el presente de la Púnica, que aún no ha terminado de aclararse pero define ya su gobierno como el más corrupto de la historia, es pasado. Y, lo que no quede sumergido en las brumas del pasado, junto a sus sobresueldos y sus achuchones a Bárcenas para que sea fuerte, se atajará con la ley de transparencia, una norma de lucha contra la corrupción que no sirve literalmente para nada porque la hicieron los corruptos, con la vista puesta en sus bolsillos y no en el bien común..

En lo tocante a Cataluña, a Rajoy se le cruzan ya las respuestas y, en breves instantes, mezcla los habituales embustes con las mezquindades y el silencio. No habrá elecciones "plebiscitarias", dice, porque lo prohíbe la ley. Es mentira. La ley no prohíbe tal cosa y que las elecciones sean o no plebiscitarias dependerá de cómo las entienda la gente ya que lo plebiscitario es subjetivo y no fácil de reconocer como las chirimoyas. Tampoco hubo referéndum el día 9N y, sin embargo, ha lanzado a la fiscalía en persecución de que quien lo organizó. Todo el mundo sabe que, en la problemátia razón de Rajoy, la realidad se desdobla: de un lado está la que "algunos" (término de impreciso y por tanto cómodo alcance en su legendaria pachorra) dibujan y de otro la que el conoce muy bien, anhela y está a punto de conseguir a nada que "las cosas" (otro término de obvia marrullería rajoyana) le vayan tiesas.

Por fin se hace algo de luz en las tinieblas mentales de quien lleva tanto tiempo dedicado a los sobresueldos, y reconoce que el reto soberanista es el más grave que hay en España. Eso era visible hace cuatro años, pero Rajoy no se enteraba porque, aunque ahora, asustado, se pase el día hablando de su amor a Cataluña, ni la entiende, ni la comprende, ni mucho menos la quiere. Y como nunca es tarde si la dicha es buena, el presidente de los sobresueldos reconoce la gravedad de la siuación a su manera, demostrando no entender nada y seguir tensando la cuerda con un "Cataluña no será nunca independiente", que tiene el valor de las afirmaciones y negaciones de Rajoy: no se celebrará el 9N, reduciré el paro a la mitad, no subiré los impuestos, no tocaré las pensiones ni la educación ni la sanidad, llamaré al pan, pan y al vino, Bárcenas. 

En la época de la publicidad y la comunicación sin límites es un verdadero lujo tener un presidente que, cuando comparece en público, miente sin parar porque, en el fondo, no sabe hacer otra cosa.

miércoles, 29 de julio de 2015

La era de los huevos mediáticos.

Hace bien el PP sustituyendo a Sánchez Camacho por Garcia Albiol en Cataluña. Cuanto más absurda, más inverosímil, más inmoral sea una medida, más atención mediática recibirá. Ya solo la corpulencia y la altura, de 2,04 metros de este chavalón le hace ocupar toda la pantalla, lo cual es esencial en la era de la imagen. Le ayuda su sonrisa picarona y su rostro de pillastre del barrio, de quien nadie puede esperarse nada malo. Todo ello sirve para neutralizar la evidencia de que se está defendiendo y amparando la xenofobia, cosa hasta la fecha poco recomendada.  La noticia está en la xenofobia pero una xenofobia popular, alegre, nada de campo de concentración o vallas con cuchillas. Una resistencia al dark stranger que se alimenta con los sanos prejuicios de la calle. El nombramiento es casi una provocación equivalente a decir que la opción propugna el maltrato animal. Lo malo siempre es noticia.

El diputado que se toca los huevos es también pura noticia. De no haber hecho ni dicho nada relevante, este hombre sería un don nadie. De haber robado algunos millones que es, al parecer, de lo se se le acusa, pasaría a ser un nombre que sus compañeros de partido olvidarían al instante, como le sucedía a Rajoy con los de Bárcenas y Rato. Pero, si además de robar, dice algo suficientemente absurdo, tiene asegurada la publicidad y el alborozo popular. O sea, audiencia. La audiencia de los huevos.

Aguirre, que anda siempe aplicando la disciplina de las disciplinas si son otras las espaldas pide la dimisión del diputado huevón porque sus expresiones (la de que se toca los huevos y la de que chupa la polla al jefe), según ella, la avergüenzan y abochornan. Sin embargo, ella no parece mucho mejor hablada. En cierta ocasión, de esas de micrófono abierto inadvertidamente, presumía de haberle quitado un puesto de designación en algún órgano de Cajamadrid, esa entidad que acabaron quebrando por su fabulosa incompetencia, al hijo puta, en el que los conocedores de las bambalinas creían detectar al mínimo, pío y devoto Ruiz Gallardón.

Es un mecanismo bastante conocido. Los políticos viven de la política. Para ello necesitan ser elegidos y, para ser elegido es necesario ser conocido. La política dilucida entre publicidades alternativas. Por eso se pregunta a la gente en los sondeos de opinión si conoce a los candidatos y estos tienen garantizado el conocimiento si dicen disparates; otra cosa será la valoración, pero esa es aquí poco relevante. ¿Quién imaginaría que un menda, alcalde de un pueblo gallego, diría que los asesinados de Franco se lo merecían? Igualmente el cura que canta misa en los Jerónimos el 18 de julio impetra la aparición de una figura cristiana, mesiánica, que rescate al país de nuevo del marasmo desastroso en que se halla. O sea, un cura pidiendo un golpe de Estado. Pura noticia: la esencia misma de la raza.

¿Cuándo te llaman dede los medios? Cuando eres noticia. Si un empresario dice, por ejemplo, que los trabajadores, en vez de cobrar salarios, debieran pagar a la empresa a cambio de trabajar, sería noticia inmediata, entre otras cosas porque, de ponerse en práctica tan ingeniosa doctrina, por fin se habría demostrado la falsedad de la teoría marxista de la plusvalía. Aunque alguien del partido popular, siempre relacionado con los huevos, pudiera pensar: "¡manda huevos, acabar con los huevos de oro asesinando a la gallina!"

jueves, 7 de mayo de 2015

Mentir.


Carmena telefoneó ayer a Aguirre para pedirle que deje de mentir sobre ella a propósito de su condición de jueza. Aguirre tuvo que rectificar. ¿Reconoce que miente? No; es que la han pillado en una cuestión irrefutable, de hecho. De las mentiras genéricas, más difusas, ni se habla. La señora las borda: los profesores son unos vagos; los sanitarios, también; los sindicatos, unos corruptos, enchufados; la enseñanza pública, un despilfarro; todo lo público, más despilfarro; no tuvo nada que ver con el Tamayazo; la Gürtel la destapó ella; los contrarios a las corridas de toros son la anti-España; Franco era socialista; la libertad la ha traído el critianismo; el libre mercado es la base de la prosperidad y aquí no hay capitalismo de amiguetes; ella no es responsable de la corrupción en la Comunidad de Madrid sino de dos nombramientos poco afortunados; se retiró de la política hace tres años para dedicarse a cazar talentos.

Esta buena señora no ha dicho una verdad en su vida. Quizá no sepa. Y en su partido y gobierno no ha aprendido. En el uno y en el otro, mentir es lo normal. Hacer política es mentir. La mentira ha sido esencial en el fascinante vuelo de la derecha española por 35 años de democracia después de su glorioso paso de otros 40 de dictadura.

El señor Rosendo Naseiro parece haber declarado ante notario que Aznar conocía la caja B del PP desde el comienzo. O sea, cuando unos años después, el mismo Aznar declaraba que el PP era incompatible con la corrupción, mentía. Mintió al asegurar a los españoles que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva y luego hubo de reconocer la mentira a regañadientes cuando le probaron que no las tenía. Mintió afirmando que el atentado de Atocha del 11 de marzo de 2004 fue obra de ETA. Y sigue mintiendo. Probablemente mintió a Rato cuando nombró sucesor a Rajoy. Pero esa sería mentira piadosa.

Rajoy heredó el partido y la mentira. La ilustración muestra la comparecencia de la plana mayor del PP el 11 de febrero de 2009 a raíz de las primeras revelaciones de lo que luego ha sido esta inenarrable merdée de la Gürtel, Bárcenas, Bankia, Púnica, Matas, Ratos, etc. La convocatoria fue para proclamar una mentira a los cuatro vientos: esto no es una trama del PP, es una trama contra el PP. Seis años después, repasen el dramatis personae de izquierda a derecha:

Sáenz de Santamaría, cobradora de supuestos sobresueldos, dice que 500.000 parados defraudan y que el gobierno no se pronuncia sobre los asuntos fiscales de particulares salvo que se trate de gente de la oposición.

Aguirre puede impartir un máster en mentiras. Empezando por la primera de todas: que ella ha sido siempre liberal. Una liberal cuya vida activa consiste en siete años de funcionaria del Estado y más de treinta de funcionaria del partido, habiendo ocupado muchos cargos públicos, siempre predicando en contra del Estado.

Cospedal de la Mancha parece un personaje del Quijote, pues vive en un mundo alucinado, pero justamente falta en el Quijote porque Cervantes no incluyó ningún ejemplar de malvado. "El PP es el partido de los trabajadores"; esa es mejor que la del "despido en diferido".

Las historias de Monago sobre sus viajes a las islas afortunadas y otros lugares de ensueño pertenecen al feraz campo de la literatura de viajes fantásticos, exóticos y misteriosos.

Rajoy presidía el akelarre de la mentira. Su programa electoral era mentira de arriba abajo. Y sigue. Compareció en sede parlamentaria a mentir. Y sigue. Se enteró de la detención de su compadre Rato por la prensa y se lo habían comunicado antes, como es lógico. Pero la mentira ignora la lógica.

Ruiz Gallardón será recordado por los siglos como el hombre pío que quiso convencer a las mujeres de una mentira teológica, incomprensible: que arrebatarles un derecho era emanciparlas.

Ana Mato no sabía nada de lo que pasaba delante de sus narices, no sabía quién pagaba los viajes o el confetti de las fiestas de los niños, ni sabía cómo la calabaza arrumbada en el fondo del garaje se había transformado en un reluciente Jaguar.

En el caso de Camps la mentira abarca desde las facturas de la sastrería a las inversiones milmillonarias en grandes obras faraónicas, cesaristas, orientadas a convertir Valencia en la Alejandría del siglo XXI, a mayor gloria del "curita".

Y Botella al final. Esta no miente. Las almas simples no mienten. Su idea de que Cenicienta representa la esencia femenina ya lo dice todo. Lo que no dice es cómo ha podido ser alcaldesa alguien así.
 
En España, ahora, gobernar es mentir. Digánselo a los medios de comunicación. 

domingo, 26 de abril de 2015

La mentira y la mala fe en política.

Suele decirse que una buena campaña de comunicación política es aquella que consigue transmitir de modo rápido, sencillo, claro y masivo el mensaje del candidato o candidatos, cuando el electorado capta el contenido de su discurso, la verdad de sus intenciones y no hay confusión ni enredo. Los mejores asesores de comunicación (esos pájaros que reclaman siempre para sí los créditos de la victoria y desaparecen misteriosamente en la derrota) son los que consiguen convencer a la gente de la sinceridad y la veracidad de quien les paga.

Mentira. Eso es lo que dicen, pero no lo que hacen

La mejor comunicación política -una actividad en la que el embuste es consubstancial a casi todos los discursos- es la que vende como verdad una mentira, la que mejor oculta las auténticas intenciones de los candidatos, la que los ayuda a engañar a la gente, a falsear sus propósitos y tergiversar sus términos. Gana el que más miente.

Tómese un ejemplo cercano y sencillo: ¿cuántos de los partidos que se presentan a las elecciones del 24 de mayo reflejan en sus nombres, títulos, marcas o siglas sus programas o intenciones? Solo dos y medio: el Partido Socialista Obrero Español, el Partido Nacionalista Vasco y, en parte (por eso lo considero medio) Esquerra Republicana de Catalunya. Curiosamente, tres de los cuatro partidos más antiguos del país. El otro, el Partido Comunista de España, que yo sepa, no se presenta a las elecciones bajo sus propias siglas, sino camuflado con otras.

Para la sana mentalidad burguesa reformada, la base del negocio comercial es que las marcas digan la verdad, no engañen ni confundan con malas artes y peor fe la confianza de los clientes y consumidores. ¿Qué sucede en España hoy? Que salvas las dos excepciones y media citadas, todas las ofertas, partidos, coaliciones que se presentan a las elecciones, tratan de engañar, de mentir a la gente, de presentarse como lo que no son. Los ejemplos:

El partido popular lleva su afición al embuste y la patraña al extremo de que, al principio, ni siquiera se llamaba "partido", término que horrorizaba a los franquistas que lo fundaron. Así se llamaron "Alianza", que trae siempre buenas connotaciones a la derecha, al estilo de la "Santa Alianza". Viendo que con esta triquiñuela no ganaba elecciones aceptó ser partido y, como adjetivo, "popular". Exactamente ¿qué quiere decir "popular"? Nada, cosa que sus miembros saben de sobra. Es un truco populista de cuarta regional que no puede ocultar el ridículo de que siga llamándose "popular"un partido que no tiene nada de popular. El éxito, sin embargo, de la campaña de comunicación, es decir, de embustes y mentiras, consiste en convencer a la gente de que es "popular" un partido literalmente cuajado de aristócratas como Aguirre, Morenés, Becerril, etc que, además, de engañar a la gente, la desprecian.

El Partido Socialista Obrero Español no oculta sus señas de identidad ni su título. Cuando menos, no miente. Es más, es tal el éxito de su marca "socialista" que sus adversarios, cuando le niegan esa condición, lo que hacen es reprocharle haber traicionado el significado del término,  no ser verdaderamente socialista, atributo que se autoadjudican con desparpajo, pero sin motivo porque, se pongan como se pongan la marca será siempre del que la puso en circulación.
 
La izquierda no socialista hoy canta la copla habitual, la de la "traición" al auténtico socialismo, la patraña de redefinir la "izquierda", apropiarse el término y negárselo a los otros. El término "izquierda" sustituye hoy al que verdaderamente la identificaba: el de comunista. En la comunicación política de la antigua constelación comunista, Izquierda Unida en todas sus fracciones, Podemos y demás derivados, la única palabra que no aparece es la de su razón  ser, esto es, el comunismo que, como sabe todo el mundo, no sirve para ganar elecciones. O sea, dicho con claridad, apuestan por mentir y engañar. El intento de llevar la mixtificación al extremo de cuestionar la legitimidad del concepto mismo de izquierda cuando se es de izquierda eleva el propósito embustero y engañador a una demagogia casi neurótica. La propia de burgueses privilegiados apacentando al "pueblo" al que, obviamente, hay que engañar por su bien. E igual que con el Partido Popular, muchos anhelan que, en efecto, los engañen.
 
En Unión, Progreso y Democracia, una historia de éxito seguro, según algunos analistas políticos de ojo clínico qur los dioses les conserven, debido a las connotaciones positivas de los términos, la mentira era la de patas más cortas en toda esta historia: tres conceptos ampulosos para vestir y dotar de dignidad a un proyecto personal de supervivencia de una política, Rosa Díez, que no tenía literalmente nada que decir ni aportar a los problemas de la gente.
 
Ciudadanos es ya quintaesencia misma de la mentira y el engaño, muy al estilo de Podemos. Exactamente, ¿qué deben entender los votantes que propone Ciudadanos? Del nombre no se deduce nada. Igual podrían llamarse Caminantes o Seminaristas. ¿Y qué propugna? En realidad, nada: solo no hacer lo que se ha hecho hasta ahora y hacer lo que no se ha hecho. Puro embeleco 
 
Al lado de este coro de mentiras y falsedades, el Partido Nacionalista Vasco no engaña a nadie. El nacionalismo ha significado muchas cosas a lo largo de tiempo, pero siempre ha sido nacionalismo y el PNV su adalid. No se ha vestido de otra cosa, como Convergència i Unió, cuyo carácter independentista es una manifestación relativamente reciente.
 
La mentira y la mala fe son evidentes. De todos los partidos y formaciones que concurren a las elecciones, todos menos dos y medio, el PSOE, el PNV y, en parte, ERC, se presentan ocultando lo que son, mintiendo y  tratando de hacerse pasar por lo que no son. 
 
Buen momento para los de comunicación política. 

viernes, 6 de marzo de 2015

El valor y la cobardía en política.


Todo el mundo está familiarizado con el apotegma del pesado prusiano von Clausewitz, de que "la guerra es la continuación de la política por otros medios". Menos gente conoce el retrúecano del efervescente poitevino Foucault de que "la política es la continuación de la guerra por otros medios", conclusión que Palinuro tiene por tan cierta como la del teutón.
La política es guerra de otra forma ¿Qué cualidades debe tener un líder, un caudillo, un dirigente? Clarividencia, desde luego, y carisma, mucho carisma, esto es, encanto personal, crédito y atractivo de masas. ¿Y qué más? Valor. Sobre todo valor. El valor es lo esencial porque, siendo la única virtud que, como dice Napoleón, no se puede fingir, debe estar presente en el líder militar y el civil, en el general y el político. ¿Y qué es el valor? La capacidad de enfrentarte a lo difícil, quizá lo desconocido, lo que puede vencerte y poner en peligro tu supervivencia, tanto en el orden físico como en el intelectual. La capacidad de jugártela con quien puede vencerte. Quien puede demostrar que eres peor estratega en el campo de batalla, que no tienes ideas militares ni civiles, que no tienes recursos, que defiendes teorías inferiores o falsas. O mentiras.
Por eso no es infrecuente que los líderes escurran el bulto, se nieguen a los enfrentamientos o debates, o solo los quieran amañados, con diálogos preconvenidos o debatientes de segunda o tercera.
¿Es valor enfrentarse a enemigos inferiores o que no pueden defenderse? No; es cobardía y, si el valor no puede fingirse, la cobardía no puede ocultarse.
¿De quién se habla aquí?
Juzgue el lector.
De tod@s los dirigentes que se den por aludid@s. Ell@s saben quiénes son.  

miércoles, 21 de enero de 2015

Así que... la casta, ¿eh?


No hace mucho, Pablo Iglesias aseguraba a sus enfervorizados seguidores en Cataluña que nadie lo vería abrazarse con Artur Mas, despreciable epígono de la casta. Por entonces venía de tomar café con pastas en una reunión secreta con José Bono y Rodríguez Zapatero, no menos despreciables miembros de la no menos despreciable casta. Dirigentes del PSOE, que, como todo el mundo sabe, es igual al PP que, como todo el mundo sabe es igual a CiU. Todos iguales en la amalgama de la casta, gente que teme al pueblo, que no da la cara, que se esconde en reuniones y conciliábulos secretos. A él, Iglesias, nunca se lo vería en una de estas porque todo lo hace al descubierto, a la vista de la gente, coram populo, ante todos los compañeros y compañeras, las bases, las asambleas, a quienes se informa de todo y toman las decisiones en público.

Porque decía en una entrevista en 20 Minutos Nosotros no somos de cosas secretas. Eso queda para la gentuza de la casta, para la castuza.

Y hoy se entera la gente de que este puro adalid de la publicidad se reunió en secreto con Zapatero y Bono hace unos meses. Y se entera porque lo revela la periodista Esther Palomera en el Huftington Post, no porque ninguno de los dos asistentes, Iglesias y Errejón, lo revelara. Estos, que no son de cosas secretas, estaban callados como muertos. Alguien se ha ido de la lengua. ¿Quién?

Averígüelo Vargas o el que esté interesado en este tipo de cotilleos, que hay muchos, porque la política española consiste básicamente en esto, en cotilleos.

Descubierto el secreto conciliábulo, los que intentaron ocultarlo dicen ahora que es la cosa más normal del mundo, que no tiene nada de malo. Entonces, ¿por qué lo han ocultado? Pues por eso, porque carece de importancia pública que cuatro personas se reúnan privadamente, a hablar de teoría política, de literatura y quizá de los manuscritos del Mar Muerto, explicaciones que amontonan innecesariamente porque están convencidos de que la gente es idiota y se le puede contar lo que sea. Sin embargo, estas personas no son personas privadas cualesquiera sino los principales dirigentes y exdirigentes de importantes formaciones políticas que, cuando aparecen en público es, justamente, para insultarse. ¿Cómo no va a tener interés general una reunión secreta entre quienes dicen a los demás lo que tienen que hacer, pensar, votar y que, en público, entre sí, se atacan?

La reunión tenía que ser secreta y, al parecer a ello se comprometieron los asistentes, cumpliendo, sin duda por ignorancia, el famoso dicho kantiano de que "todo aquello que, afectando a terceros, no puede hacerse público, es malo".

Claro que hay grados y grados de maldad. En el caso de los dos socialistas es explicable. Bono, un seudosocialista nacionalcatólico cree que la política es esto, pura intriga, maniobra, conciliábulo y mentira institucionalizada. Zapatero, algo mejor persona, pero bastante limitado, hace cualquier cosa con tal de estar en la pomada. Que ninguno de los dos dijera nada a Pedro Sánchez quien, por supuesto, debería estar enterado de que miembros de su partido hablan a escondidas de él con gente que va por las corralas poniéndolo de chupa de dómine, demuestra de qué estofa moral está hecha la alta militancia en el PSOE y qué grado de compañerismo hay en él. Vamos, que Palinuro -cuya simpatía por Sánchez es nula- le manda un abrazo y le compadece por los felones que tiene que soportar en su partido pues, anticuado como es, piensa que los hombres, antes que socialistas, católicos o de Podemos deben ser nobles.

¿Y los otros dos? Los del asamblearismo, puertas abiertas, transparencia, los legatarios de los bolcheviques en la paz de Brest-Litovsk, cuando Trotsky anunció a un mundo perplejo que los revolucionarios renunciaban a las cláusulas secretas en la diplomacia porque el pueblo tiene derecho a saber siempre qué hacen sus gobernantes. Los herederos del 15M que sí representan a la gente, le dicen lo que piensan y hacen y toman las decisiones de abajo arriba. ¿Qué hacían esos dos?

Engañar, mentir, defraudar como bellacos. Por eso no querían que la reunión se conociera. Porque era una reunión con dos de los más destacados miembros de la casta, uno de los cuales nada menos que el artífice de la reforma del artículo 135 de la CE a espaldas del pueblo. Del otro, el siervo devoto de sor Maravillas ni merece la pena hablar.

Palinuro se ha sentido tan estafado y burlado por estos farsantes como, supongo, el resto del personal. Y eso que nunca se tragó el rollo del empoderamiento que los de Podemos van soltando por ahí para engatusar a la gente del común y hacerle creer que pinta algo cuando no pinta nada porque, bien se ve, el juego de estos nuevos predicadores es el mismo que el de la casta, concepto que, como todos los que manejan está copiado, literalmente plagiado, de elaboraciones ajenas.

En los últimos días venía lloviendo sobre mojado. En Sevilla, Iglesias vilipendió y zahirió a Pedro Sánchez, mientras callaba sobre el desastre del gobierno de la derecha; insultó a la izquierda llamándonos "trileros"; y difamó a la presidenta de Andalucía sin que, hasta la fecha, haya probado las acusaciones ni se haya disculpado. Todo con la arrogancia y la prepotencia de los jayanes del PP.

Sabiendo con quién se reúne en secreto a hablar de "teoría política", la verdad, no es extraño.

Si se miente a 4.000 personas, ¿por qué no a 47 millones?

La mentira es uno de los recursos habituales de los politicastros de la vieja y corrupta escuela. En el PP mienten hasta los notarios y nadie cree una sola palabra de lo que dice Rajoy o cualquiera de los cobradores de sobresueldos a sus órdenes.

En el mitin en Sevilla, Pablo Iglesias acusó ante 4.000 personas a Susana Díaz de haber prohibido que la TVA lo entrevistara. Poco después, la directora del programa desmentía en directo la acusación afirmando no solamente que la censura o prohibición no se había producido sino que, al contrario, la cadena lleva meses solicitando una entrevista con el dirigente de Podemos sin conseguirla hasta la fecha.

La acusación de censura a un medio de comunicación es muy grave. Ataca la dignidad de los profesionales. Al comentar el asunto Palinuro sostuvo que ese incidente no puede quedar así: o Iglesias demuestra su acusación o se retracta. Después de las explicaciones de los periodistas,  si no hay prueba ni retractacion, hay mentira. Y, si alguien es capaz de mentir a 4.000 personas en su cara, ¿por qué no va a mentir a 47 millones?

Palinuro añadía que, si se probaba que Díaz había dado orden de que en su televisión no se entrevistaba al coletas, debía dimitir. Y lo mantiene. Pero ahora añade que si, por el contrario, resulta que el que ha mentido es Iglesias, es él quien debe dimitir e irse a su casa.

¡Qué tontería! Pero hombre, Palinuro, dice la sabiduría convencional, esto es España, lugar en el que miente todo el mundo, empezando por el gobierno. Y no dimite nadie, nunca, por nada.

Verdad es, pero estos de Podemos, ¿no venían a desterrar tan malos hábitos y regenerar el país?

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Actualización: leo que Podemos ha divulgado un comunicado según el cual la entrevista estaba acordada pero TVA la canceló sin previo aviso ni explicación. Aportan un whatsup con TVA que parece probarlo, aunque de una forma imprecisa porque puede referirse a la entrevista de Iglesias o a cualquier otra. Y hubo otra. Eso vuelve a poner la pelota, al menos en parte, en el tejado del canal público. ¿Son suficientes las explicaciones de la directora del programa? ¿Estaba o no acordada la entrevista? Y, si lo estaba, ¿quién la canceló, por qué y por qué no se explicó? Eso en cuanto a la cadena. En cuanto a Podemos, el whatsup obliga a parar un instante; pero solo un instante. Para que lo que dicen sea creíble, han de probar que esa entrevista concreta estaba apalabrada. De no hacerlo la mentira quedará como mentira.

Y en cualquier país del mundo con el que Podemos quiere equipararnos, mentir en público, mentir a la gente, a los electores, es el fin de la carrera política del mentiroso.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Ya no basta con mentir.


Efectivamente, ya no basta con convocar una rueda de prensa, comparecer solemne en carne mortal y no en plasma y soltar la acostumbrada sarta de trolas y embustes. Después de tres años de engaños, silencios y excursiones por los cerros de Úbeda, no es que el crédito del presidente esté "bajo mínimos". Es que está en el cero absoluto. Nadie lo cree. Ni él mismo.

Por eso ya no se molesta en hacer verosímiles los datos que habitualmente manipula. Ahora ha decidido recurrir a la retórica, incluso a la licencia poética. Así, el 11 de diciembre anunciaba que la crisis ya es historia, una frase autorreferencial, destinada a hacer historia, como la de "ya no hay Pirineos" o "vine, vi, vencí". Pero la opinión descreída se la tomó a chirigota y hasta los suyos le dijeron que redujera el redoble. Se vistió entonces de experto ténico y anunció que 2015 será el año del despegue definitivo de la economía. Ciberlandia sacó su más afilado sarcasmo y apostó porque el despegue se haría desde el aeropuerto de Castellón de la Plana.

Escarmentado de tanta burla Rajoy redujo el núcleo de su habitual patraña a su mínima expresión, confiando en hacerla más aceptable a fuer de modesta:   "España ha conseguido superar la peor etapa de la crisis sin menoscabar lo sustancial del sistema de protección social" . Pero ya es tarde hasta para la modestia. Ni los suyos lo creen. Zarzalejos, un periodista de acrisolada tendencia a la derecha del PP, califica el año que resta de legislatura de año políticamente agónico.

Efectivamente, ya no basta con mentir, ni siquiera en sordina. Hay que echar mano a otros recursos para mantener quieto el Reino. Y a no dudarlo, se recurrirá a ellos:

La amalgama. Una vieja táctica, consistente en meter en el mismo saco a dos o más adversarios, asegurando que son todos iguales. Los estalinistas la emplearon con gran éxito en la Unión Soviética y en España, asegurando que los trostkistas eran colaboradores de los nazis. Los comunistas también se la aplicaban a los socialdemócratas en los años treinta, hablando del socialfascismo. Ahora se oye mucho hablando de la igualdad entre PP y PSOE y, desde luego, el partido del gobierno recurre a ella con fruición equiparando a Podemos con el comunismo, el chavismo y el populismo en general, y al soberanismo catalán, cómo no, con los nazis, en aplicación de la Ley de Godwin.

La intoxicación. A estas alturas no debe quedar aspecto de la biografía de los líderes adversarios más populares, especialmente en Podemos y el consabido soberanismo catalán, que no se haya escudriñado milimétricamente en busca de cualquier asunto, por insignificante que sea, que se pueda agrandar hasta convertirlo en escándalo y desprestigio. Y, si no se encuentra, se inventa. Para eso el gobierno y su partido tiene prácticamente comprados a todos los medios escritos en papel y audivisuales con la misión de cantar sus alabanzas y denigrar a sus adversarios, incluso al modo torticero en que lo hace a veces RTVE, cuando enmarca noticias sobre Podemos con anagramas de Bildu, por ejemplo.

La oración. Este recurso no debiera figurar aquí de ser España un país normal. Pero no lo es. Este gobierno no echa solamente mano del BOE, de los informes oficiales, los expedientes administrativos y los códigos para gobernar sino también, y mucho, del misal. Vari@s ministr@s ponen sus políticas públicas bajo la advocación de diversas Vírgenes, otros se asesoran directamente en las sacristías y otros hacen pública ostentación de su fe. ¿Por qué no convocar procesiones y oraciones colectivas para salir de la crisis y ganar las elecciones igual que las gentes sencillas impetran la lluvia?

La represión. El espíritu es fuerte pero la carne es débil. La gente es de una contumacia insoportable en la protesta, sobre todo los catalanes, a quienes no parecen tranquilizar las jaculatorias del Rey. Hay que estar preparados para defender el orden. La crisis y los recortes no han pasado por el ministerio del Interior que lleva años pertrechando a las fuerzas de seguridad con medios materiales de todo tipo para hacer frente no ya a manifestaciones pacíficas y alguna algarada ocasional sino a sublevaciones en toda regla, como las de los campesinos en Alemania o la revuelta de los payeses en Cataluña. Lo peor no es que estas fantasías puedan realizarse. Lo peor es que quizá haya alguien interesado en provocarlas. La nueva Ley Mordaza es la verdadera clave del sentido de la legislatura. La prueba definitiva de que estamos saliendo de la crisis es que se prepara un Estado policial.

Ya no basta con mentir.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

sábado, 27 de diciembre de 2014

Epiménides el cretense en La Moncloa.


Entre las escasísimas virtudes de Rajoy nadie, que yo sepa, le ha reconocido la de haber resuelto por la vía rápida la famosa paradoja de Epiménides. Ayer, en su comparecencia ante los medios, la última de este año, hizo un balance triunfalista de los tres de legislatura, puro acto de propaganda, tan repleto de embustes, medias verdades y engaños como todas sus intervenciones públicas. El embustero compulsivo y presunto cobrador de sobresueldos dice que él, a diferencia de Epiménides, nunca miente. Y vuelve a mentir.

El enunciado esencial del acto es que 2014 fue el año de la recuperación y 2015 será el del despegue. El empleo de este término debe de ser aportación de algún asesor que leyó en su juventud la célebre obra de Walt Whitman Rostow, Las etapas del crecimiento económico, libro que, significativamente, se titulaba "un manifiesto no comunista". La mención se convirtió en chirigota de los internautas, especialmente los tuiteros. Un tuit de gran difusión decía que el despegue de 2015 se hará desde el aeropuerto de Castellón de la Plana. Si tenemos en cuenta que, en la aplicación del modelo rostowiano a España suele considerarse que la etapa del despegue o take off se dio en 1959, puede verse cuán errado anda Pedro Sánchez al exigir a Rajoy que no hable de "recuperación" hasta alcanzar las magnitudes de 2006, antes de la crisis, cuando precisamente quiere ponerla en 1959.

Para justificar su optimismo -propaganda para esta larguísima campaña electoral de un año que se avecina- Rajoy echa mano de una serie de datos que hablan de crecimiento cuantitativo del empleo, de más puestos de trabajo, de las afiliaciones a la seguridad social, de más pensiones, y lleva su falta de sentido del ridículo a presentar como jugosa prueba dos escuálidos aumentos de 0,25% las pensiones y 0,5% el SMI, lo que suena más como una tomadura de pelo. Tomadura de pelo sangrante cuando se recuerda que, al parecer, él se subió el sueldo un 21% hace un par de años, sin contar los sobresueldos que estuvo otros veinte percibiendo.

Por supuesto, hay una andanada de datos que desmienten de raíz la afirmación presidencial. Según las magnitudes que se elijan y los años de comparación, puede fingirse una recuperación, como hace Rajoy, o constatar que estamos peor que hace un año, como puede ver cualquiera. En realidad se han destruido más puestos de trabajo de los creados y el paro no ha disminuido, sino que ha aumentado. El más de millón de personas que han emigrado en los dos últimos años y son parados que no se contabilizan como tales lo prueba. El 35% de contratos son basura y su reflejo en la seguridad social un puro engaño. El miserable aumento del PIB se debe a que estos sinvergüenzas han empezado a contabilizar la prostitución y el tráfico de drogas. El día en que contabilicen lo que ellos mismos roban estaremos en cabeza del crecimiento mundial. Por no hablar de los desahucios, los índices de pobreza y desigualdad, la deuda, la gente buscando comida en los contenedores, etc. Todo en la comparecencia del sobresueldos fue mentira. Como siempre.
 
Rajoy comenzó su mandato haciendo lo contrario de lo que prometió en la campaña electoral y reconociéndolo paladinamente con la curiosa fórmula de que "no había cumplido sus promesas", pero había cumplido con su deber". Su deber, por tanto, era mentir. ¿Cómo puede decir ahora que "nunca ha engañado a los españoles" si no ha dejado de hacerlo? O de intentar hacerlo, porque la verdad es que en el país no le cree nadie. Más del 80% de los ciudadanos, según los barómetros del CIS no le concede crédito. Así que da igual lo que diga.

¿Para qué vamos a molestarnos en demostrar lo archidmostrado, esto es, que el presidente no solo ha engañado (o pretendido engañar) a los españoles y sigue haciéndolo? No merece la pena. Un somero repaso al cuadro de la derecha ilustra sobre las ocho más obvias mentiras de Rajoy a lo largo de esta triste legislatura que no es si no una historia de mentiras, engaños y propaganda. Este gobierno de presuntos corruptos llama:
  • "Partido político" a una asociación de supuestos malhechores;
  • "seguridad ciudadana" a un Estado policial de inseguridad e impunidad represiva;
  • "gratuidad de la justicia" a imponer tasas que imposibilitan el acceso a los tribunales;
  • "defensa de los derechos del no nacido" a negar los derechos de las mujeres;
  • "patrimonio cultural" a la tortura de animales;
  • "libertad de expresión" a un régimen de censura con periodistas esbirros a sueldo;
  • "democracia" a negar el voto a los catalanes.
Si nos atenemos a los resultados, es cierto que el sobresueldos no ha engañado a los españoles, pues no le cree nadie. Pero si nos atenemos a las intenciones es evidente que el gobierno no ha hecho otra cosa desde 2011 que mentir e intentar engañar a la gente.

jueves, 2 de enero de 2014

Ni Rajoy cree a Rajoy.


No pudiendo seguir escudándose en el plasma, ni dando esquinazo a los periodistas, ni entrando por la puerta de servicio, ni soltando necedades estilo la segunda ya tal, nuestro hombre no tuvo más remedio que comparecer en rueda de prensa hace unos días, a dar cuenta del año que se acababa. Hiló así uno más de sus discursos antológicos, hechos de mentiras, olvidos, perogrulladas, ignorancias y silenciamientos. Otro insulto a la inteligencia. Otro más.

Ignoro quién prepara las intervenciones públicas, las comparecencias, las peroratas de este remedo de presidente de gobierno democrático. Ignoro si lo hace por dinero, por convicción ideológica o porque está cautivado con la personalidad y el encanto, por no hablar de la dicción, de este político desacreditado, desprestigiado, sospechoso y acusado de corrupción, embustero compulsivo y considerado en la UE como el líder más incompetente de toda Europa. Sea quien sea, está llevándolo de cabeza al precipicio de la desafección más absoluta. Casi parece un submarino del PSOE, empeñado en mostrar a Rajoy tal cual, por desgracia, es: un marrullero autoritario, nacionalcatólico, oportunista, corrupto hasta la médula y falto de toda credibilidad ante la ciudadanía.

Rajoy intentó circunscribir su comparecencia a sus habituales mentiras en los asuntos económicos de los que no quiere salir para no mencionar los temas escabrosos que lo acechan y son los verdaderamente interesantes: cuántos sobresueldos cobró mientras pedía austeridad y sacrificios a los demás, qué relaciones reales tenía con Bárcenas (y que aún están por averiguarse porque él miente de forma sistemática), a cuánto asciende la contabilidad B de su partido, esa que él niega mientras las pruebas la afirman. Inútil también preguntarle qué piensa de la ley mordaza, de la ley contra las mujeres y otras normas represivas perpetradas por su gobierno. Hace como que no oye; ignora las preguntas. Inútil igualmente preguntarle cómo piensa resolver el problema catalán: no tiene ni idea, pero no dice que no la tiene. Simplemente, como siempre, calla.

A los dos años de emplear esta desvergonzada táctica, el muñidor de la imagen de Rajoy debiera, quizá, cambiar de tercio. El bajísimo índice de valoración que del presidente del gobierno reflejan las encuestas es una pista de algo por lo que todavía no se pregunta pero que podría empezar a hacerse: el altísimo grado de desprecio, burla e irrisión que este hombre despierta. La gente ha calado a un granuja timador, capaz de decir cualquier cosa con tal de salirse con la suya, un politicastro de tres al cuarto que está empleando todo el poder del Estado en aumentar los privilegios del cuerpo de registradores de la propiedad, al que pertenece y el poder de las diputaciones provinciales, su auténtico mundo mental.

No había acabado este presunto cobrador de sobresueldos de leer las mendacidades que sus escribas le habían apuntado en el papel y ya estaba un reconocido economista experto en estos temas en una televisión demostrando que el discurso del presidente no era más que una sarta de mentiras, que los datos económicos en que basa su triunfalismo y sus afirmaciones de estar saliendo de la crisis, son falsos, están manipulados y solo pretenden trazar un cuadro optimisma para oscurecer los asuntos procesales, de corrupción, de robo y saqueo, los escándalos de su gobierno y su partido y el carácter autoritario, fascistizante y nacionalcatólico de su política.

Es patente para todo aquel que no se nutra del pábulo intelectual de tebeos como La Razón. Y tanto es así que, según rezan los sondeos, nadie presta crédito al presidente en España. El 71% de los españoles no cree en la "recuperación" de Rajoy. Ni siquiera le creen los votantes del PP. Es más, seguro que a Rajoy no lo cree ya ni Rajoy.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

lunes, 14 de octubre de 2013

La maldición de la Triple C.


La política española está dominada por tres problemas duros, ásperos, difíciles de abordar, tanto más de resolver y que, para poner una nota de romanticismo y suspense en el asunto, llamaremos la triple C. Cataluña. Comisión de la verdad. Corrupción. Tres ces como tres castillos, que son tres embrollos de muy distinta naturaleza pero que tienen algo en común: quien ha de resolverlos es un gobierno y un partido con un talante autoritario, nada proclive a la negociación, muy ideológico y hasta radical, según reconoce ya el presidente de ambos en una entrevista de hoy en el Kurier austriaco. Siguiendo su costumbre de decir fuera lo que no dice dentro.


Cataluña. Los organizadores de la concentración por la unidad de España en la Plaza de Cataluña, en Barcelona, reconocen que pincharon. Los varios miles de manifestantes no son nada comparados con los cientos de miles de los independentistas. Y el pegote franquista con los energúmenos luciendo la parafernalia facha no contribuye a hacer simpática su causa. Probablemente la plataforma de la monja Forcades y el economista Oliveres en pro de un proceso constituyente en el Montjuich ha reunido más gente que el PP y Ciutadans. Por la vía de los números callejeros, el unionismo lleva las de perder. Quizá sea un buen momento para pensar en un referéndum que nos diga cuál es la fuerza de cada cual. Pero de referéndums, ni se habla. Al contrario, se recuerda que ya hay un referéndum cada cuatro años en forma de elecciones en donde cada cual vota lo que quiere. Probablemente sea el argumento que haya llevado a Mas a postular ese extraño híbrido, ese hipogrifo de unas elecciones plebiscitarias. Con la cuestión de los votos, que me parece insoslayable, se mezcla ahora la de la financiación, tema que solivianta a otras comunidades autónomas, singularmente Madrid que se considera a sí misma como un Estado dentro del Estado. Y, si consigue variar la ley antitabaco, que es ley estatal, habrá de reconocerse que lo es. Es preciso separar la cuestión independentista de la de la financiación si queremos llegar a algún acuerdo medianamente civilizado. En contra de lo que el gran estratega de La Moncloa dice creer, esta oleada independentista ya no se para con un nuevo acomodo financiero especial para Cataluña. Ahora hay que hablar en términos políticos.

Comisión de la verdad. Ayer mismo la iglesia beatificaba a quinientas víctimas de la guerra civil, asesinadas, se dice, por su fe religiosa, cosa que no es cierta. Muchos de ellos fueron asesinados por ser pistoleros. Lo cual tampoco es una razón para asesinar sin más a nadie pero, desde luego, poco tiene que ver con la fe. De distintos lugares llegaron al Papa con anterioridad peticiones para que, antes de la beatificación, la iglesia pidiera perdón por haber apoyado un régimen genocida, uno que luego se autamnistió con una ley de punto final. El Papa es argentino, pero se ha callado. Puede que no sea tan progre como parece o puede que, habiendo tomado nota, deje para otro día un enderezamiento de la situación. Porque la situación está muy torcida. Se les debía caer la cara de vergüenza de beatificar a unos teniendo a más de cien mil de los otros sepultados de cualquier forma por las cunetas de España. Los enviados de la ONU se han ido pidiendo al gobierno que aplique la Ley de la Memoria Histórica, una ley a la que el gobierno ha dejado sin financiación. La oposición, por su parte, reclama de ese mismo gobierno que constituya una Comisión de la Verdad sobre los crímenes del franquismo; del que se niega a considerar delito la apología del franquismo. Por más que el gobierno quiera ocultarlo, silenciarlo, este es un problema que tendrá que encarar y, para vergüenza nuestra, por presión exterior. Hace falta ser bruto e ignorante para decir que a la gente no le importa en dónde y cómo estén enterrados los suyos. Todo el drama de Antígona, probablemente la pieza de teatro de mayor trascendencia política, gira en torno a la orden de Creón de que uno de los hermanos de Antígona, el atacante, quede sin sepultar, a merced de los perros y los buitres. El culto a los antepasados es algo intrínseco a la naturaleza humana. Y, mientras los de las fosas comunes y anónimas siguen ahí, cada vez son más notorios y vociferantes los seguidores y descendientes de quienes las llenaron de cadáveres, obviamente con no otra intención que mostrar que están dispuestos a hacer lo mismo.

Corrupción. La tercera C, la más siniestra. La política del gobierno de negar la evidencia no funciona ni puede funcionar. El asunto Bárcenas está tan presente como el primer día. No hay forma de acallarlo porque discurre por los meandros de un proceso que da sorpresas continuas. Así se discute sobre la conveniencia de llamar a declarar como testigo a Rajoy como se imputa al gerente del PP en Castilla La Mancha y se abre la posibilidad de que Cospedal vuelva ante el juez de nuevo como testigo y quién sabe si como imputada. Faltan 200.000 euros de un presunto cohecho y en algún lugar estarán. Si se emplearon para financiar la campaña electoral de Cospedal el 2008 es mal asunto, pero si no se emplearon en eso, el asunto es peor. La corrupción lo engulle todo. De los ayuntamientos no hace falta hablar. El último en incorporarse a la reata, el de Melilla, con su doble condición de municipio y ciudad autónoma. Las comunidades autónomas, gestionadas con auténticas golferías. Y el gobierno del Estado en manos de un señor que cobraba suculentos sobresueldos con cargo a donaciones presuntamente ilegales; el mismo señor que se permite decir, siempre fuera, claro, que no solamente condena la corrupción sino que la combate, una afirmación que solo puede colar en el extranjero pues aquí cualquier puede ver que tanto él como su partido hacen lo posible por obstruir la acción de la justicia. Es una sinceridad tan notable como la de Cospedal quien, por cada paso procesal que la atrae de nuevo ante el juez en el asunto Bárcenas, dice alegrarse lo indecible. Dejemos también de lado la tambaleante monarquía. Ese sainete de las tarjetas de crédito, las declaraciones de Hacienda, las transferencias bancarias, las simulaciones, las mordidas, las comisiones, se han llevado por delante el escaso prestigio que le quedaba a la Corona.

La maldición de la triple C.