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sábado, 18 de marzo de 2017

Todo se acaba, hasta lo malo

Magnífica noticia, aunque redundante. ETA ya había anunciado hace años el fin definitivo de sus actividades. Pero, al no desarmarse por entero y sin condiciones, justificaba la intransigencia de las autoridades. Por fin parece haberse dado cuenta y realiza el acto simbólico que debiera cerrar del todo este siniestro capítulo de la historia de España y el País Vasco.

Podía haberse dado cuenta antes y de algo mucho peor: ETA no ha servido para nada salvo para causar muerte y sufrimiento, deteriorar la fibra moral de la sociedad vasca y obstaculizar el logro de los fines nacionalistas/independentistas que decía defender. Y, lo que es peor, no solo en su casa sino también en casa del vecino. Mientras duró la violencia, el discurso del Estado español fue "en tanto no callen las armas, no cabe hablar de nada. Cuando callen se podrá hablar de todo."

Era mentira, pero la actividad terrorista de ETA impedía que se revelara como tal. Silenciadas las armas en el proceso habido en Cataluña, una tierra en la que el independentismo es y ha sido siempre pacífico (exceptuado el breve episodio de Terra Lliure) la mentira se ha revelado mentira. No era cierto que sin violencia se pudiera hablar de todo. Hablar, claro, en un sentido performativo, práctico, no meramente especulativo. No se puede hablar de autodeterminación, ni de derecho a decidir, ni de independencia, ni de referéndum, ni de muchas otras cosas.

España supo enfrentarse a la violencia porque lo hizo con violencia, en cuyo uso es ducha. Pero no sabe enfrentarse a la reivindicación pacífica, porque el diálogo y la negociación no están en su bagaje.

lunes, 13 de junio de 2016

La locura es individual

A la vista de la matanza de Orlando, ¿tiene sentido acordarse de la perpetrada por Anders Breivik, el nazi noruego, en Oslo, en 2011 y por unos terroristas islamistas en París en 2015? Setenta y siete personas murieron en la primera ocasión. Eran, creo recordar, gentes de una organización juvenil socialdemócrata en un campamento de verano. En el caso francés unas gentes que estaban divirtiéndose en unas salas de fiestas, más de 120 muertos. Y nada que ver con un club gay en Orlando, Florida. Nada es nada. No hay pauta, no hay "método en la locura", como pensaba Polonio de Hamlet. No hay más que una persona toma una decisión que acaba con la vida de otras. Y esa decisión la toma por su cuenta y bajo su responsabilidad.

Para mayor complicación, aunque lo más sencillo y frecuente es que se considere locos a los asesinos, que "se les ha ido la olla", no tiene por qué ser así. Aunque fastidie reconocerlo. No podemos saber cómo era el autor Omar Siddique Mateen porque está muerto. Pero sí sabemos cómo está Anders Breivik. Por cuanto puede verse es una persona cuerda; parece ser autoritario, pero eso no es un delito; muchos lo son, sin llegar a abrir fuego sobre una muchedumbre. Puede estar poseído de una manía de erostratismo, pero eso no explica por qué le da por asesinar a sus semejantes en lugar de volar el Taj Mahal, por ejemplo.

El autor pude haber actuado siguiendo algún mandato que juzga superior. Es posible. En algún sitio he leído que uno de estos curas musulmanes anda diciendo a gritos que los gais deben perecer. También es posible. Algo similar dice el Cardenal Cañizares en España. Cierto que Cañizares no desea ni ordena la muerte de ningún gay, pero es que eso, por ahora, es delito. Habría que saber la opinión de Cañizares si no lo fuera. Y, en el caso de Breivik, quizá no habrá voz clerical alguna representante de la Valhalla que ordene expresamente acabar con los socialdemócratas en un campamento de verano. Como tampoco parece que a algún clérigo musulmán francés haya predicado la necesidad de dar muerte a la gente que se divierte en una discoteca. Pero el dicho Breivik puede creer que esa orden está implícita en su forma de entender la vida del nazi ario puro, como los ocho terroristas parisinos pueden pensar que solo se es verdadero creyente cuando se asesina a los no creyentes. Son conclusiones que alcazan por su cuenta. 

Haya o no haya las voces, molestarse en encontrar la justificación causal de un crimen en una ideología, religión o concepción colectiva del tipo que sea, es perder el tiempo. Sobre todo si se hace con ánimo de prohibir luego estas creencias colectivas. Las creencias no pueden prohibirse. Sí pueden sus manifestaciones prácticas, objetivas, pero no en su pura actividad subjetiva.

Los responsables de sus actos son en primer lugar (y muchas veces único, aunque no siempre) los individuos. Esto es, el terreno de lo desconocido. Nunca sabremos cómo van a reaccionar los demás a nuestros actos, incluso a nuestros no actos, a nuestra mera presencia en el mundo. En la inmensa mayoría de los casos sí decimos saberlo porque damos por bueno el instinto y sentido de supervivencia en nosotros mismos y en los demás. Pero eso no es saber y, además, no funciona siempre. La ruptura del sentido de supervivencia propio o ajeno no puede darse por imposible con aboluta seguridad. La baja probabilidad del asunto no quiere decir nada desde un punto de vista moral: un solo caso entre millones plantea el mismo problema de comprensión que si fueran muchos más.

El bajo índice de probabilidad del crimen, desde el punto de vista jurídico puede servir para calibrar la intensidad de la respuesta y dictar las normas generales que parezcan más adecuadas a la opinión pública.

Pero locos que aprieten el gatillo en una concentración de gente habrá siempre. 

domingo, 14 de febrero de 2016

Delicias del patriarcado: mujeres, niños

Dos mujeres más asesinadas presuntamente por sus maridos y probablemente en sendos crímenes machistas. Dos mujeres septuagenarias muertas a manos de sus esposos seguramente de edades parecidas. Hace unos días, en una interesante entrevista a una estudiosa de estos asuntos, decía esta que la violencia machista cruza clases sociales, profesiones, niveles de ingreso. Y edades. Cualquiera diría que a los setenta años, cuando la nieve de la edad cubre sus sienes, los hombres deberían haber aprendido a domeñar sus pasiones, sus impulsos más criminales. Evidentemente, no es así, o no es frecuente. Según parece los partidos están dispuestos firmar un pacto de Estado contra la violencia de género. No tengo muy claro que estas cosas sirvan para mucho. Incluso es posible que tengan efectos desmovilizadores porque, mientras se establece el pacto y este actúa, aunque no sirva para gran cosa, mucha gente puede pensar que no hace falta nada más porque ya está el pacto.

El problema es básicamente de educación y de trasmisión de valores y pautas culturales en el patriarcado. O sea algo que llevará mucho tiempo, años incluso, antes de que las cosas cambien visiblemente. Por supuesto, bienvenido sea el pacto, pero su efecto será moderado en el mejor de los casos.

La educación y el sistema de valores y pautas culturales. La educación es esencial. Es casi todo en la vida. Por eso los curas no quieren perder su control, porque es decisiva para la trasmisión de su doctrina. Y en ese dominio de la educación se producen los casos de pederastia que tanto han ensuciado el nombre del catolicismo. Generalmente afecta más a los católicos que a los protestantes y es bastante razonable vincular esta práctica con la estúpida orden del celibato.

La cuestión es aquí si es lícito incluir la pederastia como crimen de patriarcado y, si bien se piensa, así es. La pederastia es un comportamiento en el ámbito de la conducta basada en la obediencia infantil a las figuras de padres. No hay duda: son delitos típicos del patriarcado.

jueves, 17 de diciembre de 2015

La violencia en España.

Ayer murió otra mujer, presuntamente asesinada a cuchilladas por su marido en Zaragoza. No sé qué ministerio dice que van más de cincuenta asesinadas este año. 814 en los últimos 12 años. Es lo que se llama feminicidio. Ignoro si hay estadísticas de cuántos hombres han muerto en este mismo periodo a manos de sus mujeres pero no creo que lleguen a la media docena. Reténgase el dato para hablar luego de equiparar la violencia contra las mujeres con la que estas puedan hacer a los hombres.

La víctima era de 44 años y el victimario de 49. La pareja no tenía hijos. Fueron los vecinos quienes avisaron a la policía al oir gritos y ruidos de discusión muy violenta. No constaba denuncia alguna previa por malos tratos pero, según parece, la víctima había iniciado los trámites para el divorcio. Obviamente, algo intolerable para un machista que considera su esposa una propiedad suya,  como sus zapatos, más o menos a la altura de estos; y sería insólito que los zapatos quisieran divorciarse. Por cierto, extraño que aún no haya aparecido algún obispo diciendo que lo mejor para acabar con la violencia machista es volver a prohibir el divorcio, como en tiempos del bendito Franco, al que llevaban bajo palio.

Este nuevo crimen machista ha provocado cierta conmoción en la opinión pública. Ha habido mucha condena en los ambientes feministas, y las minorías de género. También algunos políticos han manifestado su pesar y creo que la autoridad competente ha ordenado que haya tres días de duelo oficial en la capital aragonesa. ¡Qué menos se merece la asesinada! 

Los ciudadanos no deben caer en la trampa de singularizar el caso. Los partidos son muy conscientes de que se trata de un problema social y complejo que nos afecta a todos y a todas. Sobre todo a todas. Por ello, hay que ver qué medidas concretas proponen aquellos, los principales agentes políticos.

En el PSOE, Sánchez propone que cada asesinato machista lleve aparejado un funeral de Estado. Seguramente las víctimas estarán encantadas de emprender el viaje al más allá acompañadas por las salvas de rigor y una banda interpretando Pompa y circunstancia.

En Podemos se esmeran y proponen un pacto de Estado en contra de la violencia machista. Ahí es nada. Además, será un pacto con espadas para que no se quede en meras palabras, como avisaba Hobbes. Un pacto que dirá, es de suponer, lo mismo que el Código Penal.

Los de ciudadanos quieren equiparar penalmente la violencia machista contra las mujeres con la de las mujeres contra los hombres. A primera parece absurdo y a segunda, también. ¿En qué mejora la condición de las víctimas el que se castigue a las victimarias tanto como a los victimarios?

En el caso del PP, el asunto va más en serio porque, además de decir lo que le preocupa la violencia machista, hace cosas. Por ejemplo, recorta los fondos destinados a la ejecución de la Ley contra la violencia de genéro. Suena contradictorio pero sin duda Rajoy explicará que la razón es muy sencilla: a menos fondos, menos violencia de género.

Así están en verdad las cosas. Esta es la reacción que cabe esperar de las autoridades frente al drama que viven no solamente las víctimas reales sino las potenciales. Potenciales son todas las mujeres que experimentan en mayor o menor grado el temor de ser víctimas reales. Imposible conocer su cantidad pero, sin duda, es alta. Un temor que los hombres no experimentan o, si lo hacen, es en un porcentaje infinitesimal respecto a las mujeres.

Eso es lo que quiere decir el concepto de violencia estructural, la que ejerce una sociedad patriarcal sobre las mujeres, una presión enorme a lo largo de todas sus vidas, desde la cuna a la tumba y que los hombres solo se toman en serio cuando salta la sangre.

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Ayer, un adolescente arreó un puñetazo al presidente de los sobresueldos en Pontevedra porque este, por necesidades de la campaña electoral, salió a mezclarse con su amado pueblo como hacía Harún al Raschid en las 1.001 noches. He preferido glosar el caso de la violencia machista porque estoy seguro de que los medios hoy solo hablarán de la castaña a Rajoy. Habrá desde quienes hagan chistes en Twitter hasta quienes se indignen como juanes bautistas contra todo tipo de violencia y mucho más contra los chistosos, pasando por quienes echen la culpa a Sánchez por haber llamado indecente al indecente. La oleada de hipocresía y fariseísmo pretende convertir un hecho lamentable, circunstancial, anecdótico, irrelevante, producido por un descuido de los guardaespaldas en una categoría moral por la relevancia de la personalidad, mientras que la categoría del hecho regular, producido por la acción de un hecho estructural como la violencia machista, desaparece de la atención pública.

En román paladino: Rajoy puede contarlo; la mujer de Zaragoza, no.

viernes, 11 de diciembre de 2015

El machismo de Ciudadanos.

Ya está claro por qué C's se llama Ciudadanos y no Ciudadanas, como también podría: porque es un partido machista dirigido por un machista.

Este petimetre catalán, convencido como estaba de que tenía las elecciones ganadas porque los sondeos le eran muy favorables y su espíritu español le daba mucha ventaja, se ha metido en un charco adormecido por aquellos y empujado por este. Ya se había metido en otros antes, como cuando dijo que los parados debían devolver los salarios percibidos o hace poco cuando ha sugerido eliminar la condición funcionarial a los profesores para dejarlos a merced de los empresarios, como lo está él. Pero este es más profundo, más cenagoso, y puede hundirlo en la ignominia de su demagogia de reaccionario disfrazado.

Su metedura de pata procede de su subconsciente. Los retrógrados, los machistas, no entienden o dicen no entender que la igualdad requiere tratar desigualmente a los desiguales. Su concepción mecanicista de la igualdad es, en el fondo, una argucia para ir contra la igualdad y, por supuesto, contra la justicia; para mantener los privilegios y los abusos. El asunto concreto en el que este mozo ha patinado es el de la mayor pena para la violencia ejercida por el hombre que por la mujer en el contexto de violencia de género. Rivera se reviste de arcángel de la igualdad y pide equiparar las penas y la señora que lo representaba en el debate de TV1 creía hablar como Salomón cuando decía que para un niño es igual ver cómo su padre mata a su madre que como su madre mata a su padre. Los contertulios le dijeron que no entendía el fondo de la cuestión de la violencia machista, pero no es así. Lo entiende perfectamente; igual que lo entiende Rivera. Lo que sucede es que les parece muy bien.

Vamos a ampliar un poco el argumento a modo de explicación. En el fondo, el asunto es un caso concreto de discriminación positiva. Todos los machistas están en contra y argumentan que quebranta el sacrosanto principio de la igualdad ante la ley, el que la señora de la tele y Rivera invocan con gran facundia y lo harán no solo para ir contra la discriminación positiva sino también contra otras medidas de justicia hacia las mujeres, como las cuotas o los cupos. Todas las cipayas católicas de derechas dicen que las mujeres no necesitan cuotas en nuestra sociedad y que las que valen ya triunfan, etc., etc. como si la sociedad hubiera dejado de ser patriarcal y machista y de acumular privilegios para los hombres y dificultades y obstáculos para las mujeres.

La igualdad ante la ley. ¿Cómo puede hablarse de Estado de derecho -dicen- si se consagra la desigualdad ante la ley, aunque sea con supuestas buenas intenciones, como el adelanto de las mujeres? Muy sencillo, igual que se hablaba de Estado de derecho cuando los ordenamientos jurídicos consagraban el sometimiento de las mujeres, su condición de sojuzgadas, menores de edad, incapaces y sometidas a la tutela de los varones. Si los Estados en que la mujer no podía votar (hasta ayer mismo, como quien dice) eran Estados de derecho, estos también. Y no hace falta decir mucho más.

Pero se puede, porque la razón siempre es generosa en la palabra: la discriminación positiva no solo es compatible con el Estado de derecho sino que, precisamente, lo hace realidad porque trata desigualmente a los desiguales: y los compensa por la injusticia padecida hoy y en el pasado. Cuando se dice que las cuotas de mujeres son injustas por desiguales se pasa por alto que siempre ha habido cuotas... a favor de los hombres; en todas partes, siempre y no se llamaban cuotas porque nadie se atrevía a cuestionarlas a pesar de que durante años, siglos y aún hoy, muchas veces eran cuotas del 100%, esto es, con exclusión total de las mujeres como lo estaban de la ciudadanía en la Grecia clásica, en Roma y prácticamente hasta la actualidad.

La discriminación penal de castigar más a los hombres por la violencia machista es de justicia. Es el trato desigual a los desiguales el que garantiza la igualdad. Contraponer a este concepto de igualdad otro mecánico, como hacen Rivera y los de Ciudadanos, solo muestra que, en el fondo, están en contra de la igualdad y a favor del privilegio y las situaciones de abuso patriarcal.

Este neofalangista consiguió salir de los demás charcos mejor o peor. El de ahora es más profundo, más pringoso y más revelador, y la gente ya ha empezado a darse cuenta de que, por debajo, de las apariencias de lustroso y simpático broker está la vieja derecha reaccionaria de siempre.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Violencia de género. Misoginia.

Ayer fue el día en contra de la violencia de género. Se realizaron muchos actos. Bien. Hubo conferencias, seminarios, concentraciones, convocatorias de todo tipo. Mejor. Se publicaron estadísticas de malos tratos, abusos, feminicidios. Todavía mejor. En España, en lo que va de año, 48 mujeres asesinadas por sus parejas. En otros países del mundo igual o peor. Se manejaron cifras terribles. La información es imprescindible. Todo cuanto se haga será poco.

Y poco es poco. A pesar de la conciencia creciente, a pesar de las leyes, siempre necesarias, de los políticas públicas, de las medidas de todo tipo. Siempre será poco. Porque el problema no es el de un comportamiento inmoral o ilegal, más o menos extendido, una conducta desviada por muy extensa que sea y que se puede atajar. No.

El problema es mucho más profundo. El problema es el verdadero iceberg que hunde el Titanic de la humanidad.  El problema es que la cultura, toda la cultura, es misógina. 

(Aviso de que gran parte de lo que sigue parecerá excesivo a muchos, muy radical. Las bellas conciencias harán bien en no seguir leyendo). 

Toda la cultura, en el sentido en que los iusnaturalistas y los ilustrados la entendían como lo opuesto al estado de naturaleza. La cultura como el estado "no natural" del ser humano, el estado social en el sentido que tenía en Rousseau cuando, al comienzo del Contrato social, advierte que el hombre nace libre pero en todas partes se encuentra encadenado. Alguien tan inteligente como el ginebrino podría haber dicho con la misma o mayor justicia que el ser humano nace igual (en igualdad de géneros) pero por todas partes la mujer está sojuzgada. Podría haberlo dicho, pero no lo dijo porque era un misógino de los pies a la cabeza.

Ese es el problema. Que la cultura, toda cultura es misógina. Que son misóginas todas las religiones, todas las civilizaciones, todos los sistemas filosóficos. Acabo de terminar un interesante tratado de Mercè Rius,que comentaré en los próximos días, acerca de la cantidad de estupideces que los más ilustres  filósofos han dicho sobre las mujeres a las que no distinguen de los gatos. Alguno saldrá (los antropólogos son muy aficionados) diciendo que en tal o tal otra tribu perdida en el Pacífico sur reina la igualdad de sexos, cuando no la superioridad del femenino. Generalmente son trolas, pero no importa, no perdamos el tiempo. Excepciones ¿vale? La regla es lo otro.

Ese es el verdadero problema: la misoginia está imbricada en la existencia humana desde la cuna a la tumba, desde el soliloquio del monje a los mensajes dirigidos a millones de auditorios. Se absorbe en la familia (quizá el vehículo más poderoso de perpetuación del sometimiento de las mujeres), en la educación, en los juegos de la infancia, en los lances amorosos, a lo largo de toda la vida, en la muerte y más allá. La trasmiten los hombres, las mujeres, las mismas madres, las hijas. Está en las estructuras del lenguaje, en las leyendas, tradiciones, en la moral en el deísmo y en el ateísmo, en el arte, en la música, en todas partes.

Su base es la fuerza bruta, la violencia, desde el origen de los tiempos al día de hoy.

Bienvenidas todas las leyes y medidas. Siempre pocas. Siempre tarde. Siempre pacatas. Porque la cuestión es infinitamente más vasta. No se piense que propugnamos un abandono vergonzante al advertir de la enormidad del problema. Al contrario. Al decir que cuanto se hace es poco, se aspira a que se haga más. Si por Palinuro fuera, los sistemas educativos sufrirían una revisión total para feminizarlos y se alimentaría un clima social en el que los piropos estuvieran desterrados y cuantos estúpidos machistas van haciendo chistes sobre la "corrección política" sufrirían el desprecio de la colectividad, por no hablar de los listos que encuentran "degradante" toda discriminación positiva. Además de las leyes, las campañas, las políticas públicas, las reformas, etc, que son todas pocas, hay que ir a fondo en la educación. De niños y adultos. En cuestión de igualdad de género son los adultos los que necesitan más educación, más permanente, más vigilancia.

Porque la misoginia es el veneno mismo con el que entramos en la sociedad. La llevamos los hombres en el fondo del alma. En buena medida somos lo que somos, la especie es lo que es (con sus grandezas y miserias, como dicen los textos edificantes de todas las ideologías) por ella. Infecta a las mujeres por conducto de los hombres que nos sentimos así afirmados cuando nuestras víctimas nos alaban. Nos hemos construido sobre la misoginia y por eso hacemos como que no la vemos. Nacemos de las mujeres y no podemos soportarlo. Muy cierto aquello del poeta de que todo el mundo mata lo que ama.

Todo cuanto hagamos, repito, será poco. Y los hombres debemos defender sin ambages el principio de igualdad. Pero no la igualdad como condescendencia. Porque nunca llegaremos a sentirnos iguales de verdad mientras no seamos capaces de sentirnos inferiores, también de verdad.

martes, 18 de agosto de 2015

Consideración sobre la violencia machista.

Dicen algunas almas sensibles a la par que escépticas que no debemos ponernos nerviosos ni exagerar pues violencia machista ha habido siempre. Lo que sucede es que ahora, gracias a los medios de comunicación y la mayor publicidad de nuestras sociedades es más notoria. Pero no es cierto. Sí lo es que siempre ha habido violencia machista, pero también que se ha sabido. La sociedad patriarcal está basada en la violencia contra las mujeres de modo público y notorio, a título de amenaza latente, a veces manifiesta  y de escarmiento. Forma parte de la sabiduría tradicional ("la mujer, en casa y con la pata quebrada"), del refranero de todos los pueblos, está admitida y hasta glorificada en la literatura ("la doma de la bravía") en todas las artes, hasta en la filosofía. Basta con leer desde Aristóteles hasta Schopenhauer la miríada de estupideces que los sabios han escrito sobre las mujeres. Está enaltecida y hasta glorificada. La figura del llamado crimen pasional, a la que se recurre a veces para hablar de los asesinatos de mujeres, tiene carta de naturaleza. Mírense algunos cuadros de Romero de Torres si se quiere algún ejemplo, o recuérdense Otelo o Rojo y negro, aunque sea en grado de tentativa
 
La violencia machista es estructural en la sociedad patriarcal. Esta se basa en ella, se originó en ella, se mantiene y se ha desarrollado con ella y ella es una de sus características. Su núcleo esencial es la convicción de que las mujeres son inferiores; deseables, pero inferiores y, por eso mismo, peligrosas. La identificación de la mujer con la hechicera, la bruja, es también una constante de la historia occidental. Es conveniente recordarles de vez en cuando su posición de subalternidad porque esta es fundamento mismo de la sociedad y rasgo esencial de la seguridad de los hombres. La violación es un recurso frecuente en todas las sociedades y, llegado el caso, en situaciones de conflicto o guerra, una política pública de los bandos contendientes.
 
Esa condición de subalternidad está imbricada en el lenguaje y en todos los momentos del proceso de socialización tanto de los hombres como de las mujeres. Todos la reproducen,  salvo excepciones muy señaladas que han de soportar todo tipo de ataques, empezando por el típico de los majader@s que hacen demagogia con la "corrección política", una de las pocas vías de remediar la condición de las mujeres.
 
Y solo las mujeres. Cuando las primeras feministas plantearon la necesidad de la emancipación y el derecho de sufragio femeninos, a comienzos del siglo XIX, vieron que su movimiento tenía muchos elementos en común con el de los abolicionistas que luchaban contra la esclavitud. Y tendieron puentes con él. Ser sufragista significaba ser abolicionista al mismo tiempo. La ironía quiso que se produjera la emancipación de las esclavos mucho antes que la de las mujeres y estas comprobaron en sus propias carnes que los negros ex-esclavos no les devolvían el favor. Eran negros, eran ex-esclavos pero, sobre todo, eran hombres, y participaban de las ventajas de oprimir a las mujeres.
 
La lucha contra la violencia machista es muy difícil, no se limita únicamente a revisar los programas de las escuelas, pues obliga a replantear los fundamentos de la sociedad patriarcal en todos los órdenes y todos los momentos y no solamente cuando, como consecuencia de la progresiva emancipación femenina en nuestras sociedades, se produce un asesinato de género. Se trata de una revolución de los hábitos de la vida cotidiana, del lenguaje, de nuestras costumbres. Una revoluciòn en la que no hay tiempos de descanso ya que obliga a vigilar todo lo que se hace y dice, cómo y cuándo se dice y se hace.
 
Los hombres que se sienten amenazados en su privilegios de sexo dominante asesinan por envidia, celos,  despecho y, sobre todo, miedo a perder su posición de macho. Y  en la medida en que avance el proceso de igualdad de género, aumentará la violencia contra las mujeres. Su erradicación no va a ser fácil, pero es imprescindible si queremos llamar civilizada a la sociedad en la que vivimos. 

viernes, 3 de abril de 2015

Otra mujer asesinada.

Con otra mujer sobre la mesa de autopsias, víctima de "unos cuantos piquetitos", por citar el título del célebre cuadro de Frida Kahlo, los medios y el foro público se llenan de sesudas y horrorizadas reflexiones sobre lo insondable del alma humana, lo incomprensible de la violencia, lo enigmático de las relaciones de pareja, las contradicciones del amor, etc. En su post de ayer, El Patriarcado, bien, gracias, Palinuro ya largaba su parte de doctrina, insistiendo en la necesidad de tomarse en serio el asunto, no rutinizarlo, no trivilializarlo así como en que por "el asunto" no hay que entender solo los asesinatos, sino muchos otros aspectos y circunstancias sociales concomitantes, a veces aparentemente tan alejadas del crimen que, se dice, no son relevantes. Para eso, además, ya están las medidas legislativas y administrativas que se toman en todos los órdenes, los campos, los ámbitos. Si y no, porque faltan muchas cosas. Hay preocupación por proteger a las mujeres en todos los órdenes porque está claro que son más vulnerables. Pero ni esto es cierto. Es poco lo que cabe esperar en este terreno de una organización como el PP, cuya secretaria general dice muy ufana que las mujeres de su partido no precisan cuotas. Bueno, cierto, la afirmación es una tontería propia de quien la dice, pero también es cierto que esto de las cuotas queda lejos de la violencia de género y de lo que se llama feminicidio.

Sí, esta es la batalla más reciente. El término "feminicidio" no quiere decir nada y, además, no existe. Si no existe, se crea. Y sobre si quiere decir o no, júzguese: es feminicidio el asesinato de mujeres por ser mujeres. Es decir, es una forma de genocidio porque es un asesinato de una colectividad por un motivo específico. Se diferencia del genocidio en que se da en todos los continentes, países, razas, culturas y religiones y que no se sabe cuándo empezó y tampoco se sabe cuándo acabará, pues el exterminio del género, la solución final, tampoco será posible esta vez. El feminicidio es un genocidio permanente, desparramado, oculto, negado a la par que fomentado y combatido al unísono.

Su origen está en la educación, seguro. Pero no solo. Una educación no patriarcal no sirve de mucho en una sociedad patriarcal. Y, aunque fuera posible una educación no patriarcal en un mundo en el que, ya lo dijimos ayer, todas las religiones, las historias, las filosofías, las artes, las letras, son patriarcales, luego queda el ejemplo de los adultos. Una sociedad en la que una enorme cantidad de mujeres tienen asumidos los roles del patriarcado (basta con recordar a las cipayas del PP aplaudiendo a rabiar al ministro que proponía cercenar sus derechos) y los hombres, prácticamente todos, la tarea es ingente. Empieza por verse en la comprensión correcta del concepto de feminicidio.
 
Un cuerpo en una mesa de autopsias no es el comienzo de una historia de feminicidio sino, al contrario, su final. El final de una historia que quizá empezara en los años escolares de los protagonistas. Es muy duro, pero es así. El problema no es solo un tipo de educación u otro. El problema es comprender que el feminicidio empieza precisamente en donde debiera cortarse, en la educación y sigue a lo largo de la vida en los aspectos aparentemente más inocuos y distantes, costumbres populares, refranes, comentarios, usos matrimoniales, (no es preciso mencionar los países en los que la edad núbil de las mujeres está en la infancia), leyes, cuotas, vida profesional, trabajo, competitividad, abortos, divorcios, juzgados, presión social, opinión pública. Hasta que un cuchillo que a lo mejor viene dirigido desde una acampada en la adolescencia, encuentra el camino hacia el corazón de la víctima.

jueves, 2 de abril de 2015

El patriarcado, bien, gracias.


El mundo occidental está gobernado por hombres blancos desde tiempos inmemoriales y desde hace menos, pero también mucho, cristianos, más tarde subdivididos en protestantes y católicos. En otros lugares tendrán otros colores y otras religiones. Aquí, hombres blancos protestantes/católicos. Se parece a lo que quería sintetizarse en la fórmula WASP - White Anglo-Saxon Protestant como clase dominante en los Estados Unidos. Para extenderlo, habría que ampliar el Anglo-Saxon a German, French y, con menos verosimilitud, Italian o Spanish. Y, desde luego, el Protestant se cambiará por Catholic en donde proceda. Pero lo que falta en todas las fórmulas es otro término en el que nadie repara: blancos, protestantes, católicos, pero hombres. Desde tiempo inmemorial. Hombres que llevan milenios pensando que las mujeres son seres inferiores con los que se puede hacer lo que se quiera. Hay, claro, variantes, aquí y allá. Se las puede vilipendiar y reducir a menos que nada, quemar por brujas o divinizar en el pensamiento del poeta, como la Beatriz de Dante. Pero siempre son el objeto del hacer o deshacer de los hombres, aquello sobre lo que estos se proyectan y sobre lo que se construyen. Sobre el vilipendio de las mujeres se edifica la identidad colectiva masculina, el patriarcado. Está en su religión, en su filosofía, en su arte y literatura, en sus leyes y hasta en su habla a lo largo de siglos.

Dios es macho. Esa transgresión de hacerlo mujer procede de la nostalgia ilusoria del matriarcado o del afán contemporáneo del feminismo por sacudir la complacencia contemporánea. Cuando la Filosofía habla del hombre se entiende que incluye a la mujer; cuando quiere referirse a esta, lo hace singularizándola como sexo. No abundan los tratados filosóficos del hombre como sexo. El llamado crimen pasional, ya desde antes de Otelo, goza de buena fama y es motivo de creación artística sin que nadie plantee el asunto desde el punto de vista de la víctima que, en el 99% de los casos, es mujer. Hasta hace bien poco las mujeres han tenido un estado jurídico de segunda clase o ninguna por estar sometidas a tutela. En Homero, cuando un viejo o una mujer toman la palabra en público, empiezan por disculparse por hacerlo, ya que lo público, el mundo, es de los hombres en la flor de la virilidad.

Es el patriarcado al que casi todo el mundo nos sometemos por dejadez y egoísmo. Hasta las mujeres. Incluso bastantes que se han afirmado como mujeres y simbolizan mucho en el imaginario feminista. Han sido mujeres excepcionales que han triunfado adaptándose a las pautas masculinas. También las ha habido que no lo han hecho y lo han pagado muy caro. Ha habido triunfadoras adaptándose a las reglas masculinas, como Hildegard von Bingen y mártires por la libertad de las mujeres, como Olympe de Gouges.

El Patriarcado prevalece porque, además de sus profundísimas raíces, impregna nuestra vida cotidiana. Porque quienes más podemos hacer por combatirlo, los hombres, no lo hacemos pues nos beneficiamos de él. Sin duda, en momentos críticos, como el del otro día, con tres mujeres y dos niños muertos a manos de tres energúmenos, alguno de los cuales se suicidó, aunque demasiado tarde, se organiza un (pequeño) escándalo, se barajan unas estadísticas, se recuerda que el machismo mata (ya que culpar al patriarcado no está bien visto), el gobierno dice alguna perogrullada y la vida sigue. Seguimos viviendo impregnados de machismo, escuchando y quizá propalando chistes denigratorios, admitiendo y quizá practicando esa costumbre mediterránea tan celebrada (incluso por mujeres) de los piropos. Estamos tan seguros de no ser machistas, es tan evidente que somos feministas, que podemos permitirnos la gracia de una gracia que vilipendie a las mujeres.

Y así, por dejadez, abandono y egoísmo, se mantiene el patriarcado. Porque nadie lo denuncia ni lo combate cuando se produce habitualmente en la vida cotidiana y, cuando se hace es tal chapuza que más valdría que no se hiciera. Por ejemplo, ese cartel de la guardia civil que es como un díptico. En una hoja, un retrato de un hombre con una leyenda como "cuando maltratas a una mujer, dejas de ser un hombre". En la otra, la simetría, un rostro de mujer con la leyenda "cuando maltratas a un hombre, dejas de ser una mujer." A cualquiera se le alcanza que tratar ambos maltratos por igual es un dislate; a cualquiera menos a la guardia civil, al parecer.

Es lo que sucede con el racismo. Está tan claro que no somos racistas que nos permitimos un chiste, un comentario, una reflexión racistas. La gente lo ha captado perfectamente en ese "yo no soy racista pero...". "Yo no soy machista, pero..." alguna se merece una tunda. Y todos asienten. Y ¿cómo no? Estamos por la causa, claro, pero no hay que perder el sentido del humor ni ser más papistas que el Papa. No hay que ser "políticamente correcto".

Es muy curiosa la mala fama de esa expresión. Al margen de los cavernícolas que barbotan disparates sobre la "corrección política" porque entienden que lo bueno en la vida y lo sano es mostrar quién manda en casa, las gentes normales también evitan emplear el término. Tampoco hay que ser tan "políticamente correctos", suelen decir a modo de explicación para ocultar que, en el fondo, no están dispuestos a llevar sus convicciones igualitarias a sus últimas consecuencias. 

En parte, Palinuro coincide con este juicio negativo general, aunque por otro motivo. La expresión "políticamente correcto" es inadecuada e innecesaria. Basta con hacer "lo correcto".

Y ¿qué es lo correcto? Lo sabemos tod@s: no hacer a nadie lo que no queramos que nos hagan.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Sobran las mujeres.

Ayer murieron tres mujeres supuestamente a manos de sus parejas masculinas. Dos españolas y una inglesa. Una, asesinada ayer mismo; otra fallecida ayer pero atacada hace ocho días; el cadáver de la tercera, muerta a raíz del ataque en septiembre, también apareció ayer. Dos jóvenes; una anciana. Uno de los detenidos está siendo interrogado; los otros, han confesado.

Si un grupo terrorista hiciera algo parecido, tendría a todas las policías del mundo tratando de identificarlo y persiguiéndolo. Estos otros terroristas están perfectamente identificados: son, somos, los hombres. Todos. Los asesinatos machistas vienen normalmente precedidos de violencia de género, incluso aunque no haya denuncia previa. Y la violencia de género está extendida en la sociedad, toda la sociedad, arriba, abajo, ricos, pobres, curas, seglares, analfabetos, letrados,  profesores o comerciantes. Está legitimada por siglos de literatura,  de códigos legales, religiones, sagradas tradiciones. A las mujeres hay que maltratarlas, violarlas, enseñarles su lugar en la vida y, si se empeñan en ignorarlo o cambiarlo, se las mata. Son crímenes cometidos por individuos, desde luego, o grupos de ellos, pero instigados, fomentados, justificados, tolerados y encubiertos por la colectividad, siendo cómplices, para mayor ignominia, muchas potenciales víctimas.

Bueno, ya se sabe, el machismo es un un vicio atávico, producto del patriarcado, que se irá corrigiendo con el paso del tiempo, con paciencia, con mucha paciencia. Los viejos y condenables hábitos (¡oh, sí, muy condenables!), no se cambian de la noche a la mañana, no es tan fácil, no hay que aburrir ni ser tan políticamente correcto, hombre. En el PP, por ejemplo, según Cospedal, no necesitan cuotas, porque ahí se muere y se mata al ritmo habitual.

Tres asesinatos de mujeres culpables de ser mujeres. Y no es noticia de primera. Las portadas se las llevan l@s polític@s, l@s banquer@s,  l@s corrupt@s y otr@s delincuentes. Y ningun@ ha encontrado un hueco, ni dos minutos, para condenar los tres nuevos casos de feminicidio. Están tod@s absorbid@s en otros menesteres que suponen, erróneamente, más importantes. Vamos bien.

¿Es exagerado resaltar el reciente ocho de marzo, el último terrible y magnífico Salvados y este triple crimen para pedir un momento de reflexión, un compromiso de tod@s por hacer algo en serio?

jueves, 8 de enero de 2015

Notas mínimas sobre la blasfemia.


Los responsables de la matanza de Charlie Hebdo son quienes la han perpetrado.

El Islam no es culpable. Lo es el fanatismo. Hace cuatro años otro fanático de extrema derecha, Anders Behring Breivik, asesinó en Noruega a tiro limpio a 77 personas. Y no es musulmán, sino cristiano; seguidor de los templarios, por más señas.

Las religiones son caldo de cultivo del fanatismo. Sobre todo, las tres del Libro, mosaísmo, islamismo y cristianismo. Las tres son muy crueles.

El islamismo parece la más bárbara. También es la más perseguida. Hace años que las otras dos, lo que llamamos Occidente, hacen una guerra de exterminio contra la otra. Persiguen a los islamistas, los encarcelan,  los asesinan, les roban sus tierras, les destruyen sus casas, matan a sus hijos, sus familias, todo lo cual obviamente, exacerba los fanatismos y los lleva al terrorismo, a los atentados suicidas, a la barbarie contra inocentes.

Un par de tuits de Willy Toledo ha levantado polvareda. Dice uno:  El Pentágono y la OTAN bombardean y destruyen países enteros, asesinan a millones, cada día. D verdad esperamos q no hagan nada? El propio Toledo no está justificando los atentados, los repudia, pero nos obliga a reflexionar sobre nuestro comportamiento. Lo que pasa hace años en Palestina, en Irak, en Afganistán, en Siria, también es terrorismo. Decapitar rehenes es abominable. Y Guantánamo ¿qué es?

Toledo tiene el don de la impertinencia. Está en la línea de San Mateo; "quien a hierro mata, a hierro muere" (Mat., 25: 52), sin hacer distingos sobre las manos que manejan los hierros.

Dos acontecimientos podrían ayudar a que el Islam se modernizara y entrara en la edad de la tolerancia: un cambio de actitud de Occidente y una reforma interna en la religión similar a la luterana en el cristianismo, que tanto hizo por civilizarlo. Lo primero depende de nosotros, de nuestros gobiernos, a los que hemos de presionar, cosa que no hacemos. Lo segundo depende del propio Islam, pero debiera hacerse lo posible por fomentarlo.

La lucha contra el fanatismo y el terrorismo, en defensa de la tolerancia y las libertades, empezando por la de expresión, es la lucha por la supervivencia de la civilización y la dignidad del individuo. Y debemos hacerla sin ambigüedad ni desfallecimiento.
 
Pero también debemos barrer nuestra casa y revisar nuestro comportamiento. Solo así tendremos la autoridad moral que invocamos en muchas ocasiones con harta hipocresía.
 
La Iglesia católica sigue siendo intolerante. Se ha apropiado -indebidamente a jucio de Palinuro- de la mezquita de Córdoba y la está llenando de simbología y parafernalia católica. Eso es intolerancia. El obispo de Alcalá niega sus derechos a los homosexuales y, si pudiera, seguramente haría algo peor con ellos. El ministro del Interior es fervoroso miembro del Opus, una secta que considera "pecado grave" la llamada blasfemia. No lo ha convertido en delito del código penal porque no ha podido, pero no por falta de deseos y porque, además, el delito de escarnio del Código Penal  (art. 525, 1) ya se le acerca bastante. Blasfemia es lo que los asesinos islamistas ha ido a castigar en Charlie Hebdo. La diferencia, nada desdeñable por cierto, está en la cantidad y el tiempo. Pero el parecido reside en el contenido.
 
La  blasfemia puede ser un pecado, según las convicciones morales de cada cual, pero no un comportamiento socialmente punible y mucho menos un delito. Es más, es un derecho. Mientras esto no esté definitivamente asentado, las tres religiones del Libro serán un peligro para la tolerancia y la libertad. Según la época de que se hable, unas más que otras.
 
Palinuro tributa profundo reconocimiento a todas las víctimas de ayer, mártires en la lucha por la libertad de expresión.

sábado, 22 de febrero de 2014

Desarme simulado en diferido.

Las innovaciones cospedalianas sobre relaciones laborales se aplican también al campo de la política al más alto nivel que el Estado considera "política antiterrorista" y los terroristas, relaciones internacionales. Pero aun en ese orden excelso, de lo que trata siempre es de alguna marrullería. ETA ha escenificado en vídeo la entrega de un fusil, una pistola, dos revólveres y 16,5 kilos de explosivos. O sea el armamento de unas prácticas de seminario en algún zulo de entrenamiento. Una broma del estilo de un finiquito de Cospedal. Además ha sellado ante los mediadores internacionales un zulo, gesto cuyo valor solo será posible aquilatar cuando se sepa cuántos más están en funcionamiento.

Claro, nadie se lo ha tomado a bien. Solo los suyos del ámbito político, Bildu, advierten de que comienza el fin irreversible, pero es el gobierno con su intransigencia e inflexibilidad quien retrasa el proceso. Es una argumentación del viejo estilo, ya sin impacto. Los burgueses del PNV piden el desarme completo y tildan de "pequeño paso" el gesto. Los demás partidos exigen la disolución de la banda/organización y miembros del del gobierno hablan de "tomadura de pelo". El más estridente, como acostumbra a pesar de aspecto manso, el ministro del Interior, que rechaza la teatralización de la entrega, con ese tradicional desprecio de los cristianos viejos por el teatro.

Los mediadores internacionales parecen estar moscas, sospechando que puedan utilizarlos, y pretenden retirarse sin certificar más nada en tanto los gobiernos español y francés no se impliquen directamente. Igualmente les recomiendan que no detengan gente entre tanto, o sea, que hagan la vista gorda, lo cual es poco verosímil cuenta habida de que esos mismos gobiernos, sobre todo el español, justifican su política de negociación precisamente aplicando la ley a rajatabla.

Cierto, el desarme de ETA está siendo demasiado lento, lo cual no es muy inteligente. Su única razón para demorarlo y disolverse es mantener la amenaza de un retorno a la lucha armada. Después de dos años y medio sin atentados, ese amago carece de fuerza, es un cartucho sin pólvora. Además, los acontecimientos han demostrado sin lugar a dudas que la vía catalana, la independencia por medios políticos y pacíficos, es mucho más eficaz que los bombazos.

Quizá esta lentitud sea una táctica para dar peso a las declamaciones de Bildu culpabilizando al Estado y exigiéndole medidas favorables al proceso, como el acercamiento de presos y otras. Pero es una letanía vacua. Una vez iniciado el desarme, las reclamaciones ya no pueden respaldarse en la eventualidad de un retorno a la ilegalidad, sino en el funcionamiento de los mecanismos políticos representativos ordinarios.

Entonces, ¿por qué ese minimalismo cospedaliano, esa lentitud que únicamente fortalece a los sectores no interesados en la pacificación del País Vasco?

Solo caben conjeturas. La más obvia, la que habla de duros y blandos en la organización. Como cuando ETA se dividía en asambleas; unas enterraban el hacha de guerra y otras, no. Es normal. Pero después de más de dos años de inactividad (y gran actividad del frente independentista político que ha cosechado notables éxitos) hasta los más intransigentes deberían haber recapacitado. Aunque quizá eso sea pedir demasiado de unas gentes muy fanáticas y muy difíciles de reciclar en la vida civil. No debe de ser sencillo conseguir que quien ha vivido como un pistolero a gastos pagados acepte un puesto de conserje en una oficina.

O quizá se trate de una táctica de presión de ETA sobre el frente político. Ojo, que el comisario sigue activo y por eso aparecen los encapuchados, para desesperación del ministerio del Interior, en donde quisieran ficharlos. Aquí estamos para impedir que haya desviaciones de la hoja de ruta. Pero eso es absurdo porque redundaría en la deslegitimación de la opción política que, al aparecer como teledirigida, perdería apoyo en las elecciones, el único terreno en que pueden dirimirse las cuestiones civilmente.

Las dilaciones, los retrasos, la parafernalia internacional, con el vídeo para la BBC y los mediadores internacionales, solo revelan la desconfianza y el apego a un propósito de internacionalización del conflicto que ya ha fracasado. No le ha salido a Artur Mas, a pesar de que tiene más simpatías exteriores y mejor prensa, mucho menos le saldrá a los restos de una organización armada que lleva dos años y medio sin pegar un tiro y cuyos explosivos deben de estar ya pasados de fecha de caducidad.

Nota bene: no sé qué tal será Renzi en relación con Letta. Parece un hombre ágil y el otro un poco lento. Pero Renzi ha compuesto un gobierno paritario y ya solo por eso merece aplauso. Un aplauso crítico. ¿Por qué paritario? ¿Por qué andar calculando porcentajes para no incurrir en patriarcalismo? Porque nadie se ha atrevido aún a componer un gobierno con más mujeres que hombres. El día en que eso suceda y sea normal, podrá volver a haber gobiernos con más varones que mujeres y viceversa sin que nadie proteste. Pero parece que todavía queda algo.

sábado, 11 de enero de 2014

De Hamburgo a Melilla, pasando por Burgos.

El fantasma de la guerra social es lento en desperezarse. Pero va llegando. De la periferia musulmana y eslava se acerca al corazón de Europa. Las imágenes a su paso se repiten: choques de manifestantes y policías, contenedores y barricadas en llamas, violencia, cargas, carreras, destellos de luces azules, coktails Molotov, pelotas de goma, gases. Se producen por sorpresa, sin planificación, en donde menos y cuando menos se espera. Son estallidos que generalmente toman a las autoridades por sorpresa. La reacción de estas suele ser la misma: mantener el orden público como sea. Pero eso no es tan fácil como cuando se trata de manifestaciones previstas y convocadas por organizaciones responsables con las cuales puede negociarse. Aquí, con estos estallidos espontáneos de rabia y violencia, anónimos, sin nadie al mando con quien parlamentar, sin un centro de imputación de responsabilidad, solo queda repartir leña, piensa la autoridad. Y recibirla, responden los enragés, vecinos, manifestantes. Y eso ya no es un panorama tan grato.

Son las ciudades, como siempre, los lugares de estas nuevas formas insurreccionales que, según se ve, tienen un efecto contagioso. Las redes, por donde las noticias de los disturbios de Hamburgo corrieron como la pólvora, ya criticaban que hubiera una especie de conspiración del silencio de los medios comerciales sobre la ciudad hanseática, tradicional bastión de la izquierda. Si los acontecimientos fueran en Caracas, se comentaba, abrirían todos los telediarios. Como es Hamburgo, silencio. Pero no en las redes. Hamburgo tenía varios #hashtags en Twitter. Sospecho que muchos de los que salieron ayer a la calle en Burgos y Melilla habían visto las imágenes de la batalla campal en la llamada Gefahrengebiet (o "zona de riesgo") como ámbito de exclusión que la prensa calificó de "estado de excepción" parcial. Incluso las imágenes falsas, porque en las redes lo real y lo falso se mezclan que es un placer. Por cierto, los manifestantes han reconquistado la zona de riesgo, al menos según Twitter.

En Burgos, cientos de vecinos del barrio del Gamonal se han amotinado y enfrentado a los antidisturbios. Otra batalla urbana. Se oponen aquellos a un plan de ordenación municipal. Quizá la oposición parecerá a algunos excesiva y sin duda habrá quienes suelten discursos sobre la necesidad de respetar los cauces legales. Pero es comprensible en un país cuyas autoridades de todos los rangos carecen de crédito; un país tan anegado en la corrupción que detrás de toda decisión pública se sospecha una corruptela, un nuevo expolio, otra malversación. Y eso mientras la gente ve que se desatienden las necesidades más elementales.

En Melilla, el estallido está, al parecer, relacionado con el reparto de empleos municipales estacionales entre la población de barrios marginales, musulmanes, como la Cañada. Algo que huele a caciquismo que apesta. A compraventa de votos. Pero por la especial naturaleza de la plaza, tiene un carácter particularmente conflictivo.  Melilla es el último bastión iconográfico del franquismo. Además de una estatuta al dictador, erigida en 1977, después de su muerte, la ciudad blasona de multitud de alegorías del llamado Movimiento Nacional. Ese carácter delicado se ha visto al saberse que en su día el Rey negoció a las escondidas con el embajador británico Gibraltar por tranquilidad en Melilla.

Suele plantearse la cuestión, sobre todo en las redes, de cómo es que, dadas las circunstancias, no hay una revolución o, cuando menos, una revuelta. Cómo no una insurrección. Hasta dónde va a aguantar la gente. El gobierno, que entró hace dos años arramblando con todo gracias a su mayoría absoluta, tiene soliviantado a todo el mundo, por clases sociales, por sexos, por sectores profesionales, por territorios nacionalistas y, últimamente, por ciudades. Es tal su ineptitud política que ha conseguido soliviantar a su propio partido con ese proyecto de ley contra las mujeres que nadie en su sano juicio puede defender.

Para hoy convocan en Bilbao los partidos nacionalistas una manifestación por los derechos humanos. Es la respuesta a la prohibición de la manifestación en favor de los presos previamente convocada. La Asociación de Víctimas del Terrorismo ha pedido también la prohibición de la segunda convocatoria. Parece que la manifestación se celebrará en un clima de especial tensión, alimentada por esa escenificación de un caso Faisán bis pero con ribetes berlanguianos, incluso estilo Gila. Esa segunda nota de prensa del ministerio del Interior que dejaba sin efecto el contenido de la nota anterior informando de unos registros, unas detenciones y unas incautaciones que aún no se habían producido, parece un ejercicio de literatura surrealista o, más todavía, del teatro del absurdo.

La fabulosa ineptitud del gobierno propicia el escenario que quiere evitar, la celebración de la famosa consulta catalana. Los socios europeos afirman que la cuestión es un "asunto interno" español y el gobierno se siente respaldado, sin entender lo obvio: que esa declaración es ambigua y puede dar por supuesta la celebración de la consulta, un referéndum. La dan ya también por supuesta algunos medios internacionales. La da el mismo gobierno, repartiendo prontuarios entre los embajadores para que defiendan la unidad nacional in partibus.

La pregunta es: ¿quién dijo a esta gente que podía gobernar un país?

(La primera imagen es una foto de Mietenwahnsinn.de, en Twitter. La segunda, una de Canal54Burgos, en Twitter. La tercera una de Informática CGT, en Twitter).

lunes, 16 de diciembre de 2013

Cuando solo queda la desobediencia

"Cuando un gobierno encarcela a la gente injustamente, el verdadero lugar de un hombre justo es la cárcel." Eso decía Henry David Thoreau, teórico de la desobediencia civil, hace más de ciento sesenta años. Y así sigue siendo a día de hoy.

Cuando un gobierno injusto, tiránico y arbitrario reprime a la población, coarta sus libertades, la castiga con leyes desproporcionadas, confiscatorias e inicuas, cuando persigue la disidencia, trata de silenciar la protesta y de acallar las críticas, cuando ciega todo cauce de manifestación pacífica y suprime la libertad de expresión e información, a los ciudadanos no nos queda más remedio que recurrir a la desobediencia civil.

Cuando ese gobierno comete las iniquidades a fin silenciar toda manifestación de disconformidad frente a sus políticas rapaces, ladronas, esquilmadoras, que empobrecen a la ciudadanía, la despojan de sus medios de vida, la cargan con exacciones ficales abusivas e injustas, privan a la gente de su sustento diario, le arrebatan su vivienda y en no pocas ocasiones también la vida, los ciudadanos no tenemos otra salida que la resistencia pacífica, entre otras cosas porque este poder tiránico está armado hasta los dientes con los medios represivos que adquiere con el dinero de todos los contribuyentes. Probablemente no haya espectáculo más repugnante que esos policías antidisturbios pateando bestialmente a ciudadanos indefensos que son quienes, con sus impuestos, pagan los salarios de esos animales coceadores.

Además de tantas iniquidades el gobierno es ilegítimo de origen y ejercicio, carece de todo crédito y autoridad moral al estar dirigido por un embustero compulsivo y sospechoso de corrupción y compuesto por ministros posiblemente tan corruptos como su jefe así como apoyado en un partido que, según los papeles a disposición del juez, es más una banda de malhechores que un verdadero partido. Por todo ello, la desobediencia a esta iniquidad es, además de una actitud ética, también estética. Que no se nos confunda a los ciudadanos con una banda de truhanes.

El ministro del Interior, miembro del Opus Dei, y más atento a los delirios de esta secta siniestra que al bien común de los ciudadanos, dice, con esa desfachatez que caracteriza a esta banda que su Ley Mordaza, pensada para amedrentar a la población, silenciarla e imponerle multas absolutamente desproporcionadas, confiscatorias mejora el derecho de manifestación. Es el mismo criterio, la misma falta desvergonzada de sinceridad y honradez que lleva a lo lacayos del diario ABC a sostener que, con su censura férrea y su trato de favor a los lameculos, La Moncloa ha devuelto la libertad de expresión a las ruedas de prensa.

Todo pura neohabla de esta asociación de presuntos malhechores que mienten cada vez que abren la boca. Mienten en el Parlamento (y al Parlamento), mienten a los jueces, mienten en los medios de comunicación, engañan y mienten sistemáticamente en sus declaraciones, a la par que agreden a insultan a los discrepantes.

En esas condiciones, ¿qué sentido tiene que los demás hagan como si el país no estuviera dominado por esta banda que lleva años robando y cumplan la función que les correspondería en el caso de que todo funcionara normalmente? ¿Qué sentido tiene que la prensa acuda a unas ruedas protagonizadas por un trilero que decide quién hace las preguntas e incluso las pacta de antemano para llevar las respuestas escritas pues él es incapaz de hablar sin chuleta? Ninguno, salvo que los periodistas quieran que se rían de ellos.

¿Qué sentido tiene que la oposición acuda a un parlamento que es un cuartel de obediencia cerrada al gobierno y en el que no le dejan cumplir función alguna en defensa de los intereses de los ciudadanos y, al contrario, se les convierte en objeto de injuria, cuando no de amenaza de agresión física, como ya ha intentado alguno de ellos, especialmente matonil y chulo? Ninguno, salvo justificar este remedo de democracia que no es sino una dictadura de hecho.

¿Qué sentido tiene que los ciudadanos cumplamos nuestras obligaciones cuando los gobernantes no cumplen las suyas? Y no solamente que no cumplan las ya mencionadas, sino ninguna.

Hemos de mantener nuestra dignidad ciudadana frente a los desmanes de un poder tiránico y arbitrario que, no teniendo suficiente con emplear a la fuerza pública como una partida de la porra al servicio de sus intereses, ahora se propone enrolar mercenarios privados, probablemente para "ajustar las cuentas" a los ciudadanos más críticos o díscolos. O sea, a los que tienen dignidad.

La desobediencia general y universal frente a la tiranía es la única salida.

(La imagen es una foto de Insumissia, con licencia Creative Commons).

domingo, 15 de diciembre de 2013

Contra la ley mordaza

Nunca jamás ha servido de nada intensificar la represión para acallar las protestas cuando estas son justas por ir contra los poderes tiránicos como el actual español. Nunca. La experiencia debiera servir de algo, pero no será el caso con este gobierno reaccionario, anclado en el franquismo y menos con los psicópatas que dirigen el ministerio del interior, unos hipócritas fascistas y meapilas que tratan de aterrorizar a la población con normas inicuas y actuaciones brutales de la policía en violación de los derechos políticos de la gente.

Cuando la Ley Mordaza que estos orates del ministerio han preparado entre en vigor, difundir imágenes como la de la ilustración (por cierto tomada de Twitter) puede suponer 600.000 o 30.000 euros de multa. Se considera falta muy grave por haber grabado a los policías haciendo lo que los granujas que han redactado este texto legal consideran que es el trabajo de la policía: patear ciudadanos indefensos de modo bestial y con abuso de autoridad, de tres, cuatro agentes (que ya debieran estar expedientados) contra un viandante al que después, sin duda, detendrán y acusarán de insultarlos y de resistencia a la autoridad. 

Frente a la tiranía de este gobierno corrupto, apoyado en un partido que es una banda de malhechores, los ciudadanos hemos de resistirnos y hacerlo por nuestra cuenta porque, como puede observarse, la oposición parlamentaria no sirve para nada.

Hay que convocar huelga indefinida y desobediencia general para parar el fascismo de estos delincuentes.

jueves, 12 de septiembre de 2013

El fascismo ya está aquí.


La sesión de control del gobierno en el Parlamento fue vergonzosa. Rajoy sigue sin asumir responsabilidades, sin dar explicaciones de sus actos, sin informar a la opinión pública. Al contrario, sostiene que se mantiene en lo dicho el 1º de agosto, siendo así que no dijo nada y lo poco que dijo quedó de inmediato desmentido por los hechos. Es decir, se mantiene en seguir mintiendo. Un desprecio evidente a la representación popular, de la que pasa sin más, y tratando a la oposición con una altivez y una chulería más propias de una taberna que de un órgano legislativo.

Creí ver en la inadmisible intervención de Rajoy una muestra de ese proceso por el cual, la involución que el gobierno del PP está llevando a cabo en los órdenes laboral, sanitario, educativo, asistencial, cultural, científico, etc tiene un claro correlato en el orden político: un proceso de fascistización. Un cambio gradual y paulatino de las instituciones más o menos democráticas, subvertidas desde el interior por el partido del gobierno con el propósito de convertir el sistema político en una dictadura de hecho. Para argumentar en mi favor, rescaté una entrada del pasado mes de abril que precisamente se titulaba El proceso de fascistización, y que, leída ahora, me exime de mayores explicaciones acerca de qué se entienda por tal proceso.

Justo cuando me disponía a escribir esta entrada, desarrollando la de abril, se produjo el asalto fascista a la librería Blanquerna que todo el mundo pudo ver en directo en un vídeo. Mi primera reacción fue pensar que el asalto tenía que haberse producido con el consentimiento del gobierno, si no con su activa colaboración. Y, después de escuchar al ministro del Interior lamentando (pero no condenando) la barbarie nazi, me reafirmo en ella, como está expuesta en una entrada de ayer titulada: Los fascistas del gobierno al ataque.

A veces encuentro gente que me dice que exagero en mis apreciaciones. Son los mismos que luego las repiten tres o cuatro días más tarde como si fueran suyas. Una vez más queda claro que, de exagerar, nada. Ni en abril ni ahora. Llevamos dos años incubando el huevo de la serpiente fascista y este ha empezado a eclosionar. Tres factores, a mi juicio, han contribuido a traernos a esta situación que amenaza desastre a corto y medio plazo:

Primero. La recrudescencia del fascismo latente en las juventudes del PP, las Nuevas Generaciones, que se han pasado el verano aquí y allí, brazo en alto y exhibiendo banderas franquistas. La reacción del partido al que pertenecen estos zangolotinos ha sido restar importancia a los hechos, calificarlos de "chiquilladas", en atención a la corta edad de los participantes. Lo de la corta edad no valía para los casos, tampoco infrecuentes, en que cargos municipales del PP, incluso alcaldes, ensalzaban la figura de Franco, negaban sus crímenes, se reconocían franquistas. Aquí suele decirse que son idiosincrasias de este o aquel militante y asimismo se les resta importancia. Es la llamada banalización del mal, con ribetes de hispánica simpatía. En todo caso, el significado de estas reacciones del partido y el gobierno es el de la impunidad de las manifestaciones fascistas. De aquí a empezar a agredir a los ciudadanos y organizar pandillas para sembrar el terror no hay más que un paso que este verano se ha dado varias veces, con fascistas agrediendo a militantes de IU, por ejemplo, en Alcalá de Henares. No hay detenidos, que yo sepa, ni procesados por estos hechos.

Segundo. El gobierno de Rajoy ha vaciado de sentido las instituciones democráticas y procede como una dictadura de hecho. La mayoría absoluta en el Parlamento le permite bloquear toda iniciativa de la oposición y reducir el Congreso a una función decorativa. El empecinamiento en mantener de presidente del Tribunal Constitucional a un militante del partido del gobierno, prueba el propósito de someter los tribunales a su designio, como también lo hace con los que forman parte del Poder Judicial propiamente dicho. De hecho, cabe argumentar que su propósito es emplear la judicatura (ya lo hace con la fiscalía) al servicio de sus intereses, como antes hacía la derecha con los militares. El control sobre los medios públicos de comunicación es absolutoy estos solo sirven como máquina de propaganda y censura al servicio del gobierno.

Por supuesto, sigue habiendo Parlamento, tribunales de justicia, medios de comunicación. Pero el gobierno los controla o trata de controlarlos todos: ningunea el parlamento, obstaculiza la acción de la justicia e impone un discurso de propaganda a los medios. De derecho, es una democracia. De hecho, es una dictadura. Y, como es así, el gobierno no se molesta en ocultarlo, lo cual explica esa displicencia, impaciencia, arrogancia con que Rajoy sigue contestando con mentiras las interpelaciones de la oposición. Si esta no quiere morir arrollada, tendrá que ser más efectiva. La moción de censura ya tarda. Y, después de la moción de censura, retirada al Aventino. La oposición no puede ser testigo mudo, impotente y hasta cómplice de este proceso de consolidación del fascismo en España. Entre otras cosas porque, según muestra la experiencia, será la primera en caer si las cosas van a peor, lo cual trae sin cuidado a este gobierno.

Tercero. El enemigo exterior ha llegado en forma de separatismo catalán. Prueba evidente de que las vísperas catalanas han tenido una enorme repercusión. Los dos hechos de ayer, la cadena humana por la independencia de Cataluña y el asalto fascista a Blanquerna en Madrid son una metáfora nítida de la situación, de cómo están las cosas ahora y cómo pueden estar a corto plazo. De un lado, la reivindicación catalana: masiva, pacífica, pública, democrática, un ejemplo de civismo. Un movimiento reivindicativo político sostenido por la población civil. Del otro, un puñado de matones reventando un acto cívico, un grupo violento puesto a ladrar y rebuznar consignas elementales mientras agredía a la gente y se largaba lanzando gas lacrimógeno, probablemente del que use la policía. Ni un argumento y, el que lo ha dado, el ministro del Interior, ha recurrido a un necio esquema mental predilecto de Rajoy: la mayoría silenciosa de los catalanes no se ha manifestado. No se ocurre a estos lumbreras que la mayoría del pueblo español (silenciosa o vociferante) no ha votado al PP. O sí se les ocurre pero les da igual. Saben que gozan de impunidad. La misma que garantizan de hecho a las bandas de fascistas que amparan.

No exagero, buena gente. Mirad Blanquerna. Hay que pararlos.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Los fascistas del gobierno al ataque.


En el vídeo sobre el ataque nazi a la librería Blanquerna se ve perfectamente a varios de estos matones. ¿Por qué no están detenidos ya?

Porque son de los suyos. De los del gobierno. Si es que no fueron enviados directamente por el ministerio del Interior, uno de cuyos principales mandatarios, Cosidó, experto en provocaciones, comparte con estos animales muchos planteamientos.

¿A que la policía de Cifuentes no hace nada? ¿Cómo va a hacerlo si "son compañeros, coño"?

Blanquerna está situada en la acera de enfrente del Círculo de Bellas Artes, literalmente rodeada de policías y guardías civiles de servicio en unas u otras dependencias. Pero por allí no apareció ni uno. ¿Cómo iban as ir si quizá estuvieran de acuerdo, al contrario, para facilitar la agresión?

A ver si vamos despertando ya. Este gobierno es un gobierno fascista cada vez más escasamente disimulado. El presunto delincuente que lo preside actúa de forma dictatorial y su partido mantiene fluidas relaciones con los círculos de asesinos derechistas que pueblan el país, financiados con dineros de la patronal y organizados en las Nuevas Generaciones o esos alcaldes franquistas, añorantes de una dictadura genocida de la que sin duda se beneficiaron y que quieren ver repetirse.

La evolución de los hechos es un ejemplo de manual de cómo una endeble democracia evoluciona hasta convertirse en una dictadura fascista gracias a la política de un partido de derechas fundamentalmente antidemocrático como el PP que la vacía desde dentro, dinamita las instituciones, reprime las fuerzas sociales progresistas y protege y ampara a los criminales nazis que, repito, son los suyos.

Se veía venir desde que llegaron al gobierno y pusieron a los más fachas entre ellos -Cifuentes, Cosidó- al mando de las fuerzas de represión. Y se ha acelerado durante el verano: todos esos nazis  de las Nuevas Generaciones brazo en alto con las banderas franquistas eran los prolegómenos. Las excusas, las justificaciones, los disimulos de decir que no tenían importancia, que eran chiquilladas, apenas escondían lo que el PP lleva dos años gestionando: la vuelta de la dictadura.

Bien claro está.

miércoles, 17 de abril de 2013

La ofensiva contra las mujeres.


Arrecia el patriarcado con fuego de todas las baterías. Desde el fondo del templo de Dios, Rouco reclama la derogación de las leyes del aborto y del matrimonio homosexual. La primera petición apunta directamente a la mujeres, para privarlas de un derecho esencial como es el de disponer de la propia vida. La segunda va contra todos los homosexuales, femeninas y masculinos. Nueva restricción de derechos para convertir a las mujeres (y, de paso, a los gais) en ciudadan@s de segunda. Rouco es el Bautista clamando a los pies del palacio de Herodes, hoy accidentalmente el Vaticano. Pero su destino es muy otro. No será su cabeza la que vaya en bandeja sino la de Eva o, mejor, Lilith, la personificación femenina del mal. 

Gallardón está ya estudiando, con su habitual capacidad para el sofisma, la forma de vaciar de contenido la ley de la interrupción voluntaria del embarazo sin que parezca que está haciéndolo. Es ese fabuloso espíritu de mixtificación que se encierra en la propuesta de que el ministerio de Justicia sube las tasas judiciales para garantizar la gratuidad de la Justicia. El hecho es que, si Gallardón cede ante las imposiciones clericales, serán los curas quienes gobiernen. Lo mismo que ha sucedido con el ministerio de Educación cuyo ministro se ha apresurado a cumplir las órdenes del episcopado en materia de enseñanza privada, supresión de educación para la ciudadanía e implantación de la doctrina religiosa. Y, en la medida de lo posible, la educación, segregada por sexos pues, según el ministro, esta segregación no discrimina, como se demuestra por el hecho de que también la hayan implantado los integristas de Hamas en Gaza.

Está claro: en donde los curas mandan, las mujeres llevan la peor parte. Siempre. Y a esa misoginia acendrada de la Iglesia se une la de una sociedad civil educada en los más preclaros principios del machismo andante. Ese alcalde que dice que las feministas lo son hasta que se casan, igual que los comunistas hasta que se hacen ricos y los ateos hasta que se estrella su avión, muestra la esencia misma del machismo. La equiparación de las tres circunstancias es tramposa. Lo del comunista y el ateo los involucra a ellos solos confrontados con circunstancias genéricas fuera de su control. Allá ellos con sus conciencias. Lo de la feminista es el resultado de una interacción entre dos seres humanos, un dominador y una dominada. Es una relación de violencia. Esa presumida renuncia al feminismo por razón de matrimonio es la formulación vulgar de la leyenda de la doma de la bravía, aunque no tan vulgar como su manifestación de sobremesa cuando los hombres explican el comportamiento de una mujer porque es una malfollá que lo que está pidiendo es un macho.

El cargo del PP que hace unas fechas dijo que las leyes, como las mujeres, estaban para violarlas, dimitió acto seguido. Era una brutalidad demasiado pétrea para edulcorarla de algún modo haciéndola pasar por una de esas estúpidas incorrecciones políticas que invocan quienes no tienen ni idea de lo que es la corrección política. El alcalde en cuestión, sin embargo, para no dimitir ha acabado diciendo lo contrario de lo que afirmaba, admitiendo que no se puede generalizar, que algunas feministas lo hacen y que él lo encuentra lamentable. ¡Lamentable! Si son esas las que prueban la veracidad del supuesto de que, en el fondo, las feministas lo que quieren, como todas, es casarse con un hombre que las mantenga. Lamentablemente, claro.

La defensa de los derechos de las mujeres es la primera línea de la defensa de los derechos fundamentales.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Yolanda.

El 1º de febrero de 1980 dos criminales, Emilio Hellín Moro e Ignacio Abad Velázquez, secuestraban, torturaban y asesinaban de tres disparos en la cabeza a una chica de diecinueve años. Se llamaba Yolanda González, era vasca y vivía en Madrid, en donde estudiaba formación profesional y militaba en un grupúsculo trostkista. El frío relato de los hechos en Wikipedia da una idea de la época y ayuda a comprender el espíritu de la transición: los militantes de Fuerza Nueva andaban asesinando gente, como habían hecho -ellos u otros de la misma vena- con los abogados de Atocha, con la connivencia, cuando no la activa ayuda de la policía.

Hoy, treinta y tres años después de aquel crimen, nos enteramos de que el ministerio del Interior tiene contratado al asesino de Yolanda como asesor o instructor o adoctrinador de la policía y la guardia civil. Tras haber cumplido de forma bastante accidentada una parte de la condena original, el sujeto ha mudado de nombre y, entre otras, realiza las colaboraciones señaladas y alguna más para ocasionales autoridades del PP. Aquí se plantea la cuestión de qué sucede con los delincuentes cumplidos y su reinserción social. Seguramente. Pero el delito de Hellín, sobre ser especialmente odioso, tiene unos elementos de ideología política imposibles de ignorar. El asesinato de Yolanda fue un crimen político, un acto de terrorismo típicamente político. Que yo sepa, Hellín no ha pedido perdón ni mostrado arrepentimiento por el crimen cometido. ¿Acaso esas exigencias se plantean únicamente a los etarras o proetarras? Con tanta mayor razón aquí porque no existe garantía ninguna de que el Hellín de extrema derecha no aproveche su posición para orientar ideológicamente las actividades de la policía o, incluso, para cometer una nueva fechoría. La muestra de arrepentimiento tampoco sería una garantía, pero es de todo punto exigible.


Hellín fue contratado por el ministerio en 2006. Entonces era responable de Interior Rubalcaba. Quiero creer que el ministro socialista no sabía a quién se contrataba para la instrucción de la policía. No me cabe en la cabeza que lo supiera y no dijera nada. Y, si es así, ya está tardando en comparecer en público a decirlo. ¿O le parece bien contratar a un criminal fascista que no se ha arrepentido?

Veintiséis años después de su muerte, Yolanda fue asesinada de nuevo en su memoria por quien la había matado y quizá con la connivencia de quienes entonces lo ayudaron.

domingo, 13 de enero de 2013

Mundos aparte y un poco de vinagre.

Aplausos fervorosos a la joven Camila Vallejo, candidata a diputada al parlamento chileno por el Partido Comunista. Tiene en su haber el liderazgo del movimiento estudiantil de oposición del año pasado que hizo claudicar al gobierno en sus aviesas intenciones. La presencia activa de l@s jóvenes en las instituciones es imprescindible en nuestras democracias si de verdad queremos regenerarlas. Su radicalismo y su falta de ataduras de intereses creados les dan la fuerza necesaria para ello. Los políticos, los políticos profesionales, todos de mediana edad para arriba, salvas contadas excepciones de acólit@s, no pueden resolver los vicios de funcionamiento de las instituciones porque son sus principales beneficiarios.

Según El Pais de hoy, el 96% de la población cree que hay demasiada corrupción en España o que es "muy alta" o algo así. ¡Aleluya! Por fin se percata el personal. Hace unos meses, la corrupción no era siquiera un problema. Y hace algunos más, Camps salía elegido en Valencia con mayoría absoluta reforzada. Es una muestra obvia de la profunda sabiduría popular. La vox populi, vamos. Alta lo es la corrupción un Rato largo. Llega a las más elevadas instancias del Reino. Y, además de alta, generalizada, universal, asfixiante. Los gobiernos -no todos, desde luego- se dedican al saqueo. Lo llaman privatización, externalización, liberalización y siempre quieren decir quedárselo ellos, sus parientes y amigos (a los que tienen salpimentados por la administración pública, a veces a cientos, como el tal Baltar), cofrades, seguidores y asociados en inteligentes operaciones mercantiles. Regenerar esta situación de corruptela general no va a ser fácil. Una situación en la que un hombre con la hoja de servicios de Rato es contratado como asesor por Telefónica y no sucede nada no es sencilla de remediar.

Por eso está muy bien que irrumpa la juventud en las instituciones. Los partidos de izquierda deben darle paso con generosidad. Podían también abolir esas juventudes que suelen tener como lugar en donde aparcar las energías juveniles para ir luego cooptando a l@s más dóciles. Y si, además de jóvenes, son mujeres, servicio doble a la causa. La juventud tiene un potencial de cambio muy fuerte, pero las mujeres jóvenes lo duplican. Por eso, aplausos, renovados aplausos y aplausos también al país en donde esto sucede. Ojalá pase también en España.

La foto de Camila se encuentra por doquier en la prensa. Google da 429.000 resultados. En esta época mediática la imagen es muy importante y Camila es fotogénica y atractiva. Doble valor para la causa de las mujeres que quizá sea la causa más importante de nuestro tiempo.

Porque mientras Palinuro aplaude la naticia de Camila Vallejo, no puede dejar de pensar en esas dos mujeres que, con diferencia de días, han sido violadas en grupo en la India y la primera, además, torturada y bárbaramente asesinada. De esos casos vamos a encontrar muchas menos fotos. De las infortunadas, ninguna. Algún medio se atrevió a publicar una imagen del rostro tumefacto de la primera violada agonizante, pero ha desaparecido de la red. Es otro mundo, ¿verdad? Vivimos en mundos aparte. El planeta es el mismo pero en Chile una joven atractiva puede presentarse candidata a diputada y en la India esa misma muchacha no puede subir a un autobús sin peligro para su vida.

Es injusto que la gente se muera de hambre en el África, o a tiros en Ciudad Juárez, que los gobiernos rebajen los salarios de los trabajadores, las empresas despidan sin contemplaciones y exploten trabajo esclavo e infantil en otros países, es injusto que los niños no tengan igualdad de oportunidades en educación ni los adultos en sanidad. Sin duda. Pero la metáfora de todas esas injusticias es que en la India, en el África, millones de mujeres vivan bajo el permanente temor a ser violadas, torturadas, asesinadas cuando menos lo esperen, "cualquier día, en cualquier esquina."

Los hombres no sabemos lo que es eso, aunque podíamos intentarlo.

Es más, nos tranquilizamos pensándonos superiores. Aquí "eso" no sucede. No es imaginable. Tenemos la pulsión controlada: medio centenar de asesinadas al año y unos cientos de maltratadas. O sea, no estamos tan lejos. No estamos tan lejos. Y los medios debían ayudar a recordarlo, no cediendo a los aspectos fáciles de la comunicación.