miércoles, 18 de octubre de 2017

En nombre de los presos

No era precisa particular agudeza para darse cuenta de lo que iba a pasar. Acción/reacción/más acción. Hasta El País lo ha visto: la prisión de Sánchez y Cuixart da oxígeno al independentismo y así ha sido. Una reacción espontánea, inmediata, masiva de la gente. Aunque El País, siempre servicial con el gobierno, la reduce a unos "miles", ha sido muy considerable y muy, muy generalizada.

La decisión de la jueza,  cuestionada jurídicamente a fondo, es un disparate político mayúsculo, sobre todo por su sublime inutilidad. Ahora hay dos presos políticos, pero el movimiento que lideran sigue intacto, ha generado ya su nueva dirección provisional y mantiene su estructura en red operativa, ahora fogueada con un nuevo objetivo que la ineptitud del gobierno (pues la decisión, en el fondo, es política, como todos sabemos) le ha entregado en bandeja.

Ahora hay cientos de miles de gentes en las calles y la actitud de desobediencia (las institucioness catalanas paran dos días en protesta por el encarcelamiento) se extiende por la sociedad. El punto siguiente de más acción/más reacción pinta oscuro. De un lado tenemos una sociedad muy movilizada en paralelo con un duelo institucional entre el govern y el gobierno de consecuencias imprevisibles, y de otro 10.000 efectivos de antidisturbios acantonados en Cataluña. En cualquier momento puede saltar una chispa y producirse un desastre de esos que los burócratas de la UE llaman irreparables.

Preparándose para la eventualidad, el discurso del gobierno, con el firme apoyo del PSOE, culpa de antemano a Puigdemont (la derecha suele personalizar sus ataques) de las consecuencias de la aplicación del 155. El razonamiento, en efecto, es el del maltratador, el de culpar a la víctima. Esta tiene que encontrar el recto camino incluso en contra de sus intereses. En el ínterin de la tensa espera se disparan los rumores. Los "duros" del PP quieren ilegalizar los partidos independentistas. ¿Y por qué no las organizaciones sociales como la ANC y Ómnium? ¿Por qué no a la sociedad catalana? ¿Por qué no a Cataluña? No se rían. La aplicación del 155 y el estado de excepción de hecho que ya existen y quieren ser ampliados e intensificados, ¿que es sino la ilegalización de la Generalitat y, por ende, de Cataluña?

Por lo demás, el papel más desgraciado en este drama, que tiene algo de tragedia y algo de comedia bufa, corresponde al PSOE. Su apoyo sin reservas a la política represiva del PP, que se presenta como una muestra de alto sentido del Estado, pone de relieve que carece de un proyecto propio que pueda medirse en tirón electoral con el del PP. Se trata, pues, de un cálculo electoral. Y un cálculo electoral erróneo porque, puestos a votar la unidad de la Patria, la gente va al de la Patria de toda la vida.

Esta lamentable subalternidad de los socialistas (como la de toda la izquierda española en el banco de pruebas de Cataluña) desciende a niveles de auténtica sumisión. Sánchez ha pasado de anunciar que pediría inmisericorde la dimisión de Rajoy a retirar a escondidas, en la noche y la niebla, la petición de reprobación de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría a raíz del vandalismo policial en Cataluña que él mismo había ordenado presentar. Después de esto, pensar que el PSOE pueda suponer algún tipo de contrapeso a los seguros excesos del PP en el Principado es estar en Babia.

Es más, los socialistas, movidos por un renacido espíritu nacional español viajan a Bruselas a modo de embajadores del gobierno. ¿No quedábamos en que el conflicto catalán era un asunto interno español? ¿Qué pinta Sánchez en Bruselas desactivando el mensaje de la "represión" en Cataluña? Puestos ya a hacerle el trabajo sucio al gobierno, el SG puede aprovechar para negar que hubiera vandalismo policial el 1/10 y mucho menos 900 heridos. Al fin y al cabo, es lo que sostiene el señor Hernando, del partido al que el señor Sánchez apoya, el mismo señor Sánchez que el día 2 de octubre felicitaba a los cuerpos de seguridad del Estado por su actuación en Cataluña, pero no tenía ni una palabra para lamentar las víctimas. 

Pero, ténganse los chistes. Si el PSOE se encuentra en este calamitoso estado, Podemos ni estado tiene. El conflicto España/Cataluña lo ha pulverizado y hecho enmudecer. Su ideología de izquierda lo lleva a simpatizar con la causa catalana (sin entender gran cosa de ella), pero su pragmatismo le aconseja no contradecir el espíritu nacional-español tan presente entre su electorado como en el del PSOE o los otros partidos dinásticos. Así que ahí se ha quedado, aferrado a su fórmula ideal de un referéndum pactado legal que los otros partidos españoles no aceptan. Una jaculatoria hueca. Un "Virgen, que me quede como estoy" mientras pasa esta tormenta.

Podemos vino a revolucionar España sin pensar en Cataluña y Cataluña ha revolucionado España sin pensar en Podemos.

Defender la sociedad, la libertad y la independencia

Mi artículo de hoy en elMon.cat. Titulado La clave es la unidad y la movilización pacífica hace referencia al encarcelamiento  de los presidentes de la ANC y Ómnium por una jueza cercana al PP, condecorada po la Guardia Civil y el ministro del Interior y cuyo auto de prisión preventiva sin fianza, según numerosos expertos, se inventa un delito y carece de fundamento jurídico. Ni falta que le hace. La decisión de encarcelar a los dos Jordis es puramente política, adoptada previamente por el gobierno, con ánimo de escarmiento y amenaza. O sea, algo repugnante para cualquier conciencia democrática. Por supuesto, el PSOE apoya esta medida típicamente franquista y mañana, Sánchez irá a Bruselas a embellecer la deriva fascista del Estado español, de la que él ha pasado a ser elemento importante.

¡Qué falta no ya de decencia política sino de simple previsión! Tanto el gobierno franquista como su oposición socialista (cortados por el mismo patrón ideológico) confían en que, encarcelados los jefes de Ómnium y la ANC, el movimiento se desinflará. Creen que los catalanes son como ellos, que solo se mueven si van a sacar provecho material. No saben que han puesto en marcha una maquinaria social, de solidaridad generalizada de los catalanes con estos dos hombres. 

Un movimiento que, en contra de lo que piensan estos políticos españoles de vía tan estrecha como su espíritu, no se detendrá hasta convertirse en una marea nacional-catalana que, aparte de rescatar a los dos Jordis será uno de los pasos de la nueva República Catalana.

Aquí el texto castellano.

La clave es la unidad y la movilización pacífica

No falta ni un elemento en el proceso de fascistización del Estado y la conversión del régimen del 78 en una dictadura disimulada con un bipartidismo corrupto. No se encuentra otra vía civilizada para tratar la cuestión catalana. Cuenta con el apoyo activo del PSOE, de la oligarquía, de la Iglesia y el pasivo de la otra izquierda española y la inhibición de la UE.

No queda nada de los principios del Estado social y democrático de derecho de la CE. El Rey, cuya legitimidad es más que cuestionable, está por encima de la ley, pero no del partidismo político. En su reciente mensaje respaldó la política represiva del partido del gobierno, se puso de su lado, amenazó a la otra parte del conflicto e ignoró la suerte de las víctimas inocentes.

El Tribunal Constitucional es un órgano político al servicio del poder, convertido contra toda justicia, en ejecutor de sus propias sentencias mediante una reforma inconstitucional por él avalada. Este órgano que arrastra un desprestigio de años, ha anulado la Ley del Referéndum catalana, con la misma rapidez con que muestra su complicidad con los intereses del gobierno.

La jueza de la Audiencia Nacional (versión actual del TOP de Franco), persona con una carrera política partidista y recientemente condecorada por la Guardia Civil y la Policía Nacional, ha encarcelado a dos dirigentes sociales populares catalanes. La decisión, de fundamento jurídico dudoso, pretende alimentar la política de provocación del Estado en Cataluña para conseguir una reacción violenta que justifique otra jornada de vandalismo policial en el Principado.

No es extraño que, según la Comisión Europea, España esté a la cola de Europa en materia de independencia judicial. A la cola es poco. El poder judicial está al servicio del gobierno y de su partido que tiene más de 700 imputados en procesos penales por delitos de derecho común.

En el Parlamento hay una coalición nacional-española de hecho entre el PP, el PSOE y C’s que bloquea la cámara y la convierte en un remedo de un órgano legislativo y de control. Su sola función es respaldar al gobierno en su política de imposición y arbitrariedad.

Los medios de comunicación están a las órdenes del poder político . Tanto los públicos como los privados son instrumentos de propaganda, tergiversación y manipulación especialmente en lo que se refiere a Cataluña. También los emplea en montajes políticos en campañas de guerra sucia contra sus enemigos políticos. Según el estudio Reuters de la Universidad de Oxford, estos medios son de los menos creíbles de Europa y del mundo. Si los españoles quieren informarse tienen que recurrir a alguna (escasa) prensa digital, los medios extranjeros y, sobre todo, las redes sociales. Por eso el gobierno de la derecha pretende acometer una “regulación” de la libertad de expresión en las redes. Esto es, suprimir la libertad de expresión en lo digital, igual que su “Ley Mordaza” era una ley contra la libertad de expresión.

Con arbitrariedad del poder ejecutivo, sumisión del poder judicial, irrelevancia del legislativo, servilismo de los medios de comunicación, apoyo de la oligarquía financiera y de la Iglesia católica, España no es un Estado social y democrático de derecho, sino un régimen despótico de filiación franquista. Lo social fue eliminado de un plumazo con el programa neoliberal del PP de corrupción y saqueo del país. Lo democrático, fulminado cuando se apaleó a la población catalana por el hecho de votar. Lo de derecho ha terminado de desaparecer con el encarcelamiento de dos dirigentes populares por motivos políticos.

Mientras se resuelve el contencioso epistolar entre el gobierno de España y la Generalitat, el Estado no dejará de provocar al independentismo para ver si consigue destruir su base popular, política y moral. Para ver si, con ayuda de sus comparsas seudosocialistas, lo pone a su bajo nivel franquista para tener un pretexto y atacar con eso que sus criados intelectuales llaman “violencia legítima” del Estado y no es otra cosa que fascismo marca España.

Por eso, la respuesta del independentismo catalán será siempre la misma: resistencia democrática y pacífica frente a la arbitrariedad y la tiranía y, sobre todo, mantenimiento de la unidad de acción a toda costa. A toda costa quiere decir a toda costa mientras el objetivo estratégico esté pendiente. Es el mensaje que han dejado los dos Jordis al entrar en prisión y el que sin duda iluminará la acción de la sociedad catalana en su respuesta a las cada vez más histéricas tarascadas de un Estado en proceso acelerado de fascistización. Y al que la gente da apoyo masivo en las calles. Cuando el Estado comprenda (o, lo más fácil, le obliguen a comprender) que no puede bloquear la voluntad mayoritaria de una población que expresa su desobediencia a la tiranía pacífica y democráticamente, la República Catalana, ya proclamada de hecho el 3 de octubre, será una realidad de derecho.

martes, 17 de octubre de 2017

Paso a paso, la libertad


Uno de los rasgos de la acción política que los buenos gobernantes conocen es que todo conflicto en un estado de acción/reacción/más acción tiende a acelerarse e intensificarse a extremos que no puedan controlarse. Lo mejor es interrumpir el ciclo buscando una solución negociada. Los malos gobernantes, en cambio, lo ignoran o dicen ignorarlo por creer que cabe resolver el conflicto por aplastamiento del adversario.


Encarcelar a los dos dirigentes sociales es proveer al movimiento independentista de una razón más de movilización. Ese mismo movimiento independentista que, con la complejidad del intercambio epistolar entre el govern y el gobierno, pudo sentirse decepcionado y defraudado, aunque por poco tiempo porque el objetivo estratégico así lo impone. Ahora, otra inyección de moral: el independentismo no se resignará a ver a sus dirigentes en prisión e intensificará su reacción. Ya deben de tener a los dos sucesores de los encarcelados en posesión de sus cargos.

Aquí es donde se ventila el sentido de la política represiva del gobierno. Su apuesta es por el estilo clásico: se descabeza el movimiento y se acaba con él. No hay que temer mayores repercusiones sociales. El ejemplo que aducen es el del País Vasco. La equiparación demuestra una ignorancia alarmante sobre la naturaleza del movimiento catalán: masivo, democrático, pacífico, organizado, permanente. Por de pronto, la situación ya se ha convertido en un relato sobre prisioneros políticos, prisioneros de conciencia, en España cosa que, después de las imágenes de brutalidad policial, dejará al país los suelos, especialmente ahora que acaba de ingresar en el Comité de Derechos Humanos de la ONU. Un país que tiene prisioneros políticos y rehenes y al que alguien pedirá, en consecueencia, que abandone un lugar que no le corresponde.

Desde luego, el encarcelamiento de los dirigentes sociales del independentismo es un dislate mayúsculo y una injusticia sangrante cuando andan en libertad Urdangarin, su señora, Rato y no sigo por no hacer interminable la lista. Y sobre todo cuando se recuerda aquella jaculatoria que se repetía en tiempos del terrorismo etarra: callen las armas y se podrá hablar de todo. Porque España es una democracia. Era mentira. No se puede hablar de todo. Por ejemplo, de referéndum no se puede hablar y tampoco de autodeterminación y mucho menos de independencia. Y no se puede hablar porque España no es una democracia.

Al igual que no es un Estado de derecho. Y no solamente porque él mismo no se somete a la ley que, por supuesto, no es igual para todos sino porque carece de independencia judicial como viene a demostrarse una y otra vez por la particular sumisión de los jueces al poder político. En este caso concreto, la jueza que ha decretado la prisión incondicional para los dos Jordis ha sido recientemente condecorada por el ministro Zoido con la medalla de la policía y también por la Guardia Civil. La justicia del príncipe jamás será justicia.

Los dos Jordis deben quedar en libertad sin cargos cuanto antes, ugentemente; no vaya a realizarse la célebre admonición de H. D. Thoreau: "con un gobierno que encarcela injustamente, el verdadero lugar para una persona decente también está en la cárcel." 

Y vayan a faltarles cárceles.

lunes, 16 de octubre de 2017

Los caballeros que dicen "ni"

Galicia arde por los cuatro costados. Imágenes tremendas. Tres muertos por ahora. Dos desaparecidos. La gente haciendo cadenas humanas con cubos de agua para atajar las llamas que todo lo devoran y llenan de humo y hacen irrespirable hasta el aire dentro de las casas, en Vigo, por ejemplo. Una tragedia impresionante. Se habla de cien focos vivos y, al parecer, intencionados. De momento no cabe si no pensar en cómo acometer esta gigantesca desgracia, cómo evitar males mayores y remediar los acaecidos, auxiliar, ayudar. Y, ya se sabe, o pobo na rúa, trabajando sin medios y a la desesperada.

Es la Galicia de Rajoy, del Prestige, de Fraga y Feijóo, la Galicia del PP, de los caciques y la corrupción. Pasado el primer momento del desastre hay que exigir responsabilidades a unos gobernantes que no merecen nombre de tales.

En cuanto al tema del día, Cataluña, el otro incendio del gobierno en la otra punta, Rajoy debería estar mosca. Por mucho que se sulfure y emita requisitorias con exigencia de respuesta breve y en plazo, da la impresión de que en la otra parte no lo toman muy en serio. Y nada hay que enfurezca más a un matachín que se lo tomen a guasa. Irá a más la fumarola jupiterina y a más también la ironía en la respuesta hasta llegar al sarcasmo. ¿"Sí" o "no"? inquiere olímpico y amenazador el señor de La Moncloa y manda a alguno de sus correveidiles a precisar en los medios que solo se espera eso, un "sí" o un "no" escuetos, y que cualquier otra forma no se aceptará. O sea, facilitando las cosas.

Harto está uno de señalar la inepitud de esta fórmula. Y como los que la emplean no atienden a la razón lógica de que, siendo el "sí" y el "no" iguales en cuanto a los efectos, no hay dos opciones sino una sola, "sí", echamos mano a los Monty Python y sus caballeros que dicen "ní". Lo único que estos caballeros no pueden escuchar es "no". El "no" no es una opción, por mucho que el PSOE tenga preparada una ilusoria comisión de reforma constitucional en un incierto futuro y a la que ERC ya ha anunciado su inasistencia.

¿Lo entiende la alianza patriótica española? La respuesta al ultimátum del gobierno solo puede ser un "sí" lacónico o conceptista o un "sí" historiado y culterano. Tras el primer "sí", el conciso, hay otros tres días de espera en tanto el govern explica qué medidas piensa tomar para retornar a la legalidad. Son ganas de esperar pues es obvio que la Generalitat no tomará ninguna medida dado que es ella misma la supuesta rompedora de esa legalidad.

En el caso de que la respuesta sea el segundo "sí", pero con una nueva suspensión con oferta de diálogo, el gobierno puede hacer dos cosas: tomarla como un "sí" lacónico ignorando la oferta, en cuyo caso volvemos al primer supuesto, o bien seguir haciendo el ridículo. Al no ajustarse la respuesta al nudo "sí" y no aceptarla el gobierno este la dará por no formulada, según inveterada costumbre de no dar por real lo que no le gusta. Este conflicto está lleno de no-realidades; es el conflicto del no-referéndum, la no-DI y ahora, la no-respuesta. Ya puede Puigdemont mandar su oferta de nueva suspensión y diálogo por burofax. La Moncloa la dará por no recibida. "Esa respuesta de la que usted me habla no se ha dado y por tanto, yo lo que no puedo hacer es tomar medidas sobre algo que no se ha producido. El señor Puigdemont no ha contestado a la requisitoria en forma de ultimátum que nos vimos obligados a enviarle. A partir de ahí, ya tal."

He aquí lo que los linces del gobierno no habían previsto: ¿qué sucede si le Generalitat no contesta o contesta de forma inaceptable? Habrá que aplicar sin más espera el 155, cosa que nadie quiere salvo Rivera, según dice Sánchez. Quizá a algún cerebro de La Moncloa se le ocurra aprovechar los tres días inútiles de plazo que hay renovando la requisitoria: "La respuesta no vale. Envíenla de nuevo". Claro que ahí pueden encontrarse como los caballeros de Arturo, cuando llevaron el acuerdo del primer "ní" y se encontraron que ahora los del "ní" decían "Ekke, Ekke, Ekke, Ptang, Zoo-Boing", algo que los de Arturo ya no podían soportar.

La revolución catalana está en plena creatividad. A la sobrada que ha demostrado la gente durante la hoja de ruta y las organizaciones políticas y sociales trabajando al unísono, se une una habilidad política casi florentina en unos dirigentes que los nacional-españoles tienden a menospreciar con un orgullo nacido en la ignorancia. El govern es mucho govern para el gobierno, acostumbrado al ordeno y mando y aquí no hay nada que negociar. Sea lo que sea lo que el govern responda hoy, la decisión -y la responsabilidad- de iniciar la represión será del gobierno de España. 

Y con toda Europa mirando, cosa que saca de quicio a Rajoy quien se queja de que la prensa internacional refleja el conflicto con visión pro-catalana y sostiene que quien quiera estar bien informado lea prensa española, esa que, según el estudio Reuter de la Universidad de Oxford, es la menos creíble de Europa. Igualito que su ejemplo y referente Franco: menos viajar y más leer el Informaciones.




Vídeo del referéndum 1/10 en Palma de Cervelló


Ha tardado unos días, pero Carlos de Urabá ha hecho un trabajo espléndido. Ha relatado la noche de espera, el ambiente, el personal y ha mostrado cómo amaneció con un pueblo movilizado, que había defendido sus colegios electorales con sus solas personas, yendo a votar pacífica y alegremente.

Votar bajo la amenaza, votar bajo la agresión, votar siendo agredidos. Votar. Ganar.

Son imágenes que se graban en la memoria, que no se olvidan, momentos excepcionales, con un pueblo magnífico, digno, sujeto de una acción colectiva revolucionaria, pacífica y democrática.

Es un hecho único, sin precedentes. Pasará a la historia.

Un orgullo haber estado allí. Un orgullo y un privilegio.


domingo, 15 de octubre de 2017

El control de la realidad

El "mandato" de que habla El confidencial parece claro. Coincide con el espíritu de la calle, con la posición de la CUP y otras organizaciones. Y coincide asimismo con el ánimo del que hasta la fecha ha dado pruebas Puigdemont. El autoritario ultimátum del gobierno tendrá la única respuesta posible: Cataluña se declara República independiente y avisa a Rajoy de que sus requerimientos no tienen efecto en un país extranjero.

Esto es lo que los teóricos de las revoluciones llaman “quemar etapas”. En definitiva, una rebelión institucional que sus más enconados adversarios consideran un “golpe de Estado”, al frente de una sociedad catalana en generalizada actitud de desobediencia. Obviamente, quienes ven en el conflicto un puro asunto de orden público y de necesidad de imponer la ley coactivamente se reafirman en sus posiciones de intransigencia. Se dice incluso que no es preciso esperar al agotamiento del segundo plazo. Con la proclamación de la República ya hay base suficiente para proceder contra la Generalitat por todos los medios, empezando por la suspensión de la autonomía.

Al menos, en lo que cree el fiscal Maza, para quien el 155 faculta para sustituir las instituciones de autogobierno de la Generalitat. Se entiende que, de ser necesario, por la fuerza. ¿Cuánta? La que haga falta. Si la ocupación del Principado por la policía y la fuerza militar de la Guardia Civil no fuera suficiente, en reserva se encuentra el ejercito. Que Cospedal informe de que “casi seguro” no se emplearán las Fuerzas Armadas en Cataluña ya pone sobre aviso de que piensan en lo contrario. Trátase de un ejército que no ha ganado una sola guerra internacional en más de 300 años pero sí ha intervenido sistemáticamente en la política del país siempre en auxilio de los mismos y contra su propio pueblo, al que ha llegado a masacrar en alguna ocasión. Cosa de seguir con la tradición aunque ahora, muy probablemente, no pueda. La pertenencia a la UE y a la OTAN tiene sus contrapartidas.

Quizá sea llegado el momento de pedir al PSOE que recapacite en dónde está metiéndose al apoyar una política de represión policial y militar de una reivindicación política con un enorme apoyo social en Cataluña. O puede que aún sea temprano y este partido esté dispuesto a justificar ante el mundo un estado de excepción en el Principado, la supresión del Parlament y el encarcelamiento del gobierno.

Porque esta es la fuerza, la violencia que será preciso desplegar para atajar el funcionamiento de la República Catalana, para hacer realidad el juicio del gobierno de que la DI carece de efectos jurídicos y, por lo tanto, la República Catalana no existe. Nada nuevo. Corresponde con la actitud mágica y supersticiosa de negar la existencia de lo que incomoda. Es el mismo gobierno que negó que fuera a celebrarse un referéndum y niega hoy que se haya celebrado porque tiene un grave problema de percepción de la realidad. Que fuera preciso un brutal asalto policial a Cataluña, con 900 heridos y la aplicación de hecho del estado de excepción no es asunto que preocupe a los gobernantes. El referéndum no ha existido; los policías, tampoco; los heridos, menos. Negar la realidad es no poder  controlarla

Para muchos –probablemente casi todos- los analistas, la proclamación de la República es un acto sin consecuencias por ser ultra vires ya que, al no ser Cataluña soberana, no puede cambiar su estatus jurídico-político por su cuenta. Por lo tanto, no es preciso negar la existencia de la República Catalana. La Republica Catalana no existe, por mucho que insista en su soberanía que el Estado niega. Salvo que, por ejemplo, la reconozca algún otro Estado con el que España probablemente romperá las relaciones diplomáticas.

La inexistente República Catalana solemnemente proclamada en condiciones revolucionarias será fuente de todo tipo de disgustos para el Estado español, que está obligado a suprimirla. Aquí cabe plantear la cuestión de que, si para borrar de la realidad de un referéndum de 2.220.000 votantes (y sin conseguirlo) han sido necesarios 10.000 policías y guardias civiles, unos barcos, 900 heridos y cuantiosos daños materiales en escuelas, centros deportivos, etc., ¿qué será preciso para ocultar, suprimir, la República Catalana? 

Podemos dejar rienda suelta a la fantasía e imaginarnos escenarios de toque de queda en Barcelona, pero lo cierto es que, llegados a este punto de confrontación, la situación ya no es sostenible para el gobierno y mucho menos lo será si incrementa su actividad represiva en una sociedad que se ha declarado en desobediencia no solo frente al gobierno sino frente al Estado.

Porque es una revolución. 

sábado, 14 de octubre de 2017

Otra vez el juego del gallina

El consabido juego del gallina: el primero que se aparta, pierde. Es un juego a vida o muerte de uno o los dos jugadores. Llevar el conflicto a este extremo revela otra vez la incompetencia del gobierno, aferrado de modo rígido al dogma de la obediencia a la ley. Ese dogmatismo de la ley carece de toda autoridad porque se trata de la más palmaria ley del embudo. El gobierno se salta la ley de modo sistemático y carece de autoridad para exigir a otros su cumplimiento.

Eso es de dominio común, así que tras hablar de pasada de la ley, el bloque tripartito nacional-español apoya como un solo hombre una medida política autoritaria, un ultimátum que no solamente ignora la oferta de diálogo de la Generalitat sino que conmina a esta a deponer su actitud y sus pretensiones de grado o por la fuerza. Esa fuerza que quienes están dispuestos a pasar por encima de la voluntad de la mayoría social catalana llaman “violencia legítima” del Estado. 

Incidentalmente, la autoridad ya ha hecho un ensayo general de aplicación de la violencia “legítima” en la brutalidad de las cargas policiales del 1/10. Esas cargas han sido inhumanas y, por tales, solo cabe condenarlas. No hacerlo equivale a darlas por buenas, siendo así que dejan reducida la autoridad moral del gobierno a cero y la de la oposición a menos de cero.

La izquierda apoya este dislate sin pararse por un momento a pensar si calibra bien el respaldo social al independentismo y el atractivo de su oferta alternativa. Esperar que los indepes renuncien a Itaca en mientras llega una reforma constitucional que los medios pregonan como la panacea, muy sabedores de que es un enunciado vacío, es esperar el Santo Advenimiento. Es lo que hacen muchos socialistas. En sentido literal. 

Habiendo llegado hasta aquí y habiéndose demostrado fehacientemente que el gobierno no está interesado en diálogo alguno si no es previa rendición incondicional de la Generalitat, esta no tiene otra salida airosa que reafirmar la DI y proclamar la República Catalana. La alternativa es la renuncia y, aunque el gobierno y sus aliados PSOE y C’s lo ignoren, sería mucho peor acogida por la ciudadanía que la afirmación de la independencia.

Esto abre una etapa de incertidumbre sobre si el Estado consigue disciplinar a Cataluña, cosa harto improbable y si la sociedad catalana articula una política de resistencia cosa más verosímil. La  incertidumbre alimentará ataques especulativos España y obligará a la UE a mediar antes de que estalle una deuda ya impagable. La razón aconsejaría que el Parlamento solicitase una moratoria en tanto se procede a licenciar al presidente de los sobresueldos y se arma un gobierno capaz de negociar. Yo no confiaría en el otorgamiento de esa moratoria e iría concienciando al gobierno de que la negociación habrá de ser de igual a igual. 

A la fuerza tendrán que acabar entrando en el siglo XXI los políticos españoles.

¡Ah, la modernidad!

El mero hecho de que esto sea motivo de titular en portada del periódico dice mucho sobre la implantación de lo digital en la vida de la gente. Pues sí, el independentismo catalán se ha articulado en gran medida en la red. Podría hablarse de un e-gobierno en la sombra, un shadow e-cabinet, para dar mayor fuerza a la opinión de Palinuro de que en España la verdadera oposición es Cataluña. Pero no lo es solo en el orden institucional; lo es también en el social. El grado de movilización del independentismo catalán es infinitamente superior al del unionismo y, en general, el nacionalismo español. En los últimos días han florecido las rojigualdas en ventanas y balcones, pulseras y vehículos, pero es un gesto espontáneo, desestructurado, movido por los medios de comunicación, singularmente la TV. No hay una red de voluntarios/as trabajando activamente todo el año, en todas las clases sociales, para adelantar su reivindicación y organizar los actos colectivos.

Todo eso se hace fundamentalmente en la red. La Revolución catalana se caracteriza por una acción colectiva de ciberpolítica. La presencia del independentismo en las redes es abrumadora. Y es congruente con ello que sus instituciones funcionen igualmente en lo digital. Es más, la ciudadanía está acostumbrada a interactuar entre sí, pero también con sus instituciones a través de las redes. 

Qué manía la de estos catalanes de andar siempre en vanguardia. Así no hay manera de encajarlos en el conjunto de una nación que celebra su aniversario haciendo desfilar una cabra.