domingo, 25 de febrero de 2018

Espejo de príncipes

Desde que, con el Renacimiento, la ciencia política se hiciera empírica y positivista, los teóricos dejaron de escribir aquellos "espejos de príncipes" (specula principum o principum specula) en los que desgranaban las virtudes que debieran adornar el recto comportamiento de los reyes.  Eran los asesores políticos de la Edad Media. Teólogos, filósofos, legistas trataban de mostrar al soberano el camino del "buen gobierno" de la tradición platónica. Para los positivistas de todo tipo eso solo podía ser un empeño moral y, por lo tanto, no científico y desechable.

Precisamente este es el secreto del exitazo de El príncipe de Maquiavelo: su doble naturaleza, como el rostro del dios Jano. Con una cara mira hacia atrás, pues es un típico espejo de príncipes; el último. Con la otra, adelante, porque prescinde de toda moral y se atiene, como la ciencia, a los hechos. Pero eso es ya otro asunto. Hace siglos que no se escriben espejos de príncipes. Y se nota. Los reyes ya no se nutren de ellos sino de las consejas de otras fuentes: validos, amantes, consejillos nobiliarios, confesores, hechiceros, nigromantes, militares, delincuentes, familiares, ectoplasmas, banqueros, gabinetes de prensa, comunicadores, spin doctors e influencers. La saga de los Borbones contiene bastantes de estos ejemplos y, aunque se observa cierta modernización, el resultado sigue siendo el mismo: el buen gobierno (al que los positivistas llaman gobernanza) les es tan ajeno como la galaxia Andrómeda.

Tómese el caso de este monarca yendo a inaugurar el Congreso Mundial de Móviles y a quien, por cierto, espera  la cacerolada más grande que se haya hecho jamás en sonora demostración del amor de sus súbditos. A su almuerzo (ya se sabe que los reyes son de buen yantar) no acudirá ninguna autoridad catalana. El presidente y vicepresidente de la Generalitat por imposibilidad metafísica ya que, siendo un exiliado y un preso político en un país en donde no hay exiliados ni presos políticos, obviamente, no existen. El presidente del Parlament, Torrent y la alcaldesa, Colau, en protesta por las cargas del 1-O y la existencia de los innombrables, los presos políticos cuya sola mención hace saltar de su silla al presidente del TSJC y a los fiscales, quienes quizá deban actuar en justicia en este asunto. Imagínese.

Será pues un almuerzo en familia, con los amigos de toda la vida y las autoridades españolas destacadas en la colonia, en contacto directo y sufrido con los aborígenes. Algún paseíllo de corto trecho y a distancia suficiente para no ver ni escuchar las manifestaciones de sus amados, aunque no amantes, súbditos. No es una repetición de la fábula del rey desnudo porque no se necesita niño alguno. Todos, hasta el rey, saben que el rey va desnudo. Por fuera y por dentro. No entiende nada de lo que pasa. Ni por asomo. Está lleno de ira y despecho, con lo que cada avez se ciega más. No solo no ha leído ningún espejo de príncipe, como sus antepasados, sino que su fuente de información y consejo es un tal M. Rajoy, lector del Marca

El monarca o alguien en su nombre envió 10.000 policías a apalear a la población pacífica y, lo que es peor, dos días después de la bárbara acción, el rey la respaldaba de palabra, sin tener ninguna para las víctimas. A nadie puede extrañar que su persona no sea bienquista en Catalunya. Y menos que a nadie, a él mismo, sabedor, es de suponer, de que apalear no es el modo más racional de ganarse el afecto de alguien. Con esos antecedentes, por tanto, el rey llega seguramente animado del espíritu de Calígula: "que me odien con tal de que me teman".

Pero es que no le temen. Y no parece que estén los tiempos para conseguirlo por los procedimientos de su antepasado, el que no tenía un palito detrás de la uve.  

P.S. Ya tiene gracia que el Congreso Mundial de Móviles se celebre en Catalunya, lugar en donde el gobierno prohíbe investir telemáticamente al presidente de la Generalitat.

sábado, 24 de febrero de 2018

Los presos políticos

La anécdota es conocida. En un acto del colegio de abogados de Barcelona en la festividad de st. Ramon de Penyafort, que yo creía que era un mes antes, al referirse Roger Torrent a los presos políticos, algunos magistrados, abogados y cargos abandonaron ostentosamente la sala. El ministro de Justicia, Catalá, que presidía, permaneció en su sillón pero recriminó luego en privado a Torrent por lo extemporáneo de su referencia y la decana del Ilustre colegio lo reprendió como si fuera un niño, razón por la que algunos piden su dimisión.

Este lamentable episodio suscita dos consideraciones, una general y otra específica. La general es obvia: ¿qué se esperaban los/as ofendidas/os, tanto quienes se ausentaron como quienes permanecieron? Esta no es más que la primera muestra de la larga serie de desencuentros, conflictos, choques en que va a moverse la política catalana en un futuro previsible mientras siga en vigor el 155 y después de él aunque quizá menos bruscos. Obligar a que una sociedad desarrollada viva en un marco jurídico y político contrario a la voluntad de su mayoría parlamentaria absoluta y relativa social es algo absurdo. Empeñarse en que, además, no haya fricciones, conflictos es sencillamente quimérico, porque no podrán evitarse y cada vez desgastarán más la convivencia. Las manillas de los relojes catalán y español giran en sentidos contrario.

La específica se refiere a la expresión presos políticos en sí, tan furibundamente resentida por los habitualmente moderadas gentes de leyes. Es la eterna cuestión de los universales siempre de honda raíz por estos pagos. Claro que existen los presos políticos, dicen los nominalistas, pero estos no lo son; estos son, dicen, "políticos presos". Desde luego que existen los presos políticos, dicen los realistas y son estos: los Jordis, Junqueras y Forn y, a más inri, también están los exiliados políticos, Puigdemont, Ponsatí, Borrás y Comín. 

No, no hay presos políticos, insiste el B155, en España no hay delitos políticos. Solo hay delitos de derecho común y esos políticos son presos de derecho común. Este dictamen ha de recibirse con respeto porque, en punto a políticos presos, el  PP ha hecho varios másters. Tiene un montón de políticos en el trullo, a punto de entrar en el trullo, en libertad provisional. En fin, sabe de lo que habla. Cuando lo hace de políticos presos, pero no cuando de presos políticos. De eso, de presos de conciencia o por ideas, no sabe nada porque ambos conceptos, conciencia e ideas, le son ajenos.

Claro que los presos políticos catalanes son presos políticos. Es más, son rehenes de una política represiva española profundamente errónea pues alimenta el fuego que quiere extinguir. Eso da una idea de la que tiene esta gente sobre sus propias convicciones pues, siendo cristianos, debieran recordar que su religión se extendió universalmente gracias, entre otras cosas, a la manía de algunos emperadores de perseguirla.

Claro que son presos políticos. Basta escuchar al juez Llarena en una rueda de prensa en Oviedo explicar trabajosa e inútilmente por qué el proceso que está instruyendo no es un proceso político para darse cuenta de que es un proceso político. El mismo juez que no pide la extradición de Gabriel porque, según afirma, allí no se concede la extradición mas que a cambio de pruebas, no de sospechas, pero sí dicta orden de detención en España. Esta es especialmente injusta porque equivale a una prohición de entrada. 

Claro que son presos políticos y es imperativo que los organismos internacionales se movilicen para que se les reconozca esta condición a los efectos también de que reciban un tratamiento digno y no estén sometidos a las posibles arbitrariedades y abusos de las autoridades penitenciarias, para que se les reconozcan derechos injustamente arrebatados y se castigue a aquellos funcionarios de correos o de prisiones que abusan de su poder devolviendo el correo de los reclusos a los remitentes con comentarios ofensivos. 

Claro que son presos políticos, como hay exiliados políticos, a quienes el B155 no llama "políticos exiliados" porque también sería verdad y solo se refieren a ellos como "los prófugos". 

También han perdido esta batalla. El B155 está quedando guapo para la historia. Claro que son presos políticos y exiliados políticos, con la última incorporación de Anna Gabriel.

Ya está España como suele.

La República Catalana, 5ª edición

Anunciar la 5ª edición de La República Catalana "me llena de orgullo y satisfacción". Me siento como el Rey anterior cuando anunciaba los muchos bienes que su democrática magnanimidad nos regalaba anualmente; aunque él no ha publicado libro alguno. Falta de olfato empresarial de los editores. Recopilando los discursos de padre e hijo, saldría un tomito muy apañado con vocación de éxito de ventas en los supermercados. Verdad es que todos los capítulos serían el mismo, pues los discursos reales son siempre idénticos. Hasta los heredan, como el trono. La corona ciñe la misma cabeza pues, como quiere la tradición inglesa, decana en estas quisicosas, King never dies ("el Rey no muere nunca"). Misma cabeza, mismas ideas, mismo discurso. Así, los lectores podrían aprendérselo de memoria. Como el himno de Marta Sánchez. Todo por la patria.

Espero que estas observaciones no se consideren injurias a la Corona y acabe Palinuro haciendo compañía a Valtonyc. Tiempo tendrán los jueces para mandar al trullo a los barceloneses que mañana, domingo, reciban a Felipe VI con la cacerolada más grande que se haya hecho jamás. El instructor encontrará fácilmente las pruebas: todo aquel que tenga una cacerola o sartén o pava (pues hay muchas argentinas por allí) abolladas en la cocina, al talego. 

Editado en 2016 por Ara Llibres, hace menos de dos años, esta quinta edición evidencia cierto interés del público que el autor agradece, pues no pertenece a ese círculo de excelsos espíritus que solo escriben para sí mismos. Está en castellano, lengua tan importante en Catalunya como en España. Sus lectores son casi todos catalanes, esa gente maligna que lee en castellano y catalán indistintamente solo para fastidiar, tratando de igualar o superar la facilidad con que el público castellano del resto del Estado lee en catalán y castellano.

viernes, 23 de febrero de 2018

El gran robo del siglo


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Excelente resumen del saqueo de España organizado por una banda de delincuentes que ha tenido el acierto de decir que es un "partido político" y ha encontrado millones de gentes crédulas que los vota con los ojos cerrados. Cerrados para no ver que se trata de una cuadrilla que ha sabido aunar perfectamente el vicio privado de robar a manos llenas (para sí mismos, sus cónyuges,  parientes, amigos y compinches) con la virtud pública de las medidas neoliberales, lo que responde siempre al mismo nombre, privatización. Cuando se roba para el bolsillo propio, como cuando se hace como medida de política económica, se llama privatización. Negocio redondo. Total impunidad. Saqueo seguro. País arruinado. Trabajadores con sueldos de hambre, jóvenes en la emigración, parados sin cobertura, dependientes sin ayudas, jubilados sin pensiones.

Los principales responsables de este atraco de país son los diputados de una oposición sumisa que no presentan una moción de censura por dos razones: 1ª porque no se atreven. 2ª porque ellos han asegurado sus sueldos estratosféricos, sus privilegios y sus pensiones de cine. Con lo cual, no tienen prisa en atajar el latrocinio y prefieren que estos bandidos terminen de rapiñar lo que queda y acaben cómodamente la legislatura

Ese es el problema, que tan corrupto es el gobierno y su partido como los de la oposición y el resto de las instituciones, medios, judicatura, iglesia, patronal y sindicatos.

¿Que quién paga? Los de siempre, hombre.

El Estado doble

Soy muy aficionado a la figura del doble (el Doppelgänger) en la literatura. El doble no es un personaje normal; a veces no es ni un personaje, puesto que duplica, "clona" a otro y crea así el problema de quién sea el doble y quién el original, lo cual conduce directamente a las regiones filosóficas. El doble no es un personaje, sino un símbolo de la naturaleza humana. Los seres humanos somos duales y todo lo entendemos en términos duales (el bien, el mal; la vida, la muerte; la virtud, el vicio; etc.), generalmente antagónicos. 

El ser humano es doble en su unidad. Una cosa es lo que dice y otra lo que hace. Hay quien lo ve triple, pues una cosa es lo que dice, otra lo que hace y otra lo que piensa. Por desgracia o por fortuna, el pensamiento es secreto, inabordable y solo se manifiesta cuando se traiciona, empujado por ese genio maligno del subconsciente. Son las meteduras de pata de Cospedal hablando de saquear el país; o de Catalá, vanagloriándose de lo bien que gestionan la corrupción; o M. Rajoy felicitándonos el año pasado, el 2016. Pero, lo dicho, tratándose de gente normal, el pensamiento es secreto. ¿En qué pensaría M. Rajoy cuando rebajaba de hecho las pensiones tras haber dicho que no las tocaría y que las subiría? ¿Qué pensaría? ¿Soy un canalla por haber engañado a la parte más débil de la sociedad? ¿Soy un genio por haber engañado a millones de personas que seguirán votándome? El pensamiento es secreto. En su comportamiento externo, observable, en lo que dice y lo que hace, el ser humano es doble.

Y dobles son sus instituciones, sus gobiernos, partidos, Estados, iglesias, tribunales. Dicen una cosa y hacen otra. Prácticamente todos. La política consiste en explicar después la diferencia entre lo uno y lo otro. Ya en tiempos de Ortega era moneda corriente la distinción entre la España real (lo que se hace) y la oficial (lo que se dice). Dualidad que compartía con todos los regímenes de la época pero que a nosotros nos toca más de cerca por ser la "nuestra de toda la vida".

Tómese el caso de la censura de Arco, la fotos pixeladas de cuatro presos políticos catalanes. Visto y no visto. Se cuelga el montaje. En minutos, suena un móvil: la dirección del Ifema ordena a Arco retirar la obra ipso facto. Arco llama a la galerista y la galerista, sin rechistar, retira el montaje, dejando el lienzo blanco de la pared en donde durante unas horas, los duendes de Twetter subieron la leyenda de "mapa con todas las alcaldías de C's en Catalunya". Ninguna. La censura salta a los medios y redes y se monta el escándalo. Interpretación de manual: ataque a la libertad de expresión. Todas las entidades implicadas dan la cara avergonzadas (al fin y al cabo, es el arte), sin explicarse qué había sucedido, reconociendo su culpa y asegurando que no volvería a pasar. Como colofón para cerrar el caso en el arquetipo de lucha por la libertad de expresión, la obra no se pudo reponer porque ya se había vendido. Pero, si todo era tan evidente desde el principio, ¿por qué se produjo la orden de censura en primer lugar y por qué recorrió la cadena del mando sin que nadie rechistara? Los más enterados susurran que, en realidad, se trataba de evitar que el rey, en la inauguración, viera la obra.  Podía darle algo. Pasado el monarca admirando estatuillas, la obra se repondría.

Ese servilismo ante la monarquía ya deja muy mal a todos los responsables. Excepto a Carmena, que no asistió a la inauguración en protesta y cuyos delegados en el Ifema votaron en contra de la retirada. Los demás, quedan de miserables tiralevitas. Pero en realidad, es peor. Probablemente la primera orden de censura nació en la dirección del Ifema, no vino de más arriba. De hecho, hasta Zoido se permitió afirmar al estilo M. Rajoy, su maestro, que "el arte es siempre el arte". Y el ministro Méndez se hacía cruces en nombre de la sagrada libertad de expresión que reina en España, como si el atentado no fuera con ellos. La dualidad y la hipocresía es evidente: diciendo lo de la libertad, no era preciso que la negaran de hecho porque, al tratarse de presos políticos catalanes, las autoridades inferiores, los medios, las instituciones españolas actúan de oficio prohibiendo, reprimiendo, denunciando. Lo primero que hizo el ciudadano que creyó ver a Puigdemont en la personificación de su doble, Joaquín Reyes, fue llamar a la policía que, por cierto, acudió en nutrido comando de seis contra una hombre solo. Pero muy peligroso por catalán e independentista.

Y si de la censura del Ifema saltamos a las manifas de jubiladas de ayer, la oposición entre el dicho y el hecho llega al insulto, cosa habitual pues quien la explica es el portavoz del PP, Rafael Hernando quien hace ver condescendientemente a los manifestantes que pueden darse con un canto en los dientes pues hay colectivos que están peor. Pero esta es la parte esencial, macarra, del sujeto. La curiosa es la dual. Dice Hernando que, con el PP las pensiones han crecido de media, han aumentado su poder adquisitivo. Desvinculadas del IPC desde 2013, sometidas a un incremento lineal del 0,25%, con IPCs anuales superiores excepto en dos años (-1,0% y 0,0% en 2014 y 2015 respectivamente), las pensiones, objetivamente, han bajado. Lo de Hernando es un dicho; lo del IPC, un hecho. Es una provocación y un insulto que se invite a darse con un canto en los dientes a una gente a la que se ha empobrecido también encareciendo los productos farmacéuticos y el recurso a la sanidad, se la obliga a subvenir con su magra pensión a familiares en el paro y, además, se le han saqueado 60.000 millones de € del fondo de pensiones para dárselos a los bancos. La distancia entre lo que se dice y lo que se hace es inmensa.

Allá por los años cuarenta del siglo pasado, Ernst Fraenkel, uno de aquellos judíos alemanes que hubieron de emigrar a los EEUU, en donde hicieron una gran obra, elaboró la teoría del "Estado doble". Es un estudio del régimen nazi. De los que hay muchos, sí, pero este es único porque se escribió desde dentro de Alemania en los años treinta y el manuscrito sacado clandestinamente del país. El Estado nazi era "doble", de un lado era una estado de normas jurídicas y, de otro, un Estado de medidas políticas. La teoría era buena y fue el núcleo del problema que se planteó al final de la guerra: ¿cómo pudieron unos jueces administrar justicia en un Estado cuyas medidas políticas estaban basadas en la violencia y el terror?

El análisis de Fraenkel era del régimen nazi, pero su proceder es aplicable a España, salvando todas las distancias. ¿Cómo pueden los jueces administrar justicia en un Estado cuya práctica política es la arbitrariedad, la represión y la violencia, sin olvidar la corrupción, que también los afecta a ellos? Más concretamente: ¿cómo pueden administrar justicia en un país que envía 10.000 policías a reprimir brutalmente un acto público masivo y pacífico, dejando detrás 1006 personas heridas?

¿Cómo? Muy sencillo: negándolo de plano con todo el morro. El señor Pérez de los Cobos, procesado por torturas, falangista, de familia de Fuerza Nueva, hermano del expresidente del Constitucional y enviado por el gobierno a reprimir el 1-O, niega ante el juez que hubiera cargas de la Policía Nacional y la Guardia Civil y atribuye la violencia a los mossos.  Cualquiera de los cientos de vídeos de la jornada muestra que esto es mentira. Es igual. No hay que atender a lo que pasa en realidad sino a lo que dice el gobierno o sus secuaces que pasa. Consigna también para los jueces.

Y el gobierno (y sus medios y sus jueces) dice que lo que pasa no pasa. Negar, mentir, es costumbre en la escudería. Y con total desparpajo. No hubo referéndum de 1-O, no hubo declaración de independencia el 27-O, no hay presos políticos, sino políticos presos. Dicho por un partido con la mayor cantidad de políticos presos en toda la escala procesal, y presos de derecho común.

El Estado doble de Fraenkel. España, dice M. Rajoy, es un Estado de derecho. La ley está para cumplirla. Ahorro el plúmbeo rollo teórico sobre ley y democracia. El Estado norma jurídica. Luego viene el Estado medidas políticas: corrupción estructural, supresión de la libertad de expresión, dictadura del 155, agresión al bienestar de los sectores populares, agresión a la lengua y cultura de los pueblos y naciones, guerra sucia de los ministerios contra los adversarios ideológicos, derecho penal del enemigo, justicia política, justicia de clase (los tres magistrados que han encarcelado a Valtonyc son los tres recusados en otras ocasiones por afinidad al PP), manipulación de los medios de comunicación, anulación de la división de poderes.

¿Cómo puede decirse que se administra justicia en estas condiciones? 

Vivir en España


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Me declaro admirador de Antoni Bassas. No necesito dar las razones. Las da él mismo. Atiéndase a lo que, con moderación y elegancia pero con contundencia, dice el periodista en respuesta a las retóricas preguntas y falaces explicaciones de M. Rajoy en el Senado. Ignoro qué habrá contestado la senadora a la que con tan encendido como atropellado verbo se dirigía el de los sobresueldos. Sus asesores deben recomendarle que escuche a Bassas en el vídeo y le responda. La educación, si supiera qué es, lo obliga a hacerlo puesto que el último lo interpela directamente. A ver cómo demuestra que España es una democracia y un Estado de derecho frente al argumento de Bassas de que no lo es.

jueves, 22 de febrero de 2018

El desbloqueo

Los desunidos, rajados, retractados, hundidos, acobardados, que estaban a tortas entre sí, a punto e denunciarse unos a otras, están unidos como una piña y salen con una propuesta acordada que, efectivamente, desbloquea la situación catalana. Fórmula en la estela del espíritu gaullista que Palinuro ha señalado modestamente en la evolución del independentismo desde el golpe unilateral del Estado el 27 de octubre de 2017. Puigdemont presidente de la República en el exilio, habiendo desistido de su intención de ser investido en sede parlamentaria, aunque fuera telemáticamente, y un presidente legal de la Generalitat como primer ministro. La fórmula es procedimentalmente irreprochable y debe servir para constituir el govern, presidido por Jordi Sánchez o persona que lo sustituya si el juez no deja que Sánchez ejerza.

En realidad, se trata de una forma de bicefalia gubernamental, al estilo del semipresidencialismo gaullista adaptado a las circunstancias excepcionales que vive la República. Aquellas que obligaron a su presidente a exiliarse en Bruselas como De Gaulle lo estuvo en Londres, para mantener viva la llama de la Catalogne Libre. La fórmula es sencilla: un presidente y un primer ministro que, por necesidades del guión, se llama presidente de la Generalitat y es alguien de su confianza. Las competencias del presidente legal están claras en el Estatuto; las del Presidente de la República nacen de la voluntad soberana del Parlament. Si este otorga por mayoría (asegurada) al presidente competencia para nombrar al primer ministro, convocar elecciones (que implica disolver el Parlament) y representar a la República Catalana en el exterior, es muy libre de hacerlo.

No se ve de qué modo quepa impugnar esa decisión si es de tipo meramente "simbólico" como dicen por ahí. Solo se pueden impugnar decisiones ilegales claramente identificables. Si el Parlament consulta el nombramiento para investidura con el Presidente de la República o si este disuelve el Parlament y convoca elecciones son cosas que legalmente decidirá el Parlamento o el gobierno, puesto que son sus funciones. Si el presidente de la República realiza actividades de representación exterior, estas dependerán exclusivamente de su voluntad y la de su interlocutor en cada caso.

Hay una República manifiesta, legal, frente y una latente, legítima en coordinación con aquella y que el B155 no tiene modo de impedir. Es más, frente a esta forma de poder dual, lo único sensato es levantar de una vez el 155, abandonar toda pretensión dictatorial y reconocer el resultado de ls elecciones del 21 de diciembre.

miércoles, 21 de febrero de 2018

La dictadura del B155 va por todas

Salvando todas las distancias.

En noviembre de 1931, Louis Aragon, poeta surrealista y comunista publicaba un largo poema titulado Front Rouge (Frente Rojo) en la revista Littérature de la Révolution mondiale, editada en Moscú. Entre otras cosas de diverso calado, en él se decía: "Feu sur Léon Blum/Feu sur Boncour Frossard Déat/Feu sur les ours savants de la social-démocratie/Feu feu j’entends passer/la mort sur Gachery Feu vous -dis-je/Sous la conduite du parti communiste/SFIC/vous attendez le doigt sur la gâchette/que ce se ne soit plus moi qui vous crie/Feu/mais Lénine/le Lénine du juste moment"

"Fuego sobre Léon Blum/Fuego sobre Boncour Frossard Déat/Fuego sobre los osos sabios de la socialdemocracia/Fuego fuego oigo pasar/la muerte por Gachery Fuego os digo/bajo la dirección del Partido Comunista/SFIC/esperáis con el dedo en el gatillo/que no sea yo quien os grite/Fuego/sino Lenin/el Lenin del momento exacto".

Dos meses y medio después, el poeta es procesado por "incitación a la desobediencia a los militares y al asesinato con fines anarquistas" con una petición de cinco años de prisión. De inmediato, protestas masivas de intelectuales con actos y manifiestos, encabezados por André Breton quien, con este motivo, escribió algunos de sus mejores textos sobre la relación entre la poesía y el arte en general con la política. Un interesante debate dentro del surrealismo en torno al arte comprometido. La consigna que todos suscribían era (y sigue siendo) el arte, la poesía, no delinquen.

La causa fue sobreseída. Justamente. La poesía no delinque. Innecesario discutir la cuestión a la que tan aficionados son los espiritus más lerdos, los que cuentan los pelos del rabo de la esfinge, como decía Unamuno, de qué clase de poesía, si la más excelsa o la más arrastrada. Poesía es todo. Poetas son todos, los aedas, los trovadores, los bardos, los juglares, los raperos. La poesía no delinque.

Hay, sin embargo, tipificados unos delitos, siguen aquellos espíritus, antes de dictar sus sentencias, que encajan en los contenidos de unas u otras poesías y, mientras esos delitos existan, por manifiestamente injustos que sean (injurias a la corona, blasfemia, enaltecimiento de esto o aquello), los jueces están obligados a actuar. Si no se quiere que alguien vaya a la cárcel por estos motivos, lo lógico es reformar el Código Penal, pero no pedir a los jueces que inapliquen la ley. 

No es así. No se trata de inaplicar la ley, dejando sin castigo unas conductas delictivas, sino de interpretarla con sentido común que es lo mínimo que puede pedirse a los jueces. Se trata de que no hay delito en los raps de Valtonyc o Pablo Hasel. La poesía no delinque. 

Aun admitiendo que hayan de invocarse unos delitos que se consideran absurdos, la cuestión es que la aplicación sin más de la ley puede ser y es injusta. Los jueces podrían atender a la equidad ya que la consideración de qué sea y qué no sea "injuria", "incitación" y "enaltecimiento" es altamente subjetiva, cosa obvia, lo que permitiría dejar en libertad a los acusados por razón de, digamos, menor gravedad del hecho. 

Podrían, pero no es necesario porque no hay delito alguno. Ni injurias, ni enaltecimiento, ni nada. La poesía no delinque porque, no saliendo del terreno del habla, carece de carácter performativo. Ni Aragon era un jefe de pelotón de fusilamiento que ordenara abrir fuego sobre Léon Blum ni Valtonyc es un jefe terrorista que ordene un atentado. La poesía no delinque. Si queda alguna duda a los señores jueces, que vuelvan a leer las letras del rapero teniendo en cuenta no solamente el Código Penal sino el rap en sí como composición. Si lo que ahí se dice lleva al autor a la cárcel, en la cárcel debieron dar los futuristas, los surrealistas, De Sade (que, de hecho, estuvo), Quevedo (que también), Vian, que iría a "escupir sobre vuestras tumbas". Habría que reescribir la historia de la literatura como la historia del crimen.

Venga ya. 

La dictadura española y cómo combatirla

Aquí, mi artículo de hoy en elMón.cat, titulado España y Turquía, un mismo combate. Es un comentario sobre la muy sensata decisión de Anna Gabriel de exiliarse en Ginebra dado que en España no puede esperar un juicio justo. Y no puede esperarlo porque, a estas alturas de la aplicación del 155, en el Estado español no queda nada de democracia, de Estado de derecho, de separación de poderes, de debido proceso, garantías procesales, habeas corpus, libertad de expresión, seguridad jurídica. Nada. Nada de nada. El país es hoy una dictadura personal de un tipo, incapaz de hablar de modo inteligible y acusado de cobrar sobresueldos en B al frente de un partido de delincuentes, con el Parlamento sometido, la oposicion a su servicio y los jueces prevaricando a su directo dictado, mientras las bandas de fascistas bajo su control cometen todo género de agresiones callejeras, pero los que van a la cárcel son siempre los de izquierdas, como Pablo Hasel y Valtonyc,.

Estando el país en manos de esta tropa de delincuentes políticos, mediáticos, judiciales y policiales, lo mejor que puede hacerse es lo que ha hecho Anna Gabriel, no aceptar el fascismo judicial y abrir un segundo frente internacional a este gobierno de indeseables.

Así avanzará la República Catalana, ejerciendo el derecho de resistencia a la tiranía, desobedeciendo pacíficamente, no dejándose avasallar por los peores delincuentes que cabe imaginar: los jueces injustos.

Aquí la versión en castellano.

España y Turquía: un mismo combate

A estas alturas ya estarán las tres “emes” (macarras, matones y mercenarios) que el gobierno de la Gürtel tiene en los medios vomitando bilis y estupideces en contra de Anna Gabriel, por exiliarse en Suiza. Una más que añadir a la lista de ataques de esta caterva de venenosos cantamañanas. Su tema: la CUP, Puigdemont, el PDeCat, Junqueras, la ERC y Catalunya en conjunto. Trabajo no les falta. Por eso, el PP y el gobierno de la Gürtel los pagan regiamente con el dinero público que les sobra de lo que van robando a diario en todas partes. Ese es el frente mediático más vociferante del bloque del 155 (B155)

Luego está el otro, el aparentemente más equilibrado, menos vulgar y chabacano, el que dicen “de nivel europeo”, como el grupo Prisa, igual de vendido a la derecha nacionalcatólica, de la que depende económicamente. Tiene una cada vez más imperceptible diferencia de forma con el otro y trata de revestir de una pátina de respetabilidad, academicismo y moderación las estúpidas diatribas cuartelarias de aquel. Pero su fin es el mismo: mentir, falsear la realidad, amenazar a la gente y legitimar la arbitrariedad y la injusticia.

Ambos coros mediáticos, el carcunda y el “liberal”, tratan de colar como incuestionable un mentira cada vez más evidente a ojos de todo el mundo: que el país es una democracia y un Estado de derecho. Quienes desobedecen las leyes, democráticamente aprobadas en parlamentos representativos, aun teniendo protegidos sus derechos, son perseguidos y castigados por unos jueces justos e independientes porque en España se respetan los derechos individuales y hay separación de poderes.

Falso. España está a la altura de Turquía, o más abajo, incluso, en cuanto a garantías jurídicas, derechos y libertades, como confirman todos los indicadores internacionales. El país está gobernado por una asociación de malhechores que ha pervertido los fundamentos del Estado liberal y democrático de derecho, anulando el Parlamento, comprando a los medios y se vale de los jueces como comisarios a sus órdenes.

La prueba más evidente la muestra la propia judicatura que actúa no solo como justicia política, sino claramente como justicia de clase. Se persigue a los/las independentistas y a la izquierda no domesticada (raperos como Hasel o Valtonyc), pero no a las bandas fascistas y parapoliciales que agreden a la población civil. Con más de 100 actos de violencia fascista/españolista probada, filmada e identificada hasta la saciedad, no hay ni un procesado por ello.

Es lógico. Son los suyos. Ninguno de los fascistas que asaltaron Blanquerna está en prisión porque son parientes de los gobernantes de la Gürtel.

La decisión de Anna Gabriel de no entregarse a merced de una justicia al servicio de la dictadura del 155 añade fuerza a la estrategia de internacionalización que en su día adoptara Puigdemont, y pone en evidencia ante el mundo lo que venimos señalando: el país es una dictadura de hecho de una asociación de malhechores apoyada por unos partidos políticos tan corruptos como aquella, el PSOE y C’s por activa y Podemos por pasiva, y sostenida en la tiranía de una mayoría española en contra de la minoría nacional catalana.

Los casos de Pablo Hasel, Valtonycc, diversos tuiteros y titiriteros, todos en la cárcel o a punto de entrar en ella, mientras que las bandas fascistas de amigos y parientes de los gobernantes campan a sus anchas, demuestran que si eres de izquierda, en España no puedes esperar justicia. A este respecto, el país es peor que Turquía. Es, como se ha dicho reiteradamente, una monarquía bananera y de bananas podridas. Pero si eres independentista catalán, de izquierda, centro o derecha, es todavía peor. La falta de justicia se intensifica hasta convertirse en una persecución criminal a cargo de unos “jueces” que actúan como comisarios del poder político corrupto, que prevarican desvergonzadamente, se inventan los delitos o violan el debido proceso legal y hasta las garantías del habeas corpus..

Eso es lo que el mundo está viendo hoy cuando, al exilio de Carles Puigdemont et al. en Bélgica, se ha sumado el de Anna Gabriel en Suiza. Es público y notorio que España está gobernada por presuntos delincuentes bajo forma de una dictadura neofranquista, nacionalcatólica y centralista que Europa conoce muy bien. Por eso es ya urgente e imprescindible que la UE tome medidas en defensa de los derechos de una población civil a merced de una banda de malhechores.

Y ha de hacerlo Europa porque ningún partido estatal del arco parlamentario español está dispuesto a controlar al gobierno y sus jueces de presa. Al contrario, tres de ellos lo apoyan y jalean mientras el cuarto, Podemos, trata de ocultar su acuerdo de base con la represión antiindependentista promoviendo debates de otro tipo que alejen el foco de lo que realmente importa, esto es, la persecución seudojudicial de unos ciudadanos por su sus ideas y prácticas independentistas.

En el Estado español, para ser libre hay que estar en la cárcel, como los dos Jordis, Oriol Junqueras y Joaquim Forn, o en el exilio, como Carles Puigdemont, Clara Ponsatí, Toni Comin, Meritxel Serret y Lluís Puig y ahora Anna Gabriel.

Para vaciar las cárceles de presos políticos y traer las exiliadas hay que estar dispuestos a entrar en ellas o a exiliarse.