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martes, 1 de mayo de 2018

Fantasías machistas

Al margen de los aspectos penales y procesales y personales de este tremendo asunto de "La Manada", una pequeña observación sobre el mundo en el que vivimos los hombres. El mundo vital, que dicen los filósofos, un batiburrillo de hechos, palabras y pensamientos que desemboca en un mundo de fantasía.

Basta examinar el comportamiento de los cinco y los comentarios de todo tipo que ha hecho un sinfín de varones para detectar la presencia más o menos evidente de la fantasía más común entre los hombres, la de omnipotencia. Si es de origen infantil, anal, sádico, fetichista, etc., queda luego para los pormenores. El hecho es que los hombres vamos por la vida fantaseando omnipotencia, dominación, siempre parceladas, claro, pues las clases sociales se imponen a los atributos de la fiera.

Así que ahí está ese urinario en el hotel Marinela, de Sofia, en donde va a haber una reunión de alto nivel de la UE. Siempre que la noticia sea cierta y no una broma porque el tal hotel tiene unos cuartos de baño de lo más normal. O sea, que puede tratarse de uno de esos hoax. El otro día di por buena una noticia de El mundo today y tuve que soportar todo tipo de chanzas por ser un pánfilo, y con razón porque, decíame, donde las dan las toman.

Con respecto a esta noticia de los urinarios machistas a lo mejor no es cierta, pero podría serlo. Cosas peores se han visto. De lo que no cabe dudar es de que quienes hagan uso de los urinarios saldrán con la fantasía a reventar.

Pero en esto de la fantasía, aparecen cosas insólitas. Los mingitorios de Sofía recuerdan otro célebre, que muchos críticos consideran una de las obras de arte más importantes del siglo XX y que vio la luz hace ahora 101 años en Nueva York. Era uno de los "readymades" de Marcel Duchamp. Lo presentó a una exposición, pero no fue aceptado, a pesar de que la organización se llamaba "Artistas independientes" y se comprometía a exhibir todo lo presentado que hubiera pagado entrada. Sin embargo, La fuente, no.

Los urinarios de Sofía ganan al de Duchamp en colorido y fantasía de omnipotencia fálica. Pero lo que rompió el molde fue el readymade de Duchamp, rey del Dada, que, además, acto seguido desapareció. Parece que lo tiraron a la basura, no sin que antes lo fotografiara Alfred Stieglitz que, a su vez, perdió el negativo. Y sin embargo, ahí está, abriendo las revoluciones artísticas del siglo XX and beyond. Algo único. Por cierto, todas las fuentes que se ven por ahí en los museos, idénticas a esta, son todas originales. El urinario era tan célebre que Duchamp lo convirtió en un negocio y comenzó a autentificarlas a partir de 1950, como una especie de sacerdote que bautizara a sus propias criaturas. Todo readymades; producción en cadena de objetos únicos. Industrialización del artesanado con efluvios escatológicos.

Que en esto de las fantasías, los de Dada las tenían parnasianas.

Ustedes perdonen la fantasía divagatoria de Palinuro.


viernes, 5 de diciembre de 2014

El sueño de la razón...


... produce monstruos, reza el capricho nº 45 de Goya. Monstruos repulsivos, muchas veces odiosos, repugnantes; seres fantásticos, amenazadores, agresivos. Pero no siempre. La fantasía carece de límites y abarca todo, lo odioso y lo amoroso, lo repulsivo y lo atractivo. Hasta se permite el lujo de mezclarlos y hacer atractivo lo repulsivo u odioso lo amoroso. Pocos versos más citados que el odio y amo. Monstruos, la creación de la fantasía, seres que no se atienen a la norma. Pero ¿qué norma? En la naturaleza no hay normas y todo es monstruoso porque nada lo es. La erupción de un volcán es tan monstruosa como una aurora boreal. Las normas son invenciones de los seres humanos, que solo conocen una universal: ellos mismos. El hombre es la medida de todas las cosas, dice el filósofo. El hombre es la norma. Y todo lo que no se ajuste a ella es monstruoso. El mundo es monstruoso. En el fondo, lo más monstruoso de todo quizà sea misma razón.

La exposición de la Casa Encendida "Metamorfosis. Visiones fantásticas de Starewitch, Švankmajer y los hermanos Quay" es una exhibición de monstruos en todos los sentidos del término, desde los amables y poéticos hasta los repulsivos y criminales. Es una muestra muy completa y muy bien concebida, sobre todo porque se apoya en una serie de actividades complementarias a lo largo de varios días, con proyecciones de películas relacionadas con el tema, seminarios, lecturas, etc. Todo ello es muy meritoria labor de la comisaria Carolina Pérez, experta en animación, acreedora de muy efusivos parabienes. Enhorabuena.

El material expuesto son piezas, diseños, artilugios, cámaras, sombras, mecanismos, ilustraciones, films que utilizaron estos genios del cine de animación desde los orígenes. Starewitch, que era entomólogo, se valió de sus especímenes para rodar películas, varias de ellas, célebres como la que representa un pelea entre escarabajos de los llamados "rinocerontes". Porque, puestos a buscar monstruos, el mundo de los insectos los conoce de todo tipo y condición.

Las explicaciones que se ofrecen al visitante (pues el catálogo está agotado) dan suficientes pistas para entender el espíritu de estos cineastas tan peculiares, con tan poco acceso a los circuitos comerciales. El mismo caso de los hermanos Quay que tienen un elemento propio del género que cultivan, pues son gemelos univitelinos y han alcanzado un éxito considerable, es paradigmático. Pero tampoco son necesarias las aclaraciones. Quien se sumerja en la exposición muy bien montada y se pare a considerar las piezas, irá identificando poco a poco a los referentes, unas presencias a veces solo insinuadas y otras explícitas que componen una especie de universo pictórico del que dependen muchos de los elementos de estas películas. De hecho tanto Starewitch como Svankmajer se sitúan en la tradición pictorialista. Pero es una pintura con un hilo conductor: lo irracional, lo onírico y, por supuesto, lo surrealista. Presentes están de una forma u otra Monsú Desiderio (alguno de los que se engloban en este nombre), Goya, los goyescos Lucas Velázquez y Leonardo Alenza, Dalí, Ensor, Kubin y en buena parte de la obra de los Quay, reina incontestable Arcimboldo.

Pero se trata de cine, de fotografía en movimiento, de cine de animación. No de dibujos animados, sino de objetos, de figuras, guiñoles. Y, en una forma de sinestesia, a los referentes pictóricos, se unen los literarios. La versión del Roman de Renart, que saluda al visitante nada más entrar, lo avisa de que este cine explotará la rica tradición occidental de cuentos, fábulas, relatos en los que los animales, los objetos, los árboles, los ríos, los juguetes y artefactos hablan y actúan. Las mismas orientaciones de la pintura, el romanticismo, el simbolismo, el modernismo, el absurdo, lo onírico, lo fantástico, dan pie o adornan los relatos. Presentes de muchas formas están, además del Roman de Renart, Carroll, E.T.A. Hoffmann, Poe, Kafka, Gogol, Ghelderode, Walpole, Buñuel, los hermanos Kapek, el surrealismo o el inclasificable Robert Walser.

El ruso Starewitch (1882-1965), el primero de todos, es el que más trata los temas fabulísticos, dentro de la tradición de Lafontaine, la cigarra y la hormiga, la reina de las mariposas, el león y la mosca, sin abandonar otros temas fantásticos o misteriosos. Svankmajer recurre más a los motivos literarios y su abanico es enome: lo absurdo y fantástico en Alicia en el país de las maravillas, el increíble Jabberwocky de Al otro lado del espejo; lo terrorífico con la caída de la casa Usher; lo gótico, con el Castillo de Otranto, etc. Sin desdeñar los montajes animados tradicionales, ni los insectos o los objetos, Svankmajer se mueve en un universo más denso, más construido, con referencias literarias más claras. Su última producción, que se estrenará el año próximo, 2015, es una versión de las imágenes de la vida de los insectos, de los hermanos Kapek que, por supuesto, trae a la memoria la Metamorfosis kafkiana. Los hermanos Quay, también activos hoy y, como ya iniciara Svankmajer, acentúan el orden sinestésico al versionar obras de compositores famosos como Stravinsky o Leo Janascek. Toda su obra, sembrada de homenajes a sus predecesores, como Svankmajer o fuentes de inspiración, como el dramaturgo Ghelderode, está marcado por dos influencias notables y manifiestas, la del polaco Walerian Borowczyk, gran maestro del cine francés que, sin embargo, está ausente en esta exposición y la pintura de Arcimboldo.
 
Merece la pena pasear por este territorio oculto, fantástico, inquietante, de alucinación, fascinación y espanto porque es lo que alienta en muchas narrativas literarias, pictóricas, musicales, lo que pervive en las tradiciones artísticas occidentales generalmente despojadas de estos efectos ambiguos, a veces siniestros, amenazadores o angustiosos. La corriente de miedos y temores que mana por debajo de la débil capa de la civilización racional y muestra que basta quizá un pequeño twist in the tale para enfrentarnos a eso, al sueño de la razón, a lo monstruoso, a los Freaks,  de Tod Browning, el locus solus de  Raymond Roussel, las obsesiones meticulosas de Piranesi, la angustia de Klinger, los temores de Spilliaert, ninguno de los cuales está físicamente en la exposición, pero sí anímicamente, como si se encontraran en su territorio encantado.
 
¿Es ocioso recordar que muchos de estos creadores de la animación, el misterio, lo absurdo, lo surrealista son eslavos (checos y polacos sobre todo, pero también rusos como Gogol o Maiakovsky) y centroerupeos, holandeses, belgas, alemanes como Ensor, Spilliaert, Ghelderode, Klinger, Kafka, los Kapek, Hoffmann o Walser?  Seguramente sí; pero tiene su punto.