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miércoles, 6 de septiembre de 2017

Sánchez y el Frente Nacional

La foto de El Plural no es del todo justa pues parece como si los cuatro políticos estuvieran aliados frente al "órdago" catalán y no es cierto. Como se reconoce en el título, los del Frente Nacional (FN) son tres. Iglesias no está en él. Tampoco se encuentra muy lejos porque ha puesto en marcha una táctica lerrouxista para dividir al independentismo jugando a la ambigüedad y la mistificación de Colau y los suyos que es, probablemente, tan turbia e inútil como la del FN. Pero no está en él, es de justicia reconocerlo.

El FN está formado por Rajoy, Rivera con el reciente añadido de Sánchez de quien algunos habían esperado alguna aportación original, nueva, audaz y no esta claudicación ante la intransigencia y la agresividad del nacionalismo español más antiguo y casposo. Una pena: pudo ser quien desbloqueara la situación y se hiciera un nombre aportando una solución al problema más grave de España desde 1939, y ha resultado la comparsa del sempiterno centralismo oligárquico y anticatalán.  Pudo haber pasado a la historia y se ha quedado en historieta. Su propuesta de una comisión parlamentaria sobre Cataluña sin los catalanes tiene el mismo valor que el federalismo Pérez Rubalcaba: un intento de tomadura de pelo a todo el mundo que no merece mayor atención. Y prueba de ello es que ya se ha sumado el PP de los sobresueldos y dentro de nada, lo hará su chico de los recados,  Rivera.

Con esta decisión el PSOE respalda a Rajoy y al partido más corrupto de la historia de España, la presunta asociación de delincuentes. Demuestra así que la unidad de España de la derecha (la misma que la del PSOE y, en el fondo, de toda la izquierda española) está por encima de la decencia, la verdad y el respeto a los derechos ajenos. Cosa muy normal. El presidente del Tribunal Supremo, otro devoto ultraconservador, también acaba de decir que la indisoluble unidad de España es superior al Estado de derecho. Doctrina que pone la justicia y su paladio, el Poder Judicial, al servicio del príncipe. Cree el buen hombre que podrá sustituir a los militares en su tradicional función represiva, ahora que ya no sirven, y no sabe que tampoco lo conseguirá.

El presidente de este corrupto gobierno (al que Sánchez se había comprometido a echar como primera providencia) es el mismo que dinamitó la convivencia en España recabando firmas contra los catalanes en 2006 y recurriendo el Estatuto de ese año ante el Tribunal Constitucional que, obediente a la voz del amo, lo destrozó en 2010 con una sentencia vergonzosa. En su estúpida inconsciencia Rajoy lo hizo para atacar al gobierno socialista. Esto es, destruyó la posibilidad de entendimiento España-Cataluña por sus miserables ambiciones de poder.

Al prestar ahora su apoyo a este individuo, Sánchez pecha con la humillación de condonar el juego sucio e irresponsable que se hizo contra su compañero de partido, Rodríguez Zapatero. Claro que este tampoco tenía mayor altura de miras pues, tras prometer que aceptaría el estatuto que saliera del Parlamento, permitió (si es que no apoyó directamente) que Alfonso Guerra lo vaciara de contenido anunciándolo así una de las comparecencias más chabacanas de la historia del parlamentarismo.

Contra los indepes catalanes vale todo en el nacionalismo español. Hasta el empleo de ese Tribunal de Cuentas, absolutamente desprestigiado, poblado de amigos, parientes, enchufados y correligionarios del PP. Este órgano ha amparado la financiación ilegal de su partido durante 12 años y ahora pretende confiscar el patrimonio de los responsables de la consulta del 9N en una actividad represivas repugnantes pues la confiscación del patrimonio de una persona no solo la arruina a ella sino también a sus descendientes.

Eso es lo que el PSOE de Pedro Sánchez está apoyando. La continuación del franquismo con los mismos medios de la represión, la tiranía y el robo. Y no solo eso. Al aceptar la mentira del PP de que el referéndum es ilegal, también está apoyando el resto de la corrupción sistemática de este partido, como la guerra sucia desde el ministerio del Interior (al fin y al cabo, también el PSOE organizó los GAL en su tiempo) y el control férreo de los medios de comunicación, puestos en manos de auténticos energúmenos como ese sujeto que han contratado en la TV pública para cobrar de nuestro dinero por insultar a quienes no votan al partido que le paga.

Esta lamentable actitud, probablemente influida por los elementos más reaccionarios del PSOE (González, Rubalcaba, Zapatero, Bono) así como por sus propias convicciones españolistas y su falta de categoría y audacia lo ha llevado a extremar su servilismo al extremo de pedir a los catalanes que no voten en lo que llama el simulacro de referéndum. Pobre hombre. No ha entendido la naturaleza de la cuestión y está haciendo el trabajo a un gobierno que no tiene ninguna posibilidad de evitar que los catalanes voten y, gracias a su obcecación, que voten "sí" hasta los que iban a votar "no".

Nunca ha estado tan claro y patente cómo una causa se pierde por la incompetencia, la falta de luces, la prepotencia y el autoritarismo de un gobierno que no sabe ni en dónde está. Como tampoco lo sabe la oposición, incapaz de ver que ha sacrificado las posibilidades de un partido de la izquierda histórica ante un gobierno que carece de toda autoridad, prestigio y crédito por ser el órgano de una presunta banda de malhechorees. Un gobierno impotente para imponer su criterio, que solo cuenta con unos medios de comunicación comprados y unos periodistas mercenarios a los que nadie hace caso, así como unos jueces sumisos al poder político que la opinión desprecia.

Cuando el próximo 11 de septiembre se manifiesten millones en Barcelona en la Diada y el 1º de octubre voten en el referéndum y gane el "sí" de modo plastante, todas estas fuerzas del pasado, empezando por el PSOE irán a parar al basurero de la historia. No a otro sitio. Al basurero. Es muy de apreciar esa idea de los indepes de que la separación de Cataluña contribuirá a que España cambie, pero es pura ilusión. España solo puede cambiar de tamaño, ingenio que he encontrado en twitter..

Los nacionalistas españoles tampoco podrán recurrir a su habitual ultima ratio, el ejército. No porque a este le falten ganas. Los cuarteles de España bullen de indignación patriótica y llamadas a la intervención militar. Pero, recuérdese, los militares casi nunca actúan por su cuenta, sino instigados, amparados y financiados por los bancos, las empresas, los consorcios. El ejército es el brazo armado del capital. Franco no se sublevó por su cuent,a sino que encabezó una rebelión urdida y financiada desde mucho antes por la oligarquía española (y vasca y catalana) pero, al día de hoy, en la Unión Europea, lo último que quieren estas clases en España es la intervención y represión militares.

Es, pues, la misma oligarquía, la que impondrá una solución basada en una independencia a más o menos corto plazo de Cataluña.

Esa solución será la tumba del PSOE como partido y de Sánchez como político.